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Lectura Móvil: Tensiones y Paradojas

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MAESTRIA EN INDUSTRIAS CULTURALES.

POLÍTICA Y GESTIÓN
(1ª COHORTE PARANÁ - ENTRE RÍOS)

CURSO DE POSGRADO:

Industria del Libro

Docente:

Dr. Roberto Igarza

Alumno: Lic. Emanuel Pagés

Enero de 2016

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
“La lectura a través de las pantallas móviles.

Tensiones y paradojas en la era de la información”

Resumen

El mundo posmoderno nos envuelve de tecnologías digitales que a priori potencian


prácticas que fortalecen la educación y el conocimiento pero la mirada debe enfocarse
en aspectos más profundos, no sólo en estadísticas cuantitativas sino también
descripciones cualitativas que nos aporten distintas categorías de análisis sobre tales
temáticas.
Las pruebas internacionales que se realizan para medir la calidad educativa de un país
como el PISA (por sus siglas en inglés: Programme for International Student
Assessment), no exento de críticas polémicas, evalúa sobre tres áreas puntuales como la
lectura, las matemáticas y las ciencias naturales, excluyendo quizás lo más interesante:
¿cómo se llevan adelante tales prácticas, especialmente las primeras (lectura)?. Tan
simple y tan complejo como eso.
No caben dudas de que la digitalización, la World Wide Web y otras tecnologías
(electrónica, ofimática, telecomunicaciones), nos permiten acceder a múltiples
dispositivos electrónicos con pantallas, lo que redunda en la posibilidad de acceder a
plataformas y contenidos que nos proveen cultura, mayoritariamente en formato escrito
y audiovisual. De lo que se trata a través de este ensayo es describir ciertas
características de la lectura contemporánea, en parte atravesadas por las denominadas
pantallas móviles, todo ello en un marco de criticidad sobre la nueva realidad mediática
que se plantea.

Palabras claves
Lectoescritura - Pantallas – TICs – Dispositivos móviles- Transmedia

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
“La lectura a través de las pantallas móviles.
Tensiones y paradojas en la era de la información”

Desarrollo

Nos encontramos iniciando el año 2016 y no resulta una sorpresa hallarnos rodeados de
dispositivos electrónicos que, entre otras características, poseen una pantalla que nos
permiten leer mensajes de texto, whatsapp y/o messenger, noticias, posteos, tweets y
otras informaciones bajo distintos formatos escritos. Por cierto, parecería ser que se trata
de una pandemia donde la vedette es el teléfono móvil, devenido en una computadora
personal de diminutas dimensiones e innumerables funcionalidades que desplazaron a la
originaria: la comunicación acústica y móvil.
Hagamos un poco de historia y recordemos que el fenómeno aparentemente actual
representa una relación entre computadoras, pantallas e imagen, todas ellas
naturalizadas por el hombre como si siempre hubiesen existido, pero la realidad indica
lo contrario. El teléfono móvil tiene sus comienzos hace poco más de 30 años y la
televisión en la década del 50. Pero, actualmente, estemos donde estemos una luz
hipnotizante nos apunta en forma de pantalla electrónica, donde lo interesante es
preguntarse qué hacemos con ellas.
Continuamos y agregamos a lo que mencionamos sobre la lectura otro interrogante
disparador: ¿qué tan distante se encuentra el sistema educativo formal de las nuevas
formas de acceso al conocimiento? O bien como se apunta en la Encuesta de Consumos
Culturales Argentinos del año 20131 (a partir de ahora la denominaremos ECCA) ¿Qué
miramos? (aludiendo a producciones de TV y PC). No son preguntas sencillas de
responder, ni hay una sola forma de entenderlas, en principio nos ocuparemos de esta

1
Ministerio de Cultura de la Presidencia de la Nación Argentina. Encuesta Nacional de Consumos
Culturales, 2013. Disponible en: [Link]

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
última. En dicha fuente de información encontramos por ejemplo que el 73% de los
encuestados lee diarios y un 56% al menos un libro por año, pero no especifica si tales
acciones son realizadas en el espacio de trabajo, en el hogar o mientras se traslada hacia
algún sitio, si lo hace en su teléfono móvil, o simplemente si es simultánea a otras
tareas, algo que puede resultar una obviedad en tiempos transmediales, concepto que
más adelante desarrollaremos.
Un mito que se escucha muy a menudo repetir es que “ahora se lee menos” cuyo deber
nos compromete a fundamentar lo contrario y para ello recurrimos a la Encuesta
Nacional de Hábitos de Lectura2 presentada en el año 2012 (cifras que seguramente han
sufrido modificaciones a la fecha). En la unidad primera de dicho informe se afirma que
no sólo se lee más sino que también hay más lectores en nuestro país:

“En Argentina, la lectura es casi universal. La lectura, al menos de forma eventual y


durante poco tiempo, es una experiencia que viven o han vivido el 96% de los
argentinos”

No únicamente se lee más sino que se destaca la movilidad que se ha incorporado en tal
acto, con lo cual aquí yace el primer cambio en la forma del consumo teniendo a la
pantalla como vector de la información o mensaje a transmitir. La noción de movilidad
conduce a reconocer y a valorizar el carácter activo de la persona móvil (Amar 2011).
El paradigma de la movilidad es muy potente en estos términos, a tal punto que muchas
de las actividades de la vida cotidiana se realizan en movimiento y en “no lugares”
(Augé 1993).
Retomando lo abordado por el autor francés, “…la movilidad no es más un atributo
accidental o circunstancial (soy a veces móvil y a veces no), sino más bien un atributo
esencial. ¡Somos homo mobilis!” (Amar 2011, p. 39).
También nos resulta importante destacar que tanto los libros como la lectura no sólo han
sufrido transformaciones en este tiempo epocal, a lo largo de su propia historia algo que

2
Investigación llevada a cabo por el Consejo Nacional de Lectura en el año 2011

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
las caracteriza es la disruptividad que acompaña a los procesos socioculturales. Además,
el texto fue dinamizado, pasando de lo instrospectivo, contemplativo a lo sonoro, de lo
continuado a lo espaciado, de carecer de puntuación a incluirse signos, hasta las nuevas
formas de escritura donde se observan abreviaciones y simbolismos que incluyen íconos
propios de las conversaciones vía celular. Aparecieron otros lenguajes y otros códigos
de comunicación, que exceden a la cultura letrada.
Lo señalado previamente es apenas la punta del iceberg que se visualiza en el océano de
la lectura, donde inevitablemente cabe incluir a la escritura como forma de participación
activa de los lectores/usuarios en los contenidos. No podemos divorciar, como
históricamente se ha hecho, a la lectura de la escritura, basando nuestra afirmación en
las diferentes experiencias de consumo cultural cuyo valor sobresaliente es la
participación e interacción.
El advenimiento de la web no sólo estimuló la lectura sino que también fortaleció el
texto con los hipotextos, hipertextos y la inclusión de otros lenguajes como el sonoro y
el visual. El libro, el que tradicionalmente conocemos bajo el formato impreso es
fácilmente sustituible por una pantalla, su contenido no pero si puede modificarse a
gusto (en las plataformas digitales).
La omnipresencia de estos dispositivos podríamos decir que son bajo el formato 24/365
(las 24 horas de los 365 días del año). “Para conectarnos y comunicarnos, para
informarnos, para controlarnos, para vigilarnos, para entretenernos (otra forma de
vigilancia) en todas partes y en todo momento siempre hay una pantalla encendida
cerca…” (Levis 2011, p. 3).
Conceptos como recepción social activa, espacios participativos, lectura social,
booktubers, no resultan tan extraños aunque para la industria del libro no sean temas de
interés, ya que no se observan estudios cuya pregunta de investigación vertebradora sea
¿cómo se lee?. A partir de allí podemos inferir que las unidades vendidas del bien
cultural libro no representa la realidad de dicha industria.
Tal y como hemos podido observar a lo largo de diferentes seminarios de maestría, el
crecimiento numérico de pantallas aumentan el volumen de la lectura y la escritura
aunque no sean en medios impresos. Encontramos plataformas visuales a las que no

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
dejamos de mirar con atención (y sin ella también), fusionando caracteres, palabras,
imágenes y sonidos, con elementos interactivos que dinamizan los contenidos.
De todas maneras no podemos simplificar o reducir nuestra mirada de forma
determinista como suele ocurrir, argumentamos la postura con aquello que se indica en
el documento “Nueva agenda por el libro y la lectura recomendaciones para políticas
públicas en Iberoamérica”3 de la CERLALC4, que existen al menos cuatro factores que
influyen en la evolución de la lectura, entre ellos la sobreestimulación (de mensajes y
contenidos), la multimediatización de los contenidos, la pérdida de significación de los
contextos de lectura y el comportamiento social de los lectores.

Nuevos lectores, nuevas prácticas


El título provocador nos conduce hacia una de las aristas más interesante planteadas al
inicio de este texto ¿cómo se lee?, es decir cómo es el comportamiento social de los
lectores. En un mundo cada vez más hiperconectado no es posible imaginar a las
personas fuera de este sistema, donde la lectura se solapa con otras acciones como la
búsqueda de información complementaria en la red, la socialización con otros pares
también de forma virtual y la participación activa (por ejemplo en el armado de listas
personalizadas en las plataformas audiomusicales). Gracias a la interactividad el usuario
puede interactuar con el medio digital para elegir su propia trayectoria y combinar los
recursos a su disposición para obtener la función informativa deseada (Igarza 2008).
Por otra parte, supongamos que un lector quisiera trasladar toda su biblioteca personal
cuando se toma vacaciones, por si en su descanso en algún lugar desea leer y no sabe
qué libro (o cualquier otro formato) seleccionar, evidentemente no estaría dentro de sus
posibilidades hacerlo. Esa realidad ya no es tal, ya que actualmente entran muchos miles
de documentos y libros en un smartphone o tablet, en pocas palabras la portabilidad
dejó de ser un problema.

3
Nueva agenda por el libro y la lectura: recomendaciones para políticas públicas en Iberoamérica.
Documentos Cerlalc, Colombia, año 2013.
4
Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe

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En otro aspecto, nuestra sociedad presenta una tensión entre el ocio y la producción con
límites difusos, donde los usuarios de tecnologías móviles aprovechan la movilidad para
el acceso a información, comunicaciones interpersonales y espacios de entretenimiento.
La vida se ha digitalizado y los bits abundan, ya sea en forma de medios como de
contenidos multimedia. Al respecto adherimos a la afirmación que “el dispositivo móvil
como tecnología espacial: de entre todas las TICS conocidas, la telefonía móvil es la
que potencialmente tiene más impacto directo en el uso y navegación de los espacios
urbanos” (Igarza 2008, p. 27).
Continuando con la misma reflexión, el uso de los mencionados dispositivos es, por
escala e impacto (social, cultural y económico) de mayor envergadura que la tecnología
en sí misma, es decir superan las afirmaciones que evocan los reduccionismos y
determinismos. Lo que interesa es evaluar y entender como las personas se apropian,
entienden y se relacionan con esos objetos y como estos influyen en sus
comportamientos. Principalmente, las esferas afectadas, como se mencionó antes, son
las del trabajo y el ocio, pero específicamente en la organización del tiempo y espacio,
vinculados al consumo y al movimiento, individual, fragmentado y participativo.
Aunque tradicionalmente se asocia a la lectura con los momentos de ocio, como
anteriormente describimos se sabe que en la faz del trabajo también se lee, actualmente
se entrecruzan nuevas formas que alternan ocio y producción, especialmente se insertan
en los intersticios de la vida social, en los desplazamientos y los tiempos de espera.
La lectura es experiencia y eso los lectores lo valoran junto a la emoción que ello
genera, distribuyendo su temporalidad en consumos de entretenimiento, formación
(educación y conocimiento) y producción. Todo enriquece la experiencia del
usuario/lector y contribuye al incremento de la práctica lectora, sin discriminar
formatos, géneros ni dispositivos, que vendrían de la mano del momento, la
conveniencia y la disponibilidad (también deberíamos señalar como factores
importantes la energía eléctrica y la conexión a la web).
Cabe destacar que aun cuando la tecnología ha impactado socioculturalmente a un
vasto sector de la población mundial, un segmento significativo sigue quedando al
margen de estas condiciones, siendo la falta de conectividad a las redes, la ausencia de

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bibliotecas y librerías, características superfluas si no se poseen las necesidades básicas
insatisfechas. Bajo estas condiciones de vulnerabilidad es donde sobresale la lectura
tradicional, con libros impresos y vinculados a planes gubernamentales. El desafío yace
en estimular y potenciar tales hábitos, enriqueciendo las experiencias de consumo
cultural, especialmente el vinculado a la lectura en su más amplio sentido, ya que este es
un sistema de inclusión social.
Si prestamos atención a las cifras difundidas por la encuesta de lectura citada hace
algunas líneas, en el período comprendido del año 2001 al 2011 la lectura creció en casi
todos los formatos, papel y/o pantalla; el crecimiento mayor lo experimenta éste último.
A continuación el gráfico completo:

Fuente: Encuesta Nacional de hábitos de lectura 2011 (Consejo Nacional de Lectura)

Algo que es muy interesante y contrariamente a lo que podríamos suponer, la lectura en


pantalla no atenta en contra de la lectura en papel, esta paradoja conlleva un crecimiento
de la misma. Ambos formatos se potencian entre sí, donde los máximos beneficiados
son los lectores/usuarios (socialmente hablando, excluyendo las variables económicas

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de este simple análisis). Estamos en condiciones de afirmar que actualmente se leen más
diarios, más revistas y por supuesto más libros que en la época pre-pantallas digitales.
Lo importante no es el soporte sino la Lectura (con mayúsculas).
Retornando a las formas que adopta la práctica lectora, observamos que mucho tiene
que ver con los contextos y que indudablemente esto es un aporte a la civilidad, el
empoderamiento y la participación ciudadana, aristas fundamentales en clave
democrática.
Cualquier tipo de lectura genera construcción de significado y sentido, aportando a la
subjetividad y operando en la apropiación de cultura. En el mismo orden, la mencionada
socialidad inevitablemente implica leer y escribir, de otro modo, son dos caras de la
misma moneda. “La intermediación de las pantallas se superpone y de forma creciente,
reemplaza a la experiencia directa, adquiriendo un papel cada vez más preponderante
en la construcción de nuestra subjetividad personal y social y en el modo en que nos
relacionamos con nuestros semejantes, con nosotros mismos y con la realidad física”
(Levis 2011, p. 4).
Por último y no por ello menos importante, es menester destacar el concepto de
Transmedia cuya definición Igarza señala:
“El transmedia procura construir una experiencia inmersiva mediante extensiones
del relato de forma de generar un ámbito narrativo envolvente”5

Es claro que no se trata de repetición de contenidos, es información complementaria,


diversa, en otros lenguajes y que enriquece la experiencia del lector. No se trata de un
consumo lineal como puede ser bajo el formato tradicional libro impreso, donde existe
un inicio y un final, en el transmedia los límites se trascienden (materiales, espaciales,
temporales y estéticos). Pero no es un fenómeno puramente actual, esta característica
siempre existió, sólo que ahora hay sobreproducción y sobreoferta que potencian tal
particularidad (aunque también contribuyen a la invisibilidad).

5
Roberto Igarza. Material de clase Maestría en Industria Culturales, Universidad Nacional de Quilmes,
año 2014.

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La transmedialidad está vinculada a la denominada “economía de la atención”, algo por
lo cual las industrias culturales realizan sus mayores esfuerzos para retener o captar
nuevas audiencias en distintos contextos y momentos, bajo un sistema que por sobre
todas las cosas, premia al éxito (cantidad de likes, seguidores, fans, contactos,
interacciones, hashtags, etcétera).
Algunos de los rasgos sobresalientes de este tipo de contenidos son la no linealidad, la
inmediatez, la ampliación/profundización de la información, la ubicuidad, la
desintermediación y por supuesto la participación de los usuarios/lectores. “La
transmedialidad puede adoptar formas muy diversas y complejas. Sintéticamente y en
sentido amplio, consiste en extraer el máximo de valor de cada soporte o canal y de la
relación entre estos, reconociendo a cada uno sus especificidades”.6

Se trata de un contenido que no es estable, que responde a la diversidad de contextos,


donde surgen intervenciones cruzadas y que aportan a la experiencia de lectura (y al
consumo de cultura en general). No es una obra u historia terminada, son varias que se
desarrollan de forma simultánea, como si se tratase de la serie de libros juveniles “elige
tu propia aventura”, es una recepción activa. Lo expansivo de la estrategia lectora
transmedial podría implicar múltiples formas de apropiación por parte de los lectores.

6
Ídem nota 3

10
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Reflexiones

Actualmente, los distintos soportes tecnológicos principalmente móviles, donde se

destaca la denominada cuarta pantalla (aludiendo a la telefonía celular), ofrecen a los

lectores/usuarios la posibilidad de acceder a cada vez más contenidos personalizados a

medida, aunque es menester mencionar que todo depende de las condiciones de acceso,

disponibilidad y recepción, donde sus características pueden verse modificadas de

acuerdo a los contextos. Podemos afirmar que no se lee más en un único soporte, es

anacrónico y obsoleto pensar de esa forma pre-digital. Esta dinámica, donde se destaca

la innovación tecnológica, fomenta una subjetividad especial, una forma de concebir el

mundo, impensada hace no muchos años. La vida cotidiana no es la misma, ha

cambiado la organización del tiempo y el espacio, las experiencias de lectura tampoco

son concebidas como tradicionalmente han sido, están vinculadas al consumo y al

movimiento, individual, fragmentado y participativo.

Los contenidos especiales que se consumen mayoritariamente son los microcontenidos,

pequeñas producciones listas para ser consumidas como un caramelo masticable, en el

lugar y a la hora que se desea. Aquí importa la longitud y la adaptación de los formatos

para poder ser reproducidos en los dispositivos móviles, un género que también tiene

sus ejemplos en los textos escritos o nanorelatos. Como nunca antes, los contenidos

breves son ajustados y compatibles con las estructuras tecnológicas actuales, además lo

multimedial exagera el efecto sorpresa haciendo más proclive su consumo inmediato.

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Las brevedades se pueden observar no sólo en la industria del libro, también en la

audiovisual y musical, en la descarga de canciones, capítulos de libros y en el visionado

de movisodios, webisodios o webseries, entre otras producciones culturales.

El consumo cultural estará vinculado a la intersección entre Internet y la telefonía

móvil, con formatos específicos, tamaños breves, tiempos acotados y disponibles en las

transiciones que la vida social impone. Como justificación podemos aludir a que las

terminales móviles acompañan de forma permanente a los usuarios, teniendo a

disposición todo el tiempo, de manera rápida y fácil la posibilidad de acceder a un

interminable listado de contenidos (libros, música, noticias, informes, vídeos, imágenes,

etc.).

El dinamismo de tales comportamientos sociales, amplificados por el solapamiento de

medios que utilizan como vector informacional a las pantallas, responde a una tríada

compuesta por narrativas (lenguajes propios), tecnologías y participación social elevada.

Tal como observamos en distintas fuentes utilizadas en este breve escrito, estamos en

condiciones de sostener que en la actualidad se entremezclan la lectura y la

comunicación, la lectura y la escritura, la intimidad y el compartir, el acto cognitivo de

aprender y de comunicar, teniendo como estandartes a la brevedad y la inmediatez como

parte del universo mediático que nos envuelve y obsesiona, donde la lectoescritura es

imprescindible.

Para no dar por cerrada la discusión analítica, resaltamos una inquietud expresada en el

informe de la CERLALC “Esos nuevos escenarios requieren actualizar las

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alfabetizaciones, evitando divisiones que en las prácticas sociales no se dan”7. Urge

concebir a las prácticas educativas en consonancia con las prácticas de consumo

infocomunicacional que en la sociedad actual impera. Es necesaria la implementación

de políticas de lectoescritura que favorezcan la interacción social y la expresión creativa

para poder superar la tradicional forma de concebir a la lectura y la escritura como dos

cajones de un mismo mueble. Tal concepción fue y sigue siendo un mecanismo de

exclusión social del sistema educativo que aún presenta rasgos de desarticulación y sin

contener a los nuevos alfabetos y saberes (nuevas modalidades de leer y escribir que las

diversas plataformas y dispositivos tecnológicos permiten para expresarse y participar).

Un párrafo destacado pertenece al ejercicio de las prácticas de lectura y escritura que,

sobrepasan a la cultura letrada y por ende a su escritura, ya que en la sociedad actual las

tecnologías permiten concebir a distintos colectivos sociales sus propios relatos e

historia, recuperando oralidades, sonoridades y visualidades.

Solo si aceptamos una nueva sensibilidad colectiva, se puede hablar de cambios

políticos en la lectoescritura actual.

Lic. Emanuel Pagés


Enero de 2016

7
Idem nota 3, página 62.

13
Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]
Bibliografía consultada

 Amar, George. “Homo mobilis. La nueva era de la movilidad”. Editorial La


Crujía, Buenos Aires, Año 2011.
 Augé, Marc. "Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la
modernidad". Editorial Gedisa. Año 1993
 Igarza, Roberto. “Burbujas de Ocio. Nuevas formas de consumo cultural”.
Editorial La Crujía, 2009.
 Igarza, Roberto. “Nuevos Medios”. Editorial La Crujía, año 2008.
 Levis, Diego. “El mundo en sus pantallas” Año 2011. Artículo publicado en
[Link]

Informes y documentos

 Nueva agenda por el libro y la lectura: recomendaciones para políticas públicas


en Iberoamérica. Documentos Cerlalc - Unesco, Colombia, año 2013.
 Encuesta Nacional de Consumos Culturales, año 2013. Ministerio de Cultura
de la Presidencia de la Nación Argentina.
 Encuesta Nacional de hábitos de lectura. Síntesis de resultados. Año 2011.
Investigación del Consejo Nacional de Lectura de Argentina.
 Metodología común para explorar y medir el comportamiento lector. El
encuentro con lo digital. Documentos Cerlalc – Unesco, Colombia, año 2014.

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Lic. Emanuel Pagés | @emanuelpages | [Link]

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