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Ensayo Sobre Mi Padre

Este ensayo es un homenaje del autor a su padre fallecido. Expresa el gran amor, admiración y aprecio que siente por su padre, quien fue su maestro, ejemplo y apoyo a lo largo de su vida. A pesar de su muerte, el padre sigue presente en los recuerdos y enseñanzas que marcaron al autor.

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Ensayo Sobre Mi Padre

Este ensayo es un homenaje del autor a su padre fallecido. Expresa el gran amor, admiración y aprecio que siente por su padre, quien fue su maestro, ejemplo y apoyo a lo largo de su vida. A pesar de su muerte, el padre sigue presente en los recuerdos y enseñanzas que marcaron al autor.

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Ensayo sobre mi Padre.

La vida me ha llevado por distintos caminos. A veces llenos de luz y alegría y a


veces oscuros, caminos duros y solitarios. He tenido que superar muchas
dificultades, muchas pruebas. A veces lo he logrado y otras veces no. Sin
embargo a través de todo esto tuve una figura que me inspiro y apoyo siempre: mi
padre, mi maestro, mi superhéroe y mi gran amigo.

A lo largo de su vida me mostro su fuerza, su carácter, su perseverancia. Me


enseño el cómo vivir una vida que valga la pena vivirla. Con sus ejemplos me
enseñó a ser fuerte y persistir aún en la más oscura y dura prueba. En mi
adolescencia trabajo para enseñarme a ser una mujer de bien. No se cansaba de
enseñarme el temor de Dios, a tener siempre presente a nuestro Creador en todo
lo que haga.

De él heredé muchas cosas: el físico, el carácter terco y persistente, el amor por


los demás, y el amor por estudiar y superarse, entre muchas otras cosas. Me
encamino hasta que estuviera lista para caminar por la vida sola, y como un
pequeño pájaro que aprende a volar me fui a descubrir el mundo y forjar mi propio
camino en la vida.

De repente me encontré sola. Yo, mis cosas y mis pensamientos. Pero pronto me
di cuenta que los consejos que en la adolescencia recibí de ti, parecían que
nunca les ponía atención, pero me habían preparado. Fuiste mi maestro de la
vida, y aun cuando la muerte nos separa, cualquiera puede ver que soy tu hija.

A pesar de cuando tuvimos diferencias de opinión, me gusta pensar que soy un


reflejo de ti padre. Siento que esas diferencias nos unieron más. Y por como
dicen que el anhelo de un estudiante y de un hijo, es de alcanzar a su maestro y
padre.

Padre, eres mi ejemplo de grandeza y humildad. Para mi serás alguien con quien
puede bromear y hacer las tonterías más infantiles y también con quien puede
dialogar, debatir temas profundos de la vida, de Dios y de nuestra Familia y así
afilar mi intelecto como cuando cuchillo le saca filo otro cuchillo.

¿Cómo poder olvidar tu dedicación y tu amor por tú familia? Recuerdo esos


momentos que tanto ame cuando llegabas a la casa y te tirabas en el suelo con
nosotras y jugábamos a hacernos cosquillas; recuerdo todos esos lugares a donde
viajamos juntos y a donde me llevaste desde mi tierna infancia.

Recuerdo tu paciencia cuando me enseñabas a hacer cosas rudas de hombres.


Recuerdo cuando me dejaste manejar por primera vez cambiar los fusibles de la
luz que se habían fundido. Recuerdo todas esas horas que pasamos platicando
por alguna cosa que preguntaba y no sabía o tan solo de lo que sucedía en la
película que veías, fueron las mejores horas de mi vida.

Fuiste también un ejemplo de dedicación a tu trabajo, como nunca desperdicias ni


un minuto del día. No le temías a los grandes retos de la vida. Y como dice el
dicho, cuando la vida te da limones, hay que hacer limonada.

Te quiero agradecer hoy y siempre por ser ese gran ejemplo que fuiste y serás en
mi vida, agradecer por ese apoyo que siempre me diste, porque siempre luchaste
por darnos lo mejor a tus hijas, por no rendirte nunca y agradecerte hasta donde
estés papá por amarme a pesar de como fui.

No fui una hija fácil de criar, pero hoy en día, después de varios años de haber
salido de debajo tu protección, puedo decir, querido padre, que en mi opinión tú
esfuerzo no fue en vano. Hoy y siempre diré lo mucho que te admiro, quisiera
decirte que a pesar de que ya no estás conmigo aun eres mi maestro; un buen
padre siempre lo es. Hoy digo que tu vida ha sido de ejemplo para la mía y que
estoy orgullosa de ser tu hija, la más pequeña, el pilón.

Algunas emociones son desagradables casi imposible de explicarlas con palabras.

En las noches cuando intento dormir, mientras doy vueltas en la cama, con mil
ideas y recuerdos invaden mis pensamientos; ahí estás tú, presente en todos
ellos, pero a la vez ausente, pero siempre intento que estés más presente. Es
inútil luchar contra eso, entonces enciendo la luz; me siento sobre la cama y me
pongo a recordar toda esa película de buenos momentos que tuvimos juntos y que
me recuerdan al domingo familiar que ahora ya poco se da.

Sin esfuerzo logro recordar las mañanas de los domingos en las que preparabas
el desayuno, escuchando la música de tu agrado. Me gustaba escucharte cantar,
sé que poco te lo dije, pero tu voz era muy bonita.

Yo era tu princesa la más pequeña y tú eras el rey. Sé que en todo momento te


esforzaste por pintarnos un mundo tranquilo, diste todo de ti para que no faltara
nada en nuestro hogar a pesar de las dificultades. Siempre existió eso de apreciar
la vida así fuera muy dura. Aunque la escuela era pesada, tus brazos se extendían
para consolarme.

Tú sabiduría era infinita, recuerdo aquel inmenso librero que tenías en la casa, tus
manos deslizándose con agilidad sobre la máquina de escribir. Era de esperarse
que tendrías respuesta a cada pregunta que formulaba mi mente curiosa. Me
gustaba tanto aprender y era mucho mejor si era con tu ayuda.

No quiero aceptar, que el tiempo siguió corriendo; entonces cierro con fuerza los
ojos e intento traer al presente todas las fantásticas aventuras que vivimos juntos.
Orgullosa y sintiendo que alguien podría borrar lo poco que me queda de ti, lo
conservo en el lugar más profundo de mi corazón. Es difícil decirlo, pero en todos
estos años me ha atormentado ese momento de tu partida, me empeño a que
nuevas historias borren el pasado.

Al mirarme al espejo y ver mis ojos encuentro los tuyos. Extraño tu loción
impregnada por toda la casa; tenerte a nuestro lado, mirarte cuando estabas en
modo reflexivo, esas tardes donde te busco incansablemente, me invade la
desilusión, la tristeza y el dolor de saber que no podre encontrarte.

¿Recuerdo aquel día de la tromba en el 95? Cómo ignorarlo fue un día horrible
donde perdimos todo, tu rostro pálido, temeroso y desconcertado decían con
gestos que guardáramos la calma y que todo pasaría y estaríamos bien. Tu amor
nos volvía fuerte ante la situación. Recuerdo como sacabas fuerzas para no que
no te viéramos caer.

Algunas veces lo observaba y parecía que no eras mi papá, eras muy fuerte.
Ahora sé que la vida adulta no es algo fácil, estaban las cuentas por pagar y el
trabajo que parecía no tener final; algunas veces eran el motivo de las discusiones
con mamá, quizás algunas otras ocasiones porque las cuentas no iban muy bien,
tal vez estabas aprendiendo a vivir, quizás te invadía la duda, pero jamás te
rendiste.

Mamá y tú eran increíbles juntos, por eso sé que ustedes son mi historia de gran
amor  favorita, donde se veía lealtad, aceptación total, apoyo mutuo y amor
incondicional. Al verlos aseguraba que siempre estarían juntos y conmigo por
mucho tiempo. Hasta que….

Todo sucedió tan rápido, tu muerte fue una mala jugada de la vida; cuando esa
noche estábamos platicando y al siguiente estábamos en la sala de espera del
hospital. Papá, estabas en urgencias luchando por tu vida. Aunque estabas
inconsciente, mamá decía que podías escucharnos, entonces te pedí que no te
fueras, prometí que todo estaría bien y que no te preocuparas.

Esa llamada en la noche, todo cambiaría de forma drástica y aunque no lo decían


aún, sabía que no estarías más. Cuando mi hermana y yo recibimos la noticia nos
quebramos, mamá y mi otra hermana también estaban quebradas y nos dijeron
llorando que ya estabas con Dios. No sé qué paso por mi mente en ese momento
mi corazón se detuvo o por el contrario, palpitaba apresurado. Recuerdo el llanto
de mi hermana y mamá. Pretendí no escuchar o tal vez no entender lo que
pasaba.

Esa noche del 8 de noviembre del 2008 fue la peor esperar que trajeran tu cuerpo
y esperar tu funeral es cuando empecé a sentir la soledad mientras abrazaba con
fuerza a mí hermana mayor escuchar esas incómodas palabras de aliento que
lanzaban los familiares que llegaban a sentirse como amenazas: “tendrás que ser
fuerte”, “debes apoyar en todo a tu madre”, “échale ganas” y un sinfín de frases
para la ocasión.

Entonces me repetía una y otra vez en mi cabeza que te habías ido de viaje, que
pronto volverías con muchas de cosas nuevas por contar.

Hace 11 años que te fuiste y desde entonces han pasado muchas cosas; tantas
que aún me he preguntado dónde estás. He necesitado tu abrazo en esos
momentos en que me invade la desilusión, la tristeza, el dolor, el enojo y muchas
situaciones no gratas que hacen que de un grito ahogado que se dirija hasta al
cielo.

Siempre habrá un enorme vacío, el que dejó tu ausencia, porque sé que eres y
siempre serás irreemplazable; pero con el tiempo he aprendido a valorar el
haberte tenido en mi vida, aunque no fueras eterno, porque gran parte de lo que
soy lo aprendí de ti y cuando tengo dudas sobre la vida, tu recuerdo se convierte
en mi opción que me permite buscar en mí la valentía que te caracterizaba.

Es hasta este momento que comprendo que nadie podrá ocupar tu lugar y que,
por más personas que logren entrar en mi corazón, nadie robará tu lugar. Entendí
que es tiempo de dejar de correr de un lugar a otro tratando de encontrarte, he
comprendido que permaneces dentro de mí. Soy feliz por tener a mis hermanas y
a mi mamá que cuida de mí como tú lo harías. Me enorgullezco de tener una
madre tan maravillosa, la misma mujer que cada vez que narra alguna de tus
vivencias, brillan sus ojos y en su rostro se reflejan todos esos momentos
hermosos y el amor que todavía siente por ti.

Nunca te fuiste, tu presencia siempre esta con nosotras, recorres el cielo como un
águila, brillas en el cielo como las estrellas. Estás en todo lugar, donde siempre
cuidas de nosotras aunque físicamente no lo estas.

Papá fuiste el mejor, y te agradezco por lo que soy hoy. Te admiro hoy y siempre
mi viejo.

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