Cristina Pascual Alconchel
EL ESPIRITU DE LA LITURGIA
Romano Guardini
La publicación en 1933 del libro “El espíritu de la liturgia”, de Romano Guardini, es uno
de los hitos importantes a señalar en la historia de la renovación, de la comprensión y
vivencia de la liturgia católica en el siglo XX.
No podemos considerar este libro como una de interpretación de la liturgia, sino que
estamos delante de un verdadero intento de estudio profundo de la liturgia misma. El
interés de Guardini, en éste primer libro, se centra en el estudio de las características
esenciales de la liturgia; dicho de otro modo: se centra en la oración y culto a Dios, en
cuerpo y alma, a la vez impregnado de naturaleza, cultura y arte, que realizamos en la
Iglesia junto a Jesucristo.
Guardini, enlaza los temas que tratar en este libro con un lenguaje sencillo y didáctico, en
el que se percibe un esfuerzo, por parte del autor, por ser comprensible en la exposición.
Este esfuerzo didáctico no le quita profundidad y originalidad al libro. Como lectora, es
de agradecer el estilo ordenado y claro que este autor combina con rigor y hondura.
La extensión del libro es breve, cerca de doscientas páginas divididas en siete capítulos:
1. La oración litúrgica; 2. La Comunidad litúrgica; 3. El estilo litúrgico; 4. El simbolismo
litúrgico; 5. La liturgia como juego; 6. La severa majestad de la liturgia; 7. De la primacía
del Logos sobre el Ethos.
En los tres primeros capítulos, desarrolla la diferencia entre la oración personal y la
oración litúrgica. Señala cómo el individualismo, provocado en cierta medida por el
modernismo y el racionalismo, ha limitado el concepto de Liturgia. Ya que, como apunta
Guardini, “el fin primordial y más inmediato de la Liturgia no es el culto tributado a
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Dios por el individuo, ni su edificación, ni la formación, ni el fomento espiritual del
mismo, en cuanto ser individual” (pág.64), sino que “la Liturgia es el culto público y
oficial de la Iglesia […] los homenajes tributados a Dios lo son por la unidad colectiva
y espiritual”.
Por tanto, podemos decir con Guardini que la Liturgia no es una oración más que el fiel
creyente dirige hacia Dios, sino que es la oración de la Iglesia dirigida a Dios. Además, la
Liturgia, Lex orandi, es a la vez Lex credendi, es decir, norma de fe: “Ella contiene en
cierto modo, todo el tesoro y herencia ideológica de la Revelación” (pág.69). Es aquí, al
hilo de este axioma, donde Guardini aborda la problemática de las devociones populares
que solo se centran en el sentimiento del individuo, no permitiendo transcender a la
comunidad. La reflexión de Guardini no concluye con que el sentimiento no tenga espacio
en la oración litúrgica sino con una propuesta de equilibrio entre razón y sentimiento.
En cuanto a la Comunidad litúrgica, idea desarrollada en el segundo capítulo, Guardini
señala cómo la oración litúrgica de la comunidad requiere de dos concesiones por parte
del individuo. Por un lado, es necesario sacrificar la autonomía y el egoísmo, y por otro
lado se hace indispensable la cooperación activa en ella: “La perfecta comunidad en la
liturgia consiste en la participación del mismo espíritu, de las mismas palabras y
pensamientos en que los corazones y los ojos sigan la misma trayectoria hacia el mismo
fin” (pág. 105). Esto requiere por parte del orante un verdadero ejercicio de ascesis del
yo. Una postura humilde que “ensanche la perspectiva de su vida, que dilate su corazón,
y posponiendo su interés individual, considere como propios y afirme y sienta como suyos
los intereses y actividades de la comunidad” (págs. 97-98)
En el capítulo cuarto, aborda la cuestión de El simbolismo litúrgico. Para Guardini, como
el ser humano no es cuerpo o alma, sino unión de cuerpo y alma, no podemos rezar como
almas separadas. El ser humano tiene un cuerpo y por medio de él se acerca a la realidad
y hace experiencia de ella, por lo que lo espiritual se puede manifestar también en lo
corporal de diversos modos. De hecho, Guardini, apunta que “el símbolo surge cuando lo
interno y espiritual encuentra su expresión externa y sensible” (pág. 131) aunque este
símbolo debe ser claro, y, por tanto, previamente delimitado. Gracias al significado
simbólico se hacen legibles las imágenes y signos de la liturgia, más allá de los fines
estéticos de estos.
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En el capítulo quinto, Guardini aplica a la liturgia la noción de juego, como actividad
colectiva y reglada, enfrentándose a los criterios utilitaristas que destruyen el sentido de
la liturgia: situarse ante Dios. El sentido de la liturgia es la liturgia misma y esto choca
frontalmente con los criterios utilitarista presentes en la sociedad moderna.
La liturgia debe ser entendida como el “arte que transforma la vida” (pág. 159). Un arte
que transforma nuestra identidad en la identidad de los hijos de Dios. Un arte, en el que
la belleza es splendor veritatis; belleza de la verdad de Dios y del misterio salvador de
Jesucristo. En el capítulo sexto, La severa majestad de la liturgia, marca la distancia de
este arte con respecto al esteticismo, sin despreciar en ningún momento el impulso
artístico.
Finalmente, en el capítulo séptimo, dedicado a La primacía del Logos sobre el Ethos,
Guardini subraya que la liturgia antes que una invitación a la vida moral, es vivencia de
fe. En relación con las homilías apunta que no podemos convertirlas en una ocasión para
transmitir enseñanzas morales, pues esto deforma la liturgia como culto a Dios. La liturgia
debe estar centrada en dar gloria a Dios “por Cristo, con Él y en Él, a Ti Dios Padre
Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria…”. Y en esta
primacía de la adoración a Dios, debe a la vez primar, para Guardini, el logos sobre el
ethos – Lex credendi, lex orandi – pues, “el conocimiento de la Verdad pura es el acto
esencial para la liberación del espíritu: La Verdad os hará libres” (pág. 196).
En conclusión, podemos decir que Guardini en este libro presenta de forma brillante las
piezas clave de la oración litúrgica: orante, comunitaria, estética, simbólica, majestuosa
y liberadora, sobre las que versará toda la reflexión litúrgica del siglo XX. Guardini, en
cierto sentido es maestro y continuador del Movimiento Litúrgico iniciado a finales del
XIX en la Iglesia, con el fin de reflexionar y renovar la liturgia católica que encontrará su
plasmación en la constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II.