La cultura
muisca
La cultura muisca es un pueblo indígena que habitó el altiplano cundiboyacense y el sur
del departamento de Santander (en el territorio de la actual Colombia) entre el 600 a. n. e. y
la actualidad. En el 1600 sus habitantes fueron sometidos por los españoles. Sus
descendientes directos viven actualmente en localidades del distrito
de Bogotá como Suba y Bosa, y en municipios vecinos como Cota, Chía y Sesquilé.
La palabra muisca significa ‘personas’ o ‘gente’ en idioma muisca.
Cultura muisca se refiere a una nación de la cultura chibcha que formaban la confederación
muisca. Los muiscas elaboraron piezas en oro utilizando la técnica de la tumbaga, que
consistió en la utilización de una mayor proporción de cobre en la aleación del oro.
El centro del territorio que hoy forma la República de Colombia ―y que antes se llamó
Nuevo Reino de Granada― se encontraba habitada por indígenas pacíficos y organizados,
agricultores y vestidos, descendientes de la familia lingüística chibcha procedentes
de Centroamérica y quienes se llamaron a sí mismos «muiscas» o «moscas».
Su patria eran las ricas sabanas
de Zipaquirá, Nemocón, Ubaté, Chiquinquirá, Tunja y Sogamoso, comprendidas entre los
nacimientos de varios ríos: del Upía, que desciende al Orinoco; del Chicamocha,
del Suárez, del Opón y de Carare, que van al Norte; del río Negro Cundinamarqués y sobre
el Funza que, corriendo de Nordeste a Sudeste, busca el Magdalena.
Ubicación geográfica
Los muiscas se desarrollaron en la meseta de Cundinamarca, en la actual Colombia. Es un
territorio surcado por los ríos Cauca y Magdalena.
Se localizan en los municipios
de Cota, Chía, Tenjo, Suba, Negativa, Tocancipá, Ganchacipá y Ubaté, en la región andina
central de la Cordillera Oriental. Su población estimada, sólo para los que habitan en el
municipio de Cota, es de 1859 personas. Actualmente se reclaman como muisca cerca de
12 000 personas ubicadas en Bosa, Suba, Chía, Gachancipá, Tocancipá y Sesquilé.
Cultura
Los muiscas o chibchas constituían y constituyen una sociedad agro-cerámica y
manufacturera perteneciente a la región andina del norte de Suramérica. La manera de
organización política ya descrita los hacía una unidad cultural compacta y disciplinada. Los
aportes de los muiscas a la identidad nacional colombiana hoy son incuestionables, más aún
porque la Confederación Muisca no era otra cosa que la máxima representación político-
organizativa de una cultura y una familia lingüística mayor. El estudio de la cultura muisca
es motivo de permanente investigación y ello contribuye en parte a entender la identidad
del colombiano.
Desafortunadamente, el pueblo muisca experimentó un fuerte proceso de aculturación,
reflejado en la pérdida de aspectos formales de la cultura. En la actualidad algunos
pobladores luchan por tratar de recuperar algunas de las tradiciones y concepciones del
mundo, en un proceso que busca que la comunidad vuelva a tener el esplendor del pasado.
Organización sociopolítica
Los muisca continúan organizados en torno al cabildo con un gobernador elegido
colectivamente. El acceso a la tierra se legitima mediante el reconocimiento de lazos de
consanguinidad respecto a los fundadores de los resguardos coloniales y republicanos.
Muchos de ellos se dedican actualmente a la agricultura de maíz, a la ganadería y a otras
actividades complementarias como el trabajo en la construcción y en la educación.
Forma de vida
A lo largo del siglo XX los indígenas muiscas adoptaron una forma de vida campesina. Es
así como el idioma, el traje y muchas actividades tradicionales indígenas se perdieron. Con
la imposición del catolicismo sucumbió la religión muisca, aunque sobreviven algunos de
sus rasgos de forma sincrética y asociados más a creencias supersticiosas.
Vestuario
La industria textil muisca, trabajaba con una gran diversidad de fibras; principalmente
el algodón y el fique. Según la tradición chibcha, el dios civilizador Bochita, les enseñó a
sus predicadores cómo hilar y tejer las fibras. Cada familia tenía en su hogar un telar, un
huso, y fibras para tejer sus propias telas. Según algunos colonizadores, los indígenas
usaban prendas de colores diferentes en diferentes ocasiones especiales. El vestido consistía
en una especie de túnica y una manta atada por las puntas en el hombro, fabricadas con
telas gruesas de algodón, adornadas con rayas de colores. Los personajes principales
vestían mantos más finos de distintos colores, las telas eran estampadas con tintas de origen
vegetal y mineral, utilizaban rodillos y sellos hechos en cerámica. No utilizaban calzado. Se
pintaban el cuerpo con achiote, además utilizaban en la cabeza plumas vistosas de aves;
también usaron brazaletes, collares, narigueras y pectorales bellamente fabricados en oro.
Transporte
Por la red de caminos andinos de los pueblos indígenas de Colombia, se trasladaban
personas, bienes y mercancías a pie y en la espalda, utilizando extensos caminos, puentes
de cuerdas y canoas o balsas de madera.
Comunicación
En la época precolombina los pueblos indígenas se comunicaban a través de los chasquis,
quienes en relevos y recorriendo largas distancias a pie llevaban información entre las
comunidades o recurrían a sistemas de señales con las que lograban comunicarse a la
distancia.
Costumbres
Normalmente tejían su ropa.
Hacían esculturas de mujeres, en barro y arcilla.
Utilizaban como casa los palafitos.
Las mujeres podían estar casadas con varios hombres.
Los hombres y las mujeres cuyo color de ojos fuera verde se consideraban personas malas.
Arquitectura
Los muiscas construían sus casas utilizando como principal material la caña y el barro para
hacer las tapias llamadas bahareque. Las casas comunes eran de dos formas: unas cónicas y
otras rectangulares. Las primeras consistían en una pared en círculo hecho de palos
enterrados como pilares más fuertes sobre los cuales se sostenía de lado y lado un doble
entre tejido de cañas cuyo intersticio era tupido de barro. El techo era cónico y cubierto de
pajas aseguradas sobre varas la profusión de tales construcciones en forma cónica en la
sabana de Bogotá, dio origen a que Gonzalo Jiménez de Quezada le diera a esta altiplanicie
el nombre de Valles de los Alcázares. Las construcciones rectangulares consistían en
paredes paralelas también de bahareque, como las anteriores, con techo en dos alas en
forma rectangular.
Tanto las construcciones cónicas como las rectangulares tenían puertas y ventanas
pequeñas. En el interior el mobiliario era sencillo y consistía principalmente en camas
hechas también de cañas, llamadas barbacoas, sobre las cuales se tendía una gran profusión
de mantas; los asientos eran escasos pues los indígenas solían descansar en cuclillas en el
suelo. Además de las casas comunes existían otras dos clases de construcciones: una para
los señores principales, probablemente el jefe de la tribu y del clan, y otras para los jefes de
las confederaciones muiscas, como los zaque y los zipas.
vivienda
Presenta una estructura que ha incorporado los elementos tradicionales de la vivienda
occidental. Desde esa perspectiva, la vivienda presenta una forma de escuadra, con cuartos
y cocinas completamente independientes y paredes en material. En la arquitectura, los
muiscas tuvieron el menor avance. Sus construcciones se resumían en dos formas básicas;
las cónicas, y rectangulares. Las cónicas eran construidas con un círculo de varas enterradas
y un techo cónico cubierto de paja. El piso era recubierto con esparto fino tejido de cañizos
atados con hilos de distintos colores. Las viviendas rectangulares eran construidas también
con un cercado de palos enterrados, pero en forma rectangular, y el techo era de dos aguas.
Cerámica
Tenían centros dedicados al trabajo de las cerámicas -alfarerías
como Tocancipá, Tinjacá, Ráquira, Tunja y Soacha. Hicieron vasijas para las ofrendas en
los templos, figuras antropomorfas que simbolizaban sus deidades tutelares y personajes
principales y grandes vasijas para el intercambio comercial. Elaboraron su cerámica
modelando directamente el barro, o por medio de rollos de arcilla en espiral. La decoración
utilizada fue la pintura roja y blanca en varias tonalidades. Estos colores los obtenían de
óxidos minerales. Algunas vasijas fueron adornadas con aplicaciones de pastillaje y con
incisiones, técnica con la que realizaron diseños antropomorfos y geométricos. La
decoración de la alfarería era pobre, salvo cuando el diseño tenía una simbolización
mágico-religiosa con culebras y figuras humanas.
Textilería
Esta industria fue de gran significado en los altiplanos fríos de Cundinamarca y Boyacá. El
Cronista Fray Pedro Simón, refiere que los muiscas usaban mantas coloradas en señal de
luto. Los indios de Lenguazaque las usaban de diversos colores y los cortesanos de Tunja
muy ricas y decoradas; los sugamoxis envolvían los cadáveres de sus antepasados en
mantas de algodón. En estas mantas pintaron una gran variedad de motivos geométricos, al
parecer de carácter simbólico. Gracias a las exploraciones realizadas por Eliécer Silva
Celis, se sabe que las coberturas de las momias eran telas de algodón, mallas de fique y
pieles de animales. La industria del tejido tenía para los indios una importancia
extraordinaria; todos los acontecimientos de la vida los festejaban con regalos de mantas.
Para decorarles usaban como colorantes numerosas plantas. También utilizaron los
colorantes de origen mineral o especie de barro a base de tierras de colores.