PARTE i
LAS EMOCIONES
Son estados afectivos que experimentamos.
Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus
experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas
de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las
emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.
En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un
conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos
para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se
percibe dicha situación.
Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes
y siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano.
Pero las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales,
motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos.
De todas formas, es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura
del individuo, aunque nos puede ayudar a intuirla.
La situación actual ha afectado la vida de todos. Sumados a la incertidumbre y el
estrés, el confinamiento implica que tengamos menor acceso a muchas
estrategias de regulación emocional que frecuentemente empleamos: hacer
ejercicio, reunirnos con amigos o familia, tener un tiempo fuera a solas, entre otras
tantas actividades.
La regulación emocional es la capacidad interna que todos poseemos y que
permite afectar nuestras emociones en su duración e intensidad.
ES IMPORTANTE INTENTAR ACEPTAR LAS EMOCIONES QUE SENTIMOS
Muchas veces las personas nos comportamos como jueces de nosotros mismos,
valoramos las emociones como errores que reflejan debilidad y acabamos
experimentando enojo, ansiedad o tristeza por sentir emociones que son
completamente espontáneas y comprensibles para las situaciones en las que nos
encontramos.
Cuando el juez interno se activa frente a una emoción como puede ser la tristeza y
nos dice “no puede ser que estés triste” la situación se complica ya que además
de sentirnos tristes, experimentamos enojo con nosotros mismos por tener esa
emoción.
Los expertos recomiendan intentar escuchar menos al juez interno e intentar
ponernos en un rol de científicos: aceptar las emociones como fuentes de
información acerca de lo que estamos viviendo e intentar identificarlas y
entenderlas para luego poder hacer algo con ellas.
Este ejercicio no es sencillo, pero supone una postura más favorable para nuestra
salud mental.
ES IMPORTANTE:
Entender cómo nos sentimos.
Explicar qué nos tiene así.
Aceptar que las emociones son espontáneas y muchas veces no podemos
elegir qué emociones tener y cuáles no.
Entender que las emociones pasan
Investigar qué cosas podemos hacer para sentirnos mejor.
LA REGULACIÓN EMOCIONAL REQUIERE PRÁCTICA
No sea demasiado duro consigo mismo si nota que se siente enojado o ataca a las
personas cercanas a usted. Es normal experimentar una desregulación emocional
durante momentos estresantes como estos. Pero hay algunas cosas que puede
hacer para tomar el control de sus emociones, especialmente antes de actuar
estimulado por ellas.
Tómese un momento. Cuando se dé cuenta de que está reaccionando
emocionalmente de manera negativa, haga una pausa y respire profundamente.
Piense en lo que está sucediendo en el momento antes de responder.
Enfóquese en los aspectos positivos. No todo está mal en estos momentos.
Preste atención a las cosas positivas o neutrales de su vida.
Busque oportunidades para aprovechar sus fortalezas, incluso cuando algunas
cosas sean difíciles.
Tómese un descanso de las redes sociales.
Consumir contenido perturbador sin cesar, puede aumentar los sentimientos de
ansiedad.
Limite la cantidad de tiempo que pasa en las redes sociales.
Identifique sus factores estresantes personales. Piense en lo que le provoca y
contribuye a los sentimientos de miedo o ansiedad. Una vez que tenga claro lo
que le molesta, puede trabajar para encontrar una solución.
Esto se torna especialmente difícil en tiempos de incertidumbre ya que las
personas buscamos aumentar el control que tenemos sobre las situaciones y
muchas veces el rol de juez nos aporta una sensación de control, por más que nos
haga sentir mal.
La preocupación por lo que va a venir y la tristeza que nos genera el haber perdido
cosas debido al confinamiento nos enfocan en el futuro y el pasado,
respectivamente.
Es importante tener en cuenta que el exceso de tiempo libre y la preocupación que
genera la incertidumbre muchas veces nos lleva a tomar como certezas ciertas
ideas que no lo son necesariamente.
Por ejemplo, ninguno de nosotros sabe cuál será el desenlace de la situación
actual. Una forma en que las personas retomamos el control en las situaciones
difíciles, es mediante la toma de conclusiones.
Al concluir que la situación “tendrá un desenlace terrible” o pensar “todos nos
vamos a enfermar” estamos reduciendo la incertidumbre, pero experimentando
malestar debido a que el desenlace es negativo para nosotros. Frente a esto es
importante recordar:
Es distinto decir que algo sea posible a decir que algo es probable. Existen
otros posibles escenarios distintos al que imaginamos y pueden ser igualmente
probables.
Muchas veces cuando experimentamos ansiedad o miedo, creemos que es
más probable de lo que es.
Cuidado con las conclusiones que tomamos con poca información. Muchas
veces se basan más en nuestros miedos que en la probabilidad que indican los
hechos.
Incluso si nuestro pensamiento ansioso es cierto (“todos nos vamos a
enfermar”) esto no implica necesariamente que la situación será terrible. Puedo
enfermarme y curarme, puede ser que pueda enfrentar la situación
adecuadamente.
En momentos que nos sentimos muy ansiosos, preocupados o estresados
podemos probar practicar ejercicios de atención plena que impliquen respiración.
Estos pueden servir para bajar la activación física que generan algunas emociones
y puede favorecer reenfocarnos en pensamientos distintos.
Realizar actividades que tengan sentido para nosotros:
Generar rutinas a pesar de estar en casa. Las rutinas nos dan orden dentro
del desorden que se puede haber generado a partir de estar en casa.
Si es posible, generar distintos espacios para distintas actividades. Tener
espacios destinados al trabajo o estudio, espacios dedicados al tiempo con la
familia y espacios dedicados a actividades disfrutables.
Planificar también actividades de disfrute. Al implementarse el teletrabajo
para muchos de nosotros esto implicó que el trabajo “ocupó” un espacio de
nuestro tiempo de ocio. Es importante que no ocupe todo el espacio disponible.
Evitar la sobreexposición a noticias y asegurarnos que la información que
recibimos sea confiable. La desinformación y la sobre información puede llevar
a mayor ansiedad.
La situación actual implica una crisis en nuestro estilo de vida y cada uno de
nosotros se está adaptando como puede. En algunos casos, exigirnos hacer más
de lo que podemos hacer en estos momentos puede llevar a más frustración y ser
contraproducente para nuestra salud mental.
Es importante entrenar la compasión por nosotros mismos y por los demás:
“estamos haciendo lo que podemos” y por más que por momentos no es suficiente
para cumplir con ciertas metas, el castigo interno seguramente no sea la vía para
alcanzarlas.
Además, es bueno tener en cuenta que lo que planteamos aquí puede resultar
para algunos y para otros no y que para todos requiere práctica; las
recomendaciones no tienen por qué funcionar para todos o funcionarnos en todo
momento.
En caso de que tu funcionamiento diario se haya visto afectado fuertemente o que
estés experimentando emociones negativas intensas a raíz de la pandemia, es
preferible pensar positivo y actuar positivo todo va a cambiar, todo volverá hacer
como antes.
La regulación emocional es importante a medida que continuamos manejando
varias responsabilidades cotidianas. Todavía estamos en una pandemia y es
normal no sentirse bien. La regulación emocional es solo una de las habilidades
que respaldan nuestro bienestar.
PARTE II
Desde que se vislumbró la amenaza para la humanidad que surgía a través de los
continentes, muchos cambios han ocurrido en poco tiempo. Las sociedades en
general han tomado medidas de distanciamiento social; primero, recomendando
limitar los encuentros sociales de determinado número de individuos, y luego,
prohibiendo que el grueso de las personas saliera de sus casas. Las escuelas e
instituciones educativas fueron las primeras en cumplir con el aislamiento,
ajustando en tiempo récord sus actividades para evitar el desplazamiento y las
aglomeraciones de estudiantes.
Pero la realidad que nos impuso la presencia de un virus del que sabemos poco,
no solo implica la atención a las medidas de prevención del contagio y de
tratamiento de este patógeno cuando entra al cuerpo.
La amenaza de su presencia; la incertidumbre de su avance en las comunidades;
el cambio brusco de rutina, y el bombardeo de informaciones de todo tipo, nos ha
obligado a replantearnos nuestra naturaleza como especie y como individuos en el
día a día. Acciones simples como despertar, estudiar, trabajar, socializar, planear
o recordar, ya no son las mismas, no significan lo mismo, y no las vivimos igual.
Estas acciones simples, situaciones cotidianas, rutinarias, ahora pueden estar
cargadas de emocionalidad.
Esta emocionalidad a veces es positiva. Pensamos en la oportunidad que tenemos
de convivir con los seres queridos en casa; pensamos en la salud de la que
gozamos, y sentimos esperanza de que el esfuerzo colectivo tenga efectos pronto.
Sentimos orgullo por ver la labor de tantas personas valientes y solidarias. Pero
también, está la emocionalidad negativa. Naturalmente sentimos miedo, rabia,
desconcierto y frustración. Ese vaivén nos obliga a vivir el día a día de forma
diferente. Nos confronta con la necesidad de la comprensión y del dominio de lo
emocional, antes de cualquier otra cosa.
La labor docente expone al profesorado a situaciones que pueden generar un
amplio abanico de emociones, las cuales influyen en el desempeño y bienestar de
maestros y estudiantes.
La pandemia del COVID-19 ha causado un fuerte impacto psicológico en la
comunidad educativa y la sociedad en general. El cierre de los centros educativos,
la necesidad del distanciamiento físico, la pérdida de seres queridos, del trabajo y
la privación de los métodos de aprendizaje convencionales han generado estrés,
presión y ansiedad, especialmente entre los docentes, el alumnado y sus familias.
Toda crisis, desde guerras hasta pandemias como la que se vive actualmente por
el COVID-19, conlleva fuertes respuestas emocionales negativas, como pánico,
estrés ansiedad, rabia y miedo.
Desarrollar en las personas habilidades de aprendizaje socioemocional ayuda a
que las situaciones estresantes se aborden con calma y con respuestas
emocionales equilibradas. Además, estas competencias permiten fortalecer el
pensamiento crítico para tomar decisiones mejor informadas en la vida.
Si no se atiende al desarrollo emocional de forma apropiada, lo más probable es
que haya un incremento de ansiedad, estrés, depresión, consumo de sustancias,
comportamiento sexual de riesgo, impulsividad descontrolada, violencia, etc. Hay
estudios que señalan esto desde antes del coronavirus, y en el contexto actual hay
elementos que lo van a incrementar. La conclusión sería tomar conciencia de la
importancia de la prevención.
Las situaciones de miedo y estrés tienen un impacto negativo en la salud y la
habilidad para aprender de todas y todos los estudiantes.
Si en circunstancias normales la docencia ya producía altos niveles de estrés
laboral y agotamiento, la crisis del COVID-19 ha agravado la salud mental de los y
las docentes a nivel mundial. El 92,8% de docentes ha sufrido desgaste emocional
y estrés durante el confinamiento, tras el periodo de alarma y cuarentena, toda la
comunidad educativa evidencia signos de estrés, ansiedad y agotamiento, tanto
profesional como psicológico.
La comunidad docente afronta una situación novedosa y de incertidumbre, muy
similar a la que está afrontando toda la sociedad. Sin embargo, en el caso del
docente, esta situación se suma a los diferentes estresores que ya hacían mella
en su salud mental antes de la pandemia.
El docente en ejercicio en general (más del 90%) no ha recibido nunca ningún tipo
de formación en educación emocional de forma sistemática.
Ante este contexto, los expertos y fuentes consultadas consideran que el docente
necesita más que nunca formarse en educación emocional. De esta forma podrá
desarrollar y practicar la inteligencia emocional y así manejar las emociones de
miedo, incertidumbre y motivación que le ayude a incentivar el aprendizaje del
alumnado en estos momentos difíciles.
El docente que cuenta con habilidades emocionales "es capaz de regular mejor
sus emociones y como consecuencia goza de un mayor bienestar emocional", La
manera en que los y las educadores gestionen sus propias emociones, también va
a ser la forma en la que se relacionen sus estudiantes con ellas. Es así que los y
las docentes son el modelo de gestión emocional a partir del cual podamos
generar entornos de aprendizaje y de enseñanza más óptimos. Por lo tanto,
cumplen un rol clave, ya que hoy sabemos que las emociones son la base de
cualquier proceso cognitivo como la capacidad de estar atentos, nuestra
efectividad, creatividad y toma de decisiones.
Los docentes están siendo los protagonistas de la reinvención de la educación,
pero también de la reinvención de personas con realidades, formas de
afrontamiento y experiencias en medio de la crisis, tan diversas como particulares.
Son canalizadores de emociones”.
Los docentes, desde clases remotas, piensan en soluciones para sus estudiantes
con dificultades para conectarse a través de internet a las lecciones sincrónicas y
asincrónicas que tanto tiempo nos toma diseñar. O piensan en cómo resolver los
diferentes problemas que se presentan sesión tras sesión. Luchan contra las
limitaciones de las plataformas y los recursos tecnológicos; Se esfuerzan para no
perder la información que se queda en los canales virtuales e intentan a toda costa
que sea un distanciamiento físico y no un distanciamiento afectivo.
Sobre todo, se preocupan por la situación familiar de algunos; por la realidad
financiera de otros, o por la emergencia de la enfermedad en casos cercanos.
Desde su quehacer mediado por la internet, crean formas pedagógicas que
también acompañan emocionalmente a sus alumnas y alumnos, y en extensión a
sus familias: somos la primera línea de procesos emocionales en medio de la
crisis.
Los docentes están recibiendo las emociones cambiantes entre tristeza y euforia
de los niños, niñas y jóvenes que quieren avanzar en sus cursos, pero no logran
concentrarse; también de quienes se preguntan por el sentido de estudiar en
tiempos de pandemia. Se preguntan, desde su propio nivel de comprensión, por el
futuro, por las sociedades, por la fragilidad de la vida. La enfermedad, el encierro y
el riesgo de pérdida de empleos, aumenta las tensiones en las relaciones
familiares, y la disponibilidad afectiva para el aprendizaje se desploma.
Educadores y educadoras lo notamos de primera mano.
Los docentes están en la primera línea de la experiencia emocional de los niños,
niñas y jóvenes. No somos indiferentes. Captamos sus necesidades emocionales
al igual que médicos y enfermeras captan signos vitales; respondemos con
urgencia con los recursos que conocemos, los que tienen nuestras instituciones o
los que creamos en medio del proceso.
Esta primera línea no es para entender el virus, es para recibir los relatos de los
estudiantes cuyas familias se enfrentan a la zozobra de convivir con la
enfermedad que provoca el virus, porque ellos y ellas mismas o algún familiar está
diagnosticado.
No solo en sus clases son un aliciente emocional para que muchos estudiantes
continúen dando lo mejor de sí, son también la puerta a través de la cual canalizan
y contienen emociones; ayudan a crear formas de afrontamiento de la situación;
trabajan para mitigar el posible impacto negativo del estrés propio de estos
tiempos de crisis.
Los docentes escuchan con atención lo que se les dicen sus estudiantes, y les
ayudan a tomar conciencia de lo que están viviendo. Los ayudan a verbalizar y a
dar significado a lo que sienten; inspiran y los transforman con cada día con cada
uno de ellos y ellas.
Los docentes están en la primera línea enfrentando, desde lo más humano, el
desconcierto que nos trajo la pandemia.
PARTE III
La declaración de pandemia ha causado desafíos de dimensiones impensables en
materia educativa. En principio, porque obligó al cierre repentino de las escuelas a
escala global, lo cual obligó a reconocer que muchos sistemas educacionales aún
no están preparados para la enseñanza y el aprendizaje a la distancia. Además, la
emergencia sanitaria puso en evidencia las desigualdades social y económica,
que en tiempos como éstos se profundizan, porque a la brecha en materia de
acceso a una educación de excelencia se suman las diferencias en la disposición
y uso de herramientas tecnológicas que permiten aprender a distancia. Ello ha
despertado un debate mundial, pleno de propuestas y recomendaciones que
llevan a pensar la escuela, la enseñanza y el aprendizaje de formas distintas.
La emergencia sanitaria provocada por la pandemia COVID-19 nos ha situado
ante el mayor reto educativo de los últimos tiempos. Todos los agentes educativos
están asumiendo responsabilidades hasta ahora desconocidas, en un clima de
alta incertidumbre que se extiende a muchas de las situaciones que vivimos, y
también a aquellas más directamente relacionadas con la acción docente.
Ante la pandemia por COVID-19, la rutina de todos ha cambiado y las forma de
dar clases no ha sido la excepción. Sabemos que para los profesores o maestros
ha sido difícil adaptarse tan rápidamente a dar clases a distancia y esto puede
hacer que se sientan estresados, cansados o que piensen que no están
comunicando los aprendizajes de manera correcta.
Los cambios que vivimos nos colocan frente a múltiples retos y grandes
oportunidades para pensar y afirmar el valor de la escuela, así como para
reconocer los saberes de las y los docentes y su capacidad profesional y humana
de organizarse en colectivos y asumir su protagonismo en la toma de decisiones
educativas, a fin de contribuir a la educación como un proyecto igualitario, abierto
a toda diversidad social, cultural y lingüística.
RECOMENDACIONES PARA LOS DOCENTES:
1. En un escenario de incertidumbre y de poco control acerca de los avances y
aprendizajes de los niños y niñas, es importante evitar que inunde la frustración
y los sentimientos de inseguridad. Para esto, sugerimos estar conscientes y
aceptar que estamos viviendo un proceso diferente. La invitación es a ser
flexibles y probar diferentes maneras para alcanzar metas u objetivos.
2. Es recomendable realizar pausas activas durante el día, que ayuden a
relajarse y volver a conectar con lo que se está haciendo. Algunas ideas
podrían ser: baile entretenido, yoga, una película de humor, o tan solo tomar 5
minutos para mirar por la ventana y respirar profundo. Es importante no
quedarse detenido en los obstáculos. Cuando te encuentres con uno, toma una
pausa y vuelve a mirarlo desde otra perspectiva.
3. Brinda especial acompañamiento a las y los estudiantes que más lo necesitan.
La educación a distancia es un reto para muchas familias. No todas las familias
pueden brindar acompañamiento o proveer de un espacio libre de
distracciones a las niñas y niños dentro del hogar para realizar sus estudios.
En algunos casos, las niñas y niños se han visto obligados a intercambiar
actividades escolares por actividades laborales debido a las necesidades
económicas de sus familias. Es por esto que para muchas niñas, niños y
adolescentes las horas dedicadas a la educación se han visto reducidas lo cual
generará importantes rezagos educativos.
4. Los docentes deben brindar especial seguimiento y acompañamiento a los
estudiantes con más necesidades. Esto incluye a alumnos de educación
especial, población indígena monolingüe, migrantes, y niñas y niños en
contextos violentos, entre otros.
5. Aprovecha los recursos disponibles en casa para una educación vivencial. El
aprendizaje no es exclusivo del aula, en casa existen recursos que se pueden
utilizar para promover el aprendizaje.
6. Esta contingencia es una oportunidad para aprender a utilizar nuevas
herramientas, no hay que tenerles miedo. Si no estás familiarizado con ellas,
explóralas, muchas son de uso intuitivo. También puedes pedir ayuda a otros
docentes o a miembros de tu familia.
7. El miedo al contagio, el cuidado de familiares enfermos, el confinamiento en los
hogares, y la reducción del ingreso familiar son factores que elevan los niveles
de estrés de millones de familias. Altos niveles de estrés por tiempo
prolongado perjudican la capacidad de aprendizaje. Es por esto que los
docentes deben tomar en cuenta el estado emocional y mental en el que se
encuentran las y los alumnos y brindar herramientas para restaurar su
bienestar emocional.
Lo primero que debe hacer un docente es practicar el autocuidado. Una
maestra o maestro estresado difícilmente podrá apoyar a una alumna o
alumno estresado.
Algunas recomendaciones para reducir el estrés de las y los docentes son:
Expresa tus miedos y preocupaciones con tu familia o amigos.
Practica respiraciones profundas, meditación o alguna actividad que te
ayude a calmar la mente.
Repite mentalmente “Esto también pasará”. Esta situación es temporal.
Con tus alumnos te recomendamos que:
Escuches sus preocupaciones y respondas a sus preguntas de manera
apropiada a su edad.
Promuevas tareas en casa donde tus alumnos puedan expresar sus
pensamientos y sentimientos a través de dibujos o de la escritura,
Organices actividades colaborativas para fomentar la interacción social a
distancia, por ejemplo, deja una tarea que requiera que los estudiantes se
hablen por teléfono.
Evita lenguaje o comentarios que discriminen en contra de las personas
que sufren o sufrieron de Coronavirus o que están en contacto con
personas que lo hayan contraído.
8. Fortalece los mensajes que pueden salvar vidas Las y los docentes tienen el
poder de reforzar mensajes que pueden salvar vidas y prevenir el contagio de
la COVID-19. Algunos de estos mensajes son:
Mantener la sana distancia
Evitar salir de casa
Lavarse las manos frecuentemente
Evitar tocarte la cara
Comer alimentos nutritivos para mantener el sistema inmunológico fuerte.
9. Es importante focalizarse en el “aquí y ahora”, y no en lo que podría venir, ya
que eso desestabiliza nuestro equilibrio psíquico, físico y emocional. En este
sentido, es importante:
Comenzar a trabajar la apertura al cambio. Reconocer que estamos
viviendo una pandemia, y debido a esto debemos adaptarnos a las
normativas de salud, a los cambios en las diferentes modalidades de
enseñanza- aprendizaje, a los nuevos desafíos, etc.
Revisar y volver a establecer nuestras metas, objetivos y proyectos.
Aceptar que los plazos fijados no serán los mismos y que debemos ser
creativos, flexibles e innovadores para rediseñar el cumplimiento de
nuestros objetivos.
Y lo más importante es entender que no todos los niños y niñas irán al
mismo ritmo que los demás, no todos los padres podrán cumplir todas las
expectativas que tenemos de ellos, debido a que todos están viviendo el
mismo proceso que tú estás viviendo con tu familia.
Finalmente, la invitación es a otorgarles a los niños y niñas todas las posibilidades
de aprender (materiales, guías, actividades, etc.), poner en práctica sus
habilidades y generar conocimientos nuevos, considerando el proceso individual y
familiar por el cual todos estamos pasando, sin presionarlos con una fecha
específica y siendo tolerantes con quienes no pueden cumplir con todas las tareas
asignadas.