Cipriano de Valera
Cipriano nació en 1531, en Valera la Vieja, lugar en ese momento que pertenecía al Reino de
Sevilla. Es así que lleva ese apellido. En su juventud se trasladó a la ciudad de Sevilla, donde inicia
sus estudios en la recientemente fundada Universidad de Sevilla, cursando bachiller en filosofía y
capacitó en humanidades en general.
Un profesor de esta institución fue el que marcó sus inicios e incomodó para seguir su paso hasta
llegar a lo que fue, este se llamaba Benito Arias Montano (1527-1598), era hebraísta y biblista, y se
puede decir que se consideró así mismo como su discípulo. Esto hace referencia a que tiempos
antes de tener Biblias en traducción español, ya había interés académico en Las Sagradas
Escrituras.
En un momento de su cursada decide trasladarse al monasterio San Isidro del Campo,
perteneciente a la orden de San Jerónimo, en Santiponce, en las afuera de Sevilla. Fue allí como
fraile Jerónimo conoció a otro monje, Casiodoro de Reina, estos dos, con otros monjes de la
orden, formaron un grupo que les interesaba la reforma protestante.
Es probable que el acercamiento a las ideas de reforma fuese motivado por un tal Juan Gil,
conocido como Doctor Egidio, y de Constantino Ponce de la Fuente, así como los libros Luteranos
que habían llegado al monasterio gracias a los esfuerzos de Julianillo Hernández.
Pero en el año 1557 este grupo reformista fue descubierto por el santo oficio de la inquisición. Lo
que hace que se deshaga el grupo por la inminente persecución, Valera, Reina, Antonio del Corro,
Alonso Baptista, entre otros, huyeron en dirección a Ginebra.
Simbólicamente Cipriano fue condenado a la hoguera por la inquisición. En Ginebra estuvo poco
tiempo, y en 1558 logró hacerse ciudadano, que en ese momento servía de refugio para los
exiliados protestantes.
En Lausana estudió la teología reformada bajo Teodoro de Beza en la academia de dicha ciudad,
pero no encajó en ese bastión de la reforma, por lo que se dirigió a Inglaterra.
En el año 1558, tras la muerte de María la Sanguinaria, la reina Isabel I restableció el
protestantismo en el reino y permitió el derecho de libertad religiosa para los protestantes.
Ahí Valera expresó su gratitud a la reina: ¿Cuantos millares de millares de pobres extranjeros se
han acogido a Inglaterra, (dexo de nombrar otros reinos y repúblicas) por salvar sus conciencias y
vidas, donde sola protección y amparo, primeramente de Dios, y después de la serenísima Reina
doña Isabel han sido defendidos y amparados contra la tiranía del anticristo y de sus hijos los
inquisidores?
Ya en Londres, donde estaban Casiodoro de Reina y Antonio del Corso, Cipriano apoyó el
establecimiento de una iglesia española, también tuvo relación con las iglesias italianas en suelos
londinenses; sin embargo las aspiraciones de Valera iban mucho más por la academia, no tanto
por lo eclesiástico, aunque se consideraba predicador y no perdía oportunidades para compartir la
doctrina evangélica con otros. En el año 1559, Valera se muda a Cambridge para probar suerte en
el campo universitario, donde primero obtuvo el título de bachiller en teología de dicha
universidad, y en 1560 es designado profesor en el Magdalene College de la misma universidad. Y
fue maestro de Nicholas Walsh, quien iba a ser un traductor del Nuevo Testamento al Irlandés
Gaélico.
Así continuó sus estudios hasta 1563, cuando recibe el título de Magister en Artes. En 1566 se
pasó a Oxford, donde revalidó su título de Magister para docente. Por ese tiempo se casa con Ana,
dama inglesa que le dio tres hijos, fue su esposa, pero no mucho mas se sabe de ella, si que sus
hijos se llamaban, Isaac, John y Judith. Sin embargo este matrimonio ocurrió sin autorización legal,
lo cual le trajo como consecuencias la pérdida de su trabajo en Oxford.
Entonces Valera tuvo que regresar a Londres y trabajar como tutor privado para jóvenes
estudiantes. Esta situación le trajo muchas dificultades económicas, pero a su vez le dio el tiempo
para dedicarse al trabajo literario. Cipriano fue autor, pero sus trabajos más destacados estuvieron
en el campo de la traducción; de los cuales hay tres trabajos literarios de traducción de su
pertenencia, que resaltan, “Dos tratados”, “Institución de la religión cristiana” y “La Biblia Reina-
Valera”.
En 1588 publica el libro “Dos tratados”, este libro era una obra antipapista; un tratado contra el
papa mismo y otra contra la misa. En su obra Valera argumenta que el papado y la misa eran las
dos columnas de todo el edificio Romano, Si estas caían, todo lo demás también con ellas, “Cristo,
el verdadero Sansón”, haría esto a través de él. Esta obra generó interés ya que se realizó una
segunda edición, y para ser preciso, esta fue la segunda obra en lengua española impresa en
Inglaterra; luego, y como no podía ser de otra manera, dicho libro fue anexado al índice de” Libros
Prohibidos de Roma”, y curiosamente permaneció allí hasta la última edición de este índice en
1948. Es en esta obra que Valera se lamenta de la condición espiritual de su nación en ese
momento, lo que se volvería una preocupación en todos sus escritos: “Duelome muy mucho, que
mi Nación, a la cual el Señor dios ha dado tanto ingenio, habilidad y entendimiento para las cosas
del mundo ( lo cual las otras naciones no lo pueden negar) en las cosas de Dios, en las cosas que le
va la salud de sus ánimas, o ir al cielo, o ir al infierno, sea tan tonta y tan ciega, que se deje llevar
por la nariz, que se deje gobernar, atropellas y tiranizar del papa, del hombre del pecado, del hijo
de perdición, del anticristo”.
Otra de sus obras fue la traducción del latín al Español de la Institución de la religión cristiana de
Calvino, que publicó en Londres en 1597; esta era una edición castellana en 4 volúmenes amplios y
de más de 1000 páginas. Valera añadió un prefacio escrito por él mismo y toda la obra la adaptó
para el lector español, la dirige en sus propias palabras, a “Todos los fieles de la nación española,
que desean el adelantamiento del Reino de Jesucristo”
Para él, Calvino, a quien conoció personalmente, y al que admiraba, presentaba una forma pura de
del cristianismo sin las contaminaciones del “papado”, y nuevamente su preocupación personal
con esta traducción era “El grande y encendido deseo que tengo de adelantar por todos los medios
puedo la conversión, el conforto y la salud de mi Nación”
El mayor trabajo de Cipriano que recordamos hoy en día es la revisión de la Biblia del Oso, versión
que fue publicada por Casiodoro de Reina, en Basilea en el año 1569, y llamada “del Oso”, por el
emblema de la ciudad suiza de Berna. En el proceso de revisión, terminó primero con el Nuevo
Testamento o “ El Testamento de Nuestro Señor Jesucristo”, que fue impreso separadamente en
el 1596 en el taller de Richard Field, impresor y editor, (VENVS – AND ADONIS) de confianza de
Valera, y también de William Shakespeare. Es así, que Cipriano tiene en común con Juan Pérez de
Pineda y Casiodoro de Reina una edición castellana y exclusiva del Nuevo Testamento Cristiano.
Al tener toda la revisión lista, Cipriano tuvo que esperar un poco más de tiempo para la impresión,
porque Field, estaba muy ocupado y por qué era muy costoso la financiación del proyecto y tenía
problemas económicos.
En 1602 se muda a Ámsterdam, donde conoce al impresor Laurens Jacobs, quien edita, imprime y
publica el trabajo de 20 años de Valera, quien ya tenía 70 años, y esta era la portada
“La Biblia, que es Los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento, Segunda Edición. Revista y
conferida con los textos Hebreos y Griegos y con diversas translaciones. Por Cipriano de Valera”
La llamó segunda edición porque tuvo como primera la traducción original de Reina, quien hizo
todo el trabajo inicial y esencial de traducción. No obstante, se reconoce generalmente revisión,
que no fue una traducción, de Valera, mejoró la calidad del texto Bíblico traducido. Pero el mismo
reconoció el trabajo de su ex compañero de monasterio Casiodoro de Reina, y manifestó la
necesidad de mejorarlo: “ Para que, pues, nuestra nación española no careciese de un tan gran
tesoro , como es La Biblia en su Lengua, habemos tomado la pena de leerla y releerla una muchas
veces(la traducción de Reina), y la hablemos enriquecido con nuevas notas , y hasta algunas veces
habemos alterado con maduro consejo y deliberación, y no fiándonos de nosotros mismos (porque
nuestra conciencia nos testifica cuan pequeño sea nuestro caudal), Lo habemos conferido con
hombres doctos y píos, y con diversas traslaciones, que por misericordia de Dios hay en diversas
lenguas el día de hoy”.
En esta portada ya no está el oso de Reina, sino la escena de dos hombres plantando y regando un
árbol, una imagen tomada de 1 Corintios 3:6-8. El que riega lo hace con un cántaro, de ahí que la
Biblia haya sido conocida como “La Biblia del Cántaro”, los hombres parecen ser Reina y Valera
respectivamente, los cuales juntos cultivaron la edición castellana de la que salía la versión de la
Biblia Reina- Valera, Una frase Bíblica acompaña el emblema extraída de Isaías 40:8, “La Palabra
del Señor permanece para Siempre”. Y más allá del propio significado del texto Bíblico, este parece
expresar aquí la convicción de que Dios ha preservado su revelación sagrada a través y a lo largo
de las diferentes ediciones de la Biblia, incluyendo la Reina-Valera. La composición literaria de la
obra era la siguiente: esta contaba de 66 libros aceptados como canónicos por los protestantes,
con la exclusión de los deuterocanónicos o apócrifos, que habían sido incluidos por Reina en la
edición original. La razón de esto es que Valera quería presentar la Palabra de Dios Pura, sin
palabras de hombres, como él estimaba que eran los libros excluidos. Además de esto, La Biblia
contaba con las anotaciones originales de Reina a los textos, así como las anotaciones nuevas de
Valera, con el único fin de ayudar al lector con explicaciones, referencias cruzadas, traducciones
alternas y subtítulos. En este sentido, al comienzo de cada libro había un resumen de los temas del
mismo.
Las numeraciones de los capítulos y versículos eran los tradicionales. El fin de toda esta edición de
Cipriano era que todos los cristianos españoles pudieran leer la Biblia en su propia lengua. Su lema
era: “Para la gloria de Dios y el bien de la iglesia Española”. Y queriendo lograr ese fin, redactó y
adjuntó a La Biblia el prólogo “Exhortación al cristiano lector a leer la sagrada Escritura”. Allí, entre
otras cosas, declara: “ El Dios Todo Poderoso, que crió los cielos y la tierra, y todo en cuanto se
contiene en ellos, mandó tan expresamente en el viejo testamento que todos los fieles leyesen la
Sagrada Escritura, y pues que su Hijo Jesucristo, que murió por nuestros pecados, y resucitó por
nuestra justificación, mandó lo mismo en el nuevo testamento, y pues que los santos doctores
inspirados por el Espíritu Santo exhortaron a todos los fieles sin excepción de persona ninguna a
leerla, y pues que los bienaventurados mártires y los demás fieles y católicos cristianos
obedeciendo al mandamiento de su Dios, Rey, y Señor para aumento de su fe y gran provecho suyo
la leyeron.”
Luego de la publicación de La Biblia en Ámsterdam, Cipriano se dirigió a Leiden acompañado de su
editor para presentar y regalar un ejemplar de La Biblia a una autoridad importante de los países
bajos: Mauricio de Nasau.
De esta forma tan interesante, el teólogo protestante neerlandés Jacobo Arminio, parece haberlo
ayudado y se sabe que escribió una carta donde le recomendaba a otro teólogo, en la cual
también muestra preocupación por su bienestar.
Esta noticia de Arminio sobre Cipriano es la última que se tiene por certera; a partir de este punto,
no hay claridad por sus últimos días. Si se sabe que después de publicar su Biblia deseaba volver a
Inglaterra con su esposa, pero si lo logró no es seguro, aunque es lo más probable.
Algunos creen que murió en el 1602, otros que un par de años después, y algunos declaran que
todavía vivo en el 1625. Lo que es seguro, es que no hay fecha exacta de su muerte, hasta hoy en
día es un misterio, pero, lo que sí se sabe con precisión es el destino de “La Biblia del Cántaro”,
que pasó a ser la “Biblia Reina – Valera”.
Esta fue reimpresa en el año 1625, y luego en los años 1862 y 1909, 1960 y 1995, ya con nuevas
actualizaciones, y es así que se convirtió en la Biblia más importante de la lengua castellana o
español.
También podemos agregar que en cuanto al resto de las obras de Cipriano, fueron prohibidas por
el conocido “Santo Oficio” en 1640 y fueron condenadas como “escritos del hereje español”,
La preocupación de Cipriano siempre fue su nación, era un patriota, pero, a causa de su exilio y
gran humanismo era también un hombre que podía ver más allá de su patria; Fue así que se
preocupó por los nativos de la recién descubierta “América”. Su opinión sobre la conquista
española era más por las riquezas de América que por la fe de los nativos, a los que robaban y
mataban sin piedad, A estos nativos Valera los llama “Persona por las cuales Jesús murió”, que, por
lo tanto, merecían un trato justo y la predicación del evangelio cristiano.
Podemos asegurar que Cipriano no se imaginaba que su edición de La Biblia llegaría un día al
nuevo mundo y así beneficiaria espiritual y educativamente a esos mismos nativos y a las nuevas
naciones que surgirían allí; y mucho menos que se convertiría en la versión estándar de las iglesias
reformadas o protestantes, o iglesias evangélicas Latinoamericanas. Con seguridad esto lo hubiese
satisfecho en gran manera,