Narcisismo en Lacan: Evolución y Conceptos
Narcisismo en Lacan: Evolución y Conceptos
De este modo, el narcisismo en Lacan defiende que la imagen reflejada de sí mismo constituye una
alienación fundamental, siendo el origen del yo ideal y de la relación con el otro.
El Narcisismo en Lacan
En este texto vamos a ver cómo el concepto de Narcisismo en Lacan evoluciona e sus
distintas obras.
Desarrollo
A. Narcisismo Primario
La vida erótica del sujeto a donde nos dirigimos para encontrar al Narcisismo. Las primeras
satisfacciones sexuales del niño, las autosatisfactorias, se experimentan en función de mecanismos
de autoconservación, son las pulsiones sexuales que hace el infantil sujeto en las primeras
elecciones objetales que, posteriormente, se independizan. Es decir, la autoconservación implica
una dosis de “egoísmo” (interés por la propia supervivencia) que, complementado con la libido, da
como resultado el Narcisismo. Podríamos decir, en principio y rápidamente, que el sujeto tiene dos
posibles objetos para elegir: él mismo y la madre.
El primer texto en el que Freud desarrolla su posición en referencia al Narcisismo es“Introducción
del Narcisismo”. Un Narcisismo que no tiene que ver con la perversión, sino que se presenta
como complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación en tanto
atributo propio de todo ser vivos.
Hay un dualismo que nace de la doble concepción de la existencia biológica: un sujeto, mortal que
tiene como objetivo a sí mismo (autoconservación) y otro sujeto inmortal, germinal, que es sólo
una parte en la cadena de la vida (más sencillo de ver en la actualidad, con la investigación
genética).
Partiendo de este dualismo, Freud propone, a nivel del desarrollo libidinal, un primer momento
que denomina Narcisismo primario, en el que no hay aún constitución del Yo, predominando el
autoerotismo. Paulatinamente las pulsiones sexuales comienzan a distinguirse de este momento
primario, aunque sostenidas primeramente en la satisfacción de pulsiones Yoicas. Aparecen de
este modo las primeras elecciones de objeto, que señalan un alejamiento de aquella
indiferenciación primera. La elección de objeto se hace de manera dual: anaclítica (en
dependencia emocional, inclinado hacia el ser de quien se depende, en particular la primera
relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto
de su madre), lo que coloca a la madre como objeto sexual; o una elección narcisista, de si mismo.
Recordemos que estas dos elecciones son llevadas a cabo por todo sujeto. Es la preponderancia de
una u otra la que determinará la estructuración posterior.
El Narcisismo primario se abandona con la constitución del ideal del Yo, resultado de la castración
y lo que resulta como consecuencia es la represión. El niño se resiste a privarse de la perfección
narcisista de su temprana edad y si no puede conservarla por las advertencias al respecto
recibidas mientras crecía y por su juicio propio, trata de recuperarla en el ideal del Yo. Obtiene
así un sustituto del perdido Narcisismo de su niñez. O sea que, tal y como veremos luego que
sostiene Lacan, el infante trata de no renunciar al deseo sino que la renuncia está dirigida mas bien
al goce, trasladándolo a la metáfora del ideal del Yo; habría así una castración al goce prohibido y
no al deseo. Esto es importante ya que este deseo será descargado ahora por otras vías
desexualizadas en su objeto, idealizadas, proceso que lleva el nombre de sublimación. También
surge la conciencia moral, instancia crítica que derivará más tarde en el superYo.
B. Amor, Odio y Narcisismo
En “Las pulsiones y sus destinos” Freud trae nuevamente el tema de la libido Yoica y la libido
objetal, ahora en relación al amor, al odio y al Narcisismo. En este texto describe al Narcisismo
como un estado en el que el Yo, al principio de la vida anímica, se encuentra revestido de
pulsiones y capaz de satisfacerse en sí mismo. En este estado Narcisista el Yo es indiferente al
mundo exterior. Es en la medida que aparecen estímulos displacenteros que dicho Narcisismo
empieza a desarrollar, bajo el principio del placer, las primeras relaciones al objeto, introyectando
objetos de placer, y alejando, por proyección, los que ocasionan displacer. De este modo se forma
el Yo de placer.
El amor, se inicia en un autoerotismo narcisista para luego dirigirse a objetos que se incorporan
con el entorno que le da placer (madre). Este amor, amor sexual, crece paulatinamente. Es en la
fase oral, primera etapa del desarrollo libidinal, donde aparece la relación a la ingesta como
mecanismo de identificación y vínculo erógeno. Este mecanismo conlleva enorme ambivalencia,
porque tiene que ver con la eliminación del objeto por la misma deglución. Surge luego la
aspiración al objeto en forma de dominio, la fase sádico anal, otra vez la ambivalencia está
presente, esta dominación acarrea un grado de indiferencia al objeto. Es en la organización genital
que el amor pasa a identificarse como contrario al odio. Un Odio que es anterior al amor.
A nadie puede caberle duda alguna que hay un antes y un después del Psicoanálisis,a partir
de “Más allá del principio del placer”. El postulado de Freud apropósito de la compulsión a la
repetición pone en cuestión su propia hipótesis, revisando y re definiendo su teorías. “Mas allá…”
cuestiona que el aparato psíquico se rija bajo el Principio del Placer partiendo de la observación de
pacientes con neurosis traumática, en los que advierte angustia en la repetición de un recuerdo. La
pregunta que Freud se plantea es acerca de ¿Que hace en estos pacientes que la descarga sea
displacentera…?. Critica aquí nada menos que el principio económico en que él mismo estaba
basando el Psicoanálisis. A partir de este momento los opuestos, “pulsiones Yoicas y pulsiones
sexuales”, se empiezan a llamar “pulsiones de vida y pulsiones de muerte.”
Freud sostiene a partir de aquí que el aparato psíquico está soportado por un mecanismo anterior a
los postulados hasta ahora y del que el sujeto da cuenta en su recorrido libidinal de manera
conservadora y regresiva. Hablo de la Compulsión a la Repetición, mecanismo por el cual el sujeto
repite estados y de este modo recupera el dominio sobre algunos estímulos. En los casos
de neurosis traumáticas, Freud observó que esta compulsión era rememoración del acontecimiento
traumático.
“For-Da” es un claro ejemplo de cómo, en un niño y el carretel que utiliza como juego, se
simboliza la angustia del aparecer y desaparecer de la madre. Es esta repetición la que permite
elaborar la angustia pasando de la pasividad de la situación a la actividad; de este modo se
establece un reencuentro con una situación identificatoria y, lo que no es menos importante,
elaborarla y ligarla.
Esta observación de Freud en su propio nieto resulta fundamental en la clínica, las huellas
mnémicas reprimidas de vivencias primordiales no perduran ligadas y en algunos casos son
insusceptibles al proceso secundario. La compulsión a la repetición en el paciente implicaría
entonces, no sólo la repetición de un estado de cosas, sino que también la imposibilidad de
efectuar posteriores ligazones y, por lo tanto, un posterior desarrollo hacia el proceso secundario.
El problema de la compulsión a la repetición y la consecuente puja entre las pulsiones de vida y las
pulsiones de muerte, estaría entonces, no en un repetir un estado de cosas (que claramente es un
mecanismo infaltable en todo momento del desarrollo) sino, en el predominio de una compulsión a
tal punto que bloquea el desarrollo de las pulsiones sexuales (en el caso del niño y su juego del
carretel, la repetición tendría una justificación positiva que diferiría en mucho de la estereotipia del
paciente y su patología).
Sin embargo Freud no se queda en el ámbito de lo psicológico, sino que avanza en sus
especulaciones hacia el campo de la biología, hace alusión a un estado antiguo, inicial, en el que
nada perturba, dejado una vez lanzado a la vida y al que pretende volver, de modo tal que la meta
de vida es la muerte porque de allí se viene. Esta es una concepción, muy parecida a la que tiene el
Budismo, la de un estado cero al que se tiende (Principio de Nirvana), es donde estaría situado el
Narcisismo primario. Sintéticamente, y como yo entiendo la concepción de Freud, se podría decir
que la vida comienza en el paradojal acto por el que lo inorgánico establece una acción opuesta a
sí mismo para retornar a su propio estado originario.
En este modelo las pulsiones de autoconservación, Pulsiones de Muerte, Tánatos, son pulsiones
parciales, que aseguran al organismo una muerte a su modo, generandose así la contradicción por
la que un ser vivo lucha con el peligro que podría ayudarlo a alcanzar rápidamente su mortal
meta. En oposición, encontramos a las pulsiones sexuales, cuya característica es ligar y cohesionar
a la sustancia viva, por lo que toman la denominación de Pulsiones de Vida, Eros. Su forma más
simple estaría representada por la fusión de dos cuerpos celulares, que les aseguraría la
inmortalidad.
En “Psicología de las masas y análisis del Yo” Freud destaca el carácter social de las pulsiones de
vida, por las cuales cohesionan diferentes partes y permiten el desarrollo, restringiendo de esa
forma la agresividad propia del Narcisismo, característico de las pulsiones de muerte. El amor
actúa como valor y mandato cultural, imponiendo la transformación del egoísmo en altruismo.
Esto vale para el amor sexual por el sexo opuesto, como para el amor por el mismo sexo, amor
homosexual sublimado. Dicho amor en forma de ligazones libidinales tendría sus comienzos en las
primeras relaciones establecidas por el niño con la realidad, o sea, en la familia. Este modelo será
trasladado luego a las diferentes instituciones tales como el ejército o la iglesia y consta de dos
tipos de ligazones: uno hacia el lider, derivado del paternal y uno con la masa de “iguales”,
derivado de la fratria. Ambos ligazones implican un compartir ese mismo líder por parte de un
conjunto de individuos; esto sería posible gracias a la anterior adquisición del Ideal del Yo en el
Complejo de Edipo.
C. Ideal del Yo, Narcisismo Secundario, Cultura y Super Yo
La adquisición del Ideal del Yo no implica la desaparición del Narcisismo ni mucho menos. El
Ideal del Yo es heredero del Narcisismo Primario. La ilusión de completitud y la autosatisfacción
del Narcisismo Primario son remplazadas por sublimaciones con metas sexuales sin la inmediatez
del amor y el ingreso a la cultura. Es el Ideal del Yo, basado en el Complejo de Edipo (prohibición
de incesto) y en una nueva identificación, de carácter simbólico (ideal del Yo), lo que produce el
ingreso al Narcisismo Secundario y a esa cultura, una cultura en la que el Supero Yo cumplirá su
papel protagónico y son las pulsiones de muerte las que intervienen en la instauración de ese Super
Yo que viene a reprimir ciertas pulsiones libidinales por mecanismos tanáticos, dando lugar a al
orden repeticiones que provocarían “desexualizadas” sublimaciones de la libido, permitiendo la
entrada al orden simbólico de la cultura. En este proceso podemos observar como una libido de
objeto se transforma en libido narcisista, sublimándose, y operando una nueva búsqueda
gratificatoria, ya no a nivel primario, sino como Narcisismo Secundario.
D. Estadio del Espejo: Moi (Yo del Narcisismo)
Lacan explicará con su teoría del Estadio del Espejo, una correlación entre agresividad y
Narcisismo. Entre los 6 y los 18 meses el niño pasa por experiencias de carácter estructurante al
enfrentase con su imagen al espejo. Esta experiencia se convierte en la matriz del Yo para pasar a
organizar en relación a la identificación y a partir de ese momento presenta un destino alienado. Es
el cuerpo el principal medio en este proceso, es en el cuerpo que se resuelve la cuestión de la
“fragmentación corporal” en la que se ve inmersa la cenestesia (conjunto de sensaciones
independientes de los sentidos que produce el sentimiento general de la existencia) del niño, hasta
conseguir una imagen de “totalidad”. Es de esta observación de Lacan de la que nos podemos
valer para elucidar algunos síntomas observables en cuadros como histeria, paranoia, etc. El niño
forma su imagen a partir de la imagen del otro armando un sentimiento de perfección y que
además, esta alienación en el exterior de su cuerpo genera agresividad. Lacan define así
características paranoicas en el Yo. El niño configura una imagen de si mismo o Yo ideal del Otro,
en el deseo de la madre, construyendo su propio Yo y, por lo tanto, entrando en el Narcisismo
Primario. El Narcisismo para Lacan inicia con la constitución del Yo ideal.
E. Del Falo que se es al Falo de Intercambio
Lacan retoma la cuestión profundizando la importancia del campo de lo simbólico. En una primera
instancia estaría el movimiento bascular por el cual el niño constituye su imagen narcisista
mediante el reconocimiento de su cuerpo en relación a la imagen que refleja el deseo de la madre
sobre él mismo, hay en esto variaciones respecto de lo que postula Freud en relación a los
fenómenos identificatorios: no es el niño el que provoca la identificación con su madre, sino que
es la madre la que produce el Yo del niño en tanto que es ella la que le dice lo que pasa. Es, en
tanto Otro, la que lee sus necesidades, las construye y le aporta códigos. Es con ese “igual” del
espejo que el niño se identifica y cree que es él. Es este proceso en el que el sujeto construye el
Narcisismo Primario, basándose en los significantes que la madre inscribe en su cuerpo.
En un primer Edípico momento, madre e hijo son “uno”. El chico, en el lugar del Falo, Falo de la
madre, a la que completa ilusoriamente. A posteriori, la castración, introduce al niño en lo
simbólico. El niño deja de estar en el lugar de algo que se es. Como resultado de la castración, el
niño descubre que no lo es todo para la madre. No era Falo sino que lo representaba en un juego
donde este circula como una posición. Entra el niño de este modo al orden simbólico tal y como
Lacan lo entiende.
La ley, ya no es ley materna. Mediante el lenguaje se construye la Función del Padre que viene a
cortar la simbiosis (Madre –fálica- / hijo –Falo-). El Falo queda, de este modo, más allá de
cualquier personaje, pasa a ser algo que se tiene, que se da y que se recibe, algo que se
intercambia.
En 1960 Lacan vuelve con al Estadio del Espejo, esta vez entendiendo la imagen especular como
imagen incompleta, debido a la naturaleza deseante del sujeto. Esta incompletud en la imagen
refiere nuevamente al Falo Imaginario, objeto de la pulsión que nunca se muestra tal cual es,
siempre estará envestida de imágenes que el sujeto se apropia en las identificaciones con su propia
madre.
Es rodeando la falta que se refuerzan las identificaciones, en derredor del Ideal del Yo y
desplegando los procesos del Narcisismo Secundario. Es rodeando esta falta que el sujeto se
consolida como hacedor de cultura, como humano insaciable en dirección permanente de la labor
sin terminar. Es precisamente el Falo lo que está al final, como causa en la cadena significante,
producida por cada sujeto.
El Yo se forma por la imagen del otro, está ligado a la imagen del propio cuerpo, tiene su origen
en el espejo, el Otro es su espejo. Es el lenguaje, como orden simbólico, lo que sostiene el
Narcisismo. El sujeto no preexiste al lenguaje sino que, justamente, es sujeto porque así es
determinado por el lenguaje.
F. Personalidad Narcisista
Me ocuparé en esta parte final del desarrollo de lo que se denomina Personalidad Narcisista a
partir del concepto de Otto Kernberg. Su posición deriva de la escuela de la psicología del Yo
americana, de un subgrupo de esa escuela que incluye una teoría de relaciones de objeto,
especialmente la que comenzó con Erikson y continuó con Jacobson y Mahler, que corresponden,
a la teoría de relaciones de objeto desarrollada tanto por la escuela Kleiniana, como por la escuela
“Independent Group” en Inglaterra.
Una autoestima regulada normalmente es la consecuencia de la integración del concepto de sí
mismo que depende de la capacidad de desarrollar lo que Melanie Klein definió como “relaciones
totales de objeto”, e integrar representaciones buenas e idealizadas con representaciones malas y
persecutorias de sí mismo. De esto resulta el concepto de Yo normal y este Yo normal es investido
libidinalmente garantizando un sentimiento de continuidad de la experiencia subjetiva, como el
valor que el sujeto tiene de sí mismo.
El narcisismo estaría así sustentado en la integración libidinal y agresión, en las representaciones
parciales de sí mismo, que están integradas en el concepto del Yo. El Yo (self), a la vez, tiene la
protección secundaria de la integración de representaciones significativas de otros, un mundo
interno de representación de seres queridos y que quieren, un mundo interno que da protección
libidinal.
El narcisismo normal también se protege con el SuperYo normal, su inconciente y conciente
moral que lo acepta, en tanto se acerca al Ideal del Yo y se aviene a las restricciones superyoicas.
Este SuperYo normal preserva al sujeto de excesivas reacciones autoagresivas.
El Narcisismo normal se protege también por la gratificación de sus impulsos instintivos, la
gratificación sublimatoria de impulsos agresivos y la gratificación de impulsos sexuales.
El Narcisismo Infantil es tomado por Kernberg como el primer grado de Narcisismo Patológico,
presente en toda la patología de carácter, en toda neurosis, ya que todo conflicto neurótico se basa
en una fijación de conflictos infantiles. En este sentido toda patología neurótica conlleva patología
narcisista. Hay una relación indisoluble entre Narcisismo y relación objetal, investidura de sí
mismo e investidura objetal, no puede separarse uno de otro y hay una oscilación, una alternancia
constante entre investidura de sí mismo y de objeto.
Hay, a partir de Kernberg y en relación a su perspectiva del Narcisismo, patologías que hasta aquí
he mencionado, son las llamadas Personalidades Narcisistas. Su gravedad reside en la frecuencia
con que se presenta y en que afecta fundamentalmente la capacidad de las relaciones amorosas,
función vital en todo sujeto. El sujeto de Estructura Narcisista tiene un mundo interno devastado.
Establece un Yo grandioso, patológico, basado en la condensación de imágenes idealizadas de si
mismo y de objetos externos. Por otra parte no logra integrarse, predominan en él las estructuras
agresivas y persecutorias del SuperYo, difíciles de tolerar debilitando ese SuperYo que pierde la
función protectora del Narcisismo del Yo. El Yo es así patológicamente grande y queda en
constante peligro de vérselas con la realidad. Hay en la Personalidad Narcisista un mundo de
relaciones internas al objeto verdaderamente paupérrimo, el sujeto queda desprovisto de toda
capacidad de gratificación narcisista y con su autoestima en peligro permanente, oscilante entre
una habitual omnipotencia y crisis de sentimientos de inferioridad.
La envidia, consciente o inconsciente, es un afecto importante de la Personalidad Narcisista. El
Yo, patológicamente grande, preserva, insuficientemente, a estos sujetos de la envidia, por lo
menos de la envidia inconsciente. Y digo que la protección es insuficiente porque, generalmente,
no los libra de una envidia del orden de lo consciente.
Enumero a continuación, algunas de las características de estas Personalidades Narcisistas en las
que, como vimos, existen alteraciones Superyoicas moderadas:
Amor patológico de sí mismos con grandiosidad.
Sensación de tener derechos de privilegio.
Exhibicionismo.
Exageración de la importancia de las aspiraciones personales.
Dependencia excesiva de admiración de los demás.
Superficialidad personal por la falta de integración en profundidad del sí mismo y de
representaciones de los demás.
Oscilación entre grandiosidad e inferioridad.
Amor patológico caracterizado por idealizaciones transitorias.
Devaluación.
Incapacidad de depender (porque necesitan que los admiren, pero no pueden realmente
depender por no poder tolerar profundamente el hecho de necesitar a aquellos de quienes
dependen).
Falta de empatía con los demás.
Dificultad en someterse a relaciones en profundidad.
Incapacidad de experimentar tristeza.
Si se deprimen, es una desesperación profunda, y primitiva.
Tendencia a graves alteraciones del estado de ánimo.
Predominio de Una cultura de vergüenza sobre una cultura de culpa.
SuperYo de valores infantiles.
Pero hay otros casos de Patología Narcisista en que las alteraciones del SuperYo son mucho más
graves, pacientes con una definida conducta antisocial. Sujetos en que la agresión no es reprimida,
no puede disociarse o proyectarse como en las estructuras narcisistas que funcionan mejor; vuelve,
infiltrando el Yo patológico grandioso. Se trata de un mayor predominio cuantitativo de la
agresión en conflictos inconscientes profundos, de un predominio del odio como Estructura
Caracterológica, es lo que Kernberg describe como Psicopatología del Odio.
Este predominio de la agresión lleva a que el SuperYo prohibitivo se tolere mucho menos aún. El
SuperYo pasa a ser sumamente sádico y se proyecta en forma de tendencias paranoides que lo
debilitan y tolera así la conducta antisocial, la agresión invade el Yo patológico grandioso y se
produce una autoadmiración en cuanto a la agresión, ya no es simplemente ser el más lindo o el
mejor, sino el más cruel, el que menos teme al dolor y a la muerte.
Hay en estos sujetos agresión egosintónica, sadismo caracterológico que puede estar también
dirigido contra sí mismo. Está convencido de su superioridad al resto.
Esta Personalidad Psicopática, combinación de estructura narcisista, tendencias paranoides,
tendencias antisociales, sadismo caracterológico o automutilación crónica, constituye lo que
Kernberg llama Síndrome de Narcisismo Maligno, que es la forma más grave de las
Personalidades Narcisistas.
Conclusión
Queda claro después de todo lo expuesto que el Narcisismo no necesariamente es patológico, sino
que en su forma normal es esencial en la construcción del aparato psíquico. Desde la concepción
psicoanalítica, el Narcisismo es un avatar inevitable en la constitución del sujeto.
Pero si, como hemos visto, existe más de una concepción acerca del origen de este Narcisismo,
nos podríamos preguntare entonces, si estas dos concepciones no son contradictorias…
Tomemos el concepto de Narcisismo Primario. Un Narcisismo Primario como estado originario de
carácter intrauterino, omnipotente, de completitud, un estado sin fallas en el que nada perturba.
Esta es la Freudiana posición que daría una relación entre Narcisismo y Autoerotismo. Por otra
parte tenemos la noción Lacaniana en la que el Narcisismo se establece con la emergencia de un
Yo, posible solamente mediante un vínculo. El Narcisismo originaría entonces en el momento en
que se establece el Yo, lo que implicaría la constitución de este como unidad, posible solo en la
construcción del vínculo con la madre. Anteriormente a este momento de constitución narcisista
no encontraríamos ese “nirvánico” estado descrito por Freud sino que para Lacan se trata de un Yo
fragmentado y sin unidad.
El punto de encuentro creo que tiene que ver con que para Freud el elemento más importante que
viene a perturbar el Narcisismo Primario es nada menos que “Complejo de Castración”, mediante
el cual se opera el reconocimiento de una falla y que va generar el deseo de reencontrar esa
narcisista perfección. Así la deferencia entre Freud y Lacan es sólo del orden de la dirección que
tomo cada uno en el recorrido del tema, del acento puesto por cada uno en determinados aspectos
de la misma problemática.
La última tópica del desarrollo de este escrito nos lleva a concluir que si para Kernberg el
Narcisismo Normal se sustenta en la integración subyacente entre libido y agresión, y el
Narcisismo Patológico está basado en la incapacidad de esta integración, esa incapacidad tiene
varios aspectos: represión, disociación, proyección en la estructura narcisista habitual; infiltración
de las estructuras del SuperYo y del Yo por agresión en el narcisismo maligno; y destrucción total
de la estructura del SuperYo y de las capacidades de investidura libidinal en la personalidad
psicopática.
Lo que Kernberg define como Síndrome del Narcisismo Maligno tiene como característica
principal la conducta antisocial, una Estructura Narcisística sin capacidad de identificación de
valores morales, sin capacidad de sentimientos de culpa, en definitiva sin compromiso a ningún
otro, sin absoluto registro de ningún otro como semejante. Hay en este tipo de sujetos algo del
orden de la ley que no rige, una Función Paterna que no operó y los dejó, fuera del, nada menos,
tan indispensable orden simbólico, en la relación al otro como semejante.
Bibliografía
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14. LACAN, J. (1957/8) Las formaciones del Inconsciente (Seminario V) Paidos, Buenos Aires. 1998.
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17. http://www.salvador-dali.org
18. http://www.escueladeletras.com
La teoría del deseo de Jacques Lacan, tal como les introduje el post anterior, parte de la
teoría freudiana según la cual el yo es el reservorio de la libido que se distribuye entre los
diferentes objetos de deseo. Recordemos que el deseo aquí, partiendo de esta noción
freudiana, quedaría situado en el registro imaginario. Estamos hablando del concepto de
deseo que en este momento de la enseñanza lacaniana, queda vinculado a lo imaginario.
Es decir, hay una relación del yo con sus objetos de deseo, que no son otros que los objetos
que le interesan, objetos que libidiniza.
Pero Lacan advierte también que no hay que olvidar el hecho de que el yo se vincula
con el narcisismo. Es decir, que la libido tiene su fuente en el yo. Y que el yo se vincula a
la teoría del narcisismo, por lo que ya hemos visto de la constitución el yo en el Estadio del
Espejo (pueden visitar otros posts vinculados al tema en este mismo blog)
Entonces podemos decir -siguiendo la lectura de Jacques-Alain Miller en su curso Donc-
que antes del Seminario 4 («La relación de objeto») Lacan tenía una posición al respecto
que es la siguiente: No olvidarse de que la teoría del yo está vinculada al narcisismo
(yo=yo). Esta es una posición que Miller lee de Lacan, también en los Escritos (p.47 de los
Escritos).
En ese texto Lacan menciona la cuestión del enamoramiento, más bien, la naturaleza
narcisista de ese enamoramiento: enamorarse de su propia imagen. En Freud, el amor, el
rechazo, el enamoramiento tiene radicalmente una naturaleza narcisista. Entonces la
advertencia de Lacan es que ¡ojo!que la libido depende del yo, el yo es su fuente; a la vez el
yo depende del narcisismo (en tanto el yo se funda en esa relación narcisista). Esto significa
que todo lo que se reprime es lo concerniente a la castración, por lo que Lacan se alejará
más de la castración cuanto más relevancia le da a lo imaginario. Lacan insiste en ese texto
en que el sujeto siempre le impone al otro la imagen de su yo. Y es por eso que dice que
después de Freud, el psicoanálisis se trató de «la historia natural de formas de captar el
deseo». Es decir, los efectos de la captura del deseo en términos imaginarios. El problema
está en que el deseo se reconoce a las imágenes que lo cautivan y capturan.
Miller dice que a Lacan el término de «deseo» es más bien hegeliano que freudiano; pero
que sea como sea, la cuestión es que cuando Lacan habla de deseo lo hace sobre el eje
imaginario: un deseo cautivado por la imagen. Pero ya cuando se produce ese movimiento
en la enseñanza de Lacan en el que se da ese desdoblamiento al eje simbólico, ya el deseo
tiene otro estatuto: «el deseo de reconocimiento». Este es un concepto de Kojève que
Lacan retoma por la exigencia que requería esta teoría del deseo. El reconocimiento en
tanto aval del Otro. Es decir, el deseo se asume cuando hay Otro que garantiza ese deseo.









