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La Iglesia en Oracion Cap Ii PDF

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SECCION SEGUNDA LA CREACION DE LOS FORMULARIOS Y LA ORGANIZACION DE_LOS RITOS DESDE EL SIGLO IV HASTA EL VIII La liturgia de la misa tenia que adaptarse a los espacios mas amplios en que se celebraba 0, mas exactamente, al crecimiento de las asambleas que se veia favorecido con el final de las perse- cuciones. Los gestos esenciales de la eucaristia seran orquestados dentro de un conjunto de ritos destinados a ponerlos de relieve y a destacar su significado. Progresivamente la celebracion se ira re- vistiendo de mayor amplitud, que tomar sus modos de expresién de los usos de la sociedad profana, mientras los obispos se iran convirtiendo en personajes oficiales del Estado constantiniano, ro- deados de los mismos honores que los magistrados, como los sacerdotes del paganismo antiguo. Pero esa evolucién adoptaré formas diversas segiin la cultura propia de las diversas regiones del imperio o de las comarcas orien- tales substraidas a la hegemonia romana. Se constituiran las gran- des familias livdrgicas, acusando una pluralidad de aspectos en la accién eucaristica, sin renegar de la herencia de los primeros si- glos, que sigue asegurando su unidad fundamental. mismo tiempo, las oraciones, transmitidas por la tradicion oral, empiezan a ponerse por escrito y a circular de una comu- nidad a otra, lo cual provoca legitimamente la vigilancia de los concilios locales, como el de Hipona de 393: «Si alguien —ordena el citado concilio— copia para si mismo un modelo venido de fuera, que no lo utilice antes de haberlo sometido al juicio de her- manos mis instruidos»'. Y los obispos compondran a veces o 1. Concilio de Hipona, del 8 de octubre de 393, can. 21b, en Breviarium: Hipponense; ed de C. Monten, Conclia Africae, 1974 (CCL 149), p. 39. Observemos que la Iglesia de Alvica fue la primera que utiliz6 la lengoa latina. En Roma debemos esperar por lo menos 4 mediados del siglo mt. Hip6lito redacté sus formularios en griego y el epitafio latino més antiguo para un papa es el de san Cornelio (+ 253). 349 ~ Lamisa desde el siglo tv hasta el vir adaptaran formularios para uso de su Iglesia, los cuales, una vez redactados, empezaran a difundirse en forma de pequefos fasci- culos muy parciales o /ibelli. Con el tiempo, esas notas disemi- nadas se reuniran en compilaciones. § 1. Sacramentarios y Ordines BIBLIOGRAFIA Textos més importantes a) Romanos Sacramentarium Veronense (Cod. Bibl. Capit. Veron. LXXXV [80]), ed. de L.C. ‘Moritaerc - L. ErzennOrex - P. Sirrkin, Herder, Roma 1956 (REDFM 1). Reimpr. 1966, 1978. : Liber sacramentorum Romande Aeclesiae ordinis anni circuli (Sacramentarium Gelasianum), ed. de L.C. Movers - L, Erzenuorer - P. Siri, Herder, Roma 1960 (REDFM 4). Sacramentaire grégorien, ed. de J. Desnussts, 3 vols., Friburgo 1971 (71979), 1979, 1982 (Spicilegium Friburgense 16, 24, 28). Ordines Romani, ANDRIEU OR, t 1. b) Galicanos Missale Gallicanum vetus (con las siete misas de Mone), ed. de L.C. MOHLBERG, Herder, Roma 1958 (REDFM 3). Missale Gothicum, ed. de L.C. Moutpers, Herder, Roma 1961 (REDEM 5). Missale Francorum, ed, de L.C. MoniserG, Herder, Roma 1957 (REDFM 2). ©) Hispanicos Liber ordinum, ed. de M. Férotin, Didot, Paris 1904 (Monumenta ecclesiae litur- gica 5); ed. de J. Janint, 2 vols., Silos 1981 y 1991. Liber mozarabicus sacramentorum, ed. de M. Féromin, Didot, Paris 1912 (Mo- numenta... 6). Oracional visigético, ed. de]. Vives, Barcelona 1946 (Monumenta Hispaniae sacra, Series liturgica 1). ~~ Missale hispano-mozarabicum, Arzobispado de Toledo, 1991. Estudios » sur les sacramentaires romains, t. 1, Ciudad del Vaticano 1949 a . a ‘. (Geudi di antichita cristiana 20), t. 2, Presses universitaires Laval, Quebec 1952, 1. 3, Ciudad del Vaticano 1960 (Studi di antichit’ cristiana 25). 350 Sacramentarios y Ordines ‘A. Cuavasst, Le sacramentaire gélasien (Vat. Regin. 316), Desclée, Tournai 1958 (Bibliothéque de théologie, sér. 4, vol. 1). J. Desnusses, Les sacramentaires, état actuel de la recherche, ALW 24 (1982) 19- 46. Los libros littirgicos que contienen las oraciones presidenciales se conocen en Occidente con el nombre de Sacramentarios y, ge- neralmente, en Oriente, con el de Eucologios (evyoioyiov)’. La tradicién latina se especifica por el caracter variable de los for- mularios, lo que da a sus compilaciones una importancia parti- cular. En Roma, el mas antiguo que nos ha llegado, el llamado equi- yocadamente «leoniano», es una simple coleccion de libelli® que se juntaron para conservarlos y utilizarlos, pero que nadie se preo- cup6 de organizar: hay varias misas para el mismo dia y no se intent6 completar las lagunas. Era una primera etapa, que no po- dia satisfacer del todo. Con el tiempo se van constituyendo libros que siguen el orden del afio littirgico y pretenden responder a cada una de las cele- braciones del calendario. Se manifiestan dos tradiciones: la lla- mada «gregoriana», para las funciones presididas por el papa, y la llamada «gelasiana», que afecta a los usos de las iglesias cuyo ce- lebrante es un presbitero’. Las demas Iglesias de Occidente crearon libros similares. Los que nos han llegado de Espafia y de Milan son mis recientes, pero conservan piezas que se remontan a una época antigua; en cuanto a las compilaciones galicanas, las conocemos bajo una forma ya contaminada por textos tomados de la liturgia de la ciudad eterna. Sin embargo, a través de estas compilaciones, llegamos a descubrir las riquezas propias de esas tradiciones venerables, en que la ora- cién cristiana se expresa en el marco de una cultura y de una men- talidad originales. Mis tarde, aparecen los Ordines. Son guias que describen el detalle de las ceremonias, que sirvieron a los que no estaban fa- miliarizados con las costumbres romanas, cuando éstas fueron 2. Euchologe dit de Sérapion, ed, de F.X. Funk, Didascalia et Constitutiones apostolorum, Schoe- ringh, Paderborn 1905, t. 2, p. 158-195. Cf. A. Srairnuarren, The Barberinum S. Marci of Jacques Goar, EL 4? (1933) p. 329-367; A. Jaco, Les Euchologes du fonds Barberini de la Bibliotheque Vaticane, «Di- daskaliaw 4 (1974) 131-210. 3. El Sacramentario «leoniano» o de Verona fue descubierto con un manuscrito del siglo vin con servado en dicha ciudad (Cod. Bibl. Cap. Veron. LXXXV [80)). Los formularios van desde la época de Gelasio (492-496) 2 la de Vigiio (537-585), y quizd algunos son mas antiguos. 4. CE. La Iglesia en oracion, parte I. Sone - La misa desde el siglo 1v hasta el vit exportadas’, El Ordo I, tal como lo tenemos, es copia de un mo- delo venido de Roma, realizada, sin duda con algunos retoques, en los Estados de Pipino el Breve. El Ordo III es un conjunto de notas o de codicilos que completan el anterior; los dos primeros fragmentos fueron ciertamente redactados a orillas del Tiber y los demas en un ambiente en que se conocian los usos galicanos. ‘Alfinal-del-periodo que estudiamos aparece otro tipo de obra, que gozaré de gran predicamento en los siglos posteriores; son las explicaciones mas 0 menos alegéricas de los ritos de la misa, que también nos descubren preciosas indicaciones. Sin hablar de los escritos-mé[Link] Pseudo-Dionisio, citemos la Expositio antiquae liturgiae gallicanae, falsamente atribuida al obispo Ger- man de Paris y, para el Oriente bizantino, el comentario de san Germén de Constantinopla®. La organizacién de los libros litirgicos se fue haciendo pro- gresivamente y debemos esperar a los siglos VIly Vill para que esta obra, empezada en el siglo tv, llegue a su cumplimiento. Es el periodo que debemos estudiar, para asistir a la evolucion de la liturgia de la misa. Recordemos, sin embargo, que la celebracién es el acto de un pueblo vivo, del que no pueden dar cumplida cuenta los formularios escritos o las notas de los ceremonieros. § 2. La participacién del. pueblo BrBLIOGRAFIA R. Hierzeccer, Collecta und Statio. Stationsprozessionen im frien Mittelalter, ZKT 60 (1936) 511-554. La participacin activa del pueblo cristiano en las asambleas 0 synaxeis marco profundamente la vida de la Iglesia de los tiempos constantinianos y continud siendo una realidad importante en los siglos siguientes, aunque ciertas funciones tendieran a quedar aca- paradas por grupos de personas més experimentadas, como las scholae cantorum. Sus manifestaciones son a veces incluso des- 3. La coleccién de los Ordines romani fue publicada por J. MABILLON, Musei Italics tomas IT, com= plectens antiquos libros rituales sanctae Romanae ecclesize, cum commentario pracvio in Ordinem Rome vam, apud viduar E. Martin, Paris 1689 (PL 78, 8518s). Una nueva publicacién se debe a M. ANDRED, Los ‘O'dines més antiguos, en pequefio niimero, son auténticamente romanos. Para la misa: OR TY OR 3 [Link], t. 2, p, 65-108 y. 129-133, 's, Perupo-Dioniso, La Jerarquia eclesidstica, 3, PG 3, p. 424-445; PseuD0-Grawn, véase infra p. 362, noes 16; san GeRMAN DE CONSTANTINODLA, ed. de N. Bonci, 11 Comentario licwrgico di S: Ger- mano, Grottaferrata 1912, 352 Participacién del pueblo bordantes, de modo que las homilias de los Padres, sobre todo de Juan Crisdstomo, se ven obligadas a llamar al orden y a la disci- plina en el transcurso de las celebraciones. Los testimonios que podriamos presentar de esa vitalidad litirgica son tan numerosos que es imposible ofrecer un cuadro satisfactorio. Limitémonos a evocar la oracién de la comunidad de Jerusalén, descrita con en- tusiasmo_en_ el Itinerario de Egeria’, a finales del siglo 1v y prin- cipios del v: vemos que el pueblo acude a las iglesias iluminadas, por la mafiana y por la tarde, con numerosas lamparas, donde los monijes y las virgenes han estado antes para cantar himnos, anti- fonas y salmos. Vemos la procesién de los ministros y de todo el clero de las basilicas escoltando al obispo que entra para celebrar los santos misterios; oimos a los nifios que meten mucho ruido cantando los Kyrie eleison y a los lectores que proclaman los pa- sajes de la Escritura, siempre apropiados al dia y al lugar; adver- timos los gritos, los gemidos y las lagrimas de los participantes cuando se lee el relato de la pasion y resurreccién del Sefior. Es- cuchamos al obispo que hace la homilia en griego, mientras un presbitero la va traduciendo al siriaco y algunos hermanos y her- manas, en la asamblea, dan explicaciones en latin a los que no hablan mas que esta lengua. Vemos cémo el pueblo se apretuja para comulgar. Estamos atentos a las moniciones de los diaconos que dirigen la oracién de los fieles, los invitan a inclinarse para recibir la bendicién del presidente o los despiden sin olvidar de convocarlos para la préxima reunién. Seguimos con los hombres y mujeres de todas las edades la procesién que, desde uno de los santos lugares, se dirige a la iglesia donde se celebraré la eucaristia, avanzando pausadamente, si el recorrido es largo, para no cansar a la multitud. Sin duda se trata de un caso privilegiado, ya que estamos en una ciudad de peregrinaciones, pero hallamos una par- ticipacién similar, con algunos matices, en Antioquia, en Hipona, en Arlés. En Roma, ello se traduce en la misa «estacional» del obispo. La palabra statio* designa una asamblea convocada con anterio- ridad para un dia y un edificio determinados; todo el clero de la ciudad rodea a su obispo; los fieles de las diversas partes de la 7. Ttineravium Egeriae, n. 24-49; ed. de A. Franc ed. y rad. cast,, A. Arce (BAC 416), p. 254-32 ‘8. La palabra statio fue utilizada por los eristianos desde el siglo n para designar un ayuno péblico. ‘Pero san Cipriano ya la usa para indicar reuniones de la comunidad que no son necesariamente livirgicas (Epist. 44, 2, od. de L. Bavaro [Budé}, t. 2, Paris 1925, p. 1115 ef. p. 113. Véase tambien el Libellus de los adversatios de Damaso, PL 13, 81 y 83). Esta acepcién se aproxima al sentido profano clasico. sciat - R. Wenen, 1965 (CCL 175), p. 67-905 353 La misa desde el siglo rv hasta el vir ciudad estan mas 0 menos representados. Las estaciones mas anti- guas y esenciales tienen lugar en Letran, pero numerosas basilicas urbanas o cementeriales reciben de vez en cuando esa peregrina- cién de la Iglesia local, que esta ya vinculada al curso del aio litargico’. Es esta asamblea la que describe el ceremonial simple y grandioso del Ordo I: el papa preside la reunién de su pueblo para la-eucaristia, rodeado de su presbiterio, asistido por los didconos y numerosos ministros, con la participacién de los dignatarios de la corte pontificia. La misa «estacional» es como el modelo de to- ‘das las liturgias, que subsistira a través de los siglos y sera puesta de-relieve-por-el-concilio Vaticano U: La principal manifestacién de la Iglesia se realiza en la participacién plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litirgicas, particularmente en la misma eucaristia, en una misma oracién, junto al nico altar donde preside el obispo, rodeado de su presbiterio y ministros". 9, El Leccionario de Wirzburgo (s. Vu) es el wstimonio mas antiguo que poseemos de Ja lista dé Jas estaciones: G. Monin, Liturgie et basiliques de Rome ax milien du VII siécle, RBén 28 (1911) 296- 330. En ciertos dias, particularmente en cuaresma, una procesién conducia al clero y al pueblo a la basilica estacional partiendo de otra iglesia en la que se reunian y que se llamaba Collecta. 10. 8641. 54 Capitulo primero LOS RITOS DE ENTRADA BIBLIOGRAFIA J.A. JUNGMANN, Missarum sollemnia, t. 2, Aubier, Paris, 6-152; trad. cast., El sacrificio de la misa, Catélica, Madrid 41965 (BAC 68), p. 343-499. P.E. GEMAYEL, Avant-messe maronite. Histoire et structure, 1965 (OCA 174). La descripcién de la misa dominical que hace san Justino a mediados del siglo 1 empieza con las lecturas. No hay mas rito de entrada que la reunién de los fieles, cuya importancia queda destacada’. § 1. La entrada del presidente y su saludo a la asamblea BrBLioGRAFiA W.C. Van Unnik, Dominus vobiscum, The Background of a Liturgical Formula, en Studies in Memory of Th.W. Manson, University press, Manchester 1959, p. 270-305. B. EacER, The Lord is with You, «Scripture» 12 (1960) 48-54. H, Astwortn, Et cum spiritu tuo, «The Clergy Review» 51 (1966). M. THEURER, Ee cum spiritu tuo. Zur biblischen und liturgischen Bedeutung des Ausdrucks, en Theologie der Gegenwart 8-9, 1965-1966, p. 104-105. J. Licuver, «Et avec ton esprit», en Mens concordet voci, t. 2, Mélanges littr- giques offerts @ Mgr. Martimort, Desclée, 1983. 1. Ch suprayp. 321s. 355 La misa desde el siglo 1v hasta el vit J, LA ENTRADA DEL CELEBRANTE Y LA VENERACION DEL ALTAR El primer elemento que aparece, sin duda a lo largo del si- glo 1, es la entrada del celebrante en la basilica, que adquiere muy pronto el tono de un cortejo solemne. La evolucién posterior de la liturgia romana hard que se lleve un incensario y los cirios des- tinados a rodear -la-mesa del sacrificio. Los textos mas antiguos no mencionan explicitamente una ve- neracion al altar, el cual, sin embargo, desde la época de san Am- brosio, es considerado como simbolo de Cristo. El obispo, segtin el Ordo I, la realiza con-un beso, después de haberse prosternado en un reclinatorio (oratorium) y recogido unos instantes. La llegada del presidente viene doblada por la entrada y en- tronizacion del Evangeliario, que la precede en la liturgia romana a partir de los siglos vi-vul; junto con el altar, el papa saluda el libro que esté sobre él. Pero esta dualidad no persistird y el evan- gelio sera Ilevado por un didcono en la procesion de los ministros. En la mayoria de los ritos orientales, y sobre todo entre los bi- zantinos, los honores tributados a la palabra de Dios oscurecieron el acceso del sacerdote al santuario: es la «pequefia entrada» que introduce y presenta a la asamblea la «sabiduria» de Dios que viene a instruir a su pueblo. TI. ELSALUDO DEL PRESIDENTE Y LA RESPUESTA DE LA ASAMBLEA Las primeras palabras que pronuncia el presidente de la asam- blea es el saludo que intercambia con la misma, volviéndose hacia ella. San Agustin, al contar en 426 una curacién producida un dia de Pascua justamente antes de empezar la misa, se expresa asi: Nos dirigimos al pueblo. Estaba la iglesia de bote en bore. Resonaban las voces de jabilo y solamente se ofan de aqui y de allé estas palabras: «jGracias a Dios! jBendito sea Dios» Saludé al pueblo y se oy6 un nuevo clamor atin mds ferviente. Por fin, ya en silencio, se leyeron las lecciones de la divina Escritura’, No habia, pues, canto de entrada y la liturgia de la palabra empezaba inmediatamente después del saludo. Criséstomo, por FS Acumin, De Civitate Dei, XXM, 8, 22, cit. segin Obras de san Agustin, vol, XVI-XVID, Catélica, Madrid 1958 (BAC 171-172), p. 1658, Cf. S. Juax Cxisostomo, In Mat. Hom. 12, 65 PG 50, ols, 384-383: «La iglesia es la casa de todos. Cuando vosotros nos habéis precedido en ella, entramos nosotros mismos... y cuando digo “Paz a todos”, respondéis: “Y a tu espiritu®.» 356 Ritos de entrada su parte, se queja del ruido que llena la iglesia, mientras «el Pre sidente implora la paz, como aquel que entra en Ja casa paternap’. «Paz a vosotros» (0 «a todos»), ésta es la formula que hallamos en Antioquia y Constantinopla, pero también hallamos en Occi- dente y Egipto: «El Sefior esté con vosotros.» La respuesta es uni- yersal: «Y en (o «con») tu espiritu.» Esta expresién, como la del celebrante, [Link] [Link]-y normalmente deberia traducirse en latin y en griego con un simple: «Y también contigo.» Sin em- bargo, a pesar de la gramitica, no se hizo asi. Hallamos la raz6n de ello en los comentarios patristicos: «...llama “espiritu” no al alma-que-esté en-el sacerdote, sino al Espiritu que éste ha recibido por la imposicién de manos»*. Asi la asamblea se constituye como presidida en nombre del Sefior, respondiendo a una convocacién procedente de Dios, imagen de una Iglesia cuya cabeza, significada por el ministro, es Cristo. § 2. La evolucién de los ritos de entrada en la liturgia romana I. EL CANTO DE ENTRADA BIBLIOGRAFIA P. Wacner, Origine et développement du chant liturgique, Desclée, Paris 1904, p. 68-78. R.J. HEsBert, Antiphonale missarum sextuplex, Vromant, Bruselas 1935. C. CaLLewAERT, Introitus, EL 52 (1938) 484-489. J. Frocer, Le chant de Vintroit, EL 62 (1948) 248-255. La Antiphona ad introitum, que segin el Ordo I’ data del si- glo vill o quiza de fines del vu, es una pieza funcional: empieza cuando se inicia la entrada de los ministros y termina cuando acaba la procesién. La antifona va acompafiada de un salmo con tantos versiculos como sean necesarios; mas tarde el canto se reducira, sin duda a causa de las melodias mas solemnes que rodearan la antifona y ampliaran su duracién, mientras que el desplazamiento de los celebrantes tenderé mas bien a abreviarse. Este elemento vocal existia antes de la mitad del siglo v1, pues fue entonces SS TuAn Crisostomo, In Ep. I'ad Cor. Hom. 36, 5; PG 61, col. 313, 4. Nassay De Nistse, Hom. XVI; ed. de R. Conwotty, The Liturgical Homelies of Narsat, Uni- versity Press, Cambridge 1909 (TS VIII,1), p. 8. 5. OR, 44-49, Anprizu OR 2, p. 81-83 357 La misa desde el siglo 1v hasta el vitt cuando se redacté la noticia —sin valor histérico— del Liber Pon- tificalis que lo atribuye al papa Celestino 1 (+ 432)°. En los libros de canto romanos, el Introito, gracias a los textos escogidos, da el tono a la celebracién, introduciendo en el espiritu de la fiesta o del tiempo litargico. La costumbre de designar una misa por sus primeras palabras obedecia a algo més que a un in- terés practico: Asi; la primera pieza que se presenta, el Ad te le- vavi del primer domingo de Adviento, nos pone ya en el clima de confianza serena que caracteriza la preparacion de la Navidad: de- jandose Ievar por las palabras que la melodia incrusta en la me- moria; la-oracién-concuerda con la de la Iglesia que espera el re- torno del Sefior: «...Los que esperan en ti no quedan defraudados» (Sal 24). Los dias que no tienen un caracter tan destacado, como los domingos ordinarios, van mostrando progresivamente los di- versos matices del salterio y hacen penetrar a los cristianos en la alabanza y la suplica del pueblo de Dios. Il. La oraciOn BIBLIOGRAFIA M. Carpuyns, La portée religieuse des collectes, SL 6 (1928) 93-103. B. CaPELLe, Collecta, RBén 42 (1930) 197-204 (= Travaux liturgiques, t. 2, p. 192-199). P. [Link], Les oraisons du missel romain, texte et histoire, Mont César, Lo- vaina 1952, 2 vols. (Etudes liturgiques 1) K. Gamper, Oratio ad collectam. Ein Beitrag zur rémischen Stationsliturgie, EL 82 (1968) 45-47. ‘A. Dumas, Les sources du nouveau missel romain, 73 (1972) 183-192 (Mélanges offerts d Mer Griffe) 17, Cf. Antifonario de Leén, La livurgia mozarabe del siglo xvi sustituiré esta apelaci6n por ls de nist principios del siglo. Avito de Vienne, que lo cita como oriental, hablaria del mismo de otro modo: Epist. 3 ad Gondebaldwm regem, PL. 59, 210-212. “9. Greconto De Touts, Historia Francorum VIII, 7; ed. de H. Owonr - G. Cotton; Picard, Paris 1913, p. 308 362 Ritos de entrada § 4. La evolucién de los ritos de entrada en las liturgias orientales BIBLIOGRAFIA J.M. HaNssens, Institutiones liturgicae de ritibus orientalibus, t. 3, Pont. Univ. Gregoriana, Roma 1930, p. 1-156. A. Rass, Introductio in liturgiam orientalem, Pont. Inst. Oriental, Roma 1947, p. 62-75. Es en los siglos vi y vil cuando los ritos de introduccién a la misa conocieron sus primeros desarrollos. $6lo podemos hablar de lo mas esencial. _ I. Ex TRISAGION Y EL TROPARIO ‘O Movoyevis Es sin duda la pieza ms antigua del principio de la liturgia: “Aytos 6 Oe6s, &ylog ioxyveds, &yLos dBGvatOG, éhEnooV Aas. En los primeros afios del siglo vi, Avito de Vienne mencionaba esta costumbre oriental inter missarum initia”. Incluso cita el texto con el aftadido del inciso 6 otaveweic SV hud, «Ta, que fuiste crucificado por nosotros», que metié tanto ruido entre los griegos, ya que no les parecia ortodoxo: daban, en efecto, a dicho canto una significacién trinitaria y la adicién adquiria un matiz monofisita. Sea cual fuere el fundamento de este juicio, de hecho la clausula incriminada sélo se conservé entre los jacobitas y los armenios. En todo caso, este himno tuvo una gran fortuna en todas las Iglesias de Oriente, en las que se pone en relacién con el libro de los evangelios. Este es llevado al principio de la celebracién de la palabra y colocado sobre el altar, mientras resuena el Trisagion. Dicho rito sera solemnizado entre los bizantinos”'. En Siria orien- tal, el movimiento se dirige hacia la mitad de la nave y el Evan- geliario se coloca sobre el Biya”, siempre con el canto del “Aytos. 20. Cf. supra, p. 362 y nota 18, El Trisagion habria sido enseftado por angeles a un nifio en Cons- tantinopla bajo el episcopado de Proclo (434-446). Juan Damasceno, al referir esta leyenda, aiade que dicho himno se cant6 en el concilio de Caleedonia en 451, pero no dice que fuera en la misa: De fide orthodoxa 3, PG 94, 1021. 21. Es la «pequetia entradav; cf. infra, p. 366. __22. EL Bina, entre los sirios orientales, es una especie de podio situado en el centro de Ia iglesia, nde se sitdan los durante In primera parte de la misa. El mismo vocablo designa entre los bizantinos el santuario: cf, J. DAUVILLIER, L'ambon ou béma dans les [Link] l'Eglise chaldéenme et de PE glise syrienne aimoyen age, «Cahiers archéologiques» 6 (1952) 11-30. 363 La misa desde el siglo 1v hasta el var Este, entre los coptos y etiopes, ser4 ejecutado —aunque ello no parece primitivo— antes del evangelio, pues es entonces cuando tiene lugar la procesién. En el origen, el libro era llevado en el cortejo de los ministros que entraban en la iglesia, pero luego ab- sorbié toda la importancia, dejando en la sombra la entrada del celebrante acompaiiada por el himno. Hacia-el-aiio-535, segiin-parece*, los bizantinos afiaden otro elemento, quizd primero en ciertos dias en que la procesién era més importante: se trata del Sal 94 con el tropario ‘O Movoyevijs. Es un segundo canto de entrada: Oh Hijo unigénito y Verbo de Dios, que siendo inmortal te dignaste por nues- tra salvacidn tomar carne de la santa madre de Dios y siempre virgen Maria; sin sufrir cambio alguno te hiciste hombre y fuiste crucificado, oh Cristo Dios, y conculcaste la muerte con tu muerte. Ta, que eres uno de la Santa Trinidad, glo- rificado juntamente con el Padre y con el Espiritu Santo, silvanos. IL La oraciOn Entre esos dos cantos se inserta una formula presidencial que, por su forma y espiritu, es diferente de las colectas romanas™. Esta oracién va precedida de una breve letania. ;No seria, en el origen, una simple invitaci6n diaconal: Tov Kugfou denPapev, «Rogue- mos al Senior», a la que la asamblea podria haber respondido con un Kyrie eleison y que habria introducido la intervencién del ce- lebrante? Todos estos elementos, que hacen retroceder el saludo inicial, estan en uso a fines del siglo vu, antes de que continie la evolucién de esta parte de la celebracién por medio de la acumulacién com- pleja y embrollada de aportaciones de origen diverso. ‘BS. Seria el emperador Justiniano quien lo habria introducido, Cf. Theophanis chronologia, Leipeig 1885,-p.-92;-cf. V. GRUMEL, L’auteur et la date de composition dw tropaire O- Monogenés, en «Echos Orient» 22 (1923) 398-418. 24. Es la coracién del Trisagion». Cf. en Egipto, Euchologe de Sérapion, 1 (primera oracién del domingo), ed. de F.X. Funx, Didascalia, t. 2, p. 158, 364 gah. « * i a Capitulo segundo LA LITURGIA DE LA PALABRA BIBLIOGRAFIA, M. Richetti, Manwale di storia liturgica, t. 3, Ancora, Milin 71956, p. 200-2605 trad. cast., Historia de la liturgia, t. 2, Catdlica, Madrid 1956 (BAC 144). J. JUNGMANN, Missarum sollemnia, t. 2, Aubier, Paris 1952, p. 153-270; trad. cast., El sacrificio de la misa, Catolica, Madrid *1965 (BAC 68), p. 500-624. La Biblia fue el primer libro litargico y el Gnico durante cerca de tres siglos. Las lecturas se tomaban en el lugar donde se habian interrumpido en la reuni6n anterior y proseguian hasta que el pre- sidente daba la orden de pararse. Es la lectio continua. Sin embargo, el marco de esta parte de la celebracién es una herencia de los usos de la Sinagoga y, al igual que éstos hacian que se leyesen sucesivamente la Torah y los Profetas, la liturgia cris- tiana incluye varias lecturas sacadas de las diversas partes de la Escritura. En la Iglesia universal se impuso la costumbre de ter- minar con el Evangelio, el cual constituye una cumbre que pro- yecta su luz en los demas escritos del Nuevo Testamento que han sido leidos antes. Y éstos, a su vez, vienen, como su «cumpli- miento», después de «la Ley de Moisés, los Profetas y los Sal- mos»!. En cuanto a la homilia, realiza el siguiente anuncio: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura escuchado por vos- otros». Asi se revive lo que Jesus hizo en la sinagoga de Nazaret, pues «él esta presente en su palabra, cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura»’. 365 La misa desde el siglo 1v hasta el vit § 1. El libro y el ambon BIBLIOGRAFIA M. RiGHErn, Manuale di storia liturgica; t. 1, Ancora, Milan *1964, p. 299-306 y 469-473; trad. cast., Historia de la Liturgia, t. 1, Catélica, Madrid 1955 (BAC 132). Cuando empieza a constituirse el afio livargico, la lectio con- tinua queda interrumpida, en ciertos dias, por la seleccién de pa- sajes adaptados a la fiesta celebrada. Para conservar la indicacion de esas pericopas 0 extractos de la Escritura aptos para las diversas circunstancias se tiene necesidad de una «guia de lectura» 0 comes. Concretamente, se trata o bien de notas marginales en el ejemplar de la Biblia que se usa en la iglesia, o bien de una lista puesta al principio o ad final del volumen, con la indicacién de las primeras y ultimas palabras de cada secuencia: es lo que se llama, en los paises de lengua latina, un capitulare. [Link] tarde apareceran los leccionarios que reproducen, siguiendo el orden del calenda- rio, los pasajes que hay que leer en Ja asamblea. El libro incluye generalmente varios tomos y el que contiene los evangelios esta rodeado de particular respeto y veneraci6n. En la misa romana del siglo vurtera llevado al altar antes que entrase el obispo y en Constantinopla, en la misma época, «la entrada del evangelio representa la llegada del Hijo de Dios»; es el primer tes- timonio de la «pequeia entrada»’. Pero, por importante que sea, el libro no adquiere su signifi- cacién plenaria hasta el momento en que se abre a la vista de todo el pueblo, que se dispone a recibir sus palabras de vida. Aqui tam- bién la celebracién cristiana hunde sus raices en el Antiguo Testamento’ y el lector se sitiia en un lugar elevado para ser visible a todos y aparecer como un signo de la voz del Seftor*: el ambon, situado ante la asamblea, 0, como en las iglesias sirias, en medio de la nave, es uno de los polos de la liturgia, distinto del altar y que pone de relieve la significacion propia de este momento de la acci6n sagradas ered TOS GeamAn ve Constanmnorta, Exegesis 4, ed, de N. Borcia, Il commentario licurgico di sam Germano, Grottaferrata 1912, p. 21 5. Cf, Neh 8. eS Cipniano, Carta 39, 45 ede de L Bavaro, t. 1, Belles Letes, Paris 1925 (G. Budé), p. 99: (8 propésito de un confesor que instuy6 como Tector) «Sélo quedaba hacerle subir al erabén-- pars. nee unto en est lugar elevado, visible por todo el pueblo, como conviene asus méritos, lea Js enechansds y el evangelio del Sefior...» Cf. Carta 38, 2, ibid., p. 96. Cf. trad, cat. de T. BELLPUiG en Epistolari de 7 nt Cebria, Ty Barcelona 1929 (Fundacié Bernat Metge), p. 102 y 99. 366 Liturgia de la palabra § 2. La proclamacién de las Escrituras BIBLIOGRAFIA Comes de Wiirzbourg, ed. G. de Morin, Le plus ancien Comes on lectionnaire de l’Eglise romaine, RBén 27 (1910) 40-74. F.C. Burkitt, The Early Syriac Lectionary System, «Proceedings of the British Academy» 10 (1923) 301-338. B.-Carette, Note-surle lectionnaire romain de la messe avant saint Grégoire, RHE 34 (1938) 556-559 (= Travaux liturgiques, t. 2, p. 200-203). Liber commicus; ed. de J. PEREZ DE URBEL - A. GONZALEZ, Madrid 1940-1955 (Monumenta Hispaniae sacra, ser. liturg. 2 y 3). P. SALMON, Lectionnaire de Luxeuil, Ciudad del Vaticano 1944 (Collectanea bi- blica latina 7)- ~ G. Kunze, Die gottesdienstliche Schriftlesung, 1: Stand und Aufgaben der Peri- ‘kopenforschung, Vandenhoeck und Ruprecht, Gotinga 1947. A. CHavasse, Les plus anciens types du lectionnaire et de Vantiphonaire romains de la messe, RBén 62 (1952) 3-94. ‘M. Hayex, Liturgie maronite, histoire et textes, Mame, Paris 1964. P.M. Gy, La question du systéme de lectures de la liturgie byzantine, en Mis- cellanea liturgica Lercaro, t. 2, Desclée, Roma 1967, p. 251-261. ‘A. Renoux, Le Codex arménien Jérusalem 121, Brepols, Turnhout 1969-1971 (PO 35-36). J. Mateos, La célébration de la Parole dans la liturgie byzantine, 1971 (OCA 191), p. 27-126. Las lecturas se toman de los libros santos; el concilio de Hi- pona del 393 ordena «que fuera de las Escrituras can6nicas no se lea nada en la iglesia con el nombre de divinas Escrituras»’. Hay que tener en cuenta esta ultima precisién, ya que las actas de los mértires han sido leidas en la asamblea, por lo menos en Africa® y Galia (donde se hacia lo mismo con las vidas de los confesores)’, lo cual ha conservado escritos preciosos, perdidos en otras regiones. I. LAs LECTURAS NO EVANGELICAS BIBLIOGRAFIA ‘A. Baumsrark, Nichtevangelische syrische Perikopenordnung des ersten Jabrtan- sends, Aschendorff, Minster 1921 (LQF 15). 7. Breviarium Hipponense 36; ed. de C. MUNIER, Concilia Africee, 1974 (CCL 149). p. 43, 8. S. Acustin, Serm. Denis 14, 3 (S. Cipriano) y 16, 7 (martires escilitanos); ed. de G. Mon, S. Augustin’ sermones post Maurinos reperti, yp. Vat., Roma 1930 (Miscellanea Agostiniana 1), p. 67 y 80. 9. Greconio pe Tours, De vireutibus 5. Martini, Il, 49 (S. Martin); Miraculoram liber Il, 16 (S. Ilan); tn Gloria. mar S. Policarpo); ed. de W. Arnot - B. Kausci, 1884 (MGH Script. rer Merov. 1, 2), 546. H. Urner, Die ausserbiblische Lesung im chrstlichen Gottesdienst, ‘Vandenhoeck & Ruprecht, Gotinga 1952; B. pe Gaurrizr, La lecture des Actes des martyrs dans la priére licurgique en Occident, «Analecta Bollandiana» 72 (1954) y 134-166, 367 La misa desde el siglo rv hasta el vitt WH. Frere, Studies in Early Roman Liturgy, Wl: The Roman Epistle-Lectio- nary, University Press, ‘Oxford 1935 (Alcuin Club Collection 32). A. CHAvASSE, Le calendrier dominical romain au VI siécle, Lépistolier et Vho- miliaire prégrégoriens, RechSR 38 (1952) 234-246; 41 (1953) 96-122. O Rouswau, Lecture et présence de Apétre a la liturgie de la messe, LMD 62 (1960) 69-78. a) Mas de dos lecturas. Los libros uy vu de las Constituciones apostélicas, que, a pesar de sus origenes diversos, estan de acuerdo en este punto, mencionan cuatro lecturas antes del evangelio: la Ley, los Profetas, las Epistolas y los Hechos". La division del Antiguo Testamento en dos partes, conforme al uso judio, ha per- manecido en vigor hasta nuestros dias entre los sirios orientales; los sirios occidentales pusieron aparte los libros sapienciales que se leen entre la ley y los profetas y también conservan las dos pericopas del Nuevo Testamento. b) Dos lecturas. En otras Iglesias"! se limitaron a dos lecturas, una de cada Testamento. Esta es la organizacién atestiguada para Hispania por el Liber commicus, que quedé fijado en sus grandes lineas a fines del siglo vit, en Galia por Gregorio de Tours y el Leccionario de Luxenil, en Antioquia y en Constantinopla por san Juan Criséstomo”. ¢) Una sola lectura. Sin embargo, la liturgia bizantina legé a tener una sola lectura no evangélica’’. Es ésta también la organi- zacién que suponen un gran numero de homilias de san Agustin, aunque en ciertos dias pudo haber ala vez la lectura de los Profetas y otra lectura’®. En cuanto a la Iglesia romana, ciertos indicios hacen pensar que también conocio esta dltima practica, Ja cual, empero, tuvo que desaparecer antes del siglo vn". d) El lector. Las lecturas no evangélicas se confian a uno de Jos fieles, al cual sélo se le pide al principio que sepa leer, que a Gomiiniones apostslices Uy 87, 5-9 y VIIL, 5, 11-12; ed. de BX. Fount, 0.61, p 16107 47%. cas antes del evangelio, las tres estin sacadas del Nue> 11. Los coptos y etiapes tienen hoy tres lect ios Flechos, pero este uso sin lugar a duda no ¢s pri- ‘yo Testamento: san Pablo, las epistolas eardlicas y | mitivo: mean ns, Historia Francorum 1V, 16; ed. de R. Pourannin, Picard, Paris 19135 12. Grecorto De Tot 20, Lecnownaie de Luxeuil, ed. dD. SatOn, Abadia de San Jerénimo, Roma 144-1959 (Collectanea biblica 7 y 9). 13, F. VaNDEPAVERD, 0.€., p. 94-129. Cf. para Cesarea d tiga 1; PG 31, 425. 14, S. GERMAN DE Germano, Grottaferrata 1912, p- 25: Soot a pp Ty 112; 165; 1705 PL 38, 950-643, 902.9. 927-92 (habla de tres lectures, pues cuenta también el salmo). Se CrawAsse. Le sacramentaire gélasien, Desclée, Tournai 1958, p. 190-197. le Capadocia: $. BASILIO, Jn sanctum Bep- Constantinonia, Exegesis 283 ed. de N. Borcia, Il commenter liturgic di san 368 Liturgia de la palabra tenga una buena diccién y que lleve una vida conveniente. Pero en el siglo mr este oficio se convirtié ya en una funcion estable, lo cual comportaré una bendicién apropiada’’. Por otra parte, no sig- nifica profanar este honor confiarlo a nifios, pues su voz cristalina les permitia hacerse oir distintamente en las amplias naves de las basilicas. II. EL SALMO RESPONSORIAL BisLiocraria R. Hespert, Antiphonale missarum sextuplex, Vromant, Bruselas 1935. J. Frocer, Les chants de la messe aux VIII" et IX® siécles, Desclée, Tournai 1950, . 17-24. Sr CSiatuade en Diag Atiaik on, Geschichesand Gegenwart, t. 4, Kassel- Basilea 1956. RJ. Hessent, Le graduel, chant responsorial, EL 95 (1981) 316-350. A.G. Matimort, Fonction de la psalmodie dans la liturgie de la Parole, en Li- turgie und Dichtung (Festschrift W. Diirig), Eos Verlag Erzabtei St. Ottilien, 1983. En todas las Iglesias hallamos, en el marco de la liturgia de la palabra, desde los primeros testimonios sobre su organizacion, un salmo cantado en forma responsorial. San Agustin, por ejemplo, habla del «salmo que acabamos de ofr y al que hemos respondido cantando»"*, Y esta pieza, distinta del Aleluya, es generalmente nica, sea cual fuere el ntmero de lecturas; ello impide conside- rarla como un simple responso para meditar el pasaje de la Escri- tura que se acaba de proclamar. El obispo de Hipona con fre- cuencia lo convierte en tema de su homilia, al igual que hace con la lectura del Apéstol o del evangelio'”. Cuando la celebracién incluye pericopas del Antiguo Testa- mento, es después de las mismas cuando viene el salmo, como en el libro 1 de las Constituciones apostélicas. Es el caso del surraya de los sirios orientales, del psallendum hispanico (se puede dudar en el caso del responsorium galicano) y, segtin parece, del psal- mellus ambrosiano. Cuando sélo hay una lectura no evangélica, los usos son distintos: el prokimenon bizantino se sitaa antes, mientras que en Roma y Africa, el responsorial viene después. ACE Tradicén spostlicn, 113 ed. de B. Bortey 0.0. ps 30-31. Véase supra, nota 6 18. S. Acusrin, Enar. in psalm. 1195 ed. de E. Dexxens ~ J. Frairot, 1956 (CCL 40), p. 1776. 19. Por ejemplo, $. Acustiy, ibid., Ps. 138, p. 1990: el lector se equivoe6 de salmo y el predicador, viendo en ello un sigito de Dios, decide hacer la homilia sobre el que se ha leido. 369 La misa desde el siglo 1v hasta el viii Esta divergencia cuando no hay Antiguo Testamento puede ser el signo de que el salmo, primitivamente, era la conclusién del mismo. Es generalmente un lector quien, desde lo alto del amb6n”, ejecuta ese canto, pero dicha funcidn a veces se confiaba a un did- cono, como en Galia en tiempos de Gregorio de Tours”! o en Roma antes de Gregorio Magno”. ad Més adelante, en todas partes aparecié la tendencia a reducir la salmodia a algunos versiculos, ¢ incluso a reemplazarla por me- lodias adornadas confiadas a cantores que alejarén al pueblo de su participacion”. Ceres ie Nn JI. LA PROCLAMACION DEL EVANGELIO BIBLIOGRAFIA S, BewsseL, Entstebung der Perikopen des rimischen Messbuches, Herder, Fri- burgo de Brisg. 1907. G. Gonu, Evangiles, DACL 5, 1922, col. 852-923. ‘A. Ewentiorer, Der Allelujagesang vor dem Evangelium, EL 45 (1931) 374-382. T Kiavser, Das rémische Capitulare evangeliorum, Aschendorff, Minster 1935 (LOF 28). J. FROGER, La correspondance apocryphe du pape saint Damase et de saint Jéréme sur le psautier et le chant de Vallelwia, EL 62 (1948) 6-48. B. STABLEIN, Alleluia, en Musik in Geschichte und Gegenwart, t. 1, Barenreiter, Kassel 1951, col. 331-350. C. THoppers, Der byzantinische Alleluiarionzyklus, Munksgaard, Copenhague 1966 (Monumenta musicae byzantinae, Subsidia 8). AG, Manriont, Origine et signification de V'alleluia de la messe romaine, en ‘Kyriakon (Festschrift J. Quasten), Aschendorff, Minster 1970, t. 2, p. 811- 834 (= Mens concordet voc, t. 1, Desclée, Paris 1983). a) El Alleluia. Oura salmodia se sitéa antes del evangelio, con la repeticién del Alleluia, que expresa el cardcter pascual de este anuncio de la buena nueva’. Su presencia en todas las liturgias “Fo. Wis adelante, ef Roma, subir s6lo 2 las gradas (gradus) del ambén, lo cual sin duda dio origen al nombre «gradual». D1, GREGORIO DF TOURS, Historia Francorunm, VIIL, 33 0.¢.5 p. 302. 22, 5. GREGORIO MAGNO, Sinodo romano del 595; ed. de P. Ewan, Registrum epistolarum 1 (MGH, Epis, 1) 1887, p. 363. El papa abolié este uso que comportaba abusos: el criterio para Ia eleccém de los diiconos era su hermosa vor. eco No se tiene més recurso que invitar al pueblo a meditar sobre la lecrura eseuchada, mientras los cantores ejecutan el gradual; de-ahi el término moderno de «canto de meditacién>, desconocido en le tradicion. 24. CEsAp 941-7. 370 Liturgia de la palabra orientales’> puede indicar su antigiiedad: figura en el antiguo Lec- cionario de Jerusalén, constituye el zummara de los sirios orien- tales, el hilélo de los occidentales, el hallel de David de los ma- ronitas, sigue al trisagion entre los coptos y subsiste, después de haber perdido sus versiculos, en el GMAndouté de los bizantinos. El vinculo de esta pieza con la lectura siguiente viene atestiguado por-un-apécrifo.del_siglo.1v.0.v: «Salmodiad [Link] y leed el evangelio»”®, No sucede lo mismo en Occidente: no tenemos ningtin testi- monio. antiguo para Milan o Hispania y la tradicidn galicana pa- rece ignorarlo””. En Roma, Gregorio Magno reconoce haber oido el aleluya en las misas fuera del tiempo pascual”®, pero se trata del canto antes del evangelio? Si el papa hablaba sélo del uso ge- neral de dicha aclamacién en la liturgia eucaristica, podriamos pensar que la pieza que estudiamos fue introducida por influjo de Oriente (los libros mas antiguos incluyen versiculos en griego) y podriamos situar ese trasvase en la época en que varios elementos bizantinos se dan en la Ciudad Eterna, lo cual nos llevaria a la segunda mitad del siglo vir”. b) El evangelio. Todas las liturgias hacen preceder su lectura de una procesiOn en que el libro es honrado como un signo de la presencia de Cristo, con cirios* e incienso*! La invitacién a guardar silencio y a mantenerse atentos que en algunas Iglesias precede ya a la primera lectura se hace ahora mas insistente: lodaxwpev. Silentium facite! A veces se le anade la orden de estar de pie: ’Og@ot. Esta actitud para escuchar el evan- gelio, que manifiesta la vigilancia y simboliza nuestra condicién de resucitados con Cristo, se encuentra por todas partes. 25. La Gnica excepcion es el rito eti6pico, aunque el Aleliya fue introducido en la monicién del difcono que invita a escuchar el evangelio. 26, Martyrium Matthaei, ed. de R.A. Liostus - M. Bonner, Acta apostolorum apocrypha, t. 2, Men- delssohn, Leipzig 1898, p. 252-253: una voz bajada del cielo se dirige asi a un obispo, pidiéndole que corganice una asamblea eucaristica. 27. Bl Psrup0-GeRMAny, 0.6., 8-10, p. 6-7, coloca antes del evangelio la Benedictio (céntico de los saps frets) et cerptuss, Onan Detay leperiioe del At del pricipio el coeeesssoee 28. S. GREGORIO MAGNO, Carta a Juan de Siracusa; ed. de P. EWALD - L.M. HaxTMANN, 1899 (MGH Fpist, 2), p. 59. El papa cita una supuesta carta de san Jeronimo escrita en el siglo vi. El dossier incluye también: Sozomeno, Historia eclesidstica, 13; PG 67, 1475 y Juan DiAcono, Carta a Senanixs 13; ed. de A. Witmant, Analecta Reginensia, 1933 (ST 133), p. 178. 29. A.G. MaRmiMoxT, Origine et signification de Palleluia, art. cit., p. 826-834. 30. S. Jenontmo, Contra Vigilianum 7; PL 23, 346, dice, en el 378, que en todas las Iglesias de Oriente se encienden lémparas en el momento del evangelio en sefial de alegsia, pero parece que no pasaba Jo mismo en Roma, donde finalmente también se introdujo este uso: el Ordo I menciona los dos cirios __llevados por acdlitos; en Galia son siete, en tiempo del Pseudo-German. 31. GERMAN DE ConsTanTINorLA, Exegesis 30, ed. de N. BORGIA, 0.¢., p. 25, habla de las incensa- ciones que tienen lugar en ese momento. En Roma, en la misma época, solamente se lleva una especie de pebetero delante del Evangeliario (Ordo I). 371 ———————_—_——— La misa desde el siglo rv hasta el vit La proclamacién de esta palabra del Seftor se confid original- mente sin duda a un lector, como los demas pasajes de la Biblia. Sin embargo, muy pronto se establecio la costumbre de reservarla normalmente a un didcono, en los ritos bizantino y armenio y en todos los de Occidente, o incluso, en los restantes ritos, al pre- sidente o a otro presbitero. El ministro anuncia el nombre del evangelista del que se saca ta pericopa; la liturgia romana hace aqui alusion a la lectio continua: «Continuacion del santo evangelio...», pero todavia no comportaba, en la época del Ordo I, ninguna de las demés formulas que recibié a través de los usos galicanos y que también estan atestiguadas-en Oriente: Eiorvy xaow, Dominus vobiscum y su respuesta, asi como la aclamacién del pueblo: Ad§a cor, Kote, S680 oot, Gloria tibi, Domine. Y después de la lec- tura, excepto en Roma, resuena una exultacién coral que hace eco ala palabra de Dios. La yeneracion del libro por medio de un beso se extendia, en el siglo vt, al clero e incluso en algunas Iglesias, al pueblo, como sucede todavia entre los coptos y etiopes. Observemos que ciertas Iglesias se habian constituido un Dia- tessaron, es decir, un texto de los cuatro evangelios en uno solo, cuyo uso no se mantuvo en ninguna parte, a causa de las graves criticas a que se prestaba”. Por lo tanto, todo contribuye a hacer de la proclamacién del evangelio un momento fuerte de la celebracién: no es un texto lo que se lee, por hermoso que sea; es una palabra viva que se recibe en el mismo acto de la oracién. §3. El hoy de la palabra de Dios BIBLIOGRAFIA L Herwecen, L’Eoriture sainte dans la liturgie, LMD 5 (1946) 7-20. ‘A. Bea, Valeur pastorale de la Parole de Diew dans la liturgie, LMD 47-48 (1956) 129-148. P. Jounst, La Bible dans la liturgie, en Parole de Dieu et liturgie, Congrés du GPL Strasbourg, Cerf, Paris 1958 (LO 25), p. 17-49. AG. Manrimont’ Praesens adest in verbo suo, en Acta Congressus de Theologia Concilii Vaticani II, Ciudad del Vaticano 1968, p. 300-315 (= Mens concordet vod, t. 1, Desclée, Paris 1983). FE Pr Sano, Le lectionnaire de Luxenil, Abadia de San Jerénimo, Roma 1944 {Collectanea biblica latina 7, p, Lxxioxt; A.S. MARA Diatessaron de Tatien, vexto dtabe reconstruido y trad. francesa, Hering 7) eG Dereas, Das Diatessaron Tatians, OCA 123, 19393]. Letom, Le Diatessaron de Tatien, (OS 1 (1956) 208-231, 313-334, 372 Liturgia de la palabra I. LA DISTRIBUCION DE LA BIBLIA EN LA LITURGIA El mismo hecho de proponer para un dia determinado un pa- saje preciso de la Escritura y la misma seleccin de los versiculos constituyen por parte de la Iglesia una forma de relectura de la Biblia y una manera de actualizar su mensaje. Ante la imposibi- lidad-de-comparar los diversos sistemas de lecturas vigentes en las distintas tradiciones, observemos que se dan ciertas constantes més o menos universales, como la proclamacién de los Hechos de los apéstoles y del Evangelio de Juan durante el tiempo pascual, de otros pasajes escogidos del Evangelio de Juan para la prepa- racién bautismal en cuaresma, del relato de la torre de Babel en pentecostés, del de Marta y Maria para fiestas de la Virgen, etc. Il. La HOMILIA De los diferentes modos de expresar el hoy de la palabra, el primero es ciertamente la homilfa. La exégesis biblica, el comen- tario histérico, la ensefianza doctrinal y moral, que son otras tan- tas dimensiones de la predicacién de los Padres, se armonizan en Ja nica intencién de proclamar la actualizacién de la Escritura en la vida de los cristianos reunidos para la oracién eclesial y que luego se dispersan por el mundo. Se trata, por lo tanto, de una parte integrante de la accién liturgica, que compete normalmente a quien la preside y en primer lugar al obispo. Sin embargo, éste cede a menudo dicha funcién a un presbitero, incluso a veces en su presencia, mas raramente a un didcono y en circunstancias ex- cepcionales a un laico, pero de ello sdlo tenemos algunos ejemplos en Oriente®. Las Iglesias latinas, para satisfacer las mismas ne- cesidades, recurren més bien a las recopilaciones de homilias pa- tristicas que se hacen leer por un ministro™ La homilia presenta dos caracteristicas esenciales: en primer lugar, tiene como tema los elementos de la celebracién; general- mente son las lecturas biblicas, pero también pueden ser los signos sacramentales o los formularios como el Credo o el Pater. Luego, 33. Pensemos en el discono Efrén y en Origenes que era laico cuando tomé la palabra en Jerusalén yen Antioquia; a su propio obispo, que protestaba, se le respondié que el caso no era aislado: Eusexto De Crsanes, Historia eclesidstica, VI, 19, 17-18; ed. de G, Barby, t. 2, 1995 (SChr 41), p. 117-118; trad, cast., Catélica, Madrid 1973 (BAC 349 y 350). 34, Concilio de Vaison, can. 2; ed. de C. pe Cuenca, Concilia Gallize Hl, 1963 (CCL 148 A), p. 79. Cf, Psru0™ German, 0.¢., 13, p. 8 373 La misa desde el siglo 1v hasta el vari se trata siempre de una conversacion familiar en que las preten- siones literarias ceden ante la comprensién del auditorio; asi Agus- tin no duda en emplear palabras del dialecto bereber (punict) 0 en provocar las reacciones del pueblo a que se dirige®. Pero en los albores de los tiempos carolingios este elemento de la liturgia caeré en desuso. Los Ordines romani no hablan del mismo € igual fendmeno-se-presenta en Oriente. Il. DELA PALABRA AL SACRAMENTO La liturgia de la palabra esta siempre orientada hacia la cele- bracién del sacramento, incluso para los que no participen del mismo inmediatamente, tal como manifiesta la disciplina antigua del catecumenado. Y las palabras que se pronuncian en el corazon de los «misterios», aunque no se saquen siempre de las Escrituras, sdlo se pueden comprender a la luz de la revelacién biblica. Los gestos que hacen revivir a los hombres los actos de Cristo van normalmente precedidos —ello es especialmente verdad en el caso de Iq eucaristia— por la lectura de los libros santos. Esta, sin duda, los prepara, pero también participa por ade- lantado de su eficacia. La fuente de esta doctrina esta contenida en la encarnacién del Salvador: el Verbo se hizo carne. Lo que es dicho por Dios se cumple por él en su Hijo. Y después de la glo- tificacién del Seftor, es Ja Iglesia la que asegura la visibilidad de su cuerpo, y se convierte en sacramento suyo, para anunciar y «realizar» la salvacién. Hay, pues, una especie de analogia entre las «dos mesas», aunque hay que captarla no de un modo estatico sino dentro de un dinamismo: en la medida en que conduce a los signos eficaces de la gracia, la palabra produce los primeros frutos de la fecundidad de los mismos. Y podemos decir que este mo- vimiento empieza en la misma existencia de los cristianos. Dios les habla en su vida en la medida en que esta orientada hacia la aceptacién de la palabra como un don gratuito que brota de la ofrenda-del-cuerpo-y-de la sangre de Cristo en la celebracién de su misterio pascual. «La boca de Cristo —dice san Agustin— es el evangelio. Esta sentado en el cielo, pero habla en Ia tierra»**. 35S, Agustin, Enar, in Ps. 123, 8; 0.c., po 1831; cf, A. Ouwan, La predicacion cristiana antiguas Herder, Barcelona 1991, p. 777 y 897 36, §. Acustin, Serm. 85, 1; PL 38, 520 374 Capitulo tercero LA ORACION UNIVERSAL BIBLIOGRAFIA, P. BoreLa, L’oratio fidelium ripristinata, «Ambrosius» 40 (1964) 435-461. P. Boretta, L’oratio fidelium nelle sue varie forme strutturali, , Lib, offic. 3» 5: ed. de J.M. HANSENS, 2p. 371. 7. PseuD0 GERMAN, 0-€., 155 ed. de E.C. RATCUFF, 376 Londres 1971 (HBS 98), p- 9 rr del pueblo dirigida a Cristo: Kugue &€noov, «Seiior, ten piedad>. Esta prormula tendra mucho éxito, a veces traducida, a veces con- servada en griego, en las liturgias que se expresan en otras lenguas. Quizas hubo, por lo menos en Egipto, otra forma de dicha oracién. El eucologio de Serapién propone tres oraciones, que pa- recen atribuirse al presidente, por la fertilidad (de la tierra), por Ja Iglesia, por-el obispo y la comunidad®. Oracién universal §3. La oracién universal en Africa La oracién universal, que quiza es objeto de una alusién de Tertuliano hacia el ato 200”, esta atestiguada por san Agustin. No es raro que el obispo de Hipona termine sus homilias con una invitacién a dirigirse hacia el Sefior: Conversi ad Dominum, es decir, sin duda, hacia el Oriente: Vueltos hacia el Sefor, roguémosle por nosotros y por todo su pueblo que esta con nosotros en su casa; que se digne guardarlo y protegerlo por Jesu- eerste cristo... Parece que el presidente proponia unas intenciones, precisando el objeto de la peticién: «Por... para que...» y los fieles se unian a las mismas probablemente con el Amen'"!. La formulacién de las intenciones no esta fijada todavia, aunque se haya forjado ya un vocabulario muy preciso. § 4. La oracién universal en Roma BiBuioGRraria M. Cappuyns, Les orationes solemnes du vendredi saint, QL 23 (1938) 18-31 P. BoRELLA, L’oratio super sindonem, «Ambrosius» 34 (1958) 173-176. A. CHAVASSE, L’oraison super sindonem dans la liturgie romaine, RBén 70 (1960) 313-323. Cf. ademas lo dicho sobre el Kyrie, p. 359s. 8. Euchologe de Sérapion; ed. de F.X. FUNK, Didascalia, 0.¢., t. 2, p. 160-171 9. TeRTULIANO, De oratione 18, 1; ed. de G.F. Diercrs, 1954 (CCL 1), p. 267. 10. S. Acusrix, Serm. 100 y 362; PL 38, 605 y 39, 1634; cf. Serm. 34, 192, 272, etc.; véase W. Rozen, Des heligen Augustinus Schriften als liturgie-geschichtliche Quelle, Max Hiiber, Munich 1930, p. 3-115 M1. S. Acustin, Cartas 127, 2 y 217, 26; ed. de A. Gorpaacster, 1911 (CSEL 57), p. 404 y 421- 422, 377 La misa desde el siglo 1v hasta el virt I. Las «ORATIONES SOLLEMNES» Nos hallamos primero ante una forma solemne que ha persis- tido en el Misal Romano en el oficio del viernes santo. Se trata de invitatorios seguidos cada uno de ellos de un tiempo de silencio (de rodillas los dias de penitencia) y de una oracién que insiste en la siplica y da paso al Amen-de-los fieles!?..Parece que éste era el uso que estaba consolidado a mediados del siglo v. Sin embargo, los invitatorios parecen mas antiguos que las oraciones y al prin- cipio pudieron utilizarse sin ellas, con la oracién silenciosa del pueblo!’, Roma-conocié otros formularios ademas del que nos ha legado", probablemente construidos sobre el mismo modelo. II. La «DEPRECATIO GELASII> Fue quizas en tiempos del papa Gelasio (492-496) cuando cam- biaron las cosas. En efecto, se le atribuye no sdlo la composici6n, sino también la introducci6n en la liturgia romana de una plegaria litanica que no se inspir6 directamente en Oriente sino en textos latinos en uso en Italia del Norte o en otras regiones de Occidente’®. Este texto, segtin la lectura que parece mejor, com- porta la respuesta: Domine, exaudi et miserere, pero es conocido en Milan con unos Kyrie eleison. Sin embargo, como ningun ma- nuscrito es anterior al siglo 1x y se trata de formularios que se mantuvieron vivos en la liturgia, no es imposible que ambas ex- presiones, una de las cuales no es mas que la traduccién de la otra, hayan sido intercambiables. II]. LA ORACION UNIVERSAL Y EL KYRIE En todo caso, es dificil dejar de poner esta innovacién en re- lacién con otras dos transformaciones que se dieron en la prictica 72. Ed eritica y comentario: P. Dé CLexck, o.<., p. 125-143. 13, Los invitatorios, segtin P. De Clerck, se sitan entre 250 y 320, con retoques posteriores. Ch, AusnosiasteR, In 1 Tim 2; ed. de H.]. Vocets, 1969 (CSEL 81, 3), p. 259-260. Este autor, aque vivis en Roma en la segunda mitad del siglo iv, parece conocer los invitatonos de las Or. Solemn eto también otros. En cuanco a PROwEKO be AgurTanta, Capita, 8; PL 51y p, 209-210, se rfiere a renfanto del formulario; aunque tenga otras fuentes, peco para él, ésta podria ser la tradicin galicana, nis. Ctrel teulo que se-halla en varios manuscritos: Deprecatio quam papa Gelasins...consttuit este ‘canendam. Fé. erica 7 comentario de P, De-CuEncx,-o.c., p. 166-167. Entre los modelos occidentales aarnaveniran los formulatios inspirados muy de cerca en plegarias orientales: Dicamas omnes (Misal de Stowe) y Divinae pacis (Milin) todavia en uso en la licurpia milanesa. Cf, supra p. 361 378 Oracién universal romana: la aparicién del Kyrie, al principio de la misa, anterior al 5291, J, la supresién de la oracién universal, a lo largo del si- glo vi’. Inmediatamente se presenta una hipétesis a la mente: la introduccion de la plegaria gelasiana sustituyé las Orationes so- llemnes, con motivo de su estilo indiscutiblemente mas popular y se situé en los ritos de entrada. La realidad no es sin duda tan simple y queda por explicar ese cambio de situacin. También podemos imaginar que el Kyrie tiene otro origen, in- dependiente de cualquier serie de intenciones. Sin embargo, in- cluso en el Divinae pacis milanés, que es una réplica de modelos griegos quiz4s anterior a Gelasio, el Kyrie, que no se usa como respuesta’*, esta por lo menos vinculado a la letania a la que sirve de conclusién. Y cuando san Gregorio afirme mas adelante que en las «misas cotidianas» se omiten «las cosas que se acostumbran a decir»", siempre se ha entendido que designaba con ello los ele- mentos que, en la tradicién oriental, pertenecen al diécono. Por lo tanto, incluso cuando se emplea solo el Kyrie es, por el destino que recibié en sus origenes, la respuesta de una letania. Acerca de su introduccién en la misa romana no se pueden hacer sino conjeturas™, Lo que es casi seguro es que la oracién universal antes de desaparecer conocié otra forma ademés de la que man- tuvo en el viernes santo. Y es licito creer que ello se debid al papa cuyo nombre esté vinculado a una célebre Deprecatio, ya que no tenemos prueba alguna de que la forma nueva, ciertamente co- nocida por otras Iglesias de Occidente, se hubiera usado en Roma antes de él. § 5. La oracién universal en Galia y en Hispania BrBLIOGRAFIA E. Grirre, Aux origines de la liturgie gallicane, Bulletin de littérature ecclésias- tique» 52 (1951) 17-43. 16;-Cf; concilio de Vaison-del529, can. 3:-ed. de C. De Cuenca, Concilia Galliae,t, 2, 1963 (CCL 148 A), p. 79. 17, La coleccién de libelli missae conocida con el nombre de Saeramentario leoniano y cuyos textos iis recientes datan de mediados del siglo vino contiene huella alguna de la oraci6n universal. 18. Ed. critica y comentario: P. De CiERcX, 0.c., p. 155-166. 19. S. Grecorio Macno, Carta 9, 26; ed. de LM. Harrwanx, Berlin 1899 (MGH, Epist. 2), 59: «In cotidianis autem missis alia quae dici solent tacemus, tantummodo kyrieleison et Christe-eleison imus, ut in his depres vocibus diutius occupermur.» 20. CF. hipotesis de Capelle, Chavasse: véase bibliografia y estado de la cuestién en P, De Citex, 0.5 ps 282-284, 379 La misa desde el siglo 1v hasta el vor M. Ramos, Oratio admonitionis, Contribucién al estudio de la antigua Misa Es- panola, Granada 1964. Me Rawos, Rasgos de la Oratio communis segsin la Oratio admonitionis hispanica, «Hispania sacra» 17 (1964) 31-45. I. EN GaLia La oracin universal est atestiguada en Galia en el siglo Vi: un concilio de Lyén, cuya fecha puede variar entre 518 y 523, dice, a propésito de personas sometidas a la penitencia: «Les conce- demos el permiso de orar en los lugares santos hasta la oracién del pueblo que se lee después del evangelio»”!. Aunque Gregorio de Tours no haga ninguna alusion a la misma, ello no significa que la ignorase, pues nunca hace una descripcién completa de la ce- lebraci6n. - Sin embargo, no sabemos de qué modo se hacia. Uno de los formularios latinos mas antiguos lo hallamos en un misal irlandés con el nombre de Deprecatio sancti Martini pro populo™, pero di- cho titulo es del siglo x y la pieza, visiblemente importada de Oriente, no representa la antigua tradicién de las Iglesias de las Galias, que nos es desconocida”®. Sin embargo pudo ser utilizada ya que, aunque solo fuera por adopcién de usos extranjeros, es ciertamente la forma de una letania diaconal que parece indicar el Pseudo-German: De Prece. Levitas psallere pro populo... En cual- quier caso, el rito termina con una oracion presidencial o Collectio post precem. IL. En HIspania Isidoro de Sevilla (+ 633), al establecer la lista de las formulas que componen el propio de cada misa, sefiala dos intervenciones del sacerdote (admonitio e invocatio) que debian de enmarcar las intenciones™. Pero ignoramos como se hacian y qué ministro las proponia. Los libros que nos han llegado presentan unos usos que fo de Lyén, Apéndice; ed. de C. De Ctxncg, Conclia Galliae, 0.c., p41 ee ctigca y comentario de P. Dz CLELCK, 0.¢, p. 145-154; The Stome Misa, ed. de G-E- “Wanniet, t 2, 1906 (HBS 32); p. 6-7: Sark Pre Clerck, ef hecho:de que Prospero de Aquitenia se refers a las Or. sollemnes 59. — contrast ton lo semipelagianos de! sueste de Gala supondia. que utilizaban dicho formulario, Pero Se trata de un argumento que hay que usar con cautela, _ 24, IsiDORO DE SEVILLA, De ecclesiastiisofficiis, 1, 15; PL 83, 752. 380 Oracién universal sufrieron muchas vicisitudes; sin embargo, en el Missale Mixtum hallamos raros vestigios cuyo cardcter arcaico revela su anti- giiedad’®. II]. Las «ORATIONES PASCHALES» Los sacramentarios hispanicos y galicanos incluyen en la vigilia pascual unos formularios que se presentan a la manera de la anti- gua plegaria romana”*. Pero parece, como observa P. De Clerck, que ello «proviene de una reestructuracién de una o varias letanias segun la forma litirgica propia de las orationes sollemnes». Los usos de la Sedes Apostolica se infiltraron en Galia y dicha influen- cia se hizo sentir también en Hispania; fue entonces cuando un redactor «adapté al gusto de la época» los elementos sacados de las practicas locales. Se ha observado que cada secuencia de dichos conjuntos comporta en los testimonios procedentes de la penin- sula Ibérica una organizaci6n tripartita: entre el invitatorio y la oraci6n se inserta una repeticién de la intencién atribuida al dia- cono y que en solitario se halla en el Antifonario de Leon con su miisica. Quizas es el indicio de una prerrogativa tradicional de dicho ministro, puesto que sus intervenciones fueron afadidas al modelo inspirador. § 6. Conclusi6n La oraci6n universal aparece como el final de toda la liturgia de la palabra y como el umbral de la eucaristia propiamente dicha. Situada después de la despedida de los catectmenos, constituye un privilegio de los fieles, lo cual subraya su caracter sacerdotal. Presentar a Dios los gritos de llamada y esperanza a toda la hu- manidad es compartir la solicitud del sacerdote de la alianza nueva, el cual dio su vida por la salvacién del mundo, y es participar en su misién. Podemos decir que es como la otra cara de la evan- gelizacion, ya que hablar de los hombres a Dios no puede sepa- rarse de hablar de Dios a los hombres. 25, Missale mixtum; PL 85, 114 6 540. 26, Ed. y comentario de P. De CurKck, 0.c., p, 231-265. Cf. para Hispania: J. BERNAL, Los sistemas de lecturas y oraciones en la vigilia pascual hispana, «Elispania sacra» 17 (1964) 283-347. 381 Capitulo cuarto LA PREPARACION DE LOS DONES BIBLIOGRAFIA E. Bistior, The Diptychs, Apéndice a R. ConNoLLy, The Liturgical Homilies of Narsai, University Press, Cambridge 1909 (Texts and studies 8), p. 97-117. F. Caron, Diptygues, DACL 4, 1920, col. 1045-1094. J. Coppens, L’offrande des fidéles dans la liturgie eucharistique ancienne, SL 5 (1926) 99-123. B, Careitr, Pour une meilleure intelligence de la messe: 'Offertoire, QL 17 (1932) 58-67. F. Caprol, Offertoire, DACL 12, 1936, col, 1946-1962. V. Kenneby, The Offertory Rite, «Orate Fratres» 12 (1938) 193-198, 244-249, 295-298. C. Cattewaert, De offerenda et oblatione in missa, « 31. Concilio de Elvira, can. 28; éd. de J. Vives, Concilios visigéticos e bispano-romanos, Barcelona- Madrid 1963, p. 6: «Episcopum placuit ab eo qui non communicat munus accipere non debere.» 388 ll ya despedidos de la asamblea cuando viene el momento de pre- sentar los dones. Pero, si los que se preparan para el bautismo no son admitidos a dicho honor, los fieles, al contrario, y en especial sus padrinos, pueden y deben ofrecer por ellos, es decir, no en su lugar sino a su intencién”, Preparaci6n de los dones § 4. Un compartir fraternal BIBLIOGRAFIA By CAPELLE, Quéte et offertoire, LMD-24-(1950) 121-138 (= Travaux liturgi- ques, t. 2, p. 222-235). San Justino nos presenté la asamblea dominical como el lugar donde los cristianos lo comparten todo”. No es sélo porque es la ocasion de reunirse, y por lo tanto de ocuparse de las cuestiones que afectan a la vida de las Iglesias; es también porque la «fraccion del pan» compromete a la «comunién fraterna» (cf. Act 2,44-45). Y sin embargo, ello no constituye un rito liturgico y es evocado fuera de la descripcion propiamente dicha de la celebracién. La aportaci6n del pan y del vino por los fieles, con su signi- ficacién propia, se inserta en el contexto mas amplio de esos de- beres de caridad: ¢No queria Cipriano hacer enrojecer de ver- giienza a los ricos que recibian en la comuni6n una parte ofrecida por un pobre? Y en Roma, como en otras partes sin duda, sdlo una parte de lo que se presentaba para la eucaristia servia para este uso, pues siempre habia més de lo necesario; el resto se destinaba a las mesas del clero —pues la comunidad tenia que asegurar su subsistencia— y a las de los indigentes. Sin embargo, la practica de la Iglesia tuvo interés en distinguir de las demés ofrendas las que se destinaban a la consagracién. El concilio de Cartago del 397 lo precisa con cuidado™* Que en la celebracién de la misa (in sacramentis corporis et sanguinis Domini) no se ofrezca mas que lo que proviene de la tradicién del mismo Seftor, es decir, el pan-y el vino mezclado con agua. - 32. Es lo que prevé la antigua liturgia romana para los escrutinios. Cf. OR 11, 32, ANoriEvOR 2, p. 425: «Et offeruntur oblationes a parentibus vel ab his qui ipsos suscepturi sunt.» Cf. también infra 2.40. parigrafo b, 33. Véase supra, p. 322-326. 34. Concilio de Cartago, can. 23 (segin el Breviarium Hipponense); ed. de C. Musisx, Conalia Africae (CCL 149), 174, p. 39-40. 389 La misa desde el siglo 1v hasta el vir Sin embargo, esta misma asamblea de obispos aborda la cues- tion de las primicias (s6lo se admiten las del trigo y la uva) y la de la leche y la miel, con motivo de la iniciacin cristiana: _ aunque se ofrezcan sobre el altar, tienen su propia bendicién, para que se distingan bien del sacramento del cuerpo y la sangre del Seiior. Todo-lo-demés, aunque se-traiga durante la misa, tiene que colocarse fuera del altar; es un modo de sefialar la diferencia. Pero dichas prescripciones deberan ser recordadas varias veces, pues la confusién parece haber sido frecuente. Y las vicisitudes que ex- perimentardn esas costumbres, sobre todo Ja sustitucion de los do- nes en especie por sumas de dinero, contribuiran a atenuar la dis- tincidn. La aportacién del pan y el vino, manifestacién del compartir fraterno, también expresa otra actitud: los fieles de todas las re- ligiones realizan de un modo espontineo un acto cultual dando algo de lo que les pertenece. Pero en la eucaristia esto mismo esta sometido a otra exigencia: no es la presentacién de las ofrendas lo que realiza el sacrificio sino el memorial de la cena con la consa- gracion; son los frutos de este misterio los que nos preparamos a recibir para nosotros mismos y para aquellos a quienes deseamos aplicarlos, asociandonos al gesto del Seftor quien, antes de dar gra- cias, tom6 el pan y la copa. §5. La oracién sobre las ofrendas BIBLIOGRAFIA V. Rarra, Commento alle «orazioni sulle offerte», Opera della Regalita, Milin 1966 (Sussidi liturgico-pastorali 10). Es esto lo que expresa la tinica oracidn del sacerdote que com- porta dicho rito en la antigua tradicién romana. Con el nombre de Super oblata, que le da el sacramentario gregoriano, constituye su conclusién. Este formulario breve, en un estilo todavia mas simple que el de la colecta, utiliza profusamente el vocabulario forjado por las plegarias eucarfsticas para traducir la ofrenda sa- crificial; sin embargo, ésta se pone en relacién con el simbolismo _____ del gesto concreto que consiste en llevar las ofrendas al altar: los _ panes que se amontonan sobre la mesa (muneribus altaria cumu- lamus) hablan de la pobreza de aquellos que no sabrian aplacar al 390 4 Yr Sefior ni con sus méritos ni con sus presentes (nihil in nobis quod placare te possit), pero también de su fidelidad en cumplir lo que él mismo ha prescrito (quae tuis sunt instituta praeceptis); es asi como se reciben casi por adelantado los frutos del sacramento (ut divinis rebus et corpore famulemur et mente)”. Preparacién de los dones 35. Len, 238, pr 315m. 165, p. 215 n, 80, p. 15 n. 634, p. 81. 391 Capitulo quinto LA PLEGARIA EUCARISTICA BIBLIOGRAFIA a) Colecciones de textos y de traducciones A. Hanoct - I, Pant, Prex eucharistica, Textus e variis liturgiis antiquioribus selecti, Ed. universitaires, Friburgo 1968 (Spicilegium Friburgense 12). A. Hamman, Prigres encharistiques des premiers siécles @ nos jours, Desclée de Brouwer, Paris 1969 (Foi Vivante 113). Anaphorae syriacae, Pont. Instituto Oriental, Roma 1939s (en curso), Véase ademés en Ia bibliografia general: RENAUDOT, BRIGTHMAN. b) Estudios de conjunto P. Cacin, L’encharistia, canon primitif de la messe, ou formulaire essentiel et pre- mier de toutes les liturgies, Desclée, Tournai 1912 (Scriptorium Solesmense, II, PEuchologie latine 2). I. Rarimant, Les liturgies orientales et occidentales étudiées séparément et com- parées entre elles, Beirut 1929. J.-M. HANssENs, Institutiones liturgicae de ritibus orientalibus, t. 2 y 3: De missa; Apéndice a los t. 2 y 3: Indices et versiones, Univers. Gregoriana, Roma 1930- 1932. L. Bouyer, Eucharistie, Desclée, Tournai 1966, *1968; trad. cast., Eucaristia, Herder, Barcelona 1969. J. Gopant, Traditions anciennes de la grande pritre eucharstigue, QL 47 (1966) ~ 248-278; 48. (1967) 9-36, 198-218. L. Matponano, La plegaria eucaristica, Estudio i tioligls biblica y littrgica sobre la misa, Catélica, Madrid 1967 (BAC 273). Semaine liturgique de Institut Saint-Serge (1965), Excharisties d’Orient et d’Oc- cident, Cert Paris 1970, 2 vols. (LO 46-47). to Formula, The Evolution of the Eucharistic Prayer, “The Catholic University of America Press, Washington 1981 (Study in Chris- tian Antiquity 21), 392 Plegaria eucarfstica The Sacrifice of Praise, Studies on the Themes of Thanksgiving and Redemption in the Central Prayers of the Eucharistic and Baptismal Liturgies, in Honour of A. Couratin, Edizioni licurgiche, Roma 1981 (Bibliotheca EL, Subsidia 19). Los siglos Iv y v son un periodo de creacién intensa en materia de plegarias eucaristicas. La época de la tradicién oral ha termi nado ya; los formularios se ponen por escrito y empiezan a cir- cular de una comunidad a otra, atravesando incluso las fronteras Jevantadas por los cismas. Los armenios y los georgianos seran especialmente habiles en emplear textos foraneos después de ha- berlos asimilado, pero no seran los tnicos. § 1. Intensa creatividad J. Las IGLESIAS DE ORIENTE La parte oriental del imperio romano se distingue en el siglo 1V por una renovaci6n de las letras griegas y Antioquia se convierte en un centro famoso. La accién de gracias cristiana se modelar4 segin las normas de la claridad helénica y la obra maestra de esta produccién nueva es la anafora de san Basilio, verdaderamente sa- lida de la pluma del doctor capadocio; la materia que fue perfec- cionada por él era una plegaria —que quiza ya le debia algo— llamada «anéfora alejandrina de san Basilio»’ a causa del éxito que tuvo més tarde en Egipto, pero que es ciertamente una compo- sicién siriaca; refleja las corrientes ambientales como otras muchas en la misma regién, por ejemplo, la anafora de los apéstoles, que es la base de la que conocemos con el nombre de san Juan Criséstomo*; en Jerusalén la de Santiago’, y en Alejandria la de san Marcos (o de san Cirilo, en su adaptacién copta posterior)’. Todos estos formularios, y otros mas, aunque lleven la marca de “1. Anafora bizantina de san Basilio, HaNGor-Pats, p. 230-243; Anafora alejandrina, ibid. p. 348- 357. Ck. H. Enouenninc, Des enchavstische Hochgebet der Basilioshturgie, Textgeschichtliche Untersu chungen wnd krisische Ausgabe, Minster 1931 (Theologie der christichen Ostens 1); B. Cameuie, Les liturgies ebasilienness, anexo a J. Dontsse - E. Lawwe, Un témoin de la ltargie copte de $. Basile, Lovaina 1969 (Bibliochéque dy Muséon 47); A. Rats, Liauthenticté de la litrgie byzantine de 8. Basile, «Revue des érudes byzantines» 16 (1958) 158-161; A. Rats, Un nowveaw document sur la litergie de 8. Basle, OCP 26 (1960) 401-411. 2. Anifora de los XII Apéstoles, HANGGI-PAML, p. 265-2685 Anéfora de S. Juan Criséstomo, ibid., p. 223-225; Cf. G. KHOURI-SaRKis, L'origine syrienne de Panaphore byzantine de S, Jean Chrysostome, 057 (1962) 3-68 3. Aniora de Santiago, HANGGi-Paus, p. 244-261; Cf. A. Tanny, La priére enchavistigne de PEglise asalem, Beauchesne, Paris 1972 (Théologie historique 17). 4. Andfora de san Marcos, HANGGI-PaHt, p. 101-115; Anéfora copta de San Cirilo, ibid., p. 135- 139; fragmentos més antiguos (papiro de Estrasburgo, papiro de Manchester, fragmento de Dér-Balyzeh): 393 . La misa desde el siglo tv hasta el vist sus diversas procedencias locales y cada cual tenga su propia fi- sonomia, presentan caracteristicas comunes, en las que hallamos algo del plan que habiamos descubierto en Hipélito. Por el contrario, parece que estamos ante otra tradicién en la region de Edesa y en Mesopotamia, situadas entonces en los con- fines o fuera de las fronteras del imperio y viviendo de una cultura semitica de lengua siriaca. Las dos plegarias eucaristicas que pre- sentan, ademas de la de Adday y Mari: las de Nestorio y de Teo- doro de Mopsuestia, aunque surgidas sin duda de un original griego, son muy diferentes de las anteriores®. También tenemos en Egipto, con el nombre de Serapién, obispo de Thmuis a me- diados del siglo tv, una «plegaria de oblacin» que probablemente no es suya y presenta ciertos rasgos arcaicos®, En cuanto a las Constituciones apostélicas, es una compilacién de fuentes diversas que el autor no pretendié armonizar. La «eu- caristia mistica» del libro vires un arreglo de la plegaria de la Di- dakhé, tan dependiente de su modelo que su utilizacién en una Iglesia del siglo 1v es mas que inverosimil; y, en el libro vin, que se inspira en Hipdlito, la anafora de la «liturgia clementina»’ solo nos dice algo acerca de los usos de Ia época a través de las abun- dantes ampliaciones que el redactor hace a partir de la Tradicién apostélica; habria que conocer mejor —cosa que no sucede— los intermediarios entre ambos documentos*. Con la misma pruden- cia hay que considerar la «eucaristia 0 accién de gracias sobre la oblacion> del Testamento de Nuestro Sefor’, apécrifo redactado probablemente en el oriente de Siria en la segunda mitad del s. v. Ademis de los textos eucoldgicos tenemos las citas mas 0 me- nos explicitas que dan las catequesis mistagégicas. En efecto, el interés por hacer comprender los ritos sacramentales a los recién iniciados lleva a los obispos de la antigiiedad a reproducir los mis- id. p. 116-127. Ci. R.G. Coquin, L’anaphore alexandrine de S. Marc, en Liturgies d’Orient et d’Oc- cident, t. 2, Cerf, Paris 1970 (LO 47), p. 51-82. 5. Anifora de Teodoro de Mopsuestia, HANGGIPAHL, p. 381-386; Anifora de Nestorio, ibid., p. 387-396. Para la andfora de Adday y Mari, véase supra, p. 336-341. 6. Anéfora de Serapién; ed. de F.X. Funk, Didascalia, 0.c., t. 2, 1905, p. 172-176; HANcct Patt, P. 128-133; Borrr, L’euchologe spion est-il antbentique?, OC 48 (1964) 50-56 7. Constitwciones apostoticas, Vil, 25-26 y VUIL, 4-51; ed. de F.X. FUNK, 0.¢., p. 410-414 y 496-514, 8. Cf. R. Casi, Les pritres eucharistiques des «Constitutions apostoliques» sont-elles des témoins de 4c liturgie due IV siécle?, «Bulletin de littérature ecclésiastique» 84 (1983) 83-99. 9. El Testamento de Nuestro Sefior; ed. de LE. RavimaNt, Maguncia 1899, p. 38-45; trad. francesa de F. Nav reeditada por P. Crmnormt, L’Octateugue de Clément, Lethielleux, Paris 1967, p. 36-38. Cf. L. Licter, L'anaphore de la «Tradition apostoliques dans le «Testamentum Domini», en The Sacrifice of Praise, 0.C., p. 91-106, 394 rr | Plegaria eucaristica mos formularios para explicar su sentido. Ello nos ofrece indi- caciones de gran interés, sobre todo cuando podemos confrontar esos testimonios con las anaforas que conocemos. Pensemos sobre todo en las catequesis de Teodoro de Mopsuestia, para la regién de Antioquia, y en las de Jerusalén que se conocen con él nombre de san Cirilo, pero que quiza son de su sucesor, Juan'®. IL. Las IGLEstas DE OCCIDENTE BIBLIOGRAFIA B, Borte, Le canon de la messe romaine, éd. critique, introduction et notes, Mont César, Lovaina 1935 (Textes et études liturgiques 2). L. EzENHOFER, Canon missae Romanae, Pars I, Traditio textus, Orbis catholicus, Roma 1954 (Collectanea Anselmiana, Rerum ecclesiast. doc., Ser. minor 1). P, Boretta, I! Canon missae ambrosiano, «Ambrosius» 30 (1954) 225-257. E. Bistiop, On the Early Texts of the Roman Canon, en Liturgica historica, Cla- rendon, Oxford 1918, p. 77-115. Cours et conférences des Semaines liturgiques 7, 1928: Le canon de la messe, Mont César, Lovaina 1929. A. BAUMSTARK, Das Problem des rémischen Messkanons, EL 53 (1939) 204-244, G. ELtarb, Interpolated Amens in the Canon of the mass, «Theological Studies» 6 (1945) 380-391. C. CALLEWAERT, Histoire positive du canon romain, SE 2 (1949) 95-110. H. Frank, Beobachtungen zur Geschichte des Messkanons, ALW 1 (1950) 107ss. B. CaPeLLe, Innocent 1* et le canon de la messe, RTAM 19 (1952) 5-16 (= Tra- vaux liturgiques, t. 2, p. 236-247). B. Borre - C. Monrmann, L’Ordinaire de la messe, texte critique, traduction et études, Cerf-Mont César, Paris-Lovaina 1953 (Etudes liturgiques 2). B. OPFERMANN, Die Erforschung des rimischen Messakanons, «Theologie und Glauber 44 (1954) 263-279. J.A. Junomann, Les idées fondamentales du canon de la messe, La grande pritre eucharistique, trad. francesa de M. ZemB, Cerf, Paris 71964 (ed. orig. alemana: Das eucharistische Hochgebet, Werkbandverlag, Wiirzburgo 1954). E. Grurre, Trois textes importants pour histoire du canon de la messe, «Bulletin de littérature ecclésiastique» 59 (1958) 65-72. P. Boreta, I] canone della messe romana nella sua evoluzione storica, «Ambro- sius» 35 (1959) Suplem., p. [26]-[50]. K. Gamper, Canonica prex, Eine Studie sber den altrimischen Messkanon, en Heiliger Dienst, 1963, p. 1-16. P. BORELLA, Unita’e continuita del Canone nei testi ambrosiani del Giovedi santo e della veglia pasquale, «Ambrosius» 41 (1965) 79-100. «La Maison-Dieu» 87 (1966): Le canon de la messe. milias catequéticas 15 y 16 (5 y 6 sobre la Misa), ed. de R. TONNEAU - a ee) (ST 145), p. 461-601. Cintto ve Jenusaren, Catequesis mistags- sicas, 5, 4-10; ed. de A. PiEDAGNEL y trad. francesa de P. Panis, Cerf, Paris 1966 (SChr 126), p. 150-161; cf. A. Tanay, La pritre eucharistique de PEglise de Jérusalem, Beauchesne, Paris 1972 (Théol. hist. 17). 395 La misa desde el siglo 1v hasta el vist P. Borgia, Evoluzione storica e struttura letteraria del Canone della messa ro- mana, en Il canone, studio biblico, teologico, storico, liturgico, Padua 1968 (Li- turgica, nuov. ser. 5), p. 95-113. M. RAMos, La gran oracién encaristica en la antigua misa espariola, Fac. de Teo- logia, Granada 1963. M.S. Gros, El ordo missae de la tradicion hispanica A, en Liturgia y miisica mo~ zdrabes (I. Congreso internacional de estudios mozarabes, Toledo 1975), Ins- tituto de San Eugenio, Toledo 1978, p. 45-64. En Occidente hay que esperar hasta una época mas reciente para tener formularios completos de plegaria eucaristica, aunque tengamos indicios seguros de que algunos elementos por lo menos se remontan al siglotv. De la Iglesia de Africa, que fue la primera en hablar latin, no nos ha Ilegado ningiin texto. Slo sabemos que «cuando se esta cabe el altar, la plegaria (oratio) debe siempre dirigirse al Padre» y que un obispo de Mauritania compuso una recopilacién de for- mularios litirgicos'’. Sin embargo, aunque no cite las palabras de Ja anafora, Agustin se muestra preocupado por la participacién del pueblo, sobre todo por la calidad de su actitud interior en ese mo- mento de la celebracién. En ese espiritu comenta el didlogo intro- ductorio o el Amen final. Para la Iglesia de Roma, los testimonios més antiguos son ex- teriores a la ciudad eterna: san Ambrosio de Milan cita todo un pasaje que se parece mucho a la parte central del canon romano de la misa’*. Por otra parte, los libros visigdticos han conservado fragmentos que son adaptaciones de un estado de la plegaria ro- mana anterior al que conocemos'*. Pero, aunque hallemos en san Ledn (440-461) y en Gelasio (492-496) alusiones a expresiones de este formulario, es sdlo después de san Gregorio (590-604) cuando podemos considerarlo como definitivamente fijado"*. En todo caso, una cosa es cierta: no se trata de una simple evolucién de la Tradicién apostélica. También hay que observar que Roma sélo conoce un tnico formulario de plegaria eucaristica, aunque admita 11. Concilio de Hig 393, can. 21, en Breviarinm Hipponense, ed. de C. Munter, Concilia Africae, 1974 (CCL 149), p. 39. Genaoio, Liber de seriproribus ecclesiastics, 78; PL. 58, 1103. 12, §. Amaxosto, De Sacramentis IV, 21-22, 26-273 ed. de B. Borre, 1961 (SChr 256i), p. 114-1165 HANGGHPaut, p. 421-422. 13, Liber ordinum, ed, de M. Féxon, Didot, Paris 1904 (Monumenta ecclesiae liturgicae 5), cols. 321-322, 239-241 y 265; Liber mozarabicus sacramentorum, ed. de M. Fexovty, ibid., 1912 (Monumen- ta... 6); n. 1440 y 627. 14: Bl Liber Pontificalis nos habla de dos adiciones introducidas en el texto més antiguot la de sanc- tua sacrificium, etc... (al Supra quae) y lade diesque nostros in tua pace disponas (al Hanc igiter),atribuidas respectivamente a san Le6n y 2 san Gregorio (LP, t. 1, p. 239 y 312). 396 Plegaria eucaristica «prefacios» o algunas cléusulas variables. El papa Vigilio, en una carta del afio 538 a Profuturo de Braga, declara no tener una ordenacién diferente de plegarias para la celebracién de la misa (or- dinem precum in celebyitate missarum) para ningin tiempo, para ninguna fiesta, sino que consagra siempre con el mismo texto los presentes ofrecidos a Dios (eo- dem tenore oblata Deo munera consecrare). Cuando hay que celebrar las fiestas de Pascua, de la Ascensin del Sefior, de la Epifania o de los santos de Dios, afadimos unos parrafos (capitula) diferentes, propios de dichos dias...'* En cuanto a las Iglesias de Galia y de Hispania, sus plegarias eucaristicas se componian de tres formulas variables para cada misa, dos antes y una después del relato de la institucién (el tinico texto invariable, que empieza con la palabra Pridie): eran la Im- molatio o Contestatio, la Collectio post Sanctus y el Post mysteria o Post secreta, segin el vocabulario galicano; la Illatio, el Post Sanctus y el Post pridie, segan la denominacién hispanica. Los tex- tos que poseemos de dichas oraciones no se remontan mis alla del siglo viy nos han llegado, sobre todo para el norte de los Pirineos, bajo formas alteradas por influencias exteriores o por confusiones que se habian producido entre los mismos. III. Las DIVERSAS DENOMINACIONES DE LA PLEGARIA EUCARISTICA Para designar la plegaria eucaristica se han utilizado distintos términos segiin las épocas y los lugares sin que ninguno de ellos sea plenamente adecuado para expresar la realidad que quieren nombrar. Se trata de palabras que tienen siempre otra significacién y, aunque son cémodos por el sentido técnico de que se han re- vestido, parecen decir también que no hay ningin nombre ple- namente satisfactorio para esa accién tnica en la experiencia hu- mana. Los griegos dicen &vapogd, que etimolégicamente signi- fica «elevacién», pero es el modo corriente de hablar de una ofrenda y es ciertamente en virtud de dicha acepcién como se uti- liza aqui, al igual que su equivalente siriaco gorbana; y hallamos la expresion latina oratio oblationis. Pero no deberiamos sacar la conclusién de que la eucaristia se reduce a una oblacién; pues el vocabulario en este caso evoca més de lo que describe; expresa un aspecto de la plegaria, simbolizando una riqueza mucho mayor. jeu110,-Epist. 2, 5; PL 69, 18 397 . La misa desde el siglo 1v hasta el vir El mejor correlato en la lengua de Occidente de Gvagogé seria sin duda illatio, que en su uso ordinario se refiere también a una «aportacién» y a un «sacrificio», pero este término casi solo se usa en la liturgia visigética y propiamente designa el primero de los elementos que componen la plegaria eucaristica, el que corres- ponde al prefacio romano y que la tradicién galicana llama im- molatio, que también evoca la ofrenda sacrificial, 0 contestatio, que significa «testimonio», «plegaria intensa» y también puede apli- carse a la profesién de fe. Pero estos substantivos, a pesar de su sentido técnico restringido, podrian aplicarse también al conjunto de la plegaria eucaristica, En el rito romano, la costumbre consagré la denominacion de canon, que quiere decir «regla» y que parece muy poco signifi- cativo; en realidad, ese helenismo se empleé primero en la expre- sién canon actionis, que hallamos en el Sacramentario gelasiano; la eucaristia es una actio, como dice todavia una rabrica del Misal: infra actionem. Pero en el uso corriente sdlo se mantuvo la primera palabra de la locucién. También hallamos, sobre todo en san Gre- gorio, el término prex: es la plegaria por excelencia, pues es su- premamente eficaz del mayor de los misterios y no tiene necesidad de calificativo. Observemos que la expresién canon actionis, en el Sacramen- tario gelasiano, se da como un titulo que precede el Sursum corda, mientras que muy pronto se hard empezar el Canon después del Sanctus'®. Del mismo modo, el término praefatio que, en san Ci- priano, parecia indicar el didlogo de introduccién"”, se aplicara a toda la parte variable que, en el uso romano, constituye el inicio de la anafora’®, § 2. El didlogo introductorio BIBLIOGRAFIA H. EncgerpInG, Der Gruss des Priesters zu Beginn der Eucharistia in den éstli- chen Liturgien, JLW.9 (1929) 138-143. J. Hausterrer, Erhebung des Herzens, RAC 6, 1964, col. 1-22. 16. Ch. infra, p. 439. 17, S. Cipniano, De domninica ovatione 31, ed. de G. Hantst, 1868 (CSEL 3, 1), p. 289 “18. En la liturgia galicana, la palabra Praefatio designa un formulario que no es una oracién sino una especie de monicion con In qu, antes dela plegariaeucaistia, el sacerdoe presenta la festa 0 misterio deh dia. 398 t Plegaria eucaristica C.A. BouMAN, Variants in the Introduction to the Eucharistic Prayer, «Vigiliae Christianae» 4 (1950) 94-115. E. FERGUSON, The Liturgical Function of the Sursum corda, en Studia Parvistica 13, Akademie Verlag, Berlin 1975 (TU 116), p. 360-363. La plegaria eucaristica va precedida en toda la tradicién de un dialogo, inspirado en usos judios, entre el presidente y la asam- blea.-Esen_primer lugar un saludo, conservado en su forma mas simple y ciertamente més antigua en las Iglesias de Occidente y en las liturgias de tipo alejandrino: —El Sefior esté con vosotros (variantes: con todos vosotros, con todos). =Y con tu espiritu, En las regiones influidas por la metrépolis antioquena, el deseo es sustituido por una adaptacién més o menos arreglada de 2Cor 13,13: «La gracia del Sefor Jesucristo, el amor de Dios y la co- muni6n del Espiritu Santo sea con todos vosotros»”. El presidente invita luego a la asamblea a la actitud espiritual que la preparara para la eucaristia: —Arriba los corazones. —Los tenemos hacia el Seftor. Esta férmula simple, conservada en las liturgias latinas, es cier- tamente la més antigua; est atestiguada en las catequesis de Jerusalén y a veces también se encuentra en Oriente, pero tiene variantes: «Arriba nuestros corazones», «Arriba los espiritus», «Levantemos el espiritu y los corazones», sin hablar de mayores ampliaciones entre los sirios orientales. Animado, por asi decir, por la respuesta del pueblo que acaba de recibir, el celebrante puede invitar a éste a decir 0 a hacer la eucaristia; pues se trata a la vez de una plegaria y de una accién en las que entramos en seguimiento de Cristo: —Demos gracias al Seftor. —(Es) digno y justo. Era la formulacion de Hipélito, incluso en Roma donde la tra- dicién posterior afadira: «...nuestro Dios»; pero Oriente pet manecié fiel a la redacci6n primitiva atestiguada tanto en Jerusalén 19. Las andforas bizantinas Feproducen casi textualmente el versiculo biblico: otras quieren recuperar cl orden habitual de las personas de la Trinidad invirtiendo las dos primeras meaciones (ef. Santiago) 0 incluso atribuyendo la gracia al Padce y el amor al Hijo. Para la respuesta de la asamblea, véase p. 357. 399 La misa desde el siglo 1v hasta el vit como en Antioquia, Constantinopla y Alejandria. La respuesta es universal: ambos calificativos, de significacién muy parecida, di- cen todo el alcance de la accion de gracias, todo su peso, podria- mos decir, segiin la etimologia del vocablo griego &Eto¢; es, por lo tanto, como la cumbre de todo el didlogo: el pueblo sacerdotal esta «con» su Sefor, cuya presencia es simbolizada por aquel que [Link]én recibié su «espiritu»; y todos estan orientados hacia las «alturas», alli donde Cristo resucitado vive en la gloria, afin de entrar con él en su mismo movimiento «de este mundo al Padre» (Jn 13,1). Y la plegaria empalma con la introduccién por medio de las mismas palabras: «Si, es digno y justo...» § 3. La expresién de la accién de gracias y el Sanctus BIBLIOGRATIA W.C. VAN Unnik, J Clem. 34 and the Sanctus, «Vigiliae Christianae» 5 (1951) 204-248. B. Caeiie, Problémes textuels de la préface romaine, en Mélanges Lebreton, t. 2 (RechSR 40), 1952, p. 139-150. L. CHavouTier, Un libellus psendo-ambrosien sur le Saint-Esprit, SE 11 (1960) 174-191. E. DEKKERS, Hoopnteta — Praefatio, en Mélanges Christine Mobrmann, Spec- trum, Utrecht 1963, p. 190-195. E. MOELLER, Corpus praefationum, Brepols, Turnhout 1980-1981, 5 vols. (CCL 161, 161A, 161B, 161C, 161D). El vol. 1 contiene el Ezude préliminaire y abun- dante bibliografia (p. cLiv.cxc1). I. «Es DIGNO Y JUSTO DARTE GRACIAS» Toda la plegaria eucaristica es accién de gracias, pero ésta se expresa sobre todo en el enunciado de los motivos que la suscitan, siempre evocados al principio de la anafora. Podriamos decir para simplificar que se trata, por un lado, de lo que es el mismo Dios, cuya grandeza y misericordia se contemplan, y, por el otro, de la historia de la salvacion a través de la cual se realizan las «maravillas del Seftor». Reta: Este segundo aspecto contiene implicitamente el primero, el cual no siempre es desarrollado. Es el caso del Vere dignum del n romano, la primera de las piezas variables en ese conjunto “en él se menciona, segan la fiesta celebrada, una sola de las [Link] se pueden tener para «bendecir» al Todopoderoso y 400 Plegaria eucaristica el ciclo del afio hace desfilar los diversos componentes del misterio salvifico a través de formulas concisas que casi exclusivamente alu- den a la dimensién esencial, es decir, cristolégica. Pasa lo mismo en un estilo muy diferente, y mucho mis prolijo, en la [Matio o Contestatio de la misa hispano-galicana. Las anéforas orientales, por el contrario, no contienen partes variables; cada una de ellas tiende a’presentar un panorama de con- junto de la «economia» cristiana, que puede ser muy desarrollado, como en la liturgia de san Basilio, o bastante resumido como en la de san Marcos”: Realmente es digno y justo... darte gracias... noche y dia por medio de bocas que no cesan, de labios que no se callan, de un corazén que no se inhibe, a ti, hacedor del cielo y de cuanto en él hay, de la tierra y de cnanto en ella se encuentra, de los mares y las fuentes, de los lagos (y los rios) y de cuanto en ellos se mueve, ati, que hiciste al hombre a tx propia imagen y semejanza y le diste en regalo las delicias del paraiso; a ti, que no lo despreciaste ni abandonaste cuando prevaricd; antes bien, Dios bueno, lo volviste a llamar por medio de la ley, a través de los profetas lo instruiste, lo restauraste y renovaste por este tremendo, vivificante y celestial misterio. Y todo lo hiciste mediante aquel que es tu sabiduria y la luz verdadera, tx Hijo, Serior, Dios y Salvador nuestro Jesucristo... Asi se evocan a la vez la creacién de los elementos y la del hombre, luego el cumplimiento de esta obra en la encarnacién, preparada por las promesas después de la caida. El Eucologio de Serapién insiste menos en esa mirada sobre el mundo surgido de las manos del Altisimo que en Dios mismo «increado, inescruta- ble, inefable, incomprensible a toda creatura». En ciertas plegarias se va alargando esta lista de términos negativos para designar al Sefior: sélo se puede hablar de él negandole todas las limitaciones que afectan a nuestro mundo (es la «teologia apofatica»). Varias andforas antioquenas terminan con el Sanctus esa contemplacién del Padre que hizo el cielo y la tierra, de los que recibe adoracién. Después del canto de los serafines, la evocacién de los elementos de la salvacién se desarrollar4 como una redundancia de la accién de gracias compuesta, en el caso de san Basilio, por mas de cin- cuenta citas biblicas que se encadenan para trazar un amplio fresco que se abre sobre el Nuevo Testamento: el relato de la cena sera colocado con toda naturalidad en su momento dentro del des- arrollo de la historia sagrada. Esta elaboraci6n literaria dara al con- 20, La anéfora de Marcos desarrolla un texto que’s6lo-contiene-las-palabras en cursiva y nos es conocido por un fragmento de papiro conservado en Estrasburgo: ed. de M. ANDRIEU - P. CoLLom, Fragment sur papyrus de VAnaphore de s. Marc, RevSR 8 (1928) 489-515, 401 La misa desde el siglo 1v hasta el vir junto una unidad y una estructura trinitaria, en la que la epiclesis dedicar4 un embolismo al Espiritu Santo, después de la evocacion del Hijo. II. «jSanro! ;SANTO! jSANTO! EL SENOR...» Si el Sanctus encuentra su lugar adecuado en las anaforas bien elaboradas, en cambio, en muchas otras da la impresién de un afiadido. Parece que no pertenece a la forma primitiva de la ple- [Link]-otra-parte, sabemos que la Tradicién apos- tolica no lo tiene”!. No debe sorprendernos ya que la accién de gracias cristiana debe su origen a los ritos judios de la mesa, en los que no figura. Sacado de la visién inaugural de Isaias (Is 6,3), pertenece a la liturgia de la Sinagoga: en el oficio de la mafana, por lo menos desde el siglo 1 de nuestra era, el Sema‘ Israel va precedido de una bendicién (Yoser) por la luz y la creacién en la que aparece el himno de los serafines. ¢Pas6 de ahi a las andforas? En todo caso, se vio ampliado con la mencién del cielo que, con la tierra, esta lleno de la gloria de Dios. Lo hallamos atestiguado, en el Oriente antioqueno, desde el tercer cuarto del siglo 1v” y, en Egipto, la plegaria de Serapién esta construida alrededor del Sanctus. Sin embargo observamos que los Padres latinos de la misma época comentan el texto de Isaias sin aludir a un uso litargico; pero un pequeiio tratado sobre el Espiritu Santo, escrito hacia el afio 400 en Ttalia del Norte, ad- vierte que todo el pueblo une su voz a la del sacerdote en la misa_ para decir esa aclamacién «en casi todas las Iglesias orientales y en algunas Iglesias de Occidente»®, {Se cuenta Roma entre éstas?*# Quizas a causa de las luchas antiarrianas, ya que se le daba un alcance trinitario. Y asi en Africa, en el 484, una profesién de fe de los obispos dice de este modo: «...adorando y glorificando a la Santisima Trinidad, como decimos con nuestras bocas en los misterios: Santo...»?° En Galia, el canto de los serafines fue in- 21. CE. supra, p. 334. 22, Gascon DE Nisa, De Baptismo; PG 46, 421; san Juan Cxssostomo, In Eph. Hom. 14,4; PG 62, 104; ef. PG 56, 97 y 158: 61, 2325 62, 104 y 363. 23, L. Cuavoumien, Un libellus, 0c. ps 189. 24, L. Chavoutier cree que fue el papa Damaso el que introdujo el Sanctus, pues intercambié cartas con san Jerénimo acerca del sentido trinitario del himno de Isaias (ibid., p. 183-184). 2 25, Vicron be Vita, Historia persecutionis, 1.11, 1005 ¢4, de M, Prascrenic, 1881 (CSEL 7), p. 70- 71. El mismo texto se halla en el Pseudo-Atanasio, cuyo libro X se considera de origen espanol: CCL % p. 145.

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