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LAS MUERTES DE ROSARITO

RUBÉN LÓPEZ RODRIGUÉ

Rosarito había muerto seis veces y en su séptima y definitiva muerte nadie lo creyó. Y no sólo nadie lo creyó sino que despertó enfado la noticia. Sus familiares que vivían en otras regiones del país no asistieron al funeral porque habían perdido varios viajes para darle el último vistazo al cuerpo inerte de la anciana y así aliviar sus conciencias. Rosarito vivió en la población de Chamizal cuyos vientos fríos intensificaban sus sensaciones de melancolía. Allí se había casado con José Manuel Arboleda y a la boda fue de traje rojo porque oyó decir que así vestían las novias de la China en señal de pureza. Pero no pudo gozar del frescor de los años floridos. —Mi vida es una larga enfermedad —le dijo desde su lecho a Serena, una hija que le llevó agua de malva. Las enfermedades, que ella creía ocasionadas por los demonios, parecían haberla inmunizado contra la muerte, afirmaban las vecinas en sus comadreos mientras tejían. Su angustia también se manifestaba en las noches de desvelo de luna llena con el disfraz de una bruja que la estrangulaba en su cama. Cierto día, don José Manuel amaneció con la idea de aventurarse por otra región. Dijo que se iba. No aguantaba más los embates, alegatos y dolencias de Rosarito que lo esclavizaban en cuidados, y quería otra senda que lo condujera a un nuevo mundo, libre de tantos enfados. Ya se comunicaban mediante actitudes y gestos. Eran dos soledades sin lugar común y la repugnancia y el desdén eran barreras que los alejaba a pesar de vivir bajo el mismo techo. —Yo vuelvo ligero, mija —le dijo a Rosarito mientras ensillaba una de las bestias. Pero don José Manuel no cumplió con su palabra y Rosarito se hundió en la apatía y el desaliento. Una noche sus signos vitales ni se percibían. Su cuerpo, rígido como una momia, no se movía, no respiraba, no se contraía... Sus hijos concluyeron que estaba muerta. Mientras los vecinos bebían a sorbos el café y susurraban confidencias, Isidro, un hijo que la lloraba al borde de la cama, la oyó tragar con dificultad. Por la boca entreabierta de Rosarito entró el soplo que la volvió a la vida.

Los hijos mayores le recomendaron ir donde el médico. —No creo en los médicos —respondió. Y sólo los veía a regañadientes cuando iban a su casa y le recetaban placebos que ella no ingería. Para Rosarito los sufrimientos eran condecoraciones. Provenía de un núcleo familiar en el que la madre la odiaba porque estuvo a punto de morir en el parto y además le recordaba un embarazo lleno de conflictos por las andanzas de su marido. Al ver cómo pasaban los días, las semanas y los meses y su marido no regresaba, decidió ir en su búsqueda sin importarle los muchos tabacos de distancia. —¡Debe tener moza! —le dijo a Serena, su hija mayor. Contrató arrieros e hizo empacar los corotos. Viajó cómodamente, bajo una sombrilla negra, en una silleta cargada por un mulato. Los niños más pequeños iban en silletas a lado y lado de los bueyes. Las sendas eran despeñaderos de cabras. Cruzaban ríos de caudal amenazante, circundados por bosques y guaduales y caminaban sobre campos donde ahojaban las vacas con sus terneros, rodeadas de garrapateros, garcitas blancas que florecían el prado, boñigas y hongos que emergían como paragüitas. Cuando la noche amenazaba dormían en alguna fonda o se hospedaban en una casa de familia. A la madrugada del día siguiente reemprendían la marcha sobre montes y rocas cubiertas de vegetación, hojas y ramas secas de los árboles que formaban un manto que empezaba a descomponerse. Dos semanas después llegaron a la Felicia. Se enteraron de que don José Manuel no vivía con una mujer sino con dos perros, Barrigón y Cantuña, más los peones, en la hacienda cafetera Puerto Espejo que él había trabajado. No les informaron que se pegaba sus escapaditas para beber aguardiente de caña en una fonda cercana, de donde salía trastabillando con las manos en los bolsillos, desgreñado y tarareando una canción. —Usted quedó en volver pronto y no lo hizo. ¿Qué se quedó haciendo por aquí? —le reprochó Rosarito. —¡Pues trabajando, mija! La vieja casa era amplia, así que toda la familia pudo acomodarse allí. Una cascada se despeñaba desde lo alto de una montaña y formaba un pequeño lago cristalino espejeando en el paisaje. Rosarito se veía rodeada de duendes que tiraban piedras y volaban por encima del techo de la casa, espíritus malignos del infierno que aparecían en sus sueños, demonios de forma animal, etéreos, que le transmitían el semen, fantasmas

mientras que don José Manuel prefirió quedarse en la finca. Veía cómo sus dedos se ponían más y más amarillentos de tanto fumar cigarros. no le era posible espantarlos. Se vio temblorosa y retorcida sobre el espejo de agua de un verde frío. De nuevo le aparecía la imagen luminosa del candil. consumida por su incendio interior. Cuando Rosarito se dirigió al corredor de la casona detuvo por un instante su mirada en Barrigón. día de mercado. Y al sábado siguiente le mandó a decir que estaba enfermo. hasta que reunió el dinero suficiente para fundar el Hospital de la Misericordia. Convencida de que la vieja casona de Puerto Espejo estaba invadida por seres anónimos del "más allá". Los perros de la hacienda salieron a recibirlos meneando la cola. El reflejo espectral en el lago delató la impresión del suceso que presenció en el momento de su reproche cuando su marido cayó fulminado por un infarto. Un fin de semana envió a uno de los peones para que le avisara a Rosarito que tenía mucho trabajo. sin derramar una sola lágrima ¾ el martirio de su existencia había agotado tales signos de dolor¾ . y brujas de ojos rojos que volaban sobre escobas en medio de griterías infernales y llegaban hasta su lecho para robarle la vida. el perro negro que husmeaba el trasero de Cantuña. pedía monedas de casa en casa y volvía donde sus hijos quejándose de callos y juanetes. Veía a Rosarito cada vez más flaca y pequeña. distanciada a diez tabacos de la Felicia. Tras él salió una mujer joven que cerraba afanosamente la abotonadura de su vestido. Regresó externamente inconmovible a la Felicia. —¿Puerto Espejo? ¡Tal vez Puto Espejo! —le dijo al arriero que la escoltaba por un camino empedrado en el que resonaban los cascos y el tintineo de espuelas. En el pueblo se dedicó a obras de beneficencia. Y aunque Rosarito despertara asustada y sudorosa. —¿¡Y quién es esa!? —le gritó Rosarito. Don José Manuel salió presuroso de una de las piezas con la sorpresa reflejada en el rostro. La intuición comenzó a bullir en la cabeza de Rosarito y se hizo acompañar a la finca. espantos provenientes desde la orilla del río Memoré que la asustaban. con el corazón a punto de salírsele del pecho. pues le acechaba una sensación de . don José Manuel se iba a caballo con su sombrero alón para ver a sus hijos y llevarles el revuelto y las legumbres que consumirían en la semana. Le resultaba difícil dormir en las noches siguientes al funeral.irreales que la habían rondado desde su infancia. prendiera el candil y quemase incienso. decidió irse con su prole a vivir a la Felicia. llevando el cuerpo de su marido en un ataúd de papaya cargado por varios peones. En las tardes del sábado.

aunque no viera la hoz de la luna. "¿Será mi último sueño?" ¾ pensó. La «buena muerte» consistía en que las faltas y pecados le fueran perdonados para llegar en estado de gracia a la presencia de Dios. pero le tenía mucho miedo al fallecimiento repentino ya que no le daría tiempo para arrepentirse. al día siguiente. La santiguaba para que Dios le perdonara los pecados y no la dejase sufrir mucho.muerte inminente. Hizo colocar un Cristo junto a la cabecera de Rosarito. pero una soga le ahogaba la voz. que se quedó sin respuesta cuando le ofreció el agua de malva. Quería mantenerse viva y dinámica. mas éstos estaban como pegados. Oyó que acordaron llamar al médico Salvador Insuasty para que certificara su deceso. Quemaba hojas y ramas aromáticas para espantar los espíritus y demonios que habían reaparecido. volver a calorearse en el solar y contemplar una vez más los naranjales. llorosos. Oyó cuando los demás hijos rompieron en sollozos. Quería darle un puñetazo al cura que rezaba arrodillado junto a su cama. Dios mío. De pronto quedó mortalmente pálida. Los vecinos. Sintió pavor de que la enterraran viva. prendieron velas en derredor de la cama y comenzaron a rezar para pedir perdón a Dios en su nombre. Ordenó que dispusieran su cuerpo de modo que el rostro mirase hacia el cielo. . Sabían que Rosarito no se preparaba con tiempo para la defunción. manzanos y palos de limón en los que se acurrujaban los toches y se asentaban los azulejos a picotear los frutos resplandecientes. El médico Insuasty la examinó ante la mirada expectante de los presentes. pero el brazo no le respondía. —No veo qué se pueda hacer —dijo. La mandíbula se le entumeció y se fue quedando sin voz y sin sentido. Oyó que hablaron de llamar al padre Santacruz para que le ayudara a bien morir. así como a los espectadores y objetos que reposaban en la habitación. que habían sido despertados con la noticia. se arrodillaron con sus trajes oscuros. Oyó los lamentos de Serena. El cura Santacruz llegó acompañado de personas que no conocían a Rosarito y que al ver por la calle al sacerdote con viático lo siguieron hasta la habitación de la moribunda. Los hijos esperaban con ansiedad al cura para que le ayudara a morir cristianamente. Quería gritar que aún vivía. Sin embargo quería. Una noche de invierno se metió entre las cobijas. Le aplicó los santos óleos rociándole de la calderilla agua bendita. No podía pensar algo distinto a: «¡Oh. No estaba de acuerdo con tener que morir algún día. la muerte ha venido por mí!». Y al no conseguir ahuyentar la angustia se dedicaba a matar zancudos que invadían su habitación y pulgas que brincaban en su cobija. Rosarito trataba de abrir los párpados. Los hijos.

o Saringa como la llamaban cariñosamente sus hijos y nietos. encendían las velas. añadido a sus obras de beneficencia. Por encargo de la dadivosa Rosarito. pobres y ricos. Rosarito regaló al pueblo la Dolorosa. les daban la noticia a los vecinos. viejos y niños. cerraban las ventanas y contraventanas. Otras muertes fueron certificadas no sólo por el galeno Salvador Insuasty. equivalía a quedar en paz con su conciencia atormentada desde la muerte de su marido. la más hermosa y perfecta entre las vírgenes labradas por el cincel del maestro Bustos. le encomendó su alma a Dios. colgaban el Cristo en la baranda superior de la cama en que yacía la supuesta fenecida. en la que el padre Cristo Santacruz pediría de nuevo con los fieles por la salvación del alma de Rosarito. En forma inesperada Rosarito comenzó a parpadear respirando con dificultad. contrataban plañideras y les mandaban a avisar a los hermanos y familiares distantes. Sor Ofrenda lanzó un grito y exclamó: —¡Mamá está viva! ¡Está viva! Los presentes se pusieron de pie. . Tiempo después no pudo levantarse de la cama por una grave enfermedad que eclipsó su vida. y Rosarito que terminaba de salir de su profundísimo sueño se limitó a decir: —¡Qué les pasa! ¿Acaso se están embobando? Luego del suceso en que sintió abandonar el mundo para siempre. Se escuchó el repicar de campanas anunciando la misa de seis. lívidos. Los asistentes dormitaban. Quedó postrada el día correspondiente en el santoral cristiano al Papa Adriano III. Era una obra maestra. Y ordenó que le llevaran leche caliente de cabra con cortados de quereme. En el otoño el maestro Tomás Bustos había moldeado su capacidad en la Escuela de Tallas de Barcelona con la estirpe de imagineros españoles que dedicaban su vida artística más sublime al servicio de Dios.Los primeros rayos de sol se filtraron por los resquicios de las ventanas. cabeceaban. Amiga de todos. a pesar de las repetidas tazas de café. El gallo reventó su grito otra vez. Este regalo. fabricó en su taller la que se llamaría la Virgen de los Dolores de la Felicia. Los hijos derramaban lágrimas. Habían llegado dos hijas que pertenecían a la comunidad de las Hermanas Vicentinas con los nombres de sor Ofrenda y sor Josefina.

Sin embargo. sobre la alfombra roja que atravesaba el centro de la iglesia desolada. Rosarito se erguía sobre su lecho con más fuerza que nunca. y para la comida. requesón y pandeyucas. mandaba que a los presentes —y por supuesto a ella— les sirvieran chocolate caliente con clavos. entre dos hileras de seis candelabros con doce cirios encendidos. nocheros y escaparates. Por fin. nuez moscada. ahogándose de angustia. en la iglesia de la Plaza del Libertador estaba plantada la Dolorosa con la mirada clavada alta en la cruz. dispuestos a llevarle ramos de flores a su tumba y acompañar a los otros hermanos en la pena. el corazón de Rosarito se detuvo. ordenaba desalojar la pieza y fijaba a sus hijas las tareas del día: —¡Tiendan las camas. pandequesos. dando paso a la más tranquila de las muertes. Dos días después. al médico para que certificara su muerte. El padre Santacruz entonó responsos en voz baja. Le mandaban a avisar a los vecinos del barrio y a las amistades de las fincas aledañas. llorando sus lágrimas de diamante. cansados de que la vieja se muriera tantas veces en la vida. a los 100 años de edad. tamales y aguacates. regañaba a los asistentes por haber perturbado el sueño que le representaba imágenes de la infancia. sacudan los baúles. con la única presencia de los familiares que vivían en la Felicia. El padre Santacruz y el galeno Insuasty se marchaban convencidos de que ya no regresarían por enésima vez. preparen el desayuno con café negro. . saquen las bacinillas. Y se encontraban con tamaña sorpresa. a los familiares de otras partes y contrataban plañideras. Llegaron más hijos y nietos con el ataúd de cedro a hombros y sin tarima lo descargaron al pie de la virgen. Mandaban a llamar al cura para que le aplicara la extremaunción.. tostadas con mantequilla. La estancia se llenó del olor del incensario que batía un monaguillo. Resonaron alegres las voces del órgano. órdenes que sus hijas cumplían al pie de la letra. Y las lágrimas no rodaron esta vez por las mejillas. ya veremos! A los días llegaban sus hijos finqueros y comerciantes de los lugares más apartados del país. para el almuerzo hagan sancocho de espinazo y de sobremesa mazamorra y dulce de brevas. a la espera del cuerpo de su dueña. barran la casa. canela. Cuando los hijos se marchaban de nuevo el estado comatoso retornaba.. Los vitrales con escenas de la pasión de Cristo se encendieron a la luz de los cirios.En pleno velorio Rosarito se incorporaba en su lecho de muerte.

A la mañana siguiente tomó el expreso. Toda su vida había transcurrido en aquel humilde apeadero. Abrió los ojos. Como si allí hubiera otra cosa que olivos y jaras. dejando atrás las pupilas ensimismadas del viejo para adentrarse en la noche y confundirse con su oscura materia. Con ojos de chucho extraviado. El tibio sol de febrero a duras penas hacía llevadero aquel ventarrón helado. El resto era como un mal sueño. El Estrella de Andalucía. a cambiar las agujas. tenía todos los trenes del mundo. Trenes que se alejaban como una exhalación. Él había visto. No le ha de faltar cama ni lumbre. se decía. Trenes que aullaban en el silencio de la siesta. Y de verdad. pensó con orgullo. pero a él no le hacían falta pruebas para presentir su llegada. —No se preocupe —dijo Julián—. que partían en dos el aire perfumado de tomillo. Puede usted pasar aquí la noche. Enormes locomotoras semejantes a animales prehistóricos que él había visto envejecer con los años. Pronto aprendió a reconocer las señales. y se le quedó clavada en el alma para siempre jamás. Su padre le enseñó todo cuanto sabía. No había más mundo para él que las lomas plateadas de los olivares y la sierra allá al fondo. de los niños en las mañanas de junio. ilusionadas. Pero su lugar estaba allí. Él nunca tuvo juguetes. Alguien tiene que velar en la noche. de romero y de espliego. Se familiarizó con los horarios y los silenciosos gestos de los maquinistas. preguntó si había alguna pensión cerca. Se lo contó una vez un viajero que naufragó en aquellos parajes. . Miró una vez más los raíles. Y aquella hermosa muchacha que lo miró un día diciendo adiós con su manita. Hoy no traía retraso. Julián sentía pena de los chicos que pedían para Reyes un tren de juguete. Él había visto los rostros expectantes de los viajeros en trenes insomnes en la madrugada. cuando también él era un crío. los ojos entornados y el oído atento. Como debe ser. Bien lo sabía. También las caras sonrientes. a manejar banderas y lámparas. Poderosas máquinas capaces de arrancar una catedral de sus cimientos. Se habituó a dormitar sin dejar de atender sus obligaciones. En su infancia de niño pobre.LOS TRENES DE LA NOCHE JUAN ANTONIO BARROS JÓDAR El viejo se caló la gorra y entornó los ojos. Julián había oído decir que las gentes solían llorar al despedirse en las estaciones. A cambio. Aún no se escuchaba el bramido del Estrella de Andalucía.

se decía. por más que lo intentaba. Iba de un lado para otro. . Yo me crié aquí. Luego hubo otros muchos trenes. De joven me llevaron a la ciudad unos hermanos de mi padre. como borracho. Aquella maldita opresión que se le agarraba a la garganta. Y cuando llegue la hora. No. —Igual que ésos. deambulando sin rumbo por los helados páramos de la muerte. —Esta tarde vi de pronto una lucecita por la ventanilla empañada del vagón. El viajero dijo que desde aquel día había rodado por el mundo en pos de algo que no sabría explicar. En realidad no voy a ninguna parte.—En fin. Echó un trago de vino y al poco se le ablandaron los recuerdos. Él sí que estaba solo. Y que de la llama de los cirios se desprendían diminutas estrellitas de colores. —Da igual —replicó el hombre—. Aquí viví desde que me acuerdo. Demasiado ruido. El viajero le había preguntado cómo se las arreglaba para soportar la soledad. Las cosas no fueron bien.Todos los hombres necesitan un cobijo. Luego señaló con la barbilla para el lado del olivar. usted verá qué dirección le conviene seguir luego. que gloria haya. Pero. —Quién sabe —dijo Julián como si estuviera a punto de desvelar un misterio. Y aquí estoy. Bien sujeto a tierra para que no se lo lleve el vendaval. pero que había que fijarse mucho. desde aquí me he de volver por donde mismo vine. Un día hizo las maletas y subió a un tren. Julián llenó de nuevo los vasos y le animó a proseguir. Nunca se había librado del todo de aquella opresión en el pecho. Una vez había estado casado. ¿Solo yo? Más solos están otros con su compaña. Él la había visto amortajada con su hábito pardo y un crucifijo en el pecho. Los niños decían que su cuerpo despedía olor a rosas de mayo. El suyo estaba allí. Tendría yo doce o trece años por aquellas fechas. El viajero lo miraba sin acabar de comprender. Ya casi no podía acordarse. Eso lo sabía sobre todo las noches de invierno. tiré de la mochila y me apeé. Y que algún día harían una imagen con su cara y la pondrían en uno de los altares de la capilla. Julián lo miró de hito en hito. un horizonte. Sin saber muy bien por qué. aquello no era para mí. Él únicamente acertaba a pensar en lo sola que debía sentirse la hermana Micaela. Mañana cogeré el primer tren y vuelta a empezar. él no lograba percibir el olor de las rosas ni tampoco las estrellitas multicolores que bailaban en la llama de los cirios. Uno es como un árbol. Ya le digo que no debo estar en mis cabales. demasiada gente. de aquel regusto amargo en la garganta que ya le atenazaba de niño en la soledad del patio de recreo del colegio. Y el miedo. Se acordó de la hermana Micaela. Decían que todas esas cosas ocurrían porque aquella viejecita era una santa. Un buen día emprendían el camino como embobados y ya no se apeaban nunca más. Vivían en la capital. cuando escuchaba el agudo azote del viento contra los postigos. Julián había visto muchos hombres como aquel. demasiada soledad.

Lo malo era el viento. Luego. Cuando Julián vio llegar la máquina enmedio de la niebla. Julián se ajustó la chaqueta y se frotó las manos. El viejo saludó con la mano. Julián se acordaba con frecuencia del desamparado viajero. más allá de las últimas lomas plateadas. La mañana prometía. Nunca se equivocaba. Se encogió de hombros. Uno necesita un cobijo. Atizó la hoguera sin prisas. Le daban a uno ganas de subir. hasta que el tren se hizo más y más pequeño en la distancia. Aún faltaban unos minutos. el viajero subió al Estrella de Andalucía. pensó. Ni una nube en el horizonte. Luego se acordaba del destello del sol en los vagones de cola. su recuerdo se llenó con la imagen de una muchacha que decía adiós con su manita desde un abismo insalvable. que era como un rastro de esperanza. Y además. Intercambió unas palabras con el maquinista a través de la ventanilla. sentado en su silla de anea. Al poco se escuchó el silbido.A la mañana siguiente. errabunda también a través de los desolados paisajes del más allá. La huerta estaba situada detrás de la caseta. al ponerse en marcha. un tímido rayito de sol brilló contra las aristas de los últimos vagones y el viejo tuvo una corazonada. El tren se detuvo con un larguísimo gemido. un rincón donde encontrarse. Sí. muy lejano aún. aquel nombre. como siempre. Notaba en el aire que estaba a punto de llegar el expreso. Luego entornó los ojos. detrás de los montes. Por un instante. el viento se hizo menos cortante. Hacía ya algunos años de aquello. Casi podía sentir el perfume de rosas de mayo. se decía. de la máquina. De pronto. y sonreía. El hombre le entregó un paquetito y le contó algo que había oído referir en la estación anterior. notó un olor que al principio no supo reconocer. La primera vez que vio el Estrella de Andalucía sintió ese pálpito. La mañana había amanecido clara. muy cerca de él. Su sitio estaba allí. El rugido de la locomotora tenía una alegría contagiosa. se le antojó una aparición de otro mundo. Algo le bullía en el pecho como una ilusión de niño chico. Pero aquel lo veía llegar con el alma. Casi podía imaginar a la pobre monjita muerta. Los dos vamos para viejos. El viejo apuró el tazón del café y se levantó para estirar las piernas. Luego se despidieron. Unos gorriones picoteaban por el suelo. Cosas de viajeros. . Lo adivinaba por un ligero temblor en el pecho que comenzaba a marcar su ritmo alocado mucho antes de que se escucharan los primeros ecos de la máquina. Pensó que muy pronto sería una vez más época de plantar. Eso no. era como una estrella fugaz cuando se abría paso entre los campos helados aún por la escarcha. El Estrella de Andalucía dejó escapar un suspiro estridente y se puso en marcha con una fuerte sacudida. Cuando vislumbró entre las últimas lomas y la sierra la silueta del Estrella de Andalucía. Casi podía verla. pensó Julián con una sonrisa en los labios. Pero no. La primera vez que lo vio pensó que nadie había construido nunca nada más hermoso. Ahora se estaba mejor. Reconocía todos los trenes por el sonido. Ya faltaba poco.

Luego se volvió despacio. Julián señaló la jarra del café y la lumbre. porque él ya sabía. Y lo harías a las seis en punto. EL NARRADOR Y LA MUJER MAS FELIZ DEL MUNDO ENRIQUE VÁSQUEZ ¿Recuerdas tu infancia Pedro? Vivías en Huaypata . Sabía que había vuelto para quedarse. sentado en el umbral de la puerta . coincidiendo con la fresca brisa que llegaba al languidecer la tarde. . Naciste ahí y te recuerdo con nostalgia pero con claridad. Se acordó de la historia de la hermana Micaela. y todo Huaypata. en el que frente a un micrófono. para luego . Te encogías acurrucándote contra el viejo aparato y tratabas de escuchar la voz del narrador. Escuchabas "La media hora de Huaypata". El volumen lo ponías tan bajo que si no hubieses estado ahí. Sólo tenías siete años y soñabas con el momento. Luego. el dial.De nuevo percibió aquel olor. allí estaba el viajero. leyeses para todo el pueblo. el noticiero que desde San Pablo se transmitía con noticias tan solo dedicadas a tu olvidado pueblito. Era el inconfundible perfume de las rosas de mayo. El. Tenías suerte. Eras muy pequeño cuando sentado en el umbral de tu puerta pegabas la oreja al antiguo receptor de radio a transistores de tu abuelo. como un héroe. por treinta minutos. lo escuchaba. todo lo que a tu pueblo le podía interesar. No tenía luz eléctrica y la radio a transistores era el único contacto que tenías con el mundo. esperar el ansiado momento en que harías girar el metálico disco del dial hasta sentir el click para dar inicio a de tu rito diario. con una pequeña maletita en la mano. todos pensarían que la radio estaba apagada y que era una extensión de tu cuerpo. pero el viejo advirtió enseguida que la expresión de desamparo se había borrado de su rostro. No hizo ninguna pregunta. las noticias de las seis. terminaba de contarte al oído las noticias. En realidad no habría sido necesario. el extraño ritual creado con el viejo artefacto de tu abuelo se cumplía con pasmosa y disciplinada puntualidad. Lo que seguía era tu frágil voz de niño. te iba diciendo al oído. Aunque el almanaque se obstinara en señalar el mes de febrero. lo mitificabas frente a ese micrófono tan imponente como él. Se acordó del destello del sol en los vagones. Huaypata era triste y pobre. cuando el narrador . Pero esta vez sí lo reconoció con claridad. volvías a girar en sentido inverso. No había cambiado apenas. prodigioso e ignoto. Eras un niño y querías ser como él cuando crecieras. la escuela quedaba sólo a tres cuadras de tu casa y eso te permitía llegar cinco minutos antes . Mientras tanto . mientras las noticias emanaban de su boca. a tres horas en lomo de mula de San Pablo. ¡Cómo lo envidiabas! Lo imaginabas. un pueblito perdido. Apenas tenías tiempo para decir un buenas tardes masivo en voz alta . En efecto. para dar fin al ritual del día.

no soportaste la curiosidad y te fuiste a San Mateo. pero sin duda. Pedro. Y caminaste como poseído. de callecitas. de tienditas.me harás la mujer mas feliz del mundo. iniciabas la narración de imaginarias noticias. "directamente desde el distrito la capital de la provincia de Huarochirí" .así empezaba siempre el narrador . fantaseando que los cuatro mil (¿ o cinco mil?) habitantes de tu pueblo. Pero para ti Pedro era la ciudad mas grande que habías conocido. Dorita roció su tez curtida con lágrimas cuando lo vió irse. con ella la energía eléctrica y ya nadie escucharía radio. Soñabas a que llegue el día en que todos los huaypatinos fundan su oreja a la radio para escuchar llegar de tu voz las mejores noticias del mundo. aun siendo mas grande que el tuyo. Tu sólo le repetías que antes de eso. un pueblo. hija del recién elegido Diputado Ezequiel Carpio. . Y te amó siempre.. llena de luces. Esa noche prometió a su pueblo luchar sin desmayo para lograr que el Gobierno haga realidad la carretera Huaypata – San Pablo. Ese día . ahora sentados en la plaza principal del pueblo "La media hora de Huaypata". repitiendo casi una a una las noticias que hace un instante habías escuchado.imitando esa voz casi divina. El pueblo. cogiéndola al revés. diciendo que pronto llegaría la carretera al pueblo. poderoso. con una escoba en la mano. ahora con voz varonil y estentórea. Te recuerdo de pié. Dorita sólo había querido a otro hombre además de Ezequiel y ese hombre eras tu. parques y camiones cargados de frutas o esperando ser llenados para salir rumbo a otros pueblos. Te detuviste mirando el frontis por varios segundos. Dorita Carpio era una adorable adolescente de catorce años. Caminaste por las callecitas de piedras por tantas horas que perdiste la noción del tiempo. cuando apenas tenías quince años. Y fuiste creciendo. Ezequiel la miró con una mirada tan dulce que todos los presentes enmudecieron. pues todos verían la televisión. Luego paseaban y ella reía a carcajadas cuando comenzabas a narrar tus inventadas noticias "directamente desde el distrito de la capital de Huarochirí". Se le partió el corazón el día que Ezequiel se despidió de ella para viajar a Lima. Querías conocer el pueblo desde el cual llegaba la voz divina y portentosa del envidiado narrador y así lo hiciste. adorado por Dorita. estaban como siempre escuchando. Luego Dorita se burlaba de ti. Radio San Mateo. incluso después de lo que sucedió ese viernes. los dos escuchaban juntos. y entre noticiero y noticiero te enamoraste de Dorita. una tras otra . de blancas y fuertes luces que decía "OAX4X Radio San Mateo". estarías narrando desde San Mateo las noticias para ella. mirando la gente que ahora no conocías . seguía siendo sólo eso . imaginando que esas pajas atadas eran el micrófono de OAX4X. Un día. Te amaba. hombre querido y respetado por todos. Pedro. "La media hora de Huaypata". luego. ahora de tu voz. Y claro.te decía ella. caminaste hasta encontrar ese letrero inmenso. ahora como flamante diputado electo. ¡Como anhelabas decir un día frente al micrófono: "Se inauguró hoy el servicio de luz eléctrica en nuestro querido pueblo de Huaypata" o quizás " Inauguran hoy la carretera Huaypata – San Pablo".

le contaba a tu pueblo. . luego de las invalorables gestiones de nuestro querido Diputado Ezequiel Carpio. que no te percataste que te habías quedado solo. empezaste a fantasear que eras el narrador : "OAX4X. frente a ese micrófono. con la oreja fusionada a un radio a transistores escuchando atentos cada palabra suya. pero alguien te detuvo. quisiste pasar a mirar. El día de hoy viernes ocho de Noviembre de 1965. anunciaba que el noticiero había terminado . Instintivamente te pusiste a un lado y lo viste pasar tan cerca que. A lo lejos escuchaste. lo rozaste. Te imaginaste a todos los huaypatinos. le prometo que no molestaré – imploraste —Si no haces ruido puedes mirar por esa ventanita – y señaló una pequeña ventana en una puerta." No habías terminado de decir esas frases . —No puedes pasar muchacho. Desde ahí venía la música. y miraste por la ventanita. en punta de pies. quien de pie. la cortina musical que anunciaba "La media hora de Huaypata" —Sólo déjeme mirar. nuevamente la música.escuchaste .En este momento están transmitiendo el noticiero de las seis. que el proyecto de la carretera Huaypata – San Pablo estaba siendo defendido por el diputado Ezequiel Carpio y que en algunos días el Gobierno tomaría la decisión final sobre la eminente construcción.. Tenías frente a ti nada menos que al narrador. Te acercaste Pedro. simplemente fue que entraste y aunque todos los equipos estaban apagados. —Muchacho. De pronto. como en muchos de tus sueños. el gobierno aprobó la construcción de la carretera Huaypata – San Mateo.. muy tenue . Allí estaba el increíble ser que durante años te contó tantas cosas al oído. Quedaste extasiado. Luego le llegaban mas papeles.. Miraste la puerta abierta . Pedro. Viste al narrador dejar el cúmulo de papeles a un costado. para acercarse a la puerta. Radio San Mateo. frente a la cabina de transmisión. El vigilante te había olvidado y estabas . hasta creo.Te detenías frente a tu gran sueño. empleando tu mejor voz cuando alguien te interrumpió. Fue tanta la emoción Pedro. Luego se alejó. con mas noticias que una a una leía con voz firme y convincente. Tu corazón palpitaba a cien por hora. directamente desde el distrito la capital de la provincia de Huarochirí trayendo las principales noticias de Huaypata . Era la puerta que daba a la cabina radial. que haces ahí . No fue que tomaras la decisión de entrar.

Era el narrador que al escuchar tu voz había regresado.No diste explicación alguna. Dile a todos que el viernes a las seis enciendan la radio. señor? —Frente al micrófono. Anda dile a Dorita que el próximo viernes.. Discúlpeme señor. Todo saldrá perfecto. Le contaste como desde niño jugabas a que la escoba era un micro y cuan feliz serías si un día Dorita y todos los Huaypatinos te escucharan anunciando las noticias en "La media hora de Huaypata".. —Sólo jugaba a ser usted. Las noticias te las irán dando mientras vas hablando. Solo preocúpate en estar aca el viernes a las seis. debo aprender algo. —Siempre me gustó hacerlo –interrumpiste – la verdad es que sueño ser un día narrador de noticias. fuerte y clara... —Pero. Te he escuchado y creo que tienes pasta.. Ese día tu vas a ser el narrador. hablas claro.. No supiste que decir. Solo balbuceaste algo que ni tu entendiste. de pronto te dijo: —¿Sabes que lo hiciste muy bien? —¿Que hice bien . qué. Quien sabe. Estabas asustado... y tu lo escuchabas boquiabierto. con suerte . —A un paisano . No te estoy regalando nada... – preguntastes —No te preocupes. Sabes de memoria la presentación y tu voz es buena.. . —No es necesario. escuche el noticiero.. Hablas bien. El próximo viernes tendrás tu oportunidad.practicar algo. Te quedaste en blanco Pedro. no lo querías interrumpir para nada... no le niego nada. te corresponda anunciar la construcción de la carretera. escuchando tu voz. Ya me voy. anunciando las noticias. como usted. ¿De donde eres? –preguntó el narrador —De Huaypata – dijiste —Huaypata... Por tu cerebro recorrieron las imágenes de Dorita y toda la gente con la radio en la oreja . tu voz es agradable. —¿Es verdad lo que me dice? —Claro que es verdad.¿Sabes que yo soy de ahí? Y te empezó a conversar mil cosas de tu pueblito.

Te brillaban los ojos. No cabías en ti de felicidad. La gente que se cruzaba con Dorita en la calle le decía : ¿Y? ¿Cómo está la mujer mas feliz del mundo? Dorita respondía – Todavía no lo soy. y al final decidiste que le darías una sorpresa. ¿Qué va a pasar en el noticiero el viernes? Te vas a enterar de algo que te va a convertir en la mujer mas feliz del mundo —le decías. Y llegó el día ansiado. Para eso debo dejar de verla hoy" Llegaste a San Mateo a las cinco. Cuéntame Pedro. A Dorita le habías advertido que la sorpresa sólo funcionaría si estaba ella sola. —Dorita. ¿Y si sólo fue un sueño y nunca tuviste esa conversación con el narrador? ¿Si sólo fue producto de tu imaginación febril? No.El viaje de regreso. sólo tienes que escuchar "La media hora de Huaypata" —¿Es tan buena esa sorpresa? —No podría haber otra mejor. mi amor? – respondió intrigada. Y toda esa semana repitieron el diálogo." Quiero ver a la mujer mas feliz del mundo mañana. para el viernes te tengo una gran sorpresa –le dijiste—¿Qué es. Dudaste que fuera cierto lo que estabas viviendo. día tras día. —La mejor sorpresa de tu vida . mientras cada huaypatino estaría atento a la radio y en especial tu querida Dorita. Pero guardaste muy bien el secreto. Asi que muy temprano. Todo Huaypata se enteró que Dorita y tu serían las personas mas felices el viernes a las seis. Estabas pulcro Pedro. no había sido . con ese traje que yo mismo te presté. Pedro. Te imaginabas ya frente al micrófono . Pensaste mil maneras de anunciarle la gran noticia. Nadie sabía el porqué. por la mañana le dijiste:. Lo seré el viernes a las seis. la mayor sorpresa de su vida. ¿Y que tienes que ver tú en eso? Que yo seré el hombre mas feliz del mundo también. lo hiciste entre nubes.

rodeada de amigas . nunca más supimos nada. Fueron diez segundos donde los latidos de tu corazón parecían los golpes de un tambor de guerra. empezamos el noticiero con una triste noticia. Tu sangre hervía. El sonido de la cortina musical se mezclaba con el de tu sangre . —Todo va a salir bien. ni yo ni Dorita ni nadie en Huaypata. en la ciudad de Lima. no te pongas nervioso. AL COSTADO DE LA CASA NORBERTO OLAIZOLA Como los matrimonios mayores. esperándote. Luego te palmoteó al hombro y te deseó suerte. el Diputado Ezequiel Carpio. Todo saldrá perfecto. " Hoy viernes quince de Noviembre de 1965. esperando la sorpresa que la convertiría en la mujer mas feliz del mundo. que fluía por tus venas de manera inuscitada. El narrador al despedirme dijo "No es un buen profesional " . Te busqué durante la noche y todo el día siguiente. . Cumplimos con el penoso deber de informar el asesinato cruel del que fue víctima . De ti. "OAX4X. en un cobarde y vil atentado terrorista. Cuando llegaste a la Radio alli estaba él. En diez segundos sales al aire. Te invitó a pasar y te acompañó a la cabina. Yo no supe que decirle.un sueño. Tu empiezas anunciando el noticiero. te volviste a imaginar a Dorita inmensamente feliz escuchándote. Radio San Mateo. Cuando acabe la cortina musical es el momento de entrar.vestida de fiesta. El narrador me contó que luego de leer esa noticia enmudeciste y el tuvo que asumir la conducción del programa. La noticia seguía . pero no fuiste capaz de decir una palabra más. Ahora los titulares del día en la voz de Pedro Ayarza" En ese momento te hicieron llegar las hojas con las primeras noticias a narrar. Te imaginaste a Dorita . directamente desde el distrito la capital de la provincia de Huarochirí trayendo las principales noticias de Huaypata. Luego te irán pasando las noticias y las leerás. no tenían nada que decirse.

había alguna sorpresa cuando llegáramos a la casa. y no conseguimos que hablara hasta que. y después no aguantaba y salíamos corriendo hasta el ligustre y nos reíamos todos como locos y el Bichu se agitaba y se reía y después le venía la tos y se ponía colorado como si fuera a reventar. de tantos golpes. esta vez. encaramado en el quincho de las máquinas. . Nos reíamos porque. era seguro que mi padre había visto el micro pero. El Bichu se reía tan fuerte que teníamos que taparle la boca para que no despertara a papá y recibiera una cascada. nos dimos cuenta de que mis padres se habían peleado. El Bichu me miró con los ojos bien abiertos y se puso colorado de vergüenza y. jugando al culo sucio o al chinchón. el menor de los Ercole quien. hacia el quincho. nos reunimos en el primer recreo. El Bichu intentó abrir la ventanilla para gritarle algo pero el pobrecito. que. levantábamos la vista y mamá se había puesto los comodines adentro de los anteojos y parecía que nos saludaban. cuando el micro destartalado de Cosme doblaba ya por el recodito que enfila hacia el puente. Entonces. distante una legüa de las casas. para tirarles piedras a los chanchos de los Ercole. el Jacinto no apareció y nos quedamos mirando. mamá se ponía seria un rato. con la caja bajo el brazo. decía mamá. inquieto y ansioso por llegar. en el asiento. Pero. que se habían aventurado más lejos de lo que estábamos dispuestas a permitirles. Esa puta. ya atardecido. junto a los alambres. Esta vez. De todos modos. andaba enojado y seguro que nos cascaba. o al Bichu. Mecha y yo estábamos acostumbradas a su forma de ser. con mamá. papá no nos había visto. Cuando entramos en las casas. y se iba al trabajo. dejamos que el Bichu también tirara algunas piedras. papá miraba el techo durante un rato y luego se metía en la pieza y no salía hasta el otro día. como el retrato del abuelo. a la madrugada. Mamá cocinaba con un desparramo de cacerolas y papá estaba encerrado en su pieza. más tarde. no dejó de mirar por la ventanilla. Entonces. con seguridad hasta el día siguiente. Mamá sentía un cierto alivio porque. Entonces. hasta que la maestra nos llamó y nos comimos una zaranda por no escuchar la campana. de repente. nos quedábamos. fiel a su costumbre. Y ahí. y eso que siempre nos ganaba. por unos pocos pesos. pero el Bichu se amorriñó. en una de esas. si papá no se iba a dormir. nos agarraba más risa y al volver teníamos la ropa toda mojada. a sus cinco años. A la salida de la escuela le expliqué al Bichu que. Cuando mamá se ponía a cocinar temprano era porque papá había estado con la Nucha. en el colectivo de Cosme. Siempre era así. seguramente. y a modo de compensación. mientras estábamos dormidas. aunque corriera el riesgo de recibir un hondazo del Jacinto. hasta tarde. Para nosotras era como si nos invitaran a una fiesta. ya casi no tenía ninguna parte del marco sin remiendos. o rompía alguna cosa. como siempre. camino a la escuela. no contaba con la fuerza suficiente para vencer el desvencije general de este único vehículo que. nos llevaba hasta la escuela.Balzac I Vimos a papá. siguió de largo como si no existiéramos. esperaba los recreos para divertirse haciendo puntería contra nosotras. a nosotras. como pavotes. que no se pusiera triste y que.

Pero el Bichu era muy bobo cuando quería y se paró en seco y se dió vuelta a ver si lo seguíamos. el Bichu me miró y me dijo: —Perro es mío. —Es hasta que se acostumbre— dije y le serví el tazón con leche que mamá nos había alcanzado. antes. Cuando lo sacamos miramos al Bichu. y señaló el perro a mamá. El Bichu no quería que lo agarrásemos y quiso llevárselo para esconderlo en alguna parte. alzándolo lo más que podía. y le dijo que no se había animado a fijarse pero que. II Cachón. Salió corriendo con el perro a cuestas. a toda la velocidad que le daban las piernitas. El Bichu nos miró. se lo mostró a papá: —Cachón. podía fijarse él mismo. que papá y mamá se habían peleado. mientras abría la tranquera. negra. Estaba meta mirar al perrito cuando sentí la mano del Bichu en la espalda. rumbo a la tranquera. Por ser un día de novedad no ayudamos con la cocina. apenas: — . y le oímos murmurar algo que no entendimos mientras se metía en la cocina a lavar la vajilla. porque junto a la leñera estaba la caja que traía papá bajo el brazo y el Bichu le preguntó a mamá qué había en la caja. Perro— dijo. Cuando se lo dijimos. Lo hice desear un poco. se hizo un ovillo y se lamía la pata —Está asustado— dijo Mecha. que él también tenía que acostumbrarse al nuevo miembro de la familia. el mellizo del Bichu que no sobrevivió. pero no mucho porque también nosotras teníamos curiosidad por saber qué había en la caja. Lo dejamos en el piso para ver que hacía y. hasta que nos fuimos a dormir. y miró al perrito como si estuviera muy lejos. — Cachón— dijo. ya metido en la caja. como era siempre –Abrilo vos—. si el Bichu se sentía un hombrecito. le pusimos al perro. Nos quedamos mudas y entonces el Bichu agarró al perro y. Papá lo miró. —Recién se los traigo y ya lo van a romper— dijo papá. Cuando iniciamos la carrera pegó un alarido y se puso a correr pero. con los ojos grandes y el dedo en la boca como si pidiera silencio. malhumorado. El Bichu estuvo de acuerdo pero se las ingenió para darnos a entender que ese nombre él ya lo había pensado antes. con la cabeza gacha. me dijo y fue a esconderse entre las cortinas. pero eso no importaba. mío —dijo. se tropezó y se vino en banda con perro y todo. Cachón largó un chillido y se quedó relamiendo la pata. Creo que estaba más asustado que el perro porque.Decía. justo en ese momento. Teníamos todo el fin de semana para jugar con Cachón pero enseguida empezamos a tener problemas. Mientras Mecha acariciaba al perro. mamá suspiró y nos dijo: —Está bien.— y se metió corriendo en nuestro cuarto. Mamá se dio vuelta. Mecha y yo nos miramos y decidimos darle alguna ventaja. papá— repitió. que se había quedado duro. por el angelito. entre sonriente y miedoso. que lo miraba como tratando de adivinar que sentía porque nunca se había quedado tan serio ante un regalo —perro. Y al decir esto miró un instante hacia la puerta del cuarto. a un costado del Bichu. suspiró. muy seria. con la cabeza que se le bamboleaba como si tuviera sueño. se negó a tocarlo y hasta lloró cuando se lo acercábamos y mamá nos dijo que dejáramos al Bichu tranquilo. y volvió a esconderse entre las cortinas —No va a venir— dijo mamá— el perrito era una cosa chiquita.

o mamá. Y mamá también. seguro que a ver a la Nucha. Para nosotras. luego a Cachón y luego a nosotras. Era divertido. . El cuarto estaba cerrado pero mamá no estaba cocinando. Un día papá lo encaró al Chiquito y le dijo que le iba a meter la paloma ya saben donde. se levantaba y se iba aunque mamá estuviera hablando. y demás cosas que siempre ocurrían en una familia tan numerosa. Pero mamá sabía que a papá le molestaba hablar de la familia y se lo hacía a propósito. cuando terminaba de tomar el mate. nos habíamos puesto a contar los primos de mamá y nos aburridos y no habíamos pasado de los treinta. Luego se unió a nosotras y fuimos a mostrárselo al Chiquito. En cambio. y se fue con el breque hasta el pueblo. pero entonces el Bichu le había tirado del pantalón a papá y le había dicho: —Chiquito es mi amigo. dejalo. y mamá nos dijo que teníamos que entrar. pero no decía nada y. claro. al menos. suspiraba y se daba vuelta para que nosotras no viéramos cómo rezongaba en voz baja. intentando que corriera a las gallinas. se puso a tomar mate y a leer el Intervalo que leía siempre y guay que alguna de nosotras se lo fuera a agarrar. Después. finalmente. Pero mamá terminaba lo que estuviera diciendo y levantaba la voz. El Bichu miró la puerta del cuarto y después se puso a acariciar al perro hasta la hora de cenar. Mamá nos miró. impresionado. Lo acariciaba tanto que le brillaba el lomo al Cachón.Bueno— dijo. con la lengua afuera. Al Chiquito le gustaba Mecha y a veces me tiraba unos deslices como para que me fuera. Después se acercaba al Bichu y le acariciaba la cabeza un buen rato. después que nació el Bichu. y entonces se ponía a llorar hasta que alguna de nosotras. de la chacra de Urbiña. que siempre nos ayudaba a montar al petiso y hasta nos llevó una tarde hasta la quinta vieja. pero el pobre era muy chiquito y se quedaba mirántonos. cuando viajábamos hasta Carlota y nos quedábamos uno o dos días. —Quien mierda te entiende— dijo papá. porque a aguantadora no le iban a ganar muy fácil. cuando la Mecha y yo éramos más chicas. y dijo: —Hoy no. como si nada. con la cara cansada. Venía un viento húmedo y tuvimos que cerrar las ventanas. Se sentó y acarició al perrito durante un buen rato. Una vez. —Cachón— volvió a decir. viniendo del sur. el Bichu agarraba una gallina del cogote y se la acercaba a Cachón. tenía adoración por el Bichu. Papá se levantó para la hora de la cena. Miró la comida que mamá le sirvió como diciendo qué porquería le daban de comer pero no dejó nada en el plato. que el menor de los Juárez se había caído del molino y se había quebrado una pierna. Entonces. — Chinchón —dijo el Bichu. de la granja de Sarmiento. le sacaba el paquete. a comer sandía. aunque por la tarde hubiera traído un lechón. Todo el fin de semana estuvimos jugando con el perro. A la tarde del domingo se puso oscuro. y luego dejaba un poco lo que estuviera haciendo. a medida que papá se alejaba. el Bichu y mamá eran como compañeros de desgracia porque. como si nada. que la Chola contó que al Buby lo iban a tener que operar nomás y que se iban a trasladar. hasta la casa con las manos tapándose los ojos. El Bichu miró a papá. Para nosotras. —Una santa— gustaba decir la tía Chola. y lo llevaba a cazar palomas y le colgaba alguna en una bolsita del cuello y el Bichu se venía. y se pusiese a asar. de donde estuviera. y siguió de largo para la casa. Mamá empezó con la plañidera de la familia. levantaba la vista como diciendo qué mierda me importa de tu familia. Y Mecha y yo nos morýamos de risa. todavía funcionaban las cosas con papá pero. a Belville porque el tambo ya no les daba más plata. Papá escuchaba y tomaba mate y miraba la revista. —Mirá— le decía. al fondo del trigal.

pero que ella extrañaba las visitas en familia. no más de quince. El Bichu había tenido fiebre un par de noches y mamá se había quedado en nuestro cuarto. En el verano se confirmó lo que pensaba Mecha cuando trajeron las dos máquinas grandes y las dejaron detrás del galpón. para charlar con el Chiquito y yo quedaba un poco abandonada. para el velorio. fumando en silencio. A veces. como si se hubiera convertido en la abuela. como si le hubieran dicho un piropo. luego. que el Bichu no hacía más que devolver lo que recibía. la abuela se había desmejorado mucho. desde que me acordaba papá iba a trabajar en los campos de otros. iba a la cocina. más sus mujeres y los hijos. Un par de veces. Para esa época empezamos a escuchar que papá y mamá hablaban en su dormitorio y. y otras cosas más que me había contado pero que yo no me acordaba porque era muy chica. si charlaban amigablemente o se estaban peleando. los tres viajes que habíamos hecho a Buenos Aires. Mamá se daba vuelta y lo miraba y él miraba al Bichu con una cara que no quería decir nada y. En el mes de mayo murió la abuela e hicimos el viaje hasta Monte Maíz. y luego volvía. los veíamos en medio del campo. sobre todo después de que la Nucha se fuera a vivir a Buenos Aires. antes que lo de la Nucha. Y eso. Mecha me hacía señas para que hiciera silencio y queríamos adivinar. silencioso como siempre. Mecha decía que papá estaba pensando en volver a trabajar la chacra como antes. Dos días después. papá se había demorado. que pasó siempre. Cada tanto se levantaba. aunque yo no podía saber como era ese antes. Mecha decía que peor estábamos nosotras. una vez. estábamos de nuevo en la casa y. Papá se interesaba poco por él y mamá opinó. se volvía a su cuarto. Y el abuelo también era un recuerdo lindo hasta que se murió. Las cosas en la familia habían mejorado bastante. sin saber que hacer. pero había pocas personas en el funeral. bajo los . corriendo de aquí para allá o tirándose a descansar. El Cachón lo seguía al Bichu a todas partes. Teníamos la idea de encontrarnos con todos los primos de mamá. El Cachón había pasado a ser propiedad exclusiva del Bichu. por el tono apagado con que llegaban las voces. Mecha servía el guiso y yo sabía que estaba pendiente de lo que papá opinara. ya que.era como si fueran dos extraños y ninguno de los dos hacía el menor esfuerzo por arreglarse. junto a él. por un tiempo. Cuando el Bichu estuvo bien mamá estaba tranquila y yo creía que papá también. a los dos. Nosotras habíamos pegado un estirón y ya no nos divertía jugar con el perro. aunque no se le notara. que para el Bichu esto era como algo natural. será que los hijos notan cosas que los demás no. entonces. Por esa época. Pero papá no decía nada y se veía que Mecha estaba aliviada. en voz baja. sin entender lo que decían. parado en la puerta de nuestro cuarto. Mecha se escapaba. cuando podía. mamá nos parecía como si se hubiera envejecido. y mamá andaba triste y con la mirada perdida y algunas veces le pedía a Mecha que hiciera la comida porque no se sentía con ganas de cocinar. La mejora familiar no lo había alcanzado demasiado al Bichu. III Cachón ya había cumplido dos años. Pero bueno. a pesar de sus cuarenta años. mucho antes.

Le gustaba treparse en una de las máquinas. nosotras jugábamos con los chicos y el Bichu se divertía haciendo que el Cachón les chumbara a todos. y tenía los labios rosados y la cara pálida llena de pequitas que se oscurecían con el sol. que también había sentido los gritos. que era alta y flaca como un palo. Volvía por el camino de la tranquera. el mugir de los terneros y la llegada paulatina de más animales. Algunos domingos. los bebederos para los animales que se pusieron en funcionamiento. pero con las piernas y los brazos fuertes. —Levantáte. entre las vacas. El Bichu tenía el pelo más oscuro pero la misma mirada que mamá. no sabía lo que le iba a pasar. También llegó un camión grande. Mecha y yo los veíamos. El Bichu rezongaba: —Chinita ‘e porquería. Había novedades permanentemente y la chacra cambió de forma con los nuevos alambrados. Sin despegarse nunca del Cachón. desde lo alto. El Bichu se había estirado mucho y salía a mamá. El Bichu caminaba por el medio del campo con los pantalones que le quedaban grandes y le flameaban con el viento y el Cachón siempre al lado. Compramos el Fiat para la Semana Santa y el Bichu andaba enojado porque no lo dejaban manejarlo. a lo lejos. y con el Chiquito también. De pronto. separando a los terneros y arreándolos para el corral. trepado sobre la torreta de la máquina. con cinco vacas. IV Cuando el Bichu cumplió los diez años se hizo una gran fiesta en la chacra. —Salí con ese perro ‘e mierda — gritaba papá y el Bichu agarraba al Cachón y se lo llevaba lejos y no volvía hasta después de un rato largo.árboles. El Bichu ya no tenía miedo de las palomas que cazaba el Chiquito. con papá. Comenzó. pero. Mecha se rió un buen rato pero se le pasó enseguida cuando vió que el Bichu no se levantaba y agitaba los brazos y gritaba. También el olor que nos rodeaba se había vuelto más caliente y fuerte y se nos metía en las piezas y hasta abajo de las frazadas. o a jugar con ellos. un tiempo mejor para todos. Mecha llegó primero que mamá. trabajando juntos sin casi hablarse. porque él quería y Mecha no lo dejaba. horas. girando el cuerpo de aquí para allá. poco a poco. hasta para el Bichu. lloriqueando porque se había peleado con el Chiquito. aunque nunca se sacaba los anteojos. Que me importa. Pobrecito. a veces. corderos y más gallinas y gansos. aunque lo hacía para estar cerca de Mecha. algo se le trabó al Bichu y se vino de espaldas contra las ruedas. en cambio. y que el perro le saltara e hiciera fiestas alrededor sin poder alcanzarlo. de trabajo. Mecha andaba de aquí para allá con el auto. Fue Mecha la que vió todo y después me contó. Bichu —le dijo. pero el . cuando vio al Bichu. y el pelo a rulos medio rubión y los ojos verdes y grandes. el Bichu nos ayudaba a arrear los animales. siguiendo con la vista y el brazo extendido las vueltas del Cachón que chumbaba como un desgraciado. Así se nos pasaba el tiempo. mientras hablaban. y luego volvió tres veces más y completamos quince vacas y un toro más algunos terneros. bastante alto. Hasta el Chiquito venía seguido y trabajaba en las alambradas o en el tambo. Montaba a caballo con facilidad y ayudaba a papá en las cosas del trabajo. habían venido algunos chacareros con su familia a la casa y. —y se iba a jugar a la máquina con el Cachón. chanchos.

en lo de la tía Nélida. Cada tanto largaba una puteada. Acá no podemos hacer nada —le dijo el doctor a mamá. Desde la casa del doctor. me miraba por el espejo sin darse vuelta. con el vaso de limonada que le había ofrecido Doña Ester. a veces. que iban a viajar por lo del Bichu. Me senté adelante y salimos. lo sacaron de encima de las ruedas y lo llevaron para la casa. —¿Y el Bichu? — preguntó Mecha. V Cuando llegué a la casa estaban poniendo al Bichu en el Fiat y el Chiquito ya había llegado y me tuve que apurar sino. Cuando mamá salió le pidió al Chiquito que fuera a buscar a papá a lo de Sarmiento. Mamá no decía nada. Luego. donde le habíamos armado una camita con frazadas. A las tres horas estábamos subidos en la camioneta de los Sarmiento. Que las chicas.Bichu la miraba con los ojos rojos y llenos de lágrimas y hacía el esfuerzo de enderezarse y no podía. se iban sin llevarme. El viaje a Buenos Aires. papá se fue a lo de Sarmiento para arreglar. me ofreció una limonada. Luego agregó que esto le iba a comer los pesos que les habían quedado después de la muerte de la abuela. podían quedarse en lo de tía Nélida mientras el Bichu estuviera en el sanatorio. por el camino a Gould. la mujer del doctor. fue largo y silencioso. sólo miraba el camino y. mientras se pasaba el pañuelo por la frente y el cuello. Mamá estaba sentada en el patio de los malvones. y miraba el piso como aturdida. entró de nuevo a la pieza donde el Bichu estaba dormido por los calmantes. El Bichu estaba con los ojos cerrados y la cabeza en la falda de mamá que tenía la cara más pálida que de costumbre. papá llamó a Buenos Aires para avisar. bajo el sol que quemaba. como sujetándose la espalda. por nosotras. Sólo mamá. bajo el sol de la siesta. Llegamos a lo del doctor y Mecha. el Cachón las seguía con la lengua afuera y la cabeza gacha. Detrás de ellas. El Chiquito la tomó del brazo y se la llevó para afuera. que la cosa era grave. Luego. Chiquito y yo nos quedamos afuera. con los brazos en jarra. Cuando llegó mamá. rezaba en voz baja y papá decía: —Pa' lo que sirve rezar. que le fueran a trabajar el campo y a ordeñar las vacas mientras no estuviera. como enojado consigo mismo. con los peones. El doctor había salido y tenía el cuello transpirado y la cara colorada. en el medio de la chacra sin un alma. que yo no recordaba. Yo me quedé sentada en el patio y me acordé del Cachón. que nos habían prestado. Nos miró. Alcanzamos a escuchar con Mecha lo de la parálisis y la columna. y entre la polvareda que levantaba el Fiat. No podía moverse. Viajamos en silencio. El Bichu iba en el asiento de atrás. llena de animales. . almohadones y otras cosas. Doña Ester. que vivía allá. el pobrecito. a los tumbos. lejos de su dueño. en el patio lleno de malvones y con los dos perrazos del doctor que nos miraban con indiferencia. VI — Lo mejor es ir a Buenos Aires. a veces. Me lo imaginé como llorando.

Sabíamos que todo ese misterio era porque el Bichu estaba mal. sin fijarse por nosotras.. en su dormitorio. Esto se decidió en la casa de . del Bichu. VII —Sabés como estaba. sí. poco o nada nos enterábamos como le iba al Bichu. al lado del Bichu. sentíamos ganas de dormirnos y no despertarnos hasta llegar. con el tiempo y con rehabilitación. Pero Mecha y yo sabíamos. La tía Nélida. por lo demás. tan cerrada.. qué se le va a hacer. luego de conversar a solas con la tía Nélida.. cosas sin utilidad. El Chiquito se había comprometido especialmente con Mecha a cuidarlo. No va a caminar. Están en el hospital. acá están. después de verlo al Bichu. pobrecitas —decía la tía Nélida por teléfono. Al día siguiente. —Lo operan hoy a la tarde —dijo uno de ellos —pero sólo por intentar algo. Papá casi no había venido desde que llegamos y mamá venía. especialmente. salvo lo que adivinábamos de las conversaciones a escondidas o de los llamados telefónicos. Llegamos a Buenos Aires de noche y tardamos bastante en orientarnos hasta lo de la tía Nélida. —Se va a poner bien. vieran ustedes —dijo la tía Nélida. me hacía un malestar estar en esta casa. Parecía un angelito. Hablaron despreocupadamente. no.. Si. yo creo que no. calculá que yo lo conocí cuando tenía un año y medio. que a Mecha la había encandilado. no. Yo también me fui para que no me vieran llorar. A mí. que se quejaba. El chico está bien.. Pero la columna es así. Ahí van a ver que. ¿Caminar? Quien sabe. Pasaron varios días más y luego nos volvimos a la chacra. se iba dándonos un beso pero con la cabeza en otra parte. unos primos que no conocíamos vinieron y la tía Nélida les sirvió café con unas facturas. allá lejos. También pensábamos cómo debía extrañar al Cachón. Mamá se quedaba en Buenos Aires a cuidar al Bichu. Mecha y yo nos íbamos a quedar allí mientras papá llevaba al Bichu al sanatorio. sin aire ni luz. Mamá nos pidió que nos portásemos bien y se abrazó fuerte con la tía Nélida que. Ver televisión. con todos esos ruidos de autos en la calle. Era un ambiente grande y frío por lo que la tía había conseguido una estufita de kerosene para caldearlo un poco.. en el de agudos de la calle Cerviño. La madre está allá. pobrecito —decía. Luego se volvía a la Capital. en cajas muy prolijas. comía algo y. nos había armado algo así como un dormitorio en el local que antes había sido una mercería y que ya no usaba más que para guardar. no me parecía divertido. Quizás. Esos días que siguieron en la casa de la tía Nélida fueron raros. se bañaba. se persignó: —Pobre ángel. en la chacra. que vivía sola. A la noche hablábamos algo con ella que parecía asombrada ante cada cosa que decíamos como si por ser del campo no supiésemos hablar. Papá nos llevaba a la chacra y nos iba a dejar con la prima Nilda que había viajado desde Belville. sin gracia. —Tan sensibles son. Y que grande. Extrañaba la chacra y los animales y también la escuela. pero no pudimos. con su acento de porteños. el pobrecito. Mecha se levantó y se fue a la cama. así. aunque la tía estaba evidentemente incómoda cada vez que se mencionaba lo que iba a pasar. van a ver —nos mentía. pero al marido no lo vimos — luego se calló entendiendo que la tía nos señalaba con la cabeza.Mecha y yo. Y si. mirándonos a Mecha y a mí que.

Mecha salió a hablar con el Chiquito y al rato ya no los vi más. de este lado de los ligustres. Me hice la zonza y que no la oía y me di vuelta para seguir durmiendo. —Permiso. El Bichu se recuperaba de la operación y. y miraba la puerta del baño.tía Nélida. Mecha estaba encantada con el Chiquito que venía todos los días. —¿Y el Bichu. Preguntáselo vos. junto al braserito encendido. Cuando me desperté. echado y con los ojos tristes. probablemente. Mamá creía que se había ido a vivir con ella y le contó también una pelea en casa de tía Nélida y que papá se había puesto furioso con las dos porque la tía se había puesto de parte de mamá. —Claro —también dijo mamá y se metió en el baño. A su lado. parecía muy alto. Luego. al costado de la casa. van a ver. vi a mamá. aunque sentado. Está afuera. me desperté con un sueño feo y alcancé a ver justo la silueta del Chiquito que se escabullía por la puerta del dormitorio. —No abrirás la boca. a veces. durante la estada en Buenos Aires por el tema del Bichu. —Como estás — me dijo el Bichu cuando me acerqué. no volvería más. y luego apagó el cigarrillo. En la claridad y. volvía para la chacra. Había llegado hasta el pueblo y Don Sarmiento había traído a mamá y al Bichu hasta la chacra. que piensa? —le pregunté a Mecha. a Mecha. Lo abracé con miedo de hacerle daño. antes de las máquinas. papá se había escapado hasta encontrarse con la Nucha. Don Sarmiento venía. al Chiquito y a Don Sarmiento que tomaban mate. En la oscuridad traté de verla a Mecha. Papá se sentó a tomar el café. me voy a acostar —se despidió. Papá no estaba. —Está cansado. Yo. Estaba de espaldas y. estaba el Cachón. Una noche. Salí lo más rápido que pude y vi la camioneta de los Sarmiento estacionada frente a la puerta. porque me imaginé que. Mecha pensó en el Bichu cuando era chiquito. VIII Durante los siguientes quince días recuperamos el sabor de la chacra y su libertad. Una tristeza me agarró. Aunque a la noche sentía como Mecha lloraba en silencio y seguía llorando hasta que me vencía el sueño y me dormía. Eso nos alegraba. No sé por cuanto tiempo —me dijo. sin imaginar donde se iban. lo entramos hasta la habitación y lo ayudamos a desvestirse y acostarse. Con Mecha mamá fue más clara y le contó que. Vislumbré su silueta como sentada en la cama. ya Mecha estaba levantada y sentí ruidos y voces afuera. Pero lo que más me impresionó fue la sillita de ruedas del Bichu. leyendo el Intervalo de papá. —Claro —dijo la tía Nélida. día por medio. en cualquier momento. —No sé —me contestó —No me dijo nada. pobre —nos dijo la tía Nélida —pero todo va salir bien. me los perdía. en ese momento. Mamá también se recostó. a controlar a los peones y nos traía noticias de Buenos Aires. Durmió hasta la tarde. ¿verdad? — me dijo entre dientes. con los rulos aplastados y el cuello rojo como si lo hubieran friccionado. —Tu padre se va a quedar en Buenos Aires. antes de que le regalaran al Cachón. . si querés. Cuando papá dijo que se volvía después de dejarnos en la chacra mamá lo miró de una manera rara. me dijo después. antes de que papá volviera a armar el tambo. El Cachón correteaba unos pichones y me entretuve viéndolos hasta que mamá me llamó. humeante.

Mamá tuvo que ponerse al frente de las cosas. como si yo fuera la hermanita menor. con su sillita. con el Cachón. la verdad. cuando me tocaba limpiar la cocina. se enojaba y se encerraba en su cuarto hasta el otro día. Me ponía tan triste por ella. se iban a ir juntos para Belville. le decía. vender y todas esas cosas que hacía papá. y mamá hablaba de sus cosas como si el Bichu fuera un hermano. a veces. Yo le decía que era al revés. que él era el más chico y me tenía que respetar. sino. a mí. Cuando le . Mecha y yo trabajábamos a la par de ella y. Además. a mamá y a nosotros. de levantarse al alba para el tambo. incluyendo a mamá. a veces. tomando mate. Mamá. comprar. Pero estaba muy callado y ya no hablaba como antes. mientras mateaban. Casi nunca hablaba con él ni le podía contar mis cosas pero. Yo medio me sentía una zonza. qué. Mecha siempre fue más despierta y en los bailes. era así. y el trabajo. podía trabajar a la par de cualquier chacarero. Arreglaba las máquinas. a veces hasta tarde. me parecía de sesenta. al poco tiempo te empezás a gastar. aunque fuera por algo sin importancia. a veces mucho tiempo. apenas después de la cena. uno junto al otro. Pero. Con la única que hablaba. con las herramientas apoyadas en un cajoncito y no quería que nadie lo ayudara. quien sabe. en cualquier momento. los veía sentados. El viejo nos tenía mucho cariño. más de una vez. Entre las tres nos turnábamos para cocinar y los quehaceres de la casa. Pero. Que sé yo. como esperando. donde les habían ofrecido un arriendo. Y se iba a dormir temprano. Ella miraba para el campo. Estaban tan unidos.. a pesar de la diferencia de edad. y los hijos. Si cuando te casás. Llamaba a alguno de los peones solamente cuando tenía que mover algo pesado.. ¿no? Por algo no tengo novio. Pero. que con quince años no tenía ni apronte que me hiciera fiesta. si me creo tan normal y cómo me verán los otros. especialmente a Mecha. de cosas más tontas. Durante el día era fuerte. decía algo. a veces. lo duro era negociar. Mamá le hacía fuerza a las cosas y parecía de fierro a la hora de mandar. se arreglaba solo. lo mencionaba. Es que ella lo quería a papá y no se le hacía que no estuviera. era con mamá. Qué se le va a hacer. siempre pegado. para supervisar la siembra y todas las demás tareas. Los domingos por la tarde. Pero yo sabía que no iba a durar mucho porque Mecha y el Chiquito. me sacaban como de lástima hasta que ella se desocupara. Si alguna de nosotras. cuando ya se ponía medio rojo porque estaba por oscurecer. Pero yo no le tenía envidia ni malos sentimientos. Y. muy poco. al fresco. sin mirar.. lo que no aceptaba es que se hablara de papá. Conmigo hablaba menos o. No sé que hubiera sido de ella sin la ayuda de Don Sarmiento. era que iba para todos lados sin problemas. la escuchábamos llorar.IX Durante los años siguientes la vida continuó de manera muy distinta de como había sido. pero a la noche.. Caballito de fierro. con cuarenta y cinco. El Bichu escuchaba nomás y. nos sentábamos al costado de la casa y yo la miraba largo rato. era su manera. más triste me ponía a veces el Bichu. Mamá se apoyó mucho en él y los peones de la chacra le tenían respeto. A veces. Yo también extrañaba a papá. Cómo es la cosa. que ya se estaba poniendo viejo. No es que no supiera el trabajo. Se levantaba muy temprano aunque no podía trabajar el tambo. no sé. éramos las que terminábamos cansadas.

era que el Bichu lo encaraba al Chiquito y le pedía explicaciones sobre qué pensaba hacer con Mecha. En eso andaban. lo miraba al Bichu. no era así. que aunque me las quería sacar rápido de la cabeza no podía. con la sillita junto a las máquinas. no. Una tarde le pregunté si sentía las piernas. hasta que el Chiquito se sentaba y le contaba sus proyectos. con un poco de vergüenza. X Otra cosa que pasaba. Y vaya a saber si no tenía miedo de quedarse sola como la vieja Chela. El Bichu tenía adoración por el Chiquito y lo que mamá creía era que no le gustaba la idea de que se fueran lejos. Bueno. y tranquilo. no más —y cambiaba de tema. Y yo le preguntaba en qué cosas andaba pensando. sólo de las máquinas y del Cachón. —A veces —me dijo. Mamá me decía que a ella también la ponía triste que la hija mayor se fuera tan lejos porque se verían muy poco. El Chiquito se reía y le palmeaba la espalda. de abombada. ¿verdad? Y. Bichu? —se me ocurrió preguntarle. vaya a saber. en alguna chacra por aquí nomás. Al principio parecía que se iban a ir a Belville. pero. y que es tan simpático. y al Bichu. y que no me iría lejos. Mecha me contó que andaban con ganas de irse al sur. en el Bichu o en Mecha y no pensar un poco en mí también. la cosa es que estas ideas me pasaban por la mente. Viejo andaba el perro. que mejor que el Bichu estuviera así. Mecha me decía: Mirá vos. muy serio. tanto pensar en mamá. después. Qué cabeza la mía. También pensaba. sin darle importancia. Si el trabajo es igual acá que en cualquier lado.— A veces —me volvió a contestar. al Chubut. Me quedaría cerca. con noventa años y dependiendo de los vecinos para comer.. del pueblo. impedido. donde había una posibilidad de trabajo mejor. Yo pensaba que no. Y cuando pensaba en estas cosas. Y es que extrañaba a papá y no se hacía a la idea de estar sola. concentrado en lo que hacía y me daba una lástima acá en el pecho. que la ponían triste. de vez en cuando... Y a mamá las suyas. porque no hablaba de nada propio. que entró el mes pasado. se fue el viejo y ahora el Bichu me controla. pensando y pensando. Y que se daba cuenta porque siempre la abuela le decía que los viejos se ponen llorones y ella muchas veces sentía que le salían las lágrimas sin que lo pudiese evitar. Pero el Bichu le volvía a preguntar. que está cerca. que vaya a saber cuando me iría yo y con quien. Y que le daba miedo cómo estaba pasando el tiempo y cómo se estaba poniendo vieja.decía estas cosas el Bichu se reía un rato y eso me ponía bien así que se lo repetía varias veces. XI . Quien sabe el peoncito nuevo. Pero. —¿Extrañás.. una y otra vez. porque se quedaría para siempre con mamá. pero mamá me decía: —Cosas. con los hijos creciendo. también.

de zonza que soy. Qué gaucho. De cuatro años o algo así. Yo haría mi vida y bueno.. llevando y trayendo paquetes y más paquetes. entonces. — Hagan lo que quieran —volvió a decir y se fue a su pieza. le cae así de mal. extrañando. y Don Sarmiento. de varias cosas más cuando de repente mamá me dijo: —Escribió tu padre. quien sabe como le puede ir a uno. de Julián. Linda. por Mecha y por mí. él nunca les haría faltar nada. y sentí por primera vez los brazos de un hombre. Mecha y el Chiquito se fueron a Belville. que iba a ser el padrino. pero todavía no le digás nada al Bichu. Me senté junto a mamá. Pero. pero mamá lo atajó: — Hay algo más. yo también extrañaba a papá y deseaba que volviera. además. quien sabe. cuando ya no quedaba nadie. por más que pase aquello que estaba esperando. Yo estaba segura que quería que ambos se arreglaran. No podía entender por qué este desánimo si. de Mecha. Vaya a saber como es de raro uno. También me asustaba el Bichu. en realidad. felices. mamá dejó de dar vueltas y nos habló a los dos de frente. Pero ahora que esa posibilidad estaba allí era como que todo iba a darse vuelta de nuevo y me asustaba. lo llama. Me corrió un frío por la espalda. Un hijo que tuvo con la Nucha. Mamá dijo: — Viene con un hijo. estando Mecha de por medio. ese verano. Finalmente. él sintiera lo mismo que yo y sólo se hacía el fuerte para no sentirse desmerecido. No creo que le vaya a gustar. con el Fiat. Pude bailar de lo mejor y estaba contenta. ya le había dicho al Chiquito que. Miré al Bichu y casi me pongo a llorar. que estaba en el pueblo. y nos abrazamos un buen rato. —se puso seria y habló firme: —Yo lo acepté. sin sosiego.. y mamá parecía aliviada. Ya había estado con papá. Tanto hacía que no teníamos una fiesta y fue tan divertido. Vaya saber a que hora me perdí. XII ¡Cuántas cosas pensé en aquellos días! Se me vino el alma al piso cuando mamá me dio la noticia. Chiquito se burlaba de mí porque el peoncito era muy týmido y no se animaba más que a saludarme así que se aprovechó que los ánimos estaban alegres para que pudiésemos charlar más a gusto. Era de madrugada cuando terminó la fiesta y estaba tan contenta que ni sentía el cansancio de tanto baile.Finalmente. que volvieran a estar juntos. pero no me hacía a la idea de que mamá se pusiera vieja. triste. y quería aceptar que volviera. Ayudamos a armar las cosas y fuimos y vinimos. y ya enfilaba para su cuarto. era la chacrita. . que así se llamaba. Hablamos un poco de todo. Muy lindo —mamá trataba de sonreír — Chino. la cosa venía con sorpresa. Yo no sabía qué decir porque el Bichu estaba serio como si le anunciaran la muerte. Vieran con que precauciones se lo fue diciendo mamá para que no se enojara. Es como si se acostumbrara y. con Julián. pero. Quiere verme. Don Sarmiento y como quería a Mecha. —Hagan lo que quieran –dijo. Les juro que fue como si le hubiese leído el pensamiento. tan segura estuve de lo que pasaba. Aunque.

y le dijo: —Está muy linda. Aunque no hablamos nada mientras tomábamos mate yo veía que no se podía estar quieta. de algún pariente que nos mandaba desde lugares de veraneo. Cómo pasaba el tiempo. se me notarían los pensamientos. con una ansiedad que me hizo sentir una puntada en el pecho. Chiquito bromeó con ella diciendo que se había equivocado al elegir a la hija y Mecha le dijo que estaba muy bien. Nunca había visto así a mamá pero la entendía. Parecía como si viera las cosas de lejos. especialmente. Mecha estaba feliz por la chacra y por el matrimonio pero quería paciencia para encargar familia y el Chiquito estaba de acuerdo. Sentí la necesidad de estar sola para poder pensar tranquila y me parecía que. Y creo que todos pensábamos lo mismo: cómo estaría papá. Cómo no iba a entender estos tantos años sin poder ser una mujer. arreglando cosas. Yo creía que le pasaban por la cabeza las mismas cosas que a mí. Desde allí podía ver la casa y al Bichu. sentí que lo quería tanto al Bichu. con miedo de la reacción del Bichu. tranquilamente. En cambio el Bichu aún no se había levantado. seguramente más nerviosa que yo. Yo pensé que traería mala cara pero parecía de lo más tranquilo y.XIII Ese domingo me desperté muy temprano y. créanme. cuando me daban estos . de un lado para el otro. Estabamos en lo mejor de la charla cuando mamá salió del dormitorio. pensaba que no solo los viejos se ponen llorones porque. Llegué y me encaramé en el travesaño superior. parecidas. floreado. miraba al Bichu. es cierto. mamá. El día estaba fresco. con el Cachón echado junto a él. Pero mamá. pero había poquitas nubes. así porque sí. junto a Mecha y el Bichu. sin dejar de agradecer los piropos del Chiquito. mamá ya estaba levantada. Mamá la recibió como si no la hubiese visto por un año y yo vi que Mecha también estaba emocionada. o. siempre trabajando. como en una de esas postales que guardábamos. Se había puesto un vestido nuevo. así que salí a caminar rumbo a la tranquera. Había en el aire una quietud que me hacía sentir bien. Temprano llegó Mecha con el Chiquito. El Bichu la miró. sin embargo. a esa hora. participó de las novedades que contaba Mecha. Después de que mamá se fuera para el pueblo nos quedamos medio silenciosos y pensativos. nomás. Pero yo. XIV Creo que todos nos sentimos aliviados. A pesar de que andaba tan huraño desde el accidente y que hablaba poco. A veces. En eso salió el Bichu del cuarto y fui a prepararle el mate porque no le gustaba cuando ya estaba medio tibio. también. sentado. o con el Cachón en la falda. y tenía un aspecto tan feliz que me emocionó. para mí estaba tan cerca que muchas veces me daban ganas de abrazarlo. Dejamos que mamá se arreglara para ir hasta el pueblo a buscar a papá y nos dedicamos a contarnos nuestras cosas de estos días. a su manera. Porque yo estaba contenta por la vuelta de papá pero con algo de extraño por lo del hijo y. porque siempre estuvo a la altura de su condición y no se iba a permitir jamás algo que ofendiera a la familia. tocándose la cara. por lo menos. que las manos le viajaban. aunque seguro que ya estaba despierto.

lo que lo afeaba más. medio týmido. — Cómo anda. Pero. del Fiat. que quien sabe si podría formar una familia. Para que lo fuera tendría que ganársela trabajando bastante y corrigiendo las cosas del pasado. me asusté de no sentir tanta emoción como me había imaginado. sin dejar de pensar en el Julián. Me decía a mí misma. por la forma en que se comportaba. yo tenía que reconocer que. Y vaya a saber cómo iría cambiando yo. Me dije que Mecha y yo teníamos suerte con la vida que nos tocaba. papá me pareció más bajo de lo que recordaba. qué sé yo. mientras lo veía entrar. tan retraído y callado. Sobre todo cuando vi que me sonreía de una manera que no creo haber visto nunca. en el lugar del Bichu. o no. al ver nuevamente a papá. no teníamos manera de entendernos. A lo lejos. A mí se me hacía como una revelación el paso del tiempo y el cambio que se produce en la manera de ser de la gente. Miraba al Bichu y me acordaba cuando era chiquito y corría por allí. Yo estaba dispuesta a darle esa oportunidad a papá. lo bueno y lo malo. sin darme cuenta. pensaba algo parecido. de la mano de mamá. especialmente en la parte de adelante. o andaba a caballo y me parecía mentira que las cosas fueran de otra manera y que no se pudiera volver atrás. si dejamos nuestro lugar. y creo que. Estaba avejentado y le faltaban algu~os dientes. y cómo me verían las demás personas. O peor. pobre. que el Bichu le haga desprecio. Por lo pronto. así que volví corriendo para la casa. Que las cosas son así. A decir verdad. con el nene. pero. Mecha. XV Esa noche. créanme. quien sabe. Y claro. esa tristeza de infancia lo hubiera vuelto así. Me gustaba el Julián pero. Esta no era su casa. Aunque hubiera que trabajar y aunque papá y mamá se pelearan y esas cosas. vi el Fiat. alguien lo puede ocupar. con precaución y cortesía. pobre. se me hacía que extrañaba todo lo de ese tiempo. m'hijo — . así que estaba curtido de estar solo y no deberle nada a nadie. Lo que sentí fue una cosa muy rara y que tiene que ver con esas ideas de los cambios en las personas y del tiempo que antes contaba.estados. visto desde ahora. inclusive papá. como si no fuera su casa. aunque no nos gusten. era que lo más difícil sería con el Bichu. Y que. Me dio vergüenza pensar de esta manera pero sentí como una superioridad sobre él. Ojalá pudieran entenderse mejor. pero al regresar tenemos que volver a ganarlo c• mo si nunca lo hubiésemos tenido. mientras preparábamos la cena con Mecha. Nunca había tenido una familia. me preocupaba porque papá también había sido huérfano y. cuando estábamos todos juntos y podíamos jugar y divertirnos. Se había bajado. que no había maldad en mi pensamiento. la vuelta de papá tampoco me hubiera gustado. mientras bajaba. esa parte de su carácter. con el nene agarrado como si fuera un muñeco. Estas cosas le había contado al Julián pero él no entendía mucho. No vaya a ser que papá haya decidido volver para pelearse con el hijo. ni en mi vida. Pero. y luego sentarse en la mesa como si fuera un invitado. sentía un cosquilleo en el estómago y se me ponía la cara caliente y tenía que reprimir las ganas de llorar. En cambio el Bichu. ese es el punto. saludar al Chiquito y a Mecha con un abrazo. Pero si había algo en lo que todos estábamos de acuerdo sin necesidad de mencionarlo. y caminó hasta nosotros.

porque le veía los rasgos de la Nucha y. duro y parejo. aunque todo parecía lo mismo. Mamá se arregló tan linda para esa ocasión que papá quedaba deslucido. antes de contestar. pobre viejo. era muy bonito pero. que Dios me perdone. a la tardecita. con el braserito y el mate y las galletas. con el Chino. conservaba esos momentos. Todo seguía así. al costado de la casa. al que papá le decía Chino. El Bichu no dijo nada de la comida y yo sentí como si me hubiera dicho un piropo. se nos fue yendo la noche. no me hacía bien recordar esos tiempos. Y yo me sentía sola y como a la espera de algo. nomás —dijo. XVI Así también pasaba el tiempo y. El silencio fue interminable. estrechando la mano de papá. en el fondo. Serví la cena y comimos en silencio. Mecha ya tenía una nena. igual pero distinto. en el Fiat y el Bichu y yo nos quedamos solos. sin esperar. Se fueron. El pobrecito Cachón se había muerto. mamá lo trataba como si fuera de él y entendí que esa era su manera generosa de tratar de arreglar las cosas. leía el Intervalo. Tenía los ojos enrojecidos. El Bichu miró a mamá. así.dijo papá. Julián se había ido. Luego. sentado a la mesa. grandota. sin los dientes y un poco duro en la ropa nueva. y también del Chino. Me puse a cocinar mientras el Bichu. que se había muerto hacía un par de años. de puro viejo nomás. que no daba trabajo. Así. de la mañana a la noche. para que papá y mamá tuvieran una diversión juntos. Cuando el casamiento de la nieta de Don Sarmiento. nos invitaron pero. yo no podía apreciarlo. que era lo único que leía y que ya lo debería saber de memoria. de abombado que era. extendiendo la mano y con el nene al lado. con cuidado. con los ojos del Chiquito y buenita. Por lo menos yo pensaba así porque el Bichu no dijo nada y nadie podía saber lo que pensaba. el Bichu y yo preferimos no ir. El nene. Papá se incorporó al trabajo y se esforzaba. – Bien. servimos la cena y se habló de cosas sin demasiada importancia. Mamá estaba muy pendiente de él. digo yo. en el invierno. . generalmente por la tarde. El Bichu hablaba menos que antes pero. sin saber qué. Y eso fue todo. hablando como creo que nunca nos había pasado. éramos muy distintos. En cambio. a solas con mamá. para no lastimarnos sin sentido.