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In Memoriam: Fernando Sánchez Miret

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BEIHEFTE ZUR

ZEITSCHRIFT FR ROMANISCHE PHILOLOGIE

BEGRNDET VON GUSTAV GRBER


HERAUSGEGEBEN VON GNTER HOLTUS

Band 347
GNTER HOLTUS / FERNANDO SNCHEZ MIRET

«Romanitas»,
Filologa Romnica,
Romanstica

n
MAX NIEMEYER VERLAG TBINGEN
2008
Bibliografische Information der Deutschen Nationalbibliothek

Die Deutsche Nationalbibliothek verzeichnet diese Publikation in der Deutschen National-


bibliografie; detaillierte bibliografische Daten sind im Internet ber http://dnb.ddb.de abrufbar.

ISBN 978-3-484-52347-0 ISSN 0084-5396

 Max Niemeyer Verlag, Tbingen 2008


Ein Imprint der Walter de Gruyter GmbH & Co. KG
http://www.niemeyer.de
Das Werk einschließlich aller seiner Teile ist urheberrechtlich geschtzt. Jede Verwertung
außerhalb der engen Grenzen des Urheberrechtsgesetzes ist ohne Zustimmung des Verlages
unzulssig und strafbar. Das gilt insbesondere fr Vervielfltigungen, bersetzungen, Mikro-
verfilmungen und die Einspeicherung und Verarbeitung in elektronischen Systemen.
Printed in Germany.
Gedruckt auf alterungsbestndigem Papier.
Satz: Johanna Boy, Brennberg
Gesamtherstellung: Hubert & Co GmbH und Co KG, Gçttingen
Prefacio

La idea de un trabajo en colaboración en el que se analizaran los contenidos


de la filología y, más en concreto, los de la lingüística románica, así como la
identidad de la disciplina y sus perspectivas, nació en el marco de una estan-
cia de Fernando Sánchez Miret en Göttingen como becario de la Fundación
Alexander von Humboldt durante algunos meses del año 2006. Lo que al
principio iba a ser sólo una visión panorámica desde el punto de vista de un
romanista activo en el ámbito de lengua alemana se amplió, gracias a esta co-
laboración, hasta convertirse en una presentación comparativa que incluyera
el punto de vista de un romanista activo en España. Naturalmente sería muy
deseable que en posteriores elaboraciones del proyecto diseñado aquí pudiera
ampliarse el horizonte con la incorporación del punto de vista de romanistas
cuya carrera se haya desarrollado en los países de lengua francesa, italiana,
portuguesa o rumana y dentro de sus respectivos y particulares contextos
universitarios, por no decir nada del interés que plantearían las aportaciones
surgidas desde la perspectiva de las llamadas lenguas románicas «menores».
Es inevitable que en un trabajo dedicado a una temática tan amplia haya
que fijar determinados límites. Por este motivo nos hemos limitado a algunas
aportaciones y reflexiones que puedan ofrecer una primera impresión acerca
de la riqueza y la polifonía de un objeto de estudio tan fascinante como es
la filología románica y de una disciplina de contornos y contenidos tan des-
lumbrantes como es la romanística. Por consiguiente, más que en desarrollar
nuevos modelos teóricos, nos hemos concentrado en perfilar los contornos y
los desarrollos de nuestro objeto de estudio en sus manifestaciones más im-
portantes y, siempre que ha sido posible, hemos intentado completarlos con
nuestras propias aportaciones.
Tras algunas observaciones introductorias acerca de la relación entre len-
gua, cultura y ciencias humanas y acerca de la discusión de los términos «Ro-
manitas», «filología románica» y «lingüística románica», ofrecemos una breve
presentación de algunas etapas de la historia de la filología románica, para
adentrarnos más tarde en su desarrollo concreto en el mundo germánico y en
España. A continuación siguen tres secciones que contienen una comparación
entre una revista de filología románica publicada en Alemania y la situación
de las revistas de romanística publicadas en España, una confrontación de
la historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas
con el modelo de una nueva gramática y una panorámica de los diccionarios

V
etimológicos románicos, que culmina con la presentación del modelo de un
nuevo diccionario etimológico que en su primera fase se va a concentrar en
el léxico básico panrománico. Para terminar, dedicamos dos capítulos a la
romanística en la enseñanza, la investigación y el mundo laboral así como a
las perspectivas de la filología y de la lingüística románicas.
Obviamente habría sido deseable extender la comparación a otros ámbi-
tos de la romanística, como pueden ser las presentaciones de conjunto en las
que se analiza la historia de la romanística, partiendo del Grundriss der ro-
manischen Philologie (1897–1906, reimpresión de 1985) de Gustav Gröber y
pasando por la obra de Iorgu Iordan, Introducere în studiul limbilor romanice.
EvoluĠia úi starea actuală a lingvisticii romanice (rum. 1932, ingl. 1937/1970, al.
1962, esp. 1967, it. 1973), hasta llegar a panorámicas más recientes como las
de Alberto Varvaro, Historia, problemas y métodos de la lingüística románica
(1968, esp. 1988), Hans Martin Gauger/Wulf Oesterreicher/Rudolf Windisch,
Introducción a la lingüística románica (1981, esp. 1989), Dan Munteanu Colán,
Breve historia de la lingüística románica (2005). También habría sido interesan-
te hacer una comparación sistemática de las introducciones y de las presenta-
ciones de conjunto de la lingüística románica (comparativa). En este ámbito
podemos resaltar cinco ámbitos temáticos, cuyas influencias mutuas, así como
sus características y cualidades habría que individuar: un primer grupo lo for-
marían las obras más antiguas, como las ya mencionadas de Gröber y Iordan,
a las que habría que unir los «clásicos» de Carlo Tagliavini, Orígenes de las
lenguas neolatinas (61972; al. 21998; esp. 1969, traducción de la 5ª ed.), Bene-
dictus M.P.E. Vidos, Manual de lingüística románica (1956; esp. 1963; al. 1975)
y Heinrich Lausberg, Lingüística románica (vol. 1: Introducción y vocalismo
31969, vol. 2: Consonantismo 21967, vol. 3: Morfología 21972; esp. 1965–1966; it.

1971; port. 1974); un segundo grupo estaría constituido por las introducciones y
manuales aparecidos avanzado ya el siglo XX: Charles Camproux, Les langues
romanes (21979), Olaf Deutschmann, Lateinisch und Romanisch. Versuch eines
Überblicks (1971), W.D. Elcock, The Romance Languages (21975), Josef Felix-
berger/Helmut Berschin, Einführung in die Sprachwissenschaft für Romanisten
(1974), Lorenzo Renzi, Introducción a la filología románica (21978; al. 1980;
esp. 1982), Lorenzo Renzi/Giampaolo Salvi, Nuova introduzione alla filologia
romanza (21994), Rupprecht Rohr, Einführung in das Studium der Romanistik
(31980); un tercer grupo contiene las obras publicadas en la última década:
Jacques Allières, Manuel de linguistique romane (2001), Mioara Avram/Ma-
rius Sala (edd.), Enciclopedia limbilor romanice (1989), José Enrique Gargallo
Gil, Les llengües romàniques. Tot un món lingüístic fet de romanços (1994),
Martin Harris/Nigel Vincent, The Romance Languages (1990), Frede Jensen,
A Comparative Study of Romance (1999), Jurgen Klausenburger, Coursebook
in Romance Linguistics (2001), Jean-Marie Klinkenberg, Des langues romanes.
Introduction aux études de linguistique romane (21999), Petrea Lindenbauer/
Michael Metzeltin/Margit Thir, Die romanischen Sprachen. Eine einführende
Übersicht (21995), Helmut Lüdtke, Der Ursprung der romanischen Sprachen.

VI
Eine Geschichte der sprachlichen Kommunikation (2005), Miguel Metzeltin,
Las lenguas románicas estándar. Historia de su formación y de su uso (2004),
Michael Metzeltin (ed.), Diskurs · Text · Sprache. Eine methodenorientier-
te Einführung in die Sprachwissenschaft für Romanistinnen und Romanisten
(22006), Wolfgang Pöckl/Franz Rainer/Bernhard Pöll, Introducción a la lin-
güística románica (32003; esp. 2004), Rebecca Posner, Las lenguas romances
(1996; esp. 1998), Sanda Reinheimer-Rîpeanu, Lingvistica romanică. Lexic –
Morfologie – Fonetică (2001), Sanda Reinheimer-Rîpeanu/Liliane Tasmowski,
Pratique des langues romanes. Espagnol, français, italien, portugais, roumain
(1998), Eugeen Roegiest, Vers les sources des langues romanes. Un itinéraire
linguistique à travers la Romania (2006), Rainer Schlösser, Die romanischen
Sprachen (22005); en un cuarto grupo podríamos incluir las introducciones
más recientes de José Enrique Gargallo Gil/Maria Reina Bastardas (edd.),
Manual de lingüística románica (2007), Martin-Dietrich Gleßgen, Linguisti-
que romane. Domaines et méthodes en linguistique française et romane (2007),
completándolas con el volumen colectivo editado por Wolfgang Dahmen et
al. (edd.), Was kann eine vergleichende romanische Sprachwissenschaft heute
(noch) leisten? Romanistisches Kolloquium XX (2006) y con los artículos de la
revista La corónica (31, 2003; 32, 2004; 34, 2005) incluidos en el Critical Clus-
ter on «Historical Romance Linguistics: the Death of a Discipline?»; el último
grupo lo conforman las grandes enciclopedias: el Lexikon der Romanistischen
Linguistik (editado por Günter Holtus/Michael Metzeltin/Christian Schmitt, 8
vol., 1988–2005) y Gerhard Ernst et al. (edd.), Romanische Sprachgeschichte/
Histoire linguistique de la Romania. Ein internationales Handbuch zur Ge-
schichte der romanischen Sprachen/Manuel international d’histoire linguistique
de la Romania (2003–2008).
Algunas de las obras mencionadas se analizan con detalle en los capítulos
del libro (cf. especialmente caps. 8. y 9.) y también puede encontrarse más
información a través de los índices incluidos al final del libro (cap. 14.) (los
títulos completos con las necesarias referencias bibliográficas y la informa-
ción sobre las traducciones se encuentran en la bibliografía, cap. 13.).
Hemos considerado más adecuado publicar el libro en una lengua romá-
nica y, dado que se trataba de una cooperación germano-hispánica, hemos
decidido escoger el español como lengua para esta publicación y a ella hemos
traducido todas las citas originales renunciando a su reproducción literal.
Deseamos expresar nuestro sincero agradecimiento a Frank Seemann
(Göttingen) por su enérgico apoyo no sólo en la preparación del manuscri-
to. Igualmente estamos en deuda con la Dra. Ulrike Dedner de la editorial
Max Niemeyer (Tubinga) por sus innumerables estímulos. Por su ayuda bi-
bliográfica queremos también dar las gracias a Maria Reina Bastardas Rufat,
Mercedes Brea, José Jesús Gómez Asencio y Fabián González Bachiller.

Göttingen/Salamanca, primavera 2008 GÜNTER HOLTUS/


FERNANDO SÁNCHEZ MIRET

VII
VIII
Índice

Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V

1. Observaciones introductorias acerca de la relación entre lengua,


cultura y ciencias humanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1

2. Romanitas, filología románica y lingüística románica . . . . . . . . . . . . . 11

3. Aspectos de la historia de la filología románica . . . . . . . . . . . . . . . . . 25

4. La romanística en los países de lengua alemana . . . . . . . . . . . . . . . . . 37

5. La romanística en España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
5.1. Planes de estudios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
5.1.1. El período 1845–1952 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
5.1.2. El nacimiento de la sección de Filología Moderna . . . 60
5.1.3. El período 1970–2001 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
5.2. Algunos personajes y algunas obras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
5.3. Situación actual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71

6. Historia de una revista de romanística comparativa:


la Zeitschrift für romanische Philologie. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
6.1. Revistas científicas (romanísticas) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
6.2. La fundación de la ZrP: tareas y objetivos . . . . . . . . . . . . . . . . 80
6.3. La ZrP en los años 1877–1913: contenidos, aspectos
centrales y desarrollo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84
6.4. Pasado y presente de la ZrP. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90

7. Revistas españolas de romanística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95


7.1. Panorama general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
7.2. Revista de Filología Española . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
7.3. Estudis Romànics . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
7.4. Verba . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
7.5. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108

IX
8. Historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas
románicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
8.1. Diez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
8.2. Meyer-Lübke . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118
8.3. Zauner . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
8.4. Lausberg . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
8.5. Manoliu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
8.6. Hall . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130
8.7. Agard . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
8.8. Reinheimer-Rîpeanu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132
8.9. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134

9. Modelo de una nueva gramática histórico-comparativa. . . . . . . . . . . 139


9.1. Modelos en la germanística. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140
9.2. El contexto de una nueva gramática . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144
9.3. Rasgos generales de una nueva gramática . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
9.3.1. Problemas del modelo tradicional . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
9.3.2. Teoría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
9.3.3. Objetivos básicos de una nueva gramática . . . . . . . . . . 159
9.3.4. Aspectos prácticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160

10. Historia de los diccionarios etimológicos de las lenguas


románicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
10.1. Tipología de la investigación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
10.2. De la etimología-origen a la etimología-historia
de las palabras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164
10.3. El diccionario etimológico de Diez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
10.4. El REW . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
10.5. Después del REW. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170
10.6. Algunas perspectivas de futuro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175

11. La romanística en la enseñanza, la investigación


y el mundo laboral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179

12. Perspectivas de la filología y de la lingüística románicas . . . . . . . . . . 189

13. Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211

14. Índices . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241


14.1. Índice de nombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241
14.2. Índice analítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247

X
1. Observaciones introductorias acerca de la relación
entre lengua, cultura y ciencias humanas

La reflexión acerca de la identidad de una disciplina científica, de una titu-


lación o de una parte de una titulación siempre ha estado envuelta de un
cierto atractivo. A propósito de esta cuestión han aparecido recientemente
dos trabajos que se ocupan tanto de la situación actual, como de las tareas
y de las perspectivas de la romanística y de la lingüística. Por un lado, Jür-
gen M. Meisel y Christoph Schwarze, bajo el título de «Lingüística románica
hoy», discuten las relaciones entre su materia, la lingüística románica, y la
lingüística general y teórica y ven en la lingüística románica una parte del
todo, que sería la gran tarea de la aproximación lingüística completa (cf.
Meisel/Schwarze 2002, 431). Por el contrario, Johannes Kramer, con el título
de «Romanística lingüística hoy», defiende la preferencia por lo específico,
es decir, la alternativa que acentúa lo románico, frente a la preferencia por
lo general, es decir, la alternativa que acentúa lo lingüístico (cf. Kramer 2004,
68). A pesar de la afilada controversia, no existe, a fin de cuentas, ninguna
oposición fundamental entre ambas posturas, sino que más bien iluminan des-
de diferentes perspectivas facetas distintas del complejo ámbito de la lengua
y las capacidades lingüísticas (faculté du langage), por un lado, y de la Roma-
nidad y de las lenguas románicas, por otro (cf. Holtus 2006). A favor de las
posiciones de Meisel y Schwarze pueden aducirse los siguientes aspectos:
– una ciencia romanística unitaria no es (hoy) ni posible ni deseable (Mei-
sel/Schwarze 2002, 424; cf. sin embargo 426–427);
– la lingüística no puede interpretarse sólo como una ciencia de la cultu-
ra, sino que debe plantearse cuestiones propias de las ciencias cognitivas
(Meisel/Schwarze 2002, 425);
– la romanística (como titulación universitaria que prepara para el mundo
laboral) exige un trabajo interdisciplinario (como la colaboración estre-
cha de la teoría literaria y de la lingüística y la incorporación de otras
disciplinas, p. ej. de las ciencias sociales; Meisel/Schwarze 2002, 425);
– algunas nuevas aproximaciones lingüísticas, como la lingüística textual,
la sociolingüística, la pragmática, el estudio de la lengua hablada, la lin-
güística variacional, la aplicación del estructuralismo a la lexicografía o
la explicación cognitiva de la etimología, han entrado sin problemas en
la romanística e incluso han seguido desarrollándose dentro de ella; sin
embargo, algunos desarrollos lingüísticos que han llevado a una revita-

1
lización y diferenciación de la lingüística generativa en sentido amplio
(como la gramática categorial, la teoría de principios y parámetros, las
gramáticas de unificación, la fonología suprasegmental o la recolocación
de la morfología en función de sus intersecciones con la fonología y la
sintaxis) sólo han sido tomados en consideración por unos pocos roma-
nistas (Meisel/Schwarze 2002, 430–431);
– sólo se puede llevar a cabo una lingüística aplicada cuando se basa en
sólidos conocimientos en los ámbitos cruciales (fonología, morfología,
sintaxis y semántica) (Meisel/Schwarze 2002, 433);
– la lingüística tiene que interesarse (también) por cuestiones que van más
allá de una(s) lengua(s) concreta(s) (Meisel/Schwarze 2002, 437).
Frente a todo esto, Kramer apunta con razón a los siguientes aspectos:
– el interés científico de (muchos) romanistas activos en las universidades
de lengua alemana consiste en facilitar el acceso a los textos (en sentido
amplio) conservados en lenguas románicas y en analizar e interpretar di-
chos textos por medio de los más variados métodos y teorías (cf. Kramer
2004, 68–69, 73);
– las estructuras administrativas y de política científica de las universidades
de lengua alemana exigen que se fijen determinados puntos fuertes para
una romanística concebida como una titulación en lenguas extranjeras
(cf. Kramer 2004, 71), incluso aunque la división de tareas entre la lin-
güística general (elaboración de teorías lingüísticas) y la romanística, la
anglística, la eslavística, etc. (recepción y aplicación de las teorías) no se
pueda interpretar de manera tan rigurosa como se sugiere en este punto
(Kramer 2004, 71–72).
Por lo tanto, por un lado, se colocan en primera línea algunas exigencias de
contenido y de método con relación a la investigación lingüística románica
y, por otro lado, se presta una atención primaria (pero no exclusiva) a las
posibilidades y a los límites de la romanística lingüística en la investigación
universitaria, en la enseñanza y en la preparación laboral de los estudiantes.
En última instancia, se ponen sobre la mesa problemas que no afectan sólo
a la lingüística o a la(s) filología(s), sino a muchos ámbitos de las ciencias
humanas.
Dos décadas atrás la Westdeutsche Rektorenkonferenz (= Consejo de
Rectores de la antigua Alemania Occidental) se planteaba ya el tema «De-
mandas y desafíos de las ciencias humanas» y en ese mismo ambiente Wolf-
gang Settekorn analizaba, sobre la base de sus experiencias en Hamburgo,
la relevancia de las actividades en el ámbito de las ciencias humanas y de la
cultura en función de cuatro perspectivas: el ámbito social, el desarrollo de
las tecnologías de la comunicación, la evolución política mundial y el avance
tecnológico. Settekorn considera que una tarea central de las ciencias huma-
nas consiste «no sólo en conservar y analizar los bienes culturales de distintos

2
tiempos y épocas, sino también en conseguir que sigan siendo accesibles para
un amplio público» (Settekorn 1986, 45); el análisis de la palabra escrita y
hablada que llevan a cabo las ciencias humanas es imprescindible tanto para
penetrar el contenido de los textos, como para adquirir las técnicas de com-
prensión (Settekorn 1986, 46; acerca de las posibilidades y de los riesgos de la
interdisciplinariedad, cf. el resumen presentado por Wolfgang Raible 1998b
en octubre de 1996 con motivo de la finalización de los trabajos del Sonder-
forschungsbereich (= proyecto de investigación) 321 de Friburgo «Oralidad
y escrituralidad», orientado hacia la ciencia de la cultura).
En el mismo sentido se expresó en 1985 la ministra de educación y cien-
cia de la R.F.A., Dorothee Wilms, con ocasión de la apertura del Congreso
de los Romanistas Alemanes. La ministra fijó las expectativas que se esta-
blecen con relación a las ciencias humanas en general y a la romanística en
particular desde el punto de vista de las autoridades educativas y científicas
y puso de relieve el nuevo contexto de las ciencias humanas, así como la
creciente demanda social, dirigida también a la romanística, con relación a
su contribución al desarrollo cultural, al diálogo entre los pueblos (Wilms
1988, 17) y a la intermediación entre culturas (Wilms 1988, 22). En el caso
de no dar respuesta a estas demandas se podría reforzar la impresión, pues-
ta sobre el tapete por Hans Ulrich Gumbrecht en su libro sobre el poder de
la filología, de que «existen numerosas sociedades que viven muy felices sin
titulaciones académicas como las nuestras» (Gumbrecht 2003, 113) y de que
los humanistas tendemos «a padecer de un pesimismo – y quizá incluso de
una sorprendente carencia de entusiasmo por nuestro propio trabajo – mu-
cho más pronunciados que en el caso de los otros grupos de científicos con
los que estamos en contacto en el desarrollo de nuestra profesión» (Gum-
brecht 2003, 112).
En este contexto, a la lengua y a la tarea de ocuparse de la lengua les
corresponde un papel especial dentro de las ciencias humanas. La Gesell-
schaft für Angewandte Linguistik (= Sociedad de Lingüística Aplicada), con
su XXXII congreso anual dedicado al tema «La lengua desde un punto de
vista transdisciplinario», quiso contribuir a una incipiente cultura de la trans-
disciplinariedad, que, sin eliminar las disciplinas tradicionales, debería servir
para completarlas:

«Precisamente en la lingüística necesitamos de una cultura de la transdisciplina-


riedad que proporcione un contrapeso a la especialización y a la diversificación,
que son inevitablemente cada vez más fuertes» (Emons 2003, 14).

Junto a esto se exhortó a no tratar la lengua sólo como un fenómeno pura-


mente lingüístico, sino como un objeto genuinamente transdisciplinario, «que
se escapa sistemáticamente a una aproximación inmanente a la disciplina o a
un acceso reservado a una titulación» y que no puede dejarse sólo en manos
de los expertos en marketing, de los que trabajan en los medios de comuni-
cación, de los políticos o de los juristas (cf. Emons 2003, 8).

3
Ludwig Jäger muestra en su defensa de la interdisciplinariedad dentro
de la lingüística las oportunidades que se derivan de interpretar la lengua
como un objeto transdisciplinario:
«En la lingüística, además de las valiosas aproximaciones existentes, necesitamos
un cultura de la interdisciplinariedad, que […] conecte la problemática cultural de
la disciplina con los resultados de la investigación de la psicología cognitiva, de
la neurología y de la antropología. La cultura de la interdisciplinariedad no sig-
nifica la sustitución de la estructura científica de la lingüística por unas nuevas
estructuras. Se trata más bien de establecer […] redes fluidas de comunicación
intelectual y social que sean capaces de superar en un momento dado las fronte-
ras de las distintas disciplinas en favor de intereses concretos de la investigación»
(Jäger 2003, 43).

Una cultura de la interdisciplinariedad debería ser a la vez una cultura del


liberalismo metodológico:
«la cooperación interdisciplinaria entre las ciencias de la cultura y las ciencias de
la naturaleza, o entre las correspondientes subdisciplinas de una ciencia, supone
estar dispuestos a no impermeabilizar en cada caso la propia cultura metodológi-
ca comprensiva, analítica y cualitativa frente a la cultura aclarativa y cuantitativa
del otro. ¿Por qué las hipótesis de las ciencias humanas – por ejemplo, acerca de
la interdependencia entre lenguaje y cognición – no han de poder configurarse
de manera tal que puedan ponerse a prueba con procedimientos empíricos expe-
rimentales como, por ejemplo las investigaciones sobre el tiempo de reacción?»
(Jäger 2003, 44).

En su comunicación «Transdisciplinariedad y romanística» presentada en el


XX Romanistisches Kolloquium (= Coloquio de Romanistas), Harald Völker
señala que en la romanística – por contraposición a la lingüística general
– la atención a los objetos culturales, lingüísticos y literarios goza ya de
una larga tradición y es algo que caracteriza a la disciplina. Además señala
los siguientes aspectos transdisciplinarios de la romanística: por un lado, las
interacciones con otras filologías, especialmente con la indoeuropeística y
la germanística, que actúan todavía hoy como zona de distensión entre la
tendencia panromance y la tendencia monolingüe; por otro, el ensamblaje
de lengua y literatura y también la recepción de influencias de las ciencias
naturales, como la capacidad para reproducir determinados efectos, el grado
de experimentalidad o la teoría evolucionista de Darwin (por parte de August
Schleicher y de los neogramáticos en la lingüística histórico-comparativa y
en la fonética experimental). Además detecta futuras evoluciones transdis-
ciplinarias en tres ámbitos, como son: una mayor apertura de la disciplina al
ámbito de las ciencias de la cultura, la revitalización de la filología concen-
trada en la edición de textos y la floreciente lingüística de corpus (cf. ahora
también Völker 2008).
En el contexto de estas reflexiones se ha prestado especial atención al
concepto de cultura lingüística, al que se dedicó en 1984 el congreso anual
del Institut für Deutsche Sprache (= Instituto de la Lengua Alemana) con
motivo de su vigésimo aniversario. En el prólogo a las actas del congreso

4
Rainer Wimmer (1985, 9) justificaba la elección del tema con los siguientes
argumentos: por un lado, se quería estimular así la discusión con las disci-
plinas vecinas de la tradicional lingüística germánica; por otro, existían es-
peranzas fundadas de llamar la atención de un amplio público interesado en
cuestiones relacionadas con la lengua. János Juhász analiza detalladamente
la importancia de la cultura lingüística en la sociedad moderna; para él el
auténtico criterio de un uso lingüístico cultivado radica en la adecuación a
cada situación (Juhász 1985, 34) y por ello insiste en el papel de los lingüistas
en la construcción de la escuela como la instancia institucional más impor-
tante en el cultivo, conservación, difusión y promoción de la cultura (Juhász
1985, 45). Por el contrario, para Wolfdietrich Hartung, gracias al concepto
de cultura lingüística se crea un marco que permite ordenar los factores lin-
güísticos dentro de la totalidad de aspectos intelectuales y materiales que
conforman las colectividades humanas (Hartung 1985, 71). Para Hartung la
cultura lingüística se basa en sistemas de normas que están a disposición de
una sociedad en un momento concreto para ordenar el funcionamiento de
las tareas comunicativas (Hartung 1985, 80). Nina Janich y Albrecht Greule,
en su manual dedicado a las culturas lingüísticas en Europa, definen el con-
cepto de cultura lingüística en primer lugar como
«un determinado nivel (existente o todavía por alcanzar) en relación con la co-
dificación de una lengua y su dominio (consciente) por parte de los hablantes de
una comunidad lingüística; la cultura lingüística es también el resultado y el refle-
jo del cultivo de la lengua, es decir, de las medidas y de las actividades (políticas,
mediáticas, sociales o privadas con intención crítica, reflexiva o normativa) que
refuerzan o deberían reforzar la codificación del sistema lingüístico y la compe-
tencia lingüística de los hablantes» (Janich/Greule 2002, VIII).

Los editores del Manual de francés (lengua, literatura, cultura, sociedad) par-
ten de una titulación universitaria en filología francesa, «que ha nacido de
la combinación entre una visión panorámica de las distintas variantes en
las que dicha disciplina se presenta actualmente y las previsiones de futu-
ras evoluciones posibles», y pretenden hacer accesibles de manera actual y
sistemática los contenidos de dicha titulación «no sólo atendiendo a su rele-
vancia en el marco del estudio y de la enseñanza, sino también fijándose en
su importancia para distintos ámbitos prácticos» (Kolboom/Kotschi/Reichel
22008, 12). El manual debería ser útil también para expertos de fuera del

mundo universitario o escolar, especialmente en los campos que se ocupan


de cuestiones del mundo francófono o de las relaciones entre Francia y Ale-
mania (Kolboom/Kotschi/Reichel 22008, 12). En las recensiones del manual
se consideró como algo positivo «la ampliación de la tradicional bipartición
de la filología en lengua y literatura llevada a cabo gracias a las Landes- y
Kulturwissenschaften»,1 sin embargo, debido a una considerable preponde-

1 No se nos ocurre una buena traducción al español para Landeskunde, Landeswis-


senschaft y Kulturwissenschaft. Landeskunde es el término con el que se designa

5
rancia de la parte lingüística, se valoró negativamente el «tratamiento algo
descuidado de la literatura, de la que podría haberse mostrado una imagen
mucho más rica y acorde con la variedad de esta columna de la romanística»
(Kuhn 2005, 75 y 79). Por su parte, Wolf-Dieter Lange (2004, 191) ofrece una
valoración muy crítica del manual:

«El Manual de francés equilibra su tema con deformaciones y alargamientos excesi-


vos y deja al lector lleno de temores acerca del futuro de la tradición y la memoria,
dos habilidades sin las cuales desaparece progresivamente la capacidad de enfren-
tarse de manera inteligente y sensible incluso a la cultura contemporánea».

La discusión acerca de los tres dominios de la romanística (lingüística, litera-


tura y ciencia de la cultura) se ha vuelto especialmente intensa en los últimos
tiempos debido a que la literatura, sobre todo en los planes de estudios, se
ha encuadrado cada vez más dentro del marco de una ciencia de la cultura
románica. Jürgen Grimm pone de relieve el vivo malestar «ante el hecho de
que no se cuestione el predominio de una romanística tradicional orientada
sólo hacia la filología» (Grimm 2000, 13) y ante el papel de la literatura en un
hipotético plan de estudios de orientación cultural – cuyos contenidos preci-
sos, como siempre, tienen que determinarse dentro de una disciplina científica
poco definida hasta hoy (cf. Grimm 2000, 22). En este sentido se adhiere a la
conocida tendencia de la ciencia histórica favorable a un «decidido proceso
en contra de la compartimentación en disciplinas» y defiende una ciencia
cultural románica «que, bajo las premisas metodológicas de ‹la cultura como
texto› […], diseña el concepto interdisciplinario de una ciencia de la cultura
con una orientación completamente nueva» (Grimm 2000, 23).
Una de las más recientes contribuciones a la enciclopedia de una roma-
nística cultural considerada básicamente como una ciencia interconectada es
la que ofrece Kian-Harald Karimi (2006).
En la bibliografía acerca del valor de las ciencias humanas se ha recons-
truido y se ha analizado sólo de manera parcial el proceso por el cual «las
ciencias de la naturaleza llegaron a diferenciarse de las ciencias humanas
hasta alcanzar al final un valor superior o, al menos, hasta ser consideradas
como más útiles» (Daston 1998, 14). En su trabajo sobre la cultura de la ob-
jetividad científica, Lorraine Daston analiza con detalle dos aspectos de las
ciencias de la naturaleza: «en primer lugar, las relaciones entre las ciencias
de la naturaleza y la cultura en la que están inmersas; en segundo lugar, las

dentro de los estudios de lenguas extranjeras la asignatura dedicada a transmitir


información sobre la historia, la cultura y los aspectos materiales de los países cuya
lengua se estudia. Landeswissenschaft designa un estudio universitario orientado
hacia los aspectos de la Landeskunde. Para traducir Kulturwissenschaft no es válido
el sintagma estudios culturales, porque con él se designa un tipo de estudio de tipo
más político que, aunque incluye la teoría literaria, no se interesa por la lingüística;
en su lugar utilizaremos el sintagma ciencia(s) de la cultura.

6
ciencias de la naturaleza como una cultura independiente» (Daston 1998, 17).
La dificultad de observar las ciencias de la naturaleza desde un punto de vista
de historia cultural se basa, en su opinión, «en el núcleo de nuestra moder-
na metafísica occidental, en la cual la naturaleza y la cultura se oponen. En
esta concepción metafísica la naturaleza es lo universal, lo eterno, lo inque-
brantable; por el contrario, la cultura es lo local, lo variable, lo modelable»
(Daston 1998, 38). En lugar de preguntar «en qué manera lo cultural limita
lo racional, podríamos empezar a preguntarnos cómo lo cultural estimula lo
racional. Podríamos empezar a investigar los presupuestos culturales de de-
terminadas formas de racionalidad» (Daston 1998, 39).
Wolfgang Klein considera que el motivo del retroceso de las ciencias
humanas (cf. Klein 2004, 21) se encuentra en la insuficiencia de los esfuer-
zos por determinar y comprender los principios sobre los que se asientan
estas ciencias: «los humanistas tienen que reflexionar acerca de cuáles son
en realidad las preguntas que, como comunidad científica, quieren respon-
der: ¿cuáles son los principios en función de los cuales se generan efectos
estéticos, funcionan las lenguas o aparecen y desaparecen las sociedades?»
(Klein 2004, 41). Klein formula tres tesis:

«1. En las ramas más clásicas de las ciencias humanas no hay, al menos desde hace
algún tiempo, un aumento de conocimiento factual comparable al que existe en
las ciencias de la naturaleza. […] 2. El deshilachamiento de las distintas discipli-
nas y, correlativamente, la ausencia de comunicación entre sus representantes, no
es tanto un efecto del aumento del saber, cuanto del crecimiento en formas de
análisis, teorías y, a veces, modas, seguidas por estos representantes. 3. A diferencia
de lo que sucede en las ciencias de la naturaleza, prácticamente no hay ninguna
‹vía de convergencia› – no hay ningún proyecto comúnmente aceptado y lleva-
do a cabo por parte de los humanistas para derivar las distintas manifestaciones
de su campo a partir de la interacción de algunos principios básicos y concretos»
(Klein 2004, 26).

En opinión de Klein, no son los científicos de la naturaleza quienes han


perdido de vista la Universitas, sino los humanistas (Klein 2004, 26). Klein
detecta dos nuevas líneas de investigación para las ciencias humanas en dos
corrientes de argumentación

«que en principio son independientes una de otra, pero que parecen complemen-
tarse bastante bien y que cada vez van más unidas. Una proviene de la investiga-
ción del cerebro y es relativamente nueva; la otra se basa en la concepción fijada
a lo largo del siglo XVIII de que los procesos de la naturaleza son determinísticos,
al igual que la actuación del hombre, que es una parte de la naturaleza» (Klein
2004, 32).

¿De qué lengua hace uso la ciencia? Martina Drescher, en su primera lec-
ción en la Facultad de lingüística y literatura de la Universidad de Bielefeld
(1999),2 discute cuáles serían los efectos que una interpretación objetiva de

2 Actualmente trabaja en Bayreuth.

7
la ciencia tendría en la lengua o en el estilo de la ciencia y se pregunta en
qué medida está justificada la idea de que la comunicación científica en su
totalidad carece de afectos y está libre de toda referencia subjetiva (Dre-
scher 2003, 53):

«A partir de la concepción actual de la ciencia, en la que la objetividad es el prin-


cipio básico que guía toda investigación, se deriva necesariamente la exigencia de
una lengua racional y pegada a los datos que pueda corresponder a este ideal»
(Drescher 2003, 55);

esta lengua es una «sierva de la ciencia», debe retroceder ante los datos y,
de manera ideal, debe hacerse completamente invisible (Drescher 2003, 56).
Debido a la insistencia en el tabú del yo, a la supresión de las explicaciones
y presentaciones narrativas y al rechazo a las metáforas – rasgos todos ellos
propios de la lengua de las ciencias naturales – se ha expandido la conside-
ración de que las ciencias humanas son «disciplinas narrativas y acientíficas»
(Drescher 2003, 60–61). Frente a todo esto, Drescher defiende la tesis de que
estas opiniones «son producto de la insistencia irreflexiva en un tópico que
se mantiene vivo gracias a la concentración en determinadas manifestaciones
de la lengua científica y en una descripción bastante descontextualizada de
sus características» y afirma que el postulado de objetividad representa más
bien una «ficción, un constructo ideológico especialmente refinado debido
a que es de aceptación general» (Drescher 2003, 62 y 69): «La objetividad
[…] se correlaciona de manera central con la reproducción de estructuras
de poder y con la imposición de determinados intereses dentro de la comu-
nidad científica» y el estilo neutro y apegado a los datos de la prosa cien-
tífica se manifiesta en consecuencia como el resultado de una «retórica de
la anti-retórica», «que se define sólo aparentemente como un rechazo ante
cualquier modo de manipulación lingüístico-estilística y que precisamente en
este punto hace patente su carácter ideológico» (Drescher 2003, 71; acerca de
la función de la retórica en el marco de una reflexión lingüística sistemática
cf. también Cherubim 1992b, especialmente 122ss.; acerca de la relación entre
ciencia y discurso científico y antropocéntrico cf. Metzeltin 2002).
Michael Metzeltin, en la introducción a la lingüística románica editada
por él y orientada metodológicamente, parte de unas nuevas estructuras so-
ciales y educativas, que hacen necesaria una clara presentación a los estu-
diantes del valor y la importancia de la ciencia y de la lingüística románica:

«Mientras que antes podía esperarse una buena dosis de iniciativa propia por parte
de los universitarios, el estudiante de hoy, debido a las nuevas circunstancias econó-
micas, sociales, políticas y didácticas, necesita una guía más intensa, por ejemplo, a
través de la elaboración de informaciones generales que le permitan reconocer más
fácilmente el sentido, el significado y la estructura de la carrera que ha escogido.
Una de estas informaciones ha de ser una explicación general acerca de cómo se
crea la ciencia y cuál es el objeto de estudio de la lingüística románica […], la des-
cripción del contexto social en el que los textos orales y escritos – y otros tipos de
productos semióticos más generales – aparecen y se usan […], la presentación de

8
las condiciones cognitivas necesarias para la producción y la recepción de textos
y la enumeración de sus distintas formas» (Metzeltin 2006, 10).

El propósito de los siguientes capítulos consiste en iluminar el valor de la


filología y la lingüística románicas en el marco de la discusión esbozada aquí,
para lo cual se tratarán aspectos de la historia de esta(s) disciplina(s) – espe-
cialmente en el mundo germánico e hispánico –, se analizará el significado de
las titulaciones de romanística en relación con la enseñanza, la investigación
y el mundo laboral, se discutirán sus perspectivas de futuro y los previsibles
desarrollos metodológicos y de contenido de la lingüística románica. En el
marco de esta breve contribución a una larga discusión será posible seguir
sólo algunas líneas básicas; es mucho lo que merecería una profundización
más detallada.

9
10
2. Romanitas, filología románica y lingüística románica

Según Kramer (1998, 81–82) el sustantivo romanitas se atestigua en Tertulia-


no (autor cristiano procedente de África) alrededor del año 200 con el signi-
ficado de ‘manera romana, romanidad’ y como formación paralela a latinitas.
En el latín medieval aparece dentro del sintagma Romanitatis lingua, como
variante estilística de lingua Romana ‘lengua de Roma’. El término Romania
como «designación corta y sencilla en lugar de imperium RǀmƗnum u orbis
RǀmƗnus» se documenta alrededor del 330 por oposición a Barbaria en unos
anales de la historia del imperio conocidos como los «consularia Constan-
tinopolitana» (Kramer 1998, 86ss.). Sólo a partir del siglo XIX se retoma el
término Romania dentro de la romanística como designación colectiva para
las lenguas románicas y los territorios en los que se hablan (Kramer 1998,
86ss.; cf. también Badia i Margarit 2000c).
En 1872 Gaston Paris abrió la recién fundada revista «Romania» con
un artículo sobre los términos Romani, Romania y (anunciados como con-
tinuación) Lingua Romana, Romancium. La habilitación presentada en Zú-
rich por Ursula Bähler (2004) se dedica a la vida y obra de Gaston Paris
(1839–1903); en su recensión Frank-Rutger Hausmann muestra que esta obra
está abierta a

«numerosos usos prácticos, que van desde la localización de la posición actual de


la disciplina, pasando por la evaluación de sus resultados hasta llegar a una pre-
visión de las futuras innovaciones y que, en todo caso, sirve o puede servir para
una toma de conciencia crítica de nuestra actividad por parte de nosotros mismos,
de la scientific community, de los estudiantes que se nos han confiado y de una
opinión pública que nos mira cada vez con ojos más críticos» (Hausmann 2005,
89; cf. también Schmitt 2006).

El nombre de Filología románica se usa «en la mayoría de las universida-


des alemanas como denominación tradicional para abarcar las dos partes
independientes formadas por la lingüística y la literatura, así como para de-
signar a un/cualquier grupo de titulaciones románicas» (Kremer 2004, 56–
57). Por otro lado, bastará con aludir aquí a la creciente importancia de las
secciones que se ocupan de los países y las culturas románicas (Landes- y
Kulturwissenschaft(en)).1 No discutiremos aquí si el nombre de la disciplina

1 Cf. cap. 1., n. 1.

11
es «ampliamente obsoleto» (Kremer 2004, 56–57) cuando se interpreta de
manera «filológica». Al menos como denominación para una cátedra o para
una venia legendi2 se trata de un nombre problemático.
Wolf-Dieter Stempel incide también en la «difícil unidad» de la filología
románica cuando señala que la mayor parte de los romanistas se ha movi-
do «hasta hoy sólo dentro de su parcela de la disciplina» (Stempel 1988, 51)
y esto no tanto debido a la creciente especialización, sino más bien como
consecuencia de la diferencia básica de planteamiento que caracteriza a la
lingüística y a los estudios literarios. En la contraposición que Stempel hace
de las posiciones de Hugo Schuchardt y Leo Spitzer se discuten básicamen-
te tres puntos: «la unión de lengua y literatura, la relación entre lingüística
monolingüe y lingüística general y la concepción de la romanística como
‹idea ordenadora›, […] surgida de la necesidad de una división del trabajo»
(Stempel 1988, 55). Para Stempel no hay que «limitar la continuidad de la
romanística hasta el presente sólo a los ámbitos en los que se renuevan las
líneas de investigación tradicionales», sino que la romanística «se mantiene
también en las investigaciones monolingües y en los esfuerzos relacionados
con ellas por desarrollar una fundamentación teórica» (Stempel 1988, 57).
Hugo Schuchardt, en un trabajo marcado por sus experiencias personales
y titulado «Desde el corazón de un romanista», establece cuál es el papel
singular de las lenguas románicas: «De entre todos los grupos de lenguas no
hay ninguno más ilustrativo que las lenguas románicas, gracias a las especiales
circunstancias de su transmisión histórica» (Schuchardt 1915, 11). Para él «la
lingüística románica […], como tal delimitación es una carrera universitaria
y no una ciencia independiente. En este último sentido sólo puede conside-
rarse la lingüística sin adjetivos; no tenemos lingüísticas distintas, porque en
tal caso nos encontraríamos ante miles y miles encadenadas unas a otras»
(Schuchardt 1915, 11).
En su ensayo sobre las posibles definiciones de «lingüística románica»
Yakov Malkiel (1961/1962) analiza los «rasgos distintivos» positivos y nega-
tivos de esta disciplina:

«En el lado positivo uno encuentra desde el principio, en primer lugar, un cier-
to retroceso de la reconstrucción en favor de datos auténticos […], es decir, una
voluntad omnipresente de buscar nuevo material tangible; en segundo lugar, un
interés igual por (a) el humilde habla dialectal de cualquier lugar y tiempo y (b)
por cualquier refinada variedad de lenguaje literario […]; en tercer lugar, un ele-

2 En Alemania se distingue entre la facultas docendi (capacidad para enseñar e in-


vestigar), que se obtiene con la habilitación, y la venia legendi (autorización para
enseñar e investigar), para cuya obtención varían las normas en función de los esta-
dos federales. En Austria existe simplemente la venia docendi (http://de.wikipedia.
org/wiki/Venia_legendi).

12
vado interés por la dinámica del desarrollo […]; en cuarto lugar, una integración
armónica y densa de las investigaciones gramaticales y léxicas, con una ligera pre-
ferencia por las últimas, que son, obviamente, bastante meticulosas; en quinto lugar,
un creciente respeto por el detalle concreto y un notable afán por delimitarlo en
todas sus dimensiones […]. En el lado negativo encontramos una cierta carencia
de audacia operativa junto a la lentitud a la hora de acomodarse a situaciones
imprevisibles; ocasionalmente se detecta una ligera indiferencia ante la tipología
(dada la considerable afinidad de los sistemas comparados), una reticencia a ex-
perimentar con conjuntos de datos puramente hipotéticos – en contraposición a
su probada habilidad para ir eliminando uno a uno los puntos oscuros –, y una
amplia fundamentación en la gramática tradicional, lo cual no ha provocado en
este caso tantos daños como en otros ámbitos cercanos, ya que la gramática tra-
dicional procede del latín (y del griego)» (Malkiel 1961/1962, 4).

Dos circunstancias, como son «esta habilidad para el trabajo de precisión y


este especial don para los factores más íntimos y elusivos de la evolución»,

«pueden haber evitado que los romanistas se convirtieran en robustos canteros y


vigorosos carpinteros, pero les vino muy bien a aquellos de entre ellos deseosos
de convertirse en versátiles talladores y delicados interioristas. Todas las mejo-
ras concretas obtenidas de este modo pueden obviamente abstraerse del material
románico en el que se obtuvieron y pueden ser adoptadas por otros grupos de
investigadores que, en cierta medida, se unirán así a las filas de los romanistas»
(Malkiel 1961/1962, 4).

Wilhelm Meyer-Lübke (1966), en su conferencia inaugural del 16 de octubre


de 1906 en Viena, ya se ocupaba de los objetivos de la lingüística románica.
Una introducción sistemática al objeto de estudio de la lingüística románica
ofrecen Petrea Lindenbauer, Michael Metzeltin y Margit Thir (2002). El mis-
mo Michael Metzeltin traza una visión panorámica de las lenguas románicas
en el artículo con el que se cierra el Lexikon der Romanistischen Linguistik
(LRL) e incide en la necesidad de más estudios de calado en ámbitos cientí-
ficos particulares, pero subraya también que «sólo a través de la globalización
de las investigaciones en las disciplinas particulares» son posibles explicacio-
nes y predicciones de carácter general y que «el estudio de cada una de las
lenguas románicas tiene mucho que ganar por medio de su incardinación en
el contexto panromance» (Metzeltin 1998, 1040). Una visión panorámica de
las lenguas románicas

«está en disposición de señalar hasta el último detalle cómo, a partir de una raíz
común, se conservan rasgos similares y se desarrollan diferencias. Este enorme po-
tencial comparativo, que supone una colaboración esencial para el conocimiento
de los fenómenos históricos, predestina a la romanística a conservar decididamente
su componente comparativo» (Metzeltin 1998, 1040).

Metzeltin menciona cinco ámbitos que llaman particularmente la atención


de los romanistas: la descripción sincrónica y diacrónica de la gramática o
el léxico de una variedad románica concreta, la descripción comparativa de
la gramática o del léxico de distintas variedades románicas, la descripción

13
del uso de una lengua románica por parte de un determinado autor o de
un grupo concreto y la descripción del uso social de una lengua románi-
ca concreta a lo largo de la historia de dicha sociedad. El aumento en las
posibilidades de comunicación y la nueva dialéctica entre centralización y
regionalización permiten a Metzeltin establecer algunos puntos clave sobre
la base de la experiencia obtenida durante la elaboración del LRL ; estos
puntos pueden ordenarse en seis dimensiones: 1) normativa, 2) cognitiva,
3) pragmática, 4) social, 5) interétnica y legal y 6) psicosocial (Metzeltin
1998, 1084–1085).
En una recensión al volumen VI,1 del LRL, Franz Lebsanft (1995) seña-
la que el LRL y el Grundriss der romanischen Philologie son bastante más
distintos en diseño y realización de lo que un primer vistazo sugeriría. La
terminología empleada por Gröber en la introducción muestra que habla un
autor formado en la intensa discusión hermenéutica de la filología clásica de
los siglos XVIII y XIX y que basa el concepto y el contenido de la filología
románica en una teoría del conocimiento que, con su «así y no de otra mane-
ra», todavía cree, como los antiguos filósofos, que puede decir las cosas «tal
y como son». Consecuentemente, la palabra «Grundriss» (= plan) hay que
tomarla literalmente. Con su obra Gröber diseña los planos sobre los cuales
se puede y se debe construir el edificio de la filología románica.
No hace falta repetir aquí la comparación entre el Grundriss de Gröber
y el LRL (cf. Holtus 1997 y 2000). Bastará con dejar constancia de que en
el método, el contenido y la temática han cambiado muchas cosas y se han
incorporado muchos aspectos nuevos desde los tiempos del Grundriss de
Gustav Gröber hasta hoy. Sin embargo, el avance de la ciencia no debería
llevarnos a considerar una obra como el Grundriss der romanischen Philo-
logie simplemente como un documento histórico, como un testigo de la ro-
manística de finales del siglo XIX. El desarrollo en la filología románica – y
quizá no sólo en ella – no se caracteriza por un avance progresivo y lineal.
Cuanto más intensamente se ocupa un romanista actual de las grandes obras
de los primeros tiempos de la disciplina, tanto más puede comprobar que
muchos resultados que hoy se anuncian como nuevos descubrimientos ya
habían sido divisados por generaciones precedentes con la misma claridad y
agudeza que hoy – aunque no fueran acompañados por un aparato termino-
lógico tan atildado como el actual. En cualquier caso, independientemente de
la fe en el progreso y de la confianza en las cacareadas fuerzas innovadoras
del potencial científico, merece la pena no perder de vista los inicios de la
filología románica, su progresivo desarrollo hacia una ciencia independiente
y su contacto con otras disciplinas científicas y es conveniente dar el valor
adecuado a su relevancia para las actividades presentes y futuras.
El desarrollo más reciente en el campo de la investigación de la histo-
ria de las lenguas románicas está marcado por el proyecto, anunciado desde
los años noventa (cf. p. ej. Ernst et al. 2000), de un Manual internacional de
historia de las lenguas románicas en la colección de Handbücher zur Sprach-

14
und Kommunikationswissenschaft (= Manuales de lingüística y ciencia de la
comunicación) (Ernst et al. 2003b, 2006, 2008). Sus editores fijan como obje-
tivo la «realización de una visión global acerca de la formación de los domi-
nios lingüísticos romances tomando en consideración las condiciones geográ-
ficas, sociales e idiosincrásicas, así como los principios y la metodología de la
investigación lingüística histórica» (Ernst et al. 2003b, LXIV). En el marco
de la investigación histórica de las lenguas y de la historia de la lingüística
diacrónica los editores se han impuesto como «programa la investigación in-
tensiva y diferenciada del complejo diasistema lingüístico […] con arreglo a
la ‹verticalización› de los principios de la lingüística de la variación aplicados
también a la investigación de la historia de las lenguas»:

«En este sentido, se coloca en el foco de atención, por un lado, la sistematicidad


del hablar y del escribir y, por otro, el condicionamiento de la actividad lingüísti-
ca humana procedente de regularidades geográficas, sociales y contextuales – que
están a su vez sometidas al cambio histórico –, así como de factores determinados
por la historia cultural y literaria. En ambos aspectos es necesario superar la aten-
ción a la historia de las lenguas nacionales para dar a los continuos variacionales
de los distintos espacios comunicativos románicos su debida dimensión diacrónica.
Se presta mucha mayor atención a las relaciones funcionales, a los factores de la
historia externa, especialmente a las condiciones políticas, sociales y culturales, y
a los problemas derivados del contacto entre lenguas y de la política lingüística,
que a la recopilación exhaustiva y enciclopédica de rasgos de la historia interna
de las lenguas […]. Igualmente en esta parte se prescinde de una detallada des-
cripción de las subdivisiones dialectales en favor de una perspectiva más global,
orientada básicamente hacia las lenguas que funcionan como techo» (Ernst et al.
2003b, LXV).

Los editores ven a la romanística y especialmente a la historiografía romá-


nica en una «posición de transición entre unas ciencias monolingües y una
ciencia general y tipológica» (Ernst et al. 2003a, 4). El título de la obra total
(en lugar de «Historia de las lenguas románicas») pretende contribuir a re-
forzar la conciencia románica:

«Esta conciencia coloca junto a la investigación monolingüe la pregunta por la


existencia o no de rasgos específicos de una lengua en la medida en la que no to-
ma en consideración sólo lo particular de una lengua, sino también la posibilidad
de procesos de convergencia provocados por el contacto, por motivos tipológicos
o por motivos universales» (Ernst et al. 2003a, 5).

La «Romanische Sprachgeschichte» (= Historia lingüística románica) se con-


cibe como «historia de continuos lingüísticos sometidos en todo momento a
variación social, geográfica y contextual, en los que la relación entre oralidad
y escrituralidad adquiere un papel especial por motivos teóricos relacionados
con las fuentes» (Ernst et al. 2003a, 12). Los editores plantean tres directri-
ces básicas: un cariz auto-reflexivo, una cierta concentración en la historia
lingüística externa y un tratamiento selectivo de los factores esenciales del
cambio lingüístico y sus consecuencias internas (cf. Ernst et al. 2003a, 13).

15
Los puntos fuertes indiscutibles del primer volumen se sitúan especialmen-
te en la discusión detallada de las bases metodológicas de la investigación
histórica románica, en la conexión de la historia lingüística romance con
disciplinas científicas afines y en la descripción bastante completa de la his-
toria externa de la Romania nova (cf. Holtus 2005). El segundo volumen se
ocupa de cuatro grandes campos temáticos: «Factores socioculturales en la
historia lingüística románica», «Normativización lingüística y crítica de los
usos lingüísticos», «Contactos lingüísticos y migraciones» y «Ámbitos comu-
nicativos, medios y tipos textuales desde el punto de vista de la historia de
la lengua». Si la lengua no se ve «sólo como un fenómeno cognitivo, sino
también como un fenómeno social, siguiendo una tradición genuinamente
romanística», entonces hay que considerar «el cambio lingüístico como ligado
a los cambios en la sociedad» (Ernst et al. 2003b, LXVI). En consecuencia,
hay que investigar los efectos provocados en la evolución lingüística por al-
gunos factores externos decisivos de campos como la política y la economía,
la educación, la religión y la filosofía, los medios de comunicación de masas
y las traducciones (Ernst et al. 2003b, LXVI-LXVII). «En este contexto la
investigación no puede concentrarse sólo en la supuestamente homogénea
‹lengua común›, sino que tiene que desentrañar las distintas tradiciones dis-
cursivas y textuales que han tenido algún efecto en el desarrollo lingüístico»
(la literatura, la religión, el derecho y la administración, la prosa técnico-
científica, la economía, la publicidad, el deporte, las tendencias propias de
cada medio). «Hay que aspirar a determinar cuál es la relación entre la
lengua (histórica) y las tradiciones textuales (concretas) que toda reflexión
moderna relativa a la historia lingüística debe incluir» (Ernst et al. 2003b,
LXVII). Los méritos de este segundo volumen radican, por un lado, en la
descripción sistemática, intensiva y actual de la influencia de los factores ex-
ternos en la evolución de las lenguas románicas y, por otro, en algo que sólo
puede derivarse de una visión panorámica como esta, es decir, en una presen-
tación de la situación actual de la investigación con sus numerosos proyectos
y posibilidades de futura investigación interdisciplinaria (cf. Holtus 2007c,
623).
Los trabajos editados por Steven N. Dworkin (2003a) para el «Critical
Cluster on ‹Historical Romance Linguistics: the Death of a Discipline?›» (=
«Grupo de discusión sobre el tema ‹Lingüística románica histórica: ¿la muer-
te de una disciplina?›»), presentados y comentados en detalle por Fernando
Sánchez Miret (2008), constituyen así mismo una discusión fundamental acer-
ca del estado y las perspectivas de la lingüística románica histórica.
En una sección del congreso organizado por la Asociación de Francorro-
manistas en Mainz en 1998 se trataron con detalle los textos y las institucio-
nes en la historia de la lengua francesa (Haßler 2001). En opinión de Claudia
Polzin-Haumann este volumen ofrece un «panorama que bosqueja el margen
existente para llevar a cabo investigaciones lingüísticas históricas basadas en
textos» a la vez que muestra qué tipos de problemas metodológicos ha de

16
resolver «una investigación acerca de la historia lingüística en la que se pre-
tenda incluir la historia cultural» (Polzin-Haumann 2005, 101).
Parece claro que en la situación actual se han fijado algunos puntos fuer-
tes en la lingüística románica. Ya en 1988 Günter Berger y Hans-Jürgen Lüse-
brink aludían a la tarea de investigar los procesos de formación de un canon
y las personas, instituciones y premisas ideológicas responsables de dicha for-
mación. Su artículo se orienta hacia la literatura y en él inciden en el hecho
de que los autores y los textos canonizados en la escuela sirven de manera
implícita a la difusión de unas determinadas normas, ideologías y prácticas
lingüístico-estilísticas, de manera tal que «los alumnos no reciben información
sobre el origen y el contexto histórico-social de unas normas e ideales, que
terminan por alcanzar el estatus de valores absolutos y eternos» (Berger/Lü-
sebrink 1988, 184). Las discusiones en la sección «Formación del canon en la
romanística» del Congreso de los Romanistas Alemanes en Siegen pusieron
de relieve la necesidad de abrir la enseñanza y la investigación romanística
a nuevas formas literarias (Berger/Lüsebrink 1988, 188–189): La

«incursión efectuada en la historia de la formación del canon en la romanística ha


mostrado, gracias al estudio de algunos casos paradigmáticos, las decisivas coorde-
nadas institucionales, hermenéuticas y estéticas del pasado y ha abierto a la vez la
ventana para posibles alternativas actuales» (Berger/Lüsebrink 1988, 190).

El XIV Coloquio de Romanistas organizado en Trier en 1998 se ocupó, entre


otros asuntos, de los mecanismos de canonización de las obras literarias y de
las gramáticas normativas, así como de los problemas en la formación del
canon en la literatura y en la lingüística (cf. Dahmen et al. 2000, VII).
Seis años antes, el VIII Coloquio de Romanistas celebrado en Saar-
brücken tomó como punto de referencia la tradición científica de la lingüís-
tica románica comparativa, que se remonta hasta los inicios de la romanística
y que representa un constante desafío y, a la vez, una oportunidad especial
para la romanística en lengua alemana (cf. Dahmen et al. 1995, XVI-XVII);
en esta ocasión el Coloquio llevaba el título «Convergencia y divergencia en
las lenguas románicas» y colocaba dos temas en el punto de mira: por un lado,
la discusión de preguntas clave de la tipología lingüística y de la lingüística
contrastiva (p. ej. el valor heurístico de la comparación en la lingüística o el
interés científico de una lingüística orientada más allá de una sola lengua),
por otro lado, la descripción de fenómenos concretos de convergencia y de
divergencia en la Romania, con atención a los respectivos condicionamientos
históricos y a las actuales condiciones comunicativas (Dahmen et al. 1995,
VIII). A la vez se pusieron de manifiesto también los límites de la compara-
ción de un fenómeno morfosintáctico como las formes surcomposées, ya que
estas formas existen en amplias zonas de la Romania y fuera de ella y sólo
es posible determinar sus funciones de manera clara lengua a lengua, den-
tro del particular sistema de tiempos verbales. Ciertamente en estas formas
desempeña un papel general el aspecto verbal que indica que una determi-

17
nada acción está ya terminada, pero el valor concreto de la construcción sólo
puede interpretarse dentro de la estructura del sistema gramatical de cada
una de las lenguas o variedades (diatópicas, diastráticas o diafásicas). Por lo
tanto, en este caso son necesarios más trabajos comparativos que, junto a la
difusión de estas formas, su desarrollo histórico y su aparición en distintos
tipos de textos, tengan más en cuenta los factores contextuales de su uso (p.
ej. el contenido semántico de los verbos respectivos, su unión con adverbios
y conjunciones temporales o los marcadores del discurso específicos) (cf.
Holtus 1995, 109).
La perspectiva comparativa estuvo también en el centro de algunas sec-
ciones del Congreso de los Romanistas Alemanes en Siegen (cf. Nies/Grimm
1988), por ejemplo en la dedicada a la gramática de las lenguas románicas
(Dietrich/Geckeler 1988) o en la de formación de palabras (Gauger 1988;
cf. también los resúmenes de Annegret Bollée, Harald Thun y Klaus Zim-
mermann 1988 a propósito de las lenguas románicas en contacto con otras
lenguas y culturas en la Nueva Romania y de János Riesz 1988 a propósito
de las literaturas francófonas fuera de Europa).
Recientemente se ha retomado la pregunta «¿Qué puede ofrecer (to-
davía) hoy una lingüística románica comparativa?» en el XX Coloquio de
Romanistas, que tuvo lugar en 2004 en Göttingen (Dahmen et al. 2006,
VIIIss.). En este caso se partía de la constatación de que la lingüística ro-
mánica comparativa – en el pasado una especialidad de la romanística en
lengua alemana – ha pasado hoy a un segundo plano, ya que predominan
las investigaciones monolingües en las que la perspectiva panrománica prác-
ticamente se ha desvanecido. Este proceso tiene consecuencias también en
la estructura de la romanística como disciplina e intensifica la división de la
fi lología románica en subdisciplinas, algo que se produce con más intensidad
en la literatura que en la lingüística. En este contexto el XX Coloquio de
Romanistas debía intentar producir un balance crítico de los logros obteni-
dos por la lingüística románica comparativa y señalar las perspectivas para
posibles desarrollos futuros. Igualmente se trató del diálogo interdisciplina-
rio con otras titulaciones (lingüística general e indoeuropeística, medieva-
lística, eslavística, ger manística, anglística). Algunas de las comunicaciones
presentadas en el Coloquio trataron cuestiones básicas de la metodología
de la lingüística comparativa y de la tipología lingüística y otras analiza-
ron varios casos relativos a los distintos campos de trabajo de la lingüística
románica comparativa. Estos trabajos son un testimonio de que, partiendo
de las características propias de la lingüística románica (histórico-)compa-
rativa, como son la enorme cantidad de datos, la excelente calidad de los
testimonios y su importante dimensión cronológica, a la lingüística romá-
nica comparativa (todavía) hoy le toca el papel de ser en muchos aspectos
un modelo para la investigación metodológica de la lingüística general y
sus distintas ramas (por ejemplo, para la lingüística variacional, para la lin-
güística espacial, para la lexicografía y la gramaticografía y también para

18
el terreno de la edición filológica de textos o para las lingüísticas cognitiva
y formal) (Dahmen et al. 2006, XXIII).
Dos de las contribuciones a este Coloquio merecen especial atención en
este punto: en el artículo titulado «Lingüística histórico-comparativa y tipo-
logía lingüística en el campo de acción de la historicidad de la lengua» Wulf
Oesterreicher (2006) parte de la premisa de que la comparación que se lleva
a cabo en distintos ámbitos de la lingüística se refiere a formas distintas de
diferenciación lingüística; en consecuencia, se hace necesaria una reordena-
ción de todo el espectro investigador de la lingüística que acabe con la cla-
sificación habitual de las investigaciones en diacrónicas y sincrónicas y que
proponga, en su lugar, una nueva concepción. Oesterreicher describe tres
aspectos distintos en la historicidad de las lenguas humanas. Este análisis
trae como consecuencia para la manida distinción entre sincronía y diacro-
nía la necesidad de una nueva definición del concepto de sincronía: hay que
fundamentarlo en el campo pragmático-comunicativo de la lengua histórica,
que a su vez está necesariamente relacionado con la conciencia lingüística
y con la competencia del hablante («historicité – variation linguistique»). –
El otro artículo es el de Peter Koch (2006), titulado «Lingüística románica
y lingüística cognitiva diacrónica – ¿una afinidad electiva?». En él Koch es-
tablece que la romanística sigue encontrándose en una posición intermedia,
fructífera y prometedora, entre el plano universal de la actividad lingüística
y el plano histórico de la lengua individual. El potencial comparativo de esta
pluralidad de perspectivas predestina a la lingüística románica a una actua-
ción en la que se equilibran la divergencia y la convergencia y a la que le es
inherente una fundada voluntad de moderada generalización.
A continuación se mostrará brevemente, a partir de algunos ejemplos
escogidos, en qué medida le ha correspondido y le corresponde a la lingüís-
tica románica un papel específico en relación con otras filologías y otras
lingüísticas.
Thomas Stehl (2005a) señala la relevancia y el significado actual de la
romanística para la tipología y para los procesos de cambio lingüístico en
la introducción a las actas de una sección del XXIV Congreso de los Ro-
manistas Alemanes celebrado en Münster en 1995 cuyo título es «La mano
invisible y la elección del hablante»:

«Los procesos de contacto y de convergencia que tienen lugar hoy en las lenguas
románicas otorgan a la lingüística románica histórica una dimensión actual que
abre la posibilidad de la descripción empírica, o lo que es lo mismo, la posibilidad
de proporcionar impulsos decisivos a la lingüística teórica. Los múltiples contactos
lingüísticos y la heterogeneidad lingüística, por un lado, […] y la adhesión a tradi-
ciones discursivas heredadas, por otro, les aseguran a las comunidades lingüísticas
la continuidad de su identidad y, con ello, la fuerza para la renovación de la co-
municación en el discurso cotidiano» (Stehl 2005b, 21).

En su artículo «Gloria o grazia. O: ¿qué es lo que realmente se plantea en


la questione della lingua?», Jürgen Trabant analiza los presentes procesos de

19
transformación en la cultura lingüística de los países europeos (la lengua
estándar, el ensamblaje de las variedades lingüísticas, la arquitectura de la
lengua individual) y la cuestión de la hegemonía cultural («Cuius lingua eius
regio o, al menos: cuius lingua eius cultura») (Trabant 2000, 31). Le interesa
«poner de manifiesto en la descripción histórica los momentos de la discusión
que afectan o pueden afectar a la estructura cultural de cada comunidad lin-
güística moderna» (Trabant 2000, 32). En última instancia la questione della
lingua (cf. a este respecto también el trabajo de Antoni M. Badia i Margarit
2000a sobre la questione della lingua y su relación con el catalán) no es para
Trabant una cuestión de lenguas sino la competencia de «dos sistemas cultu-
rales radicalmente distintos, de dos modelos antropológicos que compiten por
el predominio en una coyuntura política determinante. El comportamiento
lingüístico es un ámbito central de estos dos sistemas», una lucha por la he-
gemonía cultural, por el modelo político (Trabant 2000, 43); la questione se
interroga – filosóficamente – «por las instancias que determinan el saber: los
libros o el mundo» (Trabant 2000, 48). Para Trabant, hoy las consecuencias
lingüísticas de la posición humanista se han invertido:
«Humanista es aquel que considera la lengua y los textos como un mundo con
derecho propio frente a las cosas y que tiene a las lenguas como algo especial-
mente valioso. Sin embargo, el humanista moderno cree que cada lengua, y no
sólo el latín o el griego, es una significativa instancia cognitiva, algo muy especial,
único y no indiferente. […] gracias al alejamiento del latín los europeos descu-
brieron que lo que los humanistas habían dicho del latín y del griego valía para
todas las lenguas: todas tienen un algo especial, un nescio quid, un je ne sais quoi,
una preciosa marca personal que las hace objetos valiosos e interesantes […]. El
humanista moderno escribe en su propia lengua acerca de textos y lenguas. Sabe
que lo que quiere decir puede decirlo correctamente sólo en su lengua. Por eso le
gustaría mantenerse en su antigua lengua. Sin embargo, eso ya no le proporciona
ninguna gloria, ya que esta ha emigrado al espacio global. Sólo puede conseguir
la gloria si renuncia a su lengua o si puede traducir sus escritos a la nueva lingua
cortigiana. En este sentido la erudición humanista es hoy precisamente el lugar
de la grazia, de una efímera elegancia que tiene su realización en sí misma, en la
comunidad cercana que es la nación y la comunidad intelectual nacional» (Trabant
2000, 50; cf. también Trabant 2005).

Hans Goebl emprende un intento similar de relacionar situaciones lingüís-


ticas del pasado con la situación actual de Europa (y de más allá) al ana-
lizar la configuración lingüística del Imperio austro-húngaro, aunque de la
convivencia de muchos pueblos en el antiguo imperio no se pueden derivar
recetas directas para la situación actual (Goebl 1999, 34). A la vista de las
periodicidades sorprendentemente cíclicas, Goebl se pregunta para termi-
nar «si los ciudadanos de la Europa unida del mañana están acostumbrados
desde antiguo al contacto natural de unos con otros, algo que era sin duda
válido para muchos de los pueblos unidos bajo el águila bicéfala» y cuál es
«la disposición en la Unión Europea con relación a aprender, además del
inglés, otras lenguas extranjeras y especialmente aquellas que, más que pres-
tigio, tienen el valor de la vecindad» (Goebl 1999, 48).

20
De entre las primeras lecciones pronunciadas en la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Jena (2003) merece la pena destacar dos con-
tribuciones. Wolfgang Dahmen discute, a propósito de algunas peculiaridades
de la filología rumana, la relación entre ideología y lengua y se pregunta,
«por qué precisamente en este campo de la filología románica aparentemente mu-
chas veces no se ha argumentado o no se argumenta sine, sino más bien cum ira
et studio, qué consecuencias ha tenido este hecho y qué perspectivas se derivan
de ello» (Dahmen 2003, 233–234).

Dahmen analiza la «instrumentalización ideológica de la lengua y de la cien-


cia que se ocupa de la lengua y la literatura» (Dahmen 2003, 234) en cuatro
puntos concretos: la génesis étnica de los rumanos, los intentos de realzar
la romanidad de la lengua, los problemas de la ortografía del rumano y las
implicaciones especiales «que se derivan del hecho de que el rumano, además
de en Rumanía, se hable también sobre todo en el estado vecino de Moldo-
va, que formó parte de la Unión Soviética» (Dahmen 2003, 234). Dahmen
considera que es interesante investigar
«si las filologías están sometidas en mayor medida a influencias ideológicas que
otras ciencias. Precisamente allí donde tratamos de estados nacionales, que se de-
finen gracias a una lengua común, el peligro de la instrumentalización política de
la lingüística y la literatura es muy grande» (Dahmen 2003, 249).

Martin-Dietrich Gleßgen analiza la «libertad lingüística del hombre» en dos


núcleos temáticos: por un lado, el pasado y el presente del francés en el
Magreb (peculiaridades lingüísticas y posición entre los países francófonos;
Gleßgen 2003, 112ss.) y, por otro, las variedades lingüísticas y su significado
para la libertad de actuación del hombre (Gleßgen 2003, 127ss.). En este
contexto le interesan no sólo «las imposiciones externas […], sino las restric-
ciones de la expresión lingüística basadas en la conditio humana, debidas a
las limitaciones propias del ser humano» (Gleßgen 2003, 111):

«Dado que el lenguaje constituye un momento central en la filogénesis del ser


humano, la lingüística, lo mismo que la medicina o la biología, la psicología, la so-
ciología o la etnología, y lo mismo que muchas otras ciencias […], se ocupa de las
bases del ser humano. La ligazón del hombre a determinadas variedades lingüísti-
cas, que tiene algo que ver con su crecimiento en un momento histórico concreto,
las precisas normas internas de estas variedades y el registro absolutamente preciso
de las desviaciones y de su sanción, las implicaciones que todos estos hechos tienen
para los juicios sobre personas y, en última instancia, para su convivencia, todo
esto afecta al núcleo del ser social y cognitivo del hombre» (Gleßgen 2003, 131).

También hay que mencionar varios trabajos de entre los publicados por Inge-
borg Ohnheiser, Manfred Kienpointner y Helmut Kalb (1999) en las actas de
un ciclo de conferencias en la Facultad de Humanidades de la Universidad de
Innsbruck sobre el tema «Lenguas en Europa. Situación y política lingüística
en los países europeos» (para una primera aproximación cf. Kienpointner
1999). Heidi Siller-Runggaldier (1999) se ocupa de la situación del ladino

21
situado entre los polos dominantes del alemán y del italiano y analiza la
coincidencia de fronteras lingüístico-tipológicas y administrativas. Guntram
A. Plangg (1999) se interesa por el romance en el Tirol y, en concreto, por
la aparición histórica del plurilingüismo y por sus efectos en las lenguas
implicadas. Petra Braselmann (1999a) presenta una visión panorámica del
contacto lingüístico y de la legislación política y sus efectos en la conciencia
lingüística en Francia y analiza de cerca el estatus y la posición de las lenguas
regionales, la lucha contra el inglés y la creación de nuevas designaciones
para las denominaciones discriminatorias (puede verse un tratamiento más
detallado de la política y de la conciencia lingüística en Francia en Brasel-
mann 1999b). Petra Braselmann y Barbara Hinger (1999, 281) se ocupan de
la(s) política(s) lingüística(s) y del cultivo de la lengua en España con aten-
ción a los siguientes temas: el tratamiento de lo extranjero; la posición del
hablante ante un buen uso que debe conservarse, ante la Real Academia y
ante las lenguas regionales; los ejes centrales de la política lingüística y del
cuidado de la lengua y su contexto ideológico, político e histórico (para la
lengua hablada cf. también Beatrix Schönherr 1999).
Johannes Kramer se interesa por el papel de las lenguas minoritarias en la
Europa del siglo XXI. Para Kramer, el inglés es ciertamente la única lengua
de los contactos internacionales, sin embargo «cada lengua estatal mantendrá
en paralelo su ámbito de validez», «y, a la vez, se volverán cada vez más estre-
chos los nichos que todavía hoy existen para otras lenguas» (Kramer 2006a,
14). A principios del siglo XXI las jóvenes generaciones se han implicado de
forma intensiva en la pervivencia de sus lenguas particulares en casi todos los
territorios de Europa con lenguas minoritarias, de manera que Kramer no se
atreve a señalar «ninguna lengua románica minoritaria cuya existencia esté
realmente amenazada en un futuro previsible» (Kramer 2006a, 26).
De nuevo Jürgen Trabant ofrece una discusión detallada de la política lin-
güística en Francia (y Alemania) en su colección de artículos sobre el «Hér-
cules galo» (el título proviene de la traducción alemana hecha por Christoph
Martin Wieland de la traducción francesa que Geoffroy Tory hizo en 1529
de un pequeño texto del escritor griego Luciano de Samosata del siglo II,
traducido a su vez al latín por Erasmo de Rotterdam). Trabant se ocupa de
la historia de la défense de la lengua francesa (desde el siglo XVI hasta hoy:
Geoffroy Tory y Joachim Du Bellay, entre otros; la Revolución francesa; la
política y la legislación lingüística en el siglo XX), se ocupa también de las
relaciones franco-alemanas en el ámbito de la reflexión lingüística (Condillac
y Herder, Hamann y Buffon, Destutt de Tracy, Hegel y Humboldt, Leibniz),
de las «derrotas del pensamiento» (después de las derrotas militares)3 y ter-
mina, a propósito del Año europeo de las lenguas, con una defensa del sig-

3 Se refiere a los conflictos franco-alemanes de finales del siglo XIX y principios del
siglo XX.

22
nificado de la lengua como un delicado «recipiente de una forma concreta
del espíritu humano» y, por consiguiente, como un valioso producto de la
cultura humana (Trabant 2002, 254).
En su artículo sobre el estatus, el prestigio y el valor comunicativo de
las lenguas Georg Kremnitz introduce un interesante aspecto en la discu-
sión relativa a la política lingüística. Basándose en ejemplos sacados de la
situación austriaca, Kremnitz argumenta que las ciencias del lenguaje tienen
que ser consideradas también como ciencias sociales (Kremnitz 2002c, 123)
y que el prestigio del que disfrutan las lenguas en una sociedad frecuente-
mente orienta la política lingüística (determinación del estatus de las lenguas
en los estados, enseñanza de lenguas extranjeras en la escuela, oficialidad
de determinadas lenguas en los organismos internacionales y otras medidas
de política lingüística; cf. Kremnitz 2002c, 125). Kremnitz defiende la idea
de que, «junto a los parámetros de estatus y prestigio, se tome en conside-
ración el parámetro del valor comunicativo de las lenguas y […] que se le
otorgue en el futuro más importancia en las decisiones de política lingüísti-
ca» (Kremnitz 2002c, 128). Con esto Kremnitz se acerca a algunas posicio-
nes de Harald Weinrich, quien subraya que el papel del inglés en el mundo
y en Europa es más bien el de una lengua de cultura y el de una «lengua
occidental prototípica» y no el de una lingua franca «que nos ‹libere› por
fin de las penas del plurilingüismo» (Weinrich 2002, 513) (acerca del papel
de las lenguas planificadas como posible solución a complicados problemas
lingüísticos cf. también el trabajo de Hermann M. Ölberg 1999, 377ss.). –
Por su parte, Johannes Kramer discute el papel del inglés como lengua de
la romanística (sobre todo en las revistas especializadas y en los manuales)
y llega a la conclusión de que la distinta orientación que se da a las activi-
dades lingüísticas relacionadas con problemas romanísticos en los países de
lengua inglesa ha llevado a que

«frecuentemente a este y al otro lado del Channel, y mucho más a uno y otro lado
del Atlántico, no haya una percepción mutua muy clara. Lo cual es una lástima.
Y nos vendría bien a nosotros, los europeos continentales, intentar meter en un
bote a nuestros colegas del otro lado y hacerles más atractiva la publicación de
sus trabajos en nuestras revistas – y para ello es obvio que se impone una apertura
incondicionada de nuestras revistas al uso del inglés, que es la única lingua franca
auténtica de nuestro tiempo. Ocasionalmente se dejará – con justicia – sitio para
nugae Latinae; y también deberá haber espacio para serious matters in English»
(Kramer 2005b, 11).

El francés como «nexo de unión entre las distintas disciplinas románicas […]
ya ha visto su hora y, comprensiblemente, en las revistas romanísticas que
acompañan los trabajos de un resumen en una lengua de libre elección, el
inglés es la primera lengua elegida» (Kramer 2005b, 6).

23
24
3. Aspectos de la historia de la filología románica

Las discusiones acerca de la relación entre lengua, cultura y ciencias humanas


y acerca del concepto de romanidad y los contenidos y tareas de la filolo-
gía (románica) y de la lingüística (románica) han experimentado un notable
incremento en los últimos decenios, pero hay que precisar que la pregunta
por la identidad de la disciplina y por su evolución histórica ha acompañado
desde el principio a los intentos de descripción científica del amplio mundo
de las lenguas románicas. Por este motivo, parece adecuado bosquejar bre-
vemente en este punto algunas de las etapas de la historia científica de la
filología románica.
El primer volumen del Lexikon der Romanistischen Linguistik (cf. LRL,
vols. I,1 y I,2) pretende ofrecer una visión general y sistemática de la historia
de la disciplina romanística, de algunos problemas de historia científica y de
las épocas y escuelas que en general han sido importantes para la lingüística
(y, por lo tanto, también para la romanística) o de las escuelas que, partiendo
de la romanística, han influido en otras filologías. Una de las secciones del
ya varias veces nombrado Congreso de los Romanistas Alemanes celebrado
en Siegen en 1985 se ocupó de la historia temprana de la filología románica
desde Dante hasta Diez (Niederehe/Schlieben-Lange 1988, 125):

«El concepto de ‹historia temprana› debería servir para evitar que desde un prin-
cipio se considere toda filología anterior a 1800 como pre- o acientífica y que em-
piece a hablarse de historia de la lingüística o de la ciencia literaria sólo a partir
de la primera mitad del siglo XIX; es decir, se pretendía evitar que ya antes de
emprender los trabajos se diera por sentada una ‹ruptura› que era, precisamente,
el objeto de discusión».

Por un lado, había que sustituir la discusión teórica acerca de la insatisfac-


toria alternativa entre ruptura o continuidad con un elenco de conceptos
histórico-reconstructivos más ricos. Por otro lado, había que preguntarse: «en
qué discursos desempeñan algún papel los temas ‹románicos›: el discurso
normativo sobre lengua y literatura, así como el discurso filosófico sobre la
lengua se acompañan, sobre todo en el siglo XVIII, de una tradición com-
parativa e histórico-filológica» (Niederehe/Schlieben-Lange 1988, 125–126).
En palabras de los presidentes de la sección, se pueden elaborar cinco líneas
de investigación acerca de la situación de la romanística:

25
«1. Hay que colocar los trabajos sobre lenguas y literaturas románicas anteriores
a 1800 (lo mismo que los posteriores) en su contexto histórico. A lo largo de la
historia los mismos conocimientos se someten a funcionalizaciones distintas. En
este sentido son muy útiles las series de documentos, que pueden hacer visible este
cambio. […] 2. Se consideran científicos los temas que obtienen el visto bueno de la
respectiva comunidad científica (la república de las letras). Por lo tanto, la historia
de la ciencia debería atender a la concepción que de sí misma tiene la comunidad
científica que genera un discurso que se separa de otros discursos marginales y del
saber común, por mucho que este aparezca en problemas científicos y, a la inver-
sa, tome también elementos de aquel. 3. De esto se deriva que una historia de la
ciencia que se conciba como la historia de un proceso de acumulación de saberes
seguros, se equivoca totalmente de objetivo. […] 4. La alternativa entre ruptura y
continuidad no hace justicia a la complejidad de los acontecimientos de la histo-
ria de las ciencias. A lo sumo se podría hablar de ‹ondulaciones o nuevos inicios›
[…]. 5. Muchos de los desarrollos científicos se pueden interpretar adecuadamen-
te sólo en una perspectiva europea (es decir, al menos, románica)» (Niederehe/
Schlieben-Lange 1988, 129–130).

Con motivo de la celebración de los 150 años del Primer encuentro de ger-
manistas en Frankfurt am Main (1846–1996) y bajo el lema de «Historia y
problemas de las filologías nacionales en Europa», Richard Baum discute el
nacimiento de la lingüística desde el genio del romanticismo (Jacob Grimm y
Friedrich Diez) y el «cambio a la filología». Baum considera la aparición del
primer volumen (1836) de la Grammatik der romanischen Sprachen (1836–
1844) de Friedrich Diez como el momento de la constitución de la filología
románica como ciencia y, en general, caracteriza a la romanística como una
invención de Bonn y una disciplina de marcado carácter alemán:

«En Italia, España y Portugal, e incluso en Francia y en otros países románicos


nunca se produjo una institucionalización de una disciplina sui generis, por oposi-
ción al establecimiento de las llamadas filologías nacionales. La filología románi-
ca, entendida como ‹unidad› conceptual es algo prácticamente desconocido fuera
del ámbito de lengua alemana; la disciplina lingüística con este nombre que se ha
constituido aquí y allá desde finales del siglo XIX es algo reservado a los especia-
listas» (Baum 1999, 222–223).

Para Baum, la filología románica posee unidad «sólo en el plano de los postu-
lados y de los conceptos; en la práctica de la investigación y de la enseñanza
después de Diez se divide en una lingüística románica y en una creciente
cifra de ‹filologías particulares›, que a su vez se fraccionan en una lingüística
y una literatura» (Baum 1999, 233; cf. también 239, a propósito de la cultura
lingüística y textual, de la formación del canon y de las tareas de la filología
como una ciencia de la cultura).
Un punto relevante en sí mismo dentro de la discusión sobre la historia
de la ciencia (cf. también Maria Selig 2005) lo constituye la historia de la
titulación de Filología Románica y de las distintas filologías particulares en
las universidades. Dietrich Briesemeister (2001, 562–563) argumenta atina-
damente que el hecho de ocuparse de la historia de una disciplina no pue-
de interpretarse hoy ya como una «ociosa autocontemplación y una estéril

26
visita al saber acumulado y constantemente superado por la ciencia», más
bien este interés nace de la necesidad «de precisar cuál ha sido el proceso
evolutivo, por ejemplo, de los estudios latinoamericanos, de la criollística o
de la filología rumana, con el objetivo de obtener, a partir de la reflexión
histórica sobre los nuevos objetos de investigación, los métodos de trabajo,
las tareas y los resultados, la legitimación de la autonomía reclamada y una
delimitación metodológica sistemática y orgánica»; en este contexto el «es-
tudio del papel de la romanística y del comportamiento y el exilio de los
romanistas durante el Tercer Reich – aunque algo tardío en relación con la
germanística y los estudios de historia en Alemania – ha dirigido de nuevo
la atención hacia la importancia de la historia de la disciplina y su actualidad
para la comprensión de la ciencia»: «La toma de conciencia crítica ante el
trasfondo de la historia de la disciplina no sólo proporciona una orientación
y un nuevo impulso a la investigación, sino que sirve también para fijar cuál
es el punto alcanzado y cuáles son los cometidos para el presente y para el
futuro». Briesemeister no sólo se ocupa de la posición de las lenguas románi-
cas en las universidades, sino que analiza también en este contexto la historia
del significado de la palabra «romanista», la progresiva descomposición del
concepto de «filología románica» en favor del de «romanística» y la percep-
ción de la romanística como una «invención de Bonn»:

«Que la romanística sea un ‹invento de Bonn› puede parecer algo exagerado, pero
es innegable que la Universidad de Bonn siguió siendo un ‹puesto avanzado de la
filología románica› (Ernst Robert Curtius), lo cual no excluye que en otros sitios
se produjeran algunos procesos en el paso al siglo XIX que prepararan el camino
a la filología románica» (Briesemeister 2001, 565; cf. también Kramer 2005c, 3).

Maria Lieber (22008) ofrece una breve panorámica de la historia de la ro-


manística en las universidades alemanas. Por su parte, Hans Helmut Christ-
mann (1985) proporciona una presentación detallada de la romanística y la
anglística en las universidades alemanas del siglo XIX, organizada por semi-
narios y por seis fases distintas en las cátedras: maestros de lengua o lecto-
res (aproximadamente hasta 1850); profesores de otras materias que dictan
cursos sobre historia literaria moderna (desde finales del siglo XVIII hasta
el primer tercio del XIX); primeros esfuerzos de dotación de cátedras espe-
cíficas para las lenguas y literaturas modernas (primera mitad del siglo XIX
y desarrollos posteriores); creación de cátedras de filología moderna para la
preparación de profesores de instituto – habilitaciones en filología moderna
(ca. 1840 – ca. 1860); creación de cátedras dobles para filología románica y
filología inglesa (ca. 1860 hasta 1875); separación de la filología románica e
inglesa a través de la creación de cátedras exclusivas de filología inglesa (ca.
1870 hasta ca. 1900). Leo Spitzer traza una visión muy viva y personal del
romanista en las universidades alemanas y de sus tareas como maestro en
relación con los estudiantes: la

27
«tarea de la recuperación de la dialéctica entre lo alemán y lo románico […] no
puede llevarse a cabo ni por medio de un constante darse la espalda de ambos
complejos, ni gracias a una machacona insistencia en las ‹eternas› diferencias. En
mi opinión, sólo queda un camino: los jóvenes tienen que poder observar en vi-
vo cómo opera esta dialéctica en un alma contemporánea: ¿quién podría ser este
contemporáneo capaz de vivir ante ellos la contraposición del espíritu alemán y
del espíritu francés, sino su maestro? Yo creo, de hecho, que el romanista de hoy
no sólo tiene que saber dar clases sobre temas románicos, sino que debe saber
demostrar a sus oyentes que los vive» (Spitzer 1927, 252).

Spitzer se enfrenta con brío contra el uso ocasional de la palabra «estetizan-


te» en sentido peyorativo («¡No necesitamos a ningún obrero como maestro
de nuestra juventud!», Spitzer 1927, 258), «¡como si la tarea del filólogo se
redujera a proporcionar un texto legible y a aclarar el significado de las pala-
bras, y como si la auténtica interpretación, la verdadera comprensión no fuera
algo que empieza justamente después!» (Spitzer 1927, 259). E igualmente
como lingüista, Spitzer argumenta que «también a un rey de la lingüística le
conviene la unción con algo de aceite literario, en interés de su lingüística,
y que para los estudiantes la unión de ambas ramas de la investigación es
una conditio sine qua non para su formación: mientras que en la lingüística
aprende paciencia, esfuerzo y abnegación para obtener el más pequeño re-
sultado, en la literatura aprende elasticidad, generosidad, sensibilidad hacia
lo no resuelto, lo espiritual y artístico, atención a lo humano, expresión de lo
imponderable» (Spitzer 1927, 259). Se alegra de que no en todas las universi-
dades se hayan establecido dos cátedras separadas para lingüística y literatura
románica, ya que «así se eliminan los peligros de una excesiva especialización
en una de las dos disciplinas, así como su progresiva separación: donde reinan
tales ‹antirreyes›, no deberían diferenciarse más que el queso con pan del pan
con queso» (Spitzer 1927, 260; a propósito de Spitzer cf. ahora la controversia
entre Bernhard Hurch 2006 y Hans Ulrich Gumbrecht 2006).
La manera en la que concretamente se configura el desarrollo científico
de la lingüística, de las nuevas filologías modernas y de las lenguas y lite-
raturas románicas puede seguirse, por ejemplo, en el caso de la universidad
de Göttingen (cf. las investigaciones de Dieter Cherubim 1992a, Armin Paul
Frank 1994 y Hermann Krapoth 2001). A propósito de la polisemia del nom-
bre tradicional de «filología», Frank (1994, 105) escribe lo siguiente:

«En su sentido lingüístico diacrónico se entiende por filología la reconstrucción


de fases lingüísticas antiguas; en este sentido se ha descrito al filólogo como aquel
que ensilla a su caballo con las leyes de Grimm y persigue incluso la más pequeña
sílaba hasta el valle más lejano del Himalaya. En su sentido cultural la filología es
el esfuerzo científico por comprender una cultura en su lengua y su literatura y a
través de su lengua y su literatura, un objetivo intelectual que muchos represen-
tantes de las nuevas filologías modernas comparten con la filología clásica».

Por otro lado, se pueden poner en primer plano los detalles específicos de
una determinada filología particular. Por ejemplo, para el caso del francés se

28
puede remitir a los trabajos de Marcus Reinfried (22008) sobre la enseñan-
za del francés en Alemania, de Udo L. Figge (1977) sobre el desarrollo de
la lingüística francesa en la R.F.A. desde 1945 a 1975 («Desde el punto de
vista institucional, en la República Federal lo científicamente relevante es la
‹romanidad› y no el francés», Figge 1977, 201) y de Peter Blumenthal (1997)
sobre la situación de la lingüística francesa en Alemania.
Manfred Tietz hace un balance de la historia de la hispanística alemana
anterior a 1900 y distingue tres tipos de intereses hispánicos parcialmente
superpuestos: un interés confesional católico, que se manifiesta desde el siglo
XVI y hasta más allá del final del período analizado; un interés confesional
protestante, que pretende poner de manifiesto las consecuencias negativas
de un catolicismo dominante en una España que se interpreta como un blo-
que católico; un interés nacional patriótico, que se inicia en el siglo XVIII y
que alcanza su punto máximo entre 1800 y 1820, una fase en la que los líde-
res culturales alemanes y los literatos pretendían sacudirse la todopoderosa
influencia del francés y de los franceses en lo cultural y en lo político, que
ahogaba la identidad nacional alemana (Tietz 1988, 143). Por otro lado, Tietz
(1989, 43ss.) – como presidente de la Asociación Alemana de Hispanistas –
dibuja una imagen más bien crítica de la hispanística en las universidades de
la R.F.A., caracterizada según él por una escasa especialización (romanística
indiferenciada en lugar de una hispanística, una italianística, una lusitanística,
una galorromanística, etc. altamente diferenciadas), una deficiente profesio-
nalización («gueto de la filologización»: los estudios sobre España, Portugal y
Latinoamérica como disciplina practicada sólo o mayoritariamente filológica,
lingüística y literariamente) y un problema lingüístico (poco uso del español,
portugués o catalán como lengua de la enseñanza académica en todas sus
formas y en todos sus niveles).
En esta discusión tienen un valor esencial los trabajos dedicados a la
situación de la lusitanística (en Alemania). Matthias Perl parte de la base
del prestigio internacional alcanzado por los departamentos especiales de
afrolusitanística y criollística de Leipzig y defiende que, para mejorar las
oportunidades de trabajo de los estudiantes, hay que tomar definitivamente
en consideración la tarea de reforzar las filologías particulares y de seguir
desarrollando estudios especiales (Perl 1997, 110):

«Como temas de investigación con futuro habría que considerar, además de la


continuación de las tradiciones de universidades concretas, también el estudio de
los contactos lingüísticos del español y el portugués en América, sobre todo en
universidades donde sea posible una colaboración con expertos en América y
África» (Perl 1997, 112).

Como continuación de esta discusión, para Klaus Zimmermann el rendi-


miento de la investigación (y, junto a él, el tiempo y el dinero invertidos) se
justifican sólo por dos objetivos:

29
«en primer lugar, como medio para asegurar la calidad de los profesores universi-
tarios, ya que la propia investigación refuerza la capacidad para juzgar los métodos
y los resultados de la investigación de otros y, en segundo lugar, como contribución
a la tradicional identidad cultural de las universidades de lengua alemana como
centros de investigación implicados en la investigación de lo extranjero y en la pro-
ducción de conocimientos sobre lo extranjero. Los efectos directos de este trabajo
se notan en pequeña medida en el propio país» (Zimmermann 1997, 75).

Para él la crisis de la romanística (y de otras filologías) se fundamenta en


tres puntos: en primer lugar, «el conocimiento que resulta de la investigación
y que consecuentemente se transmite en la enseñanza no interesa práctica-
mente a nadie en esta sociedad»; en segundo lugar, «lo que quizá sí intere-
saría a la sociedad no es importante para los profesores de romanística o, en
caso de que se le preste atención, se trata frecuentemente como un aspecto
colateral»; por último, en Alemania «existe una separación completa entre
ciencia y opinión pública, es decir, muchas disciplinas universitarias se cierran
en una ‹torre de marfil›» (Zimmermann 1997, 76). Estos tres factores afectan
en mayor medida todavía a la especialidad marginada que es la lusitanística
(en Alemania) (cf. Zimmermann 1997, 77). Las causas de esta situación se-
rían la falsedad autoimpuesta en la disciplina, en concreto, la sobrevalorada
«aspiración a la unidad de la disciplina y su supuesto efecto consistente en
una competencia global de todos los romanistas» (Zimmermann 1997, 78), la
venia legendi1 que tradicionalmente se otorga para toda la filología románica
(Zimmermann 1997, 79) y las prácticas habituales en las convocatorias de
cátedras (Zimmermann 1997, 80–81):

«Esta situación tiene como consecuencia que en muchos departamentos de ro-


manística sólo se ofrezca un programa rudimentario de lusitanística que cubra el
expediente de la panromanidad. Incluso muchos grandes departamentos ofrecen
– de manera honrada – sólo la posibilidad de estudiar lusitanística como materia
complementaria» (Zimmermann 1997, 80).

El deseo de Zimmermann sería que en Alemania cada estado federal acor-


dara «ofrecer al menos una lusitanística completa con las respectivas cátedras
responsables de la lingüística y la literatura portuguesas» (Zimmermann 1997,
81), y lo mismo podría argumentarse para la catalanística y la rumanística.
Johannes Kramer considera – desde la perspectiva de un panromanista
convencido – que la orientación de una lusitanística separada de la roma-
nística es una «senda errada» y, en su opinión, la «vieja tía Romanística» ha
respondido hasta ahora bastante bien a las exigencias del cambio social (Kra-
mer 1997, 82). Más importante que las cifras y las estadísticas es para Kramer
la presencia virtual del portugués allí donde existe una romanística, es decir,
que no esté excluida de la organización la posibilidad de ofrecer el portugués
(Kramer 1999b, 11): «Cuantas más posibilidades tenga la lusitanística […] de

1 Cf. cap. 2., n. 2.

30
apoyarse en un gran estudio, tanto más fácil lo tendrá a la hora de conseguir
una ‹clientela› estudiantil y de colocarse en una buena posición en la com-
petencia con otras disciplinas menores» (Kramer 1999b, 12). La pretensión
de ser competente en todo el dominio románico ha sido siempre, en opinión
de Kramer, un mito; por el contrario, en el ámbito científico skill significa
sobre todo «ser capaz, a partir de lo que uno sabe, de formarse rápidamente
en aquello que no sabe» (Kramer 1999b, 13). Ciertamente el portugués no es
una lengua pequeña, pero la especialidad que se ocupa de esta gran lengua,
al menos en Alemania, es una especialidad pequeña:

«Sería mucho más simpático si no se respondiera a la pregunta de qué es lo fas-


cinante de la lusitanística con secas cifras de hablantes y con indicaciones sobre
los lazos económicos actuales de Alemania y Brasil, sino con la afirmación con-
vincente de que en esta lengua y en las literaturas y culturas que se sirven de ella
se encierra un fragmento irrenunciable y fascinante de los studia humaniora y
que para estos estudios se necesitarán expertos cualificados mientras los hombres
no deseen simplemente vegetar en el bienestar económico y en el vacío intelec-
tual como animalia oeconomica, quae natura prona atque ventri oboedientia finxit»
(Kramer 1999b, 14).

Rainer Schlösser no quiere hablar de una crisis de la romanística:

«Si la universidad alemana en su totalidad se encuentra en crisis – y es cierto que


lo está –, entonces, según las leyes de la lógica, también la romanística está en crisis
como parte de la universidad. Pero yo no puedo ver una crisis de la romanística
en tanto que romanística. Lo que suele tenerse por tal es más bien un estado que
se discute innecesariamente y cuyo origen está sobre todo en el deseo de muchos
representantes de la disciplina de hacer pedazos su actual estructura académica y
del cual se derivan todos los síntomas de la crisis» (Schlösser 1997, 61).

Para Schlösser «cada llamada a eliminar contenidos que no se corresponden


con el actual espíritu de los tiempos» es incompatible «con la identidad de
la disciplina» y para él es inconcebible

«una romanística que quiera difuminar su base teórica, en concreto, su componente


histórico-comparativo, que esté dispuesta a tirar por la borda su punto de partida,
es decir, el latín y que incluso esté dispuesta a liquidarse a sí misma en favor de
unas disciplinas individuales aparentemente sin relación» (Schlösser 1997, 67).

Un punto central de la presentación de la historia de la romanística en Ale-


mania lo constituye el estudio del desarrollo desde 1933 hasta 1945, así como
los años precedentes y siguientes. En el marco de un ciclo de conferencias en
la universidad de Siegen, Johannes Kramer se ocupa de la romanística y la
lingüística románica en el Tercer Reich y considera que su significado para
la ideología del nacionalsocialismo era más bien periférico. Son interesantes
los comentarios de Kramer a propósito de algunas corrientes de la lingüística
antes y durante ese período de tiempo, por ejemplo la filología idealista (en la
que, junto a Karl Vossler, también incluye a Eugen Lerch y Victor Klemperer)
o los defensores de la tesis de la importancia de los germanos en la formación

31
y diferenciación de las lenguas románicas (Ernst Gamillscheg, Walther von
Wartburg; Kramer 1988, 66, 74, 76). Para Kramer en general «el estudio de
temas ideológicamente neutros, como la fonética histórica o la morfología,
fue más frecuente que el análisis de problemas que pudieran mostrar puntos
de contacto con la ideología nacionalsocialista» (Kramer 1988, 77).
De la figura de Walther von Wartburg y del papel de la Zeitschrift für
romanische Philologie se ocupa también Utz Maas en su artículo sobre la
romanística en lengua alemana desde 1933 hasta 1945 dentro del marco del
desarrollo de la lingüística (Maas 1994, 43 y 49 n. 7, 46–47). En lugar de
«celebraciones devotas» está a favor de una «reconstrucción de los aconteci-
mientos que están inscritos en las biografías científicas de los actores, fueran
víctimas o incluso autores de delitos» (Maas 1994, 41). Maas ve el «dinámico
y enormemente fascinante debate dentro de la lingüística» como un proceso
amputado de la evolución posterior debido a la situación política en Alema-
nia (Maas 1994, 49):

«la sorprendente vuelta a la tradición de la lingüística en Alemania después de


1945 (no sólo, pero especialmente también en la romanística) no es otra cosa que
la continuación de las rutinas que en aquel momento permitían evitar tener que
enfrentarse con el pasado, lo mismo que antes de 1945 habían evitado tener que
enfrentarse con el presente» (Maas 1994, 50).

La investigación más completa hasta ahora de la romanística alemana bajo


el nacionalsocialismo se debe a Frank-Rutger Hausmann y se ha concretado
en varias publicaciones (cf. especialmente Hausmann 1998 y 2000). El último
estudio, basado en materiales de 67 archivos y bibliotecas y en un análisis
de la bibliografía correspondiente, constituye una presentación global de la
historia de la romanística en el Tercer Reich. Hausmann no sólo quiere sacar
a la luz nuevo material sobre la historia de algunas personas y de la ciencia,
sino que lo presenta de manera paradigmática y jerarquizada; con esto per-
sigue tres objetivos: editar las fuentes, organizar una crestomatía y proponer
un análisis, todo en uno (Hausmann 2000, XV). No pretende ni la criminali-
zación de la generación de los padres y abuelos romanistas, ni tampoco dar
una lección moral a los que han nacido después:

«Se trata más bien de dar respuesta a la pregunta de cómo pudo ser que lo que
hasta el 30 de enero de 1933 se consideraba como seguro y aceptado científica-
mente, pudiera perder poco después su validez en algunas partes y en algunas
formaciones esenciales; un proceso que se repitió tras el 8 de mayo de 1945 y que
condujo a una restauración y no a una reflexión crítica. Se trata de juzgar, no de
condenar» (Hausmann 2000, 20).

Hay que destacar las explicaciones de Hausmann sobre el concepto de ciencia


en la romanística (Hausmann 2000, 346–347) y sobre algunos temas lingüís-
ticos escogidos como modelo en el marco de la tradición científica iniciada
por Brügmann, concebida como una ciencia de la cultura (Hausmann 2000,
88). Son dignos de atención y están llenos de sugestivas ideas los datos que

32
Hausmann ofrece sobre algunos destacados romanistas, por ejemplo Walther
von Wartburg (Hausmann 2000, 162ss., 525), Ernst Gamillscheg (Hausmann
2000, 521ss., 606–607) o Heinrich Kuen y Alwin Kuhn (sobre la Romanische
Bibliographie, Hausmann 2000, 193), sobre el papel de la nueva generación
de estudiosos (Hausmann 2000, 145ss.), sobre la tipología de los Assistenten
[= ayudantes] (Hausmann 2000, 150) y, por último, sobre el trabajo de las
asociaciones de estudiantes romanistas (Hausmann 2000, 85ss.) y sobre las
actividades de algunos grupos concretos de estudiantes (Hausmann 2000,
169ss.). Lo mismo puede decirse de la función de las revistas de filología
románica como reflejo de la romanística «alemana» (Hausmann 2000, 365–
392), por ejemplo la Zeitschrift für romanische Philologie (Hausmann 2000,
367, 370, 374; donde se alude también a la Romanische Bibliographie), o de
la historia de seminarios concretos, p. ej. el de Göttingen (Hausmann 2000,
45, 64–65). En resumen, Hausmann tiene el mérito de haber contribuido de
manera esencial al conocimiento de la historia científica de la romanística
durante el período del nacionalsocialismo y su presentación objetiva y su
enorme riqueza de materiales merece el debido reconocimiento por parte
del mundo científico (cf. también Kramer 2005c).
A pesar de las intensas investigaciones de Hausmann todavía hay mu-
cho trabajo de detalle por hacer, como muestra Wolfgang Theile (2004) en
un estudio sobre el romanista y comparatista Kurt Wais (1907–1995), que
nos ofrece una imagen básicamente distinta de la imbricación de política,
ideología y ciencia.
Con motivo del 100 cumpleaños de Werner Krauss se celebró en Mar-
burg an der Lahn un coloquio cuyas actas publicaron Hermann Hofer, Thilo
Karger y Christa Riehn (2002). Como último volumen de las obras com-
pletas de Krauss se editaron el mismo año sus cartas desde 1922 hasta
1976 (bajo el cuidado de Peter Jehle y con la colaboración de Elisabeth
Fillmann y Peter-Volker Springborn) (cf. la detallada recensión de Alberto
Varvaro 2004).
Hans Ulrich Gumbrecht ofrece un impresionante capítulo de la historia
de la romanística encarnada en una generación y media: la historia de una
«familia completamente disfuncional» traducida en cinco estudios biográficos
sobre Karl Vossler, Ernst Robert Curtius, Leo Spitzer, Erich Auerbach y Wer-
ner Krauss. Con su trabajo llega a la conclusión de que «los grandes tiempos
de la disciplina han pasado para siempre» (Gumbrecht 2002, 21; cf. 22, acerca
de la «decadencia de la disciplina» y de la «pérdida de la fe ingenua en la
‹unidad cultural de la Romania›»; cf. Gumbrecht 2006 y Hurch 2006).
Los artículos de Harald Weinrich sobre su «castillo en Provenza» («semel
Romanista, semper Romanista», Weinrich 1988, 59) y el de Hans Robert Jauß
sobre su «camino desde la literatura románica a la literatura general, desde
Combray hasta Constanza» ofrecen una visión personal retrospectiva de sus
respectivas carreras académicas:

33
«La consecución de una cátedra en 1966 en la refundada universidad de Constanza
me ofreció la oportunidad única de concebir y experimentar la transformación de
las filologías nacionales (anglística, germanística, filología clásica, eslavística, ro-
manística) en una ciencia literaria orientada teóricamente; para ello conté con la
colaboración de un grupo de amigos guiados por las mismas ideas dentro de una
reforma que nos concedía un campo de acción libre. Junto a nosotros se desarro-
lló también una especialidad en lingüística orientada de la misma manera. En la
realización de este proyecto, que desde entonces ha tenido bastante eco especial-
mente fuera de las fronteras alemanas, no tuvimos que enfrentarnos prácticamen-
te a la filología conservadora, sino más bien a las ciencias sociales, que ocupaban
una posición de liderazgo en Constanza y que por aquella época se consideraban
como una ciencia salvadora» (Jauß 1988, 71).

Jauß llega a la siguiente conclusión:

«La antigua tríada de gramática – hermenéutica – crítica (en la cual la gramática


incluía el comentario como medio para transmitir un estado antiguo de lengua por
medio de uno moderno) y su moderna transformación en la tríada de Gadamer
comentar – comprender – aplicar, ya no permite resucitar la unidad de la Roma-
nia como un todo intelectual» (Jauß 1988, 76).

Desde 1967 no hizo sino agravarse la ya precaria situación («las filologías


pierden validez en la investigación, en la enseñanza y en la formación», Jauß
1988, 76):

«Hoy no hay prácticamente ningún tema de investigación romanística que no exija


treinta veces más tiempo para alcanzar el llamado ‹estado de la investigación› y
cuando se llega a este punto no es raro tener que reconocer con resignación que,
en realidad, ya está todo dicho. ¿Es necesario que la prueba de aptitud científica
siga siendo para todos demostrar que se ha empujado unos milímetros el estado
de la investigación y que se ha encontrado algo nuevo, incluso si lo hallado es re-
levante sólo para unos pocos especialistas?» (Jauß 1988, 78).

Los destinatarios de una nueva romanística orientada a la práctica no se-


rían

«sólo los futuros maestros de literatura y […] los intérpretes y los transmisores
de la cultura europea al tercer mundo, sino también las disciplinas vecinas y […]
los tan denostados usuarios de los medios de comunicación. Si los estudios de li-
teratura románica han de convertirse en un miembro necesario y deseado de un
diálogo interdisciplinario, su oferta podría mejorarse sensiblemente si – en lugar
de producir, una detrás de otra, síntesis de encuadernador, ya sean actas de con-
gresos por épocas o autores, historias colectivas o incluso historias sociales de la
literatura, que prácticamente nunca alcanzan la fuerza sintética de los logros clási-
cos del siglo XIX – se toman en serio la renovación del ideal enciclopédico de la
ilustración tardía en el sentido de una moderna ciencia de la cultura cuyo objetivo
sea servir a una ‹cultura del entendimiento internacional›, tal y como Robert Picht
exige basándose en una antropología histórica» (Jauß 1988, 78–79).

Según Jauß, habría que desarrollar «estrategias de una didáctica estética que
conduzca a un diálogo vivo y crítico entre lo propio y lo extranjero y que se

34
proponga por este medio una reorientación de la educación estética» (Jauß
1988, 79). En la crisis actual la filología románica tiene que

«encontrar nuevos fundamentos para su legitimación social como ciencia lingüís-


tica y literaria. Esta legitimación no exige ciertamente una brillante negación de
su pasado, sino un lento y reflexivo traspaso de sus fronteras, sin abandonar lo
logrado – la gran herencia histórica de educación estética –, sino reutilizándolo
conscientemente como un paradigma clásico para unas tareas del presente que sus
fundadores no podían ni imaginar. Dicho de manera breve: el diálogo interdiscipli-
nario y un concepto moderno de la formación estética son las dos transgresiones
que yo le recomiendo al estudio de la literatura románica, junto con el necesario
abandono de su esotérica e ilusoria autonomía; son las necesidades del momento,
por no decir que son todavía una terapia posible» (Jauß 1988, 80).

Para terminar este capítulo hay que mencionar todavía el intento de Martin-
Dietrich Gleßgen (2002) de emprender una discusión metodológica basada,
no en una orientación biográfica, sino personal, a partir de los escritos de un
filólogo y lingüista activo todavía (Gerhard Ernst).

35
36
4. La romanística en los países de lengua alemana

En la discusión acerca de la formación y el desarrollo de la filología romá-


nica desempeñan un papel fundamental, por un lado, su relación con las fi-
lologías nacionales monolingües del ámbito lingüístico romance y, por otro,
su relación con la evolución histórica y política en Alemania. Para Hans
Ulrich Gumbrecht (1984, versión inglesa 1986/1987) la filología románica
«apareció» en Prusia (no en Francia, España o Italia), «se desarrolló como
disciplina científica en la universidad humboldtiana. Y sólo se estableció como
tal […] en Francia, España, […] Italia decenios más tarde sin poder marcar
una frontera clara entre sí misma y un entusiasmo literario extracientífico»
(Gumbrecht 1984, 38). El objetivo de Gumbrecht consiste en

«reconstruir el ‹pensamiento nacional del romanticismo› que, por un lado, elimina


la contradicción inmanente que parece encontrarse en el hecho de que la génesis
de la filología románica se produjera en Prusia y, por otro, ayuda a comprender
por qué en Francia, por ejemplo, no se desarrolló una ‹filología nacional› hasta
la segunda mitad del siglo XIX (por lo tanto, cronológicamente más tarde que el
romanticismo como época en la historia de las ideas). En otras palabras: si obser-
vamos las distintas situaciones regionales en las que nacen la filología románica
y las filologías nacionales en los países románicos, nos vemos en la obligación de
diferenciar de manera categórica el concepto de ‹pensamiento nacional romántico›
como definición de su típico contexto de nacimiento, es decir, tenemos que trans-
formarlo en una estructura de condiciones contextuales. Si conseguimos matizar
en este sentido nuestro concepto de ‹pensamiento nacional romántico›, nuestra in-
vestigación relativa a la historia de la ciencia adquiriría, en primer lugar, relevancia
para la historia de las mentalidades. Pero de cualquier manera deberíamos afron-
tar, en segundo lugar, el problema de la génesis tardía de una filología nacional
en Francia y tendríamos que intentar fundamentar la tesis relativa a la historia de
las ideas de que durante el siglo XIX las antecesoras de las actuales ciencias his-
tóricas y sociales estaban orientadas en Alemania y Francia hacia unos horizontes
integradores totalmente distintos. […] Por último, y en tercer lugar, para compren-
der la esencia de las ciencias literarias sería importante entender que el estatus
de la ‹germanística› alemana, de la ‹filología románica› alemana y de la ‹filología
nacional› francesa ha seguido siendo distinto hasta hoy, precisamente debido a su
nacimiento en condiciones históricas distintas» (Gumbrecht 1984, 38).

Gumbrecht divide en cinco fases la reconstrucción de la historia de la filolo-


gía románica: «fascinación por el pasado: la experiencia de la alteridad de la
ilustración frente a la del romanticismo temprano», «horizonte de totalidad:
historia nacional frente a science de l’homme», «medio ambiente: las uni-

37
versidades prusianas frente a los círculos culturales en París», «el lugar del
canon literario en Francia: la edad media frente al Siècle classique», «disci-
plinas vecinas en el Segundo imperio alemán: germanística frente a filología
románica» (Gumbrecht 1984, 41–70).
Brigitte Schlieben-Lange considera que lo específico de la romanística
alemana consiste en que – por comparación a otras filologías particulares,
como la germanística – se ha avanzado menos en la separación entre len-
gua y literatura y entre sincronía y diacronía (Schlieben-Lange 1999, 847).
Sobre la base de sus reflexiones acerca del proceso de diferenciación de las
filologías en las universidades alemanas durante los siglos XIX y XX y del
modelo alemán de romanística diseñado por ella, Schlieben-Lange extrae,
entre otras, las siguientes conclusiones:
«La filología románica no corre el peligro de las filologías nacionales de conver-
tirse en una ciencia histórica y literaria de función legitimadora al servicio de la
nación política. De alguna manera esto es válido naturalmente para todas las fi-
lologías de una lengua extranjera: tiene la debida distancia de su objeto de estu-
dio y puede contraponer las diferentes perspectivas – las internas y las externas»
(Schlieben-Lange 1999, 851).

Y «la filología románica está menos expuesta a los peligros de una univer-
salización precipitada. El conocimiento de dos o más lenguas nos hace ser
prudentes ante construcciones teóricas universales como las que dominaron
la lingüística de los años setenta y ochenta (gramática generativa, teoría de
los hechos de habla, etc.)» (Schlieben-Lange 1999, 852); la filología románica
encierra un «potencial comparativo que puede actualizarse en condiciones
distintas y cambiantes», por ejemplo en el terreno de la oralidad/escriturali-
dad, de los fenómenos de gramaticalización, de las tradiciones de la filosofía
de la lengua y de la política lingüística: modistas, codificación gramatical de
las lenguas nacionales, transmisión de categorías retóricas a la lengua (clar-
té, énergie, richesse, harmonie), política lingüística de la revolución francesa,
filosofía del lenguaje racionalista y de los sentidos (Schlieben-Lange 1999,
852). Ya se ha señalado con frecuencia la pluralidad de perspectivas dentro
de la disciplina romanística: la filología románica es desde su propio núcleo
interdisciplinaria (Schlieben-Lange 1999, 853). Para Schlieben-Lange no es
la romanística lo anacrónico, sino la «progresiva separación de las filologías
nacionales» y también la «identificación de profesionalización y especializa-
ción» (Schlieben-Lange 1999, 854).
Johannes Kramer (1996a, 57) presenta algunas tareas específicas y algu-
nos ámbitos de investigación que podrían ser especialmente fructíferos para
la romanística de lengua alemana (Romania Germanica y Germania Roma-
nica, el estudio comparativo de las lenguas):

«En el inmediato futuro en los países de lengua alemana la orientación panromá-


nica (incluso con la inclusión de dominios laterales como la criollística o el estu-
dio de los sustratos y los adstratos) seguirá siendo la característica principal de la
lingüística románica» (Kramer 1996a, 68).

38
La tarea específica de la romanística alemana es la «conservación de esta
tradicional pluralidad bajo un único techo» (Kramer 1996a, 68).
Mario Wandruszka también señala que no faltan grandes nuevas tareas
para los romanistas alemanes (plurilingüismo, lingüística textual, traducto-
logía): la

«autocomplacencia del estructuralismo y de todas las lingüísticas sistemáticas y


formalistas que han salido de él, que sólo permitían describir y analizar la lengua
como un sistema inmanente de sistemas y sistemitas, de supersistemas, subsistemas
y diasistemas léxicos y gramaticales, […] a la larga no podía resultar satisfactoria»
(Wandruszka 1988, 31).

Wandruszka está a favor de una recuperación del «latín como clave para
todas las lenguas europeas» y de un nuevo curso introductorio al mundo de
las lenguas griega y latina para los niveles altos de la educación «un curso
intensivo, un curso de integración sobre todo aquello en lo que se han con-
vertido estas lenguas en los estados europeos» (Wandruszka 1988, 34, 36).
Con motivo del centenario de la romanística en Frankfurt am Main ce-
lebrado en el Instituto de lenguas y literaturas románicas de la Universidad
Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt (Grüneburgplatz, nº. 1), Birgit Schar-
lau, en su artículo «La Romania empieza en el Grüneburgplatz – Elementos
de una romanística postnacional», establece las tareas específicas del instituto
(el objeto de estudio de la romanística y su nuevo perfil teórico-metodológi-
co). Scharlau trata tres aspectos con más detalle: las migraciones en relación
con otros procesos de dislocación cultural, la dispersión internacional de co-
munidades lingüísticas románicas pequeñas y también grandes y un cambio
en la situación epistemológica general (Scharlau 2003, 29–30).
Peter von Polenz bosqueja las tareas de la lingüística germánica en las
universidades alemanas y llama a una «emancipación de la lingüística germá-
nica del abrazo de las otras disciplinas tradicionales», es decir, la filología y la
historia de la literatura (von Polenz 1970, 160) y reclama el «aumento de la
competencia lingüística de cada hablante, de manera que pueda superar con
sus propias producciones las insuficiencias de la lengua prefabricada» (von
Polenz 1970, 166). Por su parte, Dieter Cherubim (2001) ofrece un caso histó-
rico y ejemplar de dedicación a la teoría lingüística, a la crítica del lenguaje y
a la historia de la lengua dentro de la «filología alemana» con su descripción
de la situación en el siglo XVIII en la universidad de Göttingen.
Hans-J. Niederehe ilumina algunos aspectos del papel del francés y de
otras lenguas románicas en el contexto de la actual filología y lingüística
románicas:

«Siempre existe la amenaza de los que intentan eliminar, por una razón u otra,
el punto de vista histórico del estudio […] de los textos y que preconizan estu-
dios sincrónicos, ‹estructurales›; otros, por el contrario, prescinden completamente
de los textos, favorecen la lengua hablada y piden, por lo tanto, que la universi-
dad compita con la escuela Berlitz. Ciertamente hay argumentos a favor de una
aproximación puramente utilitaria a la manera de las escuelas de idiomas, así como

39
también hay una justificación para una matematización de los estudios lingüísticos
gracias al ordenador; sin embargo, para todos aquellos que se interesan por las
civilizaciones y sus lenguas respectivas, el texto debe seguir siendo el norte hacia
el cual orientarse» (Niederehe 2003, 211).

Klaus Heitmann (2004, 333) explicita el papel que desempeñó la lingüística


practicada en el dominio lingüístico alemán como «comadrona y nodriza» de
la filologia moderna en Italia, una disciplina «a la que le correspondía como
tarea la investigación de las preguntas sobre la lengua y la literatura nacio-
nales, de importancia capital para el moderno estado italiano»:

«A lo largo del tiempo los estudios neofilológicos y la italianística se emanciparon


del modelo alemán gracias a su constante crecimiento. La filologia neolatina ganó
cada vez en independencia y peso propio. Sin embargo, sigue siendo cierto que
hasta la primera guerra mundial Alemania continuó estando a la cabeza […]. Y, al
menos en la lingüística, hasta bien avanzado el siglo XX la investigación del espacio
lingüístico alemán produjo algunos resultados pioneros» (Heitmann 2004, 350).

Georg Kremnitz plantea un intento programático para modificar las pers-


pectivas de estudio de la historia de las lenguas y las literaturas en el que se
destaca un abandono de las historias orientadas hacia las naciones aisladas y
su sustitución por una historia dirigida hacia los espacios en la Romania:

«Las historias de las lenguas estatales se presentan como historias de éxito en las
que las lenguas paulatinamente ocupan el espacio geográfico y social que les es-
taba destinado; habitualmente no se dedica ni una palabra al hecho de que en los
procesos de territorialización de una cultura cada ganancia de una lengua significa
una pérdida por parte de otra lengua mientras se parta del modelo nacionalista
del ser humano monolingüe. En estas obras regularmente se exagera (de mane-
ra considerable) el grado de homogeneidad lingüística del territorio en cuestión»
(Kremnitz 2002b, 13).

Para Kremnitz la historia del francés es

«una parte importante de la historia de las lenguas de Francia y este espacio es un


carrefour, una encrucijada en la que estas lenguas se han encontrado, se encuen-
tran y se influyen mutuamente de manera dialéctica. Las historias de la lengua que
se construyen sobre estos principios ofrecen una visión distinta de los procesos
históricos y pueden mostrar (mejor), que el caso normal en los acontecimientos
históricos es el contacto y no el aislamiento» (Kremnitz 2002b, 17).

Una cuestión que siempre se debate en este contexto tiene que ver con la
elección de una lengua para la publicación, con la pregunta de en qué lengua
se puede y se debe practicar la romanística dentro del espacio lingüístico
alemán. Los organizadores del grupo de trabajo «Romanística en alemán –
¿para quién?», Maria Lieber y Harald Wentzlaff-Eggebert defienden en su
resumen que, aunque el inglés esté ganando terreno como lingua franca (in-
terdisciplinariedad, mayor cooperación con disciplinas vecinas no románicas),
hay que mantenerse firme en el alemán como lengua de la ciencia y esto
por varios motivos: por su importante presencia y prestigio sobre todo en el

40
este de Europa, por el ininterrumpido prestigio de la romanística alemana
en determinados campos, por la autenticidad de la expresión en la lengua
materna y por consideración a la opinión pública de lengua alemana). Los
organizadores proponen en su introducción algunas observaciones sobre el
problema: interconexión electrónica de la investigación romanística, movili-
dad de los estudiantes, diferencias en el problema en función de la orienta-
ción lingüística o literaria de los investigadores, perspectiva interna y visión
desde el extranjero; romanística en el espacio cultural alemán vs. espacio
cultural romance vs. diálogo científico internacional; temas tradicionales de
la filología y las ciencias humanas vs. temas actuales como la formación del
canon, la alteridad, el feminismo, la multiculturalidad, la identidad de las
minorías, etc.; cf. Lieber/Wentzlaff-Eggebert 2002, 5–6). La mayoría de los
colaboradores en el grupo de trabajo interpretan estas observaciones en el
sentido de los organizadores a favor de la relevancia del alemán como lengua
científica. Johannes Kramer comprueba que «no puede hablarse de ninguna
manera de una marginalización de la romanística alemana en la discusión
internacional […] en el ámbito de la lingüística» (Kramer 2002, 16), y opina
que la elección de la lengua debería regirse por el público esperado; es de-
cir, los investigadores de lengua alemana deberían escribir en alemán en las
revistas alemanas y en las revistas extranjeras deberían emplear la lengua
del país en el que aparecen (Kramer 2002, 22):

«incluso aunque todo el gremio de los romanistas alemanes unanimiter decidiera


solemnemente desarrollar el furor Teutonicus ya sólo en traje románico y pres-
cindir en lo sucesivo del alemán – ¡tan perjudicial para la comunicación! – eso no
cambiaría en nada el hecho de que una gran parte de los clásicos de la romanística
ha de seguir siendo consumida en alemán» (Kramer 2002, 24).

Fabio Marri (2002, 39) no ve ningún motivo para que «un filólogo alemán
deba publicar en inglés, ya que el inglés es una lengua extranjera en un doble
sentido: lo es para el que escribe y también para el (neolatino) que lo lee» (cf.
para el italiano Calaresu/Guardiano/Hölker 2006). Horst Nitschack, que ha
enseñado en Chile, Perú y Brasil, tiene que reconocer que, bajo la presión de
la modernización y de la internacionalización, el alemán desempeña un papel
insignificante en el diálogo científico interdisciplinario e internacional (Nit-
schack 2007, 7); sin embargo, el alemán dentro de la romanística plurilingüe

«mantendrá una posición importante, ya que no sólo es la lengua de un (nece-


sario) diálogo interdisciplinario dentro del espacio lingüístico alemán, sino que
también es la lengua en la que se transmiten al espacio cultural alemán las dis-
cusiones que se llevan a cabo en las respectivas lenguas objeto de su estudio»
(Nitschack 2007, 10).

Para el surcoreano I Deug-Su, los dos polos de la romanística alemana, es de-


cir, «su rigor lingüístico y filológico y su libertad hermenéutica considerados
como condiciones de su extraordinaria potencia dialéctica» (Deug-Su 2002,
32), son también las «fuentes de su vitalidad», que todos conocen, pero que

41
quizá no valoran lo suficiente (Deug-Su 2002, 32). Ioan Constantinescu (2002)
explica por qué precisamente desde el punto de vista de la cultura rumana
y de la rumanística, la romanística en lengua alemana es una «ciencia con
futuro» (cf. Wagner 2006). Para terminar con este tema conviene mencionar
que la Fundación Volkswagen promovió en el año 2006 una nueva iniciativa
de subvención con el título «Alemania plus – La ciencia es políglota», que
se estructuró en cuatro componentes: un concurso para ofertas de estudio
plurilingües, la oferta (organizada en forma de concurso) de traducir trabajos
de destacados científicos alemanes, una oferta de financiación para proyectos
de investigación relacionados con la impronta lingüística del pensamiento y
el trabajo científico y un programa de actividades sobre el tema «La ciencia
es políglota» (cf. los detalles en www.volkswagenstiftung.de).

42
5. La romanística en España

«Por los años 30, la lingüística románica, como resultado


de las fuerzas centrífugas que a principios de siglo habían
empezado a desgarrar la disciplina, parecía destinada a la
desintegración» (Catalán 1974, 108).

La lingüística, al igual que las demás disciplinas humanísticas, tiene un impor-


tante componente identificativo. Una de sus funciones consiste en contribuir
a la configuración de la identidad de las distintas comunidades humanas orga-
nizadas políticamente. En este sentido la lingüística se construye y se practica
en microcosmos muy variados. Esto se ha traducido en que la organización
académica haya adquirido una importancia capital para la caracterización de
la disciplina en cada estado. En este sentido han sido fundamentales factores
como la definición y el número de los puestos universitarios (cátedras, etc.),
la organización de la docencia (áreas, departamentos; planes de estudios), la
organización de la investigación, las salidas profesionales de los estudiantes,
la función atribuida a la universidad y los requisitos exigidos a lo largo de
la carrera universitaria (tesina, tesis, estancias en el extranjero, habilitación,
etc.).
El sistema universitario español ha tenido tradicionalmente un objetivo:
formar profesionales. En el ámbito que nos interesa eso significa, sobre todo,
formar profesores de enseñanza media y universitaria.1 Para lograr ese obje-
tivo la Universidad ha pretendido transmitir unos conocimientos regulados
dentro de un plan de estudios. Por ese motivo, la historia de la romanística

1 Incluso en ocasiones se ha difundido una interpretación restrictiva del mercado


de trabajo, de tal manera que las titulaciones de ámbito muy general impedirían
el acceso a determinados puestos de trabajo. Por ejemplo, en el Informe de au-
toevaluación de la titulación de licenciado en filología hispánica de la Universidad
de Cádiz (www.uca.es/facultad/filosofia/auto/hispanica/autoinforme.pdf) se valora
negativamente la equiparación de la titulación en Filología románica con la titu-
lación en Filología hispánica para el acceso a las plazas de profesor de español
en el Instituto Cervantes: «Si bien el español como lengua extranjera supone un
nuevo mercado de trabajo, haría falta un mayor nivel de definición del perfil del
profesor de español por parte de las instituciones. Por ejemplo, para ejercer como
profesor auxiliar de español en centros de diferentes países no españoles no se
exige como requisito mínimo ser licenciado en Filología Hispánica. Incluso el Insti-
tuto Cervantes coloca al mismo nivel de importancia como titulaciones prioritarias
las de Filología Hispánica, Lingüística y Filología Románica en sus convocatorias
para cubrir puestos docentes. Tan sólo en los lectorados se especifica como titu-
lación prioritaria la licenciatura en Hispánicas. Desgraciadamente, consideramos
que éste es un punto muy débil no de la titulación, sino del sistema educativo en
general».

43
en España queda bastante bien plasmada en la historia de los planes de es-
tudio (cf. 5.1.). Otra característica definitoria del sistema español es la per-
manencia casi hasta nuestros días de una estrecha unión entre los estudios
lingüísticos y literarios bajo el nombre de Filología.2
En España ha existido el término romanística, pero ha habido en reali-
dad muy pocos romanistas tal y como se entiende el concepto en el mundo
germánico:

«Aunque los más notables cultivadores de la filología española habían adquirido


[Catalán se refiere al período entre las dos guerras mundiales] una respetable
competencia en el campo románico, puede decirse que en España no hubo ‹ro-
manistas›, pues los filólogos españoles continuaron limitando su actividad al cam-
po hispánico, mostrándose desinteresados o temerosos ante lo que traspasaba sus
fronteras» (Catalán 1974, 40).

En España el término romanística significaba hasta los años setenta prác-


ticamente lo mismo que estudio del español apoyado con conocimientos de
otras lenguas románicas. Y la historia de la romanística en España puede
interpretarse como una adaptación de lo que se hacía en el extranjero con
el objetivo de crear una filología nacional.3 Por otro lado, la creación de esa
filología nacional, llamada Filología románica hasta los años 70 del siglo XX,
estuvo fuertemente guiada por una intención regeneradora y autoidentifica-
dora, plasmada en la figura de Menéndez Pidal, cuya obra

«contribuye a la construcción de una concepción de España, dándole, por medios


científicos, una historia que la dignifique, generando para esa España unidad cul-
tural, lingüística y, en consecuencia, política, e identificando los rasgos esenciales
del carácter de su civilización» (del Valle 2001, 377).4

Esta orientación nacional ha primado y no ha favorecido los estudios com-


parativos:

2 Sólo recientemente se han aprobado títulos especializados en lingüística o en li-


teratura. La primera universidad en aprobar un plan de estudios de Licenciatura
en Lingüística fue León (Boletín Oficial del Estado 8/11/1993) y la primera en
aprobar un plan de Teoría de la literatura y literatura comparada fue la Autónoma
de Barcelona (Boletín Oficial del Estado 28/1/1993). Sin embargo, la separación
no es tan radical, ya que estos estudios son de segundo ciclo y están destinados
principalmente a estudiantes que hayan superado un primer ciclo en cualquier
filología.
3 Cf. algunos aspectos de este proceso en Malkiel (1970; 1972), Catalán (1974), Por-
tolés (1986), Gutiérrez Cuadrado (1987), Echenique Elizondo (1996), del Valle
(2001).
4 Para Echenique Elizondo (1996, 39) «la adopción de una orientación histórica en
los estudios lingüísticos debió originar de rebote tal nacionalismo, por la misma
contemplación de la riqueza histórica que había en el pasado peninsular. A fin de
cuentas, es una herencia romántica la de señalar lo peculiar, lo distintivo, lo genial
de cada lengua y cada pueblo».

44
«La organización de los estudios filológicos (cátedras universitarias; revistas técni-
cas, publicaciones y proyectos de investigación apoyados por subvenciones estata-
les, regionales o privadas; instituciones dedicadas a la investigación; etc.) responde,
tanto en España (y Cataluña) como en Portugal, a la preocupación nacional por
la lengua y la cultura patrias. Consecuentemente, la lingüística íbero-románica au-
tóctona se ha desarrollado, salvo raras excepciones, sin atender simultáneamente
al resto de la Romania y sin tratar de establecer relaciones con otros campos de
la lingüística. Esta autarquía en los temas estudiados ha contribuido a que las
aportaciones lingüísticas escritas en las lenguas íbero-románicas hayan trascendido
menos de lo que, posiblemente, debieran» (Catalán 1974, 13).

Los motivos de esta concentración sólo en el ámbito del español son varios.
Por un lado, los filólogos españoles eran conscientes de que había mucho tra-
bajo que hacer en el campo del estudio del español. Por otro lado, el principio
del siglo XX estuvo guiado por el espíritu regeneracionista, que concentró
todos sus esfuerzos en la idea de España. A esto se añade el hecho de que
la escuela de Madrid favoreció la imbricación de estudios humanísticos y
lingüísticos, separándose así de la corriente predominante en Europa.
Las disciplinas comparativas están llamadas, idealmente, a contribuir de
manera decisiva a la intercomprensión e intercomunicación entre pueblos
y estados.5 Y así tenemos el ejemplo de España, donde conviven bastantes
variedades románicas: junto al español, catalán y gallego (y sus respectivas
variedades), no hay que olvidar la importancia de los «dialectos históricos»
(leonés y aragonés) y su presencia actual (cf. el caso del asturiano), así co-
mo la existencia del aranés. Y no hay que perder de vista que la conviven-
cia entre estas variedades lingüísticas (a las que hay que añadir el vasco) no

5 Este aspecto se destaca en el momento actual de reforma de la estructura universi-


taria europea. Por ejemplo en una Ficha técnica de propuesta de título universitario
de grado en Lenguas y literaturas modernas difundida por el Ministerio de Edu-
cación y Ciencia español el año 2006 se puede leer: «Este tipo de estudios puede
contribuir de una manera relevante a favorecer la interculturalidad y la interdis-
ciplinariedad de la educación superior. […] un titulado en Lenguas y Literaturas
Modernas puede orientar su actividad profesional hacia sectores de intermediación
lingüística y cultural, planificación y asesoramiento lingüístico y literario, gestión
y asesoramiento en medios de comunicación, relaciones internacionales, represen-
tación diplomática, turismo y gestión cultural, ámbito editorial, actividades rela-
cionadas con la traducción y la interpretación, administración pública en puestos
que implican buen conocimiento de otras lenguas y culturas…» (www.crue.org/pdf/
FICHA%20grado%20LENGUAS%20y%20LITERATURAS%20MODERNAS.
pdf). El proceso de reforma está en plena ebullición en el momento de escribir
estas líneas y ha seguido caminos vacilantes. La ficha mencionada corresponde a
una fase del proceso en la que se pensaba reducir el catálogo de grados posibles
a un número bastante pequeño. Tras un cambio en el Ministerio de Educación esa
política pareció abandonarse y en la actualidad se ha generalizado ya la idea de que
se mantendrán sólo los grados con un número mínimo de alumnos matriculados.
De cualquier manera, es previsible que la interculturalidad y la interdisciplinarie-
dad de la educación superior sigan siendo, al menos sobre el papel, parámetros
de referencia a la hora de la elaboración y valoración de los nuevos grados.

45
ha sido y no es precisamente pacífica y fructífera. Esta realidad lingüística y
social no se ha plasmado en España en una articulación académica basada
en la colaboración.6 El término iberorromanística, que podría traducir esta
situación se encuentra escasamente difundido en las publicaciones académi-
cas7 y está prácticamente ausente de la estructura administrativa. Más bien
parece que las distintas variedades iberorrománicas se han dedicado a «ha-
cer la guerra por su cuenta». Por ejemplo, la filología catalana de principios
del siglo XX siguió un rumbo diferente al trazado por la filología española.
En el caso catalán no se contó con la formación de una escuela similar a la
de Madrid y, además, el catalán tenía unas prioridades específicas derivadas
del período de decadencia.8
En parte la Filología románica fue en el pasado un refugio para las len-
guas minoritarias de España y eso ha dejado algunas huellas. Por ejemplo,
en la actualidad se puede estudiar Filología románica en siete universidades
españolas (cf. n. 29), de las cuales dos son catalanas, una gallega y una as-
turiana. Quizá tampoco sea casual que de los cinco congresos de la Société
de Linguistique Romane celebrados en España, dos hayan sido en tierras
de lengua catalana (Barcelona 19539 y Mallorca 1980) y uno en tierras ga-

6 Esta misma constatación inspira las palabras de Girón (2005, 177): «España es un
país plurilingüe, como es bien sabido; cada vez más, la sociedad española sentirá
la necesidad de que todos los ciudadanos tengan una formación básica en las otras
lenguas de España que no son el español o castellano (la lengua general de todos)
o la respectiva lengua co-oficial en la Comunidad Autónoma (el euskera, el catalán
– con las variedades valenciana y mallorquina – y el gallego-portugués). Se echa
de menos una asignatura en la enseñanza secundaria que proporcione a todos los
españoles una introducción a estas lenguas de España. Desde este anhelo, sentido
por muchos, nuevas salidas profesionales se vislumbran para los licenciados o gra-
duados en Filología Románica». El proceso de reforma universitaria en curso abre
la posibilidad para que esta laguna social se cubra. Al menos en la Universidad
de Salamanca se está trabajando en un posible grado que se ocupe de las lenguas
de la Península Ibérica.
7 Algunas excepciones son Bustos Tovar (1960), Granda Gutiérrez (1966), Catalán
(1974) o Brumme (2001).
8 Catalán (1974, 95) habla de una «antigua desconexión entre las actividades refe-
rentes al dominio catalán y la lingüística española», que empezaría a superarse
en los años 30 del siglo XX. Los estudiosos del catalán se habían ocupado en
los primeros decenios del siglo XX de la tarea acuciante de la normalización del
catalán. Por esa época surgió una figura importante para la perspectiva románica
en la persona de Joan Coromines, que demostró competencia en el campo catalán
y castellano, así como en la lingüística románica general.
9 «La elección de Barcelona como sede del congreso, por parte de la ‹Société de
Linguistique Romane›, tuvo un doble valor simbólico: representó, en primer lu-
gar, un homenaje a la ‹llengua catalana›, gravemente amenazada por las nuevas
condiciones sociales y políticas, y por otro oficializó la reintegración de España a
la comunidad cultural europea después de los años de ostracismo» (Catalán 1974,
197 n. 537).

46
llegas (Santiago de Compostela 1989), frente a los de Madrid 1965 y Sala-
manca 2001.
A continuación presentaremos la historia de los planes de estudios ro-
mánicos en la Universidad española. Después trataremos de algunas figuras
y algunos logros de la romanística en España y concluiremos con algunas
reflexiones sobre la situación actual.

5.1. Planes de estudios

Uno de los grandes males de la Universidad española ha sido su afición a los


planes de estudios y a su constante modificación (que en no pocas ocasiones
ha consistido en cambiarlo todo para que todo siga igual). En este sentido la
Universidad española se ha caracterizado por una rigidez docente, que tam-
bién ha tenido sus consecuencias en la investigación. La obsesión por diseñar
planes de estudio ha generado la idea de que todo lo que hay que saber está
en los planes de estudios y que, por lo tanto, cada disciplina tiene un reflejo
fiel en lo que se enseña en la Universidad: extra «planes» nulla scientia. Es-
to ha generado generaciones y generaciones de universitarios cortados por
el mismo patrón y de una escasa capacidad innovadora y crítica.10 Con este
sistema, los estudiantes se han visto (nos hemos visto) en la postura cómoda
de dejarse llevar; desde el principio un estudiante sabe lo que se espera de él,
sabe que tiene que aprender una serie de folios y de lecturas que le servirán
para responder a las preguntas de un examen final; desde el principio sabe
cuál será su camino intelectual a lo largo de la licenciatura; y cuando termi-
ne los estudios se encontrará las más de las veces ante el «horror» de tener
que empezar a guiar su destino profesional e intelectual y con la sensación
de que para eso no está preparado.
Frente a esta tendencia a encapsular contenidos en planes de estudios,
otros sistemas universitarios, como el germánico, han seguido vías diferentes.
Por un lado, el sistema tradicional hispánico se ha basado en la clase ma-
gistral, mientras que el sistema germánico ha combinado distintos tipos de
actividades lectivas (clases de lengua, lecciones magistrales, seminarios para
principiantes, seminarios avanzados, coloquios…). Por otro lado, en lugar de
una serie de materias fijadas en el plan de estudios, el sistema germánico
ha ofrecido en los seminarios avanzados temáticas específicas y cambiantes

10 Otra consecuencia es que, cuando un español reflexiona sobre el futuro de la


ciencia frecuentemente lo haga en términos de títulos y planes de estudios (cf. p.
ej. las primeras páginas de Ridruejo 2005; Girón 2005). Este capítulo también es
buena prueba de ello.

47
con las que no se pretende transmitir conocimientos, sino enseñar a inves-
tigar.11
A continuación trazaremos la historia de los planes de estudios de Filo-
logía románica para comprender en detalle cuál ha sido la evolución de la
disciplina en España.

5.1.1. El período 1845–1952


En 1845 había diez universidades en España.12 Los estudios estaban orga-
nizados en cinco facultades (Filosofía, Jurisprudencia, Medicina, Teología y
Farmacia) que no estaban presentes en todas las universidades.13 La Facultad
de Filosofía era una facultad menor en la que debían cursar todos los que
pretendían seguir estudios universitarios mayores. La Facultad de Filosofía
y Letras no se creó hasta los años 60 del siglo XIX.
En 1866 se introdujo una regulación por años de las materias estudiadas
en la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 14/10/1866).14

11 Cf. por ejemplo la lista de actividades lectivas para el segundo ciclo en la sección
de español de la Universidad de Viena en el semestre de invierno 2006/2007: Curso
de lingüística – Español: Sintaxis, pragmática y semántica; Seminario de lingüística:
Lengua y emigración en la Hispanorromania; Seminario de lingüística: La actual
situación político-lingüística en España; Seminario de lingüística: Investigación de
conflictos lingüísticos; Seminario de lingüística: Semántica; Seminario de lingüís-
tica – Francés/Español: Publicidad: posibilidades y fronteras; Curso de lingüística:
Etapas de la implantación de las lenguas estatales en la Romania; Seminario de
literatura – Español: Risa y comedia en la Edad Media y en la temprana Edad
Moderna; Seminario de literatura – Español: Cuentos de las rupturas en la literatu-
ra puertorriqueña; Seminario de literatura – Español: Política – Educación – Sexo:
Organizaciones de la ciencia en la España del siglo XVIII; Curso de literatura:
Literatura fantástica y Realismo mágico II; Curso de literatura y de cultura – Es-
pañol: La locura del amor – Representaciones de lo femenino en la Iberia.
12 Puede seguirse en parte la historia de la Facultad de Filosofía y Letras en la Uni-
versidad española en la página del Proyecto filosofía en español (www.filosofia.
org).
13 Por ejemplo, Madrid contaba con todas las facultades, mientras que Salamanca
sólo tenía Filosofía y Jurisprudencia.
14 Con este decreto se quería paliar algunos males de la Ley de instrucción pública
de 1857 (Gaceta de Madrid 10/9/1857) como la falta de conocimientos de lengua
griega con la que llegaban los alumnos a la universidad. Igualmente pretendía
favorecer que las aulas universitarias «en vez de producir Licenciados y Doctores
llenos de ideas generales, propensos a la insustancial palabrería, semi-filósofos y
semi-literatos, que den una triste idea de la fortuna que en España alcanzan los
estudios clásicos y serios, produzcan Profesores de sana y sólida doctrina, que
hagan simpática y estimable para todos una Facultad que en las naciones cultas
del mundo obtiene lugar distinguido, y determina quizá su nivel científico y lite-
rario».

48
Primer año: Segundo año: Tercer año:
Principios generales de Literatura latina Literatura griega
literatura con aplicación a
la española
Geografía histórica Historia universal Continuación de la
Historia universal
Lengua griega (primer Lengua griega (segundo Estudios superiores de
curso) curso) psicología y lógica
Cuarto año: Quinto año: Sexto año:
Estudios superiores de Literatura española Literatura extranjera
metafísica y ética
Historia de España Continuación de la historia Historia de la filosofía
de España
Lengua hebrea o árabe Lengua hebrea o árabe
(primer curso) (segundo curso)

Como puede comprobarse, en lo que se refiere a la formación lingüística, los


estudios (ya en la fase preuniversitaria) se centran en las lenguas clásicas, a
las que se une al final el hebreo o el árabe.
Un primer intento de especialización se produjo con el proyecto de re-
forma de Eduardo Chao durante la Primera República (Gaceta de Madrid
7/6/1873), por el cual la Facultad de Filosofía y Letras se iba a dividir en
dos facultades: de Filosofía y de Letras. Los estudios de la Facultad de Le-
tras serían:

1. Lengua y literatura griegas 12. Sánscrito


2. Lengua y literatura latinas 13. Latín y romances de los tiempos
medios
3. Principios de filología y filología 14. Historia de las literaturas orientales,
comparada y especialmente de las hispano-
semíticas
4. Principios de literatura, con nociones 15. Historia de las principales literaturas
de bibliología extranjeras
5. Historia de las literaturas ibéricas 16. Arqueología e historia general del
arte
6. Historia general del derecho 17. Paleografía diplomática y literaria
7. Introducción al estudio de la historia 18. Epigrafía, glíptica y numismática
8. Historia universal: dos cursos 19. Estética y filosofía del arte
9. Historia de España y Portugal 20. Biología y filosofía de la historia
10. Hebreo, caldeo y rabínico 21. Historia de la filosofía
11. Árabe

49
Los estudiantes deberían cursar todas estas materias menos seis, pero las nue-
ve primeras serían obligatorias. Sin embargo, por falta de tiempo la entrada
en vigor del proyecto se dejó en suspenso (Gaceta de Madrid 11/9/1873).
A finales del siglo XIX, ahondando en el proceso de especialización, se
publicó el decreto de regulación de la Facultad de Filosofía y Letras (Ga-
ceta de Madrid 2/10/1898), por el que la facultad se organizaba en estudios
lingüísticos, literarios, históricos y filosóficos.15

Estudios lingüísticos: Estudios literarios:

Filología comparada de latín y castellano Teoría del arte y principios de literatura

Lengua griega Literatura española

Ejercicios de griego y latín Literatura latina

Lengua árabe Literatura griega

Lengua hebrea Estudio comparado de las modernas


literaturas europeas

Sánscrito

El siglo XX se abrió con la Reforma de la Facultad de Filosofía y Letras


(Gaceta de Madrid 22/7/1900), que fue la primera reforma importante des-
de la Ley de instrucción pública de 1857.16 El decreto suprimió la Escuela
Superior de Diplomática17 e incorporó todas sus enseñanzas a la Facultad

15 Esta reforma tuvo que enfrentarse, como tantas otras, con problemas presupues-
tarios que forzaron el aplazamiento de su entrada en vigor (Gaceta de Madrid
8/8/1899).
16 Gutiérrez Cuadrado (1987) analiza la situación hasta 1900 y señala cuatro caracte-
rísticas de la filología en España gestadas en ese período y que iban a condicionar
la evolución de la disciplina en parte del siglo XX: 1) por causas nacionalistas, la
filología se encerró en un ámbito puramente hispánico; 2) la lengua y la literatura
fueron unidas; 3) se rechazó todo tipo de teorización; 4) los intelectuales españoles
prefirieron importar y adaptar esquemas e ideas, antes que elaborar otros nuevos
sobre el terreno.
17 Esto es algo que ya preveía el proyecto de reforma de la I República. La Es-
cuela existía desde 1856, su función consistía en formar a los futuros biblioteca-
rios y trabajadores de los museos y su plan de estudios contenía las siguientes
materias: Paleografía general, Paleografía crítica, Latín de los tiempos medios y
conocimiento del romance castellano, lemosín y gallego, Aljamía, Arqueología y
numismática, Bibliografía, Historia de España de los tiempos medios, Ejercicios
prácticos (Gutiérrez Cuadrado 1987, 154). Obsérvese que en la materia Latín de
los tiempos medios y conocimiento del romance castellano, lemosín y gallego el
término lemosín está, de acuerdo con la práctica de la época, en lugar de catalán.
Por lo tanto el objetivo del curso era, como señala Gutiérrez Cuadrado (1987, 154)
«una elemental gramática comparada de las lenguas románicas de la península».

50
de Filosofía y Letras. Junto al estudio tradicional del latín, el diseño de la
Facultad se orientaba hacia un estudio del español, que no estaba regulado
anteriormente.
Este nuevo marco de estudios del español y del latín era claramente ro-
mánico, ya que se decretaba que estos estudios «se completarán con el de las
Lenguas y Literaturas neolatinas, especialmente la portuguesa, la catalana, la
provenzal y la francesa, con cuya comparación tanto se ilustra el idioma de
Calderón y la literatura de Cervantes». El ponente del decreto, el ministro
Antonio García Alix, argumentaba que en un país como España había de
ser obligatorio además el estudio del árabe y del hebreo y se le añadía el
estudio de la Filología comparada de las lenguas indoeuropeas.
En el decreto de 1900 se observa, por un lado, la necesidad de diferenciar
los estudios dentro de la Facultad y, por otro, la unión tradicional de lengua
y literatura en los estudios españoles:

«No hay que esforzarse para comprender que la Filosofía y las Letras constituyen
órdenes o secciones cada vez más diferentes, y que suponen aptitudes tan diversas
como las del filósofo y las del literato. En cambio, con la denominación común
de Letras, vienen siendo designados estudios, si en pasados días homogéneos, hoy
desemejantes, como la Historia y la Literatura. Esta, como la Filología, forma agru-
pación propia, pues no se concibe racionalmente el estudio de una lengua sin el
de su literatura, ni el de una literatura sin el de su lengua».

La Facultad se organizó en tres estudios: filosóficos, literarios e históricos.


Los estudios literarios eran:

Teoría de la literatura y de las artes Lengua y literatura griegas

Lengua y literatura españolas (curso Lengua hebrea


preparatorio)

Literatura española (curso de Lengua árabe


investigación)

Lengua y literatura latinas Sánscrito

Latín vulgar y de los tiempos medios Filología comparada de las lenguas


indoeuropeas

Filología comparada del latín y el Gramática comparada de las lenguas


castellano semíticas

Lenguas y literaturas neolatinas Paleografía

Lengua griega Bibliología

El título era el de licenciado o doctor en Letras. Las asignaturas especiales


de la titulación eran:

51
Primer grupo: Segundo grupo: Doctorado:

Paleografía Filología comparada del Estética


latín y el castellano

Latín vulgar y de los Lengua y literatura griegas Lenguas y literaturas


tiempos medios neolatinas

Literatura española (curso Lengua hebrea Sánscrito


de investigación)

Lengua griega Bibliología Gramática comparada de


las lenguas semíticas

Lengua arábiga Gramática comparada de


las lenguas indoeuropeas

En 1913 se renovaron los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y


Letras (Gaceta de Madrid 19/8/1913) con los siguientes cambios:

Plan antiguo: Plan nuevo:

Latín vulgar y de los tiempos medios Lengua latina (primer curso de


ampliación)

Gramática comparada de las lenguas Lengua latina (segundo curso de


indoeuropeas ampliación)

Filología comparada del latín y castellano Historia de la lengua castellana

Lenguas y literaturas neolatinas Filología románica

Gramática comparada de las lenguas Literatura rabínica española


semíticas

Historia de la civilización de los judíos y Literatura arábiga española


musulmanes

De manera que los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Letras


quedaron fijados de la siguiente manera (Gaceta de Madrid 8/9/1913). Las
asignaturas comunes a las tres licenciaturas existentes (Filosofía, Letras, His-
toria) eran:

Primer año: Segundo año:

Lengua y literatura españolas Lengua y literatura latinas

Lógica fundamental Teoría de la literatura y de las artes

Historia de España Historia universal

Las asignaturas de la licenciatura de Letras eran:

52
Primer grupo: Segundo grupo: Doctorado:

Paleografía Historia de la lengua Filología románica


castellana

Lengua latina (primer Lengua latina (segundo Literatura arábiga


curso de ampliación) curso de ampliación) española

Literatura española (curso Lengua y literatura griegas Literatura rabínica


de investigación) española

Lengua griega Lengua hebrea Sánscrito

Lengua arábiga Bibliografía Literatura galaico-


portuguesa

En el doctorado todas menos la última eran obligatorias.18


Obsérvese que esta es la primera vez que aparecía una asignatura con el
calificativo de románica y que estaba colocada en la fase del doctorado.
El Gobierno de la II República derogó los planes antiguos y publicó el
siguiente plan de estudios provisional para la facultad de Filosofía y Letras,
Sección de Letras (Gaceta de Madrid 16/9/1931). Asignaturas comunes a
todas las secciones:

Introducción a la Filosofía Lengua latina

Lengua y literatura españolas Historia del arte

Historia de España

Asignaturas de la especialidad:

Primer año: Segundo año: Tercer año:

Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas Lengua hebrea

18 En 1916 se le añadió la Literatura contemporánea de las lenguas neolatinas como


asignatura voluntaria (Gaceta de Madrid 15/3/1916), cátedra que ocupó Emilia
Pardo Bazán (Gaceta de Madrid 14/5/1916). Con este nombre aparece la asigna-
tura en el texto del decreto, pero existe una orden (Gaceta de Madrid 4/2/1922)
que suprime en la Universidad Central la cátedra de Literatura comparada de las
lenguas neolatinas y la sustituye por la de Prehistoria. Uno de los argumentos es
el siguiente: «aparte de su escaso acomodamiento a los planes vigentes, presuponía
el olvido de que la Literatura, en cualquiera de sus manifestaciones, implica en
alumnos y Profesores la posesión de los métodos y estudios técnicos conocidos
con el nombre de Filosofía [sic], y no puede cursarse universitariamente sin un
previo establecimiento en la Facultad de los estudios de las Lenguas modernas».

53
Primer año: Segundo año: Tercer año:

Lengua griega Lengua y literatura griegas Lengua española (Historia


de la lengua castellana)

Bibliografía Lengua árabe Literaturas modernas

Historia del arte Paleografía Historia de España

Introducción a la Filosofía

Hasta este momento sólo existían unos estudios de letras que combinaban las
lenguas clásicas con el árabe, el hebreo y, naturalmente, el español. Pero en
el mismo decreto se estableció un plan experimental para las universidades
de Madrid y Barcelona, para que pudieran expedir en la sección de Letras
los títulos de licenciado en Filología clásica, Filología semítica y Filología mo-
derna (a base de español o de cualquier otra lengua).19 El decreto establecía
las pruebas que debían superar los aspirantes a estos títulos. Las pruebas de
Filología moderna a base de español incluían, además de pruebas relativas al
latín, una Pregunta de Filología románica y una Traducción de dos textos de
dos lenguas románicas, con explicación filológica de los mismos. En el caso
de las titulaciones a base de francés, portugués o italiano se conservaban
pruebas referentes al latín y al español, pero no había Pregunta de Filología
románica y sólo aparecía una Traducción de un texto en alguna otra lengua
viva escogida por el alumno. Por lo tanto, este plan ya ponía de manifiesto
la unión entre romanística y español y la progresiva desvinculación de la
romanística con relación a las otras lenguas románicas.
Al terminar la guerra civil el nuevo gobierno dictó normas para regula-
rizar la situación universitaria: anuló todos los exámenes y actos académicos
realizados con posterioridad al 18 de julio de 1936 y estableció para todas
las Facultades de Filosofía y Letras una distribución en Estudios comunes
y Estudios especiales (Boletín Oficial del Estado 13/9/1939). Los estudios
comunes se harían en dos cursos y contendrían las siguientes materias:

Lengua latina Historia general e historia de España

Lengua griega o árabe Historia del arte

Lengua y literatura españolas Lengua francesa

Introducción a la filosofía Lengua alemana, italiana o inglesa

19 El curso siguiente este ordenamiento se extendió a las demás universidades (Ga-


ceta de Madrid 28/10/1932).

54
En 1944 se publicó un Decreto de ordenación de la Facultad de Filosofía y
Letras (Boletín Oficial del Estado 4/8/1944) que reconocía la existencia de
dos tendencias opuestas en la facultad: a formar un grupo común de disci-
plinas y a la especialización «demasiado concreta y minuciosa».20 Ante esta
situación la reforma proponía un modelo ecléctico y seguía apostando por
una fase de estudios comunes de filosofía, historia y lingüística. El decreto
establecía

«una triple Sección de Letras, orientada en primer término, al estudio de la Filolo-


gía románica, indispensable para la formación de estudiosos consagrados a resaltar
la importancia de nuestras aportaciones singulares a la Literatura universal y que
utilicen el preciado tesoro de nuestra lengua como vehículo previlegiado [sic] de
afanes de imperio espiritual».

Las otras secciones son la de Filología clásica y la de Filología semítica.21 El


plan de estudios es el siguiente. Estudios comunes (dos años):

Primer curso, primer cuatrimestre: Primer curso, segundo cuatrimestre:

Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas

Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes

Historia general de la cultura (Antigua y Lengua y literatura españolas


Media)

Historia general del arte (Edades Antigua Historia general de la cultura (moderna y
y Media) contemporánea)

Fundamentos de filosofía Historia general del arte (Edades


Moderna y Contemporánea)

Fundamentos de filosofía

20 El año anterior se había publicado la Ley sobre ordenación de la Universidad espa-


ñola (Boletín Oficial del Estado 31/7/1943) que hacía en su preámbulo un balance
negativo de la situación universitaria del siglo XIX y primeras décadas del XX:
«La caída de la Monarquía precipitó aún más la catástrofe de nuestros Centros de
cultura y la República lanzó a la Universidad por la pendiente del aniquilamiento
y desespañolización». En el preámbulo se criticaba también en varias ocasiones la
libertad de cátedra y se señalaba la necesidad de crear una universidad adaptada
al estilo del nuevo Estado, que se autodefinía como «antítesis del liberalismo».
21 En el preámbulo del decreto se fijaban además algunas orientaciones generales:
se elaboraba un plan de estudios común a todas las facultades y se relegaba la
autonomía didáctica al doctorado; por otro lado, los estudios se concebían no sólo
para formar investigadores, sino que se orientaban de una manera concreta al
ejercicio profesional: «la ordenación se esfuerza por fomentar la profesionalidad
nobilísima de la docencia aplicable a todos los grados de la Enseñanza».

55
Segundo curso, tercer cuatrimestre: Segundo curso, cuarto cuatrimestre:

Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes

Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas

Literatura universal Literatura universal

Historia de los sistemas filosóficos Historia de los sistemas filosóficos

Historia general de España (Antigua y Historia general de España (Moderna y


Media) Contemporánea)

Geografía general Geografía de España

Se especificaba además que los estudiantes que fueran a seguir la Sección de


Filología románica deberían traducir y hablar al menos dos lenguas románi-
cas y traducir el alemán. La especialización constaba de tres cursos.22 En la
Sección de Filología románica se estudiarían las siguientes asignaturas:

Tercer curso, quinto cuatrimestre: Tercer curso, sexto cuatrimestre:

Gramática general Gramática histórica de la lengua


española. Sintaxis (una hora se dedicará
al comentario filológico de textos)

Latín vulgar (con comentario de textos) Gramática general

Gramática histórica de la lengua Lenguas románicas. Curso práctico


española. Fonética y Morfología (una hablado. Galaico-portugués (segundo
hora se dedicará al comentario filológico curso)
de textos)

Lenguas románicas. Curso práctico Lenguas románicas. Curso práctico


hablado. Galaico-portugués (primer hablado. Italiano (primer curso)
curso)

Crítica literaria Crítica literaria

Seminario de gramática histórica de la Seminario de gramática histórica de la


lengua española. Fonética y morfología lengua española. Sintaxis

22 El decreto contemplaba que en los tres años de especialización los estudiantes


deberían familiarizarse con la metodología de investigación (cf. artículo 32) y que
deberían elegir a un tutor que guiara sus estudios (cf. artículo 33). Como se ve,
algunos de los aspectos que propone la actual reforma del sistema universitario,
no son tan novedosos. La duda que planea en el ambiente es si esta reforma dará
los mismos resultados que aquella.

56
Cuarto curso, séptimo cuatrimestre: Cuarto curso, octavo cuatrimestre:

Gramática histórica de la lengua Historia de la lengua y de la literatura


española. Semántica españolas (siglos XVI y XVII)

Historia de la lengua y de la literatura Lenguas románicas. Curso práctico


españolas (desde los orígenes hasta el hablado. Francés (segundo curso)
siglo XVI)

Lenguas románicas. Curso práctico Lenguas románicas. Curso práctico


hablado. Francés (primer curso) hablado. Galaico-portugués (tercer curso)

Lenguas románicas. Curso práctico Comentario estilístico de textos clásicos


hablado. Italiano (segundo curso) y modernos románicos. Segundo curso:
Italiano

Comentario estilístico de textos clásicos Historia de las literaturas románicas:


y modernos románicos. Primer curso: portuguesa
Galaico-portugués

Filología galaico-portuguesa (Lengua y Filología rumana


literatura medieval)

Quinto curso, noveno cuatrimestre: Quinto curso, décimo cuatrimestre:

Historia de la lengua y la literatura Lenguas románicas. Curso práctico


españolas (siglos XVIII al XX) hablado. Francés (tercer curso)

Lenguas románicas. Curso práctico Lingüística románica (segundo curso)


hablado. Italiano (tercer curso)

Comentario estilístico de textos clásicos Historia de las literaturas románicas:


y modernos románicos. Tercer curso: Francesa
Francés

Lingüística románica (primer curso) Dialectología hispánica (dos horas se


dedicarán al comentario filológico de
textos medievales)

Historia de las literaturas románicas: Literatura hispanoamericana


Italiana

Filología catalana Paleografía española

El decreto también establecía seminarios de Historia de la lengua y la li-


teratura españolas y cursos especiales voluntarios de provenzal antiguo y
vasco. Además, todas las secciones debían tener cuatro cursos monográficos
cada cuatrimestre.
El decreto de 1944 preveía la posibilidad de su reforma pasados cinco
años, de tal manera que en 1953 se publicó un decreto por el que se esta-
blecían los planes de estudios de las Facultades Universitarias de Filosofía
y Letras, Ciencias, Derecho, Medicina, Veterinaria, y Ciencias Políticas, Eco-
nómicas y Comerciales (Boletín Oficial del Estado 29/8/1953). Este nuevo
decreto corregía parcialmente la rigidez del de 1944 al presentar unas direc-

57
trices generales y fijar que cada universidad pudiera adaptar los planes a su
situación particular en aras de una «mayor autodeterminación pedagógica».
El decreto también fijaba que las asignaturas se cursarían por años y no por
cuatrimestres.
En el período de estudios comunes de la Facultad de Filosofía y Letras
se estudiarían las siguientes asignaturas:23

Primer año: Segundo año:


Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas
Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes
Lengua española Literatura española y sus relaciones con
la Literatura Universal
Historia universal Historia general de España
Historia general del arte Geografía general
Fundamentos de filosofía

Para la sección de Filología románica24 el decreto preveía las siguientes ma-


terias básicas:

Historia del español Literatura española Una lengua auxiliar


Filología románica Literaturas románicas Literatura
hispanoamericana
Dialectología hispánica Una lengua fundamental Gramática general y crítica
literaria
Paleografía

23 Como puede comprobarse, las asignaturas comunes variaron poco hasta este mo-
mento y estaban centradas básicamente en las lenguas clásicas y el árabe (con
una progresiva disminución de la obligatoriedad de árabe y con la desaparición
del hebreo), la lengua y la literatura españolas, la historia, el arte, la geografía y la
filosofía. Al terminar los dos años comunes los alumnos debían pasar un examen
con tres pruebas:
«a) Una de idiomas modernos, para cuya práctica se permitirá el uso de dicciona-
rio, siendo obligatorio el idioma francés, y a elección de los alumnos, el inglés
o el alemán.
b) Una de lengua española, consistente en el comentario gramatical y literario
de un texto.
c) Una prueba oral que consistirá en el desarrollo de un tema que señale el
Tribunal dentro del contenido de una asignatura elegida por el alumno. Para
realizarla señalará el Tribunal el tiempo que discrecionalmente considere su-
ficiente» (artículo 4).
24 Las secciones previstas por el decreto son, además de la de Filología románica, las
de Historia, Filosofía, Filología Clásica, Filología Semítica, Historia de América y
la de Pedagogía.

58
La situación de la Filología románica diseñada por estos planes de estudio es
caracterizada de la siguiente manera por López García (1996, 48):

«En los veinte años comprendidos entre 1940 y 1960 este panorama español no
se altera. Hay una dependencia considerable de la tradición filológica alemana,
entendida como garantía de continuidad. De los diez primeros títulos de la colec-
ción ‹Tratados y monografías› de la Biblioteca Románica Hispánica de la Edito-
rial Gredos, que se inicia por entonces y que dirigía Dámaso Alonso, cinco son de
autores de lengua alemana [en concreto: Wartburg, Kayser, Hatzfeld, Jungemann
y Baldinger]. Éste es el ambiente intelectual, epistemológicamente filogermánico,
en el que las personas de mi generación, que frecuentábamos las aulas universita-
rias a fines de los sesenta, nos hemos formado: en cuanto a la lingüística, Roma-
nistik y Positivismus; en cuanto a la literatura, Literaturwissenschaft. Basta ver el
plan de estudios que yo mismo cursé en la Universidad de Zaragoza, para darse
cuenta de hasta qué punto se parece al de los estudiantes alemanes de entonces,
y aun de ahora, y difiere, en cambio, del de los estudiantes ingleses, franceses o
norteamericanos».

Aunque es innegable la influencia del ámbito germánico en la creación de


la lingüística en España, a la que nos referiremos más adelante, hay que se-
ñalar que los planes de estudio, a pesar de lo que afirma López García, han
tenido siempre una concepción distinta en las dos tradiciones universitarias.
Basta con echar un ojo por ejemplo a un antiguo plan de estudios de Ro-
manística (Estudios de Diploma con Romanística como primera materia) de
la Universidad de Viena:25

Primer ciclo

Aprendizaje de Lingüística Literatura Cultura


lenguas

(Curso básico) Seminario básico 1 Seminario básico 1 Clase magistral


introductoria

(Curso medio) Clase magistral Clase magistral Seminario básico


sobre sociología de historia de la
literatura

Lengua práctica 1 Seminario básico 2 Seminario básico 2

Lengua práctica 2

Lengua práctica 3

25 Cf. http://www.univie.ac.at/strv-romanistik/stpls_alt.html.

59
Segundo ciclo

Aprendizaje Lingüística Literatura Optativas Segunda len-


de lenguas gua románica

Lengua prác- Seminario Seminario Clase magis- Curso medio


tica 4 tral de lin-
güística o de
literatura

Lengua prác- Fonética y Clase ma- Profundiza- Clase magis-


tica 5 fonología gistral de ción científica tral de lin-
historia de la (de una mate- güística o de
literatura ria distinta) literatura

Lengua prác- Clase ma- Clase ma-


tica 6 gistral en la gistral en la
lengua ex- lengua ex-
tranjera tranjera

De la comparación resulta evidente que el modelo español fija con mucho


detalle lo que hay que enseñar y está destinado a generar universitarios
bastante uniformes. Por el contrario, el sistema germánico prácticamente no
determina qué van a aprender los universitarios y permite una mayor crea-
tividad a profesores y alumnos.26

5.1.2. El nacimiento de la sección de Filología Moderna


En el curso 1952/1953 se implantaron con carácter provisional las enseñanzas
de Filología Moderna en Salamanca. El curso siguiente se hizo lo mismo en
Madrid. Posteriormente se organizó de manera oficial la Sección de Filolo-
gía Moderna en las Facultades de Filosofía y Letras de las Universidades de
Madrid y Salamanca (Boletín Oficial del Estado 29/7/1954).
En la Universidad de Madrid aparecieron las subsecciones de Filología
francesa, Filología inglesa y Filología alemana y sus planes de estudio se con-
centraron en una sola lengua siempre con asignaturas de español y, en el caso

26 A manera de ejemplo podemos recordar qué cursos frecuentaba un estudiante


aventajado durante el curso 1970/1971 en la Universidad de Marburg: «Capítulos
escogidos de la morfología y la sintaxis del francés moderno», «Coloquio sobre
las teorías poéticas del renacimiento y el barroco en la Romania», «El teatro del
clasicismo francés: Corneille y Racine», «Seminario de italiano: El Convivio de
Dante», «Seminario de español: Interpretación de textos del Siglo de Oro», «Se-
minario de provenzal: La lírica de los trovadores de la segunda mitad del siglo
XII», «Problemas de la morfología y la sintaxis del francés», «Introducción a la
lingüística».

60
de la Filología francesa, también con una Lingüística románica. Sin embargo,
en Salamanca se optó inicialmente por una sola sección y en el plan de estu-
dios los estudiantes debían cursar dos lenguas a elegir entre alemán, francés
e italiano, pero con la prohibición de elegir juntamente francés e italiano,
que era una combinación que aparecía en Filología románica.
En la orden que aprobaba las enseñanzas del período de especialización
de la licenciatura en Filología moderna de la Universidad de Salamanca apa-
recía el inglés entre las lenguas modernas y en el plan ya no se encontraba
la asignatura de Filología románica (Boletín Oficial del Estado 7/7/1955).
A partir de este momento las universidades fueron diversificando sus pla-
nes de estudios. En 1955 se publicó el plan de estudios de Filología románica
de la Universidad de Salamanca (Boletín Oficial del Estado 8/7/1955):

Tercer curso: Cuarto curso: Quinto curso:

Historia de la literatura Historia de la literatura Literatura


española española hispanoamericana

Gramática histórica de la Historia de la lengua Dialectología hispánica


lengua española española

Gramática española y Gramática española y Lingüística románica


comentarios de textos comentarios de textos
españoles españoles

Latín vulgar Lingüística románica Comentarios estilísticos


de textos románicos
(franceses)

Lengua francesa Lengua francesa Comentarios estilísticos de


textos románicos (italianos
o portugueses)

Lengua italiana o Lengua italiana o Historia de las literaturas


portuguesa portuguesa románicas (italiana o
portuguesa)

Historia de las literaturas Historia de las literaturas


románicas (francesa) románicas (francesa)

Dos cursos a elegir entre: Cursos voluntarios:

Paleografía Provenzal antiguo

Filología catalana Lengua vasca

Filología galaico-portuguesa Fonética

Rumano

61
Este plan se reformó en 1968 (Boletín Oficial del Estado 26/4/1968):

Tercer curso: Cuarto curso: Quinto curso:

Literatura española (Edad Literatura española (siglos Literatura española (siglos


Media) XVI y XVII) XVIII, XIX y XX)

Crítica literaria Gramática general y Literatura


española (o lingüística hispanoamericana
general y española)

Lengua francesa Literatura francesa I Literatura francesa II

Historia de la lengua Italiano o portugués Literatura italiana o


española portuguesa

Lingüística románica I Lingüística románica II


(con latín vulgar)

Curso monográfico Dialectología hispánica


variable

Curso monográfico
variable

Cursos complementarios (a elegir dos): Cursos de asistencia libre:

Historia de la lengua francesa Fonética y fonología

Paleografía española Rumano

Catalán

Filología galaico-portuguesa

Puede comprobarse que la reforma abundaba en la tendencia a fijar con


detalle lo que había que estudiar y en qué orden (p. ej. la secuenciación de
la literatura española por siglos y cursos). Además se perdieron elementos
importantes de una formación romanística tradicional, como eran un curso
específico de latín vulgar y la posibilidad de estudiar provenzal antiguo.

5.1.3. El período 1970–2001


La Ley General de Educación (Boletín Oficial del Estado 6/8/1970) apareció
en un contexto de generalización de la educación a toda la población y de
expansión de los estudios universitarios a un número creciente de alumnos.
En esta ley se reconocía una cierta autonomía a las universidades en la ela-
boración de sus planes de estudios. La Orden sobre directrices generales para
la elaboración de los planes de estudio (Boletín Oficial del Estado 25/9/1972)
estructuró los estudios universitarios en tres ciclos: el primero era formati-

62
vo, el segundo era informativo y el tercero, que conducía al doctorado, era
de alta especialización. La Resolución en la que se determinaban las di-
rectrices generales de los planes de estudio en las Facultades de Filosofía
y Letras (Boletín Oficial del Estado 8/9/1973) fijó las asignaturas básicas
del primer ciclo y contempló las siguientes Secciones de segundo ciclo en
Filología : clásica, semítica, española, románica y anglogermánica. Esta es
la primera vez que la Filología española aparecía separada de la Filología
románica. Las materias básicas de las secciones de Filología española y
Filología románica eran:

Primer ciclo: Filología española: Filología románica:

Filosofía Historia de la lengua Lengua francesa


española

Historia Literaturas hispánicas Lengua italiana

Lengua española Historia de España Otra lengua románica

Lengua latina Lingüística románica Lingüística románica

Una lengua clásica o Literatura Literatura de las lenguas


moderna, en relación con hispanoamericana romances
la futura licenciatura

Literatura española Dialectología hispánica Geografía e Historia


relacionadas con la cultura
correspondiente

Crítica literaria

En 1977 se aprobaron los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Le-


tras de Salamanca (Boletín Oficial del Estado 8/7/1977) en los que se fijaron
las secciones de Filología hispánica, Filología románica (francés) y Filología
románica (italiano) con los siguientes planes de estudio:27

27 La fragmentación en filologías particulares y el descenso de alumnos de Filología


románica sería, en opinión de Ridruejo (2005, 231), «resultado del éxito que du-
rante mucho tiempo tuvo la disciplina: la profundidad y la extensión de las investi-
gaciones sobre las diferentes lenguas románicas – el español, el francés, el italiano,
el portugués, el catalán, etc. – condujo a la necesidad de acotar su examen y con
ello a la individualización de los estudios sobre cada lengua, prescindiendo de toda
orientación comparativa, aunque no necesariamente de los enfoques históricos».

63
Filología hispánica: Filología románica Filología románica
(italiano): (francés):

4º 4º 4º

Historia de la lengua Literatura italiana II Lengua francesa I


española

Literatura española (Edad Lengua italiana IV Lingüística francesa I


Media y Renacimiento)

Morfosintaxis del español Historia cultural de Italia Historia de la lengua


francesa

Catalán o Portugués Gramática histórica de la Literatura francesa I


lengua italiana (clásica, moderna y
contemporánea)

Optativa Optativa (Comentario de Civilización francesa I


textos italianos; Filología
románica; Literatura
comparada italiana-
española)

5º 5º 5º

Lingüística románica Literatura italiana III Lengua francesa II

Literatura española (del Historia del pensamiento Lingüística francesa II


siglo XVII al XX) italiano

Semántica del español Lengua italiana V Gramática histórica de la


lengua francesa

Dialectología hispánica Historia de la lengua Literatura francesa II


italiana (medieval y del siglo XVI)

Literatura Optativa Civilización francesa II


hispanoamericana (siglos o cualquier otra materia
XIX y XX) cursada en la Facultad

Con estos planes de estudio la titulación de Filología románica con vocación


comparativa desapareció de la Universidad de Salamanca. Los estudios de
lenguas románicas quedaron fragmentados en tres licenciaturas, a las que
más tarde se unió la de Filología portuguesa. La asignatura de Lingüística
románica era la única que conservaba la tradicional perspectiva comparativa
y se mantuvo sólo en la titulación de Filología hispánica, que de alguna ma-
nera era la heredera directa de la antigua Filología románica.28 La titulación

28 En la nueva Universidad del País Vasco se crearon cuatro especialidades filológicas:


Filología románica, Filología vasca, Filología francesa y Filología inglesa. El plan de
Filología románica se publicó en 1979 (Boletín Oficial del Estado 10/1/1979). Tam-
bién en esta universidad la creación de la Filología hispánica (Boletín Oficial del

64
comparativa pervivió sólo en las universidades de Barcelona, Complutense,
Granada, Oviedo y Santiago.29
La Universidad española se creó siguiendo el modelo de la Universidad
napoleónica, que pretende crear profesionales.30 De acuerdo con esta con-
cepción, el nacimiento de la Filología hispánica en sustitución de la Filología
románica se analiza como una respuesta a la necesidad de formar profesio-
nales de la enseñanza de la lengua y literatura españolas (cf. el Informe de

Estado 10/8/1995) dio lugar a la extinción de la Filología románica (cf. el Informe


de autoevaluación de la titulación de licenciado en geografía de la Universidad del
País Vasco (www.vc.ehu.es/filo/ANECA/INFORME-GEOGRAFIA-UPV-EHU.
pdf). Este tipo de transformaciones ha permitido que Girón (2005, 176) sentencie:
«la lingüística románica, como titulación y como área de conocimiento, ha devenido
lingüística hispánica».
29 La situación se ha modificado poco hasta la actualidad. En el curso 2006/2007 se
puede estudiar Filología románica en las universidades de Barcelona, Complutense
de Madrid, Girona, Granada, Oviedo, Salamanca y Santiago de Compostela. Los
informes de autoevaluación de estas titulaciones ofrecen información sobre la his-
toria de la titulación en cada universidad y sobre su situación actual (cf. qualitas.
usal.es/PDF/9d2668b592055dc157506e15cef887a9.pdf, www.ugr.es/~vic_plan/
evaluacion/informes/Informe%20Final%20Filolog%EDa%20Rom%E1nica%20
modificado.doc, www.uniovi.es/filoesp/InfoAutoEval.pdf).
30 Esta función queda claramente expresada en el preámbulo de la Ley sobre orde-
nación de la Universidad española (Boletín Oficial del Estado 31/7/1943), donde se
fija el objetivo de «que los jóvenes universitarios salgan de las aulas, no ya sólo con
los conocimientos científicos generales y propios de su Facultad, sino con los más
concretos que habilitan para el ejercicio de las diversas actividades profesionales».
Igualmente el artículo 30.1 de la Ley General de Educación (Boletín Oficial del
Estado 6/8/1970) señala como primer objetivo de la Universidad: «Completar la
formación integral de la juventud, preparar a los profesionales que requiera el
país y atender al perfeccionamiento en ejercicio de los mismos»; sólo en segun-
do lugar (art. 30.2) se menciona la investigación: «Fomentar el progreso cultural,
desarrollar la investigación en todos los niveles con libre objetividad y formar a
científicos y educadores». La Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del
Estado 1/9/1983) reorienta las funciones de la Universidad al colocar en primer
lugar «La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y
de la cultura» y relegar al segundo «La preparación para el ejercicio de activida-
des profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos
o para la creación artística». Este aspecto se profundiza en la Ley Orgánica de
Universidades (Boletín Oficial del Estado 24/12/2001): «La Ley otorga, mediante
un título propio, carta de naturaleza a la actividad investigadora en la Universidad
[…] en consonancia con el manifiesto compromiso de los poderes públicos de
promover y estimular, en beneficio del interés general, la investigación básica y
aplicada en las Universidades como función esencial de las mismas». Sin embargo,
esta tendencia se ha quebrado con ocasión del complicado proceso de creación
del Espacio Europeo de Educación Superior. Así en la famosa Declaración de
Bolonia de 1999 ya se hablaba de la necesidad de aumentar la «empleabilidad»
de los universitarios europeos y del objetivo de que los nuevos grados fueran
relevantes para el mercado laboral europeo, mientras que el objetivo de potenciar
la investigación no recibía ninguna atención especial en dicho texto.

65
autoevaluación de la titulación de licenciado en filología hispánica de la Uni-
versidad de Murcia).31
A raíz de la Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del Estado
1/9/1983)32 se procedió a una nueva modificación de los planes de estudios
y se publicaron las directrices generales propias de los planes de estudios de
las distintas filologías (Boletín Oficial del Estado 20/11/1990) en las que se
determinan las materias troncales:

Fil. Fil. Fil. Fil. por- Fil. Fil. Fil.


hispánica: francesa: italiana: tuguesa: catalana: gallega: románica:

Primer ciclo:

Latín Latín Latín Latín Latín Latín Latín

Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua

Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Primera


española francesa italiana portuguesa catalana gallega lengua
románica y
su Lit.

Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística

Lit. espa- Lit. fran- Lit. italiana Lit. por- Lit. catala- Lit. gallega Lit. románi-
ñola cesa tuguesa na ca medieval

Segunda Segunda Segunda Segunda Segunda Segunda Segunda


lengua y su lengua y su lengua y su lengua y su lengua y su lengua y su lengua
Lit. Lit. Lit. Lit. Lit. Lit. románica y
su Lit.

Teoría de Teoría de Teoría de Teoría de Teoría de Teoría de Teoría de


la Lit. la Lit. la Lit. la Lit. la Lit. la Lit. la Lit.

Introd. a la
fil. romá-
nica

31 www.um.es/unica/pcu/informes/letras/autoevaluacion-hispanica.pdf.
32 La Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del Estado 1/9/1983) modificó
además la tradicional organización basada en la Facultad y la transformó en una
organización departamental: «De acuerdo con dicho doble objetivo docente e in-
vestigador, se potencia la estructura departamental de las Universidades españolas,
lo que debe permitir no sólo la formación de equipos coherentes de investigadores,
sino también una notable flexibilización de los currícula que pueden ser oferta-
dos». Sin embargo, más que una flexibilización, la nueva organización incidió en
la segregación de las distintas filologías – y en la creación de numerosos reinos de
taifas.

66
Fil. Fil. Fil. Fil. por- Fil. Fil. Fil.
hispánica: francesa: italiana: tuguesa: catalana: gallega: románica:

Segundo ciclo:

Gramática Gramática Gramática Gramática Gramática Gramática Lengua


española francesa italiana portuguesa catalana gallega española

Hist. de Hist. de Hist. de Hist. de Hist. de Hist. de Lingüística


la lengua la lengua la lengua la lengua la lengua la lengua románica
española francesa italiana portuguesa catalana gallega

Lit. espa- Lit. fran- Lit. italiana Lit. por- Lit. catala- Lit. gallega Lit. de la
ñola cesa tuguesa na primera
lengua
románica

Lit. hispa- Hist. y Hist. y Hist. y Lit. de la


noameri- cultura cultura cultura por- segunda
cana francesas italianas tuguesas lengua
románica

La Ley Orgánica de Universidades (Boletín Oficial del Estado 24/12/2001)


certificó la triplicación del número de universidades y la generalización de
la autonomía universitaria y de la descentralización a las autonomías de las
competencias en educación superior; la ley tomaba conciencia de la creación
de un nuevo espacio europeo de educación superior (EEES), de la importan-
cia de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC)
y de la creación de una nueva sociedad de la información.
La historia de los planes de estudios presentada hasta aquí certifica la
progresiva especialización de los estudios por lenguas, un fenómeno que más
recientemente también se ha producido en las universidades germánicas, con
no poca discusión al respecto. Por otro lado, se pone de manifiesto un afán
excesivamente regulador de los estudios que no fue realmente modificado
con la optatividad introducida en los planes de 1990.

5.2. Algunos personajes y algunas obras

La investigación lingüística practicada en España durante el siglo XIX esta-


ba alejada de la corriente comparatista que dominaba Europa en la misma
época. En las primeras páginas del artículo escrito tras la muerte de Menén-
dez Pidal, Malkiel, haciendo como siempre alarde de su inmensa erudición
y de su particular estilo, describe en términos poco favorables el panorama
filológico español, para terminar calificándolo como «una deprimente tierra
baldía» en la que Menéndez Pidal irrumpió «con un vigoroso y vibrante pa-
so» (Malkiel 1970, 377). La misma impresión se desprende de las palabras
de Portolés (1986, 22):

67
«El panorama intelectual de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, en la
que Menéndez Pidal cursa sus estudios de 1885 a 1890, es desalentador. En sus
conversaciones con Carmen Conde […] refiere una anécdota que nos revela el
espíritu investigador e innovador que reinaba en ella. En una visita que hace el
catedrático Sánchez Moguel a la biblioteca del Ateneo de Madrid, encuentra a su
discípulo Menéndez Pidal leyendo la Gramática de Diez. El profesor le advierte
que hace mal en estudiarla porque ‹no sacaría de ella más que una olla de grillos
en la cabeza›».

El contacto con la romanística europea se estableció fundamentalmente a


través de Menéndez Pidal,33 pero la falta de un trabajo sistemático sobre las
fuentes a lo largo del siglo XIX es una rémora que todavía hoy se hace notar.
De esta forma, cuando se produce la crisis europea de la romanística a me-
diados del siglo XX, en España la disciplina todavía no había dado todos los
frutos que el método tradicional permitía (Catalán 1974, 333; Alcina Franch/
Blecua 1975, 165; Brumme 2003, 276; Álvarez de Miranda 2005).
Tras la I Guerra Mundial puede decirse que «[l]a tarea previa, de asimilar
la metodología y el caudal de conocimientos acumulado por la romanística
europea durante la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siglo XX,
podía darse por cumplida» (Catalán 1974, 38). En esta tarea desempeñaron
un papel importante hasta la guerra civil española dos centros de trabajo de
merecido prestigio: el Centro de Estudios Históricos en Madrid y el Institut
d’Estudis Catalans en Barcelona (cf. Alcina Franch/Blecua 1975, 168–177).
Por lo que se refiere a las personas, hay que mencionar a Miguel de Una-
muno, que ocupaba en Salamanca en el año 1900 la cátedra de Lengua y
literatura griegas y como cátedra acumulada la de Filología comparada del
latín y del castellano (Gaceta de Madrid 29/11/1900).34 Aunque resulta obvio
que la figura que dio forma a la lingüística española fue Ramón Menéndez

33 Malkiel (1970, 382) atribuye a Unamuno una cierta precedencia cronológica gracias
a sus contribuciones a la Zeitschrift für romanische Philologie. Sin embargo, esto
no quiere decir que no se conocieran antes en España las obras que se estaban
publicando en Europa: por ejemplo, Pedro Felipe Monlau cita las obras de Bopp,
de Grimm y de Diez en su Diccionario etimológico de la lengua castellana, Ma-
drid, 1856 (cf. Echenique Elizondo 1996, 34). Acerca de las primeras fases de la
recepción de la lingüística comparativa europea en España, cf. Gutiérrez Cuadrado
(1987) y Echenique Elizondo (1996).
34 En la citada orden puede verse la situación de las cátedras de la Facultad de Filo-
sofía y Letras en las universidades de distrito (es decir, todas menos la Universidad
Central de Madrid). La cátedra de Filología comparada del latín y del castellano
pasó posteriormente a denominarse cátedra de Historia de la lengua castellana.
En el año 1930 Unamuno cesó como titular de la cátedra de Lengua y literatura
griegas y pasó a ocupar como titular la de Historia de la lengua castellana (Boletín
Oficial del Estado 25/4/1930). Es famoso el dato de que Unamuno y Menéndez
Pidal presentaron sendos trabajos al concurso convocado por la Real Academia
para estudios dedicados a la gramática y léxico del Poema de Mio Cid, concurso
que Menéndez Pidal ganó con claridad aplastante.

68
Pidal.35 Don Ramón obtuvo la cátedra de Filología comparada del latín y
castellano de la Universidad Central en 1899, creada por el Decreto de re-
gulación de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 2/10/1898).
Posteriormente, por el Decreto de renovación de los planes de estudios de
la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 19/8/1913) pasó a ser el
primer catedrático de Filología románica de España y se convocó una cáte-
dra de Historia de la lengua castellana, que ocupó Américo Castro. Según
Malkiel (1970, 378),

«D. Ramón nunca dejó de identificarse a sí mismo, en todos los niveles de sus
obligaciones personales y de sus actividades académicas, como un ferviente parti-
dario y, a la vez, como el representante formal en Madrid de la floreciente filología
románica entendida en su sentido más amplio».

Para Malkiel, Menéndez Pidal era «un gran representante – y esperamos


fervientemente que no el último – de una variedad de la filología románica
diseñada con audacia» (Malkiel 1970, 371). Y con relación al hecho de que
Menéndez Pidal ocupara la primera cátedra de Filología románica de España,
Malkiel (1970, 393–395) glosa la parte de la producción de Don Ramón de
clara orientación romanística.
Menéndez Pidal formó una escuela36 gracias a la creación a principios del
siglo XX de una nueva infraestructura científica con la Junta para Amplia-
ción de Estudios e Investigaciones Científicas (1907), el Centro de Estudios
Históricos (1910), que desde 1914 publicó la Revista de Filología Española,
y la Residencia de Estudiantes (1912). Uno de sus primeros discípulos, Amé-
rico Castro, con su traducción de la Einführung de Meyer-Lübke «inaugura
magistralmente un género, el de las adaptaciones de obras famosas de la
lingüística europea, que había de tener gran importancia para el desarrollo
de la lingüística hispánica» (Catalán 1974, 31).37

35 Acerca de Menéndez Pidal se ha escrito mucho; cf. p. ej. Malkiel (1970), Portolés
(1986), Garatea Grau (2005).
36 La escuela se conoce como Escuela de Menéndez Pidal, Escuela de Madrid o
Escuela española de lingüística. Los primeros discípulos fueron Federico de Onís
(1885–1966), Américo Castro (1885–1972), Tomás Navarro Tomás (1884–1979),
Antonio García Solalinde (1892–1937) y Samuel Gili Gaya (1892–1976). La se-
gunda generación estuvo compuesta por José Fernández Montesinos (1897–1972),
Amado Alonso (1896–1952), Dámaso Alonso (1898–1990) y, algo más tarde, Rafael
Lapesa (1908–2001). Este último fue después maestro de otro nutrido grupo de
filólogos.
37 Castro tradujo dos de las ediciones de la obra de Meyer-Lübke (1914/21909;
1926/31920) y la tradición ha continuado hasta hoy (cf. las traducciones de las
obras de Vossler 1929/1904–1905; Entwistle 1982/1936; Rohlfs 1960/1954; Laus-
berg 1965–1966/1956–1962; Iordan 1967/1932; Iordan/Manoliu-Manea 1972/1962–
1965; Wartburg 1971/21967/1936; Varvaro 1988/1968; Tagliavini 1973/61972; Renzi
1982/21978; Gauger/Oesterreicher/Windisch 1989/1981; Wright 1989/1982; Posner
1998/1996; Pöckl/Rainer/Pöll 2004/32003); sin embargo, en los últimos años parece

69
La cátedra de Filología románica de la Universidad de Madrid fue ocupa-
da posteriormente por Dámaso Alonso (Boletín Oficial del Estado 5/2/1941)
hasta 1968, al que sucedió Alonso Zamora Vicente 1968–1985.38 Son signi-
ficativas las palabras de Echenique Elizondo (1996, 43):

«Dámaso Alonso estuvo como lector en Berlín en 1922. En 1935/1936 fue a Leipzig,
interesado por conocer directamente las doctrinas de Wartburg […]. Allí adquirió,
sin duda, su condición de romanista, que le condujo a enmarcar siempre el obje-
to de sus estudios en una perspectiva románica más amplia que la simplemente
hispánica, lo que sin duda constituye una excepción en el panorama español de la
Filología románica, de entonces y de más tarde, escaso en romanistas generales».

Si concentramos nuestra atención en los resultados de la investigación, po-


demos comprobar que ha habido algunos temas comparativos que han con-
citado los esfuerzos de la lingüística practicada en España. Entre ellos se en-
cuentra la polémica sobre la subagrupación del catalán dentro de la Romania
en la que se vieron envueltos o participaron de alguna manera personajes
de la talla de Meyer-Lübke, Griera, A. Alonso o Corominas (Catalán 1974,
77). Otro asunto de éxito fue la hipótesis de la colonización suditálica de
Menéndez Pidal, sobre la que opinaron Wartburg, Rohlfs, Bertoldi, Aebi-
scher y D. Alonso (Catalán 1974, 78, 158–163). Igualmente la estilística tuvo
un importante impacto entre los filólogos españoles (Catalán 1974, 102–108).
En los años 60 se publicaron algunas importantes tesis doctorales con un
contenido comparativo, entre las que destacan las de Bustos Tovar (1960),
Galmés de Fuentes (1962) y Granda Gutiérrez (1966). Junto a estos trabajos

haberse hallado un punto de inflexión y empiezan a aparecer obras originales en


castellano o catalán, aunque no siempre sus autores tengan estas lenguas como
maternas (Gargallo Gil 1994; Metzeltin 2004; Munteanu Colán 2005; Gargallo Gil/
Bastardas 2007).
38 En el escalafón de 1950 de catedráticos de las universidades españolas las cátedras
de Gramática histórica de la lengua española estaban ocupadas por Manuel Gar-
cía Blanco (Salamanca), Rafael Lapesa Melgar (Madrid), Antonio María Badía
Margarit (Barcelona) y Manuel Alvar López (Granada). En Salamanca existía
una cátedra de Lingüística románica y filología portuguesa, que ocupaba Alon-
so Zamora Vicente. En el escalafón de 1955 aparecen como nuevos catedráticos
de Gramática histórica de la lengua española Emilio Alarcos Llorach (Oviedo),
Manuel Muñoz Cortés (Murcia) y Diego Catalán y Menéndez Pidal (La Laguna),
mientras que Rafael Lapesa Melgar pasa a desempeñar la cátedra de Historia del
Español. En el mismo escalafón de 1955 aparece una nueva cátedra de Historia
de las literaturas románicas y comentario estilístico de textos clásicos y modernos
románicos ocupada por Martín de Riquer Morera (Barcelona). En 1958 los cate-
dráticos de Filología románica son Dámaso Alonso (Madrid), Alonso Zamora Vi-
cente (Salamanca), José Luis Pensado Tomé (Oviedo) y Álvaro Galmés de Fuentes
(La Laguna). En el escalafón de 1961 aparece una nueva cátedra de Historia de
las Literaturas románicas ocupada por Andrés Soria Ortega (Granada). La L.R.U.
(Ley de reforma universitaria) cambió la estructuración del sistema universitario
y permitió el aumento del número de catedráticos.

70
se han producido algunas obras de envergadura de perspectiva iberorromá-
nica como la ELH, el ALPI y el DCEC/DCECH.
Sin embargo, estas y otras investigaciones no son suficientes para evitar
la visión de Catalán (1974, 327):

«Otra debilidad de la lingüística hispano-románica de la postguerra, mucho más


acentuada en España que en Portugal, fue el prolongar la orientación localista,
autárquica, de las investigaciones. Aunque la urgencia de poner en cultivo los
vastos eriales de la lingüística hispánica justificara tal actitud, el desinterés por
los temas no íbero-románicos fomentó, sin duda, un nacionalismo lingüístico que
roza el provincialismo».

A esto se le unieron los ecos de la crisis de la romanística difundidos en el


XI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas celebrado
en Madrid en 1965. «Y no hace falta ser muy pesimista para considerar que
la crisis puede resolverse mediante la marginalización, ya que no con la des-
aparición, de la lingüística románica» (Catalán 1974, 328); y ya hemos visto
que precisamente eso es lo que sucedió pocos años después.
Catalán (1974, 333–343) en unas interesantes páginas escritas en 1970
veía un futuro brillante de los estudios hispano-románicos en el campo de
la sociolingüística.

5.3. Situación actual

La situación de la romanística en la sociedad contemporánea ha sido objeto


de intensa reflexión especialmente en el ámbito germánico (cf. caps. 11. y
12.). Como se pone de manifiesto, este debate afecta también a las ciencias
humanas en general. Desde terreno español se han oído algunas voces de
signo muy distinto en relación con el futuro de la romanística. Por un lado,
Ángel López García manifiesta una posición de claro rechazo ante nuestra
disciplina:

«¿Cómo explicar que desde el mayo francés de 1968 – por poner una fecha que es
algo más que una ayuda mnemotécnica en este caso – la historia de la lingüística
española e hispanoamericana haya sido la de un persistente desapego respecto
a la tradición germánica en la que se había originado?» (López García 1996, 49).

Las razones que aduce son las siguientes: 1) tras la irrupción del Generativis-
mo la Filología románica carecería de sentido porque se separa radicalmente
el estudio de la lengua y la literatura y porque los rasgos universales pueden
estudiarse tanto en el francés como en cualquier otra lengua; 2) el hecho
de que en los años sesenta y setenta el español no ocupaba una posición
de dominio en los Seminarios románicos de las universidades alemanas; 3)
«Este desapego, y casi incredulidad, epistemológicos respecto a la ‹filología
románica›, se han visto reforzados por la propia estructura universitaria es-

71
pañola, mucho más parecida a la inglesa, francesa o norteamericana que a
la alemana desde la promulgación de la L.R.U. (Ley de reforma universita-
ria). En toda España, las cátedras de Lingüística románica se pueden contar
con los dedos de una mano, constituyen una rareza venerable. Un filólogo
joven, interesado en la lengua española, tiene actualmente a su disposición
sólo dos caminos (llamados ‹áreas de conocimiento›) para estudiar la carrera,
doctorarse y opositar a una plaza universitaria: Lingüística general o Filolo-
gía española» (López García 1996, 50);39 4) es más fácil aprender inglés que
alemán y el ochenta por ciento de la bibliografía extranjera sobre lingüística
española está en inglés;

39 El número de cátedras de Filología románica es realmente pequeño, aunque no


tanto como señala López García. En la siguiente tabla damos algunos datos acerca
del número de profesores de distintas áreas filológicas de conocimiento. Según la
lista de sorteables para los tribunales de habilitaciones del año 2005, en ese año
había:

catedráticos titulares y total


catedráticos de
escuela universitaria
Filología inglesa 56 364 420
Literatura española 101 292 393
Lengua española 86 202 288
Filología latina 59 180 239
Filología francesa 38 143 181
Filología griega 43 109 152
Filología catalana 35 113 148
Lingüística general 29 89 118
Teoría de la literatura y literatura 23 92 115
comparada
Filología alemana 7 61 68
Filología románica 22 36 58
Filologías gallega y portuguesa 10 45 55
Filología italiana 8 40 48
Filología vasca 9 16 25
Por un lado, puede comprobarse la importancia del inglés en la sociedad actual,
frente al menor número de profesores de Filología alemana. Naturalmente la pri-
macía de los estudios de español se pone de relieve si sumamos el número de
profesores de Literatura española, Lengua española, Lingüística general y Teoría
de la literatura y literatura comparada. Como queda de manifiesto en las pala-
bras de López García, los estudios de Lingüística general son asimilables a los
de Lengua española. Igualmente se comprueba la pervivencia de la tradición de
estudios clásicos. De entre las lenguas románicas destaca el número de profesores
de filología francesa, que contrasta con los datos de las filologías italiana, gallega
y portuguesa. Es también interesante resaltar el elevado número de profesores de
Filología catalana en contraste con el de los de Filología vasca.

72
5) «Un último factor que explica el cambio de actitud respecto a la filología ro-
mánica es de naturaleza ideológica. Los estudiantes de mayo del 68 son los que
ahora copan (copamos) casi todos los puestos de responsabilidad de la estructura
académica de la filología española. En aquellos años, cuando la dictadura franquis-
ta se divorcia definitivamente de la sociedad española, renegar del sistema político
y del pasado era algo más que una opción personal, constituía un imperativo ético
insoslayable. Para nosotros, los profesores y profesoras que ahora estamos en la
cuarentena, la filología románica era el pasado, exactamente igual que el fran-
quismo. Hay que decir que los propios estudiantes alemanes nos dieron ejemplo:
conocidos episodios de acoso a los viejos patriarcas de la filología románica en
universidades de Alemania la habían vuelto anticuada, inservible y decididamente
antipática en su propio lugar de origen. Claro que los estudiantes alemanes reac-
cionaron interesándose por otras cosas, en particular por la gramática generativa,
tanto en la R.D.A. como en la R.F.A.: pero para aprender generativismo ya no
necesitábamos ir a Alemania, lo lógico era dirigirnos directamente a los centros
universitarios de los Estados Unidos» (López García 1996, 51).

Y, por último, sentencia:


«Mientras Suiza, Alemania y Austria persistan en la actual estructura académica
centrada en torno al Romanisches Seminar (persistencia burocrática que a menudo
se contradice con la investigación, valiosa y actual, que realizan sus profesores), la
indiferencia [española frente a la hispanística alemana] continuará como hasta el
momento presente» (López García 1996, 51–52).

Una postura no mucho más optimista, pero algo más melancólica, es la que
mantiene José Antonio Pascual.
«Quizá no hayamos sabido explicar a los demás el interés de esta disciplina ni ha-
yamos sido capaces de ponernos de acuerdo nosotros mismos en los objetivos de
su enseñanza ni nos hayamos esforzado lo suficiente para despojarnos de algunos
sambenitos debidos a que varias generaciones de alumnos llegaron a aborrecer la
Lingüística Románica, una de las asignaturas más importantes, más apasionantes
y más difíciles también, de los antiguos Planes de Estudio, porque algunos de sus
profesores, desconocedores de su contenido, tenían a gala no explicarla o explicar
otras cosas en su lugar; mientras que otros, creyendo que la dificultad es una de
las condiciones del pensamiento científico, trataban de demostrar a diario a los
alumnos los graves problemas que existían para comprender esta asignatura y,
consiguientemente, para aprobarla» (Pascual 2003, 384–385).

Con relación a las perspectivas de futuro afirma que «difícilmente podrá


crecer una licenciatura a la que los alumnos no le encuentran ventajas, fren-
te a las demás filológicas, y sólo perciben, en cambio, algunas dificultades
relacionadas a la mayor amplitud de los contenidos» (Pascual 2003, 386). La
solución para la romanística estaría en considerarla como un complemento
a la formación hispanística:

«Por este motivo he preferido fijarme en las posibilidades que existen para acceder
desde el hispanismo a una formación románica que pudiera atraer a unos alumnos,
a los mejores, a ser posible; pues no se trata de captar vocaciones a toda costa, ofre-
ciendo de barato estos estudios, sino de abrir caminos a quienes deseasen ampliar
su formación hispánica o de otra lengua románica a través de la romanística (para

73
lo cual – sigo insistiendo en algo que es obvio –, alguien tendría que explicárselo);
importancia que no iría reñida con la utilidad que supone combinar algunas dis-
ciplinas propias de la hispanística, con otras claramente románicas (teóricas unas,
prácticas las que consisten en el aprendizaje de algunas lenguas románicas) y aña-
dir a todo ello la adquisición de una sólida formación latina. El rigor con que se
llevaran estos estudios es lo que permitiría aplicar a distintas lenguas los conoci-
mientos metodológicos aprendidos para una de ellas; de este modo los alumnos que
siguieran este camino estarían mejor capacitados que quienes hubieran hecho los
estudios aislados de una filología, no sólo para trabajar en estos campos concretos
filológicos, sino incluso en otros de ese nuestro mundo, en el que la amplitud de
conocimientos, de lenguas, de capacidad para acercarse a la realidad con la piedra
de toque de un método puede ser decisiva» (Pascual 2003, 387).

Por último, Pascual plantea el problema general de los estudios diacróni-


cos:

«La situación de las disciplinas que se encierran bajo el rótulo de Filología romá-
nica es, por otra parte, compartida con otras del tipo de la Gramática Histórica
o de la Historia de la Lengua, referidas al español, que en el momento presente
gozan de una situación cómoda, simplemente porque aparecen como troncales –
y por lo tanto obligatorias en todas las universidades – en las licenciaturas hispá-
nicas, pero que en realidad están mal insertadas en planes de estudios en los que
preponderan las asignaturas descriptivas frente a las históricas. Los historiadores
de la lengua española vemos nuestras enseñanzas más cercanas a la Lingüística
Románica o a la Gramática Histórica Francesa o al Indoeuropeo o a la Historia
de la Lengua Latina o al Latín Medieval o a la Paleografía o a la Lingüística Ge-
neral, que a la mayor parte de las asignaturas de los departamentos de Español;
de forma que sólo la inercia explica el alejamiento que separa a los historiadores
del español de los romanistas o de los latinistas» (Pascual 2003, 387).

Efectivamente, los alumnos que cursan actualmente la titulación de Filología


románica en las universidades españolas son pocos40 y un buen porcentaje
lo forman licenciados en alguna filología de una lengua románica. Esto se
considera un punto fuerte: «son numerosos los alumnos que llegan cada año
a Filología románica para cursarla como segunda titulación, procedentes de
una de las cinco Filologías específicas con las que entronca a través de las
Primera y Segunda Lenguas románicas y sus Literaturas» (Informe de eva-
luación de la titulación de licenciado en filología románica de la Universidad
de Santiago de Compostela).

40 Ridruejo (2005, 229) sentencia que el número de estudiantes «[e]s tan pequeño
que se encuentra muy por debajo de la masa crítica para que los estudios tengan
continuidad en cualquier próxima reforma de los planes de estudios». Aunque poco
después reconoce que el proceso de Bolonia favorece la formación simultánea
en varias lenguas, de tal manera que «[s]i se hace prudentemente, es posible que
veamos cierto resurgir académico de la Filología Románica, pues reuniría una de
las condiciones que se proponen los reformadores: ocuparse de varias lenguas
conjuntamente» (Ridruejo 2005, 230).

74
Frente a esto, un punto débil que se señala recurrentemente es: «La fal-
ta de definición de profesiones que puedan estar relacionadas de un modo
bastante directo con la titulación» (Informe de evaluación de la titulación
de licenciado en filología románica de la Universidad de Santiago de Com-
postela).
Con relación a la cuestión de las salidas profesionales podemos citar a
modo de anécdota no exenta de valor el siguiente texto:

«La Facultad de Filosofía y Letras no está llamada en España, ni lo está en ningún


otro país, a contar con un inmenso número de alumnos como las Facultades de
Derecho y Medicina. Aquella no conduce como estas al ejercicio de una profe-
sión más o menos lucrativa, pero que asegura las ventajas de una posición social,
respetable y respetada. Provistas las cátedras de Universidades e Institutos, com-
pleto el cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, los graduados en Filosofía y Letras
no pueden aspirar a otra gloria que la del saber, y esta gloria no es buscada por
el mayor número en épocas en que por desdicha se da más culto de lo que fuera
debido a la ganancia real y positiva» (Gaceta de Madrid 14/10/1866).

En este texto ya quedaba claro que la mayor salida profesional para los
filólogos iba a ser la enseñanza. La generalización del sistema educativo a
lo largo del siglo XX trajo consigo una enorme demanda de profesionales,
que llevó aparejado un aumento considerable en el número de alumnos de
las facultades filológicas. Esta tendencia ha empezado a invertirse en los
últimos años. Pero es un dato positivo el que ya, aunque todavía de manera
tímida, empiece a extenderse la conciencia de que la filología no aboca ne-
cesariamente a la educación y de que hay bastantes más campos en los que
un filólogo puede desempeñar una función valiosa (cf. n. 5).
En el debate no falta por supuesto la reflexión acerca del valor científico
de la romanística.

«La lingüística románica se encuentra desde sus principios en una posición inter-
media entre la lingüística general y los estudios lingüísticos sobre una lengua ro-
mánica particular. Es más, esta posición nunca tuvo una definición estable» (Gleß-
gen/Giolitto 2007, 375).

Sin embargo, es posible definir un paradigma metodológico romanístico: «un


conjunto de métodos que integran la toma en consideración de factores his-
tóricos y etimológicos, variacionales y/o de elementos de filología textual»
(Gleßgen/Giolitto 2007, 375). Sus autores están de acuerdo en que esta es
una definición muy abstracta de la romanística, que, sin embargo, tiene ma-
nifestaciones muy concretas y muy reales. Esas manifestaciones son de dos
tipos que están, en contra de lo que pudiera parecer, en una relación de in-
terdependencia; por un lado, tenemos trabajos que incluyen sistemáticamente
el análisis de varias lenguas románicas y, por otro, contamos con trabajos
centrados en una sola variedad románica (en ambos casos con una presencia
más o menos importante del latín). Como es natural, cuantitativamente los
estudios monolingües siempre han sido más que los comparativos. Pero tan

75
románicos son los unos como los otros. Por eso Malkiel puede, con razón, lla-
mar a los Orígenes del español de Menéndez Pidal «una de las obras maestras
de todos los tiempos en el ámbito de la filología románica, que revolucionó
la disciplina» (Malkiel 1970, 388) y, de nuevo, como «una reconocida obra
maestra, que figura claramente entre las más distinguidas contribuciones de
todos los tiempos a la lingüística románica» (Malkiel 1970, 404); en la misma
línea Catalán (1974, 63) escribe:

«Con esta obra definitiva, Menéndez Pidal abre nuevos caminos a la lingüística
diacrónica, reemplazando la esquemática visión de la ‹gramática histórica› por una
verdadera ‹historia de la lengua›, y se nos sitúa (junto a un Ascoli, un Schuchardt
y un Gilliéron) como el último de los grandes reformadores de la lingüística
romance».

La romanística es una «ciencia implícita» y por eso es difícil «explicar el in-


terés y las formas vitales de la disciplina. Se trata más bien de un esquema
interpretativo y de intercambio que de una materia universitaria tradicional.
Dicho esto, el valor de la romanística nace precisamente de esa capacidad
integradora y estructurante» (Gleßgen/Giolitto 2007, 377).
Ser o no romanista en España es una cuestión de perspectiva y de con-
ciencia:

«En las páginas del Homenaje a Menéndez Pidal alternan las contribuciones de
los filólogos de la escuela de Madrid con las de la flor y nata de la romanística
internacional, poniendo de manifiesto, de una parte, que la filología española ha-
bía entrado en su mayor edad y de otra que la obra de Menéndez Pidal, a pesar
de quedar encerrada en una temática esencialmente hispánica, era ya considerada
como una de las más originales contribuciones a la romanística y, aun, a la lingüís-
tica en general» (Catalán 1974, 68).

De este pasaje se desprende que la obra de Menéndez Pidal era romanística


para sus colegas extranjeros. ¿Pero qué era para él? En realidad es difícil
imaginarse a Don Ramón haciendo una afirmación como la de Coromines:
«soy romanista sin limitaciones» (DCEC 1954–1957, XXIV).
Una conciencia romanística como la de Coromines no abunda y, por eso,
los manuales recientes se proponen el objetivo de fomentarla. Wolfgang Pöckl,
Franz Rainer y Bernhard Pöll resumen en unas breves líneas la trayectoria
lingüística del siglo XX:

«Desde entonces [la época de los grandes maestros de la romanística] se ha modi-


ficado bastante la imagen de las tareas de la lingüística. En primer lugar, el punto
central de la disciplina fue desplazándose en la primera mitad del siglo XX desde
un interés exclusivo por la perspectiva histórica hacia un estudio cada vez más
pujante de las estructuras lingüísticas. Esto trajo consigo la preponderancia de la
perspectiva basada en el estudio de una sola lengua. Esta pérdida del punto de
vista comparativo es fruto también de las notables exigencias de especialización
provocadas por la división de la lingüística en muchas ramas. Todo esto tiene su
traducción en el ámbito institucional, donde las distintas ramas de la Romanística
se cultivan cada vez más aisladas unas de otras y, como consecuencia, son cada

76
vez más raras las actividades académicas que se ocupan de todas o, al menos, de
más de una lengua romance»;

y argumentan a continuación el papel que puede desempeñar su manual:

«En este contexto es necesario, por lo tanto, encontrar una nueva justificación para
la perspectiva panromance. Por supuesto, no se trata de resucitar acríticamente un
modelo de estudio anticuado y esto se nota también en el hecho de que en este
manual la lingüística histórica y la perspectiva estructural aparecen con la misma
importancia. Nuestro principal argumento consiste en la vertiente de formación
general que tiene la perspectiva panrománica: el estudiante de una filología ro-
mance, antes de o durante su inevitable especialización, debería echar un vistazo
por encima de la verja de su campo de estudio particular para asomarse a la fas-
cinante variedad de la Romania, de tal forma que pueda aprender, con el ejemplo
de otras lenguas románicas, muchas cosas que son aplicables a su especialidad»
(Pöckl/Rainer/Pöll 2004/32003, 13–14).

En la misma línea apunta Gleßgen (2007, 17):

«la visión romanística es útil incluso para el estudio de una sola lengua románica:
la comprensión de los fenómenos gramaticales, léxicos o sociolingüísticos mejo-
ra si tomamos en consideración el marco románico. En este sentido, el presente
manual querría despertar una cierta ‹conciencia románica› entre los estudiantes
de cualquier lengua románica concreta: incluso sin convertirse en un especialista
en todas las lenguas neolatinas, es posible tomar en consideración su trayectoria
general y algunas de sus particularidades»

y quizá no sólo en los estudiantes, sino especialmente también en los países


que hoy hablan lenguas románicas (Holtus 2008b).41
En muchas de las críticas vertidas contra la romanística se observa una
identificación entre una disciplina y el método de los neogramáticos. Sin em-
bargo, lo que es realmente esencial a la romanística es su perspectiva com-
parativa. En cuestión de método, la romanística contiene de todo. La idea de
que la romanística es una antigualla sólo puede provenir de quien no sabe
lo que se está haciendo hoy.
La interpretación predominante en España de los términos romanística
o romanista ha sido la de un préstamo tomado del mundo germánico con el
que no llegó a haber una identificación y del que, con el discurrir del tiem-
po, se produjo una separación. Los universitarios españoles raramente se han
sentido romanistas; romanistas eran más bien los otros, como se desprende
del siguiente pasaje:

41 Hay campos de estudio en los que es imposible avanzar si no se tiene en cuenta el


panorama románico: «Como la de toda lengua romance, la historia del vocabulario
castellano está llena de vacíos que nunca podremos rellenar. La comparación de los
varios dialectos antiguos y modernos, y la del castellano con los demás romances y
otras lenguas afines, nos permite reconstruir en gran parte estos hechos borrados
por la acción del tiempo» (DCEC 1954–1957, XI).

77
«La lingüística hispano-románica ha realizado, sin duda, grandes progresos du-
rante los últimos treinta años. De ser un campo de trabajo reservado a la activi-
dad de unos pocos privilegiados discípulos de los grandes maestros de la filología
española, portuguesa y catalana, y de algunos romanistas a quienes seducían las
singularidades lingüístico-culturales de los pueblos subdesarrollados […]» (Cata-
lán 1974, 325).

En definitiva, en los países de lengua románica es difícil ser romanista, pero


no imposible.42

42 Si se me [= F.S.M.] permite una nota personal, acabaré diciendo que yo soy ro-
manista por una serie de casualidades que nada tienen que ver con una vocación
conscientemente cultivada: el hecho de ser medio aragonés y medio catalán ya
me proporcionó desde pequeño el aprendizaje del castellano y el catalán y la
familiarización con una ambiente plurilingüe; en la escuela de mi época sólo se
estudiaba francés, con lo que ya iban tres lenguas románicas; mi vergonzosa nula
preparación en inglés me llevó a estudiar alemán en la facultad y todo el mundo
sabe que esta lengua abre la puerta a una inmensa bibliografía romanística; y el
último año de carrera, cuando estaba a punto de dedicarme a la literatura medie-
val española, me dio clase Carmen Pensado y un nuevo mundo se abrió para mí.
Después no he dejado de conocer a colegas de los orígenes más distintos y con los
intereses más variados a los que me une esa noción de Romanitas de la que habla
Badia (2000) y que también incluye el aspecto humano de quienes nos dedicamos
a estos estudios: los romanistas somos amigos, sabemos reír y tenemos buen vino,
buena cerveza y buen aguardiente y no importa el orden en que los bebamos.

78
6. Historia de una revista de romanística comparativa:
la Zeitschrift für romanische Philologie

6.1. Revistas científicas (romanísticas)

Las revistas especializadas representan un forum para una documentación


lo más actual y lo más continua posible del desarrollo científico de una
disciplina y también para la discusión de cuestiones específicas. En este
sentido, son un indicador sensible para la situación de las investigaciones y
contribuyen notablemente a la discusión y a la determinación de los puntos
clave y de los desarrollos de la investigación (cf. Schweickard 2001, 1186
y 1193). Las revistas científicas ofrecen un forum de discusión institucio-
nalizado que, a modo de altavoz, difunde los nodos temáticos centrales,
los métodos y los paradigmas de la producción científica. La historiografía
lingüística romanística es también una historia de las revistas, que no sólo
reflejan el desarrollo de la disciplina, sino que lo plasman y lo promueven
(cf. Schrott 2003, 421).
El proceso de constitución e institucionalización de la romanística se ha
visto acompañado y promovido por la fundación de revistas especializadas
en filología románica. Cuando a mediados del siglo XIX la romanística em-
pezó a afirmarse como auténtica disciplina universitaria no tenía a su dis-
posición un órgano de publicación propio y los artículos podían publicarse
sólo en los anales de las universidades y en revistas de carácter general. La
filología moderna obtuvo por primera vez un portavoz en el «Archiv für das
Studium der neueren Sprachen und Literaturen» (= Archivo para el estudio
de las lenguas y literaturas modernas), fundado en 1846 por Ludwig Herrig
(1816–1889) junto a Heinrich Viehoff (1804–1886) (cf. Schrott 2003, 421–422).
Mientras que el ASNS se consideraba en 1846 todavía como el órgano de la
filología moderna en general, la «Zeitschrift für romanische Philologie» (=
Revista de filología románica), fundada por Gustav Gröber (1844–1911) en
1877 – un año después de la muerte de Friedrich Diez –, se concibió como
revista especializada de carácter puramente científico dentro de un nuevo
contexto en el que la romanística ya estaba bien afirmada. El primer volumen
de 1877 contiene en el Prospect un esquema in nuce de la filología románica,
que Gröber iba a trazar detalladamente más adelante en el Grundriss der
romanischen Philologie, iniciado en 1883. Según la concepción de Gröber de
la romanística como una ciencia histórica (21904, 187), en la ZrP domina la
dimensión histórica de la investigación lingüística. Sin embargo, a pesar de

79
la amplitud de su radio de acción, el núcleo de la investigación es la Edad
Media y, en particular, la Edad Media francesa.
Para determinar la posición de la historia de la lengua en las revistas
especializadas nos parecen adecuados criterios que caracterizan también el
desarrollo de la historiografía lingüística en general. Por ejemplo, hay que to-
mar en consideración el criterio de si una revista atiende más a la formación
de todas las lenguas románicas o a la de una sola lengua. El interés puede
concentrarse o bien en el desarrollo de una sola lengua o en el fenómeno
general del cambio lingüístico (cf. Schrott 2003, 424–425). Partiendo de estos
puntos de vista, los ámbitos de investigación lingüística (fonética, morfología,
sintaxis, lexicología) pueden adoptar una importancia diversa. A su vez, estos
distintos aspectos de la investigación plantean exigencias y criterios específi-
cos que permiten describir la posición de la historia de la lengua en una sola
revista o en distintos órganos de publicación. Para elaborar el perfil temático
de una revista son necesarios, junto al criterio cuantitativo, también inves-
tigaciones cualitativas. En el caso de la ZrP esta serie de preguntas podría
elaborarse sobre la base de las tareas que Gröber asigna a la investigación
de la historia de la lengua en su Grundriss (cf. Schrott 2003, 424–425).

6.2. La fundación de la ZrP: tareas y objetivos

En un Prospect de cuatro páginas, Gustav Gröber esboza en el primer volu-


men de la ZrP (1877, V-VIII) las tareas y los objetivos de la revista recién
fundada. El nuevo órgano debía intentar ampliar el conocimiento de las
distintas lenguas románicas y de sus literaturas con trabajos filológicos, lin-
güísticos e histórico-literarios extraídos de los manuscritos y de las leyendas
de los pueblos de lengua románica, a través de artículos breves dedicados
a la gramática, la etimología, la dialectología, la crítica textual, la exégesis,
la historia de la lengua y de la literatura, etc., y debía intentar mostrar el
proceso de investigación de los romanistas por medio de recensiones detalla-
das de todos los estudios importantes en el ámbito de la filología románica
(Gröber 1877, VI). La revista no debía tampoco descuidar los ámbitos de
estudio menos explorados, cuya consideración y cuidado eran exigencias del
momento, es decir, la cronología del desarrollo de los sonidos romances, so-
bre todo en el período precedente a la aparición de las literaturas románicas,
la explicación fisiológica del cambio de las vocales y de las consonantes, las
justificaciones completas de los criterios usados para determinar los cultismos
en las lenguas y dialectos románicos, el influjo recíproco de los dialectos, su
antigüedad y las causas de su formación (Gröber 1877, VI). El campo de la
sintaxis histórica estaba casi inexplorado: aquí se podría estimar el grado de
perspicacia lógica y la fuerza de la decisión que cada nación románica ma-
nifiesta en la denominación de las uniones entre las palabras y las frases y
se podría valorar también el modo por el cual han pasado de una fase casi

80
paratáctica a otra hipotáctica (Gröber 1877, VII). La convicción, por suerte
debilitada, de que un autor medieval se puede comprender adecuadamente
sólo si se penetra en sus pensamientos con la ayuda de la etimología y del
significado actual de la palabra, ha dejado paso a una lexicografía basada
en una exégesis metódica, a la que habrá que agradecer también algunas
enseñanzas sobre distintos aspectos antiguos, y que hará necesarios no pocos
análisis individuales. También se debe empezar a iluminar el léxico vulgar de
las lenguas románicas, a sistematizarlo en un orden conceptual y a utilizarlo
para la historia cultural de los pueblos en la fase preliteraria, con el fin de
deducir la continuidad de las artes, la pérdida de los conceptos morales o
la diversidad de talento de los pueblos románicos a la hora de comprender
y denominar los objetos percibidos por la mente o fuera de ella, a causa de
la riqueza o pobreza de términos en determinados ámbitos conceptuales.
Igualmente es una exigencia de los tiempos el usar la onomástica (que casi
no presenta un estudio especial) para comprender la historia de los pueblos
(Gröber 1877, VII). Otros temas son las obras de las literaturas románicas,
su lado artístico, su tradición, su composición, sus relaciones con otras lite-
raturas, la impresión que dejaron en su momento algunas canciones de los
trovadores y algunos poetas, la eficaz influencia de la lírica de amor provenzal
en la manifestación del sentimiento lírico de las naciones románicas y germá-
nicas y en sus modalidades expresivas, en la formación de la tendencia a la
reflexión y a la introspección (Gröber 1877, VII); también la diferencia entre
la expresión en prosa y la expresión poética, los tropos y las figuras de las
que disponían la poesía artística y la popular, e incluso el autor individual,
antes del Renacimiento; por último la gran cantidad de detalles relativos a la
historia de la cultura y del arte, los usos y costumbres, los puntos de vista, los
trabajos y las artes de los pueblos románicos medievales (Gröber 1877, VII-
VIII). Dado que los estudios lingüísticos románicos se entrecruzan en más
de un punto con los estudios sobre el latín y son capaces de determinar la
forma de los sonidos latinos, de recuperar el patrimonio lingüístico perdido y
de aclarar los puntos oscuros en todas las partes de la gramática latina; dado
que, gracias a la enorme cantidad de matices dialectales que se documentan
en el área de las lenguas románicas, los estudios románicos pueden ofrecerle
al lingüista que se ocupa de otros campos de trabajo las pruebas de una gran
serie de cambios fonéticos que dicho lingüista frecuentemente sólo puede
suponer; dado que las lenguas y las literaturas románicas occidentales y me-
ridionales han influido notablemente durante siglos en las germánicas; dado
que las contribuciones de los romanistas relativas a la solución de cuestiones
comunes a los germanistas y romanistas siempre han encontrado respeto por
parte de los germanistas; por todas estas razones se espera que la nueva re-
vista de filología románica encuentre amigos y respeto también en círculos
más amplios (Gröber 1877, VIII). Aunque, debido a la variedad de temas a
tratar, la revista quizá no esté en disposición de interesar directamente a los
profesores que enseñan las lenguas románicas, sin embargo siempre estará

81
a su disposición para informar de manera exhaustiva sobre el estado de la
investigación, con lo cual apoyará de alguna manera el uso de los resultados
de la investigación en sus lecciones y, por lo tanto, tendrá también un cierto
valor para ellos. Con la intención de testimoniar también hacia el exterior el
carácter internacional de los estudios románicos y de acuerdo con su labor
de transmisión de la investigación alemana al extranjero y de difusión de
la extranjera en Alemania, la revista acogerá artículos en alemán y en las
lenguas románicas más conocidas (Gröber 1877, VIII). Con un precio de 15
Reichsmark por año, aparecerán cuatro fascículos de aproximadamente ocho
pliegos publicados regularmente cada tres meses; el último de los fascículos
ofrecerá una lista completa de los estudios románicos del año precedente
(Gröber 1877, VIII).
Gröber hace una presentación más detallada de los objetivos y las tareas
de la ZrP y de la filología románica en general en la segunda sección del
Grundriss dedicada a la «Tarea y estructura de la filología románica» (21904,
186–202). Para él la filología románica no se limita a investigar los detalles
de la historia de la lengua y la literatura de los pueblos románicos, sino que
aspira a comprender las conexiones que existen entre los fenómenos lin-
güísticos y las obras literarias de los pueblos románicos y a comprender su
formación y su funcionamiento (Gröber 21904, 187). Al igual que las otras
filologías y la historia del arte o la de los estados, la filología románica for-
ma parte de las ciencias históricas, unas ciencias que pretenden establecer
un conocimiento fundamentado y universal de los productos mentales del
hombre allí donde estos se nos sigan transmitiendo. La filología románica
se ocupa de descifrar el pasado mental de los pueblos románicos, lo mismo
que la filología germánica se ocupa del pasado mental de los pueblos ger-
mánicos y la filología clásica hace lo propio con los griegos y los romanos
(Gröber 21904, 187). No es posible reconstruir la vida científica, religiosa y
política de los pueblos románicos de la edad media sólo a través del traba-
jo lingüístico, sin consultar en particular los escritos medievales en lengua
latina (Gröber 21904, 188). Lo mismo que la filología en general, tampoco
la filología románica puede subordinarse a una de las ciencias históricas: la
filología románica analiza la lengua y el discurso, investiga su naturaleza y
las tendencias de su evolución, su expresión artística, etc. No depende ni de
la historia de las ciencias, ni de la de las religiones, sino que está más bien
subordinada a la ciencia general que se ocupa de las leyes mentales. Puede
coordinarse con la historia, ya que ambas analizan las actividades y los pro-
ductos de la mente humana (Gröber 21904, 191–192). Según Gröber, el ám-
bito de trabajo propio del filólogo se encuentra en la lengua y en el discurso
que no se comprenden o que se han vuelto incomprensibles. Quien estudia
el pasado de algún ámbito de la actividad mental, necesita de la ayuda del
filólogo allí donde aparezcan esa lengua y ese discurso incomprensibles. Sólo
en el filólogo puede encontrar ayuda, sólo él tiene las llaves para descodifi-
car el significado de las letras mudas, sólo él hace que el pasado nos hable y

82
vuelve comprensibles las lenguas extranjeras; la filología es, por lo tanto, la
ciencia del discurso extranjero, la ciencia del logos de los griegos, los roma-
nos, los orientales, de nuestros antepasados, los pueblos románicos (Gröber
21904, 193). Por lo tanto, el objeto propio de la filología son los fenómenos

de la mente humana en una lengua sólo indirectamente comprensible y sus


productos en el discurso artístico de pasado (Gröber 21904, 194). El punto
de partida de la filología románica son las palabras del hombre común de
Roma, que la escritura nos transmite sólo de manera rudimentaria y que,
por lo tanto, hay que deducir. En el mismo sentido hay que reconocer una
filología germánica, eslava, céltica, etc. que desembocan en el discurso pan-
germánico, paneslavo, etc. (Gröber 21904, 195). Por lo tanto, la práctica de
dividir la filología románica de acuerdo con unas relaciones distintas de las
de parentesco lingüístico persigue sólo un fin didáctico, tal y como se hace en
Alemania, donde se agrupan la lengua y literatura francesas con las inglesas
en lo que se llama «filología moderna», una disciplina que se opone a la fi-
lología clásica con el argumento de que también permite dar una formación
humanística (Gröber 21904, 197). Igualmente, si se combinaran las filologías
románica, germánica, etc., con el estudio de la literatura latina medieval,
formando algo que podría llamarse filología medieval y que se opondría al
estudio de la Antigüedad – lo mismo que la historia de los pueblos medieva-
les se contrapone a la historia de la Antigüedad –, se perderían entonces de
vista los objetivos de la investigación filológica, que pasaría a centrarse en un
nuevo objeto de estudio, como son las influencias recíprocas de los pueblos
de lenguas diversas, en lugar de estudiar las lenguas mismas (Gröber 21904,
197). La investigación de unos textos románicos que se han vuelto incom-
prensibles culmina en el conocimiento del desarrollo del discurso artístico
romance y de las lenguas románicas que, aunque en algunos casos siguen
siendo lenguas habladas, no bastan para comprender sus productos artísticos
desde la perspectiva histórica. Por eso son ya objeto de investigación en su
forma actual, tanto para los pueblos románicos como para los extranjeros
(Gröber 21904, 197). De estas reflexiones Gröber deduce la estructura de su
Grundriss y presenta la metodología de la investigación lingüística, filológica
e histórico-literaria (Gröber 21904, 198–199).
Gröber toma posición con relación a las modalidades de análisis lingüís-
tico, a sus métodos y tareas en el capítulo titulado «Tratamiento de las fuen-
tes»: para comprender un fenómeno de la lengua no basta sólo el análisis
empírico, o el histórico o el genético; hay que usar necesariamente los tres.
Esto es así porque el análisis empírico sólo considera el estado del fenómeno
lingüístico, el análisis histórico analiza su desarrollo y el genético su origen.
La elaboración empírica e histórica precede al análisis genético. Además del
apoyo que brindan al análisis genético, los otros dos tipos de aproximación
cumplen otras tareas indispensables (Gröber 21904, 269). En un compendio
del ámbito de la filología románica no hay espacio para las llamadas ciencias
secundarias, es decir, las ciencias que debe conocer todo aquel que quiera

83
llevar a cabo un estudio científico: el estudio práctico de las lenguas y las
literaturas, de la gramática latina y griega, la psicología y la lógica (Gröber
21904, 201). Los romanistas formarán probablemente sólo un pequeño grupo,

pero de ellos se espera que difundan en otros ámbitos el conocimiento del


carácter de los pueblos románicos, la comprensión de su pasado y la visión
que tienen de sí mismos: este es el fin más bello y específico de la filología
románica y ocuparse de ello es una garantía de que seguirá existiendo mien-
tras haya pueblos románicos (Gröber 21904, 202; para la importancia de los
aspectos étnicos en los primeros años de la filología románica, cf. también
Selig/Kalkhoff/Wolf 2006).
Ernst Robert Curtius en su artículo titulado «Gustav Gröber y la filología
románica» nos ofrece un profundo homenaje al personaje de Gustav Grö-
ber y a su importancia para la filología románica. Las directrices que Gröber
plantea en su «metodología de la investigación lingüística» son el fruto de
una profunda reflexión filosófica y persiguen un ideal fundamentado filosó-
ficamente. Dicho planteamiento puede caracterizarse como idealista, ya que
pasa de lo fonético a lo mental, de lo empírico al análisis genético (ya sea
psicológico o histórico-cultural). Pero es un idealismo crítico, que es conscien-
te de los límites del conocimiento (vs. un idealismo especulativo). Se coloca
por encima de los debates entre el positivismo y el idealismo en lingüística
(Curtius 1960, 448). Curtius recuerda las clases de Gustav Gröber, clases en
las que los participantes se daban cuenta de qué era la auténtica ciencia y
de cuáles eran sus exigencias: una autocrítica severa y un duro control ante
toda opinión subjetiva que pretenda sustituir las pruebas con ideas extempo-
ráneas y opiniones de gusto. El «amor por el detalle» era, en su época, toda-
vía una cosa natural. Pero en el carácter de Gröber estaba ligado a un vasto
horizonte intelectual de grandeza filosófica. Y es precisamente aquí, en esta
conexión, donde residía el carácter extrañamente apasionante de su magis-
terio (Curtius 1960, 455; cf. también las exposiciones de Fettweis-Gatzweiler
1994, 192ss., 199ss., y de Maria Selig 2005, especialmente 301–305).

6.3. La ZrP en los años 1877–1913:


contenidos, aspectos centrales y desarrollo

En su artículo «Historia de la lengua y de la cultura» Kurt Baldinger hace


notar que en el siglo XIX se construyó una sólida base formal que permitió
que los romanistas se dedicaran a problemas como las relaciones entre la
historia de la lengua y la de la cultura. Las leyes fonéticas resultaban de-
masiado rígidas y la realidad era mucho más compleja. Alrededor de 1900
una gran cantidad de aspectos nuevos amplió el horizonte lingüístico: los
atlas lingüísticos permitían un análisis sistemático de los dialectos, con lo
cual condujeron a la fundación de la geolingüística y pusieron en relación la
lingüística y las cosas. El explorador de un atlas lingüístico tenía que inves-

84
tigar las cosas y sus nombres. Así se llegó al contacto con la vida cotidiana.
La onomasiología se creó paralelamente a la semasiología. El núcleo de la
investigación ya no era el sonido, es decir, la fonética, sino la palabra, es
decir, la lexicología y, por lo tanto, ya no era la forma, sino el contenido. El
período comprendido entre 1890 y 1900 – con Gilliéron y Saussure, con la
fundación de los atlas lingüísticos, de la geolingüística, de la lexicología y de
la investigación de los objetos, de la semasiología y de la onomasiología, de
la lingüística sincrónico-estructural – es una fase de revolución lingüística
(Baldinger 1990, 13–14).
El mismo Baldinger, en su artículo «Lingüística como experiencia perso-
nal (entre los métodos de ayer y de mañana)», observa que en el siglo XIX
se elaboró una fonética histórica que representó una sólida base para la in-
vestigación del signifiant; por otro lado, en el siglo XX los investigadores han
hecho grandes progresos en el análisis del signifié (cf. Baldinger 1991, 37).
Elke A. Fettweis-Gatzweiler (1994, 199ss.), en su tesis doctoral presentada
en Bonn, hace una comparación histórico-sistemática del origen del «Archi-
vio glottologico italiano» y de la ZrP, dos revistas que nacieron en un perío-
do de intensas discusiones sobre la historia y las tareas futuras de la filología
románica. El AGI y la ZrP, en los años de su fundación y hasta los inicios
del siglo XX encarnaban coherentemente el método histórico-comparativo
que, a pesar de las críticas que le hacen los estudiosos de hoy, proporcionó
grandes impulsos al desarrollo de la romanística (Fettweis-Gatzweiler 1994,
200). Usar métodos tradicionales no significa necesariamente estar anticua-
do metodológicamente; de hecho, se ha comprendido pronto que integrando
métodos diversos se alcanzan sucesivos progresos y que el diálogo entre las
disciplinas y entre las partes de estas conjura el peligro de visiones limita-
das (Fettweis-Gatzweiler 1994, 201). Fettweis-Gatzweiler demuestra con sus
análisis cuantitativos que en los diez primeros años de la ZrP predominaron
las investigaciones de tipo literario y que, posteriormente, el balance se equi-
libró o llegaron a dominar los artículos lingüísticos (Fettweis-Gatzweiler 1994,
133). En particular, la autora ofrece detalles sobre las lenguas y los dialectos
tratados: en primer lugar el francés, luego el italiano y el español, seguidos
del rumano, el sardo y el occitano; y también informa sobre las lenguas en
las que están escritos los trabajos: predomina el alemán, seguido del francés
y el italiano, por último el inglés, el español y el portugués. Los temas sobre
los que se concentran los distintos tipos de contribuciones son los siguien-
tes: historia de la lengua, dialectología y geolingüística, caracterización de
las lenguas románicas, gramática, historia de la filología, discusiones teóricas
y metodológicas, así como cuestiones lingüísticas concretas (fonética, lexico-
logía y sintaxis). Del análisis de los artículos y de las secciones misceláneas
resulta que en los primeros treinta volúmenes predominan los trabajos de
fonética, seguidos de los que se ocupan de la morfología y de la formación de
palabras; en este período no abundan los trabajos de léxico o de sintaxis; las
cuestiones de semántica están prácticamente ausentes (Fettweis-Gatzweiler

85
1994, 133–140). Todos los autores de la ZrP aparecen recogidos en orden
alfabético (Fettweis-Gatzweiler 1994, 212–229).
En su recensión, Wolfgang Schweickard (1994, 217–218) considera que el
procedimiento de la romanista de Bonn es demasiado «impresionista» cuan-
do se bosquejan los núcleos temáticos de la revista y cuando se valoran sus
efectos en el desarrollo de la filología románica en el plano de los conteni-
dos. Según Schweickard, sería interesante analizar cómo una revista y sus
editores pueden influir no sólo en el contenido de la disciplina, sino también
en la organización formal de la ciencia. En este sentido debería analizarse
el comportamiento de los editores, que deciden aceptar o rechazar los ar-
tículos y que publican recensiones que en ocasiones ponen fuertes trabas a
una carrera académica o, por el contrario, la favorecen de manera decisiva
(Schweickard 1994, 218).
En el discurso con ocasión de su despedida como editores de «Vox Roma-
nica», Ricarda Liver y Peter Wunderli (2001, V) mencionan otros temas que no
podemos presentar detalladamente aquí: en los diez años de su común tarea
editorial se cambió el reparto de tareas entre la imprenta y la editorial, por un
lado, y la redacción y los autores, por otro; los autores y la redacción debían
asumir cada vez más trabajo – algo que los dos estudiosos consideran como
un fenómeno característico de todo el campo de las publicaciones científicas.
Ilustraremos a continuación, de manera breve, en qué medida la ZrP con-
tribuyó a dirigir los estudios de romanística en los decenios fundacionales de
la disciplina. Desde la revista se indicó cuáles habían de ser los métodos de
la romanística y se pusieron en el punto de mira los temas fundamentales
de la investigación para los años venideros.
En el frontispicio de la ZrP del período comprendido entre 1877 y 1913
se pueden observar ya los primeros cambios: en los volúmenes 1–3 el editor
aparecía como «profesor de la universidad de Breslau»,1 del volumen 4 hasta
el 34 Gustav Gröber firma como «profesor de la universidad de Estrasbur-
go en Alsacia»; en 1911 (vol. 35) se añade la siguiente información: «con la
participación del Dr. Ernst Hoepffner, profesor en la universidad de Jena»,
y tras la muerte de Gröber (a partir del vol. 36, 1912) la indicación es: «fun-
dada por el Prof. Dr. Gustav Gröber †, continuada y editada por el Dr. Ernst
Hoepffner, profesor de la universidad de Jena». La información acerca de
la editorial cambia sólo mínimamente: en el primer volumen (1877) se lee
«Halle. Lippert’sche Buchhan[d]lung (Max Niemeyer)» (Librería Lippert),
desde el segundo y hasta el vol. 20 (1896) «Halle, Max Niemeyer», del vol.
21 al vol. 35 se añade la dirección «77/78 Gr. Steinstrasse» y a partir del vol.
36 (1912) la indicación es: «Halle a.S., Max Niemeyer, Brüderstrasse 6».
Por lo que se refiere al contenido, uno de los terrenos más importantes es
la edición de textos. En los primeros quince volúmenes existe de hecho una

1 La actual Wrocław, ciudad polaca de la Baja Silesia.

86
rúbrica con el título «Textos»; sin embargo, en los años 1892 y 1893 (vols. 16
y 17) no se dedica una auténtica sección a los textos, sino que aparecen in-
corporados a los artículos; en el vol. 18 (1894) la sección general de artículos
aparece erróneamente con el título «Textos» y a partir del vol. 19 (1895) se
recupera la sección original de «Textos». El análisis de las ediciones apare-
cidas bajo el título de «Textos» muestra que este ámbito se cuida de modo
continuado y que las ediciones de textos llegan hasta un máximo de ocho
textos por volumen (de vol. 1 al vol. 37: 6 – 4 – 3 – 3 – 3 – 8 – 2 – 3 – 3 – 3
–4–3–4–2–1–ؖؖؖ7–2–2–3–4–6–5–4–5-3–3–
5 – 3 – 5 – 2 – 5 – 1 – 2 – 2).
Se puede documentar perfectamente la variedad y el desarrollo de los
temas tratados en la ZrP a través de los subtítulos de la rúbrica «Miscelá-
nea» (a partir del vol. 11 «Escritos varios»). En el primer volumen se en-
cuentran siete ámbitos: «Historia cultural, Historia de la literatura, Paleo-
grafía y conocimiento de los libros, Manuscritos, Crítica textual, Gramática,
Etimología». En el segundo volumen se añaden «Exégesis» (que a partir del
vol. 29 se renombra como «Explicación de textos»), «Métrica» y «Léxico»,
descuidando parcialmente ámbitos ya introducidos. En el vol. 7 aparece un
nuevo subtítulo de «Sintaxis», en el vol. 10 encontramos «Onomástica», en
el vol. 14 «Historia de las palabras»; en los vols. 16–18 falta la rúbrica «Mis-
celánea», que se reintroduce desde el vol. 19 con la adición de «Bibliografía»
(vol. 19), «Dialectología» (vol. 20; a partir del vol. 29: «Conocimiento de los
dialectos»), «Historia de la lengua» (vol. 21), «Morfología» (vol. 24), «For-
mación de palabras» (vol. 26), «Lexicología» (vol. 28). En este punto, a par-
tir de 1906, se dibuja una nueva orientación abierta a ámbitos innovadores
como la «Geolingüística» (vol. 30) y «Cosas y palabras» (vol. 33); junto a
todo esto se añaden algunos otros subtítulos, como «Latín vulgar» (vol. 31)
y «Toponomástica» (vol. 34).
Los temas tratados en los artículos y los respectivos acentos temáticos se
han mencionado ya arriba a partir de los datos de la tesis de Fettweis-Gatz-
weiler. Para ampliar el elenco citaremos a continuación sólo algunos de entre
los muchos temas que nos parecen dignos de atención, ya que se ocupan de
ámbitos inusuales para la mayoría de filólogos de finales del siglo XIX. Mien-
tras que son más bien tradicionales las investigaciones sobre las condiciones
de vida de los trovadores italianos (vols. 7, 9), sobre el concepto de honor
en la Chanson de Roland (vol. 9), sobre la actividad académica de Friedrich
Diez (vol. 9) y sobre el desarrollo del significado de la palabra «románico»
(vol. 10), resultan sorprendentes, sin embargo, temas como la literatura de
calendarios en retorromance (vol. 16), la influencia del español en la lengua
de los gitanos que viven en España (vol. 16), los gritos de los vendedores
(vol. 20), el estudio de los dialectos picardos y de la Île-de-France (vol. 26) o
el judeoespañol (vol. 30). Además, llama la atención que en los volúmenes
34 y 36 aparezca en el título, por primera vez, la mención de (nuevas) con-
tribuciones a la «lingüística» románica (Rudolf Haberl).

87
Mencionaremos sólo algunos ejemplos de la serie de trabajos publicados
en la ZrP que pueden considerarse como «clásicos» y que tienen todavía hoy
un significado fundamental: la investigación de Th. Gartner sobre el dialecto
de Erto (vol. 16), el trabajo de A. Horning sobre los límites dialectales en las
lenguas románicas (vol. 17) o el de K. Jaberg sobre el cambio semántico pe-
yorativo en francés, con referencia a problemas generales de la semasiología
(vols. 25, 27, 29). También merecen ser citados los trabajos de H. Schuchardt
sobre la historia de palabras romances (vol. 31), el de W. Meyer-Lübke sobre
la historia de las lenguas románicas (vol. 31), el de K. von Ettmayer sobre
las características del francés antiguo (vols. 36, 37) y el de J. Brüch sobre el
diccionario etimológico de Meyer-Lübke (vol. 36).
Las numerosas investigaciones centradas en temas sintácticos publicadas
en los primeros decenios de la ZrP contradicen el difundido prejuicio según
el cual en los inicios de la filología románica la sintaxis tuvo una importan-
cia marginal. Basta con citar, por ejemplo, los artículos sobre la sintaxis de
Froissart (vol. 5), sobre el uso del gerundio y del participio de presente en
francés antiguo (vol. 10), sobre las oraciones condicionales y su desarrollo
en español (vol. 14), sobre la sintaxis francesa (trabajos de Th. Kalepky, en
los vols. 18, 20, 23, 25, 31, 32, 33, 34, 36), sobre la sintaxis del sustantivo (vol.
19), sobre la posición de los pronombres átonos (vol. 21), sobre la sintaxis
del pronombre posesivo de tercera persona en rumano (vol. 25), sobre un
fenómeno de fonética sintáctica en los dialectos franceses (vol. 30), sobre la
coordinación de frases negativas en provenzal (vol. 32). En los últimos años
del período en cuestión, es decir, de 1911 en adelante, se forma un auténti-
co núcleo de trabajos sintácticos a cargo de Leo Spitzer y Theodor Kalepky:
el estilo y la sintaxis en los romances españoles y portugueses (vol. 35), la
sintaxis románica (vol. 36). A todo esto hay que añadir la mencionada sec-
ción de «Sintaxis» incluida dentro de la rúbrica «Miscelánea»: en ella Spit-
zer publicó cuatro artículos breves en el vol. 36 y otros tres en el vol. 37; en
este último volumen Kalepky publicó también dos breves trabajos. En este
contexto hay que recordar también los numerosos artículos de Adolf Tobler,
«Contribuciones a la gramática del francés» (vols. 1, 2, 5, 6, 8, 11, 12, 13, 18, 19,
20, 21), que el autor define como contribuciones «que merecen por derecho
propio algún lugar en la descripción histórica del francés, preferiblemente
en la parte que se suele llamar sintaxis, pero que, o bien no han encontrado
ningún lugar, o no han hallado el adecuado» (cf. Tobler 1877, 1).
Para completar este tratamiento temático de la ZrP conviene tomar en
consideración también el aspecto personal. Por ejemplo, podemos analizar la
producción de un solo autor, como la serie de artículos de Hugo Schuchardt
publicados en la ZrP y que el editor Gustav Gröber caracterizó como un
conjunto de ensayos en los que una excepcional variedad de pensamiento y
de sabiduría se une a una fineza intelectual, a una profunda observación y a
una fuerza creativa capaces de atraer al público; ensayos en los que el autor
consigue felizmente evitar tanto la frialdad estilística como una aproximación

88
excesivamente instructiva (Gröber 1886, 598). Según Gröber con este modelo
se apuntaba la vía adecuada gracias a la cual la filología románica y la filología
moderna conquistarían nuevos terrenos y conseguirían construirse un futuro
seguro fuera del recinto exclusivo de los eruditos. Quizá, añadía Gröber, es-
te desarrollo no iba a realizarse siguiendo determinados modos de obrar de
Schuchardt, intrínsecamente ligados a su personalidad y no necesariamente
del gusto de todos; y probablemente tampoco iba a seguir los sentimientos,
quizá demasiado cosmopolitas, con los que Schuchardt escribía alguno de sus
ensayos (que se ocupan del carácter y las contradicciones nacionales) (Gröber
1886, 599). Mencionaremos a continuación algunos de los trabajos del roma-
nista de Graz: sus contribuciones al conocimiento de los criollos románicos
(vols. 12, 13) y sobre la lingua franca (vol. 33), sobre los préstamos románicos
al húngaro (vol. 15), sobre las relaciones entre el íbero y el romance y entre
el romance y el vasco (vols. 23, 29, 36), sobre los problemas y principios de
la etimología (vol. 26), sobre el método de la historia de las palabras (vols.
27, 28), sobre la etimología de trouver (vol. 28) o sobre sufijos nominales ro-
mances en vasco (vol. 30). Como puede comprobarse, Schuchardt se ocupó de
temas que en su época encerraban un gran potencial innovador y que estaban
destinados a seguir siendo importantes en la filología del siglo XX.
No debemos pasar por alto que en los primeros volúmenes de la ZrP
aparecen también algunos trabajos de estudiosas – aunque sea en número
todavía modesto –, como Carolina Michaëlis de Vasconcellos (vol. 29), Elise
Richter (vol. 31) y Aline Furtmüller (vol. 33).
Las sorprendentes relaciones internacionales de la ZrP con la filología
románica en Alemania y fuera de los países de lengua alemana se pueden
comprobar a través de las recensiones de publicaciones periódicas especiali-
zadas en filología (románica) ofrecidas al público de la ZrP. En los volúmenes
aparecidos desde 1877 hasta 1913 se publicaron recensiones (en número e in-
tensidad variables) de las siguientes revistas (se indica en paréntesis el volu-
men de la ZrP en el que aparece por primera vez una recensión de la revista
en cuestión): «Romania», «Englische Studien» (vol. 1), «Revue des Langues
Romanes», «Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen»,
«Giornale di Filologia Romanza», «Romanische Studien», «Archivio Glotto-
logico Italiano» (vol. 2), «Propugnatore» (vol. 5), «Zeitschrift für neufranzösi-
sche Sprache und Literatur», «Romanische Forschungen» (vol. 6), «Giornale
Storico della Letteratura Italiana» (vol. 7), «Revista pentru Storie, Archeolo-
gie úi Filologie», «Französische Studien» (vol. 8), «Boletin Folklorico Español»
[sic] (vol. 9), «Studi di Filologia Romanza» (vol. 11), «Bullettino dell’Istituto
Storico Italiano», «Revue des Patois Gallo-Romans» (vol. 12), «Revista Lu-
sitana» (vol. 15), «Arcivă societătiƱ útiintifica úi literare din Jaúi» [sic]2 (vol.

2 En el índice el nombre de la revista aparece como Arhivă societătiƱ útiintifice úi


literare din Jaúi.

89
16), «Lingue neolatine» (vol. 18), «Jahresbericht des Instituts für rumäni-
sche Sprache zu Leipzig» (vol. 20), «Publications of the Modern Language
Association» (vol. 21), «Studies and Notes in Philology and Literature» (vol.
22), «Studi glottologici italiani» (vol. 25), «Le Moyen-Âge» (vol. 26), «Ar-
chiv für lateinische Lexikographie und Grammatik», «Revue de philologie
française et de littérature» (vol. 27), «Mémoires de la Société Néophilologi-
que de Helsingfors» (vol. 28), «Studi medievali», «Società filologica romana»
(vol. 29), «Bulletin du Glossaire des Patois de la Suisse Romande» (vol. 30),
«Modern Language Review» (vol. 31), «Studj romanzi» (vol. 32), «Studi di
Filologia Moderna», «Revue de Dialectologie Romane» (vol. 34), «Bulletin
hispanique» (vol. 37).
Con esto se demuestra que la ZrP en sus primeros años de existencia no
se ocupaba sólo de los ámbitos tradicionales de la filología (románica), sino
que representaba también un forum para temas de investigación nuevos e
innovadores, con lo cual promovía ya desde el inicio los intercambios cientí-
ficos de la romanística en Alemania y en el extranjero.

6.4. Pasado y presente de la ZrP

Pocos meses después de la muerte del editor Max Niemeyer (17 de junio de
1911) moría también el primer editor de la ZrP (6 de noviembre de 1911),
que la había fundado a la edad de 33 años siendo profesor en Breslau.3 Para
la ocasión su sucesor, Ernst Hoepffner (vol. 36, 1912 – vol. 39, 1919), redactó
una necrología en la que caracterizaba a Gröber como una persona con un
agudo sentido del orden y una meticulosidad casi embarazosa, una persona
dotada de la exactitud y puntualidad necesarias para mantener una vasta
correspondencia y para respetar los tiempos de aparición de los fascículos;
en definitiva, un romanista con conocimientos amplios, cuidados y profundos
(Hoepffner 1912, II). Atestiguaba que su predecesor había sabido mantener
alejadas las polémicas mezquinas y envidiosas y que en la revista reinaba
siempre un tono distinguido; en definitiva, Gröber había puesto la revista
a disposición de todos para que llevaran a cabo un debate serio y objetivo,
manteniendo por su parte un constante deseo de ser imparcial (Hoepffner
1912, III). El propósito de Gröber era, en última instancia, fundar una re-
vista que incluyera prácticamente todo el ámbito de la filología románica
(Hoepffner 1912, I).
Más tarde, con motivo de los cincuenta números de la ZrP, su editor del
momento, Alfons Hilka, profesor de la Universidad de Göttingen (vol. 40,
1920 – vol. 54, 1934), constató que la ZrP había seguido firmemente su pro-
pio camino durante cinco decenios y que había dado fe de los progresos de

3 Cf. n. 1.

90
la disciplina con exactitud y objetividad, sobre todo en el ámbito histórico-
lingüístico y literario (Hilka 1931, V). Incluso después de que la actividad de
los colaboradores se hubiera vuelto más vasta gracias a las nuevas direcciones
de la dialectología, de la geolingüística y de la formación de palabras, la re-
vista seguía deseando otorgar la palabra a los que planteaban nuevos temas
de discusión. Las celebridades del pasado de la romanística habían dejado
una herencia preciosa que las generaciones más jóvenes custodiaban sólo de
manera modesta en tiempos de aplanamiento y de duros contrastes (Hilka se
refiere a una generación que se ocupa sobre todo de la observación esteticis-
ta de los períodos literarios modernos). Pero incluso en tiempos en los que,
según Hilka, las nuevas tendencias contrastaban con la tradición, la revista
intentó mantener la estima de la que gozaba en el extranjero. Su programa
debía seguir siendo la auténtica investigación, la profundización de los resul-
tados científicos y el alejamiento de las meras opiniones del momento (Hilka
1931, V-VI). El fin declarado por Hilka para su tarea editorial era el de servir
al ideal de la «filología románica» tal y como quería el fundador y, junto con
él, la antigua y respetable tradición de la disciplina (Hilka 1931, VI).
Con ocasión del centenario de la ZrP, Kurt Baldinger, sucesor de Walther
von Wartburg (vol. 55, 1935 – vol. 73, 1957) y encargado de la revista du-
rante tres decenios (vol. 74, 1958 – vol. 104, 1988), acentuó de nuevo en un
suplemento de la ZrP cuál era el ámbito esencial de la filología románica.
Baldinger señala que se ha producido una división de la disciplina en función
de las diferentes lenguas (con las correspondientes revistas especializadas),
pero cree que siempre será necesaria una revista filológica panrománica que
trate de los problemas de la filología románica general y de sus subdisciplinas.
El deber principal de dicha publicación es el de integrar las investigaciones
sobre las lenguas particulares dentro de una investigación sobre la filología
románica en general. Según Baldinger, en ese momento ya se ha cumplido
la separación de la lingüística y de la crítica literaria, pero la ZrP, por lo que
concierne a la crítica literaria, se ha limitado desde el principio a la Edad Me-
dia y en la medievalística es siempre difícil separar la lingüística de la crítica
literaria (Baldinger 1977, XII). Baldinger afirma que Walther von Wartburg
había introducido en la ZrP cuestiones modernas de carácter sincrónico y
metodológico, tendencia que el propio Baldinger reforzó a partir de 1958
con la introducción, por ejemplo, de una rúbrica titulada «Discusión de pro-
blemas actuales», pero sin renunciar a la tradición de Gröber de la filología
crítica concebida en el siglo XIX (Baldinger 1977, XII-XIII).
El sucesor de Baldinger fue Max Pfister (vol. 105, 1989 – vol. 115, 1999),
el cual en una recensión al último volumen editado por Baldinger valora los
méritos de los dos editores precedentes, Walther von Wartburg y Kurt Bal-
dinger (cf. Pfister 2007): ambos contribuyeron a hacer de la ZrP una de las
revistas especializadas alemanas más importantes tanto a través de sus pro-
pias contribuciones como gracias a su cuidadosa labor de redacción (Pfister
1988, 335). Pfister presenta también una selección de artículos fundamentales

91
que ponen de relieve el papel significativo de la ZrP en la discusión científica;
a esto añade una síntesis de la rúbrica introducida por Baldinger y titulada
«Discusión de problemas actuales» y señala igualmente algunos estados de
la cuestión dedicados a ámbitos concretos de la filología románica y que son
especialmente bienvenidos, dada la diversificación y especialización de la
disciplina (Pfister 1988, 335–336, 337–338, 338).
A partir del año 2000 (vol. 116), predominan los artículos dedicados a
la lingüística comparativa románica, a la filología galorrománica (francés y
occitano), a la filología iberorrománica (español, portugués, catalán) y a la
filología italorrománica (italiano, sardo); son menos numerosos los artículos
de crítica literaria y de edición de textos. También aparecen, aunque en un
reducido número, algunos artículos sobre el retorromance (romanche, ladino,
friulano) y sobre el rumano. La rúbrica «Discusión de problemas actuales»
continúa ampliándose (diez artículos a partir del 2000) y se publican cada
vez más recensiones-artículo sobre obras de relevancia fundamental.4 Con
las monografías publicadas como anexos (más de 40 volúmenes a partir del
2000)5 y con la «Bibliografía románica»6 la ZrP ha consolidado su papel
esencial para la filología románica.

4 El ámbito temático de la ZrP comprende la lingüística románica y también, en


alguna medida, la lingüística general que tenga relación con la románica y, dentro
del área histórico-literaria, la literatura románica hasta el Renacimiento. Cada año
se publican cuatro fascículos que forman un total de 780 páginas.
5 Los Beihefte de la ZrP se encuentran entre las publicaciones especializadas de
más renombre de la filología románica (347 volúmenes hasta ahora [= 31.08.2008];
monografías seleccionadas, ediciones, habilitaciones). Cada año aparecen ocho vo-
lúmenes. Tanto la dirección, como la tarea de redacción de estos proyectos tiene
lugar en Göttingen.
6 La Romanische Bibliographie (RB) se publica cada año en dos o tres volúmenes
como suplemento a la ZrP. Abarca los ámbitos de la lingüística y la crítica literaria
(con excepción de la crítica literaria francesa). Además, cada año aparece un CD-
ROM con los datos acumulados desde 1997. La documentación se financia con
medios internos y externos a la universidad. La finalidad de la RB es seguir siendo
fiel a la posibilidad de una filología románica general y comparativa y pretende
ser lo más completa posible en la documentación bibliográfica de las disciplinas
principales y de sus subdisciplinas contenidas dentro del ámbito general de la
Romania; la RB quiere considerarse como una obra de referencia de la filología
románica válida frente a las bibliografías (lingüísticas) generales. Para ello se ha
creado una red internacional de especialistas externos que residen en Alemania
y en el extranjero responsables cada uno de su respectivo ámbito de competen-
cia: Berlín (FU, Instituto Ibero-americano), Göttingen, Hamburgo, Jena, Colonia,
Aberystwyth (Gran Bretaña), Bolzano/Bressanone (Italia), Salamanca (España) y
Zúrich (Suiza). La activación de esta red ha sido posible gracias a fondos comple-
mentarios extrauniversitarios.
Hemos conseguido la adhesión de especialistas externos de lingüística y de
crítica literaria que, a partir del año 2006/2007 ponen a disposición del centro
de documentación de Göttingen los títulos de las investigaciones más relevantes
(monografías, actas de congresos y volúmenes misceláneos). Está previsto agrupar

92
a estos estudiosos en los siguientes ámbitos de competencia: lingüística románica
(filología románica en general y comparativa), crítica literaria románica general y
comparativa, rumano, italiano, sardo, retorrománico (romanche, ladino, friulano),
francés, occitano, catalán, español, portugués y brasileño.
A finales del año 2006 han aparecido dos volúmenes de índices que contienen
los datos de 1992 hasta el año 2002 publicados por la RB, agrupando la información
de la versión impresa en cuatro secciones: recensores, personas, autores y temas.

93
94
7. Revistas españolas de romanística

7.1. Panorama general

Desde los inicios de la filología en España ha existido un remarcable inte-


rés editorial por los temas románicos y prueba de ello son las traducciones
mencionadas en el cap. 5. También en el ámbito de las revistas se han pro-
ducido aventuras editoriales total o parcialmente dedicadas a la romanística
comparativa. Las publicaciones que llevan en su título el adjetivo románico
o romance son (en orden cronológico de aparición) las siguientes:

– Anuari de l’Oficina Romànica de Lingüística i Literatura (AORLL), publi-


cado por la Oficina Romànica de Lingüística i Literatura (1928–1934).
En contra de lo que podría parecer indicar su nombre, este anuario publicó
prácticamente sólo trabajos dedicados al catalán. Esta orientación estaba ya
clara desde el manifiesto que encabeza el primer número de la revista:

«Una Universidad Católica en Barcelona no puede mostrarse indiferente al estu-


dio de la lengua y literatura regional. Razón por la cual se ha pensado en crear
desde luego la Oficina Romànica, que será a la vez centro de estudio, oficina de
investigación y seminario de formación filológica, pues se ha creído que este es el
mejor medio de llegar a tener con el tiempo una facultad competente de filología
regional. […] La Oficina Romànica desplegará su actividad en tres diferentes sec-
tores: a) investigación científica de la lengua catalana, incluyendo las variedades
valenciana y balear; b) formación de la lengua literaria, en especial mediante la
solución de los problemas de gramática; c) revisión crítica e historia de la litera-
tura regional» (Griera et al. 1928, 7).

Sin embargo, el nombre de Romànica estaba motivado por la intención de


encuadrar los estudios catalanes dentro del panorama romanístico:

«La Oficina Romànica tiene presentes el parentesco de origen y las relaciones or-
gánicas de todas las lenguas de la gran familia románica, a que la nuestra perte-
nece. No ignora tampoco que la doctrina lingüística actualmente construída sobre
el estudio de los problemas generales del romanismo es un imprescindible auxiliar
de trabajo en la investigación de los problemas particulares de nuestra lengua, así
como los datos particulares que puede aportar esta nuestra investigación pueden
ayudar a esclarecer los problemas generales de todo el dominio románico. Si bien
tienen más interés para nosotros las zonas fronterizas al catalán, como la caste-
llana, en sus variedades aragonesa, central y andaluza por un lado, y por el otro
la provenzal en sus variedades langüedociana y gascona. Por lo cual seguiremos

95
siempre con interés los estudios lingüísticos en cualquiera de dichos sectores del
romanismo, y aun les daremos gustosa acogida en nuestras publicaciones. El nom-
bre de Oficina Romànica, que hemos adoptado, dice por sí solo que no pensamos
encerrarnos dentro de los límites geográficos de nuestra lengua, sino que aspiramos
a articular sus problemas particulares con los que son generales a toda la familia
románica» (Griera et al. 1928, 9–10).

La Oficina Romànica estaba dirigida por el jesuita Ignasi Calveras desde la


Biblioteca Balmes y vio dificultadas sus labores con la disolución de la Com-
pañía de Jesús durante la República. Por fin, la guerra civil española acabó
definitivamente con la publicación del AORLL: el vol. 7, correspondiente a
1934 apareció en 1935, mientras que el vol. 6, correspondiente a 1933 sólo
pudo aparecer de manera incompleta en 1939.1

– Estudis Romànics, publicada por el Institut d’Estudis Catalans de Barce-


lona (1947-).
La trayectoria de esta revista se analizará con detalle más adelante (cf. 7.3.).

– Estudios Románicos, publicada por el Departamento de Filología Romá-


nica de la Universidad de Murcia (1978-).
Publicación de periodicidad irregular. En sus páginas predominan los temas
literarios. Ha dado cabida a un extenso homenaje a Luis Rubio (vols. 4–6,
1987–1989), donde tienen una importante presencia los temas murcianos.
Igualmente en el vol. 11 se recogen las comunicaciones presentadas al Co-
loquio Internacional Los géneros literarios medievales: narratividad y lirismo,
celebrado en la Universidad de Murcia en 1999. El vol. 13–14 está dedicado
al tema Ficción e imágenes: la literatura medieval y su proyección artística.
No publica reseñas.

– Revista de Filología Románica, publicada por la Sección de Filología Ro-


mánica de la Universidad Complutense de Madrid (1983-).
La orientación de la revista se define en su página web:

«La revista incluye todo lo que pueda inscribirse en una perspectiva histórico-
comparativa y especialmente todo lo que tenga un interés románico general.
Se da preferencia a colaboraciones que supongan orientaciones interdisciplina-
rias, como es el caso de la literatura comparada, o las investigaciones reali-
zadas desde una perspectiva sociolingüística, folklórica o etnográfica» (http://
www.ucm.es /BUCM/revistasBUC /portal /modulos.php?name =Revistas2 _
Editorial&id=RFRM).

1 El vol. 6 contiene exclusivamente trabajos previamente publicados de Pere Barnils,


fallecido en 1933.

96
El ritmo de publicación ha mantenido casi completamente una regularidad
anual. De los 23 números aparecidos hasta el momento, tres presentan un
carácter especial: el nº 14 (1997) está dedicado a la memoria de Pedro Peira;
el nº 17 (2000) se ocupa de las Lenguas minoritarias en la Romania. El sardo.
Estado de la cuestión; el vol. 21 (2004) es un homenaje póstumo a Álvaro
Galmés de Fuentes y Jesús Moreno Bernal, en el que se publican un artículo
y unos poemas del primero y cuatro artículos del segundo. Además de los
números regulares, la revista ha publicado hasta ahora cuatro números ex-
traordinarios: el primero de ellos apareció en 1991 y se dedicó a Los libros
de viajes en el mundo románico; la misma temática es el objeto del volumen
publicado en el año 2006 La aventura de viajar y sus escrituras; los otros dos
volúmenes extraordinarios son La narrativa en lengua portuguesa de los úl-
timos cincuenta años (2001) e Historia y poética de la ciudad. Estudios sobre
las ciudades de la Península Ibérica (2002).
Hay que destacar que la Revista de filología románica ha prestado aten-
ción en más de una ocasión a la lengua y cultura rumanas, algo que en el
contexto de las publicaciones españolas es una rareza: el vol. 16 (1999) está
dedicado casi íntegramente a temas balcánicos; en el vol. 20 (2003) la sección
Varia se dedica a La literatura rumana como espacio plural; incluso en el vol.
2 (1984) apareció un artículo en rumano (Alexandra Roman-Moraru, «Noi
atestări ale palatalizării lui ‹m› în scrisul vechi românesc» [= Nuevos testimo-
nios de la palatalización de ‹m› en los textos rumanos antiguos]).
Atendiendo a la natural preferencia de una revista española por los te-
mas iberorrománicos, los artículos del vol. 18 (2001) analizan las fronteras
y las situaciones de contacto del gallego, el portugués y el catalán. De la
misma manera, como reflejo del interés plurilingüístico que caracteriza a los
romanistas, el vol. 19 (2002) se dedica al Año Europeo de las Lenguas y da
cabida a trabajos que se interesan por el vasco, y por distintas situaciones de
contacto entre lenguas y culturas románicas y no románicas.
Los textos publicados están disponibles en la página web de revistas edi-
tadas por la Universidad Complutense de Madrid: http://www.ucm.es/BUCM/
revistasBUC/portal.

– Anuari de Filologia. Secció G: Filologia Romànica, publicado por la Fa-


cultat de Filologia de la Universitat de Barcelona (1990-).
La antigua revista Anuario de Filología (1975–1986), que contaba desde su
origen con una sección dedicada a la Filología románica, cambió su nombre
por el de Anuari de Filologia y se escindió a partir del volumen XIII en siete
publicaciones por secciones: Secció A: Filologia Anglesa i Alemanya; Secció
B: Estudis Àrabs i Islàmics; Secció C: Llengua i Literatura Catalanes; Secció
D: Studia Graeca et Latina; Secció E: Estudis Hebreus i Arameus; Secció F:
Estudios de Lengua y Literatura Españolas; Secció G: Filologia Romànica.
En ambas épocas la sección de filología románica prácticamente no contie-

97
ne trabajos comparativos y en sus páginas han predominado hasta ahora los
artículos dedicados al francés.
Publica pocas reseñas y no en todos los números. El último volumen apa-
recido es el correspondiente al año 2004; correspondiente a ese mismo año
ha aparecido una nueva Secció H: Lingüística. Hay que destacar que la Secció
G: Filologia Romànica ha sido una de las más regulares hasta el momento.
De cualquier manera, en el momento de escribir estas líneas el Anuari se
encuentra en suspenso y a la espera de una remodelación.

– Aemilianense: revista internacional sobre la génesis y los orígenes históri-


cos de las lenguas romances, publicada en Logroño por la Fundación San
Millán de la Cogolla (2004-).
Hasta el momento ha aparecido un único número en el que junto a traba-
jos de tipo comparativo panromance y otros que hacen honor al nombre de
la revista y se ocupan de la transición del latín al romance, aparecen otros
más centrados en lenguas de la Iberorromania o en otras lenguas como el
francés, el occitano y el retorromance. Estos textos son las comunicaciones
presentadas al I Congreso Internacional sobre «Las Lenguas Romances en su
Origen» (San Millán de la Cogolla, 17–20 de diciembre de 2003).2
El organizador del congreso, Claudio García Turza, que es también el
director de la revista, reproduce en la presentación del volumen algunas pa-
labras suyas pronunciadas con motivo de la inauguración del congreso y que
abundan en la necesidad de la perspectiva comparativa:

«Somos todos conscientes de que la interpretación científica cabal de las singulari-


dades lingüísticas de los distintos romances en su etapa originaria y primitiva sólo
es hacedera si media la comparación entre los rasgos evolutivos de cada uno de
ellos. Entiendo que nuestra formación dialectológica, imprescindible muchas veces
para abordar con rigor estos temas, ha de verse antes forzosamente acompañada
de la oportuna preparación del latinista y del romanista» (García Turza 2004, 9).
«El trabajo es desbordante y los especialistas, a mi entender, pocos. […] Mucho
tajo para pocas manos, pero desde la unión y la solícita compaña recogeremos
frutos abundantes y granados» (García Turza 2004, 10).

En la presentación de la revista García Turza daba también la noticia de la


decisión tomada por la Fundación San Millán, el Gobierno de la Rioja y el
Gobierno de España de crear el Centro Internacional de Investigación de
la Lengua Española (para el que recientemente se ha adoptado el nombre
de CILENGUA) y ya señalaba que de este nuevo instituto de investigación
dependería el futuro de la revista.

2 Todos los artículos, a excepción de la «Presentación», están disponibles en Dialnet


(http://dialnet.unirioja.es).

98
El panorama de las revistas españolas interesadas por la Filología Románica
no se cierra con las revistas mencionadas. Hay que incluir, al menos, otras
dos publicaciones vivas con un papel relevante en la historia de la filología
en España, en concreto, la Revista de Filología Española y Verba. Estas dos
revistas, junto con los Estudis Romànics se analizarán con algo más de de-
talle a continuación.

7.2. Revista de Filología Española

La Revista de Filología Española (RFE) se creó en 1914 dentro del Centro


de Estudios Históricos y estuvo desde el principio fuertemente vinculada al
programa investigador diseñado por Menéndez Pidal, que fue su director
hasta el vol. 23 (1936). Uno de los temas preferidos de Don Ramón, como
es la cuestión de la tradicionalidad de la épica, se encuentra generosamente
representado en los primeros años de la revista. Tal y como señalan Alvar/
García Mouton (1988), otros asuntos frecuentes en la primera época de la
revista fueron la fonética descriptiva del español, la edición de textos breves,
los estudios dedicados a Alfonso X el Sabio y los trabajos de estilística.
La RFE superó los años azarosos de la guerra civil española y de la post-
guerra bajo la dirección de Vicente García de Diego y, tras la desaparición del
Centro de Estudios Históricos, pasó a depender del Consejo Superior de In-
vestigaciones Científicas (CSIC). En ese período de transición se publicaron
dos volúmenes atípicos para la revista, como fueron el homenaje a Nebrija
(1945), y el homenaje a Cervantes (1948); esta irregularidad se repitió más
tarde con un homenaje a Bécquer (1969).3 Posteriormente la han dirigido
Dámaso Alonso (1949–1980), Manuel Alvar (1980–2000) y Antonio Quilis
(2000–2004). Desde el año 2005 su directora es Pilar García Mouton.
Según cuenta Navarro Tomás (cf. Alcina Franch/Blecua 1975, 173) la RFE
nació teniendo como modelo revistas de romanística como la Revue de dia-
lectologie romane o la Zeitschrift für französische Sprache und Literatur. Y
en palabras de Catalán (1974, 39): «La RFE, el órgano de los romanistas
de Madrid, competía ventajosamente con las mejores revistas especializadas
europeas». Sus páginas acogieron artículos de Antonio García Solalinde, en
los que analizaba la literatura medieval española en su contexto románico.
Igualmente aparecieron en ellas trabajos como el famoso artículo de Ama-
do Alonso sobre la subagrupación románica del catalán y contribuciones de
algunos de los maestros de la romanística como Meyer-Lübke, Schuchardt,
Jud, Wagner o Spitzer.

3 Los fascículos 3–4 del vol. 72 (1992) aparecieron con el título: El español de Amé-
rica.

99
Pollin/Kersten/Heller (1964) nos ofrecen una clasificación temática de los
artículos publicados entre 1914 y 1960.4 En el apartado de Filología románica
incluyen catorce trabajos de lexicografía, otros trece bajo la rúbrica de «Estu-
dios varios» y tres más dedicados al francés. Por lo tanto, un total de treinta
artículos, doce de los cuales se publicaron después de 1940. A estos hay que
añadir los dedicados al gallego-portugués: diecinueve trabajos lexicográficos
(diez de ellos son breves notas etimológicas de Leo Spitzer); cuatro estudios
varios (uno de ellos obra de Armando de Lacerda y María Josefa Canellada
y publicado en cuatro fragmentos); igualmente hay que contemplar los tra-
bajos de temática catalana: veintidós trabajos lexicográficos (de nuevo seis
de ellos obra de Spitzer) y ocho estudios varios.
En 1988 la dirección de la revista concebía el proyecto de la siguiente
manera:

«En cuanto al contenido futuro de la revista, tendrá que ver, naturalmente, con la
filología (lingüística histórica, historia literaria, fundamentalmente medieval y de
la Edad de Oro) y con los estudios sincrónicos de carácter descriptivo, sin olvidar
que otras revistas especializadas permiten descargar a la RFE de parte de estos
trabajos. Bien entendido que se pretende dar continuidad a la obra de Menéndez
Pidal y sus discípulos y heredar, sin ruptura, todo lo que prestigió a la ciencia fi-
lológica de España» (Alvar/García Mouton 1988, 203).5

La temática de los artículos y notas de los volúmenes 68–86 (1988–2006) es


la siguiente:

filología y historia de historia lingüística dialecto- romanís- otros


literatura la lengua interna sincrónica logía tica

46,2 % 10,5 % 23,4 % 12,9 % 2% 1,7 % 3%

Como puede comprobarse, estas cifras corroboran la intención manifesta-


da en 1988: por un lado, las contribuciones de historia literaria suman ca-
si la mitad de la publicaciones y en ellas son temas estrella el Libro de
Buen Amor, La Celestina y el Quijote; por otro lado, los trabajos de lin-

4 Para los volúmenes aparecidos entre 1963 y 1990 puede consultarse Martín Bu-
tragueño/Molina Martos (1991).
5 La continuidad con la obra de Don Ramón se recoge también de manera explícita
en la información de la página web de la revista: «Fundada por Ramón Menén-
dez Pidal en 1914, publica trabajos y estudios sobre temas lingüísticos y literarios
en la tradición de la Escuela Española de Filología, lo que la convierte en un
instrumento de trabajo imprescindible para el especialista» (http://www.ile.csic.es/
publicaciones.html?#rfe).

100
güística histórica (en los que podemos incluir los dedicados a la dialecto-
logía y a la romanística) alcanzan el 37,6 %. Por último, probablemente es
significativo que en los primeros 10 volúmenes del período 1988–2006 la
lingüística sincrónica representa un 15 % del total, mientras que en los 9
últimos volúmenes su presencia se reduce al 10,1 %. Habrá que observar
atentamente cuál es la evolución de la RFE, que parece anunciarse en una
frase recientemente introducida en la página de créditos (nº 86, 2006): «A
lo largo de su trayectoria, la RFE, que acoge trabajos de filología españo-
la, se ha ido adaptando a los cambios que ha experimentado la Filología
misma».
Junto a la revista se publica una serie de Anejos en la que han apare-
cido obras de indudable valor: bastará con recordar que el número 1 de la
serie fue la primera edición de Orígenes del español de Menéndez Pidal. Su
contribución a la difusión de la romanística en España fue también decisiva
gracias a la publicación de una serie de manuales entre los que destaca la In-
troducción a la lingüística románica de Meyer-Lübke, la Introducción al latín
vulgar de Grandgent o la Diferenciación léxica de las lenguas románicas de
Rohlfs. Por último, no hay que pasar por alto que en la serie de Anejos se
publicaron las Actas del XI Congreso Internacional de Lingüística y Filología
Románicas (Madrid, 1–9 de septiembre de 1965).
Otra contribución importante de la revista es su sección bibliográfica. La
bibliografía existe desde el primer número y desde el volumen 27 (1943) se
puede leer en la página de créditos que la RFE «da información bibliográfi-
ca de cuanto aparece en revistas y libros, españoles y extranjeros, referente
a la filología española»; a partir del año 2003 se modifica la redacción en un
sentido restrictivo: «da información bibliográfica de cuanto aparece en las
revistas de la Biblioteca de Filología (CSIC), referente a los contenidos de
la RFE»; afirmación que se aclara en 2005: «da información bibliográfica de
cuanto aparece en las revistas que recibe la Biblioteca de Filología (CSIC)
en relación con los contenidos de la RFE». Por último, desde 2006 se lee:
«Proporciona la información bibliográfica relacionada con sus contenidos
que aparece en las revistas recibidas por la Biblioteca de Filología (CSIC)».
La organización de la bibliografía ha cambiado varias veces a lo largo de la
historia de la revista, pero siempre se ha mantenido una sección dedicada a
la Lingüística Románica (originalmente con el título de Filología románica
o de Filología románica atingente a la hispánica).

7.3. Estudis Romànics

Tras la guerra civil española se suprimió el Institut d’Estudis Catalans (IEC),


lo cual supuso un severo golpe a la filología catalana. Sin embargo, el IEC
siguió funcionando de manera clandestina y una de las primeras actividades
de la sección filológica fue la organización de una revista: Estudis Romànics.

101
La revista fue fundada en 1947 por Ramon Aramon i Serra6 y publicó veinte
volúmenes entre 1947 y 1987.7 Aramon la puso en marcha

«para poner de manifiesto que el hecho catalán tiene una fuerza histórica y moral
capaz de resistir a ataques poderosos, y que la causa catalana, fuera de nuestras
fronteras, cuenta con la ayuda de mucha gente que conoce nuestra historia y nues-
tros derechos. Por elementales razones de viabilidad la revista no podía llevar en
aquella época el nombre de ‹lengua y literatura catalanas›, por ejemplo, pero sí
podía llevar el de ‹estudios románicos› (con este adjetivo que incluye al específico
catalán)» (Badia i Margarit 2007c, 27).

Con esta publicación se consiguió en parte superar un cierto aislamiento y


establecer vínculos con los romanistas y catalanistas europeos.
Durante los cuarenta años de dirección de Aramon i Serra (cf. Carbo-
nell i de Ballester 2000; Badia i Margarit 2000b; Massot i Muntaner 2001;
Colón Domènech 2001) la revista, que era prácticamente una tarea indivi-
dual, no pudo publicarse con una periodicidad regular: hasta el volumen
7 (1959–1960) se presentó como bianual, aunque el ritmo de publicación
real solía ser más lento; los volúmenes 8–13, correspondientes al período
1961–1968 albergaron tres homenajes, cada uno de ellos repartido en dos
volúmenes, dedicados a Lluís Nicolau d’Olwer (1888–1961), Jordi Rubió i Ba-
laguer (1887–1982) y Pompeu Fabra (1868–1948);8 por último, los volúmenes
14–20 ya no respondieron a ninguna regularidad – 14 (1969), 15 (1970), 16
(1971–1975), 17 (1976–1980), 18 (1981–1983), 19 (1984–1986), 20 (1987–1991)
– acompañada de una aparición real descompensada (p. ej. los volúmenes
17–19 vieron todos la luz en 1986).

6 El primer volumen (1947–1948) apareció con pie de imprenta de diciembre de


1949. Las dificultades de aquella fase inicial aparecen brevemente señaladas en
Carbonell i de Ballester (2000).
7 Hay que señalar que el IEC ya había publicado dos volúmenes de una revista con
este mismo título (1916 y 1917) (cf. Badia i Margarit 2007b, 27 n.8), pero Aramon
no presentó su revista como una continuación de la antigua y dio el número 1 al
primer volumen editado por él.
8 Estudis de llatí medieval i de filologia romànica dedicats a la memòria de Lluís Ni-
colau d’Olwer (vols. 8 y 9, 1961); Estudis de literatura catalana oferts a Jordi Rubió
i Balaguer (vols. 10 y 11, 1962–1967); Estudis de lingüística i de filologia catalanes
dedicats a la memòria de Pompeu Fabra en el centenari de la seva naixença (vols.
12 y 13, 1963–1968). Los 48 artículos del homenaje a Nicolau d’Olwer hacen honor
al título y presentan una variada distribución de lenguas: la mayoría (18) están
dedicados a temas catalanes, seguidos por nueve trabajos de temática latina; tres
artículos son comparatistas; y, por último, hay contribuciones consagradas al pro-
venzal (7), italiano (6), español (3), portugués (1) y francés (1). En los homenajes
a Rubió i Balaguer y a Fabra era previsible que el grueso de las contribuciones
atendiera sólo al catalán, sin embargo, hay que destacar siete artículos compa-
ratistas en el homenaje a Fabra, al lado de otros cuatro de temática castellana,
provenzal o francesa.

102
Los trabajos publicados en los ER han tenido mayoritariamente una
temática catalana (por ejemplo, en el primer número se publicaron once ar-
tículos, diez de los cuales se movían en este ámbito, mientras que el artículo
restante trataba un tema del español). Por otro lado, en esta primera fase
de la revista la orientación era también predominantemente filológica. Por
lo que se refiere a los trabajos comparativos, en los veinte volúmenes sólo
se pueden detectar cuatro artículos que podrían entrar en esta categoría (sin
contar los mencionados en la n. 8): Fritz Krüger, «Alte Erntegeräte in der
Romania» (= Antiguos instrumentos de la cosecha en la Romania) (vol. 2);
Hans-Georg Koll, «Lingua latina, lingua roman(ic)a und die Bezeichnungen
für die romanischen Vulgärsprachen» (= Lingua latina, lingua roman(ic)a y
los nombres de los romances vulgares) (vol. 6); Curt J. Wittlin, «Manuals ame-
ricans recents de lingüística romànica» (vol. 17); Rudolf Brummer, «Die ‹vitia
principalia› als allegorische Gestalten bei einigen Autoren des XIII. Jahrhun-
derts: Huon de Méry, Rutebeuf, Ramon Llull, Bono Giamboni» (= Los ‹vitia
principalia› como formas alegóricas en algunos autores del siglo XIII: Huon
de Méry, Rutebeuf, Ramon Llull, Bono Giamboni) (vol. 19).
Aunque en la abundante sección de recensiones (que mayoritariamente
eran sólo breves notas) predominan los libros de temática iberorrománica,
en ella puede detectarse también, sobre todo en los primeros números, al-
guna presencia de la temática panrománica (recensiones de obras como las
de Bourciez, Entwistle, Kuhn…), así como la atención a publicaciones re-
lativas al latín (obras de Meillet, Devoto, Bassols, Sommer, Ernout, Pisani,
Díaz y Díaz…) o a otras lenguas románicas (Rheinfelder, Rohlfs, Revue des
langues romanes, Migliorini, Gardette, Wagner, Pop…). A partir del vol. 4
empiezan a aparecer recensiones a obras de lingüística general (Jespersen,
Bloomfield, Coseriu, Jakobson, Halle…), sobre todo debidas a Josep Roca i
Pons.
El número de recensiones publicado nos da otro índice de la vitalidad
de la revista. El ímpetu de las setenta y cinco recensiones aparecidas en el
primer volumen no se vio nunca superado en la primera época. Hasta el vol.
5 las recensiones rondaron la cincuentena, para caer a cifras que ya no su-
peraban la veintena a partir del vol. 6 (con la sola excepción del vol. 16). En
los últimos años la situación se volvió mucho más dramática: los volúmenes
17 y 20 aparecieron sin recensiones y los volúmenes 18 y 19 publicaron sólo
nueve cada uno. La lista de estas últimas recensiones nos indica la pérdida
de identidad de la revista por aquellos años: las del volumen 18 (1981–1983)
se deben en su mayor parte a Roca i Pons y están dedicadas a introducciones
a la lingüística o a su historia (Malmberg, Dinneen, Robins) y a dos obras de
Chomsky y Comrie respectivamente; también en el volumen 19 (1984–1986)
Roca i Pons vuelve a ser el colaborador más asiduo con tres recensiones
(Mounin, Lyons, Padley); junto a ellas se publica una dedicada al nomen-
clátor de municipios del País Vasco, una a un trabajo de Kremnitz sobre las
minorías lingüísticas en Francia y cuatro recensiones de tema catalán.

103
El decurso normal de la revista parece haber durado sólo hasta el volu-
men 6 (1957–1958). A partir de ese momento los números aparecidos em-
piezan a resultar atípicos. Por un lado, ya se ha mencionado que la revista
acogió tres homenajes. El primero de ellos, correspondiente a los volúmenes
8 y 9 se publicó en 1961, es decir, antes que el volumen 7, aparecido en 1964.
En este volumen 7 se publicaron sólo tres artículos, uno de ellos de casi 100
páginas de extensión. Este formato de pocos artículos y algunos de ellos
de una enorme amplitud (de hecho son tesis doctorales) se continuó en los
volúmenes 14–20, con la única excepción del vol. 16 (1971–1975). En el vol.
14 (1969) se publicaron sólo dos artículos: uno de ellos era la primera parte
del trabajo de Dieter Kremer «Die germanischen Personennamen in Kata-
lonien: Namensammlung und Etymologisches» (= Los nombres de persona
de origen germánico en Cataluña: colección de nombres y etimologías), que
ocupaba las páginas 1–245, mientras que el segundo se extendía sólo a tra-
vés de cuatro páginas. Igualmente, el volumen 15 (1970), que es el más bre-
ve de toda la serie, ya que ocupa sólo 181 páginas, contenía tres artículos: la
continuación del trabajo de Kremer (páginas 1–121), seguido de dos breves
contribuciones de Aebischer y Gamillscheg. El volumen 17 (1976–1980; pu-
blicado en 1986) fue, junto con el 20, el más atípico, ya que ambos se cons-
truyeron con tres y, respectivamente, cuatro artículos y sin recensiones. De
nuevo nos encontramos en el vol. 17 con un artículo de dimensiones desme-
suradas («El Parlar de la Codonyera. Resultats d’unes enquestes» de Artur
Quintana i Font, páginas 1–253).
La costumbre de los artículos largos se continuó en los tres números si-
guientes, que fueron los últimos de la primera etapa. El trabajo «Els Valen-
cians de la Restauració. Estudi sobre la composició de la societat valenciana
del 1874 al 1902» de Ricard Blasco i Laguna se publicó en dos partes: vol.
18 (1981–1983), páginas 1–211 y vol. 19 (1984–1986), páginas 1–183. Por úl-
timo, de los cuatro artículos del volumen 20 (1987–1991) dos superaban las
cien páginas: «Sprach- und Nationalbewusstsein in Katalonien während der
Renaixença (1833–1891)» (= Conciencia lingüística y nacional en Cataluña
durante la Renaixença (1833–1891)) de Irmela Neu-Altenheimer (páginas
1–348); «‹L’Ignorancia›: aproximació al quadre de costums de Mallorca (s.
XIX)» de Gabriel Juan i Galmés (páginas 437–554).
La revista dejó de publicarse entre 1991 y el año 2000.9 Durante esos años
el IEC se planteó en varias ocasiones retomar la publicación, que no fue un

9 El volumen 21 debería contener los índices de los veinte primeros; sin embargo, este
volumen no ha visto todavía la luz y no está claro si lo hará algún día. En la página
web www.iec.cat/pperiodiques se pueden consultar los índices de todos los volúme-
nes aparecidos (aunque abundan los errores de todo tipo, p. ej. Khun, El bable de
Carabanes, o el casi inevitable «Miscel·lània Fabra». Recull de treballs de lingüística
catalana i romàntica). En la misma página se pueden obtener archivos pdf de todo
lo publicado en la nueva era de la revista, con excepción del número más reciente.

104
hecho efectivo hasta el año 2000. A partir de ese momento dirige la revista
Antoni M. Badia i Margarit.10 En esta nueva época los ER han inaugurado
una fase de regularidad anual.
En el artículo que abre la nueva era de los ER Badia (2000c)11 presen-
ta las dudas que surgieron a la hora de revivir la revista. Por un lado, se
planteaba una cuestión de prioridades en las tareas del IEC. Por otro, cabía
preguntarse si tenía realmente sentido el proyecto, habida cuenta de la frag-
mentación de la romanística y del paso a un segundo plano de la lingüística
diacrónica.
Badia (2000c, 8) manifiesta que uno de los argumentos principales a favor
de la continuación de la revista proviene de la situación geográficamente cen-
tral del catalán dentro de la Romania occidental. Esta posición es el motivo
de que el catalán esconda la solución de complicados problemas etimológicos,
como frecuentemente ha defendido Germán Colón. Por eso, tiene sentido
una revista orientada a romanistas y en la que se dé cabida especialmente a
trabajos destinados a hacer accesibles esos datos interesantes del catalán.12
El debate en torno a la continuación de la revista se centró en tres aspec-
tos: 1) el fin de una generación; 2) la pérdida de una relativa unidad meto-
dológica; 3) el conflicto entre filología románica y filologías particulares. Y
las respuestas ofrecidas son las siguientes:

1) «Si la romanística se encuentra en una época de epígonos, hay que entender


esta palabra de manera positiva, en el sentido de que los que la cultivan saben de
dónde vienen (y, por eso, saben a dónde van)» (Badia i Margarit 2000c, 17).
2) «La romanística ha perdido, ciertamente, la exclusividad. Pero se mantiene y se
rehace, enriquecida con las aportaciones de otras ciencias del lenguaje, sobre todo
en lo que se refiere a la metodología. Y gracias a esta nueva romanística hemos
rescatado los contenidos: hoy trabajamos con datos y estructuras de las lenguas
románicas, no con rasgos de la lengua inglesa» (Badia i Margarit 2000c, 18).
3) «La filología románica ha hecho realidad la leyenda del aprendiz de brujo. Non
omnia possumus omnes. Esto es cierto; pero no lo es menos el dicho catalán: ‹entre
todos los haremos todo› […]. Ciertamente se presta más atención a las lenguas par-
ticulares que a la romanística de conjunto, pero los estudios dedicados a aquellas
siguen siendo la base del tratamiento de esta» (Badia i Margarit 2000c, 19).13

10 Desde el volumen 25 (2003) Joan Veny es director adjunto.


11 El contenido de este artículo se reproduce en buena parte y traducido al castellano
en Badia (2007a).
12 Obsérvese que este argumento es el mismo que esgrimían los editores del
AORLL.
13 Es obvio que no se puede saber todo, «pero una cosa completamente distinta es
que seamos o no conscientes de esta rica diversidad y a la vez de la subyacente e
innegable unidad de nuestro común objeto de estudio, el fenómeno del lenguaje
humano en todas sus formas y desde todos los puntos de vista» (Varvaro 2003,
366).

105
Desde el artículo con el que Badia abre la nueva época de la revista se lan-
za «una llamada esperanzada a una Filología románica a la vez tradicional,
fortalecida, crítica, abierta y renovada» (Badia i Margarit 2000c, 19). Como
consecuencia, el resultado de la continuación de la publicación de los ER es,
como deseaba su nuevo equipo director, una nueva revista (Badia i Marga-
rit 2000c, 17) que no pierde su «anunciada y reconocida preferencia por los
temas de filología catalana» (Badia i Margarit 2001, 365), pero que amplía
claramente su horizonte, tal y como puede leerse en su presentación: «Los
Estudis Romànics (ER), de publicación anual, se dedican a la lingüística, la
filología, la crítica literaria y las literaturas de la Romania, sin limitaciones
de tema, de metodología ni de cronología. Acogen aportaciones globales y
particulares de cada lengua» (http://www.iecat.net/pperiodiques/).
El perfil que los editores quieren dar a la revista queda claramente de
manifiesto en los criterios que sirven para ordenar las contribuciones de ca-
da número: 1) primero los artículos de lengua y después los de literatura;
2) primero los trabajos panrománicos o comparativos y después los que se
ocupan de una sola lengua; 3) primero las contribuciones de tema diacrónico
y después las de orientación sincrónica; 4) orden fonética - morfología - sin-
taxis - léxico; 5) primero la historia interna y después la externa, junto con
los trabajos de crítica textual (Badia i Margarit 2000b, 316).
La nueva época ha traído consigo también cambios en la estructura de
la publicación. A las secciones de artículos y reseñas se han añadido dos
nuevas de Crónica y Necrologías. Además, se comprueba el interés que la
redacción tiene en la sección de Crónica en las repetidas llamadas a la cola-
boración. En el vol. 24 (2002) aparece una nueva sección Miscelánea y otra
de Libros recibidos. En el vol. 26 (2004) aparece una sección con el título de
Palestra, donde entran dos artículos de discusión de un tema planteado en
un número anterior; en el vol. 27 (2005) esta sección se dedica a las Regles
d’esquivar vocables.1415
La temática de los artículos publicados se distribuye de la siguiente manera:

Nº de artí- catalán español italia- occita- francés gallego- Roma- otros


culos14 no no port. nia15

TOTAL 168 66 % 10,1 % 1,7 % 3,5 % 3,5 % 3,5 % 7,7 % 3,5 %

Primera 83 75,9 % 13,2 % 1,2 % 2,4 % 2,4 % 4,8 %


época

Segunda 85 56 % 7% 2,3 % 4,7 % 4,7 % 7% 10 % 7%


época

14 Los artículos aparecidos en dos partes cuentan como dos. No se tienen en cuenta
para esta tabla los artículos aparecidos en los tres homenajes. Tampoco se toman
en consideración las contribuciones aparecidas en la sección Miscelánea.
15 Aquí se incluyen artículos que comparan al menos dos lenguas románicas.

106
Con esta estadística puede comprobarse que los trabajos dedicados al catalán
tienen un peso capital en la revista, aunque la preponderancia absoluta de la
primera época se ha visto compensada en la segunda con la mayor atención
a otros dominios románicos.

7.4. Verba

La revista Verba tiene como subtítulo el de Anuario Galego de Filoloxía. Su


propósito inicial fue prestar una especial atención a los trabajos dedicados al
gallego y a lo largo de su historia ha sido fiel a esta intención, pero poco a
poco ha ampliado también el espacio dedicado a temas de lingüística general
y de lingüística castellana. La revista nació en 1974 dentro del Departamento
de Filología Románica de la Universidad de Santiago de Compostela, lo cual
ha favorecido que la presencia de temas románicos (comparativos o de una
sola de las lenguas románicas) se haya mantenido a lo largo de todos los
números. Hasta el nº 17 (1990) estuvo dirigida por Constantino García. Tras
él se hizo cargo de la dirección Ramón Lorenzo.
En 32 números (1974–2005) Verba ha publicado casi 590 artículos y notas.
La distribución temática es la que se refleja en la siguiente tabla:

gallego español ling. ge- ro- francés asturia- italiano latín otros
neral manís- no
tica

TOTAL 31,7 % 36 % 15 % 4,6 % 4,4 % 1,1 % 2,3 % 3% 1,5 %

nº 1–16 43,5 % 23,1 % 11,5 % 4,5 % 6,6 % 2,1 % 2,4 % 4,5 % 1,4 %

nº 17–32 20,5 % 48,1 % 18,2 % 4,6 % 2,3 % 0,3 % 2,3 % 1,6 % 1,6 %

Como puede comprobarse con estos datos, el gallego y el español han su-
puesto cada uno en términos totales un tercio del espacio de la revista. Sin
embargo, si comparamos los primeros 16 números con los 16 siguientes, se
observa un cambio de orientación en la revista caracterizado por un aumento
de los trabajos de lingüística general y por un cruce en las preferencias por
el gallego y el español: mientras que en los primeros 16 números el gallego
era claramente el tema favorecido por la revista, en la segunda mitad el
puesto predominante ha pasado a ocuparlo el español. Los trabajos de temas
románicos (comparativos) han representado hasta ahora un papel marginal
pero estable dentro de la trayectoria de la revista.
Tal y como señalan García/Veiga (1988), la revista Verba no se adhiere
a ninguna corriente teórica lingüística determinada y hay que destacar que
en sus páginas han aparecido trabajos que van desde la fonología estructu-
ralista a la fonología métrica o a la fonología declarativa con el formalismo
HPSG.

107
Por último, no conviene olvidar que Verba publica una serie de Anexos,
donde han aparecido sobre todo monografías dedicadas al gallego, pero tam-
bién trabajos de lingüística española y general.

7.5. Conclusiones

Con motivo de la aparición de su nº 100 (1988) la revista Romanische For-


schungen publicó una serie de 59 retratos de revistas consagradas a la Filo-
logía románica. Su intención era la de proporcionar una muestra represen-
tativa y la de contribuir a la elaboración de una historia de la investigación
romanística. Entre las revistas escogidas se cuentan las siguientes publicadas
en países iberorrománicos:

Anuario de Letras (Universidad Nacional Autónoma de México, México)


Boletín de Filología (Universidad de Chile, Santiago de Chile)
Filología (Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas «Dr. Amado Alon-
so» de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos
Aires, Buenos Aires)
Nueva Revista de Filología Hispánica (El Colegio de México, México)
Revista de Filología Española (CSIC, Madrid)
Revista de Letras (Universidade Estadual Paulista, São Paulo)
Revista de Literatura (CSIC, Madrid)
Revista Portuguesa de Filologia (Universidade de Coimbra, Coimbra)
Thesaurus: Boletín del Instituto Caro y Cuervo (Instituto Caro y Cuervo,
Bogotá)
Verba: Anuario Galego de Filoloxía (Universidade de Santiago de Compos-
tela, Santiago de Compostela).

Si dejamos de lado la Revista de Literatura, que se ocupa prácticamente


sólo de literatura española en castellano, las revistas españolas incluidas en
esta serie son las dos analizadas con detalle en este capítulo: la Revista de
Filología Española y Verba. Falta, sin embargo, la revista Estudis Romànics,
quizá porque en el año 1988 no estaba claro si la publicación del IEC seguía
viva o no y una de las decisiones adoptadas por los editores de Romanische
Forschungen fue la de no incluir revistas que ya no se publicaban o que lo
hacían sólo desde un período menor a diez años.16
Como se ha podido comprobar, en España hay un significativo número
de revistas que definen su línea editorial claramente en el marco de la ro-

16 Los años ochenta fueron un período de profunda transformación de la sociedad


española. Para los ER fueron una época muy inestable, acompañada por cambios
en el IEC y por la jubilación en 1989 de Ramon Aramon.

108
manística. Dada la historia de esta disciplina en España (cf. cap. 5.), resul-
ta sorprendente que esto sea así y hay que atribuir la existencia de dichas
publicaciones al esfuerzo de sus editores, apoyados por Áreas de Filología
Románica relativamente numerosas (como es el caso de las Universidades
de Barcelona, Madrid, Murcia y Santiago de Compostela).
La elección de las tres revistas analizadas con algo de detalle en este ca-
pítulo ha pretendido reflejar, no sólo la presencia de la Filología románica
en revistas de distinto tipo y de trayectoria variada, sino también una parte
de la historia de la filología en España y de su relación con la realidad ro-
mánica plurilingüe de su entorno. El modelo de la romanística extranjera
sirvió para la fundación de la RFE, que había de ser durante muchos años
el órgano de expresión científica más importante y más influyente en el pa-
norama filológico español. A la sombra de la filología concentrada en el es-
pañol se fueron desarrollando también las filologías catalana y gallega. La
primera, de acuerdo con la mayor vitalidad de la lengua, consiguió sacar a
la luz durante un breve período el AORLL, que dio cabida a trabajos que
todavía son relevantes en la actualidad (como el de Antoni Maria Alcover
y Francesc de Borja Moll, «La flexió verbal en els dialectes catalans» o el
de Heinrich Kuen, «El dialecto de Alguer y su posición en la historia de la
lengua catalana»). Puede decirse que tras la guerra civil los ER de Aramon
i Serra retomaron la tarea iniciada por el AORLL.17 En la segunda época de
los ER, sin abandonar la preferencia por el catalán, se ha decidido dar una
orientación más romanística a la revista, lo cual supone una apuesta valiente
y novedosa. Por el lado de la filología gallega, la revista Verba ha modificado
su rumbo inicial en lo que se refiere al predominio de temas gallegos y se
diferencia además de los ER y de la RFE por su inclinación hacia los traba-
jos sincrónicos y de teoría lingüística moderna.
Para concluir, podría ser interesante hacer la siguiente reflexión: España,
por su configuración lingüística, debería ser un país especialmente preocu-
pado por los estudios comparativos de lenguas románicas y, sin embargo, se
ha interesado escasamente por proyectos editoriales que abarquen el ámbi-
to plural de lo que por su propia trayectoria histórica le es propio. Frente a
revistas como Bulletin of Hispanic Studies (Department of Hispanic Studies,
Liverpool) o Iberoromania: Zeitschrift für die iberoromanischen Sprachen
und Literaturen in Europa und Amerika (Niemeyer, Tubinga), que aspiran a
cubrir las distintas lenguas de España y Portugal con sus proyecciones euro-
peas, el término Hispanística se interpreta en España sólo como estudio del
español, mientras que el término Iberorromanística, como ya se ha mostrado

17 De hecho Aramon era ya un asiduo colaborador del AORLL: desde el vol. 2


era coautor de la Bibliografía de lengua y literatura catalana, de la que fue único
responsable en los vols. 5 y 7; suyas eran también numerosas de las recensiones
publicadas. Además, Aramon estuvo estudiando Filología románica en Leipzig con
una beca de la Biblioteca Balmes, editora del AORLL.

109
(cf. cap. 5.), está poco presente en la conciencia filológica de la Universidad
española.18 La respuesta a por qué se da esta situación no es simple y no
es este el momento de extenderse en disquisiciones. Bastará con apuntar
que es inevitable que en un territorio donde se hablan varias lenguas surjan
tensiones lingüísticas (más o menos fuertes, más o menos politizadas, más o
menos conscientes y más o menos prácticas) entre las distintas comunidades
de hablantes y que una disciplina como la romanística (o en este caso la ibe-
rorromanística) puede cumplir también, más allá de sus tareas meramente
científicas, una función social al contribuir a crear una opinión de convivencia
e interés mutuo por las distintas realidades lingüísticas.

18 No deja de ser irónico que lo que desde la perspectiva de un español podría


valorarse como un logro de la visión comparatista, en concreto, la existencia de
una revista como Iberoromania, se considerara como un acto de separación en el
ámbito germánico en el que nació. También a modo de anécdota, hay que anotar
que Iberoromania, tras un breve período inicial en la editorial Hueber, pasó a
publicarse en la editorial Alcalá de Madrid, donde sólo duró cuatro números, hasta
que encontró de nuevo refugio en tierras germánicas (cf. Briesemeister 1988).

110
8. Historia de las gramáticas histórico-comparativas
de las lenguas románicas

En la romanística se ha impuesto una división en dos grandes géneros tex-


tuales dedicados a la diacronía de las lenguas románicas. Por un lado, nos
encontramos con gramáticas históricas, cuyo modelo se fija con las gramáticas
de Diez y Meyer-Lübke (cf. 8.1. y 8.2.). Por otro lado, tenemos las historias
de la lengua. Esta división se corresponde con la separación entre historia
interna e historia externa (Lüdtke 2005a, 51–52); cf. cap. 9. n. 14. Las histo-
rias de la lengua suelen adoptar un punto de vista monolingüe1 y, por este
motivo, podría decirse que el producto que concentra todas las esencias de
la romanística comparativa es la gramática histórica.
De hecho, durante buena parte de los primeros tiempos de existencia de
la disciplina los romanistas dedicaron numerosos esfuerzos a la producción
de gramáticas históricas, sea de cada una de las lenguas románicas, sea de
gramáticas histórico-comparativas. Las obras más relevantes de este segundo
tipo son el objeto de estudio de este capítulo.2

1 Una excepción es Hall (1974), que forma parte de un proyecto más amplio (cf. 8.6.).
Hall escoge algunos puntos esenciales (p. ej. la formación de lenguas estándares,
la creación de academias, la influencia de la industrialización) y analiza lo que hay
de común en la evolución externa de las distintas lenguas románicas. Igualmente
Lindenbauer/Metzeltin/Thir (21995) y Metzeltin (2004) intentan una renovación en
la manera de tratar la historia de las lenguas románicas, centrándose, por un lado,
en la estandarización de las lenguas y, por otro, en los procesos de divergencia y
convergencia de las distintas lenguas en el ámbito de la fonética, la morfología
y la sintaxis.
2 En el trabajo de Posner (2001) se analizan con mayor o menor detalle algunas
obras que no son estrictamente gramáticas históricas y que, por consiguiente, no
se mencionarán en este capítulo, como por ejemplo las obras de Raynouard, Die-
fenbach, Lewis, Gröber, Bourciez o Tagliavini. Malkiel (1972, 892 n. 50) presenta
de la siguiente manera la obra de Bourciez: «En un punto más bien tardío de su
larga vida (1854–1946) É. Bourciez escribió una obra que se ha convertido en un
clásico: los Elementos de lingüística románica (París, 1910) […]. Aunque no puede
decirse que fuera un investigador de primera línea (su investigación original se
limitó al gascón – algo muy adecuado para un profesor de Burdeos), tenía una
extraordinaria destreza para sintetizar, destilar, diluir y presentar la materia de
manera apetecible incluso para un caprichoso paladar humanista. […] En este libro
consigue un buen balance entre un comparatismo y una reconstrucción correctos,
por un lado, y una serie de presentaciones individuales de algunas lenguas en va-
rios puntos concretos. También consigue reconciliar el análisis diacrónico (es decir,

111
Como punto de partida convendrá tomar la definición que nos ofrece
Malkiel de este tipo de producción lingüística:

«Podemos definir una gramática histórica como una presentación formal de da-
tos estrictamente lingüísticos pertenecientes a la estructura más que al léxico y
analizados desde una perspectiva diacrónica; es decir, la gramática presupone al
menos dos conjuntos paralelos de formas separadas por un período de tiempo lo
suficientemente amplio como para que hayan cristalizado claros contrastes entre
las formas correspondientes, si no en cada caso concreto, al menos sí a gran esca-
la» (Malkiel 1960, 322).

Podemos subrayar dos aspectos de la definición de Malkiel de los que deri-


var algunos de los rasgos fundamentales de lo que vamos a considerar una
gramática histórica:
1) Se trata de presentar datos de la estructura interna de las lenguas. Una
gramática histórica es, en primer lugar, un libro de consulta, donde el in-
vestigador puede encontrar reunidos los datos del cambio lingüístico. Por
lo tanto, no se trata de datos organizados al azar, ya que toda gramática
aspira a un cierto grado de exhaustividad y de equilibrio en el material
analizado.
2) Se trata de datos de la estructura. La gramática histórica se ocupa del
cambio de las formas de las lenguas y es, en realidad, más diacrónica que
realmente histórica (cf. 9.3.1.).
En el trabajo citado, Malkiel traza una tipología de las gramáticas existentes
hasta ese momento y se sirve de cuatro grandes parámetros para su análisis.
Estos parámetros son los siguientes: 1) el alcance de la obra, 2) el grado de
exhaustividad, 3) la disposición general de la materia y 4) la ordenación de
los datos.3 Veamos a continuación con algo de detalle los efectos y las posi-
bilidades de estos cuatro aspectos:
1) El alcance de la obra se puede medir en función de varios puntos de vista:
a) el número de lenguas comparadas (aquí se incluyen también factores
como el orden en el que se tratan los datos, la formación de subgru-
pos de lenguas para el análisis, el tratamiento exclusivo de la lengua
literaria o la inclusión de variedades regionales y dialectales);
b) el período de tiempo analizado: Malkiel toma en consideración el
período total y también la subdivisión temporal en la estructura de

la lingüística pura) con presentaciones del desarrollo externo y con todo tipo de
bosquejos del contexto del cambio (es decir, la historia de la lengua)».
3 En su detallado y detallista estudio Malkiel se sirve también de parámetros que a
primera vista podrían parecer menos relevantes, como son los distintos aspectos
de la presentación (el estilo, la ejemplificación, el uso de diferentes recursos tipo-
gráficos) o la relación con otros géneros de investigación lingüística (en especial
con la historia de la lengua).

112
la obra (por ejemplo, tiene en cuenta si existe una separación de una
fase protorromance);
c) la dirección del análisis (latín ĺ romance; latín ĸ romance): como
señala Malkiel, el segundo orden se ha dado en algunas obras de ca-
rácter didáctico, pero con poco éxito.
2) El grado de exhaustividad pretendido por la gramática:
a) puede tratarse una sola disciplina (p. ej. la fonología), pero en tal caso
difícilmente podríamos hablar de una gramática histórica pura;
b) cuando el tratamiento es multidisciplinar la tradición ha impuesto la
división en fonología, flexión,4 formación de palabras y sintaxis; son
mucho más marginales la semántica, la poética o la prosodia;
c) Malkiel observa la existencia de divisiones binarias: fonología (voca-
les / consonantes), flexión (nominal / verbal), formación de palabras
(derivación / composición), sintaxis (sintagma / oración); igualmente
señala el problema de la vinculación de la gramática con el léxico;
d) una interesante vía de expansión del género consiste en el desarrollo
de la grafemática;
e) por último, Malkiel se hace eco de un problema de buen número de
obras, que presentan un alto grado de descompensación en el espacio
que dedican a las distintas partes (por ejemplo, la sintaxis casi siempre
suele salir perdiendo frente a la morfología y la fonología; y lo mismo
le sucede a la formación de palabras frente a la morfología flexiva).
3) La disposición general de la materia:
a) la disposición tradicional consiste en analizar cada rasgo por separado;
sin embargo, sea la que sea la disposición adoptada, el tratamiento de
los datos lleva siempre a tomar multitud de decisiones clasificatorias
particulares, ya que el grado de interacción entre los cambios es muy
importante; uno de los casos paradigmáticos es el de los fenómenos
de sandhi; otro apartado que no suele encontrar su sitio en el esque-
ma tradicional es el de la morfofonología;
b) la disposición por tipos de cambio (asimilación, disimilación, pérdi-
da, confusión…) puede llevar a una tipología del cambio lingüístico;
Malkiel señala que este tipo de organización haría, por una parte,
más difícil la consulta de la obra y, por otra, le restaría utilidad para
un filólogo o un etimologista, sin embargo podría aumentar expo-

4 «Probablemente hay más de cien manuales sólo en el dominio románico – algunos


de ellos tocados simplemente de una efímera notoriedad – que incluyen un escueto
bosquejo de la fonología y la flexión. Quizá este tipo de manual, especialmente
si está dotado de una perspectiva poco imaginativa, si carece de todo mordiente
analítico y si toda su información es meramente heredada, haya contribuido más
que cualquier otro factor a difundir la mala fama de aridez de la que goza la
investigación en gramática histórica entre los impacientes humanistas» (Malkiel
1960, 339).

113
nencialmente su valor como instrumento de investigación puramente
lingüística;5
c) otro recurso habitual es el de la jerarquización de los cambios, por
ejemplo en el siguiente orden: genuino cambio fonético (en el sen-
tido de drift de Sapir 1954/1921, cap. 7), accidenti generali (cambios
pancrónicos), procesos de analogía, efectos de la difusión, efectos de
la expresividad (reacción ante la homonimia, tabú, usos formulistas);
otros posibles criterios dinámicos de clasificación pueden ser: la pe-
riodización o el grado de regularidad del cambio;
d) otro recurso dispositivo es la separación de distintos estratos (p. ej.
latín, germánico, árabe, eslavo), en un procedimiento que encontra-
mos más frecuentemente en las historias de la lengua; otra disposi-
ción puede derivarse de la agrupación de los cambios en algún tipo
de sistema al estilo del estructuralismo.
4) La ordenación de los datos:
a) las vocales suelen ordenarse en función de los factores que influyen
en su evolución: acento, tipo de sílaba, contacto con sonidos nasales,
posición dentro de la palabra… Diez ordena las vocales alfabética-
mente; Meyer-Lübke por grado de abertura y por posición anterior
vs. posterior; como señala Malkiel (1960, 372): «las vocales átonas han
sido las hijastras de los fonólogos»;
b) la ordenación de las consonantes ofrece muchas posibilidades: Diez
da una cierta prominencia al punto de articulación frente al modo
y trata las consonantes de manera individual, mientras que Meyer-
Lübke introduce un cambio importante al tratar las consonantes en
función de la posición dentro de la palabra y da más importancia al
modo que al punto de articulación;
c) en la morfología el orden tradicional es: flexión nominal – conjuga-
ción.
Si tomamos en consideración los dos primeros criterios (alcance y grado
de exhaustividad), las obras de Diez y Meyer-Lübke son dos hitos que se
divisan a lo lejos y a los que han seguido otras obras que han colocado su
listón mucho más bajo en estos dos puntos. En la disposición general de la
materia y en la ordenación de los datos ha habido algunas novedades en el
siglo XX y es en este campo donde la variación es más interesante, ya que
de las decisiones tomadas en estos aspectos depende buena parte del valor
heurístico de las obras.

5 Malkiel considera digno de atención el esquema adoptado por Cuervo (1944) en


el capítulo que dedica al cambio fonético y que básicamente es el siguiente: A)
Cambio espontáneo: 1. Vocales. 2. Consonantes. 3. Cambios especiales (adelanta-
miento, vocalización, consonantización, pérdida, aspiración, intercambio, confusión
y falsa regresión). B) Cambio combinatorio: 1. Sonidos en contacto. 2. Sonidos a
distancia.

114
8.1. Diez

Friedrich Diez (Gießen 1794 – Bonn 1876) enseñó romanística y germa-


nística en Bonn a partir de 1823 y frecuentemente es considerado como el
fundador de la filología románica.6 Su gramática histórica apareció con el
título de Grammatik der romanischen Sprachen (= Gramática de las lenguas
románicas), 3 vol., Bonn, Weber, 1836–1844. La obra conoció varias edicio-
nes en vida del autor: 21856–1860, 31870–1872. Tras su muerte aparecieron
otras dos ediciones: 41876–1877, sin modificaciones con respecto a la ter-
cera; 51882, con paginación correlativa de las tres partes. Como anexo a la
gramática apareció el volumen Romanische Wortschöpfung (= Creación de
palabras en romance), Bonn, Weber, 1875, en el que Diez estudia el destino
del léxico latino en las lenguas románicas, así como los procesos de creación
léxica románica. La tercera edición de la gramática fue traducida al francés
por Auguste Brachet (volumen I), Alfred Morel-Fatio (volúmenes II, III) y
Gaston Paris (volúmenes I, II, III) con el título de Grammaire des langues
romanes, 3 vol., Paris, Franck, 1874–1876; esta traducción cuenta con una
reimpresión: Genève, Slatkine, 1973.
Diez escribió su gramática siguiendo el modelo de la Deutsche Gramma-
tik (= Gramática alemana), 1819, de Jacob Grimm y el mismo modelo sirvió
para el nacimiento de la lingüística eslava (Miklosich), céltica (Zeuß) y griega
(G. Curtius).7 La obra de Diez trajo consigo dos aportaciones importantes al
ámbito de estudio de las lenguas románicas. En primer lugar, hizo de la re-
gularidad del cambio fonético el fundamento para la investigación de la mor-
fología y la etimología, de acuerdo con lo que se llamaba en aquel entonces
el «método crítico». En segundo lugar, demostró que las lenguas romances
se originan en el latín vulgar, frente a la opinión de Raynouard, para quien
el origen estaba en el provenzal. De hecho, Diez puso las bases del modelo
de lingüística románica que se iba a practicar a partir de él, ya que tuvo la
virtud de dominar la historia compleja de una serie de lenguas que consti-
tuyen un conjunto. Los rasgos fundamentales del modelo difundido por él
son dos: 1) el tratamiento global de ese grupo de lenguas y dialectos y 2) el
estudio de varios niveles lingüísticos, como son la fonética, la morfología, la
sintaxis y el léxico (Swiggers 2003, 55).
Los dos rasgos señalados por Swiggers quedan claramente expresados en
el prólogo al primer volumen de la obra.

6 Para una visión completa de la vida y la obra de Diez, cf. el excelente capítulo que
le dedica Varvaro (1988/1968, 45–65).
7 El título de la obra de Grimm hay que interpretarlo de la siguiente manera: Deut-
sche = germánica; Grammatik = gramática histórica. En la obra de Diez el término
Grammatik tiene el mismo significado histórico que en la de Grimm.

115
«El presente libro se dedica a un ámbito adecuado tanto por su expansión geográ-
fica como por su patrimonio literario y tiene principalmente el objetivo práctico
de favorecer el estudio científico basado en las causas de los fenómenos tanto de
cada lengua particular como de todas las pertenecientes a dicho ámbito» (Diez
1836–1844, vol. 1, iii).

En su gramática Diez se ocupa de manera bastante sistemática de seis len-


guas: italiano, rumano (al que llama valaco), español, portugués, provenzal y
francés; esporádicamente atiende también al catalán, al sardo y al romanche.
La descripción se organiza en función de los fenómenos lingüísticos y den-
tro de cada uno trata las lenguas siempre en este mismo orden (Metzeltin/
Gritzky 2003, 23).8
Por lo que se refiere a las partes que debe contener una gramática, Diez
diseña desde el principio la siguiente división:

«La investigación histórica de lenguas derivadas tomada desde todos los puntos de
vista contendría los siguientes componentes: 1) Crítica de la materia, para saber si
se han mezclado elementos extranjeros y si han influido en la conformación del
elemento autóctono. 2) Historia de la forma de las letras, la formación de palabras
y las flexiones. 3) Presentación de la sintaxis con atención a las reglas de la lengua
madre. 4) También hay que tratar el cambio en el significado; es cierto que a esta
parte de acuerdo a su esencia no se le ha otorgado una presentación sistemática,
sin embargo puede mantener su valor como colección ordenada de hechos» (Diez
1836–1844, vol. 1, iii).9

Tal y como atestiguan las sucesivas ediciones y la traducción al francés, la


gramática de Diez fue durante mucho tiempo la obra de mayor autoridad en
la materia.10 Además, las distintas ediciones de la obra supusieron mejoras
interesantes en la parte de fonética histórica: en la primera edición (1836)
hay una larga descripción de las convenciones ortográficas de las distintas
lenguas (páginas 91–113), que se suprime en las ediciones posteriores; frente

8 Esto es aplicable al volumen de fonética, donde, tal y como Diez señala en el


prólogo, el rumano y el italiano aparecen convenientemente uno al lado del otro.
Para las demás partes de la gramática el orden de aparición de las lenguas suele
ser: italiano, español, portugués, provenzal, francés y rumano.
9 Sorprende, por lo tanto, la afirmación de Diez en el prólogo al tercer volumen:
«Cuando publiqué en el año 1836 el primero y en el año 1838 el segundo volumen
de esta obra no tenía intención de ocuparme también de la sintaxis y, por este
motivo, introduje en el segundo volumen más aspectos sintácticos de los estricta-
mente necesarios. Sin embargo, muy pronto tras la finalización de dicho volumen
me pareció deseable la adición de esta parte de la gramática para completar el
conjunto interna y externamente» (Diez 1836–1844, vol. 3, iii).
10 El volumen que más modificaciones sufrió fue el primero, que pasó de ocupar 334
páginas en la primera edición (1836), a tener 481 en la segunda (1856) y hasta
alcanzar las 514 en la tercera (1870). El volumen de morfología también aumentó
sus dimensiones desde las 416 de la primera edición (1838), a las 470 de la segunda
(1858) y las 501 de la tercera (1876). El tercer volumen, consagrado a la sintaxis,
fue el menos modificado: 451 páginas en 1855; 476 en 1860 y 488 en 1877.

116
a esto, en la segunda edición (1856) se presta más atención a la pronunciación
y en la tercera (1870) Diez distingue entre evoluciones cultas y populares
(cf. Posner 2001, 534). A pesar de todo esto, Posner (2001, 535) relativiza los
éxitos de Diez:

«En el primer volumen (1836) no se ve apenas la revolución metodológica de la


que hablan los manuales de historiografía lingüística, a no ser que se considere
que la insignia de la nueva metodología consiste en empezar por la fonología, co-
mo hace Grimm. La parte fonológica, incluso después de las revisiones, no tiene
hoy más que un interés arqueológico y se reduce de hecho prácticamente a una
acumulación de ejemplos».

La obra de Diez (1836) se abre con un análisis de los componentes de las


lenguas románicas centrado en el origen del léxico. En esta parte, tras de-
mostrar que el latín es la fuente fundamental para las lenguas románicas,
atiende en primer lugar a los elementos griegos y germánicos que se han
incorporado a las lenguas románicas y luego realiza un análisis particular
lengua por lengua. En la segunda edición introduce una presentación de la
distribución geográfica de las seis lenguas estudiadas, con la adición de los
dialectos réticos. En estos aspectos Diez establece un modelo organizativo
que se repetirá en algunas de las obras posteriores.
En la primera edición la fonética histórica se organiza en dos grandes
apartados en los que Diez trata, en el primero, los sonidos latinos y en el
segundo los sonidos germánicos, con un suplemento sobre los sonidos árabes
en español. Sin embargo, ya a partir de la segunda edición cambia la dispo-
sición y, tras un capítulo dedicado a los sonidos de las lenguas que sirven de
fuente para las románicas (latín, germánico y árabe), se analizan los soni-
dos de las seis lenguas que Diez toma en consideración, con lo cual hay una
cierta relajación de la perspectiva estrictamente comparativa. También hay
que destacar que en la segunda edición se amplió considerablemente el espa-
cio dedicado a la prosodia, pasando de siete páginas (116–122) a veintisiete
(454–481); como señala Malkiel (1960, 340) esta práctica encontró escasos
continuadores entre los autores de gramáticas históricas.
Varvaro (1988/1968) destaca que Diez ofrece un tratamiento ordenado
y claro de los datos, que permite reconocer el carácter panrománico de mu-
chos fenómenos, aunque en ocasiones tenga que hacer concesiones a la sim-
plificación. En definitiva, el mérito de Diez consiste, más que en explicar, en
ordenar y clasificar.
La parte dedicada a la morfología flexiva no es muy del gusto de Pos-
ner (2001, 535), quien señala que hay poca comparación auténtica, ya que
más bien nos encontramos con una presentación lengua por lengua. Varvaro
(1988/1968, 60), por su parte, la mira con ojos mucho más benevolentes:

«En el estudio de la morfología la conciencia de una precisa organización siste-


mática hace que Diez no parta de cada una de las formas latinas para descender
hasta las romances; aquí, tras una serie de observaciones generales que enmarcan

117
los problemas comunes a todas nuestras lenguas, examina directamente los siste-
mas particulares de las varias lenguas románicas».

Hay que destacar, además, que este segundo volumen contiene también una
parte dedicada a la formación de palabras (derivación y composición).
El tercer volumen de la gramática se ocupa de la sintaxis y se organiza
en tres partes: frase simple, frase compuesta y orden de palabras. En este
volumen Diez no utiliza un procedimiento deductivo (desde la situación la-
tina a los resultados romances), como en la fonética, ni una presentación
paralela lengua por lengua, como en la morfología, sino que construye una
descripción en la que combina el estudio de los rasgos comunes heredados
por las lenguas románicas con la atención a las divergencias entre ellas. El
resultado final es un tratamiento de sintaxis histórica que ha resultado ser
«la parte menos superada de su obra» (Varvaro 1988/1968, 61). En este punto
coincide la opinión de Posner (2001, 535):

«Sólo el tercer volumen, publicado en 1843 y poco modificado en las ediciones si-
guientes, sigue siendo hoy un instrumento útil de estudio no sustituido por las obras
posteriores. Diez vuelve a tomar como modelo la sintaxis de Grimm, aparecida en
1837. Examina en primer lugar las frases simples antes de pasar a las oraciones
complejas y abandona la organización por yuxtaposición para intentar una com-
paración más ajustada entre las construcciones de las distintas lenguas».

En definitiva, las 1600 páginas de la gramática de Diez, incluyendo la Roma-


nische Wortschöpfung, constituyen un impresionante monumento que fija un
modelo para las gramáticas posteriores.

8.2. Meyer-Lübke

Wilhelm Meyer-Lübke (Dübendorf, Suiza 1861 – Bonn 1936) estudió en Zú-


rich, Berlín y París y fue profesor en Jena, Viena y Bonn. Su carrera coincidió
en buena medida con la época dorada de la romanística, que para Malkiel
(1972, 835) está comprendida entre los años 1860-1935 y, especialmente, en
el período 1885-1915.11 La segunda mitad del siglo XIX fue una época de
prestigio de las ciencias naturales, que en lingüística se tradujo en la corriente
de los neogramáticos (Junggrammatiker) a la que Meyer-Lübke perteneció.
Su pretensión era asimilar las regularidades del cambio lingüístico a las leyes
de la naturaleza, de acuerdo con la famosa fórmula de la Ausnahmslosigkeit
der Lautgesetze (= las leyes fonéticas no tienen excepciones).
La gramática histórica de Meyer-Lübke se publicó con el mismo título
que la de Diez (Grammatik der romanischen Sprachen, Leipzig, Reisland) y

11 Para un espléndido y detallado análisis de los frutos más sobresalientes de la


producción científica de Meyer-Lübke, cf. Malkiel (1989).

118
también en tres volúmenes: Romanische Lautlehre (fonética, 1890, 564 pági-
nas), Romanische Formenlehre (morfología, 1894, 672 páginas), Romanische
Syntax (sintaxis, 1899, 815 páginas), a los que se añadió posteriormente un
volumen de índices: Register (1902). La obra se ha reimpreso en Darmstadt,
Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1972. También al igual que la de Diez, la
gramática de Meyer-Lübke se tradujo al francés: Grammaire des langues ro-
manes, Paris, Welter, 1890–1906, con traducción de Eugène Rabiet (volumen
I), Auguste Doutrepont (volúmenes II, III) y Georges Doutrepont (volúme-
nes II, III) y un Tome quatrième: Tables générales par Auguste Doutrepont et
Georges Doutrepont.12 Sin embargo, a diferencia de la obra del fundador de
la disciplina, la gramática de Meyer-Lübke, que era en realidad una obra de
juventud, no se reeditó en vida de su autor.13
Tras la obra pionera de Diez, la versión clásica y estándar de la roma-
nística comparada está representada por la gramática de Meyer-Lübke y el
Grundriss de Gustav Gröber.14 Como señala Varvaro (1988/1968, 107), con
los neogramáticos el método se vuelve más riguroso y permite una organi-
zación clara del material de las gramáticas históricas. Prácticamente todas las
gramáticas y manuales posteriores se basan en el esquema diseñado por los
neogramáticos, cuya claridad no ha sido todavía superada. A esto hay que
añadir una serie de dones concentrados en la figura de Meyer-Lübke:

«El poder de síntesis de Meyer-Lübke (ligado a su disposición a asumir riesgos);


la equilibrada extensión de su curiosidad por todos los dialectos románicos impor-
tantes y, a fortiori, por todas las lenguas y por diferentes épocas; en definitiva, su
excelente dominio del latín (demostrado en sus comentarios editoriales repartidos
por los sucesivos fascículos del monumental Thesaurus Linguae Latinae); y, por
último, su habilidad para mantener una sabia perspectiva de su conocimiento de
la investigación pasada, presente y previsible a corto plazo, todo esto combinado
hizo de él una especie de líder que las generaciones posteriores han sido incapa-
ces de sustituir. Aunque es cierto – para citar sólo dos ejemplos – que Menéndez
Pidal lo sobrepasó en su cuidadosa interpretación de los datos hispánicos y que
el diccionario de Wartburg es incomparablemente más meticuloso y detallado que
un REW de dimensiones modestas, incluso estos maduros y bien informados in-
vestigadores carecieron del alcance de la exclusiva visión panrománica de Meyer-
Lübke» (Malkiel 1972, 837).

Frente a la comparación sistemática de seis lenguas, tal y como nos encon-


trábamos en la gramática de Diez, Meyer-Lübke da un paso importante al
aducir datos de un número variable de lenguas y dialectos, en función del

12 Existe también una reimpresión de la traducción francesa: Genève, Slatkine,


1974.
13 En los últimos años de su vida Meyer-Lübke volvió a trabajar en temas de foné-
tica histórica comparativa (Meyer-Lübke 1925; 1934; 1935; 1936) en lo que según
Malkiel (1972, 872 n. 7) habría sido un intento frustrado de revisar completamente
el volumen de fonética de la gramática.
14 A propósito de Gröber cf. 2., 6.2., 6.4.

119
rasgo concreto que estudia en cada caso. El autor es consciente de que el
material dialectal a su disposición era muy desigual, pero apunta precisa-
mente que uno de los servicios importantes que se puede prestar a la ciencia
consiste en señalar dónde están las mayores lagunas que hay que esforzarse
por cubrir (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VII). El resultado es que en la
obra se sistematiza una cantidad impresionante de datos, pero no abundan
las explicaciones, en lo que constituye uno de los rasgos de la escuela neo-
gramática, que no se interesaba especialmente por la teoría.
El volumen de fonética se organiza de la siguiente manera: I. Vocales
(tónicas: [i, u, e, o, E, O, a], hiatos, diptongos; átonas; nasales); II. Consonantes
(iniciales, interiores, finales; cambios esporádicos); III. El acento; IV. Fonética
sintáctica; V. Cronología del cambio fonético.15 Algunos de los elementos de
esta organización aparecen prácticamente en todas las gramáticas posteriores
y casi siempre en el mismo orden que coloca en primer lugar las vocales y
luego las consonantes; primero las vocales tónicas y luego las átonas; primero
las consonantes iniciales, luego las interiores y, por último las finales; primero
las consonantes simples y luego los grupos.16 Otros aspectos, como el capítulo
dedicado a los cambios esporádicos o a la fonética sintáctica no han entrado
de manera tan clara en el canon. Mucho menos frecuente en las gramáticas
posteriores es una preocupación expresa y estructurada orgánicamente por
la cronología de los cambios.
En las explicaciones de fonética histórica de Meyer-Lübke la acentuación
y el contexto desempeñan un papel fundamental; en su esquema interpre-
tativo es también importante la diferenciación entre cambios espontáneos y
cambios condicionados.
Para el volumen de fonética Meyer-Lübke había planeado un capítulo
final en el que iba a presentar un resumen de la evolución fonética de las
principales lenguas ordenado cronológicamente. Sin embargo, decidió pospo-
nerlo para el segundo volumen (cf. Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VIII-IX);
pero a pesar de haberlo anunciado, dicho capítulo no vio la luz en ninguno
de los dos volúmenes que aparecieron más tarde.
Meyer-Lübke introduce su gramática con las siguientes palabras:

«El análisis científico de la lengua es doble: en primer lugar, debe centrarse sim-
plemente en la forma y, acto seguido, debe tener en cuenta el contenido de la pa-

15 Antes de empezar con el estudio de las vocales, Meyer-Lübke dedica las páginas
6–49 a fijar el número de lenguas que va a analizar, traza un panorama de los
dialectos románicos, menciona las fuentes que podemos usar para investigar la
historia de las lenguas románicas, establece la diferencia entre el léxico heredado
y los cultismos y analiza el componente griego, germánico y de los sustratos. Como
puede verse, sigue en esta disposición básicamente el modelo de Diez.
16 Malkiel (1960, 377) señala algunos puntos débiles en la clasificación que Meyer-
Lübke adopta para los grupos consonánticos y en la n. 39 apunta otros defectos
del volumen de fonética.

120
labra individual […]. Ciertamente no es posible una separación completa de los
dos puntos de vista; y, sin embargo, en cada rama de la lingüística pesa más una u
otra de las dos perspectivas» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 1).

En la gramática histórica, tal y como la practicaban los neogramáticos, pre-


dominaba la atención al aspecto formal de las lenguas y, por este motivo, la
fonética era el eje principal de este tipo de obras.17 El cambio fonético es,
en la perspectiva neogramática, un proceso fisiológico que escapa al control
del significado y que tiene como consecuencia las modificaciones de los pa-
radigmas flexivos que la analogía vendrá a reparar.
En la misma introducción al volumen de fonética histórica Meyer-Lübke
traza el diseño de lo que habrá de ser el conjunto de la gramática guiado
por la dialéctica entre los dos puntos de vista mencionados: el análisis de la
forma y el análisis del significado. La morfología flexiva se puede estudiar
desde un punto de vista meramente formal interesado en la transformación
fonética que sufren las marcas morfológicas; sin embargo, Meyer-Lübke re-
conoce que en este territorio el significado tiene un papel más importante
que en el volumen de fonética y apunta un importante principio explicativo
para la evolución morfológica: «la lengua tiende a expresar una misma fun-
ción siempre de la misma manera» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 2)18 y
concluye que el estudio de la morfología flexiva se ocupa de las interferen-
cias a las que se ven sometidos los cambios fonéticos en las marcas flexivas
debido a su significado funcional. Con el estudio de la formación de palabras
el gramático da un paso más en la dirección del significado y entra en un
terreno en el que domina una cierta arbitrariedad. En consecuencia, como
Meyer-Lübke reconoce, la formación de palabras tiene poco que ver con
la fonética que, recordémoslo, es la guía de la gramática histórica; el único
punto de contacto lo ofrecen los cambios fonéticos que se producen en la
sutura entre raíz y sufijo, un tipo de fenómenos que da lugar a alternancias
estudiadas por la morfofonología y que no ha encontrado todavía una plaza
definitiva en el canon gramaticográfico (cf. Dressler 1985; Martín Vegas 2006;
2007). En el camino que Meyer-Lübke emprende desde el estudio puramente
formal hacia las partes más ligadas al significado, el siguiente elemento cons-
titutivo de una gramática es la sintaxis, que también puede tener repercusio-
nes en la forma fonética de las palabras; en concreto, el primer volumen de
la gramática de Meyer-Lübke contiene un interesante capítulo IV dedicado

17 «Los elementos constitutivos de las palabras son, en primer lugar, los sonidos: por
lo tanto la fonética suele colocarse de manera natural a la cabeza de las investi-
gaciones gramaticales. En la evolución y el cambio de los sonidos de una lengua
el significado de la palabra es prácticamente indiferente: se trata más bien sólo de
procesos fisiológicos» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 1).
18 En la introducción al segundo volumen vuelve a incidir en esta idea: las lenguas
tienden a dar una misma forma a aquello que tiene alguna relación (Meyer-Lübke
1890–1902, vol. 2, 1).

121
a lo que hoy llamaríamos fenómenos de sandhi. La última parte de una gra-
mática sería la semántica y la historia del léxico, para las que Meyer-Lübke
encuentra bastantes dificultades, hasta el punto de que queda claro que no
pretende incluirlas en su obra. En conclusión: «La lingüística románica tiene
que mostrar cómo se ha transformado el acervo lingüístico latino en forma
y contenido en los distintos países donde se habla romance» (Meyer-Lübke
1890–1902, vol. 1, 4).
El volumen de morfología es, a diferencia del de Diez, verdaderamente
comparativo. Para Meyer-Lübke la morfología histórica se ocupa de analizar,
en primer lugar, a qué forma habría llegado el sistema flexivo del latín si
se hubieran aplicado sistemáticamente las leyes fonéticas; en segundo lugar,
compara este sistema hipotético con las formas reales de las lenguas románi-
cas y, en tercer lugar, intenta explicar las causas de las diferencias observadas
(Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 2, 1). Meyer-Lübke señala que las causas son
múltiples, pero agrupables en dos grandes categorías: la analogía y el intento
de conservar marcas flexivas importantes.
La morfología flexiva nominal latina ha sufrido una transformación ra-
dical en su evolución a las lenguas románicas y, sin embargo, sorprende el
hecho de que la morfología verbal latina se haya conservado bastante mejor.
Meyer-Lübke ofrece la siguiente explicación para este enigma: varios de los
casos latinos servían para transmitir un conjunto variado y poco homogéneo
de significados; para resolver este problema se usaban preposiciones, que
servían para marcar de manera más clara el significado; la necesidad de una
expresión concreta y clara hizo que las preposiciones sustituyeran al sistema
de casos; en una segunda fase las preposiciones, precisamente por su triunfo,
empezaron también a adquirir múltiples significados y algunas fueron susti-
tuidas por otras nuevas.
En un caso más de los que sirven para mostrar que en las disciplinas hu-
manísticas los clásicos merecen siempre una relectura, Meyer-Lübke seña-
la otro aspecto que sirve para explicar los cambios morfológicos, en el que
podemos reconocer la diferenciación que hoy hacemos entre type y token
frequency:

«Cuanto más frecuentemente se usa una forma, menos sometida está a la in-
fluencia de otras; cuanto más rara es, menos fijada está en la memoria y más
fácilmente sufre cambios. […] Por lo tanto, hay que tener en cuenta en todas
las asociaciones el comportamiento numérico de las formas y, en concreto, no
el comportamiento que se refleja en el diccionario, sino el que se deriva de la
lengua hablada ; una sola forma puede atraer a otras veinte y para ello basta con
que esta forma se use con frecuencia y que las otras sean poco usadas» (Meyer-
Lübke 1890–1902, vol. 2, 3).

Al igual que Diez, Meyer-Lübke intenta otorgar una atención similar a la


morfología flexiva y a la formación de palabras. Sin embargo, las gramáti-
cas siguientes tienden a dar mucha menos importancia a la formación de
palabras.

122
El último volumen de la gramática es el que se ocupa de la sintaxis. En
este terreno Meyer-Lübke se encontraba menos seguro (cf. Posner 2001, 537)
y en la introducción señala los problemas todavía no resueltos relativos a la
delimitación de lo que corresponde a la morfología o al estudio del léxico.
La estructura del volumen es la siguiente: I. Las palabras con flexión; II. El
grupo de palabras; III. La proposición; IV. El grupo de proposiciones; V. La
negación; VI. Acentuación y orden de palabras. Para este volumen Meyer-
Lübke decidió no hacer uso de materiales dialectales y, a pesar de todo ello,
el resultado fue el volumen más extenso de toda la gramática. Sin embargo,
los auténticos intereses de Meyer-Lübke quedan reflejados en el espacio que
las tres disciplinas (fonética, morfología y sintaxis) obtienen en su famosa
Introducción a la lingüística románica: setenta, treinta y seis y veinte páginas
respectivamente (Meyer-Lübke 1926/31920).
A pesar del tiempo transcurrido desde su creación, la obra de Meyer-
Lübke sigue siendo hoy en día la gramática histórica de las lenguas romá-
nicas más completa y más detallada (Posner 2001, 536) y su uso no siempre
resulta agradable: «Meyer-Lübke no disimulaba que escribía para sus cole-
gas y para unos pocos estudiantes avanzados» (Malkiel 1989, 64) y, más en
concreto, Malkiel (1960, 380) caracteriza el estilo de Meyer-Lübke como de
una «concisión rayana en lo críptico».

8.3. Zauner

Adolf Zauner (Viena 1870 – 1940) se doctoró en Viena bajo la dirección


de Meyer-Lübke y su quehacer científico se caracterizó por los rasgos de la
escuela del maestro: poca inclinación a la especulación arriesgada y cauto
avance de hecho probado en hecho probado (Schürr 1940, 305). Sin embargo,
se destacó con su habilitación dedicada a los nombres de partes del cuerpo
en las lenguas románicas, con la que se incorporaba a la nueva corriente
onomasiológica. En 1911 sucedió a Cornu en la cátedra de Graz, donde
permaneció hasta su muerte.
La obra de Meyer-Lübke dominó mucho tiempo el panorama de la gra-
mática histórica y, de hecho, después de las obras de Diez y Meyer-Lübke se
produjo una cesura importante. En lugar de intentar generar nuevas obras
originales en este ámbito, se inició una etapa de creación de manuales orien-
tados a la didáctica; en palabras de Malkiel (1960, 378): «la gramática históri-
ca en este punto tendió a degenerar en una industria productora de manua-
les». El primero de ellos fue el de Zauner, con sus 290 páginas en octavo en
la edición definitiva frente a las más de 2000 de la gramática de Meyer-Lübke
(sin contar el volumen de índices).
La obra de Zauner tiene una pretensión didáctica y, en consonancia con
ello, no lleva el mismo título que las obras de Diez y Meyer-Lübke, sino otro
no necesariamente más modesto: Romanische Sprachwissenschaft (= Lingüís-

123
tica románica), Leipzig, Göschen, 1900.19 Esta primera edición de la obra
apareció en un único volumen de 167 páginas dentro de la famosa colección
Göschen. Las demás ediciones (21905, 31914, 41921–1926) aparecieron en dos
volúmenes (Fonética y morfología I y Morfología II y sintaxis; en la edición
definitiva con 160 y 130 páginas respectivamente). Las tres primeras edicio-
nes aparecieron en la editorial Göschen y la cuarta vio la luz ya dentro de
la editorial Walter de Gruyter, fruto de la unión de las editoriales Göschen,
Guttentag, Reimer, Trübner y Veit. En los años 1944–1945 apareció una re-
impresión de la cuarta edición.
El manual se abre con una introducción que reproduce básicamente el
esquema de la que Meyer-Lübke antepone a su gramática. A continuación
nos encontramos con una presentación de la fonología y la morfología del
latín vulgar. A partir de aquí el resto de la obra se estructura en tres partes:
fonología, morfología y rudimentos de sintaxis de las lenguas románicas. De
nuevo el eje fundamental sobre el que gira la organización de toda la gramá-
tica es la distinción entre el estudio de la forma y el estudio del significado.
Sin embargo, en el caso de Zauner esta dialéctica se amplía con la adición de
una tercera perspectiva: el estudio de los medios que la lengua usa para cons-
truir palabras y frases. El resultado obtenido es una división tripartita (for-
ma, significado y formación) en el estudio de la morfología y de la sintaxis.
No siempre el número de páginas es indicativo de la importancia que un
autor otorga a una parte concreta de la gramática; si aplicáramos este crite-
rio a la gramática de Meyer-Lübke, parecería que la sintaxis ocupaba para
él ese puesto de honor y ya sabemos que esto no era así.20 Sin embargo, en
el caso de Zauner los números sí parecen decirnos algo de la intención del
autor. En su gramática la fonología ocupa 69 páginas, la morfología 108 y la
sintaxis 62. Esta amplia sección morfológica se divide entre los dos volúme-
nes de la obra y presenta una amalgama de flexión, semántica, sintaxis de
la palabra y formación de palabras. Esta sección central llama la atención
de Malkiel, quien señala que la parte dedicada al significado de las palabras
(páginas 7–49 del segundo volumen) era la que realmente pretendía ser una
innovación. Esa parte se divide en tres apartados: 1) el primero es un breve
tratado de semasiología y trata de las causas y de los principales tipos de
cambio semántico;21 2) el segundo, con el título de «Significado de las formas

19 Una de las reducciones a las que casi inevitablemente lleva el didactismo consiste
en contentarse con el análisis de datos de las lenguas más importantes. Zauner se
limita a las seis lenguas de la gramática de Diez.
20 De hecho, el propio Meyer-Lübke empieza con las siguientes palabras el prólogo
al tercer volumen: «El último volumen de esta gramática románica aparece más
tarde y, sobre todo, con unas proporciones más extensas de lo que yo mismo habría
deseado» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 3, V).
21 En la introducción Zauner explica que la aproximación al estudio del significa-
do puede ser doble: semasiológica y onomasiológica. La segunda perspectiva era
relativamente nueva en el momento de escribir su gramática y, por eso, decide

124
de las palabras», se ocupa del significado de los elementos flexivos, es decir,
de sus implicaciones sintácticas; 3) el tercer apartado se titula «Significado de
las clases de palabras» y analiza cambios entre las clases de palabras, como
el uso adjetival, pronominal, adverbial o preposicional de los sustantivos. Co-
mo señala Malkiel (1960, 350 n. 20), este tipo de cambios no encuentra fácil
acomodo en las gramáticas, de manera que en algunas ocasiones se tratan
en la formación de palabras y en otras en la sintaxis.
Para Posner (2001, 538) la obra de Zauner «no añadió casi nada a los lo-
gros de Meyer-Lübke y sólo es remarcable como predecesora de la de Laus-
berg, que la sustituyó en 1956 en la colección Göschen». Schürr (1940, 306),
sin embargo, tiene una visión más positiva y caracteriza la obra como

«una ‹Gramática románica› en pequeño y en paralelo a la obra fundamental del


maestro y, sin embargo, independiente en el conjunto y en el detalle, una obra
maestra de la concentración en un espacio diminuto, que ha sido en todas sus
ediciones […] un fiel y eficaz asesor de los jóvenes romanistas».

8.4. Lausberg

Heinrich Lausberg (Aachen 1912 – Münster 1992) estudió filología clásica y


románica en Bonn y Tubinga. Su maestro en Tubinga fue Gerhard Rohlfs. Su
extraordinaria tesis de doctorado (Lausberg 1939) le proporcionó la habilita-
ción en 1945. En 1946 consiguió una cátedra en Bonn, donde volvió a estar en
contacto con Ernst Robert Curtius, quien ejerció una importante influencia
en su carrera. Desde 1949 hasta 1972 ocupó una cátedra en Münster. Desde
1972 hasta 1981 estuvo en Paderborn. Su carrera, inicialmente orientada ha-
cia la dialectología y la gramática histórica, giró hacia temas literarios, con el
resultado de que a la postre, la obra más famosa de Lausberg es, no la que
nos ocupará a continuación, sino su manual de retórica (Lausberg 1975/1963).
Malkiel (1972, 893 n. 50) glosa de la siguiente manera esta circunstancia:

«Es algo lamentable y también un síntoma de estos tiempos, que un investigador


de talento, capaz y versátil como Lausberg, tras unos inicios tan prometedores,
relegara la gramática comparativa a una mera esquina del edificio de sus febriles
actividades».

La gramática de Lausberg sustituyó, como ya se ha dicho, a la de Zauner


en la colección Göschen y lo hizo con el mismo título Lingüística románi-
ca y en la misma editorial de Gruyter. En esta ocasión la obra apareció en
tres volúmenes en octavo: I. Introducción y vocalismo (11956, 21963, 31969),
II. Consonantismo (11956, 21967), III. Morfología (11962, 21972). La obra de

prescindir de ella y le dedica meramente tres páginas en el segundo volumen


(17–19), a pesar de que Zauner era un experto en la materia.

125
Lausberg se ha hecho enormemente conocida en España gracias a la tra-
ducción de J. Pérez Riesco y E. Pascual Rodríguez publicada por la editorial
Gredos en dos volúmenes Fonética (1965, 556 págs.) y Morfología (1966, 390
págs.) y enriquecida con un índice de palabras (págs. 455–548) en el volumen
de fonética.22 Existen además una traducción al italiano de Nicolò Pasero
revisada y aumentada por el autor: Linguistica romanza, Milano, Feltrinelli,
1971, 1: Fonetica, 379 págs.; 2: Morfologia, 270 págs. (reeditada en 1976) y
una traducción portuguesa de Marion Ehrhardt y Maria Luísa Schemann:
Linguística românica, Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 1974, 458 págs.
(reeditada en 1981).23
Lausberg planeaba un volumen IV. Formación de palabras y sintaxis, que
aparece anunciado en preparación en las páginas de portada de Lausberg
(1962) y también en la solapa del primer volumen de la traducción española,
pero ya no en la del segundo volumen.24
La obra de Lausberg es un ejemplo del estructuralismo europeo. Sin
embargo, al afirmar este punto no hay que olvidar que el estructuralismo
no encontró inmediatamente acomodo en la romanística y que, tal y como
matiza Malkiel (1960, 360),

«incluso investigadores familiarizados de primera mano con los planteamientos


y la terminología estructuralista, como es el caso de Lausberg, muestran una cal-
culada moderación, por no decir conservadurismo, en sus intentos de síntesis ge-
nerales».

La aportación más importante de Lausberg en la línea del estructuralismo


contenida en el manual consiste en la novedad del análisis de los vocalismos
del latín vulgar, fruto de su experiencia dialectológica en el sur de Italia.
Varvaro (1988/1968, 113–114) da en el clavo al observar que, aunque se
ha señalado como la mayor novedad este planteamiento estructuralista,25
las auténticas aportaciones de Lausberg están más bien en la actualización
de los datos y en algunas soluciones particulares propuestas para problemas

22 La traducción española ha gozado de varias reimpresiones (la última del volumen


de fonética es de diciembre de 1993 y la del volumen de morfología, que ha te-
nido bastante menos éxito, es de abril de 1988) y sigue estando disponible en el
catálogo de la editorial Gredos. Sin embargo, el original alemán ya no aparece en
el catálogo de la editorial de Gruyter.
23 Probablemente es indicativo del desinterés por la romanística comparativa que ha
cundido en Francia, el hecho de que, a diferencia de las obras de Diez y Meyer-
Lübke, que sólo fueron traducidas al francés, la de Lausberg se haya traducido a
tres lenguas románicas, entre las que no se incluye precisamente el francés.
24 Y así ha seguido siendo en las sucesivas reimpresiones en una actitud que no
necesariamente podemos interpretar como de un incansable optimismo.
25 Dietrich (1995, 35), por ejemplo, remarca que Lausberg fue uno de los primeros
lingüistas alemanes de postguerra preocupado por basar teóricamente sus trabajos,
por ejemplo con los principios de la fonología praguense. Cf. también Schwarze
(2003, 93).

126
concretos; por lo demás, Lausberg no ofrece unas nuevas premisas para re-
solver la cuestión de cómo escribir una gramática histórica de las lenguas
románicas adecuada a los nuevos tiempos.
En más de una ocasión se ha escrito que la forma que Lausberg le dio a su
gramática no hizo de ella un producto precisamente agradable. Por ejemplo
Gauger/Oesterreicher/Windisch (1989/1981, 141) afirman que los dos libritos
de Lausberg «en la exposición – y no sólo a causa de su desconsiderada as-
pereza – son un poco difíciles de digerir, especialmente para el principian-
te» (cf. una confirmación de este extremo en 8.9.). Otro de los problemas
estructurales del libro es la presencia constante de envíos a otras partes de
la obra y la falta de explicaciones de conjunto.
El primer volumen se abre con unas observaciones previas (págs. 9–35)26
en las que Lausberg da una sumaria información bibliográfica, bosqueja los
requisitos del estudiante ideal de romanística y encuadra la disciplina dentro
de la lingüística de tipo estructuralista, para terminar con algunas indicacio-
nes sobre la ortografía de las lenguas románicas. En la «Introducción» (págs.
37–106) se discuten las tareas de la filología y de la lingüística románica, se
presentan diez lenguas románicas27 y su clasificación y se termina con algunos
aspectos del origen de las lenguas románicas (sustrato, romanización, latín
vulgar, disolución de la unidad lingüística del Imperio). La parte propiamen-
te dedicada a la fonología histórica empieza con una larga sección (páginas
109–199) titulada «Elementos de fonética general» en la que Lausberg da
nociones de fonética articulatoria, analiza los complicados conceptos de sí-
laba y diptongo, estudia el acento, dedica quince páginas a los conceptos
básicos de la fonología estructural y termina discutiendo algunos aspectos
fundamentales de los cambios fonéticos.
El estudio de la fonética histórica románica se estructura de la siguien-
te manera: I. El acento; II. Vocalismo (vocales tónicas: primitivos sistemas
cualitativos románicos, evolución espontánea de Ʈ, ư, Ɯ, ƞ, Ɩ, Ă, ǁ, ƿ, Ǎ, Nj, evo-
luciones condicionadas, diptongos; vocales átonas); III. Consonantes (inicia-
les – simples, grupos –, interiores – simples, grupos –, finales); IV. Fonética
sintáctica.
Dietrich (1995, 38–39) exagera un poco las bondades de una parte de la
obra de Lausberg:

«En el volumen sobre el consonantismo28 Lausberg ofrece algunas remarcables ex-


plicaciones que ponen en relación varios cambios fonéticos desde el punto de vista

26 Se hace referencia a las páginas de la traducción al español.


27 Francés, provenzal, catalán, español, portugués, italiano, sardo, retorromance, ru-
mano y dalmático. Recuérdese que Zauner había reducido su objetivo a seis len-
guas.
28 Recordemos que en la edición alemana la fonética apareció en dos volúmenes, el
segundo de los cuales estaba dedicado al consonantismo.

127
de la fonética sintáctica […]. Estas ideas son muy modernas frente a las presenta-
ciones anteriores y suponen una superación del tratamiento sonido por sonido».

En realidad no hay prácticamente nada en el capítulo de Lausberg que no


esté ya en el capítulo IV del primer volumen de Meyer-Lübke y, en el caso de
Meyer-Lübke, con más datos. Además, se echa en falta algo que sí encontra-
mos sistematizado, discutido y problematizado en Meyer-Lübke (1890–1902,
vol. 1, 508), como es el interesante problema del origen del raddoppiamento
sintattico; Lausberg no lo trata en su capítulo de fonética sintáctica y el lector
interesado tiene que contentarse con seguir las huellas del fenómeno esparci-
das por varios de la veintena de párrafos enumerados al final de la obra con
la referencia de que en ellos se encuentran más observaciones sobre fonética
sintáctica. De cualquier modo, es absolutamente cierto que las páginas de
Lausberg no carecen de interés, especialmente en §§ 578–581, donde expone
la hipótesis de que en la Romania occidental también se pasó por una fase
con consonantes iniciales lábiles.29
El volumen de morfología de Lausberg es bastante más convencional y,
como hemos visto, ha tenido bastante menos éxito que el de fonética (cf. n.
22). Se estructura en seis capítulos: I. Sustantivo; II. Adjetivo; III. Adverbio;
IV. Pronombre; V. Numeral; VI. Verbo. El capítulo dedicado al verbo se di-
vide en cuatro apartados sustancialmente paralelos dedicados a las cuatro
conjugaciones latinas. El volumen cuenta con numerosos cuadros con los
datos, que lo convierten en un utilísimo manual de consulta.
Son interesantes para concluir las palabras de Dietrich (1995, 44):

«La Lingüística románica de Lausberg es quizá la última síntesis concentrada de


la ‹vieja› romanística clásica. Es cierto que no es posible quedarse siempre en la
propia tradición y que hay que salir fuera y conocer nuevos puertos. Sin embargo,
a la lingüística románica, una disciplina con una familia lingüística excepcional-
mente bien documentada históricamente, le conviene no perder de vista su origen
y las causas de su diferenciación. Y para ello la obra de Lausberg, junto con otros
manuales romanísticos, sigue teniendo valor».

Dietrich señala correctamente que la obra de Lausberg cierra una tradición


dentro de las gramáticas históricas. De hecho, las obras que analizaremos a
continuación son distintas a las de Diez, Meyer-Lübke, Zauner y Lausberg.
Sin embargo, los nuevos puertos visitados por estas obras no han aportado,
como veremos, modelos satisfactorios y duraderos. Por eso, las obras clásicas
siguen siendo útiles hoy y la de Lausberg ha gozado de mucho éxito, hasta
el punto de que según Arens (1992, 310), «forma parte todavía hoy del ins-
trumental imprescindible de cualquier romanista».

29 Cf. una demoledora crítica de esta hipótesis en Pensado (2006).

128
8.5. Manoliu

Maria Manoliu estudió y fue profesora en Bucarest y actualmente trabaja en


la Universidad de California, Davis. Su obra Gramatica comparată a limbi-
lor romanice (= Gramática comparada de las lenguas románicas), Bucureúti,
Editura Didactică úi Pedagogică, 1971, 308 págs., es una segunda edición muy
modificada de Iordan/Manoliu-Manea (1962–1965).30
Manoliu decide ser menos exhaustiva en cuestiones en general bien co-
nocidas y fácilmente documentables en otros manuales y, por contra, prefiere
familiarizar al lector con los métodos de análisis modernos. Por ese motivo,
la autora confiesa que el balance del material no corresponde a lo que es
habitual en los manuales clásicos, ya que presta atención detallada a algu-
nos problemas interesantes de la morfosintaxis, como el género neutro, la
diátesis o el aspecto.
La obra se compone de una introducción clásica (con el título de Pri-
mera parte: Bosquejo de historia externa), una fonología y una morfología
estructuralistas y una parte sintáctica en la que intenta aplicar a la compa-
ración entre lenguas románicas la Teoría Estándar Extendida de Chomsky
con algunas correcciones propuestas por Pottier y Coseriu. El objetivo de
Manoliu consiste en determinar con este modelo sintáctico algunas de las
características de la sintaxis románica y, en concreto, estudia la coordinación,
la interrogación, la negación, los pronombres del tipo esp. esto, eso, aquello,
fr. cela, ce, ça, las proposiciones formadas por un solo elemento, la estructura
del grupo nominal, las oraciones de relativo y la estructura del grupo verbal.
A propósito del grupo nominal la autora detecta dos rasgos determinantes
de la sintaxis románica:

«Quizá la característica románica más importante del grupo nominal consiste en


el desarrollo de una categoría de determinantes del nombre (D1) que no pueden
aparecer sin nombre […]. Otra característica del grupo nominal románico, quizá
tan importante como la primera, consiste en el hecho de que, en la mayoría de los
casos, GN se rescribe de manera obligatoria como Predet ^ Nominal» (Manoliu-
Manea 1971, 258, 259).

Con referencia al grupo verbal y como conclusión a todo el capítulo Ma-


noliu escribe:

«Las diferencias más importantes entre las lenguas románicas se localizan espe-
cialmente en el nivel de las transformaciones (el mantenimiento o eliminación
de la preposición en el camino hacia la estructura superficial; la capacidad para

30 Esta obra apareció también como Manual de lingüística románica, 2 vol., Madrid,
Gredos, 1972; traducción, revisión, reelaboración parcial y notas de Manuel Al-
var.

129
reducir la completiva al infinitivo) y en el nivel de las reglas de selección propias
del verbo regente» (Manoliu-Manea 1971, 280).31

La obra concluye con un capítulo titulado «Cuestiones de lexemática», do-


minado por la semántica estructuralista, y un último capítulo de tres páginas
denominado «Conclusión: Unidad en la diversidad».
Posner (2001, 540) señala que «el modelo generativo utilizado en la sec-
ción sintáctica fue abandonado poco después de la composición del libro y
los esfuerzos de Manoliu por usarlo en el ámbito románico tuvieron escasa
repercusión»; sin embargo, poco más tarde la autora amplió sus ideas en el
campo de la tipología con una combinación de la aproximación generativis-
ta y el estructuralismo europeo (Manoliu-Manea 1977);32 posteriormente ha
seguido trabajando en cuestiones tipológicas y con una aproximación prag-
mática a la sintaxis.
El título de la obra de Manoliu es, recordémoslo, Gramática comparada
y lo que nos ofrece es efectivamente la comparación entre el latín y varias
lenguas románicas sin incidir en cómo se han producido los cambios. El plan-
teamiento diacrónico es sólo reconocible en el capítulo de fonología de cor-
te estructuralista, en el que nos encontramos con una nueva ordenación del
material: en lugar de la acostumbrada clasificación por sonidos, Manoliu nos
ofrece una estructuración por oposiciones fonológicas (oposición de cantidad
en las vocales, de grado de cierre, de labialización, de nasalidad, oposición
de cantidad en las consonantes, aparición de consonantes africadas, modifi-
caciones en la oposición de sonoridad, modificaciones en las oposiciones de
punto de articulación).33

8.6. Hall

Robert Anderson Hall Jr. (Raleigh, N.C. 1911 – Ithaca, N.Y. 1997), estudió en
las universidades de Princeton, Chicago y Roma y desarrolló prácticamente
toda su carrera en Cornell. Entre los italianistas es bien conocido especial-
mente por su importante bibliografía de la lingüística italiana (Hall 1958).

31 En la sintaxis las lenguas más ejemplificadas son el rumano, el español y el francés.


Bastante menos representado aparece el italiano y no se menciona ninguna de las
demás.
32 Esta obra ha sido traducida al español por Sarmiza Leahu y Monica Nedelcu:
Tipología e historia. Elementos de sintaxis comparada románica, Madrid, Gredos,
1985.
33 Los autores rumanos han tendido con frecuencia hacia la innovación en la dispo-
sición de los materiales de sus gramáticas históricas, lo cual, en el caso de la com-
plicada gramática histórica del rumano, hace que sus obras sean de difícil consulta
para alguien que no sea un experto en la materia (cf. Sánchez Miret 2004).

130
Su gramática histórica lleva el título Comparative Romance Grammar,
New York/Oxford/Amsterdam, Elsevier, 1974–1983 y se compone de tres
volúmenes. 1: External History of the Romance Languages (1974, 344 págs.), 2:
Proto-Romance Phonology (1976, 297 págs.), 3: Proto-Romance Morphology
(1983, 304 págs.). El plan completo de Hall comprendía seis volúmenes, de
los que no aparecieron los siguientes: 4. Sintaxis, 5. Formación de palabras, 6.
Léxico.34 El catálogo de lenguas estudiadas en la obra de Hall es el siguiente:
sardo, rumano, italiano, provenzal, francés, catalán, español y portugués.
Su obra es un ejemplo del estructuralismo americano. El modelo que la
guía es reconstruccionista y su objetivo es la reconstrucción del protorro-
mance y la comparación de la lengua reconstruida con los testimonios que
tenemos del latín. Como conclusión de sus investigaciones propone que el
protorromance no coincide con el latín clásico ni con el latín vulgar, sino con
un latín derivado de la etapa arcaica.
Los volúmenes de fonología y morfología están llenos de tablas que
ejemplifican las distintas evoluciones, hasta el punto de que varios de los
recensores de la obra (p. ej. Klausenburger 1977; Lloyd 1985) destacan que
el texto susceptible de recensión es sensiblemente menor que el espacio
ocupado por las tablas, lo cual es especialmente dramático en el volumen
de fonética, donde de un total de 297 páginas, 231 están ocupadas por ta-
blas y 14 contienen la bibliografía y un índice temático. Todo este material
no constituye una auténtica gramática histórica, pero no conviene dejar de
lado que la obra ofrece un buen material para ejercicios de reconstrucción.
La presentación es mucho más agradable que la de sus predecesores (tiene,
por ejemplo, la bibliografía reunida al final), pero es, en general, de conte-
nido mucho más pobre.35

8.7. Agard

Frederick Browning Agard (1907–1993) estudió en Brown y Princeton. Tras


trabajar en Princeton y Chicago, desarrolló el resto de su carrera en Cornell,
al igual que Hall. Participó activamente en la enseñanza de varias lenguas
románicas (especialmente el rumano) y del inglés. Un claro ejemplo de su
vocación didáctica es precisamente la obra a la que nos vamos a referir:
A course in Romance linguistics, Washington, Georgetown University Press,
1984, publicada en dos volúmenes (con respectivamente 242 y 259 páginas).

34 Esta es la segunda obra de las analizadas en este capítulo que no llegó a ver
cumplido su proyecto inicial. La otra, recordémoslo, es la de Lausberg, a la que le
falta la sintaxis.
35 Aunque se trata ciertamente de una contribución extraña al panorama de las
gramáticas históricas, su consulta resulta en ocasiones iluminadora (cf. Sánchez
Miret 2007a, 490).

131
El título completo del primer volumen es: A Synchronic View. A Compara-
tive/Contrastive Description of Five Modern Romance Languages – French,
Spanish, Portuguese, Italian, Romanian – in Terms of an Underlying Grammar
Manifested in Surface Similarities and Differences.
El segundo volumen se titula: A Diachronic View y se divide en tres par-
tes. La primera lleva el título De las lenguas románicas hacia atrás: reconstruc-
ción fonológica y propone, en parte a modo de ejercicio, una aplicación del
método comparativo para la reconstrucción de la protolengua.36 La segunda
parte plantea la dirección opuesta Desde el latín hasta el presente: cambios
fonológicos y pretende trazar las distintas fases de separación de las lenguas
románicas. El resultado final de este capítulo sería un árbol genealógico. La
tercera parte se ocupa del cambio morfosintáctico: Desde el latín hasta el
presente: cambios gramaticales.
Para Posner (2001, 540) la contribución más original de Agard es su pri-
mer volumen sincrónico en el que ofrece una gramática contrastiva de cinco
lenguas románicas estándar, con una aproximación gramatical ligeramente
influida por las teorías generativistas.
La crítica que López-Morillas (1986, 565) hace a la obra de Agard es, en
realidad, extensible a todas las gramáticas históricas:

«Lo que uno echa de menos en una exposición como esta es un sentido, no preci-
samente de la complejidad de la historia del romance – puesto que el método de
presentación ya hace que parezca bastante complicada –, sino de la riqueza histó-
rica, cultural y social de la matriz en la que todos estos cambios tuvieron lugar».

8.8. Reinheimer-Rîpeanu

Sanda Reinheimer-Rîpeanu es catedrática de lingüística románica en la Uni-


versidad de Bucarest y es la autora de Lingvistica romanică. Lexic – Mor-
fologie – Fonetică, Bucureúti, All, 2001, 476 págs. A diferencia de su compa-
triota Maria Manoliu, Sanda Reinheimer-Rîpeanu decide escoger el título
Lingüística románica, en lugar de denominar gramática a su obra. Como
hemos podido ver, estos dos títulos son los que han dominado el panorama
de las obras analizadas aquí: las obras posteriores a las gramáticas de Diez
y Meyer-Lübke no han pretendido en ningún caso ser exposiciones exhaus-
tivas de la materia y, consecuentemente, el título predominante ha sido el
de Lingüística románica; las obras de Manoliu o Hall, a pesar de su título,
tampoco aspiran a sustituir a la gramática de Meyer-Lübke.37

36 «En el momento de su jubilación sus estudiantes le regalaron un diploma ensal-


zándolo como ‹hablante nativo de protorromance›» (Hall 1994, 405).
37 Hay que decir que con el mismo sintagma lingüística románica han aparecido, in-
cluso recientemente, otras obras más o menos cercanas al modelo de una gramática
histórica. El caso del manual de Allières (2001) se acerca a la obra de Bourciez con

132
Sorprende el orden adoptado por Reinheimer-Rîpeanu en la disposición
de su gramática, que invierte el patrón al que estamos más acostumbrados:
frente a todas las obras estudiadas en este capítulo, nos encontramos con que
la primera parte de la gramática analizada no es la fonética, sino el léxico. La
obra carece de una introducción que nos aclare el motivo de este cambio.38
El capítulo dedicado al léxico se divide en dos partes. En la primera la au-
tora analiza los distintos estratos etimológicos presentes en el léxico de las
lenguas románicas; esta parte es, por lo tanto, equivalente a las que ya hemos
visto a la cabeza de otras obras en las que se analizan los componentes de
las lenguas románicas (p. ej. la gramática de Diez). En la segunda parte del
capítulo la autora adopta una aproximación onomasiológica y analiza algunos
campos léxicos como el cuerpo humano, la familia, el tiempo, los fenómenos
meteorológicos o los nombres de herramientas; en todos los casos se estudia
el grado de presencia del léxico heredado y Reinheimer-Rîpeanu llega a la
siguiente conclusión:

«A medida que nos apartamos del hombre y de las coordenadas fundamentales


de su existencia, el léxico heredado va dejando cada vez más espacio a los prés-
tamos debidos a contactos entre culturas y civilizaciones. Este modelo de estudio
de estas pocas zonas léxicas puede adoptarse para investigar otros ámbitos que
ponen de manifiesto la evolución del léxico románico en relación con los objetos
nombrados por las palabras» (Reinheimer-Rîpeanu 2001, 98).

El capítulo titulado «Morfosintaxis» da algunas indicaciones sobre la flexión


del sustantivo en latín y en romance y se ocupa por extenso de las categorías
de género (págs. 107–126), número (págs. 126–134) y caso (págs. 134–142).
Otro extenso apartado se dedica a la morfología, posición, combinación y
repetición de los pronombres (págs. 142–185). La parte dedicada a la mor-
fología nominal acaba con un apartado sobre los determinantes del nombre.
El espacio consagrado al verbo se divide en dos secciones: la primera es pu-

sus presentaciones individuales de cada lengua (cf. n. 2). Por su parte, la intención
de la obra de Gleßgen (2007) se manifiesta en el subtítulo: Dominios y métodos en
lingüística francesa y románica. Frente a este tipo de obras, las lingüísticas romá-
nicas tratadas con algo más de detalle en este capítulo son herederas del modelo
ideal de una gramática histórica, pero reducidas a una menor escala.
38 En una comunicación personal la autora nos ha explicado las circunstancias con-
cretas de aparición del libro. Se trata de un manual para las clases de lingüística
románica destinadas a alumnos que, en su gran mayoría, no van a dedicarse a
una profesión filológica. La ordenación del material pretende servir para captar
su interés por la materia y, para ello, el estudio del léxico parece más adecuado.
Por otro lado, los alumnos provienen de especialidades románicas distintas y con
diferentes aproximaciones teóricas a la lingüística; por eso el manual renuncia
a una orientación teórica determinada y ofrece a los estudiantes los elementos
básicos imprescindibles para la comprensión de la exposición, permitiendo que su
uso en el aula pueda orientarse teóricamente en función de las preferencias de
cada sección.

133
ramente morfológica y analiza la evolución desde la morfología verbal latina
a la de las lenguas románicas; la segunda estudia el aspecto, el modo y la
diátesis. El tercer capítulo del libro, titulado «Fonética y fonología», trata el
acento, el vocalismo y el consonantismo; en el caso de las consonantes, tras
la presentación del sistema fonológico latino y de algunos rasgos generales
de las consonantes en función de su posición, nos encontramos con el análisis
de la evolución de los grupos consonánticos, de la correlación de cantidad
y de los procesos de palatalización; el capítulo termina con una revisión de
los fonemas que han aparecido en las lenguas románicas y que no conocía
el latín, seguida de los sistemas fonológicos consonánticos de las lenguas
románicas.
El volumen se completa con unos cuadros que aclaran la grafía y la pro-
nunciación de las cinco lenguas románicas a las que se presta atención en la
obra (rumano, italiano, francés, español y portugués),39 un breve diccionario
etimológico en forma de tabla que ocupa 19 páginas, seguidas por 28 páginas
con textos paralelos al menos en dos lenguas y en ocasiones en las cinco.40
Por último, y antes de una bibliografía selectiva, nos encontramos con 12 pá-
ginas de ejercicios que reafirman el carácter didáctico de la obra.

8.9. Conclusiones

¿Qué utilidad tienen estas obras, sobre todo las más antiguas, para los inves-
tigadores de hoy? Sin lugar a dudas, alguna o algunas de ellas habrán sido
útiles en la etapa de formación de los romanistas activos hoy en día. Pero
sería interesante saber qué papel concreto siguen desempeñando en su activi-
dad investigadora. Aunque sólo sea de manera superficial, podemos adivinar
el grado de pervivencia de estas gramáticas históricas a través de una ojeada
a las referencias bibliográficas que aparecen en algunas obras de las últimas
décadas. Para ello hemos escogido cinco monografías y cinco manuales de
orientación panrománica y hemos controlado si citan las obras analizadas en
este capítulo. Los resultados son los siguientes:

39 Malkiel (1972, 840) ya observaba, tras la gramática de Meyer-Lübke, una marcada


tendencia a reducir el número de lenguas sometidas a comparación. Esta manera
de actuar predomina claramente en las obras posteriores al trabajo de Malkiel,
con la única excepción de Hall.
40 El material textual no recoge textos antiguos y va desde la Parábola del hijo
pródigo en versiones modernas de las cinco lenguas (y en este caso también en
latín), pasando por algunos refranes, hasta terminar en un folleto de garantía de
la marca Philips.

134
Diez Meyer-Lübke Zauner Lausberg Hall Agard

Wanner (1987) X X

Loporcaro (1997) X X

Sánchez Miret (1998) X X X X

Cravens (2002) X X X
(vol. 1)

Burdy (2006) X X

Posner (1998/1996) X X X X X

Jensen (1999)41 X X X X X X

Allières (2001) X

Klausenburger (2001) X

Gleßgen (2007)42 X X X
41 42

Como puede comprobarse, las obras de Meyer-Lübke y Lausberg son las


más utilizadas, mientras que la de Zauner está prácticamente olvidada. En
ningún caso se citan las gramáticas escritas en rumano, que es una lengua
que no todos los romanistas están dispuestos a aprender y que no se lee sin
esfuerzo. De hecho, es fácil imaginar al romanista que va a emprender una
investigación sobre un problema concreto, consultando en primer lugar el
manual de Lausberg, porque ofrece un resumen rápido, es lo que conoce todo
el mundo y supone, por lo tanto, un punto de partida natural. Un segundo
paso habitual es consultar qué dijo Meyer-Lübke, porque en su gramática está
encerrada toda una época, porque muchas cosas han cambiado poco desde
él, porque Meyer-Lübke es Meyer-Lübke y, además, porque frecuentemente
dice cosas interesantes (y ya hemos señalado algunas pequeñas muestras, cf.
8.2.). La consulta de Diez o Zauner se sitúa muchas veces ya en un plano
arqueológico y la de las demás obras analizadas depende en buena medida
de los intereses concretos del investigador y está muy condicionada por los

41 La obra de Jensen tiene una introducción clásica y se ocupa sólo de fonética


histórica. Cita todas las obras en la bibliografía seleccionada del final, lo cual no
quiere decir que las use todas en sus explicaciones.
42 En la parte de historia de la disciplina se mencionan las obras de Diez y Meyer-
Lübke. En la bibliografía de las obras utilizadas no aparece ninguna de las gramáti-
cas, aunque en el cuerpo de la obra se cita el manual de Lausberg y en el índice
de nombres se confunden Uta y Heinrich Lausberg, dando lugar a un desconocido
Ulrich Lausberg.

135
planteamientos teóricos que las estructuran (sobre todo en el caso de Ma-
noliu, Hall y Agard).
Es igualmente interesante saber qué representan algunas de estas obras
para los estudiantes de filología románica. Con un grupo de 19 estudiantes de
un seminario de lingüística románica de la Universidad de Göttingen hicimos
una pequeña encuesta con la que pretendíamos conocer en qué medida las
gramáticas históricas que nos ocupan son un instrumento conocido y usado
por los estudiantes. En la siguiente tabla aparecen las dos preguntas formu-
ladas, las respuestas posibles y los resultados obtenidos:

¿Había ¿Ha usado estas obras?


oído hablar
de estas
obras?

No Sí Nunca Una vez A veces Con frecuencia

Diez 8 11 16 3

Meyer-Lübke 8 11 16 3

Zauner 18 1 18 1

Bourciez 18 1 19

Lausberg 13 6 17 2

Hall 17 2 18 1

A la luz de estos datos, los nombres de Diez, Meyer-Lübke y Lausberg son


relativamente conocidos por los estudiantes alemanes. Sin embargo, sus obras
no son un instrumento de trabajo habitual para los nuevos romanistas. ¿Y
qué es lo que sucede cuando se pone en contacto a estos estudiantes con
obras de este tipo?
En la misma encuesta se sometieron a la consideración de los estudian-
tes los parágrafos § 171 y § 172 del manual de Lausberg y se les pidió que
dieran su opinión con relación al texto; en concreto, se les pidió que es-
cribieran qué les gustaba y qué no. Y estas son algunas de sus respuestas:
«poco claro»; «hay demasiados ejemplos colocados unos detrás de otros sin
ninguna explicación»; «no entiendo el texto en su mayoría, porque explica
demasiado poco y las aclaraciones son demasiado complicadas»; «no habría
estado mal que hubiera dos o tres frases desarrolladas»; «para lingüistas ex-
perimentados las explicaciones breves son seguramente útiles a la hora de
consultar el libro».
Al manual de Lausberg podría aplicársele el comentario que Pharies
(2005, 224) hace a propósito del de Resnick (1981): «Cualquiera que use hoy
en día este libro corre el peligro de darles a sus estudiantes la impresión (co-

136
rrecta) de que nadie se ha preocupado lo suficiente por esta disciplina como
para actualizar los materiales usados para introducirse en ella».43
Estas deficiencias pedagógicas de los manuales clásicos pueden verse su-
peradas en algunas obras modernas, como el librito de Lee (2000). Sin em-
bargo, todavía hacen falta más manuales de nivel algo más exigente que el
de Lee, que presenten el objeto de estudio y el método comparativo propio
de la romanística de una manera capaz de atraer a nuevas generaciones de
investigadores.
El panorama que resulta de esta exposición no es muy alentador. La
gramática histórica fue durante el siglo XIX un programa investigador. En
contraposición, el siglo XX se resignó básicamente a hacer más digeribles
los resultados del siglo precedente, rebajando la gramática histórica al con-
cepto de manual para el estudio. Y lamentablemente las dos versiones de la
gramática histórica (instrumento de investigación y útil para la docencia) pa-
recen haber entrado en vía muerta en los últimos decenios del siglo XX. Ni
se espera una gramática investigadora y completa que supere a la de Meyer-
Lübke, ni prosperan las gramáticas didácticas que hagan atractiva la materia.
Y el romanista actual se pregunta: ¿a qué atender primero?

43 Por lo que se refiere a la fonética y a la morfosintaxis histórica, un intento de


reparar esta situación a una escala todavía mínima lo constituyen los respectivos
capítulos del manual editado por José Enrique Gargallo Gil y Maria Reina Bastar-
das (Sánchez Miret 2007b; 2007c). Por otra parte, Sánchez Miret (2001) constituye
un tipo de publicación idiosincrásica del mundo universitario español (al igual que
Gargallo Gil 1989) y, a la vez, la primera piedra de un proyecto más amplio.

137
138
9. Modelo de una nueva gramática
histórico-comparativa

El entusiasmo por los estudios diacrónicos, que dominó la creación del pa-
radigma de la romanística, hace tiempo que ya no existe. En su lugar, se han
oído muchas veces las voces de quienes se lamentan del actual desinterés por
la diacronía y por la comparación de lenguas. Probablemente a este respecto
la voz con mayor repercusión ha sido la de Malkiel, que ya hemos citado
en muchas ocasiones y del que podemos dar otro ejemplo: «Parece que hoy
en día nadie piensa en Europa en un inminente sustituto para el REW. En
medio de una masa de diccionarios etimológicos (frecuentemente inútiles)
del español, el catalán, el italiano, etc., da la impresión de que toda necesidad
de una empresa románica de este tipo ha pasado de moda» (Malkiel 1989,
52); sin embargo, recientemente se ha puesto en marcha un proyecto para
elaborar un nuevo REW, cf. 10.6.
Tal y como Dietrich (1995, 43) afi rma, «[l]a lingüística histórico-com-
parativa ha perdido su posición dominante en la vida científica y se ha
convertido en un punto de vista entre otros muchos dentro de la lingüística
románica» (subrayado en el original). Este proceso de destronamiento de
la perspectiva histórico -comparativa ha tenido graves consecuencias para la
disciplina, ya que muchos romanistas han creído que este tipo de estudios
era la columna vertebral de la romanística y ante el debilitamiento de tal
soporte, motivado por el predominio de las corrientes lingüísticas modernas
anti-historicistas, todo el ser de la romanística se ha resentido. El resultado
es que durante un largo período que llega hasta la actualidad no se ha sabi-
do muy bien qué hacer con los estudios histórico-comparativos y, lo que es
más grave, no se ha sabido hacia dónde dirigir la romanística; o, dicho de
otra manera, la disciplina se ha orientado hacia metas muy diversas, hasta el
punto de que no todos sus potenciales adeptos se reconocen hoy como tales.
Concentrándonos en la vertiente diacrónica de nuestros estudios, inclu-
so ha llegado a difundirse la opinión de que dedicarse a la diacronía es pe-
ligroso para la propia carrera, hasta el punto de que Gsell (1996, 48) tiene
«la impresión de que sólo ocasionalmente se pregunta por el componente
histórico-diacrónico en la lista de publicaciones de un candidato; demasiada
diacronía reduce más bien su valor de mercado».
Frente a la situación aparentemente catastrófica que acabamos de des-
cribir, hay que señalar algunos indicios que nos hacen pensar que la lingüís-
tica románica histórica (y comparativa) no ha llegado, ni mucho menos, a su

139
fin. Por un lado, en el análisis de los manuales existentes para la disciplina,
Gleßgen observa que

«[l]os temas nuevos se añaden a los viejos, cuyo tratamiento se vuelve más sucinto.
[…] Una ciencia que se enriquece sin atreverse a excluir campos que se han vuel-
to periféricos corre el peligro de que se enseñe de manera demasiado superficial.
La ampliación temática del paradigma tradicional de la lingüística románica en
los años 60 fue posible gracias al abandono global de las ciencias literarias. En el
paradigma actual debería imponerse una nueva reducción, aunque todavía no se
puede decir cómo podría llevarse a cabo dicho recorte» (Gleßgen 2000, 209).

Si hemos de juzgar por el manual que el propio Gleßgen ha publicado unos


años después (Gleßgen 2007), los contenidos tradicionales de la gramática
histórica (evolución de la fonética, la morfología y la sintaxis) siguen ocupan-
do un puesto relevante en el paradigma (casi la cuarta parte del texto).1
Otro de los indicios a los que nos referíamos lo encontramos en el hecho
de que se han seguido escribiendo gramáticas históricas particulares de las
lenguas románicas (algunas de ellas bastante recientes).2 Estas gramáticas
son, por un lado, una prueba de que la perspectiva diacrónica ha sido y es
una actividad constante en la investigación lingüística y, por otro, constitu-
yen un interesante punto de apoyo para el proyecto de una nueva gramática
histórico-comparativa de las lenguas románicas.
En definitiva, conviene dejar bien establecido que la gramática histórica
no es una antigualla: no lo son las preguntas a las que intenta responder y
tampoco lo son los métodos con los que intenta hacerlo. La ciencia está em-
peñada en la constante búsqueda de nuevos conocimientos y en el ámbito
de la evolución de los sonidos, de la morfología, de la sintaxis y del léxico
desde el latín a las lenguas románicas se están descubriendo constantemente
conocimientos nuevos y se ponen en cuestión saberes transmitidos por los
manuales al uso (cf. dos espléndidos ejemplos en Loporcaro 2003 y Morin
2003). Quizás lo que le ha fallado a la romanística no haya sido el cultivo
de la investigación en ámbitos concretos de la gramática histórica, sino la
sistematización de los resultados de esa investigación.

9.1. Modelos en la germanística

La germanística ha servido de modelo a las dos grandes enciclopedias de la


lingüística románica que han aparecido en las últimas décadas. El LRL se ins-

1 Y si tomamos en consideración todo el capítulo de historia interna, que incluye


una introducción sobre el cambio lingüístico y un capítulo sobre la evolución del
léxico (en la que se incluye la formación de palabras), el porcentaje alcanza hasta
el 41 %.
2 Algunos ejemplos son Berejan et al. (1991), Fradejas Rueda (1997), Eichenhofer
(1999), Castellani (2000), Penny (22002), García Arias (22003), Company (2006).

140
piró en el LGL y la Romanische Sprachgeschichte (Ernst et al. 2003b) sigue
la senda de la Sprachgeschichte (Besch/Reichmann/Sonderegger 1984–1985;
Besch et al. 21998–2004). La germanística está también más avanzada que la
romanística en la reflexión acerca de los modelos posibles para las nuevas
gramáticas históricas (cf. los artículos recogidos en Lobenstein-Reichmann/
Reichmann 2003).
Existen algunos proyectos de gramática histórica de las lenguas germáni-
cas que bien podrían servir de inspiración para la romanística. Por un lado,
nos encontramos con las Untersuchungen zur vergleichenden Grammatik der
germanischen Sprachen (= Investigaciones acerca de la gramática compara-
da de las lenguas germánicas). Se trata de una colección dirigida por Alfred
Bammesberger, quien la caracteriza de la siguiente manera en la introduc-
ción al primer volumen:

«Una presentación global de la gramática comparada de las lenguas germánicas


acorde al estado actual de la investigación es sin duda uno de los desiderata más
urgentes tanto de la indoeuropeística como de la germanística. Probablemente ya
no es posible que un solo autor redacte una obra de este tipo. […] Espero que la
colección que ahora inauguro de INVESTIGACIONES ACERCA DE LA GRA-
MÁTICA COMPARADA DE LAS LENGUAS GERMÁNICAS siente las bases
para una futura presentación completa» (Bammesberger 1986, 8; mayúsculas en
el original).

En ese momento inicial Bammesberger pensaba en cinco volúmenes: La es-


tructura del sistema verbal del germánico (que es la obra publicada en 1986);
Formación de palabras y flexión nominal en germánico; Pronombres, numera-
les y formas indeclinables en germánico; Fonología del germánico; Problemas
de la sintaxis del germánico. Hasta el momento han aparecido, además del
libro de 1986, los siguientes volúmenes: La morfología del nombre en pro-
togermánico (Alfred Bammesberger, 1990); Apofonía y reduplicación en el
verbo germánico (Frans van Coetsem, 1990); El vocalismo del protogermáni-
co: evolución del sistema y contexto sociohistórico (Frans van Coetsem, 1994);
Principios de morfología histórica (Jozef van Loon, 2005).
Otra empresa, especialmente interesante por su larga tradición, es la cons-
tituida por la Sammlung kurzer Grammatiken germanischer Dialekte (= Co-
lección de gramáticas breves de los dialectos germánicos) editada originalmen-
te por Wilhelm Braune para la editorial Niemeyer de Halle (luego Tubinga).
La colección se compone de doce títulos que cubren el ámbito de las lenguas
germánicas.3 El primer título se publicó en 1880 y el último en 1993. Varios
de los títulos han sido objeto de sucesivas ediciones preparadas por sus au-
tores originales o bien, posteriormente, a cargo de nuevos especialistas en la
materia. En concreto, los dos primeros números de la serie representan un
caso paradigmático de constante renovación. El número 1, la Gramática del

3 Cf. Heidermanns (2003, 111–112) para una lista de los títulos y la ediciones.

141
gótico de Wilhelm Braune, apareció en 1880 y en 2004 ha alcanzado la vigési-
ma edición, tras ser sucesivamente reelaborada por el propio Braune y luego
por Karl Helm, Ernst A. Ebbinghaus y Frank Heidermanns. El número 2 es
la Gramática del medio alto alemán de Hermann Paul, cuya primera edición
es de 1881 y cuya vigesimocuarta edición es de 1998 (las reelaboraciones y
adiciones se han debido a Erich Gierach, Ludwig Erich Schmitt, Otto Be-
haghel, Walther Mitzka, Hugo Moser, Ingeborg Schröbler, Siegfried Grosse
y Peter Wiehl). También el número 5, la Gramática del antiguo alto alemán
de Wilhelm Braune (11886) ha conocido un número notable de ediciones
(152004), con reelaboraciones debidas a Karl Helm, Walther Mitzka, Hans
Eggers e Ingo Reiffenstein. Cinco títulos permanecen todavía en la primera
edición y el resto han sido modificados al menos en una ocasión.4
Tomadas individualmente, estas gramáticas no tienen como objetivo la
comparación o la diacronía, pero utilizadas en su conjunto ofrecen un inte-
resante material para ambas perspectivas. Además, otro aspecto relevante
de esta colección es el de su larga vida y constante renovación: los textos
iniciales de Braune y Paul se han ido modificando y adaptando al estado de
la ciencia lingüística gracias al trabajo de una nómina nada despreciable de
germanistas. Esta manera de trabajar implica un alto grado de generosidad
por parte de los reelaboradores y evita que haya que rehacer constantemente
las partes del trabajo que siguen siendo válidas. Si a esta táctica le uniéramos
una buena dosis de espíritu de equipo y un soporte informático similar al
que se usa en las wikis,5 tendríamos quizá ante nosotros la senda de las nue-
vas gramáticas histórico-comparativas (y de otras grandes empresas nunca
iniciadas o nunca terminadas, como los grandes diccionarios históricos, que
constantemente se rehacen y mueren con las primeras letras del alfabeto).
Parece ser que Meyer-Lübke tuvo en mente algo parecido a la Sammlung
kurzer Grammatiken germanischer Dialekte, cuando dirigió la colección
Sammlung romanischer Elementar- und Handbücher de la editorial Winter
de Heidelberg (que es la misma que publica las Untersuchungen de Bammes-
berger). La colección sigue existiendo y a lo largo de los años han aparecido
en sus diversas series obras importantes como los diccionarios etimológicos
de Puúcariu (1905), Wagner (1957–1964) y, actualmente, el diccionario del
español medieval de Müller (1987-). Sin embargo, no se ha establecido una
continuidad y una renovación en las gramáticas históricas (que forman la se-
rie 1 de la colección).6 En dicha serie han aparecido las siguientes obras:

4 La Gramática del anglosajón de Eduard Sievers fue sustituida tras la tercera edi-
ción por la Gramática del inglés antiguo de Karl Brunner.
5 Cf. http://en.wikipedia.org/wiki/Wiki. Se conoce con el nombre de wiki a toda pá-
gina web modificable directamente por cualquiera que acceda a ella.
6 La colección se compone de cinco series: 1. Gramáticas; 2. Historia de la literatura;
3. Diccionarios; 4. Civilización antigua, historia de la cultura; 5. Investigaciones y
textos.

142
nº 1: Wilhelm Meyer-Lübke, Einführung in das Studium der romanischen
Sprachwissenschaft (= Introducción al estudio de la lingüística romá-
nica), 11901; 21909; 31920.
nº 2: Wilhelm Meyer-Lübke, Historische Grammatik der französichen
Sprache. 1. Laut- und Flexionslehre (= Gramática histórica del fran-
cés. 1. Fonética y flexión), 11908; 2,31913; 4,51934. 2. Wortbildungslehre
(= Formación de palabras), 11921; 21966 revisada y completada por
J. M. Piel.
nº 3: Oskar Schultz-Gora, Altprovenzalisches Elementarbuch (= Manual de
provenzal antiguo), 11906; 21911; 31915; 41924; 51936; 61973 (las dos
últimas reproducen la 4ª).
nº 4: Berthold Wiese, Altitalienisches Elementarbuch (= Manual de italiano
antiguo), 1928.
nº 5: Adolf Zauner, Altspanisches Elementarbuch (= Manual de español an-
tiguo), 1908.
nº 6: Hariton Tiktin, Rumänisches Elementarbuch (= Manual de rumano),
1905.
nº 7: Joseph Huber, Katalanische Grammatik: Laut- und Formenlehre, Syn-
tax, Wortbildung (= Gramática catalana: Fonética, morfología, sintaxis,
formación de palabras), 1929.
nº 8: Joseph Huber, Altportugiesisches Elementarbuch (= Manual de portu-
gués antiguo), 1933.
nº 9: Michael Metzeltin, Altspanisches Elementarbuch, vol. 1: Das Altkastili-
sche (= Manual de español antiguo, vol. 1: El castellano antiguo), 1979.
Como puede comprobarse, estas gramáticas cubren las lenguas literarias más
importantes, pero el proyecto no ha encontrado continuidad. De hecho, los
intentos de actualización han sido muy escasos. Si excluimos los casos de
Meyer-Lübke y Schultz-Gora, que revisaron sus propias obras, nos encontra-
mos sólo con dos intervenciones de nuevos autores. Por un lado, tenemos el
caso de la revisión de la segunda parte de la gramática histórica del francés
por parte de Joseph Piel, que fue bastante mal recibida por los especialistas.
Y, por otro, contamos con la incorporación del trabajo de Metzeltin, como
sustitución al de Zauner (aunque con un número de serie distinto). En de-
finitiva, el proyecto editorial prácticamente no sobrevivió a los años treinta
del siglo XX.7 Esta falta de continuidad ha mermado sensiblemente las po-
sibilidades de contar con una o varias gramáticas histórico-comparativas que

7 Como escribe Malkiel (1989, 50 n. 46), «[p]ara una futura historia de nuestras
disciplinas no carece de importancia saber que alrededor del año 1911 varios ro-
manistas – entre ellos V. Crescini, P. E. Guarnerio, C. Salvioni, E. Staaff, J. Vising
y M. L. Wagner – habían prometido su colaboración al director de la colección,
compromiso que luego no cumplieron (en parte por la situación creada por la
guerra y sus duraderas consecuencias».

143
con una cierta regularidad vayan recogiendo los avances de la investigación
y vayan integrándolos en un marco más amplio. De hecho, la historia de
las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas se caracte-
riza por dos rupturas. La primera es la que se produjo tras la gramática de
Meyer-Lübke. A partir de la obra del maestro no ha habido ningún intento de
construir una gramática mejor, sino que el proyecto se ha reorientado hacia
la elaboración de manuales para el estudiante (cf. 8.). La segunda ruptura ha
consistido en el abandono de los proyectos de esta naturaleza por parte de
los romanistas de lengua alemana. Las cuatro primeras obras analizadas en el
capítulo anterior se deben a investigadores germánicos (Diez, Meyer-Lübke,
Zauner y Lausberg). Sin embargo, Lausberg, con su paso a los estudios de
retórica, parece marcar definitivamente la ruptura con la tradición y, de he-
cho, las obras siguientes han nacido en ambientes científicos más o menos
periféricos: Rumanía (Manoliu, Reinheimer-Rîpeanu), Estados Unidos (Hall,
Agard); a estas podríamos añadir Francia (Allières) o Italia (Lee) y de nuevo
Estados Unidos (Jensen). En un género científico de tanta envergadura y tan
necesitado del trabajo en equipo, como es la producción de una gramática
histórica, estas dos rupturas han creado la sensación de que ya no se puede
hacer una nueva gramática.

9.2. El contexto de una nueva gramática

En los capítulos de este libro ha tenido amplia cabida la problemática ori-


ginada a raíz de las tendencias disgregadoras dentro de la romanística. Po-
demos preguntarnos cuál es la tarea que le queda a la lingüística histórica
dentro de este panorama y Stehl (2005a, VII-VIII) nos ofrece una respuesta
concentrada:

«En un tiempo de creciente diversificación y consecuente y progresiva separación


de las distintas filologías particulares dentro de la filología románica, a la lingüística
románica histórica, en razón de la especificidad de su objeto de estudio, le queda
la tarea de investigar y describir los aspectos comunes y las particularidades en
la historia de las lenguas románicas, siendo fiel y continuando su propia tradición
histórico-comparativa».

Lipski (2005, 214), por su parte, da una respuesta más amplia; para él el pa-
norama de la nueva romanística se dibuja en los siguientes términos:

«La enumeración de paradigmas de investigación histórica dentro de la romanística


podría extenderse casi indefinidamente, pero el centro de la cuestión debería estar
ya claro. La lingüística románica histórica es todavía una disciplina floreciente en
la que la mayor parte de la investigación reciente se dirige hacia cuestiones nuevas
y hacia zonas inexploradas. Todavía es posible enseñar, emprender investigacio-
nes de lingüística románica y publicarlas, aunque bajo diferentes rúbricas y para
audiencias distintas a las del pasado. En este sentido, la lingüística románica sigue
el mismo camino que otros horizontes del conocimiento en constante expansión.

144
Ninguna universidad mantiene un departamento de ‹filosofía natural› e incluso
algunas casillas académicas más recientes como la ‹biología› o las ‹matemáticas›
están dejando paso a secciones y denominaciones más acordes con las necesida-
des pedagógicas e investigadoras del presente. La lingüística románica histórico-
comparativa no está más en peligro que la biología, la química, la astronomía o
las matemáticas. Existe una floreciente investigación innovadora histórica y com-
parativa en los estudios criollísticos, en la dialectología, en la sociolingüística, en
la sintaxis formalista, en la fonología y en otras secciones transversales que eran
escasamente imaginables en el momento en que se pusieron los fundamentos clá-
sicos de la filología románica».

Este panorama no parecería dejar a primera vista un hueco para la gramática


histórica. El nombre gramática histórica tiene un halo de tradición superada
y, sin embargo, muchos de los problemas que se discuten en los trabajos que
Lipski cita son problemas de gramática histórica estudiados desde la pers-
pectiva del contacto de lenguas. La propuesta que pretendemos desarrollar
en estas páginas no quiere renunciar al nombre tradicional, no quiere olvi-
dar los logros obtenidos y quiere, a la vez, explorar las posibilidades de una
gramática histórica renovada.8

8 La opinión de Lipski y otras que se mencionarán a continuación provienen de


las contribuciones a un grupo de discusión promovido por Steven Dworkin en
La corónica (31, 2003; 32, 2004; 34, 2005). Para las opiniones aparecidas en los
números 31 y 32 cf. Sánchez Miret (2008). Un resumen rápido de algunas de las
ideas del número 34 podría ser el siguiente: Por un lado se oye la voz del apasio-
nado investigador que, por encima de todo, quiere saber y que no deja ni el más
mínimo resquicio a la duda de si lo que quiere saber es interesante, porque quedan
muchas cosas por hacer en ámbitos como 1) el estudio de la evolución histórica de
la cohesión discursiva o el estudio del español de las gramáticas (Girón 2005); 2)
la lexicografía histórica del español (Álvarez de Miranda 2005); 3) la aplicación de
la teoría de la variación (Caravedo 2005); 4) la historia comprensiva del español
de América y, en general, la historia de las lenguas románicas fuera de Europa y
sus respectivos contactos (Lipski 2005); 5) además, ha llegado por fin la hora de
la sintaxis histórica (Company Company 2005). Por su parte, Eberenz está a favor
de una nueva historia de la lengua con inclusión de la pragmática y la tipología de
los discursos, pero matiza que «hasta ahora ninguno de estos métodos, tomados
aisladamente, ha permitido elaborar tratados completos de Historia de la Lengua
que se ofrezcan como alternativas reales a los existentes. Más bien operan como
perspectivas complementarias, ciertamente imprescindibles puesto que contribuyen
a reequilibrar el centro de gravedad de nuestra disciplina, que depende de una
documentación muy incompleta para el fin que se propone» (Eberenz 2005, 170).
Se oye también (pero algo menos) la voz del hombre práctico, que sabe que a
una cuestión de dimensiones políticas y educativas no se puede responder sólo con
argumentos intelectuales (Green 2005). No necesitamos auto-convencernos de las
bondades de nuestra disciplina; tenemos que convencer a los demás y, sobre todo,
tenemos que convencer a los estudiantes (Pharies 2005). Para Lebsanft (2005) la
vitalidad sobre la que se discute debe medirse con distintos parámetros: 1) el grado
de investigación (medido con las producciones de grandes investigadores); 2) la
vitalidad en el ambiente epistemológico que rodea a la disciplina (¿la romanística
es una parte de la lingüística general; es una disciplina independiente; es filología;

145
Ha habido ya algunas aproximaciones a la empresa de una nueva gra-
mática histórico-comparativa de las lenguas romances y en todos los casos
se ha puesto de relieve que el principal problema es la inmensa cantidad de
información que hay que elaborar. Para superar este obstáculo se confía en
el trabajo en grupo. Por ejemplo, al analizar las críticas a las grandes obras
de Meyer-Lübke, Malkiel (1972, 837–838) ve una posible solución

«en toda clase de trabajo en equipo, con diccionarios y gramáticas históricas del
futuro que combinen la aproximación globalizadora de un comparatista audaz con
las habilidades filológicas y la pericia de un grupo de especialistas, cada uno em-
papado por el conocimiento detallado de una cultura particular, además de todas
sus fuentes relevantes de información».

Sin embargo, lo que ha predominado hasta ahora en el ámbito de la lingüís-


tica han sido las obras de carácter colectivo (como el LRL o la Romanische
Sprachgeschichte), que son algo muy distinto del trabajo en equipo. Y en el
caso de la gramática histórica el modelo de la obra colectiva ni siquiera ha
llegado a imponerse. De hecho, podemos comprobar que la inmensa mayoría
son obra de una sola persona (cf. las analizadas en el cap. 8.); algunas son
obras colectivas como la recientemente coordinada por Company (2006);9 y
son pocos los trabajos escritos realmente en colaboración.
La causa de este predominio de las obras individuales puede encontrar-
se, por un lado, en la necesidad imperativa de cohesión y de interrelación
en el diseño de la gramática. Pero por otra parte, hay que reconocer que
en la lingüística, lo mismo que en otras de las disciplinas tradicionalmente
enmarcadas en el ámbito de las letras, la investigación en equipo sigue sien-
do una excepción. Un tercer factor relevante en esta coyuntura consiste en
que el paradigma investigador de las ciencias humanas es distinto del de las
ciencias de la naturaleza; en nuestras disciplinas no tenemos un gran manual,
por ejemplo, de química orgánica, traducido a muchas lenguas, sino muchos
manuales distintos, por ejemplo de fonética, para cada lengua. El resultado
es que el mismo trabajo se hace infinidad de veces y las listas bibliográficas
engordan sin cesar; algo que no parece muy sensato. Una concepción como
la de las Kurze Grammatiken (cf. 9.1.) podría servir para decantar y mejo-
rar el resultado final.

es New Philology; es Kulturwissenschaft?); 3) la vitalidad en el ambiente institu-


cional académico: «En las circunstancias actuales el estudio serio de la lingüística
románica diacrónica vuelve al estatus de disciplina elitista. Pero la calidad de una
comunidad científica y de sus instituciones depende de su voluntad de defender
las disciplinas elitistas» (Lebsanft 2005, 205). Por último, otras voces inciden en
la renovación de los estudios diacrónicos (Stolova 2005, 244; Company Company
2005; Ridruejo 2005; Girón 2005; Álvarez de Miranda 2005).
9 El modelo ha sido más productivo en los estudios rumanos (cf. por ejemplo Aca-
demia Republicii Populare Române 1965; Academia Republicii Socialiste România
1969; Dimitrescu et al. 1978; Berejan et al. 1991; GheĠie 1997).

146
Podría parecer que el problema de la gran cantidad de información dis-
ponible, al que nos referíamos antes y que se considera como el principal
obstáculo para la elaboración de una nueva gramática, es algo reciente y, sin
embargo, ya lo experimentaba Kant:
«Si pretendemos conocer la bibliografía o buena parte de ella, tenemos que leer
mucho. Pero para poder sacar mucho provecho de la lectura hay que leer poco y
bien. El que lee mucho, retiene poco. La inmensa cantidad de libros que se pu-
blican para cada feria es una catástrofe. Se generaliza el deseo de leer mucho y
por encima. Más de un libro que podría provocar una gran revolución, pasa sin
que nadie lo entienda o no llega ni siquiera a leerse» (I. Kant, Vorlesungen über
Philosophische Enzyklopädie, pág. 54, citado en Steinwachs 1991, 146, quien a su
vez cita a partir de Hinske 1964, 134).

Para intentar paliar los efectos negativos de la sobreabundancia bibliográfica


habría que potenciar herramientas y estructuras académicas que sirvan como
condensadores de la información.
«Sería necesario afinar el funcionamiento de los sistemas de recuperación de datos
de bibliotecas y archivos y construir bases de datos en las ciencias humanas en las
que sea posible un acceso temático orientado hacia un problema concreto. Además
el género de los estados de la cuestión, imperdonablemente descuidado en muchas
materias, debería promoverse de manera eficaz» (Steinwachs 1991, 147).

Además, como Kramer (1996, 66) recuerda, el hecho innegable de la gran


masa de información es uno de los argumentos que se esgrimen a favor de
la división en filologías particulares y el punto de partida para la solución no
es la aniquilación de la disciplina, sino la creación de obras que mantengan
la información actualizada. Kramer se queja igualmente de que las secciones
que muchas revistas dedican a las recensiones no son una solución, ya que
frecuentemente llega a haber una fosa temporal demasiado amplia entre la
publicación de una obra interesante y la aparición de la correspondiente
recensión. Incidiendo en este problema una de las respuestas a la circu-
lar de Albrecht Buschmann y Andreas Gelz con motivo de los 10 años de
existencia de romanistik.de (romanistik.de-list@rz.uni-potsdam.de, 28.3.2006)
apunta que «un gran desideratum es la organización de una plataforma de
recensiones de romanística».
Y en nuestra disciplina el problema no se limita sólo a la bibliografía que
aparece cada hora, sino a la inmensa cantidad de textos dignos de atención
aparecidos desde el siglo XIX. Por eso, un instrumento útil para la lingüística
románica y un complemento deseable para una gran gramática histórica sería
una base de datos con los resúmenes de la bibliografía disponibles con accesos
de distinto tipo (cronológico, temático, historia de una determinada polémica
o de una hipótesis concreta…). De nuevo la germanística nos ofrece un mode-
lo en papel con la bibliografía comentada de Ronneberger-Sibold (1989).10

10 Naturalmente, la base de datos en la que estamos pensando ya no tendría un


soporte de papel, sino uno informático. Su arquitectura básica estaría diseñada

147
Las gramáticas existentes no han resuelto este problema de manera sa-
tisfactoria. De hecho, son muy parcas en indicaciones bibliográficas y no
suelen dar entrada a la exposición de las distintas explicaciones dadas a los
fenómenos concretos. Meyer-Lübke afirma que, debido a la gran cantidad
de material que hay que tratar (¡ya en su época!), suprime todo lo que le
parece superfluo:

«Por lo tanto, allí donde era importante he citado a los estudiosos cuyas opiniones
he tomado o, por lo menos, espero haberlo hecho; por el contrario he considerado
conveniente sólo en unos pocos casos citar las opiniones contrarias más importan-
tes y entrar a discutirlas» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VIII).

Girón (2005, 185), ante la constatación de que el romanista de hoy «ya no


puede ser un Vollromanist» se pregunta qué se podría hacer y responde:

«Habría que recoger todos los datos disponibles en un proyecto electrónico: en


una página electrónica un determinado fenómeno podría ser descrito sucintamente
sólo con datos selectos, pero con un hipervínculo con tratamientos monográficos
más detallados […]. En consecuencia, sería deseable que los historiadores de las
lenguas románicas pudiesen disponer on line de una potente base de datos ro-
mánicos y de sus explicaciones más generalmente aceptadas. Se trataría de una
realización necesariamente colectiva, un verdadero trabajo de equipo con un fácil
acceso electrónico».

De momento no existe un proyecto de este tipo, en el que probablemente


muchos hemos pensado o con el que hemos soñado. Y a todos se nos podrían
espetar las siguientes palabras de Varvaro (1997, 35): «Nos hemos limitado
a expresar la certeza de que el ordenador, con sus infinitas posibilidades,
lo arreglará todo: lo cual suena casi como el anuncio de la próxima venida
definitiva del Mesías. ¿Y qué hacemos mientras?».
Antes de poner en marcha un proyecto de grandes dimensiones, como
el imaginado por Girón o el mencionado en la n. 10, convendría ser menos
ambiciosos y más prácticos y ponerse manos a la obra para dar respuesta a
la necesidad planteada por Pharies (2005, 223):

«En mi opinión, nuestro único gran error ha sido la incapacidad de proporcionar


auténticos cursos introductorios a los varios aspectos de nuestra disciplina. En
otras palabras, por varias razones, todas comprensibles pero en última instancia

alrededor de fichas con un resumen breve de las ideas de un autor (o autores)


aparecidas en un texto (perfectamente identificado bibliográficamente) y con rela-
ción a un tema concreto. El trabajo de resumir las ideas está ya hecho (en buena
parte), pero se encuentra desperdigado en multitud de monografías y en infinidad
de recensiones. Por eso, la tarea que habría que afrontar ahora sería la de recoger
esa información, clasificarla (etiquetándola de manera que fuera recuperable de
manera polivalente dentro de la base de datos) y ponerla a disposición de los
investigadores. Los distintos procesos de digitalización de revistas y monografías
antiguas, al igual que la existencia de versiones digitales libres de algunas revistas
modernas permitiría facilitar la recogida de algunos de los materiales.

148
contraproducentes, hemos sido incapaces de encontrar la manera de que nuestra
disciplina proyecte la imagen de ser a la vez interesante y accesible, en otras pala-
bras, de ser simultáneamente una materia fascinante y susceptible de ser aprendida
por un estudiante americano de inteligencia y talento normales».11

Y da unos cuantos detalles de cómo deberían ser estos manuales:

«Tenemos que diseñar estos libros de tal manera que despierten el deseo de los
estudiantes por aprender más acerca de la lingüística histórica, sin tratar de abru-
marlos con nuestra erudición. Para alcanzar este objetivo estas introducciones
tienen que incorporar varias estrategias concretas: En primer lugar, tienen que
ser autosuficientes. No hay que presuponer una gran cantidad de conocimientos
lingüísticos, geográficos o históricos por parte del público al que se dirigen. Todo
lo que sea importante en estos campos tiene que estar incluido en el texto en un
punto en el que permita a los estudiantes aplicar este conocimiento a la parte rele-
vante de la materia. Antes de describir cambios concretos en una lengua románica,
será necesario explicar las causas y los mecanismos del cambio lingüístico. Antes
de abordar la desaparición de las declinaciones en romance, el autor tendrá que
explicar qué eran y cómo funcionaban en latín. En segundo lugar, los autores de
estos textos tendrán que vencer la tentación de presentar demasiado material. En
lugar de incluir todas las familias de lenguas importantes de la tierra, habrá que
escoger las pocas que los estudiantes puedan conocer. En lugar de analizar los
efectos de 50 ó 100 cambios fonéticos, con inventario completo de excepciones, se
puede hacer una selección de los 25 más importantes, con un complemento acer-
ca de la cuestión de las excepciones. En lugar de ocuparse de todos los tiempos
verbales y de todos los casos de cambio analógico, será preferible escoger los dos
o tres tiempos cuya evolución sea lingüísticamente más interesante e iluminadora.
En tercer lugar, habrá que tener en cuenta el nivel lingüístico de los destinatarios.
Se escriba en inglés o en la lengua cuya historia se traza, los autores deberían evi-
tar las estructuras retóricas complejas y pretenciosas o el exceso de vocabulario
técnico» (Pharies 2005, 225).12

En Europa, sin embargo, somos más dados a complicar nuestras disciplinas.


Ante el tercer punto señalado por Pharies, por citar sólo este aspecto, una
reacción posiblemente común a muchos profesores de filología sería la si-
guiente: «si un estudiante de filología no es capaz de entender un manual
escrito con una sintaxis y un léxico ligeramente complicados, ¿qué hace es-
tudiando filología?; ¿y qué hará cuando tenga que leer el Cid?». Dado que
los estudiantes son los que son y saben lo que saben, la resignación del
profesor europeo podría plasmarse en el dicho: «¡con estos bueyes hay que
arar!». Puede que no sepamos por qué un estudiante escoge seguir una ca-
rrera filológica, pero lo que está claro es que, si nosotros no le enseñamos,
difícilmente podrá leer el Cid en versión original, y esta tarea, difícil para

11 El problema parece especialmente grave en Estados Unidos, donde el paradigma


impuesto por Malkiel no favorecía la creación de manuales.
12 Pharies ha hecho realidad el proyecto anunciado en su artículo con la publica-
ción de una historia de la lengua española en inglés y en español (Pharies 2007a;
2007b).

149
un principiante, no hay que hacérsela necesariamente más desagradable de
lo que ya le parece a él. Por otro lado, más que preocuparnos por lo que los
estudiantes saben al entrar en la universidad, hay que presuponer que llegan
a ella con deseos de aprender y que, contando con esto, es posible convertir
a los bueyes en lechuzas.
Si recordamos los comentarios que algunos estudiantes hicieron ante un
fragmento del manual de Lausberg (cf. 8.9.), nos convenceremos de que el
tipo de obras propuesto por Pharies es una necesidad real. El lenguaje críp-
tico y elíptico de muchos manuales de romanística (cf. el comentario de
Malkiel, 8.2.) debería ser sustituido por la explicación clara de todo lo que
el estudiante necesita saber para seguir adelante por su cuenta. Si se nos
permite la inmodestia, un pequeño ejemplo de esta manera de obrar podría
ser el siguiente fragmento:

«El sistema vocálico latino era el siguiente: Ʈ/ư, Ɯ/ƞ, Ɩ/Ă, ǁ/ƿ, Ǎ/Nj. Este orden simé-
trico en el que suelen presentarse las vocales merece una explicación. No se trata
de un capricho, sino que pretende reflejar la disposición de las vocales en el espa-
cio vocálico. En este espacio convencionalmente se representan a la izquierda las
vocales que se articulan en la parte anterior de la boca y a la derecha las vocales
que se articulan en la parte posterior. La [i] es la vocal más anterior y se coloca
en el extremo izquierdo. La [u] es la vocal más posterior y se coloca en el extre-
mo derecho. La [a] se considera una vocal central, lo cual explica su posición en-
tre la [e] y la [o], que son, a su vez, una vocal anterior y una vocal posterior pero
menos extremas que la [i] y la [u]. En el caso de las vocales anteriores se coloca
en primer lugar la vocal larga (Ʈ/ư, Ɯ/ƞ) porque las vocales largas son más tensas y
se sitúan más en la periferia. Por ese mismo motivo el orden es el inverso en las
vocales posteriores (ǁ/ƿ, Ǎ/Nj). En el caso de la vocal central el orden de colocación
de la larga y la breve no es significativo, de tal manera que muchas veces aparece
una sola vocal con los símbolos de larga y breve colocados uno encima del otro;
el motivo es que ninguna lengua románica distingue entre estas dos vocales.
Me he entretenido en la explicación de esta convención para poder señalar que
en todas las disciplinas existen formalizaciones de este tipo, que un neófito debe
aprender si quiere entender los textos que lee. Algunas de estas formalizaciones
no van más allá de meros distintivos del club lingüístico al que se pertenece. Otras,
como la que acabo de presentar, contienen un significado (fonético en este caso)
que es preciso conocer» (Sánchez Miret 2007b, 229–230).

En definitiva, en estos dos primeros apartados hemos puesto de manifiesto


algunas necesidades, no circunscritas exclusivamente al proyecto de una nue-
va gramática histórico-comparativa, aunque sí imperativas para la realización
efectiva de una empresa de esta naturaleza:
1) la necesidad del trabajo en equipo;
2) la necesidad del perfeccionamiento de los sistemas de información;
3) la necesidad de no repetir el trabajo que ya está hecho;
4) la necesidad de buenas obras introductorias para los estudiantes.

150
9.3. Rasgos generales de una nueva gramática

En este apartado se discutirán algunos aspectos de lo que debería o podría


ser una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas (cf.
también Sánchez Miret 2006).

9.3.1. Problemas del modelo tradicional


Al modelo tradicional de gramática histórica se le han señalado dos defec-
tos esenciales: atomismo y falta de historicidad. Por atomismo se entiende
el estudio de los problemas de manera inconexa con el resto del sistema; el
resultado final sería una mera yuxtaposición de microanálisis.
La crítica contra el atomismo es ya muy antigua y se combina con la
de falta de historicidad en las palabras que Elise Richter dirigía a Meyer-
Lübke al iniciar el artículo con el que contribuyó al homenaje dedicado al
maestro:

«La gramática histórica ha hecho abstracción del hecho de que, en realidad, to-
dos estos puntos [Richter se refiere al léxico, la base articulatoria, el significado, el
acento, la formación de palabras, la organización sintáctica, la función y la posición
de las palabras], o la mayoría de ellos, no pueden observarse por separado. Como
consecuencia, nos hemos acostumbrado a analizar la lengua ‹punto por punto›, a
lo alto y a lo ancho, en todas sus proyecciones. Es cierto que, incluso sin contar
con que esta abstracción tiene una justificación interna y fundamental, no había
realmente ninguna otra forma de llegar a descubrir los procesos lingüísticos. Sin
embargo, la gramática histórica, tal y como se ha hecho hasta ahora, no se solapa
con lo que entendemos bajo el concepto de ‹historia de la lengua›. Usted mismo,
admirado y estimado maestro, en su último libro [se refiere a la Historische Gram-
matik der französischen Sprache, pág. VIII] ha señalado que la exposición de la
evolución lingüística ha de ser ‹histórica y orgánica›. La historia de la lengua debe
desempeñar el papel de la fotografía viva; no tiene que ponernos delante piezas in-
dividuales, sino el entero proceso viviente en el que continuamente actúan fuerzas
cambiantes. […] Con otras palabras: historia lingüística a la manera de la historia
de la humanidad, no como clasificación metódica de los acontecimientos, sino como
representación dinámica y coherente de la interacción de todos los factores. Tras la
representación desmembradora de la gramática histórica, nos llama como siguiente
tarea la historia pragmática de la lengua» (Richter 1911, 57–58).13

13 En opinión de Cherubim (21998, 541), el tratamiento aislado de los procesos his-


tóricos se volvió obsoleto cuando ya antes de la II Guerra Mundial, se empezaron
a estudiar las relaciones entre lengua escrita, lenguas especiales y dialectos. Cf.
también Metzeltin/Gritzky (2003). La cita de Richter muestra, de nuevo, que textos
producidos hace casi un siglo manifiestan inquietudes científicas muy similares
a las que dominan nuestro presente, de tal manera que a veces parecería lícito
preguntarse si nuestras filologías no se habrán dedicado más a marear la perdiz
que a dispararle nada más levantar el vuelo.

151
Casi cien años después de estas palabras, Berschin (2003, 35) repite de ma-
nera mordaz la misma crítica:

«Desde el punto de vista de la técnica representativa, la gramática histórica ca-


recía de estructura narrativa: el material lingüístico se clasificaba en función de
una taxonomía universal – por ejemplo, la evolución de á en lat. MÁNU > fr. main
pertenece al capítulo ‹Fonética›, apartado ‹Vocalismo›, grupo ‹Vocales tónicas en
sílaba libre›, subgrupo ‹Contexto nasal› – y se presentaba en un orden cronológico.
Ni rastro de ‹vida› histórica en todo este tinglado de datos».

La conclusión de estas críticas sería que la gramática histórica no es ni gra-


mática ni histórica, con lo cual, a primera vista, quizá sería mejor cambiarle
el nombre. Sin embargo, en lugar de rebautizarla, el estudio evolutivo de las
lenguas se ha separado en dos tipos de géneros textuales científicos. Por un
lado, la gramática histórica se ha concentrado en lo que tradicionalmente se
conoce como historia interna de las lenguas.14 Por su parte, la historia de la
lengua sería el otro género y se dedicaría a la historia externa.
Aunque Diez ya fuera consciente de que no es posible una gramática
comparativa completamente separada de la historia externa (cf. Metzeltin/
Gritzky 2003, 24), su presencia en las gramáticas existentes no ha ido más
allá de algunos capítulos introductorios y, tras dos siglos de investigación, la
lingüística histórica sigue sin encontrar una razonable combinación de estas
dos perspectivas. A pesar de que cada vez son más frecuentes las opiniones
como las de Metzeltin/Gritzky (2003, 29), para quienes

«la lingüística histórica es un campo de investigación que no debería limitarse al


estudio del cambio lingüístico en sí mismo, sino que debería tomar en considera-
ción también el trasfondo histórico general (la historia) y las tendencias evolutivas
generales del hombre (la antropología)»,

se ha demostrado, sin embargo, que es extremadamente difícil correlacionar


de manera clara los fenómenos de cambio lingüístico con fenómenos de
historia externa.15
Dada esta tensión entre distintos objetivos científicos, se ha propuesto
una especialización de los términos diacrónico e histórico, que antes eran
sinónimos (cf. Kabatek 2003; Echenique-Elizondo 2003). La gramática his-
tórico-comparativa, a pesar de su nombre, se ocuparía de un estudio dia-
crónico, es decir, atendería al cambio lingüístico en sí mismo, desligado de
su vinculación a un tiempo concreto y a unas variedades, unas tradiciones

14 La distinción entre historia interna e historia externa procede de Paris (1897/1909),


cf. Berschin (2003). La historia interna (del francés) consiste en «la exposición en
orden cronológico de los cambios que ha sufrido el latín en su fonética, morfología,
léxico y sintaxis desde el momento de su introducción en la Île de France» (Paris
1909/1897, citado en Berschin 2003, 33–34).
15 Un famoso intento en esa dirección son los Orígenes de Menéndez Pidal (cf.
5.3.).

152
discursivas y unas normas precisas. La historia de la lengua, por su parte, sí
sería realmente una disciplina histórica. Esto, sin embargo, no ha de inter-
pretarse como una superación de la gramática histórica (de una sola o de
varias lenguas en comparación); se trata, por el contrario, de una perspecti-
va distinta de afrontar la evolución de las lenguas que se ha impuesto más
tarde en el panorama científico, pero que no sustituye los objetivos de la
gramática histórica (cf. 9.3.3.).
Pero a pesar de todo, parece predominar el balance negativo que hace,
por ejemplo, Swiggers (2003, 59–60) acerca del encuentro entre gramática
comparativa y lingüística histórica en el ámbito romance:

«por un lado, la gramática comparada de las lenguas románicas es de sesgo tradi-


cional, poco inclinada a una mirada dinámica y refractaria a la variación ‹subes-
tándar›; por otro lado, las historias de las lenguas románicas son raramente ‹com-
parativas›, ya que se basan generalmente en la historia de una sola lengua cuyo
análisis con relación a otras se limita al nivel de los contactos e interferencias. Una
segunda constatación necesaria es la de una ‹vida paralela› de la historia interna
y la historia externa en las aproximaciones históricas a las lenguas románicas […].
La tercera constatación consiste en un cierto ‹rechazo› (justificable hasta cierto
punto) de la oralidad y la variación».

Aun admitiendo que Swiggers tiene razón, la concepción que hoy podamos
tener de la gramática histórica sale mejor parada si reconocemos que no se
le puede pedir lo que en realidad no pretende dar.16 La gramática histórico-
comparativa es un género científico orientado hacia una parte concreta de
los procesos de cambio y no quiere ser ni la única aproximación diacrónica
posible, ni un modelo completo del cambio. Básicamente se ocupa de los
dos primeros aspectos que Weinreich/Labov/Herzog (1968) diferencian en
el estudio de los cambios lingüísticos: 1) ¿Qué cambios son posibles dadas
las condiciones concretas (incluyendo los universales) de una fase lingüís-
tica determinada (constraints)? 2) ¿A través de qué fases intermedias pasa
un cambio desde la fase A a la fase B (transition)? (cf. Cherubim/Objartel
1981, 6).
En definitiva, para delimitar el alcance y la validez de la gramática his-
tórico-comparativa conviene ponerse de acuerdo en un modelo completo
de los aspectos históricos de las lenguas y de las perspectivas investigadoras
que deben analizarlos. Oesterreicher (2006) ofrece un modelo de este tipo
al distinguir tres aspectos en la historicidad de las lenguas basados en tres
distintas formas de diferencia lingüística (Oesterreicher 2006, 69):

16 Como se verá inmediatamente, Swiggers alude en el pasaje citado a distintos as-


pectos de la historicidad de las lenguas que Oesterreicher (2006) prefiere separar,
en orden a delimitar distintas perspectivas investigadoras, válidas todas, pero dis-
tintas.

153
1) El primer aspecto cubre todas las manifestaciones que se refieren al cam-
bio lingüístico y a la modificación de determinadas normas discursivas;
en definitiva, abarca el ámbito de lo que se suele llamar la diacronía de
las lenguas y de los discursos y que es objeto de la historia de la len-
gua.17 Este aspecto recibe el nombre de historicidad – cambio lingüístico
(Sprachwandel) (Oesterreicher 2006, 71).
Sin embargo, la diacronía definida en términos lingüísticos no es el
único aspecto de la historicidad de las lenguas. Por el contrario, los dos
siguientes aspectos de la historicidad cubren fenómenos que generalmen-
te (con o sin razón) se encuadran dentro de la sincronía.
2) El segundo aspecto recibe el nombre de historicidad – variación lingüís-
tica (Sprachvariation), y cubre los fenómenos de variación sincrónica de
una lengua; esta variación tiene un fundamento pragmático y se sitúa a
lo largo del continuum de proximidad – distancia comunicativa. Dicha
variación lingüística se manifiesta en la conciencia y la competencia lin-
güística de los hablantes y de los grupos de hablantes y en sus produc-
ciones lingüísticas (Oesterreicher 2006, 72).
3) El tercer aspecto es el que más nos interesa aquí y se refiere a la historici-
dad – diversidad lingüística (Sprachverschiedenheit). Frente a la variación
lingüística, cuya perspectiva es interna, la diversidad lingüística se percibe
desde una perspectiva externa.18 El campo de investigación dedicado a la
diversidad lingüística está en un terreno de nadie entre los intereses de
la diacronía y la sincronía y sus descubrimientos pueden ser útiles tanto
para cuestiones diacrónicas como sincrónicas. Estas investigaciones no se
ocupan de la conciencia lingüística del hablante (el problema pragmáti-
co de la coexistencia de fenómenos lingüísticos) y tampoco del cambio
histórico (los procesos de innovación, formación de reglas y normas en
las lenguas históricas). Sin embargo, desde la perspectiva de la diversi-
dad lingüística se pueden analizar todos los fenómenos relativos a la va-
riación lingüística e igualmente algunos de los fenómenos de diversidad
lingüística se pueden tratar desde el punto de vista del cambio lingüístico
(Oesterreicher 2006, 72).
Oesterreicher ejemplifica los tres aspectos de la historicidad con un fenóme-
no bien conocido de la historia del latín y su evolución a las lenguas romá-
nicas, como es el de las formas verbales que expresan el futuro (aparición
de formas analíticas en latín como fruto de estrategias motivadas cognitiva-
mente, puesta en marcha de procesos de gramaticalización y transformación

17 Oesterreicher no diferencia diacrónico e histórico en el sentido mencionado antes,


sino que propone una redefinición de los conceptos de sincronía y diacronía, que
conduce a una nueva visión de todo el espacio de la investigación lingüística.
18 Los adjetivos interna y externa no tienen aquí nada que ver con el uso tradicional
en los sintagmas historia interna vs. historia externa, cf. n. 14.

154
de las estructuras modales originales en nuevas categorías temporales). La
investigación centrada en la historicidad – cambio lingüístico tiene la tarea
de conceptualizar estos procesos, describirlos detalladamente y documentar
su difusión en los textos. La investigación interesada por la historicidad – va-
riación lingüística se preocupará de describir la coexistencia y la competencia
en un momento dado de la historia del latín entre las nuevas construccio-
nes y otros medios de expresión y procurará relacionar cada forma con sus
variedades y tradiciones discursivas respectivas (Oesterreicher 2006, 72). En
tercer lugar, es posible analizar estos mismos fenómenos desde el punto de
vista de la historicidad – diversidad lingüística. En este caso la tarea consiste
en clasificar las estrategias que subyacen a las nuevas construcciones, en des-
cribir los rasgos especiales de las nuevas combinaciones de auxiliar y lexema
(p. ej. su posición en la frase o su representación gráfica) y en fijar las fases
y los resultados de la reducción del significante (VENIRE HABET > … > venrá
> vendrá). «En principio esto se puede hacer sin tener en cuenta los aspectos
relacionados con el cambio lingüístico y con el contexto concepcional-comu-
nicativo» (Oesterreicher 2006, 74; en cursiva en el original).19
La gramática histórica está en principio interesada en el cambio lingüís-
tico, pero se centra en realidad en la diversidad lingüística, ya que su obje-
tivo consiste en fijar una serie de sincronías ordenadas cronológicamente y
mostrar su relación genética sobre la base de una serie de cambios fonéti-
cos regulares (Oesterreicher 2006, 77, 80). Las gramáticas históricas trabajan
con cortes temporales del tipo latín – francés antiguo – francés moderno. La
comparación entre estas fases, aunque tenga una motivación genealógica, se
basa en última instancia en la diversidad lingüística. En este tipo de obras se
trabaja siempre con entidades idealizadas en dos sentidos:

«no se refieren a la totalidad o a una parte de las variedades y normas de una


lengua coexistentes en un punto temporal concreto y tampoco pueden relacionar-
se con tipos de discurso concretos; en tanto que resultado de procesos históricos
estas entidades presuponen el cambio lingüístico, pero sin que este se analice y se
describa procesualmente (si exceptuamos la comprobación de la continuidad de
los significantes)» (Oesterreicher 2006, 84).

La falta de claridad en la formulación de sus objetivos, o bien la falsa per-


cepción externa de cuáles han de ser dichas metas, ha dado lugar a que se
le hayan hecho los reproches que hemos mencionados antes con citas de

19 Concepcional es una traducción de konzeptionell. En la distinción entre lo oral y


lo escrito Koch/Oesterreicher (1994) distinguen dos puntos de vista. Por un lado, el
punto de vista del medio empleado: así tenemos el medio oral y el medio escrito.
Por otro lado, la concepción del discurso: puede ser una concepción más cercana a
lo oral o más cercana a lo escrito, en función de la situación comunicativa concreta
(en este caso nos encontramos ante un continuum). Gracias a estos parámetros es
posible caracterizar distintos tipos de textos.

155
Richter, Berschin, Metzeltin/Gritzky y Swiggers.20 Teniendo esto en cuenta,
la gramática histórica no sale tan mal parada:

«La interpretación y el juicio de la lingüística histórico-comparativa desde la pers-


pectiva de las tres historicidades que presentamos aquí basándonos en el concepto
teórico de historicidad, son ciertamente críticos, pero permiten a la vez reconocer
que la limitación descrita de la lingüística histórico-comparativa es sólo relativa.
En esta restricción de nuestro juicio radica además el motivo por el que esta
lingüística no puede ser realmente ‹superada›; hay que juzgarla en su marco y a
partir de sus premisas, lo cual permite además resaltar los aspectos correctos que
defiende y que son fácilmente reconocibles, si se conocen las limitaciones seña-
ladas. Este hecho aclara la para muchos sorprendente continuidad de esta disci-
plina y la importancia fundamental hasta hoy de este tipo de análisis lingüístico.
Todo esto se comprueba fácilmente en el masivo uso que de los resultados de
la lingüística histórico-comparativa hacen las corrientes tipológicas, generativas,
cognitivas, la teoría de la gramaticalización e incluso la teoría de la optimidad»
(Oesterreicher 2006, 81).

De cualquier manera, el reconocimiento de los límites exactos de la gramá-


tica histórica no lleva inevitablemente a seguir practicándola de la misma
manera que hasta ahora. El defecto estructural ligado al atomismo puede
corregirse a través de dos tipos de síntesis, tal y como señala Swiggers (2006,
53): en primer lugar, la gramática histórica está en condiciones de decantar
los parámetros con los cuales se pueden comparar las lenguas románicas; en
segundo lugar, la gramática puede estructurarse alrededor de los procesos
generales que han actuado en la historia de estas lenguas (Swiggers men-
ciona la fonologización/desfonologización, el reanálisis, el cambio semántico
o la gramaticalización).
Las gramáticas histórico-comparativas trabajan sobre todo desde la pers-
pectiva de las lenguas codificadas y estandarizadas y usan ocasionalmente
los datos de la variación de la época medieval como testimonios de fases
intermedias en la evolución. Ciertamente una gramática no puede recoger
todos los cambios de todas las variedades, pero puede y debe ofrecer la vi-
sión general suficiente para integrar en un cuadro panromance los cambios
de cada una de ellas.21 La gramática comparativa es un marco explicativo que
intenta resaltar lo general y es una depuradora de las explicaciones propues-

20 Es interesante resaltar además que la distinción de tres tipos de historicidad per-


mite reanalizar una parte de la historia de la romanística, ya que las críticas que se
lanzaron contra los neogramáticos por parte de la dialectología, la onomasiología,
la lingüística idealista o los estudios de lenguas en contacto se refieren a cuestiones
que tienen que ver con los otros dos tipos de historicidad (Oesterreicher 2006,
80).
21 De cualquier modo, una nueva gramática debería aspirar, al menos, a la incorpora-
ción de los datos de las lenguas minoritarias, menos tenidas en cuenta en el canon
de Meyer-Lübke y Lausberg. Como señala Blasco Ferrer (2006), la consideración
de las lenguas minoritarias permite establecer puentes entre las lenguas estan-
darizadas.

156
tas, porque no deja pasar ninguna hipótesis ad hoc elaborada sólo a partir
de los datos de una lengua.22

9.3.2. Teoría
Cualquiera que decida emprender el proyecto de elaborar una nueva gra-
mática histórico-comparativa de las lenguas románicas habrá de afrontar la
cuestión del modelo teórico que empleará para la descripción y la explicación
de sus datos. A este respecto está todavía por ver si es posible invalidar con
obras futuras el siguiente juicio de Malkiel (1960, 399):

«El tipólogo detecta pronto un cierto conflicto entre los ideales de máxima am-
plitud y sutil sofisticación. Excepto en el esfuerzo pionero de Diez y quizá en el
primer volumen de la gramática comparativa de Meyer-Lübke, la búsqueda del
máximo grado de amplitud y, especialmente, de las mayores cotas de exhaustividad
suele coincidir con un pronunciado conservadurismo metodológico».

Sin embargo, las siguientes palabras de Reichmann/Wegera (1993, 4) ponen


de manifiesto que una cierta actitud conservadora sigue pareciendo inevi-
table:

«La base teórica para la gramática ha de ser todo lo uniforme que sea posible
para todas las partes de la gramática, es decir, para la grafemática, la fonética, la
morfología y la sintaxis. Dada la amplia oferta de la lingüística moderna, especial-
mente en teorías morfológicas y sintácticas, hay que escoger aquella teoría que,
en primer lugar, facilite una conexión sin problemas con la teoría gramatical tra-
dicional practicada en la investigación histórica y en esta colección de gramáticas;
una teoría que, en segundo lugar, pueda ser comprendida sin necesidad de muchas
lecturas, tanto por los lingüistas profesionales como por los estudiantes y, sobre
todo, por los representantes de las disciplinas vecinas mencionadas antes y que
frecuentemente carecen de formación lingüística, una teoría, en tercer lugar, que
no vaya por detrás de las opiniones comúnmente aceptadas. Un estructuralismo
moderado puede responder a estas exigencias. Bajo este nombre hay que entender
una concepción lingüística que parte de los textos, determina cuáles son sus unida-
des gracias a métodos controlables, formaliza dichas unidades en abstracciones de
la langue y las describe de tal manera que sus varias realizaciones posibles sean
reconocibles y, por último, las organiza dentro de un sistema. Por supuesto, esta
denominación no corresponde a todos los aspectos de detalle de todos los estruc-
turalismos; sin embargo, una gramática completa, para que pueda ser usada por un
círculo heterogéneo de usuarios, tiene que basarse en una posición teórica basada
en lo que se tiene por seguro. Dicho de otra manera: la gramática, precisamente por
motivo de su aceptabilidad, tiene que ir un paso por detrás de la discusión teórica
actual. Una reformulación de todo el patrimonio de logros formulados de manera
convencional dentro de la lingüística histórica a los términos de una teoría recién
aparecida es algo imposible de hacer por puras razones prácticas».

22 «Desde la perspectiva de una sola lengua todo parece natural; sólo gracias a la
comparación aparecen los problemas» (Togeby 1962, 317).

157
De cualquier modo, una nueva gramática histórico-comparativa no puede
pasar por alto la renovación producida en el ámbito de los estudios diacró-
nicos. Como señala Company, se ha ampliado el concepto de gramática con
la incorporación de: 1) un concepto amplio del significado; 2) la variación
sincrónica; 3) la pragmática histórica centrada principalmente en el papel de
las tradiciones discursivas en el cambio gramatical (Schlieben-Lange 1992;
Jacob/Kabatek 2001; Kabatek 2003); 4) el uso como componente esencial de
la gramática.23 Si a esto le unimos la difusión del funcionalismo (opuesto al
formalismo), nos encontramos ante un «cambio de paradigma en la teoría
lingüística» (Company Company 2005, 153).
La teoría de la gramaticalización, la tipología y la lingüística cognitiva son
elementos de ese nuevo panorama teórico que se adaptan perfectamente a
los objetivos de la gramática histórico-comparativa, ya que son teorías que
requieren por fuerza la comparación dentro y fuera de los límites de una
familia de lenguas (cf. Posner 2001, 542; Ernst et al. 2003a, 4–5; Stolova 2005,
244; Dworkin 2005, 127; Oesterreicher 2006, 70).
Por lo que se refiere a la fonología histórica, una nueva gramática ha de
tener en cuenta de manera mucho más sistemática que hasta ahora las in-
vestigaciones del campo de la fonética, donde radican las causas primeras de
todo cambio fonológico.24
Si hemos de juzgar a partir de las gramáticas analizadas en el capítulo
anterior, las de mayor compromiso teórico, como la de Manoliu o las de
Hall y Agard, son menos útiles como obra de consulta para el investigador
actual (cf. 8.9.). Una nueva gramática guiada 1) por modelos fonéticos co-
mo los que menciona Ohala para explicar los cambios fonológicos; 2) por
la Morfología Natural para comprender la organización y el cambio de los
paradigmas; 3) por la teoría de la gramaticalización y un modelo sencillo de
sintaxis funcional para analizar las evoluciones sintácticas; 4) por los descu-

23 Como puede comprobarse, nos encontramos ante un planteamiento que combina


los tres aspectos separados por Oesterreicher. De cualquier manera, ya hemos
mencionado que los mismos fenómenos pueden analizarse bajo las tres perspecti-
vas. Y la perspectiva de la diversidad lingüística, situada en un punto neutral, puede
aspirar legítimamente a comparar entidades separadas por cortes cada vez más
finos. Aunque es importante mantener la distinción teórica de las tres historicida-
des, la gramática histórica tiene mucho que ganar si amplía su objeto de atención
también a los fenómenos que caen bajo la historicidad – variación lingüística y
elabora sus análisis de tal modo que sean fructíferos para los trabajos centrados
en la historicidad – cambio lingüístico.
24 «Hoy por hoy, las gramáticas históricas o cualquier explicación de universales
fonológicos todavía tienen que cumplir con la exigencia de representar los sonidos
lingüísticos de manera tal que se pueda predecir adecuadamente su comportamien-
to. Para este fin son suficientes los modelos fonéticos existentes […]. Naturalmente
es y será necesario elaborar y revisar los modelos existentes e introducir otros
nuevos en la medida en la que queramos explicar más patrones fonéticos de las
lenguas» (Ohala 2005, 16).

158
brimientos de la lingüística cognitiva para investigar los procesos del léxico;
5) y por la teoría del uso para integrar todas las anteriores,25 podría ofrecer
un balance aceptable entre renovación teórica y fácil accesibilidad para un
público amplio.

9.3.3. Objetivos básicos de una nueva gramática


1) Una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas de-
be aspirar a ser una presentación ordenada y completa de los cambios
fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos que experimentó el
latín en los distintos territorios del Imperio y que han dado lugar a las
lenguas románicas. Este objetivo está ya parcialmente logrado por las
obras precedentes y la tarea de la nueva gramática consiste, por un lado,
en comprobar y completar los datos y, por otro, en diseñar una presen-
tación que sea adecuada a los objetivos siguientes.26
2) El siguiente objetivo es la explicación de los cambios. En este contexto
explicar significa poner de manifiesto cuál de entre los distintos meca-
nismos de cambio lingüístico es el que se pone en funcionamiento en un
caso concreto. Esta parte de la gramática obliga a estar en permanente
diálogo con las teorías del cambio.
3) Aunque no de manera obligatoria, una gran gramática debería hacer jus-
ticia a la investigación precedente acompañando las explicaciones adop-
tadas con el complemento de la presentación y la discusión de las demás
explicaciones que se han propuesto para cada cambio. El resultado de esta
parte se constituiría en una historia de la investigación llevada a cabo en
el campo de la romanística diacrónica (cf. n. 10).
4) Otro producto resultante de la gramática debería ser la individuación y
análisis de los procesos generales que han actuado en la historia lingüís-
tica de las lenguas románicas. Se trataría de dar respuesta a la pregunta
de cómo ha cambiado el latín.
5) La otra cara de la moneda sería la individuación y análisis de los princi-
pios que han intervenido en la separación de las lenguas románicas, que,
a su vez nos daría la lista de parámetros con los que se pueden comparar
estas lenguas.

25 No en balde escribía Horacio, Ars poetica 70–72: «multa renascentur quae iam
cecidere, cadentque / quae nunc sunt in honore uocabula, si uolet usus, / quem
penes arbitrium est et ius et norma loquendi» [= muchas palabras que se habían
perdido renacerán y muchas que ahora están de moda caerán, si lo quiere el uso,
que tiene en sus manos la autoridad, la ley y las normas del habla].
26 «Se constata, en efecto, cada vez que se trata de escribir un libro, que la disposición
de la materia no es sólo un problema pedagógico o de presentación puramente
exterior, sino que la solución de muchos de los problemas que se tratan está ínti-
mamente ligada a dicha ordenación» (Togeby 1962, 316).

159
9.3.4. Aspectos prácticos
Una gramática de grandes dimensiones debería ser una obra de consulta en
la que fuera fácil encontrar la información deseada. El modelo tradicional
(básicamente: vocales, consonantes, morfología nominal, morfología verbal,
sintagma nominal, sintagma verbal, léxico) tiene la ventaja de que es el que
muchos conocemos ya. El reto de la nueva gramática consiste en integrar en
este esquema las síntesis y las interconexiones.
Una gramática que reflejara el estado actual de los saberes básicos com-
partidos por la comunidad científica sería ya un avance, puesto que la última
gran síntesis es ya bastante antigua. Sin embargo, la gramática puede también
hacerse eco de las preocupaciones de la investigación actual. En este sentido,
de una nueva síntesis surge un panorama de los puntos oscuros. Pero aún
sería posible ir más allá, es decir, acompañar la investigación al tiempo que
se va produciendo. Para ello sería necesario dar a la obra una forma que
permitiera la introducción ágil de cambios. Un modelo que hay que inten-
tar es el que ofrecen las wikis. Una consecuencia positiva de una aplicación
del método de trabajo colaborativo de las wikis adaptado a la investigación
científica en el campo de las humanidades sería que no haría falta leer lo
mismo en mil sitios.
Con un soporte informático que permitiera la aparición en la pantalla y
la impresión sólo de las categorías de información deseada por el usuario,
la gramática podría convertirse en una obra que diera respuesta a las distin-
tas necesidades que plantean los diferentes públicos posibles. Podría ser un
obra de consulta, podría ser un instrumento de investigación y podría ser una
introducción para estudiantes. Para ello habría que diseñarla de tal manera
que la información estuviera marcada con distintas categorías27 y el lector
pudiera escoger el tipo de obra que quiere leer.28
La resolución de los problemas técnicos no debería suponer un obstáculo
insalvable. Tampoco debería ser una ilusión irrealizable la colaboración en
una empresa de esta naturaleza, siempre y cuando la técnica permita docu-
mentar cuáles han sido las aportaciones de cada uno (algo que es factible) y
los organismos académicos que han de valorar la producción científica de ca-
da universitario las reconozcan como contribuciones científicas evaluables.

27 Algunas de estas categorías podrían ser las siguientes: 1) descripción breve del
fenómeno; 2) ampliaciones a la descripción; 3) listas de ejemplos; 4) documentación
textual; 5) distribución geográfica; 6) cronología; 7) explicaciones del fenómeno
presentadas brevemente; 8) ampliaciones a las explicaciones; 9) implicaciones con
otros fenómenos; 10) problemas sin resolver.
28 Es inevitable que sigan resonando en nuestros oídos las palabras de Varvaro (1997,
35) citadas antes.

160
10. Historia de los diccionarios etimológicos
de las lenguas románicas

10.1. Tipología de la investigación

La investigación histórico-comparativa del léxico de las lenguas románicas


pretende descubrir cuáles han sido las tendencias generales en la evolución
desde el léxico latino hasta los distintos léxicos de las lenguas románicas. El
primer aspecto que debe estudiar es el alto grado de conservación de léxico
latino; en segundo lugar, debe analizar las diferentes vías de innovación prac-
ticadas por las lenguas románicas, para concluir, por último, con la explicación
del proceso de diferenciación y fragmentación léxica que han experimenta-
do las lenguas románicas. Para Stefenelli (1996, 368) todavía no es posible
una síntesis completa de todos estos aspectos, ya que aún no existen los
suficientes trabajos sistemáticos para cada una de las variedades lingüísticas
románicas que ofrezcan la necesaria base empírica. Además, la presentación
sistemática de los datos cuenta con dos importantes problemas: por un lado,
la historia de cada palabra presenta aspectos particulares, de tal manera que
sólo es posible llegar a formular principios generales tras el análisis de una
inmensa cantidad de material;1 por otro lado, el tipo de documentación con
el que contamos para cada variedad lingüística románica dista mucho de ser
uniforme, con lo cual la comparación que podamos llevar a cabo es cuestiona-
ble. Stefenelli (1996, 368) señala también otro problema metodológico poco
tenido en cuenta hasta hace poco y que consiste en la variación y dinámica
de los diasistemas preliterarios de cada lengua románica: la comparación
llevada a cabo a partir de resultados ya establecidos en cada variedad oculta
toda una fase de competencia entre distintas formas y no es un fundamento
sólido para establecer conclusiones relativas al tipo de latín de la época de
la romanización (por ejemplo, el triunfo del tipo COMEDERE en parte del ibe-
rorrománico no debe llevarnos a creer que el tipo MANDUCARE no estuviera
también bastante extendido y no constituyera una variante sinonímica en el
protoiberorrománico).

1 Posner (1980, 190) también señala que la complejidad del material, que ofrece un
campo de trabajo agradable para los investigadores de orientación más filológica,
habría impedido sin embargo la elaboración de un marco teórico y metodológico
coherente.

161
Las investigaciones relativas a la diacronía del léxico, cuyo marco general
acabamos de trazar, pueden concentrarse en realidad en aspectos muy varia-
dos: estudios onomasiológicos, atención especial a la etimología, a la historia
semántica, a la historia cronológico-textual de la palabra, estudios sobre los
préstamos, sobre las nuevas creaciones, sobre la distribución geográfica de
las palabras, sobre la relación entre los avatares léxicos y la historia social;
otras aproximaciones posibles son el análisis de la diferenciación léxica de
las lenguas románicas (Rohlfs 1960/1954; 1971; Lüdtke 1974/1968) o la de-
terminación del léxico básico de una lengua.
De entre los distintos géneros de investigación histórico-comparativa del
léxico vamos a concentrarnos en los diccionarios etimológicos, ya que, como
afirma Zamboni (1988/1976, 256), son
«la meta ú l t i m a y, en muchos aspectos, la más difícil y compleja de la etimolo-
gía […], la ambición suprema de los etimólogos y de los lexicólogos históricos es
proporcionar una ilustración completa y exhaustiva, hasta donde sea posible, de
todo el léxico de una lengua o de un grupo de lenguas afines, que, más allá del
resultado científico en sí, constituye una especie de puntualización sobre el estado
de la investigación en este sector particular y la premisa indispensable para pos-
teriores valoraciones de carácter sistemático».

Por lo tanto, no nos ocuparemos de las múltiples vertientes posibles del estu-
dio diacrónico del léxico y ni siquiera trataremos de la disciplina etimológica
en su conjunto; para esto último, cf. Malkiel (1996/1993).2
Malkiel (1976) nos ofrece un análisis tipológico de los diccionarios eti-
mológicos y para ello usa ocho rasgos distintivos.3
1) La profundidad temporal: los diccionarios pueden retrotraer el origen
de las palabras a distintos niveles temporales (p. ej. el latín o el indoeu-
ropeo). En este sentido se habla dentro de la romanística de etimología
próxima vs. etimología remota.
2) La dirección del análisis etimológico puede ser prospectiva (p. ej. desde
el latín a las lenguas románicas) o bien retrospectiva (p. ej. partiendo del
portugués moderno se busca el origen de cada palabra en latín, griego,
árabe, provenzal, etc.).4

2 En líneas generales, Malkiel tiene una opinión de los diccionarios etimológicos


bastante menos entusiasta que la de Zamboni. Para Malkiel forman parte de una
primera fase de la investigación etimológica, que debería dar paso a un segundo
momento dominado por las monografías dedicadas a palabras individuales o a
grupos concretos de palabras. Tanto es así, que Malkiel llega a reprochar a la
sociedad de los años 90 el fomento de la producción de diccionarios, frente a las
monografías.
3 Puede verse una presentación más breve de sus ideas en Malkiel (1990). Para una
sucinta aproximación a la metodología de las investigaciones léxicas del propio
Malkiel, cf. Posner (1980, 181).
4 Como veremos al final de este capítulo, el DÉRom (Dictionnaire Étymologique
Roman) opta por una presentación prospectiva pero su objetivo es en realidad

162
3) El campo de trabajo: un diccionario puede decidir limitarse a investigar
la parte del léxico que una o varias lenguas han dado a la(s) lengua(s)
objeto de estudio (p. ej. se puede estudiar el léxico rumano de origen la-
tino, dejando fuera el léxico eslavo, griego, turco, albanés, húngaro, etc.);
desde el punto de vista de la(s) lengua(s) objeto de estudio el dicciona-
rio puede delimitar su campo de atención de maneras muy variadas (p.
ej. puede concentrarse en la lengua literaria o incluir algunas variedades
dialectales, puede tratar sólo algunos miembros importantes de una fa-
milia de lenguas o bien incluir todas las variedades conocidas, etc.).
4) La estrategia lexicográfica: la materia puede aparecer en el diccionario sin
ninguna división o puede organizarse cronológicamente,5 también pue-
den separarse las palabras comunes a toda o gran parte de una familia
de lenguas distinguiéndolas de aquellas que se encuentran sólo en algu-
no de sus representantes. En este terreno Malkiel imagina algunas posi-
bilidades que no se han llevado a la práctica, como la que consistiría en
separar las palabras latinas atestiguadas de las reconstruidas o bien las
bases latinas transmitidas por vía popular de las que se han incorporado
a las lenguas romances por vías cultas.6 Al criterio de la estrategia lexi-
cográfica le corresponden también decisiones importantes acerca de la
inclusión de variantes, compuestos y formas derivadas,7 así como acerca
de la extensión ideal del trabajo y de los procedimientos empleados pa-
ra ahorrar espacio.
5) La estructura de cada entrada plantea un problema central: «¿Qué debe-
ría funcionar como la unidad (‹entrada›) ideal: la familia léxica con todas
sus ramificaciones morfológicas o la palabra individual, con una atención
detallada a todos sus matices semánticos y a sus metamorfosis?» (Malkiel
1976, 4). La separación de cada miembro de una familia en una entrada
distinta es científicamente poco útil, pero tiene la ventaja de favorecer
las consultas. Naturalmente, nos encontramos con diccionarios que buscan
algún tipo de compromiso entre los dos extremos. Otros aspectos relativos

retrospectivo, ya que pretende servir para la reconstrucción del protorroman-


ce.
5 Acerca de los diccionarios cronológicos, cf. Kesselring (1990). Con este tipo de
diccionarios se puede estudiar, entre otros aspectos, la dinámica del léxico en
función del número de primeras dataciones en épocas distintas, también se puede
analizar la historia de la productividad de determinados modelos de formación de
palabras o el impacto en el léxico de factores de la historia externa.
6 Sería igualmente importante distinguir entre los préstamos cultos y los préstamos
interrománicos. El desarrollo de los estudios dialectales es el responsable de la
notable diferencia que se observa entre el diccionario de Diez y el REW a la hora
de incluir informaciones sobre los préstamos interrománicos (Malkiel 1976, 64).
7 En un diccionario etimológico de las lenguas románicas habría que diferenciar, en
la medida de lo posible, los derivados latinos de los románicos. Para las dificultades
de esta separación, cf. Pfister (2003, 312).

163
a la estructura de las entradas son el orden en el que se presentan los
resultados de las distintas lenguas y la distribución espacial de los datos
y las explicaciones. Por otra parte, la manera de señalar el étimo es dis-
tinta en los diccionarios existentes y las posibilidades que Malkiel (1976,
54–61) señala son las siguientes: a) el autor simplemente indica la pala-
bra originaria (o bien, indica que el origen es desconocido); b) el autor
señala el étimo y da alguna rápida indicación sobre su contexto cultural
o hace un breve comentario histórico; c) el autor señala cuál es el étimo
más probable, pero señala también las posibilidades alternativas e inten-
ta ordenarlas en función de su plausibilidad; d) el autor considera que
una explicación es plenamente satisfactoria (o casi) y rechaza todas las
demás (mencionándolas y, frecuentemente, refutándolas de manera ex-
plícita); e) el autor abraza una solución, pero ofrece suficiente material
bibliográfico para que el lector pueda investigar las opiniones contrarias;
f) el autor presenta con cierto detalle la discusión anterior y aboga por
una hipótesis (propia o ya existente).
6) La amplitud de perspectiva: el diccionario puede incluir un mayor o me-
nor grado de información auxiliar o contextual (p. ej. información histó-
rico-arqueológica, geográfico-dialectológica, datos de documentación fi-
lológica, análisis fonético, morfológico, sintáctico, semántico, estilístico y,
sobre todo, información bibliográfica acerca de otras opiniones).
7) El alcance: cada lexicógrafo efectúa una selección particular del material
(las palabras escogidas pueden ser las más frecuentes, las más antiguas,
las pertenecientes al registro coloquial, o literario, las provenientes de
una fuente concreta, como los arabismos en español, o las de una obra,
autor o época literaria).8
8) El carácter del diccionario en función del objetivo perseguido por su au-
tor y del nivel empleado en la redacción.

10.2. De la etimología-origen a la etimología-historia de las palabras

Los dos grandes puntales de la romanística, Diez y Meyer-Lübke, produjeron


no sólo una gramática histórica (cf. cap. 8.), sino también un diccionario eti-
mológico de las lenguas románicas (cf. 10.3. y 10.4.), con lo cual abarcaron el
ámbito completo de la diacronía románica tal y como se concebía en su época.
En ambos casos la gramática histórica fue un producto anterior y básico para
la elaboración del diccionario etimológico, dado que la etimología sólo consi-
guió convertirse en una ciencia al basarse en el conocimiento de la clasifica-

8 Un diccionario puede concentrarse en una época determinada dentro de la historia


de una lengua o bien el mismo proyecto lexicográfico puede dividirse en distintas
épocas. Acerca de los diccionarios por épocas de las lenguas románicas, cf. Müller
(1990).

164
ción genealógica de las lenguas investigadas y en la elaboración de la fonética
histórica, la morfología histórica y la historia de la formación de palabras, que
permiten separar las voces patrimoniales de los cultismos (Pfister 2003, 311).9
En este capítulo analizaremos los diccionarios de Diez y Meyer-Lübke,
que son los únicos panrománicos. Tras el Romanisches etymologisches Wör-
terbuch (REW) de Meyer-Lübke empezaron a aparecer otras obras cuya
perspectiva comparativa no alcanzaba a toda la Romania, pero que supu-
sieron una importante modificación en el panorama de la etimología de las
lenguas románicas. Nos referiremos especialmente al diccionario etimológi-
co del francés de Walther von Wartburg, al del italiano de Max Pfister y a
los diccionarios etimológicos del español y del catalán de Joan Coromines
(Corominas) (cf. 10.5.). Para terminar, presentaremos un nuevo proyecto de
diccionario panrománico (cf. 10.6.).
A diferencia de lo que sucedió con la gramática histórica, la investigación
etimológica dentro de la romanística no se construyó siguiendo el modelo
de los estudios indoeuropeos, sino que fue desde el principio un terreno en
el que la romanística lideró el avance de la ciencia (Bork 2001, 553). En los
diccionarios de Diez y Meyer-Lübke la metodología se sustentaba en la fo-
nética histórica, que se había desarrollado extraordinariamente en el siglo
XIX. Más tarde, en la primera mitad del siglo XX se desarrollaron también
dentro de la romanística nuevas disciplinas que contribuyeron a modificar
la investigación etimológica: la semántica, la lingüística geográfica, la historia
de las palabras, la onomasiología, la etnolingüística y la investigación de los
sustratos y superestratos (Pfister 2003, 316). El resultado de este desarrollo
podemos ejemplificarlo con la comparación entre el REW y el diccionario
etimológico del francés de Wartburg. Mientras que el REW es el modelo de
diccionario orientado por la metodología de la etimología-origen, el diccio-
nario de Wartburg adopta la perspectiva de la etimología-historia de las pa-
labras.10 Esta evolución, que ya preveía de alguna manera Meyer-Lübke en
el prólogo al REW, ha hecho que los diccionarios etimológicos aumenten de
volumen y se orienten hacia la perspectiva monolingüe.

9 En el caso de Diez, la colaboración entre gramática histórica y etimología fue una


constante, ya que a lo largo de su vida revisó en varias ocasiones ambas obras, con
lo cual las dos salieron beneficiadas (cf. Malkiel 1996/1993, 24). Una nueva vía de
colaboración se abre hoy en día gracias a la lingüística cognitiva y a la teoría de la
gramaticalización, que han dado lugar a una semántica histórica que tiende puentes
entre gramática y léxico. A la búsqueda de generalidades en el cambio semántico
se dedica el proyecto del DECOLAR (Dictionnaire étymologique et cognitif des
langues romanes, http://www.uni-tuebingen.de/decolar/), ideado por Peter Koch y
Andreas Blank †) (cf. Blank/Koch/Gévaudan 2000).
10 A este proceso contribuyó también decisivamente el discípulo de Wartburg, Kurt
Baldinger (cf. Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 198–199). Sin embargo, para Mal-
kiel (1976, 11) los diccionarios etimológicos y los diccionarios históricos siguen
perteneciendo a dos tipos distintos de investigación.

165
En opinión de Zamboni (1988/1976, 171), en la romanística la etimología
no puede limitarse al planteamiento etimología-origen ; dado que dispone-
mos de abundante material textual, el objetivo de la etimología románica
ha de ser la estratificación histórica y el análisis del proceso de sustitución
de unas palabras por otras. Por eso, como Pfister reconoce, un nuevo REW
debería basarse en la ampliación de perspectivas lograda con los dicciona-
rios monolingües y en el meticuloso avance de sus investigaciones (cf. Pfi ster
2003, 317, donde se mencionan los proyectos en marcha más importantes);
en consecuencia, para Pfister un diccionario etimológico moderno «inves-
tiga la historia y las relaciones genéticas de las palabras individuales e in-
tenta mostrar, además de la etimología, también el cambio de significado
y la historia de la palabra dentro de la evolución de una lengua concreta»
(Pfister 2003, 309).

10.3. El diccionario etimológico de Diez

Friedrich Diez publicó en 1853 la primera edición de su Etymologisches Wör-


terbuch der romanischen Sprachen, Bonn, Marcus. En vida de su autor apa-
recieron dos nuevas ediciones ampliadas (21861 y 31870). Tras la muerte de
Diez vieron la luz otras dos ediciones (41878, 51887) y dos índices.11
En el prólogo a su diccionario Diez se aparta del método acrítico que
había dominado el acercamiento a la historia de las palabras desde la An-
tigüedad hasta el siglo XIX y defiende la aplicación del método crítico, que
se basa en la observancia estricta de los principios de la fonética, que só-
lo pueden abandonarse en el caso de algunas excepciones patentes (Pfister
2003, 311); de hecho Diez afirma que «la etimología tiene su base científica
en la fonética: el etimólogo debe tenerla en cuenta en cada paso que da»
(Diez 1853, XIX).
Diez atiende, al igual que en la gramática, a las seis lenguas de cultura y
ocasionalmente también a otras variedades menores.12 Por otro lado, exclu-
ye de su diccionario las palabras que se explican fácilmente desde el latín,
como por ejemplo los herederos de CAELUM, AMOREM, MARE, TERRAM, VIVIT,

11 De la quinta edición y del índice existe una reimpresión (Hildesheim/New York,


Olms, 1969). Apareció también una traducción al inglés: An Etymological Diction-
ary of the Romance Languages: Chiefly from the German of Friedrich Diez, by T.C.
Donkin, London, Williams & Norgate, 1864. Para una historia editorial completa,
cf. Bork (2001, 552, 555).
12 En el prólogo menciona en dos ocasiones la importancia del material procedente
de los dialectos, en el que podemos encontrar explicaciones a cambios fonéticos y
semánticos, y se lamenta de que no todos los dialectos estén bien estudiados (Diez
1853, IV, VII).

166
MORITUR, AMAT, y que, por lo tanto, no aportan mucho a la investigación es-
trictamente etimológica (cf. Bork 2001, 553).13
El diccionario de Diez tiene una estructuración en dos partes que los
diccionarios siguientes no iban a seguir. La primera parte incluye las pala-
bras que se documentan en toda o en casi toda la Romania y aparecen ma-
yoritariamente lematizadas bajo la forma italiana. En la segunda parte nos
encontramos con una división de la Romania en tres grupos ejemplificada
casi siempre con las palabras de las lenguas más importantes de cada grupo
(italiano, español y francés). En su obra Diez no concede ninguna posición
especial al rumano y sólo lo incluye por motivos comparativos, lo mismo
que el romanche.
Diez pone de manifiesto que esta estructuración del diccionario en dos
secciones debería servir para reconocer rápidamente cuál es la parte del
léxico común a las lenguas románicas y cuáles son los elementos particu-
lares.14 En el prólogo al diccionario Diez analiza también la influencia de
otras lenguas e insiste en el papel predominante del léxico latino: «Uno de
los fundamentos de la investigación léxica de las lenguas románicas consiste
en prestarle la debida atención a este componente» (Diez 1853, XVIII).
Aunque Diez se auto-impone una cierta parquedad en la redacción de
los artículos, el producto es frecuentemente un texto legible que no se limi-
ta a indicar el origen de la palabra. El autor expone la hipótesis etimológica
que él adopta, discute las hipótesis contrarias y en muchas ocasiones entra
en aspectos de la evolución fonética, morfológica o semántica de la palabra
(Malkiel 1976, 43; Bork 2001, 554–555).
Por último, Bork (2001, 555) señala cuáles son las decisiones tomadas
por Diez para la elaboración de su diccionario que han configurado la esen-
cia de los diccionarios que se harían tras él: 1) atención estricta a las reglas
fonéticas; 2) predominio de las lenguas literarias (esto conlleva que la italo-
rromania esté representada sólo por una palabra, mientras que la galorroma-
nia lo está por dos, procedentes del provenzal y del francés); 3) la búsqueda
etimológica no va más allá del latín y de las lenguas germánicas (etimología
próxima vs. etimología remota);15 4) Diez escoge de manera crítica entre

13 El DÉRom adopta un planteamiento radicalmente distinto al de Diez e incluirá


el análisis de las palabras CAELUM, MARE, TERRA, MORIOR y VITA (cf. 10.6.).
14 Las posibles incongruencias de esta división quedan resueltas, como el mismo Diez
señala, gracias a la presencia de los índices.
15 Giacomo Devoto querría que la investigación etimológica no se encerrara en el
latín, sino que se proyectara hacia atrás hasta donde fuera posible (cf. Zamboni
1988/1976, 262; Malkiel 1990, 1331). Sin embargo, lo que es esencial para los ob-
jetivos y los límites de la romanística es fijar la situación del étimo en la historia
del latín (siempre que dicho étimo haya estado ya presente en esta lengua); es
decir, se trata de investigar el significado de la palabra en latín, su relación con
otras y sus valores pragmáticos, en definitiva, todo aquello que sea relevante para

167
las explicaciones presentadas y no suele indicar quién es el autor de la ex-
plicación aceptada.

10.4. El REW

Meyer-Lübke publicó en fascículos entre 1911 y 1920 la primera edición de


su Romanisches etymologisches Wörterbuch, Heidelberg, Winter. Entre 1930
y 1935 apareció una tercera edición completamente reelaborada (la segunda
edición de 1924 reproduce la primera; la edición de 1935 se ha reimpreso
en 1968 y 1972).
Meyer-Lübke señala en el prólogo a la tercera edición que el material
que habría que tratar se había vuelto ya infinito y que, en consecuencia, ha-
bía que escoger.
Para Meyer-Lübke la etimología es la investigación del origen de una
palabra. Reconoce que con el tiempo el interés por las palabras ha ido más
allá de su origen y se ha ampliado hacia lo que se puede llamar la «historia
de las palabras», es decir la presentación de su expansión en el espacio y en
el tiempo, de su participación en derivaciones y composiciones y la investi-
gación de su desaparición y sustitución por otras. Todo esto, en opinión de
Meyer-Lübke, no cabe en un diccionario etimológico, que necesariamente ha
de seguir concentrándose en el origen de las palabras.
Frente a las intenciones más comparativas de Diez, el objetivo que se
propone Meyer-Lübke con su diccionario es el siguiente: recoger y ordenar
críticamente las investigaciones etimológicas particulares e intentar solucio-
nar algunos problemas concretos o, al menos, formular las preguntas nece-
sarias para intentar resolverlos. En definitiva, en la intención de su autor la
obra debería servir de base fiable para todos los estudios que presuponen la
etimología de una palabra.16
El alcance del REW se delimita en torno a todo el léxico heredado del
latín. En el caso de palabras de otros orígenes el REW las recoge si están
documentadas en varias lenguas17 y también incluye los cultismos más anti-
guos. El diccionario analiza todas las lenguas románicas (en el orden: ruma-
no, dalmático, italiano, sardo, engadino, friulano, francés, provenzal, catalán,

hacernos comprender su historia desde el latín, que es el punto de partida que


nos hemos fijado, hasta las lenguas románicas de hoy.
16 En este sentido, el REW supone una clara superación de su predecesor, el diccio-
nario de Körting (31907), del que toma, sin decirlo, algunos aspectos formales que
no encontramos en el diccionario de Diez, como son: la ordenación alfabética de
los étimos latinos, la numeración de los lemas, el uso del asterisco para las formas
no atestiguadas y la creación de un índice con todas las voces románicas. Para un
equilibrado juicio del olvidado diccionario de Körting, cf. Bork (2001, 556–558).
17 Esto último no se aplica a los germanismos (cf. Bork 2001, 558).

168
español, portugués) e incluye igualmente los datos de los dialectos, si no hay
testimonio en la lengua literaria o cuando la forma dialectal tiene algún in-
terés especial. De hecho, el grado de incorporación de los datos dialectales
supone un importante avance con respecto a Diez.18
La ordenación del diccionario es alfabética y los lemas son las formas
base de las palabras.19 Un problema que todos los diccionarios se plantean
y que no tiene fácil solución consiste en el tratamiento de las palabras de-
rivadas y compuestas. A este respecto, Meyer-Lübke decide incluir como
lema sólo los derivados y compuestos realmente atestiguados y prefiere no
suponer la existencia en latín de casos que podrían haberse desarrollado en
romance (cf. Bork 2001, 559). Esta separación de las palabras complejas que
continúan formas latinas frente a las creaciones románicas es una de las ma-
yores novedades de la obra (Malkiel 1976, 43).
Por comparación con el diccionario de Diez, el REW dio grandes pasos
hacia la formalización de la presentación en cada entrada. En el REW pre-
dominan los datos sobre las explicaciones y los argumentos en contra de las
hipótesis no aceptadas en el diccionario se expresan de una manera lacónica
(p. ej. «falla en el significado» o «insostenible en la forma»).
El REW contiene un índice en el que se reúnen alfabéticamente las for-
mas románicas (815–1153) que, en opinión de Malkiel (1976, 68), debería
haber estado subdividido para contribuir mejor al estudio comparativo. Es-
te índice va seguido de otros en los que se recogen las palabras de distintas
lenguas: albanés, lenguas amerindias, árabe/hebreo/persa, lenguas asiáticas,
vasco/lenguas prerromanas de la Península Ibérica, beréber, lenguas germá-
nicas, griego, céltico/ligur, húngaro, lenguas eslavas/lituano, turco. También
incluye una lista de nombres propios y otra de onomatopeyas y palabras del
lenguaje infantil. El último índice es de carácter semántico y lleva el título
«Alemán-Romance»: los términos alemanes sirven para indicar un determi-
nado concepto y van seguidos de los lemas latinos donde el lector puede
encontrar información al respecto (p. ej. blind ‘ciego’: aboculis, orbus, strabus,
stella, surdus, turpis, varius).
Aunque el REW se considera una piedra angular de la romanística, no
faltan tampoco las críticas a esta obra:

«De las revisiones de las hipótesis de Diez propuestas por Meyer-Lübke, su prin-
cipal seguidor, se calcula que una de cada diez, aproximadamente, representó un

18 Jakob Jud desempeñó un importante papel en la elaboración del método de la


etimología románica apoyada en datos dialectales (cf. Pfister 2003, 314–315). En el
uso de los materiales dialectales se ha producido una evolución: desde su escasa
presencia en Diez pasamos a un «desbordamiento» en el REW hasta llegar a una
«inundación» en el FEW (Malkiel 1976, 51).
19 En su recensión a los primeros fascículos del REW, Jud exigía una agrupación del
material por familias de palabras y una ordenación onomasiológica (cf. Bork 2001,
560).

169
paso atrás. Y peor aún: este mismo especialista, a la hora de pulir y actualizar un
trabajo anterior suyo con el fin de publicarlo de nuevo, incurrió en algunos errores
y produjo una obra inferior a la original» (Malkiel 1996/1993, 71).

Más en general, Malkiel (1996/1993, 36–37) hace un balance negativo de


la aportación de los neogramáticos a la etimología. Aunque es cierto que
contribuyeron a hacer más clara la separación entre palabras patrimoniales
y cultas, su base argumental, sin embargo, estuvo demasiado centrada en la
forma de las palabras estudiadas;

«resulta decepcionante la incapacidad con la que los neogramáticos parecen ha-


berse ocupado de cambios fonológicos generales (disimilación, haplología y de-
más) y de los efectos del fonosimbolismo, en lo que al quehacer etimológico se
refiere. No supieron hacer plena justicia a las historias de palabras individuales
y, en particular, no prestaron la debida atención al aspecto representativo de la
historia semántica, a la localización de palabras en el mapa geográfico y a los
dialectos sociales, ni tampoco a la coexistencia generalizada de variantes, por no
mencionar las cuestiones de ‹estilo en el lenguaje› y los niveles de formalidad»
(Malkiel 1996/1993, 37).

Por este motivo Malkiel valora muy positivamente la introducción de Diez a


su diccionario en la que aporta ideas innovadoras en torno a cuestiones co-
mo el fonosimbolismo (Naturausdruck), la etimología popular (Umdeutung),
los dobletes (Scheidewörter), las contaminaciones (Mischung der Stämme),
los efectos de la asimilación, la disimilación y la haplología (Vereinfachung
scheinbarer Reduplikation) y la formación de adjetivos y sustantivos dever-
bales.
Por su parte, Zamboni (1988/1976, 259) menciona las vías de mejora del
REW señaladas por Piel (1961):

«la necesidad de revisar numerosos étimos, de incluir elementos que faltan, entre
ellos numerosos prototipos no latinos, o prelatinos, de suprimir el material enve-
jecido y de añadir una cantidad notable de nuevos hallazgos, se suma a la exi-
gencia de una revisión crítico-metodológica que va desde la puntualización de la
semántica hasta la distinción de los estratos (griego, germánico, etc.), desde una
clasificación más rigurosa de los lemas y de las formas derivadas hasta una mayor
apertura a los datos de la onomástica y un índice onomasiológico y conceptual
más detallado, que permita la reunión de todos los significantes bajo la noción
correspondiente, además de un índice perfeccionado de las formas de acuerdo
con la fonética, la morfología (sufijos y prefijos), la onomástica, la semántica, la
etimología».

10.5. Después del REW

La investigación etimológica panrománica se estancó tras la publicación de la


tercera edición de la obra de Meyer-Lübke en 1935. El intento de actualizar
el REW promovido por Piel no llegó a cuajar. En opinión de Bork (2001,

170
561), un proyecto de esta naturaleza no tendría mucho sentido, ya que haría
que el REW dejara de ser un manual al alcance de cualquier romanista inte-
resado en la etimología para hacerlo entrar en competencia con los grandes
diccionarios de cada una de las lenguas particulares, una competencia en la
que tiene la partida perdida.
En el XXI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica
(Palermo, 1995) se presentó otro intento de crear un nuevo REW con el tí-
tulo de Petit lexique étymologique panroman (Chambon/Sala 1998). Ya en la
presentación del proyecto en Palermo Alberto Varvaro mostró dos aspectos
problemáticos: por un lado, no hay un consenso acerca de la metodología
etimológica y, por otro, no está claro qué se le puede pedir hoy a un diccio-
nario de estas características; en su opinión, antes de emprender un proyecto
de esta naturaleza habría que aclarar estos dos puntos.
Frente a este desánimo ante la etimología panrománica hay que cons-
tatar en el siglo XX un notable impulso de las grandes obras etimológicas
dedicadas a dominios lingüísticos más reducidos. Algunas de estas obras in-
cluyen en realidad una buena dosis de perspectiva comparativa, son las ba-
ses para una futura obra panrománica y merecen, por lo tanto, un espacio
en este capítulo.20
A partir de 1920 se puso en marcha otro tipo de diccionario etimológico,
cuyo paradigma es el Französisches etymologisches Wörterbuch (FEW) de
Walther von Wartburg y que consiste en una obra que mezcla el diccionario
etimológico clásico con el diccionario histórico y con el tesauro léxico.21 De
hecho, en la romanística el FEW supone el paso de la etimología-origen a la
etimología-historia de la palabra, tal y como habían planteado lingüistas como
Schuchardt, Gilliéron, Jud o Meillet, y se ha convertido en el modelo domi-
nante de la investigación etimológica durante el siglo XX.22 El modelo pro-

20 Cf. información sobre otros diccionarios etimológicos de los distintos dominios


románicos en Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 211–240) y en los volúmenes res-
pectivos del LRL.
21 Wartburg empezó a trabajar en el proyecto en 1910. Una rápida información sobre
la génesis del FEW puede leerse en Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 209). De he-
cho, la obra lleva el subtítulo Eine Darstellung des galloromanischen Sprachschatzes
(= Una representación del tesoro léxico galorromance), con el que Wartburg quería
hacer patente su intención de acumular los datos de la lexicografía del francés, del
francoprovenzal, del occitano y del gascón.
22 En el prólogo al primer volumen del FEW Wartburg explicitaba este paso de la
etimología (= Etymologie) a la historia de las palabras (= Wortgeschichte), pero
explicaba que había decidido conservar el término tradicional para el título de su
diccionario siguiendo el modelo de Schuchardt, que llamó también «Etimologías
románicas» a sus innovadoras investigaciones (Wartburg 1948/1922–1927, V). En
la concepción de Wartburg el FEW no es un diccionario filológico, sino un diccio-
nario lingüístico: por un lado, se distingue de los diccionarios filológicos porque
no contiene citas; por otro, se diferencia de los otros diccionarios etimológicos
porque está concebido como un tesauro. En el prólogo al volumen 3 Wartburg

171
movido por el FEW se caracteriza por la atestación cuidadosa y exhaustiva
de cada forma en todas las variedades de una lengua o grupo de lenguas y a
lo largo de la historia, a lo cual se añade, a partir del volumen 2, una mayor
atención que sus predecesores al cambio semántico (Pfister 2003, 313).23
Desde el punto de vista del alcance de la obra hay pocos diccionarios eti-
mológicos que aspiren a una virtual exhaustividad y el FEW es uno de ellos
(Malkiel 1976, 40). Este propósito queda patente en las propias palabras de
Wartburg (1948/1922–1927, XI):

«Originalmente yo pretendía como ideal que el FEW recogiera y analizara histó-


ricamente todas las palabras que han sonado en el territorio galorrománico desde
la caída del Imperio Romano hasta hoy, siempre y cuando hayan dejado huella
en alguna de las fuentes».

En el prólogo Wartburg explicaba que en los primeros años del FEW y du-
rante la Primera Guerra Mundial las circunstancias no fueron muy favorables,
pero expresaba su confianza en ser capaz de abarcar todo su objetivo y su
convencimiento de haber diseñado una red de datos de la que se le escaparan
muy pocos elementos importantes.
En proyectos tan largos como el FEW la estrategia lexicográfica puede
cambiar a lo largo de la elaboración. Así este diccionario empezó con un sis-
temático orden alfabético, pero en los últimos años aparecieron volúmenes
autónomos dedicados a partes concretas del léxico, como las bases germáni-
cas o la palabras de origen desconocido o absolutamente controvertido.

insistía en que la presentación del material no estaba sometida a un esquema


rígido, sino que se acomodaba en cada caso a la mejor manera de presentar las
conexiones entre los elementos analizados. Para Wartburg esta primera parte de
cada entrada era mucho más importante que la discusión puramente etimológica
y se quejaba de que muchos críticos se fijaran sólo en la parte etimológica: «Quizá
habría sido mejor si hubiera escogido otro título, como Thesaurus Galloromanicus,
tal y como propone Rohlfs. Sin embargo, sigo creyendo que es válida la ampliación
del concepto de etimología que se esconde en el título de mi obra» (Wartburg
1949/1934, III). En el prólogo al volumen 2.1 Wartburg constataba que muchos
no habían entendido la intención de su obra: «No habría que hacer hincapié de
manera unilateral en el adjetivo ‹etimológico›. El título de la obra quiere poner
de manifiesto que el diccionario ofrece una visión de conjunto del acervo léxico
galorrománico y que su contenido está estructurado de manera que queden claras
las relaciones genealógicas entre las distintas palabras, las formas y los diferentes
matices semánticos» (Wartburg 1949/1936–1944, III).
23 Para otras innovaciones teóricas del siglo XX en el campo de la etimología, como
la «etimología orgánica» de Vidos o los «campos morfo-semánticos» de Guiraud,
cf. Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 199–202) y para la nueva semántica histórica,
cf. Santos Domínguez/Espinosa Elorza (1996). Craddock critica la manera intuitiva
de hacer etimología de Harri Meier y le atribuye a él y a sus discípulos el ha-
ber provocado el descrédito de los estudios romanísticos en las revistas europeas
(Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 195–196, 206–208).

172
Por otra parte, el método de trabajo de Wartburg fue cambiando a lo lar-
go del tiempo, de tal manera que a partir del volumen 4 empezó a estudiar
las palabras no aisladamente, sino por grupos semánticos (tal y como ya había
apuntado Jud, cf. n. 19); sin embargo, la presentación del material siguió la
ordenación trazada desde el inicio (Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 209).
La macroestructura del FEW es la siguiente: vols. 1–14: léxico de origen
latino y griego; vols. 15–17: léxico de origen germánico (con versiones revisa-
das de las entradas germánicas de los volúmenes 1 y 3); vol. 18: anglicismos;
vol. 19: orientalismos; vol. 20: préstamos de otras lenguas; vols. 21–23: formas
de etimología desconocida;24 vols. 24–25: revisión de la letra A.
Las entradas del FEW están ordenadas alfabéticamente de acuerdo con
el étimo (menos en los volúmenes 21–23, donde la ordenación es conceptual)
y su estructura es la siguiente: a) cada una contiene una larga lista de los
resultados de cada base; b) los significados se ordenan cronológicamente y
se ofrece también la fecha de la primera documentación (y, cuando es per-
tinente, también de la última); c) se incluye una discusión de los datos en la
que se presta especial atención a los cambios semánticos; d) por último, los
aspectos marginales aparecen en notas al final de la entrada. Hay que desta-
car que Wartburg no presta prácticamente atención a las hipótesis contrarias
(cf. Wartburg 1948/1922–1927, XVI; 1949/1934, III-IV).
Desde el punto de vista de la historia de las palabras no tiene sentido
excluir del diccionario los cultismos y, por ese motivo, Wartburg los incluye,
aunque deja fuera aquellos que han mantenido en francés su carácter culto
(p. ej. indélébile) (Wartburg 1948/1922–1927, XIII).
La obra pretende poner de manifiesto las relaciones léxicas, no las fo-
néticas (Wartburg 1948/1922–1927, XI, XVI). Es decir, cuando una palabra
está extendida por un amplio dominio y con el mismo significado, Wartburg
no recoge todas las variantes fonéticas en las que aparece (especialmente si
dicha palabra está recogida en el ALF).
Con relación a los derivados, Wartburg (1948/1922–1927, XI) explica que
incluye en el diccionario sólo aquellos que los hablantes consideran como
una palabra independiente: si el derivado es el fruto de un proceso morfoló-
gico muy productivo (como la aplicación de sufijos peyorativos, diminutivos
y aumentativos en el sur de Francia), los hablantes no lo consideran como
una palabra independiente.
Como suele ser habitual, la afilada pluma de Malkiel nos apunta algunas
de las sombras del FEW, que sería una «obra compleja, excesivamente larga
y, por tanto, poco manejable» (Malkiel 1996/1993, 57):25

24 Wartburg (1948/1922–1927, IX) señala que gracias a esta organización sería po-
sible por primera vez determinar en qué medida la investigación etimológica ha
conseguido explicar el léxico francés.
25 Los trabajos se continúan en el ATILF (Analyse et traitement informatique de
la langue française) http://www.atilf.fr/scripts/mep.exe?HTML=mep_few.txt. La in-

173
«Actualmente, a diferencia de lo que sucedía hace cincuenta años, ya no está tan
claro que los diccionarios (concordancias o tesauros) de dimensiones monumen-
tales sean el mejor contexto para la formulación y la aclaración de cuestiones eti-
mológicas. (Durante los primeros años del siglo XX predominaba la orientación
hacia los datos y en algunos ambientes existía la impresión – confesada o no – de
que la mera acumulación de material podría conducir a algún avance en muchos
puntos oscuros.) Sin duda una discreta hipótesis etimológica puede ser una ex-
celente conclusión a una larga entrada del diccionario y puede servir para con-
trapesar lo abultado de los datos […]. Sin embargo, vista en perspectiva, la idea
de Wartburg – concebida alrededor de 1920, si no antes – de fundir un tesauro
exhaustivo y pancrónico de las voces del francés literario unidas a las formacio-
nes de los dialectos galorrománicos con un etymologicum francés, parece haber
acarreado una considerable sobreexplotación de los recursos humanos y archivís-
ticos» (Malkiel 1976, 74–75).

Una opinión más positiva del FEW es la que ofrece Zamboni (1988/1976,
259), para quien este diccionario «puede considerarse el m á x i m o diccio-
nario etimológico existente». Zamboni menciona también que en el plan
original del FEW el proyecto habría de terminar en la redacción de algunos
volúmenes de resumen que ofrecieran una auténtica historia del léxico ga-
lorromance desde el latín hasta hoy.
El modelo del FEW se continúa en el Lessico etimologico italiano (LEI)
iniciado en 1968 por Max Pfister.26 Tal y como Pfister escribe en la intro-
ducción al primer volumen «la etimología se entiende como base de clasifi-
cación; lo decisivo es la historia de cada palabra, su proyección diacrónica»
(Pfister 1979–1984, 1). Cabe destacar que Pfister se fija como objetivo de la
parte histórico-etimológica de cada entrada el «trazar el origen y la historia
de una palabra y colocarla en el marco comparativo de las lenguas románi-
cas» (Pfister 1979–1984, 2).
La obra consistirá en cuatro partes:
I. Étimos latinos; étimos procedentes de algún sustrato; voces onomatopéyi-
cas.
II. Étimos procedentes de algún superestrato.
III. Voces de origen desconocido o incierto (ordenadas con criterios onoma-
siológicos).
IV. Índice general.27
Por último, mencionaremos la obra etimológica de Corominas. Su DCEC,
así como las obras siguientes (el DCECH y el DECLC), no se limitan al

tención del grupo de trabajo del ATILF es precisamente hacer más accesible esta
obra, que ha estado infrautilizada.
26 La publicación comenzó en 1979 y desde el año 2001 se ha incorporado a la di-
rección Wolfgang Schweickard.
27 Información detallada sobre el proyecto y el estado de la publicación puede en-
contrarse en http://www.reichert-verlag.de/lei.htm y http://www.adwmainz.de/index.
php?id=55.

174
español y al catalán y son útiles para el investigador interesado por la visión
panrománica (cf. Buchi 2006). Frente a la práctica de los diccionarios men-
cionados antes, Corominas decide ordenar el material alfabéticamente según
las palabras estudiadas y no según los étimos, con lo cual evita el problema
de la ordenación de las palabras de étimo desconocido o inseguro.
Frente a la práctica de Wartburg, se ha señalado en repetidas ocasiones
que Corominas discute abundantemente las hipótesis precedentes y que en
muchas ocasiones lo hace en un tono excesivamente polémico.
Tampoco Corominas se salvó de las críticas de Malkiel, que prácticamen-
te no le veía nada bueno a los diccionarios de Corominas. Malkiel opinaba
que Corominas se había enfrascado excesivamente en los temas etimológicos
dejando de lado la evolución de la lingüística, de tal manera que sus hipó-
tesis suelen basarse en una concepción arcaica de la fonología y la morfo-
logía (Malkiel 1996/1993, 163). Para Malkiel (1976, 44) el DCEC adolece de
«profundas deficiencias estructurales, como un diseño arquitectónico débil,
una ausencia absoluta de separación entre documentación y análisis y, sobre
todo, una dosis desmesurada de polémica».

10.6. Algunas perspectivas de futuro

Malkiel, en realidad, era un decidido partidario de las investigaciones mono-


gráficas que persiguen su objeto hasta la inspección del más mínimo detalle y,
por ese motivo, veía con horror el desmesurado interés por elaborar grandes
diccionarios etimológicos:
«Posiblemente, incluso más significativo que las alianzas entre la etimología y estos
enfoques relativamente nuevos, aplicados con entusiasmo en esos años [la semán-
tica léxica, la onomasiología, la geografía dialectal, el movimiento Wörter und Sa-
chen], fue el descubrimiento realizado en el último cuarto del pasado siglo [XIX]
de que la compilación de diccionarios etimológicos era necesariamente la meta
máxima, o, peor aún, que agotaba las posibilidades de la investigación etimológica
imaginativa» (Malkiel 1996/1993, 49).28

Frente a esta situación, Malkiel (1996/1993, 60) apunta a una tendencia del
siglo XX a la emancipación de las investigaciones etimológicas en la que se
pretendería individualizar las biografías de las palabras (frente al tratamiento
homogéneo al que se ven sometidas en los diccionarios).
Malkiel (1996/1993, 165–166) propone algunas ideas para revitalizar la
etimología comparativa:
1) Estudiar la estructura de las palabras primitivas. Por ejemplo, para Mal-
kiel es significativo etimológicamente que muchas palabras españolas que
designan defectos físicos y mentales sean bisílabas y acaben en -o/-a (p.

28 Cf. n. 2.

175
ej. calvo, ciego, cojo, corvo, flaco, lerdo, manco, mudo, sordo, tuerto, zambo,
bobo, lelo, memo, tonto, zonzo, sonso).
2) Habría que prestar más atención a los efectos acústicos de las palabras.
Este aspecto es especialmente relevante en el estudio de las interjecciones
y de ciertas frases hechas, que se ha descuidado bastante en la investi-
gación etimológica.
3) El estudio no debería limitarse a una familia o subfamilia lingüística. Para
estudiar la propagación del latín y de las lenguas galorrománicas hay que
prestar la debida atención también al inglés, al neerlandés y a algunos
dialectos alemanes.
4) Frente a la práctica de los diccionarios etimológicos comparativos tradi-
cionales, sería también un estímulo para la investigación etimológica la
preparación de una lista de voces latinas antiguas y de la Edad Media
que no hayan pasado a las lenguas románicas. «Este registro negativo (o,
por decirlo de otra forma, registro de pérdidas léxicas) sirve para fomen-
tar el análisis por el simple hecho de que toda desaparición exige una
explicación, incluidos los remedios a los que se recurrió para encontrar
sustitutos» (1996/1993, 166).
Por otra parte, Malkiel (1990, 1324; 1996/1993, 123) observa un cambio de
tendencia a partir de los años 50 del siglo XX consistente en la renuncia a
elaborar diccionarios etimológicos de lenguas románicas en alemán: tras la
muerte de Wartburg los volúmenes del FEW empezaron a aparecer en fran-
cés; el LEI se redacta en italiano y el DEM en español, a pesar de que son
proyectos básicamente germánicos.
Por su lado, Jacqueline Picoche (citada por Zamboni 1988/1976, 257) se
ocupa de la metodología de los nuevos diccionarios y señala una serie de
aspectos que habría que tomar en consideración: 1) habría que empezar por
determinar qué palabras se van a estudiar en el diccionario; 2) sería necesario
decidir si se va a dar más importancia al material documental o a la presenta-
ción y discusión de las distintas soluciones propuestas; 3) en los diccionarios
etimológicos dedicados a una sola lengua sería conveniente superar la rigidez
de la relación una palabra ļ un étimo; 4) habría que superar la clasificación
alfabética y habría que buscar modelos de agrupamiento que pongan de re-
lieve las conexiones formales y semánticas entre las palabras; 5) haría falta
conectar la documentación disponible con el proceso de continuidad y evolu-
ción de cada palabra; 6) sería necesario aclarar, o de hecho, modificar la idea
de diccionario para convertirlo en un instrumento que describa la estructura
léxica de una lengua a través del tiempo, para lo cual el diccionario habría
de estar acompañado de nociones de gramática histórica, de formación de
palabras y debería contar con una organización morfosemántica.
Otros aspectos a los que un diccionario etimológico debería dar respuesta
son, por un lado, la historia de la discusión acerca de la etimología de cada
palabra y, por otro, su dimensión geográfica.

176
«Lo cierto es, en todo caso, que una obra fiel a t o d o s estos principios (etimolo-
gía proyectada en el tiempo, clasificación morfosemántica del material, documen-
tación crítica, consideración areal) está aún lejanísima, quedando claro que, dadas
las diversas exigencias teóricas y prácticas, a las que todo diccionario responde
en realidad, esta convergencia de criterios resultaría en muchos casos superflua»
(Zamboni 1988/1976, 266).

En definitiva, como sostiene Zamboni (1988/1976, 268), «un diccionario es


un instrumento de trabajo, es decir, un repertorio de hechos, más o menos
eficazmente clasificados y descritos, y no una obra dedicada explícitamente
a la teoría lexicológica o etimológica».
Como argumento para un nuevo diccionario etimológico no puede adu-
cirse el descubrimiento de nuevas etimologías, porque no son muchas las
palabras para las que se podría ofrecer una etimología nueva; el argumento
para un proyecto de este tipo ha de ser metodológico (Zamboni 1988/1976,
257). Es cierto que los etimólogos han prestado generalmente más atención
a las palabras de origen complicado. Sin embargo, las de origen transparente
merecen también atención ya que pueden arrojar luz sobre cuestiones fono-
lógicas, morfológicas o semánticas y su análisis es indispensable para trazar
una figura coherente de la evolución del léxico.
Un nuevo proyecto, demandado desde hace tiempo por la romanística
(cf. Chambon/Sala 1998), es el DÉRom (Dictionnaire Étymologique Roman,
http://www.atilf.fr/derom), dirigido por Éva Buchi y Wolfgang Schweickard
(Buchi/Schweickard en prensa). El DÉRom se concibe como un nuevo REW
con el que recuperar y revitalizar el interés por el estudio panrománico del
léxico. Este proyecto se distancia de la tradición clásica de los diccionarios
etimológicos romances y se fija un distinto objetivo primordial: la recons-
trucción del protorromance (sobre todo la reconstrucción de las formas, pero
también la de los significados).
La diferencia en el planteamiento queda patente al comparar la pre-
gunta básica que guiaba al REW frente a la que orienta al DÉRom. Para el
REW era crucial averiguar en qué se había convertido el léxico latino clásico,
mientras que para el DÉRom la pregunta clave es: ¿de dónde viene el léxi-
co románico? La práctica etimológica tradicional está demasiado centrada
en el aspecto gráfico del latín clásico, pero el DÉRom pretende fundar la
investigación etimológica del léxico heredado sobre las bases de la gramá-
tica histórico-comparativa (cf. Chambon en prensa). Una consecuencia for-
mal de esta intención se traduce en el hecho de que los étimos aparecerán
en transcripción fonológica y todos tendrán asterisco. Otra consecuencia de
este planteamiento consiste en una mayor atención a la reconstrucción del
significado de los étimos protorrománicos, que frecuentemente es distinto
del significado que conocemos del latín clásico.
El DÉRom también se diferencia del REW al optar por una mayor am-
plitud de fuentes: la materia prima del DÉRom la constituyen las variedades
románicas, tanto las estandarizadas como las no estandarizadas y los dialectos.

177
Y, al igual que Malkiel observaba para el LEI, el DEM y la continuación del
FEW, el DÉRom no aparecerá en alemán, sino en francés.
En una primera fase el proyecto pretende analizar 488 étimos panromá-
nicos. Los resultados se irán publicando progresivamente en internet. No
incluirá derivados o compuestos (salvo en caso de que sean necesarios para
llenar huecos). Tampoco contemplará evoluciones semánticas romances.
El proyecto del DÉRom se puso en marcha en la primavera del año 2007
y el equipo de redacción pretende culminar la primera fase del trabajo en
el año 2010.
En definitiva, la investigación histórico-comparativa del léxico de las len-
guas románicas no ha cesado de estimular el trabajo de los romanistas y, tal
y como demuestra el proyecto del DÉRom, está en disposición de ofrecer
nuevos frutos esenciales para la comprensión del desarrollo histórico de la
Romania.

178
11. La romanística en la enseñanza, la investigación
y el mundo laboral

A la hora de determinar el pasado, el presente y el futuro de los conteni-


dos, las tareas y los objetivos de la romanística hay que tener en cuenta la
discusión sobre la aplicación práctica de la disciplina en la investigación, en
la enseñanza universitaria y escolar y en la vida laboral en general. A este
propósito Harald Völker ha presentado un notable estudio bajo el lema «Por-
que no saben de qué son capaces», en el que analiza la relevancia general
de la docencia universitaria de las ciencias humanas entre la perspectiva de
Humboldt y la visión del mercado. En un contexto de lucha por el reparto
de unos recursos cada vez menores se acusa a las materias humanísticas y a
sus planes de estudios de tener escasa relevancia para el mercado de trabajo,
lo cual se manifiesta como «crisis de las ciencias humanas» en cinco aspectos:
crisis en la demanda, crisis en el rendimiento, crisis en la realización, crisis
de clientes y crisis de relevancia (Völker 2002, 88–89). Frente a la afirmación
hecha a la ligera de que «la universidad de Humboldt ha muerto», Völker
contrapone una idea procedente de la pedagogía: Humboldt «no se opone a
una educación orientada hacia la práctica, sino al concepto pacato de utilidad
de la Ilustración tardía» (Völker 2002, 91). Völker propone además una serie
de «competencias básicas» (Völker 2002, 93) y de planteamientos académicos
que vienen a unirse a las recomendaciones del Consejo Científico para la
organización de la oferta académica de noviembre de 1978. Estas propuestas
deberían servir para mejorar el perfil competitivo de los estudiantes de hu-
manidades sin perjudicar por ello los contenidos científicos y se centran en
aspectos como la capacidad crítica, la mejora de las presentaciones orales y
de los trabajos escritos, el fomento del trabajo en equipo dirigido a conse-
guir un objetivo preciso y la cultura de la evaluación (cf. Völker 2002, 94ss.).
Una introducción claramente perfilada de estas capacidades en la docencia
universitaria sería muy provechosa para mejorar las oportunidades de los
estudiantes en el mercado de trabajo y para favorecer «su entrada en la vida
laboral con una autoconciencia adecuada» (Völker 2002, 98).
Bajo la idea general del «aprendizaje de lenguas en la sociedad del saber»
Bernd Rüschoff y Dieter Wolff se ocupan de la introducción de las nuevas
tecnologías en la escuela y en la universidad. En su opinión, este proceso
no debería consistir en su integración en las viejas estructuras pedagógicas,
sino que debería contribuir a cambiarlas acomodándolas a las exigencias de
la sociedad del conocimiento (Rüschoff/Wolff 1999, 9):

179
«Nuestra intención no ha sido la de concebir y describir una posible integración
de las nuevas tecnologías en las formas tradicionales de la enseñanza de lenguas
extranjeras, sino que hemos considerado que nuestra tarea consistía en señalar el
potencial de las nuevas tecnologías para realizar nuevas formas del aprendizaje
de lenguas extranjeras» (Rüschoff/Wolff 1999, 247).

Para ello defienden que hay que aprovechar «la oportunidad que las nuevas
tecnologías ofrecen para enriquecer el aprendizaje del futuro» (Rüschoff/
Wolff 1999, 250). No se trata de un aprendizaje apoyado en el ordenador o de
una instrucción basada en la tecnología que se contente con recoger los con-
ceptos educativos del uso tradicional de los medios. Por el contrario, se trata
de aportar algo a una auténtica renovación del aprendizaje; se trata de un
modelo de organización para el aula en el cual se ofrecen a los estudiantes

«nuevos universos de aprendizaje a los que no pueden reaccionar simplemente


como receptores de instrucciones, tal y como se desprendería de unas expectativas
meramente receptivas, sino en los cuales deben actuar como ‹investigadores› que
actúan independientemente y que descubren y experimentan de manera responsa-
ble, en el sentido del aprendizaje constructivo» (Rüschoff/Wolff 1999, 251).

Hans Strohner (2001, 101) se pronuncia en favor de una renovación científica


y organizativa del sistema universitario alemán «en la que se incluyan los
desarrollos modernos de la sociedad y de la cultura aplicándolos de modo
funcional». En este sentido la lingüística aplicada en la nueva sociedad de la
información tiene la función de preparar para todos los puestos de trabajo
en los que «la comunicación lingüística constituya una tarea central o com-
plementaria» (Strohner 2001, 98). Según Strohner, el «mercado potencial de
trabajo para los licenciados y licenciadas en lingüística no se interesa tan-
to por unas pocas competencias especiales, sino por un amplio espectro de
capacidades, sobre todo en el ámbito de la comunicación» (Strohner 2001,
98). Es decir, se buscan generalistas, no especialistas. Una adecuada refor-
ma de los estudios debería seguir las líneas de la integración, la diversidad,
la flexibilidad, la movilidad internacional, la innovación en los contenidos
del estudio, la modularización, las destrezas, un sistema de puntuación en
función del rendimiento, la acreditación, la creación de modelos (Strohner
2001, 99–100). Por su parte, los planes de estudio en el ámbito de la lingüís-
tica aplicada deberían incluir, además de una orientación hacia la praxis y
un importante grado de flexibilidad e internacionalidad, también algunos
objetivos generales del estudio, como el conocimiento de las teorías y mé-
todos más importantes de la lingüística aplicada, la capacidad para resolver
independientemente problemas en este ámbito, la capacidad de comunicarse
por medios orales y escritos, la capacidad para cooperar y trabajar en equipo,
el dominio de lenguas extranjeras y la capacidad de trabajar en un ámbito
interdisciplinario (Strohner 2001, 101, 104).
Ruth Wodak y Gilbert Weiss iluminan la teoría y la práctica de la inves-
tigación interdisciplinaria y sus aplicaciones a propósito de los discursos de

180
la UE acerca de la política ocupacional (aplicabilidad de la exigencia de in-
ter-, trans-, pluri- y multidisciplinariedad, premisas y consecuencias, trabajo
en equipo y creatividad). Se suman a la concepción de la sociología de la
ciencia, según la cual la diferencia entre multi-/trans- e interdisciplinariedad
consiste en que «la investigación interdisciplinaria integra de manera ideal
los planteamientos teóricos y crea con ello nuevos planteamientos holísticos,
mientras que la investigación multidisciplinaria no modifica los planteamien-
tos de cada una de las ciencias y los aplica de manera individual» (Wodak/
Weiss 2003, 54; a propósito del tema «Europa y el mundo románico» cf. la
conferencia inaugural del presidente de la Asociación Alemana de Roma-
nistas en el XXIX Congreso de los Romanistas Alemanes, 2005 en Saar-
brücken, Stierle 2006).
Werner Holly discute la cuestión de qué es lo que el lingüista «puede
aportar con los medios de la lingüística a la descripción y el tratamiento de
la comunicación política»; en concreto: ¿cómo hacer para que las opiniones
políticas sean comprensibles para el ciudadano? (Holly 1985, 196). A partir
de dos ejemplos del mundo de la cultura política y de la cultura lingüística
establece los rasgos de la comunicación política y los resume en dos tesis:

1) «La escenografía de la comunicación política tiene como consecuencia que mo-


delos de actividad lingüística valorados positivamente, como INFORMAR o DISCUTIR,
se usen para envolver los modelos que realmente se pretende poner en práctica:
HACER PROPAGANDA y LEGITIMARSE» (Holly 1985, 197);

2) «El carácter unidireccional de la comunicación política pública requiere técni-


cas de la comunicación cotidiana capaces de reelaborar contenidos complejos y,
en parte, ocultos; p. ej. las paráfrasis» (Holly 1985, 202).

Recientemente se han discutido las tareas y los resultados de la lingüística


aplicada en el congreso anual de la Sociedad de Lingüística Aplicada (Ge-
sellschaft für Angewandte Linguistik, GAL) celebrado en septiembre de 2005
en Koblenz. Susanne Niemeier y Hajo Diekmannshenke se plantean la cues-
tión de una mayor profesionalidad en la comunicación en el mundo laboral.
Dentro de un marco de discusión con el lema «Profesión y comunicación»,
el congreso pretendía

«acercar la disciplina científica practicada en la universidad a aquellos campos de


trabajo existentes fuera de la universidad en los que los procesos comunicativos
desempeñan un papel central y en los que la competencia lingüística es un ele-
mento básico. Con ello se conseguiría individuar nuevas perspectivas para la in-
vestigación universitaria, se reforzaría la cooperación entre ambas partes, se harían
posibles y se estimularían nuevos ámbitos de colaboración y se crearían nuevos
campos de trabajo para los licenciados en lingüística aplicada. Por definición, una
(nueva) orientación en este sentido es una de las tareas evidentes de la lingüísti-
ca aplicada; sin embargo, actualmente falta con frecuencia una conexión directa
entre la investigación universitaria y los adecuados campos de prácticas, así como
con las exigencias típicas de la práctica laboral y con los modelos aplicados para
la resolución de los problemas característicos del ámbito del trabajo. Como plas-
mación de esta reorientación en el sentido de la lingüística aplicada tuvo lugar

181
una presentación de proyectos organizada por primera vez en el marco de este
congreso conjuntamente por investigadores y empresas o instituciones» (Niemeier/
Diekmannshenke 2008, 8).

En la romanística existe una larga tradición de debate en torno a su aplica-


bilidad, los posibles campos de trabajo, la praxis laboral, los objetivos y las
tareas de la especialidad y su relevancia para la opinión pública. Podemos
mostrar dos ejemplos de principios del siglo XX, que muestran, desde una
perspectiva muy marcada por los tiempos y por la ideología del momento,
cuál es el valor formativo de las lenguas románicas y en especial del francés.
Karl Vossler subrayaba en su conferencia en el XVIII Congreso General de
los Filólogos Modernos Alemanes (Nüremberg, 7 de junio de 1922) que debía
preferirse la «Romania» a la «Anglia», ya que la Romania como «mundo
cultural es más antiguo y se combina de manera natural con la Antigüedad»,
lo cual la hace especialmente recomendable para las actividades académicas
humanísticas. Por otro lado, Vossler reconocía que en la elección de una pro-
fesión importa también un criterio estético y emocional, «el gusto personal»:

«A los alemanes nos atrae más lo románico porque nos es más lejano y porque
precisamente a través de esa lejanía exige y promete un mayor ensanche de nues-
tro propio ser, la complementación perfecta, el contacto fructífero. Los ingleses son
nuestros primos. Con estos parientes uno se entretiene a gusto; nos amamos, reñi-
mos, estamos obligados a conocernos; pero el matrimonio espiritual con ellos es po-
co recomendable y, en cualquier caso, no es tan fructífero» (Vossler 1922, 230).

De las tres lenguas románicas que se enseñaban en las escuelas alemanas


Vossler consideraba que el español es la más útil para la juventud («El futuro
pertenece al español»; Vossler 1922, 231); luego sigue el italiano («Italia es
la cuna del pensamiento humanista»; Vossler 1922, 231); «en último lugar,
la mayoría de las veces con dudas y con oposición, se abren nuestros estu-
diantes a lo francés».

«Es mucho más fácil hacer que un estudiante de 15 ó 16 años se interese por las
Mocedades del Cid de De Castro que por el Cid de Corneille. Incluso prefiero
hacerle entender a Dante, antes que hacerle comprender el valor poético de las
fábulas de La Fontaine, que son supuestamente muy sencillas. La literatura fran-
cesa moderna está plagada de reflexión, esprit, bon goût y finos matices, tiene un
contenido sentimental tan poco inmediato y tan variadamente plasmado que, por
lo general, sólo un hombre maduro posee la capacidad de entenderla correctamen-
te y de interesarse por ella. Yo preferiría reservar el francés para los dos últimos
cursos de la escuela o incluso para la universidad. ¡Y cuánto tiempo y cuántos
esfuerzos se pierden sólo para aprender su ortografía, su pronunciación y su gra-
mática endiabladamente complicadas!» (Vossler 1922, 232).

A propósito de la relación alumno-profesor (Eugen Lerch y Karl Vossler),


Heike Schoo (2000) nos ofrece una visión remarcable.
Otro documento acerca del «valor educativo del francés para la escuela
y el espíritu alemanes» nos lo ofrece la conferencia de Eduard Wechssler,
pronunciada en el Instituto Central Alemán para la Educación y la Docencia

182
el 12 de enero de 1922 por iniciativa del Grupo de Trabajo de Filología Mo-
derna ante una «gran parte del profesorado berlinés y de los miembros del
ministerio». Esta conferencia se ocupaba de los frutos que había producido
en el pasado el conocimiento de la lengua y de la cultura francesas, de lo que
prometía para el futuro y de la cuestión de en qué debían convertirse «la len-
gua y el espíritu franceses en las escuelas alemanas» (Wechssler 1922, 4):
«Para la escuela y para su objetivo de educación del pensamiento, el auténtico
carácter lingüístico del francés es de una importancia capital. Una ininterrumpida
práctica de muchos siglos ha creado, a partir de la lengua popular de la latinidad
tardía, un órgano que supera a cualquier lengua, incluso al latín y desde luego
al inglés, gracias a su metódica claridad, a su aguda y sutil precisión» (Wechssler
1922, 5).

Wechssler exigía, «en este momento de dificultad», la organización del estu-


dio de la lengua y la cultura francesas:

«¿Acaso no debemos permitir que los maestros preparados y auténticos hablen e


ilustren a los niños alemanes acerca de los dioses del espíritu francés y del amor
a los santuarios propios y que les enseñen a aborrecer y a burlarse de los ídolos
tanto de su propio país como del extranjero?» (Wechssler 1922, 9).

Se trataba de aclarar las «profundas diferencias entre el modo de ser francés


y alemán»:
«Educar en el ser alemán a través del ser francés; despertar los antiguos santuarios
patrios a partir del espíritu del pueblo extranjero: este es un objetivo que merece
un noble esfuerzo, un objetivo que puede otorgar nueva dignidad a nuestra escue-
la y a nuestros maestros» (Wechssler 1922, 11; para la situación histórica de estas
posiciones cf. Kramer 2005c, 4–9).

En el Congreso de los Romanistas Alemanes de 1985 en Siegen se debía


dar una señal – con las palabras del entonces presidente de la Asociación
Alemana de Romanistas, Fritz Nies – para una «apertura programática de
la romanística universitaria hacia su entorno fuera de la universidad», una
señal con la que «debía introducirse al menos un diálogo: con la política
científica, con la política educativa, con los medios, con las embajadas de los
países románicos, con las instituciones de la cultura y del intercambio cien-
tífico internacional» (Prólogo de Fritz Nies en Christ 1986a, 7). Uno de los
elementos centrales de esta idea lo formaba la sección «Romanística: ámbitos
laborales y práctica profesional», cuyas actas editó Herbert Christ:

«¿Podemos evitar preguntarnos por la legitimación de nuestra actividad simple-


mente con la indicación correcta y fácil de que las utilidades prácticas de la for-
mación humanística no se pueden medir […] y de que la relevancia social de la
investigación básica sólo suele comprobarse tras algunos decenios? ¿Por qué no
habríamos de poder seguir dedicándonos al juego de abalorios con las ‹perífrasis
verbales aspectuales› y las ‹hipótesis localistas del caso profundo› o con la ‹plu-
rifuncionalidad transcategorial› de los fenómenos lingüísticos, usando unas termi-
nologías cada vez más sutiles y diferenciadas, que ni siquiera son de comprensión
general dentro de la especialidad?» (Nies en Christ 1986a, 8).

183
En opinión de Christ, desde la política de investigación, la valoración social y
el uso de los recursos que la disciplina genera, así como desde los contenidos
y las vías de la formación se plantean algunas preguntas relevantes para la
identidad de la disciplina:

«¿A quién deben formar hoy los romanistas y para qué? – ¿Qué consecuencias
debe tener para la disciplina una eventual modificación o un desplazamiento de
su función formativa? – ¿Qué proyectos de investigación deberían estar hoy en el
centro de atención, sea porque pueden contar con una cierta demanda o porque
pueden generar nuevas tareas formativas?» (Nies en Christ 1986a, 9–10).

A continuación mencionaremos algunos de los trabajos de la sección, ya que


siguen siendo relevantes para la situación actual.
Según Hans-Jörg Neuschäfer, la romanística tiene sólo una oportunidad,
también en el mercado de trabajo,

«si se concentra más que hasta ahora en sus auténticas tareas: la transmisión de las
culturas románicas a través de sus literaturas y sus lenguas, la transmisión misma
de estas lenguas y la mejora de los métodos con los que se aprenden las lenguas.
Con esto está perfectamente ‹legitimada› y tiene suficiente tarea para la investi-
gación y la docencia» (Neuschäfer 1986, 13).

En el marco de un «cambio de paradigma», que lleva de la cultura del libro


a una civilización de los medios de comunicación de masas, y en el contex-
to de un cambio en la estructura de la opinión pública, Neuschäfer está a
favor de que, junto a cursos de propedéutica y junto a la investigación, los
estudiantes tengan cursos en los que «practiquen la argumentación, la for-
mulación, la expresión y también el uso de los nuevos medios, en definitiva,
que practiquen la ‹transposición› a unas nuevas necesidades» (Neuschäfer
1986, 15). Además, sería necesario que se establecieran nuevas combinaciones
de estudios, que se flexibilizaran los reglamentos de estudios y que se expi-
dieran nuevos títulos y certificados para competencias parciales, de manera
que la romanística pudiera asumir también funciones de servicio para otras
carreras (Neuschäfer 1986, 15): «Si existe una crisis de la romanística (y de
otras filologías), entonces hay que diagnosticarla como una distorsión comu-
nicativa como las que se dan siempre allí donde una disciplina se concentra
excesivamente en sí misma» (Neuschäfer 1986, 16).
Ingo Kolboom en su «Defensa de una nueva posición de la filología romá-
nica desde el punto de vista de la praxis laboral no romanística» se decanta
a favor de una ampliación y profundización de los contenidos relacionados
con la civilización de los países respectivos dentro de la formación y la in-
vestigación de la filología románica y señala, además, que esta ampliación
ha de estar apoyada por los necesarios medios institucionales y de personal
(Kolboom 1986, 26). Si la romanística

«continúa delegando en otras titulaciones la formación en el ámbito de la civiliza-


ción de los países románicos […] y sigue enviando a los estudiantes a las respecti-

184
vas clases de otras disciplinas […] se desembaraza de la responsabilidad sobre la
unidad de la disciplina y desplaza el problema de la formación al plano de un eclec-
ticismo arbitrario de casualidades individuales e institucionales, ya que ninguna
otra especialidad puede hacerse responsable de un tratamiento sistemático de los
países y regiones románicos o, por ejemplo, francófonos» (Kolboom 1986, 29–30).

Si la romanística quiere conservar su responsabilidad formativa y su utilidad


social, tiene que proporcionar, en opinión de Kolboom, una investigación y
una docencia

«en las que el estudio integral de la historia, la política, la economía, la cultura,


la sociedad y la vida cotidiana de los países románicos reciba la misma atención
científica y la misma valoración institucional que el análisis de textos literarios y
de signos lingüísticos» (Kolboom 1986, 30–31).

Según Robert Picht del Instituto Franco-Alemán de Ludwigsburg,

«las instancias responsables de la política educativa, los órganos de administración


de la investigación y de la docencia, los estudiantes y los profesores […] no debe-
rían apuntar a una rápida aplicabilidad […], sino que deberían tomar en serio el
hecho de que una nueva forma de formación internacional es en muchos ámbitos
la condición necesaria para una acción con éxito» (Picht 1986, 58),

porque lo que se pide es flexibilidad y solidez, formación y capacidad para


aprender (Picht 1986, 52):

«La cada vez más frecuente y cínica mentalidad de campanario de algunos profe-
sores que se retiran cómodamente a los castillos de un cientifismo esotérico o que
– con menos alharacas –, ante una situación aparentemente sin salida, se limitan
a seguir enseñando como antes, no puede hacer callar la crisis de identidad que
nace de la frustrante reducción de las bases que legitiman socialmente la actividad
filológica» (Picht 1986, 53).

Por lo tanto, los romanistas

«tienen que comprobar si son capaces de dar respuesta a unas necesidades forma-
tivas que ya no son las de un rancio museo, sino que deben contener en gran me-
dida elementos históricos, literarios y de cultura comparada, precisamente porque
las relaciones internacionales concretas del mundo actual serían incomprensibles
sin su dimensión histórica y cultural» (Picht 1986, 56).

Rüdiger Stephan resume en tres puntos sus observaciones acerca de la si-


tuación de la romanística y de las circunstancias generales de la ciencia y de
la investigación en la R.F.A.:

«En ningún ámbito científico se han desarrollado tan fuertemente las característi-
cas nacionales como en las ciencias humanas y sociales. […] Podemos juzgar me-
jor los problemas actuales de la romanística si consideramos las ciencias humanas
en su totalidad como un fenómeno específico de Europa – por oposición a lo que
sucede en las ciencias naturales. […] Quien quiera describir la situación de la ro-
manística tiene que tener en cuenta todo el campo de las titulaciones en lenguas
extranjeras» (Stephan 1986, 59–62, hemos eliminado los subrayados del original).

185
«La dimensión internacional es algo específico de las filologías de lenguas extran-
jeras que se puede hacer fructificar en beneficio también de otras ciencias. Una
ciencia de las lenguas extranjeras que incluya la ‹dimensión internacional› como
un elemento constitutivo elimina las líneas de separación entre literatura, lingüís-
tica y civilización» (Stephan 1986, 64).

Otros artículos son obra de Klaus Wenger, que se ocupa de la relación entre
la romanística y los medios de comunicación (un potencial muy desaprove-
chado, cf. Wenger 1986, 71); de Franz Josef Hausmann (1986) sobre el tema
«Investigación romanística en el campo de los diccionarios y sociedad»; y
de Herbert Christ, que plantea la pregunta del uso y de la utilidad de los
conocimientos que la romanística elabora y transmite:

«¿A quién le importa hoy la romanística? ¿Para qué funciones puede ser de ayuda?
¿Qué se puede aprender hoy de la romanística y qué puede usarse en la práctica
laboral de todo lo que la romanística transmite? Y aún más: ¿La oferta actual de
la romanística alemana corresponde a alguna necesidad social? ¿Reacciona de
manera flexible a las necesidades cambiantes? ¿Cómo hace sus ofertas? En defi-
nitiva, la pregunta tiene que ser: ¿Qué es lo que hay que cambiar en su caso, qué
es lo que hay que mejorar?» (Christ 1986b, 85).

Como ámbitos que la romanística debe desarrollar Christ menciona la edu-


cación de adultos, la formación continua de maestros, los aspectos comu-
nicativos, la economía y las industrias del tiempo libre. Y como principio
fundamental mantiene que hay que «orientar la docencia en la medida de
lo posible a las necesidades de la praxis laboral y que hay que organizarla
sistemáticamente en la medida de lo necesario» (Christ 1986b, 98). En su
calidad de «instancia mediadora entre las culturas y sociedades de la Roma-
nia y sus socios de lengua alemana» la romanística tiene que preparar para
tres tareas fundamentales: «para la enseñanza de las lenguas modernas en
la escuela, en la universidad y en la educación de adultos», «para la difusión
de conocimientos acerca de las culturas, las sociedades y los sistemas polí-
ticos de los países de lengua románica» y «para la elaboración de un saber
socialmente útil acerca de los países de la Romania en una forma que sea
de acceso moderno y general» (Christ 1986b, 98). En resumen, ha llegado la
hora de dejar de lado una falsa alternativa:

«El hecho de que un estudio tenga en cuenta su aplicación laboral no entra en


contradicción con su aspecto científico. Un estudio no se vuelve científico ni por
el hecho de eliminar de su conciencia la posible futura utilización de lo aprendi-
do, ni por la toma en consideración de la ciencia como la única profesión posi-
ble. La formación tiene que estar de acuerdo con la ciencia y el empleo» (Christ
1986b, 101).

Roland Höhne y Thomas Arnold (1986, 115) muestran cómo puede organi-
zarse una «formación polivalente para distintos campos de aplicación cuya
diversidad de especialidades podría unirse bajo el común denominador de la
orientación transnacional». Para ello proponen el ejemplo de una licenciatura

186
en romanística de la Universidad/Gesamthochschule1 de Kassel orientada
hacia la civilización de los países románicos y cuyo objetivo didáctico fun-
damental es la «simbiosis entre competencia en conocimientos propios de la
especialidad, comunicación intercultural y capacidad de interacción en una o
dos culturas románicas» (Höhne/Arnold 1986, 118). Esta licenciatura exige la
disponibilidad de todos los implicados para «un trabajo innovador en colabo-
ración y para el diálogo interdisciplinario» (Höhne/Arnold 1986, 122).
Herbert Christ (1988) resume de nuevo los resultados de la sección den-
tro del volumen colectivo editado por Fritz Nies y Reinhold R. Grimm (1988),
«Una disciplina ‹imposible›: balance y perspectivas de la romanística»; cf.
también el trabajo de Ursula Link-Heer y Peter M. Spangenberg (1988, 195),
en el que intentan una «reconstrucción de la historia científica de la roma-
nística en Alemania» y en el que se ocupan también de las «oportunidades
de una ciencia de la cultura que no se base en la búsqueda de la identidad
nacional».

1 Las Gesamthochschulen eran unas instituciones de estudios superiores guiadas por


la idea de la integración de los aspectos teóricos y prácticos de los estudios y a las
que se podía acceder con distintos tipos de diplomas de estudios medios.

187
188
12. Perspectivas de la filología y de la lingüística
románicas

La discusión acerca de la relevancia de la titulación de filología románica en


un mundo globalizado,1 acerca de su posición en el panorama universitario
actual y sobre las posibilidades de su evolución en la docencia, la investiga-
ción y el trabajo, nos ha llevado ya en los capítulos anteriores a la pregunta
por las perspectivas, los contenidos futuros y las tareas de las filologías en
general y de la filología y la lingüística románicas en particular.2 Podemos
aventurar algunas previsiones a manera de complemento ideal de la presenta-
ción de la historia de la romanística, incluso teniendo en cuenta que el diseño
de estas perspectivas de futuro sólo tiene un limitado valor informativo. A
pesar de todo y en última instancia, la mirada al futuro de la disciplina es
una consecuencia lógica del intento de hacer balance de la situación actual
de la lingüística románica.
Nos encontramos con una introducción general al tema del cambio en
las filologías en las doce conferencias editadas por Hans Lauge Hansen. Es-
tas conferencias forman parte de un congreso organizado en Copenhague
en febrero del año 2002 por parte del «Institute of Advanced Studies in the
Humanities» y estructurado alrededor de cuatro temas centrales: «El desafío
de los estudios tradicionales de lenguas extranjeras», «La filología y la revo-
lución cultural», «Aproximaciones interdisciplinarias» y «Traducción – Un
encuentro fructífero de disciplinas». En el marco de la expansión mundial
del inglés como «lenguaje corporativo» o «lingua franca, que simboliza, por
un lado, el poder y el dominio y, por otro, la libertad y la individualidad»
(Hansen 2002, 7), se pretendía una «redefinición de los estudios de lenguas
extranjeras en la era de la globalización» que debería estimular el análisis
de la posición actual de las ciencias humanas en general y de las filologías y
los estudios de lenguas (extranjeras) en particular:

«Una aproximación humanista a la globalización presupone un alto nivel de com-


petencias lingüísticas, mientras que la extendida creencia de que el inglés es el

1 Sobre la «retórica de la globalización» cf. Wodak/Weiss (2003, 51, 61–65).


2 Acerca de la historia de la enseñanza de lenguas románicas en Alemania, de su
presencia en la escuela y de la competencia «latín versus lenguas románicas»,
cf. la tesis doctoral presentada en Trier por Michael Frings (2006, 19–27, 53–78,
290–291).

189
único instrumento necesario agrava los puntos débiles generados por las teorías
económicas y políticas de la globalización» (Hansen 2002, 7).

El antiguo editor de la revista Cultura Neolatina, Aurelio Roncaglia, plantea


en dos artículos programáticos un balance y un análisis de las perspectivas
y de los posibles desarrollos de la disciplina. En el artículo titulado «Pers-
pectivas de la filología románica» se mueve entre la «especialización» y la
«universalización» y aboga por una apertura de la disciplina:

«La filología románica no puede desmembrarse y tampoco debe restringir su cam-


po. Al contrario, debe ampliarlo hasta abrazar en una visión unitaria todo el mun-
do europeo occidental, desarrollando hasta el fondo su vocación de convertirse
en una disciplina esencial y central para penetrar e interpretar históricamente su
espíritu» (Roncaglia 1956, 100–101).

La latinidad de las lenguas románicas se muestra en dos sentidos:

«Existe, en definitiva, una doble latinidad de las lenguas románicas: una latinidad
de fondo que ‹regionibus quotidie mutatur et tempore› […], y una latinidad supra-
rregional y supratemporal, para la cual el latín se identifica con la noción dantesca
de ‹gramática› y con el concepto moderno de ‹metaestrato›. Dicho en términos
más generales, existe una doble romanidad del mundo románico: una romanidad
genética natural y otra romanidad ideal cultural» (Roncaglia 1956, 105).

A la pregunta, «Quid faciant philologi?» Roncaglia contesta:

«La respuesta […] no puede ser ni una expansión que tenga en cuenta sólo las
razones ideales, prescindiendo de las exigencias de la especialización, ni una dis-
gregación según el panorama de nacionalidades, que ciertamente representa la
cristalización de un cierto equilibrio, pero no el proceso por el cual se llegó hasta
él y que no puede anticiparse ni considerarse definitivo sin caer en una forma de
determinismo de la naturaleza. La filología románica puede y debe dejar a otras
disciplinas todo lo que se desarrolla dentro de este panorama sin alterarlo; su ob-
jeto específico no es el aspecto estático, sino la dinámica de este equilibrio […].
[…] su unidad sólo puede realizarse en un equilibrio dinámico: entre el estudio
de las lenguas y el de las literaturas; entre la especialización naturalista y la es-
pecialización de orientación cultural; en última instancia: entre la perspectiva del
fraccionamiento y la de la expansión» (Roncaglia 1956, 107).

En su segundo artículo «Continuidad y renovación» Roncaglia señala que se


ha producido un «cambio generalizado en el clima intelectual» (Roncaglia
1992, 8) y retoma las reflexiones de 1956:

«Ya no nos encontramos en los inicios románticos del siglo XIX, sino en los fina-
les desideologizados y computerizados del siglo XX. En este último siglo, y sobre
todo en sus últimos decenios, no ha hecho sino aumentar a un ritmo vertiginoso el
desequilibrio entre las llamadas ‹dos culturas›. El peso que las investigaciones de
la naturaleza y los inventos tecnológicos han adquirido para la vida de la huma-
nidad es inmensamente superior al interés por la tradición humanista, que había
desempeñado un papel decisivo en el proceso de liberación y de progreso de las
ciencias (por ejemplo desde el Renacimiento hasta el Iluminismo, con la crítica a
los dogmas escolásticos y con los esfuerzos por defender, reforzar y afinar la ra-

190
zón). Por otro lado, los equilibrios se han modificado también dentro del mismo
campo humanista, donde el interés por las investigaciones económico-sociales, sus-
ceptibles de aplicaciones políticas, se ha vuelto mucho más vivo que las reflexio-
nes histórico-filosóficas y el gusto por las letras, de las que aquellas, dicho sea de
paso, han obtenido siempre estímulos y motivaciones, módulos de representación
y procedimientos de interpretación» (Roncaglia 1992, 9).

El «Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica» de la «So-


ciété de Linguistique Romane» se celebra cada tres años y constituye un
foro regular para la discusión de las perspectivas de futuro de la filología
y de la lingüística románicas (cf. p. ej. Pfister 1997a y 1997b; y más recien-
temente Holtus 2007). En estos congresos se ofrecen cada vez más temas
comparatistas e interdisciplinarios (lingüística y teoría lingüística románicas,
nuevos medios de comunicación, política lingüística…). En el XIX Congre-
so, celebrado en Santiago de Compostela en 1989, Alberto Varvaro presentó
en una conferencia plenaria un resumen acerca del tema «Estado actual y
perspectivas de la lingüística románica». En su intervención se ocupó de
problemas como la dificultad general de delimitar el ámbito temático de
un balance de la disciplina, así como de la fragmentación de los campos de
investigación, planteó la necesidad de presentaciones globales y del trabajo
en equipo que este tipo de obras requiere, aludió al estrecho contacto entre
teoría y texto como un rasgo específico de la filología románica y se refirió
a la «nostalgia de una filología románica unitaria» y a la posibilidad de una
«unidad en la diversidad»:

«Tenemos que esforzarnos por encontrar las razones profundas, no efímeras y


contingentes, de una homogeneidad, aunque tenga que presentarse como variada,
contradictoria y polémica. Y estas razones sólo pueden encontrarse, desde un de-
terminado punto de vista, en la extraordinaria tradición de lenguas y culturas re-
unidas bajo el signo de la herencia romana y, por otro lado, en la posibilidad que
tenemos de no separar el estudio de la lengua del análisis de enunciados históricos
concretos, escritos y orales, insertados en situaciones comunicativas y pragmáticas
heterogéneas, pero que siempre podemos individuar en su realidad, no sólo hoy,
sino también ayer y en un pasado lejano» (Varvaro 1996, 24).

El juicio de Johannes Kramer, en su recensión a las actas del XXIII Congre-


so Internacional de Lingüística y Filología Románica de la «Société de Lin-
guistique Romane» celebrado en Salamanca en el año 2001 (Sánchez Miret
2003), resulta un tanto precipitado. Kramer afirma que «los grandes congresos
internacionales de los romanistas hace tiempo que no son el forum natural
para todos los romanistas» (Kramer 2005a, 373) y que las visiones de futuro
de una mesa redonda dedicada a la historiografía resultan «más bien magras»
(Kramer 2005a, 376). El XXIV congreso, celebrado en Aberystwyth el año
2004, podría servir para matizar la siguiente opinión de Kramer:

«Si las actas de los congresos de la Société de linguistique romane han de servir
realmente como medida del estado de la romanística, entonces hay que decir que
su situación no es buena: a la luz de estos congresos la disciplina habría entrado

191
en la era postmoderna en la que, como se sabe, ‹anything goes›, tanto la diacro-
nía como la sincronía, la investigación de una sola lengua como los análisis com-
parativos, tanto el formalismo como la historia de la cultura, la fonética como la
sintaxis» (Kramer 2005a, 376).

Además, el propio Kramer afirma que este método descriptivo no es el ade-


cuado y que la romanística actual está «viva y ágil como un ardilla». Y esto es
lo que demostraron, por ejemplo, las secciones del congreso de Aberystwyth
dedicadas a la lingüística románica y a la teoría lingüística, a la filología y los
nuevos medios, a la Romania Nova, «lenguas perdidas y lenguas reencontra-
das» y a la política lingüística en la Romania Minor.
Albert Gier ha prestado atención a posibles futuras orientaciones que
puedan resultar interesantes para la disciplina y ha hecho un significativo
inventario de la romanística (cf. Strosetzki 2002), «de lo que puede y de lo
que quiere» (Gier 2000). En este trabajo encontramos una orientación sobre
los distintos ámbitos científicos y los diferentes núcleos temáticos de la roma-
nística: Gier se refiere a temas muy distintos, como los objetivos didácticos
de la disciplina, las distintas estaciones de su historia científica, la política y
la planificación lingüística, la filología medieval, la imitación creativa en la
lírica, realidad y ficción en la novela, cultura y literatura del Magreb, la li-
teratura y los otros medios, las oportunidades de trabajo. Por su parte, Mi-
chele Loporcaro ofrece una interesante visión de la función de los manuales
de lingüística románica en la docencia universitaria. Loporcaro se formula
la siguiente pregunta: «de entre el conjunto de descubrimientos y el fondo
de saber de esta disciplina, qué y cuánto se puede y se debe transmitir a las
futuras generaciones de estudiantes en el sistema universitario de la refor-
ma» (Loporcaro 2005, 45). Para Gier la romanística consiste en una «serie
de subdisciplinas cuyos objetos de estudio, cuyos intereses científicos y cuyos
métodos de trabajo se diferencian considerablemente unos de otros» (Gier
2000, 13); la romanística es una

«variedad multiplicada: no es sólo que se ocupe de fenómenos culturales, que por


su propia esencia son ya poliédricos, sino que además bajo el techo de esta dis-
ciplina han encontrado cobijo lenguas (y culturas) cuyas evoluciones históricas y
cuyas situaciones actuales son completamente distintas» (Gier 2000, 12).

Sin embargo, una división en filologías particulares estaría «en clara contra-
dicción con la tendencia a la unificación de Europa y a la intensificación de
la colaboración internacional en todos los campos» (Gier 2000, 20), por no
decir nada del «beneficio personal» que resulta de la riqueza románica (Gier
2000, 20–21). Por otro lado, la «orientación hacia el mundo laboral que los
políticos han exigido a la docencia universitaria en incontables discursos de
domingo» se ha plasmado de un modo que tiene muy poco que ver con la
curiosidad por otras formas de vida y de pensamiento y con las posibilidades
de la romanística, porque no hay que olvidar que los estudios humanísticos
proporcionan «más bien una formación general», en lugar de preparar «para

192
una profesión concreta»; con ellos los estudiantes adquieren conocimientos
y habilidades «que no preparan inmediatamente para un trabajo concreto,
pero que son indudablemente relevantes en la práctica laboral» (Gier 2000,
157). Además, la situación actual presenta un adecuado balance, ya que «las
actividades académicas proporcionan un saber predominantemente teórico
y la actividad profesional ofrece a los estudiantes la posibilidad de adquirir
experiencias prácticas» (Gier 2000, 159). Todavía merece la pena mencionar
dos ideas del interesante libro de Gier, que en cualquier caso es mucho más
que un pequeño «libro de bolsillo» (cf. Gier 2000, 7). Por un lado, Gier se
refiere, tal y como ya habían hecho Roncaglia y Varvaro, a la dialéctica entre
especialización y universalización:

«Parece que es propia de nuestro tiempo una tensión dialéctica entre la tendencia
a la globalización y a la particularización: bajo el paraguas de una Europa que
quiere unirse, las regiones se acuerdan de su cultura y de su historia particulares»
(Gier 2000, 73).

Por otro lado, Gier alude a la necesidad de atender a los descubrimientos


precedentes, que no son importantes sólo para la historia de la disciplina:
«En las ciencias humanas el ‹progreso› no significa que todas las teorías an-
teriores pierdan su valor ante una nueva concepción teórico-metodológica»
(Gier 2000, 55).
Georg Kremnitz discute el cambio actual en las circunstancias comuni-
cativas y sus consecuencias políticas: «la Unión Europea declara que quiere
conservar el plurilingüismo europeo (cada uno debería dominar al menos tres
lenguas, suele decirse), y sin embargo practica una política lingüística que en
la práctica no hace más que reforzar el papel del inglés» (Kremnitz 2002a,
6). En este contexto inserta la precaria situación de las ciencias humanas y,
con ellas, de la romanística:

«El estado – prácticamente todos los estados – se ha retirado progresivamente


de los ámbitos que antes recibían el nombre de ideales colectivos: los servicios
públicos se han privatizado progresivamente y esto ha provocado la difusión al
sistema educativo de los principios de la economía privada (como son la renta-
bilidad inmediata, la competencia o la renuncia a las perspectivas a largo plazo
en favor del éxito inmediato), con lo cual estos principios han alcanzado a un
ámbito que los ilustrados consideraban como el más distinguido. Todo esto, no
sólo ha disminuido de nuevo la igualdad de oportunidades para todos que antes
se perseguía, sino que crea muchas más dificultades a las disciplinas que produ-
cen sólo un valor indirecto, como es el caso de las ciencias humanas y cultura-
les» (Kremnitz 2002a, 5).

Las dos pasiones investigadoras del romanista vienés – la sociología de la


comunicación y las lenguas en el espacio – están también en el centro de
atención del homenaje editado por Peter Cichon et al. (2005) con motivo del
sexagésimo cumpleaños de Georg Kremnitz, Ruptura de las fronteras. Para
una sociología de la comunicación. Por otro lado, el XXX Congreso de la

193
Asociación Alemana de Romanistas se ha celebrado en Viena en el año 2007
con el tema «Romanística en la sociedad». En este caso se trataba de

«buscar una nueva síntesis de las relaciones comunicativas dentro de las socieda-
des; esta síntesis es más compleja, pero promete mucho más que los modelos actua-
les. En este proceso, que en mi opinión ya ha empezado, la romanística, debido a su
especial prehistoria, tiene un enorme potencial para ocupar un puesto de liderazgo
y para obtener con ello (otra vez) una mayor relevancia social. Pero para conse-
guirlo tenemos que superar algunas (auto-)limitaciones y no debemos tener ningún
miedo ante nuevos campos que necesitan de la colaboración con otras disciplinas
y que no nos agotan en un caprichoso diletantismo» (Kremnitz 2006, 5).

En el XXVII Congreso de la Asociación Alemana de Romanistas celebrado


en Múnich el año 2001, la sección titulada «Tareas y perspectivas de la his-
toria de las lenguas románicas en el tercer milenio» se proponía «presentar
un inventario crítico de la investigación histórica de las lenguas románicas
junto con algunos conceptos metodológicos y algunas posibilidades para la
formación académica» (Gil /Schmitt 2003, IV; cf. la recensión de Johannes
Kramer 2006b). Los coordinadores de la sección dividen las colaboracio-
nes en dos grupos: «Cuestiones básicas» y «Problemas concretos de la his-
toria de las lenguas románicas». Algunos de los temas discutidos son los
que mencionaremos a continuación. Albrecht (2003) estudia el papel de
la traducción en las historias de la lengua. Otra contribución analiza las
perspectivas y los cometidos de una historiografía lingüística europea, ana-
lizados con el ejemplo del italiano y del francés como lenguas de cultura en
la Europa de los siglos XVIII y XIX; en este caso se pretende ampliar la
investigación y la docencia a través de la introducción de una perspectiva
europea, con estudios pragmático-funcionales y a través de la implicación
del contexto sociocultural y de una orientación interdisciplinaria, en la que
no falta tampoco el recurso a teorías y métodos lingüísticos modernos tan-
to de la sincronía como de la diacronía (Birken-Silverman 2003, 39). Otra
contribución a las actas se ocupa de las posibilidades y de los límites de una
historia de las lenguas románicas basada en los textos («Entre las exigen-
cias del cambio lingüístico y las expectativas de la historia de las culturas»;
Haßler 2003). Algunos temas más son: la oferta docente sobre historia de
las lenguas en las universidades alemanas (Langenbacher-Liebgott 2003)
o las intenciones comunicativo-pragmáticas en la historiografía lingüística
(«Las historias de la lengua francesa como tipos de actuación comunicati-
va»; Leyhausen 2003). En la contribución de Polzin-Haumann se propone
un concepto ampliado de la historia de la lengua (nuevo tipo de fuentes, más
clases de textos) que se pregunta «cómo se pueden analizar y sistematizar
los distintos intentos de descripción y normativización del español dentro de
su respectivo contexto histórico-cultural» (Polzin-Haumann 2003, 124; «esta
ampliación se puede concretar tanto en una (nueva) valoración de muchos
documentos, como en un procedimiento realmente integrador que estudie la
historia lingüística en contacto con la historia cultural, social y de las ideas»;

194
Polzin-Haumann 2003, 139). Por su parte, Settekorn plantea un método de
trabajo en historia de la lengua con fundamentación teórica, tecnológica
y social («Historia de la lengua e historia de los hablantes»). Settekorn se
pregunta, con relación a la fragmentación institucional de la romanística
alemana en distintas asociaciones, si se trata de algo más que «una señal
de la continua especialización y su acomodo a estructuras científicas habi-
tuales en todo el mundo, tal y como las encontramos institucionalizadas en
las distintas universidades y organismos de investigación», y qué es lo que
quedará de «romanístico» para «mantenerlas unidas», si es que la Asocia-
ción de Romanistas «ha de ser algo más que un paraguas que cubra a todas
las asociaciones y si su cohesión interna ha de consistir en algo más de lo
que se ve a través de los links que llevan a las distintas asociaciones a par-
tir de la página ‹Romanistik.de›» (Settekorn 2003, 167). Settekorn señala
también cinco aspectos que le parecen útiles para una discusión básica: 1)
desde el punto de vista alemán la historia de las lenguas románicas es un
objeto relativamente ajeno; 2) el método de trabajo científico es básicamen-
te individual ; 3) hay temas de investigación que afectan a un solo estado,
mientras que otros superan sus fronteras ; 4) la lengua de la ciencia (inglés);
5) es necesario un análisis auto-reflexivo de la concepción del objeto de
estudio y del discurso empleado («lingüística triunfalista») en la historia
de la lengua (Settekorn 2003, 167ss.). El capítulo dedicado a las cuestiones
básicas de la historia de las lenguas románicas dentro de las actas editadas
por Gil /Schmitt (2003) se cierra con una carta enviada poco antes de su
muerte por Arnulf Stefenelli a los participantes en la sección. El tema de
esta carta era «La historia de la lengua como instrumento para la investi-
gación y la correcta valoración de la lengua actual»:

«La historia de la lengua y una deseable mayor atención a los conocimientos que
genera, podrían […] desempeñar también una función social, ya que gracias a la
difusión de análisis mejorados, es decir, objetivos y adecuados, de las relaciones
lingüísticas estudiadas en cada caso se podrían reducir aquellas tensiones y con-
flictos entre generaciones o entre grupos sociales condicionadas también en parte
por factores lingüísticos» (Stefenelli 2003, 180–181).

Una pregunta abierta a la hora de escribir la historia de una lengua es el


balance entre las relaciones de la «lingüística de la langue» y la «lingüística
de la parole», tal y como concluye Jakob Wüest en sus comentarios acerca
de la evolución desde el protorromance hasta el francés actual:

«Mientras la lingüística histórica siga siendo sólo una lingüística de la langue, será
necesariamente reduccionista. Sin embargo, los documentos que nos quedan no
nos permiten saber mucho acerca de lo que ocurrió en el nivel de la parole. Por
lo tanto, una lingüística que pretenda tener en cuenta al menos algunos fenóme-
nos de la parole tendrá que ser necesariamente muy especulativa. Este es quizá el
motivo por el que no se suelen tocar algunos dogmas de la lingüística histórica»
(Wüest 2005, 506).

195
En este contexto hay que mencionar de nuevo el volumen colectivo de Her-
bert Christ (1986a) sobre el tema «Romanística: ámbitos laborales y práctica
profesional», dos de cuyos artículos se ocupan de los cometidos de la roma-
nística del futuro y del porvenir de la romanística alemana. Bernd Spillner
critica a la filología románica practicada en Alemania por conservar todavía
hoy una parte de la herencia correspondiente a la concepción de la lingüís-
tica histórico-comparativa del siglo XIX, caracterizada en concreto por una
«perspectiva historicista que sólo mira hacia atrás (p. ej. con su preferencia
por la literatura medieval o por la fonética histórica)», por una «elección de
los temas de la docencia y de la investigación marcada por una tendencia
idealizadora y alejada de la práctica» y por una «concepción universalista
de la disciplina (la unidad de las lenguas y literaturas románicas)» (Spillner
1986, 35). Es cierto que admite que, por muy necesaria que sea la reorienta-
ción, la romanística debería conservar o recordar algunos métodos filológicos
valiosos (p. ej. la crítica textual, la exégesis de textos, la comparación lingüís-
tica, la retórica, la estilística, el análisis de fuentes históricas, la bibliografía),
pero estos métodos no pueden ser «un fin en sí mismos, sino que deben ser
enseñados como métodos propios de las ciencias humanas independientes de
una profesión concreta y aplicables de manera polivalente a la solución de
problemas en muchos ámbitos de actuación» (Spillner 1986, 37). En su opi-
nión, la romanística debería «desarrollarse y ampliarse como una ciencia de la
información y la documentación acerca de las relaciones con las naciones, las
lenguas y las culturas románicas» y debería proporcionar conocimientos en
campos como «la creación y la recuperación de información, la elaboración
de datos, la documentación y la clasificación» (Spillner 1986, 38–39).
Desde la perspectiva de los estudios literarios Dietmar Rieger se ocupa
de la relación entre la práctica de las lenguas y la ciencia filológica. Para él
la romanística es

«desde el punto de vista de la investigación: el estudio de las lenguas y literatu-


ras románicas en sus respectivos contextos vitales sincrónicos y diacrónicos; esta
investigación se lleva a cabo con métodos científicos que son, generalmente, los
propios de las ciencias humanas y con una relación (no siempre explícita) a la
propia realidad vital, para lo cual es indispensable el conocimiento de las respec-
tivas lenguas románicas. Desde el punto de vista de la docencia la romanística
consiste en la transmisión crítica, no sólo de los resultados de la investigación,
sino también de sus métodos. En este contexto, y teniendo en cuenta que sólo un
pequeño porcentaje de los estudiantes se dedicará a la investigación romanística,
la transmisión de competencias lingüísticas por medio de la enseñanza práctica
con lectores puede tener en cierta medida un valor en sí misma para futuras acti-
vidades profesionales (y no exclusivamente para la enseñanza media). A ello hay
que añadir también en el marco de la docencia (en concreto en la formación de
profesores de enseñanza media) el ámbito de la didáctica de la lengua y la litera-
tura francesas» (Rieger 1986, 17–18).

La romanística «no ha llamado suficientemente la atención en el pasado hacia


las funciones sociales de sus distintos componentes científicos (en el marco

196
de una especie de trabajo público) y no ha propagado en suficiente medida
su ‹utilidad› más allá de la enseñanza práctica de las lenguas» (Rieger 1986,
19). Por lo tanto, en un época de recesión económica no le queda más opor-
tunidad que «la insistencia en la utilidad social y también económica de la
competencia en lenguas extranjeras» (Rieger 1986, 20). Sin embargo, el hecho
de actuar en función de las expectativas de la opinión pública puede suponer
también un peligro y puede poner en marcha una dinámica difícil de parar
«allí donde se pretende reaccionar directamente ante los requerimientos de
la opinión pública por medio de planes de estudios específicos que intenten
salvar a la vez el aspecto científico de la especialidad» (Rieger 1986, 20):

«Aceptar las condiciones de un horizonte de expectativas que desconoce la es-


tructura y la esencia de la especialidad, para con ello salvaguardar los intereses
materiales y personales, siendo plenamente conscientes de la implícita estafa de
etiquetas que a ello se une, puede ser un gol en propia puerta. Los departamen-
tos de filología románica se pueden convertir por esta vía en escuelas de idiomas
altamente calificadas, en las que el romanista se encontrará cada vez más fuera
de sitio» (Rieger 1986, 23).

El Congreso de los Romanistas de 1985 en la Universidad/Gesamthochschule


de Siegen ofreció ya un foro central para la discusión. Allí se discutió sobre
el trabajo de la especialidad, su desarrollo, su estado actual y su orientación
para el futuro, todo ello no sólo en una perspectiva interna, sino también con
la intención de hacerlo comprensible a la opinión pública (Nies/Grimm 1988,
5). En su discurso inaugural como presidente de la Asociación Alemana de
Romanistas, Fritz Nies describe el futuro de una «disciplina imposible» cuyo
objeto de estudio comprende «el espacio cultural de una familia lingüística
que es, con mucho, la mayor de Europa, lo mismo que de todo el hemisferio
occidental» y al que pertenece la mayor parte de estados del llamado Tercer
Mundo (Nies 1988, 9). Menciona algunos temas centrales para el debate y
señala también algunos «campos de trabajo por lo general baldíos» en los que
claramente existe una tarea que la romanística debe cumplir. Estos campos
son: la elaboración de ofertas de formación continua y de información para
los numerosos intermediarios entre los espacios culturales alemán y románico
que ocupan puestos de responsabilidad en los medios de comunicación, en
las organizaciones internacionales y en la política; la generación de posibi-
lidades formativas serias nacidas del mundo científico para una creciente
parte de nuestra población que ya ha terminado su vida laboral; el apoyo
al importante e insuficiente intercambio de estudiantes y de científicos con
algunos destacados países industrializados, para lo cual se necesita la elabo-
ración de conocimientos de lengua y de cultura específicos para ingenieros,
científicos, juristas, economistas y sociólogos; la colaboración en el diseño de
planes de estudios específicos para estudiantes iberoamericanos o africanos,
que transfieren a su propio entorno el conocimiento que adquieren aquí,
para lo cual ponemos a disposición nuestro conocimiento de su cultura y de

197
sus problemas; la oferta de un conocimiento algo más que turístico sobre las
culturas románicas para los cientos de miles de personas que cada año, por
los motivos más distintos, viajan a una Romania que para ellos es extraña;
una preparación especial para la actividad del traductor de literatura, cuya
importancia es decisiva en la transferencia cultural (Nies 1988, 10–11). La
romanística cuenta con opciones especiales a la hora de enfrentarse con un
mundo que cada vez cambia más de prisa: en tanto que «ciencia hermenéu-
tica es capaz de activar un sistema inmunológico que reduzca la propensión
hacia continuos mensajes salvíficos nuevos»; en tanto que «ciencia histórica
es capaz de oponerse a inquietantes expectativas escatológicas»; la romanís-
tica es una «ciencia que no se liga de manera exclusiva o predominante a
una sola nación», sino que, por el contrario «tiene un objeto de estudio ex-
pandido por todo el mundo, sin que por ello se confunda con lo demasiado
general, y su familiaridad con la tradición cartesiana de la duda metódica y
con la herencia de la ilustración hace que para ella sea evidente que todo
conocimiento cultural es relativo y provisional, pero, a pesar de todo, posi-
ble» (Nies 1988, 11).
En sus palabras de saludo, la ministra de ciencia e investigación del esta-
do de Nordrhein-Westfalen, Anke Brunn, pone sobre la mesa la doble crisis
existencial de las ciencias humanas, que ya no tienen a priori una función
de liderazgo y de orientación (Brunn 1988, 14). Robert Picht, en su artículo
acerca de las relaciones internacionales y su relación con el futuro de las fi-
lologías de lenguas extranjeras, subraya

«la decidida aceptación de las exigencias que plantea una interdependencia in-
ternacional cada vez mayor o, dicho de manera menos elegante, la aceptación
del hecho de que la supervivencia de todos nosotros depende de en qué medi-
da comprendamos a nuestros socios y en qué grado seamos capaces de hacernos
comprender por ellos» (Picht 1988, 83).

A partir de aquí reclama que las costumbres didácticas e investigadoras de


las filologías se orienten más intensivamente hacia «dos necesidades estre-
chamente relacionadas: por un lado, hacia una meditada comparación inter-
cultural y, por otro, hacia una interconexión multidisciplinaria de problemas
y conocimientos lingüísticos, literarios, históricos y sociales» (Picht 1988, 90).
Ekkehard Eggs y Heidemarie Sarter discuten la relación entre la lingüísti-
ca y las Landeswissenschaften3 desde el punto de vista de la posibilidad de
transmitir unas competencias que combinen la comunicación y la interac-
ción en un ámbito transnacional (Eggs/Sarter 1988, 154–155). De manera
paralela, Franz-Rudolf Weller analiza la relación entre estos conocimientos
histórico-culturales y la literatura y fija su atención en el arte como reflejo
de la realidad, en la literatura como parte integrante de una sociedad y en
la relación entre forma estética y praxis social (Weller 1988, 167). Por último,

3 Cf. cap. 1., n. 1.

198
Jürgen von Stackelberg (1988) presenta el mundo de la traducción literaria
y las posibilidades de trabajo de los traductores y de los críticos especialistas
en traducciones.
Bajo el provocador título de «¿Tienen todavía algo que decirse la lin-
güística y la literatura?», los editores de Romanische Forschungen (Viertel-
jahrsschrift für romanische Sprachen und Literaturen) (= Investigaciones ro-
mánicas, revista trimestral de lenguas y literaturas románicas), Frank-Rutger
Hausmann y Harro Stammerjohann, invitaron a algunos lingüistas e inves-
tigadores de la literatura a expresar su opinión. Los editores resumen los
resultados afirmando que existe una disposición básica al diálogo, pero na-
die, con una sola excepción, se manifestó a favor de renunciar a la propia
autonomía:

«Al igual que en el pasado la lingüística y la literatura se separaron a partir de la


filología textual, en un futuro próximo y a la luz de la europeización y globalización
de la política, de la economía, de la cultura y de la comunicación que se observan
actualmente, se crearán a partir de estas dos disciplinas nuevas ciencias indepen-
dientes dedicadas a las naciones, las culturas y los medios de comunicación, en un
proceso que ampliará de nuevo la organización tradicional de la ciencia. De cual-
quier modo, todavía no está claro si este proceso funcionará de manera paralela,
por cooperación o por competencia» (Hausmann/Stammerjohann 1998, 11).

Peter Wunderli afirma que «la lingüística y la literatura se han separado irre-
mediablemente sólo de forma aparente» y que, en lugar de «insistir todos en
una queja que ya es casi tradicional, […] es mucho más adecuada una nueva
ideología basada en una sistemática superación de las fronteras» (Wunderli
1998, 208). Wolfgang Raible está a favor de que la lingüística y la literatura
«colaboren en el marco de una nueva ciencia de la cultura que abrace a las
dos y que reúna de nuevo sus fuerzas» (Raible 1998c, 138), ya que las disci-
plinas tradicionales pueden sobrevivir sólo «si cambian constantemente, es
decir, si permanecen dinámicas o incluso si consiguen condicionar la dinámica
de otras disciplinas» (Raible 1998c, 140).
Heinz Werner se ha ocupado intensamente de la relación entre la filo-
logía, la lingüística tradicional y las nuevas corrientes lingüísticas. Werner
considera la tradicional ciencia del lenguaje (Sprachwissenschaft), en tanto
que parte de una filología de orientación humanista, y la lingüística moder-
na (Linguistik) como dos ámbitos científicos completamente distintos, que
se distinguen desde tres puntos de vista:

«La lingüística (Linguistik) y la ciencia tradicional (Sprachwissenschaft) se distin-


guen básicamente en su ordenación dentro del sistema de las ciencias, en concreto,
en su relación con otro ámbito científico, como es el de la filología de una lengua.
[…] La diferencia más importante consiste en los distintos mecanismos utilizados
para formar sus conceptos, así como en la naturaleza heterogénea de sus métodos y,
por lo tanto, en su posicionamiento teórico completamente diferente. […] También
existen diferencias significativas ligadas a los dos primeros aspectos en lo que se
refiere a contenidos y objetivos; obviamente en este punto también se dan nume-

199
rosas coincidencias, lo cual explica que estos dos ‹tipos de ciencia de las lenguas›
se hayan metido frecuentemente en el mismo saco» (Werner 1998, 164–165).

Por otro lado, Werner, siguiendo a Erich Auerbach, delimita el objeto de


estudio de la filología tradicional de una manera que hoy ya no goza de actua-
lidad, al considerar que se ocupa de «textos importantes para la literatura»,
de «obras de arte verbal de la literatura culta»; en concreto, afirma que «el
principal cometido filológico no es sólo lograr una comprensión correcta,
exacta y completa de aquellos textos de una lengua que se consideran como
pertenecientes a la literatura ‹culta› y que se cuentan entre los ‹importantes
para su literatura›, sino que radica en una comprensión ‹que interpreta› y
que, con ello ‹profundiza más› en ellos» (Werner 1998, 166–167). Sin em-
bargo, la lingüística actual se ocupa principalmente de «las capas lingüísticas
más bajas», como son los textos utilitarios o los textos del sub-estándar, de
manera que hoy ya no es válida la conclusión del razonamiento de Werner,
según el cual a la lingüística básicamente le correspondería de acuerdo con
la concepción tradicional el papel de «sierva de la filología», lo cual quiere
decir en realidad, sierva de la literatura (Werner 1998, 170). Obviamente
el papel específico de la lingüística formal y de orientación científica (por
oposición a humanística) (Werner 1998, 176ss.) no estaría afectado por esto
y no hay que poner en absoluto en duda que, entre lo que Werner llama la
«lingüística (Sprachwissenschaft) tradicional» (y que califica como «art», cf.
Werner 1998, 181, 183) y la lingüística formal que él practica (y que califica
como «science»; Werner 1998, 181, 183), existen «diferencias fundamentales
tanto en el punto de vista como en la constitución de un determinado objeto
de estudio» (Werner 1998, 177):

«A la hora de formular una teoría general de la estructura de las lenguas la lin-


güística […] ya no puede servirse de los conceptos tradicionales de la ciencia filo-
lógica del lenguaje; una teoría de este tipo se formula sólo por medio de conceptos
explícitos, analizables lógicamente y matematizables» (Werner 1998, 179).

De cualquier modo, en opinión de Werner ambas posiciones pueden coexistir


dentro de la situación actual de la romanística:

«La formación de una lingüística independiente es un proceso que sobrepasa el


ámbito de investigación de una sola lengua y como tal, aunque ha empezado o ha
tenido lugar fuera de la romanística, no debería prescindir de ella. Por lo tanto,
sería esperable que se formara también dentro de la filología románica una lin-
güística (Linguistik) románica a la manera de un esqueje mutado a partir de la
lingüística (Sprachwissenschaft) románica tradicional» (Werner 1998, 185).

En este contexto la cuestión de si «hay que subordinar institucionalmente


la(s) lingüística(s) de las lenguas románicas a la tradicional filología romá-
nica» (Werner 1998, 186–187) es, en última instancia, secundaria, ya que hoy
ya no se puede hablar de un riguroso «sometimiento» de la lingüística (Lin-
guistik) románica a la tradicional romanística de tipo filológico.

200
De los demás artículos editados por Hausmann/Stammerjohann (1998)
merece la pena destacar todavía la toma de posición de Harald Weinrich
(1998) con sus «Consideraciones económico-ecológicas acerca de la situación
de la romanística» y la de Dominique Maingueneau (1998).
El IX Coloquio de Romanistas (Dahmen et al. 1996) se consagró a la
importancia de las lenguas románicas en la Europa del futuro, prestando
atención al papel tanto de las grandes como de las pequeñas lenguas en la
«configuración de la inconfundible fisonomía del viejo continente» (Dahmen
et al. 1996, 16). En este marco Otto Gsell (1996) constata que desde finales
de los años sesenta del siglo XX existe una continua crisis de identidad de
la romanística como carrera universitaria y como tarea investigadora. En un
segundo momento se ocupa de las perspectivas de esta especialidad univer-
sitaria alemana y de las posibilidades de una transformación espontánea,
descentralizada y nada espectacular.
La revista Grenzgänge,4 publicada en Leipzig, propuso en 1996 nueve tesis
acerca de la concepción actual de la romanística y las dirigió, entre otros, a
los presidentes de las respectivas asociaciones lingüísticas, a los editores de
revistas romanísticas en Alemania, Austria y Suiza y a los evaluadores de la
Deutsche Forschungsgemeinschaft (= Consejo de Investigaciones Alemán),
con la petición de que expresaran su opinión sobre ellas. Johannes Kramer se
pronuncia a favor de los estudios románicos en la docencia con el fin de man-
tener la actual variedad de la oferta didáctica en el campo de la romanística
y para garantizar una superación realmente competente de las fronteras del
canon lingüístico y literario (Kramer 1996b, 30). Para Kramer la profesiona-
lidad en la romanística no significa «estar en posesión de un catálogo indis-
cutido de saberes básicos, sino el saber construirse unos centros de gravedad
básicamente personales», con lo cual su lema es: «libertad personal para cada
uno y universalidad colectiva para la disciplina» (Kramer 1996b, 26).
Para Brigitte Schlieben-Lange la romanística debe seguir siendo una dis-
ciplina que transmita «la capacidad de comparar culturas» (Schlieben-Lange
1996, 42). Esta ciencia no se «limita a la Europa occidental, […] sino que tiene
que ver también con América, África y la Europa del Este» (Schlieben-Lange
1996, 44) y no sólo tiene que conservar y transmitir sus potencialidades, sino
que debe incrustarlas en las discusiones teóricas actuales (Schlieben-Lange
1996, 45). Para ello el núcleo de la romanística debe seguir siendo una disci-
plina filológica, es decir, «en el centro de la romanística debe estar el trabajo
con lenguas y textos (en distintos medios y en sus distintas combinaciones)»
(Schlieben-Lange 1996, 45–46). Como conclusión esta autora escribe:

4 El nombre de la revista podría traducirse como Cruces de fronteras y se refiere


a una posición intelectual caracterizada por el inconformismo y la superación de
las fronteras tradicionales de las ciencias.

201
«La romanística, tal y como se practica en las universidades alemanas, es un mar-
co institucional que contiene determinadas potencialidades que no deben quedar
enterradas. Por el contrario, estas potencialidades han de usarse y desarrollarse.
La disciplina, en tanto que institución, debe proporcionar una preparación con ga-
rantías (en forma de destrezas y no [sólo] como saber canónico – esto es también
una discusión superflua), que sea transparente tanto para el mercado de trabajo
como para la colaboración interdisciplinaria y su núcleo debe seguir estando en la
lingüística y en la ciencia textual» (Schlieben-Lange 1996, 46).

En otra toma de postura (Holtus 1996) se plantea en primer lugar la dificul-


tad de delimitar con claridad qué es la romanística: para ello hay que tener
en cuenta que siempre ha existido una pluralidad de métodos y que una
disciplina mantiene contactos con las disciplinas vecinas (lo cual complica
la clasificación de las investigaciones relativas a los contactos lingüísticos,
a la lingüística contrastiva y a la tipología lingüística); desde el punto de
vista temático tampoco es fácil la definición, ya que se estudian las lenguas
y variedades lingüísticas procedentes del latín, sus manifestaciones sociales,
culturales y quizá incluso psicológicas, la latinidad, etc. (Holtus 1996, 34). A
la hora de responder a la cuestión de qué hay que definir como contenido de
los distintos módulos de conocimiento hay que tomar en consideración natu-
ralmente los ámbitos de trabajo en los que tradicionalmente hay empleo para
un romanista (como son la escuela o las traducciones), pero debería ser una
tarea de la romanística seguir desarrollando su propio perfil característico y
presentar de manera activa una oferta de puntos fuertes resultantes de toda
la amplitud de la disciplina que puedan aplicarse de forma variada y que no
sean una simple reacción a las tendencias actuales del mercado de trabajo.
Para ello es necesario el compromiso de los romanistas, que hoy todavía go-
zan de la libertad de cátedra y de investigación, que autoevalúan críticamente
su oferta docente y sus actividades investigadoras y que son conscientes de
cuál es su responsabilidad ante la sociedad (cf. Holtus 1996, 38).
Una nueva serie de discusiones sobre las perspectivas de futuro de la
romanística y de sus distintas partes se abrió en 1997 en la Zeitschrift für
französische Sprache und Literatur (= Revista de lengua y literatura francesa)
con los artículos de Andreas Kablitz («Intento de una defensa del experimen-
to: las oportunidades de una ciencia paradójica») y de Ulrich Schulz-Busch-
haus («El futuro de los estudios literarios (franceses)»). A estos dos artícu-
los les siguió el año siguiente la parte lingüística con el trabajo de Wolfgang
Raible. Raible ofrece en primer lugar una descripción de la situación en la
que atiende al contexto global, a los ámbitos de trabajo y al conservadu-
rismo de la disciplina. A continuación analiza el contexto profundamente
modificado en el que se encuentran las disciplinas filológicas. Dos de los
aspectos tratados son el grado de participación de la disciplina en redes de
información de nivel mundial y el desplazamiento de los centros de peso de
las universidades hacia otras disciplinas como la biología, la informática, las
ciencias de los materiales y la técnica de los microsistemas (Raible 1998a,

202
258ss.). A los «talentos» tradicionales de la lingüística románica, Raible aña-
de ahora nuevas colaboraciones: por ejemplo, de entre las ciencias cognitivas
propone una alianza con la psicolingüística; en el campo de la biología son
posibles colaboraciones a propósito de la adquisición de lenguas, la investi-
gación de la afasia, de los distintos tipos de bilingüismo y su organización en
el cerebro; son también factibles trabajos acerca de las cuestiones relaciona-
das con «lenguaje y pensamiento» y «lenguaje y cerebro», así como acerca
del paralelismo entre el código genético y el código lingüístico en todos los
planos de la jerarquía lingüística (Raible 1998a, 262). Y todas estas alianzas
exigen tiempo y capacidad investigadora, así como una reforzada disponi-
bilidad para la cooperación y para el trabajo en equipo y una apertura a la
ciencia de la cultura en general:

«La romanística, en tanto que disciplina cuyo objeto de estudio se encuentra no


sólo en Europa, sino también en Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, en el
Caribe, en África, en el Océano Índico y en el Pacífico, es un socio ideal para una
alianza de este tipo con otras ciencias de las culturas – tanto en su manifestación
lingüística como también en la literaria. Basta con querer este tipo de alianzas y,
después de superar nuestra tendencia natural a conservar y a seguir haciendo lo
que hemos aprendido, hace falta acogerlas científicamente dentro de la disciplina.
La romanística, que es por su propia naturaleza una disciplina abierta, debería estar
mejor preparada que otras para tales alianzas» (Raible 1998a, 263).

Frente a esta determinación de la romanística «desde arriba», «desde la pers-


pectiva del investigador de primera línea, que pretende canalizar y optimi-
zar su disciplina», Johannes Kramer en «La romanística entre la teoría de
altos vuelos y el anclaje práctico» propone la «visión desde abajo, desde la
perspectiva de la gran mayoría de los que tienen algo que ver con ella, es
decir, desde el punto de vista del estudiante medio antes del primer examen»
(Kramer 1999a, 55):

«Lo que necesitamos en la docencia es un núcleo central que pueda ofrecerse en


todas partes en las que haya romanística y luego especializaciones distintas en cada
universidad en función de los puntos fuertes en la investigación de los respectivos
docentes» (Kramer 1999a, 59).

En el Congreso Austriaco de la Ciencia organizado por la Österreichische


Forschungsgemeinschaft (= Consejo de Investigaciones Austriaco) en octu-
bre del año 2000, Raible presentó, en el marco general del tema «El hombre
y su(s) lengua(s)», su diagnóstico y algunas predicciones con relación a la
cuestión «¿Hacia dónde va nuestra lengua?». Raible trata el cambio lingüís-
tico, los nuevos tipos de texto como motor del cambio, la reconstrucción, la
construcción y el derribo como formas del cambio lingüístico; su diagnóstico
no es el de «decadencia permanente de las lenguas», sino el de «permanente
construcción» de las lenguas europeas (Raible 2001, 22).
Las posibilidades y las oportunidades para hacer predicciones lingüísti-
cas estuvieron en el punto de mira de una sección del XXII Congreso de la

203
Asociación Alemana de Romanistas celebrado en Bamberg en 1991, que se
ocupó de las siguientes cuestiones (Holtus 1994, 7): Desde el punto de vista
de la historia de la lengua, ¿en qué medida se pueden traspasar a las futuras
fases de transformación de una lengua las afirmaciones generales acerca de
los factores que influyen en el cambio lingüístico? ¿A partir de los análisis
de cambios dentro del conjunto de variedades de una lengua, podemos ob-
tener principios aplicables a futuros procesos de cambios en la dinámica del
diasistema de una lengua? ¿En qué medida el diasistema del italiano, con sus
variedades investigadas de una manera relativamente intensa, puede tomarse
como un modelo para predecir futuros procesos? ¿Tienen algún sentido las
afirmaciones predictivas con relación a fenómenos lingüísticos? ¿Están jus-
tificadas o cae la lingüística con ellas en un campo especulativo que debería
dejar en manos de otras disciplinas con mejores medios técnicos y científicos
(piénsese por ejemplo en la climatología y la predicción del tiempo)? El re-
sultado es que la capacidad para hacer predicciones en lingüística se limita
a indagar las tendencias en el sistema de una lengua, es decir, qué podemos
afirmar y en qué condiciones acerca de cómo podrían ser las evoluciones
futuras de una lengua (en este caso se trataba del italiano); el hecho de si
definitivamente serán así o no, no puede predecirse (Holtus 1994, 14).
Las perspectivas de futuro de la disciplina fueron también el objeto de
un informe sobre la romanística en las universidades de Baden-Württem-
berg presentado por Gerhard Ernst, Alois Hahn y Ulrich Schulz-Buschhaus.
En dicho informe se señalan los nuevos desarrollos, entre los que hay que
mencionar los siguientes: 1) la inclusión de la Romania no europea; 2) una
mayor atención a las conexiones culturales y sociales; 3) una aproximación
a los condicionamientos histórico-sociales de la lengua y la literatura y, por
otro lado, al carácter de la lengua y la literatura como manifestación de una
«conciencia colectiva» o bien de una «memoria colectiva»; 4) la atención y
en muchos casos una notable investigación de la lengua actual y de la litera-
tura moderna hasta la actual vanguardia; 5) el desarrollo propio de nuevos
métodos y de nuevas líneas de investigación, así como la recepción de todos
los nuevos paradigmas de la lingüística y la literatura (Ernst/Hahn/Schulz-
Buschhaus 1998, 278). El informe también presenta el campo de estudio de
la disciplina, la cuestión de la unidad de la romanística vs. la fragmentación
en disciplinas particulares, los puntos fuertes de la investigación, las pers-
pectivas de desarrollo de la lingüística y de la literatura románica y los as-
pectos interdisciplinarios de la romanística. Entre estos últimos se destaca
su contribución al desarrollo de nuevas perspectivas, métodos y teorías en
otras disciplinas y la disposición a ofrecerles su material para que puedan
validar o falsar sus propios resultados (Ernst/Hahn/Schulz-Buschhaus 1998,
291). En general
«la investigación romanística ofrece, desde la perspectiva de las disciplinas vecinas,
la imagen de una ‹casa abierta› a las sugerencias y a los estímulos interdisciplina-
rios, más que la de un ‹closed shop›. Esto tiene aspectos naturalmente positivos.

204
Sin embargo, también es un indicio de una pérdida de la autonomía de la disci-
plina relacionada con la crisis internacional de la hermenéutica histórica, que no
se puede ocultar, a pesar de todas las revitalizaciones. Por lo tanto, por un lado
tenemos una presencia fascinante y una receptividad hacia los nuevos desarrollos
de las ciencias humanas, pero por otro lado nos encontramos también ante un
perfil específicamente ‹romanista› poco marcado. Y la dificultad de presentarse
hacia fuera como romanista depende probablemente de esta situación. No es por
tanto sorprendente que cada vez más especialistas en francés, italiano, portugués
o español quieran decirle adiós a la romanística en tanto que romanística» (Ernst/
Hahn/Schulz-Buschhaus 1998, 295).

Desde un punto de vista sociológico, la flexibilidad, que se enseña y se apren-


de en la universidad, tiene que

«mantenerse y abstraerse frente a las modas que cambian constantemente. Lo


importante es la competencia metodológica y teórica (incluso en el ámbito del
arte de la síntesis interdisciplinaria), que gracias a su separación de lo que es pu-
ramente actual está siempre preparada para lo más actual» (Ernst/Hahn/Schulz-
Buschhaus 1998, 296).

Romanistica se movet es el título del homenaje ofrecido a Horst Geckeler con


ocasión de su 65 cumpleaños y editado por Wolf Dietrich y Ulrich Hoinkes.
Los editores reconocen que en estos tiempos de cambio predomina desde
el punto de vista romanístico la zozobra de un sentimiento catastrofista y
afirman que lo que en realidad necesitamos

«no es una segmentación lineal del desarrollo actual de la disciplina, sino de su


dinámica constructiva, que nos parece mucho más interesante […] que una visión
unidimensional en un futuro aparentemente gris. Actualmente nuestro pensamien-
to histórico – y no sólo el que se ocupa de la disciplina – se realiza de forma
elegante en un marco en el que se enfrentan tradiciones e innovaciones. Sin em-
bargo, estos conceptos se convierten fácilmente en las representaciones planas de
una concepción lineal del progreso superada al menos ya desde el siglo XIX. En
cualquier caso, la propaganda quiere hacernos creer que la relación ‹nuevo› ĺ
‹mejor› es algo que sólo puede existir en esa dirección. Y, sin embargo, la realidad
que experimentamos nos demuestra lo contrario» (Dietrich/Hoinkes 2000, 9).

Por su parte, Wolf Dietrich dibuja la imagen de la lingüística románica a las


puertas del tercer milenio:

«Al igual que en los decenios precedentes, hoy tampoco existe el romanista y la
lingüística románica. Habrá más o menos especialización en el campo de las len-
guas, la cultura o la teoría lingüística y, junto a ello habrá también – ojalá – algunos
generalistas con menos competencia de detalle que podrán establecer las grandes
relaciones tipológicas, areales, histórico-genéticas o simplemente descriptivas. Una
lingüística románica parcial y otra general son formas que siempre han existido y
tienen que seguir existiendo de manera complementaria» (Dietrich 2000, 37).

Si la lingüística románica busca el contacto con la lingüística de otras lenguas


(por ejemplo, de las lenguas autóctonas de América), puede entonces

205
«aprovechar sus propias experiencias históricas, p. ej. en relación con los contactos
lingüísticos de sustrato y de adstrato, y aplicarlos a la reconstrucción de formas
lingüísticas anteriores, a la tipología lingüística y a la clasificación areal, y puede
recibir a la vez estímulos enriquecedores en estos mismos y en otros campos»
(Dietrich 2000, 39).

En su artículo «Romanística del futuro – ¿Futuro de la romanística?», Man-


fred Lentzen discute desde el punto de vista de los estudios literarios el sen-
tido de las ciencias humanas, las perspectivas de la romanística como titula-
ción académica y como campo de investigación, la función del alemán como
lengua de la ciencia y la relación entre los medios impresos y la práctica de
la publicación electrónica. Lentzen resume de la siguiente forma su personal
visión de la creciente tendencia hacia los estudios culturales:

«Estos proyectos de investigación ‹cultural› tienen una importancia capital para


la comprensión mutua entre los pueblos y el mantenimiento de la paz. Pero es-
tos estudios no deben ser la causa de que los estudios de orientación ‹filológica›
se descuiden o incluso se aparten completamente, ya que es obvio que para una
comprensión adecuada de las evoluciones culturales y de las relaciones entre los
pueblos la única base posible es una interpretación filológicamente precisa de un
testimonio histórico o de un documento, donde frecuentemente es fundamental
determinar el significado preciso de cada palabra, o incluso también la interpre-
tación exacta de un texto literario» (Lentzen 2000, 48–49).

En opinión de Lentzen nunca se ha cuestionado de manera seria la existencia


de la romanística, sólo

«las más recientes planificaciones y evoluciones de la política científica, que vienen


de fuera y tienen unos condicionamientos básicamente económicos, hacen temer la
aparición de argumentos que ataquen la sustancia de la disciplina. Y aquí radica la
tarea y la obligación de los representantes de la disciplina de indicar con insisten-
cia cuál es la importancia y el significado social de la romanística, una disciplina
no sólo útil, sino también fascinante» (Lentzen 2000, 50).

Harald Thun señala de manera impactante cómo se puede combinar lo nue-


vo y lo viejo a partir de su visión general sobre las nuevas corrientes en la
geografía lingüística, en la que distingue varias fases:

«una prehistoria de más de cien años; otra fase también de más de cien años
dedicada a la geografía lingüística unidimensional; una nueva fase de geografía
lingüística pluridimensional que ha discurrido paralelamente a la fase anterior en
los últimos decenios; y, por último, una fase en estado naciente de una geografía
lingüística que analiza las complejas redes comunicativas» (Thun 2000, 69).

Quo vadis, Romania? es el título de una revista editada en Viena «para una
romanística actual». «Quo vadis, Romanistica?» es el título de un artículo de
Georg Kremnitz con ideas surgidas con motivo de un hecho reciente (como
es la desaparición del Departamento de Romanística de la Universidad de
Viena como órgano organizativo independiente), con reflexiones acerca de
los descuidos de la romanística en la política científica y con algunas tomas

206
de posición con relación a la relevancia social de la disciplina. Para Kremnitz
el problema fundamental consiste en que

«se están perdiendo las orientaciones y el marco antiguos y no se alcanza ningún


consenso sobre los nuevos. La consecuencia es que anything goes, lo cual ofrece
durante un breve período de tiempo un fogón a muchos cocineros más bien me-
diocres, pero representa una solución miope ante la situación social. Sería urgente
pensar de manera innovadora en una romanística del futuro, abierta por un lado a
nuevos impulsos, pero sin intentar participar necesariamente en cada movimiento
de la moda – las modas suelen pasar. Si no, le ocurrirá como a los dinosaurios. El
tiempo de veda ha pasado. La romanística tiene que defender su piel, si no quiere
que la devoren» (Kremnitz 2003, 116).

La «auténtica fidelidad a la tradición consiste en responder de forma creativa


a las nuevas exigencias» (Kremnitz 2003, 118; hemos eliminado la cursiva del
original). Crear nuevos planes de estudio y nuevas titulaciones no consiste
«simplemente en echar vino viejo en odres nuevos» (Kremnitz 2003, 119);
más bien se trata de ofrecer a los estudiantes «la posibilidad de especializarse
individualmente por medio de la combinación de diferentes contenidos for-
mativos, de entre los cuales puedan elegir libremente al menos una parte»
(Kremnitz 2003, 119).

«Es necesario que la clase política renueve sus ideas acerca de la importancia
de la educación y la formación ; es necesaria una situación política más favora-
ble; es necesario sustituir el actual modelo social neoliberal por un modelo más
humanista menos orientado al beneficio inmediato y al poder brutal» (Krem-
nitz 2003, 119).

Es decir, es necesario que la romanística no siga sólo reaccionando, sino que


actúe (en el plano individual y asociativo); es necesario que «los romanistas
aumenten su nivel de autoexigencia y que se propongan nuevos retos», es
necesario que «tomen conciencia de las necesidades de la sociedad, que las
tengan en cuenta y que no las dejen a un lado como algo irrelevante para
su bruma elitista» (Kremnitz 2003, 119–120).
La discusión acerca de la romanística, la disciplina y sus perspectivas con-
tinúa y ha dado algunas pruebas recientes. Como ejemplo hay que mencionar
en primer lugar el XXV Congreso Internacional de Lingüística y Filología
Románica celebrado en Innsbruck en septiembre del año 2007. En dicho con-
greso la mesa redonda organizada por Wulf Oesterreicher se ocupó de «El
provenir de las lenguas románicas» y contó con las intervenciones de Rita
Franceschini, Françoise Gadet, Miguel Gonçalves, Emilio Ridruejo, Sanda
Reinheimer-Rîpeanu y Lene Schøsler. El centro de atención lo constituye-
ron aspectos relativos a la difusión y la enseñanza de las «grandes» lenguas
románicas, francés, español e italiano, su relación con el inglés, el significado
de las lenguas vecinas o las lenguas de contacto y de las lenguas románicas
«pequeñas», la situación de los emigrantes y la función de los programas de
intercambio lingüístico.

207
El XXX Congreso de los Romanistas Alemanes se celebró en Viena en-
tre el 23 y el 27 de septiembre de 2007. El tema del congreso era «La roma-
nística en la sociedad» y Georg Kremnitz fundamentó con dos argumentos
su elección:
«Por un lado, para poner de manifiesto de manera clara que, en un tiempo en el
que se pone en duda en muchos sitios el valor de las ciencias humanas, nosotros
estamos convencidos de la importancia de nuestra disciplina para toda la socie-
dad y estamos dispuestos a sostenerlo ante la opinión pública. ¿Quiénes pueden
ser los mediadores entre las culturas y pueblos germánicos y románicos, sino los
romanistas de lengua alemana? ¿Quién, sino nosotros, puede aclimatar a nuestro
contexto las culturas habladas, escritas, cantadas y, en una palabra, vividas en una
lengua románica y extendidas por los cinco continentes? ¿Quién, sino nosotros,
puede vivir la comunicación con estas lenguas y pueblos?» (Kremnitz 2007a, 6).

Por otro lado, el tema tiene su reverso: «[…] qué expectativas nos plan-
tea la sociedad que nos rodea? ¿Qué hacemos nosotros para cumplirlas?»
(Kremnitz 2007a, 6). A partir de aquí se deduce una visión de futuro de una
romanística abierta y extendida por todo el mundo «que no se esconde en
la tantas veces criticada torre de marfil, sino que defiende sus posiciones en
el centro de la plaza» (Kremnitz 2007a, 7). En este sentido, el mismo Krem-
nitz ha proclamado que los nuevos planes de estudio de bachiller (BA) y de
máster (MA) son un desafío para la romanística (cf. Kremnitz 2007b).
También asociaciones romanísticas «más pequeñas», como la Association
Internationale des Études Occitanes, discuten intensamente los aspectos ac-
tuales de la configuración del «state of the art», tal y como señala el anun-
cio del coloquio «La romanistique dans tous ses états» (Montpellier, 15–17
mayo 2008):
«Aunque la lingüística románica ya no sea la ‹praeceptrix linguisticae› de la que
hablaba Leo Spitzer, sigue siendo un campo de investigaciones muy fecundo, ya
que integra, sin renegar de su tradición historicista, la diversificación ligada a la
expansión de varias lenguas importantes. Se encarna en las instituciones (revis-
tas, sociedades, centros de investigación…), se manifiesta a través de reuniones y
encuentros de envergadura (congresos, coloquios…), pero tiene dificultades para
mantenerse en los planes de enseñanza y de investigación universitaria, especial-
mente en Francia, a medida que la práctica de la comparación se hace cada vez
más rara. Esta constatación no es nueva, pero podrá servir de punto de partida
para algunas preguntas: 1) ¿cómo se ha insertado la lingüística románica (o la
lingüística de las lenguas románicas) en el gran movimiento de teorización que
ha caracterizado al pasado siglo XX y al recién estrenado siglo XXI?; 2) y, más
concretamente, ¿qué lugar concede al punto de vista tipológico?, ¿cómo trata la
variación y la diversificación que caracteriza especialmente a las lenguas románicas
que tienen vocación internacional?; 3) ¿qué propone en el ámbito de la gestión
de las lenguas: didáctica, difusión, estatus institucional, preservación de las lenguas
amenazadas?; 4) ¿cuáles son las representaciones de las lenguas románicas y de
lo románico en su espacio geo-histórico natural y fuera de él?; […] 5) ¿qué queda
por decir acerca de la historiografía de la lingüística románica, sobre todo para
reevaluar la importancia de determinadas personalidades, figuras o instituciones
románicas, para actualizar las relaciones personales o institucionales tejidas en el
hilo de la historia?» (1ª circular, junio 2007).

208
Para terminar, y a modo de eco de las palabras pronunciadas en 1985 por
Dorothee Wilms, ministra de educación y ciencia de la R.F.A., que aparecen
citadas en el cap. 1., querríamos citar ahora un fragmento del discurso pro-
nunciado por Doris Ahnen, ministra de educación, ciencia, juventud y cultura
de Rheinland-Pfalz con ocasión del III Tag der Forschung (= Jornada de la
Ciencia) en Rheinland-Pfalz. En su alocución la ministra atrajo la atención
de la opinión pública sobre la importancia social de las ciencias humanas y
su utilidad para la economía y puso de relieve la pluralidad de los campos
de investigación y docencia de las humanidades y las posibilidades laborales
que llevan aparejadas:

«En su discurso la ministra ofreció una visión actual de las ciencias humanas, entre
otros, desde el punto de vista de la política universitaria. Apuntó a la importancia
de las ciencias humanas dentro del panorama científico alemán en relación con el
Año de las Humanidades 2007, que debería servir para discutir y mitigar la crisis
de las ciencias humanas. Ahnen se pronunció en contra de una ‹retórica lacrimó-
gena de la decadencia›: ‹La situación del mercado de trabajo para los humanistas
es mejor que su fama› […]. Los humanistas forman a generalistas y las exigencias
de la sociedad en numerosas ocasiones no se pueden satisfacer si no es gracias a
las ciencias humanas» (Neyses 2007, 10–11).

209
210
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14. Índices

14.1. Índice de nombres

Aebischer, Paul 70, 104 Blasco Ferrer, Eduardo 156


Agard, Frederick B. 131, 132, 135, 136, Blasco i Laguna, Ricardo 104
144, 158 Blecua, José Manuel 68, 99
Ahnen, Doris 209 Bloomfield, Leonard 103
Alarcos Llorach, Emilio 70 Blumenthal, Peter 29
Albrecht, Jörn 5, 147, 194 Bollée, Annegret 18
Alcina Franch, Juan 68, 99 Bono Giamboni 103
Alcover, Antoni Maria 109 Bopp, Franz 68
Alfonso X el Sabio 99 Bork, Hans Dieter 165, 166, 167, 168, 169,
Allières, Jacques VI, 132, 135, 144 170
Alonso, Amado 69, 99, 108 Bourciez, Édouard 103, 111, 132, 136
Alonso, Dámaso 59, 69, 70, 99 Brachet, Auguste 115
Alvar, Manuel 70, 99, 100, 129 Braselmann, Petra 22
Álvarez de Miranda, Pedro 68, 145, 146 Braune, Wilhelm 141, 142
Aramon i Serra, Ramon 102, 109 Brea, Mercedes VII
Arens, Arnold 128 Briesemeister, Dietrich 26, 27, 110
Arnold, Thomas 186, 187 Brüch, Josef 88
Ascoli, Graziadio Isaia 76 Brumme, Jenny 46, 68
Auerbach, Erich 33, 200 Brummer, Rudolf 103
Avram, Mioara VI Brunn, Anke 198
Brunner, Karl 142
Badia i Margarit, Antoni M. 11, 20, 70, 78, Buchi, Éva 175, 177
102, 105, 106 Buffon, Georges Louis Leclerc de 22
Bähler, Ursula 11 Burdy, Philipp 135
Baldinger, Kurt 59, 84, 85, 91, 92, 165 Buschmann, Albrecht 147
Bammesberger, Alfred 141, 142 Bustos Tovar, Eugenio de 46, 70
Barnils, Pere 96
Bassols de Climent, Mariano 103 Calderón de la Barca, Pedro 51
Bastardas, Maria Reina VII, 70, 137 Calveras, Ignasi 96
Baum, Richard 26 Camproux, Charles VI
Bécquer, Gustavo Adolfo 99 Canellada, María Josefa 100
Behaghel, Otto 142 Caravedo, Rocío 145
Berejan, Silviu 140, 146 Carbonell i de Ballester, Jordi 102
Berger, Günter 17 Castellani, Arrigo 140
Berschin, Helmut V, 152, 156 Castro, Américo 69
Bertoldi, Vittorio 70 Castro, Guillén de 182
Besch, Werner 141 Catalán, Diego 43, 44, 45, 46, 62, 64, 68,
Birken-Silverman, Gabriele 194 69, 70, 71, 76, 78, 99
Blank, Andreas 165 Cervantes Saavedra, Miguel de 43, 51, 99

241
Chambon, Jean-Pierre 171, 177 Dworkin, Steven N. 16, 145, 158, 165, 171,
Chao, Eduardo 49 172, 173
Cherubim, Dieter 8, 28, 39, 151, 153
Chomsky, Noam 103, 129 Ebbinghaus, Ernst A. 142
Christ, Herbert 183, 184, 186, 187, 196 Eberenz, Rolf 145
Christmann, Hans Helmut 27 Echenique Elizondo, María Teresa 44, 68, 70
Cichon, Peter 193 Eggers, Hans 142
Colón Domènech, Germà 102, 105 Eggs, Ekkehard 198
Company Company, Concepción 140, 145, Ehrhardt, Marion 126
146, 158 Eichenhofer, Wolfgang 140
Comrie, Bernard 103 Elcock, William D. VI
Conde, Carmen 68 Emons, Rudolf 3
Condillac, Étienne Bonnot de 22 Entwistle, William James 69, 103
Constantinescu, Ioan 42 Erasmo de Rotterdam 22
Corneille, Pierre 60, 182 Ernout, Alfred 103
Cornu, Jules 123 Ernst, Gerhard VII, 14, 15, 16, 27, 32, 33,
Corominas/Coromines, Joan 46, 70, 76, 35, 84, 86, 90, 125, 141, 142, 158, 204,
165, 174, 175 205
Coseriu, Eugenio 103, 129 Espinosa Elorza, Rosa María 172
Craddock, Jerry R. 165, 171, 172, 173 Ettmayer, Karl von 88
Cravens, Thomas D. 135
Crescini, Vincenzo 143 Fabra, Pompeu 102, 104
Cuervo, Rufino José 108, 114 Felixberger, Josef VI
Curtius, Ernst Robert 27, 33, 84, 125 Fernández Montesinos, José 69
Curtius, Georg 115 Fettweis-Gatzweiler, Elke A. 84, 85, 86, 87
Figge, Udo L. 29
Dahmen, Wolfgang VII, 17, 18, 19, 21, 201 Fillmann, Elisabeth 33
Dante Alighieri 25, 60, 182 Fradejas Rueda, José Manuel 140
Darwin, Charles 4 Franceschini, Rita 207
Daston, Lorraine 6, 7 Frank, Armin Paul VII, 11, 28, 32, 142, 199
Dedner, Ulrike VII Frings, Michael 189
del Valle, José 44 Froissart, Jean 88
Destutt de Tracy, Antoine Louis Claude 22 Furtmüller, Aline 89
Deug-Su, I 41, 42
Deutschmann, Olaf VI Gadamer, Hans-Georg 34
Devoto, Giacomo 103, 167 Gadet, Françoise 207
Díaz y Díaz, Manuel C. 103 Galmés de Fuentes, Álvaro 70, 97
Diefenbach, Lorenz 111 Gamillscheg, Ernst 32, 33, 104
Diekmannshenke, Hajo 181, 182 Garatea Grau, Carlos 69
Dietrich, Wolf VII, 18, 21, 26, 35, 126, 127, García, Constantino 107
128, 139, 205, 206 García Alix, Antonio 51
Diez, Friedrich 25, 26, 68, 79, 87, 111, 114, García Arias, Xosé Lluis 140
115, 116, 117, 118, 119, 120, 122, 123, García Blanco, Manuel 70
124, 126, 128, 132, 133, 135, 136, 144, García de Diego, Vicente 99
152, 157, 163, 164, 165, 166, 167, 168, García Mouton, Pilar 99, 100
169, 170 García Solalinde, Antonio 69, 99
Dimitrescu, Florica 146 García Turza, Claudio 98
Dinneen, Francis P. 103 Gardette, Pierre 103
Donkin, T.C. 166 Gargallo Gil, José Enrique VI, VII, 70, 137
Doutrepont, Auguste y Georges 119 Gartner, Theodor 88
Drescher, Martina 7, 8 Gauger, Hans Martin VI, 18, 69, 127
Dressler, Wolfgang U. 121 Geckeler, Horst 18, 205
Du Bellay, Joachim 22 Gelz, Andreas 147

242
Gévaudan, Paul 165 Hilka, Alfons 90, 91
GheĠie, Ion 146 Hinger, Barbara 22
Gier, Albert 192, 193 Höhne, Roland 186, 187
Gierach, Erich 142 Hoepffner, Ern(e)st 86, 90
Gil, Alberto 194, 195 Hofer, Hermann 33
Gili Gaya, Samuel 69 Hoinkes, Ulrich 205
Gilliéron, Jules 76, 85, 171 Holly, Werner 181
Giolitto, Marco 75, 76 Holtus, Günter VII, 1, 14, 16, 18, 77, 191,
Girón, José Luis 46, 47, 65, 145, 146, 148 202, 204
Gleßgen, Martin-Dietrich VII, 21, 35, 75, Horacio 159
76, 77, 133, 135, 140 Horning, Adolf 88
Goebl, Hans 20 Huber, Joseph 143
Gómez Asencio, José Jesús VII Humboldt, Wilhelm von V, 22, 179
Gonçalves, Miguel 207 Huon de Méry 103
González Bachiller, Fabián VII Hurch, Bernhard 28, 33
Granda Gutiérrez, Germán de 46, 70
Grandgent, Charles H. 101 Iordan, Iorgu V, 69, 129
Green, John N. 145
Greule, Albrecht 5 Jaberg, Karl 88
Griera, Antonio 70, 95, 96 Jacob, Daniel 26, 115, 158
Grimm, Jacob 26, 115 Jäger, Ludwig 4
Grimm, Jürgen 6 Jakobson, Roman 103
Grimm, Reinhold R. 187 Janich, Nina 5
Gritzky, Nina 116, 151, 152, 156 Jauß, Hans Robert 33, 34, 35
Gröber, Gustav VI, 14, 79, 80, 81, 82, 83, Jehle, Peter 33
84, 86, 88, 89, 90, 91, 111, 119 Jensen, Frede VI, 135, 144
Grosse, Siegfried 142 Jespersen, Otto 103
Gsell, Otto 139, 201 Juan i Galmés, Gabriel 104
Guarnerio, Pier Enea 143 Jud, Jakob 99, 169, 171, 173
Guiraud, Pierre 172 Juhász, János 5
Gumbrecht, Hans Ulrich 3, 28, 33, 37, 38 Jungemann, Frederick Henry 59
Gutiérrez Cuadrado, Juan 44, 50, 68
Kabatek, Johannes 152, 158
Haberl, Rudolf 87 Kablitz, Andreas 202
Hahn, Alois 204, 205 Kalb, Helmut 21
Hall, Robert A., Jr. 111, 130, 131, 132, 134, Kalepky, Theodor 88
135, 136, 144, 158 Kalkhoff, Alexander 84
Halle, Morris 86, 103, 141 Kant, Immanuel 147
Hamann, Johann Georg 22 Karger, Thilo 33
Harris, Martin VI Karimi, Kian-Harald 6
Hartung, Wolfdietrich 5 Kayser, Wolfgang 59
Haßler, Gerda 16, 194 Kersten, Raquel 100
Hatzfeld, Helmut 59 Kesselring, Wilhelm 163
Hausmann, Frank-Rutger 11, 32, 199, 201 Kienpointner, Manfred 21
Hausmann, Franz Josef 186 Klausenburger, Jurgen VI, 131, 135
Hegel, Georg Wilhelm Friedrich 22 Klein, Wolfgang 7
Heidermanns, Frank 141, 142 Klemperer, Victor 31
Heitmann, Klaus 40 Klinkenberg, Jean-Marie VI
Heller, Jack 100 Koch, Peter 19, 155, 165
Helm, Karl 142 Körting, Gustav 168
Herder, Johann Gottfried 22 Kolboom, Ingo 5, 184, 185
Herrig, Ludwig 79 Koll, Hans-Georg 103
Herzog, Marvin I. 153 Kotschi, Thomas 5

243
Kramer, Johannes 1, 2, 11, 22, 23, 27, 30, Manoliu-Manea, Maria 69, 129, 130, 132,
31, 32, 33, 38, 39, 41, 147, 183, 191, 192, 136, 144, 158
194, 201, 203 Marri, Fabio 41
Krapoth, Hermann 28 Martín Butragueño, Pedro 100
Krauss, Werner 33 Martín Vegas, Rosa Ana 121
Kremer, Dieter 11, 12, 104 Massot i Muntaner, Josep 102
Kremnitz, Georg 23, 40, 103, 193, 194, 206, Meillet, Antoine 103, 171
207, 208 Meisel, Jürgen M. 1, 2
Krüger, Fritz 103 Menéndez Pidal, Ramón 44, 67, 68, 69, 70,
Kuen, Heinrich 33, 109 76, 99, 100, 101, 119, 152
Kuhn, Alwin 33, 103, 104 Metzeltin, Michael/Michele/Miguel VI,
VII, 8, 9, 13, 14, 70, 111, 116, 143, 151,
Labov, William 153 152, 156
Lacerda, Amando de 100 Meyer-Lübke, Wilhelm 13, 69, 70, 88, 99,
La Fontaine, Jean de 182 101, 111, 114, 118, 119, 120, 121, 122,
Langenbacher-Liebgott, Jutta 194 123, 124, 125, 126, 128, 132, 134, 135,
Lange, Wolf-Dieter 6 136, 137, 142, 143, 144, 146, 148, 151,
Lapesa, Rafael 69, 70 156, 157, 164, 165, 168, 169, 170
Lauge Hansen, Hans 189 Michaëlis de Vasconcellos, Carolina 89
Lausberg, Heinrich VI, 69, 125, 126, 127, Migliorini, Bruno 103
128, 131, 135, 136, 144, 150, 156 Miklosich, Franz Xaver von 115
Leahu, Sarmiza 130 Mitzka, Walther 142
Lebsanft, Franz 14, 145, 146 Molina Martos, Isabel 100
Lee, Charmaine 137, 144 Moll, Francesc de Borja 109
Leibniz, Gottfried Wilhelm 22 Monlau, Pedro Felipe 68
Lentzen, Manfred 206 Morel-Fatio, Alfred 115
Lerch, Eugen 31, 182 Moreno Bernal, Jesús 97
Lewis, George Cornwall 111 Morin, Yves Charles 140
Leyhausen, Katja 194 Moser, Hugo 142
Lieber, Maria 27, 40, 41 Mounin, Georges 103
Lindenbauer, Petrea VI, 13, 111 Müller, Bodo 142, 164
Link-Heer, Ursula 187 Munteanu Colán, Dan VI, 70
Lipski, John M. 144, 145 Muñoz Cortés, Manuel 70
Liver, Ricarda 86
Lloyd, Paul M. 131 Navarro Tomás, Tomás 69, 99
Lobenstein-Reichmann, Anja 141 Nebrija, Antonio de 99
López García, Ángel 59, 71, 72, 73 Nedelcu, Monica 130
López-Morillas, Consuelo 132 Neu-Altenheimer, Irmela 104
Loporcaro, Michele 135, 140, 192 Neuschäfer, Hans-Jörg 184
Lorenzo, Ramón VI, 107 Neyses, Heidi 209
Luciano de Samosata 22 Niederehe, Hans J. 25, 26, 39, 40
Lüdtke, Helmut VI, 111, 162 Niemeier, Susanne 181, 182
Lüsebrink, Hans-Jürgen 17 Niemeyer, Max VII, 86, 90, 109, 141
Lyons, John 103 Nies, Fritz 18, 183, 184, 187, 197, 198
Nitschack, Horst 41
Maas, Utz 32
Maingueneau, Dominique 201 Objartel, Georg 153
Malkiel, Yakov 12, 13, 44, 67, 68, 69, 76, Ölberg, Hermann M. 23
111, 112, 113, 114, 117, 118, 119, 120, Oesterreicher, Wulf VI, 19, 69, 127, 153,
123, 124, 125, 126, 134, 139, 143, 146, 154, 155, 156, 158, 207
149, 150, 157, 162, 163, 164, 165, 167, Ohala, John J. 158
169, 170, 172, 173, 174, 175, 176, 178 Ohnheiser, Ingeborg 21
Malmberg, Bertil 103 Olwer, Lluís Nicolau d’ 102

244
Onís, Federico de 69 Richter, Elise 89, 151, 156
Ridruejo, Emilio 47, 63, 74, 146, 207
Padley, George A. 103 Rieger, Dietmar 196, 197
Pardo Bazán, Emilia 53 Riehn, Christa 33
Paris, Gaston 11, 115, 119, 152 Riesz, János 18
Pascual, José Antonio 73 Riquer, Martín de 70
Pascual Rodríguez, E. 126 Robins, Robert H. 103
Pasero, Nicolò 126 Roca i Pons, Josep 103
Paul, Hermann 28, 142 Roegiest, Eugeen VII
Peira, Pedro 97 Rohlfs, Gerhard 69, 70, 101, 103, 125, 162,
Penny, Ralph 140 172
Pensado, Carmen 78, 128 Rohr, Rupprecht VI
Pensado Tomé, José Luis 70 Roman-Moraru, Alexandra 97
Pérez Riesco, José 126 Roncaglia, Aurelio 190, 191, 193
Perl, Matthias 29 Rubio, Luis 96
Pfister, Max 91, 92, 163, 165, 166, 169, Rubió i Balaguer, Jordi 102
172, 174, 191 Rüschoff, Bernd 179, 180
Pharies, David A. 136, 145, 148, 149, 150 Rutebeuf 103
Picht, Robert 34, 185, 198
Piel, Joseph M. 143, 170 Sala, Marius VI, 171, 177
Pisani, Vittore 103 Salvi, Giampaolo VI
Plangg, Guntram A. 22 Salvioni, Carlo 143
Pöckl, Wolfgang VII, 69, 76, 77 Sánchez Miret, Fernando V, VII, 16, 130,
Pöll, Bernhard VII, 69, 76, 77 131, 135, 137, 145, 150, 151, 191
Poghirc, Cicerone 165, 171, 172, 173 Sánchez Moguel, Antonio 68
Polenz, Peter von 39 Santos Domínguez, Luis Antonio 172
Pollin, Alice M. 100 Sapir, Edward 114
Polzin-Haumann, Claudia 16, 17, 194, 195 Sarter, Heidemarie 198
Pop, Sever 103 Saussure, Ferdinand de 85
Portolés, José 44, 67, 69 Scharlau, Birgit 39
Posner, Rebecca VII, 69, 111, 117, 118, Schemann, Maria Luísa 126
123, 125, 130, 132, 135, 158, 161, 162 Schleicher, August 4
Pottier, Bernard 129 Schlieben-Lange, Brigitte 25, 26, 38, 158,
Puúcariu, Sextil 142 201, 202
Schlösser, Rainer VII, 31
Quilis, Antonio 99 Schmitt, Christian VII, 11
Quintana i Font, Artur 104 Schmitt, Ludwig Erich 142
Schönherr, Beatrix 22
Rabiet, Eugène 119 Schoo, Heike 182
Racine, Jean 60 Schøsler, Lene 207
Raible, Wolfgang 3, 199, 202, 203 Schröbler, Ingeborg 142
Rainer, Franz VII, 5, 31, 69, 76, 77 Schrott, Angela 79, 80
Ramon Llull 103 Schuchardt, Hugo 12, 76, 88, 89, 99, 171
Raynouard, François Juste Marie 111, 115 Schürr, Friedrich 123, 125
Reichel, Edward 5 Schultz-Gora, Oskar 143
Reichmann, Oskar 141, 157 Schulz-Buschhaus, Ulrich 202, 204, 205
Reiffenstein, Ingo 142 Schwarze, Christoph 1, 2, 126
Reinfried, Marcus 29 Schweickard, Wolfgang 79, 86, 174, 177
Reinheimer-Rîpeanu, Sanda VII, 132, 133, Seemann, Frank VII
144, 207 Selig, Maria 26, 84
Renzi, Lorenzo VI, 69 Settekorn, Wolfgang 2, 3, 195
Resnick, Melvyn C. 136 Sievers, Eduard 142
Rheinfelder, Hans 103 Siller-Runggaldier, Heidi 21

245
Sommer, Ferdinand 103 Vincent, Nigel VI
Sonderegger, Stefan 141 Vising, Johan 143
Soria Ortega, Andrés 70 Völker, Harald 4, 179
Spangenberg, Peter 187 Vossler, Karl 31, 33, 69, 182
Spillner, Bernd 196
Spitzer, Leo 12, 27, 28, 33, 88, 99, 100, 208 Wagner, Max Leopold 99
Springborn, Peter-Volker 33 Wagner, Walter 42
Staaff, Erik 143 Wais, Kurt 33
Stackelberg, Jürgen von 199 Wandruszka, Mario 39
Stammerjohann, Harro 199, 201 Wanner, Dieter 135
Stefenelli, Arnulf 161, 195 Wartburg, Walther von 32, 33, 59, 69, 70,
Stehl, Thomas 19, 144 91, 119, 165, 171, 172, 173, 174, 175,
Steinwachs, Burkhart 147 176
Stempel, Wolf-Dieter 12 Wechssler, Eduard 182, 183
Stephan, Rüdiger 185, 186 Wegera, Klaus-Peter 157
Stierle, Karlheinz 181 Weinreich, Uriel 153
Stolova, Natalya I. 146, 158 Weinrich, Harald 23, 33, 201
Strohner, Hans 180 Weiss, Gilbert 180, 181, 189
Strosetzki, Christoph 192 Weller, Franz-Rudolf 198
Swiggers, Pierre 115, 153, 156 Wenger, Klaus 186
Wentzlaff-Eggebert, Harald 40, 41
Tagliavini, Carlo VI, 69, 111 Werner, Heinz 33, 181, 199, 200
Tasmowski, Liliane VII Wiehl, Peter 142
Tertuliano 11 Wieland, Christoph Martin 22
Theile, Wolfgang 33 Wiese, Berthold 143
Thir, Margit VI, 13, 111 Wilms, Dorothee 3, 209
Thun, Harald 18, 206 Wimmer, Rainer 5
Tietz, Manfred 29 Windisch, Rudolf VI, 69, 127
Tiktin, Hariton 143 Wittlin, Curt J. 103
Tobler, Adolf 88 Wodak, Ruth 180, 181, 189
Tory, Geoffrey 22 Wolf, Johanna 6, 12, 84, 205
Trabant, Jürgen 19, 20, 22, 23 Wolff, Dieter 179, 180
Wright, Roger 69
Unamuno y Jugo, Miguel de 68 Wüest, Jakob 195
Wunderli, Peter 86, 199
van Coetsem, Frans 141
van Loon, Jozef 141 Zamboni, Alberto 162, 166, 167, 170, 174,
Varvaro, Alberto 33, 69, 105, 115, 117, 118, 176, 177
119, 126, 148, 160, 171, 191, 193 Zamora Vicente, Alonso 70
Veiga, Alexandre 107 Zauner, Adolf 123, 124, 125, 127, 128, 135,
Veny, Joan 105 136, 143, 144
Vidos, Benedictus M.P.E. VI, 172 Zeuß, Johann Kaspar 115
Viehoff, Heinrich 79 Zimmermann, Klaus 18, 29, 30

246
14.2. Índice analítico

accidenti generali 114 histórico 83


actividad histórico-cultural 84
académica 69, 77, 87, 182, 193 morfológico 164
humanística 182 psicológico 84
del traductor de literatura 198 semántico 164
filológica 185 sintáctico 164
lingüística 19, 23, 181 tipológico de los diccionarios etimológi-
mental 82 cos 162
política, mediática, social o privada 5 analogía 114, 121, 122
profesional 45, 65, 193 Analyse et traitement informatique de la lan-
futura 196 gue française (ATILF) 173
adstrato 38, 206 anglicismos 173
adverbio 18, 128 anglística 2, 18, 27, 34
Aemilianense. Revista internacional aniquilación de la disciplina 147
sobre la génesis y los orígenes históri- antropología 4, 34, 152
cos de las lenguas romances 98 histórica 34
África 11, 29, 201, 203 Anuari de Filologia 97
afrolusitanística 29 Anuari de l’Oficina Romànica de Lingüísti-
alemán V, 2, 22, 26, 27, 29, 34, 38, 40, 41, ca i Literatura (AORLL) 95, 96, 105, 109
42, 54, 56, 58, 59, 61, 72, 78, 82, 85, 126, Anuario de Letras 108
142, 169, 176, 178, 182, 183, 186 Anuario Galego de Filoloxía 107
como lengua de la ciencia 40 anything goes 192, 207
alemanes Año de las Humanidades 2007 209
dialectos ~ 176 Año Europeo de las Lenguas 22, 97
Alemania V, 29, 30, 31, 32, 37, 40, 42, 73, apertura
82, 83, 89, 90, 92, 196, 201 a la ciencia de la cultura en general 203
«~ plus» 42 de la disciplina 4, 190
Alguer aplicabilidad 181, 182, 185
dialecto de ~ 109 aplicación
alternativa entre ruptura o continuidad 25 política 191
América 29, 201 práctica de la disciplina 179
amplitud aprendizaje 74, 78, 179, 180
de fuentes 177 constructivo 180
de la disciplina 202 de algunas lenguas románicas 74
de perspectiva 164 de lenguas 59, 60, 179
máximo grado de ~ 157 nuevas formas del ~ ~ extranjeras
análisis 180
auto-reflexivo 195 del futuro 180
comparativo 192 árabe 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 58
cuantitativo 85 arabismos 164
de fuentes históricas 196 aragonés 45, 78
de la palabra escrita y hablada 3 aranés 45
de textos literarios 185 Archiv für das Studium der neueren Spra-
de varias lenguas románicas 75 chen und Literaturen 79, 89
diacrónico 111 Archiv für lateinische Lexikogra-
empírico 83 phie und Grammatik 90
estilístico 164 Archivio glottologico italiano (AGI) 85, 89
fonético 164 Arcivă societătii útiintifica úi literare din Jaúi
genético 83, 84 [sic] 89

247
áreas universidades de ~ 65
de conocimiento 72 Universitat de ~
de Filología Románica 109 Facultat de Filologia 97
histórico-literarias 92 base
arte de la síntesis interdisciplinaria 205 articulatoria 151
asignaturas 51, 52, 56, 58, 60, 63, 73, 74 del modelo de lingüística románica 115
asimilación 113, 170 empírica 161
Asociación Alemana de Hispanistas 29 germánica 172
Asociación Alemana de Romanistas 181, latina 163
183, 195, 197 metodológica de la investigación históri-
Asociación de Francorromanistas 16 ca románica 16
asociaciones 33, 122, 195, 201, 208 teórica 31, 157
de estudiantes romanistas 33 base de datos 147, 148
lingüísticas 201 románica 148
aspecto verbal 17 beneficio 65, 186, 192, 207
Assistenten 33 inmediato 207
asterisco 168, 177 personal 192
asturiano 45, 46, 107 Berlín
atlas lingüístico 84 Freie Universität 92
Atlas lingüístico de la Península Ibérica Instituto Ibero-americano 92
(ALPI) 71 bibliografía VII, 6, 32, 50, 53, 54, 72, 78,
atomismo 151, 156 87, 92, 101, 109, 130, 131, 147, 196
Ausnahmslosigkeit der Lautgesetze (Meyer- de la lingüística italiana 130
Lübke) 118 extranjera sobre lingüística española 72
Austria 12, 73, 201 (lingüística) general 92
autocrítica 84 romanística 78
autoevaluación 43, 65, 66 biblioteca 32, 147
autoexigencia 207 bibliotecarios 50, 75
autonomía 27, 55, 62, 67, 199, 205 Biblioteca Románica Hispánica de la Edito-
didáctica 55 rial Gredos 59
universitaria 67 Tratados y monografías 59
autores 11, 14, 32, 34, 59, 70, 75, 81, 86, biografía 134
88, 93, 103, 115, 117, 119, 120, 124, 126, científica 32
130, 141, 143, 148, 149, 164, 166, 167, de las palabras 175
168 selectiva 134
medievales 81 biología 21, 145, 202
y textos canonizados en la escuela 17 y filosofía de la historia 49
autoridades 116, 159 bipartición tradicional de la filología en len-
educativas y científicas 3 gua y literatura 5
avance 2, 14, 123, 160, 165, 166, 169, 174 Bogotá
tecnológico 2 Instituto Caro y Cuervo 108
Boletín de Filología 108
balance 18, 29, 55, 85, 111, 129, 153, 159, Boletin Folklorico Español [sic] 89
170, 187, 190, 191, 193, 195 Bonn
crítico 18 Universidad de ~ 27
de la disciplina 191 Brasil 31, 41
hacer ~ 189 brasileño 93
y perspectivas de la romanística 187 Brown University (Providence, R.I.) 131
balcánico 97 Buenos Aires
Barcelona Instituto de Filología y Literaturas His-
Universidad Autónoma de ~ 44 pánicas Dr. Amado Alonso de la Fa-
Universidad Católica de ~ 95 cultad de Filosofía y Letras de la Uni-
Universidad de ~ 109 versidad de ~ 108

248
Bulletin du Glossaire des Patois de la campo
Suisse Romande 90 de aplicación 186
Bulletin hispanique 90 de investigación 152, 154, 206
Bulletin of Hispanic Studies 109 de las publicaciones científicas 86
Bullettino dell’Istituto Storico Italiano 89 de prácticas 181
de trabajo 18, 81, 181, 182, 197
Cádiz de la lingüística románica compara-
Universidad de ~ 43 tiva 18
calidad 18, 30, 146, 186 especulativo 204
de los profesores universitarios 30 humanista 191
de los testimonios 18 pragmático-comunicativo 19
cambio 15, 19, 26, 30, 39, 45, 51, 52, 59, 73, canon 38, 120, 121, 156, 201
80, 81, 86, 88, 101, 106, 107, 108, 112, formación del ~ 17, 26, 41
113, 114, 116, 118, 120, 121, 122, 125, en la romanística 17
127, 130, 132, 133, 140, 149, 152, 153, procesos de ~ 17
154, 155, 156, 158, 159, 160, 165, 166, gramaticográfico 121
170, 172, 173, 176, 184, 189, 190, 193, lingüístico y literario 201
194, 203, 204 literario en Francia 38
a la filología 26 cantidad
combinatorio 114 de datos 18
condicionado 120 de información 146, 147
cronología del ~ 120 de material 148, 161
de las formas de las lenguas 112 de textos 147
de paradigma 158, 184 capacidad 4, 6, 12, 30, 47, 74, 76, 129, 179,
de significado 116, 166 180, 182, 185, 187, 201, 203, 204
en la situación epistemológica general 39 crítica 179
especial 114 de comparar culturas 201
espontáneo 114, 120 de comunicarse por medios orales y escri-
fonético 81, 114, 121, 127, 149, 155, 166 tos 180
cronología del ~ ~ 120 de interacción 187
genuino 114 de trabajar en un ámbito interdisciplina-
regular 155 rio 180
regularidad del ~ ~ 115 investigadora 203
y semántico 166 lingüística 1
fonológico 132, 158, 159, 170 para aprender 185
causas primeras del ~ ~ 158 para cooperar y trabajar en equipo 180
general 170 para reproducir determinados efectos 4
grado de regularidad del ~ 114 para resolver independientemente proble-
gramatical 132, 158 mas 180
histórico 15, 154 carácter 8, 13, 26, 44, 60, 79, 82, 84, 91, 97,
léxico 159 100, 113, 117, 146, 162, 164, 169, 173,
lingüístico 15, 19, 80, 112, 118, 140, 181, 183, 204
149, 152, 154, 155, 158, 194, 203, de los pueblos románicos 84
204 didáctico 113
mecanismos del ~ ~ 159 ideológico 8
tipología del ~ ~ 113 lingüístico 183
morfológico 122, 159 panrománico 117
morfosintáctico 132 y contradicciones nacionales 89
pancrónico 114 caracterización de las lenguas románicas 85
semántico 88, 156, 165, 172, 173 Caribe 203
causas y principales tipos del ~ ~ 124 carrera V, 8, 12, 43, 72, 78, 86, 118, 125,
social 16, 30 130, 131, 132, 139, 149, 201
tipos 113 académica 86

249
filológica 149 universitario de los Estados Unidos 73
universitaria 12, 43, 201 Centroamérica 203
castellano 46, 50, 52, 68, 69, 70, 77, 78, 95, Chicago
102, 105, 108, 143 Universidad de 130, 131
variedad andaluza del ~ 95 Chile 41
variedad aragonesa del ~ 95 ciencia 1, 3, 4, 6, 7, 8, 12, 14, 15, 25, 26, 27,
variedad central del ~ 95 30, 32, 33, 34, 35, 38, 42, 47, 65, 76, 79,
«castillo en Provenza» 33 82, 84, 100, 120, 140, 142, 164, 165, 185,
catalán 20, 29, 43, 44, 45, 46, 50, 62, 63, 64, 186, 187, 196, 198, 199, 200, 201, 202
66, 68, 69, 70, 71, 76, 78, 92, 93, 95, 97, «~ con futuro» 42
99, 100, 102, 103, 104, 105, 106, 107, de la cultura 1, 3, 4, 6, 26, 32, 187
109, 116, 127, 131, 165, 168, 175 moderna ~ ~ 34
normalización del ~ 46 nueva ~ ~ 199
situación geográficamente central den- románica 6
tro de la Romania occidental del ~ de la información 196
105 del discurso extranjero 83
subagrupación románica del ~ 70, 99 del logos 83
variedad balear del ~ 95 filológica 100, 196, 200
variedad valenciana del ~ 46, 95 de España 100
zonas fronterizas del ~ 95 del lenguaje 200
catalanistas europeos 102 general 15, 82
catalanística 30 y tipológica 15
catálogo de grados posibles 45 hermenéutica 198
Cataluña 45, 104 histórica 6, 38, 79, 198
cátedra y literaria de función legitimado-
acumulada de Filología compara- ra al servicio de la nación política
da del latín y del castellano 68 38
de Filología románica de la Universi- implícita 76
dad de Madrid 70 literaria 25, 34
de Historia de la lengua castellana 68, 69 orientada teóricamente 34
de Lengua y literatura griegas 68 paradójica 202
de Literatura comparada de las len- romanística unitaria 1
guas neolatinas 53 salvadora 34
cátedras textual 202
convocatorias de ~ 30 tradicional 199
de filología moderna 27 del lenguaje 199
de Universidades e Institutos 75 y empleo 186
dobles para filología románica y filolo- ciencias 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 15, 21, 23, 34, 37,
gía inglesa 27 41, 71, 82, 83, 105, 118, 140, 146, 147,
dotación de ~ específicas para las len- 181, 185, 186, 189, 193, 196, 199, 201,
guas y literaturas modernas 27 202, 203, 206, 209
exclusivas de filología inglesa 27 cognitivas 1, 9, 156, 203
separadas para lingüística y literatu- de la naturaleza 4, 6, 7, 146
ra románica 28 como una cultura independiente 7
universitarias 45 del lenguaje 23, 105
céltico 169 de los materiales 202
centro históricas 37, 82
de Estudios Históricos 68, 69, 99 y sociales 37
de gravedad 201 humanas 2, 3, 4, 6, 7, 8, 41, 71, 147, 185,
de investigación 30, 208 189, 193, 196, 206, 209
de la romanística 201 crisis de las ~ ~ 179, 209
Internacional de Investigación de la Len- doble crisis existencial de las ~ ~ 198
gua Española (CILENGUA) 98 valor de las ~ ~ 6, 208

250
y culturales 193 Universidade de ~ 108
y sociales 185 colaboración
independientes 199 de la teoría literaria y de la lingüística 1
literarias 37, 140 entre gramática histórica y etimología
monolingües 15 165
naturales 118, 185 interdisciplinaria 202
secundarias 83 colonización suditálica 70
sociales 1, 23, 34 Coloquio de Romanistas 4, 17, 18
científicos 3, 7, 13, 26, 42, 44, 65, 91, 144, IX ~ 201
152, 192, 197, 199, 204 coloquios 47, 208
de la naturaleza 7 combinación de diferentes contenidos forma-
civilización 44, 184, 187 tivos 207
antigua 142 combinaciones 155, 201
de los medios de comunicación de masas de estudio nuevas 184
184 combinar lo nuevo y lo viejo 206
de los países respectivos 184 comentario
de los países románicos 184, 187 de textos italianos 64
francesa 64 estilístico de textos clásicos y moder-
civilizaciones 40 nos románicos 57
clase 47, 78, 146, 207 estilístico de textos franceses 61
de lengua 47 estilístico de textos portugueses 61
de lingüística románica 133 estilístico de textos románicos 61
de textos 194 histórico 164
magistral 47, 59, 60 cometido
de historia de la literatura 59, 60 de una historiografía lingüística europea
de lingüística o de literatura 60 194
de sociología 59 filológico principal 200
en la lengua extranjera 60 comparación V, VI, 14, 17, 19, 38, 51, 60,
política 207 77, 85, 98, 117, 118, 119, 129, 130, 131,
clasicismo francés 60 134, 139, 142, 155, 157, 158, 161, 165,
clásicos VI, 34, 41, 70, 88, 122, 129, 137, 169, 196, 208
145 de la lengua reconstruida con los testimo-
clasificación 19, 100, 114, 120, 127, 130, nios que tenemos del latín 131
151, 165, 170, 174, 176, 177, 196, 202, intercultural meditada 198
206 lingüística 196
alfabética 176 comparatismo 13, 19, 38, 67, 111
areal 206 comparatista 102, 191
de las formas derivadas 170 comparativo 70, 75, 106, 107, 139, 167
de las investigaciones relati- compartimentación en disciplinas 6
vas a los contactos lingüísticos 202 competencia 5, 19, 20, 30, 31, 39, 44, 46,
de los lemas 170 67, 92, 93, 154, 155, 161, 171, 179, 180,
genealógica 165 181, 184, 187, 189, 193, 197, 198, 199,
habitual de las investigaciones en diacró- 205
nicas y sincrónicas 19 básica 179
metódica 151 del hablante 19
morfosemántica del material 177 en lenguas extranjeras 197
por sonidos 130 especial 180
«clientela» estudiantil 31 global 30
codificación 5, 38 «latín» vs. lenguas románicas 189
de las lenguas nacionales 38 lingüística 5, 39, 154, 181, 189
del sistema lingüístico 5 metodológica y teórica 205
de una lengua 5 parcial 184
Coimbra complejidad del material 161

251
componente en Francia 22
científico 196 románica 15, 77
comparativo 13 romanística 76
de las lenguas románicas 117, 133 condicionamientos
composición 113, 118, 130, 168 básicamente económicos 206
comprensión mutua entre los pueblos 206 de la actividad lingüística humana 15
compromiso 65, 143, 158, 163, 202 históricos 17
teórico 158 histórico-sociales de la lengua y la litera-
compuestos 163, 169, 178 tura 204
comunicación 4, 7, 8, 14, 15, 41, 67, 133, condiciones
180, 181, 187, 193, 198, 199, 208 comunicativas actuales 17
intercultural 187 contextuales 37
lingüística 180 de vida de los trovadores italianos 87
política 181 distintas y cambiantes 38
escenografía de la ~ ~ 181 históricas distintas 37
comunicación política políticas, sociales y culturales 15
pública conexiones
carácter unidireccional de la ~ ~ 181 culturales y sociales 204
comunidad formales y semánticas 176
científica 7, 8, 26, 146, 160 conflictos 22, 48, 195
cultural europea 46 lingüísticos 48
de hablantes 110 Congreso Austriaco de la Ciencia 203
intelectual nacional 20 Congreso de la Asociación Alemana de Ro-
lingüística moderna 20 manistas 3, 17, 18, 19, 25, 183, 208
concepción de 1985 197
actual de la romanística 201 XXII ~ 204
arcaica de fonología y morfología 175 XXVII ~ 194
de la lingüística histórico-comparati- XXIX ~ 181
va del siglo XIX 196 XXX ~ 194
del discurso 155 Congreso General de los Filólogos Moder-
lineal del progreso 205 nos Alemanes
más cercana a lo escrito 155 XVIII ~ 182
más cercana a lo oral 155 Congreso Internacional de Lingüística y Filo-
metafísica 7 logía Románica 71, 191
teórico-metodológica nueva 193 XI ~ 71, 101
universalista 196 XIX ~ 191
concepto XXI ~ 171
de etimología 172 XXIII ~ 191
de gramática 158 XXV ~ 207
de honor 87 Congreso Internacional Las Lenguas
educativo 180 Romances en su Origen 98
histórico-reconstructivo 25 congresos 34, 46, 92, 191, 208
interdisciplinario de una ciencia de la cul- internacionales de los romanistas 191
tura 6 conocimientos
moderno de la formación estética 35 culturales 198
tradicional 200 de las respectivas lenguas románicas 196
conciencia 11, 15, 19, 22, 27, 67, 75, 76, 77, de las teorías y métodos 180
110, 117, 154, 186, 204, 207 de lengua y de cultura 197
colectiva 204 factuales 7
crítica 11, 27 histórico-culturales 198
filológica de la Universidad española 110 lingüísticos, geográficos o históricos 149
lingüística 19, 22, 154 sobre lo extranjero 30
del hablante 154 turísticos 198

252
Consejo Científico 179 histórico-cultural 194
Consejo de Investigaciones Alemán 201 románico 99
Consejo de Investigaciones Austriaco 203 social 8
Consejo de Rectores de la antigua Alema- sociocultural 194
nia Occidental 2 universitario V
Consejo Superior de Investigaciones Científi- vital 196
cas (CSIC) 99, 101, 108 continuos
conservación lingüísticos 15
de la pluralidad tradicional bajo un úni- variacionales de los distintos espacios
co techo 39 comunicativos románicos 15
conservadurismo 126, 157, 202 cooperación VII, 4, 40, 181, 199, 203
metodológico 157 con disciplinas vecinas no románicas 40
consonantes 113, 114, 120, 127, 128, 130, germano-hispánica VII
134, 160 interdisciplinaria 4
cambios esporádicos 120 coordenadas institucionales, hermenéuti-
finales 120, 127 cas y estéticas del pasado 17
grupos de ~ 120, 127 Cornell University (Ithaca, N.Y.) 130, 131
iniciales 120, 127 corrientes lingüísticas modernas anti-histori-
interiores 120, 127 cistas 139
simples 120, 127 criollística 27, 29, 38, 145
consonantismo VI, 125, 127, 134 criollos románicos 89
consonantización 114 crisis 30, 31, 35, 68, 71, 179, 184, 185, 201,
constitución e institucionalización de la 205, 209
romanística 79 de clientes 179
contacto 3, 14, 15, 19, 20, 22, 29, 32, 40, 68, de identidad 185, 201
85, 97, 114, 121, 125, 133, 136, 145, 153, de la romanística 201
182, 191, 194, 202, 205, 206 de la romanística 30, 31, 71, 184
con las disciplinas vecinas 202 de las ciencias humanas 179, 209
entre culturas y civilizaciones 133 de relevancia 179
entre lenguas 15, 97, 145 en el rendimiento 179
internacional 22 en la demanda 179
lingüístico 19, 22, 29, 206 en la realización 179
del español y el portugués en Amé- europea de la romanística 68
rica 29 internacional 205
contenido crítica 5, 6, 16, 29, 32, 34, 39, 47, 50, 58,
científico 179 65, 74, 80, 91, 92, 95, 106, 128, 132, 151,
de la disciplina 86 152, 167, 177, 190, 196
futuro de las filologías 189 del lenguaje 39
semántico 18 de los usos lingüísticos 16
sentimental 182 literaria 56, 58, 62, 63, 91, 92, 106
tradicional de la gramática histórica 140 literaria románica general y comparativa
y objetivos 199 93
y tareas de la filología (románi- textual 80, 106, 196
ca) y de la lingüística (románica) 25 críticos especialistas en traducciones 199
contexto 3, 4, 8, 13, 16, 17, 18, 21, 22, 26, cultura 2, 3, 4, 5, 6, 20, 23, 26, 28, 34, 40,
27, 37, 39, 40, 62, 77, 79, 88, 97, 99, 112, 42, 48, 55, 59, 63, 65, 84, 97, 146, 179,
120, 141, 144, 155, 159, 164, 174, 179, 180, 181, 184, 185, 190, 192, 193, 197,
184, 193, 194, 196, 200, 202, 208 199, 205
concepcional-comunicativo 155 aclarativa y cuantitativa 4
cultural 164 como texto 6
de una nueva gramática 144 comprensiva, analítica y cualitativa 4
global 202 contemporánea 6
histórico 17, 26, 194 de la evaluación 179

253
del entendimiento internacional 34 164, 192, 194
del libro 184 del léxico 162
francesa 183 románica 164
humana 23 diacrónico 28, 106, 130, 139, 152, 154, 196
lingüística 4, 5, 20, 26, 181 dialéctica
y textual 26 entre análisis de la forma y análisis del
política 181 significado 121
rumana 42, 97 entre centralización y regionalización 14
y literatura del Magreb 192 entre especialización y universalización
Cultura Neolatina 190 193
culturas 5, 11, 18, 31, 45, 97, 184, 186, 187, entre lo alemán y lo románico 28
190, 192, 198, 199, 203, 208 dialectología 80, 85, 91, 100, 101, 125, 145,
habladas, escritas, cantadas 208 156
románicas 11, 97, 184, 187, 198 hispánica 57, 58, 61, 62, 63, 64
y pueblos germánicos y románicos 208 dialectos 45, 77, 80, 84, 85, 87, 88, 117,
y sociedades de la Romania 186 119, 120, 141, 151, 166, 169, 170, 174,
currícula 66 176, 177
antiguos y modernos 77
dalmático 127, 168 históricos 45
Davis románicos 80, 119, 120
Universidad de California en ~ 129 sociales 170
Death of a Discipline? VII, 16 Dialnet 98
decadencia 33, 46, 203 diálogo 3, 18, 34, 35, 41, 85, 159, 183, 187,
permanente de las lenguas 203 199
défense de la lengua francesa 22 científico interdisciplinario e interna-
definición 19, 37, 43, 75, 112, 181, 202 cional 41
de profesiones 75 científico internacional 41
delimitación metodológica sistemática y entre las disciplinas 85
orgánica 27 entre los pueblos 3
demanda social 3 interdisciplinario 18, 34, 35, 41, 187
departamentos de filología románica/ Diccionari etimològic i complemen-
de romanística 30, 197 tari de la llengua catalana (DECLC)
desarrollo (Coromines) 174
cultural 3 diccionario 58, 88, 119, 122, 134, 142, 163,
de la grafemática 113 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 171,
de las tecnologías de la comunicación 2 172, 173, 174, 176, 177
histórico 18, 178 cronológico 163
lingüístico 16 del español medieval 142
metodológico 9 etimológico VI, 88, 134, 139, 142, 161,
nuevo de las ciencias humanas 205 162, 163, 164, 165, 166, 168, 171,
descripción 172, 174, 175, 176, 177
comparativa de la gramática o del léxi- comparativo tradicional 176
co de distintas variedades románicas de las lenguas románicas 163, 164
13 de Meyer-Lübke 88
del uso de una lengua románica 14 moderno 166
del uso social de una lengua románi- románico
ca concreta 14 nuevo VI, 177
empírica 19 filológico 171
histórica 20, 88 histórico 142, 165
del francés 88 panrománico 165
Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG) y gramática histórica del futuro
201 146
diacronía 19, 111, 139, 142, 153, 154, 162, y sociedad 186

254
Diccionario crítico etimológico castella- de la filología románica en subdiscipli-
no e hispánico (DCECH) (Corominas) nas 18
71, 174 de la lingüística 76
Diccionario crítico etimológico de la len- en filologías particulares 147, 192
gua castellana (DCEC) (Corominas) 71, docencia 43, 55, 137, 179, 184, 185, 186,
76, 77, 174, 175 189, 192, 194, 196, 201, 203
Diccionario del español medieval universitaria 179, 192
(DEM) (Müller) 176, 178
Diccionario etimológico de la lengua Edad Media 38, 48, 62, 64, 80, 91, 176
castellana 68 Edad Moderna 48
dictadura franquista 73 edición de textos 4, 19, 86, 92, 99
Dictionnaire étymologique et cogni- editores de revistas romanísticas 201
tif des langues romanes (DECOLAR) educación 16, 35, 39, 45, 48, 62, 65, 67, 75,
165 179, 183, 186, 207
Dictionnaire Étymologique Roman (DÉRom) de adultos 186
162, 167, 177, 178 del pensamiento 183
didáctica 34, 123, 131, 196, 208 estética 35
de la lengua y la literatura francesa 196 herencia histórica de ~ ~ 35
didactismo 124 superior 45, 67
diferenciación emigración 48
de las filologías 38 emigrantes 207
léxica 162 empleo 202
lingüística 19 empresas 142, 182
difusión Enciclopedia lingüística hispánica (ELH) 71
de las «grandes» lenguas románicas 207 enciclopedias de la lingüística románica 140
de unas determinadas normas, ideolo- engadino 168
gías y prácticas lingüístico-estilísticas Englische Studien 89
17 enseñanza 2, 5, 9, 17, 23, 26, 29, 30, 34, 43,
digitalización 148 46, 65, 73, 75, 131, 179, 180, 186, 196,
disciplina 197, 207
comparativa 45 académica 29
elitista 146 de las grandes lenguas románicas 207
esencial y central 190 de las lenguas modernas 186
filológica 201, 202 del francés en Alemania 29
histórica 153 media 43, 196
humanística 43, 122 práctica 196, 197
«imposible» 197 secundaria 46
narrativa y acientífica 8 universitaria y escolar 179
románica 23 Erto
romanística 38 dialecto de ~ 88
tradicional 3, 199 escritura 83
universitaria 30 escrituralidad 38
vecina 5, 34, 38, 157, 204 escuela 5, 23, 39, 45, 46, 69, 72, 76, 78, 120,
discusión 123, 179, 182, 183, 186, 202
hermenéutica de la filología clási- alemana 182
ca de los siglos XVIII y XIX 14 de idiomas 39, 197
teórica actual 157, 201 Berlitz 39
teórica y metodológica 85 neogramática 120
diversidad 81, 105, 154, 155, 158, 180, 186 Escuela de Madrid 45, 69, 76
lingüística 154, 155, 158 Escuela de Menéndez Pidal 69
diversificación 3, 92, 144, 208 Escuela Española de Filología 100
división Escuela española de lingüística 69
de la disciplina 91 eslavística 2, 18, 34

255
espacio de las lenguas en los estados 23
cultural 41, 197 institucional 208
alemán 41 parámetros de ~ 23
alemán y románico 197 y posición de las lenguas regionales 22
romance 41 estratificación histórica 166
de la investigación lingüística 154 estrato
europeo de educación superior (EEES) etimológico 133
45, 46, 67, 74 germánico 170
geo-histórico natural 208 estructura 4, 8, 18, 20, 31, 37, 42, 46, 66, 71,
global 20 73, 83, 106, 112, 123, 124, 127, 128, 129,
lingüístico 141, 152, 163, 173, 175, 176, 184, 197
alemán 40, 41 académica
investigación del ~ ~ ~ 40 de la filología española 73
España V, 22, 26, 29, 37, 43, 44, 45, 46, 47, administrativa 46
48, 49, 50, 51, 56, 59, 68, 69, 70, 71, 72, y de política científica 2
75, 76, 77, 87, 92, 95, 101, 108, 109, 126 científica 195
idea de ~ 45 cultural 20
español VII, 5, 29, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 51, de la entrada 163
54, 58, 59, 60, 63, 64, 66, 67, 70, 71, 72, de la obra 113
74, 76, 85, 88, 92, 93, 99, 101, 102, 103, de la publicación 106
106, 107, 109, 110, 116, 127, 130, 131, de la romanística como disciplina 18
132, 134, 137, 143, 145, 149, 164, 165, de las palabras primitivas 175
167, 169, 175, 176, 182, 194, 205, 207 del grupo verbal 129
de América 99 interna de las lenguas 112
de las gramáticas 145 léxica de una lengua 176
especialidad lingüística 76
marginada 30 modal 155
universitaria alemana 201 narrativa 152
especialización 3, 12, 28, 29, 38, 49, 50, 55, social y educativa 8
56, 61, 63, 76, 77, 92, 152, 190, 195, 203, estructuración 70, 130, 167
205, 207 por oposiciones fonológicas 130
de orientación cultural 190 estructuralismo 1, 39, 114, 126, 130, 131, 157
naturalista 190 americano 131
progresiva de los estudios por lenguas 67 europeo 126, 130
espíritu 23, 28, 45, 68, 142, 182, 183, 190 estructura universitaria
actual de los tiempos 31 alemana 72
alemán 28, 182 española 72
de equipo 142 francesa 72
del pueblo extranjero 183 inglesa 72
francés 28, 183 norteamericana 72
humano 23 estudiantes 2, 8, 11, 27, 28, 29, 33, 44, 47,
regeneracionista 45 50, 56, 59, 61, 73, 77, 123, 132, 133, 136,
estado 145, 149, 150, 157, 180, 182, 184, 185,
actual y perspectivas de la lingüísti- 192, 193, 196, 197, 207
ca románica 191 alemanes 59, 73, 136
de la investigación 34, 82, 162 de filología románica 136
de la romanística 191 de hoy 8
estados 12, 21, 39, 45, 82, 92, 147, 193, 197 de mayo del 68 73
europeos 39 iberoamericanos o africanos 197
federales 30 ideales de romanística 127
Estados Unidos 144, 149 estudio V, 1, 5, 6, 13, 17, 27, 29, 31, 32,
estatus 17, 22, 23, 37, 146, 208 33, 35, 38, 39, 40, 41, 44, 45, 47, 51, 55,
de disciplina elitista 146 62, 63, 71, 76, 77, 79, 80, 83, 84, 87, 95,

256
109, 112, 115, 116, 117, 118, 120, 121, latinoamericanos 27
123, 124, 127, 133, 137, 143, 145, 151, lingüísticos 44, 50, 75, 81, 96
152, 153, 162, 163, 169, 176, 177, 179, literarios 12, 50, 51, 196, 206
180, 183, 185, 186, 190, 191, 196, 198, monolingües 75
200, 204 neofilológicos 40
comparado de las modernas literatu- pragmático-funcionales 194
ras europeas 50 románicos 81, 102, 201
comparativo 38, 169 sincrónicos 39, 100
de las lenguas 38 «estructurales» 39
de la Antigüedad 83 superiores 187
de la forma 121, 124 Estudios de Lengua y Literatura Españolas
de la literatura románica 35 97
esotérica e ilusoria autonomía del ~ ~ Estudios Románicos 96
35 Estudis Romànics (ER) 96, 99, 101, 103,
del significado 124 105, 106, 108, 109
de varios niveles lingüísticos 115 etimología 80, 89, 115, 162, 164, 165, 166,
diacrónico 152, 162 167, 168, 169, 170, 171, 172, 173, 174,
del léxico 162 175, 176, 177
evolutivo de las lenguas 152 comparativa 175
integral de la historia, la polí- desconocida 173
tica, la economía, la cultu- explicación cognitiva de la ~ 1
ra, la sociedad y la vida cotidia- orgánica 172
na de los países románicos 185 panrománica 171
panrománico del léxico 177 popular 170
plurilingüe 42 próxima 162, 167
práctico proyectada en el tiempo 177
de la gramática latina y griega 84 remota 162, 167
de las lenguas y las literaturas 84 románica
estudios 6, 12, 13, 27, 29, 31, 33, 34, 39, 40, objetivo de la ~ ~ 166
44, 45, 47, 48, 49, 50, 51, 53, 54, 55, 56, etimología-historia 164, 165, 171
58, 59, 61, 62, 63, 64, 66, 67, 68, 70, 71, de las palabras 164, 165, 171
72, 73, 74, 75, 78, 80, 86, 95, 96, 99, 100, etimología-origen 164, 165, 166, 171
102, 105, 109, 139, 144, 145, 146, 156, etimologista 113
158, 162, 163, 165, 168, 172, 187, 189, etimólogos 162, 177
192, 194, 196, 201, 206 étimos 168, 170, 174, 175, 177, 178
aislados de una filología 74 latinos 168, 174
biográficos 33 panrománicos 178
clásicos 48, 72 protorrománicos 177
comparativos 44, 109 etnolingüística 165
de lenguas románicas 109 Etymologie 171
comunes 54, 55, 58 Europa 5, 20, 21, 22, 23, 45, 67, 68, 139,
culturales 6, 206 149, 181, 185, 193, 194, 197, 201, 203
de Diploma con Romanísti- del Este 41, 201
ca como primera materia 59 occidental 201
de historia en Alemania 27 y el mundo románico 181
de orientación filológica 206 europeización 199
diacrónicos 74, 139, 158 euskera 46
dialectales 163 evolución 2, 4, 5, 13, 16, 25, 32, 48, 50, 82,
filosóficos 50 101, 111, 114, 117, 120, 121, 122, 127,
históricos 50, 69 131, 133, 134, 140, 141, 145, 149, 151,
humanísticos 45, 192 152, 153, 154, 156, 158, 161, 165, 166,
y lingüísticos 45 167, 169, 175, 176, 177, 178, 189, 192,
indoeuropeos 165 195, 204, 206

257
condicionada 127 o sub~ lingüística 176
culta y popular 117 femenino 48
cultural 206 feminismo 41
de á 152 fenómenos
de la lingüística 175 culturales 192
del léxico 133, 140, 177 poliédricos 192
de los grupos consonánticos 134 de sandhi 113, 122
desde la morfología verbal lati- gramaticales 77
na a la de las lenguas románicas 134 léxicos 77
espontánea 127 meteorológicos 133
externa de las distintas lenguas románi- morfosintácticos 17
cas 111 sociolingüísticos 77
fonética 120, 167 filología V, VI, 2, 3, 4, 5, 6, 9, 11, 12, 14, 19,
histórica 25, 145, 192 21, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 33, 34, 35,
lingüística 16, 151 37, 38, 39, 43, 44, 46, 48, 49, 50, 51, 52,
morfológica 121, 167 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63,
política mundial 2 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71, 72, 74, 75, 76,
semántica 167 77, 78, 79, 80, 82, 83, 84, 85, 86, 89, 90,
romance 178 91, 92, 93, 95, 97, 99, 100, 101, 105, 106,
sintáctica 158 108, 109, 115, 125, 145, 149, 151, 183,
transdisciplinaria 4 184, 186, 189, 190, 191, 192, 196, 198,
y cambio de los sonidos 121 199, 200
exégesis 80, 196 alemana 60, 72
de textos 196 anglogermánica 63
metódica 81 catalana 46, 57, 61, 72, 101, 106
exigencias céltica 83
de la sociedad 179, 209 clásica 28, 34, 58, 63, 82, 125
nuevas 207 comparada
explicación 1, 8, 54, 80, 122, 136, 150, 158, de las lenguas indoeuropeas 51
159, 160, 161, 164, 168, 176 de latín y castellano 50, 51, 52
de los cambios 159 conservadora 34
filológica 54 crítica 91
fisiológica del cambio de las voca- de orientación humanista 199
les y de las consonantes 80 de una lengua 74, 199
general 8 eslava 83
narrativa 8 española 44, 46, 63, 72, 76, 78, 101
francesa 5, 60, 64, 72
factores galaico-portuguesa 57, 61, 62
contextuales 18 gallega 109
externos 16 galorrománica 92
lingüísticos 5, 195 germánica 82
familia griega 72
de lenguas 158, 163 hispánica 43, 63, 64
de palabras 169 nacimiento de la ~ ~ en sustitución
«~ completamente disfuncional» 33 de la filología románica 65
léxica 163 iberorrománica 92
lingüística 128, 197 idealista 31
lingüística románica inglesa 60, 64, 72
causas de la diferenciación de la ~ ~ italiana 72
128 italorrománica 92
excepcionalmente bien documenta- latina 72
da históricamente 128 medieval 83, 192
origen de la ~ ~ 128 moderna 27, 54, 61, 79, 83, 89

258
en Italia 40 relación de la ~ con la evolución históri-
nacimiento de la sección de ~ ~ 60 ca y política en Alemania 37
nacional 37, 44 relación de la ~ con las filologías
francesa 37 nacionales monolingües del
génesis tardía en Francia de la ~ ~ 37 ámbito lingüístico romance 37
neolatina 40 tradicional 200
nombre tradicional de ~ 28 unidad conceptual de la ~ 26
portuguesa 64 unitaria 191
regional 95 filologías 4, 19, 21, 25, 26, 28, 29, 30, 34,
riqueza de la ~ V 37, 38, 63, 66, 72, 82, 105, 109, 151, 184,
romance 77 186, 189, 198
rumana 21, 27, 57 catalana y gallega 109
semítica 54, 55, 58, 63 de lenguas extranjeras 186, 198
tareas de la ~ 26, 127 gallega y portuguesa 72
temas nacionales 26, 34, 37, 38
actuales de la ~ 41 separación de las ~ ~ 38
tradicionales de la ~ 41 particulares 26, 29, 38, 63, 105
textual 75, 199 filologización 29
vasca 64, 72 financiación 42
y literatura 100 flexión 113, 114, 116, 124, 133, 143
y nuevos medios 192 del sustantivo 133
y revolución cultural 189 nominal 113
Filología (revista) 108 verbal 113
filología románica V, VI, 11, 12, 14, 21, 25, folklore 96
26, 27, 30, 33, 35, 37, 38, 43, 44, 46, 48, fonema 134
52, 53, 54, 55, 56, 58, 59, 61, 63, 64, 65, fonética 4, 32, 56, 60, 61, 62, 80, 84, 85,
69, 70, 71, 72, 74, 75, 76, 79, 80, 82, 83, 88, 99, 106, 111, 115, 116, 117, 118, 119,
84, 85, 86, 89, 90, 91, 92, 93, 97, 99, 100, 120, 121, 123, 124, 126, 127, 128, 131,
101, 105, 106, 108, 109, 115, 145, 184, 133, 134, 137, 143, 146, 150, 152, 157,
190, 191, 196, 200 158, 165, 166, 170, 192, 196
alemana 37 articulatoria 127
antigua 64 descriptiva del español 99
atingente a la filología hispánica 101 evolución de la ~ 140
constitución de la ~ 26 experimental 4
descomposición del concepto de ~ 27 histórica 32, 85, 116, 117, 119, 120, 121,
edificio de la ~ 14 127, 165, 196
épocas y escuelas de la ~ 25 comparativa 119
etapas de la historia de la ~ V románica 127
evolución de la ~ en España 48 sintáctica 88, 120, 127, 128
(francés) 63, 64 en los dialectos franceses 88
fundador de la ~ 119 y fonología 60, 62, 134
general 91, 92 fonología 2, 107, 113, 117, 124, 127, 130,
y comparativa 92, 93 131, 145, 158, 177
génesis de la ~ 37 declarativa 107
historia científica de la ~ 25 de corte estructuralista 130
historia de la ~ 25, 37 del germánico 141
inicios de la ~ 14, 88 estructural
interdisciplinariedad de la ~ 38 conceptos básicos de la ~ 127
(italiano) 63, 64 estructuralista 107, 129
potencial comparativo de la ~ 13, 19, 38 histórica 127, 158
presencia de la ~ en revistas de distin- métrica 107
to tipo 109 praguense
primer catedrático de ~ de España 69 principios de la ~ ~ 126

259
suprasegmental 2 moderno 60, 155
fonologización 156 Francia 22, 26, 37, 40, 126, 144, 208
fonosimbolismo 170 sur de ~ 173
formación VII, 11, 15, 17, 18, 26, 28, 31, 34, francófono 185
37, 41, 46, 49, 55, 62, 65, 66, 73, 74, 77, francoprovenzal 171
80, 82, 85, 91, 95, 98, 111, 112, 113, 116, Frankfurt am Main
118, 121, 122, 124, 134, 140, 143, 151, Universidad Johann Wolfgang Goethe
154, 157, 163, 170, 176, 183, 184, 185, de ~, Instituto de lenguas y literaturas
186, 192, 194, 196, 197, 200, 207 románicas 39
académica 194, 197 franquismo 73
continua 186, 197 Französisches etymologisches Wörterbuch
continua de maestros 186 (FEW) (von Wartburg) 169, 171, 172,
de la lengua literaria 95 173, 174, 176, 178
de los dominios lingüísticos romances 15 Französische Studien 89
de palabras 18, 85, 87, 91, 113, 116, 118, frase 101, 118, 155
121, 122, 124, 126, 131, 140, 141, compuesta 118
143, 151, 163, 176 hecha 176
y flexión nominal en germánico 141 hipotáctica 81
de profesores de enseñanza media 196 paratáctica 81
de reglas 154 simple 118
de subgrupos de lenguas 112 friulano 92, 93, 168
dialectológica 98 fronteras 4, 22, 34, 44, 48, 97, 102, 193,
filológica 95 199, 201
general 77, 192 de la romanística 195
hispanística 73 de las distintas disciplinas 4
humanística 83, 183 lingüístico-tipológicas y administrativas
internacional 185 22
latina 74 función
lingüística 49, 157 del alemán 206
polivalente 186 de servicio 184
románica 73 formativa 184
romanística tradicional 62 social 110, 195, 196
y diferenciación de las lenguas románi- y posición de las palabras 151
cas 32 funcionalismo 158
formalismo 107, 158, 192 funcionalizaciones 26
formes surcomposées 17 funcionamiento 5, 82, 147, 159
fragmentación fundación 79, 80, 84, 85, 109
de los campos de investigación 191 de la ZrP 80
en disciplinas particulares 204 de revistas especializadas en filología
institucional 195 románica 79
léxica 161 Fundación Alexander von Humboldt V
francés V, 5, 6, 16, 21, 22, 23, 28, 38, 39, 51, Fundación San Millán de la Cogolla 98
54, 58, 60, 61, 62, 63, 64, 66, 71, 78, 80, Fundación Volkswagen 42
85, 88, 92, 93, 98, 100, 102, 106, 107, 115, fundamentación 12, 13, 195
116, 119, 126, 130, 131, 132, 133, 134, social 195
143, 155, 165, 167, 168, 171, 173, 174, tecnológica 195
176, 178, 182, 183, 194, 195, 205, 207 futuro 23, 27, 47, 71, 98, 154, 179, 183,
actual 195 197, 198
antiguo 88, 155 aparentemente gris 205
en el Magreb 21 de la romanística 189
historia del ~ 40 de los estudios literarios (franceses) 202
influencia del ~ 29 de una romanística abierta y extendi-
literario 174 da por todo el mundo 208

260
galaico-portugués 56, 57 Gobierno de la II República 53
gallego 45, 46, 50, 66, 72, 100, 106, 107, Göttingen V, VII, 18, 33, 92
108 Universidad de ~ 28, 39, 90
contacto 97 seminario de lingüística románica
gallego-portugués 46, 100, 106 136
galorromania 167 grafemática 157
galorrománicos grafía 134
dialectos ~ 174 gramática 2, 13, 18, 34, 38, 50, 56, 68, 73,
galorromanística 29 76, 80, 85, 88, 95, 111, 112, 113, 115,
gascón 111, 171 116, 118, 119, 120, 121, 123, 124, 125,
generativismo 71, 130, 156 127, 130, 131, 132, 133, 134, 135, 137,
género 69, 113, 129, 133, 144, 147, 152, 153 140, 141, 142, 143, 145, 146, 147, 151,
científico 144, 153 152, 153, 155, 156, 157, 158, 159, 160,
de investigación histórico-comparativa 164, 165, 166, 176, 177, 182
162 catalana 67, 143
neutro 129 categorial 2
textual científico 152 comparada 50, 141, 153
geografía de las lenguas germánicas 141
dialectal 175 de las lenguas semíticas 51, 52
general 56, 58 comparativa 125, 152, 153, 156, 157
histórica 49 contrastiva 132
lingüística de las lenguas románicas 18
nuevas corrientes en la ~ ~ 206 descripción sincrónica y diacróni-
pluridimensional 206 ca de la ~ 13
unidimensional 206 de unificación 2
geolingüística 84, 85, 91 didáctica 137
Germania Romanica 38 española 61, 62, 67
germánico 82, 110, 115, 117, 141, 144, 173, y comentarios de textos españoles 61
176 francesa 67
germanismos 168 gallega 67
germanistas 81, 142 general 56, 58, 62
Primer encuentro de ~ 26 generativa 38, 73
y romanistas 81 investigadora y completa 137
germanística 4, 27, 34, 37, 38, 115, 140, italiana 67
141, 147 latina 81
alemana 37 noción dantesca de ~ 190
germanos 31 normativa 17
Gesamthochschulen 187 portuguesa 67
Geschichte der romanischen Sprachen tradicional 13
(Ernst et al.) VII y léxico 68, 165
Gesellschaft für Angewandte Linguistik gramática histórica 56, 74, 76, 111, 112, 113,
(GAL) 3, 181 115, 117, 118, 119, 121, 123, 125, 127,
gestión 45, 208 130, 131, 132, 134, 136, 137, 140, 141,
cultural 45 142, 143, 145, 146, 147, 151, 152, 153,
y asesoramiento en medios de comuni- 155, 156, 158, 164, 165, 176
cación 45 definición 112
Giornale di Filologia Romanza 89 de la lengua española 56, 57, 61, 70
Giornale Storico della Letteratura Italiana fonética y morfología 56
89 semántica 57
Girona sintaxis 56
Universidad de ~ 65 de la lengua francesa 64, 74, 143
globalización 13, 189, 193, 199 de la lengua italiana 64
Gobierno de España 98 de las lenguas románicas 123, 127

261
diacrónica 112 colectiva de la literatura 34
modelo ideal 133 comprensiva del español de América 145
pura 113 cronológico-textual de la palabra 162
tipología de las gramáticas existentes 112 cultural 7, 15, 17, 81, 142, 192, 194
gramática histórico-comparativa 152, 153, de Italia 64
177 de los pueblos 81
de las lenguas románicas y del arte 81
historia de la ~ ~ 111 y literaria 15
nueva ~ ~ 140, 151, 157, 159 de América 58
historia de la ~ V, 144 de España 49, 50, 52, 53, 54, 63
nueva ~ V, 139, 140, 142, 144, 146, 147, y Portugal 49
150, 151, 156, 157, 158, 159, 160 de la Antigüedad 83
gramaticalización 154, 156 de la ciencia 26, 37
fenómenos de ~ 38 de la civilización de los judíos y musul-
gramaticografía 18 manes 52
Granada de la disciplina 25, 27, 193
Universidad de ~ 65, 70 de la enseñanza 189
Grenzgänge 201 de la filología 25, 37, 85, 99, 109
griego 13, 20, 22, 39, 48, 49, 50, 51, 52, 53, en España 99, 109
54, 82, 115, 117, 120, 162, 163, 169, 170 de la filosofía 49
guerra 46, 54, 68, 96, 99, 101, 109, 143 de la formación de palabras 165
civil española 54, 68, 96, 99, 101, 109 de la forma de las letras 116
primera ~ mundial 40, 68, 172 de la hispanística alemana anterior a 1900
segunda ~ mundial 151 29
de la humanidad 151
habilitación 11, 27, 43, 72, 92, 123, 125 de la investigación 108, 159
habla dialectal 12 de la lengua 14, 15, 16, 39, 40, 74, 76,
Handbuch VII 80, 82, 84, 85, 88, 100, 109, 111, 112,
Handbücher zur Sprach- und Kommunika- 114, 120, 144, 145, 149, 151, 152,
tionswissenschaft 15 153, 154, 159, 194, 195, 204
haplología 170 castellana 52, 53, 54, 68
hebreo 49, 50, 51, 52, 53, 54, 58, 169 catalana 67
hermenéutica 34, 205 de los pueblos románicos 82
histórica 205 e historia de los hablantes 195
heterogeneidad lingüística 19 española 58, 61, 62, 63, 64, 67
hispanística 29, 73, 74 francesa 62, 64, 67
en las universidades de la R.F.A. 29 gallega 67
Histoire linguistique de la Romania italiana 64, 67
(Ernst et al.) VII latina 74, 154, 167
historia V, VI, 6, 7, 9, 11, 14, 15, 16, 17, 22, portuguesa 67
25, 26, 27, 29, 31, 32, 33, 37, 39, 40, 43, y de la cultura 84
44, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, y de la literatura 80
57, 58, 61, 62, 63, 64, 65, 67, 68, 70, 71, españolas 57
74, 76, 77, 79, 80, 82, 84, 85, 87, 88, 89, de la lingüística diacrónica 15
95, 97, 99, 100, 101, 102, 103, 106, 107, de la literatura 27, 39, 61, 87, 95, 100,
108, 109, 111, 112, 115, 116, 120, 122, 142
129, 130, 132, 140, 142, 143, 144, 145, española 61
147, 149, 151, 152, 153, 154, 156, 159, moderna 27
161, 162, 163, 164, 165, 166, 167, 168, portuguesa 61
170, 171, 172, 173, 174, 176, 187, 189, de la romanística VI, 27, 31, 32, 33, 43,
192, 193, 194, 195, 204, 208 44, 156, 189
científica de la romanística en Alemania en las universidades alemanas 27
187 del arte 53, 54, 82

262
de las ciencias 26, 82 social 194
de las ideas 37, 194 de la literatura 34
de las lenguas estatales 40 temprana 25
de las lenguas románicas 14, 15, 88, 111, universal 49, 52, 58
120, 144, 145, 194 y cultura
cuestiones básicas de la ~ ~ 195 francesas 67
fuera de Europa y sus respecti- italianas 67
vos contactos 145 portuguesas 67
de las literaturas y problemas de las filologías nacio-
hispano-semíticas 49 nales en Europa 26
ibéricas 49 historiadores
orientales 49 de la lengua española 74
románicas 57, 61, 70 de las lenguas románicas 148
de las mentalidades 37 historicidad 19, 151, 153, 154, 155, 156, 158
de la sociedad 14 de las lenguas 19, 153, 154
de las palabras 89, 165, 166, 168, 171, tres aspectos de la ~ (Oesterreicher) 154
173 historicité 19
de las principales literaturas extranjeras histórico 14, 19, 21, 22, 39, 80, 83, 85, 91,
49 96, 111, 115, 139, 143, 145, 152, 154,
de las religiones 82 156, 164, 171, 174, 205, 206
del léxico 122, 174 historiografía 15, 79, 80, 191, 194, 208
galorromance 174 lingüística 79, 80, 194
de los planes de estudios 47, 48, 67 general 80
románicos en la Universidad espa- romanística 79, 208
ñola 47 románica 15
de los pueblos 81, 83 húngaro 163, 169
de los sistemas filosóficos 56
del pensamiento italiano 64 Iberoromania. Zeitschrift für die iberoroma-
del significado de la palabra «romanista» nischen Sprachen und Literaturen in
27 Europa und Amerika 109, 110
de palabras iberorrománico 161
romances 88 iberorromanística 46, 110
de una determinada polémi- idealismo 84
ca o de una hipótesis concreta 147 identidad
de un proceso de acumulación de sa- de las distintas comunidades humanas 43
beres seguros 26 de las minorías 41
externa 15, 16, 106, 111, 129, 152, 153, de una disciplina científica 1
154, 163 nacional 29, 187
de las lenguas 15, 16, 111, 129, 152, alemana 29
153, 154, 163 tradicional cultural de las universi-
general dades de lengua alemana 30
de España 56, 58 ideología 31, 33, 182, 199
de la cultura 55 nacionalsocialista 32
del arte 49, 55, 58 Île-de-France
del derecho 49 dialecto de la ~ 87
e historia de España 54 Iluminismo 190
interna 15, 100, 106, 111, 140, 152, 153, ilustración 34, 37, 162, 198
154 tardía 34, 179
(del francés) 152 ilustrados 193
nacional 37 Imperio 20, 127, 172
particular de las regiones 193 austro-húngaro 20
pragmática de la lengua 151 Romano 172
semántica 162, 170 distintos territorios del ~ ~ 159

263
imperium RǀmƗnum 11 interconexión 41, 160, 198
implantación de las lenguas esta- multidisciplinaria de problemas y conoci-
tales en la Romania 48 mientos lingüísticos, literarios, histó-
importancia ricos y sociales 198
de la cultura lingüística en la socie- interculturalidad 45
dad moderna 5 interdependencia
de las lenguas románicas en la Euro- internacional 198
pa del futuro 201 interdisciplinariedad 3, 4, 40, 45, 189
y significado social de la romanística 206 cultura de la ~ 4
indoeuropeística 4, 18, 141 interés V, 2, 12, 17, 27, 28, 29, 65, 73, 76,
indoeuropeo 74, 162 80, 95, 96, 97, 106, 110, 117, 128, 133,
industrias del tiempo libre 186 168, 169, 175, 177, 190
influencias científico 192
de la industrialización 111 de una lingüística orienta-
de las ciencias naturales 4 da más allá de una sola lengua 17
del español en la lengua de los gitanos 87 interferencias 121, 153
de los factores externos en la evolución interjecciones 176
de las lenguas románicas 16 intermediación 3, 45
ideológicas 21 entre culturas 3
recíprocas 83 lingüística y cultural 45
de los dialectos 80 intermediarios 197
inglés 20, 22, 23, 37, 40, 41, 54, 58, 59, 61, internacionalización 41
72, 78, 85, 105, 131, 142, 149, 166, 176, internet 178
182, 183, 189, 193, 195, 207 interpretación 7, 28, 43, 45, 77, 98, 119,
uso del ~ 23 156, 191, 206
innovación 89, 124, 130, 154, 161, 180 filológicamente precisa 206
Innsbruck objetiva de la ciencia 8
Universidad de ~, Facultad de Humani- intérpretes 34
dades 21 introducción
instituciones a la filología románica 66
dedicadas a la investigación 45 a la filosofía 53, 54
de la cultura 183 a la lingüística románica VII, 8
románicas 208 comparación sistemática VI
y premisas ideológicas 17 al estudio de la historia 49
Institut d’Estudis Catalans (IEC) 68, 96, para estudiantes 160
101, 102, 104, 105, 108 introspección 81
Institute of Advanced Studies in the Huma- investigación 2, 3, 4, 7, 8, 9, 14, 15, 16, 17,
nities 189 18, 26, 27, 28, 29, 30, 32, 34, 37, 38, 40,
Institut für Deutsche Sprache 4 41, 43, 47, 51, 52, 53, 56, 65, 67, 69, 70,
Instituto Central Alemán para la Educación 73, 79, 80, 83, 84, 85, 86, 88, 90, 91, 95,
y la Docencia 182 98, 111, 113, 114, 115, 116, 119, 135,
Instituto Cervantes 43 137, 140, 141, 142, 144, 145, 146, 152,
Instituto de la Lengua Alemana 4 155, 157, 159, 160, 161, 162, 165, 167,
instrumentalización 168, 170, 171, 173, 175, 176, 177, 178,
ideológica de la lengua y de la ciencia 21 179, 181, 183, 184, 185, 189, 192, 194,
política de la lingüística y la literatura 21 196, 199, 200, 203, 204
interacción 7, 113, 151, 198 actual 160
intercambio 76, 114, 183, 197, 207 básica 65, 183
científico 90 científica 95, 160
internacional 183 del cerebro 7
de estudiantes y de científicos 197 de la afasia 203
intercomprensión 45 de la morfología 115
intercomunicación 45 de la naturaleza 190

264
de lo extranjero 30 mundo ~ 1, 9, 192
de los objetos 85 necesidades de la praxis ~ 186
económico-social 191 práctica ~ 181, 186, 193
en la R.F.A. 185 praxis ~ 182, 184
estado de la ~ 34, 82, 162 no romanística 184
etimológica 162, 165, 167, 170, 171, preparación ~ de los estudiantes 2
173, 175, 176, 177 salidas profesionales de los estudiantes
gramatical y léxica 13 43, 199, 209
histórica 15, 116, 144, 157, 194 vida ~ 179, 197
de lenguas 116 La corónica (revista) VII, 145
histórico-comparativa 161, 178 ladino 21, 92, 93
del léxico de las lenguas románicas Landeskunde 5
161, 178 Landes- und Kulturwissenschaften 5
innovadora 145 Landeswissenschaft 5
interdisciplinaria 181 langue 157, 173
futura 16 La romanistique dans tous ses états 208
lingüística 2, 15, 67, 79, 80, 83, 84, 140 latín 11, 13, 20, 22, 31, 39, 49, 50, 51, 52,
practicada en España du- 53, 54, 56, 61, 62, 63, 66, 68, 69, 74, 75,
rante el siglo XIX 67 81, 82, 87, 101, 102, 103, 107, 113, 114,
lingüística histórica basada en textos 16 117, 119, 124, 126, 127, 130, 131, 132,
literaria 85 133, 134, 140, 149, 152, 154, 155, 159,
metodológica de la lingüística general 18 161, 162, 166, 167, 169, 174, 177, 183,
monolingüe 12, 15, 18 189, 190, 202
multidisciplinaria 181 clásico 131, 177
romanística 17, 34, 41, 196, 204 derivado de la etapa arcaica 131
universitaria 2, 181 medieval 50, 74
investigador 13, 41, 55, 66, 85, 119, 126, sistema flexivo del ~ 122
134, 137, 144, 145, 148, 161, 180, 182, vulgar 51, 52, 56, 61, 62, 87, 101, 124,
199 126, 127, 131
actual 158 y medieval 51, 52
Italia 26, 37, 92, 144, 182 y romances medievales 49
sur de ~ 126 latinidad 183, 190, 202
italianística 29, 40 suprarregional y supratemporal 190
italiano V, 22, 40, 41, 54, 56, 57, 60, 61, tardía 183
62, 63, 64, 66, 72, 85, 92, 93, 102, 106, latinistas 74, 98
107, 116, 126, 127, 130, 131, 132, 134, latinitas 11
143, 165, 167, 168, 176, 182, 194, 204, Latinoamérica 29
205, 207 lectorados 43
italorromania 167 lectores 27, 196
legislación política 22
Jena legitimación de la romanística 183, 184
Universidad de ~, Facultad de Filo- lemas 169
sofía y Letras 21 numeración de los ~ 168
jerarquía lingüística 203 lemosín 50
jerarquización de los cambios 114 Le Moyen-Âge 90
Junggrammatiker 118 lengua V, VII, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 11, 15,
16, 17, 19, 20, 21, 22, 23, 25, 26, 27, 28,
konzeptionell 155 29, 31, 34, 38, 39, 40, 41, 43, 44, 46, 48,
Kulturwissenschaft 5, 11, 146 51, 54, 55, 56, 58, 59, 60, 63, 65, 66, 67,
70, 71, 73, 75, 76, 77, 78, 80, 82, 83, 87,
laboral 95, 97, 102, 105, 106, 109, 111, 112, 116,
aplicación ~ 186 117, 118, 120, 121, 122, 124, 133, 135,
comunicación en el mundo ~ 181 145, 146, 149, 150, 151, 153, 154, 155,

265
157, 161, 162, 163, 164, 166, 167, 169, eslavas 169
172, 176, 183, 186, 191, 192, 194, 195, especiales 151
200, 203, 204, 206, 208 estandarizadas 156
actual 204 europeas 39, 203
auxiliar 58 extranjeras 6, 20, 23, 83, 180, 185, 186,
científica 8, 41 189
clásica 63 galorrománicas 176
común 16, 21 germánicas 141, 167, 169
co-oficial 46 habladas 83
de cultura 23 históricas 154
de la ciencia 195, 206 literarias 143, 167
de las ciencias naturales 8 minoritarias 22, 46, 156
escrita 151 en la Europa del siglo XX 22
estándar 20 en la Romania 97
extranjera 38, 41, 43 modernas 53
fundamental 58 neolatinas VI, 53, 77
hablada 1, 22, 39, 122 pequeñas 201
histórica 19 perdidas 192
literaria 112, 163, 169 planificadas 23
moderna 63 prerromanas de la Península Ibérica 169
occidental prototípica 23 que funcionan como techo 15
popular 183 reencontradas 192
práctica 59, 60 regionales 22
racional y pegada a los datos 8 vecinas 207
sólo indirectamente comprensible 83 lenguas romances
y cultura patrias 45 origen
y estilo de la ciencia 8 en el latín vulgar 115
lenguaje 4, 12, 21, 38, 105, 150, 169, 170, en el provenzal 115
189, 203 tratamiento global del grupo de ~ 115
corporativo 189 lenguas románicas V, VII, 1, 2, 11, 12, 13,
críptico y elíptico de muchos manuales 15, 17, 18, 19, 25, 39, 44, 50, 54, 56, 57,
de romanística 150 63, 64, 72, 77, 78, 80, 83, 101, 103, 105,
humano 105 107, 111, 115, 117, 118, 122, 123, 124,
infantil 169 126, 127, 129, 130, 131, 132, 133, 134,
literario 12 140, 144, 153, 154, 156, 159, 161, 162,
y cerebro 203 164, 165, 167, 168, 174, 176, 182, 189,
y pensamiento 203 190, 194, 200, 207, 208
lengua románica VII, 22, 60, 63, 66, 67, 73, de hoy 168
75, 77, 78, 80, 149, 150, 161, 186, 208 en Alemania 189
Primera ~ y su literatura 74 presencia en la escuela de las ~ ~ 189
Segunda ~ y su literatura 74 en contacto 18
lenguas estándar VII, 132
amerindias 169 historia de las ~ 14, 88, 111, 120, 144,
asiáticas 169 145, 194
autóctonas de América 205 Manual internacional de historia de las ~
clásicas 49, 54, 58 14
codificadas y estandarizadas 156 menores V
de contacto 207 papel singular de las ~ 12
de cultura 166, 194 «pequeñas» 207
de la Península Ibérica 46 visión panorámica de las ~ 13
en comparación 153 lenguas y culturas románicas 196
en contacto 156 lenguas y literaturas
en el espacio 193 germánicas 81

266
neolatinas 51, 52 de Grimm 28
románicas occidentales y meridionales de la naturaleza 118
81 fonéticas 84, 122
lenguas y variedades lingüísticas 202 «las ~ fonéticas no tienen excepciones»
lengua y literatura 21, 40, 50, 58, 71, 204 (Meyer-Lübke) 118
catalanas 102 mentales 82
españolas 51, 52, 53, 54, 55 liberalismo metodológico 4
francesas 83 libertad 21, 41, 55, 189, 201, 202
griegas 49, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 58 de actuación del hombre 21
inglesas 83 de cátedra y de investigación 202
latinas 49, 51, 52, 53, 55, 56, 58 hermenéutica 41
regional 95 lingüística del hombre 21
León personal 201
Universidad de ~ 44 licenciados 43, 46, 48, 51, 54, 65, 66, 74, 75,
leonés 45 180, 181
Lessico etimologico italiano (LEI) (Pfister/ en lingüística 180
Schweickard) 174, 176, 178 licenciatura 43, 47, 52, 61, 63, 64, 73, 74,
léxico VI, 13, 81, 85, 87, 106, 112, 113, 115, 186
120, 123, 131, 133, 149, 151, 152, 159, en Hispánicas 43
160, 161, 162, 163, 167, 168, 171, 172, en Lingüística 44
173, 177 en romanística 187
albanés 163 hispánica 74
básico VI, 162 ligur 169
panrománico VI límites
común 167 dialectales en las lenguas románicas 88
de origen germánico 173 líneas de investigación 7, 12, 25
de origen latino y griego 173 lingua 11, 20, 23, 40, 89, 103, 189
de una variedad románica concreta 13 cortigiana 20
eslavo 163 franca 23, 40, 89, 189
evolución 133, 140, 177 Romana 11
francés 173 Lingue neolatine 90
galorrománico 172 lingüística V, VI, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11,
griego 163 12, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 25,
heredado 120, 133, 168, 177 26, 28, 29, 31, 32, 34, 38, 39, 40, 41, 42,
del latín 168 43, 44, 45, 46, 48, 55, 57, 59, 60, 61, 62,
húngaro 163 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73,
latino 115, 161, 167, 177 74, 75, 76, 77, 78, 84, 85, 87, 91, 92, 95,
clásico 177 98, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106,
románico 177 107, 108, 109, 112, 114, 118, 121, 122,
rumano 163 123, 124, 125, 127, 128, 129, 132, 133,
turco 163 139, 142, 143, 144, 145, 146, 147, 149,
vulgar de las lenguas románicas 81 151, 152, 153, 154, 155, 156, 157, 158,
lexicografía 1, 18, 81, 100, 145, 171 159, 161, 165, 180, 181, 189, 191, 192,
histórica del español 145 194, 195, 198, 199, 200, 202, 203, 204,
lexicología 80, 85 205, 206, 208
lexicólogos históricos 162 actual 95, 200
léxicos distintos de las lenguas románicas aplicada 2, 180, 181
161 castellana 107
Lexikon der Germanistischen Linguistik cognitiva 19, 158, 159, 165
(LGL) 141 diacrónica 19
Lexikon der Romanistischen Linguistik como experiencia personal 85
(LRL) VII, 13, 14, 25, 140, 146, 171 comparativa románica 92
leyes contrastiva 17, 202

267
de corpus 4 16, 17, 18, 19, 26, 38, 39, 43, 46, 57, 61,
de la langue 195 62, 63, 64, 65, 67, 70, 71, 72, 73, 74, 75,
reduccionista 195 76, 87, 92, 93, 101, 122, 123, 124, 125,
de la parole 195 128, 129, 132, 139, 143, 144, 146, 147,
especulativa 195 161, 189, 191, 192, 203, 205, 208
de la variación 15 comparativa VI, 17, 18
de otras lenguas 205 (e histórica) 18
diacrónica 76, 105 contenido de la ~ 9
en general 76 diacrónica 146
eslava 18 evolución histórica de la ~ 25, 145
nacimiento de la ~ ~ 115 general 46, 205
espacial 18 histórica 16, 19, 139, 144
española 62 (y comparativa) 139
y general 108 identidad de la ~ V, 25, 31, 184
formal 19, 200 objetivos de la ~ 13
francesa 64 parcial 205
en Alemania 29 perspectivas de la ~ V, VI, 9, 73, 175,
en la R.F.A. 29 189, 191, 202, 204
general 1, 2, 4, 18, 62, 72, 74, 75, 92, lingüística (Sprachwissenschaft) románica
103, 107, 145 tradicional 200
generativa 2 Linguistik 199
geográfica 165 lírica de los trovadores 60, 81
germánica 18, 39 literatura 4, 5, 6, 7, 16, 17, 18, 25, 26, 28,
emancipación de la ~ ~ del abra- 33, 34, 44, 48, 49, 51, 57, 59, 62, 65, 78,
zo de las otras disciplinas tradicio- 83, 87, 92, 96, 97, 99, 102, 106, 108, 109,
nales 39 182, 196, 198, 199, 200, 204
tradicional 5 arábiga española 52, 53
hispano-románica 71, 78 catalana 51, 66, 67
histórica 77, 100, 101, 144, 149, 152, comparada 96
153, 157, 195 italiana-española 64
histórico-comparativa 4, 139, 156 contemporánea 53
humanística 200 culta 200
idealista 156 de las lenguas romances 63
independiente 200 española 49, 50, 51, 52, 53, 58, 62, 63,
indoeuropea 18 64, 66, 67, 72
inglesa 18 española y sus relaciones con la Literatu-
moderna 157, 199 ra Universal 58
nacimiento de la ~ 26, 115 extranjera 49
pura 112 fantástica 48
sincrónica 100, 101 francesa 51, 62, 64, 66, 67
sincrónico-estructural 85 contemporánea 64
sistemática y formalista 39 del siglo XVI 64
(Sprachwissenschaft) tradicional 200 medieval 64
teórica 1 moderna 64, 182
textual 1, 39 galaico-portuguesa 53
triunfalista 195 gallega 66, 67
variacional 1, 18 griega 49, 50
y las cosas 84 hispanoamericana 57, 58, 61, 62, 63,
y literatura 11, 30, 199 64, 67
y literatura portuguesas 30 italiana 62, 64, 66, 67
y teoría lingüística románicas 191 latina 49, 50
lingüística (Linguistik) románica 200 medieval 83
lingüística románica V, VI, 1, 8, 9, 11, 12, medieval 57, 78, 96, 99, 196

268
española 78, 99 Universidad de ~ 33, 60
moderna 204 marcadores del discurso específicos 18
portuguesa 66, 67 marcas 121, 122
provenzal 51 flexivas 121, 122
puertorriqueña 48 morfológicas 121
rabínica española 52, 53 marketing 3
románica matematización de los estudios lingüísticos
estudios de ~ ~ 34 40
románica medieval 66 mayo francés de 1968 71
universal 55, 56 medievalística 91
y los otros medios 192 medios
literaturas 18, 26, 28, 31, 40, 45, 79, 80, 106, de comunicación 3, 16, 34, 191, 197, 199
184, 190, 196 de expresión 155
de la Romania 106 escritos 155
francófonas fuera de Europa 18 impresos 206
hispánicas 63 institucionales 184
modernas 54 orales 155
románicas 26, 28, 58, 70, 80, 196 y tipos textuales 16
composición de sus obras 81 Mémoires de la Société Néophilologique
lado artístico de sus obras 81 de Helsingfors 90
relaciones de sus obras con otras lite- memoria colectiva 204
raturas 81 mente humana 82
literaturas románicas mercado de trabajo 43, 179, 184, 202, 209
tradición de sus obras 81 potencial 180
Literaturwissenschaft 59 metafísica
lituano 169 occidental 7
Liverpool y ética 49
Universidad de ~, Department of Hispa- metáforas 8
nic Studies 109 metamorfosis 163
Logroño metodología 15, 18, 56, 68, 83, 84, 105, 106,
Universidad de La Rioja 98 117, 162, 165, 171, 176
Ludwigsburg de la lingüística comparativa 18
Instituto Franco-Alemán 185 de las investigaciones léxicas 162
lusitanística 29, 30, 31 de la tipología lingüística 18
etimológica 171
Madrid métodos VI, 2, 14, 27, 30, 53, 65, 68, 74, 75,
Universidad Central 53, 68, 69 77, 79, 83, 85, 86, 89, 115, 119, 129, 132,
Universidad Complutense 65, 97 133, 137, 140, 145, 157, 160, 166, 169,
Sección de Filología Románica 96 173, 184, 192, 195, 196, 199, 204
Universidad de ~ 60 acríticos 166
Universidad de ~, Facultad de Filo- científicos 65, 196
sofía y Letras de 68 con los que se aprenden las lenguas 184
mano invisible 19 controlables 157
manuales VI, 23, 76, 101, 113, 117, 119, críticos 115, 166
123, 128, 129, 137, 140, 144, 146, 149, de trabajo 27, 160, 173, 192, 195
192 filológicos 196
de historiografía lingüística 117 histórico-comparativos 85
de lingüística románica 192 individuales de trabajo científico 195
en el dominio románico 113 tradicionales 68, 85
para el estudiante 144 y líneas de investigación nuevos 204
recientes 76 México
manuscritos 80 Colegio de ~ 108
Marburg an der Lahn Universidad Nacional Autónoma de ~ 108

269
migraciones 16, 39 motor del cambio 203
Ministerio de Educación y Ciencia español movilidad 41, 180
45 de los estudiantes 41
ministra internacional 180
de ciencia e investigación del estado «muerte de una disciplina» 16
de Nordrhein-Westfalen 198 multiculturalidad 41
de educación, ciencia, juventud y cultura multidisciplinar 113
del estado de Rheinland-Pfalz 209 multi-/trans- e interdisciplinariedad 181
de educación y ciencia de la R.F.A. 3, mundo V, 1, 5, 9, 20, 23, 25, 33, 34, 39, 44,
209 48, 74, 77, 78, 97, 135, 137, 181, 182,
minorías lingüísticas en Francia 103 185, 189, 190, 192, 195, 197, 199
modelo actual 185
actual 194 científico 33, 197
social neoliberal 207 europeo occidental 190
alemán 38, 40 francófono 5
antropológico 20 germánico V, 9, 44, 77
de agrupamiento 176 globalizado 189
ecléctico 55 universitario o escolar 5
en la germanística 140 Murcia
fonético 158 Universidad de ~ 66, 96, 109
político 20 Departamento de Filología Románi-
reconstruccionista 131 ca 96
teórico 157
descripción y explicación de sus da- nación 20, 80, 198
tos 157 nacionalidades 190
tradicional 151, 160 nacionalismo 44, 71
de gramática histórica 151 lingüístico 71
modernización 41 nacionalsocialismo 31, 33
Modern Language Review 90 la romanística alemana bajo el ~ 32
modista 38 naciones 40, 48, 81, 199
modularización 180 aisladas 40
módulos de conocimiento 202 románicas 196
Moldova 21 y germánicas 81
monografías 92, 108, 134, 148, 162 necesidades
antiguas 148 cambiantes 186
morfofonología 113, 121 de la sociedad 207
morfología VI, 2, 32, 56, 60, 80, 85, 87, 106, formativas 185
111, 113, 114, 115, 116, 117, 118, 119, nuevas 184
121, 122, 123, 124, 125, 126, 128, 129, pedagógicas 145
131, 133, 140, 141, 143, 152, 157, 158, sociales 186
160, 163, 165, 170, 177 neerlandés 176
estructuralista 129 negación 35, 123, 129
evolución de la ~ 140 neogramáticos 4, 77, 118, 119, 121, 156, 170
flexiva 113, 117, 121, 122 neolatino 41
nominal latina 122 New Philology 146
histórica 122, 141, 165 nombres 85, 103, 104, 123, 133, 136, 169
natural 158 de herramientas 133
nominal 133, 160 de partes del cuerpo 123
verbal 122, 160 propios 169
latina 122 normas 12, 17, 21, 54, 153, 154, 155, 159
morfosintaxis 64, 129, 133, 137 del habla 159
del español 64 internas 21
histórica 137 normativización 194

270
lingüística 16 oral 58, 155
Norteamérica 203 oralidad 15, 38, 153
Nueva Revista de Filología Hispánica 108 y escrituralidad 3, 15
numerales 128, 141 orbis RǀmƗnus 11
número ordenación 55, 65, 112, 114, 130, 133, 159,
de estudiantes 74 168, 169, 173, 175, 199
numismática 49, 50 de las consonantes 114
de las palabras 175
objetividad 6, 8, 65, 91 del diccionario 169
científica 6 de los datos 112, 114
objetivos dentro del sistema de las ciencias 199
básicos de una nueva gramática 159 onomasiológica 169
de la gramática histórico-comparativa organismos
158 académicos 160
de la investigación filológica 83 de investigación 195
de la romanística 179 organización
didácticos académica 43
de la romanística 192 de la ciencia 48
fundamentales 187 formal 86
generales del estudio 180 departamental 66
objeto internacional 197
de estudio V, 8, 13, 38, 39, 83, 105, 111, morfosemántica 176
137, 144, 163, 192, 195, 197, 200, sintáctica 151
203 tradicional de la ciencia 199
de la filología tradicional 200 órganos de administración de la investiga-
de la lingüística románica 8, 13 ción y de la docencia 185
de investigación 27 orientación
propio de la filología 83 biográfica 35
occitano 85, 92, 93, 98, 106, 171 comparativa 63
Océano Índico 203 futura 192, 197
Océano Pacífico 203 histórica 44
Österreichische Forschungsgemeinschaft interdisciplinaria 96, 194
203 lingüística o literaria de los investigado-
oferta res 41
académica 179 localista, autárquica, de las investiga-
de puntos fuertes 202 ciones 71
didáctica 201 nacional 44
oficialidad de determinadas len- personal 35
guas en los organismos internacionales transnacional 186
23 orientalismos 173
Oficina Romànica de Lingüística i Literatura origen
95 de las lenguas románicas 127
onomasiología 85, 123, 124, 133, 156, 165, de las palabras 162, 167, 168
174, 175 del léxico 117
onomástica 81, 170 ortografía 21, 127, 182
onomatopeyas 169, 174 del rumano 21
opinión pública 11, 30, 41, 182, 184, 197, Oviedo
208, 209 Universidad de ~ 65, 70
de lengua alemana 41
oportunidades de trabajo 29, 179, 192 países
oración 113 de lengua alemana 37, 38, 89
compleja 118 de lengua inglesa 23
condicional 88 francófonos 21

271
industrializados 197 perfil 39, 43, 80, 106, 179, 202, 205
románicos 26, 37, 183, 186 característico 202
País Vasco competitivo de los estudiantes de huma-
Universidad del ~ 64 nidades 179
palabras 25, 37, 46, 67, 70, 72, 80, 83, 87, perífrasis verbales aspectuales 183
98, 99, 115, 118, 120, 121, 122, 123, 124, periodización 114
125, 126, 128, 133, 148, 151, 152, 157, persa 169
159, 160, 162, 163, 164, 166, 167, 168, perspectivas
169, 170, 172, 173, 175, 176, 177, 183, de desarrollo de la lingüística y de la lite-
198, 209 ratura románica 204
comunes 163 de futuro 9, 73, 175, 189, 191, 202, 204
con flexión 123 de la romanística 202
cultas 170 de la filología románica 190
de origen complicado 177 de la filología y de la lingüística románi-
de origen desconocido 172 cas 189
independientes 173 de la romanística 1, 206
individuales 162, 166, 170 de las filologías 189
latinas atestiguadas 163 investigadoras 153
latinas reconstruidas 163 Perú 41
patrimoniales 170 picardo
paleografía 49, 50, 51, 52, 53, 54, 57, 58, 61, dialecto ~ 87
62, 74, 87 planes de enseñanza y de investigación
panorama universitaria 208
científico alemán 209 planes de estudios 6, 43, 44, 47, 50, 52, 53,
filológico español 67, 109 55, 57, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 66, 69, 73,
románico 77 74, 179, 180, 197, 207
teórico nuevo 158 de la Facultad de Filosofía y Le-
universitario actual 189 tras de Salamanca (1977) 63
panromance 4, 13, 77, 98, 156 nuevos
panrománico 18, 38, 77, 103, 106, 119, 165, de bachiller (BA) 208
170, 171, 175 de máster (MA) 208
panromanidad 30 planificación
panromanista 30 y asesoramiento lingüístico y literario 45
paradigmas 79, 121, 144 pluralidad
cambio de los ~ 158 de los campos de investigación y
flexivos 121 docencia 209
investigadores de las ciencias humanas de métodos 202
146 de perspectivas 19, 38
nuevos de la lingüística y la literatura 204 plurifuncionalidad transcategorial 183
organización de los ~ 158 plurilingüe 46, 78
tradicionales de la lingüística románica plurilingüismo 22, 23, 39, 193
140 europeo 193
paráfrasis 181 poesía 81
parentesco lingüístico 83 artística 81
París popular 81
círculos culturales en ~ 38 poetas 81
parole 195 poética 81, 97, 113
pasado de los pueblos románicos 82, 84 política
patrimonio 81, 116, 157 científica 2, 183, 206
lingüístico 81 de investigación 184
literario 116 educativa 183, 185
pedagogía 58, 179 ocupacional 181
pensamiento nacional romántico 37 universitaria 209

272
y legislación lingüística en el siglo XX productos artísticos 83
22 profesión 3, 75, 133, 182, 186, 193, 196
y planificación lingüística 192 concreta 193, 196
política lingüística 15, 21, 22, 23, 38, 191, y comunicación 181
192, 193 profesionalidad 55, 181, 201
decisiones de ~ 23 profesionalización 29, 38
en Francia y Alemania 22 profesorado berlinés 183
en la Romania Minor 192 profesores 27, 30, 43, 60, 72, 73, 81, 149, 185
medidas de ~ 23 de instituto 27
Portugal 26, 29, 45, 71, 109 de Lengua Española 72
portugués V, 29, 30, 51, 54, 57, 61, 62, 63, de Lingüística general 72
64, 66, 70, 72, 78, 85, 92, 93, 97, 102, de Literatura española 72
116, 126, 127, 131, 132, 134, 143, 162, de Teoría de la literatura y literatura com-
169, 205 parada 72
moderno 162 progreso 14, 65, 190, 193
posición cultural 65
de la filología románica 184 de la disciplina 91
de las lenguas románicas en las universi- de las ciencias 190
dades 27 pronombres 88, 128, 129, 133
humanista 20 combinación 133
posicionamiento teórico 199 posición 133
positivismo 59, 84 repetición 133
postguerra 71, 99, 126 pronunciación 117, 134, 182
práctica de las lenguas 196 propagación del latín 176
pragmática 1, 14, 48, 145, 158 propaganda 181, 205
histórica 158 proposiciones 123
praxis social 198 Propugnatore 89
predicciones lingüísticas 158, 203 prosa
prefijos 170 científica 8
prehistoria 53, 194, 206 técnico-científica 16
preposiciones 122 prosodia 113, 117
preservación de las lenguas amenazadas 208 Prospect (de la ZrP) 79, 80
préstamos 89, 133, 162, 163, 173 protoiberorrománico 161
cultos 163 protorromance 113, 131, 132, 195
interrománicos 163 prototipos prelatinos 170
románicos al húngaro 89 provenzal 51, 57, 60, 62, 88, 95, 102, 116,
prestigio 20, 23, 29, 40, 68, 118 127, 131, 143, 162, 167, 168
parámetros de 23 antiguo 57, 61, 62, 143
Princeton variedad gascona 95
Universidad de ~ 130, 131 variedad langüedociana 95
problemas provincialismo 71
actuales de la romanística 185 proyección diacrónica 174
de la formación 185 proyecto
del modelo tradicional 151 de gramática histórica de las lenguas
etimológicos 105 germánicas 141
generales 88, 95 de investigación 42, 45, 184, 206
sin resolver 160 de reforma
técnicos 160 de Eduardo Chao 49
producción 30, 69, 79, 88, 111, 112, 118, de la I República 50
144, 160, 162 Prusia 37
científica 79, 118, 160 psicolingüística 203
y recepción de textos 9 psicología 4, 21, 49, 84
productividad 163 cognitiva 4

273
publicaciones 32, 45, 46, 89, 92, 95, 96, 97, histórica 27
99, 100, 103, 109, 139 histórico-filosófica 191
electrónicas 206 lingüística 8, 22
Publications of the Modern Language Asso- reforma 34, 45, 50, 55, 56, 57, 62, 70, 72,
ciation 90 74, 180
publicidad 16, 48 de la estructura universitaria europea 45
público 41, 88, 89, 149, 159 de la Facultad de Filosofía y Letras 50
amplio 3, 5, 159 de los estudios 180
pueblos románicos medievales 81 de los planes de estudios 74
punto reformadores 74, 76
de articulación 114, 130 de la lingüística romance 76
de vista reformulación 157
alemán 195 refranes 134
comparativo 76 regiones 185, 193
del estudiante medio 203 registro 21, 164, 176
histórico 39 coloquial 164
tipológico 208 de pérdidas léxicas 176
literario 164
questione della lingua 19 reglamentos de estudios 184
reglas 116, 130, 167
raddoppiamento sintattico 128 de la lengua madre 116
rasgos 113, 120, 191 de selección 130
distintivos 12, 162 fonéticas 167
específicos de la filología románica 191 relaciones
específicos de una lengua 15 alumno-profesor 182
fundamentales 112, 115 comunicativas 194
generales con la realidad románica plurilingüe 109
de las consonantes en función con otros géneros de investigación
de su posición 134 lingüística 112
universales 71 entre avatares léxicos e historia social
R.D.A. 73 162
Real Academia Española 22, 68 entre ciencias de la naturaleza y cultura 6
Realismo mágico 48 entre ciencia y discurso científico y antro-
reanálisis 156 pocéntrico 8
reconstrucción 12, 28, 32, 37, 77, 82, 111, entre filología, lingüística tradicio-
131, 132, 163, 177, 187, 203, 206 nal y nuevas corrientes lingüísticas
de formas lingüísticas anteriores 206 199
de la protolengua 132 entre Francia y Alemania 5
de las formas 177 entre íbero y romance 89
de los significados 177 entre ideología y lengua 21
del protorromance 131, 163, 177 entre lengua, cultura y ciencias humanas
del significado 177 V, 1, 25
fonológica 132 entre lengua (histórica) y tradiciones tex-
red tuales (concretas) 16
comunicativa compleja 206 entre lingüística monolingüe y lingüísti-
de datos 172 ca general 12
de información de nivel mundial 202 entre los pueblos 206
redefinición de los conceptos de sincronía entre romance y vasco 89
y diacronía 154 entre romanística y medios de comunica-
reelaboración de contenidos complejos 181 ción 186
reflexión 1, 8, 16, 22, 27, 32, 71, 75, 81, 84, fonéticas 173
109, 141, 182 funcionales 15
filosófica 84 genealógicas 172

274
genéticas 155 publicadas en España V
internacionales 45, 89, 185, 198 especializadas 23, 79, 80, 91, 99, 100
léxicas 173 europeas 172
nuevo ĺ mejor 205 extranjeras 41
relevancia 2, 5, 14, 19, 37, 41, 92, 179, 182, técnicas 45
183, 189, 194, 207 Revolución francesa 22
general de la docencia universita- revolución metodológica 117
ria de las ciencias humanas 179 Revue de dialectologie romane 90, 99
social 183, 194, 207 Revue de philologie française et de littéra-
de la disciplina 207 ture 90
religión 16 Revue des langues romanes 89, 103
Renacimiento 60, 64, 81, 92, 104, 190 Revue des Patois Gallo-Romans 89
renovación 19, 34, 111, 141, 142, 146, 158, R.F.A. 73
159, 180, 190 rigor lingüístico y filológico 41
de la comunicación 19 riqueza
del aprendizaje 180 histórica, cultural y social de la matriz
de los estudios diacrónicos 146 132
teórica 159 Roma
rentabilidad 193 Universidad de ~ 11, 46, 83, 130
Residencia de Estudiantes 69 romance 16, 22, 50, 77, 83, 95, 113, 115,
responsabilidad 73, 185, 197, 202 122, 132, 149, 153, 169
ante la sociedad 202 en el Tirol 22
formativa 185 romanche 92, 93, 116, 167
réticos Romancium 11
dialectos ~ 117 Romania VII, 11, 17, 38, 39, 45, 60, 89, 92,
retórica 8, 125, 144, 189, 196, 209 103, 128, 165, 167, 182, 186, 192, 198,
de la anti-retórica 8 204, 206
de la decadencia 209 desarrollo histórico de la ~ 178
de la globalización 189 división 167
retorrománico 87, 92, 93, 98, 127 espacios en la ~ 40
revista occidental 128
especializada alemana 91 unidad de la ~ 34
filológica panrománica 91 Romania Germanica 38
trimestral de lenguas y literaturas romá- Romania nova 18, 192
nicas 199 historia externa 16
Revista de Filología Española (RFE) 69, 99, Romania (revista) 11, 60, 89
100, 101, 108, 109 románico 1, 13, 31, 41, 44, 51, 77, 95, 96,
Anejos 101 97, 129, 130, 133, 182, 208
Revista de Filología Románica 96 romanidad 1
Revista de lengua y literatura francesa 202 concepto de ~ 25
Revista de Letras 108 de la lengua 21
Revista de Literatura 108 del mundo románico 190
Revista Lusitana 89 genética natural 190
Revista pentru Storie, Archeologie úi Filo- ideal cultural 190
logie 89 Romanische Bibliographie (RB) 33, 92, 93
Revista Portuguesa de Filologia 108 centro de documentación de Göttingen 92
revistas V, 23, 33, 41, 45, 79, 80, 85, 89, 91, volúmenes de índices 93
95, 97, 99, 100, 101, 108, 109, 147, 148, Romanische Forschungen 89, 108, 199
172, 208 Romanisches etymologisches Wörter-
alemanas 41 buch (REW) (Meyer-Lübke) 119, 139,
científicas 79 163, 165, 166, 168, 169, 170, 171, 177
de carácter general 79 Romanische Sprachgeschichte (Ernst et al.)
de filología románica V, 81 VII, 15, 141, 146

275
Romanisches Seminar 73 europea 68
Romanische Studien (revista) 89 historia de la ~ 25, 27, 193
romanismo 95 en España 109
romanistas V, 2, 12, 13, 14, 27, 28, 30, 32, identidad de la ~ V, 25, 31, 184
33, 39, 41, 44, 70, 74, 76, 77, 78, 80, 84, inicios de la ~ 17
86, 89, 90, 97, 98, 99, 102, 105, 111, 125, internacional 76
128, 134, 135, 136, 137, 139, 143, 144, legitimación social de la ~ 35
148, 171, 178, 184, 185, 191, 193, 197, límites de la ~ 2, 167
202, 205, 207, 208 modelo alemán de ~ 38
alemanes 39, 41 nueva 34, 105, 144
de hoy 28, 148 papel de la ~ 27
de lengua alemana 144, 208 plurilingüe 41
romanística 1, 2, 3, 4, 6, 11, 12, 13, 14, 15, postnacional 39
17, 18, 19, 23, 25, 26, 27, 29, 30, 31, 32, profesores de ~ 30
33, 34, 37, 38, 39, 40, 41, 43, 44, 47, 54, síntomas de la crisis de la ~ 31
59, 68, 69, 71, 73, 75, 76, 77, 79, 85, 86, situación de la ~ 25, 71, 185, 201
90, 91, 95, 99, 100, 101, 105, 107, 108, tradicional 6
109, 110, 111, 115, 119, 126, 128, 137, de tipo filológico 200
139, 140, 141, 144, 145, 147, 159, 162, traspaso de las fronteras de la ~ 35
164, 165, 166, 169, 171, 177, 179, 182, unidad de la ~ 30, 185
183, 184, 185, 186, 192, 193, 194, 195, universitaria 183
196, 197, 200, 201, 202, 203, 204, 205, Romanistica se movet 205
206, 207, 208 Romanistik VI, 59, 195
actual 192, 206 romanistik.de 147, 195
alemana 32, 33, 38, 41, 186, 195 Romanistisches Kolloquium 4
marginalización de la ~ 41 Romanitas 11, 78
porvenir de la ~ 196 Romanitatis lingua 11
prestigio de la ~ 41 romanización 127, 161
tarea específica de la ~ 39 romanticismo 26, 37, 190
ámbitos laborales y práctica profesio- herencia del ~ 44
nal de la ~ 183, 196 pensamiento nacional del ~ 37
clásicos de la ~ 41 Rumanía 21, 144
como ciencia lingüística y literaria 35 rumanística V, VI, 30, 42
comparada 119 rumano 61, 62, 97, 130, 132, 146
comparativa 79, 95, 111, 126 génesis étnica del pueblo ~ 21
componente histórico-comparati- gramática histórica del ~ 130
vo de la ~ 31 valaco 116
concepto de ciencia en la ~ 32
crisis de la ~ 30, 31, 71, 184 saber 7, 20, 26, 27, 28, 47, 75, 105, 116,
cultural 6 134, 136, 143, 145, 150, 186, 192, 193,
decadencia de la ~ 33 195, 201, 202
del futuro 196, 206, 207 básico 160, 201
«desde arriba» 203 canónico 202
diacrónica 159 común 26
disciplinas vecinas de la ~ 5, 34, 38, predominantemente teórico 193
157, 204 Salamanca VII, 47, 48, 60, 61, 65, 68, 70,
en alemán 17, 18, 32, 40, 42 92, 191
en el espacio cultural alemán 41 Universidad de ~ 46, 61, 64, 65
en enseñanza, investigación y mundo la- Sammlung kurzer Grammatiken germani-
boral VI, 179 scher Dialekte (colección) 141, 142, 146
en la sociedad 194, 208 Sammlung romanischer Elementar-
época dorada de la ~ 118 und Handbücher (colección) 142
específico de la ~ alemana 38 Sánscrito 49, 50, 51, 52, 53

276
Santiago de Chile Siegen
Universidad de Chile en ~ 108 Universidad/Gesamthochschule de ~ 197
Santiago de Compostela Siglo de Oro 60
Universidad de ~ 65, 108 signifiant 85
Departamento de Filología Románica significado 8, 9, 11, 19, 21, 23, 28, 31, 81,
107 82, 87, 88, 115, 121, 122, 124, 150, 151,
São Paulo 158, 167, 169, 173, 177, 206, 207
Universidade Estadual Paulista en ~ 108 actual de la palabra 81
sardo 85, 92, 93, 97, 116, 127, 131, 168 de la palabra 87, 121, 167
semántica 2, 48, 64, 85, 113, 122, 124, 130, de la palabra «románico» 87
165, 167, 170, 172, 175, 177 de las clases de palabras 125
estructuralista 130 de las formas de las palabras 125
histórica 165, 172 de las palabras 28, 124
léxica 175 de los elementos flexivos 125
semasiología 85, 88, 124 funcional 121
seminarios 27, 47, 48, 56, 57, 59, 60 significante 155, 170
avanzados 47 signifié 85
básicos 59 signos lingüísticos 185
historia de ~ 33 sílaba 28, 114, 127
para principiantes 47 sincronía 19, 154, 192, 194
románicos de las universidades alemanas concepto de ~ 19
71 sincrónico 91, 106, 109, 132, 196
separación 27, 28, 30, 38, 44, 77, 91, 110, sinónimos 152
111, 113, 114, 121, 132, 144, 159, 163, sintagma 6, 11, 113, 132, 160
169, 170, 175, 186, 205 nominal 160
de distintos estratos 114 verbal 160
de la filología románica e inglesa 27 sintaxis 2, 48, 56, 60, 80, 85, 87, 88, 106,
de la lingüística y de la crítica literaria 91 111, 113, 115, 116, 118, 119, 121, 123,
de las distintas filologías particulares den- 124, 126, 129, 130, 131, 140, 141, 143,
tro de la filología románica 144 145, 149, 152, 157, 158, 192
de las lenguas románicas 132, 159 aproximación pragmática a la ~ 130
entre lengua y literatura 38 de la palabra 124
entre literatura, lingüística y civilización del germánico 141
186 del pronombre posesivo de tercera perso-
entre sincronía y diacronía 38 na en rumano 88
ser V, VI, 4, 5, 6, 8, 13, 18, 21, 23, 28, 31, del sustantivo 88
32, 38, 43, 51, 66, 69, 71, 73, 75, 78, 86, evolución de la ~ 140
88, 90, 92, 102, 103, 109, 110, 114, 116, formalista 145
117, 118, 121, 124, 129, 132, 139, 142, francesa 88
145, 148, 149, 150, 151, 153, 154, 155, funcional 158
156, 157, 159, 160, 161, 162, 164, 166, histórica 80, 118, 145
171, 172, 173, 174, 177, 183, 186, 190, románica 88, 129
195, 196, 197, 202, 204, 206, 208 rudimentos de ~ 124
alemán 183 sistema 5, 13, 17, 20, 39, 43, 47, 56, 60, 70,
francés 183 73, 75, 114, 118, 122, 127, 134, 141, 147,
nuestro propio ~ 182 150, 151, 157, 180, 186, 192, 193, 198, 204
romanista 78 cultural 20
ser humano 21 de casos 122
bases del ~ 21 de información 150
filogénesis del ~ 21 de normas 5
modelo nacionalista del ~ monolingüe 40 de puntuación en función del rendimiento
social y cognitivo 21 180
sexo 48 de tiempos verbales 17

277
de una lengua 204 evolución 140
educativo 43, 75, 193 germánicos 117
fonológico latinos 81, 117
consonántico de las lenguas románi- lingüísticos 158
cas 134 Sprachvariation 154
latino 134 Sprachverschiedenheit 154
germánico 47, 60 Sprachwandel 154
gramatical 18 Sprachwissenschaft VI, 123, 143, 199
político 186 Studia Graeca et Latina 97
tradicional hispánico 47 Studi di Filologia Moderna 90
universitario Studi di Filologia Romanza 89
alemán 180 Studies and Notes in Philology and Litera-
de la reforma 192 ture 90
español 43 Studi glottologici italiani 90
vocálico latino 150 Studi medievali 90
situación V, 1, 5, 13, 16, 17, 20, 21, 23, 25, Studj romanzi 90
29, 30, 32, 34, 37, 39, 46, 47, 48, 50, 54, subdisciplinas 4, 91, 92, 192
55, 58, 59, 65, 68, 71, 74, 79, 97, 103, subestándar 153
105, 110, 118, 137, 139, 143, 155, 167, Sudamérica 203
175, 183, 184, 185, 189, 191, 192, 193, sufijos 89, 121, 170, 173
200, 201, 202, 205, 207, 209 aumentativos 173
actual 1, 16, 17, 20, 47, 65, 184, 189, diminutivos 173
192, 193, 200 nominales romances en vasco 89
de la investigación 16 peyorativos 173
de la romanística 200 Suiza 73, 92, 118, 201
austriaca 23 superestrato 165, 174
comunicativa supersistemas léxicos y gramaticales 39
concreta 155 surcoreano 41
y pragmática heterogénea 191 sustantivos 125, 128, 170
de la romanística 25, 71, 185, 201 deverbales 170
de las investigaciones 79 uso adjetival 125
latina 118 uso adverbial 125
política 32, 207 uso preposicional 125
en Alemania 32 uso pronominal 125
político-lingüística 48 sustratos 38, 120, 127, 165, 174, 206
regional 37
social 207 Tag der Forschung 209
skill 31 tareas 1, 2, 3, 17, 28, 29, 39, 40, 46, 68, 86,
sociedad 3, 5, 7, 23, 30, 46, 67, 71, 72, 73, 91, 92, 102, 109, 144, 148, 149, 151, 155,
162, 179, 180, 186, 194, 198, 208 159, 180, 184, 197, 201, 202, 206
de la información 67, 180 comunicativas 5
del saber 179 de la filología y de la lingüística románica
Sociedad de Lingüística Aplicada 3, 181 127
Società filologica romana 90 de las filologías 189
Société de Linguistique Romane 46, 191 formativas nuevas 184
sociolingüística 1, 71, 96, 145 investigadoras 201
sociología 21, 181, 193, 197, 205 y estructura de la filología románica 82
de la ciencia 181 y perspectivas 194
de la comunicación 193 y resultados de la lingüística aplicada 181
Sonderforschungsbereich 321 de Friburgo 3 tecnologías 180
sonidos 80, 114, 117, 121, 158 nuevas 67, 179, 180
árabes en español 117 teoría 1, 2, 4, 6, 14, 38, 39, 109, 120, 145,
en contacto 114 156, 157, 158, 165, 177, 191, 192, 200,

278
203, 205 literarios 206
de la gramaticalización 156, 158, 165 orales y escritos 8
de la literatura 1, 6, 66 paralelos 134
y de las artes 51, 52 románicos 83
y literatura comparada 44, 72 utilitarios 200
de la optimidad 156 Thesaurus. Boletín del Instituto Caro y
del arte y principios de literatura 50 Cuervo 108
de la variación 145 Thesaurus Linguae Latinae (TLL) 119
del conocimiento 14 tiempos 3, 6, 14, 33, 50, 76, 81, 90, 91, 111,
del uso 159 125, 127, 149, 182, 205
de principios y parámetros 2 de cambio 205
Estándar Extendida (Chomsky) 129 de reacción 4
evolucionista de Darwin 4 verbales 149
general de la estructura de las lenguas tipología 13, 17, 19, 33, 112, 113, 130, 145,
200 157, 158, 202, 206
gramatical tradicional 157 de los discursos 145
lexicológica o etimológica 177 lingüística 17, 19, 156, 202, 206
lingüística 39, 109, 158, 192, 205 titulación 1, 2, 3, 5, 9, 11, 18, 26, 43, 51, 54,
moderna 109 64, 65, 66, 74, 75, 184, 185, 189, 206,
y práctica de la investigación interdisci- 207
plinaria 180 académica 206
y texto 191 de filología hispánica 43, 64
teorías 2, 7, 60, 132, 157, 158, 159, 190, de filología románica 26, 43, 64, 74, 189
193, 194, 204 con vocación comparativa 64
del cambio 159 de romanística 9
económicas y políticas 190 en lenguas extranjeras 2
generativistas 132 románica 11
morfológicas y sintácticas 157 universitaria 1, 5
y métodos lingüísticos modernos 194 títulos y certificados nuevos 184
teorización 50, 208 torre de marfil 30, 208
Tercer Mundo 197 trabajo V, 1, 3, 6, 12, 13, 16, 18, 20, 21, 23,
Tercer Reich 27 25, 26, 29, 30, 33, 40, 42, 43, 45, 68, 70,
historia de la romanística en el ~ 32 75, 78, 80, 82, 85, 86, 88, 89, 95, 96, 97,
romanística y lingüística románica en el ~ 98, 99, 100, 102, 103, 104, 105, 106, 107,
31 108, 109, 111, 112, 126, 134, 136, 142,
término 143, 145, 146, 148, 150, 158, 161, 163,
Hispanística 109 170, 173, 177, 178, 179, 180, 181, 184,
Iberorromanística 109 187, 189, 191, 192, 193, 197, 201, 202
lingüística románica V comparativo 18, 98, 103
Romanitas V con lenguas y textos 201
terminología 183 en equipo 144, 146, 150, 179, 181, 191,
estructuralista 126 203
tesauro 171, 174 en grupo 146
léxico 171 interdisciplinario 1
tesina 43 público 197
tesis 7, 8, 31, 37, 43, 70, 85, 87, 104, 125, sistemático 161
181, 189, 201 tradición 4, 6, 16, 17, 19, 25, 29, 32, 38, 59,
doctoral 70, 85, 104, 125, 189 69, 71, 72, 91, 100, 113, 128, 141, 144,
textos 2, 3, 8, 16, 18, 20, 39, 54, 56, 57, 60, 145, 152, 155, 158, 177, 182, 190, 191,
70, 83, 87, 97, 98, 134, 142, 149, 150, 198, 205, 207, 208
151, 155, 157, 194, 200 cartesiana 198
del sub-estándar 200 comparativa e histórico-filológica 25
importantes para la literatura 200 de la disciplina 91

279
de lenguas y culturas 191 Unión Soviética 21
dentro de las gramáticas históricas 128 universales 153
discursiva 16, 19, 153, 155, 158 fonológicos 158
y textual 16 universalidad colectiva 201
e innovación 205 universalización 38, 190
filológica alemana 59 universidad 2, 11, 26, 27, 28, 29, 31, 34, 37,
genuinamente romanística 16 38, 39, 43, 44, 46, 48, 54, 55, 58, 61, 62,
germánica 71 64, 65, 67, 68, 70, 73, 74, 79, 86, 92, 130,
historicista 208 145, 150, 179, 181, 182, 183, 186, 194,
histórico-comparativa 144 202, 203, 204, 205
humanista 190 alemana 11, 27, 31, 38, 39, 73, 194, 202
traducción VI, VII, 5, 16, 22, 45, 54, 69, 76, germánica 67
95, 115, 116, 119, 126, 127, 129, 155, humboldtiana 37, 179
166, 189, 194, 199, 202 napoleónica 65
literaria 199 prusiana 38
traductología 39 Untersuchungen zur vergleichenden Gram-
traductores 199 matik der germanischen Sprachen
transdisciplinariedad 3 (colección) 141
transdisciplinario 3, 4 utilidad
transferencia cultural 198 económica 197
transformación 20, 34, 65, 108, 121, 122, práctica 183
129, 154, 201, 204 social 185, 197
de la sociedad española 108
fonética 121 valor
transición del latín al romance 98 comunicativo 23
transmisión de las ciencias humanas 6, 208
crítica 196 de la vecindad 20
de categorías retóricas a la lengua 38 de mercado 139
de competencias lingüísticas 196 educativo del francés 182
de las lenguas románicas 184 formativo de las lenguas románicas 182
histórica 12 heurístico 17, 114
trovadores 81 de la comparación en la lingüística
turco 163, 169 17
turismo 45 indirecto 193
type y token frequency 122 valoración
de la lengua actual 195
unidad 12, 26, 30, 34, 44, 105, 127, 163, social 184
185, 190, 191, 196, 204 valores absolutos y eternos 17
cultural de la Romania vanguardia 204
pérdida de la fe ingenua en la ~ 33 variación 15, 114, 153, 154, 155, 156, 158,
de la disciplina 30, 185 161, 208
de la romanística 204 lingüística 154, 155, 158
de las lenguas y literaturas románicas sincrónica 154, 158
196 social, geográfica y contextual 15
en la diversidad 130, 191 variantes 5, 163, 170, 173
metodológica 105 fonéticas 173
unificación de Europa 192 sinonímicas 161
unión variation linguistique 19
de lengua y literatura 12 variedad
entre los estudios lingüísticos y literarios de la Romania 77
44 mallorquina 46
entre romanística y español 54 valenciana 46, 95
Unión Europea 20, 181, 193 variedades 18, 20, 21, 45, 46, 95, 112,

280
152, 155, 156, 161, 163, 166, 172, anteriores 150
177, 204 átonas 114, 120, 127
diafásicas 18 centrales 150
dialectales 163 diptongo 120, 127
diastráticas 18 hiato 120
diatópicas 18 nasales 120
lingüísticas 20, 21, 45, 161 posteriores 150
románicas 161 tónicas 120, 127
menores 166 en sílaba libre 152
regionales y dialectales 112 vocalismo VI, 125, 127, 134, 141, 152
románicas 45, 177 vocalización 114
estandarizadas 177 Vollromanist 148
no estandarizadas 177 Vox Romanica 86
vasco 45, 57, 61, 97, 169
venia docendi 12 Westdeutsche Rektorenkonferenz 2
venia legendi 12, 30 wikis 12, 142, 160
Verba. Anuario Galego de Filoloxía 99, Wörter und Sachen 175
107, 108, 109 Wortgeschichte 171
Anexos 108 yuxtaposición 118, 151
verbo 128
regente 130 Zaragoza
vida Universidad de ~ 59
científica, religiosa y política de los pue- Zeitschrift für französische Sprache und Lite-
blos románicos de la edad media ratur 99, 202
82 Zeitschrift für neufranzösische Sprache
Viena und Literatur 89
Universidad de ~ 48, 59 Zeitschrift für romanische Philologie (ZrP)
Departamento de Romanística 206 32, 33, 68, 79, 80, 82, 84, 85, 86, 87, 88,
vitalidad 89, 90, 91, 92
en el ambiente epistemológico 145 Beihefte zur ~ 92
en el ambiente institucional académico 146 lenguas de los trabajos publicados en la ~
vocales 113, 114, 120, 127, 130, 150, 152, 160 85

281
282

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