CARLOS JOSE ROMERO.
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LA CAPACIDAD PROGRESIVA DE LOS NIÑOS, NIÑAS Y
ADOLECENTES.
Uno de los principios que nunca deben vulnerarse es la capacidad
progresiva que se debe tener en materia objetiva en cuanto al desarrollo y
capacidad intelectual en cuanto a los niños, niña y adolecente se refiere.
Un aspecto que nos interesa destacar es la inclusión del artículo 451 en la
Lopnna, el cual le otorga plena capacidad en todos los procesos en cuales la ley le
reconoce capacidad de ejercicio como lo decreta el artículo 13 de la Lopnna.
Donde pueden realizar de forma personal y directa actos procesales actos
procesales validos, el cual es importante destacar el ejercicio del Derecho a la
justicia, es decir, su capacidad de acceder a los órganos de justicia a exigir su
Derecho.
Luego del nacimiento de la doctrina de la protección integral y la ratificación
de Venezuela en la convención internacional sobre los derechos del niño, niña y
adolecentes, y estos reconocidos como sujetos de derecho, la ley con estos dos
artículos transformo la necesidad en un derecho.
La regla general de la situación irregular, fue sustituida por la nueva
concepción de la capacidad progresiva de los niños, niñas y adolecentes
establecidas en la Lopnna, diseñada para defender sus derechos y asumir sus
deberes, mediante un ejercicio progresivo, que junto al interés superior del niño, la
participación y la responsabilidad y la no discriminación han sido orientadas desde
la doctrina de la protección integral.
La noción de la capacidad progresiva de los niños, niñas y adolecentes
implica el desempeño de un rol fundamental por parte de los padres o
representantes y demás miembros de la familia ampliada, correspondiéndole el
ejercicio de una doble función, orientadora y permisiva de acuerdo a la capacidad
y madurez mental del niño, niña y adolecente.
Para concluir y en vista de tantas reformas que en esta materia están por
materializarse es importante no olvidar que cada una de las decisiones que se
tomaran no deben de afectar estos principios fundamentales en materia de
derechos y garantías, por los que todos los involucrados en esta redacción de3
leyes , reforma y evoluciones deben de sobre todo sensibilizarse en esta materia y
a tener por norte los derechos de la niñez, para garantizarle una mejor calidad de
vida y un desarrollo más adecuado a los nuevos tiempos que están por venir,
siempre teniendo en cuanta el interés superior del niño.
EFECTOS SOBRE LAS RELACIONES FAMILIARES Y LA
AUTORIDAD.
La Convención sobre los Derechos del niño y la Ley Orgánica de Protección del
niño, niña y adolecentes, establece que los padres tiene iguales responsabilidades
en relación a los hijos, al tiempo que sus acciones deben estar orientadas al
interés superior del niño, es decir, que no deben hacer nada que atente contra su
vida, su integridad, su salud, educación, seguridad individual y dignidad.
Cuando de manera irresponsable los padres no proveen de estos derechos a los
niños, no solo en cuanto a lo que necesitan como ropa, vestido, educación, techo
digno, sino también a la seguridad emocional, el Estado debe intervenir de manera
solida para garantizar la restitución de los derechos vulnerados de estos niños,
niñas y adolecentes.
En la Lopnna existen mecanismos idóneos que regulan la autoridad en las
instituciones familiares, en consecuencia el Estado toma el control mediante la ley
toda necesidad esencial de un niño, vulnerado en sus Derechos más esenciales,
llenando vacios estructurales de discrecionalidad, sustituyéndolo por parámetros
legales de intervención que se fundamentan en los principios de igualdad,
corresponsabilidad, rol fundamental de la familia e interés superior del niño.
La complejidad del Derecho y sus múltiples cambios en estos últimos años, tanto
del texto constitucional como el nacimiento de la ley orgánica de protección del
niño, niña y adolecente, destaca un especial reconocimiento de la familia en
cuanto a uniones de hecho, parentesco y filiaciones, las regulaciones que el
Estado otorga por su protección sin discriminación alguna y con independencia,
siempre y cuando no vulnere su carácter plenipotenciario e institucional.