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Vidrio

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No debe confundirse con el cristal, un sólido cristalino y no amorfo como el
vidrio.
El vidrio es un material inorgánico duro, frágil, transparente y amorfo que se
encuentra en la naturaleza, aunque también puede ser producido por el ser humano.1
El vidrio artificial se usa para hacer ventanas, lentes, botellas y una gran
variedad de productos. El vidrio es un tipo de material cerámico amorfo.

El vidrio se obtiene a unos 1500 °C a partir de arena de sílice (SiO2), carbonato


de sodio (Na2CO3) y caliza (CaCO3).2

En algunos países de habla hispana, el término «cristal» es utilizado


frecuentemente como sinónimo de vidrio, aunque en rigor es incorrecto debido a que
el vidrio es un sólido amorfo (sus moléculas están dispuestas de forma irregular) y
no un sólido cristalino.3

Botella de vidrio coloreado.

La obsidiana es un vidrio natural. Tiene su origen en minerales fundidos que no se


recristalizaron al enfriarse después de su erupción

Vasija de vidrio egipcio.

Índice
1 Historia
1.1 El vidrio en la antigüedad
1.2 El vidrio en la Edad Media
1.3 Del renacimiento al siglo XVIII
2 Estado vítreo
3 Vidrios comunes
3.1 Sílice vítrea
3.2 Silicato sódico
3.3 Vidrios de silicato sódico
4 Propiedades del vidrio
5 Reciclaje del vidrio
6 Utilidades del vidrio
6.1 Edificación y arquitectura
6.2 Parabrisas
6.3 Envases
6.4 Producción de energía
6.5 Óptica
6.6 Material de laboratorio
6.7 Electrodomésticos
6.8 Iluminación
6.9 Teléfonos celulares y dispositivos táctiles
6.10 Relojería
6.11 Cocina y menaje
6.12 Decoración y bisutería
7 Principales empresas fabricantes
8 Véase también
8.1 Por su origen
8.2 Por su aspecto
8.3 Por su composición
8.4 Por su fabricación
8.5 Por su utilización
9 Referencias
10 Enlaces externos
Historia
El vidrio en la antigüedad

Fragmentos tallados de obsidiana de la cultura cicládica, 5000 a.C.


El vidrio se puede encontrar de manera natural en forma de obsidiana, que se
produce cuando lava volcánica con alto contenido en sílice se enfría rápidamente,
de manera que no se formen cristales. La obsidiana se utilizó desde la prehistoria
principalmente para fabricar objetos cortantes debido a que al fracturarse forma
bordes afilados, con los primeros indicios en el actual Kurdistán hacia el 12.500
a. C.

Plinio el Viejo (siglo I), en su Historia Natural, cuenta que el vidrio fue
descubierto a orillas del río Belus, en Fenicia, cuya arena, por su gran pureza y
alto contenido en sílice fue utilizada durante toda la antigüedad para la
producción de vidrio. La leyenda fue posteriormente relatada por el alquimista
Georg Bauer en su tratado De re metallica4

unos mercaderes que se dirigían hacia Egipto para vender nitro (nitrato potásico,
KNO3), se detuvieron para cenar. Como no había piedras para colocar sus ollas,
decidieron utilizar algunos trozos del mineral. Calentaron sus alimentos, comieron
y se dispusieron a dormir. A la mañana siguiente vieron asombrados que las piedras
se habían fundido y habían reaccionado con la arena para producir un material duro
y brillante, el vidrio.
En realidad, el hombre aprendió a fabricar el vidrio muchísimo tiempo antes,
probablemente a partir de la experimentación con esmaltes cerámicos o de las
escorias residuales de la fundición metalúrgica. Los primeros ejemplos se han
hallado en Egipto y la costa del actual Líbano hacia el 2500 a. C. en forma de
cuentas de collar o abalorios y ocasionalmente recipientes y lingotes. Se cree que
la elaboración del vidrio se mantenía como un secreto reservado a las áreas de
producción, los artesanos de otras zonas debían limitarse a comprar lingotes para
elaborar sus piezas. El vidrio fabricado durante este período no era transparente y
trataba de imitar el aspecto de piedras semipreciosas. En las tumbas del periodo
predinástico de Egipto, en las culturas Naqada (3500-3200 a. C.).5 se encuentran
con frecuencia cuentas de collares y restos de cerámica elaborados con fayenza.
Aunque no vidrio propiamente dicho, la fayenza es un tipo de cerámica rica en
cuarzo que muestra un acabado brillante debido a la vitrificación de su superficie.

Tubo de cosméticos egipcio de la dinastía XVIII, 1550 - 1295 a. C.


Es probable que fueran artesanos asiáticos los que establecieron la manufactura del
vidrio en Egipto, de donde proceden las primeras vasijas producidas durante el
reinado de Tutmosis III (1504-1450 a. C.). La fabricación del vidrio floreció en
Egipto y Mesopotamia hasta el 1200 a. C. y posteriormente cesó casi por completo
hasta el siglo 9º a. C. cuando se retomó la producción tras desarrollarse técnicas
para crear vidrio transparente. Egipto produjo un vidrio claro, que contenía sílice
pura y como elemento alcalino usaban natrón (carbonato sódico hidratado:
Na2CO3·10H2O) extraído de depósitos minerales o carbonato sódico obtenido por la
calcinación de diversas plantas, especialmente las que crecen en aguas salobres. Lo
coloreaban de azul y verde. Durante la época helenística Egipto se convirtió en el
principal proveedor de objetos de vidrio de las cortes reales. En este periodo se
desarrollaron nuevas técnicas de fabricación como el uso de moldes para crear
relieves y el millefiori, en la que fragmentos de barras de vidrio de colores se
fusionan para formar patrones semejantes a mosaicos.

Sin embargo, fue en las costas fenicias donde se desarrolló el importante


descubrimiento del vidrio soplado en el siglo I a. C. Anteriormente los recipientes
se creaban de forma muy laboriosa, el vidrio fundido se extendía en cordones sobre
un núcleo central de arcilla y arena que le servía de molde. Una vez enfriado se
retiraba el molde y la pieza se acababa de formar con técnicas de pulido semejantes
a las usadas para la piedra.

Jarra de vidrio romano soplado y tallado, 70-120 d.C.


Durante la época romana la manufactura del vidrio se extendió por el Imperio, desde
Roma hasta Alemania. La producción del vidrio en bruto se realizaba frecuentemente
en lugares diferentes de donde se trabajaba. En esta época se descubrió que
añadiendo óxido de manganeso se podía aclarar el vidrio6 y también desarrollaron el
reciclaje de la cristalería romana.7 De los romanos también proviene el nombre en
español, pues la coloración natural del vidrio era de color verde, nombre que se
pronunciaba como viride, o viridus; de ahí el nombre viridio o vidrio.8. Estos
avances hicieron que a partir del siglo I se desarrollara la industria a gran
escala, especialmente en Alejandría, convirtiéndose el vidrio en un producto mucho
más asequible y generalizado que en épocas anteriores.

En la India, el vidrio más antiguo que se ha hallado es una cuenta de color rojo
que se remonta al siglo XVIII a. C., durante la civilización del Valle del Indo. Se
ha hallado vidrio de épocas posteriores pero no es hasta el siglo III a. C. que se
encuentra en cantidades apreciables, y su uso se generalizó a partir del siglo I d.
C.

En la antigua China el vidrio llegó hacia el periodo de las Primaveras y Otoños, en


la forma de piezas importadas de Asia Central. Posteriormente hay evidencia
arqueológica de producción de cuentas de vidrio en el periodo de los Reinos
Combatientes, hacia principios del siglo V a. C. Posteriormente, en época Han (206
a. C. - 220 d. C.) la producción se hizo más diversa para decaer posteriormente y
resurgir hacia el siglo V. La composición del vidrio chino de este periodo es muy
diferente de la del resto del mundo, con una formulación a base de óxido de bario y
plomo. La proporción de BaO es de un 5-15%, se ha especulado que este material
aportaba una turbidez al vidrio que le hacía asemejarse al jade. El vidrio
permaneció como un producto secundario durante toda la historia de China, muy por
detrás de la porcelana y otros materiales más apreciados.

El vidrio en la Edad Media


El vidrio en los países islámicos, entre los siglos VIII y XIV, tuvo su auge en el
Oriente Próximo. La antigua tradición Sasánida de tallado del vidrio fue continuada
por los artesanos musulmanes que realizaron vasijas decoradas en altorrelieve,
muchas con motivos animales, y con vidrio incoloro de gran calidad con diseños
tallados a la rueda. La técnica de esmaltado al fuego y la del dorado incrementaron
las posibilidades decorativas, destacando los artesanos vidrieros de Alepo y
Damasco. De Egipto proviene el descubrimiento de coloraciones vidriadas con
brillantes efectos metálicos, tanto en cerámica como en vidrio. Las lámparas de las
mezquitas y otras vasijas de uso cotidiano se pintaron con motivos geométricos
propios del islam. Sus formas y decoraciones influyeron en la producción occidental
posterior, destacando las de Venecia y España.

En el norte de Europa y Gran Bretaña continuaron produciendo objetos utilitarios de


vidrio. El vidrio común tipo Waldglas (del alemán, ‘vidrio del bosque’) continuó
fabricándose en Europa hasta la era moderna. Sin embargo, la producción más
importante en este material durante la edad media fueron los mosaicos de vidrio en
la Europa mediterránea y las vidrieras en la zona del norte. Los mosaicos se hacían
con teselas de vidrio, que se cortaban de bloques de vidrio. En documentos del
siglo VI se hace referencia a vidrieras en las iglesias, aunque los primeros
ejemplares conservados datan del siglo XI. Las más apreciadas se elaboraron durante
los siglos XIII y XIV, principalmente en Francia e Inglaterra. El vidrio se
coloreaba o se laminaba ya coloreado añadiendo óxidos metálicos a la mezcla, y
después se cortaba. Los detalles se pintaban sobre el cristal con un esmalte. Las
piezas se sujetaban con una red de plomo conocida como emplomado.9 El arte de la
fabricación de vidrieras decayó a finales del renacimiento aunque volvió a
recuperarse en el siglo XIX.

Del renacimiento al siglo XVIII


El cristal veneciano
El «cristal veneciano» más antiguo conocido data del siglo XV, aunque el vidrio ya
se fabricaba en Venecia desde el siglo X. Con centro en la isla de Murano, los
venecianos dominaron el mercado europeo hasta el año 1700. La contribución más
importante fue la elaboración de un vidrio sódico duro y refinado muy dúctil.
Conocido como «cristallo», era incoloro, de gran transparencia, muy semejante al
cristal de roca.10 También se hacían en cristal coloreado y opaco. Hacia finales
del siglo XVI las vasijas se hicieron más ligeras y delicadas. Desarrollaron un
tipo de filigrana de vidrio que sería muy imitada. Consistía en incorporar hebras
de vidrio blanco opaco dentro de un cristal transparente, que producía el efecto de
un encaje.

También en Murano surgieron muchos estilos diferentes para lámparas de cristal,


aunque fue la factoría de Nevers, en Francia, la que adquirió mayor fama durante el
siglo XVII. La práctica del grabado al diamante, técnica de los artesanos
holandeses del siglo XVII, lograba elaborados diseños.

Los fabricantes de vidrio de Europa intentaron copiar las técnicas y decoraciones


de los venecianos. La información se difundió con el libro El arte del vidrio
(1612) de Antonio Neri, y también por los sopladores de vidrio venecianos, pues
aunque una ley prohibía a los artesanos vidrieros abandonar Venecia y divulgar los
secretos de su arte, muchos se instalaron en otros países europeos. Cada país
desarrolló sus imitaciones. La influencia italiana declinó en el siglo XVII, al
surgir en Alemania e Inglaterra nuevos métodos para la fabricación de vidrio.

Estado vítreo
Tradicionalmente se ha considerado que la materia podía presentarse bajo tres
formas: la sólida, la líquida y la gaseosa. Nuevos medios de investigación de su
estructura íntima –particularmente durante el siglo XX– han puesto al descubierto
otras formas o estados en los que la materia puede presentarse. Por ejemplo el
estado mesomorfo11 (una forma líquida con sus fases esmécticas,12 nemáticas13 y
colestéricas14), el estado de plasma (o estado plasmático, propio de gases
ionizados a muy altas temperaturas) o el estado vítreo, entre otros.

Los cuerpos en estado vítreo se caracterizan por presentar un aspecto sólido con
cierta dureza y rigidez y que ante esfuerzos externos moderados se deforman de
manera generalmente elástica. Sin embargo, al igual que los líquidos, estos cuerpos
son ópticamente isótropos, transparentes a la mayor parte del espectro
electromagnético de radiación visible. Cuando se estudia su estructura interna a
través de medios como la difracción de rayos X, da lugar a bandas de difracción
difusas similares a las de los líquidos. Si se calientan, su viscosidad va
disminuyendo paulatinamente —como la mayor parte de los líquidos— hasta alcanzar
valores que permiten su deformación bajo la acción de la gravedad, y por ejemplo
tomar la forma del recipiente que los contiene como verdaderos líquidos. No
obstante, no presentan un punto claramente marcado de transición entre el estado
sólido y el líquido o "punto de fusión".15

Todas estas propiedades han llevado a algunos investigadores a definir el estado


vítreo no como un estado de la materia distinto, sino simplemente como el de un
líquido subenfriado o líquido con una viscosidad tan alta que le confiere aspecto
de sólido sin serlo.1617 Esta hipótesis implica la consideración del estado vítreo
como un estado metaestable al que una energía de activación suficiente de sus
partículas debería conducir a su estado de equilibrio, es decir, el de sólido
cristalino.
Figura 1: Cristal organizado de SiO2.
En apoyo de esta hipótesis se aduce el hecho experimental de que, calentado un
cuerpo en estado vítreo hasta obtener un comportamiento claramente líquido (a una
temperatura suficientemente elevada para que su viscosidad sea inferior a los 500
poises, por ejemplo), si se enfría lenta y cuidadosamente, aportándole a la vez la
energía de activación necesaria para la formación de los primeros corpúsculos
sólidos (siembra de microcristales, presencia de superficies activadoras,
catalizadores de nucleación, etc.) suele solidificarse dando lugar a la formación
de conjuntos de verdaderos cristales sólidos.

Todo parece indicar que los cuerpos en estado vítreo no presentan una ordenación
interna determinada, como ocurre con los sólidos cristalinos.15 Sin embargo en
muchos casos se observa un desorden ordenado, es decir, la presencia de grupos
ordenados que se distribuyen en el espacio de manera total o parcialmente
aleatoria.

Esto ha conducido a diferentes investigadores a plantear diversas teorías sobre la


estructura interna del estado vítreo, tanto de tipo geométrico, basadas tanto en
las teorías atómicas como en las de tipo energético.

Figura 2: SiO2 en estado vítreo.


Según la teoría atómica geométrica, en el sílice sólido cristalizado el átomo de
silicio se halla rodeado de cuatro átomos de oxígeno situados en los vértices de un
tetraedro cada uno de los cuales le une a los átomos de silicio vecinos. Una vista
en planta de este ordenamiento se esquematiza en la figura 1, en la que el cuarto
oxígeno estaría encima del plano de la página. Cuando este sílice pasa al estado
vítreo, la ordenación tetraédrica se sigue manteniendo a nivel individual de cada
átomo de silicio, aunque los enlaces entre átomos de oxígeno y silicio se realizan
en un aparente desorden,18 que sin embargo mantiene una organización unitaria
inicial (véase la figura 2).

No obstante, ninguna de estas teorías es suficiente para explicar el comportamiento


completo de los cuerpos vítreos aunque pueden servir para responder, en casos
concretos y bien determinados, a algunas de las preguntas que se plantean.

Las sustancias susceptibles de presentar un estado vítreo pueden ser tanto de


naturaleza inorgánica como orgánica, entre otras:

Elementos químicos: Si, Se, Au-Si, Pt-Pd, Cu-Au.


Óxidos: SiO2, B2O3, P2O5, y algunas de sus combinaciones.
Compuestos: As2S3, GeSe2, P2S3, BeF2, PbCl2, AgI, Ca(NO3)2.
Siliconas (sustancias consideradas como semiorgánicas)
Polímeros orgánicos: tales como glicoles, azúcares, poliamidas, poliestirenos o
polietilenos, etc.
Vidrios comunes
Sílice vítrea
Se denomina sílice a un óxido de silicio de fórmula química SiO2. Se presenta en
estado sólido cristalino bajo diferentes formas enanciotrópicas. Las más conocidas
son el cuarzo (la más frecuente y estable a temperatura ambiente), la cristobalita
y las tridimitas. Además de estas formas, se han llegado a identificar hasta
veintidós fases diferentes, cada una de ellas estable a partir de una temperatura
perfectamente determinada.

Cuando se calienta el cuarzo lentamente, este va pasando por distintas formas


enanciotrópicas hasta alcanzar su punto de fusión a 1723 °C. A esta temperatura se
obtiene un líquido incoloro y muy viscoso que si se enfría con relativa rapidez, se
convierte en una sustancia de naturaleza vítrea a la que se suele denominar vidrio
de cuarzo.
Este vidrio de cuarzo presenta un conjunto de propiedades de gran utilidad y de
aplicación en múltiples disciplinas: en la investigación científica, tecnológica,
en la vida doméstica y en general en todo tipo de industria. Se destacan como más
relevantes las siguientes:

Gran resistencia al ataque por agentes químicos, por lo que es muy utilizado como
material de laboratorio. Solo es atacado, de manera importante a temperatura
ambiente, por el ácido fluorhídrico en sus diferentes formas (gaseosa o
disolución). A temperaturas superiores a 800 °C reacciona a velocidades apreciables
con sales alcalinas o alcalinotérreas, en particular con sales sódicas, tales como
el carbonato o el sulfato sódicos.
Si bien su densidad a temperatura ambiente es relativamente alta (2,2 g/cm3) su
coeficiente de dilatación lineal medio a temperaturas inferiores a los 1000 °C es
extremadamente pequeño: se sitúa en 5,1•10-7 K-1, lo que permite, por ejemplo,
calentarlo al rojo y sumergirlo bruscamente en agua, sin que se fracture. El número
de aplicaciones que esta propiedad suscita es elevado.
Su índice de refracción a la radiación electromagnética visible es 1,4589, lo que
le hace apto para instrumentos ópticos en general.
Su resistividad eléctrica es del orden de los 1020 ohm·cm en condiciones normales
lo que le convierte en uno de los mejores aislantes eléctricos conocidos, con todas
las aplicaciones que de ello se derivan en la industria moderna.
La absorción de la radiación electromagnética del vidrio de cuarzo muestra una gran
transparencia a la luz visible así como en las bandas correspondientes al espectro
ultravioleta, lo que le hace especialmente apto para la fabricación de lámparas y
otros instrumentos generadores de este tipo de radiación.
Otras propiedades, sin embargo, dificultan su elaboración y utilización. En
particular, las siguientes:

Viscosidades
de la sílice vítrea
(Según Brückner)
Temperatura Viscosidad
°C μ (poises)
1800 107,21
2000 106,10
2200 105,21
2400 104,50
2600 103,90
2800 103,40
El punto de fusión de la sílice cristalizada depende de la variedad enanciotrópica
que se trate. Para la variedad estable a partir de los 1470 °C (la α-cristobalita)
este es de 1723 °C. Estas son temperaturas que no pueden alcanzarse fácilmente,
salvo en instalaciones muy especializadas. Por esta razón, la fabricación del
vidrio de cuarzo ha sido siempre rara y cara. Industrialmente, su producción es
bastante limitada si se la compara con otros tipos de vidrio.
Su viscosidad en estado vítreo presenta una gran variación con la temperatura,
pasando de valores superiores a 107 poises (aspecto totalmente sólido) por debajo
de los 1800 °C, a 103,5 poises a 2758 °C (aspecto pastoso y moldeable).
Las viscosidades toman valores tan sumamente elevados que deben expresarse como
potencias de diez. En general, las viscosidades de los vidrios suelen darse bajo la
forma de su logaritmo decimal. Para obtener el vidrio de cuarzo es necesario partir
de un cuarzo cristalizado de gran pureza, finamente molido, que se somete a altas
temperaturas. El líquido que se obtiene presenta gran cantidad de burbujas
diminutas de aire ocluido entre los granos del cuarzo, que le dan un aspecto
lechoso, traslúcido, al que se suele denominar gres de cuarzo y cuyas aplicaciones
como recipiente resistente al ataque químico o a los cambios bruscos de temperatura
son frecuentes. Sin embargo, resulta totalmente inútil para aplicaciones en las que
se precise una gran transparencia (lámparas de rayos UVA, lámparas de cuarzo y
óptica en general). Para estas últimas es necesario que durante el proceso de
fusión se puedan desprender esas burbujas gaseosas ocluidas. Para que ese
desprendimiento fuera efectivo bajo la presión atmosférica y a una velocidad
aplicable industrialmente, se precisaría que el líquido presentara una viscosidad
por debajo de los 200 poises, lo que en el caso de la sílice líquida implicaría
temperaturas del orden de los 3600 °C. En la práctica para poder desgasificar el
vidrio de sílice se funde el cuarzo a temperaturas próximas a los 2000 °C en
recipientes donde se hace el vacío, complicando mucho la tecnología de su
producción y, por consiguiente, encareciendo el producto.
La resistencia a la tracción en estado puro, en condiciones normales y con una
superficie perfectamente libre de toda fisura, es de unos 60 kbar. Esta gran
resistencia (superior a la del acero) se ve fuertemente disminuida por
imperfecciones en la superficie del objeto, por pequeñas que estas sean.
Su módulo de Young a 25 °C es de 720 kbar y el de torsión 290 kbar. Cuando se le
somete a un esfuerzo de tracción mecánica a temperaturas próximas a la ambiente, se
comporta como un cuerpo perfectamente elástico con una función
alargamiento/esfuerzo lineal, pero sin prácticamente zona plástica cercana a su
límite de rotura. Esta propiedad, unida a la resistencia mecánica a la tracción
anteriormente citada, lo convierten