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Vida y Muerte: Un Viaje Espiritual

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Cuando llegas a este mundo y comienzas tu vida, también comienzas tu viaje

hacia lo desconocido, pero no viajas solo, ella se mueve contigo, lentamente pero
nunca se detiene, a donde quiera que vayas, por cualquier camino que elijas te
seguirá y nunca se detiene, correrás y te fatigarás, ella no y cuando por fin decidas
parar, cuando ya no tengas la fuerza de seguir corriendo, notarás una segunda
sombra junto a ti, entonces tu vida habrá terminado. Pero en realidad tu viaje no
ha acabado aquí, pues es solo el despertar hacia un nuevo comienzo de regreso a
casa.

La vida y la muerte, dos caras de una misma moneda, dos historias contadas de ti
mismo. La vida es el camino que todos recorremos en un día soleado cuesta
arriba, en un día de lluvias y tormentas o con un cielo sereno, con sus alegrías y
sus frustraciones, lo bueno y malo, lo dulce y amargo, pero al final de este camino
la muerte, paciente espera, no se fatiga y no se detiene. No temas caminar por la
vida, hay algo en ti que te da la fuerza para seguir adelante e ilumina tu camino,
guía tus pasos y te da la certeza. La vida es un regalo de Dios, un breve instante a
un segundo de la eternidad.

“Voz que decía: Clama. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda
carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.” Isaías 40:6.

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó
el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más. Pero la misericordia de
Yehováh es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su
justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se
acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.” Salmos 103:15-18.

Toda historia tiene un comienzo, ¿pero nuestra historia cuándo comenzó? Desde
que llegas a este mundo comienzas tu vida, te empiezas a formar en el vientre
materno a partir de una diminuta célula la cual se habrá de dividir muchas veces
antes de diferenciarse en los varios órganos y tejidos que formarán tu cuerpo, y
cuando este proceso se haya completado, entonces verás la luz del Sol, habrás
nacido. En el libro del profeta Jeremías leemos lo siguiente:

“Vino, pues, palabra del Eterno a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre
te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”
Jeremías 1:4-5.

Dios le hace saber a Jeremías su propósito desde antes de que fuera concebido
en el vientre de su madre. Así como él, cada uno de nosotros nace con un
propósito en esta vida y no es por suerte del destino encontrarnos en este mundo.
Para muchos este sentido de la vida se ha perdido, ya sea por los afanes de este
mundo o la adversidad del momento, el pensamiento de éstos es: “Comamos y
bebamos que mañana moriremos.” En el libro de Sabiduría leemos referente a
ello:
“Razonando equivocadamente se han dicho: Corta y triste es nuestra vida; la
muerte del hombre es inevitable, y no se sabe de nadie que haya vuelto de la
tumba. Nacimos casualmente, y luego pasaremos, como si no hubiéramos
existido, pues nuestro aliento es como el humo, y el pensamiento, como una
chispa alimentada por el latido de nuestro corazón. Cuando esta chispa se
apague, el cuerpo se convertirá en ceniza, y el espíritu se desvanecerá como aire
ligero. Con el paso del tiempo, nuestro nombre caerá en el olvido, y nadie
recordará nuestras acciones. Nuestra vida pasará como el rastro de una nube
y se desvanecerá como neblina perseguida por los rayos del Sol y vencida por su
calor. Nuestra vida es como el paso de una sombra; cuando llega nuestro fin, no
podemos regresar.

El destino del hombre queda sellado; nadie puede ya volver atrás. ¡Por eso,
disfrutemos de los bienes presentes y gocemos de este mundo con todo el ardor
de la juventud! ¡Embriaguémonos del vino más costoso y de perfumes! ¡No
dejemos pasar las flores de la primavera! Coronémonos de rosas antes de que se
marchiten; que en nuestras orgías no falte ninguno de nosotros. Dejemos por
todas partes huellas de nuestra alegría: ¡eso es vivir; para eso estamos aquí!
¡Aplastemos al hombre honrado que no tiene dinero; no tengamos compasión de
la viuda, ni respetemos las canas del anciano! Que la fuerza sea para nosotros la
norma de la justicia, ya que la debilidad no sirve para nada. Pongamos trampas al
bueno, pues nos es molesto; se opone a nuestras acciones, nos reprocha que no
cumplamos la ley y nos echa en cara que no vivamos según la educación que
recibimos.

Dice que conoce a Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un reproche a
nuestra manera de pensar; su sola presencia nos molesta. Su vida es distinta a la
de los demás, y su proceder es diferente. Nos rechaza como a moneda falsa, y se
aparta de nuestra compañía como si fuéramos impuros. Dice que los buenos, al
morir, son dichosos, y se siente orgulloso de tener a Dios por padre. Veamos si es
cierto lo que dice y comprobemos en qué va a parar su vida. Si el bueno es
realmente hijo de Dios, Dios lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos.
Sometámoslo a insultos y torturas, para conocer su paciencia y comprobar su
resistencia. Condenémoslo a una muerte deshonrosa, pues, según dice, tendrá
quien lo defienda. Así piensan los malos, pero se equivocan; su propia maldad los
ha vuelto ciegos. No entienden los planes secretos de Dios, ni esperan que una
vida santa tenga recompensa; no creen que los inocentes recibirán su premio. En
verdad, Dios creó al hombre para que no muriera, y lo hizo a imagen de su propio
ser; sin embargo, por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la sufren
los que del diablo son.” Libro de Sabiduría capítulo 2.

La muerte entró al mundo por la envidia de Satanás al hombre, pues como


sabemos, Dios hizo al hombre a imagen y semejanza suya con un gran propósito.
En el libro de Melquisedec, La historia del Universo, leemos que Luzbel,
codiciando el trono de Dios, convocó a una rebelión en los cielos y se creó un
conflicto cósmico. Él y sus seguidores demandaban que el reino les fuera
entregado, ya que Satanás los había convencido de que Dios actuaba con tiranía.
Previendo esta rebelión, Dios ya tenía elaborado un plan de rescate y con esta
finalidad fue creada la Tierra donde se desarrollaría dicho plan. Así develó el
misterio que se escondía en las tinieblas, la recreación de la Tierra tuvo lugar,
pues ésta se encontraba desordenada y vacía a causa del juicio de Luzbel y sus
ángeles de rebelión. Dios creó entonces la luz material a partir de su Luz espiritual
y dio vida al nuevo mundo, separó las aguas y creó el firmamento, descubrió la
tierra seca; creó la vegetación, luego los cuerpos celestes; creó los animales del
mar, del cielo y de la tierra y en el sexto día creó al hombre. Junto a la fuente del
río de la Vida, el Eterno se arrodilló y, con los elementos naturales de la Tierra,
comenzó a moldear, con mucho cariño, una criatura especial. Después de algunos
instantes, estaba extendido delante del Creador el cuerpo, aún sin vida, del primer
hombre.

El Eterno lo contempló y, después de acariciarle la cara fría y descolorida, sopló


en su nariz el aliento de vida. Como despertando de un sueño, el hombre abrió los
ojos y contempló la dulce faz de su Creador y por haber nacido de la tierra, el
primer hombre recibió el nombre de Adán. Con admiración, contempló el monte
Sión el cual estaba coronado por un arcoíris y desde el cual brotaba el río de la
Vida, en una cascada de luz. En sus pasos, siguió el curso del río cristalino, que
deslizaba sereno en medio de las maravillas del Edén. Pero Adán se sentía solo
en medio de aquel paraíso y el Eterno se presentó a su lado y le hizo caer en un
profundo sueño. Cuando Adán despertó y abrió sus ojos, se emocionó al
contemplar una linda mujer que era la promesa del Creador.

Habiendo designado al hombre toda la creación, le cubrió con el manto real,


colocándole sobre su cabeza la corona que había sido codiciada por Lucifer.
Después el Eterno, comenzó a concientizarlo de su gran propósito, a su cuidado
estaba el paraíso y las leyes de amor y justicia que eran el fundamento del Reino
de la Luz. El hombre, por la voluntad del Eterno, fue hecho el árbitro de la
creación; en su glorioso ser, hecho a imagen del Creador, resplandecía el sello del
dominio eterno. El Creador los concientizó del conflicto espiritual que se libraba.
Luzbel, que por incontables eras había servido al divino Rey en Sión, había sido
corrompido por el orgullo y por el egoísmo, siendo seguido por un tercio de las
huestes celestiales; buscaban ahora destronar al Eterno, deshonrándolo con viles
acusaciones. Habiendo revelado al ser humano la dolorosa situación en que el
Universo se encontraba, el Eterno les mostró dos árboles que se elevaban en
ambas orillas del río que nacía del trono. El árbol de la Vida y el árbol de la ciencia
del bien y del mal. Bastaría un error humano para que Satanás tomara el dominio
de la Creación y así buscó, con ingeniosidad, formular un plan. El destino del
Universo estaba por ser determinado.

Los ángeles habían recordado a Adán y Eva que el reino les había sido confiado
como un sagrado depósito y deberían ser firmes ante las insinuaciones del
enemigo, pues así sellarían la eterna victoria del Reino de la Luz, y la Jerusalén
Celestial podría ser trasladada a la Tierra, donde permanecería para siempre.
Satanás vio aproximarse al paraíso a los mensajeros y oyó el canto del hombre
prometiendo una eterna victoria.
Ese cántico hizo que su envidia y odio aumentara de tal manera que no los podía
contener y sin perder tiempo, se posesionó de una serpiente, la más bella del
paraíso, haciéndola aproximarse graciosamente a Eva, su cuerpo reflejaba los
colores del arco iris. Habiendo ganado su confianza comenzó a atraerla para que
estuviera junto al árbol de la ciencia del bien y del mal. Sus palabras eran llenas
de sabiduría y ternura, su voz como la de un ángel. Eva asombrada por su gran
conocimiento le preguntó: ¿Dónde está la fuente de tu tan gran saber? pues
quiero también poseerla. Sin perder tiempo, Satanás, señalando hacia el árbol de
la ciencia del bien y del mal, respondió: Allí está la fuente de todo mi saber.

Ciertamente el Eterno les prohibió comer de ese árbol para impedir que el hombre
llegue a recibir como Él, conocimiento de todas las cosas. ¿No dijo el Eterno que
si alguien tocase ese fruto moriría? Un completo silencio reinaba sobre el
Universo, los hijos de la luz contemplaban impotentes aquella escena. Eva había
resuelto romper para siempre con el Creador, tornándose cautiva de la muerte.
Adán llegó a donde se encontraba su compañera y comprendiendo lo ocurrido
consintió en su corazón no dejarla sola en esto, tomó entonces de las manos de
Eva un fruto y, en un gesto precipitado, lo llevó a la boca. El Eterno, que vencido
por el infinito dolor se había postrado en llanto ante la caída del hombre, no
estaba, empero, sorprendido. Incluso antes de crear el Universo ya había previsto
ese triunfo de la rebeldía y, en su sabiduría y amor, había idealizado un plan de
rescate que lo implicaría en un inmenso sacrificio. La historia del Universo
capítulos 3 y 4 (resumen).

Vemos aquí en un cuadro maravilloso el plan original de Dios para el hombre. Su


propósito en este mundo para regir junto a Él un Reino de Luz eterno, pues como
está escrito en la Biblia, somos la corona de su creación. En el salmo 8 leemos lo
siguiente:

“¡Oh Eterno, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la Tierra! Has
puesto tu gloria sobre los cielos; de la boca de los niños y de los que maman,
fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al
vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la Luna y las estrellas que tú
formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del
hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo
coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las
bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa
por los senderos del mar. ¡Oh Eterno, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre
en toda la Tierra!”

Sin embargo ahora somos una raza caída, pues nuestros padres Adán y Eva
fueron despojados de su gloria original, de la cual gozaban como seres de luz ante
el Creador, y a causa de la transgresión del mandato de Dios en el jardín del Edén
fueron transformados y sobrevino la muerte al género humano. En el primer libro
de Adán y Eva vemos esta descripción:
“En el tercer día de la Creación, Dios plantó el jardín del Edén en la parte oriental
de la Tierra, en la frontera del mundo hacia el Este, más allá de donde sale el Sol
y donde se encuentra nada más que agua, que abarca todo el mundo, y llega a las
fronteras de los cielos. Y al norte del jardín hay un mar de agua, clara y pura para
el paladar, a diferencia de cualquier otra cosa, a fin de que, a través de la claridad,
uno pueda ver en las profundidades de la Tierra. Y cuando un hombre se lava a sí
mismo en ella, se convierte en limpio en su limpieza, y blanco en su blancura,
incluso si fuera oscuro. Y Dios creó ese mar a su buen parecer, porque Él sabía lo
que el hombre haría, y así una vez salido del jardín, con motivo de su
transgresión, los hombres deberían nacer en la Tierra. Entre ellos se encontrarán
los justos que van a morir, y cuyas almas irán a Dios, y regresarán en el último día
y volverán a su carne, y se bañarán en las aguas de ese mar, y se arrepentirán de
sus pecados.” Capítulo 1 versos 1-4.

“Sin embargo, cuando nuestro padre Adán y Eva, salieron del jardín, caminaron en
la Tierra con sus pies, sin saber que estaban caminando. Y cuando llegaron a la
apertura de la puerta del jardín, y vieron la amplia extensión de tierra ante ellos,
cubierta con piedras grandes y pequeñas, y con arena, temían y temblaban,
cayendo sobre sus rostros, por el temor que les sobrevino, y quedaron como
muertos. Dado que hasta este momento habían estado en la tierra del jardín,
bellamente plantado con todo tipo de árboles, ahora veían a sí mismos, una tierra
extraña, que no conocían y nunca habían visto. Además se encontraban en el
jardín, llenos de la gracia y de una brillante naturaleza, y no habían vuelto sus
corazones hacia las cosas terrenales. Por esto, Dios, tuvo piedad de ellos, y
cuando los vio disminuidos ante la puerta del jardín, les envió su Palabra a nuestro
padre, Adán y a Eva, en su estado caído.” Capítulo 2.

“Sin embargo, Adán y Eva lloraron por haber salido del jardín, su primera casa. Y
de hecho, cuando Adán miró que su carne fue alterada, lloraba amargamente
junto con Eva, por lo que habían hecho.” Capítulo 4 versos 1-2.

“Y el Señor dijo a Adán y a Eva: Ustedes han transgredido por su propia y libre
voluntad, y salieron del jardín en el que yo los había colocado. Por su propia y libre
voluntad han transgredido a través de su deseo por la divinidad, la grandeza, y un
estado exaltado, como el que tengo, así que yo les privé de la naturaleza brillante,
que entonces tenían, y los hice salir del jardín, a esta tierra, áspera y llena de
problemas. Si tan sólo no hubieran transgredido mi mandamiento y hubiesen
guardado mi derecho, y no hubieran comido del fruto del árbol que les dije que no
comieran, pues habían árboles frutales en el jardín, unos mejores que otros. Pero
el malvado Satanás no mantuvo su fe y no tenía buenas intenciones hacia mí, y a
pesar que yo lo había creado, me consideró inútil, y solicitó la Divinidad para sí
mismo; por esto yo lo arrojé del cielo, pues ya no podía permanecer en su primera
morada. El fue el que hizo el árbol agradable a sus ojos, hasta que comieron,
creyendo en sus palabras.” Capítulo 6 versos 4-7.
“Entonces el Señor Dios dijo a Adán, Cuando estaban sometidos a mí, ustedes
tenían una naturaleza brillante por dentro, por esta razón podían ver las cosas
celestiales. Pero después de su transgresión, su naturaleza brillante les fue
quitada y ya no pueden ver las cosas celestiales, solo lo que es de la Tierra y que
está al alcance de sus manos, la capacidad de la carne, que es brutal. Cuando
Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, referente a su camino, lo alabaron
y adoraron con un corazón triste. Y Dios se apartó de ellos.” Capítulo 8 versos 2-4.

“Y dijo Adán, después de haberse levantado, ¡Oh Dios!, mientras nosotros


estábamos en el jardín, no necesitábamos del agua, pero desde que vinimos a
esta tierra no podemos vivir sin ella. Entonces Dios dijo a Adán: Mientras ustedes
estaban en obediencia a mí y eran como un ángel brillante, no sabían de esta
agua.” Capítulo 10 versos 4-5.

“Entonces cuando Dios, que es misericordioso y lleno de piedad, escuchó la voz


de Adán, le dijo: ¡Oh Adán!, siempre, cuando el ángel bueno me era obediente,
una luz brillante recaía sobre él y sobre sus anfitriones. Pero cuando transgredió
mi mandamiento, yo le privé de ese carácter brillante, y se convirtió en oscuridad.
Y cuando él estaba en los cielos, en los reinos de la luz, él no sabía nada de
oscuridad. Pero él transgredió, y le hice caer del cielo a la Tierra, y esta oscuridad
es la que venía con él. Y tú, ¡oh Adán!, mientras estabas en mi jardín y eras
obediente a mí, la luz brillante de descanso era sobre ti también. Pero cuando me
enteré de tu transgresión, te privé de esta luz brillante. Sin embargo, por mi
misericordia, Yo no te convertiré en oscuridad, pero te he hecho un cuerpo de
carne, y te di una piel que pueda soportar el frío y el calor.” Capítulo 13 versos 1-7.

“Porque yo sabía que habría pecado y transgresión y que saldrías a esta tierra.
Sin embargo hablemos sobre tu caída y tu salida del jardín y tu entrada a esta
tierra. Te hice de la luz y he querido poner esto de manifiesto a los hijos de la luz y
a ti así como eres. Pero un día no se guardó mi mandamiento, después que había
terminado la creación y vi que todo era bueno y lo bendije. Entonces, en relación
con el árbol, yo te mandé que no comieras de él; sin embargo Satanás que es
engañador por sí mismo, te engañó a ti también. Yo te di a conocer la existencia
de este árbol, no para que te acercaras a él, y te dije que no comieras de su fruto,
ni que gustaras de él, ni aún que lo vieras atractivo ni codiciable. Pero si yo no te
hubiera dicho sobre este árbol, ni te hubiera puesto un mandamiento sobre él y
hubieras comido del fruto, habrías pecado, esto sería un delito mío por no haberte
dado una orden y toda la culpa sería solamente mía. Pero yo te mandé, y te
advertí y caíste. Así mis criaturas no pueden culparme y la culpa cae solo sobre
ellos.” Capítulo 13 versos 13-20.

En el capítulo 3 del libro de Génesis se narra que la serpiente dijo a Eva: No es


cierto que morirás, sino que Dios sabe que el día que coman del fruto de este
árbol serán abiertos sus ojos y serán como Dios, conociendo el bien y el mal. En
capítulo 28 del tercer libro de Enoc leemos acerca de este árbol:
“Floreciendo estaba este sombreado jardín con muchos árboles fragantes y
divinos, sus apariencias eran de variada belleza, como los colores de la Santa
Ciudad. El árbol del conocimiento del Bien y del Mal estaba allí en el medio del
mismo, parecido a un árbol de tamarindo cargaba frutos que se asemejaban a
uvas; su perfume se extendía a gran distancia; estaba rodeado por luz. ¡Cuán
hermoso es este árbol!, dije y cuán deleitable es su apariencia.

Uno de los gloriosos espíritus respondió: Este es el árbol del conocimiento del
Bien y Mal, del que las esencias que desean cambiar participan y ponen en orden
su trasmigración. Porque todos los espíritus que viven en el Universo son hechos
libres por Dios; son dotados con completa voluntad porque ésta no es una tierra
de esclavos. Así como la luz y la oscuridad están en el Cosmos, así también están
lo bello y lo bajo; aquellos que se inclinan, sean a uno u otro, son muy libres de
acuerdo a las eternas ordenanzas; y aquellos que desean solo lo bello se
abstienen completamente de los frutos de este árbol y asoleándose en el brillo del
Sol de lo divino, habitan satisfechos en celestial sueño.

Pero aquellos que desean obtener conocimiento, sea este bueno o malo, así como
muchos grandes hacen o han hecho, saborean el fruto de este árbol y entonces
pasan a otras condiciones, porque solamente así puede ser obtenido el
conocimiento. Pero grande es el precio que ellos pagan. La posesión de esta
gema es terrible. Los más altos espíritus delante del Trono no podrían jamás saber
qué es ser un hombre, hasta que hayan tomado sobre sí la condición de un
hombre y experimentado todas las fases del pensamiento de un hombre; por lo
tanto y para este fin por libre voluntad este árbol crece allí. Cualquiera que desee
alterar su condición, pruebe de este fruto y será hecho. Dios es el difusor de amor,
también de vida y de belleza, pero si la muerte no viene y hace un cambio, aun
estos podrían desgastarse al final.

Entonces levanté mis manos y di gracias al Santo y Grande: Bendito eres tú ¡oh
Señor, oh Rey! Y grande y santificada es tu majestad. Señor de todas las criaturas
de las esferas. Rey de reyes, Dios del solitario, cuyo reinado, cuya sabiduría, cuyo
amor, cuyas leyes permanecen a través de las edades. Para siempre perdurará tu
dominio y la renovación de tus espíritus a la luz, los cielos son tu Trono para
siempre, las estrellas no son sino tu bajo pedestal.

Tú conoces todas las cosas, tú escuchas todas las cosas ni hay algo en luz u
oscuridad que esté oculto de ti. Tú consideras las necesidades de cada criatura y
prestas atención de lo que puede satisfacerlas. Todo lo que tiende a la perfección
es lo que preparas para todos. No hay lugar en los cielos ni en la Tierra que no
manifieste tu amor sin límites. No hay vida a través del infinito que no participe en
tus amorosos pensamientos.”

En este mismo libro, tercero de Enoc, en el primer salmo (capítulo 6), se hace
mención de la caída del hombre:
“Da gracias al Señor, invoca su nombre; has conocer sus hechos entre el pueblo;
canta a Él; canta salmos a Él, comenta de sus asombrosas obras; gloríate en su
nombre santo; deja que se regocije el corazón de los que buscan al Señor. Busca
al Señor y su fuerza; busca su faz continuamente. Recuerda sus maravillosas
obras que Él ha hecho; sus maravillas y los juicios de su boca; Él es el Señor
nuestro Dios; sus juicios están en toda la Tierra, sé cuidadoso siempre de sus
convenios, la Palabra que Él ha mandado a miles de generaciones, diciendo: No
toques a mis ungidos y no hagas daño a mis profetas. Y cuando ellos fueron de
nación a nación, y desde un reino a otro pueblo, Él no soportó que ningún hombre
cometiera errores con ellos, sí, Él reprobó reyes por su causa.

Cante al Señor, toda la Tierra, muestra su salvación de día en día, declara su


gloria entre las naciones, porque grande es el Señor, y grande para ser alabado,
Él también es temido más que todos los dioses; gloria y honor están delante de su
presencia; fuerza y alegría están en su lugar; da al Señor, los reinos del pueblo, da
al Señor gloria y fuerza, da al Señor la gloria debida a su nombre, adora al Señor
en la belleza de la santidad. En otro tiempo fueron como espíritus delante de Él,
destellando en la belleza del Sol, pero ahora son una raza caída.

Tú suspiras detrás de los tronos dorados, tiembla, tu Tierra, el mundo también y


todo lo que está en él; alégrense los cielos, regocíjese la Tierra; que todo hombre
diga: El Señor reina; ruja el mar y la plenitud del mismo, regocíjense los campos y
todo lo que está en ellos. Entonces los árboles del bosque, cantarán y gritarán a la
presencia del Señor; a causa de que Él viene a juzgar la Tierra, y dar el esplendor
a los hijos de la Verdad. ¡Oh! Da gracias al Señor, porque Él es bueno, porque su
misericordia permanece para siempre.”

El plan de Dios en los últimos tiempos es restaurar la condición del hombre a su


estado original. Este mensaje es el evangelio, las buenas noticias que el Hijo de
Dios vino a dar a la Tierra. El plan de rescate prometido a Adán culminó con la
obra de redención llevada a cabo en la cruz por medio de nuestro Señor
Jesucristo. Él también nos vino a mostrar cómo sería ésta restauración.

“Si, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está
Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en
las de la Tierra. Porque han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, su vida, se manifieste, entonces ustedes también serán
manifestados con Él en gloria.” Colosenses 3:1-4.

Jesucristo dijo: “En verdad, en verdad les digo que si el grano de trigo no cae en
tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto.” Juan 12:24.

Nosotros somos como semillas en oscuridad dentro de la tierra, aguardando las


gotas de lluvia desde el cielo para renacer. Al respecto el apóstol Pablo dice lo
siguiente:
“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es
hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre
la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también
en Cristo todos serán vivificados.” 1 Corintios 15:20-22.

“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no
es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro
grano” 1 Corintios 15:35-37.

“Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción,


resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se
siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará
cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está
escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu
vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El
primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del
cielo.” 1 Corintios 15:42-47.

Jesucristo es el postrer Adán que vino a dar vida al género humano y quitar
aquella sentencia pronunciada en el jardín del Edén: “en el día que de él comas
ciertamente morirás”.

“Y Él les dio vida a ustedes, cuando estaban muertos en sus delitos y pecados, en
los cuales anduvieron en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los
hijos de desobediencia.” Efesios 2:1-2.

Todos tenemos que pasar por el proceso de la muerte, pero nuestra esperanza
radica en que si somos hijos de Dios resucitaremos como Él y tendremos un
cuerpo glorificado igual que Él, brillando en el cielo, en nuestra morada eterna
celestial.

“¿O no saben que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos
sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para
muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la
gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos
plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así también lo
seremos en la de su resurrección” Romanos 6:3-5.

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos


para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos
resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a
la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” Daniel 12:2-3.
“El anhelo del espíritu por ser libre anticipa la disolución; este mira hacia el Éter
Paraíso; él ansía saltar a la luz espléndida, liberarse del cuerpo mortal que es su
cadena. Así como el cuerpo del muerto cambia en nuevas formas de vida,
desarrollándose en césped, o flores o gusanos, aun así su espíritu, que es
inmortal, pasa a una existencia diferente de la que poseyó antes.” Tercer libro de
Enoc 16:102-103.

“En la Esfera del Paraíso de Dios hay una fuente rodeada por árboles de olivo y
palmas, el Sol se levanta en su seno; las estrellas doradas emergen de su zona
plateada, azules son sus brillantes aguas, de un azul profundo como los oscuros
ojos de un niño, y cuando su ondulación resplandece en la luz del Sol, es como
miles de deslumbrantes esmeraldas. ¡Oh peregrino de Dios! ¿Buscas tú esta
fuente? ¿Quisieras tú gustar sus dulces aguas? ¡Oh vagabundo de la Eternidad!,
sigue y yo te guiaré a ti a su verde soledad. He aquí el Sol va delante de nosotros
en nuestro viaje, el mismo Sol señala el camino. ¡Oh peregrino! No desmayes ni te
canses, la Fuente del Paraíso está a la mano.” Tercer libro de Enoc 16:113-143.

“Muchas son las mansiones en el Reino de los Cielos. Celestiales esferas más
hermosas que el Sol, donde los espíritus de amor divino habitan. Así tú puedes ver
los frutos sobre un amplio árbol, hay angelicales esferas de luz, más radiante que
la órbita del arcoíris en donde el amor de Dios es percibido, por todos aquellos que
son los habitantes de las mismas. Y a estas ascienden los espíritus de los
hombres, que pasan por la Tierra en pureza y verdad; quienes han aspirado al
saber de Dios, y han vestido sus almas en sabiduría” Tercer libro de Enoc 22:1-12.

“Entonces los espíritus ascienden a un glorioso Paraíso; allí hay árboles de infinita
belleza, verdes, sublimes y extensamente diseminados, floreciendo en miles de
flores. Y hay enramadas de delicioso verdor, y hierbas con la fragancia de la brisa
matinal, fuentes más puras que el cristal fluyen en melodía alrededor de esos
árboles e innumerables coros de angélicos espíritus más brillantes que la luz que
se desliza en medio del Paraíso. Respirando música, emanando belleza y
entrelazados como las constelaciones estelares. Miles de arcoíris relucen en el
firmamento y muestran sus muy brillantes colores.

Relámpagos vibran a lo largo del terreno, semejante a arroyos de agua corriente.


Las mansiones en esta Tierra Celestial, destellan con muchos tesoros, están
hechas de piedras preciosas. Están incrustadas con flores doradas, están
techadas y pavimentadas con diamantes que relucen irradiaciones con la forma
del Sol, las que cambian miles de veces en un minuto, más espléndidas que la luz
de la aurora. La belleza de estos palacios celestiales, está en armonía con la
belleza de los espíritus que en pureza habitan allí dentro, aspirando siempre por
más seráficos lugares.

En cuanto a la virtud es la más hermosa de todas las cosas, la trascendente


imagen de Dios en sí mismo. Por lo tanto, es agradable a las Leyes de Justicia
que esas mansiones sean dignas de los espíritus. Así son los palacios del Paraíso
magnífico; y no una vacía y vacante atmósfera.
Porque los habitantes de la hermosura celestial son de hermosura celestial
también. No pienses que el espíritu anda vagando al azar, como algún descuidado
supone, volando a través del aire vasto y vacío sin ningún propósito firme, y sin
ningún hogar seguro. Pero esta no es en verdad la condición de los benditos. Sus
palacios son majestuosas estructuras. Ellos tienen jardines, ríos y fuentes; y todas
las cosas están en armonía con su grandeza. Y algunos son de diamantes de
blanco nieve como la verdad; y algunos de transparentes esmeraldas como la
sabiduría para que el semejante a Dios viva en lugares semejantes a Dios, cuyo
esplendor es un símbolo de los habitantes. Así las Inteligencias de lo supra
celestial comprenden a una mirada los atributos de los habitantes, por el brillante
aspecto de sus hogares y las apariencias que corresponde con esto.” Tercer libro
de Enoc 22:85-136.

Vemos aquí este cuadro sin duda maravilloso de las moradas celestiales para
aquellos que perseveren en fidelidad ante el Dios de todo el Universo. El mismo
apóstol Pablo no pudo describir las cosas de las cuales escuchó en el Paraíso
cuando fue llevado al tercer cielo.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al


Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación
nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el
cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Filipenses 3:20-21.

“No se turbe su corazón; creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi


Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo se los hubiera dicho; voy, pues, a
preparar lugar para ustedes. Y si me fuere y les preparare lugar, vendré otra vez, y
los tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, ustedes también estén. Y saben
a dónde voy, y saben el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas;
¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la
verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocen, también a mi
Padre conocerán; y desde ahora le conocen, y le han visto.” Juan 14:1-7.

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