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MÓDULO II: Sustentabilidad Agrícola

2.1. Sustentabilidad Económica.

La sustentabilidad económica es la utilización de diferentes estrategias para emplear, salvaguardar


y mantener los recursos humanos y materiales de manera óptima, con el objetivo de crear un
equilibrio responsable y beneficioso, sostenible a largo plazo, mediante la recuperación y el
reciclaje.

La definición general de sustentabilidad económica es la capacidad de una economía para soportar


indefinidamente un nivel determinado de producción económica. Dentro de un contexto
empresarial, la sustentabilidad económica implica el uso de los diversos activos de la compañía de
manera eficiente para permitirle continuar funcionando a lo largo del tiempo.
La sustentabilidad económica se refiere al valor actual y futuro de los recursos naturales, tal como
el agua potable. Igualmente de los productos, inversiones, consumo, mercados y la economía
mundial. En los cálculos económicos se incluyen los costos a largo plazo por el uso de los recursos
humanos y materiales.

La sustentabilidad económica intenta satisfacer las necesidades de los humanos, pero de manera
tal que sustente los recursos naturales y el medio ambiente para las generaciones futuras. Una
economía funciona en un ecosistema, no puede existir sin él. El ecosistema proporciona los
factores de producción que sustentan el crecimiento económico: la tierra, los recursos naturales,
el trabajo y el capital (que se genera a partir del trabajo y los recursos naturales). La
sustentabilidad económica gestiona estos recursos de manera que no se agoten y que sigan
estando disponibles para las generaciones futuras.

Características de la sustentabilidad económica


La sustentabilidad se define generalmente como la satisfacción de las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas. La sustentabilidad
económica ofrece un objetivo más amplio y algunos nuevos productos a los que pueden aspirar las
empresas, ayudándolas a renovar sus compromisos con objetivos básicos como la eficiencia, el
crecimiento sostenible y el valor para los accionistas. El desarrollo sustentable es un concepto
integrado que:

– Requiere satisfacer las necesidades básicas del ser humano para aspirar a una mejor calidad de
vida.

– Se basa en la democracia, donde el estado de derecho está basado en el respeto a los derechos
fundamentales del ser humano.

– Promueve el empleo en una economía, cuya fortaleza se basa en la educación, la innovación, la


cohesión social y la protección de la salud humana y el medio ambiente.

Pilares principales
Tiene tres pilares principales: económico, ambiental y social. Estos tres pilares se conocen
informalmente como la rentabilidad, el planeta y las personas. Para que una empresa tenga
sustentabilidad económica, debe ser rentable. Sin embargo, obtener ganancias a cualquier costo
no es de lo que se trata el pilar económico.

Entre las actividades que se ajustan al pilar económico están el cumplimiento, una buena dirección
y la gestión de riesgos. La inclusión del pilar económico y la rentabilidad es lo que hace posible que
las empresas se unan a las estrategias de sustentabilidad. El pilar económico proporciona un
contrapeso a medidas extremas que las corporaciones en ocasiones se ven obligadas a adoptar.
Por ejemplo, dejar de utilizar de forma inmediata combustibles fósiles o fertilizantes químicos, en
lugar de ir aplicando cambios progresivos.

Objetivos
La implementación del desarrollo sustentable requerirá que se avance en tres áreas, conocidas
como los tres pilares del desarrollo sustentable. Estas áreas son lo ambiental, lo económico y lo
social. El pilar económico de la sustentabilidad es donde la mayoría de las empresas sienten que
están en terreno firme. Para lograr la sustentabilidad económica se debe encontrar un equilibrio
entre los tres pilares en relación a que sean viables, equitativos y tolerables.

A través de la sustentabilidad económica se promueve la reducción de la pobreza, la igualdad de


género, el desarrollo de habilidades, una tecnología limpia, un marco institucional claro, el
crecimiento y el desarrollo económico. Esto, a su vez, ayudará a una nación a desarrollarse y a
cumplir sus metas a corto plazo, con una visión a largo plazo.

Importancia del medio ambiente


Aunque muchos economistas no están de acuerdo con la importancia del medio ambiente con
respecto a la actividad económica, rara vez se discuten los siguientes hechos:

– La extracción y agotamiento de los recursos naturales, así como la contaminación ambiental y los
cambios permanentes en el paisaje, son causados por actividades económicas y pueden dañar el
medio ambiente.

– Muchos de los costos del daño creado por las actividades económicas no son absorbidos por
quienes los causan, sino por otras personas que no obtienen los beneficios de la actividad
económica ni están de acuerdo en pagar esos costos relacionados con la misma. La contaminación
es un ejemplo perfecto. Las empresas pueden contaminar en cierta medida. No tienen que pagar
por la contaminación, pero la sociedad lo hace con aire sucio y suelo contaminado, que afectan la
calidad de nuestro aire, agua y alimentos. Esta contaminación puede ocasionar serios efectos en la
salud, lo que puede reducir la calidad de vida y la salud de la población.

– Los humanos viven en un ecosistema y no pueden sobrevivir sin él. Si destruimos el medio
ambiente, finalmente nos destruiremos a nosotros mismos.

Estrategias de sustentabilidad económica


Las estrategias de sustentabilidad económica generan un importante crecimiento económico y
laboral, además de negocios sostenibles y un desarrollo comunitario. La innovación, la eficiencia y
la conservación en el uso y reutilización de todos los recursos naturales y humanos es la mejor
manera de aumentar el empleo, los ingresos, la productividad y la competitividad.
Las estrategias de sustentabilidad económica son el método más rentable para promover la
energía renovable y las tecnologías limpias, proteger el medio ambiente y prevenir los efectos
nocivos del cambio climático. Una estrategia de sustentabilidad económica tiene cuatro elementos
clave:

Ahorros
Reducción de costos para las empresas, familias, comunidades y gobiernos mediante el uso
eficiente de los recursos renovables, además de la reducción y reutilización de los residuos.

Oportunidades
Mayor cantidad de empleos e ingresos por el desarrollo del negocio y la expansión de los
mercados, debido a la eficiencia, sustentabilidad y tecnología limpia de los recursos.

Talentos
Inversiones en activos fundamentales, tales como educación, investigación, innovación tecnológica
y habilidades modernas empresariales y de mano de obra. Las personas son ahora el recurso
económico más vital del mundo.

Transportación e infraestructura
Implantación de una transportación e infraestructura sustentable, protegiendo y mejorando el
ambiente tanto natural como construido. Así se crean comunidades y áreas más atractivas,
habitables, saludables, prósperas, productivas y eficientes en el uso de los recursos.

Algunas estrategias para la sustentabilidad son:

Uso eficiente de los recursos


La estrategia final es incrementar la eficiencia en el uso de los recursos. Si bien esto es claramente
importante para el desarrollo sustentable, con demasiada frecuencia se asume que usar menos
recursos significa una falta de crecimiento o de desarrollo. Utilizar los recursos más eficientemente
es una estrategia en un ambiente empresarial competitivo, porque reduce el costo de los insumos.
En algunos casos, tal como en la eficiencia energética, esto puede significar hacer más con menos.

El modelo de eficiencia energética se puede extender a otros productos cotidianos de la oficina.


Por ejemplo, el uso eficiente de los productos de papel y de los equipos relacionados.

Reciclaje y reutilización
Este tipo de estrategia también puede significar la reutilización o reciclaje de los desechos de otros
procesos. El reciclaje es una estrategia bien conocida para recuperar los desechos que
previamente fueron llevados a los vertederos. Los materiales salvados a través del reciclaje
compensan lo que se debe extraer de la Tierra. Sin embargo, otras estrategias incluyen desarrollar
negocios basados en la reutilización de materiales antes de reciclarse.

Las empresas le vuelven a agregar valor a productos desechados, tales como botellas recargables,
paños de tela sucios o llantas, a través de actividades tales como la limpieza, la clasificación, el
empacado y la refabricación. Finalmente, a una mayor escala, las empresas pueden formar redes,
utilizando los desperdicios de un proceso como insumos para otro.
Si bien esto se hace a menudo internamente, se puede coordinar en todas las empresas redes más
complejas para usar más residuos de manera más completa, utilizando una estrategia de parque
ecoindustrial.

Exportaciones
Tradicionalmente, el desarrollo económico local ha centrado mucho su esfuerzo en la producción
de bienes y servicios para venderlos fuera de la comunidad. Esto trae dinero a la comunidad, que
luego se filtra a través de ella para apoyar otros trabajos. Las bases de exportación pueden
considerarse sustentables si producen bienes o servicios que utilizan procesos ambientalmente
neutrales o que se utilizarán para fines ambientalmente benignos.

Finalmente, el ecoturismo, aunque no exporta un servicio, importa dinero que proviene fuera de
la economía local y usa al menos parte de ese dinero para la protección de las características
naturales locales que se exhiben.

Importancia
Quizás lo más importante es que una estrategia de sustentabilidad que se comparta públicamente
puede ofrecer beneficios difíciles de cuantificar. Beneficios como una imagen de prestigio público
y una mejor reputación para la empresa. La tendencia es hacer que tanto la sustentabilidad, así
como un compromiso público con ella, sean prácticas básicas del negocio. Las compañías que
carezcan de un plan de sustentabilidad económica podrían verse penalizadas por el mercado. Por
otro lado, las compañías proactivas, que verían que el mercado las premia.

2.2. Sustentabilidad Normativa.

En Chile, la preocupación por el tema ambiental no es reciente ni privativa de un Gobierno


específico. Desde el punto de vista jurídico, a principios del siglo pasado ya se dictaron normas
que, de una u otra forma, han tenido por objeto regular aspectos específicos de la actividad
humana, en cuanto ésta tiene incidencia ambiental. Ya en 1916 se dictó la Ley N° 3.133 sobre la
Neutralización de los Residuos Provenientes de Establecimientos Industriales (Ley 3.133, artículo
10, Diario Oficial 07/09/1916).

El “Repertorio de la Legislación de Relevancia Ambiental Vigente en Chile”, estudio publicado en


1992 y actualizado en 1993, detectó la existencia de 782 textos legales de relevancia ambiental de
diversa jerarquía y permitió comprobar la gran dispersión, incoherencia y falta de organicidad de
la legislación sectorial vigente y sus múltiples modificaciones. En la Constitución de 1980 (artículo
19, inciso 8º) se reconoció por primera vez el derecho de las personas a vivir en un medio
ambiente “limpio y libre de contaminación”.

El 14 de septiembre de 1992 el Congreso Nacional recibió el Mensaje Presidencial con la


presentación del Proyecto de Ley de Bases Generales del Medio Ambiente. El 1 de marzo de 1994
se promulga la Ley Nº 19.300 http://www.conama.cl/portal/1255/propertyvalue-Su publicación es
un hito en la Política General de Gobierno y su aplicación ha permitido avances importantes en la
gestión ambiental del país. Ella se caracteriza por su gradualidad y realismo, que permiten
considerar las condiciones de factibilidad en el mediano y largo plazo, siendo uno de los
principales instrumentos para alcanzar los objetivos de la política ambiental por cuanto todos los
cuerpos legales dictados con posterioridad se basan en ella (Reglamentos, Normas de Calidad,
Normas de Emisión, Planes de Descontaminación). (Ciclos).

2.3. Sustentabilidad Ecológica.

Un reto para el desarrollo


Desde que el concepto de desarrollo sustentable quedó acuñado en 1987 en el Informe “Nuestro
Futuro Común” y adoptado por cerca de 180 jefes de Estado en la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, realizada en Río de Janeiro en 1992, sin duda, se
han registrado incuestionables avances que reflejan la incorporación de los criterios ambientales
en los procesos de desarrollo. En México, como en la mayoría de los países, se crearon
instituciones, se promulgaron leyes y se establecieron programas e instrumentos para atender los
asuntos ambientales. Sin embargo, también podemos afirmar, que la implementación de un
modelo de desarrollo sustentable ha fracasado en todo el mundo y no porque el concepto en sí
mismo sea obsoleto -por el contrario, sigue siendo pertinente-, sino, sobre todo, por la falta de
voluntad política de los gobiernos, la tendencia a planear considerando sólo el corto plazo en la
planeación y la incapacidad de la política económica para incorporar el concepto y asumir sus
implicaciones.

A poco más de veinte años de la Cumbre de Río, los compromisos globales de la sustentabilidad
ambiental no se han cumplido cabalmente. Los acuerdos multilaterales no pudieron prevenir la
peligrosa interferencia antropogénica en los sistemas climáticos y no se estabilizaron las
concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera; la Convención sobre Diversidad
Biológica no pudo detener las tendencias de pérdida de la biodiversidad y sus servicios
ambientales. Con respecto a la sustentabilidad socioeconómica tampoco se lograron los objetivos;
las desigualdades se han profundizado en las últimas dos décadas y la pobreza no disminuyó como
se esperaba.

En México, al menos el tema del cambio climático, aunque con dificultades, logró posicionarse
como se discute en Cambio climático: una reflexión desde México. No corrieron la misma suerte
los demás asuntos de la agenda de la sustentabilidad ambiental: detener la pérdida de la
biodiversidad y la degradación de la tierra; mejorar el acceso sustentable al agua, en calidad y
cantidad; garantizar la seguridad alimentaria y fomentar la agricultura sustentable y la pesca
responsable; valorar los servicios ambientales; construir una economía baja en consumo de
carbono; disminuir la pobreza y las desigualdades sociales, entre muchos otros.

La lentitud de la respuesta de los gobiernos y de las sociedades no corresponde a la acelerada


velocidad a la que ocurren los cambios sobre la naturaleza por causa de la interferencia humana,
lo cual impacta la calidad de vida de la población mundial y el propio desarrollo. Como se
menciona en Resilient People, Resilient Planet: a future worth choosing, el reto sigue siendo
erradicar la pobreza, reducir las desigualdades, promover el crecimiento económico incluyente y la
producción y consumo más sustentable al tiempo de combatir el cambio climático y respetar otros
límites planetarios.

Los impactos del desarrollo


Hoy, mientras que las sociedades del mundo están abrumadas por las crisis económicas,
financieras y sociales, la corrupción, el crimen organizado y el terrorismo, el tema del desarrollo
sustentable sigue en espera; no se asumen con decisión los principios de éste modelo de
desarrollo y tampoco se comprende que, precisamente, es en la implementación de los principios
de sustentabilidad en donde radica la solución de fondo y de largo plazo de las diversas y
recurrentes crisis.

La globalización, la comunicación y la tecnología son las grandes revoluciones de nuestra era y


abrieron inimaginables oportunidades para el desarrollo; sin embargo, también han propiciado el
sobreconsumo, incrementando las presiones sobre los recursos naturales. Aunque aún falta
mucho por investigar, existe ya la evidencia científica de que el progreso de la humanidad ha
ocurrido a un costo muy elevado para el funcionamiento del planeta y para las especies, ya que se
están transgrediendo los límites biofísicos que han mantenido estables al medio ambiente y a la
civilización durante los últimos 10 mil años. En la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio se
estima que 15 de los 24 servicios ambientales más importantes que mantienen la economía han
sido empujados (forzados) más allá de sus límites de sustentabilidad.

Si no se modifican las tendencias, inexorablemente el problema va a empeorar. Para el año 2050 la


población se incrementará alrededor de 3 mil millones de habitantes que demandarán alimentos,
agua, materias primas y energía. A este número se deben sumar las cerca de 1,400 millones de
personas que actualmente viven en condiciones de pobreza extrema, se encuentran desnutridos y
no tienen acceso al agua limpia. Dicho de otra forma: los patrones de consumo y producción
actuales que han provocado una alteración sin precedentes al funcionamiento de la naturaleza,
incluso, en ocasiones, de manera irreversible, no han podido resolver las necesidades básicas de
una quinta parte de la población mundial. En Desarrollo sustentable y Bienestar Social explico que,
para atender la demanda adicional de otros 4.4 mil millones (los que no han nacido y los que viven
en pobreza extrema) se requerirán, duplicar la producción de alimentos y triplicar el acceso al
agua, lo cual, bajo los esquemas actuales resulta biofísicamente inviable.

Los habitas naturales siguen declinando y por ello se incrementa la pérdida de biodiversidad y sus
servicios ambientales; anualmente se deforestan alrededor de 13 millones de hectáreas en el
mundo, principalmente en los trópicos. Cerca de una cuarta parte de todas las especies de plantas
están en riesgo de extinción, y la extinción es irreversible. Más del 30% de las pesquerías
mundiales están sobreexplotadas y los océanos se están acidificando por causa de los
agroquímicos, creando amplias zonas muertas. Las emisiones de bióxido de carbono siguen
creciendo y, si no cambian las tendencias, entre los años 2020 a 2030 alcanzaremos
concentraciones atmosféricas de gases con efecto invernadero peligrosas para el futuro de la
humanidad, que afectarán a los cultivos, modificarán los regímenes de precipitación, reducirán la
disponibilidad de agua, incrementado la desertificación de los suelos y la frecuencia e intensidad
de los desastres naturales provocados por eventos hidrometeorológicos extremos. Como se
mencionó en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio y posteriormente lo han reportado
WWF y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la única buena
noticia que podemos narrar, es que la capa de ozono está en proceso de recuperación y que
regresará a su estado normal entre el año 2060 y 2075.

El daño sobre el capital natural de las naciones se ha justificado indebidamente como parte del
costo del desarrollo. Sin embargo, el abuso en el uso de los recursos naturales no condujo a la
solución de los problemas sociales, por el contrario, como se menciona en el capítulo Políticas
públicas y perspectivas de sustentabilidad del libro Capital natural, el deterioro ambiental genera
pobreza y que, a su vez, ésta incrementa el deterioro. El costo social de un modelo de desarrollo
insustentable se expresa en que 27% de la población mundial vive en condiciones de alta pobreza
y si bien se registra una mejoría en los índices de pobreza global, ésta se debe principalmente al
crecimiento económico en China, sin que en el resto de las regiones exista una mejoría sustantiva;
más aún, las hambrunas se han incrementado por causa del aumento de los precios de los
alimentos. Además, cerca de 1.5 mil millones de personas tienen empleos vulnerables y las
desigualdades sociales se han exacerbado; los países ricos son 13 veces más ricos per cápita que
los países con desarrollo intermedio y 70 veces más que los países pobres. En Resilient people,
resilient planet: A future worth choosing, discutimos que las desigualdades se expresan no solo
entre regiones, sino también al interior de los países. En estas condiciones los Objetivos de
Desarrollo del Milenio difícilmente se van a cumplir para el 2015, fecha señalada por la
Organización de las Naciones Unidas en 2009.

Interacciones, transversalidad, transdisciplina


02tendiendo-puentesEntre los aciertos del concepto del desarrollo sustentable cabe resaltar la
vinculación que existe entre los factores ecológicos-ambientales, los económicos y el bienestar
social. Sin embargo, a pesar de la aceptación del concepto, su puesta en práctica dista mucho de
asumir las implicaciones de estas conexiones. Si los problemas se enfocaran desde esta
perspectiva, la búsqueda de soluciones se centraría en el conjunto de relaciones que se producen
entorno a los recursos naturales para atender las necesidades básicas de la población, desde su
extracción, transformación, distribución, acceso, consumo y desecho.

Lamentablemente los sistemas de educación y de investigación históricamente se han orientado a


que el razonamiento de las sociedades sea fragmentado, temático y especializado; por lo general,
se carece de visiones, métodos e instrumentos que permitan analizar y actuar con una visión
integral. Por ello, las soluciones a la pobreza o al deterioro ambiental se han abordado
convencionalmente desde una sola perspectiva, segmentada, y sin entender, ni atender, sus
interrelaciones. No existen instituciones ni programas adecuados para enfrentar la complejidad e
interacción entre los problemas sociales, ambientales y económicos. Cada sector atiende su tema
sin tomar en cuenta las repercusiones sobre otros sectores o sus interacciones.

Para lograr la planeación y conducción del desarrollo de una nación hacia la sustentabilidad resulta
imprescindible, entre otras cosas, contar con una base sólida de conocimiento científico sobre los
procesos económicos, sociales y ambientales que rigen la relación sociedad – naturaleza, así como
con tecnología moderna, adecuada y accesible para diferentes condiciones. La ciencia ha dado
muchas explicaciones a los problemas complejos, la comprensión de estos es mucho mejor en los
tiempos recientes y la base de información y conocimiento es bastante robusta. A. su vez, la
tecnología, siguiendo los planteamientos científicos, ha elaborado muchas respuestas en
biotecnología, genética, computación, eficiencia energética y energía alternativa, y para los
servicios básicos.

2.4. Sustentabilidad Humana.

La denominación “recursos humanos” puede inducir a tratar a las personas del mismo modo que a
otros recursos: dinero, maquinarias o materias primas. La RSE debe centrarse en las personas.
La sustentabilidad de una organización, es decir su posibilidad de perdurar exitosamente a través
del tiempo, se asienta en dos cuestiones centrales. Por un lado la sustentabilidad económica, que
a su vez se puede dividir en diferentes variables de precios, costos, rentabilidad, capacidad
financiera, inversiones, etc. Por otro lado la sustentabilidad humana, vale decir la permanencia,
con satisfacción, del conjunto de personas que, con diferentes roles y tareas, contribuyen al logro
del objetivo de la organización.

La permanencia con satisfacción implica que la continuidad de una persona en la organización no


debería ser porque teme quedarse sin empleo, sino el resultado de una decisión tomada
libremente.

Satisfacción por encontrar un campo apropiado para el aprendizaje y crecimiento personal. Para el
desempeño a conciencia de una tarea acorde con las capacidades percibidas por el propio
colaborador, afirmando su propia autoestima y expectativas. Lo más común es que este esquema
ideal difícilmente se configure sin obstáculos generados por cuestiones organizacionales que
impactarán en cada persona de acuerdo con su propia historia y mundo interior.

La tensión entre sujeto y organización puede resolverse adecuadamente en la medida en que se


considere al bienestar de las personas como un mandato ético. Uno basado en valores que
consideren a los colaboradores no como recursos, sino como seres. La denominación “recursos
humanos” puede inducir a tratar a las personas del mismo modo que otros recursos: dinero,
maquinarias o materias primas. En estos casos prima la ecuación costo-beneficio, sin mayores
problemas a la hora de comprar, descartar o tirar.

Pero, en realidad, los humanos no son recursos, sino seres sin cuya existencia nada sería posible y
necesitan de un adecuado entorno para desarrollarse y encontrar su propia vía de felicidad y
afirmación personal. Y esto vale para cualquier persona, al margen de la función o rango
jerárquico que ocupe. Podríamos decir que el bienestar de las personas en las organizaciones es la
base de la sustentabilidad humana y por lo tanto objetivo central no sólo del área respectiva, sino
del conjunto de la organización.

Las herramientas gestionadas por el área (clima laboral, planes de carrera, programas de
retención, comunicaciones, etc.) son un simple apoyo de la cuestión central que pasa por “la línea”
y sus modalidades de establecer vínculos con y entre los colaboradores. La Responsabilidad Social
Empresaria (RSE), entendida como modelo de gestión centrado en las personas –y no como
marketing filantrópico–, puede ser una buena base conceptual para el desarrollo de un conjunto
de medidas que concurran a estos objetivos, en sintonía con la acción pública en este mismo
sentido.

Compensaciones

Un modelo de RSE que apunte a la sustentabilidad humana debería contemplar el conjunto de las
necesidades de las personas que trabajan en la organización, que se expresan en diferentes
ámbitos, y no sólo en la remuneración u otros incentivos de “retención”. Si no, se asimila el
comportamiento de un ser al tratamiento, por ejemplo, del recurso financiero, en el que la mayor
tasa de rendimiento (interés) asegurará su permanencia en uno u otro mercado. En cambio, nos
referimos –además de las relacionadas con el sistema de compensaciones– a otras necesidades:

Trascendentales, éticas, espirituales: visión, conductas, transparencia.

Corporales: ambiente de trabajo, seguridad, higiene, acceso al servicio médico.

Emocionales: contención, comunicación, reconocimientos, amabilidad, alegría.

La RSE como modelo de gestión implica incorporar no sólo normas, sino fundamentalmente
conductas, actitudes y modos de gestionar a las personas que integran la organización, y por eso
su vigencia excede largamente las posibilidades de ser cubierta por el área denominada “de RR.
HH”.

2.5. Sustentabilidad Agrícola.

La agricultura enfrenta el desafío de aumentar su productividad para suplir la creciente demanda


de alimentos a nivel mundial, al tiempo que debe ser más eficiente en el uso de los recursos
naturales, adaptarse a los nuevos patrones climáticos y hacer una contribución positiva al medio
ambiente y la sociedad. Es por ello que emerge la necesidad de desarrollar una actividad agrícola,
que conjugue la protección del medio ambiente, la equidad social y la viabilidad económica, en
suma, una agricultura sustentable. Odepa realiza diversas iniciativas para promover sistemas
agrícolas más sustentables, que se detallan a continuación.

Energías renovables no convencionales


Chile se encuentra en una etapa de alto crecimiento productivo, lo que implica la creciente
necesidad de disponer de energía, que en general es escasa o cara, convirtiéndose en un factor
crítico para los productores nacionales. Es por este motivo que las energías renovables no
convencionales (ERNC) surgen como una alternativa limpia, inagotable y amigable con el medio
ambiente, que puede complementar los actuales sistemas de generación de energía. Las ERNC
entran al sector para apoyar la agricultura, gracias a que nuestro país posee grandes fuentes de
recursos energéticos: viento, altos niveles de radiación solar y grandes caudales de agua. Junto con
esto, también se hacen relevantes los desechos agroindustriales, de los cuales se puede generar
biogás, tanto para energía térmica como eléctrica.

Por la gran importancia que tiene el tema energético en los costos de producción, el Ministerio de
Agricultura de Chile se encuentra apoyando el establecimiento y uso de las ERNC donde sea
posible, para ayudar a mejorar la eficiencia productiva de nuestra agricultura y hacer de éste un
sector cada día más competitivo.

Patrimonio agroalimentario y cultural


El sector agropecuario y forestal tiene el desafío de producir alimentos que respondan a la
creciente demanda de los consumidores por productos locales, de alta diversidad, producidos
sustentablemente, esto es, que considere la protección del medio ambiente, la equidad social y la
viabilidad económica, en un escenario de nuevos patrones ambientales tales como escasez hídrica,
nuevas plagas y enfermedades, nuevos patrones climáticos, pérdida de hábitats y biodiversidad,
entre otros.

Existen diversas iniciativas impulsadas por Odepa que propenden a la protección, valorización y
uso sustentable del patrimonio agroalimentario y cultural.

Pérdida y desperdicio de alimentos


Según información de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación
(FAO), un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o desperdicia en
el mundo, lo que representa unos 1.300 millones de toneladas de alimentos al año.

Se define como Pérdida de Alimentos a la merma de alimentos en cualquier parte de la cadena de


suministro, ya sea en la etapa de producción, post cosecha, almacenamiento o procesamiento de
alimentos, es decir, antes de llegar a su fase de producto final o a la venta minorista.

Por otra parte, el desperdicio de alimentos dice relación con la disminución de alimentos, aptos
para el consumo humano, que ocurre al final de la cadena alimentaria (ventas y consumo final), es
decir, cuando los alimentos se pierden por malas decisiones de los comerciantes y consumidores.

En 2017, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) junto
con la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), el Instituto de Investigaciones
Agropecuarias (INIA), la Agencia Chilena para la Calidad e Inocuidad Alimentaria (Achipia), la
corporación Red de Alimentos, la Universidad de Santiago de Chile y la organización Cadenas de
Valor Sustentables, conformaron el Comité Nacional para la Prevención y Reducción de Pérdidas y
Desperdicios de Alimentos.

Dentro de los objetivos del Comité, se encuentra el de facilitar y coordinar estrategias con los
actores públicos y privados con el fin de prevenir y reducir las pérdidas y desperdicios de
alimentos (PDA); proporcionar un marco eficaz para la elaboración de leyes, políticas públicas y
acciones en relación a las PDA; promover la investigación y la docencia; y realizar campañas de
difusión para concientizar a los consumidores y sensibilizar a la población.

Recursos genéticos
Los recursos genéticos son un componente de la biodiversidad y corresponden a la información
hereditaria que tienen todos los seres vivos, el ADN, que puede tener valor actual o potencial y
que forma parte del patrimonio de nuestro país.

ODEPA es la institución del Ministerio de Agricultura que asesora en políticas públicas sobre
conservación, uso y protección del patrimonio genético y participa en foros internacionales que
tratan la materia.

Los recursos genéticos corresponden a la información hereditaria que tienen todos los seres vivos,
el ADN, y que puede tener valor actual o potencial.

El uso que se ha dado a estos recursos genéticos es muy variado: mejoramiento genético para el
desarrollo de nuevas variedades y razas; farmacéutico; industrial; cosmética; biorremediación;
defensa sanitaria (obtención de nuevas variedades resistentes a plagas y enfermedades);
adaptación a las nuevas condiciones climáticas y fenómenos globales, entre otros.

Es posible distinguir tres áreas de trabajo en el ámbito de los recursos genéticos: conservación,
utilización y protección del patrimonio genético.

Programa de suelos degradados (SIRSD)


El Programa de Recuperación de Suelos es un instrumento de fomento del Ministerio de
Agricultura, establecido por la Ley N°20.412 de 2010 por un lapso de 12 años, contados desde la
vigencia de la Ley. El Programa es coordinado por la Subsecretaría de Agricultura y ejecutado por
el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap).

Su objetivo es recuperar el potencial productivo de los suelos agropecuarios degradados y


mantener los niveles de mejoramiento alcanzado. Está dirigido a todos los productores agrícolas
del país (personas naturales o jurídicas), sean propietarios, arrendatarios, comodatarios,
usufructuarios o medieros, que cumplan con los requisitos establecidos en la Ley N°20.412, su
reglamento y las bases de sus respectivos concursos públicos.

Para postular a los incentivos que otorga el Programa, los interesados deben presentar ante el
Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) o el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), un Plan de
Manejo que deberá ser confeccionado por un Operador Acreditado (requisitos en reglamento),
quien deberá estar inscrito en el Registro de Operadores que tendrán a su cargo SAG e Indap.

Las actividades susceptibles de bonificación son:

Incorporación de fertilizantes de base fosforada: busca recuperar y mantener la fertilidad


fosforada natural de los suelos.
Incorporación de elementos químicos esenciales: su objetivo es corregir la acidez o salinidad
excesiva de los suelos, como también corregir la deficiencia de elementos químicos esenciales,
tales como azufre, potasio, calcio.
Establecimiento de una cubierta vegetal en suelos descubiertos o con cobertura deteriorada: su
objetivo es el establecimiento o regeneración de una cubierta vegetal permanente en suelos
degradados, así como también mantener los niveles recuperados.
Empleo de métodos de intervención del suelo, entre otros, la rotación de cultivos, orientados a
evitar su pérdida y erosión y favorecer su conservación: tiene por finalidad incentivar la utilización
de labores y prácticas destinadas a conservar y /o recuperar los suelos agrícolas, incluyendo la
rotación de cultivos.
Eliminación, limpia o confinamiento de impedimentos físicos o químicos: su objetivo es habilitar
suelos para fines agropecuarios, los cuales actualmente no pueden ser utilizados por presentar
tocones, troncos muertos, matorral sin valor forrajero, piedras u otro impedimento físico.
La ejecución del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos
Agropecuarios está reglamentada por diversos cuerpos legales entre los que se incluyen:

Ley 20.412 de 2010, establece el SIRSD-S


Decreto N° 51, fija reglamento de la Ley Nº20.412

Sustentabilidad en sistemas productivos


La agricultura enfrenta el desafío de aumentar su productividad para suplir la creciente demanda
de alimentos a nivel mundial, al tiempo que debe ser más eficiente en el uso de los recursos
naturales, adaptarse a los nuevos patrones climáticos y hacer una contribución positiva al medio
ambiente y la sociedad. Es por ello que emerge la necesidad de desarrollar una actividad agrícola,
que conjugue la protección del medio ambiente, la equidad social y la viabilidad económica, en
suma, una agricultura sustentable. Odepa realiza diversas iniciativas para promover sistemas
agrícolas más sustentables, que se detallan a continuación:

Plan de agricultura sustentable


Protocolo de Agricultura Sustentable
Estándares Sectoriales de Sustentabilidad
Agenda de Desarrollo Sustentable del Sector Lácteo

Referencias
University of Gävle (2018). Economic sustainability. Tomado de: hig.se.
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