VIVA JESÚS Y MARIA
SEÑOR ARCEDIANO DON CONSTANTINO ARIZMENDI
El Sr. Arcediano D. Constantino Arizmendi, nació en Tetzicapán, cabecera
parroquial que aunque perteneciente a la Diócesis de Chilapa, por lo civil era del
Estado de México. Últimamente ha pasado a ser de la Diócesis de Toluca, Edo. de
México. Sus papás fueron el Prof. Jesús Arizmendi y Doña Febronia Figueroa.
Hermano de su mamá fue el Sr. Cura D. Antonio Figueroa, párroco de Alcozahuaca,
Guerrero y esto pudo haber influido de lejos o de cerca en su vocación sacerdotal.
Representaba unos 16 años cuando se matriculó en 1911 en el Seminario de
Chilapa juntamente con los jóvenes de Pilcaya, Gro., Don Félix Estrada y D. Eliseo
Figueroa, uno y otro como de 25 años. Don Félix se ordenó Sacerdote, que
abnegado y en cumplimiento de su deber pastoral murió en Chilapa como cura de
Ahuacuotzingo, Gro. los compañeros de entrada eran de Pilcaya, y fue porque el
Profesor D. Jesús después de estar seis años en Tetipac, Gro. fue invitado con
apremio por los de Pilcaya, población generosa y progresista, para ir a dirigir una
escuela. Aquí el alumno Constantino concluyó su primaria con aprovechamiento
bajo la dirección de su papá y resultó un matemático, calígrafo y dibujante que dio
muestras en el curso de su vida.
Los directores del Seminario en 1911, año de su entrada, eran del Clero
Diocesano, pero en 1912, se hicieron cargo del Establecimiento los RR. PP.
Eudistas (Congregación de Jesús y María), que tuvieron en el alumno Constantino
un Seminarista que deseaba aprovechar. Conocida su buena caligrafía y dibujo, le
encomendaron el trabajo de hacer en cartoncillo blanco una tablita de oraciones
para rezar en comunidad antes y después de las comidas. Trabajo en que salió muy
bien, dibujando a pluma y tinta china a unos religiosos de abundante barba y cuerpo
entero, ceñidos con grueso cordón y manos embutidas dentro de amplia mangas.
Además otro dibujo en cartoncillo que salió práctico y artístico, con huecos, para
colocar semanalmente los oficios de los seminaristas en la capilla.
Con deseos de prepararse para el sacerdocio, estudiaba y estudiaba y no
ganaba el triunfo en muchos concursos porque en su clase habían buenos talentos
como Cutberto Vargas, Egidio Martínez y Francisco González. Se veía su
aprovechamiento por sus buenas calificaciones en latín, español, matemáticas con
el Padre Piriou, francés, filosofía y últimamente la Teología Moral, Dogma y Sagrada
Escritura. A pesar de los tiempos difíciles que se vivían entonces: pobreza, dificulta
de textos, la Revolución con el alboroto Zapatista, Carrancista, y últimamente una
enfermedad que sufrió en un aposento del Seminario que ejercitó la caridad del
Ilmo. Sr. Obispo Campos y de la madre Ecónoma, Sor Benedicta Sánchez, ya
repuesto de su enfermedad fue ordenado sacerdote por el mismo Sr. Campos con
otros más de sus condiscípulos, el 24 de Octubre de 1919, siendo Rector de ese
año el Ilmo. Sr. Obispo de Tabasco Dn. Antonio Hernández, ausente de su Diócesis
por una persecución religiosa en ese Estado de modo que el Sr. Rector que lo
admitió al Seminario como Canónigo, ahora con Sr. Obispo lo entrega al servicio de
las almas.
El principio de su labor de responsabilidad comienza en 1921 con el
Seminario Conciliar en el Subrrectorado que había ocupado una año antes el Pbro.
Filiberto Leyva. Con la venida del Sr. Cango. D. Luis Martínez del V. Clero de
Morelia, como Administrador Apostólico, es nombrado Párroco de Azoyú, Costa
Chica. En este lugar joven u con gran anhelo, trabajó hasta perder la salud lo que
hizo que el superior lo mandara a Pilcaya, interinamente para rehacerse. Pasa a
Noxtepec y ahí sufre la Persecución Callista donde es testigo ocular de un recio
combate entre el General Gobiernista Adrián Castrejón y el General Cristero
Victorino Bárcenas en que el General Castrejón fue lazado por un cristero y cuando
iba a darle el jalón, su asistente logro cortar la reata sobre la cabeza de su fuste
valiéndose. Cuestión de segundos. Único rastro de peligro fue el pedazo de reata
atravesado sobre el pecho del General. El caso no es único. El rigor de la
persecución religiosa se hizo sentir particularmente donde la inconformidad se
manifestó por grupos armados y con esto se puede entender el peligro en que
estaba expuesto el Sr. Cura Arizmendi, que con todo y eso seguía administrando
ocultamente. De esa Parroquia pasó a Huamuxtitlán en donde a imitación de San
Juan Bosco, se dedicó especialmente a la niñez y a la juventud con el trato de la
población se le fue acercando poco a poco por fin logró ganarla con su modo de ser
afable, respetuosos y generoso. Reorganizó las hermandades que sufrieron con la
persecución, el Catecismo, hizo venir una misión con intervención del Excmo. Sr.
Obispo Díaz. Además en cumplimiento de instrucciones Diocesanas, tenía en la
cabecera el retiro mensual con los señores Curas de la foranía con exposición del
Santísimo, meditación, solución del caso de conciencia, notando que el templo
parroquial estaba en ruinas y que el culto se hacía en el salón adjunto y en línea
paralela al curato, hizo el propósito de construirlo con apoyo decidido de la
población. El templo en ruinas era extenso y ningún Sr. Cura se había decidido a
reconstruirlo. Se entiende que ese mal vino con el temblor de 1907 y la Revolución
larga con sus consecuencias de pobreza habían impedido. Con intervención del Ing.
Mariscal, F. Víctor D. Machi y el Prof. D. Aurelio Galindo, emprendió el trabajo que
logró ver realizado aún antes de venirse a Chilapa, cuando se anunció la orden de
cambio del Sr. Arizmendi la población se apesadumbró y varios jóvenes de
Huamuztitlán lo siguieron al Seminario.
Ya en Chilapa, el Excmo. Sr. Día lo nombró Canónigo Lectoral el 12 de
septiembre de 1938 y desde 1939 fue Rector del Seminario entonces dividido en
dos grupos el mayor en la Villa y el menor en San José. Como Canónigo era puntual
y sacrificado. Decía que eso de rezar el oficio divino eso mismo era un beneficio
porque el toque peculiar de la campana que llamaba al coro, lo hacía dejar cualquier
ocupación y con eso podía rezar diariamente son dificultad el breviario. Anécdotas
de vidas descansadas se han escrito sobre los Señores Canónigos que acá en
Chilapa no tiene aplicación, porque la escasez de Sacerdotes los obliga a tener
ocupaciones variadas: capellanías, predicación, confesiones, clases a veces, oficios
en la Curia Diocesana, y asuntos delicados a realizar por mandatos superior y solo
libre de todo esto por la incapacidad de los años. El Sr. Arizmendi relativamente
joven recibió el Rectorado al que los llamaban sus aptitudes, porque varios años
antes los señores sacerdotes, sobre todo después de la persecución, atendían al
Seminario con el Título de Vicerrectores aunque su responsabilidad era de
Rectores. Estando el Seminario, como se dijo, y siendo Capellán del Dulce Nombre
durante tres años, tuvo que pasar aún de noche, pos la Horas Santas, el arroyo que
hay entre el Rastro y la Villa, donde descansaba al final de la jornada. Su tiempo
estaba dividido en coro-oficina-coro-clase-atención de los dos Seminarios a buen
distancia. Le sostenía su obediencia al Sr. Obispo y el cariño al Seminario.
Después de Canónigo Magistral pasó a ser Canónigo de Número, fallecido el
Sr. Arcediano D. Alfredo Nájera, el Sr. Arizmendi fue nombrado Arcediano el 22 de
abril de 1952 ya medio agobiado por la edad y el trabajo.
Además de Rector y Arcediano y Vicario General, el Sr. Arizmendi fue
Capellán del Templo de San Antonio, en la Ciudad. El Ilmo. Sr. Díaz le platicó del
deseo que el Ilmo. Sr. Ortiz, Obispo Apostólico que vino a Chilapa desde Tampico,
Tmps., tenía de que en todas las parroquias se diera la bendición del Santísimo a
determinada hora del día, idea que el Sr. Arizmendi hizo suya (Rev. Te Seguiré del
Seminario Mayo, Junio de 1955) y desde ese año 1943 empezó a darse la bendición
con el Santísimo desde lo alto del cerro de San Antonio a las 6 de la tarde a la señal
de la campana. Toda la ciudad se arrodillaba, inclusive en la calle. Lo que visto pos
nuestro poeta guerrerense Dn. Rubén Mora, originario de Cuautepec, Costa Chica,
se conmovió e inspirado compuso una poesía alusiva. Dn. Rubén en su casi niñez
había sido seminarista en Chilapa. El primero de mayo del ya repetido año de 1943
dio comienzo el día Eucarístico que aún en 1994 año de estos renglones
permanece, y en que la ciudad dividida en gremios ofrece Horas Santas a Jesús
Sacramentado, expuesto, a la par que en el Templo del Señor San José con gran
afluencia de gene se ofrece homenaje al Santo Obrero a San José en el día civil del
trabajo.
La capilla de San Antonio a su iniciativa se transformó en un Templo amplio
y en lo alto está una imagen de Cristo Rey en mármol y de cuerpo entero debido a
la generosidad de D. Reyes Castro benefactor de Chilapa. A petición del Sr.
Arizmendi, el Ilmo. Sr. Díaz lo declaró monumento de la Diócesis. Lo obsequiaron
para un atrio del templo de San Antonio una imagen en material resistente de la
Virgen Inmaculada y después de pensarlo bien la colocó en un plano de las gradas,
subiendo o bajando el graderío encuentra uno a veces a grupos de fieles rezando el
Santo Rosario delante de ella. Conociendo el H. Ayuntamiento de ese tiempo su
deseo de hacer una pequeña carretera por el lado opuesto a las gradas, le ofreció
bondadosa colaboración. Exceptuando el día de su misa conventual, siempre
celebraba en San Antonio. Unos chiquillos del Seminario lo ayudaban temprano y
pasando frente a D. Amancio Sánchez le tocaban, sino es que ya se les hubiera
adelantado. Este Señor fue un amigo y colaborador del Sr. Arizmendi en el culto de
San Antonio.
Pero el tiempo pasa y el organismo se debilita por tanto pensar y de tanto ir
de aquí para allá, en el desempeño de su misión de trato con tantos, y el Sr.
Arizmendi vino a menos en su salud a tal grado que fue exigente que viniera a
México, D. F. para internarse en un sanatorio atendido por Madres Carmelitas en
que el Sr. Cango. D. Abraham Flores había fallecido.
Lo acompañaban dos solícitos y abnegados seminaristas D. Humberto
Osorio y D. Estanislao Franco. Estando ya en México los Padres del Seminario
acordaron que uno de ellos fuera para que acompañara de cerca al Rector, teniendo
en cuenta que ya estaba con él, el Sr. Cura de Pilcaya D. Juvenal Porcayo y el P. D.
Pedro Iturralde, cuando el sacerdote del Seminario llegó, media entrada la noche, ya
estaban operando al Sr. Arizmendi. Muchas personas estaban agolpadas a la puerta
de las sala de operaciones y con trabajo pudo ponerse en primera fila y al ser visto
por el Padre Porcayo, lo llamó y dijo usted se queda en mi lugar, porque yo me voy
a Pilcaya a preparar lo necesario y diciendo esto, le entregó su roquete y su Manila
y le advirtió que si el Sr. Arizmendi entraba en agonía le rezara la Indulgencia
Plenaria y con eso se fue. El Padre Rector estaba acostado en un aparato que
semejaba una cruz vertical y horizontal anchos. Mientras el Cirujano, un árabe de
fama, hacía la operación, asistido de otros médicos. La operación fue feliz y le
extrajeron un gran tumor que exhibieron en una botella gruesa y chaparra, cerca de
la sala de operaciones. Se dijo que ese tumor tuvo comienzo cuando en una de las
Parroquias se vio obligado a saltar a caballo una zanja y al caer del otro lado se dio
un golpe con la cabeza del fuste.
El enfermo fue llevado al cuarto número 1, no muy lejos de la escalera y
atendido con la solicitud dicha pasó esa noche y el día siguiente, sin motivo de
alarma. De tal manera que los visitantes sacerdotes y visitantes amigos creyeron de
momento que el peligro había pasado. Alegres aunque de buena distancia reían con
medida y comentaban la deseada mejoría. Sus visitantes eran muchos y entre ellos
podían verse a Doña Aurelia Romero Vda. de Galindo, a Sor Benedicta Sánchez,
nuestra enfermera y proveedora del Seminario cuando alumnos, al Padreo Boni
Vergara, al Prof. Reyes Sánchez de San Antonio, Chilapa. Con un dinero por lo que
se ofreciera, etc., etc. Se retiraron ya entrada la noche con la ilusión de una franca
mejoría del Sr. Arizmendi, los dos jóvenes del Seminario en su puesto cercano del
enfermo y próximo, en un pequeño catre, el Sacerdote del Seminario. Sería la una o
dos de la madrugada, cuando el enfermo dio señales de fatiga y por teléfono se
llamó al Dr. Ramírez, hermano del Padre Sergio, que se presentó al minuto y
después de su investigación dijo que el paciente iba reaccionado normalmente y
salió recomendando a los jóvenes que si veían algo serio nuevamente lo llamaran
para presentarse al punto. No hubo necesidad porque cuando amaneció el P.
Iturralde vino a cambiar al compañero sacerdote que inmediatamente se fue a
celebrar a la Iglesia vecina y mientras celebraba, llegó el seminarista Don Estanislao
que comunicó al Sr. Cura con ademanes preciso y palabras vehementes algo
importante. Terminó el celebrante y el Sr. Cura le comunicó que el Señor Arizmendi
acababa de morir. Con esta penosa noticia, fue preciso irse rapidísimamente y
encontró que la hermana Doña María y parientes vestían el cadáver con su sotana
Canonical. Arreglado el cuerpo fue llevado a la capilla del sanatorio y se le cantó
una misa oficiado por el alumno D. Humberto Osorio de voz medio desafinada, pero
que entonces estuvo muy bien. Inútilmente se buscó un cantor en la Iglesia vecina,
se había ido a su trabajo. Lo que ahí había sido aglomeración de visitantes se
convirtió en un pequeño grupo que después de preparar el cadáver fue conducido
para velarse a la casa de la Sra. su hermana doña María casada con el Sr. Trinidad
Castañeda. La velación fue de muchísima asistencia. A media noche cantó un vigilia
el Padre Boni Vergara entonces vicario de Teloloapan. Ya bien comenzada la
mañana salió el cortejo para Pilcaya. Como únicos sacerdotes iban el Sr. Pbro. D.
Juan Rossano y el sacerdote del Seminario. Adelante iba el coche de la funeraria y
le seguían dos camiones de la Capital y antes de llegar a Ixtapan de la Sal uno de
ellos se descompuso de modos que todos los pasajeros tuvimos que pasar al único
útil colocados a como se pudo. El sacerdote del Seminario iba en lugar visible y al
pasar D. Pedro Miranda en un coche con los Padres Manzano y Alfonso Ortega le
dieron sitio. El Padre Rossano se había quedado en un pueblo del tránsito por la
apretura del camión y la incomodidad de su pierna, pero en el llano el coche se
atascó y con la operación dilataban para sacarlo del bache, hubo dilación que
impidió el deseo de llegar con el P. Rector. Cuando llegaron el Seminario estaba allí
presente con sus superiores entre ellos el P. D. Rafael Bello. Todos mostraban la
pena que sufrían.
Y luego la sepultura; pero ¿en qué lugar? En el interiore del Templo pero
¿dónde? Del sitio para sepultarlo ayudó el Sr. Cura Porcayo, un anciano que le dijo:
bajo el Altar Mayor, hay una cripta en que se han sepultado, no se sabe cuando,
unos señores curas de Pilcaya, un buen albañil encontró la cripta. Al día siguiente
de la llegada de los restos y a buen hora se hizo presente el Excmo. Sr. Toriz con el
Sr. Cngo. D. Gabriel Ocampo para celebrarla misa de cuerpo presente a la que
asistieron los señores superiores, sacerdotes, amigos y los de Pilcaya en general. El
Seminario ofició y el Sr. Rafael Bello hizo la Oración Fúnebre. Después de la
colocación del cuerpo en la cripta sugiriendo a Don Antonio, hermano del Sr. Rector,
que pusiera en la caja, pegada al exterior, una plaquita de plomo con las iniciales o
algo mejor para identificar. Al día siguiente y aún con el mismo día el regreso
ordenado del Seminario y asistentes forasteros.
El Sacerdote enviado del Seminario se regresó con el P. Manuel Salazar y
un grupo de seminaristas del menor al cuidado del joven, del mayor D. Rafael
Estrada. Adaptada la camioneta de segundo con un toldo de nylon y cantando un
Rosario en el camino, desafiamos las dificultades: un fuerte chubasco y las de la
camioneta que parecía a veces ya no poder seguir, y después otra dificultad en
Tixtla, íbamos frente al Santuario cuando vino corriendo un agente de tránsito con la
licencia de manejar del P. Manuel. Al pasar frente al Ayuntamiento un agente pidió
al Padre su licencia para manejar que la presentó, ¿y su licencia para llevar
pasajes?, No tengo, contestó, pero me permití levantar gratuitamente a estos
jóvenes que estaban al borde de la carretera, sin esperanza de quien los condujera.
Que digan si les cobro algo. ¡Pase!, dijo el agente. Después comentábamos:
rezamos el Santo Rosario en los primeros momentos del viaje y fuimos a cumplir
con un deber. El Sr. Arizmendi nos está viendo. Llegamos al Seminario con grata
sorpresa del Padre Ángel López, antes preocupado por el pequeño grupo de
seminaristas, que no pudo salir por la escasez de transportes.
Yo creo que el Sr. Arizmendi formado en el Seminario de Chilapa, después
de Rector durante 16 años, aparte del Subrrectorado en 1920, Canónigo y
Arcediano, de la Santa Iglesia Catedral con su curso Preparatorio y Curso de
Teología Moral, sus vigilancias y capellán de San Antonio, mira con agrado todas
estas actividades, implora por ellas desde el cielo, porque creemos en la Comunión
de los Santos.
P. Tomás Herrera.