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Globalización e hibridación cultural

La hibridación social refleja una condición de mediación entre lo que representa lo


global y lo local, lo general y lo específico, y lo universal o lo particular. Expresa
también una relación de tensión o de conflicto entre prácticas sociales hegemónicas y
subordinadas. En este sentido, dicho fenómeno puede ser considerado una fuerza social
de cambio.
Las paradojas de la globalización: hacia nuevos conceptos explicativos.

En la actualidad, los fenómenos de la globalización y la modernidad se han convertido


en puntos de referencia obligados para el análisis social. Lo anterior tiene sentido en la
medida que éstos reflejan de diversas maneras los cambios trascendentales que orientan
el futuro de la economía, la política, la sociedad y las formas culturales. La
globalización, en particular, ha sido el resultado de las grandes transformaciones de fin
de siglo, referidas a por lo menos siete aspectos estrechamente vinculados:

"...Lo que se percibe en los procesos actuales es la fragilidad de una identidad, colectiva
y personal, que se siente amenazada y busca un sistema de garantías que la reconforte,
que le dé seguridad, amenazada por el sistema industrial, por los procesos de
internacionalización de la política y del dinero, por el despliegue de una cultura
homogeneizadora y atomizadora que se impone a través de los medios de comunicación
de masas... No sólo el nacionalismo exasperado es una respuesta agónica frente a dichos
procesos; las religiones igualmente se levantan contra ellos".

 
En el terreno de la cultura se advierte igualmente la formación de una “cultura
internacional popular” que capitaliza determinados símbolos y referencias culturales
reconocidos internacionalmente, teniendo como punto de apoyo el mercado (Ortiz,
1994). Asimismo, está el surgimiento de entidades totalizadoras como es el caso de la
llamada “cultura internet”, la cultura de la “calidad total” –los llamados ISO9000- y aún
más elocuente, la llamada nueva cultura organizacional o “cultura empresarial
internacional”, que ha penetrado prácticamente todos los segmentos de la sociedad para
convertirse en un modelo cultural universal.

Paralelamente, se tejen identidades con el trabajo artesanal fuera de los espacios del
ámbito fabril moderno y se incorporan y defienden tradiciones laborales heredadas. En
un plano más radical, opuesto o todo lo que proviene de culturas extranjeras
consideradas como peligro y amenaza, están los fundamentalismos religiosos como el
Islam, o bien del catolicismo, con sus variantes regionales de idioma y ciertas
tradiciones. Que defienden a toda costa su identidad cultural. También se presenta una
revalorización de las identidades culturales y defensa del idioma en poblaciones de
América Latina con un alto componente indígena, como es el caso de Chiapas, México.

Y últimamente en El Salvador con el rescate del idioma náhuatl. Asimismo, en Estados


Unidos los inmigrantes y la minorías étnicas han provocado movimientos de defensa
por su identidad cultural al mismo tiempo que se niegan a ser asimilados por completo a
la cultura norteamericana; esto es, una especie de defensa de la “ciudadanía cultural”,
frente a las normas de la comunidad nacional dominante (Rosaldo, 1994). De igual
manera, entre muchos otros ejemplos, está en efervescencia una revalorización de las
identidades locales en algunas provincias de Canadá, España y los Estados de la ex
Unión Soviética.

¿Es el salvadoreño un híbrido?

Se debe considerar a la persona salvadoreña de ahora con su propia identidad, pero no


se excluyen ciertos rasgos culturales que le han sido heredados de sus antepasados.
Muchos científicos sociales nacionales plantean que la persona salvadoreña
contemporánea posee una “Identidad Cultural Débil o Frágil”, lo que ha permitido que
la cultura nacional sea muy permeable ante otras culturas foráneas. Esta situación puede
explicar la tendencia del salvadoreño a la transculturación y desculturación. En esta
misma línea, se puede explicar por qué la persona salvadoreña es fácil presa de las
modas externas, de su adopción a la cultura estadounidense, de su fácil adhesión a
ideologías externas, llámense Liberalismo, Neoliberalismo e, inclusive, Socialismo.

 
 

La frágil identidad salvadoreña puede explicarse desde diversos orígenes y enfoques:


históricos, sociales, culturales, psicológicos (bio-psicológicos), etc. Una interpretación
de entre muchas puede ser la siguiente:

Como se evidencia que la población


actual de El Salvador es sobre todo
mestiza, producto del cruce entre
indígena-español y mestizo-mestizo, la
población indígena es mínima salvo en
algunas comunidades que se encuentran
diseminadas en el territorio nacional y
que poseen cierto número significativo
de naturales: Panchimalco, Santo
Domingo de Guzmán, Cacaopera,
Nahulingo, Guaymango, Ataco, Tacuba
y, por supuesto, Nahuizalco e Izalco. La
restante población indígena se encuentra
inmersa en la sociedad salvadoreña, la gran mayoría “aculturada” y “ladinizada”
culturalmente, por lo que El Salvador es una nación mestiza, racial y mentalmente,
cultural y emocionalmente.

Como manifiesta Francisco Andrés Escobar, el mestizaje es un hecho biológico,


psicológico, social y cultural. El mestizo, como nuevo ente humano cuya filogénesis
contiene tantos hilos, de tantas sangres «indígena, español, negro, judío, musulmán», en
el turbio aluvión de su naturaleza. En su densidad más radical y última, subyacen los
contenidos de los inconscientes colectivos fusionados, contenidos que se van
expresando en los sueños, en el arte, en la liturgia, en las utopías y en tantas otras zonas
de formalización, donde la realidad de lo uno a partir de lo múltiple, se expresa
cotidianamente.
 

Muchos son los autores nacionales que han tratado de


acercarse al dilema de la “Identidad Sociocultural
Salvadoreña”. Algunos a lo sumo, sólo han presentado
rasgos estereotipados del ser salvadoreño. Dado que en
un país, como El Salvador, en el que la sociedad es tan
desigual en términos económicos, sociales, políticos y
culturales, donde la marginación y exclusión social son
realidades evidentes, en una realidad en la que priva la
desigualdad y estratificación social, no se puede hablar
de una “Identidad Cultural” generalizada para toda la
población salvadoreña, si no que es más pertinente
hacer alusión a varias “Identidades” de clase, grupo,
género, etc.