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Genocidio y Colonización en Palestina

El documento aborda la situación actual en Palestina e Israel, describiendo el conflicto como un genocidio en el contexto de un proceso de colonización y apartheid. Se presenta un análisis geográfico y político de la región, así como un recorrido histórico que abarca desde los cananeos hasta los hebreos, destacando la complejidad de las raíces culturales y lingüísticas. La narrativa enfatiza que la disputa territorial se basa en derechos históricos y divinos, lo que ha llevado a la opresión del pueblo palestino a lo largo de las décadas.

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Genocidio y Colonización en Palestina

El documento aborda la situación actual en Palestina e Israel, describiendo el conflicto como un genocidio en el contexto de un proceso de colonización y apartheid. Se presenta un análisis geográfico y político de la región, así como un recorrido histórico que abarca desde los cananeos hasta los hebreos, destacando la complejidad de las raíces culturales y lingüísticas. La narrativa enfatiza que la disputa territorial se basa en derechos históricos y divinos, lo que ha llevado a la opresión del pueblo palestino a lo largo de las décadas.

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Falastin

Bueno, pues al fin aquí está el vídeo sobre Palestina e Israel que pedíais. Es un vídeo largo porque la
cosa viene de lejos, pero con esta duración no quiero dar a entender algo así como que “es un
conflicto complejo”. Que tenga unos orígenes lejanos y haya muchos hechos que contar no significa
que lo que ocurre hoy en Palestina sea “un conflicto complejo”. En realidad, es cruel y tristemente
sencillo: lo que ocurre en estos momentos en la Franja de Gaza (Palestina) es un genocidio con
todas las letras, como culminación del proceso de colonización y apartheid que ha sufrido el
pueblo palestino durante décadas a manos del Estado de Israel. Dejado esto claro, intento explicar
como se ha llegado a esta dramática situación.

Entradeta

Antes de nada, debemos conocer un poco la geografía y el mapa político de este territorio.

Esta zona se conoce hoy como Palestina o Israel, en función de a qué país reconozcas y en qué zonas
lo reconozcas. A día de hoy Israel es reconocido por más países y es el que ocupa la mayor parte de
este territorio y Palestina ha ido quedando recluida a estas dos zonas: Cisjordania y la Franja de
Gaza. Israel hace frontera con Jordania al este, Egipto al suroeste, Líbano al norte y Siria al noreste,
mientras que los Territorios Palestinos o Palestina solo la tienen con Egipto (en la Franja de Gaza) y
con Jordania (en Cisjordania).

Geográficamente, al oeste hay una llanura litoral que se encuentra con el Mar Mediterráneo, el
norte es algo más montañoso (en lo que se conoce como Galilea), al este encontramos el Mar de
Galilea (también llamado Lago Tiberíades), al noreste nos encontramos con los Altos del Golán, un
altiplano actualmente ocupado por Israel, pero que formalmente pertenece a Siria. En estas
montañas nace el famoso Río Jordán, que fluye hacia el sur pasando por el mencionado Mar de
Galilea y sigue hasta llegar al Mar Muerto. Un río que a lo largo de su recorrido abre el Valle del
Jordán, que hace de frontera natural entre Jordania y Palestina/Israel. Al oeste de este valle, en la
actual Cisjordania, encontramos los famosos Montes de Judea, donde se encuentran varias ciudades
bíblicas, como Jerusalén, Hebrón o Belén. Este sistema montañoso no es muy alto (Nabi Yunis es el
pico, a 1030 metros de altitud) y su paisaje es típico mediterráneo (pinos, olivos, trigo y viñedos). En
la parte sureste de estas montañas encontramos el Desierto de Judea, y continuando más al sur está
otro desierto mucho mayor: el del Néguev, que llega hasta el Mar Rojo, Jordania y Egipto.
Finalmente, ya en Egipto, está el Sinaí, una extensa península limitada por Israel y la Franja de Gaza
al noreste, el Mar Rojo al sur, el Mediterráneo al norte y el Canal de Suez al oeste.

Se trata de una zona relativamente árida, aunque tiene algunos valles fértiles, especialmente a
orillas del Jordán o cerca de fuentes naturales. Desde hace milenios, esta tierra ha sido un punto de
contacto entre los continentes asiático, africano y, llegando desde el mar, europeo, por lo que
incontables pueblos y civilizaciones han pasado (y se han asentado) en este territorio, dejando su
huella en él. Algunos de estos han sido los cananeos, amorreos, amonitas, moabitas, edomitas,
hicsos, egipcios, filisteos, hebreos, asirios, babilonios, fenicios o romanos. Una zona que, a lo largo
de los siglos, ha recibido gran variedad de influencias culturales, religiosas y lingüísticas.

A día de hoy, como sabes, en esta zona se da una disputa por el territorio. Más que una disputa se
trata de una colonización y opresión étnica en toda regla, pero bueno, de momento llamémoslo
“disputa”, en aras de la “neutralidad”. Una disputa que se ancla en un supuesto derecho histórico a
habitar esta tierra. Un “derecho” que va desde el “yo estuve antes” o “mis ancestros estuvieron
antes” al, aún más trambólico y problemático si cabe, “Dios nos lo prometió” o “nos lo concedió”. Es
decir, se reclama este “derecho a la tierra” en virtud de unos supuestos “derechos divinos”.
Entonces, para empezar a adentrarnos en todo esto, debemos dar un buen salto al atrás: ¿quién
estuvo antes?

glitch

El que hoy es el territorio en disputa entre Israel y Palestina lleva habitado siglos, ¡milenios! Las
primeras muestras de presencia humana en la zona datan de entre los años 70.000 a.C. y 14.000
a.C., y el arqueólogo Jonathan Tubb nos cuenta que hacia el año 7200 a.C. se empiezan a formar los
primeros asentamientos (como el de la ciudad antigua de Jericó, la ciudad más antigua del
mundo).

Al parecer, era típica de la zona una prenda de ropa de color púrpura, teñida de este color con el
tinte que se obtenía de los moluscos murex, muy comunes en las costas de la zona. ¿A qué viene
esto? Pues a que en los idiomas hurrita y acadio (lenguas semíticas hoy extintas pero muy populares
en ese entonces) la palabra “púrpura” es “kinahhi” o “kinahhu” respectivamente, y se cree que de
ahí derivarían las palabras “Canaán” y “cananeos”, que es como se empiezan a llamar, antigua y
primerizamente, a estas tierras y a sus gentes. Aunque tampoco está 100% claro que el nombre
provenga de esto del púrpura. Otra hipótesis sugiere que “Canaán” podría proceder de la raíz “ kn’ “
de las lenguas semíticas, que significaría algo así como “estar abajo” o “sometido”, lo cual podría
referirse a la parte llana y baja de la zona, algo así como “tierras bajas”.

Paréntesis: ¿qué son las lenguas semíticas? Pues son una rama de las lenguas afroasiáticas, las
originadas y desarrolladas en Oriente Medio y norte de África. El árabe y el hebreo son lenguas
semíticas todavía habladas hoy en día, pero hay otras que ya son extintas, como el acadio, el
amorreo, el cananeo y un largo etcétera. Una característica de esta familia de lenguas es su llamada
“morfología no concatenativa”. Esto significa que las palabras nacen a partir de raíces que están
hechas exclusivamente de consonantes y las palabras se construyen añadiendo vocales entre ellas,
es decir, metiendo vocales ahí dentro, entre esas consonantes. Por ejemplo, en árabe, la raíz que
significa “escribir” tiene la forma “k-t-b”. A partir de esta raíz, las palabras se forman añadiendo
vocales entre esas tres consonantes, en este caso puede derivar ‫ ِكتاب‬kitāb "libro", ‫ ُكُتب‬kutub
"libros", ‫ كاِتب‬kātib "escritor", ‫ ُكّتاب‬kuttāb "escritores", etc. Bastante guapo este sistema, la
verdad. De hecho, el hebreo va incluso un poco más allá y solo escribe las consonantes (y las vocales
o bien se deducen o bien se especifican con unos pequeños puntos llamados “niqud”). Parece raro,
pero en realidad tampoco es tan diferente de como escribes tú, cuando, por ejemplo, qres hblr rpdo
usnd l mbl (sueles mantener las consonantes pero te comes algunas vocales). En fin, que lenguas
semíticas.

Volviendo a Canaán y los cananeos, se los considera una de las civilizaciones más antiguas de la
humanidad, con su propia lengua (el cananeo, lengua semítica), su propia religión, dioses, etc. Los
cananeos aparecen muchas veces mencionados en la Biblia, muy a menudo en términos despectivos.

Un poco más tarde que ellos, empiezan a ser conocidos por su presencia en esas costas los llamados
“Pueblos del Mar”. Probablemente expulsados de sus zonas originarias en el Mar Egeo y Anatolia,
vagan por el Mediterráneo buscando un lugar donde asentarse. Entre estos “Pueblos del Mar” había
gran variedad de grupos étnicos. Uno de esos aparece denominado en algunas escrituras egipcias
como “Peleset”. Según estas escrituras, los “Peleset” son apresados y desterrados a las costas de
Canaán, donde se instalan y se mezclan con las poblaciones locales. Estas referencias datan del año
1175 a.C., y de ahí que a esa zona, la suroeste de Canaán, se la empiece a conocer como “Palusata”
en egipcio, “Palastu” en acadio o “P’lesheth” en hebreo. De ahí “P’lishtim”, también en hebreo,
significaría “gentes de P’lesheth”, y de ahí derivarían “Philistinoi” y “Palaistine” en griego antiguo
y “Philistinus”/”Palaestina” en latín. La primera aparición conocida del término “Palaistine” data del
siglo V a.C. cuando el historiador griego Heródoto se refirió a una zona entre Fenicia y Egipto como
“un distrito de Siria, llamado Palaistine”. La denominación será utilizada desde entonces por
multitud de escritores griegos y romanos, hasta llegar a los términos actuales “filisteo”, “Filistea”,
“palestino”, “Palestina” o “philistine”/”Palestine” en inglés. Una denominación que con los años
también saltó al árabe: “‫“( ”فلسطين‬filastina”/”falastin”).

También posteriores a los cananeos son los “hebreos” y/o “israelitas”. Algunos historiadores
consideran que el término “hebreo” podría provenir de los “Habiru” o “Apiru”, un pueblo, grupo
étnico o clase social (no queda del todo claro) de esa región. Al parecer, estos “habiru” eran
bastante nómadas y son descritos a menudo como “intrusos”, “mercenarios”, “sirvientes”,
“trabajadores” o “esclavos”. Aunque también hay quienes consideran que los “habiru” o “apiru” no
son el origen de la palabra “hebreo”. Otra hipótesis sugiere que podría provenir del término en
lengua hebrea “ivri” o “ibhri” que significaría algo así como “del otro lado” (¿igual del río Jordán?) o
bien “atravesar” o “pasar por”. De esta raíz vendría “ibray” o “ebhrai” en arameo, “hebraios” en
griego y “hebraeus” en latín. Las referencias más antiguas al término “hebreo” se encuentran en la
Biblia hebrea y, claro, al ser una compilación de textos hecha a lo largo de los siglos, es difícil
establecer en qué año aproximadamente se empieza a usar esta palabra. Así muy, muy
aproximadamente, las fuentes nos dicen que algunas partes de la Biblia hebrea (la primera,
digamos), podrían fechar aprox del año 1000 a.C., aunque no fue hasta los siglos VI o V a.C. que se
hizo la redacción final y canonización de esos textos. Respecto a “israelíes”/”Israel”, tenemos algo
más clara la primera referencia a ellos: aparece en la Estela de Merneptah (año 1208 a.C.). En ella,
el faraón Merneptah se jacta de sus victorias militares en las tierras colindantes a Egipto. Respecto a
“Israel”, dice “Israel está en ruinas, su semilla ya no existe”. El origen de la palabra “Israel” tampoco
está 100% claro, aunque la suposición más extendida es que derivaría de las palabras en hebreo
“yisra” (“prevalecer sobre” o “luchar con”) o “sarar” (“gobernar”, “mandar”, “luchar”) + “El”, que
aquí no hay duda de que sería “Dios”. Es decir “luchar con Dios” o “Dios gobierna/manda/lucha”. Un
dato interesante es que “ ʼĒl ” es como llamaban también a su Dios los cananeos.

Pero claro, hay un punto de esta historia en que se bifurcan dos explicaciones: la explicación,
digamos, bíblica y la antropológica/arqueológica. Cuento muy brevemente la bíblica:

xurro_1 - 10:23

paréntesis bíblico

Según la Biblia, los israelitas son los descendientes de las llamadas “12 Tribus de Israel”. Una por
cada hijo de Jacob. 12 hijos, ¿todos hombres? Todos hombres. ¿Y quién era Jacob? Pues al parecer
Jacob era el nieto de Abraham (me tengo que concentrar mucho porque es como que mi cerebro
desconecta rapidisimamente con estos temas). ¿Y quien era Abraham? Pues Abraham sería un
personaje muy importante de estos relatos bíblicos. Una persona a la que, al parecer, Dios, de algún
modo, se le apareció y le dijo que le concedería una tierra para él y para su gente. Entonces, sería
algo así como “el elegido” o “un elegido” por Dios. Este es el fragmento de la Biblia (Génesis) en que
lo explica:

“Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: “A tus descendientes les daré esta
tierra, desde el río de Egipto [el Nilo? No queda claro] al gran río Éufrates [el que atraviesa Siria e
Irak, y especifica]: la tierra de los quenitas, quenizitas, cadmonitas, hititas, ferezeos, refaítas,
amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos”.

Vamos, que le prometió la tierra de todo… ¿Dios? Siguiendo con este relato bíblico, Abraham tuvo
dos hijos: Isaac e Ismael (sigo teniendo que estar muy concentrado). Cabe mencionar que de Ismael,
uno de estos dos hijos de Abraham, descenderían, según el relato coránico, los musulmanes/árabes.
Es decir, que también serían descendientes de Abraham y, por tanto, también les correspondería
esta tierra prometida por Dios a él y sus descendientes. En fin. Del otro hijo de Abraham, Isaac, nace
Jacob del cual descienden, según el judaísmo, los judíos. Y este tal Jacob resulta que es renombrado
por Dios con el nombre de “Israel” después de luchar… ¿contra un ángel? wtf. “Israel”, de “yiśrā'ēl”:
“el que lucha/gobierna como/con Dios” o “Dios prevalece”. En fin, historias bíblicas.

Jacob (ahora, Israel), tiene doce hijos, de los cuales descienden, como hemos dicho, las llamadas “12
tribus de Israel”. Siempre según el relato bíblico, en algún momento esas doce tribus o familias
llegan a Egipto. Al ir creciendo en número los descendientes de estas familias (llamados
“hebreos”/”israelitas” indistintamente en la Biblia) el faraón les coge miedo, los esclaviza y ordena
matar a todos los niños hebreos/israelitas recién nacidos. Uno de los niños que sobrevive a esta
terrible orden del faraón es Moisés, cuyos padres, como sabemos, para salvarlo lo ponen en una
cesta y la dejan en el Nilo para que la corriente se lo lleve (Moisés sería descendiente de una de las
doce tribus). Al hacerse mayor, este Moisés toma conciencia de su origen hebreo y, un día,
pastoreando por el Monte Sinaí de nuestra conocida península del Sinaí (también llamado monte
Moisés, claro), pues resulta que también se le aparece Dios. Así lo cuenta la Biblia:

“–Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. [...] El Señor le
dijo: –He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he
fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra para
llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, el país de los cananeos, hititas,
amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. La queja de los israelitas ha llegado a mí [...]. Y ahora, anda,
que te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”.

Y es en esa huida (éxodo) de Egipto que se habría producido el famoso milagro de la separación de
las aguas del Mar Rojo para que los hebreos pudieran cruzar hacia el Sinaí y de ahí ir hacia la “Tierra
Prometida”. Y esta es la tierra que le prometía:

“Marcaré las fronteras de tu país: desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos [el Mediterráneo, se
entiende] y desde el desierto hasta el Río [¿Jordán? ¿Éufrates?]. Los habitantes de este país los
pondré en tus manos y tú los echarás de tu presencia. No harás alianzas con ellos ni con sus dioses y
no les dejarás habitar en tu país, no sea que te arrastren a pecar contra mí, adorando a sus dioses”.

Es decir, que según el propio relato bíblico, los israelitas/hebreos tenían orden de echar (y, según el
relato bíblico, echaron) a quienes estaban antes. Así, Dios (Yahveh, que se escribe “YHVH” o “YHWH”
por eso de solo consonantes en el hebreo escrito) promete a Abraham, Moisés y su parentela esta
“Tierra Prometida”, y es en virtud de esta promesa que se infiere un supuesto “derecho divino” para
los hebreos/israelitas de asentarse en esas tierras.

fin paréntesis bíblico

xurro_1 - 14:37

Antes de seguir, es necesario hablar de la validez de la Biblia como fuente histórica fiable. Aceptar
que sus textos puedan ser un documento histórico veraz y fidedigno presenta varios problemas. El
primero es que las narraciones bíblicas son una compilación de diferentes fuentes individuales, en
ocasiones con relatos solapados e, incluso, contradictorios. El segundo es que los textos o relatos
originales fueron pasando de persona a persona vía oral o escrita durante siglos, por lo que es bien
probable que las historias fueran experimentando modificaciones y adaptaciones. Tercero, el
proceso de compilación y canonización de estas fuentes en libros (como el Génesis o el Éxodo) no
tuvo lugar hasta los siglos VII o VI a.C., por lo que estarían describiendo hechos sucedidos muy
anteriormente. Cuarto, es de esperar que nunca fuera la intención de los escritores de los textos
bíblicos relatar una historia precisa, rigurosa y no-subjetiva de la historia de Israel. Por último: la
participación de Dios o la “revelación divina” se basan en la fe y no en la evidencia histórica. Por
todo lo cual, como es obvio, los textos bíblicos no son un documento histórico veraz y fidedigno.
Pero esto no quiere decir que absolutamente todo lo que se diga en ella sea una completa
invención. Como explican los historiadores Fort y Martínez: “La Biblia, como toda narración mítica,
refleja algunos hechos reales pero alterados por la exageración y la imaginación”.

(a ver, tampoco nos pongamos finos ahora eh, que esto es básicamente la de “cuéntame todo el
chisme y exagera”, cosa que nos encanta a todxs. Pues probablemente eso hacía la Biblia: contar el
chisme y exagerar un poco [o bastante, según conviniera], que eso ya sabemos que siempre le da
vidilla y atractivo a la historia).

Y, a pesar de su poca fiabilidad, ni mucho menos debemos obviarla ya que, independientemente de


si es cierto o no lo que cuenta, el pueblo judío, o al menos una parte importante de él, siente y se
comporta como si estos acontecimientos fueran reales. Por lo que, en el intento de describir el
conflicto entre árabes e israelíes, es importante considerar lo que siente cada una de las partes y no
solo lo que la historiografía establece que sucedió. Aclarado esto, continuamos con el último tramo
de Biblia que necesitamos ver:

xurro_1 - 16:48

paréntesis bíblico

Después del éxodo de Egipto, la Biblia nos habla de la entrada y conquista de la “Tierra Prometida”
por parte de los hebreos y de la creación de una especie de un Reino Unido de Israel o Monarquía
Unida Israel. Según los relatos bíblicos habría abarcado más o menos toda esta zona y habría durado
algo más de 100 años. El segundo rey de este supuesto reino habría sido David (ojo, que es el David
de “David contra Goliat”, también un mito importante en toda esta historia).

paréntesis: El mito de David contra Goliat cuenta la historia de este rey David cuando era joven. Al
parecer, siempre según la Biblia, había un enorme guerrero filisteo (palestino), Goliat, que no paraba
de atacar a los israelitas. David, empoderado por su fe en Dios, se armó de valor y retó a Goliat. El
joven israelita agarró una piedra y, usando su honda, se la lanzó a Goliat, quien cayó derrotado.
David había confiado en Yahvé y Yahvé había protegido a los israelitas. Precioso. Lo tremendo de
este mito de David contra Goliat es que el moderno Estado de Israel siempre se ha identificado con
David (autopercibiéndose como el débil y el que está en desventaja, pero que gracias a su fe en Dios
consigue vencer. Pero es muy fuerte hasta qué punto la historia puede invertir los mitos: quien se
enfrentaba con una honda y una piedra al hipermilitarizado ejército israelí en 2018 era el palestino
Aed Abu Amro, en una imagen (un absoluto fotón) que dio la vuelta al mundo. De una forma
tremendamente clara los mitos se habían invertido. Pero no nos avancemos).

Volviendo al relato bíblico, según este, hacia el año 930 a.C. este gran “Reino de Israel” se divide en
dos: nace por un lado el Reino de Judá (o Judea) al sur (llamado así porque su “core” habría sido la
tribu de Judá, una de esas doce), con capital en Jerusalén y por otro lado nace el Reino de Israel al
norte (con capital en Samaria). Quienes son críticos con el relato bíblico sostienen que estos dos
reinos se habrían formado independientemente el uno del otro desde el principio y que nunca
habrían estado unidos bajo un “Gran Israel” (cuya existencia no se ha podido demostrar por fuentes
no-bíblicas). En cambio, respecto a estos dos reinos, el de Judea y el de Israel, sí hay fuentes no-
bíblicas que corroboran su existencia, por lo que su veracidad está mucho más sustentada.
fin paréntesis bíblico
xurro_1 - 18:56

La historia menos bíblica y mitificada de todo esto es que los diferentes poblados/grupos étnicos que
van surgiendo en la zona a lo largo de los siglos son grupos que descienden de (y que van
diferenciándose de) los primeros cananeos. Así lo explica el arqueólogo Jonathan Tubb: “sin duda
[estos grupos] desarrollaron sus propias identidades culturales, y, sin embargo, étnicamente eran
todos cananeos”. Es decir, todos eran descendientes de “las mismas gentes que se asentaron en
aldeas agrícolas en esa región hacia el año 8000 a.C.”. Aunque la Biblia menciona varias veces a los
“cananeos” como un grupo completamente diferenciado de los “israelitas” y, de hecho, como un
pueblo enemigo que estos deben expulsar para acceder a la “Tierra Prometida”, en realidad (y así lo
respalda la evidencia arqueológica) los llamados “israelitas” eran una ramificación más de todas las
que fueron descendiendo de esos primeros cananeos (igual que los filisteos). De hecho, el hebreo es
una lengua derivada del cananeo y, como hemos comentado, “ ʼĒl ” (“Dios” en hebreo, de donde
proviene el topónimo “Israel”) es también como llamaban los cananeos a su deidad.

xurro_1 - 20:04

Entonces, dejado esto claro, este mapa (que se debe tomar con extrema precaución y hacer de él
una lectura puramente orientativa) nos muestra, hacia los años 930-830 a.C. los diferentes reinos
que se habrían, más o menos, formado en la zona. Encontramos los mencionados reinos de Israel y
de Judea en el centro, los estados fenicios al norte, reino arameo al noreste, amonita al este,
moabita al este-sureste, edomita al sur y las llamadas ciudades-estado de los territorios filisteos al
suroeste (Gaza, Ascalón y Asdod) en la ribera del Mediterráneo. xurro_1 - 20:37

Las “fronteras” de estos reinos, claro, eran algo mucho más difuso de lo que entendemos hoy por
fronteras.

En esos años, las influencias mutuas y la mezcla son una constante, pero también hay conflictos (por
ejemplo, los reinos de Judá e Israel se enfrentan repetidas veces entre sí). Además de la presión que
ejercen las potencias colindantes, como babilonios o asirios, que no tardan en irrumpir en la zona. El
Reino de Israel (el que queda más al norte) cae hacia el año 720 a.C. a manos del Imperio neoasirio.
Judea (al sur) aguanta un poco más, hasta el año 587 a.C., cuando el Imperio neobabilonio se hace
con la zona y destruye el Templo Sagrado de Jerusalén (el llamado “Primer Templo”). Este Imperio
neobabilonio deporta gran parte de la población de la zona a otras partes del imperio. Aquí termina,
al margen de un breve periodo que ocurrirá un poco más adelante, la presencia del “reino
hebreo/israelita”. Así lo recapitulan los historiadores Fort y Martínez:

Resumamos la permanencia hasta este momento de los hebreos en la tierra “otorgada” por Yahvé:
200 años formando una confederación de doce tribus, 100 años como reino unificado [un hecho
historiográficamente dudoso, pero bueno, dan manga ancha], otros 200 separados en dos reinos y
135 ocupando, como un solo reino, la parte meridional: Judea. Total, poco más de 600 años.
Mientras permanecieron en la tierra prometida no estuvieron solos: compartieron el territorio con
numerosos pueblos, entre los que destacan los filisteos, que lo ocuparon simultáneamente y los
cananeos en sus diferentes acepciones, cuya presencia en la zona es mucho más antigua y su
permanencia más prolongada.

Esta destrucción de Jerusalén, del “Primer Templo” y la deportación a gran escala son un hecho
histórico traumático (que todavía hoy está presente) y que marcará la idea que los israelitas se harán
de sí mismos y de su identidad como pueblo. Unos años más tarde la zona es tomada por el Imperio
aqueménida (persa) y permite regresar a esos israelitas deportados. Ahí empieza la reconstrucción
del templo destruido y es más o menos cuando se empieza a llamar, a estos israelitas, “judíos”
(derivado, claro, de su origen y regreso al antiguo reino de Judá o Judea). Años más tarde llegan los
griegos bajo el mando de Alejandro Magno, quien implanta una política de “helenización”, es decir,
imposición de instituciones y cultura griegas. Esta helenización forzosa provoca insurrecciones por
parte de los judíos. De estas, nace la llamada Dinastía Asmonea, que opera de manera más o menos
independiente, dura unos 100 años (aprox desde 140 a.C. hasta el año 37 a.C.) y es lograda por los
llamados “macabeos”, un grupo de judíos digamos, independentistas, que se rebelan contra la
colonización griega. Esta es la pequeña excepción que comentaba antes, pero no por pequeña es
irrelevante, ya que es en esta que se inspirará (y cogerá de referencia) el movimiento sionista que
nacerá dos milenios después (del que hablaremos enseguida).

Este reino asmoneo se empieza a fragmentar por una guerra civil entre dos grupos que reclaman la
sucesión al trono y, en este contexto, el Imperio romano (que ya estaba por la zona) toma Jerusalén.
Es el año 63 a.C. y significa la subordinación de Judea como provincia romana, aunque mantendrá
cierta autonomía. Especialmente recordado es Herodes (llamado Herodes I el Grande), ya que
durante su reinado se reconstruye el Templo Sagrado.

xurro_1 - 23:55 glitch a.C -> d.C

Ya en la era después de Cristo sigue habiendo levantamientos y revueltas. El primero de ellos se da


en los años 66-70 (a partir de ahora, si no digo lo contrario todo es d.C.) cuando algunos judíos se
revueltan debido a tensiones religiosas e imperiales con el imperio romano. El levantamiento es
reprimido con dureza por las fuerzas romanas, que arrasan varias ciudades, incluida Jerusalén.

par

Los llamados “zelotes” fueron un grupo judío ultrareligioso muy activo en esas revueltas. Su nombre
proviene de un término hebreo que significa “celoso admirador/seguidor de Dios” o “el que cela por
Dios”. Algunos historiadores los consideran el primer grupo terrorista de la historia, ya que utilizan el
homicidio de civiles que consideran colaboracionistas con el Imperio romano para infundir miedo y
disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro de estos “zelotes” (fanáticos y radicales, también
calificados de “secta judía”) había la facción aún más violenta, los llamados “sicarii”. La palabra
“sicarii” proviene de la “sica”, una pequeña daga curva que este grupo usaba para asesinar a sus
objetivos. Y sí: el actual término “sicario” proviene de estos.

fin par

La represión romana a ese levantamiento se lleva por delante el Segundo Templo de Jerusalén (el
que acababa de ser reconstruido). Este es uno de los momentos más marcados a fuego y más
traumáticos de la historia del pueblo judío, cuyo recuerdo (y esperanza de recuperar) ha
permanecido por los siglos entre los judíos de la diáspora. Una frase común en las oraciones judías
es “el año que viene en Jerusalén reconstruida”. De ese Segundo Templo solo quedó una parte de la
plataforma y un resto del muro occidental, este resto de muro es famoso “Muro de las
Lamentaciones”, uno de los lugares más sagrados para el judaísmo a día de hoy, último vestigio de
ese Segundo Templo. Esto ocurrió en el año 70 y los últimos zelotes sublevados se suicidaron,
supuestamente, algo más tarde, en el año 73, en la llamada fortaleza de Masada, una fortificación en
lo alto de una meseta que es como el último reducto sublevado en caer (esto del suicidio colectivo
es, como mínimo, dudoso, y totalmente rechazado por algunos historiadores, pero el mito ahí está).
A día de hoy el yacimiento de Masada tiene una gran carga simbólica para el nacionalismo judío,
como símbolo del valor y heroica resistencia de sus antepasados frente a una potencia opresora. De
hecho, en los primeros años del ejército de Israel los nuevos reclutas terminaban su instrucción allí,
en Masada, con el juramento “¡Masada no volverá a caer!”.

Unos pocos años después de esta, hacia el año 132, hay otra rebelión de los judíos contra el dominio
romano. En esta, los judíos cristianos se mantienen al margen (ya ha llegado el cristianismo, nacido
del seno del judaísmo y sus discusiones internas), pero que sean cristianos y se mantengan al
margen no les libra de las duras medidas que el Imperio romano, tras derrotar a los sublevados,
impone sobre toda la población judía. Así explica esa represión la historiadora Gudrun Krämer:

“Los romanos prohibieron entrar en la ciudad a los judíos, incluso a los convertidas al cristianismo,
bajo pena de muerte. En su lugar se reasentó un gran numero de no-judíos en Jersualén y su entorno.
Podemos dudar de que la prohibición se aplicara de forma generalizada. En cualquier caso, se hizo
más severa bajo el emperador Constantino, quien solo les permitió acceder una vez al año [...] hasta
la sección del muro perimetral del Segundo Templo, [la parte] que había sobrevivido a la catástrofe
del año 70, para llorar su destrucción, de ahí la denominación de «Muro de las Lamentaciones»”.

Con esta derrota, represión y deportación comienza el apesadumbrado y llorado divorcio entre los
judíos y su “Tierra Prometida”. Comienza el periodo del “pueblo sin tierra”. Este suceso se ha
convertido en otro de los grandes mitos nacionalistas del Estado de Israel. Aunque la tierra, como
hemos visto, nunca les perteneció como tal, sencillamente la cohabitaron junto a muchos otros
pueblos que también se habían establecido en la región, antes, a la par o después que lo hiciera el
pueblo hebreo. Después de este episodio la región se pasa a llamar Syria Palaestina, probablemente
como represalia a esta última rebelión judía (aunque recordemos que la primera aparición del
término “Palaistine” data del siglo V a.C.). La zona sigue funcionando como provincia romana y, hacia
el siglo IV, cuando el Imperio romano se cristianiza, parte de la población de Palestina también lo
hace y esta deviene un centro de culto del cristianismo, donde acuden toda clase de peregrinos y
monjes cristianos. La presencia de los romanos en Palestina (contando como tales a los bizantinos)
se extiende hasta la conquista musulmana, en el año 636. A partir de ese momento, varias dinastías
de califatos musulmanes se sucederán y enfrentarán por el control de un amplísimo territorio que
incluye la actual Palestina.

Con esta conquista árabe un nuevo protagonista irrumpe en la zona: el islam, una nueva religión
surgida en la península arábiga hacia el siglo VII, inspirada en aspectos del cristianismo, el judaísmo y
el mazdeísmo persa, y que da una importante cohesión a la fragmentada sociedad tribal árabe.
Jerusalén tiene un papel importante en la mitología islámica, ya que Mahoma habría ascendido
desde allí a los cielos. Bajo este dominio musulmán, gran parte de la población de Palestina se
islamiza y arabiza, aunque se mantienen importantes minorías cristiana y judía. Durante este
dominio musulmán es cuando se construyen, en Jerusalén, la famosa Cúpula de la Roca (se dice que
el monumento más bonito de la ciudad) y la Mezquita de al-Aqsa. Y es también en este periodo
cuando el término “Palaestina” deriva en “Falastin”o “Filastin” en árabe (‫)فلسطين‬.

Este dominio musulmán/árabe solo es iterrumpido brevemente por los cristianos europeos y sus
sangrientas cruzadas (en el año 1099 se hacen con Jerusalén y establecen el llamado Reino Latino de
Jerusalén), pero no duran mucho, así como tampoco alteran significativamente la demografía de la
zona. En 1291 cae el último enclave cruzado de Palestina y desde entonces la zona vuelve a ser
regida por distintos poderes musulmanes, principalmente turcos (Imperio Otomano). Este se
apodera de la región en 1517 y ya no la soltará hasta finales de la Primera Guerra Mundial. Saltemos
hasta ese momento.

superglitch superglitch superglitch superglitch superglitch


Es diciembre del año 1917 y los británicos han tomado Jerusalén. Es la recta final de la IGM, en los
siguientes meses el Imperio Otomano se seguirá retirando hasta su rendición definitiva en 1918.
Pero un poco antes de este momento, hacia los años 1880s, ya había empezado a llegar a la zona la
primera migración judía proveniente de Europa, fruto de un nuevo movimiento político recién
nacido: el sionismo.

par: ¿Qué es el sionismo?

Desde su expulsión tras esas revueltas en los primeros años d.C., los judíos habían vivido repartidos
por muchas partes del mundo. Es lo que se conoce como la “diáspora judía”. Como sabemos (y muy
especialmente en Europa) los judíos fueron muy a menudo objeto de estigmatización, guetificación,
odio y violenta persecución (lo que se conoce como “antisemitismo”). El profesor Mario Sznajder,
uno de los sionistas que he leído para tratar de comprender mejor este movimiento, resume así las
penurias que sufrieron los judíos de la diáspora:

En el medievo, comunidades judías enteras fueron expulsadas de diversos lugares de Europa. Detrás
de las expulsiones había abiertas manifestaciones de antisemitismo, algunas relacionadas con la
crucifixión de Cristo [al parecer, los cristianos culpan a los judíos de la muerte de Jesucristo], otras
con los roles económicos y sociales de los judíos, su impopularidad social, su endogenismo; aunque,
en general, se debía a la judeofobia. Eduardo I de Inglaterra expulsó a los judíos para apoderarse de
sus bienes y aliviar las penurias económicas estatales [...]. Las expulsiones de judíos fueron
recurrentes en diversos lugares, por ejemplo: en Gasconia, por el mismo Eduardo I, en 1287; Francia
en 1182, 1305, 1327 y 1394; los territorios alemanes, durante las cruzadas (asesinatos masivos y
desarraigo de comunidades en el valle del Rin) y luego en 1348, 1510 y 1541; el reino de Hungría en
1349 y 1360; Silesia en 1150 y 1494; Austria en 1421; España y Sicilia en 1492; Portugal en 1497;
Nápoles en 1541; y en los Estados Papales en 1569 y en 1593.

En menor medida, la judeofobia también era presente en el mundo musulmán, y aunque la vida de
los judíos fue tranquila durante largos periodos, en la memoria de este pueblo se gravó a fuego el
recuerdo (o trauma) de la intolerancia, la discriminación y la persecución. La palabra “pogromo”
significa linchamiento multitudinario, ya sea espontáneo o premeditado, contra un grupo étnico o
religioso, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes. Una palabra que, con los años,
ha acabado siendo usada especialmente para nombrar la persecución y la violencia hacia los judíos.
Así, con los pogromos de finales del siglo XIX en el Imperio ruso (en ocasiones permitidos o incluso
alentados por las autoridades zaristas) empieza a surgir la idea entre la comunidad judía de que es
necesario organizarse y protegerse. Especialmente feroz es el pogromo de Kiev, en el año 1881. Tras
este, se publica el panfleto “¡Autoemancipación!”, que sostiene que los judíos nunca serán tratados
con igualdad al resto mientras no tengan un Estado propio. Este folleto se considera el documento
fundacional del sionismo.

Recordemos que es también el momento del todopoderoso nacionalismo, esa idea que se pone tan
de moda a lo largo de los siglos XIX y XX de que todo pueblo (“nación”) tiene derecho a tener su
propio Estado. Este movimiento, sionismo, entiende que las personas judías no solo tienen en
común una religión, sino que conforman una nación, que, además, es permanentemente perseguida
en Europa. Por tanto, el sionismo que defiende la creación de un Estado-nación para el pueblo judío.
El Estado-nación sería “Israel” (recuperando y en referencia al antiguo Reino de Israel que ya
conocemos) y el nombre de “sionismo” proviene del monte Sión, una colina ubicada en Jerusalén
que aparece varias veces en la Biblia y es sagrada para los judíos. “Sion” también puede referirse, de
forma genérica, a “tierra de Israel”.

paréntesis: Quiero apuntar aquí que, aunque en ocasiones se niegue la matriz religiosa del sionismo y
se diga que es un movimiento exclusivamente político, eso no es para nada cierto. Tanto el lugar
donde debe ubicarse ese “Estado judío”, como las contínuas referencias a patriarcas, profetas y
pasajes bíblicos, como el deseo de retorno y posesión de ese lugar beben de esa “Tierra Prometida”
supuestamente por Dios. Es decir, el sionismo tiene, indesligablemente, una raíz religiosa.

Respecto a sus financiadores, uno de los primeros patrocinadores del sionismo es Edmond James de
Rothschild (de la famosa familia Rothschild, una de las dinastías de banqueros más influyentes y
poderosas del mundo), quien financia algunos de los primeros asentamientos judíos en Palestina.
Pero tampoco entendamos, por ello, que el sionismo es un movimiento únicamente de derechas,
hay distintas ramas: el sionismo socialista (en sus inicios tuvo una fuerte presencia de ideas
socialistas y comunistas, debido sobre todo a la gran influencia de los judíos rusos, muy politizados
hacia la izquierda en esos años), también está el llamado sionismo general (digamos, de centro), el
sionismo revisionista (derecha dura, más adelante explicamos sobre él) o el sionismo religioso (si el
sionismo ya tiene indesligablemente una base religiosa, imagínate este que necesita resaltar su
“religiosidad”). Y no todas estas ramas están presentes desde el principio, sino que se van
desarrollando con el paso de los años.

Finalmente, hay que mencionar a Theodor Herzl, considerado el fundador del sionismo político.
Aunque el movimiento ya existía antes de él, Herzl le da una retórica y una internacionalización muy
importantes, habla con entusiasmo de un proyecto político para acabar con la “desgracia de los
judíos” que pasa por la creación de un “Estado judío” y en 1897 organiza el Primer Congreso
Sionista. Para Herzl, lo primordial es que el proyecto esté bien preparado y contase con aval y
protección internacional. Incluso no tenía ni por qué ser necesariamente Palestina donde se ubicara
ese Estado, sino que podía ser en algún territorio de África o América (bien acorde con la visión
colonialista del momento, se llegan a sopesar territorios en las actuales Kenia y Argentina), aunque
Herzl claro, prefería Palestina porque sabía que era mucho más popular entre los judíos que
cualquier otra opción. Aunque no era especialmente religioso, llega a ser descrito como “el nuevo
Moisés”. Las referencias bíblicas que nunca falten. Una quote bien famosa (y esclarecedora) de Herzl
es esta, escrita el año 1895 en su diario personal, en la que deja bien patente tanto su clasismo,
como su intención de colonizar y expulsar la población nativa de Palestina:

“Debemos expropiar lentamente la propiedad privada de las fincas que se nos asignen. Intentaremos
hacer que la población sin un centavo [los palestinos] crucen la frontera procurándoles empleo en los
países vecinos, y negándoles, al mismo tiempo, todo empleo en nuestro país. Los propietarios se
pondrán de nuestro lado. Tanto el proceso de expropiación como el de expulsión de los pobres deben
llevarse a cabo de forma discreta y circunspecta”

A pesar de todo esto, hay que tener claro que en un principio el sionismo era un movimiento que
estaba ahí, con sus seguidores, sus líderes y sus financiadores, pero no era para nada hegemónico
entre los judíos. Estaba también muy presente, por ejemplo, la corriente del asimilacionismo, que
abogaba por la integración de los judíos en los países y comunidades donde se encontraban, en
igualdad de derechos y libertades con el resto de población. También, aclarar que se puede sionista
sin ser judío, por derecho divino o porque entienden es una buena solución para el problema judío, y
también ser judío sin ser sionista, al entender que no hace falta o no es legítimo querer establecer
un Estado judío en otro territorio. También hubo (y hay a día de hoy) un importante movimiento
judío antisionista, al considerar esta ideología colonizadora, racista y que no representa al judaísmo
ni a los judíos.

fin par sionismo

Una de las falsedades más extendidas es que, cuando los primeros judíos sionistas empiezan a llegar
a Palestina, se encuentran con una tierra desaprovechada y baldía. La expresión más conocida de
este punto de vista es “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Falso tópico que, no por más
repetirlo, se convierte en verdad. Así desmiente el historiador Jorge Ramos Tolosa el mito sionista de
que Palestina era “una tierra sin pueblo”:

“Conforme avanzaba la segunda mitad del siglo XIX, Palestina se insertaba cada vez más en los
circuitos comerciales transnacionales y conseguía una notable interacción económica con el
extranjero. En aquel periodo aumentó significativamente la exportación de productos como el aceite
de oliva, el algodón, los cereales, el sésamo, el tabaco y algunas manufacturas. Pero fue
especialmente la exportación de cítricos, y más específicamente la de naranjas de la zona de Yafa, la
que más se expandió [...]. En este contexto, las nuevas redes de comunicación y transporte fueron
fundamentales. Desde las décadas de 1860 y 1870 se empezó a contar con compañías que cubrían
tanto el servicio postal como las rutas navales regulares que unían Palestina con Europa. En 1868 se
inauguró la primera carretera entre Yafa y Al-Quds-Jerusalén” [Al-Quds es el nombre en árabe de la
ciudad de Jerusalén]. “Veinticuatro años más tarde empezó a funcionar la línea de ferrocarril entre
estas dos ciudades, que durante la primera década del siglo XX llegó también a otros municipios
palestinos. En Yafa, la vía del tren se adentraba en el mar decenas de metros para conectar mejor el
transporte marítimo con el ferroviario. Al contrario de lo que empezó a difundir el movimiento
colonial sionista, Palestina no era una tierra vacía, ni una tierra virgen, ni “una tierra sin pueblo para
un pueblo sin tierra”.

Entonces, hacia los años 1880 se da la primera migración, más o menos organizada, de judíos a
Palestina, y se empiezan a establecer los primeros asentamientos judíosionistas. Es lo que se conoce
como Primera Aliyá. Aliyá significa, literalmente, “ascenso”. Ascenso en tanto que acercamiento a los
lugares sagrados, a Dios. Las referencias religiosas que no falten. Después de la Primera Aliyá (1881-
1903) vendrán la Segunda (1904-1914), Tercera (1919-1923), Cuarta (1924-1928) y hasta la Quinta
(1929-1939). Aunque no las entendamos como olas perfectamente separadas y delimitadas en el
tiempo, sino más bien como un flujo constante con sus altibajos (y sus retornos, claro, los judíos que
“aliyaron” y después se marcharon son conocidos como “yordim”, literalmente: “los que
descienden”). Una palabra que también aparece mucho a partir de este momento es “yishuv”, que
en un sentido literal significa “asentamiento”, pero que se usa para referirse al conjunto de judíos
asentados en Palestina. Es decir, “el yishuv” se refiere a algo así como “los asentados” (y se acota a
solo los que llegaron antes de la constitución del Estado de Israel, es decir, antes del año 1948).

En el año 1901 el sionismo crea el llamado Fondo Nacional Judío, que todavía está activo a día de
hoy. Este fondo nace con el claro objetivo de comprar tierras en Palestina para establecer en ellas
asentamientos judíos, compra que se hace mediante los donativos de filántropos y judíos
adinerados. Las tierras adquiridas por este fondo pasan a ser, según ellos, propiedad del pueblo
judío a perpetuidad y no se pueden vender, sino solo alquilar (¡y solo a judíos!). A día de hoy, este
fondo posee y gestiona cientos de miles de hectáreas en el actual Estado de Israel y financia
asentamientos judíos en los territorios palestinos.

Respecto a la economía de este primer yishuv, lo que se empieza a desarrollar es, mayoritariamente,
de propiedad privada (capitalista), pero también se empiezan a fundar organizaciones sionistas
socialistas, compuestas por obreros, campesinos, artesanos, etc. Son el embrión del futuro sionismo
laborista. En esa línea política se van formando algunos asentamientos cooperativistas y
comunalistas de propiedad colectiva. El primero de ellos es levantado por judíos rusos el año 1910 y
da origen al movimiento “kibutz” (notablemente extendidos hoy en día en Israel y muy conocidos en
todo el mundo). Aunque muy idealizados desde ciertas izquierdas, los “kibutz” no dejan de ser de
raíz sionista y, por tanto, han participado en la desposesión de la población palestina (como veremos
más adelante).
Otro aspecto importante de ese primer yishuv es que se empiezan a organizar grupos de defensa de
los asentamientos (que años después mutarán en grupos paramilitares). Una de estos se llama Bar-
Giora (1907) cuyo lema reza “A sangre y fuego Judea cayó, a sangre y fuego Judea se levantará otra
vez” (vaya, un lema nada fanático). Esta organización será absorbida poco después por otra que
conservará el sosegado lema, la cual será más tarde absorbida por Haganá, en el año 1920. Haganá
será la organización paramilitar sionista de mayor importancia en los siguientes años hasta la
creación del Estado de Israel, y, de hecho, acabará siendo el cuerpo paramilitar sobre el que se
formará el ejército oficial de este Estado de Israel.

Finalmente, entre las lenguas dominantes de estos primeros asentados encontramos el yidish
(también llamado juedoalemán), el ruso, polaco, rumano, húngaro, alemán, ladino (también llamado
judeoespañol) y el árabe (hablado por los judíos sefardíes y mizrajíes, llegados de Oriente Medio y el
norte de África). El hebreo se hablaba entonces muy poco y solo como lengua de uso religioso,
aunque algunos sionistas empezarán a recuperarlo como lengua de uso común. Cada vez serán más
los que rechazarán su lengua materna y se pasarán al hebreo moderno, llegando incluso a hebraizar
sus nombres. A pesar de estas primeras aliyás, no debemos entenderlas ni a ellas ni al sionismo
como un éxito de masas (al menos, al principio). Este fragmento de la ya citada historiadora Gudrun
Krämer nos muestra tanto la variadísima orientación política de los judíos, como otras opciones que
muchos eligieron para tratar de mejorar su situación:

“Muchos judíos de Europa del este se decidieron por el socialismo en general o por un socialismo
específicamente judío; algunos optaron por el anarquismo; otros por un “nacionalismo cultural” de
impronta judía [...]. [Pero] la gran mayoría no escogió ninguna de estas opciones para escapar de las
difíciles circunstancias que rodeaban su vida o cambiarlas de manera decisiva, sencillamente, las dejó
tras de sí y emigró, predominantemente, al “Nuevo Mundo”. Alrededor de 2,6 millones de judíos
abandonaron Rusia y los territorios vecinos entre 1882 y 1914, la inmensa mayoría con el propósito
de iniciar una nueva vida en América [en comparación, conjuntamente entre las Primera y Segunda
Aliyá migraron a Palestina unos 60.000 judíos]”.

Esta gran migración al continente americano tendrá importancia en las siguientes décadas, puesto
que especialmente los judíos estadoundenses presionarán fuerte a su Gobiernos para que se
posicione en favor de los sionistas y de Israel. ¿Y qué hacen los árabes palestinos ante todo esto?
Bueno pues, como es lógico y evidente (aunque a menudo se olvide) no son un ente pasivo.

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Según cuenta el historiador Ilan Pappé, en un principio los palestinos no se oponen a la llegada de
colonos judíos e incluso los reciben con su tradicional hospitalidad. Pero poco a poco se va
articulando una oposición ante la compra sistemática de tierras y la organización internacional de los
sionistas. No solo están migrando, sino que quieren crear un Estado allí. Y en las tierras que compran
no se permite ni el alquiler ni el trabajo a los árabes-palestinos. Muchas red-flags para los locals que
habitaban Palestina desde hacía generaciones.

Además, como ya hemos dicho, es el momento de los nacionalismos. Es lo que se lleva. Por lo que no
es de extrañar que también nazca cierto nacionalismo árabe-palestino. Un nacionalismo que se
articula alrededor de la lengua árabe, una tendencia mayoritaria musulmana (aunque también hay
árabes cristianos y laicos) y cuya reivindicación es territorial y económica (recordemos que las tierras
adquiridas por el Fondo Nacional Judío no se pueden ni vender ni alquilar a árabes y, en principio,
tampoco se les puede dar trabajo en ellas). Por tanto, este nacionalismo árabe-palestino también
gira entorno a un fuerte sentimiento de desposesión de la tierra y de traición por parte de los
europeos, además de demanda de mayor autonomía y/o independencia. Ante la colonización
sionista, la población local palestina empieza protestar y mobilizarse, empiezan las concentraciones,
las peticiones a las autoridades otomanas e incluso los primeros llamados al boicot. Empiezan a
aparecer también varias publicaciones críticas con el sionismo, por ejemplo en 1909 se funda el
periódico Al-Karmil y en 1911 le sigue el diario Falastin, que traducía escritos sionistas para alertar
del peligro de ese movimiento. El Falastin adquirió rápidamente una gran tirada e importancia.

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Así, llega la Primera Guerra Mundial y, durante su transcurso, las potencias aliadas (entre las que se
encuentran los británicos) hacen promesas tanto a árabes-palestinos como a judíos-sionistas, con el
objetivo de ganarse su favor durante la guerra. El problema, vaya, qué sorpresa, es que esas
promesas son contradictorias entre sí. Lo explico muy rápido (recordemos que al inicio de la IGM el
territorio palestino todavía está bajo dominio del Imperio Otomano):

Primero está la llamada correspondencia Husayn-McMahon (mantenida entre los años 1915 y 1916)
en que los británicos hacen ciertas promesas al jerife de La Meca, Husayn ibn Ali, a cambio de que
los árabes se rebelen contra el Imperio Otomano (enemigo de los aliados) para así debilitarlo. Los
árabes quieren el compromiso británico de que a cambio de eso se les concederá la independencia
al terminar la guerra (hablan de un amplio territorio que incluye la actual Palestina, pero no solo).
Los británicos juegan con cierta ambigüedad y poca concreción, los árabes se rebelan contra el
Imperio Otomano (la llamada Rebelión Árabe, de 1916-1918). Pero todo era pura manipulación,
como reconocía el propio McMahon (representante británico) ya en 1915: “No iré ni un momento
tan lejos como para suponer que las actuales negociaciones vayan a contribuir mucho a determinar
la futura forma de Arabia o establecer nuestros derechos o atarnos las manos en ese país. [...] se
trata, sobre todo, de una cuestión de palabras, y para tener éxito hemos de utilizar conceptos
capaces de convencer, y no discutir cicateramente [tacañamente] sobre condiciones”.

Después estuvo el, este ya mucho más conocido, Acuerdo Sykes-Picot (1916). Es ese acuerdo infame
en que británicos (Mark Sykes) y franceses (François Picot) se reparten la zona con escuadra y
cartabón. xurro_1 - 48:33 Las actuales Siria, Líbano, norte de Irak y sureste de Turquía para Francia;
el resto de Irak, norte de Arabia Saudí, Jordania y mitad sur de Palestina para Gran Bretaña. Y la
mitad norte de Palestina quedaría como “zona de control internacional”. xurro_1 - 48:46 Este
acuerdo Sykes-Picot entra en contradicción con la mencionada correspondencia Husayn-McMahon,
puesto que da a los franceses parte de lo que se había prometido a los árabes/los árabes entendían
que se les había prometido a ellos. En Sykes-Picot ya hay presiones de los sionistas al gabinete
británico, pero la prioridad de este es entenderse con los franceses. La que sí deja ya mucho más
satisfechos a los sionistas es el tercer y último documento de este periodo, la famosa Declaración
Balfour (1917), repetidamente citada cuando se habla del conflicto Israel-Palestina. Este documento
es una carta enviada por el Ministro de Exteriores británico, Arthur Balfour, a otro de la saga de
banqueros Rothschild patrocinadores del sionismo, Walter Rothschild, donde, respecto a las
aspiraciones de los sionistas, le dice: “El Gobierno de Su Majestad [británico] contempla con
beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de
sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo”.

Es decir, una potencia colonial prometiendo un “hogar nacional” a otro proyecto colonialista en
territorio palestino, ignorando y pasando totalmente por encima de la población local de ese
territorio. Colonialismo 100% pure shit sin cortar. Este documento supone el mayor triunfo
diplomático del sionismo hasta ese momento. Los motivos de esta declaración, además de la
habilidad política e influencia de los líderes sionistas, los dejaría muy claros una investigación
británica posterior (Comisión Peel, publicada en 1937): “la Declaración Balfour en ese momento
[1917] fue “por razones propagandistas”, y esbozó la grave situación en la que se encontraban
entonces las potencias aliadas [...]. En esta situación crítica, se creía que la simpatía (o la antipatía)
judía marcarían una diferencia sustancial en un sentido u otro para la causa aliada [...]. Los líderes
sionistas hicieron la clara promesa de que, si los aliados se comprometían a dar facilidades para el
establecimiento de un hogar nacional para los judíos en Palestina, harían todo lo posible para reunir
el apoyo judío en todo el mundo hacia los aliados. Y cumplieron su palabra”.

En resumen: juego de acuerdos y promesas según convenga, aunque estas sean contradictorias
entre sí. Colonialismo del bueno, del que lo deja todo bien reventado forever. Aclarado esto,
volvemos a la foto de los británicos entrando a Jerusalén en 1917.

glitch

El Imperio Otomano se retira y en los siguientes años se acabará de deshacer del todo. Desde ese
1917 los británicos administran, a la práctica, la zona y unos años más tarde, en 1922, se formaliza el
llamado Mandato Británico de Palestina, que es básicamente que los brits regentan la zona de
manera colonial. xurro_2 - 00:17 Es con este Mandato británico que diversas regiones del disuelto
Imperio Otomano (llamadas “valiatos” o “mutasarrifatos”) se agrupan en una sola unidad política,
que constituye la “Palestina” que conocemos hoy. xurro_2 - 00:27 El texto de este Mandato
conserva y defiende la promesa del “hogar nacional judío” de la Decla Balfour. Textualmente dice
que: “El mandatario deberá responsabilizarse de poner al país en tal situación política,
administrativa y económica que permita crear un hogar nacional judío [...], desarrollar instituciones
de administración autónoma y salvaguardar los derechos religiosos y civiles de todos los habitantes
de Palestina [gracias por el apunte final, qué alivio]. Además, este Mandato será asesorado por la
Organización Sionista Mundial (una especie de lobby sionista creado por Herzl en 1897), admite la
creación de un proto-ejecutivo judío (la “Jewish Agency”, Agencia Judía) y establece el compromiso
británico de “facilitar la inmigración judía”.

Y, claro, con todo esto, aunque en un principio los nacionalistas árabe-palestinos no son un
movimiento masivo, irán cogiendo fuerza hasta convertirse en un gran corriente de resistencia
anticolonial frente a británicos y sionistas.

En la pugna por hacerse escuchar o influir sobre el Mandato británico, los sionistas están mucho
mejor posicionados: saben negociar con los europeos y tienen representantes en Londres y otras
importantes ciudades europeas, por lo que saben desenvolverse extraordinariamente bien. Además,
según explica la historiadora Krämer en Palestina no estan por historias: “perfectamente
identificados con la idea de “autoemancipación”, los sionistas consiguieron crear en Palestina
órganos judíos para su propia administración y organizar una vida poítica, económica y cultural de
amplio alcance en el marco del Mandato y, a veces incluso, contra la oposición de las autoridades
mandatarias”. De hecho, los propios británicos observaron y dejaron por escrito como, bajo su
presencia, los sionistas habían constituido una suerte de gobierno paralelo: “se puede decir que la
Agencia Judía ha hecho el máximo uso posible de la posición que le ha otorgado el Mandato. Con el
paso del tiempo ha creado un aparato administrativo completo. Esta organización poderosa y capaz
es, de hecho, equiparable a un gobierno existente codo con codo con el Gobierno del Mandato
[británico]”.

A pesar de esta desenvoltura, la comunidad judía no está exenta de tensiones y enfrentamientos


internos. El yishuv judío es polifacético, políglota y políticamente diverso, y tiene tanto fricciones de
tipo político (entre socialistas y capitalistas), como religiosas (entre ultraortodoxos y seculares) o de
tipo étnico (los judíos askenazíes —provenientes de Europa central y oriental— eran mayoritarios y
en ocasiones discriminatiros con los sefardíes —los judíos expulsados de la península ibérica— y con
los mizrajíes —judíos del norte de África y Oriente medio—).

Sin embargo, claro, la principal línea de tensión es entre sionistas y árabes-palestinos. Poco a poco
se va constatando la imposibilidad de crear entes políticos que aúnen a judíos y árabes. A la vez,
cada comunidad se va encerrando hacia adentro y el conocimiento del otro es mínimo, las barreras
idiomáticas tampoco ayudan, y es así como los prejuicios, estigmas y miedos tienen campo para
correr. Explica Krämer que “resultaba sorprendente la escasa interacción entre árabes y sionistas o
judíos, basada en gran parte en una falta de confianza que, a su vez, dejaba campo libre a todo tipo
de temores, rumores y sospechas”.

Así, se van formando cada vez más asociaciones árabes-palestinas, algunas musulmanas, otras no
(de hecho, confluyen muy a menudo árabes musulmanes con árabes cristianos). En un principio sus
acciones no son violentas, sino que consisten en negociaciones con la potencia mandataria,
manifestaciones, huelgas o boicots (por ejemplo, uno de los primeros boicots de la resistencia
palestina que se conocen es el que se organizó contra la Anglo-Palestine Electricity Company,
cuando los árabes-palestinos prefirieron usar lámparas de queroseno para iluminar sus casas antes
que usar electricidad de esta empresa sionista).

Paralelamente, hacia la década de los 1920s empieza a tomar fuerza un movimiento sionista que ya
hemos mencionado antes, el “sionismo revisionista”. Se llama así porque quiere “revisar” los límites
territoriales establecidos por el Mandato británico, que habían delimitado la zona a “solo” el oeste
del río Jordán, y ellos consideran (en alusión a las supuestas promesas bíblicas) que su territorio
debe extenderse también al este de este río. A la vez, el sionismo revisionista rechaza tajantemente
cualquier posibilidad de partición o acuerdo con los árabes. Este movimiento no es para nada
residual, sino que encuentra grandes apoyos entre los sionistas de Europa y también del yishuv.

Así, la tensión en la Palestina mandataria se va acumulando, hasta que ocurren las primeras
desgracias. En abril de 1920 estallan los disturbios de Nabi Musa, que se cobran la vida de 5 judíos y
4 árabes. Poco después, en mayo de 1921, los disturbios de Jaffa, con 48 víctimas mortales árabes y
47 judías (números orientativos, ya que las diferentes fuentes varían en el recuento). Aquí, claro,
cada uno de los bandos culpa al otro de “haber empezado” o “provocado”, da más importancia a sus
víctimas que a las del otro y justifica sus venganzas o represalias por acciones previas de este otro.
Lo más parecido que tenemos a una fuente neutral son las investigaciones que hicieron
posteriormente los británicos para aclarar los motivos de esos ataques. Los británicos (que, como
hemos visto, no brillan precisamente por su apoyo a la causa árabe-palestina) concluyen en su
Informe Palin (1920) que “las causas de la exasperación de la población de palestina” son “la
decepción por el incumplimiento de las promesas hechas por los británicos”, “el miedo a la
competencia y dominación judías, por la experiencia y el aparente control ejercido por los sionistas
sobre la Administración [británica]” o “la indiscreción y agresividad sionistas, y la Declaración Balfour
agravando estos miedos”. Finalmente, esblece que “la Comisión Sionista y los líderes sionistas son en
gran medida responsables de la presente crisis debido a su impaciencia, indiscreción e intentos de
forzar el mando de la Administración [británica]”. En la misma línea, el poco posterior Informe
Haycraft (1921) concluye que “Gran Bretaña, cuando asumió la administración de Palestina, fue
influida por los sionistas para adoptar una política dirigida principalmente al establecimiento de un
Hogar Nacional para los judíos, y no para el beneficio igualitario de todos los palestinos”, “el
Gobierno [británico] de Palestina tiene como órgano asesor oficial una Comisión Sionista, ligada por
sus ideales y su rol de atender los intereses de los judíos por delante de los de todos los demás”, “los
judíos inmigrantes son ofensivos con su arrogancia y desprecio hacia los códigos sociales árabes” y
“una parte del programa de los sionistas es inundar Palestina con un pueblo que posee mayor
capacidad comercial y organizativa que los árabes y que, eventualmente, obtendrá la ventaja sobre
el resto de la población”.
Ante estas contundentes conclusiones, el Mandato británico decide limitar la migración judía a
Palestina, con el objetivo de calmar la situación. Pero, a pesar de esta limitación, las aliyás judías
continúan. La inmigración judía va cambiando poco a poco la demografía de la zona (lo cual era uno
de los principales objetivos sionistas, cuyos líderes sabían que el éxito de su proyecto pasaba, en
gran parte, por este factor demográfico). A su vez, el poder mandatario británico sigue apoyando (o,
como mínimo, permitiendo) el desarrollo de un aparato preestatal sionista. Año tras año, el
colonialismo sionista avanza y sus infraestructuras se extienden y perfeccionen en los ámbitos
económico, educativo, político, religioso y cultural, a la vez que continúa la exclusión y pérdida de
tierras para la población palestina local. Con esto, la tensión entre sionistas y palestinos sigue
aumentando, hasta que en el año 1929 vuelve a estallar la violencia.

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En esta ocasión, el detonante es el Muro de las Lamentaciones, vestigio de Jerusalén que es sagrado
para los judíos, pero también lo es para los musulmanes. Hacia 1928 empiezan las tensiones por la
“posesión” de ese lugar: hay manifestaciones de ambos grupos con consignas tipo “el Muro es
nuestro”, presiones al mandato británico y sendos comités de defensa del muro. La situación se va
tensando hasta que grupos de árabes musulmanes atacan a judíos en varias ciudades de Palestina.
Los más graves ocurren en Jerusalén, Hebrón y Safed. De hecho, las masacres de Hebrón y Safed son
muy reivindicadas y recordadas por los judíos hoy en día, debido a su brutalidad. El balance final es
de unos 135 judíos asesinados por árabes, 110 árabes por la policía británica y 6 o 7 árabes
asesinados por judíos. Aunque, de nuevo, las diferentes fuentes varían ligeramente en este
recuento.

Aunque bastantes judíos fueron protegidos de sus atacantes árabes por otros ciudadanos árabes,
este suceso (una masacre) supone un punto de inflexión irreversible en las relaciones entre árabes y
judíos en Palestina. Sin quitar ninguna gravedad a lo ocurrido, al leer los informes de las
investigaciones británicas posteriores se entiende que tales sucesos no ocurren de la nada. Esto es lo
que dice el Informe Shaw (1929) sobre este episodio de violencia: “La violencia consistió en un feroz
ataque de árabes contra judíos acompañado de la destrucción de sus propiedades. En unos pocos
casos, los judíos [también] atacaron a los árabes y destruyeron propiedades árabes como respuesta a
los primeros ataques árabes”. Dejado esto claro, habla del contexto social y político de Palestina
para entender cómo eso pudo llegar a ocurrir: “Hay pruebas indiscutibles de que, en materia de
inmigración, las autoridades judías han ignorado la doctrina aceptada por la Organización Sionista
en 1922 de que la inmigración debería estar regulada por la capacidad económica de Palestina para
absorber a los recién llegados”. “Entre 1921 y 1929 se produjeron grandes ventas de tierras, a
consecuencia de las cuales numerosos árabes fueron desalojados sin que se les proporcionaran otras
tierras para habitar. [...] La situación ahora es grave. No existe ninguna tierra alternativa a la que
estas personas árabes desalojadas puedan trasladarse. En consecuencia, se está creando una clase
descontenta y sin tierras. Lo que es un peligro potencial para el país”. “A los árabes debe parecerles
improbable que sus competidores, en el transcurso de algunos años, lleguen a contentarse con
compartir el país con ellos. Estos temores se han intensificado por las extremistas declaraciones de
los políticos sionistas y los árabes han llegado a ver en los inmigrantes judíos, no solo una amenaza a
su sustento, sino un posible amo del futuro”. Y otra comisión de investigación inmediatamente
posterior, la Hope Simpson, concluye en la misma dirección: “El resultado de la compra de tierras en
Palestina por parte del Fondo Nacional Judío es que las tierras han sido extraterritorializadas. Ha
dejado de ser tierra de la que los árabes puedan obtener algún provecho, ni ahora ni en el futuro. No
solo ya no podrán alquilarla o cultivarla nunca más, sino que, por las estrictas condiciones de
arrendamiento del Fondo Nacional Judío, se les priva también de empleo en esa tierra”. Por lo que
este informe concluye: “Es imposible ver con ecuanimidad la extensión de un enclave en Palestina del
que todos los árabes quedan excluidos. La población árabe ya ve con desaliento y alarma la
transferencia de tierras a manos sionistas. Y [estos temores] no pueden descartarse como infundados
a la luz de la política sionista descrita anteriormente”.

Y a raiz de estos informes el Mandato británico vuelve a limitar, de nuevo, la migración de judíos a
territorio palestino. Pero el descontento de los sionistas es inmediato (así como su presión) y, de
nuevo, los británicos rectifican rápidamente. Con lo que se reafirma el apoyo británico a la migración
sionista y a su política de compra de tierras en Palestina.

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Es 1933 y los nazis han llegado al poder en Alemania. El antisemitismo se institucionaliza y la


persecución a los judíos en Europa se hace más violenta que nunca, que ya es decir. Como es obvio,
esto hace aumentar muchísimo la población judía en Palestina, que entre 1931 y 1936 se multiplica
por más de dos, pasando de 175.000 personas a 370.000 (pasa de ser el 17% a ser el 27% de la
población total en la zona). El yishuv se consolida así en buena parte del territorio palestino.
Respecto a los árabes-palestinos, además de lo que los sucesivos informes británicos ya habían
dejado claro, las promesas del Mandato de reconocer un Ejecutivo palestino nunca se acaban de
cumplir, lo que se suma a la ya creciente frustración palestina. Así, cada vez hay más organizaciones
nacionalistas palestinas, desde las que se empiezan a hacer llamamientos a la movilización, a la
desobediencia civil, a la no-colaboración con las autoridades británicas (que son vistas por los
palestinos como los principales causantes de la situación), se llama al boicot a instalaciones,
productos y servicios tanto británicos como sionistas, e incluso a la huelga general. También hay
grupos armados palestinos que atacan asentamientos judíos y objetivos británicos. A pesar de que el
patriarcado está presente en la sociedad civil palestina (como en todo el mundo) también se forman
organizaciones de mujeres palestinas, como la Asociación de Mujeres Árabes, liderada por la
activista palestina y feminista Tarab Abdul Hadi.

Es en este contexto (año 1935) que sucede el llamado “Incidente del Cemento”: en el puerto de Jaffa
uno de los bidones de un teórico cargamento de cemento se rompe accidentalmente y se descubre
que en realidad lleva armas y munición para la milicia sionista Haganá. Poco después, los británicos
matan a un destacado líder nacionalista-islamista palestino, Izzedin al-Qassam (todavía hoy muy
recordado y reivindicado por las resistencias palestinas). Con estos dos incidentes, toda la tensión y
frustración que se venían acumulando desde hacía décadas acaban de petar del todo.

Formalmente se fecha el inicio de la Gran Revuelta árabe en abril de 1936 con una multitudinaria
huelga general, aunque la crispación y los episodios de violencia cruzada se vienen dando desde
hace meses. Pero con esta huelga general se considera que comienza la Revuelta Árabe de Palestina,
que se prolonga hasta 1939. Los reclamos: mayor autogobierno palestino con vistas a una futura
independencia, fin de la colonización sionista, fin de la masiva compra de tierras por parte de los
sionistas y fin de sus pretensiones sobre el territorio palestino.

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En este contexto, no fueron pocos los sionistas que trataron de restar razón a los posicionamientos
arabepalestinos señalándolos como otra muestra del antisemitismo imperante en el mundo. Lo que
era una oposición política legítima y fundamentada se deslegitimaba como odio religioso y/o racista
(algo que también hacen los sionistas a día de hoy, al equiparar cualquier crítica al sionismo y sus
atrocidades con antisemitismo). Pero ojo: ni Palestina en concreto ni el mundo árabe en general
estaban totalmente exentos de antisemitismo (por ejemplo, el muftí —autoridad pública musulmana
— de Jerusalén se adhirió a las potencias fascistas del Eje tras su expulsión de Palestina y colaboró
con los nazis durante la IIGM). El antisemitismo europeo también estaba presente, claro, en el mundo
árabe, pero la oposición árabe no era, en su mayoría, antisemita, sino un movimiento contra el
proyecto de establecer une Estado foráneo donde ellos vivian, es decir, contra el sionismo. Según la
historiadora Gudrun Krämer, el antisemitismo no tenía raíces en el mundo árabe y no es posible
identificarlo como un elemento determinante ni en los escritos ni los discursos ni en la actuación
política de esta oposición árabe.

Al estallar estas huelgas y mobilizaciones arabepalestinas, el mandato británico no acepta ninguna


de sus demandas y las reprime sin piedad: censura de prensa, registros domiciliarios, castigos
colectivos, latigazos, requisa y destrucción de casas, deportaciones, encarcelamientos y tortura. Y un
año después de que estallaran estas protestas llega otra comisión británica con su correspondiente
informe para decir lo que todos los otros informes previos ya habían dicho. Es el llamado Informe
Peel (1937) y concluye que la rebelión ha sido consecuencia de “el deseo de los árabes a una
independencia nacional”, también de “su rechazo a la creación del Hogar Nacional Judío en
Palestina, agravado por el temor a un dominio por parte de los judíos”, también de la constante
afluencia de judíos provinientes de Europa, de la desigualdad entre árabes y sionistas a la hora de
hacer llegar sus demandas a las autoridades británicas, la compra ininterrumpida de tierras por
parte de sionistas, la falta de fondos para la educación de la población árabe, la alta presencia de
judíos en los altos puestos de la administración mandataria… y varios motivos más en la misma línea.
Lo que todos los informes previos ya habían visto y dicho antes. Pero este añadiría una novedad: que
el mandato británico no podía sostenerse ya más, y que, vaya, la “prosperidad económica” no había
resuelto, por sí sola y de forma mágica, el problema. Qué me dices. Como ha podido pasar. La
prepotencia y arrogancia colonial europeas, de nuevo en todo su esplendor. Y ahora todo son
lamentaciones: l.

Es en este informe donde se plantea por primera vez la llamada “solución de dos Estados”, uno para
judíos-sionistas y otro para árabes-palestinos. xurro_2 - 17:17 Esta es la partición que el Informe
Peel propone: la zona norte y parte de la llanura oeste para los judíos, el resto para los palestinos
(con un corredor central controlado por británicos que haría como de “tirita” entre las dos zonas e
incluiría las ciudades sagradas —y, por ello, tan problemáticas— de Jerusalén y Belén).xurro_2 -
17:17 Según esta propuesta, los árabes se quedarían con aprox el 70% del territorio y los judíos con
algo más del 20% (y el 10% restante, bajo control británico). Claro, si miramos esta propuesta y la
comparamos con la dramática situación que viven los palestinos a día de hoy, podemos pensar que
era un buen deal y que deberían haberla aceptado para evitar el horroroso drama humano que viven
hoy. Es fácil que hoy lo veamos como una oportunidad perdida, sobre todo comparando esta
propuesta con las humillantes migajas que, décadas después, acabarían aceptando los líderes
palestinos en los llamados Acuerdos de Oslo (en 1993 y 1995). Pero claro, en ese 1937 poco se
podían imaginar los palestinos que las cosas se torcerían para ellos de la manera que lo han acabado
haciendo. Así pues, rechazan esta propuesta porque entienden que no debe establecerse un Estado
judío en Palestina, ya que se les había prometido la plena independencia. xurro_2 - 18:24 Además,
en ese momento el yishuv judío ocupa solo un 6-7% del terreno y se le concede el 20% (además, la
zona más fértil) y la población árabe es el 90%, pero se le asigna el 70% del territorio. xurro_2 -
18:24 Además, 250.000 árabes deberían marcharse de la zona asignada a los sionistas y además, esa
propuesta sigue manteniendo presencia británica en la zona (y en ciudades muy importantes como
Jerusalén y Belén). Finalmente, los palestinos consideran que, de algún modo, se les está haciendo
pagar a ellos por el daño infligido a los judíos por parte de los europeos en general y la Alemania nazi
en particular, lo cual no consideran justo. Cabe mencionar que algunos sectores palestinos sí se
mostraron favorables a esta solución de partición, pero fueron una minoría.

Por su parte, los sionistas sí aceptan esta propuesta de partición, aunque sin intención alguna de
conformarse con los límites que les asigna: la entienden como punto de partida desde el que seguir
expandiéndose. Lo deja muy claro el líder sionista (y futuro Primer Ministro de Israel) David Ben-
Gurión en una carta dirigida a su hijo: “¿El establecimiento de un Estado judío [en solo una parte de
Palestina] avanza o retrasa la conversión de este país en un país judío? Mi suposición (que es la razón
por la que soy defensor ferviente de un Estado, aunque ahora esté vinculado a la partición) es que un
Estado judío sobre solo una parte del territorio no es el fin, sino el comienzo”. También hay, claro,
cierta oposición sionista a esta propuesta (la tendencia revisionista que ya hemos comentado), que
considera ese territorio insuficiente en tanto que no es toda la “Tierra Prometida” por Dios. Ok.

Este “Plan Peel” no contribuye a apaciguar la Revuelta Árabe, sino al contrario: vuelve a repuntar la
violencia y las autoridades británicas encarcelan a políticos y líderes palestinos y los deportan a las
Islas Seychelles (otra de sus colonias). Con esto, el levantamiento árabe queda descabezado, por lo
que cada grupo o milicia o guerrilla hace la revuelta por su cuenta. Con esto, los británicos reprimen
con aún más dureza que antes y empiezan a colaborar con los grupos sionistas paramilitares Haganá
e Irgún, que están encantados de reprimir la revuelta palestina. A partir de noviembre de 1937 estas
y otras milicias ejecutan atentados terroristas en autobuses, cafés, mercados y otros lugares
públicos árabes. Las fuerzas británicas forman, arman y dan apoyo logístico a estos grupos
paramilitares sionistas, por lo que contribuyen de manera decisiva a su profesionalización militar.
Mención especial merecen los llamados Escuadrones Especiales Nocturnos (Special Night Squads) un
grupo formado por soldados británicos y sionistas conocido por ser especialmente despiadado y
cruel. En esta segunda fase es cuando ocurren las masacres de Tiberíades de árabes contra judíos, la
de al-Bassa de británicos contra árabes o la del atentado-bomba de la milicia sionista Irgún en un
mercado árabe en Haifa.

¿Y qué toca ahora? Ah, claro, otra comisión británica y otra propuesta de solución: el llamado Libro
Blanco de MacDonald (1939). Para tratar de contentar a la parte árabe, este Libro establece una
cuota limitada de migración de judíos a Palestina y limitaciones en sus adquisiciones de tierras. El
Libro de MacDonald se decanta tanto hacia la parte árabe que llega a decir incluso que el Gobierno
británico “está convencido de que los redactores del Mandato, en el que se incluyó la Declaración
Balfour, no podían pretender que Palestina se convirtiera en un Estado judío en contra de la voluntad
de la poblacion árabe del país”. Es decir, que ahora les parece descabelladísimo lo que años antes se
decía en la Decla Balfour. ¿Por qué este giro ahora? Bueno, estamos a mayo de 1939 y se viene la
IIGM, los británicos lo saben y les conviene, digamos, recuperar viejas amistades en Oriente. A pesar
de que pueda parecer una victoria para los árabes, el mensaje vuelve a ser claro: las cosas se
mueven en función de los intereses y las necesidades de los europeos. Eso sí: entre la durísima
represión y el caramelito de este Libro Blanco, la revuelta árabe termina definitivamente en 1939.

Ahora las tornas han cambiado y quienes protestan son los sionistas, que, recordemos han sido
armados y entrenados por los británicos. Pero tampoco se pueden pasar de rosca, los sionistas, ya
que en el escenario internacional se están jugando mucho: una victoria nazifascista sería la completa
catástrofe para los judíos europeos. David Ben-Gurión describió de manera muy elocuente la
postura sionista ante esa delicada situación: “debemos luchar esta guerra como si no hubiera Libro
Blanco, y luchar contra el Libro Blanco como si no hubiera guerra”. Pero otros sectores más
extremistas, como el ultraderechista Lehi (creado en 1940) abogan por, a pesar de la guerra, seguir
confrontando a las autoridades británicas para que abandonen Palestina (de hecho, el Lehi llega a
ofrecerles alianza a los nazis, al ser estos enemigos de los británicos). Eso sí: a las puertas de la IIGM
Palestina, más o menos, se ha pacificado. Aunque, claro, las secuelas de la cruda violencia y
represión durante la revuelta arabe no se superan de un día para otro: 5000 palestinos muertos y
unos 15.000 heridos, además de numerosas casas, campos, huertos e infraestructuras destruidas.
Los judíos muertos han sido alrededor de 300 y los británicos, 262. La Revuelta Árabe ha debilitado
mucho a los palestinos y fortalecido (y armado) mucho a los sionistas quienes, además, empiezan a
sentir como nunca el apoyo internacional por la persecución y extrema violencia que empiezan a
sufrir los judíos europeos a manos de los nazis.
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Terminada la IIGM a los británicos el Mandato de Palestina se les está haciendo ya tremenda bola. A
las pérdidas materiales, económicas y humanas de esta IIGM se les suman los atentados terroristas
de los paramilitares sionistas, que se reactivan con el fin de la guerra. Por ejemplo, en noviembre de
1944, el Lehi asesina en El Cairo al Secretario de Estado británico para Oriente Medio. Igualmente
sonado es el atentado en el Hotel Rey David de Jerusalén ejecutado por Irgún, donde se encuentran
las oficinas británicas y que mata a 91 personas. Con esta situación, en 1947 los británicos anuncian
en la Asamblea General de la recién creada ONU su intención de terminar su Mandato en Palestina.
Es decir, después de 25 años enredando las cosas hacen las maletas, palmadita aquí, palmadita allá,
y a las 17:00h a casita que es la hora del té. Un día más en la oficina del colonialismo. Así, la ONU
crea el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP, por las siglas en inglés) que
envía una comisión sobre el terreno para analizar la situación y plantear una propuesta de solución.
Los líderes sionistas se reúnen varias veces con los miembros de esta comisión y saben camelársela
muy bien (la comisión incluso llega a reunirse con líderes de la milicia Irgún, ¡la que había hecho
estallar el Hotel Rey David asesinando 91 personas solo unos meses antes!). Por su parte, los líderes
árabes boicotean esta comisión, al considerar que no tiene legitimidad para decidir nada sobre el
futuro de Palestina ni de los palestinos. El horror y trauma mundial del Holocausto (“Shoá”, en
hebreo) y los miles de judíos liberados de los campos de concentración nazis que no tienen a donde
ir también juegan, claro, un papel determinante en este momento.

Así, en septiembre de 1947 sale a la luz la propuesta de esta comisión: es el llamado Plan de
Partición, aprobado poco después por la Asamblea General de la ONU con 33 votos a favor, 13 en
contra y 10 abstenciones. Es la famosa Resolución 181 de la ONU (el entonces presidente de EEUU,
Harry Truman, explica en sus memorias que nunca recibió tanta presión como entonces por parte
del lobby sionista estadounidense para que ese Plan de Partición saliese aprobado).

Esta Resolución 181, aunque es una propuesta y no es jurídicamente vinculante, marca un antes y un
después en la historia de Palestina: xurro_2 - 25:48 propone dividir el teritorio en dos Estados, uno
judío-sionista y otro árabe-palestino, con un área bajo control internacional donde se ecuentran
Jerusalén y Belén. Esta resolución 181 da el 56% del territorio de Palestina a los judíos-sionistas
(cuando representan alrededor de un 31% de la población), mientras que los árabes-palestinos se
quedan con el 42% del territorio (cuando son el 62% de la polación). Además, los territorios quedan
fragmentados entre sí, solo conectados por una delgada punta. El 2% restante queda bajo control
internacional. xurro_2 - 26:22 En términos no porcentuales, la posesión sionista de tierras palestinas
en 1947 es de 1.700.000 dunams (1 dunam = 1000 m2), y esta propuesta les asigna 15.000.000 de
dunams. Además, son las tierras más fértiles y catalogadas como de “mejor calidad”. En este mapa
podemos ver un censo hecho durante el Mandato británico donde se clasifican las tierras de
Palestina de mayor a menor calidad, siendo las de color morado las mejores. Si lo superponemos con
el mapa de la partición, vemos claramente como toda la franja morada del noroeste queda bajo
dominio israelí. Esta Resolución es un rotundo triunfo sionista, así como la legitimación internacional
de su proyecto colonial. Como es de esperar, su aprobación desata el júbilo entusiasta tanto del
yishuv como de los líderes sionistas.

Por su parte, los países árabes de la zona ya habían explicitado en 1944 su reconocimiento al
sufrimiento de los judíos europeos, pero manifestaron que había sido causado por los europeos, no
por los árabes, y que, por tanto, la injusticia cometida contra unos no podía resolverse tratando
injustamente a otros. Exactamente dicen esto: “El Comité declara que lamenta como el que más los
sufrimientos infligidos a los judíos europeos por parte de las dictaduras europeas. Pero la cuestión de
estos judíos no debe confundirse con el sionismo, pues no puede haber mayor injusticia ni mayor
agresión que resolver el problema de los judíos de Europa mediante otra injusticia, es decir,
infligiendo injusticia a los árabes de Palestina de diversas religiones y confesiones”. Poco después de
esta declaración nace la Liga Árabe, en 1945, una organización creada por los países árabes vecinos a
Palestina (Egipto, siria, Líbano, Irak, Transjordania, Arabia Saudí y Yemen) que en con los años irá
creciendo y tomará mucho protagonismo (a día de hoy tiene 22 países miembros).

Como es de esperar, tanto estos países árabes vecinos como los palestinos rechazan el Plan de
Partición de la ONU tajantemente, y defienden la independencia de Palestina en todo su territorio
basándose en el principio de autodeterminación de los pueblos, contemplado en el Artículo 1 de la
Carta de las Naciones Unidas. Por su parte, aunque esta Resolución 181 es solo una propuesta, la
parte sionista la toma como un hecho vinculante y pone en marcha de inmediato todos los
mecanismos para su aplicación. Así, incluso antes de que expire el Mandato británico, el día 14 de
mayo de 1948, en Tel Aviv, David Ben-Gurión, bajo un gran retrato de Theodor Herzl y la estrella de
David y entre la euforia desbocada de los sionistas (y el horror de los árabes-palestinos), proclama la
independencia del “Estado judío”, asumiendo como propio todo el territorio propuesto por la
Resolución 181 de la ONU. Ha nacido el Estado de Israel.

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A partir de ese momento los acontecimientos se desbordan: de inmediato estalla y se extiende la


violencia. Empieza la llamada Guerra árabe-israelí (1948-1949), que enfrenta al recién creado Estado
de Israel (cuyo brazo armado son las ya mencionados grupos paramilitares de Haganá, Lehi e Irgún)
contra los países que han constituido la Liga Árabe: Egipto, Siria, Transjordania (actual Jordania),
Líbano, Irak, Arabia Saudí y Yemen. La resistencia autóctona palestina había quedado muy debilitada
por la represión en la Revuelta Árabe, pero aún así forma algunas milicias (formadas por palestinos y
voluntarios de los países vecinos). Los británicos se inhiben por completo, solo actúan para
salvaguardar su propia seguridad. Esta guerra dura 1 año y siete meses y termina en 1949 con
victoria israelí. La derrota árabe se suele explicar en la descordinación de los ejércitos de los
diferentes países árabes (que, además, parece que miran más por sus intereses en la zona que por
ayudar a los palestinos), en la desmovilización y represión del movimiento nacional palestino
durante la revuelta árabe y en el superior entrenamiento, armamento y preparación de las milicias
sionistas (recordemos que habían sido entrenadas y armadas por los británicos). Los israelíes, claro,
invocan su mito de David contra Goliat. Y muy importante, durante este enfrentamiento se da otro
de los hechos clave de esta historia, uno que marcará para siempre y de manera dramática la vida de
los y las palestinas: el llamado “Plan Dalet”.

El Plan Dalet es un plan militar sionista que tiene por objetivo tomar extensas áreas de Palestina y
alterar su realidad demográfica a favor del nuevo Estado israelí (aka un plan para la limpieza étnica
de palestinos). ¿Cómo? Pues provocando el desplazamiento forzado de cientos de miles de ellos y
ellas. A partir de primavera de 1948, las milicias sionistas reciben órdenes explícitas de “ocupar,
destruir y vaciar” determinadas zonas, pueblos y barrios palestinos. La masacre de Deir Yassin, en
que al menos 250 palestinos son asesinados por Irgún y Lehi (con la complicidad de Haganá) es solo
una de las muchas que ocurren. Dada la extrema brutalidad con la que actúan las milicias sionistas,
consiguen su propósito de causar el pánico entre la población palestina. También tiran panfletos
desde los aviones con ese mismo objetivo. Este, por ejemplo, iba firmado por Haganá: “Todas las
personas que no quieran esta guerra deben irse junto con sus mujeres y niños para estar a salvo. Esta
va a ser una guerra cruel, sin piedad ni compasión. No hay razón por la que debáis poneros en
peligro”. En 1947 Ben-Gurión ya había dicho explícitamente esto, en un discurso a sus círculos
internos, refiriéndose al Plan de Partición de la ONU: “En el área asignada al Estado judío hay no
más de 520.000 judíos y unos 350.000 no-judíos, en su mayoría, árabes. Junto a los judíos de
Jerusalén, la población total del Estado judío en el momento de su creación será de
aproximadamente 1 millón, incluyendo casi un 40% de no-judíos. Semejante composición no
proporciona una base estable para el Estado judío. Este hecho debe verse en toda su claridad y
agudeza. Con tal composición ni siquiera puede haber la certeza absoluta de que el control
permanecerá en manos de la mayoría judía… No puede haber un Estado judío estable y fuerte
mientras tenga una mayoría judía de solo el 60%”. Esta limpieza étnica cambiará profundamente el
mapa demográfico de Palestina de ahora en adelante

La guerra termina en 1949 y Palestina no volverá a ser la misma. xurro_2 - 32:40 Las fronteras que
surgen de este armisticio se conocen como “Línea Verde” (“Green Line”). xurro_2 - 32:46 La derrota
palestina es total y su realidad territorial y demográfica han cambiado radicalmente en cuestión de
meses: xurro_2 - 32:52 Israel se ha apropiado de aún más territorio del que le daba la partición de la
ONU (si la Resolución 181 le concedía el 55%, ahora ya controla el 75%), las dos únicas zonas que no
han quedado bajo control israelí (la Franja de Gaza y la actual Cisjordania) son ahora regidas por
Egipto y Transjordania respectivamente, xurro_2 - 33:12 y cientos de miles de palestinos (se calcula
que unos 700.000) han huido, dejándolo todo atrás, del terror y brutalidad de las milicias sionistas.
Es la llamada “Nakba”, literalmente “desastre” o “catástrofe” en árabe. En esta foto de noviembre
de 1948 podemos ver algunos de esos refugiados palestinos expulsados de sus hogares en la zona de
Galilea. La periodista italo-palestina Rula Jebreal describe así la Nakba: “La catástrofe, el desastre”,
“es difícil de explicar, es algo que cada palestino siente en su interior, como una herida incurable,
como un cortocircuito en nuestra historia”.

El Estado de Israel, por su parte, sale constituido, reconocido internacionalmente y más consolidado
que nunca. Rápidamente organiza sus infraestructuras, sus instituciones políticas y administrativas,
su sistema de Justicia, su propia moneda, etc. En las primeras elecciones del Knéset (parlamento
israelí), celebradas a principios de 1949, vence el partido laborista de Ben-Gurión, que sale elegido
como primer Primer Ministro de Israel. El grupo paramilitar Haganá se convierte en el ejército de
Israel, y Lehi e Irgún se integran en él. El nuevo Estado de Israel también elimina toda restricción
migratoria para los judíos del resto del mundo, por lo que el número de los que llegan se dispara.
Estos recién llegados son asentados en pueblos, casas y campos de los que los árabes habían sido
violentamente expulsados. Maravilla. De la misma forma, múltiples kibutz se construyen sobre
ruinas de diferentes localidades palestinas arrasadas. La Resolución 194 de la ONU, aprobada a
finales de esta guerra, en 1948, es extremadamente clara respecto al derecho de retorno
(reconocido por el derecho internacional y la declaracion universal de derechos humanos) de los
refugiados palestinos: “debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en
paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y deberán pagarse indemnizaciones a título de
compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien perdido o
dañado”. Pero el Estado de Israel nunca aplicará esta resolución ni permitirá el derecho de retorno
de los cientos de miles de palestinos y palestinas desplazadas (si justamente era el objetivo del plan
Dalet provocar ese desplazamiento). Para ver claro el posicionamiento sionista al respecto, basta con
saber que el mediador sueco de la ONU, Folke Bernadotte, que pedía que se reconociera este
derecho retorno de los expulsados palestinos, fue asesinado por el grupo sionista de ultraderecha
Lehi en septiembre de 1948 (probablemente a estas alturas no sorprenda que el asesino no fuera
nunca condenado y que sus colaboradores fueran rápidamente indultados).

Todavía hoy, muchas familias palestinas guardan las llaves de sus casas como recuerdo de esa Nakba
y de su derecho a volver a sus hogares. Por este motivo la representación de una llave es un símbolo
de memoria, resistencia y esperanza que se puede ver a menudo en manifestaciones a favor del
pueblo y la causa palestinas.

superglich superglich superglich superglich superglich superglich


El recién constituido Estado de Israel instaura el servicio militar obligatorio para todos sus habitantes
judíos, tanto hombres como mujeres (una obligación que sigue vigente a día de hoy con mínimas
variaciones y, de hecho, todos los israelíes que han pasado el servicio militar pueden ser llamados a
filas hasta los 51 años, es decir, son ser “reservistas”, lo que da buena cuenta de su obsesión con la
seguridad y la fuerza militar). Además, Israel también aprueba la Ley de Propietarios Ausentes (1950)
que le permite, simple y llanamente, apropiarse de las tierras y propiedades de los palestinos
“ausentes” (curiosa manera de decir “violentamente expulsados”), unas propiedades y tierras en las
que, como hemos dicho, establecerá nuevos asentamientos israelíes. También aprueba la Ley de
Retorno (1950), según la cual todo judío del mundo (junto a su cónyuge, hijos y nietos) tienen
derecho a migrar a Israel. Esta ley es una de las grandes, digamos, “particularidades” del Estado de
Israel, ya que confiere un privilegio etnoreligioso a las personas judías por encima de todas las
demás (motivo por el que esta ley ha sido señalada de discriminatoria, más aún cuando a los
palestinos no solo no se les permite el derecho al retorno, sino que activamente se les niega). Esta
ley, además, plantea una pregunta de respuesta nada sencilla: ¿Quién es judío?
En principio, “judío” es aquel o aquella que practica la religión del judaísmo o que pertenece a la
identidad etnocultural judía. Por tanto, según esta Ley de Retorno es judío el descendiente de judíos,
o que se ha convertido al judaísmo y no pertenece a otra religión. Aun así, como digo, es una
pregunta que sigue siendo objeto de discusión entre distintas ramas del judaísmo y también objeto
de recursos a la Corte Suprema de Israel.

Respecto a la disputada ciudad de Jerusalén, a pesar de que la Resolución 181 de la ONU propone
declararla ciudad en “régimen internacional especial” para evitar peleas (ya que, como hemos dicho
es sagrada tanto para el judaísmo, como el cristianismo, como el islam), Israel la declara
unilateralmente su capital. xurro_2 - 38:00 Jordania, al ocupar la actual Cisjordania, se queda con la
parte oriental de esta ciudad, conocida como Jerusalén Este (que incluye la Ciudad Vieja de Jerusalén
—el casco antiguo—). El pueblo palestino, por su parte, ha sido dividido: una parte (minoritaria) ha
quedado dentro de las fronteras del Estado de Israel (dentro de esa Línea Verde), otra parte (más
mayoritaria) ha quedado en la Franja de Gaza y Cisjordania, en pueblos o ciudades pero también en
campos de refugiados (recordemos que estas regiones han qeudado bajo control de Egipto y
Transjordania respectivamente) y otra parte ha huido y levantado campos de refugiados en países
vecinos como Líbano, Siria y Jordania. xurro_2 - 38:50 Generalmente, cuando pensamos en “campos
de refugiados” nos vienen a la cabeza miles de personas viviendo en tiendas y siendo asistidas por la
ONU, ONGs y demás. En el caso de los refugiados palestinos, al llevar tantísimo tiempo en esta
situación, sus “campos de refugiados” han ido evolucionando mucho hasta convertirse en algo
mucho más parecido a (unas humildísimas y superprecarias) ciudades. Este fragmento de Joe Sacco,
periodista gráfico que me gusta mucho, explica muy huído bien esta evolución de los campos de
refugiados palestinos. En este caso, habla de un campo de Gaza:

En los años posteriores a la constitución de Israel aparecen los famosos “fedayín” palestinos. Aunque
generalmente la palabra se asocie a “guerrilleros” o “combatientes” (“fedayín” deriva del árabe
“fadà” que significa algo así como “sacrificarse”), pero en un principio los palestinos que se cuelan
por las fronteras del recién constituido Israel lo hacen por razones muy diversas. Desde recuperar
pertenencias que no se pudieron llevar al ser expulsados hasta recoger cosechas propias, tratar de
simplemente regresar a sus hogares y también, claro, por razones sentimentales, al haberse
quedado familia y personas queridas al otro lado de la frontera. Con el tiempo, las incursiones de los
palestinos toman un cariz más de sabotaje y pillaje (muy alentado por las condiciones de profunda
miseria en que viven los palestinos expulsados, claro), y se roban cabezas de ganado y también hay
ataques o encontronazos con colonos israelíes. También hay ataques fedayines movidos por la rabia
o venganza, claro. En todo caso, estas infiltraciones dan el motivo perfecto a Israel para militarizar
las fronteras y ejecutar ataques de represalia y persecución contra los palestinos expulsados. Unos
ataques que suponen la entrada del ejército israelí en territorio de países vecinos (en este primer
momento especialmente en la Franja de Gaza, controlada, como hemos dicho, por Egipto).

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Paralelamente, en Egipto viene ganando tremenda popularidad un nuevo líder llamado Gamal Abdel
Nasser, de tendencia socialista, panarabista, laico y antiimperialista. Nasser, presidente de Egipto
desde 1954, reivindica el derecho al retorno de los expulsados palestinos, respalda la resistencia
palestina y tiene una fuerte retórica antisionista. En un momento dado y por motivos varios, Nasser
decide nacionalizar el Canal de Suez, como sabes, punto de comunicación extremadamente clave
para el comercio mundial y hasta entonces administrado por y propiedad de franceses y británicos.
Como es de esperar, estos se rayan bastante con esta nacionalización, e Israel aprovecha para
formar una triple alianza con ellos. xurro_2 - 43:04 A Israel le sobran ganas de entrar con todo hasta
el canal de Suez y así “visitar” los campos de refugiados palestinos que había de camino. Y esto del
canal es la excusa perfecta.xurro_2 - 43:14 Empieza la llamada Crisis de Suez o Guerra del Sinaí
(1956). Los enfrentamientos entre Egipto y Francia/RU/Israel duran poco más de una semana y
acaban de forma ambigua: Egipto es derrotado pero mantiene el control sobre el canal, por lo que
Nasser sigue trending por este motivo, se constata que Francia y RU ya van de bajón como potencias
mundiales e xurro_2 - 43:34 Israel consigue desbloquear la navegación en los Estrechos de Tirán, un
angosto pasillo marítimo por el que Egipto bloqueaba el paso de barcos israelíes. xurro_2 - 43:44
Pero eso no es todo: durante esa invasión de territorio egipcio los soldados israelíes ejecutan dos de
las peores masacres que se recuerdan: en Khan Yunis y Rafah (año 1956). Los israelíes fueron puerta
por puerta buscando supuestos fedayines y acabaron asesinando a sangre fría a 275 palestinos en
Khan Younis y 111 en Rafah.

En los años siguientes a estas masacres se empiezan a organizar las primeras guerrillas palestinas.
Fatah es la más conocida de ellas, fundada en 1958, de línea secular, socialista y nacionalista
palestina, liderada por ese famoso señor que internacionalizó el pañuelo palestino: Yasser Arafat
(por cierto, según cuenta el historiador palestino Elias Sanbar, en una ocasión Arafat recibió a una
delegación de senadores estadounidenses con las paredes de la estancia llenas de fotos de nativos
americanos. Bastante jefe Arafat, al menos en esta ocasión). Poco después de la creación de Fatah
nace la OLP (la Organización para la Liberación de Palestina) que agrupará diversas guerrillas
palestinas que irán surgiendo y también estará liderada por Arafat. Estas guerrillas palestinas optan
por la lucha armada para confrontar el Estado de Israel, y exigen el retorno de los refugiados
palestinos y su derecho a la autodeterminación dentro del territorio del que fueron expulsados.
Hacia el año 1967 son casi diarios los incidentes fronterizos (ataques fedayines, represalias israelíes),
tanto en la frontera de Gaza como de Cisjordania. La cosa va escalando y los países árabes que son,
en principio, aliados de la causa palestina (Egipto, Jordania, Irak y Siria) empiezan a mover efectivos y
bloquean ciertas zonas (como, de nuevo, los Estrechos de Tirán). Ante esto, Israel no espera y lanza
un enorme ataque aéreo contra estos países: empieza la Guerra de los Seis Días (1967). El nombre
no es porque sí: los enfrentamientos duran tan solo 6 días, en ese tiempo a Israel tiene suficiente
para vencer a sus cuatro enemigos,xurro_2 - 46:34 tomar toda la península del Sinaí (incluyendo la
Franja de Gaza, claro), toda Cisjordania (incluyendo Jerusalén Este, claro) y los Altos del Golán, en
Siria. xurro_2 - 46:42Los Altos del Golán interesan a Israel por su valor hídrico, geoestratégico y por
ser una futura baza de negociación con Siria, mientras que la península del Sinaí interesa por estas
dos últimas razones aplicadas al contexto egipcio (recordemos que ahí hay el Canal de Suez y ese
problemático Estrecho de Tirán). Todos estos territorios, solo a excepción de la península del Sinaí,
continúan a día de hoy ocupados militarmente por Israel. Esta guerra supone una humillación total
para los países árabes y una nueva catástrofe para los palestinos: otros 400.000 huyen de los
territorios tomados por Israel. Esta nueva derrota es conocida como “Naksa” (“recaída”, “revés”),
una especie de “segunda Nakba”.
La Resolución 242 de la ONU, aprobada tras esta guerra, exige a Israel que se retire de estos
territorios ocupados, pero, para sorpresa de nadie, nunca lo ha cumplido. Se empieza a ver bien
clara la actitud del Estado sionista: siempre quiere más. Ahora ya no se contenta con las fronteras
forzadas en 1949 que ya sobrepasaban de mucho la propuesta (¡ya de por sí muy generosa para
ellos!) de la ONU en su Resolución 181. De ahora en adelante, esta será la actitud del Estado de
Israel y cualquier cesión de estos territorios ocupados será motivo de ardua negociación (¡y fuertes
presiones internas por parte de los propios israelíes!) por lo que toda cesión tendrá que venir de la
mano de alguna compensación a su favor. Una actitud que, como es evidente, será un enorme
escollo en los futuros intentos de alcanzar la paz.

Como apunte final, desde 1948 hasta principios de los años 1970s también se da un gran éxodo
judío: unos 900.000 judíos que viven en países de mayoría musulmana optan por emigrar, una parte
importante lo hace por voluntad propia, pero otros muchos se ven forzados a hacerlo por la
discriminación y persecución que empiezan a sufrir, como reverberación del creciente conflicto
entre Israel y los palestinos. La mayoría de estos migrantes/expulsados judíos (un 72%) se sentarán
en Israel (unas 650.000 personas). También demográficamente, la zona polariza cada vez más.

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Tras esta nueva derrota (Naksa), los palestinos se dan cuenta de que no pueden confiar en que estos
países árabes vecinos les vayan a solucionar su situación, por lo que se empieza a extender la idea de
que la liberación palestina solo será de la mano de los y las palestinas mediante la lucha armada. La
Naksa multiplica las resistencias palestinas. A partir de este momento empiezan a surgir varias
organizaciones guerrilleras de muy variadas tendencias, desde marxistas y comunistas laicas hasta
islamistas. Las de tendencia más izquierdista se integrarán bajo el paraguas de la OLP, que tendrá
mucho protagonismo en los siguientes años. Después de las masacres en Gaza, muchos refugiados y
guerrilleros xurro_2 - 49:25 se instalan en Jordania, cerca de la frontera con Cisjordania. Esta zona se
convierte en el centro de operaciones de la resistencia palestina.

A partir de 1967 hay una intensa actividad guerrillera por parte de los palestinos, tanto en los
territorios recientemente ocupados por Israel como en los ocupados anteriormente. Ejecutan
sabotajes a infraestructuras israelíes, atentados en grandes ciudades (como Tel Aviv o Jerusalén) y
empiezan también los secuestros de aviones para dar a conocer su situación internacionalmente (la
famosa activista palestina Leila Khaled tiene un papel muy destacado en estos, el historiador Ramos
Tolosa nos cuenta algo más sobre ella: “Nacida en Haifa el 9 de abril de 1944, el día de su cuarto
cumpleaños tuvo lugar la masacre de Deir Yassin [1948]. [En uno de sus secuestros] Leila Khaled
obligó al piloto del avión a sobrevolar Haifa para poder ver su ciudad natal por primera vez desde
que tenía cuatro años [Khaled dijo posteriormente que esa vista desde el avión había sido “uno de los
momentos más felices de su vida”]. Todas las personas que iban en el avión fueron liberadas en
Damasco sin que ninguna hubiese resultado herida, mientras que dos hombres israelíes
permanecieron secuestrados hasta que fueron intercambiados por prisioneros palestinos”.

En esos años, cada una de las acciones de las guerrillas palestinas es respondida por los israelíes con
su habitual brutalidad: incluso llegan a bombardear campos de refugiados en el Líbano, Jordania y
Siria (este documento del Consejo de Seguridad de la ONU reprende varias veces a Israel por ello). A
la vez, las organizaciones político-militares palestinas operan con mucha soltura y organización
dentro de Jordania (incluso aterrizan los aviones secuestrados allí), lo que irrita profundamente al
rey jordano, que siente como que los palestinos han creado “un Estado dentro de su Estado”. La
tensión por esta difícil convivencia lleva al llamado “Septiembre Negro”, una guerra civil ocurrida en
septiembre de 1970 entre las guerrillas palestinas (lideradas por la OLP) y el ejército jordano. Este
último vence y los guerrilleros palestinos son expulsados, y se refugian principalmente en el Líbano.
De este enfrentamiento y su amargo recuerdo surje otra guerrilla palestina: Septiembre Negro, que
al poco tiempo asesina al Primer Ministro jordano y es mundialmente conocida por el secuestro de 6
atletas y 5 entrenadores de la delegación olímpica israelí durante los JJOO de Múnich ‘72 (el objetivo
de este secuestro era exigir la liberación de palestinos apresados en cárceles israelís, pero su
desenlace fue fatal: mueren los 11 secuestrados, 1 policía alemán y 5 miembros de Septiembre
Negro). El episodio de Múnich tiene enorme seguimiento mediático y conmociona al mundo entero.
Israel responde asesinando a los palestinos que supuestamente habían participado en ese secuestro
y también a altos cargos de la OLP. Con esta operación (llamada Cólera de Dios), quedaba del todo
claro que para combatir a sus enemigos (tildados de “terroristas”, claro) el Estado de Israel se
permitía emplear igualmente métodos terroristas (ya lo había hecho en Gaza y lo volvía a hacer de
nuevo ahora).

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El día del Yom Kipur es el más sagrado del año para el judaísmo. Es el día de la expiación y el
arrepentimiento. Pues en ese día del año 1973 estalla otra guerra, de ahí que su nombre sea Guerra
del Yom Kipur (me sabe mal porque este vídeo va mucho de guerras y episodios bélicos, y la historia
no es cuando guerras, o al menos no solo, por suerte, pero en este caso se me hace imposible hablar
del conflicto palestino-israelí sin mencionar, aunque sea muy por encima, estos momentos clave).
Entre los motivos que llevan a esta encontramos que, con la anterior guerra, Egipto había perdido
una de sus principales fuentes de ingresos (el canal de Suez), sumado a que la humillación nacional e
internacional que había supuesto esa derrota todavía pesaba, sumado a que desde entonces Egipto
había perdido el control sobre la gran península del Sinaí, sumado a que la influencia egipcia dentro
de la Liga Árabe estaba de caída. Todo esto colmado por el hecho que el nuevo presidente de Egipto
(Nasser había muerto de un ataque al corazón en 1970) no tenía ni el mismo carisma ni la misma
popularidad que su predecesor. Siria también participa en esta guerra en alianza con Egipto, ya que
quiere recuperar los Altos del Golán.

Así, los soldados egipcios cruzan el canal de Suez en dirección Sinaí el 6 de octubre de 1973. Al
contrario que en los anteriores enfrentamientos, en este sí se da el canon habitual de la Guerra Fría:
la URSS apoya al bando árabe y EEUU a Israel (que desde los años 1960s ya ha sido oficialmente
“adoptado” como el niño favorito de EEUU en la zona). Esta guerra coge un poco por sorpresa a
Israel, que había subestimado a sus adversarios, pero, no sin dificultades, logra rehacerse y
repelerlos. Aunque las bajas son mucho mayores del lado árabe, no hay un rotundo vencedor:
xurro_2 - 54:05 Egipto consigue asentarse en la franja este el canal de suez, con lo que recupera el
control sobre este punto clave, pero los israelíes toman una zona al suroeste del canal (esta de aquí)
y también un trozo más de los Altos del Golán, en Siria. xurro_2 - 54:18 A partir de este momento,
las relaciones entre Israel y Egipto empezarán a destensarse y tomarán un aire mucho más
pacificador. A la vez que Egipto irá desentendiéndose de la causa palestina y se acercará a EEUU,
país que mediará la paz definitiva entre Egipto e Israel. Esta se firma en 1979, con un acuerdo de paz
que todavía hoy sigue vigente. En virtud de este, Egipto reconoce oficialmente a Israel (es el primer
país árabe en hacerlo), ambos se comprometen al cese de las hostilidades, Israel se retira
gradualmente de la península del Sinaí (con lo que Egipto recupera la totalidad de este territorio) y
se permite el paso de barcos israelíes por el canal de Suez. Como punto muy importante, el acuerdo
también establece que Israel debe terminar su ocupación en la Franja de Gaza y Cisjordania (como
venía siendo desde 1967), así como permitir a estas regiones su plena autonomía. Pero, vaya, de
nuevo esta parte del acuerdo no es cumplida por Israel.

Con esta paz Egipto se gana el rechazo de gran parte del mundo árabe (de hecho, le cuesta la vida al
presidente egipcio Anwar el-Sadat, que es asesinado por un militar egipcio fundamentalista
islámico). Pero ojo, que esta guerra del Yom Kipur también repercute en la política israelí: los errores
cometidos en el enfrentamiento acaban de sentenciar al partido laborista, que ya venía desgastado
por su incapacidad de conectar con las clases más desfavorecidas. En los años siguientes empezará a
ser la derecha (ultranacionalista y religiosa) la que tomará el papel principal en la política israelí. Y
cada vez con mayor holgura.

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Como hemos comentado, tras la persecución en Jordania muchos palestinos migran al Líbano. Hacia
1974 hay unos 250.000 refugiados en este país. ¿Qué ocurre en el Líbano? Vaya, pues otra guerra,
qué sorpresa. La Guerra del Líbano empieza en 1975 y termina en 1990, esta dura muchísimo, más
de 15 años. Los factores que llevan a ella son muchos y algo complejos, así que no nos vamos a
detener en ellos. Aquí lo que nos interesa es la relación de esta con el conflicto palestino-israelí.
Entre muchas otras cosas, empieza a pasar un poco lo mismo que había ocurrido en Jordania: los
guerrilleros palestinos (con fuerte presencia de la OLP) empiezan a tener enfrentamientos con el
ejército libanés y milicias libanesas cristianas (recordemos que en el Líbano hay una demografía muy
particular y extremadamente variada —y delicada—, con una importante presencia cristiana),
también hay incursiones palestinas a territorio israelí, las posteriores represalias israelíes en suelo
libanés, y todo lo que ya conocemos. La cosa se va complicando a medida que aparecen diferentes
grupos armados en escena y se van enfrentando unos con otros, incluso entre quienes en un
principio eran aliados. Por si no fuera suficiente, un buen número de países exteriores se meten
también por medio. Obviamente, Israel es uno de ellos, que participa en esta guerra como aliado de
estas milicias cristianas, entre las que figuran las Falanges Libanesas (una organización paramilitar de
ultraderecha inspirada en la falange española y el fascismo italiano). Israel acaba invadiendo el
Líbano desde el sur en 1982. Los israelíes tienen el claro objetivo de expulsar o eliminar (tanto les
da) a todos los guerrilleros palestinos del Líbano. Así, van bombardeando y subiendo hasta llegar a
Beirut, la capital, que llegan a tener bajo asedio. En ese momento se acuerda un alto al fuego y los
guerrilleros de la OLP consiguen escapar, esta vez aún más lejos de Palestina: en Túnez. Pero en la
sede de la OLP en Beirut había muchísima documentación de memoria del pueblo palestino desde la
Nakba e incluso antes, tales como diarios, fotografías, libros, mapas o registros de propiedad. En
palabras de Thomas Friedman, corresponsal en Beirut para el New York Times, esa sede “era como
un arca que contenía el patrimonio palestino”. Pues bien, esas oficinas fueron destruidas y
saqueadas por los soldados israelíes. Según el historiador Ramos Tolosa, “Antes de marcharse, en
una pared de este centro de información, uno o unos soldados israelíes realizaron una pintada con el
siguiente texto traducido: «¿Palestinos? ¿Qué es eso?» Y «palestinos, que os jodan»”. Todo este
material perdido es parte del llamado “memoricidio” al pueblo palestino, algo que Israel también ha
cometido, desde su creación, continua y deliberadamente. La destrucción de ese centro de
documentación fue un durísimo golpe para el pueblo palestino, pero aún habría algo peor: Sabra y
Chatila.

En su retirada de Beirut, el ejército de Israel pasa por los campos de refugiados de Sabra y Chatila, a
las afueras de la capital. El día 16 de septiembre de 1982 los falangistas libaneses (aliados de Israel)
entran en estos campos y, a lo largo de 43 eternas horas, masacran brutalmente a unos 3000 civiles
(mayoritariamente palestinos, pero también libaneses), en su mayoría mujeres, niños y ancianos (los
detalles escabrosos están ahí pero no tengo estómago ahora misma para mencionarlos). Las
falanges libanesas actúan con la total complicidad de las tropas israelíes, que impiden la huida de los
refugiados e iluminan la zona con bengalas para que los falangistas puedan ver a sus víctimas,
creando así un auténtico infierno. La masacre de Sabra y Chatila causa una tremenda conmoción
internacional y gran ola de solidaridad hacia el pueblo palestino. La comisión de la ONU que
posteriormente investigó los hechos concluyó que había claros indicios de genocidio y que el papel
del ejército israelí había sido clave. Ariel Sharon, el entonces Ministro de Interior israelí, había
respondido esto al recibir la llamada de que las Falanges Libanesas estaban listas para actuar: “la
operación de los amigos [así se refería a los falangistas] está autorizada”. Y una investigación del
propio Gobierno israelí concluyó que Sharon tenía “responsabilidad personal” en esa masacre, por lo
que fue forzado a dimitir. Entre los árabes a Sharon se le conoce como “el carnicero de Beirut”. Pero
poco después volvería a ocupar ministerios y, de hecho, acabaría siendo Primer Ministro de Israel
entre los años 2001 y 2006. Cultura de la cancelación, presente.

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Así pues, esta la situación para el pueblo y la resistencia palestinas hacia mediados de los años
1980s: como resultado del proceso de paz entre Israel y Egipto, este último ya no es un aliado. Otro
país vecino, Jordania, es más un enemigo que un aliado, después de todo lo ocurrido con Septiembre
Negro. Más al norte, la ocupación israelí de los Altos del Golán hace muy difícil trazar acciones de
resistencia desde ahí (aparte de que la relación con Siria también se ha deteriorado). Finalmente,
queda el Líbano, de donde los soldados israelíes no se han retirado del todo: ocupan toda la franja
sur del país y algo más. Entonces, si los palestinos no pueden salir hacia afuera, ¿qué hacen? Pues no
les queda otra que ir hacia abajo. Bajo tierra. A partir de ahora las acciones de resistencia palestina
se organizarán mayoritariamente desde dentro de los territorios palestinos ocupados por Israel y,
para ello, se empezará a construir una vastísima red de túneles subterráneos (todavía activos y con
un papel importantísimo a día de hoy). Es lo que coloquialmente se conoce como “el Metro de
Gaza”.

A la vez, los campos de refugiados palestinos tanto dentro de los territorios ocupados (Gaza y
Cisjordania) como en los países vecinos (Jordania, Siria y Líbano) siguen creciendo. En diciembre de
1987, cerca del campo de refugiados de Jabaliya (norte de Gaza), un camión israelí choca contra un
coche donde viajan trabajadores palestinos, y cuatro de ellos mueren como resultado de la colisión.
Muchos palestinos creen que no ha sido un accidente, sino que el choque ha sido deliberado. Es la
chispa que faltaba para que detonara toda la rabia contenida durante tantos años (si no hubiera sido
esta, habría sido cualquier otra). Estalla la famosa Primera Intifada. “Intifada” significa, en árabe,
algo así como “agitar”, “sacudir” o “hacer temblar”. La Primera Intifada desencadena una tremenda
ola de protestas a lo largo y ancho de los territorios palestinos ocupados: hay manifestaciones,
disturbios, huelgas, boicots, también barricadas y lanzamientos de cócteles molotov y piedras (por
esto también se la denomina “la Intifada de las Piedras”) contra las fuerzas israelíes. Las famosas
imágenes de niños y niñas palestinas tirando piedras a tanques israelíes (en la inversión total del
mito de David contra Goliat, como ya hemos comentado) son propias de la Primera y Segunda
Intifadas.

Entre los motivos de esta Primera Intifada (no son difíciles de imaginar) encontramos que el
colonialismo sionista y la ocupación militar se perpetúan, que los asentamientos isrealíes en
territorio palestino avanzan si pausa, que la creciente población palestina se encuentra cada vez más
apretada y ahogada en un territorio tan pequeño y que las condiciones de vida tanto en los campos
de refugiados como en las ciudades de los territorios ocupados son miserables (el desempleo es
altísimo y los trabajos que pueden obtener los palestinos son los peor pagados y con peores
condiciones). Además, claro, de las diarias humillaciones a las que les somete el ejército israelí, los
controles en las carreteras y accesos a las ciudades, las continuas demoliciones de casas, los
encarcelamientos sine die y sin juicio, el entorno totalmente militarizado en que viven y el goteo de
asesinatos de palestinos a manos del ejército israelí. Todo esto, como es obvio, acaba por estallar.

Esta Primera Intifada empieza en 1987 y dura hasta 1993. El Estado de Israel responde a ella con
toques de queda, palizas, encarcelamientos, asedios de municipios y asesinatos de palestinos. El
entonces Ministro de Defensa, el laborista Isaac Rabin, ordenó a los soldados israelíes romper los
huesos de los palestinos que lanzaban piedras (esto ha sido reconocido años después por exsoldados
del ejército israelí). Esta Primera Intifada acaba con casi 2000 víctimas mortales palestinas (entre las
cuales 281 menores) y alrededor de 200 israelíes. Las imágenes de palestinos enfrentándose con las
manos prácticamente vacías al hipermilitarizado ejército israelí provocan, de nuevo, olas de
solidaridad en todo el mundo hacia la causa palestina. A la vez, la durísima represión israelí hace que
se deteriore mucho su imagen internacional y, además, internamente se da cuenta de que si no da
algunas concesiones a los palestinos nunca podrá haber una convivencia más o menos pacífica en el
Estado de Israel.

paréntesis

Otra cosa importante que ocurre durante la Primera Intifada es la aparición del (a día de hoy en boca
de todo el mundo) Hamás. Así describe el historiador Ramos Tolosa este movimiento:

“Otro episodio de enorme relevancia histórica que tuvo lugar durante la Primera Intifada fue el
nacimiento del Movimiento de Resistencia Islámica, conocido por su acrónimo Hamás, que en árabe
se puede traducir como “fervor” o “entusiasmo”. Esta organización fue fundada en diciembre de
1987, cuando empezó la Intifada, por el ‘jeque’ palestino Ahmed Yasín. Hamás era y es la rama de los
Hermanos Musulmanes en Palestina [los HM son una organización fundamentalista islámica nacida
en Egipto] y, por tanto, es un movimiento islamista suní. Este movimiento no se integró ni se ha
integrado en la OLP. Hamás pudo desarrollarse y consolidarse gracias a una diversa red asistencial,
caritativa, educativa, religiosa, sanitaria e incluso de ayuda a empresas, negocios y tiendas familiares
palestinas. Desde los años de la Primera Intifada, en distintas zonas de Cisjordania y la Franja de
Gaza, Hamás empezó a construir pequeñas bibliotecas, centros de salud, centros coránicos u
orfanatos y extendió su mensaje de resistencia antisionista combinado con islam político”

A partir del año 1989, en medio de esta Primera Intifada, Hamás inicia su actividad armada,
caracterizada, entre otros métodos, por los atentados suicidas.

fin parentesis

En esta Primera Intifada el epicentro de la resistencia palestina se empieza a desplazar desde fuera
hacia dentro de los territorios palestinos. Una tendencia que continuará así en los años posteriores.
Sin embargo, es desde lejos de Palestina (en Argel, Argelia) que Yasser Arafat proclama, el 15 de
noviembre del año 1988, el establecimiento del “Estado de Palestina” (durante la Primera Intifada y
aprovechando el tirón de esta). Arafat, como líder de la Organización para la Liberación de Palestina
(OLP), declara que este nuevo Estado o país debe tomar como base la Resolución 242 de la ONU (esa
que se aprueba tras la Guerra de los Seis Días en 1967, y que dice que hay que volver a las fronteras
marcadas por el armisticio anterior, el de 1949, la Línea Verde). Es decir: Arafat y la OLP (aunque no
explícitamente) implícitamente están aceptando y reconociendo, por primera vez, la existencia del
Estado de Israel. Esta Declaración de Argel (1988) es muy importante por estos dos motivos: porque
supone la proclamación del Estado de Palestina (en las delimitaciones de la Línea Verde, es decir,
Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este) y porque también supone el reconocimiento, por
parte de los palestinos, de Israel. Esta declaración había sido aprobada previamente por el, digamos,
protoparlamento palestino (el Consejo Nacional Palestino) y con amplia mayoría: 253 votos a favor,
46 en contra y 10 abstenciones, lo que da muy buena cuenta de las intenciones palestinas de llegar a
un acuerdo y entenderse con Israel, rebajando muchísimo sus pretensiones y haciendo enormes
sacrificios territoriales. Este nuevo Estado Palestino es reconocido enseguida por decenas de países,
y a día de hoy por una mayoría de ellos (139). La excepción, claro, son EEUU y los países occidentales
de su órbita.

Por cierto, esta declaración de Arafat también lleva implícito el hecho de que, de algún modo, los
palestinos están de acuerdo con la llamada “solución de dos Estados”, es decir, un Estado para
israelíes y otro para palestinos. La otra solución de la que se habla a veces es la “solución de un
Estado”: un estado en que israelíes y palestinos tengan los mismos derechos y sean igualmente
reconocidos y respetados. A los anarquistas, que siempre nos gusta ir de ser los más subversivos, nos
gustan este tipo de memes que hablan de la solución de “no-Estado”. Sin embargo, sabemos bien
que cualquier forma de organización sin Estado debe ir necesariamente de la mano de una sociedad
extremadamente cohesionada, solidaria, responsable y con máximo respeto hacia el otro, lo cual
ahora mismo, en el territorio que disputan Israel-Palestina, parece lejos de ocurrir (al menos, a escala
mayoritaria). Inshallah dentro de un tiempo.

Con esta Declaración de Argel que aboga por la “solución de dos Estados”, junto con la ola de
solidaridad internacional hacia los palestinos que desata la Primera Intifada (y de condena hacia
Israel) y el carácter irreductible que muestra el pueblo palestino llevan, por primera vez, a las
conversaciones de paz.

glitch

Las primeras conversaciones de paz se dan en Madrid en 1991, prosiguen en Oslo y se acaban de
formalizar en Washington DC y Taba (Egipto). Son los llamados Acuerdos de Oslo, a menudo
diferenciados entre Oslo I (firmados en Washington DC el año 1993) y Oslo II (en Taba el 1995). La
imagen de Yasser Arafat e Isaac Rabin dándose la mano supone, no solo el fin de la Primera Intifada,
sino también un momento histórico en el conflicto: parece el primer paso hacia algo parecido a una
paz. Pero, ¿qué dicen estos acuerdos?

Bueno, pues de entrada hay unas cartas de reconocimiento mutuo entre Isaac Rabin y Yasser Arafat,
aunque no en idénticos términos: la Organización para la Liberación de Palestina de Arafat reconoce
explícitamente al “Estado de Israel” como tal, pero Rabin, en una carta bastante más escueta, solo
reconoce a la OLP como “representante del pueblo palestino”. Pues bien, esta desigualdad será la
tónica de los acuerdos de principio a fin.

La realidad es que en estos Israel concede muy, muy poco. Acepta la creación de un Consejo
Legislativo Palestino (un poder legislativo, como un parlamento) con sufragio en Cisjordania y Gaza y
que en 1996 celebraría sus primeras elecciones. También se compromete a ceder gradualmente la
administración y el control de ciertos territorios a las autoridades palestinas (que adquirirán el
nombre de Autoridad Nacional Palestina, de ahora en adelante, ANP, una especie de ejecutivo o
Gobierno palestino) y, finalmente, Israel también se compromete a retirar su ejército de esos
territorios acordados. ¿Y cuales son estos territorios? Pues la Franja de Gaza y la ciudad de Jericó
(aunque no en su totalidad) y también algunas zonas de Cisjordania, donde la cosa se complica aún
más. En Cisjordania se establecen tres áreas diferenciadas: las zonas A, que serán administradas en
su totalidad por la ANP, las zonas B que serán compartidas (administración civil de la ANP y
ocupación militar de Israel) y las zonas C, que serán controladas civil y militarmente por Israel.
xurro_2 - 1:10:35 En este mapa podemos ver como queda esta guetificación de Cisjordania, las
zonas A están en color amarillo, las B en rojo y las C en blanco. Básicamente, si nos fijamos, vemos
que las zonas A y B (las de control total o parcial palestino) son pequeñas islas que evitan pisar
ninguno de los múltiples asentamientos israelíes, marcados en color morado. La zona C, de control
total israelí, abarca y conecta todos estos asentamientos israelíes, mientras que las islas palestinas
(A y B) quedan aisladas entre sí y sus habitantes deben pasar por zona controlada por Israel para ir
de una a otra. xurro_2 - 1:11:10 Este otro mapa muestra en color azul toda la zona C. Unos 300.000
colonos israelíes viven en ella. La zona C, controlada por Israel, representa el 60% de Cisjordania (e
incluye, claro, la frontera con Jordania), las zonas B, con presencia militar israelí y civil palestina, son
el 22% y las zonas A, de control total palestino, son solo el 18% de este territorio. En tal situación las
restricciones para los palestinos en términos de movilidad, acceso a la atención sanitaria y acceso al
agua son enormes.

¿Y qué obtiene Israel de estos Acuerdos?

Bueno, de entrada estos acuerdos implican que los signatarios palestinos han aceptado que el
Estado de Israel controle aprox un 90% de la Palestina histórica (digamos, la del Mandato británico)
no solo de facto (como ya venía haciendo 1967), sino ahora con sus firmas. Además, el Acuerdo de
Oslo también establece que “no se entenderá que ninguna de las partes, por el hecho de haber
celebrado el Acuerdo, ha renunciado a ninguno de sus derechos, reclamaciones o posiciones
actuales ni abdicado de ellos”. Es decir, a partir de ahora los territorios palestinos ocupados sobre
los que solo cabía la retirada israelí (como decía la mencionada resolución 242 de la ONU), pasaban
ahora a ser algo así como “territorios en disputa”. En esa situación, con un pueblo ocupado, por un
lado, y un Estado ocupante y extraordinariamente militarizado (y aliado de la potencia más poderosa
del mundo) por el otro, no es difícil imaginar como iban a desarrollarse las cosas.

Además, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) no tiene prácticamente competencias, solo en


materia de seguridad civil (policía) y algo de servicios sociales (y esta policía se centraría sobre todo
en proteger a los colonos israelíes del territorio palesitno, y no a los palestinos del ejército israelí, así
que trato redondo para Israel, que desgasta a la ANP ante su pueblo y a la vez controla a los
palestinos sin siquiera tener que ensuciarse las manos). Además, la economía de palestina queda
integrada y subordinada a la de Israel. Tampoco se reconoce el derecho a la autodeterminación del
pueblo palestino, se le concede una limitadísima autonomía pero se le niega la plena independencia.
Para rematarlo, los asuntos realmente importantes y delicados, como el derecho de retorno de los
millones de refugiados palestinos, las crecientes colonias israelíes en territorio palestino o la
cuestión de Jerusalén se dejaron para más adelante. Es decir, los verdaderos problemas para la
resolución del conflicto ni siquiera se abordaron. La prisa por apuntarse el tanto político pasó por
delante de todo. Así explica el historiador Ramos Tolosa el contexto de estos acuerdos:

“Los Acuerdos de Oslo fueron una jugada muy bien trabada por el Estado de Israel. Aunque Arafat
era la figura política palestina más importante posterior a la Nakba, en aquellos momentos se
encontraba en una situación muy débil: tenía casi 65 años, estaba exiliado en Túnez, el respaldo
soviético había desaparecido, sobre su círculo pesaban acusaciones de corrupción [...] y se
encontraba desbordado por el crecimiento de Hamás y por generaciones más jóvenes que habían
protagonizado la Primera Intifada. Después de tanto sufrimiento y de tantas derrotas, pretendía
conseguir un acuerdo histórico que otorgara alguna victoria al pueblo palestino, pero que también
reafirmara su autoridad [...]. El Estado de Israel conocía todas estas circunstancias y supo explotarlas
a su favor. Arafat se dirigió a una multitud en Gaza con estas palabras: “Sé que muchos pensáis que
Oslo es un mal acuerdo. Es un mal acuerdo. Pero es el mejor acuerdo que podemos lograr en la peor
situación”.

Y así resume el resultado de los Acuerdos:

“Aunque no fuera, ni mucho menos, su objetivo, la OLP había aceptado firmar la prolongación sine
die de la colonización y la ocupación. Mientras han pasado los años, se han construido más colonias,
se ha dividido más el territorio palestino y ha aumentado la sofisticación del apartheid, el argumento
básico israelí ha sido que la situación post-Oslo es puramente provisional y temporal y/o que la
sociedad palestina no tiene interlocutores de negociación válidos. De esta manera, los hechos
consumados favorables al Estado de Israel han ido prevaleciendo conforme avanzaba el tiempo”.

Pero ojo, que a pesar de lo poquísimo concedido a los palestinos hubo fuertes presiones del lado
israelí contra estos acuerdos. En 1994 un fundamentalista sionista de extrema derecha comete un
atentado en la Mezquita de Ibrahim (en Hebrón) durante una oración musulmana. Asesina a 29
personas y hiere a 120. A pesar de que el entonces Primer Ministro, Isaac Rabin, condena el ataque,
algunos sionistas extremistas consideran al autor de este atentado como un mártir (y según una
encuesta realizada en 2023, el 10% de los israelíes lo considera un héroe). Al año siguiente, en 1995,
otro fanático sionista asesina, esta vez, al Primer Ministro israelí, Isaac Rabin. El PM (que no es
especialmente conocido por su moderación, recordemos esa directriz suya de “romper los huesos”
de los palestinos) pues es asesinado debido a su predisposición para alcanzar la paz con estos
palestinos. Que el asesinado sea un PM israelí tampoco impide que organizaciones de extrema
derecha sionistas hagan campañas pidiendo la libertad del asesino (actualmente cumple cadena
perpetua).

También durante las negociaciones de Oslo, hacia el año 1994, Israel había empezado a construir un
infame muro que separa Cisjordania del supuesto territorio israelí, y digo supuesto porque
básicamente este muro se peta todas las resoluciones de la ONU y las líneas de armisticio pactadas
(el muro se extiende mucho más al este de la Línea Verde, que es en la que había consenso en
respetar). Este muro está hecho de enormes bloques de hormigón que en algunas zonas superan los
8 metros de altura y torres de vigilancia armadas. Puesto que se empieza a construir durante las
negociaciones de paz, puede entenderse como un sabotaje a estas, o como mínimo, una
contradicción flagrante. Y no solo porque en un proceso de paz es contradictorio construir más
barreras y muros, sino porque, de manera totalmente unilateral, Israel estaba estableciendo nuevas
fronteras nunca consensuadas (ya hemos visto sobradamente que el modus operandi de “hechos
consumados” es la tónica en el Estado de Israel). Este muro está completamente controlado y
militarizado por el ejército israelí, y los palestinos no pueden cruzarlo libremente, cada vez que
necesitan hacerlo se ven sometidos a largas colas, controles escrupulosos, cierres aleatorios de los
accesos, cuando no humillaciones por parte del ejército israelí. Evidentemente, las críticas a este
muro tanto de los palestinos, como de la comunidad internacional, como organizaciones de Derechos
Humanos han sido constantes, pues muestra claramente las intenciones de Israel de ir apropiándose
de los territorios palestinos con el pretexto de la seguridad, además de ser una clara segregación
etnoracial perfectamente calificable de apartheid. En 2004 el Tribunal Internacional de Justicia ya
determinó que este muro viola el derecho internacional y establecía los pasos a seguir para “terminar
con la situación ilegal resultante de la construcción del muro”. Sin embargo, la construcción siguió y
en 2011 ya se habían construido 438 kilómetros que separaban familias y pueblos enteros, con
cientos de kilómetros más en construcción y en planificación.

Estos “acuerdos” de Oslo (entre comillas porque no sé si se les puede llamar “acuerdos” dado el
brutal desequilibrio entre las partes) como es evidente, generan una enorme frustración entre la
sociedad palestina. Varias organizaciones políticas y armadas, entre ellas Hamás, condenan, vamos a
llamarlo “lo de Oslo”, de forma muy contundente. Arafat y la OLP son duramente criticados y salen
muy desgastados. Para muchos palestinos y palestinas, Oslo es una traición a los derechos históricos
y nacionales palestinos y a todos aquellos y aquellas que habían luchado, sufrido y dado su vida por
una liberación de Palestina justa y real. Y, como es de esperar, con esta “cosa de Oslo” la situación
para los y las palestinas no mejora. Al contrario, empeora, si cabe, aún más.

glitch

Y en el año 2000 hay otro intento de alcanzar la paz, este en Camp David (EEUU). Ojo, porque la
propuesta que hace el PM de Israel a Arafat en este encuentro fue presentada por los medios
occidentales como una “gran oferta” de los israelíes a los palestinos. La “gran oferta” consistía en
que Israel se quedaba un 9% del territorio cisjordano (escogido por Israel, claro) a cambio de
territorio israelí equivalente a un 1% de Cisjordania -territorio no especificado y no elegido por los
palestinos-, es decir un intercambio en que los palestinos darían 9 a cambio de 1. Ofertón. Más caro
no comprarlo. Además, entre los territorios que se quedaba Israel figuraban la mezquita de al-Aqsa y
la Cúpula de la Roca, monumentos musulmanes. Pero es que hay más: el “Estado palestino” no
tendría continuidad territorial, ni capacidad de defensa, ni política exterior propia, ni una economía
independiente de Israel. Además, el espacio aéreo palestino sería controlado por Israel y, de nuevo,
tampoco se daba solución a los millones de refugiados palestinos y su derecho de retorno. Esta es la
“gran oferta”. Ante la negativa de Arafat (que ya había aprendido la lección de Oslo) muchos medios
occidentales le señalan como el responsable del fracaso de ese intento de paz (¡cómo ha podido
rechazar esta gran oferta! ¡Es que en realidad lo que busca es la destrucción de Israel!). Pero por
mucho que digan los medios del imperio yankee y sus satélites, la parte palestina es bien fácil de
entender: sencillamente está harta de que, después de décadas de desposesión, persecución, exilio,
miseria, represión y muerte se le ofrezcan migajas (diciendo, encima, que son grandes ofertas) para
que, después de todo, Israel cumpla solo la parte que le plazca. Así, después de este fracaso en
Camp David los territorios palestinos son una olla a presión. Solo faltaba que Ariel Sharon (dejen
paso al ‘carnicero de Beirut’) hiciera una visita -a todas luces provocadora- a la Explanada de las
Mezquitas, el lugar de Jerusalén más sagrado para los musulmanes. Sharon hace detonar la Segunda
Intifada.

Esta Segunda Intifada (también llamada Intifada de Al-Aqsa porque en esta explanada se encuentra
la Mezquita de Al-Aqsa) estalla en septiembre del 2000 y es mucho más violenta que la primera. A
pesar de que, igual que esta, tiene un importante carácter espontáneo y callejero, es en mayor
medida liderada por organizaciones armadas palestinas. Además del lanzamiento de piedras y
cócteles molotov, los grupos palestinos emplean también ataques con misiles y atentados suicidas.
Si la violencia de esta Segunda Intifada es mayor, la respuesta israelí es más brutal que nunca. Esta
Segunda Intifada dura hasta febrero de 2005, y se lleva unas 3000 víctimas mortales palestinas (de
las cuales, unos 700 menores de edad) y alrededor de 1000 israelíes (de las cuales, unos 100
menores). Faris Odeh, el niño que sale en esta mítica foto (aquí) tirando una piedra a un tanque
israelí fue asesinado pocos días después por soldados israelíes. Tenía 14 años. Ramos Tolosa cuenta
otro episodio de esta que conmocionó el mundo: “El 30 de septiembre del año 2000, segundo día de
la nueva Intifada, un incidente grabado por un cámara sacudió a la opinión pública internacional. En
medio de un fuego cruzado cerca de la ciudad de Gaza, Jamal al-Durrah y su hijo de doce años,
Mohammed, se protegieron desarmados detrás de una pequeña estructura de hormigón. Jamal
movió las manos con la intención de que pararan la balacera mientras su hijo lloraba pegado a él.
Segundos después, una ráfaga de disparos acabó con la vida de los dos y el cuerpo de Mohammed
cayó sobre el de su padre. Un cámara palestino que trabajaba para la televisión francesa, Talal Abu
Rahma, registró todo lo sucedido, a excepción de la secuencia en la que el conductor de una
ambulancia fue tiroteado al intentar aproximarse a salvar a Jamal y a su hijo”. “La grabación circuló
por todo el mundo provocando una gran conmoción y un aumento del sentimiento de rabia entre la
población palestina. Mohammed se convirtió en un mártir y su nombre pasó a denominar calles y
elementos de memoria dentro y fuera de Palestina”.

Durante esta Segunda Intifada y debido a esta, hay otro intento de paz, el de Taba en el año 2001. En
este, por primera vez, Israel acepta la Resolución 242 de la ONU… pero no del todo: quiere mantener
su control en las zonas de Cisjordania donde hay asentamientos judíos (que ya hemos visto que no
son pocos) y, a cambio, cedería territorio israelí a proporción de 2 a 1, es decir, los palestinos dan 2 y
obtienen uno. ¿Es mejor que la propuesta anterior de 9 a 1? Claro, pero… ¿por qué no un
intercambio de 1 a 1? ¿La tierra palestina vale menos que la israelí o como va la cosa? Los aires de
superioridad y la arrogancia sionistas, las ganas de someter y hacer pasar por el aro a los palestinos,
son omnipresentes durante todas las conversaciones de paz. Respecto a Jerusalén (como ya hemos
visto, uno de los huesos de las negociaciones) los barrios árabes quedarían bajo soberanía palestina
y los judíos bajo israelí, pero no hay acuerdo respecto a Jerusalén Este (donde se encuentran los
monumentas sagrados de las tres religiones), e Israel no acepta (nunca lo hará) el derecho de
retorno de los refugiados palestinos. Nunca lo hará porque, de hacerlo, perdería la mayoría
demográfica judíosionista, que es uno de sus pilares fundamentales sobre los que se sostiene el
Estado sionista. Estas conversaciones de Taba también acaban sin acuerdo. Pero ojo: los israelíes se
van de allí con el total convencimiento (avalado de nuevo por toda la propaganda mediática
occidental) de que los palestinos han rechazado una generosísima oferta por su parte. Y esto no es
algo menor: de esa sensación de “los palestinos no aceptan nada, ni siquiera nuestra mejor oferta”
se instala en la política sionista y buen parte de la soceidad israelí la idea de que “los palestinos no
quieren la paz, lo que quieren es destruir Israel”, y que, por tanto solo les queda la línea ultra, el
“search and destroy” de Sharon. El entonces PM israelí, Ehud Barak, perdería las siguientes
elecciones y el nuevo gobierno de Ariel Sharon no continuaría las conversaciones de paz. De hecho,
en 2002 diría exactamente: “Oslo no existe, Camp David no existe, Taba no existe”. A partir de este
momento ya no habrá más gobiernos laboristas en Israel, todos se ubicarán entre la derecha y la
ultraderecha, de un sionismo aún más ultranacionalista, racista, religioso e intransigente, que ya es
decir.

Por cierto, otros símbolos de la resistencia palestina son la sandía (porque en 1967 Israel
directamente prohibió mostrar la bandera palestina y los palestinos sortearon esa prohibición
llevando y mostrando tajos de sandía, que tiene los mismos colores) y también el olivo. El olivo es un
árbol con el que el pueblo palestino se siente enormemente conectado e identificado, por su
presencia milenaria en esas tierras, por su fortaleza y resiliencia a pesar de que las condiciones sean
duras. De estas cualidades de resistencia, resiliencia y perseverancia compartidas nace el concepto
“sumud”, que en árabe significa “firmeza” o “perseverancia constante”. Perfectamente conocedor de
esto, desde su ocupación de los territorios palestinos, Israel ha quemado y destruido cientos de miles
de árboles de olivo, es parte del memoricidio del que hablábamos. Aún así, el vínculo entre el pueblo
palestino y el olivo no se rompe, sino que se hace más y más fuerte: en numerosas ocasiones, la
respuesta palestina ante la muerte o asesinato a manos de la violencia israelí es plantar un olivo.
Una de las imágenes más explícitas de este poderosísimo vínculo es la foto de Mahfouza Odeh
aferrada al tronco de un olivo que acababa de ser talado por las fuerzas israelíes cerca de Nablus.

En el año 2005 Israel desmantela sus 21 colonias en la Franja de Gaza (según la base sionista de la
mayoría demográfica no tenía mucho sentido mantener allí 8000 colonos rodeados de unos 1.5
millones de palestinos), así que reasenta a estos colonos en otros lugares y los indemniza, claro
(cabe mencionar que hubo muchas resistencias de esos colonos, que se negaban a irse). La lectura
más oscura de este “Plan de Desconexión” es que para futuras operaciones militares israelíes en la
Franja de Gaza, esos 8000 civiles israelíes estorbaban. Ya nos entendemos. Pero a pesar de esta
“desconexión”, la ONU sigue considerando que Israel practica una ocupación en la Franja de Gaza, ya
que controla hipermilitarizadamente las fronteras, los accesos los espacios aéreo y marítimo,
mantiene la llamada “Buffer Zone” de 1km de ancho en todo el perímetro de Gaza (donde, si se
acercan los palestinos, son disparados por francotiradores israelíes) e Israel sigue controlando
totalmente los suministros de agua, electricidad y bienes de consumo de la Franja de Gaza (por eso
se dice que Gaza es, desde hace ya muchos años, una megaprisión al aire libre).

Respecto al lado palestino, un Arafat muy erosionado políticamente había muerto en 2004 y su
sucesor al liderazgo de la OLP, Mahmud Abás, no tiene ni el mismo carisma ni la misma popularidad.
Aún así a día de hoy Abás es, al menos oficialmente, el Presidente de Palestina (si nos fijamos, vemos
el pin de una pequeña llave en su solapa). Pero la fragilidad que había mostrado la OLP en las
negociaciones de paz con Israel la había desgastado mucho, y también pesaban serias acusaciones
de corrupción sobre estos viejos dirigentes. Hamás, por el contrario, transmite una imagen de
pureza, integridad, incorruptibilidad y no colaboración bajo ningún concepto con el Estado de Israel,
además seguir con sus labores de trabajo social, religioso y asistencial entre los más desfavorecidos
de los palestinos. Con esto, llegan las elecciones legislativas palestinas de 2006 y sucede algo que
pocos esperaban: las gana Hamás. Por un margen ajustado se impone a Fatah (la organización
fundada por Arafat y que hasta entonces había sido la de mayor peso en la política y la resistencia
palestinas). Esta victoria de Hamás causa un cisma en la política palestina, también en Israel, en sus
aliados occidentales. Las potencias occidentales imponen inmediatamente sanciones a la Autoridad
Nacional Palestina (y también se suspenden las “ayudas humanitarias”, que ya sabemos que son
mecanismos de control de las potencias occidentales sobre los países que previamente han
reventado para que estos se porten bien). Vaya, el pueblo palestino había votado, pero no había
votado lo que los occidentales querían, había votado “mal” y, por tanto, había que castigarlo. Israel
impone también un bloqueo por tierra, mar y aire a la Franja de Gaza y su población, que continúa
hasta día de hoy. A pesar de que en un principio Hamás y Fatah forman un gobierno de coalición, las
tensiones entre ambas formaciones rápidamente llevan a la ruptura de esta coalición y a un
enfrentamiento armado entre ambos (lo que Israel y EEUU llevaban tiempo buscando, todo sea
dicho de paso). Es la Batalla de Gaza (en 2007) en la que militantes de ambos grupos se enfrentan
por el control de la Franja. Acaba venciendo Hamás y los miembros de Fatah son expulsados de ahí.
Desde entonces, la Franja de Gaza es gobernada por Hamás y Cisjordania (en sus áreas A y B, en las
que tiene autoridad) por la ANP (controlada por Fatah). Y así sigue siendo hasta día de hoy, por lo
que puede decirse que han existido (y existen) dos Gobiernos palestinos.

Hay otro intento de conversaciones de paz en 2008, en que el presidente de la ANP, Mahmoud Abás,
se ve obligado a dibujarse el mapa de la propuesta israelí en una servilleta porque ni siquiera le
permiten llevarse una copia del documento de esa propuesta (por esto es llamado el “Napkin Map”,
“Mapa Servilleta”). Creo que solo con esto queda bastante claro el, de nuevo, mood humillante de
ese encuentro.

Así, el desengaño por los humillantes procesos de paz (que han conseguido poco más que dividir aún
más los territorios palestinos y aislarlos entre sí), la ocupación israelí de Cisjordania y la Franja de
Gaza que nunca ha terminado, el bloqueo a Gaza que la ha llevado a ser prácticamente inhabitable,
la total dependencia y subordinacion económica de Palestina respecto a Israel, la constante y brutal
represión israelí (también a niños, incluso de 5 años), los encarcelamientos y las torturas de
palestinos en cárceles israelíes, los asentamientos de colonos judíos que no retroceden sino que
siguen avanzando, la expulsión de familias palestinas que nunca se ha detenido (por ejemplo, la del
barrio de Sheikh Jarrah en el año 2021), los sucesivos y bestiales bombardeos (sobre todo en la
Franja de Gaza), que se han llevado por delante las vidas de miles de palestinos y palestinas (entre
los cuales, cientos de niños y niñas), el régimen de apartheid en que viven los palestinos (reconocido
en exactamente este término por informes de la ONU, que también concluye que las actuaciones
israelíes en Gaza son posiblemente constitutivas de crímenes de lesa humanidad), el uso, por parte
del ejército israelí, de fósforo blanco contra la población civil de Gaza (en 2009), y un sinfín de
violencias, humillaciones, represalias y crueldades que el pueblo palestino lleva años (¡décadas!)
sufriendo a manos del Estado de Israel, que a día de hoy ya está completamente desatado y tan
ciego de odio que se ha convertido en uno de los más monstruosos Estados del mundo. Ante esta
situación de extrema penuria material y sin ninguna perspectiva de futuro más que la de esperar a
ser expulsados o asesinados por Israel, no es difícil entender que los movimientos armados
palestinos de resistencia ganen simpatizantes y militantes sin parar. La otra opción es morir en
silencio y olvidados por el mundo. Ya les ha quedado muy claro que cuando lloran, el mundo les tira
algo de dinero, de comida y les da la espalda, y solo cuando luchan, el mundo mira y les toma en
serio. A principios de 2018, el secretario general de la ONU, António Guterres, ya dijo que la Franja
de Gaza sería “inhabitable” en 2020 si no se tomaban medidas para acabar con el bloqueo israelí.
Estamos en 2023, tres años más tarde de su predicción, y finalmente Gaza ha dicho basta.

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El pasado 7 de octubre de 2023, diferentes grupos armados palestinos (Hamás es el más conocido
pero también participan grupos marxistas, islamistas y laicos) traspasan el muro que separa Gaza de
Israel y atacan asentamientos y bases militares israelíes, y un festival de música que se celebraba en
la localidad de Re’im, cerca de esta frontera con Gaza. A partir de aquí la propaganda mediática hace
que sea prácticamente imposible saber qué ocurrió exactamente. Según fuentes israelíes, estos
ataques acabaron con la vida de 1139 israelíes (entre los cuales 695 civiles y 36 niños) y también con
la de unos 1000 militantes palestinos. También habría unos 240 civiles israelíes secuestrados por los
grupos palestinos (que hay israelíes secuestrados es algo confirmado por ambos bandos). En un
principio se dijo, siempre según fuentes israelíes, que durante este ataque los militantes palestinos
habían “targeteado” civiles, decapitado bebés y cometido agresiones sexuales a sus víctimas. Hamás
desmintió rápidamente en un comunicado que hubiera cometido tales atrocidades, y afirmaba que
el ataque iba dirigido únicamente a objetivos militares israelíes. Lo de los bebés decapitados fue
desmentido bastante rápido, lo de la violencia sexual también parece que va camino de ser
desmentido. Un artículo del pasado 4 de enero del diario israelí Haaretz dice que: “la policía está
teniendo dificultades para localizar víctimas de agresión sexual o testigos de los mismos durante los
ataques de Hamás” y “en los pocos casos en que ha conseguido testimonios de agresiones sexuales
durante ese 7 de octubre, estos no concuerdan”. También ha habido testimonios de soldados (como
el de esta integrante del ejército israelí) que explican que se les ordenó disparar, sin tener en cuenta
si había civiles israelíes o no. Dice que ella prefirió, por este motivo, no disparar (por lo que algunas -
o muchas, no lo sabemos- de las víctimas civiles israelíes podrían haber sido provocadas por las
propias fuerzas israelíes.

Esos ataques dieron el pretexto perfecto a Israel para lanzar el descomunal, despiadado y
brutalísimo ataque a la Franja de Gaza que hemos estado viendo casi en tiempo real desde ese día 7
de octubre (Israel lleva años tensando la situación al máximo y llevando los palestinos y palestinas
mucho, muchísimo más allá del límite de lo soportable por cualquier humano para provocar un
ataque así y tener este pretexto).

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Las imágenes que llegan desde la Franja son increíblemente dolorosas. Simplemente, te rompen.
Voy a describir algunas de las que he visto (no a mostrarlas) porque no quiero contribuir a la
espectacularización de la barbarie y porque muchas de ellas son durísimas. Por ejemplo, decenas de
cuerpos inertes y llenos de polvo bajo los escombros de un edificio. Algunos de ellos muy pequeños.
Un padre de rodillas en el suelo llorando y gritando de desesperación “a quien voy a abrazar ahora”
después de que un bombardeo israelí asesinara a su mujer e hijos. Una niña de… ¿4 años? Herida y
con todo su cuerpo tiritando tras un bombardeo. Decenas de cuerpos abatidos en el suelo y sin vida
en medio de una calle. Soldados israelíes bailando y celebrando el asesinato de palestinos… También
hemos visto como desde la cuenta de Twitter del propio Mosad había cientos de palestinos
retenidos, casi desnudos, de rodillas y con los ojos vendados (literalmente un campo de
concentración). Quieres más paralelismos con el Holocausto? Aquí un vídeo de un soldado israelíes
robando joyas, collares, relojes de palestinas y palestinos asesinados. La imagen de un niño de nueve
años, Adam, asesinado por el ejército israeli con un tiro en la espalda (por cierto, la ONG israelí
‘Breaking the Silence’ muestra testimonios de ex soldados arrepentidos que explican como
disparaban sin remordimiento a niños palestinos y otras atrocidades con total impunidad. Es muy
duro de ver pero muy esclarecedor) o el vídeo (este sí que lo muestro) de una rueda de prensa de
niños palestinos pidiendo que paren los bombardeos. O este hilo, donde una ilustradora explica
cuales son los objetos cotidianos que ya nunca más verá de la misma forma tras el genocidio de Gaza
y enlaza con el vídeo del por qué. El primero, bolsas de plástico, el vídeo muestra a un padre
llevando los restos de su hijo (asesinado por un bombardeo israelí) en bolsas de plástico. No pude
seguir con el hilo. También estamos viendo escuelas y hospitales bombardeados, ataques a
ambulancias, a convoyes de ayuda humanitaria, incluso han bombardeado el parlamento de Gaza.
También he visto denuncias de ONGs que dicen que les han llegado cuerpos de palestinos muertos a
los que les faltan órganos, con lo que Israel ha sido acusada de robar órganos de palestinos (una
acusación que no es nueva de ahora, una doctora israelí ya lo había denunciado años atrás). Y el
pretexto siempre es que “había una base de Hamás allí” o que “había terroristas de Hamás
escondidos” o que “había un túnel de Hamás que conectaba con ese lugar”. Algo de lo que, claro, los
usuarios de redes sociales han hecho incluso mofa, porque claro, es un canteo (vídeo TikTok)
¡Incluso Israel ha llegado a decir que muchos de los trabajadores de la Agencia de la ONU para los
refugiados palestinos (UNRWA) son de Hamás! Además, nadie puede salir de la Franja de Gaza, el
ejército israelí está acorralando a todos los gazatíes hacia el sur (muchos cerca de Rafah, la ciudad
situada más cerca de Egipto), pero la frontera con Egipto está cerrada, por lo que no puede salir
nadie, es una auténtica ratonera. Por cierto, no quiero terminar este vídeo sin decir muy claramente
que EEUU no solo es cómplice de las atrocidades del Estado de Israel, sino que es directo
responsable de ellas. Si Israel puede seguir adelante con el genocidio en Gaza y la limpieza étnica
palestina es única y exclusivamente porque EEUU le sostiene, militar, económica y
diplomáticamente. Aquí podemos ver, por ejemplo, como la votación de emergencia del pasado 8 de
diciembre en el Consejo de Seguridad de la ONU para reclamar un alto al fuego humanitario en Gaza
no se aprobó por el voto en contra de EEUU (tiene derecho a veto), mención especial a quien ha
hecho y escogido la foto, ya que el ángulo de inclinación del brazo encaja a la perfecto con el
significado de ese voto (otro dato respecto a esto: de las 83 veces que EEUU ha hecho uso de su
derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, 42 veces ha sido para tumbar resoluciones
que condenaban a Israel). Queda claro que, sin EEUU, Israel se cae.

Ah, ni no quiero ver por ahí ni un asomo de comentario insinuando que quizás a lo mejor maybe
cierto señor de bigote cuadrilátero y delirio de pedir taxis igual tenía algo de razón… que se ha visto
que asoman la patita algunos mensajes del estilo. No. No hemos estado haciendo lucha antifascista y
confrontando a la escoria nazi durante años para que ahora se cuele en nuestros espacios ni un
mínimo rasquicio de este tipo de discurso. De ninguna manera. Es bien sencilla la diferencia entre
antisionismo (rechazo al Estado de Israel y sus atrocidades, algo muy parecido -si no igual- a ser
antifascista) y antisemitismo (odio a los judíos). Además, como ya se ha comentado a lo largo del
vídeo, son muchísimos los judíos y judías que, desde su surgimiento, se han opuesto al sionismo y lo
han confrontado, del mismo modo que, desde su creación, se han opuesto y han confrontado al
Estado de Israel, así como han alzado la voz contra sus barbaridades, han señalado el secuestro del
judaísmo y del pueblo judío que ha hecho el sionismo, se han negado a ir al ejército israelí y se han
enfrentado a todo el sistema de presión y adoctrinamiento que despliega el sionismo también hacia
adentro. Todo el respeto y admiración por estos judíos y judías, ya que hay que tener enorme valor y
coraje para plantarse así ante un Estado tan déspota y macabro como el que ha devenido Israel.

Que, por cierto, en el terreno discursivo, Israel tira siempre de dos falacias. La de la falsa dicotomía:
si eres crítico con su forma de actuar, estás apoyando Hamás, ergo, estás apoyando al terrorismo. Y
también de reducción al absurdo: si criticas su genocidio al pueblo palestino o cualquiera de sus
incontables atrocidades, automáticamente eres antisemita. Lo cual es doblemente perverso: Israel
usa el enorme dolor y violencia y sufrimiento que tuvieron que soportar millones de judíos europeos
durante el siglo pasado para desautorizar a quienes criticamos y señalamos que ahora el Estado de
Israel está haciéndole exactamente lo mismo a otro pueblo, ¡a los palestinos! Es decir,
instrumentalizan el dolor y sufrimiento de unos antes, para infligir dolor y sufrimiento a otros ahora.
Entendemos la rabia y el miedo y la frustración que sienten los judíos y sus antepasados,
brutalmente perseguidos y exterminados ante la impasibilidad del mundo, y aunque el Estado de
Israel nos acuse de antisemitas por criticar sus barbaridades, aquí no odiamos a los hermanos y
hermanas judías, nuestra lucha es por la vida con dignidad, seguridad y libertad de todas las
personas, sea cual sea su religión, color de piel, lengua, etnia o procedencia. Odiamos únicamente al
miserable, genocida y racista Estado de ocupación de Israel. Ah, y hablando de esto, si nunca te has
preguntado qué hubieses hecho durante el Holocausto, pues ahora lo tienes fácil: mira lo que estás
haciendo ahora con el genocidio en Gaza.

¿Y por qué hablamos de genocidio? Bueno, pues porque cumple todos los estadios de uno: (1º y 2º)
la clasificación y simbolización (ya hemos visto que no tienen los mismos derechos que los israelíes,
además sus carnés de identidad son diferentes, de color azul o verde), (3º) la discrimnación
sistemática (creo que después de todo lo visto este punto ha quedado claro), (4º) deshumanización
(los líderes sionistas se han referido a los palestinos como “animales humanos” y otros términos
deshumanizantes y degradantes), (5º) organización (desde 1948 con el Plan Dalet hasta nuestros
días), (6º) polarización (el actual PM israelí, Benjamín Netanyahu ha dicho “nosotros somos el
pueblo de la luz y ellos el de las tinieblas”), (7º) preparación (el de Israel es considerado uno de los
ejércitos más poderosos del mundo), (8º) persecución (arrinconamiento de la población palestina en
un territorio cada vez más pequeño deja pocas dudas de ello, además de los bloqueos de bienes
esenciales, agua y la hipermilitarización de esos territorios), (9º) exterminio y el 10º sería el
negacionismo del mismo. Sobre el exterminio, además de todo lo que ya hemos visto y de las cifras
que veremos a continuación, lo deja más que claro esto que les dijo el pasado 11 de octubre un
veterano del ejército israelí (que participó en la masacre de Deir Yassin del 48) y que llevado por el
ejército israelí para “elevar la moral” de las tropas. Les decía esto: “Sed triunfantes y acabad con
ellos y no os dejéis a nadie. Borrad su memoria. Borradlos a ellos, a sus familias, a sus madres e hijos.
Esos animales no pueden seguir vivos”.

Finalmente, respecto a los números del genocidio que está teniendo lugar en Gaza (y no olvidemos,
por favor, que cada unidad de estos números es una de las historias o vidas que salían en cada uno
de los vídeos e imágenes que hemos mencionado antes): a día 4 de enero de 2024 eran 30.676
palestinos y palestinas asesinadas, de las cuales 12.040 niños/niñas. Más de 67.000 casas destruidas,
y más de 1.900.000 personas desplazadas. Son cifras que ya superan incluso (y de mucho) las de la
Nakba, la desastrosa catástrofe palestina de 1948. También hay al menos 105 periodistas
asesinados. Periodistas que se están jugando a diario la vida en Gaza y que siguen informando a
pesar de que sus vecinos, amigos y familiares mueren día tras día. Una de estas periodistas, Wizard
Bisan, decía esto hace unas semanas: “Ya no tengo ninguna esperanza de sobrevivir como sí la tenía
al comienzo de este genocidio, estoy segura de que moriré en las próximas semanas, o tal vez días”,
“Sufro pesadillas que se parecen tanto a la realidad que ya no distingo entre realidad y sueño”, “el
mundo aprueba, apoya y financia el genocidio al que estamos siendo sometidos, lo legisla y da
razones para él ¡durante 58 días! [ahora ya llevamos más de 100 días]. Mientras somos un pueblo
que llevamos 75 años viviendo bajo ocupación”, “mi mensaje al mundo: no sois inocentes de lo que
nos está sucediendo a nosotros, igual que no lo son los gobiernos y pueblos que apoyan la
aniquilación de mi pueblo por parte de Israel. No os perdonaremos, no os perdonaremos, la
humanidad no os perdonará, nosotros no olvidaremos, aunque muramos, la historia nunca olvidará”,
y acaba con “un mensaje para los amigos: gracias a vosotros y a quienes nos apoyan desde todo el
mundo. Habéis sido compasivos y muy fuertes. Os pedimos que no perdáis la esperanza, incluso
aunque el mundo parezca completamente injusto y vuestros esfuerzos aún no hayan dado lugar a un
alto al fuego”. Gracias Bisan y a todos los demás periodistas que estáis informando cada día desde
Gaza, a pesar del indescriptible dolor y sufrimiento que desde aquí no podemos siquiera llegar a
imaginar. Máximo respeto, apoyo y admiración y agradecimiento a todas ellas y ellos.

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Y para terminar: ¿qué puedes hacer tú para colaborar a detener este genocidio?
1- Boicot. El boicot es una herramienta extremadamente potente y que ha servido muchísimo a
luchas para la justicia social en diversas partes del mundo. El movimiento BDS (Boicot Desinversiones
y Sanciones) organiza y dirige las acciones de boicot contra empresas que, de una forma u otra,
colaboran con el apartheid y el genocidio israelí. Para que sea efectivo, el boicot tiene que ser
focalizado, determinado y sostenido en el tiempo. Y funciona. Lo ha hecho muchas veces y lo debe
volver a hacer esta vez.

2- No dejar de hablar de lo que sucede en Palestina. Seguir y apoyar a los y las periodistas que siguen
informando desde allí, compartir y hacer llegar su mensaje, sus crónicas, sus testimonios. No dejar
que sobre Palestina caiga en el silencio. El silencio es histórico aliado del genocidio.

3- Presionar a nuestros Gobiernos para que no vendan ni compren armas y corten inmediatamente
cualquier tipo de relación política y comercial con Israel. Movilización sostenida para detener la
cadena de suministro del genocidio.

4- Mostrar máxima solidaridad y apoyo a los y las palestinas, mostrarles que el mundo está con ellas
y ellos y que no vamos a dejarles solos.

5- Y dejar muy claro que mientras dure la ocupación, habrá resistencia. La resistencia palestina ha
sido tremendamente heroica y sacrificada durante años e Israel sabe que no se va a rendir nunca y
por eso actúa de esta forma genocida. Pero ni con toda la militarización e inhumanidad del mundo
podrá quebrar al pueblo palestino, fuerte, valiente, resiliente como ninguno, porque además no está
solo, desde millones de rincones del mundo estamos con él.

Un abrazo enorme a todas las palestinas y palestinos que llevan no 100 días sino 75 años resistiendo,
a los de Gaza, a los de Cisjordania, también a los que resisten desde dentro de Israel, a los que ya no
están, a los que están en las cárceles, también a los judíos que se enfrentan a su propio Estado
genocida, a los palestinos de la diáspora, a los que viven en campos de refugiados, a los niños y
niñas, el mundo está con vosotros, no os olvidamos, no os dejamos solos, estamos con vosotros y
vamos a hacer toda la presión necesaria para que esta agresión brutal y genocidio de Israel al pueblo
palestino termine de una vez por todas.

Falastin, hurra, hurra! Un petó :)

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