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Guía de Formación en Emprendimiento

El documento aborda la importancia de la formación en emprendimiento y emprendimiento social, destacando la necesidad de impulsar la creatividad y la innovación en la educación para preparar a los estudiantes para crear empresas y abordar problemáticas sociales. Se enfatiza que esta formación debe ser un compromiso conjunto de universidades, empresas y comunidades, y que debe integrarse en todos los niveles educativos. Además, se menciona la relevancia de la educación como un proceso liberador que fomenta la reflexión crítica y la transformación social.
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Guía de Formación en Emprendimiento

El documento aborda la importancia de la formación en emprendimiento y emprendimiento social, destacando la necesidad de impulsar la creatividad y la innovación en la educación para preparar a los estudiantes para crear empresas y abordar problemáticas sociales. Se enfatiza que esta formación debe ser un compromiso conjunto de universidades, empresas y comunidades, y que debe integrarse en todos los niveles educativos. Además, se menciona la relevancia de la educación como un proceso liberador que fomenta la reflexión crítica y la transformación social.
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GUÍA DE ACTIVIDAD TALLER SEMANA 1 TRABAJO INDIVIDUAL

1. Realiza notas al márgen del siguiente texto


2. Subraya las ideas importantes en este texto
3. Escanea el documento y envíalo al foro tarea semana 1 del segundo corte

Formación en emprendimiento
Formar en emprendimiento es impulsar la creatividad, la innovación y la adquisición
de competencias para crear empresas, trabajo independiente; utilizar los saberes para formar y
acompañar a las comunidades en los procesos de emprendimiento; adquirir la capacidad de
identificar las oportunidades y necesidades del entorno; reconocer la diversidad, las
habilidades propias y la de los miembros de las comunidades para utilizarlas asertivamente, de
igual forma promover nuevas organizaciones y políticas en las que integren la investigación y
añada un complemento social en la formación de los estudiantes, como pretende la
investigación, generar en los egresados de la Universidad de San Buenaventura Cartagena, las
competencias para formar, crear empresas y acompañar los procesos de emprendimiento de su
comunidad a través de sus saberes, como lo muestra la siguiente figura:
El nuevo modelo educativo flexible denominado “Paces” propuesto por el ministerio
nacional de educación de Colombia, en 2018, describe el emprendimiento como la fuerza que
empuja a buscar nuevas formas de hacer las cosas; como el motor que lleva a utilizar las
habilidades para realizar cambios en la vida personal y en la sociedad; como una manera de
pensar, de percibir y proceder, de una persona o grupo para ejecutar un proyecto mediante el
cual concibe una realidad y la transforma utilizando con creatividad los mismos recursos del
entorno. De la misma forma indica que el emprendedor debe tener los sentidos despiertos, ser
recursivos, creativos y tener un espíritu aventurero, debe tener la capacidad de identificar
oportunidades y de planificar las técnicas necesarias para aprovecharla (Ministerio de
Educación Nacional, 2018).
Así las cosas, la formación en emprendimiento debe propender por el reconocimiento
de las habilidades sociales relacionadas con el desarrollo de apuestas emprendedoras, la
identificación de posturas asociadas al emprendimiento y el reconocimiento de dichas
posturas en los líderes comunitarios. Por otra parte, reconocer las habilidades propias y las
de los miembros de la comunidad como posibilidades para el emprendimiento y por último
poder identificar los estereotipos que afectan el reconocimiento de la diversidad en diferentes
grupos sociales y que afectan a la convivencia social (Ministerio de Educación Nacional,
2018).
La formación en emprendimiento es un tema controversial en el sentido de la forma
correcta de cómo hacerlo y de su formación. La educación emprendedora no se debe limitar a
la creación de habilidades para fundar y dirigir nuevas empresas o promover actitudes
positivas para el comienzo de nuevos negocios, sino para mejorar la educación formal para el
emprendimiento y no sobre emprendimiento, como lo aseguran Osorio & Pereira (2011). la
educación para el emprendimiento debe impulsar la innovación, la creatividad y el trabajo
independiente, Comisión Europea, 2009 (como se citó en Osorio y Pereira, 2011).
Vásquez (2016) resalta la importante labor de la universidad en la formación del
emprendimiento, además visualiza la orientación de la universidad a favor de la innovación y
al cumplimiento de los estamentos institucionales al alcance de las funciones sustantivas, y a
los referentes teórico-metodológicos que sustentan la relación Universidad emprendimiento;
con el objeto de promover la proyección formativa del emprendimiento en el contexto de la
universidad innovadora.
En ese orden, (Vega & Mera, 2016) atribuyen a la universidad la responsabilidad de
diseñar modelos de formación en emprendimiento, que motiven a los estudiantes a participar
en actividades emprendedoras, dadas las tres categorías de formación en emprendimiento que
Kirby, 2004 (como se citó en Vega & Mera, 2016) identificó: la primera, orientada a instruir
en emprendimiento y animar a las personas a adquirir una postura activa hacia él ; la segunda,
favorece la fundación de nuevas empresas que garanticen auto empleo y empleo para la
comunidad y la tercera, está enfocada el crecimiento de la pequeño negocio.

De igual forma, (Hidalgo, 2014) propone fortalecer el emprendimiento a través de la


educación, asegurando que la falta de preparación de los emprendedores para responder a las
necesidades del contexto, es la causante del fracaso del 80% de las microempresas en los
primeros cinco años de su puesta en marcha, así como la crisis económica que han vivido los
países latinos, ha repercutido en el la falta de fuentes de empleo y añade que el avance
tecnológico y la globalización del mercado, exigen profesionales emprendedores desde sus
propias disciplinas, para que sean más eficientes y competitivos, además de ser capaces de
identificar oportunidades de negocios, creadores de nuevas ideas y reinventores de negocios
existentes. Esta fue en una investigación que denominó “La cultura del emprendimiento y su
formación”, realizada en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Ecuador.
Así mismo, Hidalgo (2014) afirma que se debe contar con programas de formación
académica sintonizados con la cultura y la formación para el emprendimiento que permita el
desarrollo de la cultura emprendedora con acciones basadas en la formación de competencias
básicas, profesionales, ciudadanas y empresariales, dentro del sistema educativo formal y no
formal y su articulación con el sector productivo que permita tener profesionales
competentes como empresarios y personas que contribuyan al desarrollo social y económico
de su región.

Igualmente, Orozco & Chavarro (2008) resaltan la misión de las universidades y el


compromiso que estas tienen para contribuir al desarrollo del emprendimiento, con nuevas
formas de organización, nuevas políticas que permitan tener mayor auge económico e
incursionar en la investigación para generar nuevos conocimientos, innovación y valor social.
Estos autores hacen una revisión de la literatura del emprendimiento desde Schumpeter,
Chandler, McCLelland, Gartner, Vesper y Low y MacMillan, quienes aseguran que la
innovación va más allá del reconocimiento del de las oportunidades del empresario. Todo lo
anterior coincide con lo propuesto por Palomares & Chisvert (2014) en la Universitat de
Valencia España, respecto de la necesidad de realizar cambios en los planes de estudios y
modelos de enseñanza en cuanto a formación en emprendimiento se refiere,
fundamentalmente sobre añadir valor al complemento social.

Emprendimiento social

A continuación se relacionan distintas concepciones sobre emprendimiento social: en


primer lugar se encontró el manejo que le da la Comisión Europea al emprendimiento social,
conectándolo con el crecimiento económico y la cohesión social, la evidencia de ello se
demostró claramente en la “Estrategia 2020” propuesta por la Comisión, en respuesta al
estudio realizado en 2011 sobre la situación social de Europa, estudio que permitió dilucidar
la fuerte crisis ocurrida en 2009 debido a la caída global del crecimiento del PIB, el bajo
crecimiento del empleo y la mayor afectación hacia la población menos favorecida (Enciso,
Gómez, & Mugarra, 2012). Desde esta perspectiva, la comisión sostuvo que estas tendencias
se pueden equilibrar desde las iniciativas empresariales de tipo social, afirmación que concede
la presunción del concepto de emprendimiento social por parte de ella.

En segundo lugar, Guzmán & Trujillo (2008) realizaron una revisión de literatura
sobre estudios gerenciales, en donde recuperaron un histórico de conceptos sobre el
emprendimiento social desde los años 80, creándose una discusión sobre su verdadero
significado, de los cuales se trajeron a colación los dos conceptos más recientes. El concepto
inicial destaca un factor común: el emprendedor social identifica oportunidades generadas por
una problemática, la cual trata de resolver mediante emprendimientos que beneficien a la
comunidad o a la sociedad, Sullivan, 2006 (Como se citó en Guzmán y Trujillo, 2008). El
segundo concepto fue enunciado por autores de renombre como Roberts y Woods, quienes
aseguraron que los emprendedores sociales son hombres de negocios, de allí que el
emprendimiento social no debe ser confundido con beneficencia, porque este no
necesariamente tiene que ser sin ánimo de lucro, por el contrario, debe generar beneficios para
la sociedad Roberts y Woods, 2005 (Como se citó en Guzmán y Trujillo 2008).

Por otro lado, Shane, 2000 (como se citó en Ocampo, 2016) en su propuesta para
emprendedor social, (asegura que esta persona es aquella que, dentro de las organizaciones
tiene la capacidad de plantear soluciones a los problemas empresariales, a través del
fortalecimiento de las oportunidades de negocios, pero que estas oportunidades de negocios
deben ser orientadas hacia la necesidad social, en otras palabras, crear empresas con un
sentido social. De la misma forma, (Vásquez, 2016) lo define como el desarrollo innovador
de un proyecto que busca cooperar a la solución de problemáticas sociales mediante modelos
de negocios de naturaleza inclusiva.

Sobre el mismo asunto, (Taylor, 2015) asegura que el emprendimiento social además
de incrementar la riqueza social beneficia a la empresa, la sociedad y al país; así como
disminuye el desempleo, aumenta la productividad e incluye al mercado laboral a los
excluidos, Boisot y MacMillian, 2004 (como se citó en Taylor, 2016) tiene un papel
fundamental en el cambio de la sociedad. Del mismo modo declara que el emprendimiento
social se diferencia de otros tipos de emprendimientos, gracias a que este está influenciado por
dos actividades emprendedoras: la primera de ellas emerge de la necesidad, estos son aquellos
que deciden emprender debido a la necesidad de mercados laborales para su desempeño; la
segunda surge de las oportunidades y concluye que los emprendedores sociales se mantienen
en su actividad pese a los obstáculos y frustraciones
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Formación en emprendimiento social

El emprendimiento social está centrado en la innovación, que conlleva a la resolución


de problemáticas sociales sobre cómo reducir la pobreza y cerrar brechas con oportunidades
de una vida digna de las personas, disminución del trabajo informal, del desempleo y de mejor
ingreso salarial entre otras. Por ello formar en emprendimiento social debe ser un
compromiso no solo de las universidades, sino también de los principales sectores
involucrados en el sector financiero, como son las empresas, las entidades financieras e
industriales y las agencias de desarrollo económico regional y nacional Toca, 2010 (como se
citò en Saenz, 2017).

Sáenz (2017) enfatiza sobre la necesidad de institucionalizar el emprendimiento


social, la sensibilización y concienciación a la comunidad, así como la implementación de
programas que promuevan el emprendimiento social, la formación emprendedora debe ser
transversal desde la educación primaria hasta la superior, dada la necesidad de fomentar estas
competencias. Así mismo, Jones, Matlay y Maritz, 2012 (como se citó en Sáenz, 2017)
sostienen que la formación del emprendimiento social debe ser misión de la universidad y no
competencia propia de una escuela en especial o de una facultad; Liguori y Winkel, 2015
(como se citó en Sáenz, 2017) aseguran que es importante adaptar la formación del
emprendimiento social a los procesos de aprendizaje de todos los estudiantes de la
universidad y modificar los métodos pedagógicos y García & Ramírez (2021) demostraron
que la formación del emprendimiento social puede aplicarse bajo el aprendizaje experiencial
de manera transversal en la formación de estudiantes de educación superior.

Por otra parte, Salinas & Osorio (2012) aseguran que “la Universidad es el semillero
de emprendedores”, porque es allí donde se forma desde adentro el espíritu emprendedor de
los estudiantes para el emprendimiento y su práctica emprendedora, pero también se forman
hacia fuera con la comunidad, como una responsabilidad social, a partir del acompañamiento,
asesoría y formación de la comunidad, en este concepto se evidencia el trabajo que se ha
venido realizando en España y Colombia con el emprendimiento empresarial, social, solidario
y cooperativo. Los autores no solo involucran al Estado para fortalecer los procesos del
emprendimiento su competitividad y el desarrollo de las comunidades, sino que asegura que
debe haber una integración con la comunidad, la Universidad y las empresas, que debe existir
esa cohesión “cuadripartita” (Salinas y Osorio, 2012).

Formar en emprendimiento social es una acción del emprendedor social, que se


despliega dentro de los entornos en tres formas: brindando a la comunidad los recuros para
solucionar sus propias problemáticas; aportando herramientas para la solución a problemas
cotidianos y organizando actividades locales para afrontar entes más poderosos Curto, 2012
(como se citó en Vega & Mera, 2016). Con base en los postulados relacionados en este
acápite, se puede concluir que formar en emprendimiento social es establecer acciones
sociales innovadoras, que promuevan el desarrollo económico y social del entorno en el que
se encuentran inmersos los distintos actores responsables de su crecimiento y progreso, como
son el Estado, el sector empresarial y educativo, incluyendo a la comunidad, de manera que
genere inclusión, disminuya las problemáticas sociales y produzca un beneficio común.

La “Declaración de Madrid” firmada en 2017 por 11 países de la Unión Europea,


atribuye apoyo sólido a la economía social europea en su agenda política, acordando políticas
nacionales de apoyo al emprendimiento en las que prime la economía social como un modelo
de desarrollo para un futuro sostenible, de coherencia social que asegure generación de
empleos inclusivos y una sociedad más justa y equitativa; que fomente la participación de las
actividades educativas, formativas y profesionales, proyectadas a la economía social, a favor
de aprendizajes para la vida. En otras palabras, otorga un papel fundamental a la formación
del emprendimiento social y la inclusión de este en los planes de estudio en todos los niveles
educativos (Sánchez, Martín, Bel, & Lejarriaga, 2018).

Formación

Freire (1969) define de manera precisa la formación como un acción humanista


liberadora, que permite al estudiante conocer y desarrollarse en su propio entorno, lo cual
permitirá su emancipación, la cual solo se podrá lograr desde la experiencia, la formación
promueve exploraciones, proyectos y experiencias que generan aprendizajes vivenciales, un
entrenamiento para la vida activa, en la que se desarrollan valores que construyen personas
pensantes, no dadas a los placeres egoístas, sino que propenden por la libertad identitaria , la
formación permite al ser humano reflexionar sobre su rol en el mundo y su relación con la
sociedad, el análisis crítico de la realidad. En otras palabras, la formación debe llevar al
estudiante a descubrir la realidad mediante la problematización de su propia realidad a partir
de una reflexión crítica.

Por su parte, (Mejía, 2014) uno de los pedagogos más reconocidos de Colombia y
Suramérica y seguidor de Paulo Freire, define la formación como el proceso de formar seres
humanos capaces de transformar desde los diferentes ámbitos de acción, de reconocer y
respetar la diversidad; de aportar para acabar con la inequidad y la desigualdad; de reconstruir
la democracia, teniendo en cuenta el concepto de educación de Freire (2012) en el que señala
que el “quehacer pedagógico-político es indivisible del quehacer político-pedagógico” (p.50),
dando a entender que la práctica pedagógica es indivisible de la práctica política; es decir, se
necesita de la acción política encargada de organizar los grupos y clases populares, para poder
reinventar la sociedad. Mejía (2014) se refiere a una educación popular, sacada
intencionalmente de los grupos sociales populares, convirtiéndola en una actuación política a
la sociedad, para poder hacer desde allí, propuestas educativas y sociales del interés de las
clases populares, que permitan la transformación de la educación, dado su modelo educativo
desde las clases nobles

Así mismo, confirma lo dicho por Paulo Freire que no puede haber enseñanza sin
investigación y esta es inherente al proceso de enseñanza, en las aulas deben integrarse
procesos de investigación que integren diversas áreas con el fin de construir un mundo que se
desarrolle desde la interdisciplinaridad y la transdisciplinariedad (Uniautónoma del Cauca,
2020). En este punto, cabe resaltar el concepto de formación desde la postura de Boaventura
de Sousa, quien la comprende como la posibilidad de nuevas alternativas que se contraponen a
las posturas hegemónicas, autoritarias y conservadoras, que reducen al ser humano a un
simple aprendiz de números y letras, sin ninguna distinción de género, sexualidad ni clase o
raza. Para De Sousa la formación debe ir encaminada en la construcción de epistemologías
posmodernas y poscoloniales, emancipatorias y contrahegemónicas. En otras palabras, un
conocimiento desde el sur, descolonizar las prácticas y el conocimiento (De Sousa Santos,
2019).

Por otro lado (De Sousa Santos, 2019) formula dos teorías sobre la formación del
conocimiento: la teoría del conocimiento emancipación y la del conocimiento regulación,
desde las cuales convoca a descolonizar el sistema educativo, desmonoculturar la educación.
El conocimiento regulación no solo regula los conceptos, sino que también regula las culturas,
las prácticas, los valores y los cuerpos y el conocimiento emancipación va mucho más allá,
porque libera a los sujetos y los afirma en la totalidad de su formación humana, ambos son
consecuentes. Para este autor la formación es un proyecto emancipatorio que capacita para
aprender un nuevo tipo de relacionamiento más justo e igualitario, que a la vez permite
comprender el mundo de una manera multicultural, constructiva y emancipatoria (De Sousa
Santos, 2019).

(Giroux, 2012) entiende la educación como un bien público, y la formación como


herramienta empoderadora que permite desarrollar la capacidad crítica del sujeto, en este
sentido propone formarlo para que sea un individuo comprometido con el mundo; interesado
por enfrentar los problemas sociales e inclinado a reflexionar y difundir el concepto y práctica
de una democracia total y transformada. Se debe formar al estudiante para pensar las formas
de promover la democracia, desafiar el aumento de las políticas y prácticas antidemocráticas,
sobre nuevas alternativas para la sociedad actual, la cual se encuentra inmersa en el
consumismo, la degradación medioambiental, la desigualdad social y el enaltecimiento del
militarismo y la guerra, los cuales se han convertido en ideales nacionales (Giroux, 2017).

La educación fundamentada en la pedagogía crítica permite entender la conexión que


existe entre poder y aprendizaje, actúa como puente entre aprendizaje y vida cotidiana, se
centra en comprender lo que sucede en el aula y en todos los espacios educativos, se plantea
interrogantes sobre la relación existente entre aprendizaje y cambio social, sobre el significado
de conocer algo o sobre qué conocimiento es más valorado. En este sentido, los docentes
deben aprovechar el poder de la educación para crear un nuevo discurso que influya en la
conciencia y en la percepción, crear nuevas subjetividades no consumistas, que genere nuevas
instituciones y por ende una nueva sociedad (Giroux, 2017).

Formación profesional

De manera que la formación profesional, debe propender porque la persona se


reconozca en lo que hace, por aumentar la chispa y la imaginación del alumno, debe crear
espacios agradables que satisfagan el deseo de aprender, este debe generar el interés público,
la responsabilidad compartida, la formación de valores e instituciones democráticas, que
fortalezcan la comunidad, el bien común, la justicia y la igualdad.

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