EL ARTE EN LA EDAD DE LOS METALES:
ENEOLÍTICO, EDAD DEL BRONCE Y EDAD DEL
HIERRO
Los prehistoriadores actualmente, interpretan la difusión del Neolítico por occidente,
a través del Mediterráneo, desde oriente medio, en función de la escasez de metales en
estas regiones y en relación con las crecientes necesidades de exportación-
importación de materias primas minerales. Es decir, a medida que creció la demanda
de metales, al tiempo que los buscaban, se difundían las técnicas agríopecuarias. Fue
especialmente acuciante la necesidad de estaño, relativamente abundante en el Sur de
la península Ibérica y en las islas Casitérides (Islas Británicas). El estaño es
imprescindible para la fabricación del bronce, habida cuenta de que el bronce es una
aleación de cobre en un 75-85 % y estaño en un 25-15 %.
La necesidad de obtener e importar metales desarrolló mucho la navegación por el
Mediterráneo, las técnicas de explotación minera y la exportación de las técnicas de
trabajo agropecuario.
Etapas de la Edad de los Metales:
-Calcolítico: 5.000-2.500 a. de C. (Conocimiento del cobre y del oro martilleado).
-Edad del Bronce: 2500-1000 a. de C. (Cobre aleado con estaño)
-Edad del Hierro: 1200-800 a de C.
EL ENEOLÍTICO.
Desde el 5000 a. de C. hasta el 4.000 a. de C. se empiezan a encontrar instrumentos de
metal en los yacimientos arqueológicos, momento en que debemos hablar de Edad de
los Metales. Entre el V y el III milenio a. de C. la mayoría de los utensilios se siguieron
fabricando en piedra; sin embargo, en paralelo, empezó a darse una creciente
importancia al trabajo del cobre nativo, que fue el primer metal empleado por las
comunidades de homínidos del periodo neolítico. En griego la palabra cobre se dice
“KalkoV”, de modo que a la edad de los metales que está condicionada por el uso de
este metal se la denomina calcolítico.
Entre el año 5000 y el 2500 a. de C. las culturas neolíticas muy evolucionadas conocen
y trabajan el cobre y el oro, primero martilleado y claveteado en láminas y luego cocido
a horno y licuado. En este periodo, el metal se emplea más para fabricar objetos de
prestigio social que para crear objetos verdaderamente funcionales, en parte porque el
cobre es un metal muy dúctil, que se dobla y quiebra con cierta facilidad. Sólo en un
periodo del calcolítico avanzado se empezó a alear el cobre con otros metales
consiguiendo una mayor dureza y, en paralelo, se pudo dotar al objeto de una utilidad
más práctica, hasta que se consiguió una aleación de dureza y estabilidad notable, el
bronce, hacia el 2.500 a. de C. El uso del metal tuvo consecuencias socioeconómicas y
medioambientales sobresalientes. Para usar la madera como fuente de alimentación de
los hornos, se tuvieron que talar grandes masas boscosas, ganando tierras de cultivo y
de pasto. Así mismo, la madera se pudo usar de un modo más racional en la
arquitectura.
ENEOLÍTICO ANATOLIANO.
Apliques y adornos de cobre y de oro. Museo de las Civilizaciones, Ankara.
5000-2500 a. de C.
En la Edad de los metales se dieron los tres pasos técnicos fundamentales en el trabajo de los
metales:
-El primer paso es la técnica para la obtención del metal, es decir, su recogida.
-El ablandamiento de la masa metálica en hornos para hacerla útil.
-El trabajo de la masa ablandada para hacer con ella utensilios, armas y herramientas.
La obtención de los metales en la prehistoria se hacía sin demasiada organización. Se
buscaban los yacimientos a simple vista, buscando las manchas de color en la superficie
terrestre, a través de las cuales se determinaba la presencia de mineral. Localizado el
yacimiento, se abrían pozos y se arrancaba el metal en bruto con mazos de piedra, con picos
metálicos o con el método de la fricción por temperatura, es decir, haciendo hogueras junto a
las paredes y echando agua, de modo que el tránsito del calor al frío hacía estallar las rocas y
permitiera la cómoda extracción del mineral. Mucho más sofisticado es el uso de cuñas de
madera clavadas en la oquedad y humedecidas para estallar el bloque de roca. En la mayor
parte de las ocasiones el metal se encontraba y se extraía en vetas superficiales y en minas a
cielo abierto. Extraído el metal, era necesaria la separación de sus impurezas. El
procedimiento técnico consistía en hacer una primera fundición a pie de mina, denominada
reducción, al final de la cual se colaba el metal en un filtro de cantos rodados. Se obtenían así
lingotes o pastillas preparadas para ser llevadas al taller. El metal que quedaba el filtro tenía
baja calidad y se denomina escoria. Los yacimientos mineros se localizan por la escoria que
se encuentra en superficie.
LA EDAD DEL BRONCE.
Desde el 2.500 a. de C. hasta el 1.000
a. de C. se desarrolla la cultura del
bronce, que es una aleación de cobre y
estaño hecha en proporciones variables
de 1/5 de estaño y 4/5 de cobre.
El trabajo de ablandamiento, fusión y
licuación del bronce se consigue con
dos tipos diferentes de horno: El horno
excavado en el suelo, que recibe el
nombre de horno ibérico, crisol ibérico
u horno mediterráneo y el horno de
pared rocosa, denominado horno celta
u horno atlántico.
La licuación del bronce se consigue
cuando el horno alcanza la temperatura
entre el 830 y el 1200 ºC dependiendo
de la cantidad de estaño.
El ablandamiento de la masa metálica se hacía por dos procedimientos técnicos diferentes.
Una vez llegada la pastilla o lingote al taller, se procedía a su pulverización machacando el
metal para, seguidamente, proceder a su ablandamiento en el horno. En un primer momento
se usaban como hornos ciertas vasijas de arcilla, por ser material refractario. En la vasija
matriz de arcilla, se colocaba un lecho de carbón dentro del cual había un crisol de material
refractario con el metal. El lecho de carbón alcanzaba gran temperatura y el crisol permitía,
a través de un receptáculo, recoger el metal licuado. El uso de este tipo de horno implica
buenos conocimientos de alfarería.
El crisol celta o Atlántico es un horno de
fundición que se construía fabricando un
receptáculo en material refractario,
arcilla, normalmente aprovechando un
desnivel natural del terreno. En la base
del pozo se colocaba un canal o piquera y
un recipiente receptáculo para el metal
fundido. En el pozo se disponían
sucesivas capas de carbón y metal y una
tobera para insuflar aire y acelerar la
combustión del carbón. En este tipo de
horno se conseguían temperaturas muy
altas, el carbón se consumía y el metal se
licuaba, de modo que se producía la
fusión del cobre y el estaño.
El Crisol Ibérico o Mediterráneo es bastante parecido al crisol celta. Se construía horadando
la tierra y recubriendo el receptáculo dentro del cual iba a depositarse el metal y el carbón
con material refractario: arcilla. Dentro del crisol se colocaban sucesivas capas de carbón y
metal que, al iniciarse la combustión, con la ayuda de una tobera, alcanzan la temperatura
necesaria para ablandar el metal y para licuarlo.
Tanto el pozo celta como el crisol ibérico tienen ventajas e inconvenientes. El pozo celta
tiene la ventaja de que el metal puede ser recogido en un receptáculo y usado con rapidez y
seguridad, el inconveniente es que el canalillo siempre pierde temperatura y por tanto el
resultado final es una masa metálica poco dúctil. El crisol ibérico consigue una masa
metálica más blanda, el inconveniente es cómo recoger el metal sin quemarse, es decir,
exige una mayor pericia en el artesano.
Después de licuado el metal, se vertía por la piqueta o canal de salida del crisol sobre moldes
de piedra y se dejaba enfriar, de modo que quedaban perfectamente fabricados toda clase de
productos en serie.
Existen dos tipos de moldes:
-Molde univalvo, que consta de una sola pieza tallada en hueco con la forma del objeto que se
desea obtener y se cubre con tapa plana.
-Molde bivalvo, que se componía de dos piezas talladas en hueco que permitía fabricar piezas
mejor acabadas y trabajadas por las dos caras. El uso del molde bivalvo fue generalizado desde
el 1.200 a. de C.
Después de depositar el metal en el recipiente, se dejaba enfriar y endurecer en el molde y,
cuando estaba totalmente solidificado, se retocaba el objeto por el método del martilleado,
sobre el yunque, así se eliminaban las rebabas y se afilaban los bordes. El molde, una vez
usado, podía reutilizarse tantas veces como fuera necesario.
Hacha ritual de la Edad del Bronce,
Museo de Dublin.
Hachas de la Edad del bronce, Museo del
Castillo de Castle, Irlanda.
Espada de bronce y su molde, Museo de Dublín.
Molde de hacha de la la
Edad del Bronce y hacha
del Museo Arqueológico
de Sevilla.
Hacha de talón de la Edad del
Bronce, Museo de Bellas
Artes de Teruel.
Culturas de inhumación en posición fetal y
culturas de incineración o campos de hurnas.
Poblados neolíticos en Europa durante la Edad del Bronce.
El área del occidente europeo en la Edad del Bronce vivió un periodo de asentamiento
sistemático de comunidades de homínidos que, practicando la agricultura y la
ganadería, conocían la extracción del cobre y el estaño y la fabricación de objetos
trabajados con este sistema metalúrgico.
Desde el punto de vista arquitectónico erigen dos tipos de poblados:
a) Sobre tierra firme.
b) Sobre áreas lacustres.
Los poblados construidos sobre tierra firme disponen de casas fabricadas con zócalos de
piedra y alzados de madera, ocasionalmente protegidas por empalizada de madera a
manera de cerca amurallada sobre talud de tierra. Las chozas generalmente se edifican
ahondando en el suelo las habitaciones, de modo que están semi-excavadas y
semiconstruidas. Normalmente tienen un zócalo de piedras que sirve de cimentación,
bien en piedra, bien con un entramado de troncos de madera desvastados, verticales u
horizontales y estacas recubiertas de barro. El tejado que impermeabilizaba la choza
suele ser de brezo que ganaba impermeabilidad y consistencia con el humo de las
hogueras. Las chozas de planta circular u oval son características de la Europa
Atlántica, mientras que las chozas de planta cuadrada corresponden al ámbito
Mediterráneo y a sus áreas de influencia.
Los poblados construidos sobre áreas lacustres o de inundación necesitaban asentarse
sobre palafitos, es decir, sobre pies firmes de madera hincados en la arena, sobre los que
se establecía una plataforma horizontal, encima de la cual se construía la choza de
madera. Esta puede ser de planta circular-oval o rectangular. Este tipo de poblados son
abundantes en áreas pantanosas, arenosas o de litoral inestable por crecidas y estiajes,
en áreas donde el consumo de pescado jugaba un papel importante en la dieta (suelen
ser pueblos de pescadores) o en áreas donde abundaban los predadores salvajes, de
modo que al construirse los poblados sobre palafitos el agua constituía una barrera
natural protectora.
Trentino (Italia). Restos
de palafitos
descubiertos en la
turbera Fiavé.
Reconstrucción ideal de unas casas
neolíticas construidas sobre palafitos en el
Museo Ashmolean de Oxford.
Tanto en los poblados
La cerámica en la Edad del Bronce. construidos tierra adentro,
como en los palafitos, se ha
hallado una considerable
cantidad de restos
cerámicos de función muy
heterogénea: morteros,
tinajas, copas, vasos,
bandejas… tanto cerámica
de almacenaje, como
utillaje de mesa.
En lo tocante a la
indumentaria, se
encuentran agujas de coser,
alfileres y los primeros
botones, fíbulas para
abrochar mantos, hebillas
de cinturón y abundantes
adornos personales
Ajuar de cerámica del bronce antiguo
procedente de Gedikli (Turquía).
La sacralidad del ciervo en la Edad del Bronce.
Algunos animales adquieren una renovada significación religiosa en la Edad del bronce,
como por ejemplo los ciervos, símbolos de resurrección y vida eterna por la renovación
constante y anual de su cornamenta.
Ciervo de bronce con
chapado y ataujía de
plata, 52,5 cm. acaso
la cabeza de un
estandarte. Encontrado
en las tumbas reales
de Alacahöyüc,
Tumba B, 2.300-2.100
a. de C. Museo de las
civilizaciones
anatolianas, Ankara.
Sistro o sonajero
con representación
de una manada de
ciervos. Museo de
Ankara.
La cabra y el toro,
mantuvieron sus
simbolismos
vinculados a la idea
de fuerza y potencia
masculina en la Edad
del Bronce.
Toro de la cultura anatoliana de la
Edad del Bronce, Museo de Ancara.
La técnica del bronce posibilitó nuevas formas de expresión artística de las que es
magnífico ejemplo el carro del sol de bronce y oro, de 59 cm. de largo y 26 cm de
diámetro, encontrado en Trundholm, en Zealand, Dinamarca, clasificado dentro de la
Edad del Bronce hacia el 1.300 a. de C., conservado en el Museo Nacional de
Copenhague. Se trata de un bronce fundido en la técnica de la cera perdida, es decir, en
hueco, y reproduce la iconografía del sol en forma de disco dorado, montado en un
carro tirado por un único caballo con el que surca el firmamento.
Esta escultura debió
estar dotada de una
significación ritual-
religiosa de gran
alcance relacionada
con el culto solar y
acaso con el
fenómeno del
megalitismo. La cara
del disco solar esta
cubierta con una orla
de espirales y
círculos, que
simbolizan el calor
del sol.
Entre el 1.200 y el 800 a. de C.
encontramos las primeras
manifestaciones relacionadas con el
trabajo de la metalurgia del hierro,
ablandado en hornos que no alcanzan la
suficiente temperatura como para
licuarlo, lo que obliga a trabajar la masa
férrica por ablandamiento a golpes sobre
un yunque. El punto de fusión del hierro
se consigue a los 1538 ºC. La Edad del
Hierro se divide en dos subperiodos:
-La etapa Hallstattica (1200-400 a. de
C.).
-La etapa de la Téne (400-10 a. de C.)
Se difunde desde centro Europa al
Mediterráneo y desde Anatolia a
Oriente.
Tecnología militar de la Edad del hierro:
Armamento, arneses y jaeces de caballos.
Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
La cultura Hallstatt recibe su nombre del principal de sus yacimientos arqueológicos,
que se encuentra junto al lago Hallstatt, en Salzburgo (Austria). Es una cultura
esencialmente centroeuropea, presentando como nota esencial, la preocupación por la
defensa de sus poblados, que se encontraban instalados sobre colinas y rodeados de
fosos y murallas. Pero en lo que más sobresalió el hombre Hallstattico es en que su
técnica metalúrgica era capaz de ablandar el hierro y fundirlo con unos hornos
alimentados de carbón vegetal. Es el primer pueblo que logra un estadio cercano a la
licuación del hierro, aunque sin gran fluidez en la masa férrica.
Hoy sabemos de la
localización de un
yacimiento de la cultura
del hierro en función de
la aparición en la
superficie del mismo de
escoria de fundición, es
decir, los restos de hierro
corlado de baja calidad.
Con esta técnica
fabricaban armas,
recipientes y toda clase
de herramientas.
Yacimiento de Hasllstatt, hipótesis de
construcción de una casa del poblado.
La cultura de la Téne debe su nombre a su principal yacimiento localizado en la
localidad de la Tené, próxima a Nevenburg (Suiza). Vino a sustituir a la cultura de la
Hallstatt, y es la que tradicionalmente conocemos como cultura celta. Su procedencia
exacta aún hoy día nos es desconocida. Para unos investigadores son personas de origen
oriental, mientras que para otros son los hombres de Hallstatt en un estadio evolutivo
más desarrollado, con unas formas de vida y de religión más evolucionados fundadas en
el culto a las fuerzas de la naturaleza con la ayuda de sacerdotes llamados druidas. En
realidad, el elemento cultural celta no quedó restringido a centro Europa, sino que se
extendió hasta Inglaterra e Irlanda, a Francia, al norte de España y al norte de Italia,
Ucrania y hasta las tierras de Asia y los Urales. Así podemos interpretar la reflexión de
San Jerónimo cuando decía que los galos de Treveris (Alemania) podían entenderse con
los gálatas de Asia, por ser ambos de una misma raíz lingüística céltica. Precisamente,
por esta ansia expansiva, no lograron jamás establecer un poder centralizado ni
organizado, a la manera de un imperio duradero, marchando de un país a otro siguiendo
a jefes improvisados o caudillos. Tan solo dejaron un intenso rastro de influencias,
creencias y atisbos artísticos, con el que continuamente se puede tropezar el
investigador, desde la Selva Negra a la península Ibérica. Los poblados de la Téne no se
diferencian demasiado de la Hallstatt, salvando en la tecnología del hierro y los metales,
más refinada y mucho más sofisticada desde el punto de vista técnico.
Reconstrucción de una granja de la Edad del Hierro, Neuhausel
(Austria).
Reconstrucción hipotética de una granja del periodo de la Tene (Suiza).
En los trabajos metalisteros, el arte de la Téne es
ornamental y esquemático, con una marcada
predilección por los materiales ricos como son el
oro, la plata y el coral, lo que les convierte en los
más sobresalientes joyeros de la prehistoria, con
una rica producción de brazaletes, fíbulas,
torques… Desde el siglo IV a. de C. practican la
técnica del esmalte.
Las armas de parada (destinadas a desfiles o a
actos protocolarios), adquieren una notable
importancia como signo de prestigio. Hay
buenos ejemplos de escudos de desfile, como el
que se encontró en el río Támesis y se conserva
en el Museo Británico, de bronce sobredorado
con aplicaciones de esmaltes, que suele datarse a
finales del s. I a. de C. o inicios del I d. de C.
También son de gran interés, como símbolo de
poder, las empuñaduras de espadas.
Yelmo de Sutton Hoo.
Museo Británico.
Los carros procesionales son objetos de adorno de pequeño tamaño, que parecen tener
una función ritual. Se interpretan como objeto de simbología funeraria, como símbolo
del culto al sol y como carros dedicados a la Diosa Madre de la fertilidad. El más
importante de ellos es el carro de bronce que se encontró en una tumba en Strettwerg,
Steiermark, Austria, hoy en el museo regional de Joanneum, Graz, Austria, que se
clasifica en el periodo del hierro antiguo, entre el 700 y el 600 a. de C.
En el, una mujer desnuda, situada
en el centro, probablemente la
Diosa Madre de la tierra, sostiene
sobre su cabeza un receptáculo o
pebetero para quemar incienso o
perfumes, y está rodeada por
cuatro jinetes armados, una serie
de figurillas masculinas y
femeninas y dos ciervos de
enorme cornamenta, símnbolo de
la resurrección. Pese a ser una
obra de la Edad del hierro, el
carro de Strettwerg es de bronce,
mide 48 cm. largo y 32,5 cm
ancho y 22,6 alto. Con seguridad
fue un objeto de culto religioso.
El caldero de Gundestrup es un recipiente ritual hallado en 1891 en Himmerland, en
Dinamarca, en el lecho seco de una tubera, desmontado en 5 piezas rectangulares y
largas, 7 más cortas y 1 redonda. Cada placa rectangular estaba realizada en plata
repujada con motivos animales, vegetales y antropomórficos. Sophius Muller
reconstruyó las piezas componiendo con ellas un caldero de hermandad. El recipiente
mide 42 cm. de altura y un diámetro de 69 cm. Se fecha en el siglo II a. de C. y se
conserva en el Museo Nacional de Dinamarca. El caldero está cubierto con numerosos
motivos ornamentales como la representación del dios Dagda sumergiendo a los
guerreros muertos en un
caldero para resucitarlos. En
la mitología celta, el caldero
mágico puede, según
afirman las leyendas,
alimentar a un millar de
hombres, en una suerte de
caldero de la abundancia y
otorgar la sabiduría y la
fuerza a quien come su
potaje. El mito del grial es
heredero directo del caldero
celta.
La Joyería Hallstattica y de la Tené.
Fueron los grandes joyeros de la
Antigüedad.
Collar y dos discos cruciformes encontrados en un sepulcro en Clogalbegg, en
Roscomón y conservados en el Museo de Dublín, 2200-1800 a. de C.
Barco de oro procedente de Broighter