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El Apagón - Peter Shaffer

Este documento presenta el escenario y los personajes de la obra de teatro "El apagón" de Peter Shaffer. Describe el decorado del apartamento donde transcurre la obra, incluyendo los muebles y objetos. También resume parte del diálogo entre los dos personajes principales, Alessia y Carlos, quienes discuten sobre la visita inminente de la madre de Carlos y una importante coleccionista.

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El Apagón - Peter Shaffer

Este documento presenta el escenario y los personajes de la obra de teatro "El apagón" de Peter Shaffer. Describe el decorado del apartamento donde transcurre la obra, incluyendo los muebles y objetos. También resume parte del diálogo entre los dos personajes principales, Alessia y Carlos, quienes discuten sobre la visita inminente de la madre de Carlos y una importante coleccionista.

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EL APAGÓN 

de Peter Shaffer 
 
 
 
 
 
 
 
Personajes (por orden de aparición) 
 
ALESSIA VIGLIONE 
CARLOS MELKETT 
SEÑOR FURNIVAL 
JUEZA MELKETT 
HANNAH GORRINGE 
SCHUMPETER 
CLAUDIO 
GEORGINA BAMBURGER 
 
 
La acción transcurre en el apartamento de Alessia Viglione en South Kensington, Londres. 
Son las 9:30 de la noche de un sábado del mes de mayo de 1965. 
 
Decorado 

El apartamento de Alessia Viglione en South Kensington, Londres. La habitación donde se


desarrolla la acción tiene cuatro salidas. Términos, los del actor.
En el fondo del escenario y a la izquierda, la puerta del apartamento. Al otro lado del
descansillo está el apartamento de Hannah. Podemos ver el felpudo que hay ante la puerta de
Hannah. En el lateral derecho tras la puerta se encuentra el estudio de Alessia. [...] Esa puerta
también conduce al dormitorio [...]. Es una habitación muy espaciosa y alegre, llena de los más
diversos objetos: móviles, maniquíes, juguetes y unas cuantas curiosas baratijas, indican el
gusto imaginativo de su dueña. La sensación que produce es la de un caos ordenado para una
ocasión especial y al que dan su toque de distinción y elegancia los muebles y objetos que se
han cogido del apartamento de Hannah Gorringe y se han colocado para su mayor lucimiento y
que son: tres elegantes sillas, estilo Regente, con lámina de oro; un sofá del mismo estilo; una
mesa, estilo Reina Ana, y sobre ella una fina lámpara de opalina con pantalla de seda; un bol
Widgewood en basalto negro; un jarrón de estilo con flores y un Buda de finísima porcelana.
Los únicos muebles que pertenecen a Alessia son: una mesa cuadrada, muy corriente en la
que están las bebidas; otra mesa redonda, en el centro de la habitación, con un tapete en el
cual está colocado el bol; más hacia la corbata, una especie de mesa pequeña o taburete en el
que han puesto el Buda; un tocadiscos y sus esculturas. La mayoría de ellas están en el
estudio preparadas para la visita que va a llegar. En la habitación [...] hay una escultura muy
extraña de hierro con dos especie de lazos o agujas que se pueden separar y desmontarlas del
bloque de la escultura. En las paredes, cuadros, algunos de ellos pintados por Claudio. Son
abstractos, formas geométricas, etc., de fuerte colorido.
Cuando se levanta el telón, la escena está completamente a oscuras. Escuchamos las
voces de Carlos y Alessia. Alessia de unos treinta años es una escultora inteligente e
imaginativa, pero muy insegura y muy nerviosa. Carlos es su novio muy guapo, muy consentido
por su madre y bastante tonto. Su voz es nasal y desagradable. A pesar de la oscuridad que
reina en el escenario dan la impresión de que pueden andar perfectamente por la habitación,
como si estuviese la luz encendida. Se oye el ruido de una silla que se cae al suelo.

1
ALESSIA: ​Dime qué te parece cómo ha quedado. ¿Te gusta?
CARLOS: ​(Entusiasmado) ¡Fabuloso! Me encantaría que lo conservases así siempre. ¡Oh,
esa lámpara es divina! Y las sillas… ¡preciosas! Ya te dije que el color verde agua
entonaría con todo.
ALESSIA: ​(Preocupada)​ Sí… pero ¿qué hacemos si se presenta Hannah?
CARLOS: ​Sabes que no volverá hasta mañana por la mañana.
ALESSIA: ​(Pasea por la habitación nerviosa) ​Sí, pero con ella nunca se sabe. Supón que
vuelve esta noche. A Hannah lo único que le importa en esta vida son sus
antigüedades.
CARLOS: ​¿Sólo le importa eso?
ALESSIA: Bueno… y algo más que… ​(Volviendo a su idea) Si entra en el salón de su casa y
se encuentra que lo hemos desvalijado me corta el cuello.
CARLOS: ​¡Qué tonterías dices! Además, lo único que hemos hecho es coger prestados el
sofá, esa mesa, tres sillas, la lámpara, el baúl y el jarrón. Sólo eso.
ALESSIA​: Te olvidas del Buda. Para Hannah ese Buda es la pieza más valiosa que tiene.
Además dice que le recuerda a su padre.
CARLOS: ​No te preocupes cariño, volveremos a dejarlo todo en su sitio tan pronto como se
vaya la señora Bamburger.
ALESSIA: ​No debimos hacerlo. Hannah me aprecia mucho y me he portado como una
mierda.
CARLOS: ​¡No dramatices! ¡Por Dios, olvídalo! ¡El salón está divino! ¡Y, eso es lo que
importa!
ALESSIA: ​Cariño, Georgina Bamburger es una multimillonaria. Ha vivido toda su vida
rodeada de esta clase de muebles o mejores. Lo que acabamos de robar, no le va
a impresionar. Además permíteme que te lo diga: ella viene a ver mi trabajo y a
conocerme. Sería mucho mejor que se encontrara con lo que realmente soy: una
pobre y desconocida escultora. ¡Quizás así se enterneciera y me compraría
alguna escultura!
CARLOS: ​Puede ser, pero eso no impresionará mi madre. No olvides que ella también va a
venir.
ALESSIA​: ¡No me lo recuerdes! ¿Cómo pudiste invitar a esa bruja que tienes por madre?
CARLOS​: ¡No empieces otra vez a meterte con ella!
ALESSIA​: ¡Es ella quien se mete conmigo! ¡Para ella solo existen la ley y la justicia! Si crees
que, porque una famosa coleccionista compre una de mis esculturas, me va a
considerar como la nuera ideal, ¡te equivocas!
CARLOS​: No, mi vida. Mamá lo único que quiere saber es que no serás una mantenida.

2
ALESSIA​: ¿Y qué pasa si a Bamburger no le gusta mi trabajo?
CARLOS​: Le gustará. Y deja de preocuparte.
ALESSIA​: No puedo. Dame un whisky.
(Carlos va hacia la mesa de las bebidas. Oímos sus pasos y el ruido del vaso
contra la botella).
Tengo un presentimiento. Todo esto va a ser un desastre. Un desastre peor que la
bomba atómica, incluso peor que las hamburguesas.
CARLOS​: ¡Ánimo cariño! Un cobarde nunca gana una batalla.
ALESSIA​: ¡Qué gran verdad!
CARLOS​: No digas eso. Lo que te pasa es que tú eres lo que mamá llama una derrotista
nata.
ALESSIA​: ¡Cuanto más me nombres a tu madre más la odio! ¡Tengo pesadillas con ella! Me
persigue a caballo y quiere ensartarme como a un cochino. Menos mal que, hasta
hoy, nunca me ha alcanzado. Siempre me despierto a tiempo. ¡Pero estoy segura
de que me odia!
CARLOS​: ¿Por qué?
ALESSIA​: Porque soy una cobarde nata. Se dará cuenta en cuanto me huela. ​(Se sienta en
el sofa).
CARLOS​: Escúchame, cielo. Todo lo que tienes que hacer es enfrentarte a ella. Mamá solo
se envalentona cuando ve que le tienen miedo.
ALESSIA​: Pues yo le tengo pavor.
CARLOS​: ¡Pero, si no la conoces!
ALESSIA​: Eso no importa. Lo presiento.
CARLOS​: ¡No seas ridícula! ​(Le da el whisky)​ Toma.
ALESSIA​: Gracias.
CARLOS​: Además, ¿qué puede hacerte?
ALESSIA​: Por ejemplo, negarse a que me case contigo.
CARLOS​: ¡Lo que acabas de decir es lo más divino que he escuchado en mi vida ​(Se
abrazan)
ALESSIA​: El amarillo te sienta muy bien. Resalta el color de tus ojos.
CARLOS​: Arréglate la camiseta. ¡Eres muy descuidada!
ALESSIA​: ¡Y tú un encanto!
CARLOS​: ¿De verdad?
ALESSIA​: ¡Qué se muera tu madre si te miento!

3
CARLOS​: (​Riéndose​) ¡Tonta! Oye, dime una cosa. ¿Ha habido otros “encantos”?
ALESSIA​: (​Divertida)​ Miles.
CARLOS​: Lo digo en serio.
ALESSIA​: Pues en serio, ninguno.
CARLOS​: ¿Y, qué me dices del chico de la foto?
ALESSIA​: Apenas nos conocimos. Solo duró tres meses.
CARLOS​: ¿Cuándo?
ALESSIA​: Hace dos años.
CARLOS​: ¿Cómo se llamaba?
ALESSIA​: Claudio.
CARLOS​: ¿Cómo era?
ALESSIA​: Era… era un artista urbano. Un artista urbano muy bueno y muy listo. ¡Y tan suave
como una cuchilla de afeitar!
CARLOS​: ¿Cuándo fue la última vez que le viste?
ALESSIA​: (​Evasiva​) Ya te lo he dicho…hace dos años.
CARLOS​: Entonces, ¿por qué sigues teniendo su foto en el cajón de tu dormitorio?
ALESSIA​: Está allí… porque el marco es muy decorativo y entona con mi pijama. Y ahora,
dame un beso. Nadie en el mundo besa como tú.
CARLOS​: (​Susurrando)​ ¿Te gustaba más con ella o conmigo?
ALESSIA​: ¿Me gustaba qué?
CARLOS​: El sexo.
ALESSIA​: ¿El sexo?
CARLOS​: Sí. ¿Quien te gustaba más en la cama?
ALESSIA​: ¡Ah, era eso! Pues… mira, tu madre va a llegar de un momento a otro. Pon un
disco. Elige uno que le guste.
CARLOS ​(Va hacia el tocadiscos​) Solo le gusta “La cabalgata de las Valkirias”.
ALESSIA​: ¡Debí haberlo imaginado! Creo que tengo algo. Un disco que tiene la tapa roja. Me
lo regaló mi prima Adelaida, que tiene muy mala leche. Se llama “Selecciones de
ópera” o algo parecido.
CARLOS​: (Cogiendo el disco)​ ¿Este?
ALESSIA​: Si. Pónlo.
CARLOS​: ¿Cómo se enciende?

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ALESSIA​: El último botón de la izquierda. Ese. ¡Y ahora vamos a rezar! ¡Oh, señor, haz que
todo salga bien! ¡Qué a la señora Bamburger le gusten mis esculturas y me
compre alguna! ¡Qué yo le guste a la bruja de la madre de Carlos! ¡Y qué mi
vecina, Hannah no se entere nunca nunca nunca que cogí prestados sus muebles
sin que ella lo supiera! Amén.
(Escuchamos el comienzo de “La cabalgata de las Valkirias”. Pero a los primeros
compases, se para debido a una avería de luz. En ese momento se hace plena luz
en escena, que permanecerá siempre excepto cuando se enciendan las cerillas o
en la escena con Schumpeter. Cuando se produce el apagón tanto Carlos como
Alessia permanecen inmóviles).
ALESSIA​: ¡Mierda! Se fundió un plomo.
CARLOS​: ¡Oh, no!
ALESSIA​: ¡Oh, si!
(Va andando a ciegas hasta el interruptor de la luz, tratando de apartar la
oscuridad con las manos. Encuentra el interruptor, lo enciende y lo apaga).
CARLOS: ¡Oh, si!
ALESSIA​: ¡Oh,no!
CARLOS​: Sí. Un corte de corriente. ¿Dónde está el cajetín?
ALESSIA​: En el hall.
CARLOS​: ¿Tienes alguna vela?
ALESSIA​: No
CARLOS​: ¿Dónde están las cerillas?
ALESSIA​: Deben estar por aquí. ​(Tanteando alrededor de las botellas)​ ¡Coño, no están! Mira
a ver en el tocadiscos.
(Los dos andan a tientas buscando las cerillas).
ALESSIA​: ¡Mierda, mierda mierda!
(Carlos ha llegado al tocadiscos y busca. Encuentra una caja con agujas).
CARLOS: ¡Las encontré! ​(Abre la caja y se pincha)​ ¡Ay!
ALESSIA​: ¿Qué pasa?
CARLOS​: Que no eran las cerillas.
(Suena el teléfono)
ALESSIA​: ¡Lo que faltaba! ​(Se dirige hacia el teléfono y justo cuando va a tropezar con la
mesa se detiene. Sonríe como felicitándose por haber recordado el sitio de la
mesa. El teléfono sigue sonando) ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Ya voy​! (Tropieza y tira
el teléfono, que deja de sonar. Se arrodilla y, a gatas, avanza tirando del cable

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para coger el auricular. Lo consigue) ​¿Diga?... ​(Horrorizada) ¡¿Diga?!...No, no, no,
estoy bien, muy bien... ¿Qué? (​Cubre el auricular con la mano y dice a Carlos)
Cariño, mira en el dormitorio, por favor.
CARLOS​: Aún no he terminado en el salón.
ALESSIA​: Déjalo. Acabo de acordarme que tengo algún plomo en la habitación. En el cajón
donde encontraste la foto. Ve y cógelos, por favor.
CARLOS​: No creo que estén allí. No vi nada.
ALESSIA​: (​Exaltada)​ ¡No discutas y haz lo que te digo!
CARLOS​: Está bien. Pero, no olvides que no soy tu criado.
ALESSIA​: (​Controlándose)​ Lo siento. Perdona cariño, pero a mí desde pequeñita la
oscuridad me pone muy nerviosa.
CARLOS​: ¿Y qué pasa con las cerillas?
ALESSIA​: Tendremos que arreglárnoslas sin ellas. ¡Por favor, date prisa!
CARLOS​: ¡Pues sí que nos vamos a divertir! ​(Ha llegado hasta el final de las escaleras y
como por costumbre se quita la camisa antes de hacer mutis por la habitación)
ALESSIA​: ​(Sigue tapando el auricular con la mano. A Carlos) ¿Carlos? ¿Cariño? ​(Al no
contestarle, suspira satisfecha y siempre en voz baja, habla al teléfono) ¡Claudio!
¿Qué haces en Londres? Pensé que estabas en Finlandia… Pero me dijiste tres
meses… ¿De dónde me llamas? … ¡De terminal de British Arways!... No, no es
una buena idea… esta noche no… porque estoy muy ocupada y no puedo dejar lo
que estoy haciendo. Se trata de un negocio muy importante.
CARLOS​: ​(Desde la habitación)​ Te lo dije. En el cajón no hay nada, excepto unas medias
que huelen a cobarde.
ALESSIA​: ​(Al oír a Carlos, vuelve a tapar el auricular) ¡Pues lávalas! Quiero decir, que mires
en los otros cajones. ​(Se ha levantado mientras hablaba y al darse la vuelta, el
cable del teléfono se le enrolla en las piernas) (Al teléfono en voz baja y rápido)
Oye, te llamaré mañana… No, te he dicho que no, Claudio. Esta noche no… No
puedes venir… Verás el mes pasado ocurrió…
CARLOS​: (​En off, histérico​) ¡No encuentro nada! ¡No encuentro nada! ¡Alessia por favor!
ALESSIA​: ​(Que había tapado el auricular vuelve a hablar en voz baja al teléfono)​ Claudio,
tengo que dejarte… ¿Qué por qué hablo tan bajito?... Porque se ha ido la luz. Mira
ya nos veremos mañana. Lo que tengo que decirte no es para hablarlo por
teléfono… Sí, se trata de nosotros.
CARLOS​: ​(Sale de la habitación)​ Es inútil. En tu habitación no hay nada. (​Se pone la camisa)
ALESSIA​: (​Al teléfono)​ ¡Claudio, no es el momento de los reproches! (​Con voz normal​) Y,
ahora, vete a dormir y mañana te encontrarás mejor. Te llamaré. ​(Se levanta
bruscamente y se cae. No consigue encontrar el teléfono para colgar el auricular

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así que lo cuelga dando un golpe en la mesa. Trata de desengancharse del cable.
Se le nota cada vez más nerviosa)
CARLOS​: ¿Quién era?
ALESSIA​: Una amiga. Una amiga muy pesada.
CARLOS ​(Andando a gatas)​ ¡Tenemos que conseguir cerillas!
ALESSIA​: Iré al pub, quizás tengan también alguna vela.
(Se escuchan gritos procedentes del piso de arriba. Se trata del señor Furnival que
baja de su piso)
FURNIVAL: ​(En off) ​¡Socorro! ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude por favor!
ALESSIA: ​ Es usted, señor Furnival?
​(Gritando) ¿
FURNIVAL: ​¿Señora Viglione?
ALESSIA: ​¿Sí?
FURNIVAL: ​¡Señora Viglione!
ALESSIA: ​¡Sí!
​(Por la puerta de entrada, aparece tanteando con las manos, el señor Furnival. Es
un solterón de mediana edad. Habla y tiene los gestos de un solterón reprimido al
que solo el alcohol le hace perder la compostura. Alessia se dirige hacia él y tras
varios intentos le encuentra)
FURNIVAL: ​¡Gracias a Dios que la encuentro! ¡Estoy muy nervioso!
ALESSIA: ​Tranquilo señor Furnival. Conmigo no corre peligro. ¿También se ha ido la luz en
su piso?
FURNIVAL: ​¡Sí!
ALESSIA: ​Está claro que la avería es general.
(Coge la mano del señor Furnival y le conduce hacia una silla. Se sienta ella, le
coge por la cintura mientras se va retirando para que él pueda sentarse)
FURNIVAL: ​No lo creo. Desde el descansillo he visto que hay luz en la calle.
ALESSIA: ​Entonces, la avería debe estar en el cajetín de la finca.
CARLOS: ​¿Dónde está?
ALESSIA: ​En el cuarto de contadores. Pero está precintado. Sólo pueden tocarlo los de la
Compañía Eléctrica.
CARLOS: ​¿Qué vamos a hacer?
ALESSIA: ​Llamarles ahora mismo.
CARLOS: ​Y, ¿crees que vendrán a estas horas?
ALESSIA: ​Tienen que hacerlo. Es un servicio público y estamos en Inglaterra. Vendrán.

7
FURNIVAL: ​Sí señora Viglione. Si no me quejaré al Primer Ministro.
ALESSIA: ​(Va a tientas hacia el teléfono y toca el pene del señor Furnival que emite un
gritito) ​Señor Furnival, ¿no tendrá usted cerillas?
FURNIVAL: ​(Contundente)​ ¡Ah, era eso lo que buscaba! Pues no. Lo siento, no fumo.
ALESSIA: ​(A Carlos) ​Cariño, es el señor Furnival. Vive en el piso de arriba. ​(Presentándoles)
Señor Furnival, señor Melkett.
FURNIVAL: ​Encantado.
CARLOS: ​Encantado.
FURNIVAL: ​Espero que nos podamos ver pronto.
CARLOS: Lo mismo digo.
FURNIVAL: ​Esta situación es espantosa, ¿verdad?
ALESSIA: ​(Ha llegado hasta el teléfono) ¡​ Al fin! ​(Marca)
CARLOS: ​(A Alessia) ​Quizás podamos aplazar la visita de la señora Bamburger.
ALESSIA: ​¡Qué más quisiera yo, pero es imposible! Cenaba fuera de casa y está ilocalizable.
CARLOS: ​¡Qué mala suerte!
ALESSIA: ​¡Te dije que presentía el desastre! ​(Se sienta y habla al teléfono) ​Buenas noches,
señorita. ¿Sería tan amable de ponerme con la Compañía Eléctrica? Servicio
nocturno, por favor… Estoy segura de que está en la guía… Mire, señorita, lo
haría yo misma, pero no veo… No, no necesita disculparse. ¡No, no soy ciega! Lo
que me pasa es que no veo... ¿Qué es lo mismo? ​(Desesperada) ¡Hemos tenido
un apagón, se entera! ¿Qué la voy a dejar sorda? Pues qué bien, usted sorda y yo
ciega… Mire, por favor, es una emergencia, tengo conmigo a un señor a quien
está a punto de darle un infarto. ​(Al señor Furnival) ​¿Verdad, señor Furnival?
FURNIVAL: ​Creo que ya me ha dado, señora Viglione.
ALESSIA: ​ racias ​(Levantando los ojos al cielo y para sí) ¡​ Londres está lleno de
​(Al teléfono) G
cretinos!
FURNIVAL: ​Tiene toda la razón, señora Viglione. Informaré al Primer Ministro.
ALESSIA: ​ No llevará usted una vela?
​(Al señor Furnival) ¿
​ o uso velas, ¡para qué voy a llevar una vela, señora Viglione!
FURNIVAL: ​(Ofendido) N
ALESSIA: ​(Para sí, imitando la voz del señor Furnival) “​No uso velas, ¡para qué voy a llevar
una vela, señora Viglione!”... ​(Al teléfono) ​¿Sí…? Oiga, les llamo para informarles
de una avería. Se ha producido un apagón en el número 18 de los Jardines de
Scarlatti. ​(Desesperada) ¡​ Sí, sí! ¡Está bien! ​(Vuelve a levantar los ojos al cielo)
¡Espere un momento y no cuelgue, por favor! ​(Tapando el teléfono) ​¡Vaffanculo la
compañía eléctrica! ¡Todos son iguales! ¡Unos imbéciles!

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FURNIVAL: ​Si me lo permite, voy a darle una idea.
ALESSIA: ​Se lo permito todo, señor Furnival. A estas alturas, estoy curada de espanto.
FURNIVAL: ​Quizás la señora Gorringe, su vecina de enfrente, tenga alguna vela. Se ha ido a
pasar el fin de semana fuera de Londres, pero deja siempre la llave debajo del
felpudo.
ALESSIA: ​¡Bravo, señor Furnival! ¡Excelente idea! Seguro que a Hannah le enloquecen las
​ oma el teléfono, Carlos.
velas. Iré a su casa. ​(A Carlos) T
​(Se dirige hacia él para darle el auricular pero se enreda el cable entre las piernas
y tropieza cayendo al suelo. Emite un grito.)
​¡AY, AY!
FURNIVAL: ​¿Está usted bien, señora Viglione?
ALESSIA: ​¡Estoy jodida! ​(Va hacia la puerta) ​¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Esta va a ser la peor
noche de mi vida. ​(Choca con la puerta)
CARLOS: ​¡No te pongas nerviosa, cariño! ¡No te pongas nerviosa!
​(Alessia sale tambaleándose y a gatas va a coger la llave de debajo del felpudo de
Hannah. La encuentra y entra en la casa de Hannah.)
FURNIVAL: ​(Histérico) ​Tiene toda la razón, señor Melkett. No debemos perder la calma.
CARLOS: ​ Sí? ¿Sí? ​(Nadie contesta) (Al señor Furnival) ​Tenía que ocurrir esta
(Al teléfono) ¿
noche. La pobre Alessia tiene una suerte negra.
FURNIVAL: ​¿Es una noche especial para ustedes?
CARLOS: ​Más que especial. Única.
FURNIVAL: ​¡Dios salve a la reina! Y, ¿puedo preguntarle por qué?
CARLOS: ​¿Ha oído hablar de una alemana llamada Georgina Bamburger?
FURNIVAL: ​Claro que sí. Es la mujer más rica del mundo, ¿verdad?
CARLOS: ​Sí. ​(Al teléfono) ​¿Sí? ​(Nadie contesta) (Al señor Furnival) ​Pues ella va a venir aquí
esta noche.
FURNIVAL: ​¡Esta noche!
CARLOS: ​Dentro de unos veinte minutos, para ser exactos. Y, para colmo de desgracias, es
sorda como una tapia…
FURNIVAL: ​¡Extraordinario! ¡Una sorda que no verá nada! Perdóneme otra vez, ¿a qué viene?
CARLOS: ​Vio unas fotos de los trabajos de Alessia y parece ser que le gustaron. Su
secretaria llamó la semana pasada para preguntar si podía venir a conocer las
esculturas de Ale. ¡Si la señora Banburger le comprase una, Ale se convertiría en
una escultora famosa!
FURNIVAL: ​¡Qué emocionante!

9
CARLOS: ​¡Esta es su gran oportunidad! O lo era hasta hace un momento.
FURNIVAL: ​Hay que conseguir ayuda. ¿Qué pasa con el teléfono?
CARLOS: ​ Oiga?... ¿Oiga?... Les han debido poner una bomba y han muerto
​(Al teléfono) ¿
todos.
FURNIVAL: ​¡No diga esas cosas ni en broma!
CARLOS: ​(Al fin le contestan al teléfono) ​¿Sí? ¡Menos mal! Le llamo desde el número 18 de
los Jardines de Scarlatti. Hemos sufrido un apagón. Quisiéramos que nos enviaran
un equipo para arreglarlo… ¿Cuántos?... Pues, no sé… usted verá… ¡Sí, por
favor, es muy urgente! Gracias. ​(Cuelga) No sabe cuándo, pero vendrán esta
noche. ¡Por fin hemos conseguido ayuda!
FURNIVAL: ​Es su deber. En mi juventud pagabas los impuestos y a cambio todo funcionaba
bien. La luz, el gas, todo. Los empleados públicos eran amables y educados.
Ahora, la mayoría no son ingleses y hablan muy mal. Y, si saben que
pertenecemos a la clase media, aún es peor. No hablan, ladran.
CARLOS: ​¿Quiere tomar una copa?
FURNIVAL: ​No bebo. Mi adorado padre era un ministro del Señor y desaprobaba el alcohol.
(Se oye un ruido de botellas, al mismo tiempo que un juramento ahogado).
JUEZA MELKETT: ​(En off) ​¡Me cago en…! ¿Hay alguien ahí?
CARLOS: ​¡Estamos aquí, mamá!
JUEZA: ​¡Por todos los diablos! ¿Quieres hacer el puñetero favor de encender la luz? ¡He
estado a punto de partirme la crisma con las botellas de leche!
CARLOS: ​Lo siento, mamá. Hemos tenido un apagón. No funciona nada.
​(Por la puerta de entrada aparece la jueza Melkett. Es una mujer fuerte, gruñona y
con una mirada que induce a pensar que sospecha de todos los demás. En la
mano trae un mechero que le ayuda a caminar. Nada más entrar, la luz de escena
baja un poco).
FURNIVAL: ​¡Gracias, Señor! ¡Al fin, una luz!
CARLOS: ​(Al señor Furnival) ​Es mi madre, la jueza Melkett. ​(A su madre) El señor Furnival.
Vive en el piso de arriba.
JUEZA: Mucho gusto, señor.
FURNIVAL: ​Encantado, su señoría. Me he refugiado en casa de la señora Viglione porque me
preocupa la oscuridad.
JUEZA: ¿Cuándo se produjo el apagón?
​(El señor Furnival, sigue la llama del mechero como hipnotizado mientras la Jueza
pasea por el salón).

10
CARLOS: ​Hace diez minutos. Se fundieron los plomos.
JUEZA: ¿Y, dónde está la mujer que vengo a conocer?
CARLOS: ​En el piso de enfrente. Ha ido a buscar alguna vela.
JUEZA: ​¿Insinúas que en esta casa no hay velas?
CARLOS: ​No las hay. Y además no encontramos las cerillas.
JUEZA: ​Me doy cuenta de la situación. No está organizada. No está capacitada para
ocuparse de la casa. ¡Mala cosa!
CARLOS: ​Mamá, por favor. Eso le puede ocurrir a cualquiera.
JUEZA: ​A mí, no.
​(Se da la vuelta y se encuentra, pegado a ella, al señor Furnival. Lo mira, como
siempre, es decir, sospechando algo. Él retrocede hacia el sofá y se sienta. La
jueza ve por primera vez una escultura de Alessia).
​¿Qué diablos es esto?
CARLOS: ​Una de las esculturas de Alessia.
JUEZA: ​¡Coño! Y, ¿cuánto cuesta “esto”?
CARLOS: ​Creo que pide 160 libras.
JUEZA: ​¡Me cago en…! ¡Adónde ha llegado Inglaterra! ¡Es el principio del fin de nuestro
imperio!
CARLOS: ​ Te gusta el piso, mamá? ¿A
​(Nervioso. Tratando de cambiar de conversación) ¿
que lo ha amueblado muy bien? Quiero decir que además de lujoso, no es
chabacano.
JUEZA: ​(Mirando al Buda) ​¡Espléndida pieza! Veo que tiene buen gusto. Es lo que yo
considero una obra de arte. Entiendes perfectamente lo que representa. No como
“eso”.
​(Señala la escultura de Alessia).
FURNIVAL: ¡Dios mío, qué veo!
CARLOS: ​¿Qué le pasa?
FURNIVAL: Nada. Es ese Buda. Se parece mucho al de Hannah Gorringe.
​(Carlos está aterrorizado).
JUEZA: ​¡Por Dios, que debe haberle costado unos cuantos peniques, ¿eh? ​(Se ríe de su
​ ebe ser una persona adinerada, ¿verdad?
gracia. A Carlos) D
CARLOS: ​Bueno…
JUEZA: ​(Mirando al Buda) ​Los colores son preciosos y la expresión de la cara me recuerda
a alguien…

11
​(Se agacha para verlo mejor)
CARLOS: ​ Conoce usted a la señora Gorringe?
​(Rápidamente al señor Furnival) ¿
FURNIVAL: ​¡Oh, sí! Somos muy buenos amigos. En su casa tiene unas preciosas… ​(Por
primera vez se da cuenta del sofá en que está sentado) ¡​ Ahh!...
CARLOS: ​¿Qué le pasa ahora?
​ stas sillas… ¡Dios mío!
FURNIVAL: ​Este sofá… ​(Mira a su alrededor) E
CARLOS: ​ amá, ¿por qué no miras detrás de esa puerta? Es el
​(Rápidamente a su madre) M
estudio de Alessia.
JUEZA: ​¿Para qué?
CARLOS: ​Para… para que dejes allí el paraguas.
JUEZA: ​ erdóneme.
​Muy bien, gatito. Te haré caso. ​(Al señor Furnival) P
FURNIVAL: ​Con la venia, su señoría.
​(La jueza hace mutis por el estudio, llevándose el mechero. La luz sube en
escena. Carlos se sienta en el sofá al lado del solterón. Habla con él como si
estuvieran conspirando).
CARLOS: ​ eñor Furnival, usted es un buen hombre, ¿verdad?
​(En voz baja) S
FURNIVAL: ​Pues, no lo sé. Pero, dígame, ¿qué hacen estos muebles aquí? Pertenecen a
Hannah Gorringe.
CARLOS: ​Lo sé. Hemos hecho algo horrible. Hemos cogido sus mejores piezas y hemos
puesto en su lugar las de Alessia.
FURNIVAL: ​Pero, eso es un robo. ¿Por qué lo han hecho?
CARLOS: ​ orque Ale no tiene nada. Es tan pobre como una rata de iglesia. Si
​(Sentimental) P
mamá hubiese visto su casa tal como es, no me dejaría casarme con ella. No
pudimos pedírselo a la señora Gorringe porque no estaba. Así que nos jugamos
todo a una carta.
FURNIVAL: ​Si Hannah se entera de que alguien ha tocado sus muebles o sus porcelanas, se
volverá loca. Y, no le digo nada del Buda. ​(Señala en otra dirección) ​Es la pieza
más valiosa. Debe de valer miles de libras.
CARLOS: ​¡Por favor, señor Furnival, no nos delate! Es nuestra única oportunidad. Y,
además, dentro de un par de horas los volveremos a dejar en casa de la señora
Gorringe. ¡Por favor! ¡Por favor!
FURNIVAL: ​¡Está bien! ¡Está bien! No lo haré.
CARLOS: ​¡Gracias! Muchas gracias.
FURNIVAL: ​Pero, con la condición de que vuelvan a colocarlos exactamente donde estaban
tan pronto se hayan ido la señora Bamburger y su madre.

12
CARLOS: ​¡Se lo prometo! ¡Señor Furnival es usted un ángel! ¿Quiere tomar una copa?
¡Perdone, había olvidado que usted no bebe! ¿Le apetece un jugo de limón?
FURNIVAL: ​A eso no puedo decir que no. Gracias.
​(La jueza sale del estudio, en el que ha dejado el sombrero y el paraguas. Sigue
con el mechero encendido, lo que hace que al entrar en escena las luces bajen un
poco).
JUEZA: ​(A Carlos) ​“Eso” que acabo de ver se supone que son esculturas, ¿no?
CARLOS: ​No se supone, lo son.
JUEZA: ​Pues a mí me parecen unas perfectas herramientas para el jardín. Sobre todo hay
una que me gusta mucho. ¡Es el mejor rastrillo que he visto en mi vida!
​(El señor Furnival emite una especie de risa tonta)
CARLOS: ​Eso no tiene gracia, mamá.
​(El señor Furnival deja de reírse).
JUEZA: ​Perdona, gatito.
CARLOS: ​No me gusta que me llames “gatito”.
JUEZA: ​(Sin hacerle caso y refiriéndose al mechero) ​No debemos malgastar el único punto
de luz que tenemos. ¡Podemos necesitarlo! ​(Apaga el mechero)
(El señor Furnival da un pequeño suspiro cuando aumenta la luz en escena).
CARLOS: ​ o se ponga nervioso. Alessia llegará enseguida con las velas.
​(Al señor Furnival) N
FURNIVAL: ​Me iré enseguida. Yo no tengo nada que ver con… con ustedes.
JUEZA: ​(Mirándole fijamente) ​Espero que así sea.
​(Alessia sale de la casa de Hannah y deja la llave debajo del felpudo).
ALESSIA: ​¡Ya estoy de vuelta!
CARLOS: ​Menos mal. ¿Encontraste las velas?
ALESSIA: ​(Entrando en su casa) ​¿Las velas? Allí no hay velas, no hay cerillas, no hay nada.
O por lo menos yo no he podido encontrarlas. ¿Conseguiste hablar con la
Compañía Eléctrica?
CARLOS: ​Sí. Dijeron que enviarían a alguien en cuanto pudieran.
ALESSIA: ​Y, ¿cuándo podrán?
CARLOS: ​No lo sabían.
ALESSIA: ​¡Maravilloso! ¡Todo es maravilloso! ¡No hay una cazo de vela en toda la casa!
Tengo que enseñar mis esculturas a un millonario sordo y convencer a la bruja de
tu madre de que me acepte como nuera. ¡Un panorama encantador!
JUEZA: ​(Enciende el mechero. Con voz de ultratumba a Alessia) ​¡Buenas noches!

13
​(Alessia sobresaltada da un bote).
CARLOS: ​Alessia, esta es mi madre, la jueza Melkett.
ALESSIA: (Que no sabe qué decir) ¡​ Bien, bien, bien, bien! ​(Angustiada) B
​ uenas noches, su
señoría. Es una alegría tenerla con nosotros. Yo… yo estaba esperando a unas
vecinas siniestras. Una sorda y la otra una bruja… vamos, unas brujas de vecinas,
me llamaron por teléfono para decirme que se pasarían por aquí para resolver un
crucigrama… ¡Bien, bien, bien…!
JUEZA: ​ ien, bien.
​(Seca) B
FURNIVAL: ​(Nervioso) ​Bien, bien…
CARLOS: ​(Brillante) ​¡Bien!
​(La jueza se levanta y se dirige hacia Alessia, que retrocede asustada)
JUEZA: ​(A Alessia) ​Por lo que intuyo, tiene usted un pequeño problema, ¿no?
ALESSIA: (Más que nerviosa) ¡​ Oh, no, no, no! Un simple apagón. Tenemos muchos… quiero
decir que no es el primer apagón al que he sobrevivido y espero que no sea el
último.
​(Suelta una carcajada)
JUEZA: ​ or otra parte, no tiene cerillas. ¿Cierto?
​(Implacable) P
ALESSIA: ​Cierto, su señoría.
JUEZA: ​Lo cual demuestra que usted es una persona incapaz de cuidar bien de la casa.
¿Cierto?
ALESSIA: ​Yo no diría exactamente eso, su señoría...
JUEZA: ​Hay que ser previsora y no pensar que en la vida todo es comodidad.
ALESSIA: ​Eso es precisamente lo que no me siento. Cómoda.
JUEZA: ​¿Qué piensa hacer?
ALESSIA: ​¿Hacer?
JUEZA: ​¡No repita lo que le digo! ¡No me gusta!
ALESSIA: ​(Para sí) ​No le gusta.
JUEZA: ​¿Qué?
ALESSIA: ​Nada, su señoría.
JUEZA: ​¡Y no me llame su señoría! ​(Pausa) Analicemos la situación. Estamos ante una
emergencia. Cualquiera puede verlo.
ALESSIA: ​Nadie puede ver nada. Esa es la emergencia.
​(Vuelve a soltar otra carcajada)
JUEZA: ​Señorita, le ruego se guarde su humor para usted. ¿De acuerdo?

14
ALESSIA: ​De acuerdo.
JUEZA: ​ roblema: oscuridad. Solución: luz.
​Bien. ​(Apaga el mechero) P
ALESSIA: ​¡Muy bien, señora!
JUEZA: ​Recursos: cerillas. No hay. Velas. No hay. ¿Qué queda?
ALESSIA: ​(Para sí) ​¡Y yo qué coño sé!
JUEZA: ​(Triunfante) ¡​ Antorchas!
ALESSIA: ​(Para sí) ​¡Se cree una valkiria!
JUEZA: ​¿Qué dice?
ALESSIA: ​¡Que es la idea más brillante que he oído en mi vida!
JUEZA: ​ utina. Simple rutina. ¿Dónde podemos encontrar una antorcha?
​(Vanidosa) R
ALESSIA: ​En el “pub”.
JUEZA: ​Perfecto.
ALESSIA: ​¿Qué hora es?
​(La jueza intenta encender el mechero y lo consigue tras varios intentos. La luz en
escena sube y baja).
JUEZA: ​ as diez menos cuarto.
​¡Ni los mecheros son lo que eran antes! ​(Mira su reloj) L
Dese prisa antes de que le cierren.
ALESSIA: ​Gracias, señora. Su claridad de ideas nos ha salvado.
JUEZA: ​Muévase y traiga las antorchas.
ALESSIA: ​Sí, señora. Vuelvo en un minuto.
​(La jueza se sienta en la silla estilo Regente y apaga el mechero)
CARLOS: ​Buena suerte, amor.
ALESSIA: ​Gracias, cariño.
​(Carlos le envía un beso. Alessia se lo devuelve).
JUEZA: ​Basta de besos y ¡a por las antorchas!
​(Alessia le hace un corte de mangas e inicia a tientas la búsqueda de la puerta.
Cuando la alcanza se oye la voz de Hannah).
HANNAH: ​(En off) ​¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien por ahí?
ALESSIA: ​(Horrorizada) ¡​ Hannah!
HANNAH: ​(En off) ​¿Ale?
ALESSIA: ​(A Carlos) ​Es Hannah. Ha vuelto.
CARLOS: ​¡Oh, no!

15
ALESSIA: ​(Angustiada) ¡​ Los muebles!
HANNAH: ​(En off) ​Ale, querida, ¿qué pasa?
​(Por la puerta entra Hannah. Es la propietaria de una tienda de antigüedades
chinas. [...])
ALESSIA: ​Nada, Hannah. Ha habido un apagón. Toda la casa está a oscuras. Ten cuidado.
HANNAH: (Da unos pasos) ​¿Has llamado a la Compañía?
ALESSIA: ​Sí. ​(La coge del brazo) ​Ven, Hannah.
HANNAH: ​¡Esto es fascinante! ¡Como si nos fuéramos de camping una noche oscura!,
¿verdad?
ALESSIA: ​(Angustiada) ​¡Sí, eso es! De modo que no has esperado a terminar tu fin de
semana.
HANNAH: ​¡Menudo fin de semana! ¡No ha dejado de llover! ¡Tengo mojadas hasta las
braguitas!
ALESSIA: ​ oma algo y luego nos lo cuentas.
​(Nerviosa) T
HANNAH: ​ Nos lo cuentas? ¿Quién está contigo?
​(Sorprendida) ¿
FURNIVAL: ​Soy yo, Hannah.
HANNAH: ​¿Ferny?
FURNIVAL: ​Sí. Vine a refugiarme. Ya sabes lo nervioso que me pone la oscuridad.
JUEZA: ​(Intenta encender el mechero) ¡​ Me cago en…! ​(Por fin lo consigue) ¡​ Ya estamos
todos! ​(Levanta el mechero hasta la cara de Hannah, para verla bien) ¿ ​ Quién es
usted?
ALESSIA: ​ e presento a mi vecina Hannah Gorringe. Hannah, la jueza Melkett.
​(Rápida) L
HANNAH: ​¿Cómo está usted?
JUEZA: ​¿Cómo está usted?
ALESSIA: ​(A Hannah) ​Y este señor es Carlos Melkett, el hijo de la jueza.
CARLOS: ​ ola.
​(Muy frío) H
​(Hannah, también muy fríamente, inclina la cabeza. Alessia, rápidamente, le quita
el abrigo a Hannah y cubre con él el florero de porcelana que hay sobre la mesa.
Hannah se vuelve sorprendida. Vemos que lleva puesto un vestido muy llamativo,
pero elegante [...]).
JUEZA: ​(A Hannah) ​Supongo que usted no tendrá velas, ¿no?
HANNAH: ​Supone bien. Pues aunque no se lo crea, no tengo. Lo cual es una estupidez por
mi parte. Lo tendré en cuenta para el futuro.

16
​(Alessia cruza la habitación y, justo en el momento en que Hannah va a mirar la
habitación, sopla y apaga la llama del mechero de la jueza. Vuelve toda la luz a
escena).
JUEZA: ​(A Alessia) ​¿Por qué demonios ha hecho usted eso?
ALESSIA: ​Para ahorrarle mecha, su señoría. Puede necesitarla más tarde y se estaba
consumiendo muy rápido.
​(La jueza la mira, sospechando algo. Alessia retrocede rápidamente, coge un
abrigo y lo coloca sobre el lado derecho del sofá, intentando cubrirlo lo más
posible).
HANNA: ​ o se preocupe, su señoría. Tengo cerillas.
​(A la jueza) N
ALESSIA: ​¡Cerillas!
CARLOS: ​(A la vez) ​¡Cerillas!
HANNAH: ​¡Aquí están! Como siempre, mi llegada ha sido providencial.
​(Enciende la cerilla. Baja la luz.
(Alessia, rápida, sopla y la apaga. Después va a la mesa, esconde el florero
debajo de la mesa y coloca el tapete de la mesa sobre el sofá procurando terminar
de cubrirlo todo. El señor Furnival, sin saberlo se sienta entre el abrigo y el tapete).
HANNAH: ​(Con la cerilla en la mano) ​¿Qué ha pasado?
ALESSIA: ​(Balbuceante) P​ ues… ha sido una corriente. No hay cerilla que se mantenga
encendida en esta habitación. Es imposible. Ya sabes, corriente va, corriente
viene y se produce la contracorriente. En las casas viejas, ocurre siempre.
HANNAH: ​(Desconcertada) ​No sé lo que te traes entre manos.
​(Enciende otra cerilla. Alessia vuelve a apagarla y corre a sentarse en la silla, pero
esta vez, Hannah la ha visto).
​¿Qué te pasa?
ALESSIA: ​Nada.
HANNAH: ​¿Has matado a alguien y lo tienes escondido aquí?
ALESSIA: ​¡No! ​(Empieza a reírse como si estuviera loca).
HANNAH: ​¡Ya! Estas borracha.
ALESSIA: ​No. Te lo juro.
​(Hannah enciende otra cerilla. Alessia se levanta corriendo, sopla y la apaga.
Tanto cuando se enciende la cerilla como cuando se apaga, la luz baja o sube).
HANNAH: ​(Harta) ¡​ Ya está bien! Dime de una puñetera vez qué te pasa.
ALESSIA: ​(Inventando) ¡​ Estás en peligro!

17
HAROLD: ​¡¿Qué?!
ALESSIA: ​(Decidida) ¡​ Que estás en peligro! ¡Todos estamos en peligro! ¡Todos podemos
morir! ¡Morir envueltos en llamas! ¡Saltar por los aires!
HANNAH: ​No entiendo lo que dices. Aquí está ocurriendo algo muy raro.
ALESSIA: ​Pues, es muy sencillo. Siempre que vienen los del gas me lo advierten. En las
casas viejas, los plomos de la luz y el contador del gas se encuentran en el mismo
armarito
JUEZA​: Y, ¿qué?
ALESSIA​: Pues que los apagones pueden dañar el contador del gas. ¡Sucede siempre! Por
eso, corremos un gran peligro si se encienden cerillas en esta habitación.
JUEZA: Nunca había oído algo parecido.
HANNAH: Yo tampoco.
ALESSIA​: (​Llevándola al sofá)​ Pues, créeme y recuerda lo que acabo de decir. ¡No
enciendas más cerillas, por favor!
CARLOS: Ale tiene toda la razón. Cuando llamé a la Compañía Eléctrica me dijeron:
“Hagan lo que hagan no se les ocurra encender ninguna cerilla mientras dura el
apagón”.
ALESSIA: ¡Lo veis, es muy peligroso!
JUEZA: (​Suavemente, a Carlos​) ¿Por qué no me avisaste, corderito?
CARLOS: Me…me olvidé, mamá.
JUEZA: ¡Increíble!
FURNIVAL​: ¡Dios mío, debemos tener mucho cuidado!
ALESSIA: ​¡Por supuesto, señor Furnival. ​(Breve pausa) Tomemos un trago. ¡Brindemos en la
oscuridad!
CAROL: ¡Muy buena idea! ​(A Harold)​ Señora Gorringe, ¿le apetece tomar algo?
HANNAH: Creo que me sentará bien. Después del horrible viaje que he soportado en ese
espantoso tren, pienso que me lo he ganado. Puede que si no había 35 tíos en mi
compartimento, no había ninguno. Monitores, curas, un grupo de boy scouts,
cuatro bebés llorando, unos japoneses y un chihuahua. Los malditos boy scouts
arrasaron con todos los dulces del vagón, y yo tuve que aguantar 6 horas de viaje
sin un triste bollo que llevarme a la boca. A punto estuve de comerme al
chihuahua.
FURNIVAL: Podían llevar un vagón-restaurant...
HANNAH: A la compañía de Ferrocarriles les importa poco lo que les ocurra a los viajeros
una vez han cobrado el billete. Perdóneme, me voy a lavar un poco. Vuelvo
enseguida.

18
ALESSIA: ​(Angustiada)​ No, no hace falta que te vayas. Puedes hacerlo aquí.
HANNAH: Gracias, pero tengo que abrir la maleta.
ALESSIA: La abrirás luego.
HANNA: No. No me gusta dejar la ropa en la maleta más tiempo del necesario. Si hay
algo que odio es que mis vestidos se arruguen.
ALESSIA: ​(Empuja a Hanna al sofá) Cinco minutos más o menos es igual, ¿de acuerdo,
Hannah?
HANNAH: ​(Contenta)​ ¿Quieres que me quede?
ALESSIA: Sí, quiero.
HANNAH: Tú mandas, querida.
CARLOS: ​(A Hannah)​ ¿Qué prefiere, whisky, vodka, ginebra?
HANNAH: Si no le importa, una ginebra con un poco de lima, por favor.
JUEZA: ​(A Alessia) Oiga, joven, ¿debo recordarle que estamos en situación de
emergencia? Dentro de unos momentos estará aquí su invitado.
ALESSIA: ¡La Madonna! Lo olvidé.
JUEZA: ​Aquí todo el mundo se olvida de las cosas. Vaya al pub y traiga la antorcha.
(Recuerda) No, mejor será que nos olvidemos de las antorchas. Traiga una
linterna. Es más prosaico, pero menos peligroso.
ALESSIA: ¡Con la venia, su señoría! (A Carlos) Carlos, ¿podría hablar un momento contigo,
por favor?
CARLOS: Estoy aquí.
(Se acerca a Alessia y esta le lleva hacia la puerta del dormitorio).
JUEZA: ​(A Hannah)​ ¿Qué quiere ahora?
ALESSIA: ​(A la Jueza)​ Perdone. Es solo un momento.
FURNIVAL: Hannah, todo esto es muy emocionante. No se puede imaginar quien va a venir
aquí esta noche.
HANNAH: ¿Quién?
FURNIVAL: ¡Imagíneselo!
HANNAH: ​(Se levanta rápido)​ ¡Elton John!
FURNIVAL: ¡Oh, Hannah, no sea ridícula!​ (Vuelve a sentarse)
(Alessia y Carlos han llegado hasta la puerta de la habitación. Alessia la abre y
pasan los dos).
CARLOS: ¡No lo sé!
ALESSIA: ¡Piensa!

19
CARLOS: Pero…
ALESSIA: ¡Piensa!
JUEZA: ​(A Hannah)​ A mí me parece que la señorita Viglione está un poco tocada.
HANNAH: ¿Tocada? Es un ser maravilloso.
JUEZA: ¿Qué?
HANNAH: Es un amor. La conozco hace años, desde que vino a vivir a esta casa. No
tenemos secretos entre nosotros. Puedo jurárselo.
JUEZA: ​(Muy fría)​ ¿De verdad?
HANNAH: De verdad. Ale es una chica muy dulce y cariñosa.
ALESSIA: ​(A Carlos) ​Tenemos que llevar las cosas de Hannah a su casa.
CARLOS: ¿Ahora?
ALESSIA: Sí. Tenemos que hacerlo. No puedo traer una linterna hasta que las hayamos
trasladado.
CARLOS: ¡No podemos!
ALESSIA: Pero, debemos. Hannah se volvería loca si se da cuenta.
HANNAH: ​(Al señor Furnival)​ Vamos, Ferny dime quién va a venir.
FURNIVAL: Le daré una pista. Es alguien con mucho dinero.
HANNAH: ¿Mucho dinero?. Déjame pensar.
JUEZA: (​Gritando​) ¡Carlos!
CARLOS: (​A Alessia)​ ¿Por qué no le dices que todo era una broma?
ALESSIA: ¡Porque te quedas sin novia! No conoces a Hannah. Cuida a sus muebles como
una madre a sus hijos. Los limpia dos veces al día con un plumero especial de
plumas de avestruz. Además, ¿te gustaría que me llamara ladrón delante de la
bruja de tu madre?
CARLOS: ¡Claro que no!
ALESSIA: Pues a Hannah sí le gustaría. Es una histérica. Lo sé por experiencia.
JUEZA: ​(Gritando​) ¡Alessia!
ALESSIA: ​Carlos vete al salón y sírveles lo que quieran. Procura por todos los medios que
Hannah no encienda más cerillas. El resto déjamelo a mí. Intentaré poner los
muebles de Hannah en su casa, tal y como estaban.
CARLOS: ​No saldrá bien.
ALESSIA: Tiene que salir.
JUEZA: ​(Gritando)​ ¡Alessia!

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ALESSIA: ¡Ya voy, su señoría! ​(Intentando calmarse) Estoy buscando una caja de botellas
de cerveza vacías para devolvérsela al pub. Así, aprovecho el viaje.
JUEZA: ​(Para sí)​ Diga lo que diga ese ser extraño que está en el sofá, Alessia está tocada.
ALESSIA: ​(A Carlos)​ Confía en mí. ​(Le besa).
JUEZA: ​(Gritando con firmeza)​ Apresúrese, señorita Viglione.
ALESSIA: ​¡Sí, su señoría! ¡Con la venia! Estoy preparada. La ayuda está en camino.
JUEZA: ​Bien. Proceda.
ALESSIA: Me procedo. ​(A Carlos) Carlos ofrécele algo al personal. Si la señora Bamburger
viene, explícale la situación. Voy a cumplir lo que decreta de tu madre.
HANNAH: ​(​Le coge la mano a Alessia​) ¿Quieres que te acompañe, querida?
ALESSIA: ​No, no, no…faltaría más. Quédate y diviértete.
HANNAH: ​(​Le besa la mano. Alessia la retira rápido)​ Nada me divierte si no estás junto a mí.
ALESSIA: Lo que quería decir es que después de ese horrible viaje con chihuahua incluido te
sentará muy bien descansar un momento con una buena ginebra con lima. No
tardaré nada. (​A la jueza)​ Parto rauda, su señoría.
(Llega a la puerta, la abre y después la cierra de un portazo y se queda dentro.
Vuelve a abrirla muy despacio. Permanece sin moverse pensando la silla que va a
coger. Por fin se decide señalando la situación de la silla. Consigue llegar hasta la
primera de las sillas regente y la levanta sin hacer ruido.)
CARLOS: ​(Casi desesperado) ¡Bien! ¡Bebamos!. ¿Qué van a tomar? Una ginebra con lima
para Hannah, un whisky para mamá y un jugo de limón para el señor Furnival.
JUEZA: ​¿Me quieres decir cómo vas a poder servir las bebidas en la oscuridad?
CARLOS: ​Recuerdo perfectamente como he dejado colocadas las botellas. Será muy
sencillo.
(​Alessia, llevando la silla, tropieza con la espalda de Carlos, que con el impacto
cae sentado sobre el asiento, aplastándole el pie a Alessia.)
HANNAH: ​(A Carlos) Déjeme que encienda una cerilla. Estoy seguro de que no corremos
peligro. Además será solo un momento.​ (Enciende la cerilla).
CARLOS: ​(​Levantándose​) ¡Oh, no!
(​Alessia está agachada junto a la silla, la apaga de un soplo)
¿Quiere que volemos todos? La pobre señora Banburger sólo encontraría
nuestros despojos. Lo cual además de desagradable es muy sucio.
HANNAH: ¿Banburger? ¿Es ella quien viene esta noche?
FURNIVAL: ​Sí. Viene a ver el trabajo de la señorita Viglione. ¿No le parece excitante?

21
HANNAH: ​A mí pocas cosas hay que me exciten. Pero, reconozco que su presencia en esta
casa es algo en lo que nunca pude pensar. El otro día leí un artículo en el Times
sobre ella. La llaman la multimillonaria misteriosa. Está sorda como una tapia y
pasa la mayor parte de su tiempo recluida en su casa disfrutando de sus obras de
arte. Excepcionalmente alguna vez sale para ver una exposición. El que venga a
esta casa es algo que me llena de gozo por mi querida Ale.
(Alessia vuelve con una de sus sillas y la coloca en la misma posición en que
estaba la que se llevó. La segunda silla de Hannah es más pesada y con mucho
cuidado se dirige en dirección al Buda y justo cuando va a chocar con él, cambia
de dirección y va hacia la jueza.)
FURNIVAL: Nunca he conocido una millonaria. Siempre me he preguntado si serán diferentes
a nosotros. Si sentirán igual, si tendrán la misma piel.
JUEZA: ¿La piel?
​(Alessia que ha llegado junto a la Jueza, al oír su voz, retrocede y, de casualidad
tropieza con la silla que estaba buscando y cae sentada en ella. Feliz de haberla
encontrado, la coge y la saca, rápidamente por la puerta y, al pasar, roza la cara
del Señor Furnival. El diálogo de los demás continúa sin pausa.)
FURNIVAL: Sí. Siempre imaginé si su piel sería más suave que la nuestra. tan suave como
cuando yo era un bebé.
JUEZA: ​¡Qué imagen tan interesante!
HANNAH: ​Las metáforas de Ferny son conocidas en la vecindad. Es tan delicado y sutil
como un heliotropo.
FURNIVAL: ​Hannah, por favor, no haga que me sonroje.
HANNAH: El rubor en sus mejillas le favorece mucho. Si eso fuera posible…
FURNIVAL: ​¡Oh, Hannah, es usted demasiado generosa con sus cumplidos.
​(Alessia al llegar junto a la puerta, choca con la pared, deja la silla en el suelo y
busca el picaporte. Tras conseguirlo vuelve por la silla y no la encuentra. Se
arrodilla y con las manos intenta encontrarla. Cada vez sus manos se acercan
más al sofá y termina tocando la nuca de Hannah. Luego encuentra la silla y sale
por la puerta.)
FURNIVAL: ​En mis tiempos una piel blanca y suave era signo de distinción. No como hoy en
día, que los jóvenes de nuestra alta sociedad se tuestan al sol como si fueran una
tostada. ¡Gracias a Dios que la reina jamás ha usado bikini!
HANNAH: ​No puede…quiero decir que no puede haber dicho usted nada más cierto, Ferny.
FURNIVAL: ​Todo ha cambiado. Ya me lo decía mi padre, incluso antes de que las bombas
destruyesen nuestra casa. “Todo se acabó, hijo. La clase media de nuestra

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querida Inglaterra ha dejado de existir. ¿Qué te deparará la vida, ratoncito?”
¡Pobre papá, qué razón tenía!
JUEZA: ​¿A qué se dedicaba su padre?
FURNIVAL: Era un hombre de Dios, su señoría.
JUEZA: ¡Oh!
​(Alessia entra con su mecedora, medio rota. Atraviesa la habitación hasta donde
está sentada la Jueza y coloca la mecedora junto a la silla de la Jueza.)
JUEZA: ​(A Carlos)​ ¿Cuándo llegan esas bebidas?
CARLOS: ​Estarán en seguida, mamá.
JUEZA: ​Déjame que te ayude.
​(Alessia, arrodillada junto a la Jueza, reza para que se levante).
CARLOS: ​Si quieres puedes llevarle el limón al señor Furnival.
JUEZA: ​Muy bien.​ (Se levanta).
​(Alessia levanta inmediatamente la silla y con la otra mano coloca en su lugar la
mecedora. La Jueza, a tientas, cruza la habitación en busca de Carlos. Alessia sin
saber que la Jueza va en dirección a la mesa, a la que se dirige ella para coger el
florero, le sigue con la tercera silla regente en sus manos. La Jueza tropieza con la
mesa y se apoya en el tablero con sus manos. En ese momento Alessia ha dejado
la silla y pone también sus manos en el tablero. Están a punto de rozarse. La
Jueza sigue avanzando hacia Carlos y Alessia se agacha para coger el florero de
debajo de la mesa. Lo coge con una mano y con la otra la silla y va hacia la puerta
a través del pasillo que le hacen sin querer Carlos y la Jueza al dar y recibir el
vaso del supuesto jugo de limón. Alessia sale por la puerta. Los demás continúan
la conversación desde el inicio del traslado de la primera silla.)
CARLOS: ​Aquí tienes, mamá. El jugo de limón del señorito Furnival.
JUEZA: ​Gracias, conejito. ​(Al señor Furnival) ¿De modo que su padre, señor Furnival, era
un ministro de Dios?
FURNIVAL: ​Era un santo, su señoría. ¡Y agradezco al Señor de que se lo llevara a tiempo! ¡No
hubiera soportado la vulgaridad y la crudeza de la vida de hoy!
​(La Jueza intenta encontrarle pero se aleja de èl. Carlos sigue junto a la mesa de
bebidas.)
HANNAH: ​Por su boca habla la sabiduría, Ferny. Crudeza y vulgaridad. Hoy en día los
intelectuales nos sentimos desplazados. Los modales y el vocabulario de la
mayoría son realmente inaceptables. ¡Si hasta en la Cámara de los Comunes, un
diputado conservador se permitió llamarle cabrón a un pobre laborista que

23
simplemente le había preguntado por su padre! A dónde vamos a llegar. ¿Le he
contado lo que me ocurrió en la tienda el viernes pasado…? No, no creo.
FURNIVAL: ​No, Hannah, no me ha contado nada.

​(La voz del señor Furnival hace que la Jueza cambie de dirección. Mientras
Hannah habla, la Jueza se acerca muy despacio a la posición que ocupa el señor
Furnival.)
HANNAH: Pues, verá. Eran las diez menos cuarto. Yo acababa de abrir la tienda y estaba
limpiando el polvo de las conchas –ya sabe, que las conchas recogen mucho
polvo– cuando ante mis ojos apareció el señor ​Romero, el engominado del que he
hablado otras veces, ese que piensa que Dios le ha puesto en este mundo para
satisfacer a las mujeres.
JUEZA: ​(Al señor Furnival, dándole el vaso de whisky)​ ¡Aquí tiene su limón, señor Furnival!
FURNIVAL: Gracias. Muy amable.
​(Mientras habla Hannah, el señor Furnival le escucha con el vaso en la mano, pero
bebe. La Jueza va muy despacio hacia la silla donde estaba sentada antes y que
ahora Alessia la ha cambiado por la mecedora.)
HANNAH: ​Venía con un jarrón que le había vendido la semana pasada a precio de saldo. Me
dijo que era un regalo de cumpleaños. Su anciano “tío”, o vaya usted a saber qué,
cumplía 80. Yo, que me precio de conocer a las personas, deduje que lo que
espera de su “tío” es que le nombre heredero antes de morir.
​(La jueza se deja caer en la mecedora)
JUEZA: ¡Qué es esto! ​(Se levanta como un rayo)
CARLOS: ¿Qué te pasa, mamá?
JUEZA: ​(Incrédula)​ ¡Esto es una mecedora! ¡Y, que yo recuerde, en esta habitación no
había ninguna mecedora!
(​Alessia entra, triunfante, con una de las sillas regente que se había llevado antes.
Se detiene junto a la puerta unos segundos. Pasa sus manos por toda la silla y se
da cuenta que se ha equivocado. Rápidamente, vuelve a llevársela para
reaparecer, casi inmediatamente, con una de sus viejas sillas, pintada de un color
extraño y que coloca en el lugar donde se encontraba la segunda silla regente.)
HANNAH: ​(Al señor Furnival) Le advierto, que aunque presuma de joven, los cincuenta no se
los quita nadie. Ale le conoce y coincide conmigo... como en casi todo. ​(Se levanta
para dar más énfasis a su historia) ¡Si le hubiera visto! Con el pelo todo
engominado para atrás, estilo andaluz, que a un jovencito le sienta bien pero a él
parecía que le había lamido la cabeza una vaca.

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​(Alessia se equivoca y levanta el sofá por un extremo. El señor Furnival da un
pequeño grito.)
HANNAH: Exacto, Ferny. Así hubiera gritado yo al verle de aquella facha. Pero, como un es
educada…
​(Alessia va hacia la habitación)
Me miró con odio, levantó el jarrón sobre su cabeza y me dijo con voz de paleto:
“Señora Gorringe, usted me ha timado”.
​(La Jueza vuelve a sentarse en la mecedora)
FURNIVAL​: ¡No!
HANNAH​: Sí. Las palabras fueron “usted me ha timado”.
​(Alessia choca con la escultura, que al moverse produce un ruido. Hannah vuelve
la vista hacia la escultura, creyendo que allí está Carlos.)
¡Estese quieto! ¡Estoy hablando!
CARLOS​: ​(Para cubrir a Alessia)​ Perdone, lo siento mucho.
​(Las cabezas de Hannah, la Jueza y el señor Furnival giran rápidamente hacia
Carlos. Sorprendidos, vuelven a hacer el mismo movimiento pero hacia la
escultura.)
HANNAH​: ​(Sin darle mayor importancia continua) Prosigo: Yo le dije: “Señor Romero, ¿en
qué se basa usted para insultarme?”. Él dijo: “Por casualidad, llevé este florero a
Bill Everett para que me diera su opinión. Y, afirmó que ni era chino ni poco
común, como usted dijo, al vendérmelo. Es una mala imitación inglesa.”
​(Alessia llega hasta la lámpara, la coge y va hacia la mecedora.)
“¿Esto dijo?”, dije yo. “Sí”, dijo él. Yo, a pesar de lo irritada que estaba, me
mantuve tranquila, con mi habitual estilo inglés. Él dijo: “Devuélvame el dinero”.
​(El cable que colgaba de la lámpara, al dar Alessia varias vueltas alrededor de la
mecedora, buscando el camino, ha quedado enroscado en la mecedora. Alessia,
al ver que algo sujeta a la lámpara, tira suavemente de ella y hace que la
mecedora se mueva… Alessia tira más fuerte y la mecedora va hacia delante,
lanzando a la Jueza contra el suelo para después caer encima de él. La pantalla
de la lámpara se cae.)
(Durante el diálogo que sigue se pone de rodillas y cruza a gatas la habitación,
siguiendo el cable hasta llegar al enchufe. Desenchufa la lámpara y vuelve hacia
la mecedora, a gatas y enrollando el cable en su brazo, a medida que avanza. La
Jueza levanta la mecedora, pero ella, asustada, permanece sentada en el suelo).
FURNIVAL: ​¡Qué desfachatez, Hannah! Y usted ¿qué hizo?

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HANNAH: Conté hasta 10 y dije: “En primer lugar, ninguno de mis clientes se permite dudar
de mi honestidad yendo a comprobar, a mis espaldas, la autenticidad del objeto.
En segundo lugar, Bill Everett es tan ignorante como estúpido y cretino es usted”.
FURNIVAL: ​¡Muy bien, Hannah!
HANNAH: ​¡Se quedó sin habla y se le quitó hasta la gomina! Cogí el dinero de mi cartera, se
lo dí y le quité el jarrón al tiempo que le decía: “No es usted digno de tener en sus
manos un jarrón de 1853 que corresponde a la colección que se presentó con
motivo de la coronación de nuestra querida Reina Isabel. Gástese el dinero en una
operación de estética, que falta le hace y no vuelva a cruzar nunca el umbral de mi
tienda, porque si lo hace tendré que llamar a la perrera y no me hago responsable
de las consecuencias”.
CARLOS: ​(Con dos vasos en la mano) ¡​ Señora Gorringe, es usted toda una dama! Aquí
tiene su ginebra con lima. ​(Le da el jugo de limón).
(Alessia de repente se da cuenta de que ha perdido la pantalla. A gatas, empieza
a buscarla por la habitación.)
HANNAH: ​(Coge el vaso) ​¡Fui un poco violenta, lo reconozco!. Pero el muy paleto se lo
merecía.
CARLOS: ​(Llama) ​¡Mamá! ¿Dónde estás? Aquí tienes el whisky.
(Alessia llega en ese momento a la altura de la Jueza que sigue sentada en el
suelo.)
JUEZA: ​(Ruge más que habla) ¡​ Aquí estoy!
(Alessia recibe el rugido casi en la cara y sale disparada, choca con la mesa y se
mueve como si hiciera un 8 entre las piernas de los demás. La Jueza se levanta,
aturdida e inicia la búsqueda de su whisky.)
HANNAH: ​Ese gallito pelirrojo no puede permitirse dudar de mis conocimientos sobre
porcelana.
FURNIVAL: ​(A la Jueza) ​¿Entiende usted de porcelana, Su Señoría?
JUEZA: ​Siento decirlo, pero no mucho. Me gustan las porcelanas chinas. Sobre todo el
colorido de ellas. Consiguen unos colores preciosos. Como la estatua que vi al
entrar aquí. Es preciosa.
(Alessia se queda petrificada.)
HANNAH: ​(Extrañada) ​¿De qué estatua habla, Señoría?
JUEZA: ​La que estaba ahí. ​(Señala en la dirección equivocada.)
HANNAH: ​Que yo sepa, Ale no tiene ninguna pieza de porcelana china…

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CARLOS: ​(Cortándola) ​Y ahora que todos tenemos nuestros vasos, propongo un brindis por
La Ley y La Justicia. ¡Brindemos por el último caso cerrado por mi madre! ¡Arriba
Inglaterra y muerte a los aborígenes!
FURNIVAL: ​¡Suscribo el brindis!
(Rápidamente, Alessia ha encontrado el Buda. Lo baja de la caja, coge la
gabardina de Hannah que estaba en el sofá, cubre con ella el Buda y lo coloca
sobre la mesa.)
JUEZA: ​¡Gracias, hijo! Me has emocionado. De verdad. ​(Bebe un trago) ​¡Pero esto es
ginebra!
HANNAH: ​¡Y esto jugo de limón!
FURNIVAL: ​Entonces, yo… ¡Qué horror! ¡Este vaso ​(El que tiene en la mano) c​ ontiene alcohol!
¡Qué mala suerte!
(Aprovecha la oportunidad de que nadie puede verle y se atiza un lingotazo de
whisky.)
HANNAH: ​ erny, cámbiame el vaso. Ahora tú tienes el whisky y yo el jugo
​(Al Señor Furnival) F
de limón. Señoría…
JUEZA: ​Estoy aquí.
HANNAH: ​Ferny…
(La Jueza le da a Ferny el vaso de ginebra con lima. Coge el vaso de jugo de
limón de Hannah y Hannah coge el vaso de whisky de Furnival.)
FURNIVAL: ​Gracias.
HANNAH: ​Probemos otra vez. ¡Vasos arriba! ¡Bebamos!
(Alessia, agotada, ha encontrado por fin la pantalla. La Jueza escupe con fuerza
en el momento en que Alessia pasaba, a gatas, por delante de ella.)
JUEZA: ​Nos soporto esta oscuridad ni un minuto más.
(Saca su mechero y muy enfadada intenta encenderlo.)
CARLOS: ​¡Mamá, por favor!
JUEZA: ​¡Si volamos por los aires, volamos! Pero yo estoy ya harta. Todo esto es ridículo…
(Por fin enciende y descubre a Alessia, a sus pies con la lámpara y el cable en la
mano.)
¿Qué coño está haciendo?
ALESSIA: ​(Apaga de un soplo la llama del encendedor) ​¡No sea imprudente, su Señoría! La
primera regla de un juicio es “No saltarse la presunción de inocencia”.
JUEZA: ​No sea impertinente. ¿Dónde está la linterna?
ALESSIA: ​Pues… pues, el pub está cerrado.

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HANNAH: ​Tú no puedes ir y volver del pub en tan poco tiempo. No puedes.
ALESSIA: ​Pues he podido.
FURNIVAL: ​Pero, si está a 5 calles de aquí, Señora Viglione.
ALESSIA: ​(Se sube a la mesa) ​Cuando algo es necesario, el diablo te da alas. Esa es la
explicación.
(Hace mutis con la mesa y la lámpara.)
JUEZA: ​(Que piensa que Alessia está todavía a sus pies) ​Aquí está ocurriendo algo raro.
Mire, Alessia, yo puedo no saber nada de porcelanas, pero conozco a las
personas. Y sé quién es un embustero a la luz del día y en plena oscuridad.
CARLOS: ​¡Mamá!
JUEZA: ​(Siempre hablando hacia el lugar donde cree que está Alessia) ​No quiero dudar de
su palabra, señorita. De modo, que desearía, declarase que fue usted al pub, ¿de
acuerdo?
CARLOS: ​(Se da cuenta de que Alessia no está allí y en voz alta llama a Ale) ¡​ Ale, mamá te
está llamando!
JUEZA: ​(A Carlos) ​¿Por qué gritas?
(Alessia entra corriendo, enredada aún en la lámpara.)
CARLOS: ​Ale, contesta a mamá.
ALESSIA: ​Por supuesto que le contesto. Ella tiene toda la razón. Estaba pensando un
momento antes de contestar.
JUEZA: ​¿Y bien?
ALESSIA: ​Yo… yo… estoy totalmente de acuerdo con usted.
(No sabe de qué habla.)
JUEZA: ​¿Qué?
ALESSIA: ​Su observación fue muy aguda y todo el mundo hubiera pensado lo mismo. Una
observación muy apropiada. Muy ingeniosa.
JUEZA: ​Oiga, joven ¿está intentando hacerse la graciosa?
ALESSIA: ​ ueno, si quiere lo intentaré una vez más…
​(Muy amable) B
(Mete la lámpara y el cable en la papelera.)
HANNAH: ​Me parece que el ambiente se está poniendo desagradable, ¿no?
CARLOS: ​Desagradable y triste.
JUEZA: ​Tranquilo. Yo resolveré este caso.
ALESSIA: ​ Quiere que le ayude?
​(Muy amable) ¿

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JUEZA: ​(Harta) ¡​ Si cree que voy a permitir que mi hijo se case con una cínica embustera,
se equivoca!
HANNAH: ​(Sorprendida) ¡​ Casarse!
CARLOS: ​Sí, esa es la idea.
HANNAH: ​(A Alessia) ​¿Tú y este Señor?
ALESSIA: ​ í…
​(Un susurro de voz) S
CARLOS: ​Somos lo que vulgarmente se dice novios. Claro, contando siempre con el
consentimiento de mamá.
HANNAH: ​¡Bien! ¡Muy bien! ​(cada vez más enfadada porque Alessia no le ha dicho nada)
¡Qué sorpresa!
ALESSIA: ​Lo habíamos mantenido en secreto.
HANNAH: ​Eso no hace falta que me lo jures.¿Desde cuándo dura esto?
ALESSIA: ​Hace algunos meses.
HANNAH: ​Eres una gran actriz. Sabes disimular muy bien.
ALESSIA: ​ spero que lo apruebes, Hannah.
​(Nerviosa) E
HANNAH: ​Eres ya muy mayorcita para saber lo que tienes que hacer.
ALESSIA: ​Iba a decírtelo, te lo juro. Tú eres la única persona a quien pensaba decírselo.
HANNAH: ​Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
ALESSIA: ​No lo sé. Siempre decía: “se lo diré mañana”.
HANNAH: ​Y “mañana” ha sido hoy. Sólo que tú no me lo has dicho. En fin, es tu problema y
no tienes obligación de compartir conmigo tus confidencias. He sido tu vecina
durante 3 años. Pensé que entre nosotras había algo más, pero es evidente que
estaba equivocada.
ALESSIA: ​Por favor, Hannah, no te enfades. No te pongas histérica.
HANNAH: ​Me pongo como me da la gana. Lo único que digo es que todo esto me
sorprende… y me decepciona.
ALESSIA: ​Por favor, Hannah, entiéndelo…
HANNAH: ​(Gritando) ¡​ No necesitas decir nada más! ​(Dirige la voz hacia la cara de la Jueza)
¡Esto me enseñará a no confiar en la amistad en el futuro! ¡He vuelto a ser una
imbécil! ¡Una cretina, una estúpida!
(El Señor Furnival, nervioso, se levanta y va a tientas hacia la mesa de bebidas.)
CARLOS: ​(Muy amable y cariñoso. A Hannah) ​Hannah, se lo juro. No se lo hemos dicho a
nadie. A nadie.
JUEZA: ​Será mejor que te calles, hijo. No veo nada claro lo que está pasando aquí.

29
ALESSIA: ​(A la Jueza) ​Creo que lo hemos hecho todo mal, Su Señoría. Es culpa mía. Lo
siento, Señoría.
FURNIVAL: ​(Tanteando en las bebidas) ​Siempre decía mi padre: “Errar es humano; perdonar
es divino.”
CARLOS: ​Creía que eso lo había dicho otra persona.
FURNIVAL: ​Mucha gente le ha plagiado.
(Por fin, encuentra la botella de ginebra, la coge y bebe un buen trago.)
CARLOS: ​¿Quiere que le ayude, Señor Furnival?
FURNIVAL: ​No, gracias, Señor Melkett. Ya he encontrado la limonada. Me voy a servir otra.
(Bebe otro trago. A Alessia) ​Si no tiene usted inconveniente, Señora Viglione.
ALESSIA: ​Al contrario, sírvase lo que quiera.
FURNIVAL: ​Gracias, muy amable. Estoy sediento.
(Llena su vaso y muy despacio, vuelve a sentarse en el filo del practicable.)
JUEZA: ​(A Alessia) ​Mire, voy a pasar por alto su, digamos, peculiar comportamiento, pero
entiéndalo bien, Viglione. Quiero a mi hijo y necesito que usted me demuestre que
es capaz de cuidar de él. No puedo ser más razonable, ¿verdad?
ALESSIA: ​Es usted una Santa, Su Señoría.
CARLOS: ​(A la Jueza) ​Claro que puede cuidar bien de mí, mamá. Se va a convertir en una
escultora famosa. En 5 años, me sentiré como el marido de Edmonia Lewis.
HANNAH: ​(Con mala leche) ​Edmonia Lewis no tuvo marido ¡nunca!
CARLOS: ​ No estuvo casada?
​(Irritado) ¿
HANNAH: ​No. Las inclinaciones “afectivas” eran muy particulares. De otro signo.
CARLOS: ​Lo ignoraba, Señora Gorringe. ​(Le saca la lengua)
ALESSIA: ​(A Hannah) ​Mira, Hannah, lo siento si he herido tu orgullo.
HANNAH: ​Te equivocas. Hiere quien puede, no quien quiere.
ALESSIA: ​Sé lo que he hecho. Por favor, perdóname.
CARLOS: ​Vamos, Hannah, olvídelo. Las peleas son feas y desagradables. Y además, estoy
seguro de que todos nosotros vamos a ser grandes amigos.
HANNAH: ​Pues yo no lo estoy tanto. Será muy difícil que pueda volver a ser amiga de una
víbora. ​(Se refiere a Alessia)
FURNIVAL: ​(A Hannah) ​Recuerde: “errar es humano; perdonar divino”.
JUEZA: ​ eñor, no se repita.
​(Irritada, al Señor Furnival) S
(En ese momento, entra Claudio. Lleva puesta una camiseta muy alegre y trae una
riñonera. También lleva unas gafas de sol. Claudio es el examante de Alessia.

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Tiene veintitantos años y es guapo, brillante, muy vital y travieso. Entra en la
habitación sin decir palabra. Se detiene, se quita las gafas y no encuentra la
menor diferencia.)
CARLOS: ​(A Hannah) ​Ale no es una víbora, es una artista. ​(A Alessia) ¿
​ Verdad, cariño?
ALESSIA: ​Sí, amor.
(Carlos envía un sonoro beso a Alessia, ante el asombro de Claudio. Alessia se lo
devuelve.)
CARLOS: ​(A Hannah)​ Ha llegado el momento de perdonar y olvidar.
FURNIVAL: ​Errar es…
JUEZA: ​(Cortándole) ¡​ Cállese!
HANNAH: ​(A Carlos) ​¿Usted cree?
CARLOS: ​Claro que sí. Y ahora voy a prepararle otra ginebra con lima. Yo me tomaré una
para acompañarla.
(Se levanta y va a la mesa de bebidas.)
HANNAH: ​(Se levanta)​ De acuerdo. Aunque no estoy muy segura…
CARLOS: ​Estoy preparando, con todo cariño, nuestra ginebra con lima…
HANNAH: ​Gracias.
(Va hacia Carlos, lo confunde con Claudio y le da el vaso vacío.)
Debo decirle que para mí será un verdadero placer compartir la bebida con un
joven tan atractivo.
CARLOS: ​Pero, si aún no me ha visto…
HANNAH: ​Estoy segura. Ale tiene un gusto exquisito. Ella, para los hombres, yo, para las
porcelanas.
(Carlos le da el vaso con ginebra a Claudio. Éste se lo bebe y le vuelve a dar a
Hannah el vaso vacío. Rápidamente va hacia el sofá. Hannah coge el vaso y va
hacia el sofá.)
ALESSIA: ​(A Hannah) ​¡Hannah, eso que le has dicho a Carlos…!
(Va hacia el sofá.)
CARLOS: ​No seas tonta, cariño. No te avergüences. Incluso, ha sido un halago para ti.
(Claudio, Hannah y Alessia, sentados en el sofá, cruzan las piernas a la vez.
Claudio está sentado entre las dos.)
CARLOS: ​La fotografía del chico con el que saliste hace 2 años lo demuestra. Me pareció
estupendo… ​(Claudio le mira encantado) e ​ so sí, un poco vulgar. ​(Claudio le mira
furioso)

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HANNAH: ​Supongo que se refiere a Claudio, ¿no?
CARLOS: ​¡Ah! ¿Usted le conoció?
HANNAH: ​Por supuesto. El “affair” duró mucho tiempo.
(Alessia le da un codazo a Claudio, creyendo que es Hannah. Claudio se lo da a
Hannah.)
CARLOS: ​¿Ah, sí?
HANNAH: ​Sí, querido. Aunque no sé si he hablado demasiado.
ALESSIA: ​(A Hannah) ​No tienes por qué disculparte. Se lo he contado todo a Carlos.
(Alessia vuelve a darle un codazo a Claudio, aunque esta vez más fuerte. Claudio
hace lo mismo con Hannah.)
Lo que no entiendo, Hannah, es por qué consideras tú mucho tiempo 3 meses.
(Claudio la mira, furioso por la mentira. Hannah está atónita.)
CARLOS: ​(A Hannah) ​¿Cómo era Claudio?
ALESSIA: ​(Al oído de Claudio, con toda la intención) ​Supongo que difícilmente te acordarás
de él, ¿verdad, Hannah?
HANNAH: ​(Al oído de Claudio) ​¿Por qué no había de acordarme?
ALESSIA: ​Porque han pasado 2 años y probablemente te habrás olvidado.
HANNAH: ​¿2 años?
ALESSIA: ​Sí. Hace 2 años.
(Golpea a Claudio tan fuerte, que el pobre cae sobre Hannah y la tira al suelo, con
vaso incluido.)
HANNAH: ​(Se levanta y se sacude los pantalones. Con rencor, a Alessia) ​Ahora que lo
mencionas, le recuerdo perfectamente. Claudio es uno de esos hombres difíciles
de olvidar.
(Se vuelve a sentar.)
CARLOS: ​¿Era muy guapo?
HANNAH: ​No, no. Yo más bien diría lo contrario. Además, era algo bobo.
ALESSIA: ​¡No es verdad!
HANNAH: ​Me limito a ver mi opinión.
ALESSIA: ​Pues, antes nunca me la habías dado.
HANNAH: ​(Inclinándose sobre Claudio) ¡​ Jamás me la pediste! Pero, ahora que tu novio me la
pide, debo decirte que siempre pensé que era feo. Tenía unos dientes amarillos y
puntiagudos como un tiburón. ¡Y su piel me recordaba a un elefante!
ALESSIA: Él no era así.

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HANNAH: ​Sí, lo era. Lo recuerdo perfectamente. Su piel era como una pared con 7 capas de
papel…
FURNIVAL: ​Tiene razón, Hannah. Yo no lo vi muchas veces, pero sí recuerdo su piel. Era de
un color grisáceo y muy áspera. Nada que ver con la suavidad de la piel de las
jóvenes “ladies”, si es que aún queda alguna.
(Durante este intercambio de comentarios, la reacción de Claudio es como si
estuviera siguiendo la pelota de un partido de tenis).
HANNAH: ​(A Furnival)​ Exacto. Muy áspera.
FURNIVAL: ​Y llena de granos.
HANNAH: ​Muchos granos.
ALESSIA: ​(Levantándose)​ ¡Esto es vergonzoso!
HANNAH: Sabes que nunca me gustó, Ale. Se pasaba de listo.
FURNIVAL: ​Además, era muy pesado. Un bohemio pesadísimo.
HANNAH: ​(A Alessia)​ Si quieres que te diga la verdad, para mí, solo era un rubio engreído.
CARLOS: ​(A Hannah) ¿Quiere decir que era tan pretencioso como su nombre? ​(Claudio se
queda con la boca abierta) Apuesto a que sí. En la fotografía, llevaba una
camiseta muy ajustada y muy hortera, a punto de estallar. Un Marlon Brando de
pacotilla.
(Todos se ríen y la que más, Alessia. Claudio se levanta y guiado por la risa de
Alessia, llega a ella y la empuja.)
ALESSIA: ​¡Ayyyy!
CARLOS: ​¿Qué te pasa?
FURNIVAL: ¿Qué le ocurre, señora Viglione?
ALESSIA: ​(Furiosa, a Hannah)​ ¡No tiene ninguna gracia, Hannah! ¿Qué coño te pasa?
(Claudio inicia su escapada.)
HANNAH: ​¿A mí?
ALESSIA: ​Estoy segura de que no ha sido la Jueza.
JUEZA: ¿Que no he sido “qué”?
(Alessia, a tientas, agarra el culete de Claudio y lo reconoce inmediatamente)
ALESSIA: ​(Horrorizada)​ ¡Claudio!
​(Claudio se separa de Alessia e intenta escaparse. Alessia intenta buscarle).
JUEZA: ¿Qué ha dicho?

33
ALESSIA: Solo estaba recordándole, su señoría. Han dicho ustedes muchas tonterías.
Claudio era dulce y maravilloso. Y, tú, Hannah acabas de decir que yo era famosa
por mi buen gusto con los hombres.
CARLOS: ​(A Alessia)​ Y tú me dijiste que era suave como una cuchilla de afeitar.
ALESSIA: ¿Eso dije? No me suena. Seguro que no.
(Claudio llega a la mesa, coge la botella de vodka y busca la cabeza de Carlos).
CARLOS: Me lo dijiste cuando te pregunté cómo era.
ALESSIA: ​(Desesperada va hacia Carlos)​ ¡Está bien, está bien! Lo dije. Fue un error.
CARLOS: ¿Ah, sí? ​(Se separa de la mesa).
(Alessia se topa con Claudio y lo abraza creyendo que es Carlos. Claudio se ve
obligado a abrazarla y deja la botella en la mesa. Pausa).
JUEZA: ¡Si esta mujer no está tocada, la que lo esta soy yo! ​(A Alessia) Ahora resulta que
él es dulce y maravilloso.
ALESSIA: ​(Se mantiene abrazada a Claudio)​ Sí. A veces es muy dulce.
CARLOS: Me imagino que serán pocas, ¿no?
ALESSIA: No tan pocas. No tan pocas.
(Cruzando por delante de Carlos, se lleva a Claudio hacia las escaleras).
CARLOS: ¿Qué quieres decir? Alessia, te estoy hablando.
ALESSIA: ​(Que se encuentra detrás de Hannah, le dice en voz baja a Claudio). Te lo
explicaré todo. Vete a la habitación y espérame allí.
HANNAH: ​(Asombrada, creyendo que se lo dice a ella).​ ¿Ahora? ¿Crees que es el momento
oportuno?
ALESSIA: ¡Lo que me faltaba! ¡No hablo contigo!
CARLOS: ​(A Alessia)​ ¿Qué dices?
HANNAH: ​(A Carlos) Creo que Alessia quiere que vaya usted a la habitación. Y, me imagino
para qué…
JUEZA: Seguro que será para seguir conspirando.
FURNIVAL: ¡Oh, Jueza! Usted se olvida del lenguaje del amor. Mi padre decía…
JUEZA: ​(A Furnival)​ ¡Cállese de una vez!
(Alessia empuja a Claudio para que vaya hacia la habitación).
FURNIVAL: ​(Sin hacerle caso a la Jueza)​ “Todos los caminos conducen al amor”.
JUEZA: ​(A Furnival)​ ¡Su padre era un cursi, con perdón!
(Carlos se une con Claudio y Alessia en la puerta de la habitación. Los tres, a
ciegas, van hacia la habitación. Alessia se agarra a Claudio y Carlos a Alessia.)

34
CARLOS: ​(En voz baja) ¿Qué te pasa, cariño? ¿Algo va mal? ¿No has conseguido cambiar
los muebles?
(En el diálogo que viene a continuación los dos hablan “sotto voce”).
ALESSIA: No me pasa nada. Lo he cambiado todo, excepto el sofá, pero lo he tapado.
CARLOS: ¿Quieres decir que podemos encender las cerillas?
ALESSIA: Sí, digo ¡no!
CARLOS: ¿Por qué no?
ALESSIA: Pues… porque no.
CARLOS: ¿Por qué quieres que vaya a la habitación?
ALESSIA: No quiero. ¡Lo que quiero es que te vayas!
CARLOS: ​(Ofendido)​ ¡Muy bien! ¡Muy bien! Eres muy amable.
(Va a sentarse en el sofá junto a Hannah).
ALESSIA: ​No quise decir eso. Perdona, cielo.
JUEZA: ​(A Alessia)​ ¿Quieres decirme qué está tramando allí?
ALESSIA: ​(A la Jueza) He recordado que quizás tenga una linterna debajo de la cama. La
utilizo para cegar a los ladrones. Por favor, su señoría, tómese otra copa.
(Alessia empuja a Claudio dentro de la habitación. Le sigue y cierra la puerta).
JUEZA: ¿Cómo otra? Todavía no me he tomado ninguna.
FURNIVAL: ​(Levantándose)​ ¡Oh, pobre Jueza! Déjeme que le sirva.
JUEZA: Puedo hacerlo yo misma, gracias. A usted le serviré otro jugo de limón.
FURNIVAL: ​(Rápido) ¡No, gracias, su señoría! Lo haré yo. Mi padre decía que es bueno
practicar.
(Furnival y la Jueza Melkett se dirigen hacia la mesa de las bebidas. Claudio y
Alessia están hablando en la ventana de la habitación).
CLAUDIO: Así que esto es lo que se llama “tener una cita a ciegas”. Oye, ¿quieres decirme
qué significa todo esto?
ALESSIA: No significa nada. Georgina Bamburger va a venir esta noche para ver mis
esculturas y se ha producido un apagón.
CLAUDIO: ¿Y, esa es la razón de todo este enredo?
ALESSIA: Mira, ahora no es momento para explicarte ciertas cosas.
CLAUDIO: ¿Quién es ese ​(Imitando la voz de Carlos)​ “gilipuegtas”, cariño?
ALESSIA: ​Solo es un amigo.
CLAUDIO: Pues, parece algo más.

35
ALESSIA: Se llama Carlos y es un chico encantador. Nos hemos hecho buenos amigos,
mientras estabas en el extranjero.
CLAUDIO: ¿Muy buenos?
ALESSIA: Solo buenos.
CLAUDIO: ​Y, ¿su madre?
ALESSIA: La jueza ha venido a conocer a la señora Bamburger.
CLAUDIO: Ale, ¿qué querías decirme por teléfono?
ALESSIA: Mira, deja de hacer preguntas, vete a dormir y mañana iré a verte y te lo contaré
todo.
CLAUDIO: No te creo.
​ALESSIA: ​(Le abraza y le besa) ¡​ Por favor, cariño, por favor!...
JUEZA: ​(Sirviéndose un whisky)​ ¡Al fin! Me lo voy a poner doble.
(A Furnival)​ ¿Consiguió su limonada, señor Furnival?
FURNIVAL: ​(Sirviéndose un vaso lleno de Ginebra)​ Si gracias, su señoría.
JUEZA: Me pregunto si la señora Bamburger vendrá por fin esta noche. Debería haber
llegado hace más de media hora.
HANNAH: Eso no tiene importancia, su señoría. Las millonarias siempre llegan tarde. Es lo
suyo.
FURNIVAL: ​(Abriéndose paso hacia el practicable) Seguro que tiene razón, Hannah. Yo
siempre me las he imaginado llegando con retraso y con una piel como la seda.
CARLOS​: Ale está tardando mucho.
HANNAH: A lo mejor tiene a Claudio escondido en la habitación y están teniendo un
“tête-à-tête”.
CARLOS​: Siempre tan ocurrente, Hannah.
ALESSIA: ¡Nadie en el mundo besa como tú!
CLAUDIO: Te he echado mucho de menos, Ale. No he pensado en otra cosa estos meses. Te
necesito. Cometí un grave error al marcharme.
ALESSIA: Por favor, Claudio, no digas eso…
CLAUDIO​: Hemos estado juntos cuatro años. No podemos dejarlo como si lo nuestro hubiese
sido una aventura de paso.
ALESSIA: ¿Por qué no? Pero, ahora, confía en mí, cariño. Confía solo una hora más, ¿de
acuerdo?
CLAUDIO: De acuerdo. Me desnudaré y esperaré a que te libres de esos pesados.
ALESSIA: ¡Eso es una locura!

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CLAUDIO: Pues a mí me parece una idea formidable. […] Nos relajaremos los dos.
ALESSIA: ¡Yo ya estoy muy relajada!
CARLOS: ¡Alessia!
ALESSIA: ​¡Claudio, esta noche no! No puedo explicártelo, pero…
CLAUDIO: Me lo explicas esta noche… en la cama.
ALESSIA: ¡He dicho que no!
CLAUDIO: O en la cama o voy y descubro tu secreto.
ALESSIA: No tengo ningún secreto.
CLAUDIO: Entonces, no te importará que vaya al salón.
CARLOS: ¡Alessia!
ALESSIA: ¡Oh, per la madonna! ​(A Claudio) Está bien. Espérame, pero estate calladito. ​(Para
sí)​ ¡Chantajista di merda! ​(Abre la puerta y a Carlos)​. ¿Sí, querido?
CARLOS​: ¿Qué haces en la habitación?
ALESSIA: Estaba buscando en el baño, cariño. ¡Nunca se sabe lo que una se puede
encontrar en le cuarto del baño!
JUEZA: ​(A Alessia) Oiga, ¿trata de sacarme de mis casillas? ¿Quiere ponerme furiosa de
verdad?
ALESSIA: ¡Por supuesto que no, su señoría!
JUEZA: Le advierto jovencita, que en mi antiguo juzgado se me conocía como “La Dama
de Hierro”.
CLAUDIO: ​(Cantando).​ ¡Tengo ganas de cantar!
(Hace mutis por el baño/habitación).
ALESSIA: ​(Cantando).​ ¡Te voy a partir la cara!
JUEZA: Pero, ¿qué dice?
CARLOS: ¡Alessia! ¿Cómo te atreves a hablar así a mamá?
ALESSIA: Yo… yo… yo… no me refería a tu madre.
CARLOS: ¿A quién entonces?
ALESSIA: ¡No hablaba con nadie! Me lo decía a mi misma. ¡Si no veo por dónde voy, me voy
a partir la cara!
JUEZA: ¡Loca! ¡Loca! ¡Más loca que una cabra! Hijo mío, tu novia es una lunática.
CARLOS: ​(Se levanta) (A Alessia).​ En tu habitación está pasando algo raro. Y voy a ir para
enterarme. ¿Me has oído, Ale?
ALESSIA: ¡Carlos, por la bruja de tu madre, no vengas!

37
CARLOS: No soy tan tonto como te crees. Se te nota en la voz cuando tratas de esconder
algo.
ALESSIA: ¡Cariño, por favor! ¡A la Jueza no le gustará que entres a ciegas en la habitación
de una soltera! ¡No es digno de un señorito!
CARLOS: ​(Yendo hacia la habitación)​. ¡Estoy yendo, Ale! ¡Estoy yendo!
ALESSIA: Voy yo. Y, nos tomaremos todos una copa…
(Se oye la voz de Schumpeter que está en el descansillo).
​SCHUMPETER: ​(En “off”).​ ¿Hola? ¿Señora Viglione? ¿Señora Viglione?
​ALESSIA: ¡Es Bamburger! ​(Va hacia el salón).
​CARLOS: ¡Dios mío!
​(Alessia se dirige hacia la puerta de entrada y Carlos la sigue.)
(Entra Schumpeter. Es una judía alemana de mediana edad gorda, culta y
vivaracha. Se le nota que es una mujer feliz, encantada de estar en Inglaterra,
aunque sea como empleada de la Compañía Eléctrica de Londres. Lleva una
especie de impermeable negro con unas letras en blanco que dicen: “London
Electricity Board”. Una gorrilla y unas pinzas en los pantalones, lo que indica que
ha venido en bicicleta. En la mano trae una gran bolsa con sus herramientas. En la
bolsa aparecen las mismas letras que en el impermeable. Al entrar, da un
pequeño giro, lo que permite al público ver las letras del impermeable).
SCHUMPETER:​ ​(Con fuerte acento alemán)​ Creían que no iba a venir, ¿eh?
ALESSIA: ¡No por Dios! Sé lo ocupada que está y le agradezco que haya podido venir. Como
verá, hemos sufrido un apagón.
(Schumpeter deja la bolsa en el suelo y se quita el impermeable).
HANNAH: ​(A Alessia).​ Háblale en voz alta. Es sorda como una tapia.
ALESSIA: ​(Gritando a Schumpeter).​ ¡Hemos tenido un apagón! ¡No es el mejor momento
para ver las esculturas!
SCHUMPETER:​ No se preocupe. Aquí tengo una linterna.
(Saca de la bolsa una linterna, e ilumina las caras de todos.)
(Como de costumbre la escena se oscurece. Todos parpadean y se tapan los
ojos.)
CARLOS: ¡Al fin, algo de luz!
ALESSIA: Es usted maravillosa. Es muy inteligente por su parte haber traído una linterna.
¿La usa para examinar mejor las piezas? ¡Es usted una experta!
SCHUMPETER: ​(Sorprendida).​ ¿Una experta?
HANNAH: ​(En voz baja a Alessia).​ ¡No te entiende! ¡Háblale más alto!

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ALESSIA: ​(A Hannah).​ Tienes razón. ​(Gritando a Schumpeter). Voy a presentarle. La Jueza
Melkett.
(Todos se colocan en fila para ser presentados. Al tiempo que le dan la mano,
gritan en su oído derecho).
JUEZA: ​¡Un gran honor, señora!
(La pobre Schumpeter retrocede ante el bocinazo).
ALESSIA: ¡El señorito Melkett!
CARLOS: ¡Hola! ¡Me siento muy halagado al ver que se ha tomado tanto interés! ​(Va hacia la
derecha de Alessia).
SCHUMPETER: ​(Vuelve a retroceder ante el griterío).​ No tiene importancia…
ALESSIA: ¡Mi vecina, Hannah Gorringe!
HANNAH: ¡Para mí es un verdadero honor conocerle, señora!
SCHUMPETER:​ ​(Que se está quedando sorda)​. ¡Oh!
(Se golpea con la mano el oído).
ALESSIA: ¡Otro de mis vecinos, el señor Furnival!
(El señor Furnival coge las manos de Schumpeter).
FURNIVAL: ¡Nos hemos refugiado aquí hasta que pase la tormenta! ¡Aún está descargando!
(Apretándole las manos).​ ¡Qué suaves! ​(Borracho le hace una cómica referencia).
ALESSIA​: ¡Por favor, señor Furnival!
(Hannah ayuda al señor Furnival y le acompaña hacia la silla que está cerca de la
mesa de las bebidas).
SCHUMPETER: ​Perdonen que les haga una pregunta. ¿Por qué me hablan gritando? Yo no
estoy sorda.
ALESSIA: ​(A Hannah)​ Me dijiste que era sorda.
HANNAH: Lo leí en una revista.
SCHUMPETER: ​La sorda era mi madre.
ALESSIA: ​(A Schumpeter).​ Lo siento mucho, señora. Todo ha sido un malentendido.
HANNAH: ​(Aduladora). ¿Puedo preguntarle, señora, dónde ha comprado esa gorra tan
elegante?
SCHUMPETER: ​¿Mi gorra?
CARLOS: Sí, es muy “chic”. ¡Muy original!
SCHUMPETER:​ ¿No lo habían visto antes? Todos llevamos la misma.
HANNAH: ¡Ya, es de un club privado! Me imagino que será muy elitista.

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SCHUMPETER: ​(Riendo). Bueno, es bastante difícil entrar. Hay que demostrar que eres buen
electricista.
(Todos se ríen ante lo que creen que es una broma).
FURNIVAL: Ya lo decía mi padre: “Es más fácil para un rico entrar por el ojo de una aguja que
para un camello entrar en el Cielo”.
HANNAH: ​(En voz baja a Furnival).​ ¡Ferny! ¡Olvídate de tu padre, por favor!
SCHUMPETER: ​(Con su linterna ilumina la estatua de Alessia). ¡Es extraordinaria! ¿Puedo
mirar?
ALESSIA: ¡Por favor, para eso ha venido!
SCHUMPETER: ​(Muy concentrado, examina la escultura).​ ¡Fascinante!
ALESSIA: La escultura representa las dos vertientes de la inquietud humana. El amor y el
odio que siente uno mismo. Los dos convergen en el mismo punto, ¿lo ve usted?
SCHUMPETER: ​Es obvio.
JUEZA: ¿Ah, si?
SCHUMPETER: Por supuesto. Esas dos agujas lo explican claramente. La luminosidad y la
brillantez de esta escultura hace que la considere una obra de arte. De arte con
mayúsculas.
HANNAH: ¿Con mayúsculas?
JUEZA: ​(A Schumpeter)​ ¿Quiere decir que le gusta?
SCHUMPETER:​ Mucho. ¿A usted no?
JUEZA: ​ Pues… claro, claro que sí. Me gusta mucho.
SCHUMPETER: Me alegro por usted. La escultura es sencilla, pero no puede gustar a quien
tenga una mentalidad simple. Ingeniosa, pero no ingenua. Y, por encima de todo,
de ella se desprende una verdadera fuerza moral. ¿De cuántos escultores
modernos se puede decir algo parecido? ¿Quieren decírmelo, amigos míos?
​FURNIVAL:​ ​(Borracho)​ ¡De ninguno! ¡De ninguno!
SCHUMPETER: Espero no haberles aburrido con estos comentarios. ¡Siempre que veo una
obra de arte, me da por soltar una especie de sermón!
CARLOS: ​(Muy pelota). Usted no nos aburre. Al contrario, podría estar escuchándola toda la
noche.
FURNIVAL: ​(A Schumpeter). ¡Lo que ha dicho es de una profundidad que me siento como si
estuviera borracho!
SCHUMPETER: ​(Cada vez más extravagante). ¡No escuche y miren! ¡Miren! ¡Venérenla! Yo al
contemplarla me siento frustrada de no haber sido la madre de este incesto de
hierro.

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CARLOS: ¡Divino!
FURNIVAL: ​¡Buen trabajo, señora Viglione!
HANNAH​: ¡Nunca pude imaginarme que vivía al lado de un genio!
SCHUMPETER: ​(A Alessia). Habrá ganado mucho dinero. Porque me figuro que serán muy,
muy caras.
ALESSIA: Pues…
CARLOS: ¡Carísimas!
SCHUMPETER:​ Esta, por ejemplo, ¿cuánto vale?
ALESSIA: Cien…
CARLOS: ​(Cortándole) ¡​ Quinientas libras!
SCHUMPETER: Pues me parece muy barata. Aunque nada es barato ni caro cuando se trata
de una obra de arte. Es imposible poner precio a la Belleza. Una creación cuyos
dos términos son Realidad y Fantasía no se puede resolver.
ALESSIA: Tiene toda la razón.
CARLOS: ​(Rápidamente).​ ¿Se queda con ella?
SCHUMPETER:​ ¿Yo?
ALESSIA: ​(A Carlos).​ Cariño, ¿no te estás precipitando un poco? ​(A Schumpeter) T
​ al vez
quiera ver mis otros trabajos. Si le parece pasamos al estudio.
SCHUMPETER: No, gracias. Como dijo Moisés, “al hombre maduro le basta con contemplar la
leche y el miel”. No necesita más.
FURNIVAL: Eso lo dijo mi padre.
HANNAH: ¡Cállese, Ferny!
ALESSIA: Muy amable. ​(Pausa)​ Bien…
SCHUMPETER:​ ​(Gira la linterna hacia atrás).​ Bien…
ALESSIA: Bien, bien, bien…
CARLOS: ¿Bien?
JUEZA: ¿Bien?
HANNAH​: ​(A Schumpeter).​ ¡Pero, le gusta o no?!
SCHUMPETER:​ Me gusta mucho.
JUEZA: ¿Por quinientas libras?
SCHUMPETER:​ Por supuesto… si las tuviera…
(Todos se ríen).

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HANNAH​: Según dice el “Sunday Mirror”, su fortuna sobrepasa los doscientos millones de
libras.
SCHUMPETER: ​Los periódicos dominicales están muy mal informados. Según mi último
extracto de cuenta, tengo 96 libras y 2 chelines.
HANNAH: ¿Quiere decir que se ha arruinado?
SCHUMPETER: ​No. Quiero decir que nunca tuve más.
JUEZA: Mire, señora, sé que las millonarias son muy excéntricas y bromistas, pero esto no
tiene gracia.
CARLOS: ​(A la Jueza).​ ¡Calla, mamá!
SCHUMPETER:​ ¿Millonarias? Pero, ¿quién cree que soy yo?
CARLOS: ​(A Schumpeter).​ Señora Bamburger, es una broma, ¿verdad?
SCHUMPETER:​ Perdónenme, pero ese no es mi nombre.
ALESSIA: ​(Angustiada).​ ¿No?
SCHUMPETER: No. Si lo sabré yo. Mi nombre es Schumpeter. Angela Gertrudis Schumpeter.
Nacida en Weimar en 1905. Licenciada en Filosofía e Historia del Arte por
Heidelberg en 1934. Refugiada en Londres en 1938. Empleada fija en la
Compañía Eléctrica de Londres desde 1939.
CARLOS: ​¿La compañía eléctrica?
FURNIVAL: ¡De Londres!
ALESSIA: ¿Quiere decir que usted no es…?
HANNAH: ¡Está claro que no es!
SCHUMPETER:​ Pero, ¿quién creían que era?
HANNAH: ​(Furiosa)​ ¡Cómo se ha atrevido usted! (​Le coge la linterna​)
SCHUMPETER: ​(Asustada retrocede​) Si yo…
HANNAH: (​Empujandole por la habitación​) ¡Qué desfachatez! Usted es un caradura que nos
ha estado hablando de incestos y de Moisés, cuando lo que tenía que hacer era
reparar el apagón.
JUEZA: ​(A Hannah)​ Estoy de acuerdo con usted.​ (A Schumpete​r) ¡Es usted un criminal!
SCHUMPETER: ​ ¿Eh, sí?
JUEZA: ​(Le coge la linterna a Hannah y se la pone en la cara a Schumpeter​) ¡Usted, un
empleado público, se presenta aquí (​gritando) pretendiendo ser sordo! (​Con voz
normal​) Y, se permite arengarnos como si fuéramos corderos, sin que nadie se lo
pidiera ni le invitara.
SCHUMPETER: ​Perdone, me invitaron a…

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JUEZA: (​Cortandole​) ¡No me replique! ​(A Alessia
​ ) ¡Viglione, dígale a esta escoria donde
debe realizar su trabajo!
ALESSIA: El cajetín de la casa está en el cuarto de contadores. Si no le importa…
SCHUMPETER: ​(Desesperado) ¿Por qué me había de importar? ¡Al fin y al cabo es para lo
que he venido!
ALESSIA: ¡Una nunca sabe lo que puede pasar!
SCHUMPETER: ​(Alumbra con la linterna al sofá. Se queda extasiada)​ ¡Ahhh! ¡Qué maravilloso
mueble!
ALESSIA: ​ Por qué no se va al cuarto de
​(Se lanza en picado sobre el sofá) ​(A Schumpeter) ¿
contadores de una vez?
​(Se tumba sobre el sofá, adoptando diversas posturas, intentando taparlo todo con
su cuerpo).
SCHUMPETER: ¡​Está bien! ¿Por dónde se va al cuarto de contadores?
ALESSIA: ​(A Carlos)​ Cariño, abre la puerta, ¡haz el favor!
CARLOS: ¿Yo?
JUEZA: ¡Viglione, es usted muy mala ama de casa!
CARLOS: (Enojado)​ ¡Muy mala!
ALESSIA: ​(Retorciéndose en el sofá) ¡Tengo un ataque de lumbago! ¡Lumbago!
Normalmente me da cuando hablo mucho a oscuras. ​(A Carlos para que le
entienda) ¡​ Carlos, el sofá, el sofá!
CARLOS: ​ ielo, ¿te ha vuelto a dar? ¡Pobrecito
​(Dándose cuenta) ¡Oh, sí! ​(Muy cariñoso) C
mío! Túmbate todo a lo largo y no te muevas. ¡Yo abriré la puerta! ​(Le manda un
beso)​ ¡Mmmmm!
ALESSIA: ​(ídem)​ ¡Mmmm!
HANNAH: ​(Va hacia la puerta) No te preocupes, ya le abriré yo. No soy tan frágil como tú.
(Abre la puerta. A Schumpeter)​ ¡Vamos Moisés, fuera!
​(Schumpeter coger su bolsa y el impermeable)
Muévase millonario.
SCHUMPETER: ​Está bien. (Entra por la puerta) ¡Adiós! Abandono la luz del Arte por la
oscuridad de la Ciencia!
HANNAH: ¡Deje ya de decir gilipolleces!

​ erdone.
SCHUMPETER: ​ P
​(Sale por la puerta, llevándose la linterna. Inmediatamente, el escenario se llena
de luz. Todos reaccionan ante la oscuridad, excepto Alessia, que se levanta

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rápido y va hacia el estudio. Abre la cortinas y en ese momento el señor Furnival
se sienta en el sofá).
JUEZA: ¡Increíble! ¡Absolutamente increíble! ¡En mis tiempos a gente así le hubieran
quemado en la hoguera por impertinente!
​(El señor Furnival se echa en el sofá)
CARLOS: Mamá tiene razón. Desde que aparecieron los Beatles la clase baja se piensa que
puede hacer lo que quiere.
​(Alessia empuja el sofá hacia el estudio, sin darse cuenta de que el señor Furnival
está echado. El señor Furnival se despide con la mano a los demás como si fuera
a hacer un largo viaje).
ALESSIA: ¡Esto no puede ser real! ¿Estoy sufriendo una pesadilla!
CARLOS: Ánimo, cariño, todo se va a arreglar. Dentro de unos minutos volverá la luz, llegará
la señora Bamburger, le entusiasmará tu trabajo y te dará 50.000 libras por todas
tus esculturas.
​(Claudio abre la puerta del dormitorio)
ALESSIA: ​(Sarcástico a Carlos)​ ¡No me digas!
CARLOS: Y, entonces, nos compraremos una casa divina en Surrey y viviremos felices.
ALESSIA: ¡Comiendo perdices!
CARLOS: Tan pronto como nos casemos, dejaremos este barrio.
​(Al oírlo, Claudio, asombrado, abre la boca como si fuera comerse un elefante)
ALESSIA: ​(Nerviosa, a Carlos) ¡​ Sssh! ¡Sssssh!
CARLOS: ¿Por qué debo callarme? ¡Yo no quiero vivir aquí! Sueño con una casa con jardín
y columpios para los niños!
ALESSIA: ​(Para si) ¡​ Y una mula para tu madre! ​(A Carlos)​ ¡Sssh! ¡Sssh!
CARLOS: ¿Pero qué te pasa?
ALESSIA: ​(Señalando hacia arriba) ¡Los dioses escuchan, cariño! ¡Me han dado una noche
horrorosa! Pero, me temo, que aún puede ser peor.
CARLOS: ​(Muy mimoso) ​Ya sé, pichoncita, que has tenido una noche terrible. ¡Pobrecita
mía! Pero tú y yo lucharemos contra ellos ¡Me importan un comino esos viejos y
rencorosos dioses! ​(Gritando hacia arriba)​ ¿Me oyen bien? ¡Ni un comino!

(Claudio le echa un chorro de vodka a Carlos)


CARLOS: ​¡Ahh!
ALESSIA: ¿Qué ocurre ahora?
CARLOS: ¡Está lloviendo!

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ALESSIA: ¡ No seas cretino!
CARLOS: ¡Estoy todo mojado!
ALESSIA: ¡Pero, que, coño vas a estar mojado! ¡No seas pesado!
​(Claudio sigue echando vodka de la botella, moja a Hannah)
HANNAH: ¿Qué está pasando aquí?
JUEZA: ¿Por qué diablos chillais? ​(Recibe un chorro de vodka en la cara) ¡Aaah! ¡Orden
en la sala!
ALESSIA: ​ (Inspirada) ​Es una gotera y se ha debido romper una cañería.
​(Claudio golpea con la botella la puerta. Todos se callan y miran hacia la puerta)
HANNAH: ​(A Alessia)​ ¡ No me digas que hay alguien más en tu casa!
ALESSIA: ​(Improvisando rápidamente) Es el señor Hernández, mi asistente. Viene los lunes,
miércoles y viernes.
CARLOS: Pero, hoy es sábado.
ALESSIA: Me llamó para decirme que vendría que en lugar del viernes, el sábado.
CARLOS: ¿Limpia a estas horas?
ALESSIA: Me dijo que vendría a las seis…
JUEZA: Son casi las once.
HANNAH: No me extraña que tarde tanto ¡Con la de mierda que hay en esta casa!
JUEZA: ​ Señor Hernández?
Veamos, que es todo esto. ​(Llamando) ¿
ALESSIA: ​(Desesperada) No le interrumpa, por favor. A él no le gusta que le molesten
cuando está trabajando. ¿Por qué no le dejamos en paz y nos tomamos una
copa?
JUEZA: Primero veamos si es él. (Llamando) Señor Hernández, ¿qué está haciendo ahí?
(Grita) ​¡Señor Hernández!
CLAUDIO: Sí. ¿Quién llama?​ (Fingiendo la voz)
ALESSIA: Es él. Por Dios, señor Hernández, ¿qué está haciendo ahí?
CLAUDIO: Sólo estoy arreglando el dormitorio, señora.
ALESSIA: ¿A estas horas?
CLAUDIO: Mejor tarde que nunca, señora. Sé le gusta que su dormitorio esté limpio y
arreglado cuando celebra alguna fiesta.
ALESSIA: Sí, sí, claro…
JUEZA: ¿Cuándo llegó, señor?

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CLAUDIO: Hace sólo unos minutos. No quise molestarlos y fui derecho a dormitorio, como
hago siempre.
HANNAH: Entonces, ¿era usted quien nos empapó de agua?
CLAUDIO: ¡Dios mío! ¡Se ha debido caer el cubo! Pérdonenme, he debido tropezar con el
cubo de agua sucia y ha salpicado. ¡Cómo no se ve nada! (​A Alessia​) Señora
Viglione, ¿es alguno de sus jueguecitos?
​(Se asoma al salón)
ALESSIA: Hemos tenido un apagón, señor Hernández. Ahora lo están arreglando. En unos
minutos tendremos luz.
CLAUDIO: Me alegro por usted, ¿o no?
​(Le tira la botella a Alessia y entra en la habitación).
ALESSIA: Sí, sí, gracias. Oiga, ¿por qué no se marcha?
CLAUDIO: Porque me he retrasado, porque mi pequeña Rosie estaba malita…
ALESSIA: Le comprendo, pero…
​(Va hacia él tratando de vengarse pero él le esquiva).
CLAUDIO: ​(Implacable) ​Es su barriguita. Tiene un bulto debajo del ombligo del tamaño de un
pomelo.
HANNAH: ¡Qué asco!
CLAUDIO: Le he dicho a mi Rosie: “voy a casa de la señora Viglione. Duerme tranquila.
Mañana te llevaré al hospital para que te vean en la pantallita”.
ALESSIA: ¿No cree que es mejor que vuelva con su pequeña Rosie? Seguro que ella le
necesita. Además, realmente, usted ya ha terminado aquí.
CLAUDIO: ¿Usted cree, señora?
ALESSIA: ​Afirmativo.
​(Claudio se sienta en la mesa, Alessia se acerca a él por detrás).
CLAUDIO: Quiero decir, que sé como acaba todo después de una de sus noches de juerga.
¡Esto parece una caravana de gitanos! ¡El suelo lleno de botellas vacías!
¡Sostenes y braguitas en el lavabo! Y, Dios sabe que…
​(Alessia le tapa la boca con la mano. Claudio le muerde y ella cae de rodillas,
sufriendo en silencio).
JUEZA: ¡Repórtese, señor! Usted no lo sabe, pero está en presencia del prometido de la
señora Viglione.
CLAUDIO: ¿Prometido?
JUEZA: Sí. y, yo soy su madre.

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CLAUDIO: ¡Oh, señora Viglione! ¡Oh, señor, que buena noticia! ¿por qué no me lo dijo?
ALESSIA: Quería darle una sorpresa.
CLAUDIO: ¡Y, yo, que tonto de mí sin sospecharlo! ¡Qué alegría! Por favor, señora, ¿puedo
darle un beso?
ALESSIA: ​(Que sigue de rodillas) ​Pues sí, sí, como no…
​(Claudio se acerca a Alessia y busca su oreja. Cuando la encuentra la retuerza
con fuerza)
CLAUDIO: ¡Cuánto me alegro por usted! ¡Y por usted también señor!
CARLOS: Gracias.
CLAUDIO: ​(A la jueza)​ Y, por usted, señora.
JUEZA: Gracias.
HANNAH: ¡La madre!
JUEZA: La madre soy yo. ¡Pero, qué estoy diciendo!
CLAUDIO: ​(A la jueza)​ Cuanto me alegro de conocer a la madre del señor Claudio.
JUEZA: ¿El señor Claudio? No le entiendo.
​(Claudio le saca la lengua a Alessia. Alessia se tumba en el suelo. Está
desesperada. Ya no le pueden ocurrir más desastres. Es el final de la pesadilla)
CLAUDIO: ​(A Carlos) ¡Bien hecho señor Claudio! ¡Al fin lo ha conseguido! Nunca pensé que
pudiera cazarla, sobre todo después de cuatro años…
ALESSIA: ¡No, no, no!
CLAUDIO: ​(A Alessia) Perdone, si hablo demasiado, pero debe reconocer que cuatro años es
mucho tiempo para decidirse, sobre todo hoy en día…
ALESSIA: ¡Señor Hernández, por favor!
CARLOS: ¡Cuatro años!
CLAUDIO: Sí, querido. ​(Para sí) Incluso más. ​(A Carlos) Y, menos mal que la señora Viglione
se ha decidido porque el pastel estaba ya quemándose en el horno.
​(Carlos, desesperado, empieza a chillar. Alessia se tapa los oídos)
Ha tardado mucho, pero ella siempre le ha querido. Me lo dijo aquí mismo,no hace
una semana. ​(Sentimental) “Señor Hernández, para mí no cuentan los demás
hombres. Claudio es único y le quiero”. “Oh”, dije yo, “Y qué pasa con ese tal
Carlos, del que me hablaba usted”. “Oh”, dijo ella, “es tan empalagoso como un
merengue, dos chupadas y te hartas”.
ALESSIA: ¡Ahhhhhhh!

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(Se produce una larga pausa. Claudio se sienta en la mesa, girando la botella y,
sintiéndose, dueño de la situación)
JUEZA: ​(Con un hilo de voz)​ ¿Ha dicho usted cuatro años, señor?
​ í, señora, cuatro años en esta casa.
CLAUDIO: ​(Contesta con su voz) S
HANNAH: Conozco esa voz… ¡Es Claudio!
FURNIVAL: ​(Se despierta) ​¡Claudio! ​(Se vuelve a dormir).
CARLOS: ​(Horrorizado)​ ¡Claudio!
ALESSIA: ​(Fingiendo sorpresa)​ ¡Claudio!
CLAUDIO: ¿Sorprendida, Alessia?
JUEZA: No entiendo nada de lo que está pasando aquí.
CLAUDIO: Lo sé. Esta casa es muy extraña, ¿verdad? Extraña y mágica. Llueve dentro del
salón, un asistente que limpia por la noche y que en un segundo se convierte en el
odioso amante de la señora.
ALESSIA: ¡No te pases, Claudio, no te pases!
CLAUDIO: ​(Poniéndose de pie) ¡Por fin dices lo que sientes! ¿Has dejado ya de mentir? ¿Has
terminado ya de humillarte y de pedir perdón? ¡Eres una cobarde, una cochina
cobarde! ¿Sólo porque no querías casarte conmigo, te vas a quedar con este lote
de ocasión? (Refiriéndose a Carlos y a la jueza) ​“El Ken Risitas” y “La Dama de
Hierro”.
CARLOS: (Gritando) ¡No lo soporto más! ¡Mamá, haz que se calle!
JUEZA: ¡Por todos los santos!, ¿cómo quieres que lo impida? ¡Es usted un mentiroso! ¡Un
ser repugnante! ¿Cómo se ha podido inventar toda esa porquería?
​(La jueza va hacia Carlos, pero, coge por equivocación, la mano de Claudio).
​(A Claudio, creyendo que es Carlos) ¡Cálmate, hijo mío! ¡Mantén tu sangre fría!
Dame la mano; mamá está contigo. Todo está bajo control, ¿de acuerdo?
CLAUDIO: ​(En voz baja a la jueza)​ ¿Está seguro que es la mano de su hijo su señoría?
JUEZA: ¡¿Qué?! ¿No es tu mano, Carlos?
CARLOS: No, mamá.
CLAUDIO: Viviendo tantos años con su hijo, que poco tacto tiene usted. ​(Pausa. La jueza,
violenta, se separa de Claudio) ​¡Está bien! ¡Ahora ha llegado el momento del
juego! Juguemos todos a las adivinanzas.
ALESSIA: ​Para jueguecitos estoy yo.
CLAUDIO: Tenemos que adivinar de quién es la mano.
​(Todos reaccionan y tratan de colocarse en un lugar distinto del que se
encuentran)

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HANNAH: ¡Qué bobada!
CLAUDIO: ​(A Hannah)​ ¿Te gustaría más en que en vez de la mano fuera la boca?
HANNAH: ¡Qué asco!
CARLOS: ¡Qué ordinariez!
CLAUDIO: ​(A Carlos) ​Así soy yo, querido. El mayor ordinario del reino.
​(Coge la mano de Carlos y la pone sobre la mano de Hannah).
(A Carlos)​ ¿Quién es?
CARLOS: Ni lo sé, ni me importa.
CLAUDIO: ​(Imitando la voz de Carlos)​ ¡Vamos, inténtelo!
CARLOS: No conseguirá engañarme. Es la mano de Alessia. Estoy seguro.
HANNAH: Lo siento, se equivoca. Soy yo.
CARLOS: ​(Forcejea para soltarse)​ ¡No es verdad! ¡Usted miente!
HANNAH: ​ o, yo no miento.
​(Sin soltarle la mano) N
CARLOS: ​(Consigue liberarse y va hacia el fondo. Está histérico)​ ¡Miente! ¡Miente!
HANNAH: No. Yo no miento.
CARLOS: ¡Sí! ¡Sí!
HANNAH: No. No.
CARLOS: ¡Ahhhhhhh!
CLAUDIO: ​(A Hannah) Déjalo. Ahora le toca a usted, Hannah. Coja la mano de la persona
que está a su derecha.
HANNAH: No pienso seguir con este juego. Es una estupidez.
CLAUDIO: Vamos… ​(Coge la mano de Hannah y la pone sobre la de Alessia)​ ¿Quié es?
HANNAH: ​(Sin dudarlo)​ Es Alessia.
ALESSIA: Sí.
CLAUDIO: ¡Premio para la dama! ​(A Hannah) ¡​ Muy bien Hannah!
HANNAH: ​(Displicente) ​Era muy fácil.
CARLOS: ​(A Hannah) ¿Cómo ha podido usted acertar? (A Alessia) Ale, ¿cómo es posible
que Hannah conozca mejor tu mano que yo?
ALESSIA: ​Cálmate, Carlos.
CARLOS: ​¡Contéstame! ¡Quiero saberlo!
ALESSIA: ​¡Ya basta, cállate!
CARLOS: ​¡No quiero!

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ALESSIA: ​¡Eres un histérico!
CARLOS: ​¡Quiero irme a casa!
FURNIVAL: ​(Off desde el estudio) ​¡Los odio!
(Sale del estudio con la maleta o bolsa de viaje de Claudio. Sigue borracho y habla
de prisa y con rencor. Todos se asustan).
¡Los odio! ¡Odio esos supermercados llenos de carritos! ¡Carritos con niños, con
botellas, con latas, con repollos! ​(Señala a derecha e izquierda) ​Comida para
gatos por aquí, para perros por allá. Ambientadores de salón, de cocina, de cuarto
de baño. Leche entera, leche desnatada, leche en polvo. ¡Guisantes, espárragos,
judías, papel higiénico, preservativos! ¡Llévese lo que quiera y pague a la salida!
(Leve pausa) ¡​ La salida! ¡Esa es la peor! Cuando has terminado de comprar y
llegas a las cajas, ¿qué te encuentras? ¡A esas cajeras con aros enormes y
escotes desorbitados que te desnudan con la mirada y se ríen de ti porque eres
puro, decente y abstemio! ¡Padre, tú que estás junto al Señor, pídele que las borre
de la faz de la tierra! ¡Que acabe con ellas, con los escotes, con los tacones, con
el alcohol, con los cigarrillos y con los supermercados! ​(Rabioso, da golpes con la
bolsa en todas direcciones) ¡​ Fuera, arpías! ¡Fuera, degeneradas! ¡Fuera, paganos!
¡Esto es un infierno! ¡Dios salve a la Reina y a la Commonwealth!
(Agotado, cruza la habitación hasta que choca con Hannah).
HANNAH: ​(Le suelta y le dice muy amable) ¡​ Vamos, Ferny! Creo que ya es hora de que nos
vayamos a casa.
​ o
FURNIVAL: ​Sí, tienes razón. ​(Apoyándose en Hannah e intentando conservar su dignidad) L
siento, señora Viglione. Su millonaria se ha retrasado mucho. Preséntele mis
respetos, por favor. ​(Hace mutis apoyándose en Hannah).
ALESSIA: ​Desde luego.
​(Furnival casi tumbado sobre el brazo de Hannah se va. Alessia cierra la puerta
detrás de ellos).
​Gracias, Claudio. Muchísimas gracias.
CLAUDIO: ​A su servicio.
ALESSIA: ​No tenías ningún derecho.
CLAUDIO: ​¿No?
ALESSIA: ​Tú me abandonaste. ​(Se sienta con él en el sofá).
CLAUDIO: ​¿Eso es lo que hice?
ALESSIA: ​Dijiste que no me querías volver a ver.
CLAUDIO: ​Nunca te vi de verdad, en absoluto, ¿cómo podría abandonarte? Deberías vivir a
oscuras, Alessia. Es tu elemento natural.

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ALESSIA: ​No sé qué significa eso.
CLAUDIO: ​Significa que no quieres que nadie te vea en realidad. ¿Por qué, Alessia? ¿Crees
que si alguien te viera de verdad no te querría nunca?
ALESSIA: ​Oh, lárgate.
CLAUDIO: ​Quiero saberlo.
ALESSIA: ​Claro, tú siempre quieres hacerlo. ¡Escarbas, y escarbas, y escarbas! ¿Por qué,
Claudio? ¿Alguna vez has pensado por qué lo haces? ¿Y bien?
CLAUDIO: ​A lo mejor porque me importas.
ALESSIA: ​A lo mejor no debería importarte. Sólo soy un fraude de artista.
CLAUDIO: ​Deja de sentir lástima por ti misma, siempre ha sido tu hobby. Te lo dije cuando te
conocí: podías ser un gran artista o un fraude a la moda. No te gustó, porque me
negué a regalarte aplausos.
ALESSIA: ​¡Y que lo digas! ¡Desde luego que no me regalaste aplausos!
CLAUDIO: ​¿Es eso lo que te da él? ¿Veinte horas diarias masajeando tu ego?
ALESSIA: ​Al menos nuestra vida juntos no es una réplica de la Santa Inquisición como tú
hiciste con nosotros. ¡No tuve una aventura contigo, fueron cuatro años de folleteo
con Torquemada!
CLAUDIO: ​¡Pues bien que lo disfrutaste!
ALESSIA: ​¿Disfrutarlo? Odié cada segundo.
CLAUDIO: ​Sí, me acuerdo perfectamente.
ALESSIA: ​Cada segundo.
CLAUDIO: ​Lo recuerdo.
ALESSIA: ​Cuando te largaste a Finlandia fue el día más feliz de mi vida.
CLAUDIO: ​¡Y de la mía, también!
ALESSIA: ​Suspiré de alivio.
CLAUDIO: ​Y yo.
ALESSIA: ​Me fui a bailar esa misma noche.
CLAUDIO: ​Y yo. Vamos, iba tocando la pandereta, y la lira.
ALESSIA: ​Bien. Pues ya está.
CLAUDIO: ​Perfecto.
ALESSIA: ​¡Estupendo!
CLAUDIO: ​¡Maravilloso!
ALESSIA: ​Es genial verte tan feliz.

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CLAUDIO: ​A ti también. Radiante de realización personal.
​(Pausa. Se besan)
ALESSIA: ​Si te sentías así, ¿por qué has vuelto?
CLAUDIO: ​Si tú te sentías así, ¿por qué le dijiste al señor Hernández que los demás hombres
no cuentan, que soy único y que me quieres?
ALESSIA: ​¡Yo nunca dije eso!
CLAUDIO: ​Sí.
ALESSIA: ​¡Nunca!
CLAUDIO: ​¡Que sí!
ALESSIA: ​Claro que no. Tú te lo has inventado hace diez minutos cuando estabas actuando
como el señor Hernández.
CLAUDIO: ​No, yo… ¡Ah! ¡Lo dije yo!
​(Se ríen tontamente. Claudio se apoya felizmente contra el hombro de Alessia).
ALESSIA: ​¿Sabes una cosa? A lo mejor el señor Hernández tenía razón.
​(Durante esta conversación la jueza y su hijo han permanecido de pie,
sorprendidos y enfadados. Ahora, la jueza, airada, toma el control).
JUEZA: ​No hay duda de que esto os parece muy gracioso a los dos.
CLAUDIO: ​Pues sí, bastante, de hecho.
JUEZA: ​Sin embargo, yo no me divierto tan fácilmente, señorito.
ALESSIA: ​Mire, su señoría…
JUEZA: ​Contenga su lengua, joven, estoy hablando. ¿Usted sabe lo que le hubieran hecho
a una desvergonzada como usted en mi época por tratar a un hombre como tú has
tratado a mi gatito?
ALESSIA: ​Bueno, me imagino, su señoría…
JUEZA: ​Contenga su lengua, estoy hablando.
CARLOS: ​Oh, déjalo, mami. Vámonos a casa.
JUEZA: ​Un momento, gatito. Le voy a explicar una cosa delicadamente.
ALESSIA: ​Escucha, Carlos, puedo explicártelo…
CARLOS: ​¿Explicarme qué?
ALESSIA: ​Aquí es imposible.
JUEZA: ​Entienda, joven.
ALESSIA: ​Carlos, tú no lo entiendes.

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CARLOS: ​¿Qué demonios tengo que entender? Todo el tiempo que has estado conmigo él
estaba de fondo en todo, eso es lo que tengo que entender. ¿Qué es lo que
hacías? ¿Compararnos? ¡Toma!
ALESSIA: ​¿Qué?
CARLOS: ​Tu anillo, ¡Trágate tu maldito anillo! ​(Se lo tira a la cara)
(Alessia se agacha y se sienta en la mesa junto a Claudio. El anillo de la a la
Jueza en el ojo).
JUEZA: ​ uy gracioso,
​¡Estoy herida! ¡Me han dado en un ojo! ​(Claudio empieza a reírse) M
joven. Muy gracioso.
​(Alessia también se ríe. Claudio y Alessia se abrazan).
(Siniestra a Alessia) ​Señora Viglione.
​(Avanza a tientas hacia la mesa. Claudio y Alessia dejan de reirse).
​¿Sabe lo que le hubieran hecho a una desvergonzada como usted en mi época?
ALESSIA: ​¿Qué, señoría?
JUEZA: ​(Corrige su dirección al oír a Alessia) ​¡Azotarte!
​(Claudio y Alessia se levantan al mismo tiempo. Cogidos de la mano se escapan
arrastrándose).
ALESSIA: ​¿Azotarme, señora?
JUEZA: ​(Recalcando sus palabras) ​¡Su espalda se cubriría de sangre mientras el peso de
la justicia caería implacable sobre usted!
​(Mientras sigue hablando la jueza, Claudio y Alessia bailan un tango y van hacia la
puerta).
​¡Usted habría gritado, llorado, suplicado de rodillas pidiéndole perdón a mi hijo por
todos los insultos que el pobre ha soportado esta noche! ¡Su voz de bollera se
habría alzado pidiendo misericordia!
​(En ese momento, se oye un grito terrible que viene del piso de Hannah y que
cada vez lo oyen más cerca. Los dos bailarines se quedan petrificados. Luego se
separan y Claudio se sienta [al lado de la trampilla] mientras Alessia, nerviosa,
retrocede en diagonal hacia la corbata. La puerta se abre y entra Hannah. Viene
como una loca y trae una vela encendida).
HANNAH: ​(Finalizando su grito)​ ¡Oohh! ¡Tú! ¡Miserable!
ALESSIA: ​Hannah…
HAANNA:​ ¡Canalla! ¡Infame!
ALESSIA: ​ Qué te pasa?
​(Apartándose de Hannah) ¿

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HANNAH: ¿Sabes cómo está mi salón? ¿Lo has visto? ¡Mi salón! Lo más elegante y
cuidado de todo el distrito parece una tienda de trastos viejos de Portobello. Una
silla encima de la otra, otra por el suelo… Y, eso no es lo peor, ¿verdad, cerda?
¡Ni mucho menos!
ALESSIA: ​(Se deja caer en la mecedora)​ ¿Ni mucho menos?
HANNAH: No te hagas la inocente conmigo. Creí tener una amiga, después de convivir con
ella tres años. Me equivoqué: ¡No era una amiga, era una jodida ladrona!
ALESSIA: ​¡Hannah!
HANNAH: ​(Histérica) ​Te cuidé mejor de lo que se puede cuidar a una esposa. Por ti, he
barrido, quitado el polvo, cocinado, planchado, porque tú eres una marrana de
nacimiento. Y, ¿cuál a sido mi recompensa? Robarme mis mejores piezas para
impresionar a tu nuevo novio y a su madre? ¿O quizás, te ayudo él?
ALESSIA: ​Fue una emergencia, Hannah.
HANNAH: ​¡No digas nada! ¡No quiero saberlo! Ahora sé lo que piensas de mí. “No hay que
decirle nada de nuestro noviazgo a la pobre Hannah. No se puede confiar en ella.
No es una amiga. Solo es alguien a quien podemos robarle”
ALESSIA: ​Sabes que eso no es verdad.
HANNAH: ​(Grita) ¡Aahh! ​(Después, como una histérica, suspira) ¡​ Sé que para ti, soy el último
mono! ¡Lo sé! ¡Yo, que te he escuchado hasta la madrugada todas tus historias de
hombres, tristes historias que he soportado estoicamente! ¡Hora tras hora, como si
tú fueses la única que tiene problemas!
CLAUDIO: ​(A Alessia) ​Se está poniendo histérica, ignórala.
HANNAH: ​ ara mí ya no existes, Claudio. ​(A Alessia) En cuanto a ti, quiero
​(A Claudio) P
decirte algo acerca de tu compromiso: os merecéis el uno al otro, una
sinvergüenza y un cretino.
(Carlos da un grito)
¡Ah, estás ahí escondiendote en la sombra!
ALESSIA: ​(​A Hannah) ​¡Déjale en paz!
HANNAH: ​¡No pienso tocarle, me da náuseas! Lo único que quiero son mis cosas. Tú puedes
quedarte con el que ya no existe y con el estúpido. Alessia, dámelo todo o llamaré
a la policía.
ALESSIA: ​No seas ridícula.
HANNAH: ​(Como si no le hubiera oído) U ​ na exquisita lámpara de opalina blanca con una
guirnalda de oro, grabada en relieve.
ALESSIA: Está en la papelera.

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HANNAH: No puedo creer lo que estoy oyendo. Sigamos: un irremplazable sofá estilo
regencia con palas en forma de garra y tapizado en seda natural verde agua
ALESSIA: ​En el estudio.
HANNAH: ​Increíble. Un jarrón del siglo XVIII, de cantos dorados decorados con margaritas y
petunias.
ALESSIA: ​En el suelo.
HANNAH: ​En el suelo. ​(Coge el jarrón de debajo de la silla) ¡​ Incluso me robaste las flores!
¡Volveré a por el sofá y la lámpara dentro de un minuto! ​(Va hacia la puerta con
toda la dignidad posible) ​Este es el final de nuestra relación, Alessia. Espero no
volver a verte nunca.
(Al ver su gabardina sobre la mesa, va a cogerla. Como la gabardina tapaba al
Buda, este cae al suelo. No se oye volar una mosca. Hannah, lentamente, evalúa
los desperfectos del Buda. Por fín, habla con voz tranquila, llena de amenazas.)
Creo que voy a partirte en pedazos
ALESSIA: ​Cálmate, Hannah, por favor.
HANNAH: ​(Va hacia la escultura y al pasar ante Carlos, le deja, brutalmente, el jarrón en las
manos) ¡​ Voy a destrozarte! Por cada pedazo de Buda, una tuyo. Es lo razonable.
(coge una de las agujas de la escultura) ¡​ Pedazo por pedazo! ¡Trozo por trozo!
(Con una mano mueve la aguja como si fuera una espada y con la otra sostiene la
vela)
ALESSIA: ​¡Quieta, Hannah! ¡Te has vuelto loca!
JUEZA: ​(A Hannah) ¡​Muy bien, señora! ¡Llegó la hora del ajuste del juicio final. ​(Coge la
otra aguja).
(Hannah y la Jueza avanzan hacia Alessia)
ALESSIA: ​(En franca retirada) U​ n momento, Jueza. Sea razonable y no la anime.
Comportémonos como quien somos y no como salvajes. ​(A Hannah) ​¡Hannah,
apelo a tus convicciones! ¡Siempre has sido muy civilizada! ¡No te juntes ahora
con los altos cargos!
(Carlos tira al aire las flores del jarrón y las convierte en un arma. Siniestro, va en
busca de Alessia.)
CARLOS: ​¡Cógela, mamá! ¡Cógela! ¡Cógela!
ALESSIA: ​(A Claudio) ​¡Socorro! ¡Ayúdame!
(Claudio da un salto y apaga la vela. Toda la luz en el escenario).
JUEZA: ​¡Maldita sea!
(Alessia pasa por detrás de la Jueza y le da una palmadita en el trasero).

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Cuidado, hijo. Mantente fuera de mi alcance.
HANNAH: ​(A Carlos) ​Silencio, señoría. Podemos oír su respiración.
JUEZA: ​¡Bien visto! Muy inteligente, señorita.
(Silencio. Todos escuchan. Alessia procurando no hacer ruido se sube a la mesa y
ayuda a subir a Claudio. Hace que se coloque a su espalda. Hannah y la Jueza
pinchan y rasgan la oscuridad con sus armas y Carlos, con el jarrón en la mano,
busca la cabeza de Alessia. Pasan 20 segundos y se oye un golpe. Schumpeter
ha abierto la trampilla. Hannah y la Jueza avanzan cautelosos, hacia la trampilla.
Schumpeter baja al sótano, pero deja la trampilla abierta. Hannah y la Jueza de
puntillas, están a punto de llegar a la trampilla, cuando se oye en el descansillo del
piso un gran estruendo. Alguien ha tropezado otra vez con las botellas de leche.
Hannah y la Jueza cambian inmediatamente de dirección y van hacia la puerta de
la entrada. Siguen andando de puntillas, pero está vez más ligeros. Aparece
Georgina Bamburger. No hay duda de que es millonaria. Tiene un cabello cuidado
y lleva puesto un elegante abrigo, un sombrero y una orquídea. También lleva un
monóculo y un enorme aparato para sordos en el oído. Entra con mucho cuidado y
avanza por la habitación, cruzándose con Hannah y la Jueza, y pasa entre los
dos.)
BAMBURGER: ​(Hablando con acento alemán, lo más parecido posible al de Schumpeter)
¿Señora Viglione?
(Hannah y la Jueza vuelven a cambiar de dirección por tercera vez)
HANNAH: ​¡Otra vez el maldito electricista!
BAMBURGER: ​Por favor, ¿es usted?
JUEZA: ​ Arregló ya el
​¿Qué diantres quiere ahora? ​(Schumpeter aparece por la trampilla) ¿
apagón?
HANNAH: ​¿O es que piensa tenernos a oscuras toda la noche?
SCHUMPETER: ​No se preocupen. La avería está arreglada.
(Sale de la trampilla. Bamburger sigue buscando a Alessia)
HANNAH: ​¡Al menos una buena noticia!
BAMBURGER: ​Señora Viglione, ¿dónde está? ¿Por qué no hay luz? Se trata de una broma,
¿no?
​ ues, ésto no tiene gracia… El que yo sea extranjera no les da
SCHUMPETER: ​(Indignado) P
derecho a imitar mi acento.
BAMBURGER: ​(Autoritaria) ¡​ Señora Viglione! ¡He venido a esta casa con el solo objeto de
conocer sus esculturas!
SCHUMPETER: ​¡Gott in himmel!

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BAMBURGER: ​¡Gott in himmel!
ALESSIA: ​(A Claudio) ​¡Es él! ¡Bamburger!
CLAUDIO: ​¡Ha venido!
HANNAH: ​¡Ha venido!
JUEZA: ​¡Ha venido!
(Todos se quedan de [Link] va hacia la trampilla)
ALESSIA: ¡​No se preocupe, señora Bamburger! Hemos tenido un apagón, pero ya está
solucionado.
BAMBURGER: ​(Irritada) ¡​ Señora Viglione!
CLAUDIO: ​(A Alessia)​ Háblale más alto, es sorda.
ALESSIA: ​(Gritando) ¡No se preocupe, señora Bamburger. Hemos tenido un apagón, pero ya
está solucionado… ​(Ahora a Claudio)
(Bamburger está muy cerca de la trampilla)
¡Claudio, todo se va a arreglar! Justo en el último momento. ¡Se ha acabado la
pesadilla!
(Justo en esta frase, Bamburger se vuelve al oír a Alessia y cae por la trampilla.
Schumpeter con el pie cierra de golpe la trampilla).
SCHUMPETER: ​(A Alessia) ​¡Se terminaron sus problemas! ¡Cómo Jehová en la biblia, yo os
doy el más maravilloso regalo de la creación! ¡La luz!
CLAUDIO: ​¡La luz!
ALESSIA: ​¡Gracias, Dios mío, gracias!
HANNAH: ​(A Alessia) ​¡Si yo fuera tú, no le daría las gracias tan pronto!
JUEZA: ​(A Alessia)​ ​¡Y, si yo fuera usted, tampoco se las daría tan pronto!
CARLOS: ​(A Alessia) ​¡Ni yo, si fuera tú!
SCHUMPETER: ​(Solemne) ¡Entonces, agradézcanmelo a mí! ​(Da unas palmas) ¡​ Atención a
todos! Dios dijo: “Hágase la luz” y se hizo. ¡Gracias a él disfrutamos eternamente
de la luz!
(Schumpeter con un ademán muy teatral da al interruptor y la escena queda
completamente a oscuras. El tocadiscos vuelve a funcionar y escuchamos “in
crescendo” la Cabalgata de las Valkirias, mientras cae el telón).

FIN

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