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Diversidad sexual

en las aulas
Evitar el bullying o
acoso homofóbico

Santiago Agustín Ruíz


Octubre 2009
02
Autor
Santiago Agustín Ruíz

Director Cuadernos Plural


Pablo A. Cantero Garlito

Comité Editorial
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Pedro Moruno Miralles
Miguel Ángel Talavera Valverde

Edita
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INDICE

1. SOBRE DIVERSIDAD, ORIENTACIÓN, SEXUALIDAD Y SEXOS 05

Las normas no escritas que nos marcan el camino 05


Sexo y género 07
Los caracteres sexuales terciarios, o roles de género 13
¿Sexualidad? 16
Falsas presunciones 19
Orientación sexual 22
Conclusión: ¿Son científicas las etiquetas? 26
La orientación sexual en cifras 29
Formación de la identidad LGB 31
Minority Stress (Estrés de minoría) 35
“Salir del armario” 36

2. ¿HOMOFOBIA? 41

¿Qué significa eso? 41


Homofobia interiorizada 43
Homofobia cognitiva. Estereotipos sobre las personas LGB 44
Homofobia afectiva 46
Homofobia militante 48
La homosexualidad como “enfermedad” 50
Agresiones homófobas 51

3. HOMOFOBIA EN LOS CENTROS EDUCATIVOS 55

Cada vez menos homofobia explícita… 55


Pero mucha homofobia afectiva 57
Cuando la discriminación comienza antes de que tú mismo te conozcas 59
Lenguaje homófobo en la escuela 60
La homosexualidad en el currículo educativo 61

4. BULLYING 65

¿Qué es? 65
Víctimas y agresores 66
Consecuencias del acoso escolar 69
Frecuencia y tipos de acoso escolar 71
INDICE

¿Cómo se está actuando ante el acoso escolar? 73


El grupo de iguales y su posición ante el acoso escolar 74
Estrategias de prevención de acoso escolar 75
Evitar la exclusión de los agresores 76

5. BULLYING HOMOFÓBICO 83

Definición 83
Factores diferenciales del bullying homofóbico 84
Frecuencia del bullying homofóbico 87

6. LAS VÍCTIMAS 93

Más que ser homosexual, no cumplir con tu rol de género 93


Pero ser gay, bisexual, lesbiana y expresarlo públicamente es el mayor factor de riesgo 95
Y si eres transexual… ya no digamos 96
¿Tienen más riesgo de sufrir bullying homofóbico los hijos de familias homoparentales? 97
Factores relacionados y factores protectores 100

7. CÓMO ACTUAR CONTRA EL BULLYING HOMOFÓBICO 109

Incluir la diversidad sexual en los reglamentos, planes de convivencia


y demás acciones colectivas de los centros 110
Programas de entrenamiento anti-bullying para el profesorado 111
Programas de educación sexual dirigidos a profesores, estudiantes y familiares 112
Actividades y recursos educativos 115
Programas específicos sobre diversidad sexual dirigidos a estudiantes,
familiares y profesores 116
Fomento del asociacionismo 118
Aplicación específica de los protocolos anti-bullying 120

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 122


Con cariño pero, sobre todo, con profundo respeto, a los chavales y
chavalas encerrados en los 13 centros para menores con medidas
judiciales de la Comunidad de Madrid.

Muchas veces agresores pero siempre víctimas en una sociedad que


castiga la exclusión social y la diferencia. De todos los programas de
educación sexual en los que he participado, ha sido con vosotros con
quienes más he aprendido, reído y (al llegar a casa) llorado.
1. SOBRE DIVERSIDAD, ORIENTACIÓN,
SEXUALIDAD Y SEXOS

Las normas no escritas que nos limitan

Irene, de Barcelona, tiene 15 años y estudia en el IES García Lorca. Este verano empezó a
sentir que no sabía si le gustaban las chicas o los chicos.

Pablo, de 11 años, vive en Casas Ibáñez, Albacete. Habla de forma suave, no le gusta el
fútbol y sus mejores amistades son chicas.

Borja tiene 16 años y vive en Valencia. Después de darle muchas vueltas, ha decidido
“salir del armario” en el instituto.

Marta, de 17 años, tiene novio. Cuando viaja en metro a veces ve chicas con las que le
excita fantasear. Duda acerca de si esto puede considerarse infidelidad y duda también
sobre si esto significará que no le gustan los hombres sino las mujeres.

Fátima es la que mejor juega al fútbol de su clase de quinto de primaria. Además, le


molesta llevar falda, no salta a la comba y cuando discute le resulta más sencillo agredir
física que verbalmente.

Sufián vive en un centro de menores. Algunas noches masturba a Jorge, su compañero de


habitación, cuando los dos piensan que nadie les ve.

A Alberto le gustan las chicas. Un día de botellón se besa en la boca con un amigo “por
probar”, casualmente les ven varios compañeros del instituto.

Marcos está enamorado de Esther, una chica que nació con pene.

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

La mejor amiga de Jessica le ha dicho que le gustan las chicas, y ahora ella es la única
persona que lo sabe.

Algunas noches Carlos tiene sueños eróticos en los que aparecen otros hombres.

A Miguel le excita masturbarse pensando que su novia se enrolla con un amigo suyo.

Ana ha empezado a salir con una chavala que conoció por internet. Hoy es la primera vez
que se han besado mientras paseaban por su barrio.

Cuando sus compañeros del jardín de infancia preguntan a Pedro cómo se llama su papá,
él responde que tiene dos mamás.

Aunque en algunos casos no parezca tan evidente, todas estas personas


van a tener que enfrentarse de alguna forma al bullying homofóbico. Borja,
Esther o Ana cuadran mejor con esa “víctima ideal” que nos viene a la
mente al hablar de este fenómeno: los chicos y chicas lesbianas, gays,
bisexuales y transexuales. Otros como Pablo que tiene 11 años y supues-
tamente se comporta de modo “femenino” o Fátima que es aparentemen-
te “masculina” constituyen el grupo más significativo de víctimas, indepen-
dientemente de su orientación sexual. Incluso es posible que muchos de
estos jóvenes, como Marta que fantaseaba con chicas aunque tuviese
novio, nunca sufran agresiones, marginación o insultos en base a sus
peculiaridades aunque sea simplemente porque el miedo a ser “distintos”
les impida expresarlas.

A lo largo de estas páginas vamos a estudiar qué es y como se


manifiesta el acoso escolar homofóbico, y trataremos de establecer
algunas pautas para combatirlo. Constituye un fenómeno complejo,
arraigado en patrones culturales muy bien asentados, pero hoy en día
es posible atajarlo. Los profesionales que trabajamos con adolescentes
y jóvenes tenemos la oportunidad de hacerles más felices y debemos
aprovecharla.

06
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Nuestro objetivo es crear un clima en el que se respeten las peculiaridades


sexuales de cada cual. Queremos enseñar a los adolescentes y jóvenes a
asumir que sea cual sea la forma en que sientan, amen o disfruten, tienen
derecho a expresarse y a ser respetados. Puesto que en la adolescencia
tenemos miedo a ser “diferentes”, proponemos abordar el bullying homo-
fóbico como parte de un problema que nos afecta a todos y todas: la
represión a la diversidad.

Sexo y género

Sentado en el metro, Carlos, de 17 años, contemplaba a esa persona.

- Si es una chica me parece guapa, pero tiene un poco de pinta de tío.

- No sé, yo creo que es una chavala. Tiene el pelo largo, y la cara es redondeada y dulce.
A mí también me parece guapa. –Respondía Fer.

- Que no, tíos, que no, que es un pavo. A ese le conozco yo de mi barrio... ¡No veis que no
tiene tetas! Además aunque parece una nenaza, es chungo… como os oiga…– Joaquín
aclaró sus dudas.

La homofobia ha sido analizada en muchas ocasiones como un elemento


aislado dentro de nuestro sistema socio-cultural y sin embargo es tan sólo
la pieza más llamativa de un marco que ataca muchas formas de ser y
sentir.

Pese a la “revolución” que hemos vivido desde finales de la década de los


50 y muy especialmente desde la década de los 60, el modelo de
nuestros abuelos basado en la sexualidad reproductiva sigue aquí, aunque
con algunas transformaciones importantes.

Antes de entrar directamente en las situaciones de acoso que viven tantos


jóvenes es importante conocer qué se espera de ellos según sean chicos

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

o chicas. A medida que analicemos sus circunstancias comprobaremos


que el acoso está íntimamente relacionado con las características físicas y
de personalidad que se espera que tengamos según nuestro sexo.

Hay dos teorías que nos ayudan a interpretar las diferencias entre hombres
y mujeres, y pese a que no existe consenso científico sobre ellas, sus
aportaciones nos resultarán de mucha utilidad en esta tarea.

La teoría sexo/género
Rubin (1975), explica la diferenciación social entre hombres y mujeres
como resultado de una construcción cultural sin fundamento real. Según
esta propuesta, la variación de los genitales origina la construcción este-
reotipada de una identidad que afecta a toda nuestra personalidad y tal
vez tuvo algún sentido en tiempos pasados, cuando estadísticamente
muchas mujeres debían dedicar la mayor parte de su vida adulta al
embarazo y la crianza, pero actualmente carece de utilidad. El feminismo
de la igualdad adopta esta premisa y de ahí que los esfuerzos vayan
encaminados hacia esa “equiparación” que nos permitiría vivir y compor-
tarnos como deseásemos sin darle mayor importancia a nuestro “sexo
biológico”, determinado en última instancia por nuestros genitales. Para
acceder a una pequeña revisión crítica sobre la evolución del feminismo y
sus teorías, podemos consultar a Lucía González-Mendiondo (2006).

En su libro “Herramientas para Combatir el Bullying Homofóbico”, Platero y


Gómez (2007) definen el género como “El conjunto de roles, tareas,
comportamientos, espacios, actitudes y aptitudes que la sociedad espera
que nosotros y nosotras asumamos en función de habitar un cuerpo
femenino o masculino”.

Algunos grupos han llevado esta reflexión al extremo de considerar que las
categorías de “hombre” y “mujer” son inservibles y constituyen una lacra
para el desarrollo libr e de la personalidad individual. El colectivo estadouni-
dense Crimethinc (2001) hacía la siguiente reflexión: “El género es otra

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Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

falsa división de la vida en categorías arbitrarias, ninguna de las cuales


puede describirnos o englobarnos adecuadamente, con el objetivo de
definirnos unos contra otros en pro de los intereses del Poder. No hay
hombres. No hay mujeres. Hazte libre. Salte del mapa.”

La escuela sexológica
La escuela sexológica (Amezúa, 2000; Landarroitajauregui, 2000; Sanz,
2003) parte de unos postulados muy distintos pero a nuestro juicio
compatibles con las propuestas finales de la teoría sexo/género. Para
estos autores desde la concepción hasta la vejez, los seres humanos nos
vemos sometidos a una serie de agentes “sexuantes” o diferenciadores
que de manera global acabarán por definir nuestra sexualidad, es decir, la
propia forma de ser hombre o mujer de cada cual (si personalidad es la
forma de ser persona, sexualidad es la forma de ser sexo).

Estos agentes sexuantes o diferenciadores pueden ser masculinos o


femeninos, estando determinados en un primer momento por nuestra
carga genética, más adelante por el funcionamiento hormonal de nuestro
cuerpo y finalmente por agentes externos tales como la cultura en que se
nos educa, la formación de pareja, la crianza de hijos, etc.

La escuela sexológica hace un esfuerzo por distinguir los distintos rasgos


o caracteres sexuales “masculinos” y “femeninos” formados a consecuen-
cia de los distintos “agentes sexuantes” y que en ocasiones son a su vez
también agentes diferenciadores en sí mismos.

Para ello hace un análisis estadístico de los caracteres más frecuentes en


hombres y mujeres y de los procesos resultantes de tener un sexo biológico u
otro. Se insiste en que los caracteres no son dimórficos, sino que en cada
persona se expresarán dentro de un continuo, de mayor a menor intensidad en
cada carácter, pero que las diferencias totales entre hombres y mujeres son
significativas. Explican la ausencia de dimorfismo hablando de “intersexualidad”,
es decir , todas las personas tienen caracteres más “propios” del “otro” sexo.

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Algunos de los caracteres sexuales masculinos o femeninos serían:

- Caracteres sexuales primarios:


Ovarios o testículos, genitales internos y externos (vulva o pene), cromosomas XX o XY. Estos caracteres
serían menos “intersexuales” y más dimórficos, aunque encontramos también casos de hermafroditismo,
cromosomas XXY, genitales externos que no corresponden a la carga genética, etc.

- Caracteres sexuales secundarios:


Distribución hormonal (estrógenos/testosterona), cantidad y distribución del vello, altura, cantidad y
distribución de la musculatura, peso…

- Caracteres sexuales terciarios:


Rol, formas de comportarse ante diferentes situaciones, formas de demandar las relaciones eróticas,
formas de expresar el cariño, formas de afrontar los problemas,…

Uno de los caracteres sexuales terciarios sería la “andrerastia” o la


“ginerastia” (Landarroitajauregui, 2000), es decir, sentirse atraído por hom-
bres o por mujeres. Desde un punto de vista global, se trata de un rasgo
más donde cabe la posibilidad de situarnos en lo que estadísticamente
aparece más en personas “del sexo opuesto”.

Cualitativamente no tiene porqué interpretarse esta “diversidad estadística”


de modo diferente a como se interpreta que una mujer sea más alta de lo
habitual o que un hombre sea especialmente expresivo emocionalmente.
Pero si aparece la atracción por los hombres en un varón, o por las chicas
en una mujer tiende a interpretarse que han de aparecer otros muchos
rasgos también más comunes en el otro sexo. Cuando una persona presen-
ta muchas características habituales del otro sexo será tomada fácilmente
por homosexual, y viceversa. En este punto se ligan el acoso a la diversidad
del deseo con el acoso a la diversidad sexual propiamente dicha.

Respecto a las diferencias biológicas entre los dos “sexos” más allá de lo
meramente genital Landarroitajauregui (2000) cita las declaraciones del

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Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

investigador Robert Gorski en 1995: “Todas las diferencias anatómicas


cerebrales descritas hasta la fecha en la bibliografía científica muestran un
elevado grado de solapamiento. Si nosotros, los anatomistas descubriése-
mos un grado tal de solapamiento en la anatomía de los genitales,
hablaríamos de hermafroditismo, en lugar de diferencias sexuales.”

De hecho, los autores de la escuela sexológica asumen que todas las


personas tenemos una base común y que el resultado final, tendente más
hacia un “polo” que a otro, está determinado por los efectos que los
distintos agentes tienen sobre nosotros (en cada cual en una proporción
distinta, y siempre con unos agentes dirigidos hacia el polo opuesto del
mayoritario). Tal como señala Amezúa, los “sexos”: “están hechos de la
misma madera o condición y sólo la distribución individualizada de estos y,
sobre todo, su pensamiento de ser tales, los dota de una u otro identidad,
los sexúa en una u otra dirección” (Amezúa, 2003).

En lo referente a cuándo aprendemos las personas lo que es ser hombre y


ser mujer, estos autores señalan que se trata de un proceso que tiene
lugar en la infancia. Al principio los niños y las niñas saben que socialmen-
te se les diferencia a unos de otras, pero no atribuyen tal diferenciación a
factores intrínsecos de la persona. Citando a De la Cruz (2005) “si se
pregunta a un niño de 3 años qué es, probablemente dirá que es niño,
pero si se le pregunta qué sería si se pone falda o unas coletas, entonces
es probable que conteste que niña”. Alrededor de los 6 años la mayoría ya
ha creado (¿o se le ha creado?) una identidad respecto a su sexo, y se
sienten chico o chica independientemente de sus características externas
(De la Cruz, 2005; Rich, 1999).

Pese a que el lenguaje empleado por la escuela sexológica es más puro,


lamentablemente ni en la literatura científica internacional ni en el lenguaje
“de la calle” se utilizan los términos sexo y sexualidad de este modo; por
esta razón de aquí en adelante intentaremos adaptar los términos para
que sean comprensibles.

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Insistimos en que ambas teorías son compatibles en sus aplicaciones


finales porque comparten la base de que ni podemos ni debemos predecir
al 100% el comportamiento de las personas en base a su sexo genital. La
teoría sexo/género quizás es más efectiva para liberarnos de los roles que
se nos asignan al nacer, pero la escuela sexológica nos ayuda a compren-
der las diferencias globales que estadísticamente se producen entre hom-
bres y mujeres.

El énfasis en valorar las características que tradicionalmente se asocian a


lo “masculino” y a lo “femenino” puede chocar a quienes partimos de
posturas igualitarias. Sin embargo nos hace reflexionar sobre si basándo-
nos en esa “igualdad” no estaremos reprimiendo de un modo distinto la
diversidad, forzando a muchos hombres a ser más “sensibles” y a muchas
mujeres a ser más “agresivas” yendo a menudo en contra de su naturale-
za. Esta situación sería igual de negativa que cuando se pedía a todos los
hombres que fuesen “machotes” y a todas las mujeres que fuesen
“femeninas”.

Como ejemplificación del modo en que ambas escuelas pueden ser


complementarias, incluimos aquí una cita de A.Clare, representante de la
teoría sexo/género y la respuesta que S. Sanz (2003) da desde la perspec-
tiva sexológica:

“No puede olvidarse, en este sentido, que las diferencias significativas


entre sexos no anulan la diversidad individual que conlleva que haya
chicas con un patrón similar al de los chicos y a la inversa, por lo que no
se debe cometer el error de generalizar de forma simple estas diferencias”

A lo que Sanz replica:

“Pues hete aquí que, como sexólogos, lo relevante es justamente generali-


zar esas diferencias, dado que marcan de forma separada lo propio de un
sexo y del otro.”

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Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Los caracteres sexuales terciarios o roles de género

- ¿Vosotros qué queréis ser de mayores?

Laura (4 años): Veterinaria.

Lucía (5 años): ¡Profesora!

Salva (6 años): Yo quiero ser policía: ¡pum, pum!

Jorge (4 años): Fruteeeeroooooo.

Noelia (5 años): Camionera, como mi padre.

- ¡Caray! Qué cosas tiene esta niña…-(refiriéndose a Noe, claro).

A los efectos que nos ocupan (prevenir el bullying homofóbico), lo más


importante no es conocer las causas biológicas o culturales de los distin-
tos comportamientos asociados a un sexo u otro. Nuestro objetivo será
fomentar el respeto a la diversidad y la aceptación de rasgos físicos y
psicológicos presentes en alumnos de un determinado sexo per o estadís-
ticamente más frecuentes (o más intensos) en personas del otro sexo.

Son estas características, en especial la orientación del deseo pero no la


única, las que determinarán que una persona esté en riesgo de sufrir
acoso homofóbico.

Ya hemos dicho que estos rasgos percibidos socialmente como


“masculinos” o “femeninos” no se presentan de manera dimórfica (por
ejemplo: varones instrumentales frente a mujeres expresivas (Fernández
y cols. 2007) sino que tienden a presentarse en cada persona dentro de
un continuo de mayor a menor intensidad, con diferencias estadística-
mente significativas cuando analizamos el conjunto de las personas de

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

sexo masculino y femenino, aunque imposibles de predecir para indivi-


duos concretos.

En última instancia la característica que determinará socialmente el sexo


de una persona es la forma de sus genitales externos, aunque venga
acompañada de otros factores biológicos o psicológicos.

Algunas de las características que parecen asociarse estadísticamente


más a hombres que mujeres son las siguientes:

- Formas de expresar la afectividad:


El patrón considerado “femenino” es expresar abiertamente los sentimientos y exteriorizarlos inequívocamente.
Llorar cuando algo nos emociona, abrazar a alguien a quien queremos, verbalizar los sentimientos, etc.

Sin embargo el patrón que se supone “masculino” es implícito: gestos indirectos, expresión en privado pero
no en público, “golpes afectuosos”, etc.

- Resolución de problemas:
Aquí el patrón “masculino” sería más directo tanto en la expresión como en el modo de afrontar situaciones
conflictivas. Si no se puede solucionar un problema preferimos no “tocarlo”, si vemos una salida nos
lanzamos hacia ella sin perder demasiado tiempo a analizarlo (lo cual muchas veces es funcional pero en
ocasiones deriva en conductas violentas).

El patrón “femenino” tiende a ser mucho más reflexivo, dar vueltas a un problema a veces olvidando el
objetivo de encontrar una solución (lo que puede derivar en conductas pasivas).

- Formas de afrontar los conflictos interpersonales:


Encontraríamos más hombres que responden de manera directa o “agresiva” ante un conflicto interperso-
nal. Entre las mujeres, sin embargo, aparecen respuestas más indirectas o “manipuladoras”.

- Vestimenta:
El patrón “masculino” marcaría un gusto por lo funcional (pantalones en lugar de faldas, pocos ornamentos),
frente a un patrón “femenino” que constituiría la búsqueda de la belleza estética.

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Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

- Dominancia y liderazgo frente a cuidado y cooperación:


Habría más mujeres con tendencia a cuidar a los demás, en especial a los niños y ancianos. En las
relaciones sociales, lo “femenino” sería buscar la cooperación dentro del grupo, sin establecer líderes
claros, mientras que lo “masculino” sería la búsqueda del liderazgo individual.

- Profesiones:
Relacionado con el patrón anterior, a los hombres se les asignan profesiones de poder, toma de decisiones,
actividad física y agresividad (obreros, bomberos, directivos...); a las mujeres profesiones de cuidado de los
demás y también pedagógicas (amas de casa, profesoras, enfermeras, cocineras, etc.).

- Aficiones:
Los patrones se aplican a los “hobbies” de manera similar: los hombres tendrían interés en actividades
físicas tales como la mecánica o el fútbol y de dominancia, como la política.

Las mujeres se centrarían más en aficiones estéticas (moda, arte) o en la socialización de las emociones
(conversaciones con las amigas, prensa rosa).

El estadio evolutivo donde más se exacerban estas diferencias es la


infancia y la pre-adolescencia. En estas edades se produce una verdadera
“segregación de género”, rota en pocas ocasiones y con severas penaliza-
ciones sociales para aquellos niños que la transgreden (no tanto para las
niñas). Hasta el momento las explicaciones que se han dado a este
fenómeno son enrevesadas y casi nunca basadas en pruebas empíricas.
No queremos sumarnos a esta tendencia con otra “hipótesis genial”, sino
simplemente constatar el fenómeno. Citando a Eleanor Maccoby (1995):

Las estructuras sociales que emergen en los grupos de varones y


hembras son diferentes. Los grupos de varones tienden a ser mayores y
más jerarquizados. Los modos de interrelación en los grupos de chicos y
de chicas se van diferenciando progresivamente, y los diferentes estilos
parecen reflejar diferentes agendas de intereses. A los chicos les
preocupa más la competición, la dominación, establecer y proteger un
terreno propio, y probar su virilidad; y para esos fines son más dados a

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

enfrentarse a otros chicos directamente, asumiendo riesgos, aceptando


desafíos, haciendo exhibiciones de su ego y ocultando su debilidad.
Entre los chicos hay una cierta cantidad de charla sexual (y sexista)
encubierta, así como una predisposición a la elaboración de posturas
homofóbicas. Las chicas, a pesar de que les preocupa conseguir sus
propios objetivos individuales, están más motivadas que los chicos para
mantener la cohesión y la cooperación del grupo, así como para amista-
des que les permitan apoyarse mutuamente. Sus relaciones son más
íntimas que las de los chicos.

¿Sexualidad?

Marcos me miró con cara de “o la pregunta tiene truco, o este se cree que tengo 10 años”.

- Profe, pregunta otra vez, que no me entero.

- Sí, Marcos, ¿Qué es para ti la sexualidad?

Observó las caras expectantes de sus compañeros y por fin lo soltó.

- Pues follar. Qué va a ser.

Cuando preguntamos a los adolescentes qué les sugier e el término


“sexualidad”, casi siempr e aluden al coito u otras prácticas eróticas
(penetración, felación, cunilingus , masturbación), a los genitales (pene,
vagina y sus numerosos nombres) y a la reproducción/procreación (anti-
conceptivos, embarazo, menstruación, etc.). Pocas veces aparecen senti-
mientos (placer, cariño, vergüenza, etc.) o se hace mención a los aspectos
sociales de las relaciones eróticas o románticas (orientación del deseo,
tipos de relaciones, normas, etc.) ni mucho menos a los sexos como tales.
Al preguntar si puede haber “sexualidad sin sentimientos” la respuesta es
siempre afirmativa, considerando que puede llegar a separarse lo “sexual”
de aquello que sentimos.

16
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

La idea básica es, pues, que sexualidad es igual a cópula o, dando un


pasito más, a genitalidad. Perdemos el sentido original del término, asocia-
do al ser “hombre” o ser “mujer”, y a todo lo que se desprende de ello en
nuestras relaciones o sentimientos, para fijarnos únicamente en lo genital.
Esta disociación, que separa los aspectos psicológicos y sociales de
nuestra vida de los genitales se ve reflejada socialmente hasta el punto de
que en el cine se trata la “sexualidad” desde dos ópticas completamente
diferenciadas: cine pornográfico centrado en los aspectos físicos (desnu-
do, penetración, etc.), que puede incluso verse en otros idiomas sin perder
nada de contenido, y cine comercial que trata los aspectos psicológicos y
sociales pero oculta los más explícitamente genitales.

Implícitamente, el mensaje que se nos transmite desde el nacimiento es


que respecto al erotismo sólo es válido (o “natural”), aquello que tiene un
componente reproductivo. Se reprime por tanto la homosexualidad, pero
también la masturbación, las relaciones eróticas en la tercera edad, o
cualquier tipo de relación no coital. De hecho, los grupos más tradiciona-
listas reprimen también el uso de anticonceptivos en esa búsqueda de la
“sexualidad” como elemento básicamente reproductivo.

La represión en este campo se ha visto mediada por las diferencias


de género, de modo que con los hombr es ha existido cierta permisivi-
dad a la hora de salirse del estricto marco reproductivo. Para las
mujeres, aunque desde hace algunas décadas viene produciéndose
un importante movimiento de liberación, continúa siendo difícil expre-
sar o buscar placer fuera de lo reproductivo; de ahí que cuando a una
chica le guste el contacto físico con otras personas, o proporcionarse
placer a sí misma, sea fácilmente estigmatizada (“la guarra”). En el
caso de los hombr es nos encontramos con un doble rasero, por un
lado en muchos aspectos se mantiene el mismo marco (que corre
rumores como que “la masturbación produce acné”), pero por otro
lado también se les incita a expresar al máximo su erótica como
muestra de virilidad.

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Como eslabón último del sexismo modernizado, se sitúa a los hombres


como supuestos “productores” de placer femenino (privando a la mujer de
su autonomía erótica) y aquellos varones que no cumplen con los requisi-
tos serán también estigmatizados y acusados de falta de virilidad, en
especial si optan por relacionarse con otros hombres o desearlos.

Si introducimos la homofobia en este marco, veremos que son muchas


más las personas a quienes afecta. Para comprender mejor todo esto,
añadiremos a nuestros chavales de la introducción algunos ejemplos de
hombres y mujeres que están, hoy mismo, sintiéndose mal por no amol-
darse a lo que se espera de ellos. Por no cuadrar en el marco del erotismo
reproductivo y genital:

José, que tiene 22 años, y es el único de la pandilla que nunca ha penetrado a una chica.

Marisa, que con 50 años se acaba de divorciar, es madre de dos hijos y quiere probar lo
que es un orgasmo.

Laura tiene 13 años y se masturba. Cree que es la única chica de su edad que lo hace.

Alberto tiene 18 años, y sale con alguien de 42.

Jonathan, de 30. Al besarse y acariciarse con las mujeres a las que conoce esporádica-
mente, se excita mucho y tiene potentes erecciones. Cuando se desnudan y él prevé que
va a haber penetración, su pene se queda totalmente flácido.

Ruth a sus 17 años se ha acostado con 10 chicos diferentes en su vida.

Javi, que tiene 15 años, ha decidido besarse con una chica en una discoteca para que le
vean sus amigos. Lo está pasando mal porque la chica no le gusta y le da repelús.

Sara nunca ha tenido ni tendrá orgasmos mediante la penetración. Lo que más le gusta es
que le acaricien el clítoris.

18
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Emilio tiene fantasías eróticas con menores de edad.

A Patricia, de 16 años, le duele y no lubrica nada cuando su chico le penetra, sus amigas
le han dicho que es mejor callarse y que ya se acostumbrará.

Andrés, que es su chico y no sabe nada de las preocupaciones de Pati, está muy agobiado
porque según él, “es eyaculador precoz”. Aunque puede estar hora s disfrutando de caricias,
besos y juegos con Patricia, cuando practican el coito eyacula pasados 5 ó 10 minutos.

Falsas presunciones

Luisa es una mujer de su tiempo, tiene confianza con sus alumnos y sabe que con ella
pueden expresarse abiertamente. Trabaja en un instituto de Formación Profesional y la
edad media de sus alumnos es de 18 años.

Ha decidido dar el paso y ser la primera profesora del instituto que de una clase de
educación sexual. Hoy tratarán la prevención de embarazos no deseados.

- Chavales, ahora vamos a hablar del preservativo. Venga Marta que sé que a ti estos
temas te interesan ¿Tú tienes pareja?

- Sí profe, desde hace 2 años.

- Muy bien, entonces eres un ejemplo perfecto. ¿Te importa si te pregunto si mantenéis
relaciones sexuales?

- No pasa nada. Sí que mantenemos.

- ¿Usáis preservativo?

- No.

- ¿Y qué método anticonceptivo usáis?

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

- Ninguno.

- ¡Ninguno! Pero Marta, ¡qué irresponsabilidad! Si tienes casi 20 años… ¿Eres una niña o
qué? ¿Quieres arruinar tu vida? No me lo puedo creer…

Marta se está poniendo roja y no sabe qué decir, se arrepiente de haber respondido que
tiene pareja. Marta no utiliza ningún anticonceptivo porque no los necesita…

Pero ya no sabe si decirlo. Marta es lesbiana.

Como hemos visto, hay una enorme cantidad de chicos y chicas cuyas
sexualidades no se adaptan a lo que “se espera de ellos”. Una de las
mayores fuentes de problemas en esta materia es la sensación de sentirse
“los únicos”. Esta percepción ha sido estudiada fundamentalmente en los
adolescentes lesbianas, gays y bisexuales (en adelante, LGB) pero es común
a todas esas rupturas con la norma de nuestro día a día (Meyer, 2003).

En la adolescencia, sentirse “raro” resulta desagradable y muy estresante.


Los chicos y chicas luchan por formar parte de un grupo, por experimen-
tar el famoso “sentimiento de pertenencia”, etc. Pero en materia de
sexualidad lo que los adolescentes suponen que es normal, la mayoría de
las veces no se adapta completamente a su realidad personal. Quien no
“falla” por no ligar, lo hace por eyacular demasiado rápido, y aquella que
no es una “guarra” falla porque le gustan las chicas, o porque no siente
especial placer con la penetración, aunque se enamore de chicos.

Epstein y Johnson (1994) hablaban de la “presunción de


heterosexualidad”, señalando la costumbre de la mayoría de los oradores
de presuponer que toda la audiencia es heterosexual hasta que se de-
muestre lo contrario. Esto multiplica el sentimiento de aislamiento, de ser
“único” si no se es heterosexual. Es más, podemos considerar que este es
uno de los factores que contribuyen al “estrés de minoría” definido exten-
samente por Meyer (1995) y al que dedicaremos epígrafe más adelante.

20
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Pese a que esta sensación de ser “extraño” es vivida con más intensidad
por los adolescentes LGB, y muy especialmente por los transexuales,
conviene no olvidar que las raíces del problema afectan a todos. El día en
que termine el acoso homofóbico, seguramente habremos conseguido
librarnos también de muchos otros prejuicios y estigmas sexuales.

Ya hemos dicho que no se trata de la única falsa presunción. Al hablar con


adolescentes y jóvenes de su sexualidad, debemos hacer especial hinca-
pié siempre en lo valioso de sus distintas peculiaridades. Es la diversidad
la que enriquece nuestras vidas, y esta es la idea que debemos transmitir.
Señalemos algunas ideas erróneas que podemos tener y que pueden
producir errores en nuestro discurso:

Falsas presunciones

- Que toda nuestra audiencia es heterosexual.

- Que todos están muy interesados en “ligar”. En especial en los comienzos de la


adolescencia, cuando hay tantas diferencias entre quienes despiertan a la erótica y quienes
aún siguen mucho más pendientes de juegos y fantasías.

- Que nadie ha padecido alguna infección de transmisión genital o ha interrumpido el


embarazo.

- Al hablar con chicos más mayores, no presupongamos que todos han tenido relaciones
genitales. Lo contrario si hablamos con chavales más jóvenes.

- Que no hay personas que prefieran tratar estos asuntos en la intimidad y se sientan
incómodos si les preguntamos sobre algún asunto públicamente.

- Que no hay víctimas o agresores sexuales entre nuestro público.

- Que no hay distintas peculiaridades anatómicas. Personas con el pene más grande o más
pequeño, con más o menos pelo, con los labios vaginales más o menos grandes, con
genitales de un color, olor o sabor distinto, circuncidados o no, etc.

- Que nuestro discurso no puede ofender a personas con creencias religiosas o culturales
distintas a las nuestras.

21
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Por último sería un fallo transmitir que suponemos que nuestra opinión es
“verdadera e infalible”. Los oyentes deben sentirse seguros para poder
criticar nuestra postura y defender cualquier posición sexista, homófoba o
discriminatoria (siempre que lo hagan con respeto, claro). Debemos ser
muy cuidadosos para no caer en la criminalización del pensamiento, que
deberíamos tratar que fuese siempre libre. La experiencia demuestra que
sólo así podemos trabajar sus actitudes y sus valores hasta lograr mejoras.

Orientación sexual

Los chicos se estaban poniendo tensos. Hablar de homosexualidad de forma explícita en


un centro de menores con medidas judiciales a veces resulta difícil.

Edwin, que tiene una cicatriz que le va de un lado a otro del cuello, es bastante respetado
por sus compañeros. Puede decir cosas que los otros no se atreverían.

- Hombre, yo tengo un colega que sí, que en la cárcel conoció a un tío que cuando le
invitabas a porros te dejaba darle por detrás. Y mi colega le daba. Pero eso no es que seas
maricón.

- No, no, es que el maricón es al que le dan. A mí tampoco me importaría que me la


chupase uno.- Interviene César.

- Pues César si a ti te gusta eso, a mí me parece que eres un poco bujarra.- Salta Antonio
con sorna.

- ¡A que te mato!

Mejor seguimos con esto otro día…

- Bueno, bueno, vamos a cambiar de tema…

22
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Siempre hemos asumido que el deseo se divide en heterosexual, homo-


sexual y bisexual. Aunque muchas personas siguen pensando que la
orientación del deseo es una decisión personal, la idea más común es
que estas categorías son inmutables, nos vienen marcadas de algún
modo desde el nacimiento y son excluyentes.

La realidad es que seguramente estos tres grupos (homo, bi y hetero)


son una creación de nuestra cultura. Históricamente siempre ha habido
personas que preferían las prácticas genitales o románticas con indivi-
duos de su mismo sexo, pero no se crea una categoría para esta
preferencia hasta mediados del siglo XIX, cuando se dota a aquellos
que tienen prácticas homoeróticas de una “personalidad” particular.
Previamente simplemente se penalizaban algunas prácticas concretas,
como el coito anal, al que hace referencia Sto. Tomás de Aquino
equiparándolo a otras actividades “perniciosas” como el robo o la
prostitución. Para profundizar más en el modo en que el discurso
psiquiátrico va adoptando el personaje del “homosexual”, podemos
consultar a Focault en su “Historia de la Sexualidad” (1977). Si retroce-
demos más aún en el tiempo o comparamos la forma de interpretar el
fenómeno en otras culturas, vemos que no se dota a las personas de
una “forma de ser” específica relacionada con sus preferencias eróti-
cas. En algunas sociedades se normalizan (antigua Grecia, diversas
culturas “aborígenes”, etc.) y en otras se penalizan, pero nunca antes
se había ido más allá. Platero y Gómez (2007) refieren varios ejemplos
históricos al respecto.

Multitud de autores e investigadores han tratado de analizar los factores


que componen el deseo sexual, y cómo éste puede verse mediatizado
por la cultura, el aprendizaje o diferentes aspectos biológicos. Pese a la
cantidad de hipótesis al respecto que se han propuesto, desde el
psicoanálisis hasta teorías de corte biologicista, aún no se han encon-
trado resultados concluyentes en ninguna dirección y tampoco sabe-
mos siquiera si es posible encontrar relaciones causa-efecto.

23
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Para nosotros, la orientación puede analizarse en 4 niveles: prácticas,


deseos, fantasías y sueños. Transversalmente intervendría un quinto nivel
al que denominamos atracción.

- Prácticas:
Se trata de lo que efectivamente hacemos. En este sentido, a lo largo de la vida una persona puede haber
tenido conductas eróticas exclusivamente heterosexuales u homosexuales, o puede haber tenido prácticas
con ambos sexos.

Aquí la mayor dificultad está en definir qué es una práctica erótica. Naturalmente, la mayoría de las
investigaciones al respecto trabajan con lo genital, pero... ¿una mirada apasionada es una conducta
erótica? ¿y un masaje? ¿un beso en los labios? ¿depende de la cultura? Nosotros proponemos definir este
tipo de prácticas por la intención (si es erótica o no), pero reconocemos que es una definición subjetiva y
difícil de operativizar.

En la adolescencia muchas veces aparecen prácticas eróticas que pueden confundirnos a nosotros mismos,
bien sea porque estamos experimentando con ellas o porque suponemos que nos “marcan” y nos
convierten en lo que no somos.

- Deseos:
Se trata de aquello que querríamos hacer. Puede que efectivamente pongamos en práctica nuestros deseos,
y puede que no, por distintos motivos. Hay deseos que no están permitidos por nuestro marco cultural, como
es la homosexualidad, pero hay otra gran variedad de deseos no admitidos, y en ocasiones sancionados
como el deseo hacia los niños. También hay deseos que nosotros mismos podemos decidir no poner en
práctica, como puede ser tener relaciones fuera de nuestra pareja si así lo hemos acordado, o con familiares.

- Fantasías:
Son aquellas prácticas que nos gusta imaginar. En muchas ocasiones las fantasías coinciden con los
deseos (es decir, son conductas que queremos tener), pero en otras su realización no nos agradaría en
absoluto. En este sentido, por ejemplo es común que nos excite mucho imaginar una relación con varias
personas a la vez o con alguien desconocido, y que ese placer se limite sólo a nuestra imaginación. A
menudo las fantasías tienen contenidos “prohibidos”, como la violencia (imaginar que violamos o nos
violan), la prostitución, las humillaciones, etc.

24
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Es común que personas con una práctica exclusivamente homosexual disfru-


ten imaginando una relación heterosexual o, lo que es más común, al
contrario. Puede que estas fantasías representen nuestros deseos, pero
también es posible que no sea así. Amezúa (2006) se refiere así a este asunto:

“¿Quién nos ha dicho – y demostrado –que las fantasías eróticas desem-


bocan o tienen que desembocar en conductas? Las fantasías, por defini-
ción, tienen su desarrollo en la fantasía. Existe una idea muy confusa de la
relación entre el mundo de la fantasía y el de la conducta. Y existe una
idea muy temeraria según la cual muchos entienden por fantasía algo que
se tiene que realizar en la conducta.”

- Sueños:
No son controlables por el individuo, pero sí son importantes, porque muchas veces generan confusión.
Podemos soñar con determinadas prácticas e incluso disfrutarlas, pero luego no sentirnos bien fantaseando
con ellas, ni mucho menos desearlas.

- Atracción:
De forma transversal a estos cuatro niveles, habría que añadir la atracción, un sentimiento muy subjetivo
que nos impulsa hacia otra persona de un modo más o menos definido eróticamente. La atracción puede
estar acompañada de deseos o fantasías y puede que se quede tan sólo en un “impulso” indefinido que nos
despierta alguien.

La investigadora estadounidense M. Diamond (2003) publicaba un


modelo en el que diferenciaba la atracción “romántica” de la atracción
“sexual” - otros autores, como Soriano (1999) hablan de “vinculación
emocional”- sosteniendo que la una podía llevar a la otra o viceversa.
Nos parece interesante señalar esta última vía de exploración del
deseo, alternativa que deja abierta una puerta más. Sin embargo,
hemos decidido no incluir este quinto nivel por considerar que no es
posible ni saludable diferenciar claramente lo “emocional” de lo erótico
(o “sexual” como a menudo se define a los aspectos más genitales de
las relaciones eróticas).

25
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Soriano (1993) analizaba las primeras experiencias de una muestra de


personas “homosexuales” y “heterosexuales” y concluía que las prime-
ras fantasías, sentimientos y atracciones eróticas aparecen en la prime-
ra fase de la adolescencia (10-14 años), generalmente alrededor de los
11-12 años.

Es difícil intentar analizar por separado los componentes eróticos de los


psicológicos o sociales cuando una persona nos atrae. Durante la adoles-
cencia es común que tanto chicos como chicas queden fascinados por
otras personas de su mismo sexo a las que les gustaría parecerse o con
quienes llegan a un grado de confianza e intimidad especial; y en ocasio-
nes al adolescente puede resultarle complicado dar un sentido u otro a
estos sentimientos. En cualquier caso, deberíamos reflexionar sobre si es
necesario o urgente aclararlos.

Conclusión: ¿Son científicas las etiquetas?

“Cuando entendí que me gustaban las mujeres me sentí un poco mejor porque ya sabía lo
que me pasaba, pero claro lo que eso significa es muy difícil de aceptar. Es diferente
preguntarse ¿qué me pasa?, ¿me gustan las chicas o me gustan los chicos?, que
preguntarse ¿seré lesbiana? Es muy distinto lo que se siente en un caso y en otro.”

(Mujer citada en Soriano, 1999)

Resulta que todo el mundo es “heterosexual”. Y tú no eres como “todo el mundo”.


Entonces, algo tendrás que ser…
(Chico, 17 años, Badajoz)

Como estamos viendo, la orientación sexual no es un constructo clara-


mente definido. Desde hace ya más de medio siglo diversos autores o
grupos de investigadores han creado modelos o “escalas” con más o
menos acierto y combinando los aspectos que ya hemos mencionado o
algunos más (Kinsey, 1948; Klein y cols., 1985; Berkey y cols, 1990;

26
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Storms, 1980). Para una pequeña revisión en castellano, consultar Baile


(2008), y algo más antigua per o bastante completa Sell (1997).

Tal vez el modo más útil de contemplar la orientación del deseo sea como
un continuo “lineal”. Un continuo que pasaría de lo exclusivamente hetero-
sexual (personas que no sienten ningún tipo de atracción, fantasías,
sueños o deseos con personas de su mismo sexo) a lo exclusivamente
homosexual. Dentro de este continuo es difícil cuando no imposible
situarse en los extremos. Además, nuestra posición puede modificarse a
causa de circunstancias especiales tales como estar en contacto
únicamente con personas de nuestro mismo sexo (prisión, travesías maríti-
mas, etc.) o vivir en un entorno muy homófobo. El pionero en plantear esta
forma de entender la orientación del deseo fue Alfred Kinsey (1948), quien
se expresaba así al respecto:

“Los varones no representan dos conjuntos distintos, hetero y homo-


sexuales, del mismo modo que el mundo no está dividido en ovejas y
lobos, ni todas las cosas son blancas o negras. Un hecho fundamental en
taxonomía es que la naturaleza rara vez presenta categorías opuestas.
Sólo la mente humana las inventa así y las coloca en compartimentos
estancos. El mundo de los seres vivos es continuo en todos sus aspectos.
Cuanto antes aprendamos esto en lo concerniente a la sexualidad huma-
na, más pronto llegaremos a comprender las realidades.”

Para referirse a las personas con posiciones minoritarias, la literatura


anglosajona ha incorporado un cuarto grupo al clásico “Lesbianas, Gays y
Bisexuales” (LGB), y es el grupo “en cuestionamiento” (“Questioning”). Se
trata del segmento de adolescentes, significativamente más numeroso que
el que se define como homosexual o bisexual, que no tiene definida su
orientación, sino que se está planteando cuáles son sus “verdaderos”
deseos o impulsos eróticos. Este grupo, que algunas veces es confundido
con el de los adolescentes bisexuales, puede verse sometido a una
sensación de estrés aún mayor que el de sus compañeros con una

27
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

orientación ya definida. Es importante señalar que diversos estudios en-


cuentran prevalencias mayores de síntomas psicológicos negativos (senti-
mientos de tristeza, ansiedad, conductas autolesivas, consumo de drogas
u alcohol) en los adolescentes bisexuales o en cuestionamiento que en la
población gay y lesbiana.

Por último, otros grupos han adoptado la etiqueta “queer”, que sostiene
que al no existir una clara diferenciación entre los sexos, no puede hablar-
se de orientación hacia uno, otro o los dos, sino hacia personas concretas.
Esta forma de identificarse está extendida principalmente en los ámbitos
universitarios y militantes y no es común en la población general. Sin
embargo debemos tenerla en cuenta por su carácter innovador y tal vez
pionero. De asumir esta visión, nuestr o “continuo” quedaría desbordado.

Respecto a las bases biológicas que controlan la orientación del deseo los
conocimientos están poco desarrollados. Aunque se sabe que algunas
hormonas, como la testosterona, influyen en la intensidad del deseo
(independientemente de su objeto), ni siquiera en este campo hay conoci-
mientos contrastados.

Soriano (1999) en su trabajo de investigación revisa los avances en


distintas áreas hasta el momento y aunque haya pasado ya una década
desde la publicación de su trabajo, los avances desde entonces no han
sido notables (Baile, 2008). De las distintas causas biológicas que han
sido investigadas (genética, hormonal y neuroanatómica), la única que
parece mostrar resultados consistentes es la explicación genética. Pese a
no haber podido localizarse, sí parece demostrado que hay alguna rela-
ción entre nuestra carga genética y el sexo hacia el que orientamos
principalmente nuestro deseo. Diversos estudios realizados con herma-
nos y especialmente con gemelos mono y dizigóticos, criados en ambien-
tes iguales o diferentes encuentran que en todos los casos hay proporcio-
nes significativas de coincidencia en la orientación homosexual (alrededor
de un 57% para los gemelos monozigóticos, 24% para dizigóticos, y 13%

28
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

para hermanos no gemelos, con un ligero descenso en estas proporcio-


nes cuando se trata de mujeres).

Daniel Borrillo (2001) llega al punto de considerar que investigar las causas
de la homosexualidad es en sí mismo una forma de homofobia: “ya que se
basa en el prejuicio que supone la existencia de una sexualidad normal,
acabada y completa, es decir, la heterosexualidad monogámica, en fun-
ción de la cual todas las demás sexualidades deben ser interpretadas y
juzgadas”. En este mismo sentido reflexiona el sexólogo J. Landarroitajau-
regui (2000) cuando se pregunta porqué el número de investigaciones
sobre los orígenes de la “homosexualidad” excede con mucho a las
realizadas sobre las causas de la “heterosexualidad” o del deseo mismo.

La orientación sexual en cifras

Ya advertíamos anteriormente que las personas tendemos a etiquetarnos


en uno de los tres grupos -homo, bi o heterosexual- de una forma un tanto
irreal, porque en la práctica no existen tales “grupos cerrados”. Termina-
mos por clasificarnos según nuestros deseos o nuestras prácticas, dejan-
do a un lado las fantasías y la atracción, que no siempre son coherentes
con éstos. Este “etiquetado” puede darse en la adolescencia y a menudo
genera sufrimiento y confusión acerca de cuál es nuestra “verdadera”
orientación. La literatura anglosajona ha definido a aquellos chicos y chicas
con dudas mediante el término “questioning” (“en cuestionamiento”) y se
afirma que representan un porcentaje mayor aún que aquellos que se
definen propiamente como homosexuales o bisexuales.

Es difícil contar con datos reales acerca de la orientación del deseo y las
prácticas de la población, pero vamos a presentar algunas cifras que nos darán
una idea de cuántas personas, como mínimo, salen del mar co tradicional.

Los datos respecto al número de gays, lesbianas, bisexuales y transexua-


les varían enormemente. Antes de empezar a comparar datos, señalemos

29
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

que Tuner y cols, (1997) observaron que las respuestas sobre contactos
homoeróticos podían multiplicarse o dividirse por cinco dependiendo del
modo de administración del cuestionario, fenómeno que comprobaron en
un estudio nacional con varones adolescentes realizado en EE.UU. Tam-
bién aparecen diferencias según se pregunte “eres homosexual”, “has
mantenido alguna vez una relación sexual con otro chico” o “te has
sentido atraído alguna vez por un chico”.

El Instituto Nacional de Estadística (INE, 2004) señala que un 3% de los


adultos españoles dice haber tenido prácticas homoeróticas en algún
momento de su vida. Es de suponer que las cifras sean más elevadas,
no sabemos si mucho o poco, debido a que no todo el mundo está
dispuesto a reconocer, ni siquiera a sí mismo, sentir deseos o tener
prácticas homoeróticas. Según Landarroitajauregui (2000), entorno al
25-40% de la población occidental ha tenido alguna experiencia erótica
con resultado de orgasmo con una o más personas de su mismo sexo.
En muchas ocasiones estas conductas se dan en la pubertad y la
adolescencia. En el caso de interacciones heteroeróticas, hablaríamos
de entre un 90 y un 98%.

El estudio que recoge la orientación sexual de mayor númer o de estudian-


tes en España es el publicado por Pichardo y cols (2007). En él, entre
otras cosas, preguntaron por su orientación sexual a 4.643 chicos y
chicas de los municipios de Coslada (Madrid) y Maspalomas (Gran Cana-
ria). En sus resultados, aproximadamente un 1% de los estudiantes decla-
raba sentir deseo exclusivamente hacia personas de su mismo sexo, casi
un 3% se situaba en posiciones intermedias de atracción hacia ambos
sexos, un 1% decía no tener clara su orientación, y un 10% dejaba la
pregunta en blanco. De este modo, aproximadamente un 5% de los
estudiantes están claramente “fuera de la norma” y un 10% más, por
razones desconocidas, prefiere no responder. Es decir, en una clase de 25
estudiantes al menos 1 (1,25 para ser exactos) sería LGB, y casi 4 (3,75)
no responderían sobre su orientación.

30
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

Los resultados de Pichardo y cols. (2007) muestran cifras más bajas de


orientaciones “minoritarias” que las aparecidas en otras investigaciones inter-
nacionales. En el Estudio Longitudinal de Salud Adolescente (Russell y Joiner,
2001), realizado en EE.UU. en 134 centros educativos que abarcó a estudian-
tes de entr e 7º y 12º curso, con 6.254 chicas y 5.686 chicos adolescentes, un
1,1% de ellos y un 2,0% de ellas afirmaba haber mantenido alguna relación
romántica con alguien de su mismo sexo. Cuando se les preguntaba si habían
sentido atracción romántica por alguien de su mismo sexo, un 7,3% de los
chicos y un 5% de las chicas respondían afirmativamente; las cifras de
aquellos que únicamente expresaban atracción romántica por personas de su
mismo sexo eran inferiores: un 0,7% en los chicos y un 1,5% en las chicas.

Otro estudio realizado en Minessota sobr e 35.000 adolescentes encontraba que


un 1,1% se identificaba como LGB y un 11% tenía dudas. Un 4,5% manifesta-
ba sentir atracción y un 2,5% fantasías con personas de su mismo sexo.

Para nosotros no es importante obtener cifras exactas sobre una orienta-


ción sexual que ni siquiera sabemos (ni queremos) medir, sino poner
encima de la mesa una realidad que miles de profesionales de la educación
no somos capaces de ver: la diversidad en la orientación del deseo existe
en nuestras aulas, en todas las aulas. Si no somos capaces de apreciarla
es simplemente porque los chicos y chicas con quienes trabajamos no las
expresan temiendo unas consecuencias negativas más que previsibles.

Formación de la identidad LGB

“Me sentía diferente, y, sí, supongo que sabía que era gay, pero luchaba contra ello,
realmente me enfrentaba a eso. Es que mi madre es muy, muy anti gay, igual que mi
padre. Lo odiaba. Yo no quería ser gay, para nada quería ser gay, nunca. Porque me hacía
sentir marginado. En todo momento tenía que estar pendiente de lo que hacía y al final no
podía aguantarlo. No tenía idea de qué podía hacer”.

(Hombre de 26 años, ámbito rural. Gran Bretaña. En Flowers y Buston, 2001)

31
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Cuando las personas toman conciencia de que sus preferencias eróticas y


afectivas son distintas a las de la mayoría, incorporan este conocimiento a
su propio yo, conformando esta parte de su identidad. El mismo proceso
debe tener lugar también en las personas que se sienten atraídas princi-
palmente hacia personas de otro sexo, per o a pesar de su importancia, el
estudio de la identidad heterosexual no ha sido un campo de investigación
desarrollado en profundidad.

Entendemos que la orientación del deseo acaba por conformar un ele-


mento básico de la identidad de las personas con preferencias minorita-
rias, debido a la presión constante que reciben contra su inclinación
natural. En tales circunstancias se hace imprescindible reflexionar sobre la
propia tendencia, confirmarla y tomar una decisión sobre si se comunica o
no al exterior.

Este proceso y la necesidad de enfrentarse a un ambiente hostil termina


generando una transformación singular de la identidad, que salta de lo
individual a lo colectivo. En palabras de Oscar Guasch, prologando a
Eribon (2000): “Las identidades gays y lesbianas son estrategias de
defensa diseñadas por las personas homosexuales para defenderse de la
sociedad que les arremete. (…) definen espacios sociales y simbólicos
para relacionarse y son una guía para el desarrollo personal. (…) La
represión es bárbara o sutil (…) y las identidades son una respuesta
imprescindible. Una respuesta que, pese a todo, debería saberse provisio-
nal y transitoria”. Así, estas sexualidades minoritarias han visto la necesi-
dad de organizarse y proclamar su “orgullo”, la traducción de su amor
propio pese a la opresión constante que sufren. Más adelante nos exten-
deremos sobre esta cuestión al reflexionar sobre la necesidad de los
adolescentes LGB de conformar asociaciones y grupos que pugnen por el
respeto a sus derechos.

La formación de la identidad gay y lesbiana ha sido estudiada desde hace


años, aunque lamentablemente las muestras son siempre de personas

32
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

que optan por comunicarla al exterior, y se pierde porcentaje de personas


que toman la decisión contraria o que nunca terminan de confirmarse a sí
mismos la existencia de esos sentimientos.

Para hacernos una idea de cómo forman hoy su identidad los adolescen-
tes LGB tal vez el documento que cuenta con más base empírica sea el
informe “Homofobia en el sistema educativo” (Generelo y Pichardo, 2005).
En él, siguen el modelo propuesto por Plumier (1985) y lo adaptan a la
realidad de nuestro país. Según los autores del informe, a partir de la
intuición de la diferencia, pueden señalarse varias etapas que no siempre
siguen el mismo orden ni son iguales en todos los casos. Soriano (1999),
en su libro “Cómo se viven la homosexualidad y el lesbianismo”, basado
también en una investigación empírica, saca conclusiones algo distintas
pero que van por una línea similar. De los distintos modelos que se
proponen nosotr os extraemos seis fases principales que no siempre
transcurren linealmente:

1) Sensibilización. Con los primeros sentimientos de atracción hacia alguien del mismo sexo.

2) Significación. Tomando conciencia de que los deseos propios son distintos a los de la mayoría
y no son aceptados por ésta.

3) Subculturación. Tomando nombres como “gay” o “lesbiana” para definir los propios sentimientos.

4) Toma de contacto social y encuentro con iguales.

5) Aceptación de la diferencia.

6) “Salida del armario”. Que tiende a producirse ya en la juventud, como un proceso de maduración plena.

Pese a que en un pasado no muy lejano, afirmarse como gay, lesbiana o


bisexual era considerado una enfermedad mental, actualmente la psicolo-
gía académica centra sus esfuerzos en ayudar a las personas con deseos

33
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

homoeróticos a afirmar su identidad sexual de un modo positivo, con


modelos explícitamente creados para ello, como la “terapia de afirmación
gay”. En cualquier caso, esperamos que algún día la situación se equipare
a la de las personas con deseos heteroeróticos, que raramente se plan-
tean su “identidad heterosexual” explícitamente, a no ser para enfrentar
sus temores a no ser tan heterosexuales como debieran.

Aunque a lo largo de este documento presentamos una visión de la


orientación del deseo menos compartimentada, pensamos que a día de
hoy es crucial para miles de chicos y chicas afirmarse como lesbianas,
gays o bisexuales. Con esta identidad se sitúan ante una sociedad hostil
con sus deseos, y se constituyen en un grupo capaz de organizarse,
identificarse y avanzar en el reconocimiento de sus derechos.

Diversos investigadores señalan que “salir del armario” y tomar contacto


con grupos y entornos LGB ayuda a las personas a superar los efectos
negativos que tiene la discriminación sobre ellos (Morris y cols, 2001). Tal
como señala Meyer (2003), las personas homo y bisexuales se enfrentan
al “estrés de minoría” estableciendo estructuras y valores propios que
realzan su forma de ser. Respecto al bullying, también se ha observado
que aquellos chicos y chicas cuyas familias les apoyaban sufrían menos
las condiciones del acoso, siempr e que éste no fuese muy grave (Hersh-
berger y D´Augelli, 1995).

Waldo y cols (1998) encontraban en una muestra de personas LGB


víctimas de agresiones que estar a gusto con la propia orientación sexual
aliviaba las consecuencias negativas de los ataques.

Algo que muchas veces llama la atención de los adolescentes heterosexua-


les es la forma en que algunos de sus compañeros homosexuales se
comportan acentuando los estereotipos (“la pluma exagerada”). Esto puede
interpretarse como una actitud de supervivencia. Mediante esta “reafirmación
del estigma” (Dorais, 2001) se apropian del insulto y le quitan su carga

34
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

destructiva. También puede entenderse como un “ataque defensivo”. Esta


actitud de muchos jóvenes homosexuales puede ser un modo de luchar
contra la invisibilidad y las “decepciones” que ésta puede generar cuando
algunas personas descubren su orientación. Acentuando al máximo ciertos
comportamientos estereotipados tal vez evitan tener que “dar explicaciones”
más adelante, quitándose de en medio aquellas relaciones que pueden ser
fuente de malestar o rechazo íntimo, porque los individuos homófobos les
identificarán más fácilmente y no se acercarán a ellos.

Minority Stress (Estrés de minoría)

De acuerdo con la teoría social del estrés, el prejuicio y la discriminación


por razones económicas, raza, género u orientación sexual, al igual que
los cambios vitales traumáticos que pueden ser experimentados por
cualquier persona, pueden inducir cambios que requieren adaptación y
que, por tanto, pueden ser considerados estresantes (Pearlin, 1999).

El investigador Ilan H. Meyer, de la Universidad de Columbia, consolidaba


el constructo de “Estrés de minoría” en el Psychological Bulletin de la
American Psychological Association (1995, 2003). Meyer hace referencia a
la experiencia vital estresante que supone ser LGB, que incluye discrimina-
ción, expectativas de rechazo, ocultamiento o vergüenza, homofobia
interiorizada y un proceso de afrontamiento de éstos. Las vivencias de
estigma, prejuicio y discriminación crearían un ambiente hostil y estresan-
te, que facilitaría la aparición de problemas psicológicos.

Desde hace años se viene comprobando que la población LGB tiene


prevalencias significativamente elevadas de diversos trastornos mentales.
En 2001, la revista de la APA publicaba una interesante revisión al respec-
to (Cochran, 2001), en la que se resumían varias investigaciones sobre
este aspecto, realizadas en Estados Unidos. Se analizaban el Estudio
Nacional de Salud y Nutrición, el Estudio Nacional de Abuso de Sustancias
y el Estudio Nacional de Comorbilidad. Los resultados más consistentes

35
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

se refieren al riego de depresión mayor, pero también se encuentran


tendencias elevadas en problemas de ansiedad y consumo de drogas.
Otros estudios han encontrado también mayores índices de conductas
sexuales de riesgo. Investigaciones similares realizadas en Europa ofrecen
resultados parecidos (con una muestra nacional de Holanda, ver Sandfort,
2001). Para Meyer , estos datos son una prueba de los efectos perjudicia-
les que tiene el estrés de minoría.

Citando a Marmor (1980):

“El asunto básico… no es si hay muchos o pocos homosexuales que


padecen trastornos mentales. En una sociedad como la nuestra donde los
homosexuales son tratados con desprecio o rechazo – por no hablar de
hostilidad manifiesta- lo sorprendente sería que no hubiese un número
sustancial de ellos que sufriesen problemas de autoestima o algún grado
de infelicidad con su estatus estigmatizado…(.) Es totalmente inapropiado
atribuir este neuroticismo, cuando existe, a aspectos implícitos de la
homosexualidad en sí misma.”

“Salir del armario”

Con este término nos referimos al momento en que las personas LGB
hacen pública su identidad sexual distinta a la norma.

Como hemos dicho, se trata de la “última fase” del proceso de formación


de la identidad y, aunque no es imprescindible para que una persona
tenga su identidad bien asumida, muchos chicos y chicas sí sienten que
es un último paso necesario para completar el proceso de autoaceptación.

Obviamente, al comenzar a tener relaciones eróticas con otras personas


del mismo sexo, se produce cierto tipo de comunicación acerca de la
existencia de deseos homoeróticos, aunque no sea más que por el
intercambio de caricias, o prácticas de cualquier tipo (desde besos,

36
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

miradas, palabras románticas o abrazos hasta contactos genitales). Más


allá de estas relaciones, muchas personas desean hacer pública su
orientación en su entorno más próximo, para comprobar si son aceptados
“como son realmente”. En general es un proceso lento y cada persona lo
comunica a su modo. Lamentablemente en otras ocasiones esta salida del
armario viene forzada por acontecimientos externos fuera del alcance del
sujeto (en estos casos casi podríamos hablar de “desalojo del armario”).

La mayoría de los estudios recientes señalan que se está produciendo un


descenso en la edad en que los jóvenes LGB deciden hacer pública su
condición. Esto se ha observado en EE.UU. y Gran Bretaña, y también es
advertido por las organizaciones LGBT en España.

Este descenso en la edad de “salida del armario” se debe a muchos


factores que aún no han sido identificados claramente, pero es evidente
que si se produce es porque los adolescentes y jóvenes LGB perciben
menos riesgo para su integridad física y psicológica del que existía antes.
Paradójicamente los datos pueden inducirnos a pensar lo contrario, pues-
to que al haber un número más elevado de jóvenes LGBT identificables,
las agresiones pueden aumentar en sus cifras absolutas. Esto no debe
confundirnos, pues lo que sucede es que en un pasado la situación era
tan amenazante que muy pocos se atrevían a dar el paso.

Las investigaciones muestran que salir del armario es un elemento


estresante para el sistema familiar , al menos durante el periodo inmedia-
tamente posterior a ello (Savin-Williams, 1998). D´Augelli y Hershberger
(1993) entrevistaron a 194 jóvenes LGB y encontraron que una quinta
parte tenía madres intolerantes o que rechazaban la orientación sexual
de los participantes tras la “salida del armario”. Además encontraron que
aquellos jóvenes LGB que vivían con sus padres y habían salido del
armario tenían más posibilidades de sufrir maltrato que sus iguales que
permanecían “ocultos” en el ámbito familiar. Otro estudio realizado entre
138 chicos estadounidenses asociaba de forma significativa el estrés

37
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

ante la salida del armario familiar con un mayor índice de intentos de


suicido (Rotheram Borus y cols, 1994).

En España Garchitorena (2009) encuentra que de un total de 325 adoles-


centes y jóvenes LGTB que respondieron a su investigación, en un 31%
de los casos las madres desconocían su orientación sexual y otro 24%
tenía una actitud al respecto mala o muy mala; porcentajes que en el caso
de los padres aumentan a un 43% de desconocimiento y un 25% de
padres con actitudes negativas. Respecto a los compañeros de estudios,
en un 38% de los casos desconocían la orientación sexual de los partici-
pantes; aumentando a un 67% para los profesores.

Pese a que permanecer oculto ayuda al sujeto a evitar agresiones es una


situación que puede agravar enormemente los efectos del “estrés de
minoría”. Hetrick y Martin describían en 1987 la experiencia de permane-
cer oculto:

“Los individuos en esta posición deben controlar su comportamiento en


todo momento: cómo te vistes, caminas o hablas puede delatarte en
cualquier ocasión. Uno debe limitar sus amistades, sus intereses y su
forma de expresarse, por miedo a ser declarado culpable por asocia-
ción…(.) El individuo que tiene que esconderse por necesidad aprende a
interactuar en base a la mentira por miedo a ser descubierto… (.) Cada
acción sucesiva de falsedad, cada movimiento en el que se controla lo
que para otros es inconsciente y automático, sirve para reforzar la creen-
cia de que uno es diferente e inferior” (pp. 35-36 en Meyer 2003).

Expresar nuestros sentimientos y compartir nuestras emociones con los


demás, así como comunicar aspectos importantes de nuestro yo, son
factores imprescindibles para mantener la salud mental. Aún así, la
decisión de “salir o no del armario” es personal y siempre hay motivos a
favor y en contra. No tiene porqué ser una meta enfrentarse heroicamente
a un entorno hostil, sino más bien un paso que se dé del modo más

38
Sobre diversidad, orientación, sexualidad y sexos

natural posible. Si expresarse abiertamente evita tener una vida


“disociada”, a veces permanecer oculto resulta más estratégico para
algunas personas. Todo el mundo tiene derecho a mentir si teme que la
sinceridad va a resultar perjudicial.

39
2. ¿HOMOFOBIA?

¿Qué significa eso?

Pichardo y cols. (2007) definen la homofobia como: “una actitud hostil que
concibe y señala la orientación homosexual como contraria, inferior o
anormal y a las personas que la practican como pecadoras, enfermas,
malas, delincuentes, criminales o desequilibradas, llegando incluso a
despojarlas de su condición de seres humanos.”

En 1992, Herek definía el heterosexismo como: “un sistema ideológico que


niega, denigra y estigmatiza cualquier forma de comportamiento, identi-
dad, relación y comunidad no heterosexual”.

El término “homofobia” fue empleado por primera vez hace pocas déca-
das, cuando K.T Smith (1971) publicó un artículo analizando las caracterís-
ticas de la personalidad homóbofa. Desde aquel entonces se han pro-
puesto con mayor o menor fortuna diversos términos para referirse al
rechazo a las personas o las conductas homoeróticas (para una revisión
más amplia es recomendable consultar “Homofobia” (Borrillo, 2000).

Una definición relacionada más directamente con nuestro planteamiento


es la propuesta por el sociólogo Welzer-Lang (1994):

“La homofobia en lo masculino es la estigmatización por denotación, relega-


ción o violencia, de las relaciones sensibles –sexuales o no- entre hombres,
especialmente cuando esos hombres son señalados como homosexuales o
se afirman como tales. La homofobia es también la estigmatización o la
negación de las relaciones entre mujeres que no corresponden a una
definición tradicional de la feminidad.” (Citado en Borrillo, 2000).

41
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

La diferencia principal de la homofobia con otras formas de discriminación


es que no va dirigida contra grupos previamente constituidos en minorías
(raciales, étnicas, sociales o nacionales), sino que su objetivo son individuos
aislados que pueden verse discriminados por sus peculiaridades, también
en su propio entorno social o familiar. En este sentido, es un tipo de
discriminación que puede compararse mejor con la que han sufrido históri-
camente zurdos o ciegos que con la xenofobia, el clasismo o el racismo.
Tampoco es buena la comparación con el sexismo, puesto que este último
fenómeno no afecta a una minoría, sino a la mitad de la población.

Un análisis estadístico realizado en EE.UU. mostraba que los trabajadores


homosexuales ganaban entre un 11 y 27% menos que sus compañeros
heterosexuales con la misma experiencia, educación, ocupación, estado
civil y lugar de residencia (Cochram, 2001). Según la revista Newsweek, en
el año 2000 casi la mitad de la población estadounidense consideraba que
la homosexualidad era un pecado (Cochram, 2001). En España, el Centro
de Investigaciones Sociológicas (CIS, 2004), aporta algunos datos sobre la
homofobia; a saber:

- A un 20% de los encuestados le molestaría tener como vecino a una persona homosexual.

- Un 24% no cree que las parejas homosexuales deban tener los mism os derechos que las heterosexuales.

- Un 11% no cree que la homosexualidad sea una opción tan respetable como la heterosexualidad.

Aunque la situación aquí nos pueda parecer grave, si repasamos lo que


está ocurriendo en el resto del mundo encontramos que nuestro territorio
es de los más amistosos hacia el homoerotismo. De hecho, con la
aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, legalmente,
desde 2005, no existe ya discriminación. Esta realidad es muy diferente de
la que sucede en muchas partes del planeta, donde a día de hoy se está
asesinando, encarcelando y maltratando a aquellos que son descubiertos
relacionándose eróticamente con personas de su mismo sexo.

42
¿Homofobia?

Haciendo un repaso de lo que ocurre en otros países, podemos constatar


varios hechos:

- La homosexualidad y/o las prácticas homoeróticas siguen perseguidas legalmente en una porción
abrumadora del planeta.

- El único continente donde es clara la aceptación legal de la diversidad sexual es Europa. Aún así, todavía existen
países europeos que prohíben la homosexualidad o que discriminan unas expresiones sexuales de otras. Rusia
despenalizó la homosexualidad en 1993 y otros muchos países, como Gran Bretaña, han abolido sólo reciente-
mente leyes discriminatorias. El único país donde se acepta plenamente la igualdad de las relaciones homoeróti-
cas con las heteroeróticas es España, que reconoce con el matrimonio los mismos derechos para unos y otros.
Aunque en otros lugares, como en Holanda, está reconocido este derecho -y progresivamente se van instaurando
leyes reguladoras de la convivencia entre personas del mismo sexo- sólo aquí hay una igualdad completa.

- En América del Norte, Canadá también acepta claramente la diversidad sexual, sin embargo en los EE.UU.
hay importantes diferencias entre unos estados y otros, donde se dan sentencias judiciales discrepantes
entre diferentes instancias (si bien la dirección general parece encaminada -con importantes escollos- hacia
la integración de la diversidad). En el resto del continente la situación es dispar.

Homofobia interiorizada

La psicología lleva más de medio siglo investigando los efectos que el


estigma y el prejuicio tienen sobre las personas afectadas por estos, sean
cuales sean sus orígenes (raciales, sociales, estéticos, etc.). Allport (1954)
argüía que las personas estigmatizadas experimentan reacciones defensi-
vas como resultado del prejuicio que sufrían. Estos mecanismos podían
exteriorizarse, incluyendo una preocupación obsesiva y exagerada con la
característica estigmatizante, o interiorizarse sufriendo auto-degradación o
identificación con el agresor. A este último tipo de procesos es a los que
hace referencia la locución “homofobia interiorizada”.

Meyer y Dean (1998) la definían como “la canalización que hace la persona
homosexual de las actitudes sociales negativas hacia el propio yo, llevan-

43
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

do a una devaluación del sujeto y derivando en conflictos internos y una


pobre auto-aceptación”.

Diversos estudios demuestran que las personas homosexuales mantienen


grados distintos de actitudes homófobas que generan percepciones nega-
tivas del propio yo. Meyer (2003) explica esta situación en base a la
socialización temprana en la homofobia y a la exposición constante a
actitudes homófobas. También señala que varios estudios encuentran
correlaciones significativas entr e niveles altos de homofobia interiorizada y
trastornos mentales como depresión o ansiedad, con comportamientos
sexuales de riesgo y trastornos de alimentación.

Como es de suponer , la homofobia interiorizada supone un factor altamen-


te estresante para el propio sujeto y de hecho, tal como señala Williamson
(2000), se relaciona con problemas psicológicos y con conductas de
riesgo. En este sentido se ha encontrado una correlación alta entre
homofobia interiorizada y conductas sexuales de riesgo.

Homofobia cognitiva. Estereotipos sobre las personas LGB

Aunque el concepto de “homofobia cognitiva” ha sido utilizado de maneras


diversas (Borrillo, 2000), en este texto adoptaremos la propuesta de Generelo
y Pichardo (2006). Estos autores denominan homofobia cognitiva a las ideas y
conceptos que se manejan sobr e la homosexualidad. Este modo de homofo-
bia basa sus planteamientos en que las relaciones eróticas y románticas entre
personas del mismo sexo son “antinaturales”, “patológicas” o “viciosas”.

Muchas personas mantienen creencias estereotipadas acerca de las per-


sonas LGB. Estas creencias están más asentadas en las personas que
son homófobas, pero también aparecen en personas que no lo son. De
hecho, muchas personas LGB explican que al comienzo de la formación
de su identidad mantenían estereotipos que les impedían reconocerse a sí
mismos como parte de “los homosexuales” (Soriano, 1999).

44
¿Homofobia?

La mayoría de estos estereotipos son negativos, aunque también apare-


cen algunas ideas positivas (mayor autocuidado en los hombres, más
capacidad resolutiva en las chicas, por ejemplo). Cuando los hubiera, los
estereotipos “positivos” no dejan de ser generalizaciones que harían de la
orientación del deseo una característica “determinante” para el resto de la
personalidad.

Estereotipos acerca de las personas gays, lesbiana y bisexuales

Gays Se identifica la homosexualidad masculina con la presencia de características


estadísticamente más frecuentes en las mujeres, tanto en el carácter como en la
apariencia física. (“afeminados”).

También se asocia a una mayor conflictividad interpersonal en el plano verbal.


(“cotillas y criticones”).

Se insinúa que forman parte de una moda, que no es una tendencia personal del
individuo (“es por hacerse el guay”; “desde que salen en la tele, hay más”).

Algunas personas confunden la homosexualidad con la transexualidad, tanto en un


sentido como en otro. (“Los homosexuales son tíos que en realidad quieren ser
chicas”; “Las transexuales en realidad son gays”).

Se suponen que no son capaces de formar relaciones estables y/o monógamas.


(“promiscuos”).

También se piensa a menudo que no pueden controlar sus impulsos, e incluso que
tienen mayor tendencia a dirigirlos a menores. (“pervertidos”; “pederastas”).

Otro prejuicio frecuente es la misoginia o los “celos” de las mujeres. A veces, como
decíamos aparecen también estereotipos positivos, como son mayor autocuidado
corporal e higiene, o mayor sensibilidad emocional y artística.

45
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Lesbianas Debido a que las mujeres homosexuales son mucho menos visibles que los hombres,
hay también menos estereotipos al respecto, aunque tal vez están más asentados.

Al contrario que con los gays, se asocia el lesbianismo con características


prototípicamente masculinas. (“marimachos”).

Muchas veces se asocia el lesbianismo con el feminismo para criticar ambos


fenómenos. (“son mujeres que odian a los hombres”; “las feministas son todas
lesbianas”).

Respecto al erotismo, hay estereotipos opuestos: por un lado, la pornografía asocia el


lesbianismo con una mayor “liberalidad”, tanto que muchos hombres intentan ligar
con mujeres lesbianas. Por otro, tradicionalmente también se asocia el lesbianismo
con menor deseo erótico o “incapacidad” para relacionarse con los hombres.

Bisexuales Sobre las personas bisexuales, suele pensarse que son personas “confusas” o “viciosas”
en cuanto a su sexualidad. También se piensa que no son selectivos en sus relaciones
(“les gustan todos”), y que son más promiscuos. Además, dependiendo del sexo de la
personas se le pueden asociar los estereotipos dirigidos a gays o lesbianas.

Homofobia afectiva

“Hay mucha gente que lo ve en la tele y dice: “mira que gays más majos”, hasta que
descubre que su hija está con una chica y dice: ¡Vaya mundo en el que se ha metido…!”

“La gente últimamente dice que sí es tolerante, que lo respetan, pero luego basta que se lo
cuentes, sobre todo siendo lesbiana, y te rechazan, o no te rechazan pero te tienen miedo”.

(Chicas de un grupo formado por lesbianas de


entre 16 y 25 años, en Godoy y Franco, 2002)

46
¿Homofobia?

La homofobia afectiva se manifiesta a través de sentimientos negativos


(repulsión, rechazo, miedo, etc.) que experimentan los sujetos ante el
contacto o la posibilidad de relación con personas homosexuales. Para
nosotros, la homofobia afectiva se aprendería de modo implícito a lo largo
de la socialización. Desde bien pequeños se nos va modelando hacia los
comportamientos “propios” de nuestro sexo y se castigan las conductas
“impropias” - Sanz (2003) revisa desde una perspectiva sexológica los
conocimientos al respecto-. Con este aprendizaje se generaría una asocia-
ción emocional negativa y muchas veces incontrolable hacia la presencia de
conductas que trasgreden la norma. Para ser claros: el asco se aprende.

La existencia de fobias sexuales no se restringe sólo a las conductas


homoeróticas. Es un fenómeno que gran número de mujeres vive en
relación con sus propios genitales. Desde pequeñas a las niñas se les
enseña a no explorar su vulva (a veces de forma drástica); más adelante,
en la adolescencia, la fobia saldrá a la luz cuando empiecen a usar
tampones o quieran estimularse. Aunque muy distinto, el fenómeno de la
homofobia afectiva puede tener orígenes similares. Sólo así se entendería
que a un sujeto pueda causarle intranquilidad ver a dos hombres o dos
mujeres intercambiar muestras de afecto.

La ventaja que tienen las fobias emocionales es que su extinción llega por
sí misma cuando hay contacto continuado y directo con el estímulo fóbico
(si hemos eliminado previamente los prejuicios racionales). Con la normali-
zación saldrá a la luz el porcentaje de personas con preferencias homoeró-
ticas prevalente en todos los estratos sociales y este contacto se produci-
rá inevitablemente.

En general, los estudios muestran que los niveles de homofobia son


mayores entre hombres que entre mujeres, sobre todo en lo referente a
homofobia afectiva. Aunque no se han sacado conclusiones significativas
al respecto, sí encontramos que tanto a chicos como a chicas homo-
sexuales les resulta más sencillo entablar amistades con mujeres que con

47
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

hombres heterosexuales, y perciben mayor hostilidad por parte de ellos


que de ellas. Por ejemplo, en el Informe Jóvenes LGTB (Garchitorena,
2009), sólo un 56,1% éstos tenía mucha amistad con chicos heterosexua-
les, frente a un 84,9% que la había entablado con chicas heterosexuales.

Quiles y cols. (2003) hablan de un paralelismo entre la homofobia y el


racismo, extrayendo algunos factores entre quienes presentan lo que
definen como homofobia sutil:

- Factor de intimidad: oposición al contacto íntimo con el exogrupo.

- Factor de amenaza: las personas se sienten amenazadas por el exogrupo.

Estos autores hacen una división de la población en tres grupos: Igualita-


rios, Sutiles y Fanáticos. Además encontraron que muchas personas
tenían “autodiscrepancia”; es decir: racionalmente no eran homófobos,
pero tenían dificultades para relacionarse con personas homosexuales. La
autodiscrepancia aparecía tanto en personas “sutiles” como “igualitarias”.
A mayor número de contactos con el exogrupo (en este caso, personas
LGB), menor número de problemas de este tipo.

Homofobia militante

La homofobia no sólo está generalizada en muchos sectores de la socie-


dad, sino que existen grupos organizados que pretenden impedir la
aceptación de la diversidad sexual, defendiendo públicamente mensajes
que pueden ir desde la patologización hasta el acoso violento a las
personas con prácticas homoeróticas o la penalización legal de éstas.

En España los grupos que profesan la homofobia militante tienen menor


arraigo que en otros países. Imaginamos que esto se debe a que estos
grupos están ligados a la ideología ultraderechista, con gran tradición en
nuestro país, pero rechazada tras 40 años de dictadura. Sin embargo,

48
¿Homofobia?

debemos conocer este fenómeno por las trágicas consecuencias que


tienen sus expresiones violentas y por los resultados que obtiene (incluso a
nivel legislativo) en otras sociedades occidentales. No hay que olvidar que
ante la aprobación aquí del matrimonio homosexual, estos grupos lograron
sacar a la calle a varios cientos de personas, y que algunos sectores de la
política cayeron en la tentación de asumir sus postulados.

Estos grupos emprenden acciones legales para evitar que se haga men-
ción a la diversidad sexual en los reglamentos de los centr os educativos o
impedir que se sancione a los alumnos que expresan públicamente men-
sajes homófobos (Stader y Graca, 2007). En EE.UU., diversas organizacio-
nes cristianas promueven en los centros educativos el “Día de la Verdad”
en respuesta a las movilizaciones por los derechos del colectivo LGBT que
tienen lugar anualmente. En este día los estudiantes que siguen la convo-
catoria son invitados a acudir a clase con camisetas serigrafiadas con
proclamas tales como “La homosexualidad es vergonzosa”.

Ante los supuestos “riesgos” para la “civilización” que plantean estos


grupos, nos parece conveniente citar aquí la declaración institucional
realizada por la Asociación Antropológica Americana (2004):

“Las investigaciones antropológicas sobre los hogares, las relaciones de


parentesco y las familias en las distintas culturas y a través del tiempo no
dan ningún sustento a la idea de que tanto la civilización como los órdenes
sociales viables dependan del matrimonio como institución exclusivamente
heterosexual.”

En nuestro entorno los grupos que practican la homofobia militante, quizás


por su carácter marginal, tienden a protagonizar acciones violentas. En
algunas localidades pueden llegar a ser especialmente virulentos los
grupos de skinheads neonazis u otras tribus urbanas con ideología ultra-
derechista. Entendemos que cuando estos grupos irrumpen en el ámbito
educativo (cosa que lamentablemente sucede en ocasiones) ya no puede

49
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

seguir hablándose de “acoso” sino de violencia organizada que debe ser


afrontada desde otra perspectiva más contundente.

La homosexualidad como “enfermedad”

En 1973, la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) decidió por votación


eliminar la homosexualidad de su lista de trastornos mentales (Conger,
1975). Se reconocía por fin de manera oficial que la orientación hacia
personas del mismo sexo es un fenómeno normal, natural y perfectamente
compatible con la salud.

Sin embargo actualmente siguen publicándose artículos que defienden el


uso de distintos procedimientos para eliminar los deseos homoeróticos de
las personas, procedimientos denominados de “conversión a la
heterosexualidad”. Como es de suponer , estos métodos no han demostra-
do ser eficaces, hasta el punto de que la APA se ha visto obligada en
repetidas ocasiones a deslegitimarlos públicamente (APA, 1997, 2000).
Suelen aplicarse técnicas de modificación de conducta, utilizadas para
crear fobia ante la estimulación homoerótica (por ejemplo, aplicando
descargas eléctricas asociadas a la presentación de imágenes de perso-
nas del mismo sexo desnudas) o a tratar de incluir en el momento del
orgasmo imágenes heteroeróticas, aunque el modo de obtenerlo haya
sido homoerótico. Para nosotros todos estos “tratamientos” son en reali-
dad una forma de maltrato.

Respecto a las consecuencias que pueden tener este tipo de intervencio-


nes, la propia APA señala:

“Los riesgos potenciales de la “terapia reparativa” son grandes, e incluyen


depresión, ansiedad y conductas auto-destructivas, puesto que la alinea-
ción del terapeuta con los prejuicios sociales contra la homosexualidad
pueden reforzar el desprecio personal que el paciente podía experimentar
de antemano.” (APA, 1998).

50
¿Homofobia?

La idea de que la homosexualidad puede ser una forma de “enfermedad”


está enraizada en el modelo reproductivo de la sexualidad del que hablá-
bamos en el primer capítulo y, frecuentemente, se utiliza como la forma
más práctica de explicarlo a los adolescentes. El único plano en que una
relación erótica entre dos hombres o mujeres podría no ser “funcional” es
en el reproductivo, puesto que si lo que buscan es sentirse bien, compartir
placer, cariño, etc. pueden hacerlo perfectamente. Si nuestro criterio de
“funcionalidad” o “sanidad” es la capacidad reproductiva de una relación,
nos alineamos directamente con los mismos sectores que rechazan la
masturbación, el sexo oral, el uso de anticonceptivos, etc. Este razona-
miento suele convencer por igual a los adolescentes heterosexuales u
homosexuales, que en ningún caso están dispuestos a perder la función
placentera de su sexualidad.

Agresiones homófobas

Muchas personas LGBT han sufrido y sufren agresiones físicas y psicológi-


cas no sólo en su entorno educativo, sino también en sus hogares, en la
calle, en espacios de ocio e incluso entre sus amistades. Las agresiones,
en especial de tipo psicológico, sí representan una amenaza constante y
una vivencia compartida por la mayoría de las personas homosexuales,
bisexuales y transexuales.

El Informe Jóvenes LGBT 2009 (Garchitorena, 2009) muestra que a día de


hoy, un 7,4% de los chicos y chicas estudiados había sufrido algún tipo de
agresión física en un espacio público a causa de su orientación sexual.
Respecto a las agresiones psicológicas (insultos, amenazas, aislamiento,
etc.), el porcentaje de quienes las había sufrido en algún momento alcanza
un abrumador 59,7%. En el ámbito educativo las agresiones psicológicas
se produjeron con menos frecuencia pero un porcentaje algo superior las
había sufrido de tipo físico. Respecto a los espacios públicos y la discrimi-
nación, Díaz y Smith (2007) observaron porcentajes algo superiores en su
muestra de EE.UU., compuesta por hombres latinos.

51
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Con más de una década de antigüedad, la revisión mejor documentada a


este respecto fue realizada por Berrill (1992), que analizó 24 estudios
locales, regionales y nacionales realizados en EE.UU. sobre la comunidad
LGB. En tal estudio encontró que un 80% de los participantes habían
sufrido algún tipo de acoso verbal a lo largo de su vida; un 44% había sido
amenazado violentamente; un 33% perseguido o seguido; un 13% recibi-
do escupitajos; un 17% asaltado físicamente y un 9% agredido con un
arma. Otro estudio realizado por el mismo equipo entrevistó a 2259
personas LGBT, obteniendo los siguientes resultados: un 28% de los
hombres y un 19% de las mujeres referían haber sufrido algún tipo de
violencia física o actividad delictiva durante su vida adulta, como conse-
cuencia de su orientación sexual. Heshberger y D´Augelli (1995) señalan
además que un 22% de su muestra había sufrido agresiones sexuales.

Hubner (2004) muestra que las probabilidades de haber sufrido estas situa-
ciones aumentaban según la persona fuese más joven (entre 18 y 21 años) y
expresase más abiertamente su orientación sexual. Además, los hombres
VIH positivos también presentaban mayor es índices de victimización.

Tal como señalan Waldo y cols. (1998), la mayoría de las investigaciones


han sido realizadas con población joven y urbana (y estadounidense), por
lo que son pocos los datos sobre lo que ocurre en zonas rurales. Mucho
nos tememos que estas cifras puedan multiplicarse en otros entornos.

Los estudios que hemos revisado hasta ahora, señalan que cuánto más
altos son los niveles de “feminidad” para hombres y “masculinidad” para
mujeres, mayores probabilidades tienen los sujetos de ser agredidos (Waldo
y cols., 1998). Volvemos a observar que lo que se reprime no es tanto la
orientación del deseo como la transgresión de la norma de género.

52
3. HOMOFOBIA EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

Cada vez menos homofobia explícita…

En pocos años la homofobia más virulenta ha pasado de ser aceptada a


rechazada públicamente, tanto por el profesorado como por los propios
estudiantes. Obviamente, en unos lugar es esto está sucediendo más
rápido que en otros, pero es una tendencia clara.

Actualmente, cuando preguntamos a jóvenes de todas las edades si


aceptan la diversidad del deseo sexual, su respuesta va a ser casi
siempre afirmativa. Cuando el tema se plantea en clase, no suele ser
necesario que el profesorado intervenga, puesto que al producirse algún
debate son los propios estudiantes quienes se autorregulan a favor de la
aceptación de la diversidad.

Sin embargo, los adolescentes LGB siguen informando de situaciones


de bullying y rechazo social (Garchitorena, 2009); aún es más grave que,
pese a que hablamos de un sector muy importante de la población
muchos jóvenes optan mayoritariamente por seguir invisibles, “en el
armario”, hasta haber terminado sus estudios de secundaria y bachillera-
to. Si miles de jóvenes optan por ocultar públicamente sus deseos y sus
sentimientos, esto se debe a que aunque ya no sea explícita, la homofo-
bia sigue en las escuelas e institutos como una amenaza permanente.

Debemos señalar que pese a que el rechazo explícito de la homosexuali-


dad no está generalizado en el medio educativo, otras formas de homo-
fobia más sutil siguen defendiéndose abiertamente por muchos sectores
de la población. Se trata de las posturas que consideran a la homose-
xualidad como una característica patológica o digna de “compasión”.

55
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Posturas que, en definitiva, sitúan la homosexualidad en un plano distin-


to a la heterosexualidad. No podemos olvidar que una parte importante
de la educación está gestionada por la iglesia católica, institución que
abraza abiertamente este planteamiento “compasivo”. Borrillo (2000) cita
la forma en que el catecismo católico se refiere a las prácticas homoeró-
ticas y a quienes las llevan a cabo:

“(…) Cierran al acto sexual el don de la vida. No proceden de una


complementariedad afectiva y sexual verdadera. No podrían recibir
la aprobación en ningún caso. (…) deben ser acogidos con respe-
to, comprensión y delicadeza. Se evitará a su respecto cualquier
tipo de discriminación injusta. (…) [estas personas] están llamadas
a la castidad.”

Como veremos a continuación, los distintos informes presentados por el


equipo de Generelo y Pichardo (2005 y 2007 respectivamente) muestran
que muchos estudiantes cuando se les pregunta en privado, siguen
expresando posturas homófobas. Sin embargo, insistimos en que ya hay
una conciencia generalizada de que la homofobia no es algo positivo y
pensamos que es importante partir de este punto.

Muchas veces quienes trabajamos por la aceptación de la diversidad


partimos de percepciones “catastrofistas” que pueden impedir que
planteemos los temas abiertamente por miedo a consecuencias so-
ciales negativas. A día de hoy, en nuestro entorno esto es cosa del
pasado y no es previsible que encontremos expresiones de rechazo
social ante nuestras iniciativas, más bien al contrario. Siempre que
planteemos nuestras intervenciones con sentido común, es poco
probable que haya reclamaciones por parte de alumnos, padres o
madr es. Lamentablemente a veces son los propios equipos educati-
vos quienes tienen miedo a “escándalos” o protestas que finalmente
nunca suceden. Tengamos esto claro y no nos amedrentemos a la
hora de seguir dando pasos adelante.

56
Homofobia en los centros educativos

Pero mucha homofobia afectiva

Mientras la mayoría no manifiesta públicamente homofobia cognitiva, si


abundan los casos en que el alumnado muestra rechazo íntimo ante la
posibilidad de tener contacto con personas homosexuales. El estudio
antropológico sobre el clima en nuestras aulas realizado por Generelo y
Pichardo (2005) recoge esta tendencia en el alumnado.

Las mismas personas que mostraban actitudes abiertas se sorprendían y


se sentían mal si se les ponía en la tesitura de tener una relación personal
con alguien homosexual. Este fenómeno se da especialmente entre los
varones. Veamos algunas de sus expresiones:

“Me da igual que se casen, pero me da un poco de asco ver a dos chicos besándose”.
(Chico, 2º E.S.O.).

“Yo no podría estar con una amiga lesbiana” (Chica, 3º E.S.O.).

“Si es gay dejo de hablarle. Me va a meter mano” (Chico, 1º E.S.O.).

“Vale que lo sea, pero en mi casa no entra” (Chica, 2º E.S.O.).

“Todos son muy tolerantes hasta que un compañero dice que es gay” (profesor).

Hemos seleccionado algunos datos (extraídos del informe que acabamos


de citar y de su continuación llevada a cabo dos años después; vid.:
Pichardo y cols., 2007) que pueden orientarnos sobre lo que está ocu-
rriendo hoy en nuestras aulas:

- Sólo un 47,4% de los estudiantes varones dice conocer a alguna persona gay o lesbiana, aumentando el
porcentaje entre las chicas a un 60%. Muy probablemente, el 100% de los estudiantes se han relacionado
con alguien LGB porque según los estudios más conservadores representan alrededor de un 3% de la
población. No obstante, para un porcentaje abrumador, esta realidad está oculta.

57
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

- Un 20,9% de los estudiantes se “sentirían poco o muy poco cómodos” en una relación personal con
alguien homosexual. Aquí la diferencia entre chicos (38,5%) y chicas (9,8%) es muy significativa. Pensamos
que este exceso de homofobia afectiva tiene sus raíces, de nuevo, en la educación sexual diferenciada que
reciben desde la infancia hombres y mujeres. También se ha planteado que esta diferencia se debe a una
confusión léxica; y que si a las chicas se les preguntase explícitamente por una chica homosexual, el
porcentaje de quienes se sentirían “incómodas” aumentaría.

- Un 34% muestran algún grado de desacuerdo en que las personas homosexuales muestren sus
sentimientos en público.

- Un 15% verían correcto o totalmente correcto tratar a las personas homosexuales con desprecio. Si
preguntamos quiénes ven completamente incorrecto tratarlas despectivamente, un 51,2% de los chicos lo
ven así, frente a un 73,2% de las chicas.

- Un 10% de los chicos y chicas piensa que la homosexualidad es una enfermedad.

- Un 74% de los estudiantes piensa que a las personas LGB se les trata en el instituto peor que al resto.

- Un 36,9% del alumnado intentaría cambiarse de sitio o se sentiría incómodo ante un compañero gay,
porcentaje que disminuye si se trata de una chica lesbiana.

- Las personas que más rechazo suscitarían son las transexuales. Sólo un 14,8% apoyaría a alguien en
esta situación y casi uno de cada cinco intentaría cambiarse de sitio.

Sólo la mitad de los chicos y chicas están seguros de que su familia les
apoyaría en caso de que fueran LGBT, porcentaje que baja a un 25,1% en
caso del profesorado y a un 8,4% en caso de los compañeros. Un 41,7%
piensan que sufrirían rechazo y un 13,4% que sufrirían agresiones.

Cercana ya la erradicación de la homofobia cognitiva, ir eliminando los


sentimientos homófobos “irracionales” no es más que cuestión de tiempo
y normalización. Para nosotr os estos sentimientos tienen algo de intoleran-
cia, pero mucho de miedo y aprensión ante lo desconocido. Cuando los

58
Homofobia en los centros educativos

chicos y chicas vayan tomando conciencia de que la diversidad no es algo


“del exterior”, cuando desde pequeños se acostumbren a ver a dos
hombres o dos mujeres intercambiando muestras de cariño, esto ya no les
resultará chocante al llegar a la adolescencia.

De hecho, aunque no hemos encontrado estudios que lo confirmen,


observamos entre los niños y niñas más jóvenes (que ya han nacido en el
siglo XXI) una interesante tendencia a la normalización. En el próximo
capítulo hablaremos de los prejuicios sobre la homosexualidad que actual-
mente siguen vigentes en la educación infantil, pero mientras hace sólo
algunos años los niños desconocían absolutamente la posibilidad del amor
no heterosexual, ahora son ellos y ellas los primeros en hacer referencia a
la diversidad en sus preguntas y comentarios.

Cuando la discriminación comienza antes de que tú mismo


te conozcas

Los insultos homófobos empiezan a usarse en educación primaria antes


de que niños sepan lo que significa “ser homosexual.” De hecho, “marica”
es identificado a menudo por los niños como el peor insulto que se le
puede decir a otro niño.

Renold (2003) investigó el modo en que los niños y niñas de primaria


luchaban por formar su “identidad heterosexual” imitando las relaciones y
parejas de los adultos (noviazgo, besos, etc.). Este autor advirtió sobre el
miedo que algunos niños tenían a verse “contagiados” por pasar tiempo
con sus “novias”. Reflexiona sobre cómo los chicos desde bien pequeños
se ven incitados a reafirmar su masculinidad rechazando lo “femenino” e
incluso hostigando a las chicas o a otros chicos considerados
“mariquitas”.

Puesto que la homofobia está dirigida hacia aquellas personas que no son
o actúan como supuestamente se corresponde con su género, es de

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

esperar que las actitudes homófobas comiencen a aparecer desde el


momento en que los niños empiezan a tener claro lo que es el género. Tal
como explicábamos en el primer capítulo, este constructo social no se
consolida hasta avanzada la infancia.

Alrededor de los 5 años ya son conscientes de la diferenciación genital de


niños y niñas y su pertenencia a uno de estos grupos. En este momento
aparece la tendencia a reafirmar la identidad como chico o chica y,
consecuentemente, el rechazo de los rasgos característicos del grupo
contrario y las primeras expresiones homófobas: el insulto a los compañe-
ros que no quieren o no pueden seguir los cauces establecidos.

Lenguaje homófobo en la escuela

Varios estudios realizados en EE.UU. y Gran Bretaña muestran la forma


constante en que la homofobia se hace presente en el lenguaje y las
conversaciones dentro del contexto escolar. Thurlow (2001) analizaba los
insultos empleados en cinco escuelas británicas, con una muestra de 377
alumnos de entre 14 y 15 años. Encontró que los insultos homófobos no
sólo constituían un 10% del total de palabras hirientes que se podían decir
unos alumnos a otros, sino que eran parte de los más graves.

La organización GLSEN (Kosciw, 2006) analizó una muestra representativa


de 3.450 estudiantes de entre 13 y 18 años y 1.011 profesores de secunda-
ria y bachillerato. El 91,5% de los jóvenes LGBT decían escuchar comenta-
rios homófobos en la escuela con mucha o bastante frecuencia; un 37,4%
manifestaban que el personal académico no intervenía nunca al respecto y
sólo un 17,1% comentaba que intervenían siempre o casi siempre.

Kemp y Chan muestran en otro estudio a nivel local que esta percepción
se da también entre los estudiantes sea cual sea su orientación sexual. En
su investigación un 52% del alumnado decía escuchar comentarios
homófobos a menudo o muy a menudo, frente a sólo un 11% que decía

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Homofobia en los centros educativos

no escucharlos nunca. Los resultados, similares para comentarios sexis-


tas, contrastan con otros comentarios ofensivos en términos racistas o
religiosos, que sólo escuchaban con frecuencia alrededor de un 10% de
los estudiantes.

En Carolina del Norte se advirtió que las taquillas, vestuarios y gimnasios


eran los lugares donde esto ocurría con menos frecuencia. En las escuelas
que no tenían política explícita que mencionase el acoso homófobo,
algunos de estos comentarios eran identificados por casi cuatro veces
más estudiantes.

Frente a los datos recabados en nuestro país, en EE.UU. un 75% de los


alumnos afirma conocer a alguna persona LGB (en cualquier caso, un
25% decía no conocer a nadie LGB, algo muy poco probable).

En España no se han realizado investigaciones sobre el uso de lenguaje


homófobo en la escuela, aunque sospechamos que la situación puede ser
muy similar. También aquí todos los días escuchamos que alguien se ha
comportado “como un maricón” o que hacer tal o cual cosa “es una
mariconada”. Tenemos tan normalizadas estas expresiones que no somos
conscientes del daño que pueden estar haciendo, como sí lo seríamos en
caso de hablar de lenguaje racista o clasista, por ejemplo.

La homosexualidad en el currículo educativo

Varios autores han señalado que cuando la homosexualidad se aborda en


el currículo escolar , generalmente se hace en el contexto de la información
sobre el VIH/SIDA.

Respecto a los valores sobr e diversidad sexual que transmiten los materia-
les didácticos de nuestro país existe aún poca información. El único
estudio al respecto que hemos encontrado se refiere a la formación de los
futuros profesionales de la Facultad de Ciencias de la Educación de

61
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Málaga (Gallardo y Escolano, 2009), concluyendo que los contenidos


referidos a esta área ni están estructurados ni son completos. Sí encontra-
mos en cambio diversas investigaciones sobre los valores relacionados
con el género que señalan que la mujer sigue apareciendo en papeles
menos relevantes, las imágenes o dibujos de “personas importantes”
corresponden mayoritariamente a varones, etc. (Blaya y cols. 2007).

En muchos países todavía está prohibido hablar abiertamente de homose-


xualidad en las aulas. En Gran Bretaña, no ha sido abolida hasta hace
pocos años la sección 28 del “Local Government Act” que indicaba que
las escuelas “no deben “promover la homosexualidad” o “promover la
aceptación de la homosexualidad como un modelo de relación familiar”.
Esto no sucede así en nuestro país aunque, sin embargo, la diversidad
sexual continúa siendo obviada invariablemente. De poco nos servirá
realizar talleres o aplicar programas para “normalizar” una realidad que no
está efectivamente normalizada de manera transversal en los contenidos
educativos.

Pichardo y cols. (2007), muestran el modo en que el currículo educativo


silencia la homosexualidad de los personajes históricos que estudiamos.
Cuando se preguntaba a los estudiantes si conocían a algún personaje
histórico gay o lesbiana, ninguna mujer llegó a 1% de menciones (sólo
fueron nombradas por tres personas la pintora mexicana Frida Khalo y en
siete ocasiones Safo de Lesbos), el personaje masculino más nombrado
fue García Lorca (7%) seguido de Alejandro Magno (3,6%) como bisexual.

Quedan en el olvido personajes como Platón, Shakespeare, Miguel Ángel,


Benavente, Cernuda, Simone de Beauvoir o Virginia Wolf.

62
Homofobia en los centros educativos

Elementos del currículo educativo que marginan la diversidad sexual

- Ejemplos utilizados en las distintas asignaturas que se refieren a la “vida


cotidiana”. (por ejemplo, en ningún ejercicio de matemáticas sobre manzanas
y peras es una pareja homosexual quien “hace la compra”).

- No se hace referencia a los distintos modelos de familia.

- Los dibujos suelen presentar personajes con características sexuales


estereotipadas.

- No se hace referencia a las peculiaridades sexuales de los distintos


personajes históricos.

- No se explica la historia de la homosexualidad, ni cómo es vista en las


distintas culturas.

63
4. BULLYING

¿Qué es?

La violencia en las aulas, sea física o psicológica, ha existido siempre y


lamentablemente es común a todas las culturas que han sido estudiadas
(Avilés, 2003). Hasta hace poco años no se ha empezado a estudiar por
separado el fenómeno del bullying o acoso escolar. Fue Olweus (1993)
quien lo definió como una "conducta de persecución física o psicológica
que realiza el alumno o alumna contra otro, al que elige como víctima de
repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a las vícti-
mas en posiciones de las que difícilmente pueden salir por sus propios
medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas
efectos claramente negativos: disminución de su autoestima, estados de
ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que hace difícil su integración
en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes".

Tendríamos por tanto tres factores que diferencian el bullying de cualquier


otra forma de agresión entre iguales en un contexto educativo:

a) la intención de hacer daño (físico o psicológico),

b) la reiteración de las conductas y,

c) el desequilibrio de poder que hace a la víctima impotente para salir de esa situación por sí sola.

Según explica Avilés (2003), actualmente en Reino Unido se reconoce que


mueren entorno a 16 chicos y chicas por causas relacionadas directa o
indirectamente con el bullying.

65
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Las situaciones de acoso escolar son muy variadas y generalmente se


hace referencia a tres modalidades principales:

- físico (agresiones).

- verbal (insultos, comentarios despectivos en público, mofas, motes, etc.).

- social (no dejar participar, marginar, crear rumores, etc.).

Muchas veces se habla de una cuarta forma de agresión “psicológica”,


pero pensamos que el maltrato es siempre psicológico, tomando cualquie-
ra de las tres variantes citadas anteriormente. El acoso se diferencia de
cualquier otra forma de agresión en que el dolor está producido más que
por los golpes, rumores o insultos, por la sensación de sentirse humillado,
aislado y/o controlado. Como ya hemos señalado, no podemos considerar
una forma de acoso el que dos alumnos se agredan entre sí, ni tampoco el
que puntualmente un alumno agreda o cree rumores sobre otro. Por
ejemplo, en ocasiones se ha considerado “acoso escolar” el hecho de que
unos alumnos roben o extorsionen sistemáticamente a otros. Entendemos
que estaríamos simplemente ante un comportamiento agresivo cuando
estos robos no tienen otra finalidad que el beneficio económico. Sin
embargo, cuando esos robos se producen no sólo con un fin económico
sino como una forma de dominio de unas personas sobre otras, sí
podríamos hablar de bullying.

Los refuerzos que recibe el acosador son también de tipo psicológico: funda-
mentalmente sensaciones de poder, pero también experimentación, morbo,
liberación de agresividad o un foco al que dirigir la ira por los problemas propios.

Víctimas y agresores

Respecto a los factores que originan el acoso escolar , no hemos encontra-


do estudios suficientemente fundamentados. Sí sabemos que es un fenó-

66
Bullying

meno que aparece en todos los países investigados, pero somos cons-
cientes de que en algunos lugares ocurre más que en otros.

La incidencia del acoso depende fundamentalmente del clima general de


convivencia propio de cada entorno educativo. No varía tanto en función
de las condiciones socioeconómicas (que también, pero a nuestro modo
de ver no son determinantes) o de la orientación pedagógica de cada
centro, como del cuidado, la atención y la coordinación que existe entre
el personal docente. Hemos visitado institutos públicos situados uno
junto al otro entre los que había diferencias muy significativas en el grado
de agresividad en el ambiente y en el trato de los profesores entre sí y con
los alumnos. Hemos comprobado que esas diferencias se trasladaban a
la frecuencia de acoso y agresiones entre iguales.

Diversas investigaciones han tratado de extraer las características comu-


nes tanto de víctimas como de agresores. Hasta el momento no han
aparecido estudios que investiguen las características de los agresores
homófobos y sólo algunas de las víctimas de bullying homofóbico han
sido analizadas, como veremos más adelante. Recomendamos por eso
tomar estos datos con precaución, si bien pensamos que seguramente
algunos de ellos sean generalizables al fenómeno que nos ocupa.

Es muy difícil encontrar un perfil de personalidad propio de los acosado-


res y hay varios mitos que debemos evitar, tales como que proceden de
zonas con menos recursos, que pertenecen a bandas organizadas o que
es un fenómeno más frecuente en centros públicos.

Según varios informes a los que hace referencia el protocolo británico


anti-bullying, un dato relevante es que un 20% de los acosados ejerce a
su vez de acosador contra otros.

A pesar de que hasta ahora ha sido imposible extraer un perfil de la


víctima y del agresor, resumimos aquí los datos más característicos

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

respecto a distintas variables que aparecen en los estudios más funda-


mentados. (Avilés, 2003; Olweus, 1993):

Variables asociadas al perfil de agresores y víctimas

Personalidad Sexo Aspectos físicos Familia Aspectos sociales

- Agresiva. - Mayor cantidad de - Mayor corpulencia. - Menos contacto - Menos populares


- Poca empatía. varones, en especial - En ocasiones son con la familia. que los bien adap-
Agresor - Deseo de poder. en acoso físico. “repetidores”, por - Actitud negativa, tados, pero más
- Sesgo negativo - Algunos autores ar- lo que tienen mayor carente de afecto y que las víctimas.
al interpretar las gumentan que hay madurez física. dedicación. - Mala relación con
relaciones sociales. más mujeres res- - Coductas agresivas el profesorado.
- No tiene porqué ha- pecto a agresiones en la familia.
ber baja autoestima. sociales. - Castigos físicos y
maltrato emocional.

- Insegura. - Similar porcentaje - Menor corpulencia. - Sobreprotección. - Pocas relaciones


- Timidez. de víctimas para - Puede aparecer al- (Causa y efecto del sociales.
- Altos niveles de ambos sexos (algu- guna peculiaridad acoso). - Mejor relación con
ansiedad. nos estudios dan (raza, tamaño o for- - Más relación con la el profesorado que
- Baja autoestima más porcentaje a ma de alguna parte familia. los agresores.
Víctima
(a medida que el los chicos). del cuerpo, disca-
problema se agra- pacidad…).
va, disminuye aún
más la autoestima).

68
Bullying

También encontramos distintos perfiles entre unos y otros:

Prototipos de agresores y víctimas

- Activo. Lleva las agresiones adelante por sí mismo.


Agresor - Social- indirecto. Convence a otros para que agredan.
- Seguidores. Acompañan al agresor principal y tienen un papel secundario.

- Pasivo. La más frecuente. No responde al ataque, procura esconderse


y no llamar la atención, lo cual es visto como un signo de inseguridad
Víctima por el agresor.
- Provocador. Exalta los supuestos motivos por los que es acosado
y es desafiante. Tienen un comportamiento tenso, que irrita a sus
compañeros y también al profesorado.

En lo referente a las justificaciones que dan las víctimas sobre porqué


son ellos y ellas “los escogidos”, encontramos que aproximadamente
un 37% sitúa las bases en aspectos individuales de sí mismos, que
van desde “porque me lo merezco” (un 6,3% de los chicos víctimas
sistemáticas y un 3% de las chicas víctimas sistemáticas), hasta
considerarse más débil, diferente o haber incitado uno mismo las
agresiones (Avilés y Monjas, 2005).

Consecuencias del acoso escolar

El acoso escolar es un fenómeno que afecta negativamente no sólo a la


víctima, sino también a los espectadores e incluso al/los agresor(es). En la
tabla a continuación presentamos los principales efectos encontrados
para los distintos actores:

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Consecuencias del acoso escolar

- Fracaso escolar y absentismo.


- Ansiedad y estrés.
- Pérdida de autoestima y de seguridad ante el mundo y las relaciones sociales.
Víctima - Depresión.
- Autolesiones, ideaciones e incluso conductas suicidas.
- Pérdida de estatus en el grupo. Rechazo por parte de las amistades.

- Entrada en una espiral de agresividad, que puede desencadenar procesos


Agresores más graves, judicialización y exclusión social.
- Fracaso escolar.

- Miedo a ser víctimas.


Espectadores - Contagio social (pueden pasar a ser agresores).
- Aprendizaje de la indiferencia y visión del mundo como un lugar injusto.

Nos encontramos, pues, ante un fenómeno con consecuencias graves


para todas las partes implicadas y en especial para las víctimas, aunque
también para agresores y espectadores. Tememos que las secuelas más
graves son las que se pueden producir a largo plazo, como la pérdida de
autoestima o el aislamiento social. Estas consecuencias más que deri-
varse de las agresiones en sí mismas se producen por la percepción
social que se da hacia el agredido por parte de sus compañeros (agreso-
res y espectadores) y también por sí mismo.

Además, algunos grupos, especialmente los medios de comunicación,


tienden a dramatizar la violencia en las aulas. Efectivamente es una
situación grave que debemos superar, pero no es un espectáculo ni
tenemos porqué esperar que la víctima quede “marcada de por vida”.
Tampoco es un fenómeno nuevo sino más bien al contrario, está des-
cendiendo gracias a las intervenciones que se desarrollan desde hace

70
Bullying

algunos años. La idea de que las aulas de hoy son más peligrosas que
las de ayer es completamente falsa. Simplemente hemos empezado a
dar nombr e e investigar sucesos que han venido ocurriendo durante
siglos. Por último, debemos ser muy cuidadosos para evitar que acaben
produciéndose “profecías autocumplidas” con chicos y chicas que si
bien pasan por una situación difícil, la superan y no tienen porqué estar
recordándola “para siempre” como un evento traumático.

Frecuencia y tipos de acoso escolar

En nuestro país se han realizado distintos estudios para valorar la


incidencia general del bullying, con muestras de alcance nacional, local o
por comunidades autónomas, en centros públicos y también privados.
Los datos varían según el modo de acceder a estos y también según las
definiciones que utilicemos para considerar una situación como acoso o
no. Pensamos que los datos más completos y actuales son los presen-
tados en el último informe de la Oficina del Defensor del Pueblo en
colaboración con UNICEF (2006). En este documento se hace una
comparación general de las investigaciones más relevantes y se presen-
tan datos desde el año 1999 al 2006.

Según este documento, la incidencia del maltrato escolar tiene una


tendencia a la baja en nuestro país, especialmente en sus variantes más
graves y más frecuentes. Sin embargo, sigue siendo un fenómeno que
afecta a muchísimos niños y adolescentes que debe ser abordado con
todos los medios posibles.

A continuación, hemos elaborado una tabla con los tipos y frecuencias


de maltrato encontrados en los dos estudios del Defensor del Pueblo-
UNICEF (2000, 2006). En este análisis se aportan los porcentajes de
chicos y chicas que señalan ser víctimas o agresores a veces y en
muchas ocasiones.

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Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Tipos y frecuencias de maltrato


(Comparativa Defensor del Pueblo - UNICEF, 2000 y 2006)

2000 2006 2000 2006 2000 2006 2000 2006


EJEMPLOS
TIPO DE Víctima Víctima Agresor Agresor Víctima Victima Agresor Agresor
CONDUCTA a veces a veces a veces a veces en muchas en muchas en muchas en muchas
ocasiones ocasiones ocasiones ocasiones
Ignorar 14,2% 9,5% 35,1% 29,2% 0,9% 1% 3,6% 3,5%
Exclusión
social No dejar
participar 9% 7% 11,7% 9,1% 1,9% 1,6% 2,2% 1,5%

Insultar 34,4% 23,2% 41,2% 30,2% 4,7% 3,9% 4,7% 2,3%


Poner motes
Agresión ofensivos 30,4% 21,4% 32,9% 25,8% 7,2% 5,2% 5,1% 3,4%
verbal
Hablar mal
de otro a sus 31,8% 27,3% 35,3% 32% 3,8% 4,2% 3,2% 3,7%
espaldas

Esconder
cosas 20,2% 14,2% 12,3% 9,8% 1,8% 1,8% 1,2% 1,1%
Agresión
Romper
física cosas 4,2% 3% 1,2% 1% 0,3% 0,5% 0,1% 0,3%
indirecta
Robar
cosas de 6,5% 5,1% 1,3% 1,2% 0,8% 1,2% 0,2% 0,4%
la víctima

Agresión
física Pegar 4,1% 3,3% 6,7% 4,7% 0,7% 0,5% 0,6% 0,6%
directa

Amenazar
sólo para 8,6% 5,4% 6,7% 3,6% 1,2% 1% 0,7% 0,7%
meter miedo

Obligar a
Amenazas hacer cosas
con amenazas 0,8% 0,5% 0,3% 0,5% 0,1% 0,2% 0,2% 0,2%
(chantaje)

Amenazar
con armas 0,6% 0,4% 0,3% 0,2% 0,1% 0,1% 0,1% 0,1%

Acosar
Acoso sexualmente
sexual con actos 1,7% 0,6% 0,5% 0,3% 0,3% 0,3% 0,1% 0,1%
o palabras
Bullying

¿Cómo se está actuando ante el acoso escolar?

En el informe del Centro Reina Sofía (Serrano e Iborra, 2005) un 53,4% de


los alumnos víctimas de violencia escolar señala que el profesorado no ha
intervenido “porque no se entera”; causa que es elegida también mayorita-
riamente por los estudiantes que participaron en los estudios del Defensor
del Pueblo- UNICEF (2000, 2006).

Frente a la posición mayoritaria del profesorado, que afirma que las


agresiones tienden a producirse en el patio o los aledaños del centro, los
estudiantes indican que el aula es el escenario más habitual en la mayor
parte de sus formas. Mayoritariamente en los momentos en que el profe-
sor/a no está presente, pero también en su presencia. De hecho, pese a
que los alumnos piensan que el profesorado ignora los conflictos, los
docentes sí dicen conocerlos (Defensor del Pueblo, 2006).

Un porcentaje muy bajo de los chicos y chicas maltratados se lo comunica


al profesorado (sólo un 14,2% en el informe 2006 del Defensor del Pueblo,
con resultados similares en otros estudios), lo que hace suponer que no
tienen demasiada confianza en las medidas que se están tomando para
frenar las agresiones. Las peticiones de auxilio se dirigen principalmente a
los amigos y, como segunda opción, a la familia, aunque hay que destacar
que un 13% de las víctimas responde que nadie les ayuda.

La forma de intervención más habitual es tomar represalias contra los


agresores (partes, expulsiones, traslado de centro y en los casos más
graves e infrecuentes solicitud de intervención judicial). Según el profesora-
do, se recurre a la familia demasiado poco y menos aún al departamento
de orientación y al cambio de la organización social del aula.

Paralelamente a las sanciones desde hace varios años se vienen implan-


tando procedimientos alternativos, basados en medidas educativas y en la
toma de conciencia de que los agresores pueden a su vez necesitar

73
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

ayuda, considerando las situaciones de acoso como un fracaso de la


comunidad educativa y no de individuos aislados intrínsecamente “malos”.

En nuestro país no se ha generalizado el uso de ninguno de los métodos


de intervención que se han desarrollado a lo largo de los últimos años,
sino que cada centro educativo tiene autonomía para implementar las
acciones preventivas y de intervención que considere más apropiadas. Así,
muchos centros elaboran planes y protocolos ante las situaciones de
acoso, lo que supone un gran avance. Lamentablemente, la falta de
sistematización hace que estos logros continúen siendo responsabilidad
individual de cada institución, sujetos a la suerte o la buena voluntad de
quienes tienen la responsabilidad en cada momento.

El grupo de iguales y su posición ante el acoso escolar

La intervención contra el acoso escolar no debe centrarse tanto en


agresores y víctimas como en el grupo donde tiene lugar; es decir, en su
ámbito social.

Diversas investigaciones muestran que la mayor parte de los estudiantes


han sido testigo directo de agresiones a sus compañeros y, en general, las
respuestas son pasivas. Más todavía, aunque la iniciativa en las agresiones
suele tenerla un núcleo (que puede ser una o dos personas), muchas
veces el acoso está sustentado por un grupo de “seguidores” y una masa
de “espectadores” que pueden mirar hacia otro lado o incluso disfrutar de
su posición de observadores.

Si somos capaces de crear un clima de rechazo generalizado hacia el


acoso, en lugar de la insensibilización que tiende a producirse en algunos
entornos, nos resultará mucho más fácil aislar las circunstancias que llevan
a la agresión. Fomentar intervenciones que no se centren únicamente en el
agresor sino que abarquen todos los aspectos psicosociales (Álvarez,
2007), es recomendado con frecuencia por los expertos sobre el tema.

74
Bullying

En los países nórdicos, donde comienza en la década de 1970 la investi-


gación sistematizada sobre el acoso escolar , llevan varios años implemen-
tándose programas en esta dirección (Salmivalli y cols, 2005).

PUNTOS COMUNES EN LOS PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN

- Tratar abiertamente el bullying en clase: qué es, cuándo ocurre, etc.

- Profundizar en los sentimientos que tienen las víctimas, los agresores y los espectadores.

- Hacer hincapié en que las personas a menudo actuamos de forma contraria a como pensamos:
muchas personas están en contra del acoso pero luego no hacen nada contra él o incluso lo favorecen.

- Incidir en la reflexión individual sobre cuál es nuestro papel en los casos de acoso.

- Generar normas de conducta de forma colectiva (en forma de “democracia directa”) llegando
a consensos sobre las reglas de convivencia. Esto ha demostrado ser uno de los métodos más
efectivos para lograr compromisos comunes y reducir las situaciones de acoso (Owleus, 1991).
Las normas no deben referirse sólo a los protagonistas, sino también a los espectadores
(por ejemplo: “si presenciamos una agresión diremos que no nos parece bien”).

Estrategias de prevención de acoso escolar

Es importante que las instituciones educativas, además de trabajar direc-


tamente con los grupos de iguales, generen protocolos de actuación y
coordinación claros entre los distintos agentes implicados: profesores,
departamento de orientación, familias y, en su caso, servicios sociales.

75
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Aunque está sujeta a márgenes de interpretación muy amplios, que se


concretan por cada centro en sus planes de convivencia, la legislación
establece un conjunto de conductas sancionables y sus respectivas res-
puestas. Además, se estimula que estos planes contemplen medidas
complementarias (que no alternativas) para favorecer el aprendizaje del
respeto y la tolerancia entre iguales.

A continuación describiremos algunas estrategias de intervención más


habitualmente empleadas en nuestro entor no educativo. Lamentablemen-
te la limitación del espacio que impone el formato de este documento nos
impide desarrollarlas más detalladamente. Consecuentemente, dada su
importancia, animamos al lector a buscar información adicional.

- Llegar a consensos entre los docentes sobre la formas de intervenir ante las situaciones indeseadas:

Si los estudiantes no detectan inconsistencias en la forma de abordar el


acoso por parte de distintos profesores, esto favorecerá su desaparición y
la percepción negativa de éste.

Aunque sólo fuese de manera informal, los distintos profesionales que


trabajamos con un grupo debemos comunicarnos las agresiones que
detectemos y constatar si se producen sólo ocasionalmente, en presencia
de determinados educadores, etc.

Para fomentar la coordinación y las buenas prácticas diversos proyectos


ayudan a los centros educativos a organizar al profesorado (Por ejemplo:
el “Proyecto Turkana” en Madrid ).

- Asambleas de grupo:

Consistentes en reservar un espacio para tomar decisiones, hacer pro-


puestas y tratar los temas conflictivos. Se coloca a los estudiantes en
círculo, se establece un orden del día (éste puede ser el primer punto o

76
Bullying

estar preestablecido con el resto de los temas que queramos trabajar) y se


señala el modo en que los alumnos podrán tomar la palabra. Si queremos
realizar una asamblea efectiva, debemos estudiar bien el modo de organi-
zarla sin que se nos vaya de las manos ni se prolongue demasiado tiempo
por intervenciones muy extensas o discusiones interminables. También
tendremos que concretar el procedimiento de toma de decisiones (voto,
consenso, mayoría simple o absoluta, etc.). Por último debemos indicar
muy claramente sobre qué aspectos se pueden tomar decisiones y sobre
cuáles no (verbigracia: tareas a realizar cuando se constate una agresión,
pero no horarios de clase).

Uno de los puntos más importantes a trabajar en asamblea es el estableci-


miento de las normas de convivencia en el aula. Al ser decididas de forma
“democrática” favorece que los alumnos se sientan más implicados y
responsables y será más difícil que se resistan a los procedimientos
educativos que se apliquen cuando fallen en el cumplimiento d e determi-
nadas normas.

- Comisiones de convivencia en la aulas:

Formadas por un grupo de alumnos (entre tr es y cinco) que se encargarán


de revisar y mejorar las relaciones y los conflictos que haya en la comuni-
dad educativa (incluyendo también las relaciones entre alumnos y profeso-
res). Los alumnos que integran la comisión se escogen por sorteo elimina-
torio y no podrán repetir cargo hasta que todos los demás hayan pasado
por ella.

- Uso de aprendizaje cooperativo en grupos dentro del aula:

Proponer que los temas sean discutidos y estudiados en grupo aporta a


los alumnos la posibilidad de interactuar en un especio controlado. Ade-
más, esta estrategia se muestra también muy eficaz para consolidar los
procesos de aprendizaje.

77
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Ante sospechas de que uno o varios alumnos sufre acoso o está mal
integrado, los grupos de aprendizaje debe formarlos el profesor y ser
completamente inflexible en su composición. Cuando los grupos se for-
man voluntariamente, los alumnos desplazados pueden reforzar su sensa-
ción de aislamiento, ya que no se les acepta con facilidad en los grupos
espontáneos. Si es el profesor quien crea los grupos puede conseguir
mayor heterogeneidad y que no se queden en las habituales “camarillas”.

- Mediación escolar:

Cada vez más empleada, es una alternativa que requiere que profesores
y/o estudiantes reciban formación para mediar en conflictos. El mediador
debe ser una persona completamente ajena al conflicto o, en el caso en el
que el mediador sea un profesor, no estará trabajando con ninguno de los
implicados en el momento de la intervención. Para adoptar esta vía, todas
las partes deben aceptarla. Actualmente, varias comunidades autónomas
dan la posibilidad de formar gratuitamente a mediadores escolares.

- Programas de prevención de la violencia y/o fomento de la convivencia:

Diversas asociaciones y grupos de profesionales están aplicando con des-


iguales resultados programas para fomentar un clima positivo en las aulas.
Estos programas son una buena oportunidad de generar espacios de disten-
sión dentro del aula, aprender de manera diferente, aplicando dinámicas y
juegos con los estudiantes. Para aplicar estos programas es importante que
quienes los desarrollan sean profesionales acreditados y que sepan evitar que
se produzcan fenómenos no deseados, como, por ejemplo, que se exacer-
ben determinados comportamientos al hacerlos explícitos.

- Apoyo voluntario de unos alumnos a otros:

Diversos protocolos, como el “círculo de amigos” (Newton y Wilson, 1999)


dan pautas para ayudar a las víctimas a crear redes sociales que las

78
Bullying

protejan del acoso. Si queremos intervenir de este modo debemos asegu-


rarnos de plantear el asunto de un modo discreto con consentimiento de
ambas partes. No podemos obligar a unas personas a ser amigas de
otras, aunque sí podemos solicitar su colaboración a aquellos chicos y
chicas que veamos más predispuestos a ayudar a los demás.

Evitar la exclusión de los agresores

Aunque el objetivo de este manual es evitar el acoso homofóbico no


queremos terminar esta sección sin romper una lanza a favor de los
acosadores, puesto que nuestro papel como docentes no es juzgar a las
personas, sino ayudarles a vivir mejor.

Obviamente, nuestra tarea principal ante una situación de acoso debe ser
poner a salvo a la víctima tomando cuantas medidas sean necesarias para
ello. No obstante, una vez hecho esto debemos fijarnos en el acosador y
tratar de ayudarle a integrarse normalmente en la comunidad educativa,
proporcionándole recursos para relacionarse sin recurrir a la violencia.

La investigación demuestra que los profesores interpr etan mayoritariamente la


agresión como el resultado de factores internos, estables y controlables por el
alumno, lo cual favorece que se establezca una relación negativa con el
agresor y el incremento de estrategias punitivas para afrontar el asunto
(Álvarez y cols. 2007). En los últimos años se está generando toda una
maquinaria alrededor de los estudiantes con problemas de conducta que a
nuestro modo de ver, no ayuda precisamente a su integración, sino más bien
a convertir a los alumnos problemáticos en marginados. Cada vez se recurre
con más facilidad a la exclusión de estos adolescentes, que van pasando de
unos servicios a otros y confirman así su sensación de ser “distintos” y
“malos”. Owleus (1998) encontró que un 60% de los alumnos que habían sido
identificados como acosadores tuvieron, al menos, una condena judicial antes
de cumplir 24 años. Todos estos datos nos hacen llegar a la conclusión de
que ser acosador se asocia con fracaso personal y social.

79
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Diversas voces critican también la administración de psicofármacos a


chicos y chicas de cada vez menor edad (Arnau, 2003). Cuando uno o
varios de nuestros alumnos no son capaces de controlar sus impulsos, la
solución no será anular procesos neuroquímicos mediante sustancias
ansiolíticas o incluso antipsicóticas, sino proporcionarles herramientas y
espacios para relajarse.

Salvo en casos excepcionales si un alumno está creando problemas, él o


ella tiene a su vez más problemas todavía. Judicializarles o etiquetarlos
con un diagnóstico psiquiátrico como se está haciendo en los últimos
años, no es una manera de ayudarles. De hecho, hemos detectado
violaciones de los derechos humanos en muchos centros donde se
recluye y proporciona “tratamiento psicosocial” a los adolescentes más
conflictivos hoy en día (Agustín, 2007; Defensor del Pueblo, 2009). Esta
situación -que ha llevado ya a la clausura de varios de estos centros- se
repite con demasiada frecuencia. Más que a expulsarles nuestras acciones
deben dirigirse a integrarles, haciendo de la comunidad educativa un
factor de protección frente a la marginación y la exclusión social.

Según nuestra experiencia, cuando nos acercamos a ellos con una actitud
positiva, trabajar con los agresores es mucho más sencillo de lo que
parece a primera vista. Incluso los adolescentes más conflictivos detectan
la predisposición positiva que tengamos hacia ellos y suelen colaborar
cuando se les presentan alternativas al castigo.

80
5. BULLYING HOMOFÓBICO

Definición

Hay multitud de estudios que hacen referencia a las agresiones sufridas


por adolescentes y jóvenes y algunos también sobre las vividas por
aquellos chicos y chicas que no se adaptan a los roles sexuales, aunque
se consideren a sí mismos heterosexuales. También disponemos de un
número más reducido de investigaciones acerca de las vivencias en la
adolescencia o la escuela de las personas transexuales.

Cada una de estas investigaciones utiliza términos diferentes para referirse a las
circunstancias que engloba el bullying homofóbico. Se habla de “victimización”,
“acoso”, “ataques”, “exclusión”, “maltrato”, “agresión entre iguales”, etc.

En las distintas publicaciones que hemos encontrado las definiciones varían y,


a menudo, no son claras, por eso hacemos aquí nuestra propia propuesta:

Bullying homofóbico

Nos referimos a cualquier tipo de agresión verbal, física o social entre estudiantes que:

- Bien está destinada a atacar a determinadas personas por su orientación sexual real o percibida o la
de algún familiar o amigo de la víctima.

- O bien se produce con otra motivación (por ejemplo: aumentar el estatus en el grupo), pero se ampara
en la supuesta orientación sexual de la víctima por considerarla especialmente vulnerable.

A estos dos requisitos han de añadirse los ya expuestos previamente para que una situación pueda
ser calificada de bullying:

a) la intención de hacer daño (físico o psicológico) b) la reiteración de las conductas y c) el desequilibrio


de poder que hace a la víctima impotente para salir de esa situación por sí sola.
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Factores diferenciales del bullying o acoso homofóbico

Hay muchas razones, reales o ficticias, por las que los alumnos pueden
sufrir acoso (sobrepeso, discapacidad, pertenecer a minorías étnicas o
religiosas, etc.). Sin embargo, para nosotros el acoso homofóbico tiene
algunas características que lo hacen especial:

- Invisibilidad de la diversidad en la orientación del deseo:

Uno de los factores determinantes en el bullying, como hemos visto


anteriormente, es el desequilibrio de poder que hace a la víctima sentirse
impotente. En el acoso homofóbico este factor se ve potenciado por la
invisibilidad de la diversidad del deseo sexual.

Cuando elaborábamos este manual y preguntábamos a orientadores y


profesores sobre sus opiniones, sorprendentemente muchos de ellos
respondían que en sus centros o clases “no hay gays, bisexuales, lesbia-
nas o transexuales” o que constituyen una minoría excepcional, que se
recuerda anecdóticamente.

Esta percepción ha sido confirmada en Gran Bretaña por Warwick y cols.


(2001), que investigar on 307 escuelas de educación secundaria. Un 39%
del profesorado decía no tener constancia de que hubiese personas
homosexuales entre los alumnos. En España un 67% de los jóvenes LGB
de la muestra de Garchitorena (2009) afirmaba sus profesores descono-
cían su orientación sexual y sólo un 3% contaba con ellos para resolver
dudas sobre sexualidad.

- La homofobia sigue provocando confusión en el profesorado:

En el estudio de Warwick y cols, mientras que un 99% de las escuelas


tenía protocolos para afrontar el acoso, sólo un 6% hacía mención espe-
cífica a los casos de bullying homofóbico. En las entrevistas realizadas con

84
Bullying homofóbico

los profesores, éstos solían tener claro cómo afrontar situaciones de


comportamientos racistas (generalmente con “tolerancia cero”), expulsan-
do temporalmente a los alumnos que llamaban a otros “nigger” o “paki”,
pero no sabían como afrontar el homofóbico.

Los motivos aducidos por los profesores para explicar tal confusión eran
varios: desaprobación de los padr es (18%), falta de personal experimenta-
do (17%) y falta de protocolos de intervención (16%). Un 42% de los
profesores habían recibido peticiones de consejo por parte de alumnos
LGB o sabían que otros profesores habían recibido peticiones de ayuda
por parte de esta población.

En una investigación de carácter nacional realizada en EE.UU. con una


muestra de 289 orientadores de secundaria, el 20% expresaba dudas
acer ca de su capacidad para orientar adecuadamente a adolescentes
gays; un 25% de los orientador es decían que encontraban comportamien-
tos homófobos desde el profesorado hacia estudiantes LGBT y el 41%
opinaban que los centros educativos no estaban tomando las medidas
oportunas para asistir a estos alumnos (Price y Telljohan, 1991; en Russell
y cols 2001).

Otra investigación realizada entre 89 chicos y 39 chicas homosexuales,


encontraba que sólo una cuarta parte era capaz de hablar con sus
orientadores de su orientación sexual. Sólo la mitad decía que la homose-
xualidad se había tratado en clase, y de estos casi la mitad comentaba
que la forma de tratarla había sido negativa (Russsell y cols 2001).

- La condición sexual “diferente” es especialmente peligrosa al ser un factor de riesgo “transferible”:

Aquellos compañeros que defiendan a la víctima pueden sufrir una


“transferencia de estigma”: si un alumno español defiende a un compañe-
ro inmigrante o a una alumna con sobrepeso, tal vez se le acuse de
“amigo de los inmigrantes” o de “amigo de los gordos”, pero si un

85
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

adolescente heterosexual defiende a un compañero gay, puede ser toma-


do directamente por gay, dificultando la solidaridad entre iguales.

- Las víctimas pueden temer hacer más evidente su condición sexual si llaman la atención sobre su
caso al denunciarlo:

Siempre es difícil para cualquier estudiante pedir ayuda ante una situación
de acoso, ya sea por miedo a ser considerado “chivato” o a perder estatus
dentro del grupo. En el bullying homofóbico el problema se acentúa
porque además la denuncia puede colaborar a extender rumores indesea-
dos o a confirmar percepciones ciertas o erróneas sobre la orientación del
deseo de la víctima. Hiller (1998) encontró que los psicólogos escolares y
otros adultos encargados del bienestar de los alumnos tenían fama de no
guardar la confidencialidad.

- Los alumnos LGB o con dudas carecen a menudo de referentes en su entorno con quienes
identificarse o a quienes aliarse para protegerse:

Los chicos estudiosos, con sobrepeso, discapacitados o de minorías


étnicas tienen contacto en su entorno habitual con otras personas de
características similares (familiares, compañeros, amigos de actividades
extraescolares o de asociaciones, etc.). Sin embargo, los adolescentes
LGB han sufrido muy a menudo la sensación de ser “los únicos del cole”.

De todos modos, cuando un alumno tiene conciencia de que algún


compañero o profesor también es LGB, puede no desear tener relación
con esa persona por miedo a ser identificado más fácilmente. Obviamente,
los alumnos con otras dificultades no tienen este temor, porque sus rasgos
“discriminadores” son identificados se asocien o no a otras personas con
las mismas características.

La carencia de referentes cercanos es más acentuada en el ámbito rural,


donde adolescentes y jóvenes no tienen acceso a asociaciones o zonas

86
Bullying homofóbico

de ocio “de ambiente”. Internet ha contribuido enormemente a paliar esta


sensación de soledad, pero no deja de ser un entorno virtual al que
además no todos tienen acceso.

- Las víctimas pueden tener miedo a ser rechazadas por el profesorado:

Los alumnos LGB relatan a menudo comentarios homófobos entre sus


profesores. En estos casos es razonable plantearse si se atreverán a
denunciar las agresiones en un entorno -la escuela- cuyos representantes
emiten o consienten comentarios que les afectan. Hace años era también
habitual escuchar entre el profesorado chistes racistas o sexistas, aunque
parece que actualmente se ha extendido un rechazo generalizado hacia
estas conductas. No es habitual que un profesor se atreva a mofarse de
minorías étnicas, -aunque, desgraciadamente, continúa ocurriendo-, espe-
cialmente si entre sus alumnos hay algún miembro de estas comunidades.
Sin embargo, el “maricón” como objeto de mofa sigue presente en el
transcurrir cotidiano de nuestros centros educativos, muchas veces bajo la
excusa de que “aquí no hay chicos así y nadie se ofende”. Algunos
adolescentes entrevistados por Hiller (1998) comentaban que había incon-
sistencias entre el modo de abordar el racismo y la homofobia en sus
escuelas.

El informe del Defensor del Pueblo (2006) señala explícitamente que casi
dos tercios de los docentes identifica algún profesor en sus centros que
insulta o ridiculiza al alumnado y que practica conductas abusivas. Nos
tememos que muchas de estas agresiones están dirigidas a alumnos y
alumnas con características sexuales minoritarias.

Frecuencia del bullying homofóbico

Es muy difícil presentar datos sobre las cifras reales de acoso homofóbico.
En primer lugar, ya hemos dicho que no suele ser denunciado por las
posibles consecuencias negativas para las víctimas. En segundo término,

87
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

encontramos que muchos estudios acerca de la agresión entre iguales no


toman en cuenta este fenómeno. Los dos estudios más conocidos sobre
acoso escolar realizados en España en los últimos años, el del Defensor
del Pueblo (2000, 2006) y el del Centro de Estudios Reina Sofía (2005), no
medían el acoso homofóbico.

Las investigaciones más completas realizadas al respecto en nuestro país


son las elaboradas por el equipo de Generelo y Pichardo (2005, 2007). En
ellas cuentan con muestras relevantes de estudiantes de educación se-
cundaria de la Comunidad de Madrid y, en la última edición, de la localidad
de San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria:

Conductas homófobas entre estudiantes de Educación Secundaria


(Generelo y Pichardo, 2007)

- Alrededor de un 30% de los estudiantes ha llevado a cabo acciones homófobas tales


como insultos o comentarios.

- Entorno a un 15% ha cometido acciones más graves como tirar cosas, golpear o aislar.

- Un 3% dice haber llegado al punto de participar en palizas homófobas.

- Un 6% de los encuestados dice que es correcto tratar con desprecio a las personas
homosexuales y un 7,4% más que es correcto tratar con desprecio a las personas
homosexuales en algunos casos (en total, un 13,4%).

En este mismo estudio también cruzan datos comparando el porcentaje


de agresiones homófobas sufridas por chicos según su orientación sexual.

Comprobamos que un 65% de los chicos exclusivamente homosexuales


ha sufrido insultos; un 30% exclusión; un 20% golpes y un 10% llega al
extremo de haber sufrido palizas.

88
Bullying homofóbico

Hay que destacar que aunque el porcentaje de chicos exclusivamente


heterosexuales que sufre agresiones homófobas es mucho menor, sigue
siendo muy significativo (un 14,9% ha sufrido insultos y un 10% golpes).
Esto confirma nuestra percepción de que el bullying homofóbico tiene unas
raíces que van mucho más allá de la orientación sexual propiamente dicha.

En el caso de las chicas los porcentajes bajan casi a la mitad en los


fenómenos más graves, aunque son similar es en comentarios y burlas.

Con una muestra significativamente menor pero también relevante el colec-


tivo Gehitu (2009) encontró frecuencias algo superiores para todas las
expresiones de acoso homofóbico en estudio realizado en San Sebastián.

No sabemos con qué frecuencia han ocurrido estos hechos ni si los


alumnos han exagerado en alguna de sus respuestas, pero los datos
están sobre la mesa.

En Estados Unidos y en Gran Bretaña se han realizado también


interesantes investigaciones con gran solidez científica. Poteat y Es-
pelage (2005) estudiaron una muestra de 191 alumnos de 8º grado en
EE.UU., encontrando que las víctimas de insultos homófobos no
tenían porqué ser percibidas de hecho como homosexuales, pero que
si un sujeto era percibido como tal, era objeto sistemático de estos
apelativos, siendo tanto los agresor es como las víctimas mayoritaria-
mente hombres. Aquellos alumnos que sufrían insultos homófobos
tenían a su vez más posibilidades de actuar del mismo modo contra
otros compañeros.

La organización Stonewall, de Gran Bretaña, en un estudio realizado


hace una década, obtuvo que un 48% de la muestra había sufrido
violencia y un 90% insultos verbales a causa de su orientación sexual.
De las agresiones violentas, un 40% provenían de compañeros de
estudios y un 40% tuvo lugar en la escuela (Mason y Palmer, 1996).

89
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Bontempo y D´Augelli (2002) analizaron los datos obtenidos en un estudio


de salud pública realizado en dos estados diferentes de EE.UU. Este
análisis se realizó a 9.188 estudiantes de 12º curso, de los cuales 315
fueron identificados como LGB y/o con dudas respecto a su orientación
sexual. Encontrar on que los niveles de victimización eran significativamen-
te superiores entre estos alumnos (LGB o “con dudas”). En la población
general, un 8% de los adolescentes sufría acoso grave (un 33% eran
chicas y un 67% chicos). Lo más llamativo era que mientras que un 7% de
los alumnos heterosexuales formaban parte del grupo de “alta
victimización”, este porcentaje se multiplicaba por cuatro para las perso-
nas LGB o con dudas, de los cuales un 28% estaba en situación grave.
Un 10,1% de las mujeres lesbianas, bisexuales y “con dudas” había
sufrido agresiones de algún tipo al menos en 10 ocasiones durante el
pasado año, frente a un 1,1% de las chicas heterosexuales.

En el estudio mencionado con anterioridad, realizado en más de 300


escuelas de Gran Bretaña, respecto a la percepción del acoso en el
profesorado, Warwick (2001) concluyó: un 97% de los profesores encuesta-
dos reconocía la existencia de agresiones de cualquier tipo entre el alumna-
do; el porcentaje descendía a un 82% al preguntar sobr e la existencia de
bullying específicamente homofóbico y sólo un 26% no sólo percibía acoso
o agresiones verbales sino también físicas. Por último, un 51% reconocía
conocer uno o dos incidentes en el último curso y un 5%, 10 o más.

Hasta ahora, el método más empleado para analizar la frecuencia del


bullying homofóbico es preguntando a poblaciones de adolescentes LGBT
previamente seleccionadas. Esta vía tiene un importante sesgo: para
formar parte de la muestra, los chicos y chicas deben tener formada su
identidad homosexual, puesto que de otro modo no se prestarían al
estudio (son encontrados en centros de apoyo a adolescentes LGBT o en
el “ambiente”). Aún así, pensamos que merece la pena destacar que en la
muestra de jóvenes que acudían a un servicio de atención a LGBT,
Telljohan y Price (1993) observaban que un 70% había sufrido alguna

90
Bullying homofóbico

forma de acoso. En ese mismo sentido Rivers (2004), entrevistando a 119


personas que habían sufrido acoso homofóbico encuentra que la media
de duración de las agresiones es de 5 años.

91
6. LAS VÍCTIMAS

Más que ser homosexual, no cumplir con tu rol de género

Como venimos diciendo hasta ahora, el bullying homofóbico tiene su origen


en los valores de “masculinidad” y “feminidad” que se dan por supuestos en
nuestra sociedad. Es cierto que la mayor transgresión de estos valores ha sido
siempr e sentirse atraído por personas del mismo sexo biológico (más allá del
fenómeno transexual que es, simplemente, desconocido). Pero esta circuns-
tancia (ser homosexual) no suele declararse abiertamente e n la adolescencia,
bien sea por las consecuencias negativas que ello tendría o porque no se
tiene clara. De ahí que saquemos como conclusión que el acoso homofóbico
es en realidad un ataque a aquellas personas que transgreden las normas no
escritas de comportamiento para hombres y mujeres, para niños y niñas.

Rivers (2004), en el estudio ya citado, descubría que la edad media en la


que se inicia el acoso era de 10,5 años. A esa edad la mayoría de los
chavales que en el futuro tendrán una identidad LGB todavía no la han
formado y muchos siquiera se lo plantean.

Lo que sí han descubierto a esa edad muchos chicos, y por eso son
acosados, es que les gustan más las actividades consideradas
“femeninas”, que les desagradan el fútbol o las peleas y que tienen más
sensibilidad emocional. En el caso de las chicas, aquellas que tienen
aficiones “masculinas” se sienten incómodas cuando les obligan a llevar
faldas o el pelo largo, ambos elementos tan incómodos para la s activida-
des “aventureras” supuestamente propias de los chicos.

El estudio con mayor muestra que hemos encontrado al respecto es el


presentado por Young y Sweeting (2004), que investigaba la relación entre

93
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

el bullying y las variables “masculinidad” y “feminidad”. Participaron en él


2.199 estudiantes de 15 años, matriculados en 43 centros educativos
escoceses. Los resultados identificaron una relación significativa entre las
características “masculinas” y la posibilidad de ser acosador, tanto en
chicos como en chicas. En el caso de los chicos, encontraron que
aquellos con poca “masculinidad” y conductas de género atípicas prede-
cían la victimización y también mostraban menos posibilidades de tener
amigos de su mismo sexo.

Waldo, Hesson-McInnis y D´Augelli (1998) compararon los datos de victi-


mización entre jóvenes LGB de ambiente urbano y de ambiente rural.
Encontraron que en ambos casos, aquellos que tenían una menor concor-
dancia con los roles de género tenían mayor tendencia a sufrir agresiones.
Explicaban que este ajuste menor al rol social les hacía más
“identificables”. Una hipótesis de trabajo que sería interesante desarrollar
podría incluir en la muestra a jóvenes heterosexuales con altos niveles de
“feminidad”, pensamo que el resultado sería que éstos habrían sufrido
mayores niveles de bullying homofóbico que sus compañeros homosexua-
les con más rasgos “masculinos”.

En un estudio realizado entre hombres jóvenes, Friedman y cols, (2006),


encontraron que los varones que presentaban niveles más elevados de
“feminidad” mientras cursaban secundaria, presentaban también niveles
más altos de tendencias suicidas. El bullying resultó mediar entre ambos
factores, puesto que una vez controlado, la relación entre feminidad y
tendencias suicidas perdía significación. Aquellos que habían salido del
armario también habían sufrido victimización más a menudo por razones
similares. Por último, hallaron que tener apoyo del entorno cercano (fami-
liares y amigos) reducía la frecuencia de experiencias de acoso. También
constataron que la victimización acarreaba una baja autoestima y, por
tanto, mayores niveles de estrés. Ambos factores han sido relacionados en
la población general con mayores índices de tendencias suicidas como
mostraban Garland y Zigler (1993) en su revisión general sobre suicidio

94
Las víctimas

adolescente. También vieron que estar a gusto con la propia orientación


sexual aliviaba algunos de los problemas asociados a ser LGB.

En Austria, Plöder y Fartacek (2007) investigaron los comportamientos de


género atípicos entre personas LGB, encontrando niveles superiores de
acoso entre iguales para aquellos que tenían menor tipicidad de género,
resultados que confirman la tendencia encontrada en otros países. Estos
autores compararon los niveles de maltrato escolar sufridos por 142
adultos LGB y 148 heterosexuales. Como era de esperar, los niveles de
maltrato eran muy superiores en la muestra LGB, pero una vez controlado
el peso de la atipicidad de género para la muestra LGB disminuían
drásticamente.

Pero ser gay, bisexual, lesbiana y expresarlo públicamente


es el mayor factor de riesgo

Como decíamos antes, si estudiásemos las cifras de víctimas de bullying


homofóbico, seguramente encontraríamos que a mayor cantidad de ras-
gos socialmente considerados “del sexo opuesto”, mayores posibilidades
tiene un niño o un adolescente de sufrir acoso homofóbico, independien-
temente de su orientación sexual real. Esto no está reñido con los estudios
que muestran que los adolescentes de minorías sexuales sufren índices
significativamente elevados de violencia escolar.

Este riesgo no sólo aparece en la escuela, también en el día a día de


los jóvenes LGB (Garchitorena, 2009). Huebner y cols. (2004) publica-
ban un artículo en el “American Journal of Public Health” sobre un
estudio realizado con 1.248 hombres gays y bisexuales reclutados en
“el ambiente”. A lo largo de los últimos 6 meses, un 37% decía haber
sufrido agresiones verbales y un 4,8% violencia física. Aquellos hom-
bres más jóvenes y que expresaban más abiertamente su orientación
sexual, junto con los VIH positivos, eran quienes más posibilidades
tenían de haber sufrido agresiones.

95
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Las últimas investigaciones muestran que los pocos chicos y chicas que se
han atrevido a expresar su orientación a la misma edad que sus compañeros
heterosexuales son quienes más posibilidades tienen de sufrir acoso. En
todos los institutos visitados en el estudio de Generelo y Pichardo (2005),
había chicos y chicas que aseguraban que quien manifestara públicamente
su homosexualidad lo pasaría muy mal, puesto que sería marginado , ridiculi-
zado, objeto de bromas e, incluso, podría ser atacado físicamente. Esta es
una percepción que los adolescentes tienen muy clara y, de hecho, como
explicábamos al hablar de la invisibilidad de los adolescentes LGB, ellos
mismos tienen buen cuidado de mantener su orientación en secreto.

Aunque se ha generalizado la idea de que “ser homosexual está de


moda”, en los colegios e institutos no debe estarlo tanto porque pese a
ser un porcentaje significativo de la población, la mayoría de estos jóvenes
se mantienen perfectamente ocultos.

No obstante es cierto que se está produciendo un cambio muy significati-


vo en la edad de la “salida del armario” y que cada vez hay más personas
que dan a conocer públicamente su orientación sexual en la adolescencia.
Ryan y Rivers (2003) citan dos estudios en los que se perfila una nueva
generación de adolescentes que empezaba a tomar conciencia a los 10
años y a salir del armario a los 16. A pesar de estos datos no podemos
perder de vista que se trata de una minoría de valientes, que muchas
veces lo pasa mal, y que cuando han tomado tal decisión seguramente se
debía a que contaban con factores de protección (familia, amigos, centro
educativo, organizaciones LGBT o políticas en el entorno, etc.) que la
mayoría de los adolescentes aún no tiene asegurados.

Y si eres transexual…, ya no digamos

Seguramente podemos definir el bullying transfóbico como un conjunto de


agresiones independiente del fenómeno de bullying homofóbico, pero en

96
Las víctimas

los escasos estudios realizados sobre población transexual en edad esco-


lar encontramos que las agresiones y sus motivos están muchas veces
fundadas en la homofobia, simplemente porque los agresores desconocen
que la transexualidad es un fenómeno diferente.

En un estudio reciente realizado por Wilson y cols. (2005), encontraban


que de los 8 adolescentes transexuales femeninos y masculinos entrevis-
tados, todos menos 2 habían sufrido agresiones físicas y sólo uno no
había sufrido ningún tipo de acoso. Evidentemente, la muestra es muy
pequeña, pero pensamos que lamentablemente puede ser representativa
de lo que ocurre a estos jóvenes, pues ya hemos constatado que cuanto
menos se adaptan a los roles de género tradicionales más fácil es que los
sujetos sufran bullying homofóbico y , obviamente, los adolescentes tran-
sexuales son el ejemplo “extremo” de esta transgresión.

Esperamos que en los próximos años aumente la producción de investiga-


ciones analizando las vivencias concretas de este grupo de población para
poder aportar más datos diferenciados en un futuro.

¿Tienen más riesgo de sufrir bullying homofóbico


los hijos de familias homoparentales?

Con el debate acerca del derecho de adopción de los matrimonios


homosexuales, surge una corriente de pensamiento que pretende negar a
los menores su derecho a los padres o madres más apropiados si éstos
son homosexuales, apoyando tal argumento en un supuesto “peligro de
ser acosados en la escuela”. Resulta muy sorprendente que quienes
muestran esta preocupación sean precisamente grupos que fomentan el
acoso. Vamos a dedicar un espacio a revisar los conocimientos que
existen al respecto.

En cualquier caso, cuando hablamos de los hijos de gays y lesbianas, en


su mayor parte no nos referimos a hijos adoptados, sino a los hijos

97
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

naturales de estas personas, generalmente fruto de relaciones hetero-


sexuales o de inseminación artificial. No sabemos cuántas personas
homosexuales han tenido hijos biológicos, pero los estudios más conser-
vadores cifran en un 1% el porcentaje total de niños y niñas hijos de
personas que se definen como homosexuales. Tiende a pensarse que con
la normalización de la diversidad sexual este fenómeno aumentará, sin
embargo, tal como afirman Stacey y Birbatz (2001):

“Con la normalización de la homosexualidad, muchas menos personas con


deseos homoeróticos se sentirán impelidas a embarcarse en matrimonios
heterosexuales, y así menos homosexuales serán padres por este medio.

Por otra parte, con la normalización la paternidad intencionada por parte de


hombres y mujeres homosexuales aumentará; pero es poco probable que lo
haga en cantidad suficiente como para compensar el descenso en las cifras
actuales de gays y lesbianas que estuvieron casados en el pasado.”

Respecto al riesgo de acoso, la Asociación Psiquiátrica Americana afirma


que: “los temores de que los hijos de familias homoparentales sufran
acoso escolar son infundados”. Pensamos que esta realidad coincide con
nuestra perspectiva del bullying homofóbico como un fenómeno que
depende de la forma en que se aceptan o no determinadas variables
individuales de cada persona.

La mayor parte de las investigaciones se han realizado con hijos de parejas


lesbianas, debido a que representan un número muy elevado, aunque tam-
bién empiezan a aparecer publicaciones referentes a hijos de hombres gays.

Por otra parte, respecto al desarrollo evolutivo de los hijos de gays y


lesbianas, los estudios realizados hasta el momento indican que no existen
diferencias significativas entre estos y los de personas heterosexuales. La
revisión más completa publicada hasta el momento, en 2001, por la
Asociación Sociológica Americana (Stacey y Birbatz, 2001), analiza los

98
Las víctimas

resultados de los 21 estudios metodológicamente más válidos realizados


hasta el momento, y los resultados en este sentido son contundentes.

Respecto a los roles de género tampoco se encuentran diferencias en los


comportamientos de estos niños comparados con los hijos de familias heteropa-
rentales (Patterson, 1992). Sin embargo, Stacey y Birbatz sí veían que las hijas de
parejas lesbianas tenían más posibilidades de vestir de forma “unisex” o escoger
profesiones menos “femeninas”. Por ejemplo, en Green y cols. (1986), el 53% de
las hijas de parejas lesbianas aspiraban a ser doctoras, abogadas o astronautas,
frente a un 21% de las hijas de mujeres heterosexuales. Sin embargo, en el caso
de los chicos las diferencias en este campo son menor es, encontrándose sólo
algunos descensos en los juegos preferidos y los niveles de agresividad.

En lo referente a la orientación del deseo, tal y como es de esperar, los hijos


de familias homoparentales tienden a estar más abiertos a plantearse la
posibilidad de que sus propios deseos sean homoeróticos e, incluso, se
presentan porcentajes más altos de experimentación homoerótica. Sin
embargo, no queda claro si los porcentajes finales de chicos y chicas que
acaban definiéndose como LGB son más altos que en la población general.

Lindsay y cols. (2006), revisando la situación en Australia y después de


haber entrevistado a varias familias con madres lesbianas, llegaban a la
conclusión de que constituir una familia homoparental acarreaba dificulta-
des cuando se establecía en entornos especialmente conservadores y que
estas familias solían preocuparse especialmente por llevar a sus hijos a
escuelas donde se aceptase la diversidad cultural y social. También
encontraban que en ocasiones era difícil para los docentes comprender la
situación, y que muchas veces éstos tenían miedo de que los padres de
los otr os estudiantes lo supiesen y “hubiese escándalos”.

Concluimos citando directamente a Stacey y Birbatz:

“Reconocemos los riesgos políticos de señalar que una porción más

99
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

elevada de los hijos de gays y lesbianas pueden también involucrarse en


actividad homosexual. En un mundo homófobo los grupos antigays deplo-
ran estos resultados para denegar la custodia de sus propios hijos a los
padres homosexuales y alimentar a los movimientos que se oponen a los
derechos de los homosexuales. Sin embargo, pensamos que negar esta
posibilidad es una cesión a la ideología heterosexista que puede mostrarse
contraproducente a largo plazo. No es honesto intelectualmente ni sabio
políticamente basar demandas de justicia en datos que pueden probarse
incorrectos empíricamente. Más aún, exigir iguales derechos para los
padres no-heterosexuales no requeriría probar que sus hijos no van a
encontrar retos o dificultades específicos, especialmente cuando estos se
derivan de los prejuicios sociales. El tribunal supremo de los EE.UU.
rechazó este razonamiento cuando condenó la discriminación contra los
matrimonios inter-raciales en Palmore contra Sidote en 1984.”

Factores relacionados y factores protectores

En este epígrafe intentaremos señalar las consecuencias que tiene el


acoso homofóbico tanto a corto como a largo plazo.

Es muy difícil discernir entre los fenómenos causados por el bullying y los
que facilitan que el sujeto sea acosado. Por ejemplo, sufrir agresiones
puede generar un descenso en la autoestima, pero tener una autoestima
baja previamente hace de la víctima un blanco más fácil.

Como hemos visto hasta ahora, existe una relación entre la orientación
sexual minoritaria y la presencia de dificultades psicológicas. Sin em-
bargo, ya hemos mostrado que esta relación no se debe a la orienta-
ción sexual en sí, sino a los efectos que tiene el ambiente sobre los
chicos y chicas con sexualidades minoritarias. Williams y cols. (2005)
constataron este hecho. En su investigación comprobaban que efecti-
vamente las personas LGB o con dudas respecto a su orientación
sexual tenían menor ajuste psicosocial y, además de un entorno hostil,

100
Las víctimas

presentaban también menor cercanía con sus familias y amigos y


menor apoyo social. Una vez controlada la agresión entre iguales y el
apoyo social, la asociación entre ajuste psicosocial y orientación sexual
ya no era significativa.

Gignet y cols, (1990) describían mecanismos que podrían explicar la


asociación entre victimización y sufrimiento psicológico. Estos autores
señalaban que la victimización interfiere con una percepción del mundo
como consistente y ordenado. Para intentar dar consistencia al mundo, la
víctima se pregunta: ¿Por qué yo? Y muchas veces responde con auto-
recriminación y auto-devaluación. Más frecuentemente, la víctima pierde la
sensación de seguridad y se siente indefensa. Los efectos en la salud
incluyen “trastornos del sueño y pesadillas, dolores de cabeza, diarrea,
llanto incontrolable, agitación y fatiga, aumento en el consumo de drogas y
deterioro en las relaciones personales (Citado en Meyer 2003).

Para conocer los efectos que el bullying homofóbico tiene sobre sus
víctimas, se han realizado dos tipos de investigaciones:

- Directas: que entrevistan o estudian a víctimas.

- Indirectas: a partir de los datos sobre población general, intentan detectar a los no heterosexuales
y extraen conclusiones sobre distintos niveles de malestar, aislando los efectos de otras posibles variables.

La primera vía cuenta con los sesgos ya mencionados respecto a la


dificultad de identificar a quienes sufren esta situación. De hecho, se
realizan sobre personas LGB que han “salido del armario”, en grado
suficiente para ser localizadas (por militar en grupos de defensa de sus
derechos, frecuentar lugares de “ambiente”, conocer a otros participantes
de la investigación –procedimiento “bola de nieve”- o más recientemente
conectarse a páginas de internet de temática LGBT) o directamente
personas que acuden a servicios psicosociales por motivos que pudieran
estar relacionados con el acoso sufrido.

101
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

La segunda vía cuenta con el sesgo de que es aún más difícil comprobar
la relación causa-efecto entre el acoso y las supuestas consecuencias, ya
que se sacan conclusiones de estudios a gran escala en los que se
pregunta a los sujetos por temas de salud o bienestar general y también
por su orientación sexual.

En cualquier caso, siempre nos queda la duda de cuántas personas


estamos perdiendo en el camino.

Basándonos en las distintas investigaciones que hemos examinado, de-


tectamos varios campos que se relacionan con el acoso homofóbico y sus
consecuencias:

Apoyo familiar
Sabemos que cuando la familia acepta y respeta las peculiaridades sexua-
les de los chicos y chicas, éstos se lanzan al entorno con mucha más
seguridad. Como educadores, muchas veces vamos a tener que enfrentar
las dudas de padres y madres ante las características de sus hijos y, a
menudo, nos vamos a encontrar con actitudes positivas, pero otras veces
vamos a detectar vergüenza e incluso rabia o desprecio.

Lamentablemente, se ha comprobado que los adolescentes LGB tienen


más posibilidades de sufrir abusos dentro de la familia, como sostienen
Saewick y cols, (2006) tras comparar diversos estudios al respecto. De este
modo, el entorno hostil que tenemos en el centro educativo puede trasla-
darse también al círculo familiar, donde se reproduzcan los comentarios,
mofas o insultos por las características sexuales de cada uno.

Sea como fuer e, un buen ambiente familiar no asegura nada. Hershber-


ger y D´Augelli (1995) en su estudio de los efectos de la violencia
encontraban que el apoyo familiar era efectivo sólo en los casos en los
que la violencia no era muy elevada. En los casos más graves, aunque
una familia que aporta apoyo puede protegernos y paliar los efectos

102
Las víctimas

negativos del acoso, no será suficiente para evitar las consecuencias


negativas de éste.

Tal como proponemos en el próximo apartado, nuestra recomendación es


trabajar la educación sexual también con las familias. Por supuesto no
centrando esta educación en la anticoncepción o dándola a partir de la
adolescencia, sino como un modo de comprender las características
sexuales de nuestros hijos e hijas, su desarrollo y el modo de expresarlas
en todos los campos de la vida.1

Autoestima
La autoestima se relaciona de tres formas con el acoso:

- Como factor protector, cuando es alta.

- Como factor precipitante, cuando es baja.

- Y como factor afectado, cuando la persona es acosada.

Ya hemos visto el modo en que la homofobia afecta a la autoestima de los


chavales LGBT, actuando como homofobia interiorizada y creando una autoima-
gen negativa. A esta percepción distorsionada (o/y negativa) de uno mismo, habrá
que sumar el escarnio público en los casos en que los chicos y chicas sufren
acoso escolar, con la consecuente depreciación aún mayor de la imagen del yo.

Uribe y Harbeck (1991) publicaban el resultado de sus entrevistas a 50


estudiantes homosexuales y encontraban que haber sufrido homofobia en
la escuela estaba relacionado con bajos niveles de autoestima y con
conductas autodestructivas.

1 Enel epígrafe “salir del armario” profundizábamos un poco más e n estos factores y en las dificulta-
des que pueden encontrar los adolescentes LGB para transmitir sus sentimientos a su familia.

103
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Amigos y relaciones sociales


Sabemos que el acoso escolar está íntimamente relacionado con las redes
sociales de la víctima. Es hacia los individuos aislados hacia quienes más
fácilmente pueden dirigirse los ataques, entre otras razones porque no
sabrán a quién pedir ayuda. Hesberg y D´Augelli (1995) indicaban que un
tercio de su muestra de adolescentes de minorías sexuales temía perder
amistades a causa de su condición y casi la mitad afirmaba haber perdido
amistades.

Conductas de riesgo
Las conductas de riesgo están muy relacionadas con la pérdida de
autoestima que se asocia al acoso homofóbico. De hecho son comporta-
mientos que aparecen también en adolescentes que han sufrido otro tipo
de maltrato o dificultades sociales.

En su revisión sobre bullying homofóbico, Rivers (2004) indicaba que estos


patrones aparecen en la mayoría de las investigaciones que había encon-
trado. Especialmente graves para las minorías sexuales son las conductas
de riesgo relacionadas con el erotismo. Bontempo y cols, (2002), en el
estudio que mencionamos anteriormente, hallaron niveles de victimización
y conductas sexuales de riesgo significativamente superiores para el grupo
de chicos LGB.

La explicación a esta situación va en dos direcciones complementarias:


por un lado, la baja autoestima no anima a cuidarse, ni tampoco posibilita
que los adolescentes sean capaces de defenderse de abusos o de
presiones para no tomar precauciones.

Por otro lado, el hecho mismo de que sus relaciones homoeróticas no


estén bien asumidas impide a los chicos hablar claramente con sus
parejas de la prevención de infecciones de transmisión genital. En el caso
de las chicas el riesgo de contraer VIH relacionándose con otras mujeres es
prácticamente inexistente pero, sin embargo, se ha comprobado que aquellas

104
Las víctimas

chicas lesbianas o bisexuales que mantenían relaciones con chico tendían a


proteger menos su salud y utilizaban menos métodos anticonceptivos.

Bontempo y cols, (2002) también encontraban mayor proporción de abuso


de tóxicos en la población LGB o “con dudas”; situación que puede
derivarse de las mismas causas. Reis (1999) observó que uno de cada
siete estudiantes que sufrían acoso homofóbico empezaba a consumir
alcohol u otras drogas y que los que ya lo hacían aumentaban la propor-
ciones de consumo.

Savin-Williams (1994) señala que buena parte de los adolescentes que


ejercen la prostitución masculina lo hacían como forma de escapar de los
abusos y malos tratos que sufrían en sus hogares y en el entorno educati-
vo, aunque esta afirmación no está suficientemente documentada.

Absentismo escolar
Todos los tipos de acoso inducen al absentismo, es decir, a evitar el
territorio amenazante, que en este caso es la escuela o instituto. El bullying
homofóbico no es una excepción.

Garofalo y cols, (1998) encontraban que los adolescentes LGBT tenían 4


veces más probabilidades de practicar el absentismo escolar que sus
compañeros heterosexuales. En el estudio de Bontempo y cols, (2002)
aparecían también datos muy similares.

Reis (1999), cuyo trabajo para la “Safer Schools Coalition of Washington


State” acabamos de mencionar, investigó a la población LGBT desde el
jardín de infancia a decimosegundo grado. Observó que entre quienes
sufrían bullying homofóbico unas tres cuartas partes evitaban áreas del
centro educativo; dos tercios tenía dificultades para atender en clase; un
tercio tenía peores calificaciones; una sexta parte cambiaba de escuela y
un porcentaje idéntico abandonaba la escuela. Además, dos tercios de los
acosados se sentían aislados o solos.

105
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Intento de suicidio
Las conductas suicidas entr e las minorías sexuales han sido muy estudia-
das desde hace varios años. Por tanto, tenemos a nuestra disposición
gran cantidad de datos que señalan que existe una relación entre el acoso
y las ideaciones suicidas. No está claro el porcentaje de chicos y chicas
LGBT que llegan a quitarse la vida a consecuencia del rechazo implícito o
explícito que sienten hacia su forma de ser y sentir. Lo que sabemos es
que muchísimos chicos y chicas se plantean si merece la pena continuar
vivo en un mundo donde no se les acepta ni respeta, y donde se pueden
sufrir agresiones constantes.

Veamos algunos datos:

- El Secretariado de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos publicó, en 1997, un informe
según el cual la tasa de suicidio en adolescentes y jóvenes homosexuales suponía un 30% del total de
suicidios contabilizados (citado en Warwick y cols, 2001). Este mismo estudio concluía que los jóvenes
LGB eran entre 2 y 3 veces más propensos a suicidarse. Sin embargo, numerosos autores consideran
excesiva esta estimación.

- En el Estudio Longitudinal de Salud Adolescente (Russell y Joyner, 2001), realizado con más de
12.000 adolescentes de 134 centros educativos de EE.UU., se encontró que aquellos que expresaban
atracción o relaciones románticas homosexuales presentaban el doble de intentos de suicidio que sus
compañeros. Pese a esto, el 84,6% de los chicos y el 71,7% de las chicas de este tipo no mostraban
tendencias en absoluto. De los 458 jóvenes que manifestaron haber realizado intentos de suicidio, un
15% mostraban atracción homosexual. Cuando se controlaban otros factores que suelen mediar en el
riesgo de suicidio, tales como sentimientos de soledad, depresión, abuso de alcohol, haber tenido
experiencias de suicidio en el entorno cercano o haber sufrido agresiones, se observó que la
asociación entre orientación sexual y tendencias suicidas disminuía pero se mantenía.

- Un 42% de la muestra de personas LGBT estudiada por Hershberger y D`augelli, (1995) había intentado
suicidarse al menos en una ocasión, a causa de agresiones o rechazo por parte de iguales, familia o
comunidad. En este estudio se observa que para aquellos que han sufrido niveles elevados de bullying, el
apoyo de la familia no mitigaba el comienzo de problemas psicológicos o la aparición de ideas suicidas.

106
Las víctimas

- Rivers (2004) estudia 119 sujetos adultos que habían sufrido bullying homofóbico. Un 53% recordaba
haber tenido ideas suicidas o de auto agresión; un 40% llegó a intentar suicidarse o herirse y un 30% en
más de una ocasión.

Síndrome de estrés post-traumático y recuerdos intrusivos en la vida adulta


Rivers (2004) encontró que aquellos sujetos que habían sido víctimas de
bullying homofóbico en la escuela, un 17% presentaban síntomas que
podrían ser catalogados, según el DSM-IV, como estrés postraumático.

Además, un 26% de los sujetos que habían sido víctimas de acoso homofó-
bico continuaban sintiéndose incomodados por recuerdos intrusivos de tales
experiencias durante la escuela. Algunos tenían pesadillas frecuentes relativas
a esas vivencias y aproximadamente un 9% decía tener “flashbacks” o sentir
que revivían aquellos eventos cuando estaban despiertos.

107
6. CÓMO ACTUAR CONTRA
EL BULLYING HOMOFÓBICO

Russell (2001) analiza la orientación sexual de más de 11.000 adolescen-


tes estadounidenses y la relaciona con distintos problemas académicos,
de salud y psicológicos. Sus conclusiones fueron contundentes respecto a
la función del profesorado. El papel de los profesores y su relación con
estos alumnos era definitivo a la hora de determinar la existencia o no de
dificultades.

Coincidimos con esta percepción. Aunque resulta prácticamente inevitable


que la homofobia y la rigidez respecto a los roles de género que se
respiran en nuestra sociedad impregnen también el ámbito educativo, sí es
posible aminorar mucho sus efectos.

Para nosotros, el factor esencial es la transmisión implícita de valores en la


comunidad educativa, por ello hemos dedicado buena parte de este
manual a analizar la realidad sexual de los adolescentes y jóvenes. Si
quienes trabajamos con ellos estamos libres de prejuicios y transmitimos
siempre respeto (¡y conocimiento!) por la diversidad sexual, habremos
dado el gran paso que falta. El acoso homofóbico puede que continúe
siendo un problema, sobr e todo en los ambientes más conflictivos, pero
los adolescentes contarán con la seguridad de tener de su parte a los
docentes. Los agresores, además, dejarán de sentirse amparados por la
ceguera o la tolerancia que actualmente encuentran hacia el bullying
homofóbico.

Una última razón para recomendar que en primer lugar debemos modificar
nuestros conocimientos y actitudes es que, aunque tengamos buena
intención, si transmitimos valores confusos, nuestras intervenciones pue-
den ser contraproducentes. Seal (2002) señala que en varios casos docu-

109
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

mentados, los intentos del profesorado para frenar la homofobia en clase


exacerbaron los rumores y el señalamiento de alumnos concretos, lo cual
llevó a los sujetos consultados a sentirse aún más aislados.

Incluir la diversidad sexual en los reglamentos, planes


de convivencia y demás acciones colectivas de los centros

Diversos estudios realizados en Gran Bretaña encontraban que práctica-


mente ninguno de los centros revisados hacía referencia explícita a los
modos de actuar ante este fenómeno. Es también una recomendación
generalizada en los estudios norteamericanos insistir en la importancia de
que el acoso homofóbico sea tomado en consideración en los documen-
tos reguladores de la convivencia (Adams, 2004).

En nuestro país, por el contrario, la legislación educativa hace mención


explícita al acoso homofóbico, que obligatoriamente ha de s er considera-
do una falta muy grave. Tal como señala, por ejemplo, el decreto 15/2007,
que establece el marco regulador de la convivencia en los centros docen-
tes de la Comunidad Autónoma de Madrid, entre las faltas muy graves
encontramos:

“d) La discriminación, las vejaciones o las humillaciones a cualquier miem-


bro de la comunidad educativa, ya sean por razón de nacimiento, raza,
sexo, religión, orientación sexual, opinión o cualquier otra circunstancia
personal o social.”

Con esta normativa se iguala oficialmente el bullying homofóbico a otras


situaciones de similar gravedad, tales como las agresiones racistas o la
violencia de género.

A pesar de esto, la mayor parte de los centros no considera la diversi-


dad sexual en sus planes y acciones generales, siguiendo la tendencia
ya señalada en otros países. Generalmente, se toma como un asunto

110
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

menor, asumiendo erróneamente que la diversidad del deseo es com-


pletamente minoritaria cuando no inexistente. Puesto que estamos
hablando de un porcentaje significativo de la población, no puede haber
excusas a la hora de abordar el asunto explícitamente en nuestras
acciones educativas.

Cuando la diversidad sexual parezca invisible, éste debe ser un motivo


más de preocupación y no una razón para obviarla.

Favorecer que en nuestros centros se haga mención oficial a la


diversidad sexual, al mismo nivel que la diversidad cultural o económi-
ca, facilitará todas las acciones posteriores que queramos proponer,
desde la organización de jornadas o la intervención de personas
externas hasta la discusión explícita entre los miembros del claustro
de las necesidades de los alumnos que detectemos que requieren
nuestra ayuda.

Programas de entrenamiento anti-bullying para el profesorado

Los profesores sienten que las habilidades para controlar la agresión en


el aula son de gran importancia para el desarrollo de su profesión.
Aproximadamente un tercio siente que no ha recibido suficiente forma-
ción a este respecto y que aprender más les ayudaría a disminuir sus
niveles de estrés y los problemas de conducta del alumnado. Revisando
diversos estudios, Álvarez y cols, (2007) llegan a la conclusión de que
los cambios producidos por el entrenamiento producen mejoras impor-
tantes en las conductas problema y en el ambiente general de aula.

Actualmente el profesorado recibe muy poca formación práctica que le


dote de habilidades para evitar el acoso escolar. Muchos docentes de
centros públicos ni siquiera ha tenido contacto real con las aulas antes
de comenzar a trabajar, y aquellos que han adquirido habilidades lo han
hecho fruto de su propia iniciativa.

111
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Esta circunstancia es constatada por los propios estudiantes, de entre los


cuales, según Diaz-Aguado y cols, (2004), un 34,6% declara que nunca
pediría ayuda al profesorado si sufriera acoso de sus compañeros.
Parece ser que este problema está intentando solucionarse mejorando la
preparación de los futuros profesores y esperamos que así sea. Además,
las Comunidades Autónomas sí están desarrollando planes de formación
del profesorado, con desigual implantación y resultados.

Desde nuestro punto de vista la formación en esta área debe ser eminen-
temente práctica, con dinámicas y ejercicios que permitan al profesorado
experimentar sus habilidades antes de tener que aplicarlas.

Programas de educación sexual dirigidos a profesores, estu-


diantes y familiares

Pese a que la legislación educativa plantea la educación sexual como un


contenido educativo transversal, lo cierto es que la mayor parte de los
profesores pasa por encima de este tema, sin dedicarle más atención que
el estudio de los elementos puramente biológicos de la reproducción.

A nuestro modo de entender, hasta que el profesorado reciba la formación


suficiente, no llegará el momento en que podremos trabajar la sexualidad
de forma transversal; verbigracia, analizando en la asignatura de Lengua
las connotaciones que tienen las palabras y las formas de comunicación, o
en la de Historia la evolución de las relaciones interpersonales.

A lo largo de las páginas anteriores hemos visto que la homofobia está


presente en todos los estratos de la sociedad y hemos constatado que los
chicos y chicas LGBT se sienten, en muchas ocasiones, discriminados por
sus propios profesores. Si queremos que la aceptación de la diversidad
sexual vaya más allá de palabras y actos puntuales, los educadores
debemos revisar nuestras propias actitudes hacia la sexualidad, el lengua-
je que empleamos, nuestros miedos y nuestras dudas.

112
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

Lamentablemente, la sexualidad no recibe la atención que debería por parte


de la universidad y no es una asignatura troncal u obligatoria en todas las
carreras relacionadas con la educación ni es parte de los Cursos de Adapta-
ción Pedagógica. Tenemos la esperanza de que sí se incluya en las nuevas
modalidades de formación del profesorado que se están preparando.

Diversos grupos de profesionales e instituciones llevan a cabo programas de


post grado de educación sexual y algunos centros de formación del profeso-
rado están desarrollando cursos específicos.

Respecto de la educación sexual, pensamos que cualquier programa dirigido


al profesorado debería tener como mínimo los siguientes contenidos:

Contenidos mínimos para la formación del profesorado

- Concepto de sexualidad.
- Sexo y género. Caracteres y roles sexuales.
- Diversidad sexual.
- Desarrollo evolutivo de la sexualidad.
- Multiculturalidad y sexualidad.
- Anatomía de la sexualidad.
- Planificación Familiar.
- Acoso a la diversidad.
- Estrategias prácticas para educar las sexualidades.

Para paliar la carencia que tenemos actualmente en esta área, los centros
recurren a servicios externos, cuyos métodos y planteamientos de base
son muy variados. Pensamos que el papel que pueden jugar grupos
ajenos a los centros puede ser muy positivo, y de hecho esa es nuestra

113
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

experiencia. Al ser un tema tabú, muchas veces los chicos prefieren


tratarlo con personas “ajenas”, formadas específicamente para ello, con
quienes pueden expresar sus problemas o preocupaciones sin miedo a
tener que encontrárselos en su día a día o a que informen a sus familiares.

Sin embargo, si estos programas no se aplican y planifican cuidadosa-


mente pueden crear problemas nuevos o agravar los ya existentes. Cuan-
do la sexualidad es tratada sólo en ocasiones puntuales, de forma hetero-
sexista y centrada en los aspectos genitales o anticonceptivos, estamos
enviando un mensaje que puede llegar a ser más negativo que cuando
directamente la obviamos.

Respecto a la acogida que tienen estas formas de intervención, nuestra


experiencia es que las “polémicas” o las protestas de grupos o familiares
religiosos son cosa del pasado.

Desde nuestro punto de vista, los programas de educación sexual deben


centrarse en los aspectos que hemos tratado hasta ahora, más que en
transmitir únicamente los procedimientos de uso de los distintos métodos
anticonceptivos o listados de infecciones de transmisión genital y sus
síntomas. Pese a que éstos pueden ser temas especialmente graves o
sensibles, la experiencia demuestra en cualquier caso que es más fácil
producir cambios en estas áreas cuando se tienen actitudes positivas
hacia la sexualidad en su conjunto.

Como materiales recomendables para cualquier docente que quiera abor-


dar la sexualidad, recomendamos títulos que pueden obtenerse fácilmente:

- Educación de las Sexualidades. Los puntos de partida de la educación sexual. Carlos de la Cruz. Edita:
Cruz Roja Juventud. 2003. (Disponible gratuitamente en Internet).

- Situaciones Embarazosas. Claves para situarse y prevenir embarazos no deseados. Carlos de la Cruz.
Consejo de La Juventud de España. 2003.

114
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

- La educación sexual de la primera infancia. Guía para madres, padres y profesorado de Educación
Infantil. Graciela Hernández Morales y Concepción Jaramillo. Edita: Ministerio de Educación y Ciencia.
2006. (Disponible gratuitamente en Internet).

- La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años. Guía para madres, padres, y profesorado de
educación primaria. Graciela Hernández Morales y Concepción Jaramillo. Edita: Ministerio de Educación y
Ciencia. 2006. (Disponible gratuitamente en Internet).

- Ni ogros ni princesas. Guía para la educación afectivo-sexual en la ESO. VV.AA. Edita: Gobierno del
Principado de Asturias. 2007. (Disponible gratuitamente en Internet).

- La Educación Sexual. Félix López. Edita: biblioteca Nueva. 2005.

- Sexo con sentido: para jóvenes. Isabel Serrano. Edita: Síntesis 2007.

Actividades y recursos educativos

Trabajar con adolescentes y jóvenes sobre temas éticos puede llevarnos


fácilmente a que tengan la sensación de estar siendo adoctrinados (“la
típica charla”) y no tomen en serio los temas que se están trabajando. Por
esta razón la educación en valores y concretamente la educación sexual
recurren a menudo a dinámicas grupales, uso de video-forums, etc.

El Consejo de la Juventud edita periódicamente guías gratuitas que pueden


descargarse desde su página web www.cje.org con actividades sencillas
para poner en práctica. También facilita material audiovisual. En los últimos
años no hemos encontrado gran cantidad de material destinado a prevenir
específicamente el bullying homofóbico, aunque en 2007 se editó el cómic:
“La Vida de Guille”, acompañado de la guía didáctica: “El amor y el sexo no
son de un solo color” (De la Rosa y cols, 2007). Este es un recurso muy fácil
de emplear con los adolescentes para debatir y presentar las tribulaciones de
un chaval como ellos, bien integrado y sociable, per o a quien su orientación
sexual pone en algunas tesituras difíciles y a veces ridículas.

115
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

A nuestro alrededor tenemos muchas herramientas que pueden sernos


útiles para debatir sobre diversidad sexual. Podemos acudir a revistas para
adolescentes (hoy en día, Loka o Vale, como era hace años Super Pop),
series televisivas de moda entre ellos, videoclips o entrevistas a personajes
famosos, cómic, etc.

Al usar estos materiales es importante tener en cuenta algunos puntos:

- Deben ser lo más actuales posible si queremos que los alumnos se identifiquen con ellos. Aunque pueda
parecernos que videos o imágenes de hace cuatro años son “modernos”, pierden mucha de su fuerza porque los
personajes no van vestidos a la moda y pueden utilizar un lenguaje desfasado (decir “tronco” quedaba muy bien
en los cortos de los 90, pero de eso hace 15 años y muchos de nuestros alumnos no habían nacido).

- A ser posible debemos emplear materiales donde las personas LGB no aparezcan constantemente como
víctimas, sino que tengan dificultades como el resto de las personas, algunas de las cuales son absurdas y
podemos evitar entre todos.

- También debemos evitar recursos dónde se potencien especialmente los estereotipos sobre las personas LGB.

- Si los protagonistas son también adolescentes y jóvenes, nos resultará más sencillo dirigir los debates
hacia el qué harías tú si fueses…

Según Smith (2000), un 60% de los estudiantes de primaria y secundaria


que habían utilizado materiales destinados a la prevención del bullying
decía tener más cuidado a la hora de tratar a sus compañeros. Además,
según va pasando el tiempo después de la exposición, y si no mantene-
mos un trabajo constante, las conductas negativas van reapareciendo.

Programas específicos sobre diversidad sexual dirigidos


a estudiantes, familiares y profesores

Aunque la diversidad sexual debiera ser uno de los núcleos centrales de la


educación sexual, -en realidad, es difícil separar este fenómeno del resto-,

116
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

en muchas ocasiones es necesario implantar programas destinados espe-


cíficamente a conocer y fomentar el respeto a la diversidad. Será especial-
mente necesario implementar este tipo de programas cuando la “educación
sexual” que se proporcione a nuestros alumnos esté centrada en aspectos
reproductivos o genitales (lo que lamentablemente es frecuente).

Varias asociaciones y organizaciones LGBT están desarrollando progra-


mas con voluntarios que realizan talleres en las aulas. Estos programas
tienen la ventaja de poner en contacto al alumnado con personas adultas
que pertenecen a minorías sexuales y pueden hablar de ello sin dificultad.
Pese a que cualquier profesional puede trabajar la homofobia cognitiva y
afectiva, ya hemos dicho que para erradicar esta última es importante el
contacto con personas LGBT normalizadas.

Por otra parte, la formación del profesorado a este respecto es muy


escasa, tal como ya señalábamos anteriormente. En este sentido las
dificultades comienzan en las facultades relacionadas con el ámbito edu-
cativo donde los contenidos relacionados con la diversidad sexual apare-
cen, cuando lo hacen, de forma dispersa y poco estructurada (Gallardo y
Escolano, 2009). Es una tarea pendiente incluir esta materia en los planes
de formación del profesorado de manera sistemática.

Algunos títulos dirigidos específicamente a este objetivo son:

Unidad Didáctica sobre homosexualidad. Fundación Triángulo.1998. (Disponible gratuitamente en internet).

Diferentes Formas de Amar. Guía para educar en la diversidad afectivo-sexual. VV.AA. Edita: Federación
Regional de Enseñanza de Madrid CC.OO. y COGAM (Disponible gratuitamente en Internet).

Herramientas para combatir el bullying homofóbico. Raquel Platero y Emilio Gómez. Edita: Talasa. 2007.

Expectativa de Diversidad. Carlos de la Cruz. Edita: Consejo de la Juventud de España. 2005 (Disponible
gratuitamente en la página web del CJE).

117
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

Cuaderno para Trabajar en el Tiempo Libre el Prejuicio Hacia la Homosexualidad y el Lesbianismo. Lala
Mújica. Edita: Aldarte. 2004.

Educar en Valores. El Respeto a la Diferencia por Orientación Sexual. Julián Alonso. Edita: Xente Gai
Astur. 2002.

Guías didácticas para profesores y adolescentes “El Amor y el Sexo No Son de Un Solo color”. De la
Rosa y cols, Edita: Federación regional de Enseñanza de CC.OO. de Madrid y COGAM. (Disponible
gratuitamente en internet).

Unidad Didáctica sobre Transexualidad para Jóvenes y Adolescentes. COGAM. (Disponible gratuitamente
en internet).

Además de estos títulos, de forma periódica aparecen en la web nuevos


recursos, por lo que proponemos a quien esté interesado que realice una
búsqueda para comprobar si ha aparecido algún nuevo material interesante.

Fomento del asociacionismo

“Yo tengo 14 años, y tengo q admitir q es muy difícil decir q eres gay, por lo q puedan
pensar o hacerte. Es una etapa muy dura la adolescencia sobre todo si eres homosexual,
porq empiezas a preguntarte: ¿me comprenderan?, ¿me ayudaran? ¿lo podran aceptar?

Pero no tenemos q avergonzarnos por lo q somos, hay q ser fuertes, y aceptarlo cuanto
antes, salir del armario lo antes posible, y luchar porq nos acepten, no nos podemos
quedar aparentando lo q no somos, hay q luchar por lo q somos y seguir adelante. No nos
dejemos pisotear!!!!!”

Extraído del blog “Pisando Fuerte”. www.adolescentesglbt.blogspot.com

Tradicionalmente, ha existido cierto temor por parte de las organizaciones


LGBT a la hora de acoger en su seno a adolescentes. La visión social de
que la sexualidad y muy especialmente el homoerotismo es algo “de

118
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

adultos” impedía dar pasos firmes hacia la integración de los más jóvenes
en la lucha por sus derechos.

Desde aquí queremos animar a superar esa barrera que ni la legisla-


ción ni el sentido común sustentan. Y a hemos visto que el aislamiento
social es una de las mayores causas de sufrimiento para estos chicos
y chicas, que muchas veces tienen conciencia de sus peculiaridades
desde el principio de la adolescencia. En algunos lugares de EE.UU.
empiezan a aparecer en los institutos la asociaciones de estudiantes
que trabajan estas áreas, asociaciones que incluyen además a alum-
nos heterosexuales. Lo ideal sería que los alumnos interesados en la
sexualidad pudiesen organizarse en el propio centro, haciendo uso de
las instalaciones y recursos que este ofrezca. De hecho, si los chicos
y chicas están interesados pueden formarse para ser ellos mismos
quienes desarr ollen actividades informativas para el resto de sus
compañeros aprovechando jornadas u horarios de tutoría.

Cuando no exista suficiente cantidad de personas interesadas o no sea


posible por otras razones, podemos invitar a los estudiantes a asociarse a
los grupos específicos que haya en el entorno. Lamentablemente, esto
sigue siendo difícil fuera de las ciudades, pero cada vez es más frecuente
encontrar grupos de este tipo en zonas rurales.

En Madrid encontramos un interesante ejemplo de asociacionismo, que


además incluye a un profesor: la tutoría de diversidad sexual de Rivas
Vaciamadrid. Los resultados de esta experiencia pionera han llevado a
varios centr os educativos de otras localidades a plantearse la posibili-
dad de importarla. Según Generelo y cols. (2007), las funciones de esta
tutoría serían:

- Observatorio de la homofobia en el centro.

- Lugar de promoción de actividades relativas a la diversidad.

119
Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico

- Punto de información y asesoramiento a educadores y progenitores.

- Espacio para entrevistas y citas con alumnos LGBT (también se propone hacerlo por e-mail para facilitar
el anonimato).

Por último, está apareciendo un número cada vez mayor de páginas


web destinadas específicamente a adolescentes LGBT, algunas crea-
das por instituciones y asociaciones, y otras desarrolladas por los
propios adolescentes y jóvenes. Esperamos que todas estas iniciati-
vas sean solamente el principio.

Aplicación específica de los protocolos y programas anti-bullying

No hemos tenido noticia hasta el momento de la elaboración, aplicación y


evaluación de protocolos específicos para el bullying homofóbico. De todos
modos, los protocolos que han demostrado ser eficaces con otras formas de
acoso escolar también pueden ser válidos con el bullying homofóbico.

Una acción añadida ante situaciones de bullying homofóbico debiera ser


dedicar unas sesiones de educación sexual a los grupos implicados. Más allá
de frenar las agresiones o la exclusión de uno o varios alumnos, debemos
trabajar los prejuicios y el clima que favorecen tales agresiones, generando
conciencia en el alumnado de que estamos ante un problema que nos afecta
a todos, pues todos tenemos características “intersexuales” en uno u otro
grado o nos salimos de la “norma” sexual establecida.

En nuestro entorno, la mayoría de los programas generales contra el


acoso o la violencia no hacen mención específica al bullying homofóbico.
En otros países sin embargo ya aparece reflejado en los protocolos
generales de intervención. Por ejemplo, el “pack anti- bullying”, del Depar-
tamento de Educación y Empleo de Reino Unido “Don´t Suffer in Silence”,
dedica un apartado específico a este asunto, igual que a la discriminación
racista o hacia alumnos con necesidades educativas especiales.

120
Cómo actuar contra el bullying homofóbico

Maria José Diaz-Aguado (2005) aplicó y evaluó en la Comunidad de


Madrid, con resultados muy positivos, un programa de siete sesiones
contra la violencia. Este programa puede conseguirse gratuitamente a
través del INJUVE y en su página web. Los materiales incluyen tres libros y
un video.

Ante agresiones consumadas, si aplicamos alguno de los protocolos anti-


bullying existentes, es importante que nos planteemos cómo abordar la
orientación sexual de la víctima cuando el tema se plantease explícitamen-
te. Nuestra propuesta es que procuremos desarrollar toda la intervención
sin entrar en “confirmar” o “desmentir” esta cuestión, puesto que no es el
centro del problema.

Como forma adicional de trabajar con los agresores, proponemos que se


les ofrezcan alternativas al castigo tales como acercarse a organizaciones
o recursos LGBT. De nuevo insistimos en que el contacto con personas
que asumen abiertamente sus peculiaridades sexuales fomenta el respeto
y la comprensión de la diversidad. Para evitar complicaciones puede ser
oportuno trasladar esta alternativa a los padres o tutores legales de los
agresores.

No queremos finalizar sin repetir la reflexión que hacíamos antes, invitando


a los profesionales a evitar la exclusión y marginación social de los agreso-
res. En los tiempos que corren es fácil caer en la dicotomía de “o con unos
o con otros”, cuando nuestra función es mediar y educar, nunca juzgar.

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