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Joan Miró

Miró creó una serie de pinturas llamadas 'Constelaciones' entre 1939 y 1941, incluyendo 'Signos y constelaciones enamorados de una mujer'. La obra muestra el estilo naif de Miró con figuras que simbolizan el cielo y la tierra, escapando de la cruda realidad a través de sueños y el subconsciente.

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Joan Miró

Miró creó una serie de pinturas llamadas 'Constelaciones' entre 1939 y 1941, incluyendo 'Signos y constelaciones enamorados de una mujer'. La obra muestra el estilo naif de Miró con figuras que simbolizan el cielo y la tierra, escapando de la cruda realidad a través de sueños y el subconsciente.

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Joan Miró

España, 1893–1983
Surrealismo

Barcelonés, Joan Miró fue pintor, escultor, grabador y


ceramista. Y además uno de los pioneros de eso que se
llamó surrealismo, en concreto de su vertiente más
«infantil» y automática.
Para Joan Miró el subconsciente era un enorme campo de juegos, o un juguete muy
parecido a los que tuvo en su infancia.
Con inicios muy eclécticos, el pintor nació con las vanguardias y en su primera obra mostró
fuertes influencias del fauvismo, cubismo y expresionismo, todo con ese toque tan naïf
propio de su producción.
Pero en París descubre el poder de lo onírico y decide acabar con los métodos
convencionales de pintura. Enpalabras propias quería «matarlos, asesinarlos o violarlos».
En 1924 firma el Manifiesto Surrealista e incorpora a su obra formas infantiles automáticas
y signos caligráficos.
Su obra se va volviendo cada vez más abstracta, más simple, más infantil. Reduce también
su paleta a colores primarios, a formas primarias, y esto se ve también en sus esculturas y
cerámicas.
Su arte roba de la infancia, pero también de la cultura popular, por lo que hay mucho
simbolismo (el pájaro, las estrellas, la figura femenina…) que refleja su visión ingenua,
feliz e impetuosa del mundo.

naíf, naif o naïf


Que representa la realidad afectando la ingenuidad de la sensibilidad infantil y se
caracteriza por una gran simplicidad en las formas, el uso de colores muy vivos y el
rechazo del academicismo técnico.

El Carnaval del Arlequín


"El más surrealista de todos
nosotros..." (Breton)
1924
Este es el color de mis
sueños
Miró soñaba en ese azul en su
época de más hambre.
1925

Hombre y mujer frente a un


montón de excrementos
Miró huele la tormenta de
mierda que va a ser la Guerra
Civil española.
1935
La estrella matinal
El orden del cosmos.
1940
Inmersión azul
Tríptico azul
Título original: Blau (I,II, III)
1961

La esperanza del condenado a muerte


El último muerto por garrote vil.
1974
El Carnaval del Arlequín
"El más surrealista de todos nosotros..." (Breton)
España, 1924
Surrealismo, Interior, Fiestas, Sueños
Museo: Albright-Knox Art Gallery, Buffalo (Estados Unidos)
Técnica: Óleo (66 x 90,5 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos
Ejemplo de la época surrealista de Miró, («el más surrealista de los
pintores», según Bretón) y que arrasó en la exposición colectiva de la Peinture surréaliste
de París de ese año. Buenas noticias, ya que el artista se estaba muriendo literalmente
de hambre. Probablemente por ello veía cosas como este «Carnaval del Arlequín», en el
que se mezcla el sueño, el delirio y los recuerdos de la infancia.
Intenté plasmar las alucinaciones que me producía el hambre que pasaba. No es que
pintara lo que veía en sueños, como decían entonces Breton y los suyos, sinó que el
hambre me producía una especie de tránsito parecido al que experimentaban los
orientales.
Joan Miró, Je rêve d’un gran atelier, XXéme siècle, I nº 2. Paris, 1938
Con una aparente espontaneidad, Miró plasma en este óleo un universo infantil poblado
por numerosos seres y objetos. Juguetes que parecen moverse por todo el cuadro y le dan
un ritmo que se marca aún más con formas y colores.
Miró todavía no esquematiza hasta la esencia, como hará en su obra posterior, pero ya
vemos por donde está tirando.
Por lo menos, no volvería a pasar hambre.

Este es el color de mis sueños


Miró soñaba en ese azul en su época de más hambre.
España, 1925
Surrealismo, Abstracción, Caligrafía, Sueños
Título original: Ceci est la couleur de mes rêves
Museo: Museo Metropolitano, Nueva York (Estados Unidos)
Técnica: Óleo (96.5 x 129.5 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos
Al conocer a los surrealistas parisinos, un treintañero y famélico Miró manifestó su deseo
de abandonar los métodos convencionales de pintura, o como dijo él mismo “matarlos,
asesinarlos o violarlos”.
En esa época nace su serie “pintura-poésie”, que combina texto con símbolos enigmáticos
y refleja su interés por los sueños y el subconsciente, una mina de oro para los artistas de la
época.
Tres elementos flotan en este lienzo vacío blanco: la palabra “Foto”, una mancha de azul, y
la frase “este es el color de mis sueños”. Las letras negras se asientan en líneas de lápiz
casi invisibles, como en el cuaderno de escritura de un niño (Miró fue un niño hasta su
muerte a los 90 años).
Breton llegó a afirmar que Miró “quizá fuese el más surrealista de todos nosotros”. Un
surrealista en estado puro que plasmó mejor que nadie lo automático, lo infantil, lo
onírico… lo que vive en lo más profundo del inconsciente.
Tan individualista era que poco después de acabar esta serie de obras, las diferencias dentro
del grupo de los surrealistas se hicieron vez más palpables, no sólo en la plástica, también
ocurría en la parte política. Entre el Marx de transformar el mundo con la política y
el Rimbaud de hacerlo con la poesía, Miró se decantó por lo segundo.
Así, como un alma libre, siguió desarrollando su personalísimo arte e influenciando a otros
artistas sin afiliación concreta como Magritte. Desde luego obras como “La traición de la
imágenes” le deben mucho a “Este es el color de mis sueños”.

Hombre y mujer frente a un montón de excrementos


Miró huele la tormenta de mierda que va a ser la Guerra Civil española.
España, 1935
Surrealismo, Cataluña
Museo: Fundació Miró, Barcelona (España)
Técnica: Óleo (23.2 x 32 cm.)
Escrito por: Fulwood Lampkin
En 1934, España empezaba a ser un polvorín social cada vez más polarizado.
Los surrealistas, grandes premonitorios, fueron los primeros en olerse que algo iba a
ocurrir pronto, y entre ellos, el “niño” del grupo, Joan Miró que declaró:
Inconscientemente, vivía la atmósfera de malestar característica de cuando va a pasar
algo grave. Como antes de llover: la cabeza pesada, mal en los huesos y una humedad
asfixiante. Era un malestar más físico que moral. Presentía una catástrofe y no sabía qué:
fueron las guerras civil española y mundial. Traté de representar este ambiente trágico que
me torturaba y que sentía dentro de mí.
Joan Miró
Así, Miró cogió una placa de cobre y pintó sobre ella una pintura muy oscura, impropia de
su estilo infantil y colorista. Representó a un hombre y una mujer (que se diferencian por
sus genitales desmesurados) que parecen alargar los brazos para acercarse, sin llegar a tener
contacto. Al fondo, una montaña de mierda parece un monumento en lo que al parecer es
el Mont-roig del Camp.
Es un ejemplo de las “pinturas salvajes” de Miró, que dan un mal rollo palpable por
su color intenso y ácido, y esa luz, inquietante y pesadillesca y pretenden ilustrar esa
atmósfera previa a la tormenta que se vivía en Cataluña de mediados de los años 30.
El título de la obra proviene de unas palabras de Rembrandt que obsesionaron a Miró:
Es en un estercolero donde encuentro rubíes y esmeraldas.

La estrella matinal
El orden del cosmos.
España, 1940
Arte Abstracto, Surrealismo
Título original: L'Étoile matinale
Museo: Fundació Miró, Barcelona (España)
Técnica: Acuarela Óleo Pastel (38 x 46 cm.)

Siempre fiel a su característico estilo, el pintor, escultor, grabador y ceramista español Joan
Miró, uno de los máximos exponentes del surrealismo abstracto, nos trae una nueva obra
que parece surgir directamente de un sueño, con sus habituales líneas curvas que
delimitan formas de colores planos, generalmente primarios, sobre un fondo de un color
neutro.
La estrella matinal pertenece a la serie Constelaciones, compuesta por veinticuatro
pequeñas pinturas sobre papel, iniciada en Varengeville-sur-Mer, en Normandía, poco
antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión de las tropas
alemanas, Miró se ve obligado a volver a España. Esta serie refleja un intenso proceso
de introspección, y su intención de evadirse de la realidad circundante. En La estrella
matinal se representa el cielo y el orden del cosmos, con figuras ingrávidas que simbolizan
la tierra y otros iconos celestes. Todas las obras de la serie están realizadas en formato de
38 x 46 cm., con un soporte de papel que el artista humedecía con gasolina y fregaba
hasta conseguir una superficie con una textura rugosa. Sobre él aplicaba el color,
manteniendo una transparencia para crear el aspecto final deseado. Sobre este color del
fondo, Miró dibujaba con colores puros para lograr el contraste.
En las constelaciones, la iconografía quiere representar todo el orden del cosmos, las
estrellas hacen referencia al mundo celestial, los personajes simbolizan la tierra y los
pájaros son la unión de ambos. Aunque la verdad es que este maremágnum de líneas y
colores es bastante subjetivo a la hora de interpretarlo. Y tú, ¿qué ves?

Signos y constelaciones enamorados de una mujer


Miró mira al cielo para escapar de la cruda realidad.
España, 1941
Surrealismo, Cataluña, Sueños
Título original: Xifrats i constellacions, en l'amor amb una dona
Museo: Art Institute of Chicago, Chicago (Estados Unidos)
Técnica: Acuarela (46 x 38 cm.)
Escrito por: Emilia Bolaño
Una de las pinturas que forman parte de la serie «Constelaciones» pintada por Miró entre
1939 y 1941.
En esta serie de 23 pinturas vemos el característico estilo naif de Miró, con el que el
artista busca adentrase en lo más profundo del subconsciente humano y nos ofrece su
particular visión de la realidad plagada de símbolos y colores.
Esta constelación representa exactamente lo que dice su título: un cielo estrellado con sus
respectivas constelaciones, símbolos variados que forman una especie de laberinto
formado por líneas negras y salpicado por colores primarios, los famosos pájaros
de Miró (¿no los veis? Pues están ahí) y por supuesto la mujer, siempre tratada
por Miró como un ente creador y protector.
Muchos ven aquí un elemento de evasión y huida, pues la realidad de 1941 no era de lo más
confortable en Europa. Según el nieto del artista, Miró tenía que escapar de alguna manera
de las barbaridades que se estaban cometiendo durante la 2ª Guerra Mundial, y lo único que
pudo conseguir fue escapar por medio de su arte, y mirando al firmamento. De alguna
manera imaginar que huía de esa realidad convertido en pájaro para volver después a la
tierra y expresar en forma de símbolos todo lo que cabía en un lienzo.
Según el propio artista: «Cuando me coloco delante de un lienzo, no sé nunca lo que voy a
hacer; y yo soy el primer sorprendido de lo que sale».

Inmersión azul
Tríptico azul
España, 1961
Surrealismo, Expresionismo Abstracto, Abstracción
Título original: Blau (I,II, III)
Museo: Centre Pompidou, París (Francia)
Técnica: Óleo (270 x 355 cm.)
Escrito por: Andrea Fischer
A partir de 1923, la obra de Joan Miró toma un matiz diferente: aquel de la libertad
poética, que se expresa a través de la disposición aparentemente caótica de los elementos
en sus composiciones. No es casual: desde que decidió adentrarse en la naturaleza para
experimentar la realidad desde un estrato mucho más inmediato —más real que el del
bullicio capitalino español, por lo menos—, permitió que las fibras románticas de su
acontecer artístico cobrasen una fuerza categórica en su estilo. Treinta años después de
mudarse a una casita en medio de la campiña catalana, sin embargo, decide experimentar
con otros estratos de esencia, y vuela a Estados Unidos para encontrarse con
los expresionistas abstractos.
Es entonces que se deja influir por Rothko y Pollock —tan diametralmente distintos en la
ejecución, y a pesar de esto, de ejes armónicos tan semejantes—, y el carácter
aparentemente disperso de su composición se asienta en las corrientes de abstracción que
imperaban en la Nueva York de los 50s. Durante su estancia en Estados Unidos, Miró supo
adaptarse muy bien los nuevos límites que el color estaba alcanzando, y entendió el nivel
espiritual que trastocaban al enfrentarse tan directamente con el espectador. Es por esto
que resulta casi natural que, en 1961, haya pintado el tríptico Blau (I, II y III): sinestesia
anestésica, musicalidad de empaste, color contenido, expresionismo estático.
La vastedad del azul se distiende en un campo de espiritualidad profunda, como una gota
que se funde en la superficie apacible de un cuerpo de agua, inmenso. Son realmente pocos
los elementos que irrumpen con este acontecer casi absoluto del azul: si acaso algunos
puntos negros, una línea roja, una raya esbelta. Sin embargo, la composición es
absorbente no por estos trazos disruptivos, sino por la presencia dominante del azul: azul
que consume, azul que destaca, azul que asume, azul que es eso —azul.
La esperanza del condenado a muerte
El último muerto por garrote vil.
España, 1974
Surrealismo
Museo: Fundación Miró, Barcelona (España)
Técnica: Acrílico (267 x 351 cm.)
Escrito por: Lina Poveda
Salvador Puig Antich tenía 26 años, era activista y antifranquista. En septiembre de 1973 fue detenido y
acusado de asesinar a un subinspector de la policía durante un tiroteo en el que se vio involucrado.
La sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar fue implacable: Condenado a pena de muerte por el
método del garrote vil. Un método de ejecución que consistía en un collar de hierro, asido a un tornillo,
con una bola en el extremo que era girado por un verdugo hasta provocar la dislocación del cuello del reo.
En la mayoría de los casos, la muerte no se producía de manera instantánea puesto que dependía de la
fuerza física del verdugo, haciendo que la agonía del condenado fuese larga y tortuosa.
La condena generó un enorme movimiento de repulsa adquiriendo una relevancia sin precedentes: la
Comisión Europea, altos mandatarios gubernamentales e incluso el Vaticano además de multitudinarias
manifestaciones intentaron evitar la sentencia del joven. Pero finalmente, Salvador Puig fue ejecutado en la
prisión provincial de Barcelona, a ella, no pudieron asistir ni sus tres hermanas, ni sus padres, ni su
abogado.
Hasta el último momento Puig Antich conservó la esperanza de una conmutación de la pena.
El paso del tiempo confirmó que el caso de Puig no sólo era una aberración por lo inhumano del método
escogido para ejecutarle, sino además porque se acumularon errores, contradicciones e incompetencias en el
juicio. Diversas investigaciones sostienen que incluso se hicieron desaparecer pruebas clave y que el
sumario fue alterado para inculpar a Puig.
El mismo día su ejecución, Joan Miró pintaba en su honor: La esperanza de un condenado a muerte.
Miró, cuyo lenguaje formal suele ser interpretado de manera ingenua y trivial, era un hombre antifranquista
y comprometido con su tiempo, varias veces expresó su sentimiento ante la injusticia con las herramientas
que tenía a su alcance: la pintura.
Tres círculos de una gran fuerza gestual se ven interrumpidos abruptamente, como la vida de Puig.
La atmósfera trágica de unas manchas que cambian de color, sobre un fondo lleno de salpicaduras y
puntos como balas, era la representación que Miró hacía de la cruel ejecución del último condenado a la
pena de muerte por garrote vil en España.

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