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LA ACEPTACION COMO ARTE EFÍMERO

“No todos seremos de color morado”

ANGEL DAVID AGUIRRE ACOSTA

Texto alusivo a un amigo y todas las personas identificadas


con su orientación

Edición principal en casa


Índice

El inicio de su origen …...……………………………………………. 4

Pero esta no es la historia de mis padres...………………………. 5

No todos seremos de color morado ………………………………. 5

Próximo…………………………………………………………………. 5

Próximo…………………………………………………………………. 5
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El inicio de su origen

Cuando aquella pareja de enamorados, que prometieron ser felices, ellos solos
alejados del resto de personas que los rodeaban. Ocurrió lo que menos se
esperaban; un 12 de junio de 1999 aquella pareja se dieron cuenta que su
felicidad no era para ellos solos y tenían que compartirla; venia en camino el fruto
de su pequeño amor (el origen de una nueva vida), el pequeño “Christian”.

Aquella pareja en realidad no se lo esperaban, pensar que traerían vida al mundo.

- ¡ahora como haremos! Exclamo el novio. – no sé qué significa ser padre.


- ¡No seas tan bobo! Sé que ser padres es algo complicado, pero tendremos
que hacernos cargo dijo la chica.
- ¡Está bien! te entiendo amor, pero nuestra felicidad ya no será para los dos;
tendremos que compartirla.

Nada fácil fue comprometerse; su rutina diaria cambio de la noche a la mañana, ya


no era pasar un día juntos como pareja, sino más bien eran días completos en los
que la chica necesita la atención, cuidado y protección del chico.

"su nombre es jeremías, soy de Colombia y esta es su experiencia:

Aunque la noticia del embarazo de mi esposa nos cayó como agua helada, pues
apenas llevábamos 2 meses de casados y habíamos planificado no tener bebés
hasta estar estables económicamente y como pareja, nos dio alegría pensar en
tener un bebé. Así que proyectamos todos los preparativos para recibirlo.

Los chequeos regulares con el doctor fueron totalmente normales hasta que
cumplió los 9 meses, incluso esperábamos un parto normal que es así como lo
queríamos.

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Estábamos muy ansiosos de que ya empezara a dar visos de querer llegar pero
no veíamos ninguno. El doc nos decía que todo está bien y que los varones a
veces demoran unas semanas más hasta las 40 para nacer.

La última semana (39) el doc que nos hacia los chequeos se fue de vacaciones.
Entonces buscamos otro lugar como segunda opción, así que el lunes su madre la
llevó a una maternidad donde nos dijeron que es nueva y buena e incluso era
gratis.

Así que decidimos dar a luz ahí, aunque para ese lunes ya regresaba el doctor,
pues así nos ahorraríamos el $ 280.000 del parto que nos cobraba el doc o si era
cesárea, que así fue, nos costaba $ 500.000.

Justo ese lunes ella no quería ir porque se sentía cansada pero su madre le
obligó.

Ya en la maternidad le hacen un monitoreo y se dan cuenta que los latidos del


corazón del bebé están muy débiles como para nacer (por eso no tenía ni
contracciones) que no tendría fuerzas para hacerlo y que la placenta estaba
calcificada y ya no quedaba líquido amniótico y sumado a eso, mi gorda tenía la
pelvis estrecha y presión alta... así que el bebé tenía lo que se llama sufrimiento
fetal.

Para colmo, debido a que esa maternidad es nueva, aún no tenían quirófano por lo
que no podían hacerle la cesárea allí, así q me llama mi suegro y me dice que
busque al doc que siempre nos chequeaba. Como ya sabía que ese día ya habría
vuelto les dije que vayan directamente a la clínica, para entonces yo no sabía
nada, sólo que debían hacerle una cesárea.

Salí del trabajo a las 5:15 pm (para colmo trabajé 15 min más), desesperado llamé
a mi gorda y me contó lo que pasaba, casi me pongo a llorar de la preocupación y
más cuando me dice que mi hijo estaba sufriendo.

Y justo en ese momento no encontraba a mis amigos o a mi hermano para que me


lleven a la clínica (pues estoy en silla de ruedas). Aunque tengo mi silla eléctrica
no puedo subir con ella al tercer piso por lo pesada que es, así que decidí irme en
taxi con mi cuñada.

Mi mujer ya estaba lista con el suero para ser operada. Estaba ansioso de entrar
con ella pero a último momento me dice el doctor que por ser un lugar esterilizado
no puedo entrar con la silla y tampoco alcanzaría a ver bien.

Bueno, media hora después ya escuché el llanto de mi bebé.

Mi primer encuentro con él fue especial, parecía que reconocía mi voz, estaba
bien tranquilo, no lloraba, era precioso y cada día sigue viéndose más hermoso.....
¿Serán mis ojos de padre?.....ja ja ja

Ahora estando en casa he podido disfrutar de la sensación única que produce


tener a tu hijo en brazos y sentirle, etc... En fin, es algo celestial.

Ha pasado un mes y estamos ultra que felices pero también ansiosos de estar
preparados para algunas cositas que sabemos se darán respectos a
enfermedades comunes como la gripe, etc.

Por otro lado quería comentar que apoyo el echo pues disfrutamos de tener a
nuestro bebé con nosotros, además que mi esposa puede atenderlo enseguida
que empieza a llorar lo cual no es muy seguido.

Así, mi hijo, William ha llegado para complementar mi vida que junto con mi
esposa, con quien ya cumplimos nuestro primer aniversario, han sido el regalo que
Dios me ha dado para alegrar mi vida."
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Pero esta no es la historia de mis padres

- Mi nombre es William Andrés Suarez Ortiz pero en el barrio me conocen


como la waso por las iniciales de mi nombre.
- ¡Tengo 28 años a día de hoy!

Pero te estarás preguntando porque La waso, con el articula La; si, es por eso soy
homosexual.
Desde muy pequeño (en promedio unos 12 años) experimente esa extraña
sensación y fascinación por mí mismo sexo; Esto fue lo que me pregunte cuando
cumplí la mayoría de edad:

¿Cómo me quito el miedo? Empiezo con esta pregunta porque es la misma que
me ha invadido durante años. Creo que desde que tengo memoria siempre he
tenido ese sentimiento de frustración, de ansiedad, de depresión disfrazada.
Desde que tengo uso de la poca razón que hay en mi mente siempre he vivido
atrapado en el miedo, el cual no me deja liberarme del todo. Miedo de las ataduras
al pasado, de lo que me ata en el presente, de lo que detiene mi crecimiento en el
futuro. Y eso me da miedo. Me da miedo quedarme estancado.

-Siento que no avanzo y que los pocos pasos que doy, los regreso con caminatas
en reversa y vuelvo a lo mismo: a la decepción. Decepción de mí mismo, de mi
falta de carácter para tomar decisiones, de la falta de coraje para gritar lo que en
realidad soy por temor al fracaso, a dejar de ser el hijo modelo, del que sus padres
se sienten orgullosos, del que sus hermanos llegan a odiar porque lo ven superior.

-Me frustra mi incapacidad de tomar esa decisión que sé me dará la libertad que
tanto quiero, que tanto busco, que tanto necesita mi alma. Creo que existe un ser
superior que de muchas me ha sacado, que de otras tantas me he olvidado de esa
oración, de esa súplica por encontrar mis propias respuestas. Mi cabeza está
hecha una licuadora, una mezcladora de jugos en la que todo lo que entra se
vuelve heterogéneo para los demás, pero que para mí, es tan homogéneo como
mis preferencias sexuales. Sí, soy homosexual. Sí padre, soy gay. Sí madre, soy
gay. Hermanos, soy gay. Perdón. Y requiero no su perdón, requiero su
comprensión (así fue como lo dije a mis padres, hermanos y demás familiares, sin
pausas y sin prisas, ja ja ja claro por escrito).

Requiero quitarme esta máscara que ya me pesa junto con los despreciables kilos
de grasa que no puedo dejar. Me pesa tanto esta culpa, como los tacos, las
quesadillas, las tortas, las empanadas, las albóndigas, las rebanadas de pizza que
me como todos los días intentando satisfacer el vacío que no se llena con nada.

-Me pesa y me duele saber que solo yo tengo el poder de ver por mí, pero que
requiero del apoyo de mi familia, ese apoyo que siempre ha existido, pero que
ahora me pesa en los hombros. Falsas expectativas se han creado de mí, de mi
carrera, de mi profesión, de mi persona. Falsas caretas que muchos me ayudaron
a construir y que solo yo tomé la decisión de colocarla en mi cara. Ya no quiero.
Ya no puedo. Tengo 28 años. Nací en Agustín Codazzi, Colombia. Soy periodista.
Y ya no quiero callar. Sé que soy un incongruente y siempre he estado peleado
con esa palabra, pero eso soy: un pinche incongruente que sabe lo que tiene que
hacer, pero que se excusa en el miedo, en la depresión, en la comida, en las
historias de otros, en las vidas de otros. Ya no puedo. Leo textos, leo historias de
vida, de lucha, de activismo, de éxito, de fracasos, de tristezas. Leo historias
desgarradoras, leo historias de comprensión. Pero no me atrevo a escribir la mía.

Aún ahora pienso en el qué hacer con lo que resulte de esta noche en la que
preferí quedarme en cama con mi cara de pendejo, poniendo excusas a todo. De
verdad, ya no quiero. Ya no quiero sentir el dolor de la soledad con la que he
aprendido a convivir durante años, la que ha sido mi dura y fiel compañera en
esos momentos, como ahora, en los que sé que es la única que me escucha, que
me siente, que me duele. Familia, esta es mi manera de decirles lo que no me
atrevo en persona. Esta es mi manera de pedir clemencia ante mi situación, no de
ser homosexual, sino de no tener la confianza para haberlo dicho hace mucho
tiempo. Y me he escudado en el “Ya lo saben”, “A los padres no los hacemos
pendejos”. Me he refugiado en estas frases por comodidad, insisto, por miedo.
Confío mucho en los tiempos de Dios, en que esta es una de las tantas pruebas
que tengo que brincar para salir exitoso, para salir a la calle con la frente en alto y
no esconder lo que soy. Y no lo decidí, no lo escogí, no sé qué pasó pero pasó.
Soy, y punto. No me arrepiento de nada, quizá solo de no haberles dicho antes.
Tal vez ahora las cosas serían distintas. “La fe sin obra es fe muerta”. Así reza mi
tatuaje, el segundo. Esa frase incrustada en mi piel llevó a la decepción a mi
madre. Esa frase que ni siquiera se dieron el tiempo de leer, ni yo de leerles. Esa
frase que en cuanto la vi, dije sería como un mandamiento en mi vida. Obra, fe,
muerte. De eso se trata la vida, de hacer las cosas, de luchar por ellas, de velar
por nuestro bienestar, de vivir por nuestros ideales, de no detenernos, de no tener
miedo, y si lo hay, enfrentarlo. De tirar barreras, de saltar muros, de escalar
montañas, de nadar mares. De eso se trata. Lo comprendo, ahora falta meterle
acción.
3

No todos seremos de color morado

(Próximamente)