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Investigación sobre Melanie Klein en Psicología

El documento presenta información sobre la vida y obra de Melanie Klein, psicoanalista pionera en el estudio del desarrollo psíquico infantil temprano. Describe su biografía, incluyendo su formación y acercamiento al psicoanálisis. Explica sus principales contribuciones teóricas, como la noción de posición esquizo-paranoide y posición depresiva en los primeros meses de vida, y cómo estas configuran las relaciones objetales y estructura de la personalidad a lo largo de la vida. Finalmente, analiza el papel

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Investigación sobre Melanie Klein en Psicología

El documento presenta información sobre la vida y obra de Melanie Klein, psicoanalista pionera en el estudio del desarrollo psíquico infantil temprano. Describe su biografía, incluyendo su formación y acercamiento al psicoanálisis. Explica sus principales contribuciones teóricas, como la noción de posición esquizo-paranoide y posición depresiva en los primeros meses de vida, y cómo estas configuran las relaciones objetales y estructura de la personalidad a lo largo de la vida. Finalmente, analiza el papel

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Titulo : investigació n sobre Melani Klein.

Asignatura: Psicología Social.

Carrera: Psicopedagogía.

Integrantes: Dorrego Roció , Ibarra Yanela, Sosa


Ingrid, Baez Gimena.

Fecha: 27/09/2023
Bibliografía.
Melanie Klein (de soltera Reizes) nació en Viena el 30 de marzo de 1882, en el
seno de una familia centroeuropea de origen judío. Su padre, Moriz Reizes
era médico general y dentista. Su madre, Libussa Deutsch, tenía veinticuatro
años menos que su marido, del que tuvo cuatro hijos, Emile (que murió con
veinticinco años, agotado por el alcohol, la droga y la pobreza), Emanuel,
Sidonie (que falleció con ocho años de tuberculosis) y Melanie.

Melanie, tras tener que dejar de lado su intención de estudiar medicina a


causa de su noviazgo con 17 años y casamiento a los 21 (contrajo matrimonio
el 31 de marzo de 1903), estudió Arte e Historia en la universidad de Viena,
pero sin llegar a graduarse en nada (8).

Su acercamiento al psicoanálisis fue por razones terapéuticas personales,


dado que aquejaba intensas y prolongadas depresiones, teniendo incluso que
ser ingresada en diversas casas de salud por este motivo. Sus estados
depresivos estaban de alguna manera conectados con su fracaso
matrimonial, acusándose tras la muerte de la madre, con la que había
mantenido una relación muy ambivalente. Parece ser, en todo caso, que fue
decisivo en su búsqueda del psicoanálisis la lectura del ensayo freudiano
Sobre el sueño cuando ya vivía en Budapest y habían nacido sus tres hijos
(Melitta en 1904, Hans en 1907 y Erich en 1914).

Introducción
melani Klein descubrió al trabajar con los niños que tanto el complejo de
Edipo como el súper yo se manifiestan claramente mucho antes de lo que se
suponía, al proseguir sus investigaciones llego a las raíces tempranas del
complejo de Edipo, luego a sus formulaciones sobre la posición depresiva y
por ultimo sobre la posición esquizo-paranoide.

En un sentido la posición esquizo- paranoide y la posición depresiva son fases


del desarrollo. Podrían considerarse sub divisiones de la etapa oral ocupando
la primera, los tres o cuatro primeros meses y siendo seguida por la ultima la
primera mitad del primer año.

La posición esquizo paranoide se caracteriza por el hecho de que el bebé no


reconoce “personas”, sino que se relaciona con objetos parciales, y por el
predominio de la ansiedad paranoide y de procesos de escisión.

El reconocimiento de la madre como objeto total marca el comienzo de la


posición depresiva, que se caracteriza por la relación con objetos totales y
por el predominio de integración, ambivalencia, y ansiedad depresiva y culpa.
Pero Melanie Klein eligió el término “posición” para destacar que el
fenómeno que estaba describiendo no era simplemente una “etapa” o “fase”
transitoria, como por ejemplo la tapa oral. “Posición” implica una
configuración específica de relaciones objétales, ansiedades y defensas,
persistentes a lo largo de la vida. La posición depresiva nunca llega a
reemplazar por completo a la posición esquizo-paranoide; la integración
lograda nunca es total y las defensas contra el conflicto depresivo producen
regresión a fenómenos esquizo-paranoides, de modo que el individuo puede
oscilar siempre entre ambas posiciones. La forma de integración de las
relaciones objétales durante la posición depresiva queda como base de la
estructura de la personalidad. De este modo, según Melanie Klein la neurosis
infantil es una defensa contra ansiedades paranoides y depresivas
subyacentes, y una forma de llegarlas y de elaborarlas. A medida que
continúan los procesos integradores iniciados durante la posición depresiva,
disminuye la ansiedad, y la reparación, la sublimación y la creatividad
reemplazan en gran parte a los mecanismos de defensa tanto psicóticos
como neuróticos.
Capítulo I. Fantasía.
Cuándo describe el súper yo, Freud no quiere decir que nuestro inconsciente
contenga realmente un hombrecito, sino que está es una de nuestras
fantasías inconscientes sobre los contenidos de nuestro cuerpo y nuestra
psique. Está claro que esta parte de la personalidad se debe a una
introyección en la fantasía de una figura parental una figura parental,
fantaseada, distorsionada por las proyecciones mismas del niño. Estos
objetos internos no son “objetos” situados en el cuerpo o en la psique
Melanie Klein está describiendo las fantasías inconscientes que la gente hace
sobre lo que contiene.

Las fantasías inconscientes están siempre presentes y siempre activas en todo


individuo, su presencia no es índice de enfermedad ni de falta de sentido de
la realidad. Lo que determinará el estado psíquico del sujeto es la naturaleza
de estas fantasías inconscientes y su relación con la realidad externa.

Según Melanie Klein, la fantasía inconsciente es la expresión mental de los


instintos y por consiguiente existe, como estos, desde el comienzo de la vida.
Por definición los instintos son buscadores de objetos. En el aparato mental
se experiencia al instinto vinculado con la fantasía de un objeto adecuado a
él, para cada impulso instintivo hay una fantasía correspondiente. Al deseo de
comer, le corresponde la fantasía de algo comestible que satisfaría ese deseo:
el pecho.

En forma similar, el bebé hambriento, furioso, que grita y patalea, fantasea


que esté realmente atacando al pecho, desgarrándolo y destruyéndolo, y
experiencia sus propios gritos que lo desgarran y lastiman como el pecho
desgarrado atacándolo en su propio interior.

Crear fantasías es una función del yo. La concepción de la fantasía como


expresión mental de los distintos por mediación del yo supone mayor grado
de organización sódica de que postula Freud. Supone que desde el
nacimiento el yo es capaz de establecer y de hecho los instintos y la ansiedad
lo impulsa a establecer relaciones objétales primitivas en la fantasía y en la
realidad. La fantasía no es tan solo una fuga de la realidad; es una
concomitante constante e inevitable de las experiencias reales, en constante
interacción con ellas.

Hasta aquí hemos insistido en el papel de la fantasía como expresión mental


de los instintos, en contraposición con la concepción que considera la fantasía
solo como instrumento de defensa y medio de escapar de la realidad externa.
Pero las funciones de la fantasía son múltiples y complicadas, y la fantasía
tiene un aspecto defensivo que se debe tener en cuenta. Cómo el objetivo de
la fantasía es satisfacer impulsos instintivos prescindiendo de la realidad
externa, se puede considerar que la gratificación proveniente de la fantasía es
una defensa contra la realidad externa de la privación. Es sin embargo, más
que eso: es también una defensa contra la realidad interna.

Al considerar la utilización de la fantasía inconsciente como defensa nos


preguntamos cuál es exactamente su relación con los mecanismos de
defensa. En pocas palabras, la distinción reside en la diferencia entre el
proceso real y su representación mental detallada, específica.

El análisis de tempranas relaciones objétales proyectivas e introspectivas ha


revelado las fantasías de objetos introyectados en el yo desde la más
temprana infancia. Primero se introyectan objetos parciales: el pecho y luego
el pene. Después se introyectan objetos totales: la madre, el padre, la pareja
parental.

La estructura de la personalidad está determinada en gran parte por las


fantasías más permanentes del yo sobre sí mismo y los objetos que contiene.

El hecho de que haya tan estrecha relación entre estructura y fantasía


inconsciente es importantísimo: es esto lo que hace posible influir en la
estructura del yo y del súper yo mediante el análisis. Pues al analizar las
relaciones del yo con los objetos, internos y externos, es que podemos influir
esencialmente sobre la estructura más permanente del yo.

Capítulo II. La posición Esquizo-Paranoide.


El concepto de fantasía inconsciente tal como lo utiliza Melanie Klein implica
mayor grado de organización heroica del que suponía Freud. Según Melanie
Klein, hay suficiente yo al nacer como para sentir ansiedad, utilizar
mecanismos de defensa y establecer primitivas relaciones objétales en la
fantasía y en la realidad.

Al principio el yo está muy desorganizado, pero de acuerdo con la orientación


general del crecimiento fisiológico y psicológico tiene desde el comienzo la
tendencia a integrarse. Cuándo se ve enfrentado con la ansiedad que le
produce instinto de muerte, el yo lo reflexiona. Esta reflexión del instinto de
muerte, descrita por Freud, consiste, según Melanie Klein, en parte en una
proyección, en parte en la conversión del instinto de muerte en agresión.

Ellos se escinde y proyecta fuera de su parte qué contiene el instinto de


muerte, poniéndola en el objeto externo original: el pecho. Es así como el
pecho al que se siente contenido gran parte del instinto de muerte llega a
experienciarse cómo malo y amenazador para el yo, dando origen a un
sentimiento de persuasión. De este modo, el miedo original al instinto de
muerte se transforma en miedo a un perseguidor. Parte del instinto de
muerte que queda en el yo se convierte en agresión y se dirige contra los
perseguidores.

Al mismo tiempo se establece una relación con el objeto ideal. Así como se
proyecta fuera del instinto de muerte, para evitar la ansiedad que surge de
contenerlo, así también se proyecta la libido, a fin de crear un objeto que
satisfaga el impulso instintivo del yo a conservar la vida. Lo mismo que pasa
con el instinto de muerte, pasa con la libido. De este modo muy pronto que el
yo tiene relación con dos objetos: el objeto primario, el pecho, está en esta
etapa disociada en dos partes, el pecho ideal y el persecutorio. El objetivo del
bebé es tratar de adquirir y guardar dentro de sí el objeto ideal, e
identificarse con este, qué es para él quién le da vida y lo protege, y mantener
fuera el objeto malo y las partes del yo que contienen el instinto de muerte.
La ansiedad predominante de la posición esquizo-paranoide es que el objeto
u objetos persecutorios se introducirán en el yo y avasallarán y aniquilarán
tanto el objeto ideal como al yo. Esto debo a Melanie Klein a denominarla
posición esquizo-paranoide, ya que la ansiedad predominante es paranoide, y
el estado del yo y de sus objetos se caracteriza por la escisión, qué es
esquizoide.

Contra la abrumadora ansiedad de ser aniquilado el yo desarrolla una serie de


mecanismo de defensa, siendo probablemente el primero el uso defensivo de
la introyección y de la proyección. Ellos se esfuerzan por introyectar lo bueno
y proyectar lo malo. Hay situaciones en que se proyecta lo bueno, para
mantenerlo a salvo de lo que se siente como abrumadora maldad interna, y
situaciones en que se introyectan los perseguidores e incluso se hace una
identificación con ellos, en un intento de controlarlos. Se utiliza la proyección
y la introyección para mantener a los objetos persecutorios tan alejados
como sea posible de los objetos ideales, a la vez que se mantiene a ambos
bajo control.

En la vida adulta, estos mecanismos conducen a una falta de discriminación


entre lo bueno y lo malo y a fijaciones en objetos malos que deben ser
idealizados. En la identificación proyectiva se escinden y apartan partes del yo
y objetos internos y se los proyecta en el objeto externo, que queda entonces
poseído y controlado por las partes proyectadas, he identificado con ellas. La
identificación proyectiva tiene múltiples propósitos: se la puede dirigir hacia
el objeto ideal para evitar la separación, o hacia el objeto malo para obtener
control de la fuente de peligro. Se pueden proyectar varias partes del yo con
diversos propósitos: se puede proyectar partes malas de yo tanto para
liberarse de ellas como para atacar y destruir al objeto; se pueden proyectar
partes buenas para evitar la separación o para mantenerlas a salvo de la
maldad interna, o para mejorar al objeto externo a través de una especie de
primitiva reparación proyectiva.

Todos esos mecanismos originan a su vez ansiedades propias. Por ejemplo, la


proyección hacia afuera de malos sentimientos y partes malas del yo produce
persecución externa. La reintroyección de perseguidores origina ansiedad
hipocondríaca. La proyección hacia afuera de partes buenas produce la
ansiedad de quedar vacío de bondad e invadido por perseguidores. La
identificación proyectiva origina diversas ansiedades. Las dos más
importantes son las siguientes: el miedo de que el objeto atacado proyecte
sobre uno en retaliación, y la ansiedad de tener partes de uno mismo
aprisionadas y controladas por el objeto en el que se las ha proyectado.

Es necesario recordar que el bebé normal no pasa la mayor parte del tiempo
en estado de ansiedad. Por el contrario, en circunstancias favorables pasa la
mayor parte del tiempo durmiendo, mamando, disfrutando de placeres
reales o alucinados, y de este modo asimilando gradualmente su objeto ideal
e interpretando su yo. Pero todos los bebés tienen periodos de ansiedad, y
las ansiedades y defensas que constituyen el núcleo de la posición esquizo
paranoide son parte normal de desarrollo humano.

La decisión es lo que permite al yo emerger del caos y ordenar sus


experiencias.

La escisión es también la base de lo que más tarde llegará a ser la represión.


Si la escisión temprana ha sido excesiva y rígida, la represión posterior
probablemente será la excesiva rigidez neurótica. Cuando la ecisión temprana
ha sido menos severa, la represión lesionará menos al sujeto, y el
inconsciente estará en mejor comunicación con la mente consciente.

De este modo la ecisión, sigue funcionando en forma atemperada a lo largo


de toda su vida.
Con la escisión se relacionan la ansiedad persecutoria y la idealización. Ambas
distorsionan el juicio, cuando conservan su forma original en la vida adulta. Es
necesario cierto grado de ansiedad persecutoria para poder reconocer,
evaluar y reaccionar ante circunstancias externas realmente peligrosas.
También la identificación proyectiva tiene sus aspectos valiosos. Ante todo es
la forma más temprana de empatía y la capacidad para ponerse en el lugar
del otro.

Esto nos lleva a preguntarnos cómo sale el individuo normal de la posición


esquizoparanoide, la condición previa necesaria es que las experiencias
buenas predominen sobre las malas. A este periodo contribuyen tantos
factores internos como externos.

Cuando eras experiencias buenas predominan sobre las malas, el yo llega a


creer que el objeto ideal prevalece sobre los objetos persecutorios, y que su
propio instinto de vida predomina sobre su propio instinto de muerte. El yo
se identifica repetidamente con el objeto ideal, adquiriendo así mayor fuerza
y mayor capacidad para enfrentarse con ansiedades sin recurrir a violentos
mecanismos de defensa.

Por la disminución de los mecanismos proyectivos, distingue cada vez mejor


entre lo que es yo y lo que es objeto. De este modo se prepara el terreno
para la posición depresiva. Pero la situación es muy diferente cuando las
experiencias malas predominan sobre las buenas.

Capitulo III. ENVIDIA


Para que él bebe se desarrolle favorablemente durante la posición esquizo-
paranoide es esencial que las experiencias buenas predominen sobre las
malas, y ello depende tanto de factores internos como externos.

Un factor interno que puede alterar dicho desarrollo es la envidia temprana,


que actúa desde el nacimiento y afecta fundamentalmente las primeras
experiencias del bebé.
Melanie Klein en Envidia y Gratitud, diferencia envidia de celos y de
voracidad. La primera es la más temprana, y es una de las emociones más
primitivas y fundamentales.

Los celos se basan en el amor y su objetivo es poseer al objeto amado y


excluir al rival. Corresponden a una relación triangular y por consiguiente a
una época de la vida en que se reconoce y diferencia claramente a los
objetos.

La envidia es una relación de dos partes en que el sujeto envidia al objeto por
alguna posesión o cualidad; no es necesario que ningún otro objeto viviente
intervenga en ella.

Los celos son necesariamente una relación de objeto total, mientras que la
envidia se experimenta esencialmente en función de objetos parciales,
aunque persista en relaciones de objeto total.

El objetivo de la voracidad es poseer todo lo bueno que pueda extraerse del


objeto, sin considerar las consecuencias. Esto puede tener como
consecuencia la destrucción del objeto aunque ese no fuera el objetivo. El fin
es adquirir lo bueno a toda costa. En la envidia el objetivo es ser uno mismo
tan bueno como el objeto, pero cuando esto se siente imposible, el objetivo
se convierte en arruinar lo bueno que posee el objeto para suprimir la fuente
de envidia. Es este aspecto dañino de la envidia lo que la hace tan destructiva
para el desarrollo, pues convierte en mala a la fuente misma de todo lo
bueno. La envidia, aunque surge del amor y admiración primitivos tiene un
componente libidinal menos intenso que la voracidad y está impregnada de
instinto de muerte. Como ataca a la fuente de vida se la puede considerar
como la primera externalización del instinto de muerte.

La envidia se puede fusionar con la voracidad, constituyendo así otro


determinante del deseo de agotar enteramente al objeto, no sólo ya para
poseer todo lo bueno que éste tiene, sino para vaciarlo intencionalmente a
fin de que no contenga nada envidiable. Es su mezcla con la envidia lo que
hace a la voracidad tan intratable en el análisis.

Si la envidia temprana es muy intensa interfiere con el funcionamiento


normal de los mecanismos esquizoides. Como se ataca y se arruina al objeto
ideal, que es el que origina envidia, no se puede mantener el proceso de
escisión en un objeto ideal y en uno persecutorio. Esto conduce a una
confusión entre lo bueno y lo malo.

En un desarrollo más normal, la envidia se integra más. La gratificación que


produce el pecho estimula admiración, amor y gratitud, a la vez que envidia.
Estos sentimientos entran en conflicto en cuanto el yo empieza a integrarse y,
si la envidia no es abrumadora, la gratitud supera y atempera la envidia. El
pecho ideal se hace parte del yo.

En el desarrollo patológico, la excesiva envidia temprana afecta el curso de la


posición esquizo-paranoide y es un factor dominante en su psicopatología.

Capitulo IV.PSICOPATOLOGIA DE LA POSICION


ESQUIZO-PARANOIDE
La psicopatología de la primera fase del desarrollo es el problema más oscuro
y difícil de la investigación psicoanalítica. Estas dificultades aumentan
enormemente ante fenómenos patológicos.

El estudio de esta fase es de fundamental importancia ya que en los primeros


meses de la infancia yacen los puntos de fijación de la psicosis. En la
enfermedad psíquica se produce una regresión, pero no a una fase del
desarrollo que fue normal, sino a una en la que ya estaban presentes
perturbaciones patológicas que crearon bloqueos en el desarrollo.

En el desarrollo normal la posición esquizo-paranoide se caracteriza por la


escisión entre los objetos buenos y malos, en que las experiencias buenas
predominan sobre las malas. Él bebe llega a organizar sus percepciones por
medio de procesos proyectivos e introyectivos.

En condiciones desfavorables de la posición esquizo-paranoide, la


identificación proyectiva se utiliza en forma diferente que en el desarrollo
normal. W. R. Bion fue el primero en describir las características de la
identificación proyectiva patológica.

En el desarrollo normal, él bebe proyecta objetos internos y partes del yo en


el pecho y la madre. Estas partes proyectadas casi no se alteran durante el
proceso y cuando tiene lugar la re introyección pueden reintegrarse al yo.

Pero cuando la ansiedad y los impulsos hostiles y envidiosos son muy


intensos, la parte proyectada es hecha pedazos y desintegrada en fragmentos
diminutos, y son estos fragmentos los que se proyectan al objeto. La realidad
se percibe la realidad como persecución, odiando violentamente toda
experiencia interna o externa, siendo el aparato perceptual al que ataca.

Este proceso desintegrador daña gravemente al yo mismo, y sus intentos de


liberarse del dolor que le produce la percepción solo consiguen
incrementarlo, debido tanto al carácter persecutorio de los “objetos
extraños” como a la mutilación del aparato perceptual. De este modo se
establece un círculo vicioso, haciendo que la realidad se vuelva cada vez más
persecutoria y dolorosa.

Este ataque a la realidad se conecta con otro proceso descrito por Bion: los
ataques al vínculo. Él bebe ataca violentamente cualquier función u órgano
que percibe vinculando objetos. Destruye su propia boca y el pezón porque
son un vínculo entre el mismo y el pecho, rompiendo el vínculo entre el Yo y
el objeto volviéndose, a su vez, objeto de ataques envidiosos. Cuanto más
ataca a los vínculos entre los objetos que internaliza, menos capaz se vuelve
de establecer vínculos él mismo.
Estos vínculos se sexualizan de inmediato, teniendo él bebe prematuras
fantasías y experiencias genitales, prematura y violenta envidia sexual y
celosa. El complejo de Edipo permanece en el nivel oral.

Él bebe esquizoide, para sobrevivir ante semejante condición, se encuentra


ante la tarea de escindir, apartar y conservar un objeto ideal protegido de los
devastadores efectos de su identificación proyectiva.
Capitulo VII. Reparación.
Cuando se genera la unión de objeto malo y objeto bueno en uno solo, el
niño busca reparar el objeto, que dañó a través de la proyección la parte
buena que no buscaba dañar. Cuando aumenta el amor por el objeto, y la
parte buena domina sobre la mala, el niño recupera confianza en su
capacidad de repararlo y de reparar sus propios objetos internos.

El “yo” repara y recupera el objeto, puede asimilarlo dentro suyo,


apropiárselo y el objeto contribuye así a su desarrollo. Durante la reparación
participa la prueba de realidad: el niño comienza a observar y entender qué
efectos tienen sus fantasías sobre el objeto externo, y además comprende
que no tiene todo el poder sobre este, no es omnipotente. Comienza a
aceptarlo como realmente es, la reparación puede darse de dos maneras:

La reparación propiamente dicha consistirá en aceptar la realidad psíquica


aceptando el dolor que esta pueda causar para poder remediarla. Este tipo de
reparación es muy importante para que el ”yo” pueda adaptarse a la realidad.

Reparación como parte de las defensas maníacas: reparará al objeto de forma


omnipotente, maníaca. Busca reparar el objeto sin que aparezcan
sentimientos negativos (culpa p/e).

Características:

 Nunca se dirige al objeto original, sino a objetos remotos.


 Para que pueda funcionar, el niño no debe asumir la culpa. Es decir, no
debe sentir que fue él quien dañó el objeto.

Para evitar sentimientos depresivos, no debe sentir amor por el objeto. Debe
despreciarlo, sentirlo como un objeto inferior.
Esta última característica lleva a que la reparación maníaca nunca puede ser
completada, ya que al completar al objeto este se volvería un objeto de amor
y llevaría a sentimientos de angustia, lo que a su vez provocaría que el niño
vuelva a atacar destruyéndolo nuevamente.

Entonces, la reparación maníaca no consigue la satisfacción que buscaba, sino


que simplemente una satisfacción temporal, no duradera. La verdadera
reparación requiere entonces una verdadera aceptación de la realidad
(aspecto ausente en la reparación maníaca).

Capítulo VIII: Los estadíos tempranos del complejo de


Edipo
Durante la posición depresiva el niño comprende a la madre como un objeto
completo, y además entiende la relación libidinal que hay entre ella y su
padre. Siente celos, envidia y frustración porque los padres se otorgan entre
sí lo que él quiere que le otorguen. Frente a estos sentimientos comienzan las
fantasías agresivas, de destrucción de los padres. Esto genera que el niño los
introyecte y sienta que los padres son parte de su mundo interno.

Durante esta fase, la negación, edición e idealización de los padres puede


darse de diversas maneras:

 Escisión entre los padres como pareja. Unos padres buenos que son los
asexuales, y otros padres malos sexuales.
 Escisión entre madre y padre por separado. Uno es objeto ideal y el otro
objeto malo.

La primera fantasía, de padres combinados, comienza cuando el niño


reconoce a la madre como objeto pero no diferencia al padre de ella: la
madre se convierte en la figura idealizada que contiene todo lo deseable para
el niño es decir, al padre, al pene, el pecho y a otros bebés. Con esta fantasía
logra negar la relación entre padre y madre, ya que los comprende como una
figura unificada.
Tanto para el varón como la niña el primer objeto de deseo es el pecho de la
madre y ven al padre como rival, pero con las sensaciones de ansiedad
persecutoria y depresión que genera comprender que se destruyó al pecho,
el pene puede pasar a ser un objeto de deseo oral. El deseo oral del pene en
la niña constituye el pasaje a la heterosexualidad, pero también se vincula
con la homosexualidad ya que el deseo puede ser de incorporación del pene
(tener pene ella), y para el niño a la homosexualidad pasiva, pero a su vez si
se entiende el deseo como incorporación sería una tendencia a identificarse
con el padre, por ende un deseo heterosexual. Luego, pasará a un deseo
genital con el pene del padre. Tanto niña como niño querrán relacionarse
sexualmente con él y tener sus bebés.

Pero a su vez surgen deseos genitales por la madre: el haberla destruido lleva
a querer repararla a través del coito, para restaurarle el pene y los bebés que
contiene.

Más adelante en el desarrollo, va a predominar el deseo genital por el padre


del sexo opuesto y esto generará que aumente la rivalidad con el padre del
mismo sexo. Esto ayudará al niño a comprender mejor la realidad, su propia
sexualidad, y salir de los deseos homosexuales.

La masturbación se vuelve genital, y en el niño surge en sus fantasías el


miedo a la castración, en la niña el miedo a que su mamá la castigue
atacándola por sus fantasías de coito con el padre.

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