El temor de dejar de ser héroe
Acerca de Toy Story 4
Gerardo Andrade
El temor de dejar ser el héroe de su dueño era lo que movía a Woody a defender su oficio
de juguete. Desde mi enfoque, esto se expresa en que por un lado va su interés particular,
pero su naturaleza de juguete, común a todos los demás, regula su universo y él lo sabe
muy bien: No puede hacer cualquier cosa con tal de mantenerse como el favorito. Este
especial acento ético marca el tono de toda la saga. De ahí en adelante, en los episodios
se presentan diversos conflictos que oponen individuo, sociedad y especie.
La exploración es, por otro lado, la actividad que conduce la mayoría de los eventos de las
cuatro películas. Su profundidad es cada vez mayor a medida que se desarrolla el
argumento y cala tanto en el interior de los personajes como en sus relaciones y
contextos. ¿Qué exploran estos personajes? Todo a lo que se enfrentan: el sentido de la
vida, el vacío del olvido, la muerte, la marginalidad, la exclusión e incluso la inmortalidad.
En estos desafíos, Woody nos enseña el significado de la introspección, lo mismo que el de
saber escuchar a los otros. Por su parte, Buzz expresa el horizonte hasta donde pueden
llegar estos amigos en su tarea: “¡Al infinito y más allá!”.
El eje temático hace que todo sea más interesante aún: la separación de los juguetes de
sus dueños es inevitable y se producirá tarde o temprano, gradual o abruptamente. En la
primera parte, la disputa entre Woody y Buzz hace que ambos queden lejos de casa,
mientras sus amigos salen en su búsqueda. Todos corren el riesgo de no volver nunca. En
la segunda, Andy se va de campamento. En su ausencia, Woody es hurtado por un
comerciante y coleccionista de juguetes valiosos, ante lo cual sus amigos salen en su
rescate, internándose en el mundo humano, nuevamente lejos de casa, bajo el riesgo de
no regresar nunca. En la tercera parte, la separación se hace efectiva cuando, al final de la
aventura más conmovedora de todas, Andy entrega todos sus juguetes a Bonnie.
En la cuarta y última parte (última, al menos hasta donde sabemos), los juguetes ya viven
con Bonnie. Sin embargo, también ella crecerá y será poco probable que conserve todos
sus juguetes. Hasta aquí, a pesar de todo, todos ellos han sido fieles a sus dueños, guiados
principalmente por el corazón de Woody. Sin embargo, el final de la historia le dará un
giro definitivo a esa situación. Aquí es que quiero ensayar un par de argumentos que la
explican y justifican.
Comencemos por los finales. Cada entrega se cierra con la solución de un profundo
dilema. El primero enfrenta a Woody a sí mismo. Debe escoger entre su necesidad de ser
reconocido como el favorito y su sentido de pertenencia a la comunidad de juguetes, y,
especialmente, sus convicciones y creencias, no de vaquero, sino de juguete. En un pasaje
de la película lo anuncia: “¡Nosotros los juguetes lo podemos ver todo!”. Sí. Y, sobre todo,
su interior. En otro momento le dice a Buzz, con todo su fervor: “Mira, en aquella casa hay
un niño que piensa que eres el mejor, y no porque seas un guardián estelar, amigo. Es
porque eres un juguete”.
Toda la saga encierra una profunda reflexión sobre la identidad y el sentido de la vida. El
dilema del final de la segunda entrega enfrenta a Woody a la ilusión de la inmortalidad
bajo la condición de no ser más que una pieza de museo, algo que tal vez le asegura que
muchos lo verán, pero no habrá alguien en particular, un niño, una niña, para quien sea
único y lo ame por eso. Así, la búsqueda de la identidad y la trascendencia tiene una
primera aproximación, pero vendrán otras más, tan profundas como diferentes.
En la tercera parte, los juguetes se enfrentan a situaciones adversas que terminan en un
gran viaje que los enfrenta a su propia muerte. Empacados en una caja son entregados a
una guardería, un lugar donde ellos creen, al principio, que serán queridos, serán útiles y
estarán a salvo para siempre. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: son maltratados y
expuestos a convertirse en basura, a ser olvidados o rechazados… Como los miles de
migrantes que hay en este mundo… Pero estamos hablando de la película, de la fantasía,
de un universo donde –a diferencia de los náufragos, los perdidos, los desaparecidos del
mundo real–, los personajes pueden ser rescatados. Por eso el rescate, como componente
fundamental de la aventura (y tal vez de la vida), es el centro del conflicto en las cuatro
partes: los juguetes tendrán que rescatar a otros o a sí mismos para encontrar el sentido
de su existencia, bien sea al lado de un dueño o dueña, o bien lejos de ellos. Finalmente, a
pesar de todo su dramatismo, con el regreso de los héroes a casa, esta película parece
reafirmar la idea de que siempre habrá niños que necesiten juguetes.
Con esta conclusión estábamos tranquil@s… Hasta que llegó la cuarta parte. Woody
siempre creyó que el sentido de su vida era estar al lado de cuantos Andys y Bonnies hay
en el mundo. No sé si los demás compartían con él ese ideal, pero lo cierto es que así eran
amigos, así tenían una familia, así tenían una identidad, así no estaban solos, así
trascendían… Pero, por lo menos en el caso de Woody, en la última película esto cambia
radicalmente.
Además de varios nuevos juguetes, más propios ahora de una niña (uno de ellos está
inspirado en las Polly Pockets de la década de los noventa), en esta historia aparece uno
muy especial y diferente. Será hecho con un tenedor desechable por Bonnie, la niña a
quien ahora Woody cuida y hace sentir feliz, y tendrá por nombre Forky. Bonnie ha
comenzado a asistir al jardín preescolar, pero para ella es difícil adaptarse a su nuevo
entorno, como también lo será para Forky al llegar a la casa donde vive toda la patota.
Aunque Woody logra retenerlo por un momento, Forky aprovecha el viaje de Bonnie, que
se lleva consigo todos sus juguetes, para evadirse. Entonces comienza otra misión de
rescate, que esta vez llevará a Woody y sus amigos por diferentes e intrincados lugares. El
primero de ellos es una tienda de antigüedades, donde se encuentra Bo Peep, la
pastorcita de la que Woody estuvo enamorado antes. Después de aceptar ayudar a
Woody, Bo demuestra que ha experimentado muchos cambios, aunque su exterior haya
permanecido idéntico. Ahora es una mujer capaz de animar a Woody a buscar un nuevo
destino. Después de toda una vida dedicada a los demás, el vaquero está listo para
despojarse de sus privilegios y certezas para vivir un destino propio. No hay más miedo. El
amor lo hace libre.
Una reflexión final. ¿Quiénes son, pues, finalmente, estos personajes? ¿Quién es Woody?
En el principio, era el héroe del western, como fueron la mayoría de mis héroes de niño.
Sin embargo, ya en el primer episodio aparecía un nuevo héroe, Buzz, el héroe de la
ciencia ficción, mucho más cercano a las nuevas generaciones que a la mía. Sin embargo,
en el fondo, los dos personajes son uno solo, el mismo, el segundo más espectacular que
el primero. Por eso en el corazón de Andy, que soy yo y son ustedes, hay espacio para
ambos.
Sólo necesitamos comprender y amar para ser capaces de rescatarnos. Somos los Andys y
Bonnies de este mundo, que también tendrán que soltar a los Woodys, Buzz Lightyears,
Bo Peeps, Jessies o Forkys que haya en nuestra vida. Por eso la cuarta parte termina como
termina. Porque Woody no volverá, como después tampoco volverán los demás. Lo que
tal vez evite que una tarde, en medio de la soledad, al final del almuerzo, terminemos
hablando con el tenedor.
10 de agosto de 2019