ANÁLISIS DE RECURRENCIAS Y CONVERGENCIAS:
• En la medida que vamos registrando el análisis, aparecen ciertos indicadores que se
repiten o convergen en un mismo signo diagnóstico. Esos indicadores podemos encontrarlos
en las diferentes entrevistas realizadas con la familia, en las entrevistas con la escuela, en las
conversaciones con el niño (en sus expresiones gráficas y lúdicas; en la creación de historias
tanto orales como escritas que le solicitemos; en su desempeño en las pruebas cuantitativas
como WISC, Bender etc).
• Esos indicadores tienen diversos significados cuando analizamos por ejemplo, las pruebas
proyectivas. Pero si hacemos una lectura general, logramos hipotetizar sobre el sentido que
tendría para “ese sujeto en particular”.
• Ejemplo de indicadores en las pruebas proyectivas gráficas:
• DIMENSIÓN PEQUEÑA: sentimientos de inadecuación, retraimiento, inferioridad,
ansiedad, vergüenza y autocontrol (Hammer)
• EMPLAZAMIENTO INFERIOR IZQUIERDO: Impulsividad, satisfacción inmediata, Inseguridad.
• TRAZO ENTRECORTADO: ansiedad, timidez, falta de autoconfianza, vacilación en la
conducta y en el enfrentamiento con situaciones nuevas.
• BORRADO: conflicto, falta de confianza.
• Podría haber convergencias por ej: TAMAÑO EXPANSIVO o ACCESORIOS (muchos detalles
no pedidos agregados) como mecanismos compensatorios de formación reactiva (responder
de manera opuesta a aquello que percibo de manera inconsciente como peligroso o
desplazamiento de aquello que se percibe como peligroso a algo mas bien acceptable).
Cuando llegamos al final de una evaluación diagnóstica ya estamos,
seguramente, en condiciones de encontrar aquellas características que
representan a ese niño en su individualidad.
¿Para que me sirve analizar las recurrencias y convergencias?
▪ Para reconocer la sintomatología de lo que le sucede y como lo despliega.
▪ Para conocer la capacidad del niño de autoconocimiento, de regular sus
emociones, su conducta etc,
▪ Para conocer la modalidad de vincularse que utiliza con adultos, familiares
y pares.
Para pensar objetivos de intervención que involucren aquellas áreas donde el
niño necesita trabajar, compensar o equilibrar a partir del abordaje específico
de “habilidades metacognitivas” (por ejemplo: reconocer y registrar sus
propias dificultades, generar mayor autonomía, anticipar y reconocer
mecanismos por ej: ansiosos y/o impulsivos; desarrollar mayor autoestima
etc)