Los Papalagi (Los hombres blancos)
Marene Zubelzu Martínez, 72607870K
1. Resumen breve del libro
El libro en cuestión está dividido en diez capítulos, de los cuales en cada uno se centra
de una característica en concreto de los Papalagi. Se habla de nuestra vestimenta, la obsesión
por el dinero, la inquietud por el tiempo, la abundancia de máquinas, etc. Se podría decir que
se trata de una obra de actitud crítica, pues se limita a describir las costumbres de los blancos y
señalar el punto de vista de los samoanos al respecto. Lo más destacable es que el autor no
entiende nuestra forma de vivir: le parece absurda y repleta de estupideces. Las cosas se ven
mejor mirándolas de lejos, con más perspectiva. Es por ello por lo que el libro nos muestra cuán
metidos estamos en nuestra propia burbuja, sin ni siquiera dudar de nuestras acciones y
costumbres. Tuiavii de Tiavea destapa la verdad que está oculta, demostrando que se puede ser
más feliz con menos.
En cuanto a los sentimientos o emociones que ha provocado en mí, la obra se podría
describir como “revelador”. No es la primera vez que reflexiono sobre nuestras costumbres y
forma de ver la vida, sobre el capitalismo, etc.; pero creo que la visión del Otro siempre resulta
de gran ayuda. Es imprescindible conocer más allá de nosotros mismos. Durante la lectura, ha
habido veces en las que me he reído de nosotros mismos, otras muchas en las que he sentido
rechazo hacia nosotros mismos. En definitiva, es un libro que ayuda a abrir los ojos y las mentes.
2. Preguntas
1. Habla de nuestra necesidad de saberlo todo, de tenerlo todo bajo control. Sin embargo,
desde su punto de vista, hay respuestas que solo conoce el Gran Espíritu, por lo que no
podemos pretender saberlo todo. Además, para saciar nuestra incansable curiosidad,
reducimos el objeto de investigación a casi nada para poder mirarlo con el telescopio.
Hecho que viene a significar que nos fijamos en los pequeños detalles y dejamos pasar
cuestiones más simples pero invisibles por culpa de nuestro ansia en conocerlo todo. Así,
llenamos nuestras cabezas de infinitos datos que puede que no nos sirvan, lo que nos
hace más mustios. Por ende, los samoanos prefieren no preguntarse cuestiones cuyas
respuestas no son de su incumbencia –sino del Gran Espíritu– y dejarse llevar.
2. La diferencia del valor de la posesión entre los samoanos y los Papalagi queda en
evidencia con la disimilitud entre los significados de “mío” y “lau” –que abarca tanto
“mío” como “tuyo”. Esto es, el hecho de que “lau” signifique tanto mío como tuyo y que
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no haya ninguna palabra para determinar esa diferencia muestra la poca importancia que
tiene para ellos la posesión. Siendo lo suyo también de otros, no necesitan lexicalizar esa
distinción. Los Papalagi, en cambio, estamos obsesionados con la posesión, por lo que
sería imposible que no tuviéramos dos palabras distintas para distinguir esa posesión. Es
decir, queremos dejar claro qué es lo que nos pertenece, lo que implica que solo los
dueños pueden ejercer derechos sobre ello. Volviendo a la cuestión de la lexicalización,
se ha debatido si es el lenguaje el que determina nuestra visión de la realidad
(determinismo lingüístico) o viceversa –modificamos nuestra lengua para poder
satisfacer la necesidad que sentimos de poder referirnos a ciertas entidades–. En mi
opinión, es la segunda opción: los Papalagi tenemos esa necesidad, por lo que en nuestro
léxico se encuentran tanto “mío” como “tuyo”; los samoanos, al contrario, disponen de
una sola expresión por su falta de necesidad.
3. Episodios y escenas que más me han chocado
El episodio que más me ha chocado es, sin lugar a duda, el del tiempo. Hablando desde
mi propia experiencia, no puedo vivir sin saber qué hora es. A pesar de que sea cierto de que
hay veces en las que me olvido del tiempo, si en algún momento puntual me pregunto qué hora
es, soy incapaz de quedarme tranquila hasta averiguarlo. De hecho, aunque en mi niñez no
llevara reloj, siempre estaba pendiente de las campanas de mi pueblo para saber qué hora era.
Cuando me despertaba en medio de la noche y me daba miedo levantarme para mirar la hora,
me quedaba esperando hasta que sonaran las campanas de la iglesia para saber qué hora era.
Actualmente sigue siendo parecido, pues no paro de mirar la hora en el móvil. Por consiguiente,
me ha llamado mucho la atención que haya gente a la que no le importa no saber qué hora es,
que tienen suficiente con guiarse con la luz del sol.
El episodio en cuestión me ha dejado pensando y reflexionando sobre la causa de esta
obsesión por el tiempo. Puede que sea porque siempre tenemos cosas por hacer, nos planeamos
los días al milímetro –yo al menos–, y no podemos soportar que el tiempo se nos escape.
Asimismo, damos demasiada importancia a la edad, pues tenemos muy determinado cómo tiene
que ser nuestra vida en cada edad.
Otra escena que me ha sorprendido ha sido la de los pensamientos profundos. Teniendo
cuenta que soy una persona considerablemente curiosa, no puedo entender cómo hay gente que
no busca las respuestas de sus inquietudes. Respeto que cada uno haga lo que quiera, por
supuesto, pero me es imposible comprenderlo. Es cierto que quizá pensamos demasiado; sin
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embargo, me parece muy una buena forma para comprendernos a nosotros mismos, madurar.
Claro está, hay veces en las que los pensamientos no permiten disfrutar del momento. Por ello,
es preciso saber desconectar y dejar el torbellino de pensamiento atrás de vez en cuando. No
obstante, no creo que ir en busca de las respuestas sea negativo, ni que haya que creer que hay
respuestas que no nos incumben.
En general, con lo que más hemos chocado el autor y yo ha sido en el tema religioso.
Mientras que Tuiavii de Tiavea cree en el Gran Espíritu, yo no creo en ningún Dios ni algo
parecido. Es por ello que, en algunos puntos, teníamos puntos de vistas diferentes; ya que ciertos
argumentos suyos giraban en torno a su Dios.
4. La construcción de los Otros
Tuiavii de Tiavea ha construido estas imágenes o percepciones sobre los Papalagi desde
su propio conocimiento y forma de ver las cosas. Esto se ve en su manera de describir o llamar
a las cosas: “locales de pseudo-vida” en vez de “cine”, “metal redondo y papel tosco” en lugar
de “monedas y billetes” o directamente “dinero”, “taparrabos”, etc. Es decir, su forma de
describir consiste en una antítesis: se limita a comparar las costumbres y formas de vida de los
Papalagi y los samoanos, criticando así a los últimos, los Otros. En ningún momento deja de
lado su propia perspectiva o pensamiento, siempre habla desde él. Incluso cuando habla de los
Otros dando solamente datos objetivos, se puede apreciar implícitamente lo que piensa de ello
por la forma de hablar.
Los antropólogos y las antropólogas, en cambio, construyen a los Otros mediante una mirada
antropológica, desde un punto neutral y olvidándose de ellos mismos. Conocen a los Otros
observando la diversidad de datos, las extrañezas, emociones, interpretaciones, escuchándolos,
etc. El abordaje etnográfico está centrado en el trabajo de campo, en el que el antropólogo se
limita a conocer otros mundos sociales a través de su propia exposición a ellos. Para ello, al
comienzo, el investigados se dedica a observar a los Otros. Así, la vivencia no es interrumpida
en ese momento. Después, se pasa a las conversaciones, teniendo charlas o haciendo entrevistas
prolongadas medianamente estructuradas. Además, se puede hacer uso de la genealogía para
conocer las relaciones tanto ascendentes como descendentes, para así poder analizar los
vínculos y relaciones entre ellos. Con las personas que se consideran relevantes, se intenta llevar
a cabo una entrevista en profundidad, para poder logar que cuente a historia de su vida. Gracias
a ello, se puede partir desde un individuo y ahondar en sus vínculos con el colectivo.
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Al tratarse de la vida de personas no conocidas por el antropólogo, puede haber
malinterpretaciones o confusiones. Por ejemplo, en la fase en la que el antropólogo se limita
a observar y no entra mucho en contacto con ellos, se pueden entender las cosas de forma
errónea; por ello es importante realizar entrevistas. Además de esto, es muy complicado
olvidarse de nosotros mismos, desprendernos de nuestras costumbres. Por consiguiente, es
posible caer en el errores como comparar desde nuestro punto de vista, o similares. Para
reducir estas confusiones, es imprescindible tener una buena comunicación con los Otros y
que permanezca siempre en nuestras mentes que no somos superiores a los otros.
5. Ejemplos de situaciones
5. 1. Escena de extrema alteridad, donde el sujeto es exteriorizado
La obra está repleta de alteridad, pues la misma consiste en el choque de dos identidades
distintas.
<<Muy a menudo he observado que la gente tenía que avergonzarse por mí, porque me
preguntaban mi edad y yo empezaba a reírme y no lo sabía. <<Pero tú tienes que saber tu propia
edad>>. Entonces guardaba silencio y pensaba: es mejor para mí no saberlo>>.
La alteridad en este caso es extrema, pues los Papalagi no entendemos cómo algo tan
crucial para nosotros no tiene ninguna importancia para los samoanos, los Otros. En esta escena,
el Papalagi que le pregunta la edad al samoano lo exterioriza, ya que lo trata como si fuera
estúpido al avergonzarse de él.
5.2. Escena de cuestionamiento de actitudes racistas, clasistas, etc.
<<Los Papalagi también agitan el metal redondo y el papel tosco delante de nuestro
ojos, para despertar nuestra codicia. Declaran que nos harán más ricos y felices>>.
Este comportamiento de los Papalagi es totalmente racista y clasista, pues en la actitud
que se refleja se ven matices de creencia de superioridad. Los Papalagi a veces vemos a los
samoanos como algo inferior, siempre los miramos desde arriba. A veces con mirada de lástima,
otras veces con mirada de repugnancia. Sea como fuere, parece que no entendemos que los
samoanos son felices, que no necesitan vivir como nosotros. El hecho de que no entendamos o
no nos demos cuenta de que no necesitan de nosotros, de que son autosuficientes, de que no
quieren vivir como nosotros, etc. es tanto una actitud racista como clasista en toda regla. Lo
mismo ocurre en la siguiente cita:
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<<También podéis reconocer al Papalagi por su deseo de hacernos sabios y porque nos
dice que somos pobres y desdichados y que estamos necesitados de su ayuda y comprensión,
porque no poseemos nada>>.
¿Quién somos nosotros para decirles qué es lo que necesitan? Nos creemos que tenemos
el derecho de opinar, porque creemos que tenemos la verdad universal, que somos más que
ellos y por eso tenemos razón.
5. 3. Escena donde algún personaje muestre capacidad de empatía
<<Sólo he visto ojos como los vuestros [los samoanos] en los niños de los Papalagi,
antes de que puedan hablar. Porque antes de esa época no tienen todavía conocimiento del
dinero>>
<<Aquellos que no aman el dinero son ridiculizados, son valea>>.
<<Pero ese hombre era pobre, sucio y despreciado. La gente caminaba a su alrededor
tranzando un gran circulo y nadie le concedía ninguna atención. No entendí eso, porque su paso
era lento y seguro, y sus ojos tranquilos y amistosos>>.
En las tres anteriores citas, se puede observar que el autor empatiza con los Papalagi que
no poseen dinero o no quieren poseer dinero. Él, que sabe cómo es no tener dinero, entiende al
hombre pobre de la última cita, pues como dice varias veces, los que aman el dinero siempre
tienen la mirada triste y cansada; a este hombre, no obstante, se le ve un atisbo de felicidad. El
samoano entiende cómo es esa felicidad.
6. Aportación de la obra
Tal como he mencionado anteriormente, la obra es de gran aportación. Siempre resulta
de gran ayuda ver nuestras acciones desde el punto de vista de los Otros. Así, se convierte en
una actividad de gran enriquecimiento personal. Podemos apreciar mejor nuestros punto flojos
y mejorar aprendiendo de los Otros.
En lo que a mí me respecta, me ha hecho reflexionar sobre ciertos aspectos (el tiempo,
el dinero, etc.) y estoy segura de que he aprendido bastante del libro. De ahora en adelante,
tendré en cuenta que es posible vivir (pues lo samoanos lo han conseguido) sin estar tan
pendiente del tiempo, o que el dinero no lo es todo, entre otras cosas.