C a p ítu lo III
D E L IT O S C O N T R A LA S A L U D
SUMARIO: Subcapítulo 1: Consideraciones generales: 1. Preliminares.
2. Concepto del bien jurídico salud. 3. El bien jurídico del delito de lesio
nes en el sistema penal peruano. Subcapítulo 2: Lesiones graves: 1 . Tipo
penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Circunstancias que califican la lesión
como grave. 2.2. Lesiones graves seguidas de muerte. 2.3. Si la víctima
cumple función especial. 2.4. Bien jurídico protegido. 2.5. Sujeto activo.
2.6. Sujeto pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Antijuridicidad. 5. Culpabili
dad. 6. Consumación. 7. Tentativa. 8. Penalidad. Subcapítulo 3: Lesiones
graves a menores y parientes: 1. Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1.
Bien jurídico protegido. 2.2. Sujeto activo. 2.3. Sujeto pasivo. 3. Tipici
dad subjetiva. 4. Penalidad. Subcapítulo 4: Lesiones leves: 1. Tipo pe
nal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Bien jurídico protegido. 2.2. Sujeto activo.
2.3. Sujeto pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Lesiones simples seguidas de
muerte. 5. Antijuridicidad. 6. Culpabilidad. 7. Consumación. 8. Tentativa.
9. Penalidad. Subcapítulo 5: Lesiones simples a menores y parientes: 1.
Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Sujeto activo. 2.2. Sujeto pasivo. 3.
Tipicidad subjetiva. 4. Lesiones leves a parientes seguidas de muerte. 5.
Penalidad. Subcapítulo 6: Lesiones con resultado fortuito: 1. Tipo penal.
2. Tipicidad objetiva. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Penalidad. Subcapítulo 7:
Lesiones culposas: 1 . Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Lesiones cul
posas agravadas. 2.2. Bien jurídico protegido. 2.3. Sujeto activo. 2.4. Suje
to pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Consumación. 5. Procedimiento para
la acción penal. 6. Penalidad. Subcapítulo 8: Lesiones al feto: 1 . Cuestión
preliminar. 2. Tipo penal. 3. Tipicidad objetiva. 3.1. Bien jurídico tutela
do. 3.2. Sujeto activo. 3.3. Sujeto pasivo. 4. Tipicidad subjetiva. 5. Consu
mación y tentativa. 6. Penalidad.
Subcapítulo 1
Consideraciones generales
1. PRELIMINARES
Después de haberse analizado dogmáticamente todos los hechos pu
nibles que nuestro legislador ha previsto como actos que ponen en peligro
197 ■
Ramiro Salinas Siccha
o lesionan la vida dependiente o independiente de las personas, correspon
de ahora hacer un estudio dogmático de los ilícitos penales debidamente
regulados en el Capítulo III del Título Primero del corpus jurispenale, que
se etiqueta con el nomen iuris de “lesiones”.
En la doctrina del derecho punitivo aparecen hasta dos posiciones en
contradas que tratan de señalar y sustentar el bien jurídico que el Estado
pretende proteger o tutelar cuando tipifica como injusto penal las diversas
modalidades de lesiones. En efecto, la posición tradicional y la más avanzada.
La posición tradicional y por ello mayoritaria, sostiene que en los ilí
citos de lesiones se trata de proteger hasta dos bienes jurídicos totalmente
identificables y diferenciables como son la integridad física y la salud de la
persona. En tanto que la teoría más moderna y aún con pocos seguidores
como Rodríguez Devesa, Quintano Ripollés y con Ignacio Berdugo Gó
mez de la Torre como el más representativo!309), sostiene que el único bien
jurídico que se pretende proteger con la tipificación de las diversas modali
dades de lesiones es la salud de las personas. En efecto, como aparece obje
tiva y científicamente, cualquier ataque a la integridad física o mental de la
persona trae como efecto inmediato una afección a su salud. De modo que
todos los supuestos que el legislador ha previsto como delito de lesiones
hacen referencia a distintos aspectos de un único bien jurídico de mayor
amplitud como lo es la salud de las personas. En consecuencia, no tiene
algún sentido práctico identificar a la integridad corporal y la salud de la
persona como bienes jurídicos distintos.
Nosotros nos adherimos a la teoría avanzada debido a que se sustenta
en circunstancias científicas y contrastables objetivamente y, a la vez, por
tener asidero en nuestro sistema jurídico nacional. Si aceptamos que la vul
neración de la integridad física trae como consecuencia inmediata una afec
ción a la salud del que la sufre, automáticamente se descarta la posibilidad
de estar frente a dos bienes jurídicos diferenciables como son la integridad
física y mental, por un lado; y la salud, por otro. De modo alguno podemos
señalar que el ataque a uno de ellos tiene diferentes efectos en la persona.
La salud del lesionado resulta al final el aspecto que se perjudica. De igual
parecer son Bramont-Arias Torres y García Cantizano!310), siguiendo al
español Berdugo de la Torre, al indicar que a pesar de la distinción, en reali
dad, se trata de un solo bien jurídico: la salud (física o psicológica).
1309) Berdugo Gómez De La torre, 1 994.
<31°> Bramont-A rias Torres/ garcía cantizano , 1997, p. 97.
■ 198
Delitos contra la salud
Por otro lado, entendiendo que daño o perjuicio a la integridad fí
sica de la persona es cualquier modificación más o menos duradera en el
organismo de la víctima, que trae como consecuencia ipso facto la afección
o deterioro a la salud del que la sufre, debe concluirse que esta última en
tidad es el bien jurídico que el legislador nacional pretende proteger con la
tipificación de las diversas conductas delictivas de lesiones recogidas en el
código sustantivo. Ello aun cuando en la realidad nuestro legislador no ha
sido consciente.
2. CONCEPTO DEL BIEN JURÍDICO SALUD
La salud de la persona puede ser definida como el estado en el cual
esta desarrolla todas sus actividades, tanto físicas como psíquicas, en forma
normal, sin ninguna afección que le aflija. Según el artículo I del Título
Preliminar de nuestra Ley General de Salud N° 26842, de 20 de julio de
1997, la salud es la condición indispensable del desarrollo humano y medio
fundamental para alcanzar el bienestar individual y colectivo.
Refiere Berdugo Gómez de la Torre que la salud es el estado en el que
una persona desarrolla normalmente sus funciones, entendiendo por fun
ción el ejercicio de un órgano o aparato. En el Perú, a nivel constitucional
se ha reconocido como uno de los derechos principales el libre desarrollo
y bienestar de las personas. Resulta impensable que un daño a la integridad
física no afecte la salud del que la sufre, en cambio, es perfectamente posi
ble que una afección a la salud no afecte en nada a la integridad física. In
cluso, Roy Ereyreí311) que sustenta la posición tradicional, asevera que “ge
neralmente el daño en el cuerpo trae consigo un daño en la salud, sin que
esta afirmación signifique negar la existencia independiente del último”.
La salud de las personas es perfectamente identificable como el bien
jurídico protegido en las diversas modalidades delictivas de lo que se co
noce con la etiqueta de lesiones. Esta puede ser vulnerada por una modi
ficación en su normal funcionamiento, por ejemplo, incapacidad para el
trabajo, o por un menoscabo en la integridad corporal de la persona agra
viada, que le disminuye seriamente sus facultades o capacidad para cumplir
con sus funciones físicas normales como son, por ejemplo, fractura de un
miembro inferior, la desfiguración de rostro, etc.
No obstante, el bien jurídico en el hecho punible de lesiones tiene
aspecto relativo, debido a que posee caracteres peculiares en cada persona.13
131'I ROY FREYRE, 1989, p. 301.
199 ■
Ramiro Salinas Siccha
La salud de una persona no siempre presentará el mismo contenido en otra.
En efecto, distinto es el contenido concreto de la salud en un joven que en
un anciano, en una persona que sufre una enfermedad o una tara física o
mental que en aquella que no la padece.
3. EL BIEN JURÍDICO DEL DELITO DE LESIONES EN EL SISTEMA PENAL
PERUANO
No obstante, nuestro legislador del Código Penal de 1991, siguiendo
la posición mayoritaria, ha dispuesto como bienes jurídicos equivalentes
la salud de la persona y la integridad corporal. Ello se explica por el hecho
concreto que los autores de los proyectos del citado documento legislativo
sustentan la posición mayoritaria. Incluso, tal posición doctrinaria preva
leció en la Constitución Política del Estado de 1993, al prescribir taxati
vamente en el inciso 1 del artículo 2 que toda persona tiene derecho a su
integridad moral, psíquica y física, y a su libre desarrollo y bienestar. En
tal sentido, y para fines del presente trabajo, no queda otra alternativa que
seguir aquellos lineamientos con la finalidad de no apartarnos ni distorsio
nar nuestro objetivo principal cual es hacer dogmática del contenido del
Código Penal peruano.
En esa línea, no compartimos posición con Bramont-Arias Torres y
García Cantizano(il2>, cuando enseñan que la tesis según la cual habría un
único bien jurídico en el delito de lesiones, entendido como salud en tér
minos amplios, no constituye una interpretación contraria a lo dispuesto
por nuestro Código Penal. Resulta ingenuo tratar de desconocer la realidad
o quizá justificar al legislador, cuando lo real y contundente resulta que
según la redacción de nuestro Código Penal, las diversas modalidades del
delito de lesiones tienen como bienes jurídicos a la integridad corporal y la
salud, e incluso en forma equivalente, aun cuando la mayor de las veces el
correlato anatomofisiológico sea evidente(J1J).
Las lesiones para constituir ilícito penal y ser imputadas a determi
nada persona a título de dolo deben tener el objetivo de dañar la salud o
la integridad corporal del que la sufre. En el hecho concreto, si el objetivo
de causar perjuicio en la salud o la integridad corporal de la víctima no se
verifica, el injusto penal de lesiones no se configura. En esta línea de inter
pretación, resultan atípicas las lesiones producidas por los profesionales de
(3' 2> Bramont-A rias Torres/G arcIa Cantizano , 1997, p. 99.
(313) VILLA STEIN, 1997, p. 185.
■ 200
Delitos contra la salud
la medicina cuando con el propósito loable de curar o buscar una mejora en
la resquebrajada salud de su paciente, a consecuencia de una intervención
quirúrgica, las ocasionan. A lo más, estas si llegan a comprobarse que se
debieron a una falta de cuidado al momento de la intervención serán impu
tadas al médico a título de culpa.
Subcapítulo 2
Lesiones graves
1. TIPO PENAL
Las diversas conductas delictivas que configuran lesiones graves es
tán tipificadas en el artículo 121 del código sustantivo, el mismo que con
la modificación producida por la Ley N° 28878 del 17 de agosto de 2006,
tiene el siguiente contenido:
El que causa a otro daño grave en el cuerpo o en la salud, será reprimido con
pena privativa de libertad no menor de cuatro ni mayor de ocho años. Se
consideran lesiones graves:
1. Las que ponen en peligro inminente la vida de la víctima.
2. Las que mutilan un miembro u órgano principal del cuerpo o lo hacen
impropio para su función, causan a una persona incapacidad para el
trabajo, invalidez o anomalía psíquica permanente o la desfiguran de
manera grave y permanente.
3. Las que infieren cualquier otro daño a la integridad corporal o a la
salud física o mental de una persona que requiera treinta o más días de
asistencia o descanso, según prescripción facultativa.
Cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión y si el agente pudo
prever este resultado, la pena será no menor de cinco ni mayor de diez años.
Cuando la víctima es miembro de ia Policía Nacional del Perú o de las
Fuerzas Armadas, Magistrado del Poder Judicial o dei Ministerio Público, en
el cumplimiento de sus funciones, se aplicará pena privativa de libertad no
menor de cinco ni mayor de doce años.
2. TIPICIDAD OBJETIVA
La acción típica de lesiones graves se configura cuando el agente por
acción u omisión impropia causa, produce u origina un daño grave en la
integridad corporal o salud del sujeto pasivo. El profesor Luis Bramont-
201 ■
Ramiro Salinas Siccha
Arias*314), comentando el tipo penal de lesiones graves del Código Penal
derogado de 1924, señalaba que consiste en “la causación de cualquier re
sultado que deje una huella material en el cuerpo o una alteración funcional
en la salud de la persona ofendida”.
Se entiende por daño a la integridad corporal toda alteración anormal
en la estructura física o anatómica de la persona. En otros términos, daño
en el cuerpo se entiende cualquier modificación, más o menos duradera, en
el organismo de la víctima. El daño puede ser externo o interno, y carece de
importancia para su configuración, que exista o no derramamiento de san
gre. Sin embargo, el detrimento en la contextura física debe ser anormal,
esto es, que tenga incidente en la eficacia vital del cuerpo humano. Por lo
tanto, la alteración de parte del cuerpo que no afecta la vitalidad o que no
tenga incidencia en ella, no constituye lesión, por ejemplo, el corte de ca
bellos, de barba, de uñas (que son partes que están destinadas a ser cortadas
normal y periódicamente) no configuran delito de lesiones, pero sí puede
constituirse en otro delito como el de injuria.
En tanto que daño a la salud se entiende como una modificación fun
cional del organismo. Afecta el desarrollo funcional del organismo huma
no, sea en su aspecto físico como mental. Por lo tanto, cualquier detrimen
to o perturbación en el organismo que afecte su desarrollo o equilibrio
funcional constituye un daño en la salud tipificable como delito*315).
En otro aspecto, de la redacción del tipo penal se evidencia en forma
clara que las autolesiones no constituyen injusto penal de lesiones. El tipo
comienza indicando que el daño debe ser “a otro”, es decir, la acción de
lesionar debe estar dirigida a un tercero. Si uno mismo se causa las lesiones
en el cuerpo o en la salud no se configura el delito de lesiones y menos en
su modalidad de graves.
Las cualidades o características de los medios o elementos empleados
para la materialización de la conducta delictiva de lesiones graves carecen
de relevancia al momento de calificar los resultados producidos sobre la
integridad corporal y salud de la víctima. Es posible la utilización de cual
quier medio. La lesión se torna en grave por su misma magnitud, sin im
portar el objeto con el cual fue causado. Los medios, instrumentos, formas
o especiales circunstancias solo tendrán trascendencia cuando el juez se
encuentre en el momento de individualizar y graduar la pena a imponer ali
i314) Bramont A rias, 1990b, p. 37.
(315) Vid. BUOMPADRE, 2 0 0 0 ,1, p. 206.
■ 202
Delitos contra la salud
agente, que ha encontrado responsable penalmente de la lesión grave des
pués del debido proceso.
De acuerdo con nuestro sistema jurídico, la integridad corporal y la
salud no son bienes o intereses fundamentales de libre disposición por las
personas. En tal sentido, el consentimiento de la víctima para que el su
jeto activo le cause lesiones en su integridad corporal o salud carece de
relevancia para la configuración del delito, esto es, aun cuando la víctima
haya dado su consentimiento para que otro le ocasione o cause lesiones
graves, el delito se configura. Incluso, así el agraviado pretenda justificarlas
o abdique en reclamar alguna indemnización, al ser un delito de acción pú
blica, el debido proceso penal se iniciará y se continuará hasta que se dicte
resolución final en contra el autor de las lesiones graves. El consentimiento
de la víctima solo servirá como atenuante al momento de individualizar y
graduar la pena.
2.1. Circunstancias que califican la lesión como grave
a. Poner en peligro inminente la vida del sujeto pasivo. Esta califican
te aparece en el inciso 1 del artículo 121 del Código Penal. Se entiende que
la lesión se considerará grave cuando el daño ocasionado o producido en la
integridad corporal o en la salud de la víctima, le pone en serio, concreto e
inminente peligro su vida.
Peligro inminente a la vida debe ser entendido como la probabilidad
concreta y presente que a consecuencia de la lesión producida se origine
un resultado letal. El peligro de muerte debe ser actual, serio, efectivo y no
remoto o meramente presumido. El peligro inminente será reconocido por
síntomas objetivamente demostrables y en referencia a las funciones más
importantes de la vida orgánica!316). Lo cual significa que no es suficiente
que la lesión o daño producido sea apta “en sí” para poner en peligro la vida
de la víctima, sino que será indispensable verificar, en el caso concreto, un
peligro concreto para la vida de aquella!317). En consecuencia, si la lesión
producida en una persona no pone en peligro su vida en algún momento de
su evolución, por más horror que cause en sí misma, por su propia natura
leza, no se configurará la modalidad delictiva en comentario.
b. Mutilación de un miembro u órgano principal del cuerpo. Antes
de exponer en qué consiste esta modalidad delictiva, resulta necesario en
(316) Basado en Nelson Hungría, BRAMONT ARIAS, 1990, II, p. 43.
(3,7) Siguiendo a MEZGER, Roy Freyre, 1989, p. 310.
203 ■
Ramiro Salinas Siccha
tender o saber los conceptos de “miembro” u “órgano” que se utiliza en
la construcción de la circunstancia agravante del delito de lesiones graves.
Biológicamente, se entiende como miembro a cualquiera de las ex
tremidades del hombre articuladas con el tronco, destinadas al ejercicio de
las funciones de relación, los miembros son cuatro: dos inferiores y dos
superiores. En tanto que órgano es cualquiera de las partes del cuerpo que
ejercen una función específica, por ejemplo, la vista, los oídos, etc.
En ese sentido, se configura como graves las lesiones cuando el agen
te mutila, amputa o cercena algún miembro u órgano principal del sujeto
pasivo. También se configura esta modalidad agravada cuando a consecuen
cia de la acción del agente, se mutile o ampute por prescripción médica, un
miembro u órgano principal de la víctima. Así se pronuncia la Sala Penal
Permanente de la Corte Suprema en la Ejecutoria del 5 de setiembre de
2005, al argumentar que: “la lesión que causó es gr a v e p o rq u e importó, p o r el
m ed io em plea do y la zona afectada, la pérd id a d e la piern a izquierda, siendo
d e ap licación el inciso dos d el artículo 121 d el C ód igo Penal".
La mutilación o cercenamiento de alguna parte de la persona es p e r se
de suma gravedad, siendo más evidente la gravedad cuando se produce so
bre un miembro u órgano que realiza una función principal para la víctima.
Los efectos de la mutilación de un miembro u órgano trascendente
para la vida en relación al que la sufre, deja a este en la imposibilidad de va
lerse por sí mismo o de ejecutar las funciones naturales que antes ejecutaba.
Un ejemplo típico de imposibilidad de ejecutar las funciones naturales, es
la castración producida ya sea en un hombre o en una mujer. Nunca más
podrá realizar su función natural de procreación.
Bramont-Arias Torres y García Cantizanol318) han señalado que la
distinción sobre la importancia del miembro u órgano se deducirá desde el
bien jurídico y según la importancia que revista para la salud del sujeto pa
sivo. De ese modo, un criterio de distinción será necesariamente de natura
leza funcional. Así, por ejemplo, para un pianista un dedo reviste carácter
principal, pues su amputación afecta gravemente su estado de bienestar.
Siendo que la distinción o calificación será realizada por el Juzgador en
cada caso concreto.
c. Hacer impropio para su función a un miembro u órgano principal.
Estos supuestos se producen cuando la lesión origina invalidez e inutili
zación del órgano o miembro principal de la víctima. La lesión ocasionada
<318> Bram ont -A rias torres/ garci'a c a n t iz a n o , 1997, p. 104.
■ 204
Delitos contra la salud
hace inapto al órgano o miembro para la función que desempeña normal
mente. Aquí no es necesaria la amputación, sino simplemente hacerle inap
to o impropio para su función normal. En otros términos, hacer impropio
para su función significa que el sujeto pasivo queda en la imposibilidad de
valerse de algún miembro u órgano importante a consecuencia de la lesión,
sin necesidad de que haya sido cercenado.
Nada precisa el tipo penal respecto al tiempo que debe durar la im
propiedad de la función de un miembro u órgano importante, no obstante,
interpretando sistemáticamente y tomando en cuenta la drasticidad de la
pena a la que se hace merecedor el agente, se concluye que la impropie
dad debe ser permanente y total. En consecuencia, la opinión médica será
necesaria al momento de decidir si la invalidez del órgano o miembro es
permanente e irreversible y total.
Si en un caso concreto se concluye que la impropiedad para la función
de un órgano o miembro es temporal o parcial, es decir, subsiste pero en
una forma disminuida, se descartará la lesión grave!319).
Ejemplos típicos de esta modalidad de lesión grave son la parálisis, la
pérdida de la visión, pérdida de la capacidad para el coito (impotencia), la
esterilidad, etc.
d. Causar incapacidad para el trabajo. Para explicar este supuesto,
resulta primordial diferenciar los términos de total, parcial, permanente y
temporal, ello a fin de no utilizarlos en forma confusa y, por ende, confun
dir al operador jurídico.
En primer lugar, se acepta que la incapacidad para el trabajo puede ser
parcial y total. Habrá incapacidad parcial cuando el sujeto pasivo a conse
cuencia de la lesión, sufre una disminución en su capacidad laboral, es decir,
sigue laborando, pero lo hace en menor intensidad con ocasión de la lesión.
En tanto que habrá incapacidad total cuando la víctima a consecuencia de la
lesión sufrida, pierde en forma general y total la capacidad para el trabajo,
esto es, de ningún modo puede desempeñarse en el trabajo que venía reali
zando hasta antes de la lesión.
Por otro lado, también existe la distinción entre incapacidad tempo
ral y permanente. Será temporal cuando la incapacidad solo es por tiempo
determinado o definido; en cambio, será permanente cuando la pérdida de
la capacidad para el desempeño de un trabajo es irrecuperable, es decir, la
víctima no podrá volver a cumplir función laboral.
i319> Bramont Arias, 1990, p. 48.
205 ■
Ramiro Salinas Siccha
En el momento de calificar los hechos y determinar si estamos ante
una incapacidad para el trabajo total o parcial y temporal o permanente, es
conditio sine qua non la existencia de un pronunciamiento médico legal.
Corresponde a los médicos legistas orientar al fiscal y después al juez, en la
magnitud de la incapacidad laboral producida en la víctima a consecuencia
de la lesión.
Haciendo interpretación sistemática de todos los supuestos que re
coge el inciso 2 del artículo 121 del Código Penal, se concluye que debe
tratarse de una lesión que origine incapacidad para el trabajo total y per
manente. De ese modo, creemos que no es acertado sostener que la inca
pacidad a la que alude la disposición puede ser permanente o parcial como
entiende Villa Stein<320).
Al no hacer distinción el legislador en cuanto a qué tipo de trabajo
debe quedar imposibilitado de realizar el sujeto pasivo con ocasión de la
lesión, debe entenderse que se refiere al trabajo en general. Técnicamente
es una fórmula más eficiente. Hacer distinciones de acuerdo a la función
que cumple la víctima hasta antes de sufrir la lesión, es desde todo punto
arbitrario y lleva a cometer excesos como sostenía Peña Cabrera!321). En
efecto, interpretar de otra manera el supuesto en comentario conduce a
efectuar distinciones arbitrarias en donde la ley no las hace.
También resulta incoherente sostener que el presente presupuesto se
refiere al trabajo habitual de la víctima y si esta no tenía trabajo habitual
como, por ejemplo, los jubilados, tendríamos que concluir que no son pa
sibles de ser víctimas de la agravante, lo cual es absurdo. En concreto, debe
entenderse que se refiere a todo tipo de trabajo!322).
e. In va lid ez perm anente. Este supuesto agravante no debe en
tenderse, como lo hacen los profesores Bram ont-A rias!323), Roy Fre-
y re(324) y Bram ont-Arias Torres y García C antizano!325), a la incapa
cidad para el trabajo total y permanente. La sola incapacidad para el
trabajo se subsume en el supuesto anterior. Invalidez es un término
mucho más amplio y da a entender una situación desastrosa y lamen
(320) VILLA STEIN, 1997, p. 193.
(321> peña Cabrera, i 992, p. 263.
(322) Igual, Bramont-A rias torres/ garcía Cantizano , i 997, p. 105.
(323) Bramont A rias 1990, II, p. 50.
<3«> ROY FREYRE, 1989, p. 313.
(325) Br am o nt -A rias T orres/G arc Ia Ca n t iz a n o , 1997, p. 105.
■ 206
Delitos con tra la salud
table para el que la sufre, pues sus funciones de relación se ven seria y
totalm ente afectadas.
La invalidez significa o se entiende que la víctima, como consecuen
cia lamentable de la lesión sufrida, no puede desenvolverse por sí misma.
Necesita de una tercera persona o de algún elemento mecánico o electro
mecánico para realizar sus actividades básicas. Aparte de no poder realizar
alguna actividad lucrativa, no puede, por ejemplo, hacer sus necesidades
básicas sin la ayuda de un tercero. Podemos afirmar que hasta su dignidad
de persona humana se ve seriamente lesionada.
La invalidez debe tener el carácter de permanente. Si en el caso con
creto se determina que la invalidez solo es temporal, el hecho no se sub
sumirá en este supuesto delictivo. En consecuencia resulta primordial el
pronunciamiento de los profesionales de medicina legal para la calificación
correspondiente de los hechos.
f Anomalía psíquica permanente. A efectos de este supuesto agra
vante, se entiende por anomalía psíquica toda alteración, perturbación o
trastorno de las facultades mentales de la persona.
La hipótesis se presenta cuando el sujeto pasivo o víctima a conse
cuencia de la lesión, sufre alteración de sus facultades mentales de manera
permanente, es decir, incurables; siendo la mayor de las veces, efectos in
mediatos de traumatismos encéfalo-craneanos(285)(326).
g. Desfiguración de manera grave y permanente. Este supuesto agra
vante se presenta cuando como resultado de la lesión sufrida por la víctima,
esta queda dañada físicamente de manera grave e irreversible. Es un daño
que afecta directamente la integridad física de la persona en su totalidad y
no solo a aquel producido en el rostro.
Aun cuando en la doctrina peruana y en la práctica judicial se co
noce a este supuesto como “desfiguración de rostro”, de acuerdo con la
redacción del inciso 2 del artículo 121 del Código Penal, estamos ante un
supuesto que abarca las lesiones que originan deformidad o desfiguración
en cualquier parte de la integridad corporal o física de la persona, pudiendo
ser en el rostro u otra parte. El legislador peruano, siguiendo la tendencia
de la legislación española, al redactar el tipo penal no ha hecho distinción
alguna. En cambio, como ejemplo de las legislaciones que hacen distincio
nes cabe citar el artículo 90 del Código Penal argentino que amenaza con
pena de reclusión o prisión de uno a seis años: “si la lesión (...) le hubiere
(326> Roy FREYRE, 1989, p. 314.
207 ■
Ramiro Salinas Siccha
causado una deformación permanente del rostro”. De ese modo, para la legis
lación, doctrina y jurisprudencia argentina es apropiado y atinado referirse
al supuesto de desfiguración de rostro. Situación que no puede ocurrir en
la doctrina y jurisprudencia de nuestra patria.
Se considera grave la lesión cuando modifica profunda y considera
blemente la forma habitual de la persona en su círculo social. Permanente
es la desfiguración indeleble, irreparable, excluyente de la posibilidad de
una restitutio m mtegrum. Irreparabilidad quiere significar desfiguración no
rectificable por sí misma!327).
Las lesiones de este tipo, consideradas desde una perspectiva subjeti
va, teniendo en cuenta tanto al individuo lesionado como al prójimo, deben
generar una impresión de repugnancia, o por lo menos de incuestionable
disgusto o desagrado!328).
No es necesario que la deformidad o desfiguración estética de la fi
gura humana esté visible para un público indeterminado para considerarse
como agravante la lesión, sino también lo serán aquellas que permanezcan
ocultas por la vestimenta. En suma, toda lesión dolosa que produzca un
perjuicio o desmedro en la integridad corporal del sujeto pasivo que reúna
las características de grave y permanente, es decir, irreversible por sí mis
ma, es calificada como lesión grave para nuestro sistema jurídico.
La característica de irreversible e irreparable debe entenderse en el
sentido que por sí misma, o mejor dicho, de manera natural, la integridad
corporal no pueda reconstruirse o restituirse y volver al estado anterior
de producida la lesión. De esa forma, si se aplican los avances de la ciencia
médica como la cirugía plástica, por ejemplo, y vuelve a restituirse la inte
gridad del afectado con la lesión grave, de modo alguno puede excluirse la
agravante de desfiguración grave y permanente. El autor de la lesión será
sancionado por el ilícito penal en interpretación.
Aun cuando para calificar el hecho concreto no tiene mayor relevan
cia, para efectos de individualizar la pena a imponer al autor de las lesiones
ocasionadas a la víctima, se tendrá en cuenta la función que cumple la víc
tima en determinado grupo social, el sexo, la edad, la parte afectada. Ello
reviste importancia, pues será más perjudicial y, por ende, más reprochable
la lesión que causa cojera en un futbolista que aquella que causa cojera en
un vendedor de carne en el mercado. Aquel nunca más volverá a efectuar
(32?) bramont A rias, i 990, p. 51.
(328) ROY FREYRE, 1989, p. 315.
■ 208
Delitos contra la salud
su profesión de futbolista, mientras que este seguirá atendiendo normal
mente a sus clientes en el mercado, pero, claro está, con cierta dificultad.
Como indican Bramont-Arias Torres y García Cantizano, no es lo mismo
un pequeño corte en el muslo de un carpintero que en el de una modelo
profesional.
La Ejecutoria Suprema del 14 de junio de 2004 recoge un caso real de
lesiones graves de este tipo. En efecto, allí se considera que: “está p rob a d o
q ue el acu sad o N ureña Palma y el a gra via d o Pello Ja ra se a co m etieron m u
tu am en te q ue en el curso d e la gresca e l im putado n o solo le fra ctu ró los huesos
d e la nariz sin o que p o rta n d o un p ico d e botella le in firió una h erida cortan te
en fo rm a d e ‘T’ en dorso nasal, la m ism a que según la ex posición p ericia l en el
a cto oral {...)es d e tipo colga jo que dejara huella in d eleb le p o r lo que e l h ech o se
subsum e en el in ciso dos d el artícu lo cien to v ein tiu n o d e l C ód igo P enal”
h. In ferir cu a lq u ier otro daño en la in tegrid a d co rp o ra l o la salud
física o m en tal que segú n p rescrip ció n m éd ica requiera más d e v ein tin u ev e
días d e asistencia o descanso. Indudablemente, el legislador no puede pre
ver todas las formas en que pueden aparecer las lesiones y, por ende, causar
daño o perjuicio a la integridad corporal de las personas y a su salud. En tal
sentido, siendo conscientes de aquella situación se hace uso de una fórmula
que vía la interpretación analógica legalmente permitida, facilita abarcar
toda aquella gama de lesiones no previstas taxativamente. Así, aparece la
indicación de un plazo de atención facultativa o de descanso para el trabajo
como parámetro para medir la gravedad de las lesiones.
En esa línea, cualquier otra lesión que causa un daño en la integridad
corporal, salud física o mental del sujeto pasivo que requiera, según pres
cripción médica, más de veintinueve días de atención facultativa o descanso
para el trabajo, será considerado como lesión grave. Los efectos de la lesión
pueden ser permanentes o temporales. De esa forma, no le falta razón a
Roy Frevre(330), quien comentando el corpus ju ris p en a le de 1924, enseña
que el citado daño grave puede ser permanente o reversible, entendido este
último que la afectación o alteración de la integridad corporal o salud, pue
de desaparecer, volviendo el organismo o la salud a su estado normal en un
tiempo más o menos prolongado.
Al igual como en los anteriores supuestos, aquí el pronunciamiento
médico legal resulta fundamental para calificar una lesión como grave. Si el
13291 R.N. N ° 4 2 8 - 2 0 0 4 - La L ib e r ta d , en CASTILLO A l v a , 2 0 0 6 a , N ° 1, p, 155.
I330> ROY FREYRE, 1 9 8 9 , p. 3 1 6 .
209 ■
Ramiro Salinas Siccha
reconocimiento médico no se realiza es probable que el hecho quede im
pune. Pues, aquel es prueba para acreditar la comisión del delito de lesiones
por parte del imputado. Nuestro más alto tribunal de justicia así lo entien
de. Como ejemplo, tenemos el caso real objeto de la Ejecutoria Suprema
del 21 de junio de 1999 donde se expone: “que, habiéndose acreditado que
el citado acusado lesionó dolosam ente al agraviado (...), en circunstancias que
este descendía d el veh ícu lo d e su propiedad, p o r inm ediaciones de la cuadra
dos d e la calle La Habana - El Alambre — Trujillo — con la fin a lida d d e re
tirar un árbol que obstruía el paso, p rop on ién d ole diversos golpes en distintas
partes d el cuerpo, los m ism os que se encuentran acreditados con el C ertificado
M édico Legal obrante a fojas diecin u eve, d el que se desprende que el antes
m encion ado ha requerido d e sesenta días d e atención facultativa y sesenta días
de incapacidad para el trabajo, deb e graduarse la pen a en atención a dichas
circunstancias”^ ^ ).
En la misma línea de razonamiento tenemos la Sentencia del 5 de
agosto de 1997 del Trigésimo Segundo Juzgado Penal de Lima. En efecto,
aquí se sostiene que: “el delito de Lesiones G raves se configura cuando el su
jeto a ctivo p rod u ce en el sujeto pasivo un daño en su integridad física, corporal
o la salud m ental, sin que m edie para ello el ánim o d e matar, que, haciendo
un análisis ju ríd ico y ob jetivo d e los hechos expuestos y las pruebas que obran
en autos ha quedado plen a m en te acreditado el delito d e lesiones con el C erti
fica d o M édico Legal que obra en autos, así com o la responsabilidad p en a l d el
encausado ya que si bien este alega que no ha tenido la inten ción d e ocasionar
la lesión al agraviado pues este ha sido p rod u cto de un fo rcejeo tras una d iscu
sión m antenida con este, ello se ha desvirtuado con la im putación hecha p o r el
agraviado cuando refiere que el encausado ha ven id o directam ente y le ha re
ventado una botella d e cerveza en la cabeza, dando certeza esta im putación el
hecho d e presentar el agraviado seis heridas en la cabeza que d e ninguna m a
nera pu dieron haber sido prod u cto solo d e una lesión en el fo rcejeo (...)”(332).
2.2. Lesiones graves seguidas de muerte
La última parte del tipo penal del artículo 121 prescribe las lesiones
graves seguidas de muerte que comúnmente en doctrina se le conoce con
el nom en iuns de homicidio preterintencional.
El injusto penal consiste en ocasionar la muerte de la víctima con actos
que estaban dirigidos a solo producir lesiones graves, teniendo la posibilidad
(331) E x p . N ° 5 1 6 0 -9 8 -L a L ib e r ta d , en CHO CANO/VALLADOLID, 2 0 0 2 , p. 1 6 7 .
(332) E x p . 1 3 6 -9 7 , en BRAMONT-ARIAS TORRES, 2 0 0 0 , p . 1 1 0 .
■ 210
Delitos contra la salud
el agente de prever el resultado letal. La previsibilidad es importante para
calificar la figura delictiva. Si el agente no tuvo alguna posibilidad de prever
aquel resultado no será culpable de la muerte que se produzca, limitándose
su responsabilidad penal a las lesiones graves que ocasionó. Ello debido a
nuestro sistema jurídico penal, en el cual ha quedado proscrita toda forma de
responsabilidad objetiva, es decir, la responsabilidad por el solo resultado, se
gún el artículo VII del Título Preliminar del Código Penal. Ahora se requiere
necesariamente la concurrencia del dolo o la culpa en una conducta para ser
catalogada como ilícita de carácter penal (artículo 11 del C .P ).
Aquí creemos necesario exponer la diferencia que existe entre culpa y
lo que se conoce como dolo eventual, pues caso contrario, podemos llevar
a confusión y fácilmente se puede pensar que estamos frente al dolo even
tual, cuando realmente estamos ante la culpa. Existe culpa cuando el autor
pudiendo o debiendo prever el resultado dañoso realiza la conducta riesgo
sa pero permitida, sin el cuidado debido. Aquí el agente no quiere ni tiene
conciencia de cometer un injusto penal. En cambio, se configura el dolo
eventual cuando el autor, previendo el resultado dañoso actúa confiado en
que no se producirá y, sin embargo, se produce. Aquí el agente, al menos,
se representa y, en consecuencia, tiene consciencia que puede realizar el
delito. En efecto, mientras en la culpa el sujeto activo puede o debe prever
el resultado y, de ese modo, actuar con el debido cuidado y prudencia; en
el dolo eventual, el agente prevé aquel resultado, no obstante, confiando
que no se producirá en la realidad, actúa. Ahí radica la principal diferencia,
aun cuando por la exquisitez de cierto sector de la doctrina se afirme que
su diferenciación es nula.
En tal línea de interpretación, basta identificar que el agente tuvo
ammus vulnerandi sobre la víctima y, además, estaba en la posibilidad de
prever la muerte de esta, para imputarle la figura de lesiones graves segui
das de muerte. Esto es, debe concurrir el dolo en la conducta que ocasiona
las lesiones graves y el elemento culpa en el resultado muerte. La culpa se
materializa en la ausencia del debido cuidado o por falta de diligencia del
agente al momento de producir las lesiones graves. El sujeto activo produ
ce la muerte que en realidad no quiso causar, pero se concretiza por haber
actuado sin el debido cuidado para evitarlo, pudiendo hacerlo.
Tratándose de una muerte imprevisible, por adolecer la víctima de la
lesión de alguna enfermedad oculta o algún otro menoscabo en su salud, el
agente solo responderá por las lesiones que se propuso realizar!333).
(333) VILLA STEIN, 19 9 7 , p . 1 9 5 , s ig u ie n d o a M u ñ o z C o n d e .
211 ■
Ramiro Salinas Siccha
Por otro lado, si la lesión que ocasiona la muerte fue originada a título
de culpa por el agente, se excluye el homicidio preterintencional y en su
lugar estaremos ante la figura delictiva de homicidio culposo.
Es necesario que la muerte sea con ocasión directa de las lesiones
dolosas, pues si ocurre por otra circunstancia, como, por ejemplo, negli
gencia médica en el tratamiento del sujeto pasivo, el agente de las lesiones
no responderá por aquella muerte a título de culpa sino por las lesiones
que ocasionó, excluyéndose de ese modo el delito de lesiones seguidas de
muerte. Por el contrario, si a consecuencia de alguna negligencia, impericia
o imprudencia médica, se produce la muerte del paciente, el médico tratan
te responderá por la muerte a título simplemente de culpa.
En suma, el homicidio preterintencional se consuma con la verifi
cación de la muerte del sujeto pasivo por culpa del agente al momento o
con ocasión de las lesiones graves que produjo. Si ello no ocurre, este solo
responderá por las lesiones graves dolosas, subsumiéndose su conducta a
alguna de las circunstancias agravantes ya descritas y analizadas. Es impo
sible hablar de tentativa en este hecho punible.
En la praxis judicial, aún se advierte que al operador jurídico le resulta
difícil internalizar los conceptos de las lesiones graves seguidas de muerte y
muchas veces estos casos los califica como homicidio. Sin embargo, la Corte
Suprema del país, en este aspecto, ha orientado la jurisprudencia en sentido
correcto, enmendando de ese modo la calificación efectuada por los magis
trados de niveles inferiores. Así tenemos las siguientes ejecutorias supremas:
“P or la fo rm a en q ue o cu rriero n los hechos, la oca sion a lid a d d e los m is
m os y el h ech o d e haber qu eda do el h erid o con v id a su ficien te para d es
plazarse, se descarta la p resen cia d e á n im o h om icid a en el agente, es
decir, co n cien cia y vo lu n ta d deliberad a d e oca sion a r el resultado m u erte
en el agravia do, quien ev id en tem en te a ctu ó con el p rop ósito d e herir,
p o r lo que la a cció n d elictu osa no ca b e tipificarla d e h o m icid io sin o d e
lesion es gra ves seguidas d e m u erte ” (334).
“D e a cu erd o a l p ro to co lo d e n ecropsia el a gra via d o fa lleció a causa d e
un traum atism o en céfa lo cran ean o gra ve, el cual, según se ha d eterm i
nado en la secu ela d el p ro ceso le fu e oca sion a d o p o r e l encausado, quien
le in firió un go lp e en la región p a rieta l con un ob jeto co n tu n d en te duro;
sin em bargo, en autos no se ha a cred ita d o q u e la con d u cta d el en cau sa do
(334) E xp. 10 6 - 8 2 - P iu r a , E je c u to r ia S u p re m a d e l 16 d e m a r z o d e 1 9 8 2 , en ROJAS VARGAS/lNFAN-
tes V a r g a s , 2 0 0 1 , p. 2 0 5 .
■ 212
Delitos contra la salud
haya estado dirigida por un animus necandi, sino que más bien se ha
acreditado que su actuar estuvo orientado por un dolo de lesionar, es de
cir, por un animus vulnerandi, por lo que la conducta de este constituye
delito de lesiones graves seguidas de muerte y no de homicidio simple
como lo ha consignado el Colegiado Superior en su sentencia"(335h
"El citado agraviado después de haber sufrido la agresión de parte del
referido acusado aún continuaba con vida, falleciendo recién al día si
guiente de los hechos, tal como se acredita en el certificado de defunción;
que, por la forma en que sucedieron los hechos, el presente caso se subsu
me dentro del tipo penal de lesiones graves seguidas de muerte, y no así
en el delito de homicidio simple como incorrectamente ha sido valorado
por el colegiado; toda vez que el delito de homicidio requiere para su
configuración que la lesión del bien jurídico vida se haga mediante una
consumación instantánea, en la que la acción y el resultado deben estar
íntimamente ligados tanto en espacio y tiempo, cuestión que no se apre
cia en el caso sub materia en el cual el resultado muerte aconteció al día
siguiente de los hechos y no así en el acto de su perpetración; que siendo
esto así, tanto el comportamiento delictivo, como el objeto material del
delito resultan invariables conforme a las pruebas actuadas en autos, los
mismos que han sido debatidos y controvertidos en la investigación y a
nivel de juzgamiento"(iib).
2.3. Si la víctima cumple función especial
Por Ley N° 28878 del 17 de agosto de 2006, el gobierno aprista
agregó otra calificante al artículo 121 del Código Penal. Según palabras
del propio presidente que promulgó aquella ley, esta tiene como intención
“cortar todo desborde y exceso contra la autoridad”, pues sin respeto a
la autoridad, “no hay Estado ni sociedad posible”(337). Aun cuando puede
ser verdad que sin respeto a la autoridad no es posible la existencia de un
Estado democrático de derecho, resulta errado en estos tiempos de post
modernidad, seguir pensando que aumentando las penas se disuade a las
personas a que no cometan delito, cuando lo real es que la pena no cumple
aquella función.
i335> Exp. 4230-98-Puno, Ejecutoria Suprema del 19 de noviembre de 1998, en Ro j a s V a r g a s /
In f a n t e s vargas,2001, p. 205.
<336) E x p . 6 3 8 6 - 9 7 , E je c u to r ia S u p re m a d e l 2 2 d e e n e r o d e 1 9 9 8 , en Ro j a s V a r g a s / I n f a n t e s
VARGAS, 2 0 0 1 , p . 2 0 5 .
<337> Declaraciones del Presidente de la República, García Pérez reproducidas en el diario ofi
cial El Peruano del 17 de agosto de 2006.
213 ■
Ramiro Salinas Siccha
Sin embargo, haciendo dogmática, si la víctima de las lesiones graves
es miembro de la Policía Nacional, de las Fuerzas Armadas, Magistrado
del Poder Judicial o del Ministerio Público, la pena será mayor, esto es, de
cinco a doce años, siempre que las lesiones graves se hayan producido en el
cumplimiento de sus funciones. Aquí en consecuencia se aumenta la pena
cuando se producen las lesiones graves sobre la víctima en el cumplimiento
de la función pública asignada. Si las lesiones se producen en horas del día
en que la víctima (efectivo policial o de la fuerza armada o los magistrados)
está descansando o, mejor dicho, fuera del ejercicio de su labor normal, el
incremento de la penalidad no se produce. En tales circunstancias, el agen
te será sancionado solo con una pena individualizada dentro de los márge
nes establecidos en el primer párrafo del tipo penal del artículo 121 del C.P
Por voluntad del legislador, las lesiones graves producidas en perjui
cio de un Policía Nacional, de un miembro de las Fuerzas Armadas, de un
Magistrado del Poder Judicial o del Ministerio Público, dependiendo de la
hora en que se realicen, producirá efectos punibles diferentes. Si la acción
criminal se produce en horas de cumplimiento de su función, el hecho me
recerá pena de cinco a doce años, en cambio, si las lesiones se producen en
horas de descanso o días de vacaciones, el hecho será sancionado con una
pena no menor de cuatro m mayor de ocho años. Situación absurda, cuan
do lo real y racional a efectos laborales, un miembro de la Policía Nacional,
de la Fuerza Armada, un magistrado del Poder Judicial o del Ministerio
Público, nunca deja de ser tal aun cuando esté descansando.
2.4. Bien jurídico protegido
De la forma como se encuentra construido el tipo penal, se colige que
el Estado vía el derecho punitivo pretende proteger por un lado, la integri
dad corporal; y por otro, la salud tanto física como mental de las personas.
Se busca proteger lo que el legislador de la Constitución Política vigen
te denomina integridad psíquica, física y el libre desarrollo y bienestar de
las personas. Con la tipificación de las lesiones graves seguidas de muerte
(homicidio preterintencional), aparte de la integridad corporal y la salud,
también se pretende proteger la vida de las personas.
2.5. Sujeto activo
Sujeto activo puede ser cualquier persona, ya que el tipo penal no
exige que se tenga alguna cualidad o condición especial. Basta que su actuar
desarrolle el verbo lesionar para ser implicado en la comisión del delito de
lesiones graves. Solo se excluye el propio lesionado, pues al haber previsto
■ 214
Delitos contra la salud
nuestro legislador el causar lesión “a otro” se descarta que sea punible la
autolesión.
2.6. Sujeto pasivo
También sujeto pasivo, víctima o agraviado puede ser cualquier per
sona desde el momento del parto hasta que ocurra su deceso. El consen
timiento de la víctima para que se le cause lesiones graves es irrelevante.
El agente será autor de las lesiones graves así haya actuado con el libre
consentimiento de su víctima.
Actualmente por la Ley N° 28878, si la víctima es miembro de la
Policía Nacional, de la Fuerza Armada, Magistrado del Poder Judicial o
del Ministerio Público, la consecuencia punible será mayor siempre que la
acción se haya realizado en el cumplimiento de su función.
3. TIPICIDAD SUBJETIVA
En una reciente ejecutoria, se señala que el “sujeto activo deb e actuar
con animus vulnerandi o laendendi al m om ento de ocasionar la lesión gra ve
a su víctim a, esto es, dolo de lesionar, d e m enoscabar la integridad corporal o
la salud física o m ental d e la víctim a, de con ocim ien to d el peligro con creto de
la lesión que su acción gen era ”(338h
En doctrina, no existe mayor discusión en considerar que el sujeto
activo o agente debe actuar con anim us vulnerandi, llamado también an i
mus laedendi al momento de ocasionar la lesión grave a su víctima. Esto es,
se exige necesariamente conocimiento y voluntad de lesionar gravemente
en el agente. La intención de causar lesiones graves es fundamental, pues
si se determina que el sujeto activo solo tuvo intención de causar lesiones
leves y por circunstancias extrañas se producen lesiones graves, estaremos
ante otra figura delictiva diferente a la que venimos comentando.
También cabe resaltar que si de acuerdo a las circunstancias se deter
mina que el agente actuó con anim us necandi y solo ocasionó lesiones gra
ves, estaremos ante tentativa de homicidio o asesinato, según sea el caso.
En las lesiones seguidas de muerte como hemos dejado indicado,
debe concurrir el dolo al ocasionar las lesiones graves y el elemento culpa
al producirse la muerte a consecuencia de aquellas.
(338) Exp. N° A.V. 19-2001, Sala Penal Especial de la Corte Suprema, sentencia de 7 de abril de
2009, confirmada por la Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema en el R.N. N° 19-01-2009 A.V-
Lima.
215 ■
Ramiro Salinas Siccha
4. ANTIJURIDICIDAD
Una vez que se ha determinado que en la conducta analizada concu
rren todos los elementos objetivos y subjetivos que conforman la tipicidad
del delito de lesiones graves en cualquiera de las modalidades previstas en el
artículo 121 del Código Penal, el operador jurídico pasará inmediatamente
a analizar el segundo elemento o nivel denominado antijuridicidad, es de
cir, entrará a determinar si la conducta es contraria al ordenamiento jurí
dico o, en su caso, concurre alguna causa de justificación de las previstas y
sancionadas en el artículo 20 del Código Penal. De ese modo, el operador
jurídico analizará si en la conducta que ocasionó las lesiones graves, concu
rre la legítima defensa o el estado de necesidad justificante o el agente ac
tuó por una fuerza física irresistible o compelido por un miedo insuperable
o en cumplimiento de un deber.
En la praxis judicial es frecuente encontrar a la legítima defensa como
causa de exclusión de antijuridicidad. Como ejemplos representativos cabe
citar los siguientes precedentes jurisprudenciales:
En la Ejecutoria Suprema del 5 de marzo de 1998, la Suprema Corte
sentenció que: “teniéndose en cuenta que las lesiones corporales ocasionadas
p o r el acusado estuvieron m otivadas p o r la necesidad de defensa fren te a la
agresión ilegítim a de que era objeto, es d e apreciar que en la circunstancia
concreta, la respuesta de repeler la agresión con el único objeto -u n a silla m e
tálica - a su disposición, se ajusta a las requisitos de la legítim a defensa’W ).
La Resolución Superior del 17 de setiembre de 1996 de la Primera Sala
Penal de la Corte Superior de Junín, pedagógicamente aplica los supuestos
de la legítima defensa para absolver de la acusación fiscal al imputado por el
delito de lesiones graves. En efecto, allí se expone: “según la doctrina pen al
la legítim a defensa se fu n da en el prin cipio de que NADIE PUEDE SER
OBLIGADO A SOPORTAR LO INJUSTO, p o r lo que el ordenam iento
ju ríd ico no solam ente se com pon e d e prohibiciones, sino tam bién de normas
perm isivas, que autorizan realizar un hecho en principio prohibido p o r la ley,
p ero que p o r causas justificadas son perm itidos y, p o r tanto, no punibles. Es
decir, existen causas que excluyen la antijuridicidad, que con vierten el hecho
típico en un hecho perfecta m en te lícito y aprobado p o r el ordenam iento ju rí
d ico y si un hecho o una acción no es antijurídico, no se contraría el orden
ju ríd ico porq ue la ley lo perm ite entonces no es delito y no siendo delito al que
actúa en legítim a defensa no se le p u ed e sancionar. En nuestro C ódigo Penal la
figura d e la legítim a defensa se encuentra tipificada en el artículo vein te inciso
(339> E x p . 2 9 1 6 -9 7 , e n ROJAS VARGAS, 19 9 9 a , p. 132.
■ 216
Delitos contra la salud
tres, (...); este tipo legal, se subsume en la conducta realizada por el acusado,
pues concurren los tres requisitos que describe la norma penal; así tenemos: a)
agresión ilegítima, indudablemente que existió, pues la intención de la víctima
era la de asaltar al acusado que mostraba síntomas de embriaguez y eran aproxi
madamente las veintitrés con treinta horas, b) la necesidad racional del medio
empleado, es decir que el autor debe repeler la agresión no necesariamente con
un medio igual al que tiene el que lo ataca, pues nuestro Código Penal no exige
como requisito de la legítima defensa la proporcionalidad del medio empleado,
sino la racionalidad de la reacción por ello es que el hecho de que el acusado re
chazara la agresión con disparos de arma de fuego al aire y luego con un disparo
en la pierna izquierda del asaltante constituye legítima defensa, máxime si por
los años de mil novecientos noventa y uno la sierra central del Perú se encon
traba completamente convulsionada por el terrorismo donde los policías eran
generalmente blanco de los aniquilamientos selectivos de los subversivos, por lo
que el acusado al verse atacado era lógica la reacción de sacar el arma y disparar
pues no tenía otro instrumento para defenderse de la agresión ilegítima; si a esto
le agregamos el tercer requisito de c) la falta de provocación suficiente de quien
hace la defensa, es decir, que el acusado no haya provocado la agresión, como
en efecto es en el caso de autos, donde el policía acusado solo trató de defenderse
usando su arma de fuego, no había dado ningún motivo para ser agredido o
atacado por los delincuentes. Si esto es así, entonces concluimos que existe en la
conducta del acusado una causa de justificación que hace desaparecer el delito
por haber actuado en legítima defensa”(J4°).
Igual aplicación encontramos en la Resolución Superior del 15 de
enero de 1998, en donde los vocales de la Corte Superior de Lima, hacien
do uso de los presupuestos de la legítima defensa, revocaron la sentencia
apelada en el extremo que condenaba a Orfa Ortiz Godoy y la absolvieron
de los cargos, alegando que: “en consecuencia, considerando que la procesada
Betsabé Guillén Luna agredió sin mediar motivo alguno o sin que haya sido
provocado lo suficiente para que justifique su acción, usando como medio ma
terial para satisfacer su animus vulnerandi el balde que portaba, es justificable
la respuesta de la procesada Oyfa Ortiz Godoy, por lo que si bien su conducta
es típica, la misma no es antijurídica al haberse realizado bajo condiciones
que la justifican; en este caso, no se debe valorar el resultado producido sino la
acción que lo motivó, siendo nulo el desvalor de acción respecto a la procesada
Orfa Ortiz al haber actuado correctamente y, al no existir desvalor de acción
en este caso, su conducta no constituye un injusto penal”<341).
(340> Exp. 1 6 5 5 -9 1 , e n Serie de Jurisprudencia, N ° 3, 2 0 0 0 , p . 2 7 1 .
f34,) E x p . 5 0 1 5 - 9 7 , e n BRAMONT-ARIAS TORRES, 2 0 0 0 , p. 2 0 6 .
217 ■
Ramiro Salinas Siccha
Si se concluye que en la conducta calificada de lesiones graves, con
curre alguna causa de justificación, aquella conducta será típica, pero no
antijurídica y, por, tanto será irrelevante pasar a analizar el tercer elemento
del delito conocido como culpabilidad.
Antes de continuar, considero necesario dejar establecido que “el
consentimiento” no se configura como una causa de justificación en el de
lito de lesiones, toda vez que los bienes jurídicos que se protege como es
“la integridad corporal” y “la salud” de las personas no son de libre dispo
sición por sus titulares. En otros términos, al no estar ante bienes jurídicos
de libre disposición, no se configura la causa de-justificación recogida en el
inciso 10 del artículo 20 del Código Penal.
No obstante, si en los hechos denunciados ha mediado el consenti
miento válido, libre, espontáneo y expresamente emitido por la víctima con
capacidad para prestarla, la pena que se impondrá al acusado será mucho
menor a aquel que actuó sin consentimiento, es decir, el consentimiento
prestado por la víctima solo tendrá relevancia penal al momento que el juz
gador individualice y gradúe la pena a imponer después del debido proceso.
El consentimiento válido, libre, espontáneo y expresamente emitido
por la víctima exime de responsabilidad penal al autor de los supuestos de
trasplante de órganos efectuado con arreglo a lo dispuesto en la ley y ciru
gía transexuales realizadas por facultativos. Sin embargo, esta eximente no
ocurre por causa de justificación.
5. CULPABILIDAD
Si después de analizar la conducta típica de lesiones graves se llega a
la conclusión que no concurre alguna causa o circunstancia que lo justifi
que frente al ordenamiento jurídico, el operador inmediatamente entrará a
determinar si aquella conducta puede ser atribuida o imputable a su autor
o autores. En consecuencia, analizará si la persona a quien se le atribuye
la conducta típica y antijurídica es imputable penalmente, es decir, goza
de capacidad penal, para responder por las lesiones que ocasionó. En este
aspecto, por ejemplo, tendrá que determinarse la edad biológica del autor
de las lesiones graves. “La m inoría de edad constituye una causa d e inim pu-
tabilidad crim inal, cuya im portancia norm ativa supone una presun ción legal
iure et de ju re que in cide en una dim ensión biológica d e la persona, p o r lo que
bastará la sola constatación de que el sujeto no haya alcanzado la m ayoría de
edad para fu n d a r la exclusión d e su responsabilidad p en a l”(i42).
13421 E je c u to r ia S u p re m a d e l 2 3 d e d ic ie m b r e d e 1 9 9 8 , E xp . N ° 4 6 0 4 - 9 8 - L im a , en PRADO SALDA-
RRIAGA, 1 9 9 9 , p. 1 38 .
■ 218
Delitos contra la salud
También se determinará si siendo mayor de edad, goza de capacidad
penal, pues caso contrario, será declarado inimputable como ocurrió con
Pedro Manuel Flores Yauri acusado por el delito de lesiones graves a quien
la Primera Sala Penal de Junín, por Resolución Superior del 30 de setiembre
de 1996, lo declaró inimputable y dispuso su internamiento en un hospital
psiquiátrico, toda vez que se llegó a determinar durante el proceso que el
acusado sufría de alteraciones y desequilibrio mental, “que adolecía incluso
antes de perpetrar el delito de lesiones graves de lo que se colige que en el m o
m ento en que com etió el delito no tenía capacidad d e discernim ien to cabal de
sus a ctos”(iAi).
Luego, se determinará si tenía conocimiento de que su conducta de
lesionar era antijurídica, es decir, contraria al ordenamiento jurídico del
país. Pero de modo alguno se requiere un conocimiento puntual y especí
fico, sino simplemente un conocimiento paralelo a la esfera de un profano,
o, mejor dicho, un conocimiento que se desprende del sentido común que
gozamos todas las personas normales.
Aquí es factible que se presente el error de prohibición. Se producirá,
por ejemplo, cuando el agente contando con el consentimiento de la vícti
ma le ocasiona lesiones graves, en la creencia que al contar con el consenti
miento del sujeto pasivo, no comete delito.
En cuanto al error culturalmente condicionado, previsto en el artí
culo 15 del Código Penal, debido a que la integridad física y la salud de las
personas es apreciada en todas las sociedades y culturas ya sean civilizadas
o nativas, solo puede servir para atenuar la pena al inculpado en razón de
que la comprensión del carácter delictuoso de su acto se halla disminuida.
Cuando se concluya que el sujeto es capaz para responder penalmen
te por las lesiones graves que ocasionó a su víctima y se determina que
conocía que su acto era contrario al ordenamiento jurídico, el operador
jurídico pasará a determinar si el agente tenía o le era posible comportarse
conforme a derecho y evitar causar las lesiones graves. Si se concluye que
el agente no tuvo otra alternativa que causar las lesiones, no será culpable
de la conducta típica y antijurídica. Aquí nos estamos refiriendo al caso del
estado de necesidad exculpante cuya construcción tiene una larga tradición
que se remonta al romano Carneades quien lo ilustraba con el ejemplo del
hundimiento de un barco en el que se salvan dos personas, una de las cuales
se ve obligada a dar muerte a la otra para aferrarse al único tablón que le
permite sobrevivir.
13431 Exp. 1400-95, en Serie de Jurisprudencia, N° 3, 2000, p. 289.
219 ■
Ramiro Salinas Siccha
6. CONSUMACIÓN
Al constituirse el injusto penal de lesiones graves en cualquiera de
sus modalidades, de resultado dañoso, es decir, de lesión concreta al bien
jurídico protegido por la norma penal, el ilícito se consuma en el mismo
momento que se verifica la real y efectiva ofensa a la integridad corporal o
la salud del sujeto pasivo por parte del agente. En tal sentido, las lesiones
graves se consumarán cuando concurriendo alguna de las circunstancias o
modalidades ya analizadas, se realiza de manera efectiva el real daño a la
víctima, ya sea en su integridad corporal o en su salud. Si no se verifica la
lesión efectiva a los bienes jurídicos protegidos por el tipo penal no será
posible hablar de consumación.
En la práctica judicial para verificar las lesiones producidas en la víc
tima, resultan fundamentales los certificados médicos legales. Sin ello, no
es posible acreditar este delito. Así, la Resolución Superior del 5 de junio
de 1998, emitida por la Segunda Sala Penal de la Corte Superior de Ancash,
expresa: “que, la consum ación d el delito de Lesiones graves, está debidam ente
acreditado con el m érito de los dictám enes periciales em itidos en este ju icio
oral, debidam ente ratificados, d el cual se desprende que se ha ocasionado en el
agraviado referido una lesión G rave y perm anente, requiriendo treinta o más
días de asistencia o descanso, para recuperarse anatóm icam ente el m iem bro
lesionado, notándose a la fech a una fu n ción m uscular dism inuida, razón p o r
la cual la conducta d el p rocesad o se encuentra prevista en el inciso tercero
d el artículo ciento vein tiu n o d el C ódigo Penal, quien ha recon ocid o desde el
in icio ser el autor d el ilícito referid o”(w ).
7. TENTATIVA
El delito de lesiones graves al ser de resultado lesivo a los bienes jurí
dicos que la norma penal tutela, es posible que la acción del agente se quede
en el grado de tentativa. Esto es, el agente empiece o inicie su conducta
destinada a lesionar la integridad física o salud de la víctima, no obstante,
por circunstancias extrañas a su voluntad o por propio desistimiento, no
logra realizar su objetivo cual es lesionar.
En la praxis judicial, se presentan casos límite en los cuales resulta ta
rea difícil para el operador jurídico, determinar debidamente cuándo se está
ante una tentativa de lesiones graves o cuándo ante una tentativa de homi
cidio. Sin embargo, bastará determinar el motivo o intención que tuvo el34
(344) EXp 5 9 7 - 9 7 , e n Serie de Jurisprudencia, N ° 3, 2 0 0 0 , p . 2 8 9 .
■ 220
Delitos contra la salud
agente al momento de iniciar su conducta lesiva para calificar la acción. Si
se advierte que el agente actuó guiado por el anim us necandi, estaremos
ante una tentativa de homicidio; por el contrario, si se verifica que el agente
actuó guiado por el anim us vu ln era n d i , la conducta será calificada como
tentativa de lesiones. En ciertos casos, resulta difícil determinar la inten
ción real del agente, no obstante, las circunstancias, la forma, el lugar, el
tiempo y los medios empleados por el agente sirven para identificar su real
intención. De ese modo, se ha pronunciado la Suprema Corte al indicar
en la Ejecutoria Suprema del 24 de setiembre de 1997 que: “desde el punto
d e vista externo y puram ente ob jetivo, el delito de lesiones y un hom icidio
tentado son totalm ente sem ejantes, teniéndose com o única y sola diferencia,
el ánim o d el sujeto, pues en un caso tiene la inten ción d e lesionar y en el otro
la d e m atar M(345).
Si llega a identificarse el anim us vulnerandi del agente, estaremos ante
la tentativa de lesiones graves. Roy Freyreí346), comentando el Código Pe
nal derogado, pone como ejemplo el hecho de arrojar ácido sulfúrico con
dirección al rostro de la víctima con la intención de desfigurarlo, el mismo
que al desviarse o desubicarse oportunamente logra salir ileso.
Por último, como volvemos a repetir, en la figura de lesiones graves
seguidas de muerte, al concurrir en la última fase el elemento culpa, no es
posible la tentativa. Ello como consecuencia lógica que en los delitos cul
posos es imposible que se presente la tentativa.
8. PENALIDAD
De acuerdo con la primera parte del tipo penal del artículo 121 del có
digo sustantivo, el agente será merecedor de una pena privativa de libertad
que oscila entre cuatro y ocho años.
En el caso de las lesiones graves seguidas de muerte, se aplicará una
pena privativa de libertad que oscila entre cinco y diez años.
Cuando la víctima cumpla función en su calidad de Policía Nacional,
miembro de las Fuerzas Armadas, Magistrado del Poder Judicial o del M i
nisterio Público, la pena será no menor de cinco ni mayor de doce años.
El juzgador, al momento de individualizar y graduar la pena, podrá
aplicar el mínimo, intermedio o máximo de la pena. Todo dependerá de la
l345) E xp. 2 4 9 3 - 9 7 - A m a z o n a s , en ROJAS VARGAS, 1 9 9 9 , p. 3 0 9 .
346)
( R o y freyre, 1 98 9 , p. 3 0 7 .
221 ■
Ramiro Salinas Siccha
forma y circunstancias en que ocurrieron los hechos, así como la conduc
ta procesal que asumió el imputado dentro del proceso penal instaurado.
Incluso, de acuerdo con nuestro sistema jurídico penal, si el acusado se ha
sincerado y colaborado en la investigación judicial, el juzgador aplicando el
criterio de conciencia, le podrá imponer una pena privativa de libertad, por
debajo del mínimo legal.
Subcapítulo 3
Lesiones graves a menores y parientes
1. TIPO PENAL
Por Ley N° 26788 del 16 de mayo de 1997, se introdujo en el Códi
go Penal el artículo 121-A, cuya finalidad fue elevar la pena para el agente
cuando el sujeto pasivo de las lesiones graves tenga la calidad de menor de
edad, pariente o dependiente del sujeto activo. Sin embargo, el 27 de no
viembre de 2008 se publicó la Ley N° 29282, que en su artículo 10 modificó
el contenido del artículo 121-A.
Luego, mediante Ley N H29699, publicada en el Peruano el 4 de junio
de 2011, se ha vuelto a modificar el contenido del citado numeral del Códi
go Penal, con la sana pero siempre ineficaz intención del legisladorí347), de
mejor proteger a los integrantes de la familia de la violencia que al interior
de ella se produce por los adultos a los indefensos menores. De ese modo,
actualmente el artículo 121-A(348) tiene la siguiente redacción:
En los casos previstos en la primera parte del artículo 121, cuando la víctima
sea menor de catorce años, la pena es privativa de libertad no menor de
cinco ni mayor de diez años.
:3-iTí En la e x p o s ic ió n d e m o t iv o s d e l P r o y e c to d e L e y N ° 4 3 9 0 /2 0 1 0 -C R , in g r e s a d o al C o n g r e s o
e l 2 6 d e o c t u b r e d e 2 0 1 0 , se s o s tie n e q u e "e n lo s ú lt im o s d ía s lo s m e d io s d e c o m u n ic a c ió n h a n I n f o r m a
d o s o b r e la v io le n c ia q u e lo s a d u lt o s h a n e je r c id o c o n t r a in d e fe n s o s m e n o r e s d e e d a d . E s to s h e c h o s q u e
h a n c o n m o c io n a d o e in d ig n a d o a la s o c ie d a d m e r e c e n u n a re s p u e s ta d e l C o n g r e s o N a c io n a l: P o r e llo ,
s u r g e la n e c e s id a d d e p la n t e a r la p r e s e n te in ic ia tiv a le g is la t iv a c o n e l á n im o d e d a r u n a re s p u e s ta a la
v io le n c ia re a liz a d a y / o e je r c id a p o r lo s a d u lt o s e n c o n t r a d e m e n o r e s d e e d a d , s in q u e e x is ta e n t r e e llo s
v ín c u lo d e c o n s a n g u in id a d o a f in id a d a lg u n o , n e c e s a r ia m e n te '!
!3‘!6’ A n te s d e ia ú lt im a m o d if ic a t o r ia , e l c o n t e n id o e ra e l s ig u ie n te : "E n lo s c a s o s p r e v is to s e n
la p r im e r a p a r t e d e l a r t íc u lo 1 2 1 °, c u a n d o la v íc t im a sea m e n o r d e c a to r c e a ñ o s y e l a g e n te sea el tu to r ,
g u a r d a d o r o r e s p o n s a b le d e a q u e l, la p e n a s e rá p r iv a tiv a d e li b e r t a d n o m e n o r d e c in c o n i m a y o r d e
o c h o a ñ o s , r e m o c ió n d e l c a r g o s e g ú n e l n u m e r a l 2 d e l a r t íc u lo 5 5 4 ° d e l C ó d ig o C iv il e in h a b ilit a c ió n a
q u e se r e fie r e e l a r t íc u lo 3 6 ° in c is o 5 [d e l C P],
C u a n d o la v íc t im a m u e r e a c o n s e c u e n c ia d e la le s ió n y e l a g e n te p u d o p r e v e r e s te r e s u lta d o , la
p e n a se rá n o m e n o r d e seis n i m a y o r d e d o c e año s".
■ 222
Delitos contra la salud
Cuando el agente sea el tutor o responsable del menor, procede además
su remoción del cargo según el numeral 2 del artículo 554 del Código Civil
e inhabilitación conforme a lo dispuesto en el inciso 5 del artículo 36 del
presente Código.
Cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión y el agente pudo prever
ese resultado, la pena será no menor de seis ni mayor de doce años.
La misma Ley N° 29282 introdujo también en el Código Penal el
artículo 121-B, que tipifica el delito de lesiones graves provenientes del
fenómeno social conocido como violencia familiar, con el siguiente texto:
El que causa a otro daño grave en el cuerpo o en la salud por violencia
familiar será reprimido con pena privativa de libertad no menor de cinco ni
mayor de diez años y suspensión de la patria potestad según el literal e) del
artículo 75° del Código de los Niños y Adolescentes.
Cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión y el agente pudo prever
este resultado, la pena será no menor de seis ni mayor de quince años.
2. TIPICIDAD OBJETIVA
Los ilícitos penales de estos dos artículos se configuran tal y confor
me ocurre con las conductas punibles recogidas en el tipo penal del artículo
121, por ello, remitimos al lector a lo expresado al analizar aquel ilícito.
Aquí solo cabe indicar que el contenido de los tipos penales agregados
constituye la materialización de una modalidad agravada de lesiones graves,
cuyo fundamento lo podemos encontrar en el objetivo que tiene el Estado
de proteger a los menores de 14 años y a las relaciones de familiaridad entre
las personas, respecto de la violencia que en ella surge. En efecto, aquel que
pone en peligro o vulnera la salud y como consecuencia directa las relacio
nes de familiaridad de sus parientes o representados menores, debe recibir
sanción punitiva ejemplar, pues su conducta resulta más reprochable al ac
tuar en contra de su pariente o de su protegido que si actuara en contra de
un extraño. Si no respeta la integridad corporal o la salud de sus parientes,
o en su caso, de su representado, no podemos esperar que lo haga con ter
ceros. Incluso, actuaría con más temeridad. Igual sucede cuando los adul
tos ocasionan daños a la salud de los menores de edad que estamos todos
en la obl igación de proteger y cautelar.
El legislador, por política criminal -cuya única finalidad es frenar o
minimizar los constantes abusos y maltratos que se cometen sobre los me
nores y en el seno de las familias peruanas- ha dispuesto agravar la respon
sabilidad penal de aquellas personas que dolosamente ocasionan lesiones
223 ■
Ramiro Salinas Siccha
graves a otras con las cuales se encuentran unidas por relaciones parentales
o de custodia o en su caso, son menores de 14 años.
Ocurre, por ejemplo, cuando un padre coge a su hijo de cinco años
y le pone las manos al fuego de una cocina supuestamente para que deje
de hurtar pequeños bienes del hogar, produciéndole quemaduras hasta de
tercer grado. O cuando una madre que se entera que su menor hija de
trece años ha tenido relaciones sexuales con su enamorado, le coge y le da
tremenda paliza, dejándole incluso al borde de la muerte, lográndose salvar
solo por la oportuna intervención médica.
La responsabilidad penal del agente se agrava cuando, a consecuen
cia de las lesiones graves producidas sobre el sujeto pasivo, se ocasiona la
muerte de este, pudiendo el agente haber previsto tal resultado letal antes
o en el acto mismo que desarrolla su conducta, es decir, es más reprocha
ble la conducta del sujeto activo cuando producto de su actuar doloso de
causar las lesiones graves, deviene un actuar culposo que finalmente origina
la muerte de la víctima. Caso contrario, si llega a comprobarse que en el
deceso de la víctima no concurrió el elemento culpa (ya sea en su forma
consciente o inconsciente) en el actuar del agente, sino que aquel resultado
letal se produjo por hecho fortuito u otra circunstancia, la muerte no será
imputable al autor de las lesiones.
El ilícito se consuma en el momento que se verifica el daño, perjuicio
o desmedro a la integridad corporal o salud del sujeto pasivo. Asimismo,
se consuman los supuestos previstos en el último párrafo del artículo 121-
A y 121 -B cuando la víctima fallece a consecuencia de las lesiones graves
producidas por el agente.
Es posible la tentativa en los supuestos de los primeros párrafos de los
tipos penales en interpretación. En cambio, como ya hemos tenido opor
tunidad de indicar, en la hipótesis de lesiones graves seguidas de muerte no
es posible que la conducta se quede en grado de tentativa, debido a que en
la última fase del delito interviene el elemento subjetivo “culpa”. Sabemos
bien que los delitos culposos no admiten la tentativa.
Ahora bien, de la lectura de la ley modificatoria podemos concluir que
lo único que ha hecho el legislador es sistematizar el contenido del original
artículo 121-A. En efecto, ahora se han separado las conductas punibles de
acuerdo a la calidad del autor de las lesiones graves sobre los menores:
El 121-A configura las lesiones graves que producen sobre el menor
de 14 años, personas que no tienen la condición de padre o madre natural
o adoptivos o ascendientes. Se establece que el agente del delito de lesiones
■ 224
Delitos contra la salud
graves en perjuicio de menores de 14 años de edad sea cualquier ciudadano
o ciudadana!349). Aquí lógicamente también se incluyen a los tutores, o
responsables de la víctima menor de 14 años de edad!350). En tanto que el
artículo 121-B se configura cuando el agente, por violencia familiar, causa a
otro daño grave en el cuerpo o en su salud. En este último numeral entra la
conducta que desarrolla el agente cuando tenga la calidad de padre o madre
del menor víctima o, cuando el agente es cónyuge, conviviente, ascendien
te, descendiente, natural o adoptivo o pariente colateral de la víctima. Para
efectos de la consecuencia jurídico-penal, no hay distinción alguna. En am
bos supuestos, la pena privativa de la libertad tiene la misma magnitud.
Cambian solo las consecuencias de inhabilitación.
Ambas modalidades se agravan, es decir, merecerán mayor pena
cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión grave y el agente pudo
prever este resultado.
2.1. Bien jurídico protegido
Aun cuando hemos indicado que el objetivo que motivó al legislador
fue el de resguardar las relaciones de familiaridad entre los ciudadanos, el
bien jurídico que se protege con la tipificación del presente injusto penal
lo constituye la integridad corporal y la salud de los menores de 14 años
en cuanto a la primera fórmula legislativa. En tanto que con la segunda
fórmula legislativa se pretende proteger y resguardar la integridad física
y salud de las personas unidas por vínculos de consanguinidad y afinidad;
asimismo, en todos los supuestos de lesiones graves seguidas de muerte,
se pretende tutelar el bien jurídico primordial “vida” de las personas que
tienen la condición referida en los tipos penales.
El objetivo del Estado, cual es el de amparar y proteger a los menores
que por sí solos aún no pueden defenderse, así como amparar y proteger
las relaciones de familiaridad entre los ciudadanos del país, constituye el
fundamento para agravar o aumentar las consecuencias jurídicas del delito
de lesiones graves sobre los menores, así como los daños a la salud a con
secuencia de los actos de violencia familiar, es decir, aumentar el quantum
de la pena.
(349i Véase en la exposición de motivos del Proyecto de Ley N° 4390/2010-CR, ingresado al
Congreso el 26 de octubre de 2010.
13301 Antes de la modificatoria se incluía a los guardadores cuando tal término era utilizado por
el Código Civil de 1936. En el Código Civil de 1984 se habla más bien de "tenencia" para referirse al proge
nitor, progenitora o familiar que tiene consigo y bajo su cuidado al menor, claro está por orden judicial.
225 ■
Ramiro Salinas Siccha
2.2. Sujeto activo
Antes de la modificatoria producida con la Ley N° 29699, se afirma
ba con propiedad que se trataba de un hecho punible exclusivo o especial,
toda vez que en los propios tipos penales se indicaba la condición personal
que debía reunir el agresor para considerarlo sujeto activo de este delito.
Sin embargo, luego de la modificación legislativa y por la forma como se ha
redactado el tipo penal 121-A se llega a la conclusión de que se trata de un de
lito común, pues como ya señalamos se ha ampliado el radio de personas que
pueden constituirse en sujetos activos en agravio de los menores de 14 años.
En efecto, agente del delito puede ser cualquier persona, solo es sufi
ciente que la agresión se produzca en contra de un menor de catorce años.
De igual modo, también pueden ser autores todas aquellas personas que
tengan las cualidades explicitadas en los tipos penales. Es decir, aquellos
que con relación a la víctima tengan las cualidades de padre, madre, tutor,
guardador o responsable de un menor de catorce años, cónyuge, convivien
te, ascendiente, descendiente natural o adoptivo y pariente colateral.
2.3. Sujeto pasivo
Víctimas o sujeto pasivos del ilícito penal previsto en el artículo 121-
A solo podrán ser los menores de catorce años.
En tanto que en el supuesto previsto en el artículo 121-B, podrán
ser sujetos pasivos del delito los cónyuges, uno de los convivientes, hijos,
padre y pariente colateral del agente.
La víctima siempre será un menor de 14 años. Además, en los otros
supuestos, siempre será necesario la concurrencia de una relación directa
entre la cualidad del sujeto activo con la cualidad de la víctima. Si ello no
ocurre, las lesiones graves producidas se calificarán como lesiones leves
sancionadas en el artículo 121 del Código Penal.
3. TIPICIDAD SUBJETIVA
Tal como aparecen redactados las fórmulas legislativas, en cuanto a
los supuestos básicos, se trata de delitos netamente dolosos. No cabe la
comisión por culpa. El agente debe actuar con conocimiento y voluntad de
realizar la conducta típica. Además se exige la concurrencia de un elemen
tos subjetivo adicional al dolo como es la presencia del anim m vulneran di.
Del mismo, modo en cuanto a los supuestos en los cuales el agente
tiene alguna relación de familiaridad o de protección de la víctima, se exige
■ 226
Delitos contra la salud
que el sujeto activo debe conocer que entre él y su víctima existe aquella
relación especial, si ello no se verifica, esto es, si el agente desconoce que
le une una relación parental o de custodia con el sujeto pasivo, la conducta
se adecuará al tipo penal del artículo 121 del C.P. En otros términos, el
agente debe actuar a sabiendas de que tiene la citada relación especial. Si
actúa desconociendo tal circunstancia la conducta se calificará como le
siones graves simplemente. Ocurre por ejemplo, cuando una persona da
tremenda golpiza al menor de 14 años, sin saber que este menor era su hijo
natural. Circunstancia de la que toma conocimiento luego que se inicia la
investigación correspondiente.
En los supuestos previstos en los últimos párrafos de los tipos pena
les, en hermenéutica jurídica, se trata de lo que en doctrina se conoce como
delitos preterintencionales, esto es, concurren en un acto inicial el dolo y
luego interviene la culpa. De modo que estaremos ante un delito preter-
intencional de lesiones graves seguidas de muerte, cuando a consecuencia
de las agresiones dolosas producidas por el agente, por culpa del mismo
causante de las lesiones graves, se produce la muerte de la víctima. Ello
ocurrirá por ejemplo, cuando el agresor luego de propinarle fuertes golpes
a su víctima y constándole las graves lesiones producidas, este en lugar de
conducirlo a un centro de atención médica, no lo hace en la creencia que
luego se recuperaría. Ocurriendo que al final muere la víctima por falta de
atención médica oportuna.
4. PENALIDAD
Cuando se configuren y acrediten los supuestos previstos v sancio
nados en el artículo 121-A, el agente será sancionado con la pena privativa
de libertad no menor de cinco ni mayor de diez años. En caso de tener la
de tutor o responsable del menor procederá la remoción del cargo según el
numeral 2 del artículo 554 del Código Civil e inhabilitación a que se refiere
el artículo 36 inciso 5.
Cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión v el agente pudo
prever este resultado, la pena será no menor de seis ni mayor de doce años.
En tanto que si se acredita la comisión de alguno de los supuestos del
artículo 121 -B, el agente será sancionado con pena privativa de libertad no
menor de cinco ni mayor de diez años y suspensión de la patria potestad
según el literal e) del artículo 75 del Código de los Niños y Adolescentes.
Cuando la víctima muere a consecuencia de la lesión v el agente pudo pre
ver este resultado, la pena será no menor de seis ni mayor de quince años.
227 ■
Ramiro Salinas Siccha
Subcapítulo 4
Lesiones leves
1. TIPO PENAL
Las lesiones leves, conocidas también como simples o menos graves,
se encuentran tipificadas en el tipo penal del artículo 122 con el contenido
siguiente:
El que cause a otro un daño en el cuerpo o en la salud que requiera m ás de
d iez y m enos de treinta días de asistencia o descanso, según prescripción
facultativa, será reprim ido con pena privativa de libertad no mayor de dos
años y con sesenta a ciento cincuenta días multa.
C u an d o la víctim a m uere a consecuencia de la lesión, y el agente pudo
prever este resultado, la pena será no m enor de tres ni m ayor de seis años.
2. TIPICIDAD OBJETIVA
El legislador no ha conceptualizado las lesiones menos graves en el
entendido que a la doctrina le corresponde tal tarea. Nosotros la entende
mos como el daño causado dolosamente a la integridad corporal o salud de
un tercero que requiere, para curarse, de once a veintinueve días de asis
tencia médica o descanso para el trabajo, e incluso, de no alcanzar aquel
mínimo, constituye lesión leve o menos grave, cuando concurre alguna cir
cunstancia que le dé cierta gravedad al hecho mismo, como, por ejemplo, el
medio empleado (piedra, chaveta, verduguillo, etc.).
En tal sentido, el legislador peruano por Ley N° 29282 (27 de no
viembre de 2008), modificando el contenido del artículo 441 del Código
Penal, ha dispuesto en el segundo párrafo de aquel numeral, que se consi
dere circunstancia agravante de las faltas contra la persona y, por tanto, se
incrementará la prestación de servicios comunitarios cuando la víctima sea
menor de catorce años o la lesión se produzca como consecuencia de un
hecho de violencia familiar, o el agente sea el tutor, guardador o responsa
ble de aquel. Para evitar equívocos, cabe señalar que de concurrir cualquiera
de estas circunstancias y la lesión no requiere más de diez días de prescrip
ción facultativa constituirán faltas agravadas, en cambio si la prescripción
facultativa es mayor la conducta se subsumirá en el artículo 122-A que
analizaremos en su momento.
Constituyen lesiones leves todas aquellas que no producen daño,
perjuicio o desmedro en la integridad corporal o salud del sujeto pasivo en
■ 228
Delitos contra la salud
la magnitud de una lesión grave. Si ello ocurriese el hecho será subsumido
en el tipo penal del artículo 121.
Del coniepto expuesto se concluye que los límites fijados en el dis
positivo legal de días de asistencia o descanso para el trabajo no son con
cluyentes para considerar a un daño en la integridad física como delito de
lesiones menos graves o simples, toda vez que el medio empleado por el
agente, el lugar donde se produjeron los hechos, la calidad o cualidad de la
víctima o la calidad del agente, puede servir para catalogarlo como tal, aun
cuando el daño ocasionado y los días para su recuperación, no excedan los
diez días de asistencia o descanso.
Esta circunstancia incluso, hace que algunas Salas de las Cortes Supe
riores del país, califiquen como graves las lesiones ocasionadas a la víctima,
así la atención facultativa o días de descanso para el trabajo que indica el
certificado médico, sea inferior a 10 días. Como ejemplo representativo
tenemos la Ejecutoria Suprema del 27 de noviembre de 1997, por la cual
la Suprema Corte haciendo uso del principio de determinación alternativa
que corrige a la Sala de la Corte Superior, señala: “que, tal como se desprende
del certificado médico obrante a fojas nueve, las lesiones inferidas al agraviado
Lima Baldevia no tienen el carácter de graves, al haber requerido tres días de
atención facultativa y diez días de descanso, sin que a su vez se haya puesto en
peligro inminente la vida, u ocasionado una desfiguración de manera grave
y permanente en la integridad corporal del referido agraviado; que, en tal ra
zón, y en aplicación del principio de determinación alternativa, la tipificación
correcta del hecho suh materia dehe ser el de un delito de lesiones leves y no de
lesiones graves”^51).
Roy Freyrel352), comentando el artículo 166 del código derogado que
recogía el tipo penal de lesiones simples, enseña que “aun cuando el daño
fuere de escasa importancia, si el agente ha empleado un instrumento cor
tante (cuchillo, serrucho, etc.) o contundente (cachiporra, manopla, cade
na, etc.), o si la lesión fuera producida valiéndose de alevosía, nocturnidad
o despoblado, por ejemplo, el hecho se considerará como delito”.
En tal sentido se ha pronunciado reiterada jurisprudencia. Para gra-
ficar esta posición, la Ejecutoria Suprema del 28 de setiembre de 1994 del
Supremo Tribunal de Justicia Penal ha expresado que: “no obstante que las
lesiones producidas al agraviado le han ocasionado 8 días de incapacidad,
<351> Exp. 5263-97-Lima, en PRADO SALDARRIAGA, 1999, p. 77.
<353 ROY FREYRE, 1989, p. 325.
229 ■
Ramiro Salinas Siccha
no puede considerarse faltas contra la persona, pues ha sufrido una herida
cortante de 8 cm, por agente contundente duro y cortante, lo que da gravedad
al hecho”(i5i). Por su parte, la Ejecutoria Superior del 28 de noviembre de
1997 expone que: “si bien es cierto el artículo 122 del Código Penal establece
que se considerará delito de lesiones cuando se produzca un daño en el cuerpo
o en la salud que requiera más de 10 días y menos de 30 días de asistencia o
descanso médico, también lo es que el artículo 441 del mismo cuerpo legal que
regula las faltas contra la persona, establece que en caso de concurrir circuns
tancias que den gravedad al hecho, este será considerado como delito; en el
presente caso las lesiones han sido causadas con arma blanca lo cual hace que
sean consideradas como delito y no como falta ”<35354).
Si la lesión leve no ha sido producida por un elemento peligroso, no
concurre ninguna otra circunstancia que le dé gravedad y no logra superar
los diez días de asistencia médica o incapacidad para el trabajo, aquella, en
estricta aplicación del contenido del artículo 441 del Código Penal, consti
tuirá faltas contra la persona y no delito.
El pronunciamiento médico legal resulta medio de prueba y, luego del
contradictorio, acto de prueba para acreditar o verificar las lesiones menos
graves, hasta el punto que se constituye en irremplazable dentro del proce
so penal por el delito de lesiones. Reiteradas ejecutorias supremas han dis
puesto la absolución del procesado por falta del pronunciamiento médico
legal. Sin embargo, “la gravedad de las lesiones puede probarse con la pericia
médica y cualquier otro medio idóneo, como fotografía o la constatación que
haga el juez al momento de la preventiva del agraviado u otro acto procesal
penal, como el examen del agraviado en el acto ora/”(355).
Igual que en las lesiones graves, el consentimiento de la víctima es
irrelevante para producir lesiones leves en su integridad corporal o salud.
Incluso, si no ha sido factible aplicar el principio de oportunidad previsto
en el artículo 2 del Código Procesal Penal por parte del Ministerio Públi
co, así exista una transacción entre víctima y victimario sobre las lesiones
menos graves producidas, la formalización de denuncia continúa y, de en
contrarse responsable al acusado de lesiones simples, se le impondrá pena
indefectiblemente. Claro está, la transacción patrimonial solo servirá para
efectos de la reparación civil.
(353) EXp 2250-936- Lima, en ROJJASI PELLA, 1997, p. 163.
(354) Exp. 2969-97, en LA ROSA GÓMEZ DE LA TORRE, 1999, p. 28.
P55) Ejecutoria Suprema del 15 de setiembre de 1997, Exp. 2100-97- Lima, en Rojas Vargas,
1999, p. 316.
■ 230
Delitos contra la salud
2.1. Bien jurídico protegido
El interés socialmente relevante que se pretende proteger es la inte
gridad corporal y la salud de las personas. También, la vida de las personas
cuando se tipifica el ilícito penal de lesiones simples seguidas de muerte.
En ese sentido, se desprende que la razón o fundamento por la cual es
más reprochable la conducta de lesiones simples seguidas de muerte y, por
ende, se le reprime con mayor severidad, radica en la relevancia del interés
jurídico que el Estado pretende salvaguardar, como lo constituye el interés
social “vida” en nuestro sistema jurídico.
2.2. Sujeto activo
Agente del delito de lesiones leves puede ser cualquier persona, no
exigiéndose que reúna alguna cualidad o condición especial al momento
de actuar dolosamente sobre la integridad corporal o salud de su víctima.
Ahora, en nuestro sistema jurídico solo se excluye a los familiares cercanos
del sujeto pasivo, ello en concordancia con lo establecido en el tipo penal
del artículo 122-A que estudiaremos a continuación.
2.3. Sujeto pasivo
Víctima o damnificado del ilícito penal puede ser cualquier persona.
No obstante, actualmente en nuestro sistema jurídico-penal se excluye de
la figura delictiva a los menores de catorce años de edad cuando el autor
sea el padre, madre, tutor, guardador o su responsable, así como también a
uno de los cónyuges o conviviente cuando el agente sea el otro. Del mismo
modo, a los parientes del autor.
3. TIPICIDAD SUBJETIVA
Se exige necesariamente la concurrencia del dolo. El agente debe ac
tuar con conciencia y voluntad de causar un daño leve, ya sea en la inte
gridad corporal o a la salud de su víctima. En la práctica, es poco más que
imposible llegar a determinar qué grado de daño se propuso causar el autor
con su actuar, no obstante, el medio o elemento empleado, así como las
diversas circunstancias y factores que rodean a la conducta ilícita, sirven la
mayoría de las veces al operador jurídico para deducir el grado de daño que
perseguía el sujeto activo al desarrollar su accionar lesivo.
Es posible la comisión del delito por dolo eventual. Ejemplo: la Eje
cutoria Superior del 13 de mayo de 1998 que confirmó la sentencia al agen
te considerando que “las lesiones causadas en circunstancias de forcejeo, en
231 ■
Ramiro Salinas Siccha
la que el procesado debió de tener un deber de cuidado y sopesar la acción que
realizaba, constituyen lesiones realizadas con dolo eventual, dada su superio
ridad física y corporal”(i5b).
La concurrencia del elemento culpa también se exige cuando pro
ducto de las lesiones leves, la víctima llega a fallecer. Si la muerte se debe a
factores diversos como la falta de cuidado o falta de diligencia del agente,
este no responderá por la vida, pero sí por las lesiones leves causadas.
En suma, las lesiones menos graves, simples o leves se configuran
cuando concurre el dolo, no cabe la comisión culposa.
4. LESIONES SIMPLES SEGUIDAS DE MUERTE
El último párrafo del tipo penal del artículo 122 regula las lesiones
menos graves seguidas del fallecimiento de la víctima. La hipótesis delictiva
se configura cuando a consecuencia o efecto directo de las lesiones leves
que causó el agente a su víctima -debiendo o pudiendo prever el resultado-
esta muere.
Constituye circunstancia agravante del hecho punible en comentario,
la muerte del sujeto pasivo a consecuencia de las lesiones menos graves,
al concurrir el elemento culpa en el accionar del sujeto activo. La culpa
aparece cuando el agente pudiendo o debiendo prever el resultado letal
que se podía producir, no lo hizo y se limitó a actuar. Ocurre, por ejemplo,
cuando el agente mediante un golpe de puño en las fosas nasales del sujeto
pasivo le ocasiona una hemorragia, siendo el caso que al no ser auxiliado
por el agente, este muere después de dos horas por desangramiento.
Resulta necesario verificar el nexo causal directo que debe existir en
tre las lesiones leves causadas y la muerte del que las sufrió para estar ante la
figura agravada. Si ello no sucede y, por ejemplo, el deceso se debe a la con
currencia de otros factores, el ilícito penal con agravante no se materializa.
Por ejemplo, no sería autor de lesiones simples seguidas de muerte, cuando
Juan Arrelucea sin saber que su víctima sufría del corazón, le propinó un
fuerte golpe en el rostro a Jorge Reyes de 24 años, quien después de algu
nos minutos se desplomó muriendo instantáneamente.
Por el contrario, si el sujeto activo conocía el mal que padece el
sujeto pasivo y actúa, aparecerán necesariamente en su actuar los elemen
tos constitutivos del injusto penal de lesiones leves seguidas de muerte.
I356> Exp. 8619-97, en Rojas VARGAS/BACA CABRERA/NEIRA HUAMÁN, 1999, p. 126.
■ 232
Delitos contra la salud
El agente al conocer el estado de su víctima pudo fácilmente prever el
resultado letal.
5. ANTIJURIDICIDAD
Una vez que se ha determinado que en la conducta analizada concu
rren todos los elementos objetivos y subjetivos que conforman la tipicidad
del delito de lesiones leves previsto en el artículo 122 del Código Penal,
el operador jurídico pasará de inmediato a analizar el segundo elemento o
nivel denominado antijuridicidad. Es decir, entrará a determinar si la con
ducta es contraria al ordenamiento jurídico o, en su caso, concurre alguna
causa de justificación de las previstas y sancionadas en el artículo 20 del
Código Penal. De ese modo, el operador jurídico analizará si en las lesiones
leves ocasionadas a la víctima concurre la legítima defensa o el estado de
necesidad justificante o el agente actuó por una fuerza física irresistible o
compelido por un miedo insuperable o en cumplimiento de un deber.
En la praxis judicial es frecuente encontrarnos con la legítima defensa
como causa de exclusión de antijuridicidad. Como ejemplo representativo
tenemos la Ejecutoria Suprema del 5 de marzo de 1998. En efecto, en ella
el Tribunal Supremo de Justicia Penal en el Perú, enseña que: “teniéndose en
cuenta que las lesiones corporales ocasionadas por Fernández Alvarez estuvie
ron motivadas por la necesidad de defensa frente a la agresión ilegítima de que
era víctima departe de Zambrano Quispe, a quien incluso en ningún momen
to provocó, sino que este de manera injustificada e intencionalmente agredió
a Fernández Alvarez causándose daños patrimoniales y lesiones corporales
conforme obra en el certificado médico legal de fojas doce, es de apreciar que,
en la circunstancia concreta, la silla metálica era el único objeto con el cual
el agraviado podía repeler la agresión, por lo que su respuesta se ajusta a los
requerimientos de la legítima defensa exigida por el inciso tercero del artículo
veinte del Código Penal, a saber: a) agresión ilegítima, b) necesidad racional
del medio empleado para impedirla o repelerla, y e ) falta de provocación sufi
ciente de quien hace la defensa, lo que, en consecuencia, excluye la antijuridi
cidad del comportamiento siendo del caso declarar exento de responsabilidad
a Fernández Alvarez”(ii7).
Si se concluye que en la conducta calificada de lesiones simples o
menos graves, concurre alguna causa de justificación, aquella conducta será
típica, pero no antijurídica y, por tanto, será irrelevante pasar a analizar el
tercer elemento del delito conocido como culpabilidad.
(3571 Exp. 2916-97-Cono Norte, en PRADO SALDARRIAGA, 1999, p. 121.
233 ■
Ramiro Salinas Siccha
El consentimiento no se configura como una causa de justificación en
el delito de lesiones, toda vez que los bienes jurídicos que se protege como
es “la integridad corporal” y “la salud” de las personas no son de libre dis
posición por sus titulares. En otros términos, al no estar ante bienes jurídi
cos de libre disposición, no se configura la causa de justificación recogida
en el inciso 10 del artículo 20 del Código Penal.
No obstante, si en las lesiones simples ha mediado el consentimiento
válido, libre, espontáneo y expresamente emitido por la víctima con capa
cidad para prestarla, la pena que se impondrá al acusado será mucho menor
a aquel que actuó sin consentimiento de su víctima. Es decir, el consenti
miento prestado por la víctima solo tendrá relevancia penal al momento
que el Juzgador individualice y gradúe la pena a imponer después del debi
do proceso.
6. CULPABILIDAD
Si después de analizar la conducta típica de lesiones se llega a la con
clusión de que no concurre alguna causa o circunstancia que lo justifique
frente al ordenamiento jurídico, el operador jurídico inmediatamente en
trará a determinar si aquella conducta puede ser atribuida o imputable a
su autor o autores. En consecuencia, analizará si la persona a quien se le
atribuye la conducta típica y antijurídica es imputable penalmente, es decir,
goza de capacidad penal, para responder por su acto lesionante. En este
aspecto, por ejemplo, tendrá que determinarse la edad biológica del autor
de las lesiones. “La minoría de edad constituye una causa de inimputabihdad
criminal, cuya importancia normativa supone una presunción legal mre et de
jure que incide en una dimensión biológica de la persona, por lo que bastará la
sola constatación de que el sujeto no haya alcanzado la mayoría de edad para
fundar la exclusión de su responsabilidad penal”(358).
Luego, determinará si tenía conocimiento de que su conducta de cau
sar lesiones en su víctima era antijurídica, es decir, contraria al ordenamien
to jurídico del país. Pero de modo alguno se requiere un conocimiento
puntual y específico, sino simplemente un conocimiento paralelo a la es
fera de un profano, o, mejor dicho, un conocimiento que se desprende del
sentido común que gozamos todas las personas normales.
Al igual como ocurre con las lesiones graves, también es factible que
se presente el error de prohibición. Se producirá, por ejemplo, cuando el
(358) Ejecutoria Suprema del 23 de diciembre de 1998, Exp. N° 4604-98-Lima, en PRADO SALDA-
RRIAGA, 1999, p. 138.
■ 234
Delitos contra la salud
agente contando con el consentimiento de la víctima le ocasiona lesiones
leves, en la creencia que al tener el consentimiento del sujeto pasivo, no
comete delito.
En cuanto el error culturalmente condicionado, previsto en el artí
culo 15 del Código Penal, debido a que la integridad física y la salud de
las personas es apreciada en todas las sociedades y culturas ya sean occi-
dentalizadas o nativas, solo puede servir para atenuar la pena al imputado
en razón de que la comprensión del carácter delictuoso de su acto se halle
disminuida.
Finalmente, cuando se concluya que el sujeto es capaz para responder
penalmente por las lesiones simples que ocasionó a su víctima y se deter
mine que conocía que su acto era contrario al ordenamiento jurídico, el
operador pasará a determinar si el agente tenía o le era posible comportarse
conforme a derecho y evitar causar las lesiones menos graves. Si se con
cluye que el agente no tuvo otra alternativa que causar las lesiones, no será
culpable de la conducta típica y antijurídica. Aquí nos estamos refiriendo
al caso del estado de necesidad exculpante cuya construcción tiene una lar
ga tradición que se remonta al romano Carneades como ya hemos tenido
oportunidad de indicar.
7. CONSUMACIÓN
El injusto penal de lesiones menos graves o leves se perfecciona en el
mismo momento en que el autor o agente intencionalmente ocasiona las
lesiones en la integridad corporal o salud de la víctima. En otros términos,
hay consumación del delito de lesiones cuando el agente ha conseguido
realmente su objetivo propuesto, cual es lesionar a su víctima.
8. TENTATIVA
Al tratarse de un hecho punible de resultado dañoso para la salud y la
integridad anatómica del sujeto pasivo, resulta perfectamente posible que
el actuar doloso del agente se quede en el grado de tentativa. Ocurre, por
ejemplo, cuando después de haber derribado al suelo a su víctima de un
empujón, el sujeto activo se dispone a golpearle con los pies, siendo cogido
por un tercero quien evita se produzca el resultado querido por el autor.
9. PENALIDAD
De presentarse la primera hipótesis del tipo penal del artículo 122,
el autor será merecedor a una pena privativa de la libertad que oscila entre
235 ■