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Inconstitucionalidad en Reglamento ANAPOL

Este documento resume una sentencia constitucional plurinacional de Bolivia de 2014. Resuelve una acción de inconstitucionalidad contra artículos del reglamento disciplinario de una universidad policial que permitían sancionar a estudiantes por relaciones con "antisociales" o por estar sujetos a procesos penales, aunque no hubieran sido condenados. El Tribunal determinó que estas normas violaban principios como la presunción de inocencia y prohibición de doble juzgamiento. Declaró la inconstitucionalidad de los artículos impugnados.
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Inconstitucionalidad en Reglamento ANAPOL

Este documento resume una sentencia constitucional plurinacional de Bolivia de 2014. Resuelve una acción de inconstitucionalidad contra artículos del reglamento disciplinario de una universidad policial que permitían sancionar a estudiantes por relaciones con "antisociales" o por estar sujetos a procesos penales, aunque no hubieran sido condenados. El Tribunal determinó que estas normas violaban principios como la presunción de inocencia y prohibición de doble juzgamiento. Declaró la inconstitucionalidad de los artículos impugnados.
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SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0910/2014

Sucre, 14 de mayo de 2014

SALA PLENA
Magistrado Relator: Tata Gualberto Cusi Mamani
Acción de inconstitucionalidad concreta

Expediente: 03337-2013-07- AIC


Departamento: La Paz

En la acción de inconstitucionalidad concreta promovida por el Presidente de la Comisión del


Régimen Disciplinario de la Academia Nacional de Policías (ANAPOL) a instancia de Joel Rodrigo
Rivera Rivas; demandando la inconstitucionalidad de los arts. 39 inc. B numeral 3.14 y 15 y 93 del
Reglamento del Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad
Policial (UNIPOL) “Mariscal Antonio José de Sucre”, por ser presuntamente contrarios los arts. 14,
110, 116, 117, 119 y 410.II de la Constitución Política del Estado (CPE).

I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA

I.1. Contenido de la acción

Por memorial presentado el 16 de abril de 2013, cursante de fs. 97 a 105, el accionante expone, los
siguientes fundamentos de hecho y de derecho:

Dentro del proceso disciplinario instaurado por el Consejo Disciplinario de la ANAPOL en su contra,
se aplicarán los arts. 39 inc. B, numeral 3.14 y 15, así como el art. 93 del Reglamento de Régimen
Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la UNIPOL; normas que vulneran sus derechos
y garantías constitucionales establecidas en la Constitución Política del Estado y Convenciones
Internacionales, por cuanto el reglamento establece como faltas graves el mantener relaciones de
amistad y relaciones de parentesco con antisociales, presumiendo la culpabilidad y no la inocencia,
por conductas ajenas, no obstante que la responsabilidad penal es intuito persona.

El art. 93 del Reglamento, sostiene que los cursantes de las Unidades Académicas que sean
imputados formalmente serán dados de baja sin derecho a reincorporación, lo que lesiona el art.
117 de la CPE, porque con dicha norma se lo condena de manera anticipada sin que se haya definido
el proceso penal, existiendo doble juzgamiento y una sanción anticipada que no solo afecta la
presunción de inocencia, sino el quebrantamiento del valor justicia y el principio de razonabilidad.

Las normas impugnadas tratan de sancionar a una persona por la supuesta comisión de un delito
cuya responsabilidad recae en otras personas, lo que vulnera el art. 110 de la Norma Suprema;
asimismo, se limita el derecho a la educación al ser discriminado por estar dentro de un proceso
penal, vulnerando el art. 14 de la Ley Fundamental, sin que se hubiera demostrado su participación
en el hecho.
I.2. Trámite procesal de la acción y Resolución de la autoridad consultante

Por Resolución 004/2013 de 16 de abril, cursante de fs. 53 a 54, Julio Ramiro Paredes Jemio,
Presidente de la Comisión del Régimen Disciplinario de la ANAPOL, resolvió rechazar la acción de
inconstitucionalidad concreta, alegando que en cumplimiento de la Ley 254, art. 4, que dice: “se
presume la constitucionalidad de toda norma de los órganos del Estado en todos sus niveles, en
tanto el Tribunal Constitucional Plurinacional no declare su inconstitucionalidad”.

Asimismo, por decreto de 9 de septiembre de 2013, se suspendió el cómputo de plazo por pedido de
informe complementario, habiéndose recepcionado dicha documentación se dispuso la reanudación
del cómputo de plazo por decreto de 14 de noviembre de 2014, por lo que emite esta dentro del
plazo.

I.3 Admisión y citación

Por AC 0203/2013-CA de 10 de junio, cursante de fs. 113 a 117 la Comisión de Admisión del Tribunal
Constitucional Plurinacional revocó la Resolución 004/2013 de 16 de abril de fs. 53 a 54, pronunciada
por el Presidente de la Comisión del Régimen Disciplinario de la ANAPOL, y admitió la Acción de
inconstitucionalidad concreta, ordenando sea puesta en conocimiento del Director Nacional de
Instrucción y Enseñanza y Rector de la Universidad Policial “Mariscal Antonio José de Sucre”, como
personero del órgano que generó las normas impugnadas a objeto de que puedan formular los
alegatos que considere necesarios en el plazo de quince días (fs. 113 a 117), acto que fue cumplido
con la notificación de 5 de julio de 2013 (fs. 140).

I.3. Alegaciones del personero del órgano que generó la norma impugnada

Roberto Bustillos Maldonado, Director Nacional de Instrucción y Enseñanza y Rector de la


Universidad Policial “Mariscal Antonio José de Sucre” mediante informe 039/13 de 23 de junio,
expuso sus alegatos en base al informe realizado por el Director de la ANAPOL, que cursa de fs. 143 a
157, en los siguientes términos: 1) En aplicación del Sistema Educativo Policial, art. 24.1 inc. f),
concordante con el Reglamento de Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la
UNIPOL, art. 39 inc. 3 numerales 14, 15 y 23 y 93, y Reglamento Estudiantil, art. 9 inc. e), ha
conllevado al proceso disciplinario instaurado por el Consejo Disciplinario de la ANAPOL al ex cadete
Joel Rodrigo Rivera Rivas del Tercer año de formación profesional, disponiendo la baja definitiva sin
derecho a reincorporación de la ANAPOL, habiendo obrado correctamente en aplicación de las
normativas internas de las Unidades Académicas de la UNIPOL; 2) El Auto Inicio de Sumario Interno
001/2013 de 14 de febrero, se inició al tener conocimiento de la nota de 25 de enero del mismo año,
enviada por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) al Comandante General de la
Policía Boliviana -imputación- contra el ahora accionante y otros. Siendo así, que el referido Consejo
Disciplinario de la ANAPOL, obró correctamente, al haber emitido la Resolución de sanción contra el
ex cadete, considerando que la Ley Orgánica de la Policía Nacional (hoy Policía Boliviana), el Sistema
Educativo Policial y todos sus Reglamentos internos de la UNIPOL, son aplicados presumiendo su
constitucionalidad, tal cual establece la Ley 254 en su art. 54 del Código Procesal Constitucional
(CPCo); 3) El Consejo Disciplinario de la ANAPOL, en ningún momento vulneró el art. 14 de la CPE o
aplicó sanción discriminatoria en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género
u otro derecho o menoscabó las condiciones de igualdad jurídica de derechos del Batallón de Damas
y Caballeros Cadetes de la ANAPOL, ya que todos ellos gozan de la misma igualdad jurídica, prevista
por los arts. 109 y 110 de la Norma Suprema; asimismo, todos los Reglamentos internos de la
UNIPOL se encuentran elaborados bajo los mismos principios y valores consagrados en la
Constitución Política del Estado; 4) En ningún momento se quiso suspender o vulnerar el derecho a
la educación del aludido ex cadete, sino que la UNIPOL se encuentra respaldado por la Ley 070 Ley
de Educación “Avelino Siñani y Elizardo Pérez” ya que en sus arts. 61 núm. b) y 63 es considerada
como Universidad de Régimen Especial y dentro de su Reglamento Disciplinario, se encuentran las
faltas tipificadas en las que incurrió el mencionado; 5) El cuerpo Colegiado Disciplinario, niega haber
transgredido el art. 110 de la Ley Fundamental; toda vez, que actuó al tomar conocimiento de la hoja
de trámite 02995 de 28 de enero de 2013 del Comando General de la Policía Boliviana, remitiendo a
la Dirección Nacional de Instrucción y Enseñanza de la Policía Boliviana, el oficio 0069/13 de 25 de
enero del Coronel José Gonzalo Quezada Camacho, Director General de la FELCN, dirigido al
Comandante General de la Policía Boliviana, adjuntando la imputación formal de la Fiscal de Materia
de Sustancias Controladas adscrita a la FELCN y otros documentos propios del operativo policial,
cumpliendo solamente con la aplicación del Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas del
Grado de la UNIPOL “Mcal. Antonio José de Sucre”, respetando dentro del proceso disciplinario sus
derechos y garantías constitucionales previstos en los arts. 116, 117, 119 y 120 de la CPE; proceso en
el que se estableció que José Rodrigo Rivera Rivas, infringió los arts. 39.3 numerales 14, 15 y 23, así
como el art. 93 del Reglamento de Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la
UNIPOL, por lo que fue dado de baja; 6) Durante todo el proceso se garantizó la presunción de
inocencia, el debido proceso y la igualdad jurídica, porque estuvo asistido por su abogado para su
defensa técnica, no se vulneraron los arts. 116, 117, 119 y 410 de la Norma Suprema ya que el
accionante solicitó audiencia ante la Comisión Régimen Disciplinario (CRD) para hacer uso de la
palabra y exponer los argumentos de su defensa a través de su abogado defensor e interpuso la
acción de inconstitucionalidad concreta; 7) Por lo tanto, la demanda de acción inconstitucionalidad
concreta promovida por el accionante hace una mala interpretación de los motivos por los cuales se
inició el proceso administrativo signado como caso 001/13, suponiendo erróneamente que existiría
en su contra una “presunción de culpabilidad”, en relación a los antecedentes previamente
expuestos; 8) El proceso disciplinario tiene como fundamento esencial a las infracciones y
contravenciones cometidas por el ex caballero cadete como alumno de ANAPOL y sobre el cual están
claramente establecidas las previsiones contenidas en los arts. 39. B numeral 3.14 y 3.15 y 93 del
Reglamento de Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la UNIPOL;
expresado en otros términos, existe la relación de parentesco y amistad con personas antisociales
(3.14 y 3.15 del Reglamento) y además una imputación formal contra Joel Rodrigo Rivera Rivas, lo
que constituyen faltas contravencionales al Reglamento de la institución policial cuya sanción esta
también establecida en su Reglamento Disciplinario. Por lo que solicita se declare improcedente la
presente Acción de inconstitucionalidad concreta, invocando la SCP 0646/2012 de 23 de julio.

II. CONCLUSIONES

Del atento análisis y compulsa de los antecedentes, se establecen las siguientes conclusiones:

II.1. Por Auto Inicial de Proceso CRD/0001/13 de 14 de febrero, el Presidente de la Comisión del
Régimen Disciplinario de la ANAPOL Julio Ramiro Paredes Jemio, resolvió el inicio del proceso
sumario interno contra el Caballero Cadete Joel Rodrigo Rivera Rivas, por haber infringido el art.
39.B3 numerales 14, 15 y 23 que a la letra dicen “núm.14) Mantener relación de amistad con
antisociales”; “Núm. 15) tener relación de parentesco con delincuentes y, Núm. 23) Tener
imputación formal del Ministerio Público” del reglamento de Régimen Disciplinario de las Unidades
Académicas de Grado de la UNIPOL” (sic). (fs. 48).

II.2. Los preceptos legales impugnados de inconstitucionalidad del Reglamento del Régimen
Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad Policial (UNIPOL) “Mariscal
Antonio José de Sucre”, son los siguientes:

“Artículo 39. (Faltas graves inciso B)


De las faltas Graves son objeto de Proceso Sumario Interno las siguientes:

INCISO B.3. NUMERAL DE TERCER GRADO. Serán sancionados con BAJA definitiva de la Unidad
Académica de Grado y determinados por la CRD mediante Proceso Sumario Interno. (…) 14.
Mantener relaciones de amistad con antisociales.

15. Tener relación de parentesco con delincuentes.

Artículo 93. (Imputación formal)


Los cursantes de las Unidades Académicas que sean sometidos a proceso penal por la comisión de
delitos y sean imputados formalmente, por las autoridades llamadas por ley. La CRD, órgano
disciplinario con plena competencia y velando por los principios disciplinarios el buen
comportamiento intachable y decoroso emitirá Resolución de Baja Definitiva sin derecho a
reincorporación, sin recurso ulterior”.
II.5. Los preceptos de la Constitución Política del Estado, presuntamente vulnerados son:

“Artículo 14. I. Todo ser humano tiene personalidad y capacidad jurídica con arreglo a las leyes y
goza de los derechos reconocidos por esta Constitución, sin distinción alguna.
II. El Estado prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad,
orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo
religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica o social, tipo de
ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo, u otras que tengan por objetivo o
resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de
los derechos de toda persona.
III. El Estado garantiza a todas las personas y colectividades, sin discriminación alguna, el libre y
eficaz ejercicio de los derechos establecidos en esta Constitución, las leyes y los tratados
internacionales de derechos humanos.
IV. En el ejercicio de los derechos, nadie será obligado a hacer lo que la Constitución y las leyes no
manden, ni a privarse de lo que éstas no prohíban.
V. Las leyes bolivianas se aplican a todas las personas, naturales o jurídicas, bolivianas o extranjeras,
en el territorio boliviano…

Artículo 110. I. Las personas que vulneren derechos constitucionales quedan sujetas a la jurisdicción
y competencia de las autoridades bolivianas.
II. La vulneración de los derechos constitucionales hace responsables a sus autores intelectuales y
materiales.
III Los atentados contra la seguridad personal hacen responsables a sus autores inmediatos, sin que
pueda servirles de excusa el haberlos cometido por orden superior.

Artículo 116. I. Se garantiza la presunción de inocencia. Durante el proceso, en caso de duda sobre la
norma aplicable, regirá la más favorable al imputado o procesado.
II. Cualquier sanción debe fundarse en una ley anterior al hecho punible.

Artículo 117. I. Ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada
previamente en un debido proceso. Nadie sufrirá sanción penal que no haya sido impuesta por
autoridad judicial competente en sentencia ejecutoriada.
II. Nadie será procesado ni condenado más de una vez por el mismo hecho. La rehabilitación en sus
derechos restringidos será inmediata al cumplimiento de su condena.
III No se impondrá sanción privativa de libertad por deudas u obligaciones patrimoniales, excepto en
los casos establecidos por la ley.
Artículo 119. I. Las partes en conflicto gozarán de igualdad de oportunidades para ejercer durante el
proceso las facultades y los derechos que les asistan, sea por la vía ordinaria o por la indígena
originaria campesina.
II. Toda persona tiene derecho inviolable a la defensa. El Estado proporcionará a las personas
denunciadas o imputadas una defensora o un defensor gratuito, en los casos en que éstas no
cuenten con los recursos económicos necesarios.

Artículo 410. I. Todas las personas, naturales y jurídicas, así como los órganos públicos, funciones
públicas e instituciones, se encuentran sometidos a la presente Constitución.
II. La Constitución es la norma suprema del ordenamiento jurídico boliviano y goza de primacía
frente a cualquier otra disposición normativa. El bloque de constitucionalidad está integrado por los
Tratados y Convenios internacionales en materia de Derechos Humanos y las normas de Derecho
Comunitario, ratificados por el país. La aplicación de las normas jurídicas se regirá por la siguiente
jerarquía, de acuerdo a las competencias de las entidades territoriales:

1. Constitución Política del Estado.


2. Los Tratados Internacionales
3. Las leyes nacionales, los estatutos autonómicos, las cartas orgánicas y el resto de legislación
departamental, municipal e indígena.
4. Los decretos, reglamentos y demás resoluciones emanadas de los órganos ejecutivos
correspondientes”.

III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

El accionante cuestiona la constitucionalidad de los arts. 39 inc. B numerales 3.14; 3.15 y 93 del
Reglamento del Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad
Policial “Mariscal Antonio José de Sucre” por la supuesta vulneración de los arts. 14, 110, 116, 117,
119 y 410.II de la CPE. Por consiguiente, corresponde determinar si los extremos denunciados son
evidentes ejerciendo el control normativo de constitucionalidad que el art. 202.1 de la CPE le
encomienda al Tribunal Constitucional Plurinacional.

III.1.Del Tribunal Constitucional Plurinacional en el proceso de


construcción del Estado Plurinacional Comunitario

El art. 1 de la CPE sostiene que “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho
Plurinacional Comunitario”…; modelo de Estado que fue el resultado de la fuerza descolonizadora de
los pueblos indígena originarios campesinos, quienes plantearon el reto histórico de dar fin al
colonialismo, como sujetos políticos colectivos con derecho a definir su destino, gobernarse en
autonomías y participar en los nuevos pactos de Estado.

Este nuevo modelo, tiene una inspiración anticolonialista que rompe con la herencia del
constitucionalismo monocultural, que nació a espaldas de los pueblos indígenas, y del
constitucionalismo pluricultural que introdujo de manera subordinada un reconocimiento parcial a
los derechos de los pueblos indígenas. Nuestra Constitución marca una ruptura respecto al
constitucionalismo clásico y occidental concebido por las élites políticas; es un constitucionalismo
que expresa la voluntad de las clases populares y los pueblos indígenas, creando una nueva
institucionalidad, transversalizada por lo plurinacional, una flamante territorialidad, signada por las
autonomías, un actual régimen político y una inédita legalidad bajo el paradigma del pluralismo
jurídico igualitario en el marco de la Constitución Política del Estado.

Efectivamente, nuestra Constitución tiene características que la distinguen e individualizan y dan


cuenta de un constitucionalismo que no tiene precedentes, y cuyos intérpretes deben ser fieles a sus
fundamentos, a los principios y valores que consagra, con la finalidad de materializar y dar vida a las
normas constitucionales, siendo sus características más importantes, la plurinacionalidad, la
descolonización, el pluralismo jurídico igualitario, la interculturalidad, el carácter comunitario del
Estado y el paradigma del vivir bien como valor y fin del Estado.

Es bajo ese nuevo marco que, como lo entendió la: SCP 0790/2012 de 20 de agosto, “…la
comprensión de los derechos, deberes y garantías no puede realizarse desde la óptica del
constitucionalismo liberal, sino más bien abrirse a una pluralidad de fuentes del derecho y de
derechos, trascendiendo el modelo de Estado liberal y monocultural cimentado en el ciudadano
individual, entendiendo que los derechos en general, son derechos de colectividades que se ejercen
individualmente, socialmente y/o colectivamente, lo cual no supone la negación de los derechos y
garantías individuales, pues el enfoque plurinacional permite concebir a los derechos, primero,
como derechos de colectividades, luego como derechos que se ejercen individualmente,
socialmente y colectivamente en cada una de las comunidades civilizatorias, luego como una
necesidad de construir, de crear una comunidad de comunidades; es decir, un derecho de
colectividades, un derecho que necesariamente quiebre la centralidad de una cultura sobre las otras
y posibilite diálogos, espacios políticos de querella discursiva para la generación histórica y necesaria
de esta comunidad de comunidades de derechos.

El reconocimiento y adopción del pluralismo jurídico, hace posible un diálogo intercultural entre
derechos, pues ya no existe una sola fuente de Derecho y de los derechos; de donde éstos pueden
ser interpretados interculturalmente, lo cual habilita el carácter dúctil y poroso de los derechos,
permitiendo un giro en la comprensión de los mismos, generando su transformación para
concebirlos como práctica de diálogo entre culturas, entre mundos civilizatorios, en búsqueda de
resignificar constantemente el contenido de los derechos para cada caso concreto.

Por ello, la construcción de la institucionalidad plurinacional parte del desmontaje de las lógicas de
colonialidad, desmistificando la idea de que impartir justicia es solamente una ‘potestad’; sino por el
contrario, asumirla como un servicio al pueblo, concebida como facultad/obligación, pues fruto de la
colonialidad antes construida, se ha estructurado una ´administración de justicia´ extremadamente
formal, cuasi sacramental, reproductora de prácticas judiciales desde la colonia y el periodo
republicano, fundadas en la señorialidad de esta actividad bajo la concepción de ‘potestad’ antes
que de ‘servicio’, sustentado por todo un aparato normativo, doctrinal e institucional. Corresponde
al Tribunal Constitucional Plurinacional, romper esas relaciones y prácticas que se reproducen en lo
social, cultural, político e institucional, constituyéndose en un instrumento destinado a la generación
de espacios de diálogo y relacionamiento de las diferentes concepciones jurídicas en el marco del
Estado Plurinacional Comunitario, aportando al proceso de interpretación intercultural de los
derechos humanos y fundamentales, así como de las garantías constitucionales, con énfasis en los
derechos colectivos y de las naciones y pueblos indígena originario campesinos”.

Es en ese marco que el Tribunal Constitucional Plurinacional asume el reto de depurar del
ordenamiento jurídico aquellas normas que reproducen las relaciones coloniales de poder en sus
diferentes dimensiones, asumiendo plenamente las funciones previstas en el art. 196 de la CPE,
cuales son las de velar por la supremacía de la Constitución, ejercer el control de constitucionalidad
y precautelar el respeto y la vigencia de los derechos y garantías constitucionales.

III.2. Naturaleza jurídica y alcances de la acción de inconstitucionalidad


concreta
La Constitución Política del Estado, dentro de las acciones de defensa de los
derechos fundamentales y garantías constitucionales, en su art. 132, establece la acción de
inconstitucionalidad, como derecho de toda persona individual o colectiva para cuestionar una
norma jurídica que sea contraria a la Constitución, con la única condición o requisito de encontrarse
afectada por la misma; es decir, que la norma jurídica de la cual se sospecha su inconstitucionalidad,
le cause algún perjuicio, detrimento o menoscabo a sus intereses protegidos por el derecho. La
acción de inconstitucionalidad concreta es una garantía a favor del ciudadano, que protege el
principio de constitucionalidad, de supremacía constitucional previsto en el art. 410 de la Ley
Fundamental, en virtud del cual señaló que: “La Constitución es la norma suprema del ordenamiento
jurídico boliviano y goza de primacía frente a cualquier otra disposición normativa…”; principio de
constitucionalidad que, en el marco del constitucionalismo boliviano, implica una superación del
clásico principio liberal de “legalidad”, no sólo en la medida en que la ley misma puede ser analizada,
criticada e invalidada a partir de su confrontación con la Ley Fundamental y las normas del bloque de
constitucionalidad, sino también porque se instaura una nueva forma de entender la legalidad más
allá del horizonte liberal, en el marco del pluralismo jurídico igualitario con techo constitucional; en
virtud a la cual, se podrán relacionar e interpelar los diferentes sistemas jurídicos, generando,
inclusive, nuevas soluciones para los casos concretos que se presenten, partiendo de la ductilidad y
porosidad del derecho que el pluralismo jurídico posibilita, lo que indudablemente implica una
relectura del clásico principio de legalidad.
Es en ese marco que debe ser comprendida la acción de inconstitucionalidad
concreta, como una garantía a favor de las personas y, de ahí que la voluntad del constituyente, en
el diseño institucional de esta acción, se traduce en la necesidad que la misma esté al alcance del
ciudadano común, haciendo efectivo el acceso a la justicia constitucional y el principio de
constitucionalidad frente a las arbitrariedades o abusos en los que pudiera incurrir el poder.
Ahora bien, el Código Procesal Constitucional, en el Título III, bajo el nombre de Acciones de
Inconstitucionalidad, regula, en el art. 73 a dos tipos de acciones:
“1. Acción de Inconstitucionalidad de carácter abstracto contra leyes, estatutos autonómicos, cartas
orgánicas, decretos, ordenanzas y todo género de resoluciones no judiciales.
2. Acción de Inconstitucionalidad de carácter concreta, que procederá en el marco de un proceso
judicial o administrativo cuya decisión dependa de la constitucionalidad de leyes, estatutos
autonómicos, cartas orgánicas, decretos, ordenanzas y todo género de resoluciones no judiciales”.
Conforme a ello, la acción de inconstitucionalidad concreta tiene la finalidad de someter al control
de constitucionalidad una disposición legal, sobre cuya constitucionalidad surge una duda razonable
y fundada, en aquellos casos concretos en los que debe ser aplicada para resolver un proceso judicial
o administrativo, siendo ésta una vía de control normativo concreto, debido a que surge,
precisamente, ante la posibilidad de la aplicación de la disposición legal impugnada a un caso
concreto en un proceso judicial o administrativo; por lo anteriormente desarrollado, es claro que
esta vía de control, a diferencia de la acción de inconstitucionalidad abstracta, es susceptible de ser
promovida por todos los jueces y tribunales que integren el Órgano Judicial, siendo extensible,
además, a las autoridades administrativas que conozcan procesos administrativos, para que puedan
plantear la acción, de oficio o a instancia de parte, cuando tengan una duda fundada y razonable
sobre la constitucionalidad de una disposición legal y de una de sus normas, cuya validez o no sea
fundamental para la decisión que vaya a tomarse dentro del proceso, aclarando que las citadas
autoridades pueden activar esta vía de control normativo directamente o a petición de partes.

En este mismo sentido y efectuando una reseña de la jurisprudencia desarrollada por el


Tribunal Constitucional, la SCP 0686/2012 de 2 de agosto, concluyó que: “(…) la acción de
inconstitucionalidad concreta, es la vía de control de constitucionalidad que tiene como objeto, que
el Tribunal Constitucional Plurinacional, confronte la compatibilidad o incompatibilidad de la
disposición legal impugnada de inconstitucional con los principios, valores y normas de la
Constitución Política del Estado Plurinacional; en ese marco, la labor del Tribunal sólo se circunscribe
al examen de las disposiciones alegadas de lesivas a las normas y preceptos de la Norma Suprema,
con el fin de establecer su constitucionalidad o inconstitucionalidad, y de ninguna manera realizar
análisis alguno respecto al caso en concreto”.

III.3. El debido proceso, el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia

En relación al debido proceso, el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia el


Tribunal Constitucional Plurinacional a través de la SCP 0978/2012 de 22 de agosto, estableció que:
“La Norma Suprema del Estado Plurinacional de Bolivia, establece en su parte dogmática que: ´Toda
persona será protegida oportuna y efectivamente por los jueces y tribunales en el ejercicio de sus
derechos e intereses legítimos. El Estado garantiza el derecho al debido proceso, a la defensa y a una
justicia plural, pronta, oportuna, gratuita, transparente y sin dilaciones’ (arts. 115.1 y II).

En ese mismo sentido de protección, de igual manera prevé que: ´Ninguna persona puede ser
condenada sin haber sido oída y juzgada previamente en un debido proceso. Nadie sufrirá sanción
penal que no haya sido impuesta por autoridad judicial competente en sentencia ejecutoriada.
Nadie será procesado ni condenado más de una vez por el mismo hecho. La rehabilitación en sus
derechos restringidos será inmediata al cumplimiento de su condena. No se impondrá sanción
privativa de libertad por deudas u obligaciones patrimoniales, excepto en los casos establecidos por
la ley´ (art. 117.I, II y III).

La parte orgánica de la Ley Fundamental, establece que: ´La Constitución es la norma suprema del
ordenamiento jurídico boliviano y goza de primacía frente a cualquier otra disposición normativa. El
bloque de constitucionalidad está integrado por los Tratados y Convenios internacionales en materia
de Derechos Humanos y las normas de Derecho Comunitario, ratificados por el país´ (art. 410.II).

En ese entendido el Sistema Universal de Protección de los derechos humanos, mediante los
siguientes Instrumentos Internacionales, protegen las garantías que componen el derecho al debido
proceso:

1)La Declaración Universal de Derechos Humanos, en su art. 10, establece: ´Toda persona tiene
derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal
independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen
de cualquier acusación contra ella en materia penal´.

2) El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, dispone en su art. 14.3 que: ´Durante el
proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena igualdad, a las siguientes
garantías mínimas:

a) A ser informada sin demora, en un idioma que comprenda y en forma detallada, de la naturaleza y
causas de la acusación formulada contra ella;

b) A disponer del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su defensa y a


comunicarse con un defensor de su elección;

c) A ser juzgado sin dilaciones indebidas;

d)A hallarse presente en el proceso y a defenderse personalmente o ser asistida por un defensor de
su elección; a ser informada, si no tuviera defensor, del derecho que le asiste a tenerlo, y, siempre
que el interés de la justicia lo exija, a que se le nombre defensor de oficio, gratuitamente, si
careciere de medios suficientes para pagarlo;

e) A interrogar o hacer interrogar a los testigos de cargo y a obtener la comparecencia de los testigos
de descargo y que éstos sean interrogados en las mismas condiciones que los testigos de cargo;

f) A ser asistida gratuitamente por un intérprete, si no comprende o no habla el idioma empleado en


el tribunal;

g) A no ser obligada a declarar contra sí misma ni a confesarse culpable.

Por su parte, el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, respecto a las
garantías judiciales, dispone a través de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto
de San José de Costa Rica, ratificada por Bolivia mediante Ley 1430 de 11 de febrero de 1993, -en su
art. 8-, que: ´1.Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un
plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con
anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o
para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier
otro carácter.

1. Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se
establezca legalmente su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena
igualdad, a las siguientes garantías mínimas:

a) Derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el traductor o intérprete, si no


comprende o no habla el idioma del juzgado o tribunal;

b) comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada;

c) concesión al inculpado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su defensa;

d) derecho del inculpado de defenderse personalmente o de ser asistido por un defensor de su


elección y de comunicarse libre y privadamente con su defensor;

e) derecho irrenunciable de ser asistido por un defensor proporcionado por el Estado, remunerado o
no según la legislación interna, si el inculpado no se defendiere por sí mismo ni nombrare defensor
dentro del plazo establecido por la ley;

f) derecho de la defensa de interrogar a los testigos presentes en el tribunal y de obtener la


comparecencia, como testigos o peritos, de otras personas que puedan arrojar luz sobre los hechos;

g) derecho a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a declararse culpable, y

h) derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior.

3. La confesión del inculpado solamente es válida si es hecha sin coacción de ninguna naturaleza.

4. El inculpado absuelto por una sentencia firme no podrá ser sometido a nuevo juicio por los
mismos hechos.

5. El proceso penal debe ser público, salvo en lo que sea necesario para preservar los intereses de la
justicia´.

La Opinión Consultiva OC-9/87 de 6 de octubre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos,


respecto al contenido del art. 8.1, indica: ´Este art., cuya interpretación ha sido solicitada
expresamente, es denominado por la Convención “Garantías Judiciales”, lo cual puede inducir a
confusión, porque en ella no se consagra un medio de esa naturaleza en sentido estricto. En efecto,
el art. 8 no contiene un recurso judicial propiamente dicho, sino el conjunto de requisitos que deben
observarse en las instancias procesales para que pueda hablarse de verdaderas y propias garantías
judiciales según la Convención´.

-De igual manera-,… Este art. 8 reconoce el llamado 'debido proceso legal', que abarca las
condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada defensa de aquéllos cuyos derechos u
obligaciones están bajo consideración judicial. Esta conclusión se confirma con el sentido que el art.
46.2.a) da a esa misma expresión, al establecer que el deber de interponer y agotar los recursos de
jurisdicción interna, no es aplicable cuando no exista en la legislación interna del Estado de que se
trata el debido proceso legal para la protección del derecho o derechos que se alega han sido
violados´ (párrafos 27 y 28).

En el Caso Ibsen Cárdenas e Ibsen Peña contra Bolivia, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos: ´...ha señalado que el art. 8 de la Convención Americana reconoce el llamado 'debido
proceso legal', el cual abarca las condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada
defensa de aquéllos cuyos derechos u obligaciones están bajo consideración judicial. Al respecto, el
párrafo 1 de dicha disposición establece que; “toda persona tiene derecho a ser oída, [...] por un juez
o tribunal [...] imparcial, [...] en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella,
o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier
otro carácter”.

Lo desarrollado en instrumentos internacionales, y en la Constitución Política del Estado, fue


interpretado por la jurisprudencia constitucional; en ese sentido, la SC 1431/2010-R de 27 de
septiembre, que a su vez menciona la SC 1044/2003-R de 22 de julio, han concebido al debido
proceso como: “…el derecho que tiene todo encausado a ser oído y juzgado con las debidas
garantías, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, instituido con anterioridad
al hecho y dentro de los márgenes de tiempo establecidos por ley…”.

De acuerdo a la doctrina en la evolución del debido proceso se identifican, entre otras, garantías
específicas tales como: El derecho a ser emplazado y gozar de un tiempo razonable para preparar
defensa, el derecho al juez natural, derecho a la prueba, derecho a la Igualdad, derecho a ser
asistido por un traductor o intérprete, derecho a un proceso público, el derecho de doble instancia,
la garantía de presunción de inocencia, la garantía de prohibición de persecución penal múltiple non
bis in ídem, la garantía de no auto incriminación nemo tenetur, derecho a ser juzgado sin dilaciones
indebidas, el derecho a recurrir (…)

Aunque se reconoce constitucionalmente como un derecho autónomo, uno de los elementos


esenciales del debido proceso es sin duda el derecho a la defensa. En la doctrina se ha definido el
derecho a la defensa como la posibilidad que tiene toda persona de ser escuchada por el órgano
jurisdiccional a fin de poder hacer conocer su versión y en su caso enervar la de la parte adora, con
carácter previo a que se adopte una decisión. Por ese contenido se reconoce que cumple dentro de
todo proceso un rol fundamental pues al mismo tiempo que un derecho, constituye también un
principio garantizador básico que, precisamente por ese su carácter, si no se cumple torna
Inaplicables a todas las demás garantías o elementos que componen el debido proceso
constitucional; Binder refiere que por esas características el derecho a la defensa cumple un papel
particular: '…por una parte, actúa en forma conjunta con las demás garantías; por la otra, es la
garantía que torna operativas a todas las demás' (BINDER, Alberto. Introducción al Derecho Procesal
Penal. 2da. ed. Buenos Aires -Argentina: Ad Hoc, 1999, p. 155).
Dentro de ese contexto, surge a su vez como un presupuesto para la operativización del
derecho a la defensa dentro de cualquier proceso, que la persona contra la que se dirija una
demanda sea debida y legalmente informada de su existencia y de las actuaciones que se realicen en
el proceso, pues de desconocerla no podrá desvirtuar los extremos contenidos en ella o en las
actuaciones o resoluciones que se adopten en el curso del proceso, objetivo que se consigue
precisamente a través de los institutos procesales de la citación y la notificación.

Respecto a la presunción de inocencia se debe señalar que la doctrina concibe que es una garantía
procesal básica componente del debido proceso e Implica el derecho a ser tratado como ¡nocente
durante todo el proceso, hasta el momento en que se dicte sentencia condenatoria y esta cobre
ejecutoría; entre sus principales consecuencias se encuentra que no es posible que a la persona
sometida a proceso se le apliquen anticipadamente las consecuencias o sanciones derivadas de este
y que, como la inocencia se presume, se debe demostrar la culpabilidad y por ello la carga de la
prueba corresponde al acusador. En coherencia con la doctrina, este Tribunal en la SC 0011/2000 de
3 marzo, señaló: '…este principio constitucional de presunción de inocencia se constituye en una
garantía del debido proceso, protegiendo al encausado frente a actitudes arbitrarias que podrían dar
margen al prejuzgamiento y a condenas sin proceso. Este principio constitucional traslada la carga
de la prueba al acusador, vale decir que obliga a éste, en materia penal, a probar sus acusaciones
dentro del respectivo proceso, y que los jueces dicten sentencia condenatoria siempre que exista
plena prueba, o sea, cuando no haya duda sobre la culpabilidad del encausado demostrada por
todos los medios de prueba, dentro de un proceso en el que se le hayan asegurado todas las
garantías necesarias para su defensa…'.

Es preciso resaltar que como ha señalado este Tribunal en su abundante y uniforme jurisprudencia,
el debido proceso y los elementos que lo componen alcanza a toda clase de procesos judiciales o
administrativos” (las negrillas son nuestras).

III.4.La presunción de inocencia y los precedentes jurisprudenciales sobre suspensión de funciones


ante la existencia de imputación formal o acusación

Ahora bien, este Tribunal Constitucional Plurinacional, en problemáticas similares en las que
se cuestionaba la constitucionalidad de normas referidas a la suspensión de jueces o autoridades en
el ejercicio de sus funciones por existir contra ellos imputación formal o acusación, ha sido invariable
al sostener que dicha normas resultaban contrarias a las garantías del debido proceso y la
presunción de inocencia y, por ende, declaró su inconstitucionalidad, expulsándolas del
ordenamiento jurídico.

Así, debe mencionarse a la SCP 2055/2012 d 16 de octubre, que sobre la presunción de


inocencia estableció que, al igual que el debido proceso, tiene una triple dimensión, como principio,
derecho y garantía, conforme al siguiente razonamiento:

“Principio, porque está dirigido a conservar el estado de inocencia de la persona durante


todo el trámite procesal, ello supone que se convierte en una directriz de la administración de
justicia que debe ser observada por todas las autoridades y servidores públicos encargados de
ejercitar la potestad punitiva del Estado, tanto en el ámbito punitivo como en todo el sistema
administrativo sancionador.

Derecho, porque es predicable respecto de todas las personas, vincula a todos los órganos
de poder y se encuentra reconocido como un derecho humano por los instrumentos internacionales
como el Pacto de San José de Costa Rica (art. 8.2) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos (art. 14.2), la Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 11.1), la Declaración
Americana de Derechos y Deberes del Hombre (art. 26) como en los Instrumentos Internacionales se
encuentra reconocido como un derecho humano.

Garantía, de carácter normativo constitucional, que se constituye en un mecanismo


protector dentro de los procesos judiciales o administrativos a través del cual se proscribe la
presunción de culpabilidad.

En el ordenamiento jurídico boliviano, la presunción de inocencia con su triple valor, se


encuentra reconocida por norma suprema al señalar en su art. 116.I que: “Se garantiza la presunción
de inocencia”, cuyo contenido ha sido desarrollado por la jurisprudencia constitucional de la
siguiente forma:

a) En su dimensión de principio-garantía, que no es el imputado el que debe probar su


inocencia, sino que es el acusador el que debe probar la culpabilidad del encausado o procesado.

Así la SC 0011/2000-R de 10 de enero, determinó lo siguiente: “este principio constitucional


de presunción de inocencia se constituye en una garantía del debido proceso, protegiendo al
encausado frente a actitudes arbitrarias que podrían dar margen al prejuzgamiento y a condenas sin
proceso. Este principio constitucional traslada la carga de la prueba al acusador, vale decir que obliga
a éste, en materia penal, a probar sus acusaciones dentro del respectivo proceso, y que los jueces
dicten sentencia condenatoria siempre que exista plena prueba, o sea, cuando no haya duda sobre
la culpabilidad del encausado demostrada por todos los medios de prueba, dentro de un proceso en
el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa…’.

b) La presunción de inocencia sólo es vencible con una sentencia condenatoria con calidad
de cosa juzgada formal y material, conforme señaló la SC 0012/2006-R de 4 de enero, al determinar
que: ‘Este es un postulado básico de todo ordenamiento jurídico procesal, instituido generalmente
como garantía constitucional en diversos países. El principio está dirigido a conservar el estado de
inocencia de la persona durante todo el trámite procesal. La vigencia del principio determina que un
procesado no puede ser considerado ni tratado como culpable, menos como delincuente, mientras
no exista una sentencia condenatoria que adquiera la calidad de cosa juzgada formal y material. Esto
implica que únicamente la sentencia condenatoria firme es el instrumento idóneo capaz de vencer el
estado de presunción de inocencia del procesado…’.

En el mismo sentido se pronunciaron las SSCC 0742/2002-R, 0690/2007-R, 0239/2010-R,


0255/2012, 0619/2012, entre otras. Esta última Sentencia Constitucional Plurinacional refirió el
siguiente razonamiento: ‘En cuanto al derecho a la presunción de inocencia, la SC 0239/2010-R de 31
de mayo, puntualizó ‘…está prevista como una garantía por el art. 116.I de la CPE, y que
definitivamente significa un estado constitucional que parte de la buena fe, al considerar que toda
persona es inocente entre tanto no exista en su contra sentencia condenatoria ejecutoriada…’. Al
respecto, la SC 0360/2007-R de 8 de mayo, que toma el razonamiento de la SC 0173/2004-R de 4 de
febrero, señaló que es la: '…garantía de todo aquel contra quien pesa una acusación, para ser
considerado inocente mientras no se compruebe su culpabilidad a través de medios de prueba
legítimamente obtenidos, dentro de un debido proceso’.

El alcance de los entendimientos jurisprudenciales citados ha sido ratificados por el Tribunal


Constitucional Plurinacional, mediante SSCC 0509/2012, 609/2012, entre otras.

c) El principio - garantía de la presunción de inocencia impide a que los órganos de la


persecución penal realicen actos que presuman la culpabilidad del imputado. Con este razonamiento
se pronunció la SC 0165/2010-R de 17 de mayo, al señalar lo siguiente: “…la presunción de inocencia
implica que todo imputado debe ser considerado inocente y tratado como tal en todo momento,
mientas no se declare su culpabilidad en sentencia ejecutoriada (art. 6 CPP, SSCC 0690/2007-R,
0747/2002-R 0012/2006-R), garantía de la cual deriva la prohibición de obligar al imputado a
declarar contra sí mismo; que la carga de la prueba corresponda a los acusadores, y que la libertad
sólo pueda ser restringida de manera extraordinaria en las medidas cautelares (SSCC 0048/2000-R,
0439/2003-R).

Debe entenderse, entonces que la presunción de inocencia impide que los órganos de la
persecución penal y las autoridades jurisdiccionales, realicen actos que presuman la culpabilidad del
imputado, conforme establece el art. 6 del CPP.

d) La presunción de inocencia como parte del debido proceso es extensible a todo proceso -
judicial o administrativo-. Con este razonamiento se pronunciaron las SSCC 0450/2011-R,
0255/2012. Esta última Sentencia señaló lo siguiente: “…la presunción de inocencia ha sido
configurada como garantía constitucional, en el art. 116 de la CPE, cuando establece: ‘I. Se garantiza
la presunción de inocencia…’. Por su parte, los pactos internacionales también contemplan el
principio con un contenido más o menos similar al establecido en la normativa boliviana. Así, el
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos establece en su art. 14.II, que ‘Toda persona
acusada de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su
culpabilidad conforme a ley’. En similares términos lo establece la Declaración Universal de los
Derechos Humanos en su art. 11 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en su art.
8.2, normativa que compone el bloque de constitucionalidad. La presunción de inocencia, como
componente de la garantía del debido proceso, también debe entenderse extensible a todo proceso
-sea administrativo o judicial- cuya consecuencia sea la aplicación de una sanción o determinación
de responsabilidades a cargo de determinada persona’.

2. La presunción de inocencia en el bloque de constitucionalidad

El bloque de constitucionalidad reconocido por el art. 410 de la CPE, constituido por los
Tratados Internacionales de Derechos Humanos y las normas de Derecho Comunitario, conforman el
conjunto de normas que se integran en el ordenamiento jurídico interno y configuran
conjuntamente con la Constitución una unidad constitucional fundamentadora e informadora de
todo el orden jurídico interno, que sirve de parámetro para la interpretación de las normas jurídicas.

En el marco de lo señalado, la presunción de inocencia goza de un reconocimiento expreso


en los instrumentos internacionales de Derechos Humanos ratificados por el país, entre ellos, el
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre.

En efecto, el art. 14.2 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos señala que:

´Toda persona acusada de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras
no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley´.

A su vez la Declaración Universal de Derechos Humanos en su art. 11.1 menciona que:

´Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no
se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado
todas las garantías necesarias para su defensa´.
Por su parte la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre aprobada en la
Novena Conferencia Internacional Americana de 1948, en su art. XXVI establece lo siguiente:

´Se presume que todo acusado es inocente, hasta que se pruebe que es culpable.
Toda persona acusada de delito tiene derecho ser oída en forma imparcial y publica, a ser
juzgada por tribunales anteriormente establecidos de acuerdo con leyes preexistentes y a que no se
le imponga penas crueles, infamantes o inusitadas´.

Finalmente el art. 8.2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos dispone que:
´Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no
se establezca legalmente su culpabilidad…´.

3. Jurisprudencia de la Corte Interamericana

Teniendo en cuenta que las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos


son vinculantes para el Estado Plurinacional de Bolivia y forman parte del bloque de
constitucionalidad, conforme ha señalado la SC 0110/2010-R de 10 de mayo, al señalar lo siguiente:
´En efecto, al ser la CIDH el último y máximo garante en el plano supranacional del respeto a los
Derechos Humanos, el objeto de su competencia y las decisiones que en ejercicio de ella emanan,
constituyen piedras angulares para garantizar efectivamente la vigencia del ‘Estado Constitucional’,
que contemporáneamente se traduce en el Estado Social y Democrático de Derecho, cuyos ejes
principales entre otros, son precisamente la vigencia de los Derechos Humanos y la existencia de
mecanismos eficaces que los hagan valer, por eso es que las Sentencias emanadas de este órgano
forman parte del bloque de constitucionalidad y fundamentan no solamente la actuación de los
agentes públicos, sino también subordinan en cuanto a su contenido a toda la normativa infra-
constitucional vigente.

(…)

En el marco del panorama descrito, se colige que inequívocamente las Sentencias emanadas
de la CIDH, por su naturaleza y efectos, no se encuentran por debajo ni de la Constitución Política del
Estado tampoco de las normas jurídicas infra-constitucionales, sino por el contrario, forman parte
del bloque de constitucionalidad y a partir del alcance del principio de supremacía constitucional
que alcanza a las normas que integran este bloque, son fundamentadoras e informadoras de todo el
orden jurídico interno, debiendo el mismo adecuarse plenamente a su contenido para consagrar así
la vigencia plena del ‘Estado Constitucional’ enmarcado en la operatividad del Sistema
Interamericano de Protección a Derechos Humanos´.

En virtud del citado entendimiento jurisprudencial y con la finalidad de tener los parámetros
necesarios para realizar el juicio de constitucionalidad sobre esta problemática, corresponde
referirnos a la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la
presunción de inocencia.

En este cometido, la Corte ha desarrollado el siguiente entendimiento jurisprudencia


referido a la presunción de inocencia como principio en el ámbito penal determinando lo que a
continuación sigue:

i) El principio de presunción de inocencia constituye un fundamento de las garantías


judiciales (Cfr. Caso Suárez Rosero vs. Ecuador. Fondo, supra nota 216, párr. 77; Caso Chaparro
Álvarez y Lapo Íñiguez Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 21 de noviembre de 2007. Serie C No. 170, párr. 14, y Caso Cabrera García y Montiel
Flores, supra nota 21, párr. 182).

ii) La presunción de inocencia implica que el acusado no debe demostrar que no ha


cometido el delito que se le atribuye, ya que el onus probando corresponde a quien acusa. Así, la
demostración fehaciente de la culpabilidad constituye un requisito indispensable para la sanción
penal, de modo que la carga de la prueba recae en la parte acusadora y no en el acusado. (Caso
Ricardo Canese vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2004.
Serie C No. 111, párr. 154 y Caso Cabrera García y Montiel Flores, supra nota 21, párr. 182).

iii) La falta de prueba plena de la responsabilidad en una sentencia condenatoria


constituye una violación al principio de presunción de inocencia (Cfr. Caso Cantoral Benavides vs.
Perú. Fondo. Sentencia de 18 de agosto de 2000. Serie C No. 69, párr.121 y Caso Cabrera García y
Montiel Flores, supra nota 21, párr. 183).

iv) Es un elemento esencial para la realización efectiva del derecho a la defensa y acompaña
al acusado durante toda la tramitación del proceso hasta que una sentencia condenatoria que
determine su culpabilidad quede firme (Cfr. Caso Ricardo Canese, supra nota 228, párr. 154 y Caso
Cabrera García y Montiel Flores, supra nota 21, párr. 183).

v) El principio de presunción de inocencia implica que los juzgadores no inicien el proceso


con una idea preconcebida de que el acusado ha cometido el delito que se le imputa, por lo que la
carga de la prueba está a cargo de quien acusa y cualquier duda debe ser usada en beneficio del
acusado. La presunción de inocencia se vulnera si antes de que el acusado sea encontrado culpable
una decisión judicial relacionada con él refleja la opinión de que es culpable (Caso Cabrera García y
Montiel Flores, supra nota 21, párr. 184, en el que se cita ECHR, Case of Barberà, Messegué and
Jabardo v Spain, Judgment of 6 December 1988, App. Nos. 10588/83, 10589/83, 10590/83, parrs. 77
y 91).

Estos entendimientos fueron reiterados en el caso López Mendoza vs. Venezuela Sentencia
de 1 de septiembre de 2011 párr. 128.

Igualmente, el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha observado que ´La


presunción de inocencia, que es fundamental para la protección de los derechos humanos, impone
la carga de la prueba a la acusación, garantiza que no se presuma la culpabilidad a menos que se
haya demostrado la acusación fuera de toda duda razonable, asegura que el acusado tenga el
beneficio de la duda, y exige que las personas acusadas de un delito sean tratadas de conformidad
con este principio. Todas las autoridades públicas tienen el deber de abstenerse de prejuzgar los
resultados de un juicio, por ejemplo, absteniéndose de hacer comentarios públicos en que se
declare la culpabilidad del acusado´ (Naciones Unidas. Comité de Derechos humanos. Observación
general N° 32, El derecho a un juicio imparcial y a la igualdad ante los tribunales y cortes de justicia
(HRI/GEN/1/Rev.9 (vol. I), párr. 30).

Consecuentemente, la jurisprudencia constitucional glosada así como la emitida por la Corte


Interamericana de Derechos Humanos, constituye el parámetro de interpretación que será utilizado
por este Tribunal para determinar si la suspensión temporal de las autoridades que conforman los
órganos ejecutivo y deliberativo de las entidades territoriales autónomas, ordenada como
consecuencia de una acusación formal presentada en su contra por la presunta comisión de delitos
vulnera el derecho a la presunción de inocencia.
En este cometido, siguiendo el desarrollo jurisprudencial realizado por el anterior Tribunal
Constitucional y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la presunción de inocencia, en su
triple dimensión -principio, derecho y garantía- configura un estado de inocencia que acompaña al
acusado desde el inicio de la acción penal hasta el pronunciamiento de la sentencia firme y definitiva
de culpabilidad, ello obliga a imponer límites y, en su caso, a proscribir aquellos actos y medidas de
carácter preventivo que impliquen una anticipación de la pena o sanción respecto de aquellas
personas cuya responsabilidad o culpabilidad no ha sido establecida aún.

De producirse ello -una sanción anticipada- no sólo se afectaría la presunción de inocencia


sino que implicaría, además, un quiebre con el valor justicia y el principio de razonabilidad,
circunstancia no acorde con un Estado respetuoso de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, pues como se señaló, la presunción de inocencia en su triple dimensión: a) impide
que los órganos encargados de la persecución penal realicen actos que presuman la culpabilidad del
imputado; b) exige que la misma sea desvirtuada con certeza plena y determinante sobre la
culpabilidad; c) obliga al acusador a probar la culpabilidad del encausado, sin perjuicio de los
mecanismos de defensa que puedan ser utilizados por quien es acusado de la comisión de un delito;
y, d) impele a considerarla como un estado de inocencia, que debe ser conservado durante todo el
trámite procesal no sólo respecto de los procesos penales, sino también en todo sistema
sancionador, disciplinario, administrativo, contravencional, constituyéndose en una exigencia que
debe ser respetada por todas los servidores públicos y autoridades encargados de ejercitar la
potestad punitiva del Estado.

(…)

En el marco de lo señalado, es posible concluir que si bien es evidente que la acusación


formal refleja una actividad investigativa por parte del Ministerio Público que proporciona
fundamento para el enjuiciamiento público del imputado, actividad en la que se ha recaudado
elementos probatorios para hacerlos valer en el juicio a efectos de probar la comisión del hecho
delictivo atribuido, no es menos evidente que el estado de inocencia del encausado o procesado
debe permanecer incólume hasta que se declare su culpabilidad o responsabilidad mediante
sentencia judicial firme; en cuyo mérito la suspensión temporal a imponerse como emergencia de la
acusación formal, constituye una sanción anticipada fundada en la presunción de culpabilidad del
encausado, que quebranta ese estado de inocencia que debe ser precautelado como principio rector
inquebrantable, en la medida que toda la actividad probatoria que refleja la acusación formal puede
ser controvertida, y en su caso, desvirtuada por el encausado, por ello sólo una decisión
condenatoria ejecutoriada puede desvirtuar la presunción de inocencia. En el contexto señalado, la
suspensión temporal de la autoridad o servidor público electo, por ende el alejamiento de sus
funciones, lleva consigo una sanción sin previo proceso, contrario a lo previsto en el art. 117. I de la
CPE, que establece que ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada
previamente en un debido proceso, lo que obliga a imponer límites y, en su caso, a proscribir
aquellos actos y medidas de carácter preventivo que impliquen una anticipación de la sanción
respecto de aquellas personas cuya responsabilidad o culpabilidad no ha sido establecida aún” (las
negrillas nos pertenecen).

Sobre la base de dichos fundamentos, la mencionada SCP 2055/2012, concluyó que la


suspensión temporal emergente de la acusación por la supuesta comisión de delitos, partía del
desconocimiento de la presunción de inocencia y de su imposición sin previo proceso, por lo que se
declaró la inconstitucionalidad, entre otros, de los arts. 144 y 145 de la Ley Marco de Autonomías y
Descentralización “Andrés Ibáñez” (LMAD).

En igual sentido debe mencionarse a la SCP 0137/2013 de 5 de febrero, respecto a la


imputación formal prevista como causal de suspensión funcionaria en los arts. 183.I.4 de la Ley del
Órgano Judicial (LOJ) y en la última parte del art. 392 del Código Procesal Penal, cuya
inconstitucionalidad fue declarada por la indicada Sentencia Constitucional Plurinacional, misma
que, tuvo los siguientes razonamientos:

“ Uno de los ejes temáticos esenciales para el análisis de la presente acción de


inconstitucionalidad concreta, debe versar sobre la imputación formal como causal de suspensión
funcionaria en la esfera disciplinaria del Órgano Judicial, por tal razón, será imperante desarrollar la
naturaleza jurídica de este acto procesal en el marco de la regulación específica plasmada en el
Código de Procedimiento Penal vigente.

En efecto, merced a una profunda reforma en el ámbito adjetivo penal, se soslayó una
raigambre sistémica inquisitiva y se implementó un sistema panal acusatorio, a la luz del cual, la
activación de la jurisdicción ordinaria penal, genera el desarrollo de un decurso procesal
contradictorio en el marco del principio de ´bilateralidad del impulso´.

La bilateralidad del impulso, es un eje directriz propio de un sistema penal acusatorio, en


virtud del cual, se asegura la igualdad de las partes, teniendo este principio la finalidad esencial de
equiparar jurídicamente a los desiguales[19].

En el orden de ideas expresado, es imperante señalar que el principio de bilateralidad del impulso,
tiene fundamento jurídico constitucional en el proceso justo, el cual se caracteriza por contemplar
dos ejes esenciales: el principio de contradicción y el tratamiento igualitario.

En este marco y merced al principio de bilateralidad del impulso, en el régimen penal imperante, el
Ministerio Público, dirige la investigación de los delitos y promueve la acción penal pública ante los
órganos jurisdiccionales, tal como lo prevé el art. 70 del CPP, en este marco, se establece que de
acuerdo a los postulados propios del sistema penal acusatorio, el Ministerio Público, a través de los
fiscales, se configuran como parte procesal distinta y con roles diferentes al de la autoridad
jurisdiccional competente en materia penal.

De acuerdo a lo referido, el art. 302 del CPP, disciplina los alcances y requisitos de la imputación
formal, en ese contexto, se establece que en caso de estimar el fiscal la existencia de suficientes
indicios sobre la existencia del hecho y la participación del imputado, formalizará la imputación
mediante resolución fundamentada.

En base al tenor literal de la disposición normativa señalada, se establece que la resolución de


imputación formal, es un acto procesal jurisdiccional que emana de una de las partes procesales en
causas penales y que tiene sustento jurídico en la facultad unilateral del fiscal en tanto y cuanto
considere la existencia de suficientes indicios sobre la existencia del hecho y la participación del
imputado. En ese orden, debe establecerse que la imputación formal, es un acto procesal unilateral
de carácter provisional, que se configura como un elemento esencial para la prosecución de la etapa
preparatoria, fase procesal que concluirá con la acusación, si correspondiere.

En este marco, a la luz de la garantía del estado de inocencia, expresamente desarrollada en el


Fundamento Jurídico III.8 de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional, se establece que
fundar una suspensión de autoridades jurisdiccionales y personal de apoyo en la existencia de una
imputación formal, es incompatible con el bloque de constitucionalidad imperante.

En efecto, una inhabilitación para el ejercicio de una función jurisdiccional en mérito a una
imputación formal, atenta contra la garantía del estado de inocencia, ya que se estaría anticipando
una sanción sin que exista una decisión con calidad de cosa juzgada emergente de un proceso penal
previo.
En el orden de ideas expresado, se tiene además que la afectación a la garantía del estado de
inocencia con una inhabilitación realizada en virtud a una imputación formal, es manifiesta, puesto
que, tal como ya se señaló, la imputación formal tiene un carácter provisional y se sustenta en
´indicios´ sobre la supuesta existencia del hecho delictivo y la participación del imputado; asimismo,
se configura como un acto procesal unilateral que emerge de una de las partes del proceso y no de
la autoridad jurisdiccional penal” (las negrillas son nuestras).

III.5. El valor, principio, derecho y garantía a la igualdad y a la no discriminación

La igualdad ha sido concebida por la jurisprudencia constitucional como un valor, principio,


derecho y garantía. Así, la SCP 0080/2012 de 16 de abril, estableció que “La arquitectura jurídica e
institucional de un Estado de Derecho, se fundamenta en los valores elegidos como sociedad, tales
como la igualdad y la no discriminación entre otros. La comunidad entiende que necesita proteger,
reforzar y profundizar los valores, mismos que evolucionan permanentemente a la par de la
mutación permanente de las circunstancias y retos, con los cuales el ser colectivo se va enfrentando.
La igualdad, por tanto es un valor guía y eje del todo colectivo, que se halla reconocido en el art. 8.II
de la CPE, cuando señala: ´El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad …’.

La Constitución Política del Estado considera a la igualdad, no únicamente como un valor supremo,
sino también como un principio motor de todo el aparato jurídico, siempre en procura del logro de
un régimen de igualdad real, donde no se reconozcan privilegios y se erradique toda forma de
discriminación, consolidando los rasgos e impronta de nuestro nuevo modelo de Estado…

La igualdad, además de ser un valor y un principio, es también un derecho y una garantía. Es un


derecho que a su vez reivindica el derecho a la diferencia y es una garantía porque avala su ejercicio
activando la tutela judicial y constitucional en caso de su violación.

Efectivamente, la igualdad está contemplada como valor en los arts. 8.II y 14.II de la CPE, contempla
la garantía de la no discriminación, que también es concebida como un derecho, un valor y un
principio, al establecer que: “El Estado prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en
razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad,
ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición
económica o social, tipo de ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo, u otras que
tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en
condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona”.

La acción y efecto de discriminar, es definida por el Diccionario de la Real Academia Española, como
de la acción de separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra; dar trato de inferioridad a una
persona o colectividad por motivos raciales, religiosos o políticos, condiciones sociales, etc., es una
agresión a los derechos de las personas, debido a que al discriminar se niegan los derechos
fundamentales a determinado sujeto o a determinado grupo de personas, por determinadas
características, creencias o pensamientos.

La discriminación es un problema estructural de los Estados de corte liberal y colonial, debido a que
las desigualdades sociales agudizan la diferenciación de los miembros de la sociedad,
exteriorizándose en las situaciones de exclusión y de no reconocimiento del otro. De acuerdo con
Jesús Rodríguez Zepeda: “la discriminación es una forma específica de la desigualdad, que hace
imposible el disfrute de derechos y oportunidades, para un amplio conjunto de personas y grupos en
la sociedad. Una sociedad que discrimina y excluye no puede considerarse como una sociedad con
una aceptable calidad democrática” .
La Declaración Universal de Derechos Humanos en su art. 1., establece, que todos los seres humanos
nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene todos los derechos y
libertades sin distinción alguna. Se proclama que todos son iguales ante la ley.

El art. 2.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIACP), determina la obligación de
los Estados de respetar y garantizar a todos los individuos que se encuentren en su territorio y estén
sujetos a su jurisdicción. Los derechos en el Pacto son reconocidos, sin distinción alguna de raza,
color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

De la misma manera el art. 26 complementa indicando que todas las personas son iguales ante la ley
y tienen derecho a igual protección; prohíbe cualquier discriminación y garantiza a todas las
personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo,
idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

En la misma línea, la SCP 0080/2012, estableció que: “La arquitectura jurídica e institucional de un
Estado de Derecho, se fundamenta en los valores elegidos como sociedad, tales como la igualdad y
la no discriminación entre otros. La comunidad entiende que necesita proteger, reforzar y
profundizar los valores, mismos que evolucionan permanentemente a la par de la mutación
permanente de las circunstancias y retos, con los cuales el ser colectivo se va enfrentando. La
igualdad, por tanto es un valor guía y eje del todo colectivo, que se halla reconocido en el art. 8.II de
la CPE, cuando señala: ‘El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad…’. La Constitución
Política del Estado considera a la igualdad, no únicamente como un valor supremo, sino también
como un principio motor de todo el aparato jurídico, siempre en procura del logro de un régimen de
igualdad real, donde no se reconozcan privilegios y se erradique toda forma de discriminación,
consolidando los rasgos e impronta de nuestro nuevo modelo de Estado (…) La igualdad, además de
ser un valor y un principio, es también un derecho y una garantía. Es un derecho que a su vez
reivindica el derecho a la diferencia y es una garantía porque avala su ejercicio activando la tutela
judicial y constitucional en caso de su violación” (las negrillas son añadidas).

El art. 9 de la CPE, establece los fines y funciones esenciales del Estado, que son la de “constituir una
sociedad justa y armoniosa, cimentada en la descolonización, sin discriminación ni explotación, con
plena justicia social”, para consolidar las identidades plurinacionales; del mismo modo, el art. 8 de la
Norma Suprema, determina que el Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión;
afirmación que se consolidan en un Estado construido sobre la base del respeto e igualdad
establecida en el preámbulo de la Constitución Política del Estado.

En este marco el art. 14.II de la CPE, determina que todos los actos discriminatorios serán prohibidos
y sancionados, norma que tiene como base el principio de igualdad y que prohíbe la diferenciación
de trato no razonable o desproporcionado entre personas; norma constitucional que ha sido
desarrollada por la Ley contra el racismo y toda forma de discriminación de 8 de octubre de 2010, en
la que se define como discriminación: a toda forma de distinción, exclusión, restricción o preferencia
fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual e identidad de géneros, origen, cultura,
nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil,
condición económica, social o de salud, profesión, ocupación u oficio, grado de instrucción,
capacidades diferentes y/o discapacidad física, intelectual o sensorial, estado de embarazo,
procedencia, apariencia física, vestimenta, apellido u otras que tengan por objetivo o resultado
anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de derechos
humanos y libertades fundamentales reconocidos por la Constitución Política del Estado y el derecho
internacional.

Razonamiento, concordante con las disposiciones establecidas en el art. 8 de la CPE, referido a los
valores de unidad, igualdad e inclusión, igualdad de oportunidades, entre otros; y art. 9 de la Ley
Fundamental que señala entre los fines y funciones esenciales del Estado, el de constituir una
sociedad justa y armoniosa, cimentada en la descolonización, sin discriminación ni explotación, con
plena justicia social, para consolidar las identidades plurinacionales. El parágrafo III del art. 14 de la
Norma Suprema determina que el Estado garantiza a todas las personas y colectividades, sin
discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio de los derechos establecidos en esta Constitución, las
leyes y los tratados internacionales de derechos humanos (las negrillas son nuestras).
Conforme a las normas antes señaladas, todas las personas individuales o colectivas, bolivianas o
extranjeras, gozan de los derechos contemplados en la Constitución y en las normas del bloque de
constitucionalidad, sin discriminación que tenga por objetivo o resultado anular o menoscabar el
reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona
establecidos en las Norma suprema, como es el derecho a la educación establecido en el art. 77 de la
CPE.

Ahora bien, de acuerdo a la jurisprudencia constitucional, el principio de igualdad y no


discriminación es concebido como la exigencia de un trato igual por el legislador (SC 0049/2003); sin
embargo, como lo entendió la jurisprudencia constitucional, la inicial premisa de la igualdad no
significa “…que el legislador ha de colocar a todos en las mismas posiciones jurídicas ni que tenga
que procurar que todos presenten las mismas propiedades naturales ni que todos se encuentren en
las mismas situaciones fácticas. El principio general de igualdad dirigido al legislador no puede exigir
que todos deban ser tratados exactamente de la misma manera y tampoco que todos deban ser
iguales en todos los aspectos. Entonces, el medio idóneo para que el legislador cumpla con el
mandato de este principio es aplicando la máxima o fórmula clásica: ‘se debe tratar igual a lo igual y
desigual a lo desigual’. En eso consiste la verdadera igualdad. A quienes presentan similares
condiciones, situaciones, coyunturas, circunstancias, etc., se les puede tratar igualmente; pero,
cuando existen diferencias profundas y objetivas que no pueden dejarse de lado, se debe tratar en
forma desigual, porque solamente de esa manera podrá establecerse un equilibrio entre ambas
partes. La Ley es la que tiene que establecer los casos, formas y alcances de los tratamientos
desiguales.

En consecuencia, no toda desigualdad constituye necesariamente, una discriminación, la igualdad


sólo se viola si la desigualdad está desprovista de una justificación objetiva y razonable, y la
existencia de dicha justificación debe apreciarse según la finalidad y los efectos de la medida
considerada, debiendo darse una relación razonable de proporcionalidad entre los medios
empleados y la finalidad perseguida”.

Entendimiento que ha sido reiterado, entre otras, por la SCP 1250/2012.

Con similar razonamiento, en el ámbito del derecho internacional y la jurisprudencia de los


mecanismos de protección de los derechos humanos, se ha establecido que no toda diferencia de
trato es discriminatoria. Así, el Comité de Derechos Humanos, en el comentario general sobre la no
discriminación, señaló que el goce en condiciones de igualdad de los derechos y libertades no
significa identidad de trato en toda circunstancia, formulando, en ese ámbito, criterios para
determinar en qué casos las distinciones se encuentran justificadas, al señalar que la diferencia de
trato no constituye discriminación si los criterios para tal diferenciación son razonables y objetivos y
se persigue lograr un propósito legítimo en virtud del Pacto (Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos).
En similar sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la Opinión Consultiva de del 19
de enero de 1984, estableció que: “…no puede afirmarse que exista discriminación en toda
diferencia de tratamiento del Estado frente al individuo, siempre que esa distinción parta de
supuestos de hecho sustancialmente diferentes y que expresen de modo proporcionado una
fundamentada conexión entre las diferencias y los objetivos de la norma, los cuales no pueden
apartarse de la justicia o de la razón, vale decir, no pueden perseguir fines arbitrarios, caprichosos,
despóticos o que de alguna manera repugnen a la esencial unidad y dignidad de la naturaleza
humana”.

Conforme a los criterios jurisprudenciales, el valor-principio-derecho a la igualdad y no


discriminación, no resulta lesionado si es que la distinción se encuentra objetiva y razonablemente
justificada y existe proporcionalidad entre las medidas adoptadas y los fines perseguidos, los cuales,
deben ser compatibles con los principios y valores de nuestra Constitución Política del Estado.

III.6.Juicio de constitucionalidad

A través de la acción de inconstitucionalidad concreta, el accionante cuestiona la


constitucionalidad de los arts. 39. B numeral 3.14 y 15 y 93 del Reglamento del Régimen Disciplinario
de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad Policial “Mariscal Antonio José de Sucre”
por la presuntamente contrarias a los arts. 14, 110, 116, 117, 119 y 410.II de la CPE.

III.6.1. Con relación al art. 39 inc. B numeral 3.14 y 15 del Reglamento

Los numerales 14 y 15 del art. 39.inc.B, establecen como causales de sanción -con la baja definitiva
de la Unidad Académica- el “Mantener relaciones de amistad con antisociales” y “Tener relación de
parentesco con delincuentes”, respectivamente.

El accionante sostiene que ambas normas son contrarias al principio de presunción


de inocencia, ya que, se presume que si un amigo o pariente es antisocial o delincuente, el cadete
también lo es; existiendo, por tanto una presunción de culpabilidad y no de inocencia,
sancionándolo por conductas ajenas, no obstante que la responsabilidad es intuito persona; además
de existir un evidente trato discriminatorio, lesivo al art. 14 de la CPE.

- El numeral 14 del art. 39 inc. B) del Reglamento

A efecto de realizar una coherente argumentación, se analizará, en primer término,


la causal de sanción contenida en el inciso 14, cual es “Mantener relaciones de amistad con
antisociales”; causal que deberá ser analizada a partir de la garantía de la presunción de inocencia, el
valor, principio, derecho y garantía a la igualdad y no discriminación, y también respecto al derecho
a la educación, por cuanto la sanción establecida por el Reglamento para dicha contravención es la
baja definitiva de la Unidad Académica correspondiente.

En ese ámbito, de acuerdo al desarrollo efectuado en los Fundamentos Jurídicos


III.3. y III.4 de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional, la presunción de inocencia, en su
triple dimensión como principio, derecho y garantía, configura un estado de inocencia que
acompaña al procesado -en procesos judiciales o administrativos- desde el inicio hasta el
pronunciamiento de la resolución que declara la responsabilidad del procesado.

Consiguientemente, los actos y medidas que impliquen anticipación de la sanción, o


que impongan ésta sin haberse demostrado responsabilidad alguna en la contravención o delito,
evidentemente lesionan la presunción de inocencia. En ese ámbito, la presunción de inocencia
garantiza que sólo una vez demostrada la responsabilidad en el acto o hecho que se investiga se
imponga una sanción.

Bajo el razonamiento anotado, vulneran la presunción de inocencia aquellas normas


que tipifican contravenciones o delitos fundados en una acción típica no atribuible al sujeto activo;
es decir, fundadas en comportamiento que escapan a la responsabilidad del procesado penal o
disciplinariamente, como son las relaciones de amistad que podría tener una persona con otra u
otras presuntamente antisociales, pues, en ese supuesto, no se sanciona, como tal, un
comportamiento o una acción antijurídica, sino que se presume la culpabilidad de quien mantiene
esas relaciones amistosas; lo que conlleva a considerar al procesado, de inicio, como culpable, sin
que se haya demostrado participación alguna en un hecho antijurídico o “antisocial”, lo que
efectivamente, además, lesiona la garantía del debido proceso; pues se le impone una sanción sin un
debido proceso en el que se declare su responsabilidad por actos propios, es decir que le sean
imputables personalmente, sino por acciones de terceras personas; más aún cuando, por la
configuración de la falta, el procesado tendría que demostrar las acciones de terceras personas para
desvirtuar su carácter “antisocial”.

En síntesis, es evidente que una falta o contravención, como la que se analiza, no


puede fundarse en presunciones de orden subjetivo sobre el carácter antisocial de los amigos del
cadete, que, así se tiene señalado, no descansan en la responsabilidad propia de éste, sino en el
comportamiento de terceras personas, no obstante que tanto en materia penal y en materia
disciplinaria, la responsabilidad es personal; es decir que sólo se puede establecer la culpabilidad y la
responsabilidad por hechos cometidos efectivamente por la persona que se encuentra procesada
penal o disciplinariamente.

Conforme a ello, la responsabilidad no puede trasladarse de una persona a otra; más


aún cuando el apelativo de “antisocial” que utiliza el Reglamento puede dar lugar a apreciaciones
enteramente subjetivas, que son propias de un derecho penal -y disciplinario- de autor, y no de un
derecho penal de acto; pues se cataloga, estereotipa y clasifica a las personas no por las acciones
que cometen, sino por lo que son, lo que evidentemente resulta contrario a los postulados,
principios y valores de un Estado Constitucional.

Ahora bien, debe considerarse que las labores desarrolladas por los funcionarios
policiales ameritan que en su formación se consideren aspectos éticos, en virtud a lo previsto por el
art. 251 de la CPE que determina que la policía boliviana tiene la misión específica de defender la
sociedad, conservar el orden público y lograr el cumplimiento de las leyes en el territorio boliviano;
consiguientemente, la función policial se inviste de especiales características; pues, para cumplir
idóneamente el mandato constitucional, sus miembros no sólo deben tener ciertos atributos físicos
aptos para el desarrollo de las actividades vinculadas con su misión, sino también aptitudes
psicológicas y éticas que deben ser evaluadas a lo largo de su formación y carrera policial.

Entonces, es coherente que la Policía Boliviana, a efecto de velar por la formación de


los funcionarios policiales, establezca un adecuado régimen disciplinario, con la finalidad de lograr,
en el futuro, un idóneo desarrollo de la misión constitucionalmente encomendada a la mencionada,
lo que directamente repercute en toda la sociedad, pues, en definitiva, la Institución del Orden
cumple un rol preventivo fundamental de defensa de la sociedad, en cuyo desarrollo, inclusive, está
autorizada, bajo los límites establecidos en la ley, al uso de la violencia; de ahí que el funcionario
policial deba tener valores, principios y una sólida formación ética, respetuosa de los derechos
humanos y compromiso férreo con la defensa de la Constitución y las leyes.

En ese marco, es posible que, frente a conductas contrarias a la ética, sea posible
determinar la baja de una unidad académica; empero, es evidente que la tipificación de la falta y su
sanción deben ser respetuosas de los derechos y garantías fundamentales y de los principios que
informan la potestad sancionadora del Estado, entre ellos, los principios de presunción de inocencia
y de culpabilidad, así como del principio de igualdad y no discriminación, el cual, no resultará
lesionado si la distinción que efectúa la norma se encuentra objetiva y razonablemente justificada y
existe proporcionalidad entre las medidas adoptadas y los fines perseguidos, los cuales deben ser
compatibles con los principios y valores de nuestra Constitución Política del Estado.

En el caso analizado, la falta descrita en la norma impugnada hace referencia, como


causal de baja, el tener relaciones de amistad con “antisociales”, estableciendo, por tanto, una doble
diferenciación en el trato: Por un lado, respecto a los cadetes que mantienen relaciones de amistad,
por cuanto son sancionados disciplinariamente con la baja de la Unidad Educativa, y por otro,
respecto al grupo constituido por los “antisociales”, pues son considerados por la norma como un
mal en sí mismo.

Ahora bien, la diferenciación establecida por la norma, para ser constitucionalmente


admisible y no afectar el derecho a la igualdad y no discriminación, debe estar justificada de manera
razonable y objetiva, además de ser proporcional a los fines que persigue la policía boliviana; sin
embargo, este Tribunal Constitucional Plurinacional, considera que dicha justificación está ausente y
que no se cumple con el parámetro de proporcionalidad; toda vez que las relaciones de amistad con
supuestos “antisociales” no constituyen prueba alguna de la participación, responsabilidad y
culpabilidad de la o el cadete en actividades delictivas o “antisociales”, reiterándose, entonces, que
dicha falta es contraria a la garantía de la presunción de inocencia; pues, a través de criterios
subjetivos, se presume la culpabilidad de la o el postulante.
Debe señalarse que la falta contenida en la norma impugnada tampoco se justifica a
partir de las características especiales que reviste la función policial y la misión constitucional
asignada; pues, como se tiene señalado, la existencia de una relación de amistad, de ninguna
manera implica que el funcionario policial incumpla con los roles que le han sido asignados, no
siendo, por tanto, adecuada para lograr dicho objetivo, y tampoco se constituye en una medida
indispensable para conseguir la confianza de la sociedad y de este modo cumplir de mejor manera su
función; pues ésta puede ser realizada por otros medios, como el mejoramiento de las mismas
funciones policiales, la cercanía de la presencia policial hacia la sociedad, la existencia de un régimen
disciplinario fundado en los actos de los cadetes y funcionarios policiales, antes que en los hechos o
comportamientos de terceras personas, etc.; es decir, a través de medios que de ninguna manera
lesionan la garantía de presunción de inocencia hasta el extremo de anularla respecto a los cadetes
de las Unidades Policiales.

En síntesis, la falta contenida en la norma impugnada resulta desproporcionada, por


cuanto ella, por sí misma, no garantiza la satisfacción del mandato constitucional respecto a la
misión de la Policía Boliviana de defensa de la sociedad, del orden público y cumplimiento de la ley.
Así, analizados los efectos de la medida respecto a la garantía de presunción de inocencia, resulta
que la injerencia a dicha garantía es grave, pues, conforme se ha señalado, la misma es anulada con
relación a los cadetes de las unidades educativas policiales, lo que de ninguna manera es
proporcional al grado de satisfacción de la norma constitucional contenida en el 251 de la CPE
respecto a la misión de la Policía Boliviana, toda vez que, como se ha señalado, la medida asumida
no asegura el cumplimiento de esa misión.

En mérito a lo anotado, se concluye que la norma impugnada resulta


desproporcionada por el grado de afectación a la garantía a la presunción de inocencia, asociada con
el derecho de acceso a la educación; pues se le impide ejercer este último derecho sobre la base de
presunciones de culpabilidad; toda vez que, se reitera, las relaciones de amistad con “antisociales”
no constituyen una prueba de la efectiva participación, responsabilidad y culpabilidad de la o el
postulante en actividades delictivas o “antisociales”, a más de señalar que el propio apelativo de
“antisociales” genera un alto grado de subjetividad, arbitrariedad y discriminación, al no tenerse
parámetros claros para determinar cuándo un apersona tiene esa calidad.

De acuerdo a lo expuesto, corresponde declarar la inconstitucionalidad del numeral


3.14 del art. 39.inc. B del Reglamento Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la
Universidad Policial “Mariscal Antonio José de Sucre”, por ser contraria a la garantía de la presunción
de inocencia, la garantía del debido proceso, el derecho a la igualdad y no discriminación y el
derecho a la educación.

- El numeral 15 del art. 39 inc. B) del Reglamento

Respecto a la causal de sanción contenida en el art. 39.inc. B numeral 3.15 del


Reglamento, referido a “Tener relación de parentesco con delincuentes”; debe hacerse mención a la
SCP (Expediente 02895-2013-06-AIA), que respecto a una norma similar contenida en el art. 20.2)
del Reglamento para la Convocatoria, Selección y Admisión de Postulantes a las Unidades
Académicas de Pre-Grado de la Universidad Policial “Mcal. Antonio José de Sucre”, aprobada
mediante la RS 0843 que establecía como causal de inhabilitación para la postulación, “2)Tener
padres con antecedentes penales, antecedentes policiales relacionados con delitos establecidos en
la normativa legal vigente, tener sentencia ejecutoriada, declaratoria de rebeldía y/o suspensión
condicional del proceso”, sostuvo que dicha causal: “…se constituye, materialmente, en una sanción
impuesta a los hijos de personas que tienen antecedentes penales; sanción impuesta sin un que
exista un procedimiento previo y sobre la base de una responsabilidad que transciende el ámbito
personal para afectar a los familiares, aspecto que evidentemente es insostenible desde la
perspectiva de nuestra Constitución Política del Estado y las normas del bloque de
constitucionalidad.

Efectivamente, de acuerdo a nuestra Constitución, se garantiza el debido proceso


(art. 115.II) y ninguna persona puede ser condenada sin haber sido juzgada previamente en un
debido proceso (art. 117.I); preceptos de los que se extrae que toda sanción debe necesariamente
ser aplicada después que la persona hubiera sido sometida a un debido proceso y que la
responsabilidad tiene carácter personal, no pudiendo afectar a otras personas que no participaron
en el hecho y que, como se tiene señalado, ni siquiera fueron juzgadas.

Efectivamente debe considerarse que, en virtud al principio de culpabilidad, que


deriva de las normas constitucionales señaladas, que es desarrollado en el art. 13 del Código Penal
(CP) que establece: “No se le podrá imponer pena al agente, si su actuar no le es reprochable
penalmente. La culpabilidad y no el resultado es el límite de la pena”; la responsabilidad es personal
y, por tanto, la conducta de los padres no puede alcanzar a los hijos al grado de inhabilitarlo para la
postulación a un centro de estudio policial.

Consecuentemente, es evidente que las disposiciones legales impugnadas lesionan


la garantía del debido proceso pues se sanciona a los postulantes que tienen familiares con
antecedentes penales sin un proceso previo y sin considerar que la responsabilidad penal es
personal y no alcanza a terceras personas.

Además de lo anotado, corresponde analizar dicha medida a partir del valor-


principio-derecho a la igualdad y no discriminación, y a las particulares características de la función
policial, examinando la razonabilidad de dicha exigencia y la proporcionalidad de la misma respecto
a los fines perseguidos.
En ese ámbito, la justificación de las autoridades de las que emanaron las
disposiciones legales impugnadas, sostiene que la familia influye en la personalidad de los hijos, que
éstos, teniendo familiares con dichos antecedentes, fácilmente podrían favorecerles, y que dicha
medida no se constituye en una sanción, sino en prevención general, en resguardo de la sociedad en
general.

Tales argumentos no se constituyen en una justificación objetiva y razonable, por


cuanto por un lado, la supuesta influencia de la familia en la personalidad de los hijos se constituye
en un criterio no concluyente y determinante en la conducta de los postulantes a las unidades
académicas policiales, más aún si se considera que existen diferentes métodos para determinar la
aptitud del postulante, así como su equilibrio psicológico y emocional; por ende, dicho criterio no es
un parámetro objetivo para concluir que los hijos de padres con antecedentes reproducirán la
misma conducta o tendrán deficiencias en su formación.

Iguales criterios deben ser esgrimidos respecto a que, en sus futuras funciones,
podría favorecera los familiares que tienen antecedentes penales; pues la responsabilidad,
idoneidad e imparcialidad en el desarrollo de sus funciones, se mide por el trabajo realizado, la
capacidad y la ética del funcionario policial. Conforme a ello, se concluye que la medida no resulta
proporcional con la finalidad de la misma (buscar la idoneidad la imparcialidad y la ética en el
desempeño de la función policial), por cuanto dicha finalidad puede ser obtenida a través de otros
medios menos gravosos que impliquen una menor intromisión a los derechos de las personas a la
igualdad, a la educación y al acceso al servicio público”.
Con tales fundamentos, la Sentencia glosada declaró la inconstitucionalidad de las
normas impugnadas, razonamiento que también es aplicable al presente caso, por cuanto la relación
de parentesco con “delincuentes” es un hecho ajeno a la conducta del cadete, que escapa a su
responsabilidad y culpabilidad, no pudiendo asumir culpas ajenas por conductas de parientes que
están fuera de su voluntad; no existiendo, por tanto, un fundamento válido que justifique sostener
el propósito de apartar de Unidad Educativa al postulante que tiene parientes que cometieron
hechos delictivos.

De lo señalado se desprende que el numeral 3.15 del art. 39.B del Reglamento
Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad Policial “Mariscal Antonio José
de Sucre” resulta contrario a la garantía de la presunción de inocencia, al principio de culpabilidad y,
por conexitud, también al derecho a la educación, por lo que corresponde declarar su
inconstitucionalidad.

III.6.2. Con relación al art. 93 del Reglamento

El art. 93 del Reglamento del Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la
UNIPOL, establece que serán sancionados con la baja de la institución sin derecho a reincorporación,
los cursantes de las Unidades Académicas que sean sometidos a proceso penal por la comisión de
delitos y sean imputados formalmente por las autoridades llamadas por ley.
A juicio del accionante, dicho artículo es contrario a los arts. 116 y 117 de la CPE, porque se condena
al cadete de manera anticipada sin que se hubiera definido su responsabilidad dentro de un proceso
penal, existiendo por tanto, una sanción anticipada y un doble juzgamiento, que afecta a la garantía
de la presunción de inocencia.
Ahora bien, conforme se ha señalado en el Fundamento Jurídico III.4 de esta Sentencia
Constitucional Plurinacional, este Tribunal, en problemas jurídicos normativos similares, vinculados a
la suspensión de funciones por la existencia de imputación formal o acusación, ha sido invariable al
sostener que dicha normas resultaban contrarias a las garantías del debido proceso y la presunción
de inocencia y, por ende, declaró su inconstitucionalidad, expulsándolas del ordenamiento jurídico.
En ese ámbito, corresponde que este Tribunal Constitucional Plurinacional reitere la jurisprudencia
contenida en la SCP 0137/2013 que respecto a imputación formal señaló que es un acto unilateral -
del representante del Ministerio Público- de carácter provisional y que la inhabilitación para el
ejercicio de una función jurisdiccional en mérito a dicha imputación, atenta contra la garantía del
estado de inocencia, debido a que se estaría anticipando una sanción sin que exista una decisión con
calidad de cosa juzgada emergente de un proceso penal previo; más aún si se considera que la
referida tiene carácter provisional, que se sustenta en indicios sobre la existencia del hecho delictivo
y la participación del imputado, además de emerger de un acto procesal unilateral del
representante del Ministerio Público.
En ese sentido, este Tribunal concluye que el art. 93 del Reglamento del Régimen
Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la UNIPOL resulta contrario a los arts. 117 y
116 de la CPE; pues, por una parte, determinan como causal de aplicación de la sanción de baja
definitiva a la existencia de una imputación formal contra el cadete, lo que supone la aplicación de
sanción anticipada, sin que previamente se hubiere demostrada la participación y la responsabilidad
del imputado en la comisión del hecho, y sin permitirle ejercer adecuadamente su derecho a la
defensa; aspecto prohibido por el art. 117 de la Norma Suprema, que expresamente señala que
“Ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada previamente en un debido
proceso” y por el art. 115.II de la Ley Fundamental que garantiza el derecho al debido proceso y a la
defensa.

Por otra parte, la norma analizada, también lesiona la garantía de la presunción de inocencia
prevista en el art. 116.I de la CPE, por cuanto impone una sanción a los cadetes sobre quienes pesa
una imputación formal, presumiendo su culpabilidad en el hecho, anticipando una sanción
disciplinaria, no obstante que, conforme se tiene señalado, la mencionada imputación formal es
únicamente una calificación provisional del hecho, que tendrá que ser demostrada en el desarrollo
del juicio y que puede concluir con una sentencia absolutoria, de conformidad al art. 263 del CPP.
Adicionalmente, debe señalarse -conforme quedó precisado en la SCP 2055/2012- que la presunción
de inocencia del imputado debe permanecer incólume hasta que se declare su culpabilidad o
responsabilidad a través de una sentencia firme; es decir, hasta que la misma se encuentre
ejecutoriada; no pudiéndose, por ende, anticipar una sanción, entretanto la resolución no se
encuentre con calidad de cosa juzgada.

Por lo expuesto, se reitera que la baja definitiva de las Unidades Académicas de la Policía
Boliviana por existir imputación formal contra los cadetes constituye una sanción anticipada,
fundada en la presunción de culpabilidad del encausado, que quebranta la garantía de presunción de
inocencia, la cual sólo puede ser a través de una Resolución condenatoria ejecutoriada. Además,
como se tiene señalado, la baja definitiva implica una sanción sin previo proceso, contraria al debido
proceso y al derecho a la defensa.

Por lo expuesto, corresponde declarar la inconstitucionalidad del art. 93 del Reglamento del
Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la Universidad Policial (UNIPOL)
“Mariscal Antonio José de Sucre”.

POR TANTO

La Sala Plena del Tribunal Constitucional Plurinacional; en virtud a la autoridad que le confieren la
Constitución Política del Estado; y 12.2 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional, resuelve
declarar la INCONSTITUCIONALIDAD de los numerales 14 y 15 del inc. B.3 del art. 39 y el art. 93 del
Reglamento de Régimen Disciplinario de las Unidades Académicas de Grado de la UNIPOL por ser
manifiestamente contrarios a los arts. 14, 115.II, 116.I, 117.I, y 119 de la CPE.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.

Se hace constar que no intervienen los Magistrados, Dr. Ruddy José Flores Monterrey y la Dra. Neldy
Virginia Andrade Martínez, por ser todos de voto disidente.

Fdo. Tata Gualberto Cusi Mamani


MAGISTRADO

Fdo. Soraida Rosario Chánez Chire


MAGISTRADA

Fdo. Dra. Mirtha Camacho Quiroga


MAGISTRADA

Fdo. Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños


MAGISTRADA

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