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TESTAMENTO DE JOB

Testamento de Job

Esta obra, denominada también según los manuscritos Libro de Job, llamado Johab, relata cómo
Job, un pagano hijo de Esaú, se convierte a la religión verdadera, la judía, tras una revelación
angélica. Luego narra como actúa Job de acuerdo con su nueva fe y confianza en Dios único, en
medio de múltiples pruebas y sufrimientos.
El origen de los males de Job es la oposición de Satán, pues al convertirse ordenó Job derribar un
templo consagrado al Demonio. Este mata a los hijos de Job, le arrebata sus propiedades, hostiga
contra él a sus conciudadanos y lo deja sumido en la miseria y aquejado de múltiples
enfermedades. A pesar de estas pruebas, Job sigue fiel a Dios. Aparecen en escena más tarde
tres personajes, antiguos amigos de Job, que dialogan con él sobre el origen de estos males.
Durante la visita de los amigos aparece también Sítidos, mujer de Job, suplicando a los amigos
que le ayuden a rescatar y dar sepultura a los cadáveres de sus hijos. Job lo impide, asegurando
que sus cuerpos han resucitado y se hallan en los cielos. Confortada por esta noticia, muere
Sítidos. Más tarde, en una aparición divina, Dios justifica a Job, lo declara inocente de toda culpa y
hace que recobre la salud, otorgándole de nuevo todas sus riquezas.
Antes de morir, Job reparte entre sus hijos todos sus bienes. A sus hijas les entrega solo unos
cinturones maravillosos que las convierten en profetisas y conocedoras de los bienes celestiales, lo
cual vale más que cualquier tesoro terrenal. El libro concluye con la muerte de Job, la asunción de
su alma al cielo (parte escatológica-apocalíptica aquí reproducida) y la proclamación de la
grandeza del personaje.

El libro de Job/Johab es una obra plenamente judía, cercana a la piedad de los autores de los
manuscritos del Mar Muerto, sin retoques cristianos claros. Fue escrita originalmente en griego,
aunque el autor refleja en su manera de escribir que es un judío de lengua materna hebrea o
aramea. Fue compuesta entre el siglo I a. de C. y el siglo I d. de C., ya que, por un lado, el autor
conoce obras judías anteriores a esa fecha, como el Testamento de los Doce Patriarcas (también
publicado en este Blog), y, por otro lado, la Carta de Santiago, del Nuevo Testamento.
La intención del desconocido autor es resaltar la fidelidad a Dios por parte del héroe del relato y
exhortar a los lectores a tener confianza en ese Dios a veces incomprensible en sus actuaciones,
pero que al final premia siempre al justo. Insiste también en que los bienes espirituales son
superiores a los materiales. La resurrección y el estado paradisiaco de los justos tras la muerte son
los que fundamentan la paciencia del justo en esta vida.
La imagen de Job en este apócrifo, un hombre verdaderamente paciente ante las desdichas, ha
influido mas en el imaginario cristiano que la del Job canónico, un personaje mucho mas protestón
y casi blasfemo.

(1) Lamentablemente por el momento me es imposible publicar el texto completo como siempre fue
mi proceder, pero dado la importancia de esta obra, juzgue conveniente hacerlo así.
Espero que el lector sepa comprender y valorizar el texto ofrecido. – Sergio (Nuestros
Antepasados)

Tres amigos visitan a Job, enfermo y pobre

Tras recibir información, salieron de la ciudad junto con mis conciudadanos. Estos les mostraron
donde estaba yo, Job, pero ellos se empeñaban en afirmar que no era yo (a causa de mi lastimoso
estado).
Mientras estaban dudando, se volvió Elifaz y dijo:
-¿Eres tú, Job, el que es rey como nosotros?
Yo, llorando, eché tierra sobre mi cabeza y, moviéndola, les respondí:
-Si, soy yo […]
Pero ellos se levantaron y dijeron: “No creemos que sea él” […].
Tras siete días de deliberaciones, dijo Elihú a los reyes:
-Acerquémonos e investiguemos detenidamente si es él o no[…].
Elihú me dijo:
¿Eres tú aquel cuya gloria era en otro tiempo tan grande? ¿Eres tú aquel que, como el sol durante
el día, brillaba sobre toda la tierra? […].
Ante mi respuesta (positiva), rompió a llorar con grandes gemidos y entonó un lamento real:
-Tú eres el que había apartado siete mil ovejas para el vestido de los pobres, ¿Dónde está ahora la
gloria de tu trono?[…]. Tu eres el que escarnecía a los injustos y pecadores, y ahora te has
convertido en objeto de irrisión, ¿Dónde está ahora la gloria de tu trono?

Respuesta de Job: El final de las almas justas está en el paraíso junto a Dios

Elihú se extendía tanto en su lamentación, mientras los otros reyes lo acompañaban entonando el
estribillo, que se produjo una gran confusión. Cuando se apagó el griterío, les dijo:
-Guardad silencio, que voy a mostraros
Mi trono y mi gloria esplendorosa,
Que se halla entre los santos.
Mi trono se halla en el reino supraterrestre,
Y su gloria y su esplendor están a la derecha del Padre de los cielos.
Mi trono es eterno;
El mundo entero pasará y su gloria perecerá,
Y los que dé él se preocupan lo acompañaran en su ruina.
Pero mi trono se halla en la tierra santa,
Y su gloria en el mundo inmarcesible.
Los ríos se secarán,
Y el orgullo de sus ondas descenderá a las profundidades del abismo.
Pero lo ríos de mi tierra, donde se encuentra mi trono,
No se secarán ni desaparecerán,
Sino que existirán para siempre.
Su gloria y su jactancia serán como la imagen de un espejo.
Pero mi reino permanecerá para siempre;
Su gloria y su esplendor se hallan en los carros (tronos) de mi Padre.
Muerte de Job y ascensión de su alma al cielo

(Pasado el tiempo) Job se acostó en su cama, pero sin dolores ni molestias, ya que el sufrimiento
no podía alcanzarlo a causa del cinturón con el que iba ceñido. Tres días después vio a los que
venían por su alma. Se levanto enseguida, tomó una lira y se la dio a su hija Hermera.
A otra hija, Casia; dio un incensario, y a la tercera, Cuerno de Almatea, un tambor para que todos
bendijeran a los que venían por su alma.
Entonces bendijeron y alabaron al Señor, cada una en su lengua (angelical) especial.
Tras esto vino El que está sentado en el gran carro y saludó a Job. Las tres hijas y su padre veían
la escena, pero los demás no. Tomó Aquel el alma de Job, se marchó volando teniéndola en sus
brazos, la hizo subir a (su) carro y se encaminó hacia el oriente. Pero su cuerpo, envuelto, fue
conducido a la tumba, precedido por sus tres hijas, ceñidas con los cinturones y entonando himnos
a Dios.

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