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Cuidados Maternos Esenciales para Niños

El documento aborda la importancia de los cuidados maternos en el desarrollo del niño, destacando cómo estos cuidados influyen en su vida psíquica y afectiva. Se enfatiza la necesidad de un enfoque respetuoso y participativo en la alimentación, higiene y sueño del niño, promoviendo su autonomía y conexión emocional con el adulto. Además, se presentan pautas específicas para la alimentación y la higiene, resaltando la importancia de un ambiente seguro y afectuoso durante estas interacciones.

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Cuidados Maternos Esenciales para Niños

El documento aborda la importancia de los cuidados maternos en el desarrollo del niño, destacando cómo estos cuidados influyen en su vida psíquica y afectiva. Se enfatiza la necesidad de un enfoque respetuoso y participativo en la alimentación, higiene y sueño del niño, promoviendo su autonomía y conexión emocional con el adulto. Además, se presentan pautas específicas para la alimentación y la higiene, resaltando la importancia de un ambiente seguro y afectuoso durante estas interacciones.

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Los cuidados

maternos
Inicios del ser humano

ESTHER VARGAS
Contenido
Los cuidados maternos.................................................................................................................. 2
La comida ...................................................................................................................................... 3
La higiene ...................................................................................................................................... 7
Cambio de pañal............................................................................................................................ 9
CONTROL DE ESFÍNTERES. ........................................................................................................... 10
Uso del wáter .............................................................................................................................. 12
Lavado de dientes ....................................................................................................................... 12
Sonarse la nariz ........................................................................................................................... 12
EL SUEÑO..................................................................................................................................... 12
COLECHO ..................................................................................................................................... 14
AYUDAS PARA DESPERTARSE ...................................................................................................... 15

| INICIOS DEL SER HUMANO 1


Los cuidados maternos

La vulnerabilidad del niño al nacer hace necesario su cuidado por parte de un adulto.
Este no solo atiende el cuidado de sus necesidades vitales, sino que también le
“presenta el mundo.” Estos cuidados que ponen al niño en relación con el mundo
exterior son de vital importancia, ya que la calidad de estos determinará la vida psíquica
y afectiva futura del niño.
La Dra. Quattrocchi Montanaro señala la importancia de los cuidados maternos durante
esta primera fase de la vida.
• Todas las experiencias motoras y sensoriales que el niño percibe a través de los
cuidados maternos ayudan a la unión psicosomática del niño (cuerpo y mente) y le
proporcionan seguridad. De ahí que los movimientos relacionados con la higiene deben
de ser muy cuidadosos. Así es como el niño aprende rápidamente que el adulto
responde a sus necesidades y también “aprende el mundo” con estas primeras
experiencias, por lo tanto, es responsabilidad del adulto el transmitir al niño una
percepción segura del mundo que lo rodea.
• “El desarrollo de la psiquis es mucho más avanzado que el del cuerpo,” es interesante
relacionar este concepto con el de “inanición mental” que sufre el bebé en sus primeros
meses de vida. También es pertinente la relación entre este desarrollo mental y la
necesidad de que un adulto ponga en palabras lo que el niño aún no puede expresar.
• La relación que establece la Dra. Quattrocchi Montanaro entre “tomar en brazos” y la
percepción de aceptación es igual a la relación de intimidad que se produce cuando la
madre alimenta al bebé. Este alimento le llena al mismo tiempo de nutrientes y de
afecto.
• El manejo en los cuidados maternos y la forma en la que se toca al niño debe de ser
con mucho cuidado y respeto, ya que establecen la base de la futura vida social.
• Los cuidados maternos se hacen con el niño y no al niño, dándole la oportunidad de
participar en su propio cuidado por lo que es importante anticiparle nuestros
movimientos.

Algunas pautas que establecen un contacto significativo de afecto con el niño durante
los cuidados por parte del adulto son:
 Contacto visual: nos ponemos a su altura.

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 Movimientos lentos, pausados y precisos.
 Voz suave y afectuosa.
 Nivel justo de intervención. Significa estar disponible, pero sin sustituir al niño y
respetándolo.

Nos centraremos ahora en tres aspectos básicos del cuidado del niño: la comida, la
alimentación y el sueño.

La comida
El destete es un momento clave en el desarrollo del bebé, tanto desde el punto de vista
psicológico como desde el madurativo. Este momento marca un hito en la consolidación
de la independencia: el niño ya no dependerá totalmente del adulto para alimentarse.
Este proceso se da de forma paulatina y responde a tres indicadores que marcan el
momento oportuno de iniciar la ablactación:
1. Que el niño se siente solo sin ayuda.
2. Que pueda coordinar ojo- mano- boca tomando objetos con la mano.
3. Que sea capaz de deglutir mostrando interés por la comida.
Como en otros aspectos del cuidado proporcionado por el adulto, su presencia debe ser
serena y segura con enormes dosis de afecto al momento de la alimentación. La postura,
la mirada, los gestos cuidados y lentos son signos de una relación significativa.

Algunos aspectos por considerar:


• El proceso de adquisición de la independencia es tanto biológico como psicológico. La
ablactación es gesto de independencia ya que al probar alimentos diferentes el niño ya
no dependerá de la madre como fuente única para alimentarse. El aceptar otros
alimentos es una muestra del interés por el mundo que lo rodea.
• La Dra. Quattrocchi Montanaro, siguiendo las ideas de Montessori, sostiene que es
oportuno iniciar el destete entre los 6 y los 8 meses. Sin embargo, es importante señalar
que cada familia es libre de establecer este momento según sus propios criterios.
• El interés por el mundo que lo rodea. El niño desea manipular y saborear los alimentos
que se le ofrecen (su textura, temperatura, consistencia, olor y sabor) y debe ser capaz
de hacerlo sentado con en una silla y, más adelante, sostener el instrumento adecuado.
El momento de la comida en un Nido o Comunidad infantil debe favorecer el contacto
personal y placentero con cada niño, sin apuros y con tiempo suficiente para que sea un
encuentro con él y no solo un proceso mecánico de alimentación.

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En el ambiente se prepara una mesa y silla pequeña para el niño y una silla para el adulto.
La mesa debe tener una superficie lavable y de fácil higiene. El adulto se ubica de frente
para favorecer el contacto visual con los niños. El momento de la comida hasta los 12
meses es en una mesita individual: se suelen usar sillas con brazos que hacen sentir
seguridad al niño que recién empieza a sentarse solo.
No se conseja el uso de trona o sillita alta porque quita al niño autonomía impidiendo la
libertad de sus movimientos.

La mesa se usa solo para la alimentación, no para otros usos: cerca de la mesa del niño
se dispone de un mueble con la vajilla necesaria y una jarra con agua. En la mesa puede
haber un mantel o un individual, debe ser vajilla real (no de plástico para que el niño
aprenda a controlar sus movimientos). En general, la vajilla consta de plato pequeño o
mediano (que se reemplazará con un bol para facilitar la toma de los alimentos con la
cuchara cuando el niño lo haga por sí mismo), un vaso pequeño y una servilleta de tela
pequeña que el niño pueda manipular. Más adelante, puede haber una cuchara de
bordes romos (evitando que sea de plástico).
Cerca de la mesa habrá un mueble con todo lo necesario para el momento de la comida:
jarra con agua, paños para limpiar al niño o la mesa, agua limpia y una batea para poner
la vajilla sucia. De este modo el adulto nunca deja al niño solo durante el momento de
la alimentación.
Alrededor de los 18 meses, podrán comer dos niños juntos en la misma mesa, siempre
que se cuente con el espacio suficiente para que cada niño pueda comer cómodamente.
Al iniciar la alimentación se ofrece al niño pequeñas cantidades con la cuchara no muy
cercana a la boca para no intimidarlo, dejando tiempo suficiente para que trague entre
cada bocado. No se debe forzar al niño a comer, ni se le debe distraer con cuentos,
canciones o juguetes ya que debe estar concentrado en el momento para ser consciente
del nivel de saciedad o hambre. Esto le permitirá decidir si comer más o no (el niño posee
su propio mecanismo de regulación y control de la saciedad) además, debe tener libre

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las manos para experimentar la comida y/o sostener la cuchara. Tampoco es aconsejable
enmascarar con el sabor de la comida los medicamentos.
Durante el momento de la alimentación es necesario evitar:
• Las amenazas.
• Los juegos en el momento de la comida (incluida la “cuchara-avión”).
• Regañarle cuando algo se derrama.
• Los engaños o promesas relacionadas con la comida.
• Las súplicas y ruegos.
• Las comparaciones.
• Las burlas.

Tanto en la escuela como en el hogar, el adulto ofrece alimentos con diferentes


consistencias y sabores, uno cada vez, para dar al niño la oportunidad de conocer los
alimentos uno a uno. Es decir, se deben evitar las papillas que mezclan muchos sabores
en un inicio o la mezcla de alimentos en biberón.
El clima en el momento de la comida debe ser de calma y serenidad, lo que implica
enormes dosis de paciencia ya que el niño absorberá por imitación. Es importante
articular los tiempos del servicio de comida para que los niños no tengan que esperar
excesivamente (si el niño tiene hasta 18 meses, no es conveniente que espere más de 2
minutos; si es mayor, no más de 5 minutos).
Si en el momento de la comida siempre está la misma educadora y se respeta el mismo
lugar, este será un momento que generará en el niño sensaciones de seguridad y alegría.
El momento anterior a la comida debe ser un momento tranquilo en el que se puede
dar las gracias por los alimentos, se canta o se cuenta un cuento tranquilo sobre la
alfombra y luego se lavan las manos. Mientras tanto algunos niños se encargan de
preparar lo necesario para la comida.
Se puede tocar una campana en el momento de empezar a comer o se le puede llamar
a cada niño por su nombre.
A partir de los 24 meses los niños pueden participar en:
 Poner la mesa: ubican la cantidad de sillas de acuerdo a la cantidad de niños,
ponen los manteles o individuales, platos, vasos, servilletas y podrían adornar la
mesa con un florero o una planta pequeña. Poco a poco se pueden incorporar

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sutilezas tales como tomar el vaso sin meter los dedos adentro, los platos
tomándolos del borde, los cubiertos derechos, etc., llevando todo con suavidad
y delicadeza.
 Servir la mesa: pueden elegir ser camareros (en general, un niño por mesa) y son
encargados de servir la comida.

 Sacar la mesa: retirar la vajilla sucia, tirar al cesto los restos y poner en un
recipiente de plástico los platos, en otro los cubiertos (con el mango para el
mismo lado) y en otro los vasos. El adulto muestra los movimientos con
detenimiento y pocas palabras y el niño luego los repite. Se pueden nombrar
cada día uno o varios camareros para poner y sacar la mesa.

El “Baby-led Weaning” BLW o “destete dirigido por el bebé” es una modalidad de


alimentación que implica introducir la alimentación complementaria guiada por el
mismo bebé, el niño adopta la alimentación complementaria en base a sus necesidades
y gustos. Para ello, ponemos a su alcance alimentos adecuados a su nivel nutricional y
variados para que ellos elijan qué y cuánto comer. Estas recomendaciones nacen de Gill
Rapley, nutricionista y directora adjunta de la Iniciativa de Hospitales Amigos de los
Niños (IHAN) de UNICEF en Reino Unido y la OMS. Se trata de ofrecer al niño alimentos
que formen parte de la dieta familiar, fáciles de masticar, aprovechando la innata
curiosidad de los bebés y su necesidad de explorar texturas, sabores, temperaturas y
olores.

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Este modo de destete no solo responde a la necesidad del niño de explorar, sino que
genera apropiación de los nuevos sabores y se evitan rechazos. Aunque el niño no tenga
dientes, si se mantiene erguido y se le dan pequeñas porciones de alimentos fáciles de
digerir, no tiene por qué atragantarse.
Los bebés de 6-8 meses cogen la comida con la mano entera, haciendo pinza con los
dedos pulgar e índice. De esta forma comen lo que sobresale de sus puños, por eso a
veces se inclinan por coger trozos grandes. Las frutas y verduras maduras, queso,
gelatina o pan son alimentos adecuados para empezar.
Para profundizar:
https://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/alimentacion
complementaria-baby-led-weaning
El BLW no usa cuchara hasta más adelante, dejando al niño explorar primero con sus
dedos, e involucrándolo desde el comienzo en la comida familiar. El adulto decide
cuándo y qué come el niño, ya que este decide cuanto comer, promoviendo también la
incorporación de alimentos de forma gradual y no forzada.

La higiene

Desde muy pequeño, el niño se interesa en sí mismo, en su cuerpo, en su ropa y


podemos ver cómo observa con mucho interés cada vez que el adulto realiza acciones
como peinarse, lavarse los dientes, vestirse y quiere repetirlas. Los momentos de
higiene personal representan una gran oportunidad para que el niño vaya
desarrollando habilidades y adquiera autonomía.
Para poder acompañar al niño en este proceso es importante la observación y la
preparación del ambiente donde se realizarán estas acciones. Recordemos que hacemos
las cosas “con el niño” y nunca “por el niño” (no sustituimos).
El momento de la higiene es siempre un momento de intimidad y comunicación cercana
con el adulto (en la escuela es la guía). Este es un ejercicio de autonomía y expresión de
afecto y cercanía por lo que se deben planear con anticipación estos momentos
teniendo en cuenta el número de niños y de adultos en el ambiente. Deben de ser
grupos reducidos (dos o tres niños a la vez) para poder prestarles mejor atención y
responder de una forma más efectiva a sus necesidades.
La lentitud de los movimientos y la anticipación son esenciales para generar un clima de
tranquilidad y seguridad. En todo momento pedimos el consentimiento del niño para
seguir con el proceso de higiene. El desorden y los gritos en el momento del aseo deben
evitarse, previendo todo lo necesario.

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Las situaciones de higiene cotidiana son:
 Cambio de pañales.
 Lavado de manos.
 Lavado de dientes.
 Sonarse la nariz.
 Peinarse.
 Vestirse y desvestirse.

En el lavabo, los elementos necesarios son:


 Toallitas húmedas o esponja.
 Cajas con el nombre de cada niño con sus cambios de ropa.
 Guantes de látex.
 Toalla de uso y de reposición.
 Cesto.

Estos elementos se deben ubicar en un lugar seguro (no sobre el lugar de cambiado para
evitar que se caigan sobre el niño). En ese espacio, puede haber un móvil que atraiga la
atención del niño y que haga agradable el momento. Podemos habilitar el uso de una
escalera pequeña para acceder al lugar donde se cambia para que el niño pueda subir
con autonomía.
Pautas de conducta del adulto:
Debemos decirle al niño lo que vamos a hacer y explicarle de forma simple cada una de
nuestras acciones (aunque sea muy pequeño el niño).

Nuestros movimientos deben de ser suaves, pausados y haciendo contacto visual con el
niño.
Es importante sonreírle, hablarle con calma y conversar con él. Pedir al niño que
colabore.
Prestarle solo la ayuda necesaria tomando en cuenta sus capacidades y respetando sus
tiempos.
“El niño observa las cosas apasionadamente, y es atraído por ellas; pero le atraen más
todavía los actos de los adultos, quiere conocerlos y reproducirlos. El adulto podría
realizar una especie de misión: la de ser inspirador de las acciones infantiles, un libro
abierto en el que el niño pudiera descubrir las directrices de sus propios movimientos y
aprender todo lo necesario para obrar bien. Pero para llegar a este ideal, es preciso
que el adulto tenga siempre calma, obrando lentamente para que su actuación se
presente siempre clara en todos sus detalles, al niño que la observa. Pero si el adulto se
abandona

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a sus ritmos rápidos y poderosos puede insinuarse en el alma del niño, y sustituirse al
mismo por la sugestión”.
M. Montessori. 2003, pág.152

Cambio de pañal

Se debe preparar el lugar para esta rutina. Las cosas del bebé deben de estar al alcance
del adulto, bien organizadas y ordenadas y debemos contar con un contenedor especial
para los pañales sucios. Se le dice al niño lo que vamos a hacer (aunque no hable, se le
anticipa lo que va a suceder). Este es un buen momento para establecer un diálogo con
el pequeño y estimular el lenguaje y ampliar su vocabulario. Los movimientos deben de
ser suaves y respetuosos. Si el niño es muy pequeño, lo colocamos suavemente en el
cambiador. Si es un poco mayor, le pedimos que se suba a este y lo ayudamos si es
necesario, a que se recueste y le vamos quitando las prendas que cubren el pañal, el
body, los pantaloncitos… etc. Las manos del adulto deben de estar limpias o se puede
utilizar un guante. Al retirarle el pañal le podemos pedir su colaboración, diciéndole que
levante su cadera para que podamos retirar el pañal. Los movimientos para limpiarlo
siempre serán de adelante hacia atrás y luego procedemos a colocar el pañal limpio
(podemos dejar que el área se ventile unos minutos para que seque y así evitar la
presencia de hongos e irritaciones).
Cuando el niño ya camina se le puede cambiar de pie y, preferentemente, delante de un
espejo para que él pueda ver lo que se está haciendo. De esta forma puede participar
de manera más activa en el proceso al quitarse él mismo el pañal y tirarlo en el
contenedor. Además, podemos mostrarle la diferencia entre un pañal seco y uno
mojado por el peso, así como enseñarle a depositar las heces en el inodoro y dejar que
observe cual es el lugar de estas. Una vez realizado esto, podemos invitarlo a bajar la
palanca del inodoro para que se vaya familiarizando con el sonido.

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CONTROL DE ESFÍNTERES.

La capacidad para controlar los esfínteres comienza en el niño en base a dos factores: el
orgánico y el psicológico. Por un lado, es necesaria la maduración neurobiológica que
permite la apertura y cierre del ano y la uretra a voluntad y esto sólo lo puede lograr un
niño, cuyas terminaciones nerviosas de la médula espinal hayan madurado. Por otro
lado, el niño debe de estar preparado para “desprenderse” de algo que ha producido su
cuerpo. Es el paso de un comportamiento reflejo automático a una conducta voluntaria
controlada.
Controlar por sí mismo cuando orinar o defecar es un paso importante en la capacidad
de independencia. En la actualidad, muchos padres prefieren los pañales de tela que
los desechables, estos tienen grandes ventajas ya que son más beneficios para la piel
del bebé y le hacemos un gran favor al medio ambiente. Además, el niño aprende a
asociar la sensación de sentirse mojado cuando orina y percibe de manera más vívida el
proceso de evacuar.
Es muy importante comentar que la actitud especialmente de la madre frente a este
proceso tan sensible es crucial para lograr el éxito. Si la madre se muestra paciente y
tranquila y apoya al niño, este lo logrará en poco tiempo. Por el contrario, si no se dan
estas condiciones, el proceso se detendrá y podría volverse una situación compleja que
obstaculizaría la independencia y el desarrollo del niño.
Como podemos apreciar, es un proceso que implica un desarrollo emocional, social y
mental por parte del niño y de quien lo acompaña. Por lo tanto, es importante seguir el
ritmo del niño y no forzarlo, tomando en cuenta las diferentes etapas respetando cada
una de ellas.
Algunas de estas etapas son:
 Primero aprende a diferenciar sus sensaciones y será más consciente de lo que
ocurre en su cuerpo: la sensación de necesidad, la posibilidad de retener y el
placer de aliviarse por sí mismo.
 Luego necesitará ser capaz de aguantar, de ir al baño y de sacarse la ropa interior.
Este es un proceso muy complicado para un niño que está interesado en hacer
otras cosas.
 Seguir las pautas de la cultura, controlar esfínteres y evacuar en el baño en la
intimidad.

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Debemos tener en cuenta que si el niño está pasando por una situación difícil o dolorosa
probablemente no sea el mejor momento para iniciar el control de esfínteres.
A nivel psicológico, la capacidad de controlar sus esfínteres generará sentimientos de
confianza y autoestima, propiciará la individualización y la autonomía y, si se realiza de
manera positiva y respetuosa hacia el niño como se ha mencionado antes, el proceso
será armonioso. Por el contrario, si se realiza de forma estricta o prematura puede tener
riesgos para la salud emocional como la inhibición de la curiosidad, tendencias obsesivo-
compulsivas, desorden, inseguridad, cólera o desconfianza, entre otros.
La decisión de dejar el pañal debe ser compartida por la familia. Existen algunos
indicadores a partir de los 15 meses, que muestran que el niño está preparado para
ello. Sin embargo, más que atenernos a la edad, debemos observar algunas pautas que
nos indicarán cuando el niño está listo para dejar el pañal, estas son:

• Que el pañal permanezca seco por períodos más largos.


• Que su nivel de lenguaje le permita expresar, por lo menos, con una palabra lo
que necesita.
• Poseer destrezas motrices como saltar, subir, bajar, correr… etc.
• Tener noción de su estructura corporal.
• Muestra interés por el inodoro (wáter).
• Empieza a imitar a los niños mayores.

AYUDAS AL NIÑO

• Respetar sus iniciativas y ritmos de desarrollo.


• Disponer del tiempo suficiente para estar atentos al niño.
• Preparar un ambiente agradable en el baño (puede haber cuentos), tener a su
alcance una fregona pequeña para que él solo limpie se moja el suelo.
• Confiar en las capacidades del niño.
• Evitar castigos, recompensas, regaños y amenazas.
• Tener horarios para invitar al niño a ir al baño. De preferencia, antes y después
de cada actividad que realicen para procurar no interrumpirlos y evitar que vayan
de mal humor al baño.
• Vestirlo adecuadamente con ropa cómoda que él pueda subir y bajar.
• Contar con el número suficiente de calzones.
• Ser acompañados con empatía, cariño, entusiasmo y comprensión en sus
esfuerzos.
• Evitar regresar al pañal después de haberlo retirado.

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Más adelante cuando ya controle los esfínteres, se le debe enseñar cómo usar el papel
higiénico.
"El niño que ha aumentado su propia independencia con la adquisición de nuevas
capacidades, sólo puede desarrollarse normalmente si tiene libertad de acción."
M. Montessori, 2015, pág.82

Uso del wáter


Cerrar la puerta, tomar y doblar el papel higiénico y usar la descarga del servicio son las
actividades esenciales para que el niño se maneje con autonomía en el wáter. Estos
aprendizajes se realizan por imitación.

Lavado de dientes
Se invita al niño después de cada comida, por turnos de a 2 o 3 niños según la capacidad
del baño. Es importante mostrar al niño cómo controlar la cantidad de pasta dental,
cepillar de arriba abajo, enjugarse la boca y el cepillo. Antes de terminar se debe guardar
el cepillo, secarse la boca y cerrar el grifo.

Sonarse la nariz
Es importante anticiparle al niño lo que va a suceder antes de limpiarle la nariz: se le
puede invitar a acercarse a un espejo para que vea que su nariz tiene mocos, se le acerca
entonces un pañuelo y se le invita a soplar por la nariz. Podemos acercarlo nuevamente
al espejo para que vea su nariz sin mocos.
Nota: habilidades como vestirse, desvestirse, lavarse las manos y peinarse se verán
como presentaciones en el módulo de Vida Práctica dentro del área de Cuidado de la
Persona.

EL SUEÑO
Al nacer un bebé tiene una serie de ritmos que construir y lograr para la regulación de
sus estados fisiológicos y emocionales como, por ejemplo: el sueño y la vigilia, la
alimentación y la digestión, la irritabilidad y la calma. Para lograrlo es necesaria la
presencia de un adulto que sepa establecer vínculos afectivos significativos y que
responda de manera respetuosa y eficaz a sus necesidades.
El sueño es un proceso fisiológico, dinámico y reversible. Es un estado activo en el que
tienen lugar cambios en las funciones corporales y cerebrales. Un proceso de gran
transcendencia para el equilibrio psíquico y físico durante el cual se producen
alteraciones hormonales, bioquímicas y metabólicas que son imprescindibles para el
funcionamiento del individuo durante el día.

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El sueño tiene una evolución madurativa y una función mental cargada de vivencias
individuales relacionadas con la afectividad. El dormir comienza al final del séptimo mes
de embarazo y el feto pasa alrededor del 70% del tiempo durmiendo.
Este proceso se puede dividir en dos fases:

• Fase REM, sueño rápido. Es un dormir superficial, donde se puede ver el


movimiento de los ojos. En los niños a veces se puede observar que hacen
muecas o se mueven. Esta fase es importante ya que hay mucha actividad
cerebral y es un período esencial para el desarrollo neuronal, las neuronas
maduran y se desarrolla el cerebro aumentando las sinapsis.
• Fase no REM, sueño lento. Los ojos no se mueven, hay un sueño profundo y
reparador imprescindible para el bienestar integral. En esta fase es cuando se
secreta la mayor cantidad de hormona del crecimiento y se da la regeneración y
restauración orgánica.

De acuerdo a lo anterior, dormir no es solo una función corporal para relajarnos, sino
que es el momento en el que se generan nuevas conexiones. Se producen diferentes
hormonas, se consolida lo aprendido durante el día y se estimula el sistema
inmunológico, favoreciendo la creación de defensas para el organismo al cumplir una
función de desintoxicar la mente del exceso de estímulos produciendo ansiedad e
irritabilidad.
El sueño en un recién nacido es de un 50% REM y un 50% no REM. Los ciclos de sueño-
vigilia se repiten cada tres horas. Los periodos de sueño están relacionados con la
alimentación, no con la diferenciación del día y la noche.
En el 2° mes el sueño tranquilo (no REM) comienza a tener mayor presencia a expensas
de la disminución del sueño REM.
Entre el 3°y 4° mes, el bebé empieza a producir melatonina (hormona que se sintetiza
en la glándula pineal gracias a los diferentes estímulos luminosos que atraviesan la
retina), que es la encargada de regular y controlar el reloj biológico del sueño por lo
que el bebé empieza a tener ciclos circadianos (ritmos biológicos más acordes a los ciclos
deldía) y ya puede dormir entre 5 y 6 horas seguidas durante la noche.
A los 6 meses de vida, el bebé ya reconoce bien el día de la noche. Pueden dormir
entre 8 y 10 horas seguidas con interrupciones para alimentarse. Los ciclos de sueño
REM y no REM duran aproximadamente 60 minutos por lo que cada determinado
tiempo semi- despiertan y vuelven a retomar el sueño. Entre los 6 meses y el año, el
niño suele necesitar de varias siestas a lo largo del día.

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Al año, el niño puede dormir toda la noche sin alimentarse, su ciclo se asemeja más al
del adulto y realizan al menos una siesta durante el día para reponer energías.
De los 2 a los 5 años de edad, se encuentran las mayores dificultades para dormir, a
raíz de condiciones ambientales como: ruidos molestos, televisión excesiva o
irregularidad a la hora de acostarse. También puede ser debido a la ansiedad, miedos o
pesadillas por parte del niño.
Los bebés suelen tener una capacidad para protegerse cuando los estímulos a su
alrededor son demasiado intensos (mucho ruido o gente) o están aburridos. El bebé
entra en un estado que parece de sueño y al cesar el estímulo, el bebé vuelve a
despertar.
Para los bebés dormir no es una tarea fácil y requiere atravesar por varios procesos de
maduración que van ligados al desarrollo y que requieren de un adulto (padres o guía)
sereno y paciente. Este, debe ser capaz de leer y sostener las necesidades del niño, así
como respetar sus ritmos y crear un clima adecuado. Algunas recomendaciones son:
Respetar su ritmo de sueño, vigilia y sus costumbres, se necesita ser muy observador
para saber cuándo el niño está cansado, conocer sus horarios, su rutina al dormir (si
toma su mantita, se acaricia la nariz, etc.), la posición que adopta al dormir etc.

− Ropa cómoda al dormir, holgada y de acuerdo a la temperatura ambiente.


− Crear rutinas que dan seguridad, recordemos que el niño está en el período
sensible del orden.
− Ambientes tranquilos, con poca luz, música suave y camas bajas.
− Cantarle o leerle cuentos adecuados a su edad.
− Atenderlos si lloran.
− Si no tienen sueño no obligarlos a dormir ofreciéndoles otras actividades.

COLECHO
El colecho es compartir con el bebé la misma superficie de descanso segura durante toda
la noche. Esta costumbre tiene implicaciones tanto en el estilo de crianza como en la
lactancia materna. La práctica del colecho debe de ser una decisión consensuada por los
padres. Hay diversas posturas a favor y en contra, pero si lo que se busca es seguridad
se puede recurrir a una cuna colocada al lado de cama de la madre. Esto dará
tranquilidad a la madre y al bebé que está acostumbrando a dormir en su propio espacio.
Cuando el niño sea más grande se puede recurrir a la cama baja que sugiere la Doctora
Montessori donde el niño aprenderá a controlar sus movimientos y al mismo tiempo
tendrá libertad para levantarse e ir con sus padres, si los necesita.

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“Uno de los primeros elementos necesarios para la vida psíquica del niño ha de ser la
reforma de su cama y de las costumbres relativas a largo sueño impuesto contra las leyes
de la naturaleza. El niño ha de tener el derecho de dormir cuando tiene sueño, de
despertarse cuando ha terminado su sueño y de levantarse cuando le apetezca. Así pues,
aconsejamos la abolición de la clásica cama para niños y muchas familias ya se han
inspirado en nuestros consejos, sustituyéndola por un colchón muy bajo, sin barandillas
para que el niño pueda entrar y salir a voluntad”
María Montessori, El niño el secreto de la infancia.

AYUDAS PARA DESPERTARSE

Despertar al niño después de una siesta tiene que ser un proceso vivido con calma,
para evitar que el niño se levante de mal humor. Debemos anticiparnos y levantarlo
con sutileza, especialmente si se le va a cambiar de ropa. Para hacerlo podemos ir
subiendo un poco las luces, acariciando suavemente su cara o su cabeza, hablándole
muy suave y cariñosamente, dándole el tiempo que necesite para levantarse.

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