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Toque de Su Gloria

El documento habla sobre la experiencia del autor con el Espíritu Santo y cómo lo transformó de sentirse como un "tiesto roto" sin valor a alguien preciado para Dios. También describe cómo el Espíritu Santo ofrece consuelo, perdón y cambio, y busca llevarnos a una mayor comunión con Dios a través de su unción y gloria, la cual nos transforma. Finalmente, explica algunas de las cosas que el Espíritu Santo hará por nosotros si buscamos su compañía, incluyendo darnos
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Toque de Su Gloria

El documento habla sobre la experiencia del autor con el Espíritu Santo y cómo lo transformó de sentirse como un "tiesto roto" sin valor a alguien preciado para Dios. También describe cómo el Espíritu Santo ofrece consuelo, perdón y cambio, y busca llevarnos a una mayor comunión con Dios a través de su unción y gloria, la cual nos transforma. Finalmente, explica algunas de las cosas que el Espíritu Santo hará por nosotros si buscamos su compañía, incluyendo darnos
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Un toque de Su gloria – Él viene para restaurarnos.

Si hay un texto en la Biblia con el que yo pueda describir como era mi


situación personal y espiritual cuando el Espíritu Santo comenzó a ser
real para mí, sin duda alguna ese texto es el Salmo 22:15: “Como un
tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has
puesto en el polvo de la muerte”

Los tiestos son trozos de recipientes, vasijas quebradas de barro que


se modelan luego de que se rompen para tratar de reutilizarse en fines
diversos. Estas vasijas de arcillas de barro, precisamente por el
material del que estaban hechas, no poseían demasiado valor en lo
económico.

El salmista se vale de esta figura para hacer referencia a aquellos que


son considerados como algo sin valor, como vasijas de barro sin
mucha importancia, arrojados por ahí como tiestos, como algo común,
ordinario, desestimado y que no sobresale. Ese era yo para cuando
Dios en su misericordia me hizo volver a la realidad de su gracia y a la
comunión con su Espíritu Santo. Pueda que esta sea también tu
experiencia.

Cuando el Espíritu Santo empezó su trato en mí, levantó mi


autoestima, trajo a mi vida el poder de la sangre de Cristo que limpia el
alma y quitó la piedra oscura de la condenación que oprimía mis
entrañas.

El alivio que se experimenta es indescriptible cuando te sientes libre y


perdonado de tus errores. Al igual que el buen samaritano, el Espíritu
Santo “Vendó mis heridas, echándoles aceites y vino, me llevó al
mesón y cuidó de mí” (Lucas 10:34, parafraseado). Por su palabra
trajo a mi vida textos como los siguientes:

“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te


amé…” (Isaías 43:4) “Estando persuadido de esto, que el que
comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionara hasta el día de
Jesucristo” (Filipenses 1:6) Y la estocada final lo logró con el siguiente
texto:
“Bien que fuisteis echado entre los tiestos, seréis como alas de
paloma, cubiertas de plata y sus plumas con amarillees de oro” (Salmo
68:13). Con esta escritura el Señor levantó mis ánimos alicaídos. Él
me estaba asegurando su amor y su proceso restaurador de tiesto roto
a “Paloma con alas de plata y plumas de oro”. En la Biblia la plata es
símbolo de purificación:

“Como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces” (Salmo


12:6) Al requerir ser purificado, Dios así lo hizo. Igualmente el oro es
símbolo de lo más apreciado, de valor y de importancia. Con esto me
estaba asegurando que me transformaría y que me haría alguien de
mucho valor para él. Y así ha sucedido, pues lo que un día comenzó
continúa aún hoy.

En razón de esto, puedo entender y comprender tus sentimientos de


derrota, de impotencia y de fracaso. Tal vez Satanás te ha susurrado
al oído que no eres nadie, que no mereces estar donde estás y hacer
lo que haces. Sí así es el caso, el Señor te dice hoy y ahora que aún él
tiene un propósito contigo y que le resultas de mucha utilidad.

Como sucedió con Juan Marcos y con tantos más, también puede
suceder contigo. La última palabra sobre nuestro potencial para Dios
la tiene él y nadie más. En este momento te puede resultar útil ir a tu
cuarto y pedirle al Espíritu Santo que te revele su presencia y que te
haga útil para el reino de Dios. De seguro él lo hará y “Levantará tu
cabeza porque él es tu gloria y tu escudo” (Salmo 3:3-4).

Un toque de su gloria que cambia

Tengo una gran pasión en mi vida: Seguir conociendo más y mejor al


Espíritu Santo como persona. Yo no busco sólo su unción, sino su
gloria. Verás, la unción es el poder manifiesto del Señor sobre
nuestras vidas, en tanto que su gloria es su presencia que cambia y
que transforma. La unció no cambia el corazón de los hombres, pero
su gloria sí lo hace:

“Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí


hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta la
gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
imagen, como por el Espíritu del Señor”. (2ª Corintios 3:17-18, énfasis
mío).

La unción y la gloria.

La unción es indispensable para la realización del ministerio al que el


Señor no haya llamado. La efectividad de dicho llamado dependerá en
gran manera del toque de la unción de Dios que tengas sobre tu vida.
Pero su gloria, es lo que nos ministra de forma individual, lo que nos
llena, nos cambia.

Su gloria es su rostro, su comunión e intimidad. Es cuando él


comienza a revelarnos sus atributos, su esencia, su carácter, lo que
es, lo que hace y lo que siente. Su gloria son sus aspectos más
íntimos que él revela a aquellos que se apasionan en conocerle.

Su unción es su poder manifiesto para “Pudrir todo yugo” (Isaías


10:27), es su dedo y su mano que sana, libera y bendice (Lucas 9:1-
2; 11:20). Para que su unción venga deberás ser lleno de su
presencia; pero para que venga su gloria será necesario que aprendas
a “morir a ti mismo” (Lucas 9:23; 1ª Corintios 15:31). De hacerlo,
descubrirás que la intimidad “desnuda” a la deidad.

Mientras que con la unción ministramos a otros, su gloria nos ministra


a nosotros. Cada toque y cada encuentro con él son para cambiarnos.
Querrás ya no perder tu tiempo en simplezas y bagatelas, sino que
desearás estar en plena comunión con el Espíritu Santo, meditando y
aprendiendo de su Palabra la que te llevará a conocerle aún más.

Un toque de Su gloria – Lo que él hará por ti.

Aún cuando éste mensaje está enfocado a la juventud, no por ello deja
de serle útil a todos los cristianos de cualquier edad. El Espíritu Santo
desea que tengamos comunión con él:

“¿O pensáis que la escritura dice en vano: el Espíritu que él ha hecho


morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4:5).
El Espíritu Santo viene para llevarnos a una mayor comunión con el
Padre y con el Hijo. Él nos revela la Palabra, nos alienta, nos imparte
su unción y está presente en cada circunstancia de nuestras vidas; él
es el más grande amigo que no nos abandonará.

Si de veras le anhelas y le buscas él provocará en tu vida lo siguiente:

 Te sacará de errores intencionales y de omisión (Salmo 19:12)


 Destronará tu soberbia y te llevará a ser humilde en tus actitudes
(Salmo 19:13-14)
 Producirá cambios evidentes en tu espíritu que tendrán
connotaciones en tu conducta (2ª Corintios 3:17-18)
 “Morirás” a tu yo, a tu orgullo y jactancia personal para dar paso
a la humildad y a la sencillez de corazón (Números 12:3; Mateo
11:29)
 Será tu mejor confidente y te revelará siempre la verdad (Juan
16:13-14)
 Te hará revelaciones profundas tanto de su gloria y de su
carácter como del propósito que tiene Dios contigo (1ª Corintios
2:6-12)
Hará arder en ti el fuego de su santidad y sentirás como si algo dentro
de ti fuera una hoguera (Jeremías 20:9; 2ª Timoteo 1:6).

Te hará llevar fruto que permanezca (Juan 15:4-8).

Te investirá de un gran deseo por la oración (Romanos 8:26-27). Ya


no querrás saber nada del pecado (Romanos 6:6-14).

Despertará en ti una gran pasión por los que aún no han conocido a
Jesús como Señor y salvador (Romanos 10:13-15; Ezequiel 3:18-21)

Te honrará con dones y ministerios para que le sirvas mejor (1ª


Corintios 12:1-31; Efesios 4:11-12).

Te ungirá con aceite nuevo las veces que sean necesarias para que
cumplas a cabalidad tu llamado (Salmo 92:10).
Te llevará a rechazar de plano todo lo que te pueda estorbar para ser
santo (1ª Tesalonicense 5:23; 1ª Pedro 1:14-16).

Despertará en ti un gran amor sincero por el cuerpo de Cristo que te


identificará como un verdadero discípulo (Juan 13:35; 1ª
Tesalonicenses 3:11-13; 4:8-10).

Te convertirá en una persona honrada y trabajadora (1ª Tesalonicense


4:11-12).

Te hará a amar y a desear la pronta venida del Señor Jesucristo (2ª


Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:17).

Te hará deleitar en las Sagradas Escrituras, las que te revelarán la


voluntad de Dios para ti (Salmo 119:18, 97-104).

El Espíritu Santo te revelará su esencia como persona (Job 42:5-6),


haciéndote entender sus emociones (Efesios 4:30), su voluntad (1ª
Corintios 12:11), lo que tiene en su mente (1ª Corintios 2:10-11), como
él nos guía (Romanos 8:14), nos enseña – ¡Y que Buen Maestro es! –
(Juan 16:30), intercede (Romanos 8:26), redarguye (Juan 16:8) y
consuela (Juan 14:16-17).

En ocasiones, sentirás que hay “Alguien” junto a ti y será tan real que
a veces irás a dar al piso derribado por su poder (Hechos 8:29,
39; Juan 18:4-6)

Te llevará a honrar al Padre y al Hijo con tus palabras y con tu


conducta (Juan 16:13-15; 14:17; Mateo 12:34-37)

Hará de ti un poderoso testigo del Señor Jesucristo (Hechos


1:8; Mateo 10:16-20)

El secreto de la comunión.

Todo lo anterior es posible cuando empiezas a desear la comunión


con el Espíritu Santo, lo buscas y esperas en su presencia. Tú orarás
siempre al Padre en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo será el
encargado de poner las palabras en tu boca para que ores. Luego él
se encargará de reportarte las bendiciones que el cielo haya dispuesto
para ti.

Con el Espíritu Santo podrás dialogar, honrarlo, reírte, compartirle tus


penas, tus alegrías, tus triunfos, tus derrotas (si es que las hay) y
todas tus emociones. Háblale de ti, de esa chica o chico que te
interesa, de tu esposa, de tu esposo, de tus hijos, de tu negocio, de tu
trabajo, de tu ministerio, de tu empresa, de tus sueños y de todo
cuanto desees compartirle.

Él sabrá oírte y te guiará en cada paso que des y cada decisión que
tomes. Nunca olvides que él siempre estará allí, esperando por
encontrarse contigo. Vivirás en carne propia la experiencia que Isaías
y cientos de cristianos en todos los tiempos también han vivido:

“Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras


al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para
que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no
fui rebelde ni me volví atrás” (Isaías 50:4-5).

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