Relatos de cuarentena
Índice
Los perros En el borde Hogar 2
En medio de la rutina
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Losperros
Myriad had choice of his
fate Set themselves out upon a plate for him to
choose
“Contar es contar” no te lo puedo decir de otra forma, sale gratis, un
necesario soplo entre la lengua y los dientes. Cuento cunado me caí una vez de
niño, cuando pasé un examen después de tener la materia perdida, cuando
como me encontré con una persona para bailar en un bar o una discoteca,
cuando me encontré una moneda en suelo, cuando jugaba a las escondidas, y
mis pequeñas escenas eróticas y juguetonas con un juego de la cuadra. Cuento
ermitaño, cuento marinero… Y así van pasando mis pequeñas vidas por la
boca, a los oídos de alguien más, seduciéndolo, entreteniéndolo, riéndose con
él y conmigo.
Pero ahora todo lo veo oscuro, ¿qué podré contar, si no me puedo
mover? Dicen que el viaje del héroe, el que le da su divinidad y virtud, es el
cuento cuando recrea su viaje con un pequeño recuento. El viajero viaja y
vuelve, y trae de sus movimientos, las experiencias de su travesía… Pero yo…
¿cómo podré contar algo que no tiene movimiento? Viajé, y viajé lejos,
arrojándome a un sueño artístico pero solitario. Sabía que estaría solo, porque
como todo navegante, se viaja solo, pero lo que no sabía es que el viaje sería
estático.
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Mamá siempre me dijo que yo era muy activo, que tenía muchas
energías “que me paraba en el ombligo” y que no había día que no corriera.
Yo corría, y corría sin importar nada, inquieto y dulce, como solo un niño
puede aprender a correr, o siquiera fingirse que vuela. Viajaba por todos lados,
corriendo y jugando con mi hermano… Pero ahora ¿Cómo podré correr
mamá, cuando hasta el más mínimo movimiento es reclamado por la
vergüenza? Odio quedarme quieto, y más aún cuando viajo…
Al inicio del viaje me movía, ahora estoy en la cama, en un cuartico
amarillo de cuarto paredes, dos ventanas, una cama para dos, y unos gorgojos
que caen de ese malparido techo de tablitas de madera. Al inicio ni me daba
cuenta, ahora veo cada pedazo de madera y cada bicho caer por el suelo, y
regarse por todo el piso. Absurdamente me veo todos los días, barriendo para
luego barrer de nuevo. “Antes había salido mucho”, pienso, pero, ni tiempo
me dio para viajar y conocer.
Y es que todo esto fue tan repentino, que aún no reacciono al verme tan
alterado y atravesado por aquellos ademanes de la asepsia y la repulsión y
vergüenza del propio y ajeno cuerpo: “Recuerda quedarte en casa” “No toques
a nadie, y no te acerques a nadie” “Lávate por más de veinte minutos las
manos”. Y no digo que sea malo tener que obedecerlo, sino que entran tanto
en mi cabeza, que me da hasta vergüenza querer tocar mi cara, acariciarme
cuando
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estoy enfermo, sentirme, o siquiera reconocerme como alguien que se movió
cuando no debía. ¡¿Estoy obligado a permanecer quieto y ajeno, por mi mismo
cuidado?! Nunca se me hubiese ocurrido que para cuidarse, y mirar su cuerpo,
sería dejándolo descuidado, intocable, impermeable. Tampoco se si es el
destino, o una especie de burla del tiempo, el que justo me quede a mitad de
una pandemia, cuando haga mi viaje, pero como dicen, algunos, a punto de
soltar la primera lagrima ante su destino: solo queda reír. Y si… solo queda
eso…reírse.
II
(…)
Abro lo ojos y me encuentro ahí, estoy asustado, la pequeña luz de las
siete de mañana se pasea por mis cortinas, mi corazón late con mas fuerza y lo
recuerdo. Había abierto la puerta y ellos estaban ahí, esperándome con sus
afilados colmillos, y yo me había dormido encima de ellos. Unos perros que
me miraban y gruñían se detenían conmigo, estáticos frente a frente, yo afuera
del cuarto, en el estudio de la casa, y ellos, adentro, debajo de mi cama,
esperando para saltar a mis costillas, mis brazos, mis piernas, mi cara. Solo
recuerdo que echaban espuma de sus bocas, y yo avanzaba para acostarme y
dormir. De esa escena no recuerdo sino sus ojos negros, que oscuros me
atracaban el corazón.
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Me frote lo ojos, me toque el pecho y mi corazón seguía agitado, voltee
mi cabeza a la derecha, y la luz de la mañana ya había llegado a mi cuarto,
entonces, agito volvía girar la cabeza para revisar la hora del reloj. Eran las
ocho y yo seguía acostado, regado por esa cama, que siempre había sido para
uno. Me estiro, y tras correr la almohada me siento, respiro y mi corazón ya ha
dejado de latir, y ahora pulsa despacio, tiemblo un poco, hace frio, pero igual
estoy acobijado hasta la cintura.
-el cuarto se ve medio azul- me dije a mi mismo. Pues aún no había
llegado con toda su fuerza solecito con sus telas amarillas. Me quedo como
absorto, sentado, pensando en nada, y luego suena la alarma, que se suponía
que significaba que tenia que salir deprisa a llegar a la universidad. Peor como
todo se detuvo, poco me importó callar su sonido. Sonó como diez minutos y
luego se cayó. -Vivir pausado es bastante cómodo- recuerdo que amé ese
momento de quedarme los cinco minutos más en la cama. Luego escribió
mamá:
- Buenos días, hijito. ¿Ya listo para clases?
-Mamá siempre se preocupa, y me escucha- dije al momento que
recuerdo… Ahora mientras escribo, recuerdo pesadamente mi relación con mi
hermano. ¿No sé desde cuando dejamos de jugar, y de estar juntos, contado y
contándonos a nosotros, entre risas nuestras experiencias, y vidas? Desde hace
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cuando no te oigo, ni me oyes mi querido hermando. No sé qué te hice, para
pagar con tanto silencio, ambos callamos, ambos somos un silencio, unas
gotas que se alejan. Te quiero y te recuerdo, hermanito de juegos y rebeldías
¿dónde quedo nuestro ruido? Ni un mensaje me has dicho, ni una palabra,
después de verme tan lejos y en estos tiempos tan detenidos. Yo que solo
quiero un poco de cobijamiento, y solo mamá y papá lo dan desde lo más
lejano, sin ningún abrazo, sin ninguna caricia, y tú si ninguna palabra. Estar en
frente de los perros me asusta, y nadie puede darme una caricia, solo yo, debo
irme a la cama, y esperar a que me muerdan…
III
Ya es hora de levantarse, estiro mi brazo, y alcanzo un poco de agua,
está algo caliente, lleva toda la noche sobre la mesita. Me estiro de nuevo, y
desplazo mis piernas por fuera de la sabana. Un pie alcanza una chancla se
apoya sobre suelo, el otro lo repite. Me siento al borde de la cama, ya son las
once de la mañana y tengo hambre. Me apoyo y me levanto, me cómodo firme
y me veo al espejo que esta incrustado en la puerta, acomodo mi pelo, y me
dispongo a bajar al salón, para prepara mi comida. Salgo del cuarto, doblo por
el estudio, bajo las escaleras, salgo por la sala, entro al patio y llego al salón.
En el salón no hay nadie, cierro la puerta, voy a la nevera saco dos huevos, y
un tomate. Luego llego a la partecita de la cocina, dejo los huevos en la
mesa, cojo la
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sartencita y un cuchillo. Corto el tomate, parto las cascaras, les hecho un poco
de sal y los revuelvo. Cuando el huevo se pone amarillo claro lo deposito en la
sartén echo los tomates y espero a que cocine. Diez minuticos después, a
fuego lento, saco el desayuno en un plato y lo cómo. Luego de lavar los
trastes, vuelvo a mi cuarto. Cuando abro la puerta, ellos no están ahí, y me he
calmado, respiro, y me vuelvo acostar, poniendo música. Una, dos, tres,
incluso cuatro horas me quedo escuchando música, mientras pienso, recuerdo
o leo algo.
IV
Así es mi día en ese viaje estático. Duermo, despierto, cocino, música,
cocino, música, cocino, música, duermo. La monotonía de estar en el hogar,
desconectado, viviendo con uno mismo. Siento también la necesidad de
escribir, últimamente he estado escribiendo algún ensayo sobre realismo
mágico, y nada más, aparte de los deberes. Sin embargo, a pesar de lo estático,
he logrado contar algo. Talvez porque contar no requiere siquiera de que el
tiempo avance, o talvez porque no es necesario moverse, para viajar.
Y no lo digo en un sentido digital, sino en el sentido de que a veces
cuando me quedo quieto, recostado, y dejando regado el cuerpo sobre la cama,
escuchando música, como por ejemplo: el Green Arow, de Yo la tengo, o algo
de The Velved Uderground, The Doors, Dave Brubeck, Nico, Spinetta, Take
off,
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Nicolas y los fumadores, etc. Siento por primera vez, y mil veces repetido,
como el tiempo se queda detenido, y mezclo con los ritmos, sonidos y voces
de su música. Yo me encuentro casi que extasiado, y siento que todo se
expande y viajo por la musicalidad de las obras, mientras me tranquilizo,
equilibro y calmo aquella desesperación solitaria del no poder inquietarme ni
abrazarme.
A veces, cuando escucho música, realmente siento como algo me recoge
y me hace tomar fuerzas. La lampara tenue, con su anaranjado apago,
desplegando sus lucecitas por la mitad del cuadro, haciendo un círculo, entre
la cama y la puerta. Mientras me sumerjo en la cama, miro al techo y pienso
en recomponerme, viajar para adentro, meditar, y tranquilizarme. Me recuerdo
incluso volviendo a jugar, a tender la mano a mi hermano, a recomponerme
descalzo y corriendo por alguna loma de pacho, me tranquilizo y amo mi
destino. Al fin y al cabo es otra manera de sentir el cuerpo, he incluso sentir al
otro.
Yo, el que corría por las lomitas de pacho, también puede quedarse
estático y cuidarse detenido. La experiencia del viaje no solo es la del
movimiento, Ulises, de hecho no viaja a Ítaca, sino que permanece suspendido
entre diferentes islas. Tal vez lo que siento cada mañana al despertar y
quedarme sentado, no es sino el temor a quedarme tanto tiempo, habitando
despacio. Y no es que no de puede habitar moviéndose, o estando en recorrido
de viaje activo,
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sino que como el tango, que tanto quiero, se baila entre suspensión y
movimiento. Así es el Arrabal y así también mi vida cuando despierto en este
cuarto.
(…)
Abro la puerta y están ahí, me quedó detenido, abro mis brazos y dejo
que laman mis heridas, descanso detenido y desplomado entre mi puerta, ellos
me guían a la cama. Descansa en paz. Has podido contar.
What had he to
lose? Choose to
choose
Choose to go1
Realizado por: Andrés
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The Velved Underground (1999). The black angel’s death song. En The Velved Underground & Nico [CD]
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En el Borde
Me levanto del borde de mi cama. Voy al baño aun con los ojos entrecerrados,
lagañosos, y tratando de entrar de nuevo en esta realidad. Mis sueños son aún
más vividos de lo normal, esta vez estuve sintiendo la brisa mientras subía la
colina que había en mi viejo colegio; recuerdo que hace unos días soñé estar
jugando futbol con mis primos mientras una de mis tías nos regañaba y nos
decía que no fuéramos viciosos como su hermano. Creo que todos mis sueños
en este momento se relacionan con mi pasado, con personas que no he vuelto a
ver hace muchos años o de lugares donde siempre quiero volver. Mientras
intento orinar, con un solo ojo abierto, me veo en el espejo, unos tres minutos
con la mirada fija. Ya no sé cuántas veces he hecho esto en este último mes…
¿Quién podría ponerse a contar con este ambiente? Solo los que no soportan
el silencio en sus mentes.
Vivo solo. En estos momentos creo que fue una pésima idea decidir mi
privacidad por encima de las relaciones sociales. Mierda, como me hace falta
hablar e interactuar en gran parte del día con alguien que no sea Summer, mi
gata. Algunas veces decido hacer video llamada para intentar confundir a mi
mente de que tengo contacto social, aunque funciona momentáneamente
cuando
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el silencio del apartamento se hace evidente, recurro a hablar conmigo mismo.
¿Qué más puede quedar en momentos así? Lo mejor que puedo hacer es
llevarme bien conmigo mismo, mis yo sabemos que en este momento discutir
solo serviría como un auto sabotaje donde ninguno podrá salir ileso.
Hoy recibí un mensaje que descordinó la poca estabilidad que tengo. ¿Cómo
manejar cuando otra persona busca tu ayuda y terminas empeorando las
cosas? No lo sé, simplemente me digo, al haber manejado de la peor forma la
situación, que nadie está preparado para lidiar con toda esta situación; tal
vez eso solo lo diga mi lado positivo. La verdad es que simplemente no estoy
en mis cabales, solo en modo automático, interactuó con todo, mientras yo
estoy aislado en lo más profundo de mi mente. Intento no salir demasiado
durante el día, eso podría empeorar las cosas, si salgo implica que volverá la
ansiedad, pero no como siempre, esta vez podría ser muy difícil de controlar y
sobreponernos. Esa es mi parte negativa
Cae la noche. Otro día que se fue, el tiempo realmente se va muy rápido y
siento que lo he desperdiciado frente a un computador. Tal vez el tiempo sí se
va muy rápido, pero hemos hecho muchas cosas, has escrito, has hecho
ejercicio que tanta falta nos hace, has hablado con tus familiares y con las
personas que te quieren. Aunque, todo lo que he escrito siempre termino
borrándolo, siento que solo hablo con las personas para buscar mi estabilidad
¿es sincera mi
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preocupación por ellos? No, no soy tan bondadoso. Haces lo que puedes en
estos momentos, al menos dejaste de pasar hambre, hemos cocinado y
aprendido algunas cosas, además, no puedes culparte por todo lo que sucede
con los demás, SOLO TU PUEDES HACER ALGO PARA MANTENERTE EN
EL BORDE, PARA NO CAER AL VACIO. Si caemos no nos recuperaremos
pronto.
-Brayan D. Solarte-
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HOGAR
Hogar, palabra de amplios significados, siendo el amor uno de los más
importantes. Hay hogar donde encuentres protección, alimento, casa…
O muchas veces donde hay personas que nos hacen sentir muy bien.
Desafortunadamente con la llegada del siglo XIX hemos…
Gastado muchas energías, nos apartamos de nuestros seres queridos, llegando
a confundir hogar con tecnología y es allí donde está el verdadero problema.
A partir de esta realidad es que hoy con lo que está sucediendo en el mundo
estamos retomando nuestro hogar, los seres que teníamos a nuestro lado, pero
solo en visto.
Reforcemos los lazos que verdaderamente nos unen, volvamos nuestra mirada
al todopoderoso y pidamos por todos los hogares del mundo entero.
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En medio de larutina
Los días pasan, se vuelven monótonos, me aburro mortalmente…Me levanto
de la cama para pasar el día entero pegada al computador o al celular. Trabajar
desde casa es un completo asco, nadie menciona que esto aumenta el precio de
los servicios públicos, da ansiedad y te daña la espalda por completo. Además,
de que debes ayudar en casa, hacer oficio, almuerzo, lavar los platos, contestar
el teléfono o abrir la puerta. El tiempo no rinde, pero si pasa y deprisa.
El tiempo “libre” que me queda, lo dedico a pintar un libro de mandalas, leer
artículos, aprender italiano, ver videos o películas con mi familia. Intento no
encerrarme en mis pensamientos y manejar mis emociones lo cual con el paso
de los días es más difícil. Creé una rutina que intento seguir de la manera más
rigurosa posible, todas las actividades del día tienen un horario puntual. A
veces es complejo seguirlo; me canso, aburro o distraigo, cada una por su lado
o todas a la vez.
En las noches, me propuse dormir temprano, así que máximo a las 11:30 ya
debo estar dormida. Esto también se ha complicado, doy vueltas en la cama
sin lograr conciliar el sueño y cuando por fin lo hago, sueño mucho, sueños
fuertes que me hacen despertar nerviosa o llorando. Hay días en los que
despierto y pienso que me estoy enloqueciendo. Quizás sea así.
Realizado por: Lorena Balanta
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