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Narcisismo en Lacan: Evolución y Conceptos

El documento discute el concepto de narcisismo según Jacques Lacan. Lacan ve el narcisismo como producto de la alienación en la imagen reflejada en el espejo, que constituye el yo ideal y la relación con el otro. Lacan analiza el narcisismo en varios de sus seminarios desde 1954 hasta 1963, viendo la formación del yo y la importancia de la dimensión imaginaria. Define dos tipos de narcisismo y ve la angustia como resultado del agujero en la propia imagen que intentamos llenar con objetos de deseo.

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Narcisismo en Lacan: Evolución y Conceptos

El documento discute el concepto de narcisismo según Jacques Lacan. Lacan ve el narcisismo como producto de la alienación en la imagen reflejada en el espejo, que constituye el yo ideal y la relación con el otro. Lacan analiza el narcisismo en varios de sus seminarios desde 1954 hasta 1963, viendo la formación del yo y la importancia de la dimensión imaginaria. Define dos tipos de narcisismo y ve la angustia como resultado del agujero en la propia imagen que intentamos llenar con objetos de deseo.

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El Narcisismo

El narcisismo según Sigmund Freud sería un equivalente a lo que hoy denominamos autoestima.


Es un concepto fundamental para la explicación metapsicológica de la melancolía, para
comprender la construcción del ideal del yo, el yo ideal y el superyó, y para comprender la
identificación.

De este modo, el narcisismo en Lacan defiende que la imagen reflejada de sí mismo constituye una
alienación fundamental, siendo el origen del yo ideal y de la relación con el otro.

El Narcisismo en Lacan
En este texto vamos a ver cómo el concepto de Narcisismo en Lacan evoluciona e sus
distintas obras. 

Jacques Lacan, nacido en París en 1901, y fallecido allí también en 1981. 


Jacques Lacan sitúa el momento de formación del yo con el estadio del espejo, donde el yo se
vive como unidad y se identifica con la imagen de un otro. La prematuridad, la inmadurez, que
encuentra en esa imagen reflejada de sí mismo, será fuente de agresividad y celos. Lo que hace del
estadio del espejo un registro imaginario, sin embargo, también se trata de un registro simbólico.
Y, además, hay algo de nosotros que el espejo no recoge, se le escapa, y es lo real. Por lo que
Lacan parte del espejo para llegar, nada más y nada menos, que a los tres registros que conforman
el nudo borromeo. 
El narcisismo en Lacan: Seminario 1, 1954
Así, en 1954, en el Seminario 1, a partir de la clase 9, Lacan hace un repaso a la obra freudiana
dedicada al narcisismo. Destacando el fallo en la concepción bipolar de sujeto libidinal y mundo
que hace Freud cuando se plantea el problema de la esquizofrenia. Cuestión que le lleva luego a
distinguir libido egoísta y libido sexual. Lacan aprovecha esta concepción freudiana, sumadas
otras como el narcisismo secundario, y la inexistencia de un yo desde el origen, pero sí de
pulsiones autoeróticas, para plantear su estadio del espejo. De esta forma, introduce el fundamento
de larelación imaginaria como constituyente del yo. De hecho, el psicótico pierde esta relación
imaginaria sin encontrar sustituto (en el mejor de los casos este sustituto será simbólico, pero
nunca del orden del imaginario). Y define las relaciones objetares como espejismos escurridizos.
Dos narcisismos
En este juego del yo y la imagen diferencia, además, dos narcisismos: el primero, en relación a la
imagen corporal como imagen real; y, el segundo, en relación con el otro. Este otro, el alter ego, se
confunde con el ideal del yo. Además, la identificación narcisista del segundo narcisismo sitúa la
relación imaginaria y libidinal con el mundo exterior. En esta línea, la pulsión libidinal está
centrada en lo imaginario, pues el instinto sexual se produce en relación a imágenes, es decir, a
una relación imaginaria. Por lo tanto, la dimensión imaginaria es esencial también en los
comportamientos sexuales, ofreciendo la posibilidad de desplazamiento. Así, el imaginario
también ocupa lugar en el amor, pues “en el amor se ama al propio yo, al propio yo realizado a
nivel imaginario” (Lacan, 1954).
De este modo, el narcisismo en Lacan defiende que la imagen reflejada de sí mismo constituye
una alienación fundamental, siendo el origen del yo ideal y de la relación con el otro.
Relación entre el objeto y el yo
Por otro lado, existe una estrecha relación entre la formación del objeto y la del yo. Ahí radica
precisamente el problema del narcisismo, en la aparición de ambos contemporáneamente. De
hecho, la relación objetar va sometida, e inscrita, en el marco narcisista. Además, cuando se
produce la retirada de libido de los objetos, la libido y el interés del yo no se pueden diferenciar,
pues tienen el mismo destino. Así, Lacan define el narcisismo como una carga libidinal sobre la
imagen del yo. Sin embargo, para que exista este yo, es necesario un otro, como se mencionó más
arriba: el yo (je) nace en una referencia hablada al tú. En esta experiencia de lenguaje con el otro,
éste le manifiesta deseos y órdenes, por lo que, en un origen, el niño tiene pocas posibilidades de
reconocer sus propios deseos. Para reconocerlos, será necesaria la función simbólica.
De esta forma, llega al estadio del espejo en sí, acontecimiento que tiene lugar entre los 6 y los 18
meses. Sin embargo, para Lacan lo más importante no es el inicio de esta conducta, sino su ocaso.
Es decir, la introyección de la imagen que estaba afuera. Ya que, en este intercambio con el otro, el
hombre se aprehende como forma vacía del cuerpo. 
Escritos 1, 1956
En 1956 publica Escritos 1, donde dedica un capítulo a hablar del estadio del espejo como
formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia analítica. En él dice que el
estadio del espejo es una identificación, una transformación producida en el sujeto cuando
asume una imagen.
Esta asunción debería llamarse yo ideal, pues será el sustento de las identificaciones secundarias.
Ahora bien, esta instancia del yo es una ficción, irreductible para siempre por el individuo solo. Es
decir, nunca uno mismo es capaz de dar respuesta a sus interrogantes identitarios si no es a través
de un otro. 
Por lo tanto, el estadio del espejo establece una relación del organismo con su realidad.
El narcisismo primario, característico de esta fase, está relacionado con la función enajenadora del
yo, función generadora de agresividad en toda relación con el otro, pues queda marcada por la
rivalidad, por los celos. Lo que hará que para el yo todo instinto suponga un peligro. 
Escritos 2, 1956
Ese mismo año Lacan publica también Escritos 2, donde recoge en el capítulo dedicado al informe
de Daniel Lagache más observaciones acerca de esta formación del yo y el estadio del espejo.
Para Lacan el verbo desvela la falta de ser del sujeto y su salvación. Y es por ello que la imagen
viene a soportar el deseo, a través de la proyección. Así como en el extremo contrario designa su
agujero simbólico, a través de la introyección. 
Y a través de los significantes que le da el Otro, se constituye el deseo (deseo que no es otro que la
Cosa, concepto que más tarde será el objeto a, pero que no voy a detenerme en él). Sin embargo,
esto no tendría lugar sin la fragmentación de las funciones de relación, sin el descubrimiento de
que uno no está fusionado con la madre, ese Otro que en el espejo está detrás. 
Así, entrando en la escena propia del espejo, de nuevo, el niño cuando mira su reflejo se gira
inmediatamente para buscar en ese Otro la confirmación de que el otro del espejo, es él. Y el baño
que caracterice esa mirada, de amor, de rechazo, configurará su propia mirada, pues uno siempre
se mira con los ojos del Otro. Por tanto, este momento configura la relación imaginaria con el otro,
la captura del Yo ideal, y la matriz simbólica, pues el deseo que se desprende de la mirada materna
simboliza el deseo. 
Por otro lado, por mandamiento del ideal del yo (de gustar) el sujeto puede pagar el precio de no
gustarse a sí. 
El narcisismo en Lacan: Seminario 10, 1963
En el Seminario 10 dedicado a la angustia, Lacan (1963) relaciona el deseo vinculado a la imagen
con el campo del ojo, siendo el ojo un objeto a. Por lo que en el estadio del espejo vienen a
conjugarse deseo, objeto y punto de angustia. Y destaca de la estructura del ojo su carácter doble
y de espejo. 
En un artículo de Marugan (2010) “Génesis del sujeto y el objeto en El perfume de Süskind”,
observamos bien la construcción del sujeto lacaniano a partir de dicha novela. La identificación
imaginaria que se produce ante el espejo proporciona una ilusión de orden y completud a la propia
imagen, permitiendo al sujeto reconocerse como tal y asentar su narcisismo. Es decir, se genera la
consciencia de sí mismo. 
Lacan compara el yo ideal freudiano con la imagen del objeto a, ese agujero presente en toda
imagen que identifique al yo. Y el acercamiento a ese vacío en la propia imagen es generador de
angustia. ¿Qué hacemos con él? Intentar taparlo con objetos de deseo, con el falo. Esta presencia
imaginaria genera así una completud ficticia. Y si conectamos con una sensación de plenitud, de
no falta, conectamos con la pulsión de muerte, ya que no hay cabida al deseo.
Para poder acceder a esa parte de des-conocimiento de nosotros mismos que sólo es accesible a
través del Otro, como anteriormente dije, hay tres vías: ser amados, que nos sea dado un sentido, y
ser deseados. 
Es decir, para Lacan la verdad del sujeto corresponde a lo pre-especular, en oposición a las
complacencias escópicas del yo. 
Bibliografía
Texto extraído de: 
Cerdán, S. (2018). Como labios que se besan a sí mismos: Una revisión sobre el narcisismo. 
 Lacan, J. (1954). Seminario 1. Editorial Paidós. Barcelona.
 Lacan, J. (1956). Escritos I. México D.F.: Siglo XXI.
 Lacan, J. (1956). Escritos II. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires.
 Lacan, J. (1963). La angustia. Seminario X Inédito.
 Marugan, J. (2010). Génesis del sujeto y el objeto en El perfume de Süskind. Clínica Contemporánea 1 (3),169-176.

UN PROBLEMA: EL VALOR DEL NARCISISMO


SILVIA CHICHILNITZKY
Desde Freud la clínica de la neurosis es la que ha dado a conocer el valor del narcisismo como
problemática para un sujeto.
En el punto al que me voy a remitir, Lacan está trabajando respecto a cómo son estos dos modos
de agregar el A, el gran Otro, símbolo de un lugar que el psicoanálisis sitúa, más allá del
compañero imaginario, como aquello que lo determina al sujeto en tanto anterior o exterior a él.
En La clase XVI, en el punto IV, del Seminario XVI, Lacan se plantea uno de los problemas del
neurótico mientras examina los problemas narcisistas que lo confrontan al pretender dice, "Ser el
Uno en el campo del Otro". La idealización tiene un lugar fundamental en esta problemática. En
este sentido nos sugiere que observemos que ocurre con el narcisismo. Él arma el problema
tomándose de las siguientes cuestiones.
Plantea un problema sobre algo que da lugar a muchas confusiones ya desde Freud cuando este se
refiere a la libido. Esboza que la misma abarca discusiones sobre si hay dos libidos: una del Yo,
una narcisista y otra que sería la objetal o la vinculada a las pulsiones, o si se trata de una sola. Se
pregunta, ¿Dónde está la libido, el reservorio de la libido? Si hay un nivel propio en el narcisismo,
en el Yo, pero de pronto no, para Freud el lugar de la libido es el Ello, las pulsiones. Estas
preguntas son la expresión de un problema, porque queda el ego en posición problemática. ¿Por
qué? ¿Es el Yo el que le va a ofrecer objetos a esa libido? Si es así eso quedaría como un Ello que
es el que tiene la libido pero no logra construir objetos. Y habría una distancia que es el Yo, que
arma los objetos, invita, convida al Ello con los objetos que forma el Yo. O la contraria: los
objetos han sido fomentados por las pulsiones mismas y entonces secundariamente el Yo va y se
interesa por esos objetos. Lacan retoma esto para replantear el tema de la identificación. Estamos
frente a un problema que lo nota con dificultad ya en Freud vinculado a que es el narcisismo en
relación al goce ó a la libido, ó a la pulsión.
Después de hacer esa observación sobre Freud considera que hay que revisar esto porque cuando
el neurótico se encuentra confrontado con los problemas narcisísticos, es por narcisismo que él
intenta con su narcisismo complementar a ese Otro que es barrado, para hacerlo Uno. Marca una
diferencia en relación a lo que venía trabajando en el punto anterior respecto a la relación entre el
goce y el sujeto perverso, el que hace surgir esa dimensión de goce al Otro, el que le quiere
inyectar un goce al Otro. En este aspecto el perverso no juega ningún narcisismo. Quiere hacer
surgir el goce del Otro y no como espejito de él. Es la gran insistencia de Lacan las descripciones
en lo imaginario del perverso, posiciones de dominio, de narcisismo, dice, no explican nada de lo
que es verdaderamente el juego de la posición perversa.
En cada caso esto sería así:
- El perverso suplementa al Otro con el objeto a nivel del Ello. En la fantasía perversa está el
llegar más o menos a eso, por ejemplo, al final después de bastantes latigazos y cosas, esta ella,
con los ojos en blanco y una babita que le cae, con signos de que es goce. Ningún neurótico resiste
esa imagen, porque esa imagen no le hace de espejo, no le sostiene el Yo. Y ahí siempre apela a un
ideal: tengo la fantasía perversa, pero si la quiero realizar, pensé en mamá y la perdono. El
perverso no tiene trabas ideales. Su manera de suplementar al Otro es por la vía de hacer surgir en
el Otro lo real en bruto de su goce, no algo que sostenga la imagen de sí. En cambio
-El neurótico, complementa al Otro, a nivel narcisístico. Complementar para él implica que el
Otro está barrado, mientras cree en el conmigo vamos a hacer Uno, por ejemplo, conmigo cuando
me den el premio Nobel, cuando salga en la Historia de la Humanidad. Realiza proyecciones de la
imagen de sí en el Otro. En ese sentido, usa la fantasía como complemento, y en la fantasía está
siempre el elemento esencial narcisístico. Aunque tenga fantasías perversas, el ideal le va a
impedir realizarlas porque su camino es otro, él está agarrado a que el Otro tiene que saber contar,
inscribir la imagen de sí, así que ese que dirá del Otro, le es fundamental que se inscriba algo ahí,
que es su narcisismo, es su Yo. Esta defensa no es la del perverso. Por eso el resultado es muy
diferente:
En el neurótico el resultado del Otro cuya castración se niega, es espejo, vale en tanto yo puedo
incluirme y es uno mismo en su narcisismo el que ha logrado complementarlo; mientras que el
Otro que hace surgir el perverso es un Otro con señales de goce, que no hace espejo.
El neurótico siempre va a estar dispuesto a estar barrado él, a condición de que su versión del Otro
sea el de una unión con lo que él se cree que es en tanto imagen de sí. El énfasis de Lacan se dirige
a situar que no hay una verdadera salida de la neurosis si no se consigue la experiencia de A
barrado. Entonces, el mejor ejemplo de complemento y a nivel, como dicen, de neurosis narcisista,
es forjar una noción como la de narcisismo primario porque en un narcisismo secundario, todo el
tiempo ese narcisismo está jaqueado por una no correspondencia con el Otro, por todo tipo de
efectos de castración imaginaria. El sujeto se puede ver en un espejo y con esa imagen va a
conseguir el Uno, pero en tanto aparece despeinado está marcado por esos efectos, de los que el
neurótico sufre, etc. Entonces, imaginar que hubiese habido un narcisismo imaginario, que no
tenga que pasar por la disconformidad que se produce en la comparación con los semejantes, es
para Lacan la noción más neurótica que existe: creer que ha habido un paraíso imaginario. Bueno,
así como lo dice narcisismo imaginario lo puede decir de todos los mitos de creación, y de los
paraísos. Porque así se salvaguarda perfecto, que ha existido un Otro completo. Y si es de
narcisismo primario, es porque uno está, navegaba y estaba fusionado con ese Otro. Después se
dice que se pasó por algo por lo que se perdió y que todo se explicaría con un intento de retornar a.
Así, la más extrema es la noción de narcisismo primario y la siguiente, al ladito de lo que
corresponde a lo mismo, es la fusión madre-hijo. Por eso de esta experiencia se hizo
fundamentalmente un paraíso oral en donde el sujeto no necesita de nadie, es la ilustración de una
autosuficiencia perfecta. Narcisismo primario. Y la siguiente, el paraíso fue la pulsión del niño,
con la madre que se representa en la estampita perfecta, en la medida en que el niño mama de la
madre. Y eso sería la realización perfecta del sujeto en el campo del Otro. Basta suponer que el
Gran Otro es castrado pero tiene tetas. Y si mama de esa teta y a su vez el sujeto está en ese abrazo
en la cunita perfecto, se configura así el "gracias a mí se complementa el Otro" y tenemos ese
Otro, Uno total. Sobre este fondo introduce al objeto tercero, como una manera de aludir al propio
objeto a.
De paso da una pequeña indicación de porqué colgamos cosas en las paredes, lo generaliza: desde
el punto de vista del ego, del narcisismo de Uno, el Otro es un muro. Cómo me consigo, cómo
complemento, cómo hago una relación con el muro: le cuelgo un cuadrito y ahora es mi casa, mi
pared favorita, pero tengo yo con algún objeto de mi lado, que complementar eso: Muro + cuadrito
= Uno total. Pero el cuadrito no forma parte del muro -dice él- y la teta como objeto oral, no forma
parte del muro materno. Entre el niño y esa madre hay un muro. Destaca formas inminentes en
todo lo que se edifica en la cultura, como cosas que el neurótico pone en las paredes, para velar a
través de estas prácticas por el mito de unidad primitiva. Entonces cuando dice que hubo una
unidad primitiva, que hay un paraíso perdido que se pierde por el trauma del nacimiento, por la
aparición de la castración, o por las teorías que se quieran hacer; dice eso es caer justamente en lo
que es los inventos neuróticos. Y todo su problema, dice, es ese, en el movimiento neurótico
general, acá no es necesario distinguir la especificidad de histeria u obsesión, cosa común de la
pantomima neurótica por ejemplo versus la perversa: conseguir que el objeto a quede
perfectamente cubierto por la imagen de sí.
En razón de un objeto que acá llama tercero, Lacan en este momento nos enseña que el
objeto a tiene el interés de conseguir con ese objeto, la revelación de un A barrado que no puede
ni suplementarse ni complementarse. El objeto a en Lacan no sostiene la imagen de si en el ideal,
porque lo que causa es una ilusión. Nunca ofrece una solución en el plano de la representación. No
hay equivalencia posible entre lo que habita en el sujeto como representante en el deseo, de todo
aquello que se fabrica sobre lo que es a nivel de la representación.
BIBLIOGRAFÍA
 Lacan, J, El Seminario, Libro XVI, "De un Otro al otro", (1968-1969), Buenos Aires, Ed. Paidós, 2008.
 Miller, J, Los cursos psicoanalíticos, "Extimidad", Buenos Aires, Ed Paidós, 2010.

FALO... SOY, LO TENGO O LO INTERCAMBIO? (SOBRE ALGUNAS CUESTIONES


DEL NARCISISMO)
Es notable como la mitología griega nos deja siempre en reflexión acerca de ella y resulta aún más llamativo ver como Narciso no ha dejado de ser nunca eje fundamental
del Psicoanálisis y de otros distintos abordajes de la psicopatología. Pero, lejos de lo que pueda creerse, no fue Freud el primero en citarlo en textos psi. En “Introducción del
Narcisismo” (1914) menciona que toma esta palabra de Paul Näcke, quien lo utilizó para describir una perversión, en la que el sujeto trata a su propio cuerpo como un objeto
sexual mostrando amor a él mismo, el amor que normalmente se guarda para objetos externos. Posteriormente Freud, en una nota agregada en 1920 en “Tres Ensayos para
una Teoría Sexual”, cambia esta afirmación otorgando el uso a Havelock Ellis, quién publico un escrito que llamó "Autoerotismo, un Estudio Psicológico" (1898). Lo cierto
es que Ellis conocido de Näcke, si bien no personalmente, intercambiaban sus trabajos en cuanto se publicaban. Näcke los traducía al alemán mientras que Ellis hacía su
traducción al Inglés, ambos los publicaban en diferentes revistas científicas. 
 
“Narciso (Νάρκισσος)  en la Mitología Griega”
“Cerca del monte Helicán vivía Narciso, hijo de la ninfa azul Liríope y del dios-río Cefiso, que por su extraordinaria belleza era requerido de amores por todas las ninfas y
aun por los hombres, pero él por orgullo permanecía alejado del amor. El adivino Tiresías le vaticino a su madre: "Narciso llegará a ser muy viejo, mientras no se conozca
a sí mismo".
Uno de sus tantos enamorados rechazados fue Animas, a quien Narciso muy disgustado por sus deseos amorosos le envió como regalo una espada, con la orden implícita
de que se diera muerte. Animas obedeció pero antes maldijo a su amado. Entre las ninfas había una llamada Eco, que debido al castigo impuesto por Hera no podía
comunicarle a Narciso sus sentimientos, ya que solo le estaba permitido repetir los últimos sonidos de lo que oía. Un día Narciso salió a cazar ciervos con una red, y Eco
siguiéndolo pero incapaz de ser la primera en hablar dejó que él lo hiciera. Narciso, al descubrir que se había alejado de sus compañeros, gritó: 
- ¿Hay alguien aquí?
- Aquí (respondió Eco)
- ¿Por qué huyes de mí?
- Huyes de mí (respondió). Eco salió de su escondite y corrió a abrazar a Narciso. Pero él la apartó bruscamente 
- ¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo!
- Yace conmigo. Suplicó Eco
Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida languideciendo de amor y humillación, hasta
que sólo quedó su voz.
Ante esto la diosa de la venganza Némesis cayó indignada sobre Narciso y haciendo uso de sus
divinos dones, llevó a este a un lago claro de la montaña donde Narciso pudo ver reflejada por
primera vez su figura. Al contemplar su imagen el joven se enamoró de sí mismo, intenta
abrazarse y no lo logra. La imagen desaparecía cada vez que tocaba el agua. Embelesado y
languideciendo Narciso suspira: " ¿Cómo podría soportar poseer y al mismo tiempo no poseer?"
Aunque no había perdonado a Narciso, Eco sintió lastima por él y cuando Narciso clava el puñal
en su pecho, repitió: "¡Ay de mí, ay de mí!". Su sangre bañó la tierra y de ésta brotó la flor
blanca del Narciso con su corola roja. “
 
Introducción
Es notable como la mitología griega nos deja siempre en reflexión acerca de ella y resulta aún más
llamativo ver como Narciso no ha dejado de ser nunca eje fundamental del Psicoanálisis y  de
otros distintos abordajes de la psicopatología. 
Pero, lejos de lo que pueda creerse, no fue  Freud el primero en citarlo  en textos psi. En
“Introducción del Narcisismo” (1914) menciona que toma esta palabra de Paul Näcke, quien lo
utilizó para describir una perversión, en la que el sujeto trata a su propio cuerpo como un objeto
sexual mostrando amor a él mismo, el amor que normalmente se guarda para objetos externos. 
Posteriormente Freud, en una nota agregada en 1920 en “Tres Ensayos para una Teoría Sexual”,
cambia esta afirmación otorgando el uso a Havelock Ellis, quién publico un escrito que llamó
"Autoerotismo, un Estudio Psicológico" (1898). Lo cierto es que Ellis conocido de Näcke, si bien
no personalmente, intercambiaban sus trabajos en cuanto se publicaban. Näcke los traducía al
alemán mientras que Ellis hacía su traducción al Inglés, ambos los publicaban en diferentes
revistas científicas. 
Cuando Ellis publica su trabajo sobre autoerotismo, Näcke en su traducción remplaza su expresión
"tendencia del tipo Narcissus" por la de "Narcismus". Ellis es entonces quien describe una actitud
psicológica y de la evocación de "Narcissus", el sufijo "ismo" lo agrega Näcke.
Finalmente, Freud denomina Narcisismo, básicamente, al proceso por el que la libido se dirige
hacia uno mismo. Este amor a sí mismo es inevitable en el desarrollo de la persona pues precede al
amor hacia otros. El niño supera el Narcisismo cuando sustrae parte de su amor a sí mismo y lo
dirige primero hacia los padres y después hacia los demás.
La visión de Freud no se limita a lo estrictamente patológico, sino que, desde una perspectiva
siempre atenta al desarrollo sexual infantil, propone la utilización del término en referencia a un
estadio normal en el desarrollo de la libido. 
Es en función de esto último de lo que parto para iniciar y desarrollar el presente trabajo
pretendiendo dar cuenta, desde la teoría psicoanalítica, de un análisis de este Narcisismo definido
por Freud y su consecuente relación al desarrollo libidinal; posteriormente, tratare de exponer
como Lacan define, el Yo, en tanto reflejo o deseo del deseo de la madre; un somero recorrido por
el “Estadio del Espejo” y su relación con el Narcisismo, dando una mirada a la relación dialéctica
de éstos fenómenos en la estructuración temprana del psiquismo, como proceso de desarrollo, de la
investidura libidinal de la madre hacia el hijo, de la intervención del otro, de la mirada del Otro,
reflejo de la imagen que el niño reconoce como propia.
Por último, y mucho más tangencialmente, haré una pasada por el concepto de  Narcisismo
Patológico desarrollado por Kernberg como componente de numerosos rasgos de la personalidad
que, en el niño (mientras se está constituyendo el Yo), no nos llamarían la atención y, sin embargo,
al estar presentes en el adulto nos ocupan en la clínica.Pacientes en los que su personalidad
narcisista constituye una patología específica del carácter.

Desarrollo
A. Narcisismo Primario
 La vida erótica del sujeto a donde nos dirigimos para encontrar al Narcisismo. Las primeras
satisfacciones sexuales del niño, las autosatisfactorias, se experimentan en función de  mecanismos
de autoconservación, son las pulsiones sexuales que hace el infantil sujeto en las primeras
elecciones objetales  que, posteriormente, se independizan. Es decir, la autoconservación implica
una dosis de “egoísmo” (interés por la propia supervivencia) que, complementado con la libido, da
como resultado el Narcisismo. Podríamos decir, en principio y rápidamente, que el sujeto tiene dos
posibles objetos para elegir: él mismo y la madre.
 El primer texto en el que Freud desarrolla su posición en referencia al Narcisismo es“Introducción
del Narcisismo”. Un Narcisismo que no tiene que ver con la perversión, sino que se presenta
como  complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación en tanto
atributo propio de todo ser vivos.
Hay un dualismo que nace de la doble concepción de la existencia biológica: un sujeto, mortal que
tiene como objetivo a sí mismo (autoconservación) y otro sujeto inmortal, germinal, que es sólo
una parte en la cadena de la vida (más sencillo de ver en la actualidad, con la investigación
genética).
Partiendo de este dualismo, Freud propone, a nivel del desarrollo libidinal, un primer momento
que denomina Narcisismo primario, en el que no hay aún constitución del Yo, predominando el
autoerotismo. Paulatinamente las pulsiones sexuales comienzan a distinguirse de este momento
primario, aunque sostenidas primeramente en la satisfacción de pulsiones Yoicas. Aparecen de
este modo las primeras elecciones de objeto, que señalan un alejamiento de aquella
indiferenciación primera. La elección de objeto se hace  de manera dual: anaclítica (en
dependencia emocional, inclinado hacia el ser de quien se depende, en particular la primera
relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto
de su madre), lo que coloca a la madre como objeto sexual; o una elección  narcisista, de si mismo.
Recordemos que estas dos elecciones son llevadas a cabo por todo sujeto. Es la preponderancia de
una u otra la que determinará la estructuración posterior. 
El Narcisismo primario se abandona con la constitución del ideal del Yo, resultado de la castración
y lo que resulta como consecuencia es la represión. El niño se resiste a privarse de la perfección
narcisista de su temprana edad y si no puede conservarla por las advertencias al respecto
recibidas mientras crecía y por su juicio propio, trata de recuperarla en el ideal del Yo. Obtiene
así un sustituto del perdido Narcisismo de su niñez. O sea que, tal y como veremos luego que
sostiene Lacan, el infante trata de no renunciar al deseo sino que la renuncia está dirigida mas bien
al goce, trasladándolo a la metáfora del ideal del Yo; habría así una castración al goce prohibido y
no al deseo. Esto es importante ya que este deseo será descargado ahora por otras vías
desexualizadas en su objeto, idealizadas, proceso que lleva el nombre de sublimación. También
surge la conciencia moral, instancia crítica que derivará más tarde en el superYo.
 
B. Amor, Odio y Narcisismo
En “Las pulsiones y sus destinos” Freud trae nuevamente el tema de la libido Yoica y la libido
objetal, ahora en relación al amor, al odio y al Narcisismo. En este texto describe al Narcisismo
como un estado en el que el Yo, al principio de la vida anímica, se encuentra revestido de
pulsiones y capaz de satisfacerse en sí mismo. En este estado Narcisista el Yo es indiferente al
mundo exterior. Es en la medida que aparecen estímulos displacenteros que dicho Narcisismo
empieza a desarrollar, bajo el principio del placer, las primeras relaciones al objeto, introyectando
objetos de placer, y alejando, por proyección, los que ocasionan displacer.  De este modo se forma
el Yo de placer. 
El amor, se inicia en un autoerotismo narcisista para luego dirigirse a objetos que se incorporan
con el entorno que le da placer (madre). Este amor, amor sexual, crece paulatinamente. Es en la
fase oral, primera etapa del desarrollo libidinal, donde aparece la relación a la ingesta como
mecanismo de identificación y vínculo erógeno. Este  mecanismo conlleva enorme ambivalencia,
porque tiene que ver con la eliminación del objeto por la misma deglución. Surge luego la
aspiración al objeto en forma de dominio, la fase sádico anal, otra vez la ambivalencia está
presente, esta dominación acarrea un grado de indiferencia al objeto. Es en la organización genital
que el amor pasa a identificarse como contrario al odio. Un Odio que es anterior al amor. 
A nadie puede caberle duda alguna que hay un antes y un después del Psicoanálisis,a partir
de “Más allá del principio del placer”. El postulado de Freud apropósito de la compulsión a la
repetición pone en cuestión su propia hipótesis, revisando y re definiendo su teorías. “Mas allá…”
cuestiona que el aparato psíquico se rija bajo el Principio del Placer partiendo de la observación de
pacientes con neurosis traumática, en los que advierte angustia en la repetición de un recuerdo. La
pregunta que Freud se plantea es acerca de ¿Que hace en estos pacientes que la descarga sea
displacentera…?. Critica aquí nada menos que el principio económico en que él mismo estaba
basando el Psicoanálisis. A partir de este momento los opuestos, “pulsiones Yoicas y pulsiones
sexuales”, se empiezan a llamar “pulsiones de vida y pulsiones de muerte.”
Freud sostiene a partir de aquí que el aparato psíquico está soportado por un mecanismo anterior a
los postulados hasta ahora y del que el sujeto da cuenta en su recorrido libidinal de manera
conservadora y regresiva. Hablo de la Compulsión a la Repetición, mecanismo por el cual el sujeto
repite estados y de este modo recupera el dominio sobre algunos estímulos. En los casos
de  neurosis traumáticas, Freud observó que esta compulsión era rememoración del acontecimiento
traumático. 
“For-Da” es un claro ejemplo de cómo, en un niño y el carretel que utiliza como juego, se
simboliza la angustia del aparecer y desaparecer de la madre. Es esta repetición la que permite
elaborar la angustia pasando de la pasividad de la situación a la actividad; de este modo se
establece un reencuentro con una situación identificatoria y, lo que no es menos importante,
elaborarla y ligarla. 
Esta observación de Freud en su propio nieto resulta fundamental en la clínica, las huellas
mnémicas reprimidas de vivencias primordiales no perduran ligadas y en algunos casos son
insusceptibles al proceso secundario. La compulsión a la repetición en el paciente implicaría
entonces, no sólo la repetición de un estado de cosas, sino que también la imposibilidad de
efectuar posteriores ligazones y, por lo tanto, un posterior desarrollo hacia el proceso secundario.
El problema de la compulsión a la repetición y la consecuente puja entre las pulsiones de vida y las
pulsiones de muerte, estaría entonces, no en un repetir un estado de cosas (que claramente es un
mecanismo infaltable en todo momento del desarrollo) sino, en el predominio de una compulsión a
tal punto que bloquea el desarrollo de las pulsiones sexuales (en el caso del niño y su juego del
carretel, la repetición tendría una justificación positiva que diferiría en mucho de la estereotipia del
paciente y su patología).
Sin embargo Freud no se queda en el ámbito de lo psicológico, sino que avanza en sus
especulaciones hacia el campo de la biología, hace alusión a un estado antiguo, inicial, en el que
nada perturba, dejado una vez lanzado a la vida y al que pretende volver, de modo tal que la meta
de vida es la muerte porque de allí se viene. Esta es una concepción, muy parecida a la que tiene el
Budismo, la de un estado cero al que se tiende (Principio de Nirvana), es donde estaría situado el
Narcisismo primario. Sintéticamente, y como yo entiendo la concepción de Freud, se podría decir
que la vida comienza en el paradojal acto por el que lo inorgánico establece una acción opuesta a
sí mismo para retornar a su propio estado originario.
En este modelo las pulsiones de autoconservación, Pulsiones de Muerte, Tánatos, son pulsiones
parciales, que aseguran al organismo una muerte a su modo, generandose así la contradicción por
la que un ser vivo lucha con el peligro que podría ayudarlo a alcanzar rápidamente su mortal
meta. En oposición, encontramos a las pulsiones sexuales, cuya característica es ligar y cohesionar
a la sustancia viva, por lo que toman la denominación de Pulsiones de Vida, Eros. Su forma más
simple estaría representada por la fusión de dos cuerpos celulares, que les aseguraría la
inmortalidad.
 
En “Psicología de las masas y análisis del Yo”  Freud destaca el carácter social de las pulsiones de
vida, por las cuales cohesionan diferentes partes y permiten el desarrollo, restringiendo de esa
forma la agresividad propia del Narcisismo, característico de las pulsiones de muerte. El amor
actúa como valor y mandato cultural, imponiendo la transformación del egoísmo en altruismo.
Esto vale para el amor sexual por el sexo opuesto, como para el amor por el mismo sexo, amor
homosexual sublimado. Dicho amor en forma de ligazones libidinales tendría sus comienzos en las
primeras relaciones establecidas por el niño con la realidad, o sea, en la familia. Este modelo será
trasladado luego a las diferentes instituciones tales como el ejército o la iglesia y consta de dos
tipos de ligazones: uno hacia el lider, derivado del paternal y uno con la masa de “iguales”,
derivado de la fratria. Ambos ligazones implican un compartir ese mismo líder por parte de un
conjunto de individuos; esto sería posible gracias a la anterior adquisición del Ideal del Yo en el
Complejo de Edipo.
 
 
C. Ideal del Yo, Narcisismo Secundario, Cultura y Super Yo 
La adquisición del Ideal del Yo no implica la desaparición del Narcisismo ni mucho menos. El
Ideal del Yo es heredero del Narcisismo Primario. La ilusión de completitud y la autosatisfacción
del Narcisismo Primario son remplazadas por sublimaciones con metas sexuales sin la inmediatez
del amor y el ingreso a la cultura. Es el Ideal del Yo, basado en el Complejo de Edipo (prohibición
de incesto) y en una nueva identificación, de carácter simbólico (ideal del Yo), lo que produce el
ingreso al Narcisismo Secundario y a esa cultura, una cultura en la que el Supero Yo cumplirá su
papel protagónico y son las pulsiones de muerte las que intervienen en la instauración de ese Super
Yo que viene a reprimir ciertas pulsiones libidinales por mecanismos tanáticos, dando lugar a al
orden repeticiones que provocarían “desexualizadas” sublimaciones de la libido, permitiendo la
entrada al orden simbólico de la cultura. En este proceso podemos  observar como una libido de
objeto se transforma en libido narcisista, sublimándose, y operando una nueva búsqueda
gratificatoria, ya no a nivel primario, sino como Narcisismo Secundario. 
 
 
D. Estadio del Espejo: Moi (Yo del Narcisismo)
Lacan explicará con su teoría del Estadio del Espejo, una correlación entre agresividad y
Narcisismo. Entre los 6 y los 18 meses el niño pasa por experiencias de carácter estructurante al
enfrentase con su imagen al espejo. Esta experiencia se convierte en la matriz del Yo para pasar a
organizar en relación a la identificación y a partir de ese momento presenta un destino alienado. Es
el cuerpo el principal medio en este proceso, es en el cuerpo que se resuelve la cuestión de la
“fragmentación corporal” en la que se ve inmersa la cenestesia (conjunto de sensaciones
independientes de los sentidos que produce el sentimiento general de la existencia) del niño, hasta
conseguir una imagen de “totalidad”. Es de esta observación de Lacan de la que nos podemos
valer para elucidar algunos síntomas observables en cuadros como histeria, paranoia,  etc. El niño
forma su imagen a partir de la imagen del otro armando un sentimiento de perfección y que
además, esta alienación en el exterior de su cuerpo genera agresividad. Lacan define así
características paranoicas en el Yo. El niño configura una imagen de si mismo o Yo ideal del Otro,
en el deseo de la madre, construyendo su propio Yo y, por lo tanto, entrando en el Narcisismo
Primario. El Narcisismo para Lacan inicia con la constitución del Yo ideal.
 
 
E. Del  Falo que se es al Falo de Intercambio
Lacan retoma la cuestión profundizando la importancia del campo de lo simbólico. En una primera
instancia estaría el movimiento bascular por el cual el niño constituye su imagen narcisista
mediante el reconocimiento de su cuerpo en relación a la imagen que refleja el deseo de la madre
sobre él mismo, hay en esto variaciones respecto de lo que postula  Freud en relación a los
fenómenos identificatorios: no es el niño el que provoca la identificación con su madre, sino que
es la madre la que produce el Yo del niño en tanto que es ella la que le dice lo que pasa. Es, en
tanto Otro, la que lee sus necesidades, las construye y le aporta códigos. Es con ese “igual” del
espejo que el niño se identifica y cree que es él. Es este proceso en el que el sujeto construye el
Narcisismo Primario, basándose en los significantes que la madre inscribe en su cuerpo. 
 
En un primer Edípico momento, madre e hijo son “uno”. El chico, en el lugar del Falo, Falo de la
madre, a la que completa ilusoriamente. A posteriori, la castración, introduce al niño en lo
simbólico. El niño deja de estar en el lugar de algo  que se es. Como resultado de la castración, el
niño descubre que  no lo es todo para la madre. No era Falo sino que lo representaba en un juego
donde este circula como una posición. Entra el niño de este modo al orden simbólico tal y como
Lacan lo entiende. 
La ley, ya no es ley materna. Mediante el lenguaje se construye la Función del Padre que viene a
cortar la simbiosis  (Madre –fálica- / hijo –Falo-). El Falo queda, de este modo,  más allá de
cualquier personaje, pasa a ser algo que se tiene, que se da y que se recibe, algo que se
intercambia. 
 
En 1960 Lacan vuelve con al Estadio del Espejo, esta vez entendiendo la imagen especular como
imagen incompleta, debido a la naturaleza deseante del sujeto. Esta incompletud en la imagen
refiere nuevamente al Falo Imaginario, objeto de la pulsión que nunca se muestra tal cual es,
siempre estará envestida de  imágenes que el sujeto se apropia en las identificaciones con su propia
madre. 
Es rodeando la falta que se refuerzan las identificaciones, en derredor del Ideal del Yo y
desplegando los procesos del Narcisismo Secundario. Es rodeando esta falta que el sujeto se
consolida como hacedor de cultura, como humano insaciable en dirección permanente de la labor
sin terminar. Es precisamente el Falo lo que está al final, como causa en la cadena significante,
producida  por cada sujeto. 
El Yo se forma por la imagen del otro, está ligado a la imagen del propio cuerpo, tiene su origen
en el espejo, el Otro es su espejo. Es el lenguaje, como orden simbólico, lo que sostiene el
Narcisismo. El sujeto no preexiste al lenguaje sino que, justamente, es sujeto porque así es
determinado por el lenguaje.
 
 
F. Personalidad Narcisista
Me ocuparé en esta parte final del desarrollo de lo que se denomina Personalidad Narcisista a
partir del concepto de Otto Kernberg. Su posición deriva de la escuela de la psicología del Yo
americana, de un subgrupo de esa escuela que incluye una teoría de relaciones de objeto,
especialmente la que comenzó con Erikson y continuó con Jacobson y Mahler, que corresponden,
a la teoría de relaciones de objeto desarrollada tanto por la escuela Kleiniana, como por la escuela
“Independent Group” en Inglaterra. 
Una autoestima regulada  normalmente es la consecuencia de la integración del concepto de sí
mismo que depende de la capacidad de desarrollar lo que Melanie Klein definió como “relaciones
totales de objeto”, e integrar representaciones buenas e idealizadas con representaciones malas y
persecutorias de sí mismo. De esto resulta el concepto de Yo normal y este Yo normal es investido
libidinalmente garantizando un sentimiento de continuidad de la experiencia subjetiva, como el
valor que el sujeto tiene de sí mismo.
El narcisismo estaría así sustentado en la integración libidinal y agresión, en las representaciones
parciales de sí mismo, que están integradas en el concepto del Yo. El Yo (self), a la vez, tiene la
protección secundaria de la integración de representaciones significativas de otros, un mundo
interno de representación de seres queridos y que quieren, un mundo interno que da protección
libidinal. 
El narcisismo normal también se protege con  el SuperYo normal, su inconciente y conciente
moral que lo acepta, en tanto se acerca al Ideal del Yo y se aviene a las restricciones superyoicas.
Este SuperYo normal preserva al sujeto de excesivas reacciones autoagresivas.
El Narcisismo normal se protege también por la gratificación de sus impulsos instintivos, la
gratificación sublimatoria de impulsos agresivos y la gratificación de impulsos sexuales.
 
El Narcisismo Infantil es tomado por Kernberg  como el primer grado de Narcisismo Patológico,
presente en toda la patología de carácter, en toda neurosis, ya que todo  conflicto neurótico se basa
en una fijación de conflictos infantiles. En este sentido toda patología neurótica conlleva patología
narcisista. Hay una relación indisoluble entre Narcisismo y relación objetal, investidura de sí
mismo e investidura objetal, no puede separarse uno de otro y hay una oscilación, una alternancia
constante entre investidura de sí mismo y de objeto.
Hay, a partir de Kernberg y en relación a su perspectiva del Narcisismo, patologías que hasta aquí
he mencionado, son las llamadas Personalidades Narcisistas. Su gravedad reside en la frecuencia
con que se presenta y en que afecta fundamentalmente la capacidad de las relaciones amorosas,
función vital en todo sujeto. El sujeto de Estructura Narcisista tiene un mundo interno devastado.
Establece un Yo grandioso, patológico, basado en la condensación de imágenes idealizadas de si
mismo y de objetos externos. Por otra parte no logra integrarse, predominan en él las estructuras
agresivas y persecutorias del SuperYo, difíciles de tolerar debilitando ese SuperYo que pierde la
función protectora del Narcisismo del Yo. El Yo es así patológicamente grande y queda en
constante peligro de vérselas con la realidad. Hay  en la Personalidad Narcisista un mundo de
relaciones internas al objeto verdaderamente paupérrimo, el sujeto queda desprovisto de  toda
capacidad de gratificación narcisista y con su autoestima en peligro permanente, oscilante entre
una habitual omnipotencia y crisis de sentimientos de inferioridad.
La envidia, consciente o inconsciente, es un afecto importante de la Personalidad Narcisista. El
Yo, patológicamente grande, preserva, insuficientemente, a estos sujetos de la envidia, por lo
menos de la envidia inconsciente. Y digo que la protección es insuficiente porque, generalmente,
no los libra de una envidia del orden de lo consciente. 
Enumero a continuación, algunas de las características de estas Personalidades Narcisistas en las
que, como vimos, existen  alteraciones Superyoicas moderadas:
 Amor patológico de sí mismos con grandiosidad.
 Sensación de tener derechos de privilegio.
 Exhibicionismo.
 Exageración de la importancia de las aspiraciones personales.
 Dependencia excesiva de admiración de los demás.
 Superficialidad personal por la falta de integración en profundidad del sí mismo y de
representaciones de los demás.
 Oscilación entre grandiosidad e inferioridad.
 Amor patológico caracterizado por idealizaciones transitorias.
 Devaluación.
 Incapacidad de depender (porque necesitan que los admiren, pero no pueden realmente
depender por no poder tolerar profundamente el hecho de necesitar a aquellos de quienes
dependen).
 Falta de empatía con los demás.
 Dificultad en someterse a relaciones en profundidad. 
 Incapacidad de experimentar tristeza.
 Si se deprimen, es una desesperación profunda, y primitiva.
 Tendencia a graves alteraciones del estado de ánimo. 
 Predominio de Una cultura de vergüenza sobre una cultura de culpa.
 SuperYo de valores infantiles.
 
Pero hay otros casos de Patología Narcisista en que las alteraciones del SuperYo son mucho más
graves, pacientes con una definida conducta antisocial. Sujetos en que la agresión no es reprimida,
no puede disociarse o proyectarse como en las estructuras narcisistas que funcionan mejor; vuelve,
infiltrando el Yo patológico grandioso. Se trata de  un mayor predominio cuantitativo de la
agresión en conflictos inconscientes profundos, de un predominio del odio como Estructura
Caracterológica, es lo que Kernberg describe como  Psicopatología del Odio.
Este predominio de la agresión lleva a que el SuperYo prohibitivo se tolere mucho menos aún. El
SuperYo pasa a ser sumamente sádico y se proyecta en forma de tendencias paranoides que lo
debilitan y tolera así la conducta antisocial, la agresión invade el Yo patológico grandioso y se
produce una autoadmiración en cuanto a la agresión, ya no es simplemente ser el más lindo o el
mejor, sino el más cruel, el que menos teme al dolor y a la muerte.
Hay en estos sujetos agresión egosintónica, sadismo caracterológico que puede estar también
dirigido contra sí mismo. Está convencido de su superioridad al resto.
Esta Personalidad Psicopática, combinación de estructura narcisista, tendencias paranoides,
tendencias antisociales, sadismo caracterológico o automutilación crónica, constituye lo que
Kernberg llama Síndrome de Narcisismo Maligno, que es la forma más grave de las
Personalidades Narcisistas.

Conclusión
Queda claro después de todo lo expuesto que el Narcisismo no necesariamente es patológico, sino
que en su forma normal es esencial en la construcción del aparato psíquico. Desde la concepción
psicoanalítica, el Narcisismo es un avatar inevitable en la constitución del sujeto. 
Pero si, como hemos visto, existe más de una concepción acerca del origen de este Narcisismo,
nos podríamos preguntare entonces, si estas dos concepciones no son contradictorias…
Tomemos el concepto de Narcisismo Primario. Un Narcisismo Primario como estado originario de
carácter intrauterino, omnipotente, de completitud, un estado sin fallas en el que nada perturba.
Esta es la Freudiana posición que daría una relación entre  Narcisismo y Autoerotismo. Por otra
parte tenemos la noción Lacaniana en la que el Narcisismo se establece con la emergencia de un
Yo, posible solamente mediante un vínculo. El Narcisismo originaría entonces en el momento en
que se establece el Yo, lo que implicaría la constitución de este como unidad, posible solo en la
construcción del vínculo con la madre. Anteriormente a este momento de constitución narcisista
no encontraríamos ese “nirvánico” estado descrito por Freud sino que para Lacan se trata de un Yo
fragmentado y sin unidad. 
El punto de encuentro creo que tiene que ver con que para Freud el elemento más importante que
viene a perturbar el Narcisismo Primario es nada menos que “Complejo de Castración”, mediante
el cual  se opera el reconocimiento de una falla y que va generar el deseo de reencontrar esa
narcisista perfección. Así la deferencia entre Freud y Lacan es sólo del orden de la dirección que
tomo cada uno en el recorrido del tema, del acento puesto por cada uno en determinados aspectos
de la misma problemática.
La última tópica del desarrollo de este escrito nos lleva a concluir que si para Kernberg el
Narcisismo Normal se sustenta en la integración subyacente entre libido y agresión, y el
Narcisismo Patológico está basado en la incapacidad de esta integración, esa incapacidad tiene
varios aspectos: represión, disociación, proyección en la estructura narcisista habitual; infiltración
de las estructuras del SuperYo y del Yo por agresión en el narcisismo maligno; y destrucción total
de la estructura del SuperYo y de las capacidades de investidura libidinal en la personalidad
psicopática.
Lo que Kernberg define como Síndrome del Narcisismo Maligno tiene como característica
principal la conducta antisocial, una Estructura Narcisística sin capacidad de identificación de
valores morales, sin capacidad de sentimientos de culpa, en definitiva sin  compromiso a ningún
otro, sin absoluto registro de ningún otro como semejante. Hay en este tipo de sujetos algo del
orden de la ley que no rige, una Función Paterna que no operó y los dejó, fuera del, nada menos,
tan indispensable orden simbólico, en la relación al otro como semejante.  

Bibliografía
1. BLEICHMAR, H. Introducción al estudio de las perversiones. Nueva visión, Buenos aires. 1977. 
2.    FREUD, S (1914). Introducción del narcisismo; En Obras Completas Amorrortu, tomo XIV, Buenos Aires. 1996.
3.    FREUD, S (1914) Duelo y melancolía. En Obras Completas Amorrortu, tomo XIV, Buenos Aires. 1996.
4. FREUD, S (1921) Psicología de las masas y análisis del Yo. En Obras Completas Amorrortu, tomo XVIII, Buenos Aires. 1996.
5. FREUD, S. (1920). Más allá del principio de placer. En Obras Completas Amorrortu, tomo XVIII.  Buenos Aires. 1996. 
6. FREUD, S. (1923). El yo y el ello. En Obras Completas Amorrortu, tomo XIX. Buenos Aires. 1996.
7. FREUD, S. (1915) Pulsiones y sus destinos. Obras Completas Amorrortu, tomo XIV. Buenos Aires. 1996.
8. GRAVES, R. Los mitos griegos. Ariel. Buenos Aires. 2002. 
9.    GRENN, A. (1983) Narcisismo de vida, Narcisismo de muerte. Amorrortu.  Buenos Aires. 2005.
10.  KERNBERG, O. F. (1984) Trastornos Graves de la Personalidad –Estrategias Psicoterapeuticas- . El Manual Moderno. México. 1998.
11. LACAN, J.   (1957)   Escritos I. Paidos, Buenos Aires. 1995.
12. LACAN, J. (1953/4)  Los escritos técnicos de Freud (Seminario I) Paidos, Buenos Aires. 1996.
13. LACAN, J. (1954/5)  El yo en la teoría de Freud (Seminario II) Paidos, Buenos Aires. 1994.
14. LACAN, J. (1957/8) Las formaciones del Inconsciente (Seminario V) Paidos, Buenos Aires. 1998. 
15. LAPLANCHE, J. PONTALIS, J.B. Diccionario de psicoanálisis Paidos, Buenos aires. 1997. 
16. NASIO, J.D. Enseñanza de los siete conceptos cruciales del psicoanálisis. Gedisa, Buenos Aires. 1989.
17. http://www.salvador-dali.org
18. http://www.escueladeletras.com
 

Yo, Narcisismo y Deseo


8 de mayo de 2015 Publicado por Betina Ganim

La teoría del deseo de Jacques Lacan, tal como les introduje el post anterior, parte de la
teoría freudiana según la cual el yo es el reservorio de la libido que se distribuye entre los
diferentes objetos de deseo. Recordemos que el deseo aquí, partiendo de esta noción
freudiana, quedaría situado en el registro imaginario. Estamos hablando del concepto de
deseo que en este momento de la enseñanza lacaniana, queda vinculado a lo imaginario.
Es decir, hay una relación del yo con sus objetos de deseo, que no son otros que los objetos
que le interesan, objetos que libidiniza. 

Pero Lacan advierte también que no hay que olvidar el hecho de que el yo se vincula
con el narcisismo. Es decir, que la libido tiene su fuente en el yo. Y que el yo se vincula a
la teoría del narcisismo, por lo que ya hemos visto de la constitución el yo en el Estadio del
Espejo (pueden visitar otros posts vinculados al tema en este mismo blog)
Entonces podemos decir -siguiendo la lectura de Jacques-Alain Miller en su curso Donc-
que antes del Seminario 4 («La relación de objeto») Lacan tenía una posición al respecto
que es la siguiente: No olvidarse de que la teoría del yo está vinculada al narcisismo
(yo=yo). Esta es una posición que Miller lee de Lacan, también en los Escritos (p.47 de los
Escritos). 
En ese texto Lacan menciona la cuestión del enamoramiento, más bien, la naturaleza
narcisista de ese enamoramiento: enamorarse de su propia imagen. En Freud, el amor, el
rechazo, el enamoramiento tiene radicalmente una naturaleza narcisista. Entonces la
advertencia de Lacan es que ¡ojo!que la libido depende del yo, el yo es su fuente; a la vez el
yo depende del narcisismo (en tanto el yo se funda en esa relación narcisista). Esto significa
que todo lo que se reprime es lo concerniente a la castración, por lo que Lacan se alejará
más de la castración cuanto más relevancia le da a lo imaginario. Lacan insiste en ese texto
en que el sujeto siempre le impone al otro la imagen de su yo. Y es por eso que dice que
después de Freud, el psicoanálisis se trató de «la historia natural de formas de captar el
deseo». Es decir, los efectos de la captura del deseo en términos imaginarios. El problema
está en que el deseo se reconoce a las imágenes que lo cautivan y capturan.
Miller dice que a Lacan el término de «deseo» es más bien hegeliano que freudiano; pero
que sea como sea, la cuestión es que cuando Lacan habla de deseo lo hace sobre el eje
imaginario: un deseo cautivado por la imagen. Pero ya cuando se produce ese movimiento
en la enseñanza de Lacan en el que se da ese desdoblamiento al eje simbólico, ya el deseo
tiene otro estatuto: «el deseo de reconocimiento». Este es un concepto de Kojève que
Lacan retoma por la exigencia que requería esta teoría del deseo. El reconocimiento en
tanto aval del Otro. Es decir, el deseo se asume cuando hay Otro que garantiza ese deseo. 

FUENTE: MILLER, JACQUES-ALAIN. «DONC. LA LÓGICA DE LA CURA» LOS CURSOS


PSICOANALÍTICOS DE JACQUES-ALAIN MILLER. ED. PAIDÓS

El Narcisismo
El narcisismo según Sigmund Freud sería un equivalente a lo que hoy denominamos autoestima.
Es  un  concepto  f
también ocupa lugar en el amor, pues “en el amor se ama al propio yo, al propio yo realizado a
nivel imaginario” (Lacan, 1954
esto no tendría lugar sin la fragmentación de las funciones de relación, sin el descubrimiento de
que uno no está fusionado c
Desde Freud la clínica de la neurosis es la que ha dado a conocer el valor del narcisismo como
problemática para un sujeto.
E
perverso no tiene trabas ideales. Su manera de suplementar al Otro es por la vía de hacer surgir en
el Otro lo real en bruto
De paso da una pequeña indicación de porqué colgamos cosas en las paredes, lo generaliza: desde
el punto de vista del ego, de
Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida languideciendo de amor y humillación, hasta
que sólo quedó su voz.
Ante
el “Estadio del Espejo” y su relación con el Narcisismo, dando una mirada a la relación dialéctica
de éstos fenómenos en la e
El Narcisismo primario se abandona con la constitución del ideal del Yo, resultado de la castración
y lo que resulta como con
conservadora y regresiva. Hablo de la Compulsión a la Repetición, mecanismo por el cual el sujeto
repite  estados  y de  este

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