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Sr. Universo

En 1993, cuando escribí el primero de estos libros con partidas de prue-


ba, Gari Kaspárov se encontraba en el octavo año de su reinado como cam-
peón mundial de ajedrez. Han cambiado muchas cosas desde entonces. Aun-
que defendió su título, con triunfos demoledores en 1993 y 1995, Kaspárov
se encuentra, en 2004 sin el título mundial (o sin ninguno de los títulos mun-
diales) y será recordado, fuera del mundo del ajedrez, como el perdedor del
duelo posiblemente más significativo en la historia del ajedrez: contra la
computadora de IBM, Deep Blue, en Nueva York, 1997.
Lo irónico es que precisamente aquel revés ha dado lugar al cambio
más positivo en la situación de Kaspárov en la última década. Es el único
jugador de ajedrez que ha roto verdaderamente con los confines estrechos,
precarios del circuito de torneos para convertirse en una marca global.
“Kaspárov” es un nombre y una imagen que vende. ¿Quién necesita un tí-
tulo cuando se es Sr. Universo?
Gari Kaspárov nació en el momento oportuno: es un maestro en el arte
de manejar los medios de comunicación. En televisión es un brillante es-
pectáculo: carismático, convincente, autoritario. Uno no puede dejar de
verlo. Cuando habla, tiene la rara habilidad de iluminar el espacio que le
rodea. Kaspárov está dotado para los pequeños juegos de palabras. “Será
Short y será corto”, fue su predicción de rival y resultado para el campeo-
nato mundial de 1993. “Mataron al único testigo independiente”, fue su co-
mentario al enterarse de que IBM había desmantelado Deep Blue tras el
duelo de 1997. No importa que a veces parezca contradecirse luego a sí mis-
mo. En aquella ocasión, en aquel momento, la razón era suya.
Su valorada imagen en los medios de comunicación le ha permitido ob-
tener respaldos lucrativos, así como trabajar en anuncios televisivos: para
Pepsi-Cola, el buscador de Alta-Vista, relojes, computadoras de ajedrez... y

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■ PONGA A PRUEBA SU AJEDREZ ■

perdido, no creo que esa derrota le hubiese afectado lo más mínimo a su re-
putación.
Los rivales de Gari se le están acercando. ¿Qué va a hacer al respecto?
¿Irse del escenario o mantenerse en pie y luchar?
La partida que ofrezco a continuación es un clásico de Kaspárov. Pono-
máriov acababa de proclamarse campeón mundial de la FIDE. Así que tu-
vo que poner en su sitio al recién llegado.

Gari Kaspárov – Ruslan Ponomáriov


XIX Torneo de Linares, España, 13ª ronda, 9 de marzo de 2002

1 e4 e6 2 d4 d5 3 ¤c3 dxe4 4 ¤xe4 ¤d7 5 ¤f3 ¤gf6 6 ¤xf6+ ¤xf6 7 c3


c5 8 ¤e5 ¤d7.

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9 ¥b5 ...

Cinco puntos por esta clavada. Las blancas atan a su rival y retrasan su
desarrollo.
Cambiar caballos dejaría a las blancas sin la menor esperanza de obte-
ner ventaja: 9 ¤xd7 ¥xd7. El alfil se sitúa en ‘c6’ y las negras tienen un de-
sarrollo libre.

9 ... ¥d6

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EL CAMPEÓN DEL MUNDO

Vladímir Krámnik ha vivido momentos difíciles desde que derrotase a


Kaspárov y conquistase así el título mundial. Sobre el campeonato del
mundo se ha creado una importante confusión, o más bien, habría que de-
cir, sobre la ausencia de campeonato del mundo. En 2001, él dedicó varios
meses a prepararse para un encuentro Hombre contra Máquina, que final-
mente no se produciría hasta el año siguiente. Frustrante.
Krámnik juega un ajedrez elegante, en el que, como en ningún otro de
los grandes ajedrecistas, prevalece un profundo sentido de armonía. Los
ejemplos que siguen no han sido difíciles de encontrar.

Liuboievic – Krámnik
Montecarlo, 2000

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20 ... ¤h7. El caballo se dirige a la casilla ‘d4’, ¡vía ‘f8’ y ‘e6’!

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INSPIRACIÓN E IMPULSO

Viswanathan Anand está jugando una astuta partida de espera. Mien-


tras otros gastan tiempo y energía en enfrentamientos dudosos y, a veces,
abortados, en los últimos años el gran maestro indio se ha concentrado en
jugar torneos. Con éxito.
En el año 2000 se suponía que iba a jugar con Kaspárov por el título
mundial de la organización Brain Games, pero, descontento con las garantí-
as monetarias, declinó la oportunidad. Entonces entró en escena Krámnik,
pero el título se ha convertido, en algunos aspectos, en un cáliz amargo para
él. Entretanto, Anand ha conquistado el título mundial de la FIDE en un
campeonato por sistema eliminatorio. Un sistema que, naturalmente, tiene
algo de lotería, pero que, al menos, no requiere meses de preparación.
Sus resultados en estos torneos son buenos. En 1997/1998, perdió por un
pequeño margen ante Kárpov, quien, como campeón vigente, no tenía que
participar en la fase eliminatoria y, por tanto, se encontraba fresco. En el año
2000 Anand se proclamó campeón. En el año 2001 llegó hasta semifinales,
cuando fue eliminado. También fue primero en la Copa Mundial de la FIDE
en el 2000 y 2002. (No tengo claro en qué consiste exactamente este torneo.
La FIDE organiza un campeonato mundial por sistema de eliminatoria, así
que ¿por qué tiene que poner también en marcha un torneo similar?)
Anand fue votado como vencedor del Oscar en 2004, en reconocimien-
to a su excelente registro de triunfos en torneo a lo largo del año anterior,
en particular, su victoria en el torneo de Wijk aan Zee en enero. El premio
es también un reflejo de la popularidad de este gran jugador. En la India,
sencillamente es una estrella, pero en el resto del mundo también ha hecho
numerosos amigos, por su natural gentileza y simpatía.
Cuánto contraste entre Anand y el sólido Krámnik. Aunque el indio ra-
ra vez exhibe la incontenible velocidad de su juventud, sigue pudiendo ser

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■ PONGA A PRUEBA SU AJEDREZ ■

impulsivo. Este ligero elemento del azar hace que su ajedrez sea más atrac-
tivo de contemplar, pues no tiene escrúpulos a la hora de introducir unas
tácticas salvajes e inesperadas en sus partidas, y entonces su fabulosa capa-
cidad de cálculo entra en escena. Como consecuencia de su tendencia a de-
sequilibrar la posición, es más probable que Anand concluya una partida
con un ataque ganador que Krámnik. Sin embargo, algo que estos jugado-
res comparten es el sentido del humor. Aunque eso no se refleja mucho en
el juego del ruso, sí vemos a menudo el ingenio de Anand y su sentido del
absurdo en el tablero. Este fragmento de partida exhibe ambos rasgos.

Anand – Baréiev
Wijk aan Zee, 2004

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34 £g8+ ¢d6 35 ¦xf6+ £xf6 36 ¦g6 ¢c7 37 ¦xf6 ¦xf6

En esta posición abierta, la dama blanca fue muy superior a las torres
contrarias. El expuesto rey negro no tuvo posibilidades de supervivencia.

El carácter impulsivo de Anand también se refleja en deslices ocasio-


nales en su técnica. A veces, no tiene la paciencia que se requiere para
resistir en un final difícil, o quizá para forzar la victoria en una posición
mejor. Hubo notables ejemplos de esto en Linares, 2003. Así, por ejem-
plo, perdió los inferiores (pero defendibles) torre y peón en finales ante
Kaspárov y Leko.

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RESPONSABILIDAD

Peter Leko es uno de los profesionales de ajedrez de la nueva cosecha:


bien versado en la teoría de aperturas, con buena presencia, bien parecido,
habla varios idiomas y es capaz de mirar de frente a una cámara y decir las
palabras justas. Parece un recién graduado en un Máster de empresariales,
que propone soluciones informáticas en una feria de negocios en Francfort.
Para él jugar al ajedrez es una cuestión de cabeza, no de corazón. Si hay
que correr un riesgo, deberá ser meticulosamente evaluado. Apenas sufre
derrotas, pero una alta proporción de sus partidas acaba en tablas.
Me pregunto si esto no será la consecuencia de una preparación tan mi-
nuciosa. Si ambos contendientes han estudiado variantes similares, el im-
pacto del estudio casero queda a veces anulado. El elemento sorpresa desa-
parece, puesto que las variantes han sido debidamente ensayadas.
Quizá yo sea un romántico sin remedio, pero en el estilo de un Víktor
Korchnói (o de Vishy Anand), la forma de ganar una partida es desequili-
brar la posición. ¿Cuál fue la última vez que Leko llegó al tablero, se aflojó
el nudo de la corbata y pensó: “Vamos a sorprenderlo: hace años que no
juego 1 c4”...?
No, demasiado riesgo. Lo cierto es que descartar tales métodos irres-
ponsables es lo que ha llevado a Leko a disputar el título mundial en sep-
tiembre de 2004.
En esta partida podemos ver a Leko troceando a un asiduo del riesgo,
Alexéi Shírov. La forma en que lo hace demuestra una gran frialdad y suti-
leza táctica en una posición peligrosa de doble filo.

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■ PONGA A PRUEBA SU AJEDREZ ■

Alexéi Shírov – Peter Leko


Semifinal del Torneo de Candidatos, Dortmund, Alemania,
3ª partida; 15 de julio de 2002

1 e4 c5 2 ¤f3 ¤c6 3 ¥b5 g6 4 ¥xc6 dxc6 5 d3 ¥g7 6 h3 ¤f6 7 ¤c3 0-0


8 ¥e3 b6 9 £d2 e5 10 ¥h6 £d6 11 0-0-0

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11 ... a5

Seis puntos. Esta variante se encuentra actualmente muy de moda. Las


blancas se desprenden voluntariamente de uno de sus alfiles por un caballo
en la cuarta jugada, pero, como compensación, comprometen la estructura
negra de peones. Gracias al peón de d que falta, las blancas pueden jugar de
forma estratégica, retirarán el caballo de ‘f3’ para abrirle paso al peón de f.
Tras el cambio de ‘e5’ por ‘f4’, las blancas quedarán con una cadena de peo-
nes saludable (‘c2’, ‘d3’, ‘e4’) y podrán jugar en la columna f con las torres.
Tal como sucede en esta partida, las blancas eligen una estrategia diferente
que se ha vuelto muy popular: un ataque directo en el flanco de rey. Cam-
biar alfiles es un buen comienzo, a fin de debilitar la posición del rey negro.
Puesto que ambos monarcas se encuentran en flancos opuestos, la posición
es aguda. Prepárese para una avalancha de peones.
La jugada de Leko es directa: arroja un peón hacia delante, con la espe-
ranza de crear debilidades en el enroque enemigo o incluso, con un poco de
suerte, de abrir una columna.

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CALIENTE, CALIENTE

Atacar es lo que Véselin Topálov hace mejor. En la partida que sigue,


Anand quizás esperaba que la Defensa Francesa le permitiese ofrecer una
sólida barrera. Sin embargo, Véselin rompió sus defensas con vigor y deter-
minación. El gran maestro búlgaro se ha convertido en un especialista de
este sistema.

Topálov – Baréiev
Torneo Melody Amber, partida rápida, 2002

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15 ¥xb7!, con ataque ganador.

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TENDULKAR

Cuando me encontré por primera vez con jugadores de la Unión Sovié-


tica eran, con muy pocas excepciones, adustos y poco amistosos. La política
tenía mucho que ver con ello –asociarse con occidentales no era el compor-
tamiento correcto–, pero siempre ha existido un recelo natural en el carác-
ter ruso, que les hace mantenerse distantes.
Peter Svídler, oriundo de San Petersburgo, crea un fuerte contraste con
la vieja generación. Su inglés es soberbio, se viste con elegancia y es afable
y acogedor.
Si Peter Leko puede confundirse con un consultor informático, Svídler
podría pertenecer al ramo de la industria publicitaria. Le gusta llevar traje
y, al mismo tiempo, unos auriculares, pues tiene un manifiesto interés por la
música rock (Jimmy Hendrix, The Beatles, Tom Waits, entre otros), pero
curiosamente también le interesa el cricket (el culpable de ello es Nigel
Short). El nombre de batalla que ha elegido en el Internet Chess Club es
Tendulkar (por el joven y audaz bateador indio Sachin Tendulkar), lo que
no es una mala traducción de su estilo ajedrecístico al cricket.
Como Leko, Svídler llega al tablero bien preparado, pero su estilo es
más garboso. El tono y amplitud de su repertorio de aperturas ya nos dice
algo. Contra 1 e4, juega la compleja variante principal de la Ruy López, así
como distintas variantes de la Siciliana: la Kan, la Clásica, la Najdorf, e in-
cluso la Dragón. Contra 1 d4 está especializado en la estrategia de contraa-
taque característica de la Defensa Gruenfeld, con excursiones ocasionales
en el no menos complejo mundo de la Defensa India de Rey. Con blancas
se atiene a 1 e4, y no teme entrar en las variantes más agudas de la defensa
que las negras se dignen plantear.
Quizá, como consecuencia de estas aperturas de doble filo, sus resulta-
dos son algo menos coherentes que los de algunos otros jugadores de pri-

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■ TENDULKAR ■

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tos. Si, con negras, salgo de la apertura con una pequeña desventaja, estoy
dispuesto a asumirla.
Por lo que acabo de explicar, me encantaría llegar a esta posición. A mi
modo de ver, las negras ya tienen potencial para conseguir ventaja. Como
mínimo, las blancas pueden contar, en general, con ventaja de espacio en la
apertura, pero aquí la estructura de las negras demuestra que dominan la
misma cuota central. Pero luego está la carta de las negras, el alfil de casillas
oscuras en ‘a7’ que alcanza el campo blanco, sin oposición. Si tuviera blan-
cas, habría procurado cambiarlo, con mi dama en ‘e2’, llevando el alfil a ‘e3’.
¿Por qué cambiaron las blancas el alfil de casillas negras por el caballo?
Para lograr el control de la debilitada casilla ‘d5’. Una vez que las negras
han avanzado su peón de e a ‘e5’, la casilla ‘d5’ ya no puede ser protegida
por peones y, por tanto, es el puesto avanzado ideal para una de las piezas
menores blancas. Éste es uno de los temas de la partida: ¿fue correcta la de-
cisión de las blancas al realizar ese cambio?
La primera tarea de las negras aquí es completar su desarrollo, y eso sig-
nifica despejar el atasco de piezas en el flanco de dama. Mover el caballo
por ‘c6’ es fuerte porque impide que el caballo blanco de ‘b3’ llegue a la po-
tencialmente molesta casilla de ‘a5’. Por ejemplo, veamos qué sucedería en
caso de 13 ... ¥e6. Las blancas pueden recurrir a su mejor desarrollo para
apoderarse de la iniciativa: 14 ¤a5! Irritante. 14 ... b6 15 ¤ac4 ¦d8 16 a4
hace que el alfil de ‘a7’ parezca miserable. 14 ... b5 15 a4 bxa4 16 ¦xa4 tam-
bién les concede a las blancas algo que “morder” en el flanco de dama, en
forma del débil peón de ‘a6’. La mejor opción de las blancas debe ser sacri-
ficar un peón con 14 ... ¤c6 15 ¤xc6 bxc6 16 ¥xa6, pero esto puede no ser
del gusto de todos.

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CONTROL

No hay escasez de victorias brillantes, ni originales en extremo, en la


producción de Alexánder Morosiévich. Podría llenarse un libro entero con
ellas. Su originalidad incluso le ha valido un elogio recientemente. Se trata
de una particular estrategia que ha empleado en buen número de ocasio-
nes, hasta el punto que se conoce ya como maniobra de Morosiévich.

Morosiévich – Jálifman
Rusia, 1998

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EL HOMBRE TRANQUILO

A Michael Adams le gusta la estabilidad. Se siente a gusto con su estilo


de juego y no se aventura con excursiones inesperadas a lo desconocido.
Ha estado jugando las mismas aperturas, que se traducen en estructuras de
peones similares desde que era un adolescente. Su objetivo, al comienzo
de la partida, es crear una posición conocida y sólida.
“La mayoría de los jugadores calculan mejor que yo”, dice Adams, “así
que busco deliberadamente posiciones tranquilas, en las que haya alguna
tensión y muchas maniobras. De esta forma, mis rivales no se sienten tan a
gusto cuando no pueden calcular”.
Adams es muy objetivo acerca del puesto que ocupa en el mundo del
ajedrez. No cree que sea tan fuerte como los tres grandes –Kaspárov,
Krámnik y Anand–, pero sí que puede competir con ellos en partidas indi-
viduales. No porque tenga un acusado sentimiento de rivalidad. “Tienes
que trabajar en tu propio juego, y yo trabajo duro. Sigo estando razonable-
mente entusiasmado por el ajedrez”.
¡“Razonablemente entusiasmado”! No hay peligro de que la emoción lo
transporte. No es su estilo. Adams se plantea su ajedrez –y su vida– con los
pies bien firmes en el suelo.
Mientras que otros jugadores prefieren diversificarse en otros campos
profesionales, Adams no ha mostrado el menor interés por aquello que está
fuera del mundo del ajedrez. No tiene interés por vender su imagen a los
medios de comunicación. Durante unos diez años, ha sido el mejor jugador
de Inglaterra y ha ocupado un puesto entre los mejores en ese mismo perí-
odo, y, sin embargo, ¿cuánta publicidad ha recibido? Prácticamente ningu-
na. ¿Está molesto por ello? No lo creo. Puedo recordar algunas ocasiones,
durante torneos, en que he intentado obtener alguna cita jugosa de él, fren-
te a una cámara de televisión, pero sin el menor éxito. Se limita a encogerse

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LA DAMA ASESINA

Judit estaba destinada a ser la mejor de las tres hermanas Polgar. Zsuzsa
y Sofía tenían talento, pero un talento benigno. Fue la hermanita pequeña la
que nació con predisposición. Judit sonreía como un cocodrilo cuando ga-
naba, y gruñía y despreciaba, bueno, como un cocodrilo, cuando perdía. No
deseo difamar a una persona como ella, tan encantadora fuera del tablero.
Pero el lector debe saber que por dentro es mortal.
Hace muchos años, cuando las hermanas seguían siendo unas adoles-
centes, tres jugadores que participábamos en un torneo en Budapest fui-
mos invitados al apartamento de la familia Polgar. Pensaba que íbamos a
pasar una velada relajada, charlando y comiendo. Necesitaba descansar del
ajedrez. Sabia reflexión. No éramos más que los últimos viajeros atraídos a
las rocas por el canto de las sirenas. Aparecieron los tableros y se organizó
una larga sesión de partidas relámpago. Yo tuve la suerte de enfrentarme a
la pequeña asesina. Recuerdo, en particular, una partida en la que lancé un
farol brutal que tuvo éxito. Estaba disgustada y escupió algo en húngaro.
Sus hermanas mayores –con la diplomacia requerida– rehusaron traducir-
lo. Judit era ya temible.
La inmersión de Judit en el ajedrez, desde su nacimiento, le ha dado una
increíble visión del tablero, que le permite captar ideas tácticas al instante.

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■ PONGA A PRUEBA SU AJEDREZ ■

Judit Polgar – Sokólov


Essent, 2003

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44 ¦f5!

Embolsándose otra pieza, con lo que fuerza el abandono.

Judit Polgar – Kariakin


Benidorm, 2003
Torneo Bali (rápidas)

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UN CAMPEÓN DEL MUNDO

Sabes que te estás haciendo viejo cuando los campeones del mundo te
parecen tan jóvenes como los agentes de policía. La campeona mundial fe-
menina de 2001, Zhu Chen, tenía veinticinco años cuando ganó su título (lo
que podía haber sido aún más drástico, pues Alexandra Kosteniuk, su rival
en la final, sólo tenía entonces diecisiete años). El campeón mundial de la
FIDE, en 2002, fue Ruslan Ponomáriov, de Ucrania, un joven de dieciocho
años cuando conquistó el campeonato.
¿Cuán bueno es Ponomáriov? Al ganar el título mundial, entró en los
diez mejores, pero hace poco ha bajado en la lista. Aún queda por ver, na-
turalmente, si podrá mantenerse entre los grandes del ajedrez mundial. Sus
resultados en 2003 fueron variados, pero su duelo abortado contra Kaspá-
rov debe haberle restado una considerable energía.
Aunque se enfrentó a una oposición formidable en su camino hacia el
título mundial de la FIDE (derrotó a Ivanchuk, Morosiévich, Baréiev y
Svídler), no puedo dejar de tener la impresión de que a Ponomáriov le ha
beneficiado el control de tiempo (más rápido el de la FIDE). Situemos el
torneo en su lugar: ni Vladímir Krámnik, ni Gari Kaspárov participaban.
Ponomáriov, en cualquier caso, no se había enfrentado a ninguno de ellos
antes de proclamarse campeón. Según él, ni siquiera se había encontrado
con Kaspárov en persona. Hablar de lagunas, en el campeonato mundial de
la FIDE, no es difícil.
Me encontré con Ruslan Ponomáriov un par de meses después de haber
logrado su título en el torneo de ajedrez rápido (FIDE) de Dubai. Parecía
el típico prodigio del Este de Europa: llevaba un traje gris, pero parecía de-
masiado joven para ir vestido así. Era muy consciente de su situación y no
se le notaba muy cómodo con su nuevo estatus. Obviamente, disfrutaba de
ser el centro de la atención, pero se percibía que, en su fuero interno, él sa-

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TODO UN TIPO

A los veinte años, Alexander Grischuk se ha asentado ya como uno de


los jugadores más fuertes del mundo. No se puede entrar en la elite jugan-
do de forma rutinaria. Es preciso descubrir o incorporar una nueva dimen-
sión al juego. Además de un temible instinto agresor, el arma principal de
Grischuk ha sido la investigación teórica. Si quiere usted saber lo que está
pasando en la variante más importante de una apertura, no tiene más que
seguir sus partidas, porque él se encargará de hacer el trabajo duro por us-
ted.
Lo que me parece asombroso es que no se concentra en una o dos aper-
turas. Lo juega todo. Un simple vistazo a sus partidas de los últimos seis
meses demuestra que, con negras, contra 1 e4, ha jugado dos variantes de la
Siciliana: la Najdorf y la Sveshnikov; en la Ruy López, la Variante Cerrada
principal, el Ataque Marshall y la Variante Abierta. También ha ensayado
la Petrov. Cualquiera de estos complejos sistemas requeriría toda una vida
de estudio, pero Grischuk es un experto en todos ellos. Olvidé mencionar
sus aperturas contra 1 d4: la Eslava, la Nimzoindia, la India de Dama y la
Catalana. En años recientes también ha realizado descubrimientos en la De-
fensa Tarrasch. Ni siquiera he empezado a hablar de sus ideas con blancas.
Baste con decir que cada variante que toca se sitúa inmediatamente a la
vanguardia de la investigación teórica. Las bases de datos de ordenador
han hecho mucho más fácil la investigación, pero una cosa es tener acceso
al material (partidas del pasado) y otra muy distinta examinar esas parti-
das con espíritu crítico y capacidad para descubrir nuevas ideas.
Podría usted imaginar que, con tal inclinación a los libros, Grischuk fue-
se un cruce entre una rata de biblioteca y un cretino informatizado. El mos-
covita, sin embargo, cultiva una imagen de rockero frío. En un día libre del

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DESCONCERTANTE

Vasili Ivanchuk vive en su propio mundo, tanto en el tablero como fuera


de él. Eso puede producir una gran originalidad, pero también una profun-
da extrañeza. Porque todo en él es muy poco práctico. En una ronda puede
derrotar al mejor jugador del mundo, mientras que en la siguiente no es ca-
paz de vencer a un relativo zoquete. Ambos contrincantes serán tratados de
la misma forma, porque Ivanchuk juega la posición, no contra un rival de-
terminado.
Es imposible, sin embargo, mantener ese nivel de creatividad en cada
partida de un torneo. Tiene cierto arte derrotar a jugadores más flojos sin el
menor esfuerzo y reservar las propias energías para las partidas cruciales.
Pero el sentido común nunca ha formado parte del bagaje de Ivanchuk, y
por eso es por lo que sigue siendo uno de los jugadores más interesantes de
la elite, aunque también uno de los más desconcertantes.
En esta partida, Ivanchuk plantea un sistema arriesgado. Si su opositor
logra consolidar su ventaja de espacio, las piezas de nuestro hombre queda-
rán irremisiblemente restringidas e impotentes. Ése es el desafío. ¿Pueden
las negras encontrar contrajuego antes de que se cierre la camisa de fuer-
za?

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LAS AVENTURAS SIN FIN
DEL PLANETA SHÍROV
Alexéi Shírov sigue siendo un ser peculiar del universo ajedrecístico.
Hace más de diez años que entró en la escena internacional, pero su juego
sigue pareciendo originario de otro planeta. Su imaginación es algo extraor-
dinario. Fui afortunado al poder verlo en acción en un torneo de ajedrez rá-
pido en Dubai, 2002.

Shírov – Othman

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17 ¦xe5

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ALTO COMO UNA COMETA

La siguiente partida ganó el premio de brillantez en el Abierto de Gi-


braltar de 2004. Satisface todos los criterios: juego deslumbrante, inespera-
do y hasta correcto. “Después de la partida, me sentía volar tan alto como
una cometa”, dijo el vencedor, Nigel Short. Esta lucha tuvo lugar en la pri-
mera parte del torneo (cuarta ronda), y Short admitió que le había dado
una dosis adicional de confianza, lo que, seguramente, le permitió ganar el
torneo con autoridad.
Durante un par de años, tras el revés en el campeonato mundial de
1993, Nigel pasó una mala época para tratar de recuperarse. En su honor
hay que decir que lo consiguió y que de nuevo está a punto de situarse en-
tre los diez mejores del mundo. Después de toda una vida jugando al aje-
drez, sigue disfrutando de su profesión y de viajar por todo el mundo para
participar en los torneos más dispares, casi siempre con excelentes resulta-
dos. En los dos últimos años se ha concedido un respiro de los duros torne-
os de alta competición para incorporar un poco de alegría a su juego. Así es
cómo ha firmado partidas como ésta.

Nigel David Short – Ruslan Pogorélov


Torneo de Gibraltar (Reino Unido), 4ª ronda;
30 de enero de 2004

1 e4 c5 2 ¤f3 ¤c6 3 d4 cxd4 4 ¤xd4 £c7 5 ¤c3 e6 6 ¥e3 a6 7 £d2 b5 8


0-0-0 ¤xd4 9 ¥xd4 ¤e7 10 ¢b1 ¤c6

191
15
MUELLE EN ESPIRAL

Eugueni Baréiev no es el miembro más deslumbrante de la comunidad


ajedrecística. Es bastante reservado, no se esfuerza en presencia del públi-
co, pero tiene una mente aguda y un ingenio irónico.
A diferencia de otros, Baréiev no trata de anotarse un punto de saque al
comienzo de la partida. Emplea la apertura como una forma de pasar la bo-
la por encima de la red. Dicho esto, la comprensión natural del juego, las
habilidades y la inteligencia. En ese aspecto, podemos decir que se trata de
un auténtico jugador de ajedrez, pues no trata de ganar gracias a una pre-
paración casera.
Lo que me parece inusual en el juego de Baréiev es que, a pesar de un
ortodoxo y, hasta diríamos, repertorio de aperturas blando (sobre todo la
Francesa, la Caro-Kann y la Eslava con negras; 1 d4, con blancas) sus parti-
das están invariablemente llenas de complicaciones. Veamos estas posicio-
nes del torneo de Wijk aan Zee de 2004:

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¿ESTARÍAS DE ACUERDO CON...?

Paz y buena voluntad no siempre abundan durante una partida de aje-


drez. No están en la naturaleza del juego. Esto no quiere decir que tales
cualidades no puedan verse en ocasiones. Hace poco me encontré con la si-
guiente partida, disputada en Ekaterimburgo, en la Rusia profunda:

Nurlan Ibráiev – Nikolái Kabánov


Copa de Rusia, Ekaterimburgo, 1997

1 h4 ¤c6 2 h5 ¤b8 3 h6 g6 4 g4 f5 5 g5 e5 6 f4 e4 7 e3 d5 8 d4 c6 9 c4 ¤d7


10 c5 ¤b8 11 b4 ¤d7 12 a4 ¤b8 13 b5 a6 14 b6 ¤d7 15 a5 ¤b8 16 £h5
£xb6 17 £xg6+ hxg6 18 axb6 ¦h7 19 ¦a5

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RELATO CORTO

Las partidas de ajedrez tienen un hilo coherente –que va desde la apertura


hasta el medio juego y sigue hasta el final– que siempre ha ejercido una fuerte
atracción sobre mí. Me recuerdan a un relato bien escrito. Lamentablemente,
es raro que nuestro rival sea muy colaborador al escribir el guión, sobre todo
si se encuentra en el lado perdedor: lo más probable es que lo estropee to-
do para impedir caer por la cuesta abajo. Mientras que una buena historia
tiene un principio, un desarrollo y un final, una partida de ajedrez, con dos ju-
gadores de nivel similar escribiendo tramas en conflicto, siempre tendrá un
principio y un final, pero la parte central es a menudo una confusión total.
Aunque aquí ambos contendientes son grandes maestros, esta partida es
uno de esos casos en los que hay cierta “corriente” en la lucha. Las blancas
juegan una apertura modesta, pero, cuando las negras se equivocan, en-
cuentran una inteligente idea de ataque que se proyecta hasta el final. De-
bido a su brevedad, no describiría la partida como una novela redonda, sino
como un bien elaborado relato corto. El vencedor es Francisco Vallejo
Pons, una de las más brillantes esperanzas de España en el futuro.

Francisco Vallejo Pons – Félix Izeta Txabarri


Torneo de Elgoibar, España, 4ª ronda;
24 de noviembre de 1998

1 e4 e5 2 ¤f3 ¤c6 3 ¥c4 ¥c5 4 d3 ¤f6 5 ¤c3 d6 6 ¥g5 h6 7 ¥xf6 £xf6


8 ¤d5 £d8 9 c3 0-0 10 d4 ¥b6 11 dxe5 ¤xe5

229
18
NEGRO Y AZUL

Hace algunos años, tuve un roce fuerte con un programa de ajedrez que
llevaba mi nombre (“King 1.0”). La experiencia me llevó a escribir un artícu-
lo decididamente en contra de los ordenadores. Concluía con el pensamiento
de que:
“Aunque la fuerza de los ordenadores se incrementa de forma drástica,
siguen teniendo mucho por hacer para poder competir en los niveles más
altos del ajedrez”.

Creo que los acontecimientos han demostrado justo lo contrario y ten-


dré que tragarme mis palabras. En la partida que sigue, deberá usted prever
las jugadas de un programa. Durante los últimos años, hemos visto un buen
número de duelos de alto nivel entre Hombre y Máquina. Por ejemplo, Kas-
párov contra Deep Blue en 1997, y más recientemente Krámnik contra Fritz
(Bahrain, 2002), así como Kaspárov contra Fritz, a fines de 2003. Obviamen-
te, las máquinas se están volviendo más fuertes. Desde un punto de vista pu-
ramente científico, no estoy seguro de lo que estos encuentros demuestran.
Sin embargo, en tanto que competiciones deportivas, los encuentro muy
emocionantes, sobre todo porque el juego de ambos bandos es imprevisible.
Volvamos a 1996 –cuando ocurrió el primer duelo de Kaspárov contra
Deep Blue– a la partida que inició todos los problemas. Gari se preparó a
conciencia antes del enfrentamiento, e incluso rechazó la propuesta de que
el fondo de premios (500.000 dólares) fuese repartido en la proporción
60% – 40%, y pidió que todo el premio fuese para el vencedor. Finalmente,
se dispuso un reparto del 80% (vencedor) – 20% (perdedor). En cualquier
caso, estaba claro lo que pensaba de la máquina:
“En ajedrez serio, clásico, las computadoras no tendrán la mínima opor-
tunidad en este siglo. Yo personalmente aceptaré cualquier desafío”.

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19
POR PURO AZAR

Las máquinas de jugar al ajedrez forman hoy parte de la escena ajedre-


cística, sea cual sea el nivel al que se juegue. Si quiere usted entrenarse con-
tra “Kaspárov”, no tiene más que cruzar la calle y comprar un programa de
juego en una tienda de productos informáticos.
En la liga local, sin embargo, desconfíe si tiene una partida aplazada.
Herr Fritz o algún otro ingenio serán empleados como analistas. Aunque
eso no quiere decir que el análisis sea debidamente interpretado. Como sa-
brá cualquiera que utilice Fritz, su horizonte analítico es limitado, de modo
que puede desorientarlo por completo sin que usted ni siquiera lo sospe-
che, pues su evaluación puede cambiar drásticamente en sólo un par de
movimientos. Para lograr los mejores resultados de estos programas es pre-
ciso “guiarlos” con buen criterio.
Dicho esto, imagínese que tiene algún programa a su disposición en un
torneo de ajedrez rápido. La gran fuerza de los programas de ajedrez, como
Fritz, es su capacidad de cálculo y en tales ocasiones, en los que las partidas
a menudo se deciden por un error táctico, su fuerza de juego sería enorme.
Hace algunos años, esto fue comprobado por un ajedrecista emprendedor
en un torneo de Alemania. El único problema fue que no le dijo al resto de
los participantes lo que estaba haciendo.
Un tal Clemens Allwermann, con un Elo de 1925, participó en el Abier-
to de Böblingen de 1998, y lo ganó derrotando a varios maestros interna-
cionales y un gran maestro. El Elo de este jugador de 55 años nunca había
superado la barrera de los 2000 puntos y en aquel torneo realizó una actua-
ción cifrada en 2630 Elo. El resultado de su vida. ¿O no fue así?

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HECHICERO

Odondoo Ganbold... ¿No aparecía en El señor de los anillos? Tal vez no.
Sospecho que ni usted ni yo nos habíamos topado antes con este nombre. Al
haberme detenido en la partida que sigue, quise enterarme un poco más, de
modo que me fijé en la lista Elo. Nació en 1973, representa a Mongolia, es
maestro internacional, y en enero de 2004 tenía un Elo de 2406. Aparte de
eso, apenas sé nada más. Las partidas de mi base de datos revelan que se tra-
ta de un jugador irregular. Cuando juega bien, juega muy bien, pero cuando
juega mal, ya sabe usted el resultado. En uno de sus últimos torneos, el
Abierto de Los Ángeles de 2003, sus doce partidas –todas– tuvieron defini-
ción, aunque no todas finalizaron a su favor. No captura prisioneros.
Concentrémonos en el lado positivo de Ganbold. Esta partida es pura
inspiración. Algo así como ver en acción a la selección brasileña de balon-
pié cuando la corriente funciona: un fútbol artístico, alegre y letal en el pun-
to de pena máxima. Adelante y exprésese en el tablero.

Odondoo Ganbold – Hristos Banikas


XXXIV Olimpiada, Estambul, Turquía,
3ª ronda; 30 de octubre de 2000

1 e4 c5 2 ¤f3 e6 3 c4 ¤c6 4 d4 cxd4 5 ¤xd4 £c7 6 ¤c3 a6 7 ¥e2 ¤f6


8 0-0 ¥b4 9 ¤xc6 bxc6 10 £c2 ¥c5

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