Iglesia Bautista Reformada Salvación y Vida Eterna
Pr. Edwin D. Torres Bonilla.
La responsabilidad personal y ayudar a otros.
Gálatas 6:1-5
1Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois
espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti
mismo, no sea que tú también seas tentado. 2Sobrellevad los unos las cargas de
los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 3Porque el que se cree ser algo, no siendo
nada, a sí mismo se engaña. 4Así que, cada uno someta a prueba su propia obra,
y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;
5porque cada uno llevará su propia carga.
INTRODUCCIÓN
Estudiaremos la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas y nos encontramos en la sección
práctica de la carta, que comienza en el capítulo 5 y trata el tema de la santificación
práctica por el Espíritu. Allí vemos que el ser salvo por fe y vivir bajo la ley, perpetúa la
caída del principio de la gracia. Eso lo que vemos en los primeros 15 versículos, luego
encontramos que el ser salvo por fe y andando en el Espíritu, produce el fruto del Espíritu.
En otras palabras, vemos lo que quería decir el Andar en el Espíritu. Eso es algo que
debemos aprender a hacer. Debemos comenzar el proceso de aprendizaje; nos
caeremos, pero nos levantaremos y deberemos continuar andando. Eso lo encontramos
en el capítulo 5, versículos 16 al 26. Y al llegar hoy al capítulo seis, veremos cómo el fruto
del Espíritu afectará a nuestra vida.
Leamos entonces el primer versículo del capítulo 6, de Gálatas
1Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales,
restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú
también seas tentado. (Gálatas 6:1)
Veamos lo que dice el Apóstol Pablo: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna
falta”. Ahora, ¿a quién se refiere este alguno? Bueno, es un término genérico e incluye a
cualquier persona que sea creyente; puede referirse a un hombre o una mujer. Quiere
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decir que si un creyente fuere sorprendido en alguna falta, podríamos decirlo así. Y la
palabra "falta", traduce al término griego "paraptoma", que significa "caída" o
"contratiempo". Como verbo puede significar "tropezar". No se refiere necesariamente a
un pecado grave sino a un error más o menos importante.
Ahora, ¿cómo se debe actuar con una persona que haya sido sorprendida en alguna
falta? Bueno, aquellos que son espirituales, (y hay muchos que piensan que lo son, por
supuesto), interpretan esta declaración como que tienen que limitarse a juzgar y castigar a
esa persona. Siempre existe el peligro de no querer restaurar al afectado y que se prefiera
condenarle y criticarle. Sin embargo, el creyente no pierde su salvación cuando ha
pecado. Si un creyente es descubierto habiendo cometido o cometiendo una falta, el
creyente espiritual, es decir, el creyente que busca ser controlado por el Espíritu, debe
restaurarle con una actitud de mansedumbre. Y cabe destacar también que la
mansedumbre forma parte del fruto del Espíritu Santo.
Si alguien, como en nuestro pasaje de hoy, es sorprendido en alguna falta, ha tropezado.
Puede tratarse de un pecado no grave o de una gran equivocación.
Una de las cosas maravillosas que se expresaron en la profecía del Señor Jesucristo, se
encuentra en el libro de Isaías, capítulo 63, versículo 9, donde dice: "En toda angustia de
ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los
redimió, los trajo y los levantó". En algunos de los mejores manuscritos dice, incluyendo el
final del versículo 8: "Se convirtió en el Salvador de todas sus angustias. Él mismo los
salvó; no envió un mensajero ni un ángel. En su amor y misericordia los rescató; los
levantó y los llevó en sus brazos como en los tiempos de antaño". El Señor Jesucristo
anda con nosotros por el camino de la vida, y cuando caemos o tropezamos, Él está allí a
nuestro lado. ¿Y sabe usted que hace? Él nos levanta, sacude nuestras ropas y nos dice
que comencemos a andar de nuevo. Es consolador tener a nuestro lado a alguien que no
ha tropezado y caído con nosotros pero está a nuestro lado en todo momento para
acompañarnos en nuestra aflicción, como lo hizo por su pueblo cuando vagaban por el
desierto.
Ahora aquí aconseja restaurar al que se ha equivocado. La palabra usada para
restauradle es un verbo que quiere decir, "arreglar, componer un hueso fracturado". Si
alguien se cae y se quiebra una pierna, ¿qué es lo que hace usted entonces? No se va y
lo deja abandonado allí. No. Pablo dijo: "Vosotros que sois espirituales, arreglad ese
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hueso roto, haciendo todo lo posible para que esa persona se pueda levantar nuevamente
y continuar caminando". Es decir, que con humildad, hay que ayudarle a corregirse.
Había un gran predicador que se había convertido a Cristo mientras estaba dominado por
un determinado vicio. Su conversión fue una experiencia transformadora notable y quedó
liberado de ese vicio. Su ministerio adquirió grandes proporciones, demandando de él
mucha energía. Pero un día, después de haber experimentado grandes presiones y
tentaciones no pudo resistir el estrés y cayó en el vicio que había superado. A la mañana
siguiente se sintió tan avergonzado que reunió a los diáconos de su iglesia y después de
contarles el error que había cometido les presentó su dimisión. Era evidente que se sentía
arrepentido y avergonzado. Entonces, para su sorpresa, se colocaron alrededor de él
rodeándole con sus brazos y oraron. No aceptaron su dimisión. Y alguien que estuvo
presente el domingo siguiente en su predicación matinal declaró que nunca le había
escuchado pronunciar un sermón tan efectivo, que impactó a toda la congregación. Es
que aquellos diáconos se habían comportado con él como verdaderos cirujanos, uniendo
el hueso fracturado, colocándolo en su lugar y restaurándolo a su función con amor,
delicadeza y humildad. Otras personas le hubieran expulsado inmediatamente del
ministerio. Pero aquellos diáconos colocaron al pastor nuevamente sobre sus pies y
entonces Dios le utilizó de una manera extraordinaria después de este incidente.
Pablo dijo: Vosotros que sois espirituales, restauradle. Y ¿cómo lo hace uno? Con el fruto
del Espíritu: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, y ahora, Mansedumbre.
Ésa es la palabra.
Se le debe restaurar con espíritu de mansedumbre. ¿Y por qué? Considerándote a ti
mismo, no sea que tú también seas tentado. No piense usted que es inmune a aquello
mismo que está señalando con el dedo y por lo cual está reprochando y culpando a un
hermano por haberse equivocado. Nosotros podríamos haber cometido el mismo error.
Así que la actitud recomendada es restaurar al caído con amor y mansedumbre.
2Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
(Gálatas 6:2)
En la Biblia hay varias palabras para traducir la palabra "cargas". Esto quiere decir que
hay varias clases de cargas. Hay algunas cargas que se pueden compartir, y otras que
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uno mismo debe llevar y no puede compartirlas con nadie más. Así que la respuesta a
esa aparente contradicción es sencilla y satisfactoria.
Las cargas son aquellas cosas que todos nosotros tenemos en común; todos tenemos
cargas. No todos somos ricos, pero todos tenemos cargas. No todos gozamos de buena
salud, pero tenemos igualmente cargas. No todos tenemos un talento natural. Así que no
tenemos muchas características comunes, pero todos tenemos cargas.
Todos nosotros tenemos cargas, pero no todos tenemos la misma carga. Lo que Pablo
hizo en este capítulo 6 de Gálatas fue dividir las cargas en dos clases: cargas que
podemos compartir, y cargas que debemos llevar solos, que no podemos compartir. El
versículo 2, el que ya hemos leído, puede traducirse así: "continuad llevando mutuamente
las cargas de cada uno" La palabra griega para carga es "baros", que significa "algo
pesado". Nuestro Señor la usó en Mateo 20:12, cuando habló sobre aquellos que habían
soportado la carga al calor del día. La misma palabra fue también usada en la iglesia
primitiva, en los Hechos 15:28, cuando se reunió en el primer concilio de Jerusalén y se
tomó la siguiente decisión: "ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros
ninguna carga más que estas cosas necesarias". Allí se estaba hablando de una carga
que los cristianos debían compartir con la iglesia en Jerusalén. Alguien ha dicho que una
carga equivale sólo a media carga cuando la están llevando entre dos.
Una dama subió a un autobús llevando una canasta muy grande. Se sentó en un asiento
y puso esa gran canasta sobre sus rodillas. Un pasajero que estaba de pie a su lado,
consciente del peso que la mujer llevaba y de la incomodidad que éste le causaba, le dijo:
"¿Por qué no pone la canasta en el suelo? Este autobús puede cargar tanto la canasta
como a usted". Muchos de nosotros tenemos cargas que podemos compartir con los
demás, y las deberíamos compartir.
Ahora, la palabra griega para carga "baros" (que hemos mencionado antes) incluye el
significado de "falta", en la frase: Si alguno fuere sorprendido en alguna falta. Ésta es su
carga. Usted puede ayudar a esa persona a llevar la carga. Puede tratarse de una
enfermedad, una debilidad, una ignorancia, una presión, una tensión o cierto dolor de una
aflicción. Todos tienen un fallo, un defecto, que constituye un peso, una carga. Muchas
veces caemos y vemos a un hermano caer. De ahí el pedido del apóstol a aquellos que
quieren dejarse controlar por el Espíritu, para que restauren a tal persona.
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Hay otro tipo de cargas que usted y yo podemos compartir. Es la carga conocida como la
aflicción. El peso de una tragedia, la carga del dolor, la tristeza, la desilusión, la depresión,
que son inevitables en la experiencia humana. Lo más probable es que usted, ya las haya
experimentado. Cuando nos encontramos en esa condición, necesitamos a nuestro lado a
un amigo, alguien que esté a nuestro lado. Hemos criticado a los amigos del patriarca Job
por haberle sometido a una verdadera maratón de conversaciones y razonamientos
inculpatorios, pero en realidad antes de aconsejarle, pasaron siete días acompañándole,
sin atreverse a decirle nada y afligiéndose con él.
En el libro de Rut 2:13, pudimos leer las siguientes palabras de Rut a Booz: "me has
consolado" Ella era extranjera, había llegado de un país lejano y de quien se esperaba
que se mantuviera apartada y al margen de la sociedad. Pero a su vida llegó alguien que
mostró interés por ella y la hizo objeto de atenciones. Por eso ella pudo decir con gratitud:
"me has consolado".
María quebró un recipiente de alabastro con ungüento sobre el Señor. Lo hizo poco antes
de la crucifixión porque ella sabía lo que iba a ocurrir. Nadie más pareció ser consciente
de lo que estaba sucediendo, pero ella sí se dio cuenta. Y el Señor dijo, como leemos en
(Mateo 26:12) "al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de
prepararme para la sepultura". De todos los que allí estaban sólo ella comprendió los
sufrimientos del Señor. Jesús entonces añadió este comentario sobre ella: "De cierto os
digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se
contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella". Y podemos decir que la fragancia de
aquel perfume se extendió por todo el mundo. Así que el dolor es algo que usted puede
compartir. Habrá algunos que en su aflicción se acercarán a usted.
Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. (Gálatas
3
6:3)
Algo tiene que ser quitado de la vida si un creyente va a compartir una carga, y es la
vanidad. Una actitud que alimenta la intolerancia ante los errores de los demás y le hace
pensar al vanidoso que él está a salvo de cometer equivocaciones. El remedio para esta
presunción se encuentra en el próximo versículo. Es que hay cargas que no podemos
compartir.
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4 Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de
gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; (Gálatas 6:4)
Antes de compararse con los demás, el creyente debería dar un paso atrás y dirigirse a sí
mismo una mirada objetiva para examinar sus propios logros. Entonces podrá sentirse
honrado por lo que Dios ha hecho en su vida y en la de los otros.
5 porque cada uno llevará su propia carga.
La palabra "responsabilidad" aquí corresponde a la palabra griega "phortion", que significa
"una carga que hay que llevar". Esta palabra se usa para hablar de la carga de un barco.
También se utiliza para referirse al niño en el vientre de su madre, que sólo una madre
puede llevar. Esa carga y responsabilidad es imposible de compartir. Una versión menos
literal del nuevo Testamento lo expresa de la siguiente manera: "cada uno debe llevar
sobre sus hombros su propia mochila". O sea, que hay cargas y responsabilidades que
usted y yo no podemos compartir.
En cierto sentido, cada vida está separada, aislada, como en cuarentena con respecto a
toda otra vida. Por tal motivo, algunas cargas tenemos que sobrellevarlas en solitario. Y
mencionaremos algunas de ellas.
La primera es el sufrimiento. Usted tendrá que sufrir solo. Nadie puede sufrir por usted.
Usted ha llegado a este mundo solo, un mundo de desgracias y aflicción, y tendrá que
sufrir solo. Y tendrá que enfrentarse solo a ciertos problemas. Algún día llegará a su vida
el sufrimiento físico; cuando usted se enferme, nadie podrá ocupar su lugar.
Usted se puede dar cuenta de esto cuando alguno de sus hijos se enferma y tiene una
fiebre muy alta. Usted mismo desea tener esa fiebre para que el pequeño no sufra; pero
es algo que no se puede hacer. También existe la angustia mental, la depresión. Cuánta
gente está amargamente desanimada, por haber vivido una gran desilusión. Éstos y otros
son sufrimientos que debemos soportad en soledad.
Otra carga que usted y yo no podemos compartir con nadie es la muerte. Llegará un
momento en que cada uno de nosotros tendrá que cruzar el valle de la sombra de la
muerte. Y pasaremos por tal lugar absolutamente solos. Thomas Hobbes, un agnóstico de
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toda la vida, una mentalidad muy brillante, dijo cuándo se acercó a la muerte: "Estoy
dando un salto terrible en la oscuridad y solo". Y después gritó: "¡Oh Dios, qué soledad!"
Así sucede con esta experiencia que no se puede compartir. Y qué trágico es el tener que
hacerlo de esa manera, estimado oyente.
Ahora, hay otro tipo de carga que usted no puede llevar ni compartir. Es lo carga de la
cual la Biblia habla como el peso del pecado. Pablo habló sobre ella en la primera parte
de Romanos. Y el rey David en el Salmo 38:4 añadió: "4porque mis maldades se
acumulan sobre mi cabeza; como carga pesada me abruman". El pecado es una carga
que usted no puede compartir con nadie.
Sólo hay un lugar donde usted puede librarse de esa carga y es en la cruz de Cristo. Dice
el (Salmo 55:22) "Echa sobre el Señor tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre
caído al justo". Y el Señor Jesús dijo, en (Mateo 11:28) "28Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Sólo Cristo puede levantar hoy la pesada
carga del pecado, porque Él pagó el castigo por él pecado. Sólo Dios puede quitarla de
usted.
¿Estimado hermano, está usted soportando el peso de su carga de pecado en este día?
Tráigala al pie de la cruz, el Señor Jesucristo ya la llevó por usted. Si usted por la fe
reconoce ese sacrificio a favor suyo y le pide que tome el control de su vida, ya puede
usted respirar aliviado y darle las gracias por el perdón de sus pecados, por la salvación y
por la vida eterna. Y puede ya comenzar una nueva vida, una vida de libertad,
colocándose bajo la dirección, la fortaleza y el consuelo que sólo el Espíritu de Dios
puede dar.