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Alejandro Magno: Carácter y Conquista

Plutarco describe la vida de Alejandro Magno en su obra Vidas Paralelas. Explica que Alejandro nació en Macedonia en el siglo IV a.C. e inició la conquista de gran parte del mundo conocido a una edad temprana, expandiendo su imperio desde Grecia hasta la India. Plutarco destaca la ambición sin límites de Alejandro desde la niñez, su deseo de lograr hazañas épicas y su diplomacia con otros reyes, ya fueran amigos o enemigos derrotados.

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Alejandro Magno: Carácter y Conquista

Plutarco describe la vida de Alejandro Magno en su obra Vidas Paralelas. Explica que Alejandro nació en Macedonia en el siglo IV a.C. e inició la conquista de gran parte del mundo conocido a una edad temprana, expandiendo su imperio desde Grecia hasta la India. Plutarco destaca la ambición sin límites de Alejandro desde la niñez, su deseo de lograr hazañas épicas y su diplomacia con otros reyes, ya fueran amigos o enemigos derrotados.

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INTRODUCCIÓN

Para mí, escuchar la palabra Alejandro, refiriéndose al hijo del rey Filipo de Macedonia,
es hacer alusión a la grandeza, a la conquista, a la historia viva. Para mí es más que
acertada la denominación Alejandro el Grande o Alejandro Magno pues no ha sido uno
de los mayores conquistadores de la historia sino que fue el conquistador por
excelencia. Desde bien pequeño he crecido leyendo las historias sobre las conquistas de
Alejandro, las grandes batallas de Alejandro, las aventuras de Alejandro con Bucéfalo…
y con el tiempo he continuado leyendo para saber si habría en la historia alguien más
grande que él y ahora puedo decir que a mi parecer no lo ha habido ni lo habrá. Escogí
esta obra con un objetivo: intentar explicar cómo el carácter de Alejandro había influido
en la vida de este hasta el punto de ser clave en el devenir del rey de Macedonia y sus
conquistas.

CONTEXTO HISTÓRICO

Alejandro III de Macedonia nació en el siglo IV a.C., concretamente en el año 356,


fruto de Olimpia de Epiro y del rey Filipo II de Macedonia. Este último aprovechó el
período de decadencia del mundo griego tras la Guerra del Peloponeso, conflicto entre
Atenas y Grecia en el cual habían acabado implicadas casi todas las ciudades-estado
griegas, para dominar Grecia. Uno de sus objetivos era cumplir el deseo de venganza de
los griegos hacia los persas por las pasadas Guerras Médicas. A los veinte años
Alejandro llega al trono tras el asesinato de su padre y así empezó un reinado de 13 años
en el que conquistaría gran parte del mundo conocido. (fuente: Alejandro Magno de
Francisco Javier Navarro)

Plutarco narra toda su vida, desde que era un niño hasta su muerte, explicando todo
aquello que vivió a lo largo de sus viajes desde Grecia hasta la India pasando por Persia
y Egipto. El imperio de Alejandro fue tan amplio que es imposible limitar la
localización de Alejandro en la biografía de Plutarco pues su historia no ocurre en un
único sitio sino que se expande a lo largo de su imperio.

La obra Vidas Paralelas, de Plutarco es un conjunto de biografías, escritas entre el siglo


I y el siglo II a.C., de ilustres personajes griegos y romanos en la historia haciendo entre
ellos una serie de paralelismos viendo así las diferencias entre ambas culturas a través

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de sus grandes personajes. En el caso del capítulo de Alejandro, su “némesis” es Julio
César el gran conquistador de la Galia y el predecesor del primer emperador romano.

La biografía de Alejandro es de género épico y sobre todo de tragedia ática como


podemos leer en la introducción a la obra: “y lo hace echando mano no sólo de los
recursos del género épico -cosa en cierto modo inevitable, tratándose del
responsable de tantas hazañas-, sino, sobre todo, de los de la tragedia ática” (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, página 13).

Es considerada una de las mejores obras de Plutarco y es muy rica a nivel histórico
gracias a la gran cantidad de obras a las cuales hace referencia, en especial a Calístenes,
Aristobulo, Cares, Onesicrito y Clitarco.

La obra tiene como objetivo, además de ser una obra biográfica sobre un célebre
personaje, la comparativa con Julio César pues esa es la esencia de esta obra de
Plutarco. Al haber tantos acontecimientos importantes en la vida de Alejandro, Plutarco
no se explaya demasiado en explicar batallas ni temas bélicos, sino que da mucho
énfasis a la vida diaria del rey, tanto en el campamento militar como en sus residencias,
y a sus viajes y reacciones.

LA OBRA

La obra empieza con la aceptación sobre su descendencia de célebres personajes: “Que


Alejandro era, por parte paterna, descendiente de Heracles a través de Carano, y
de Éaco a través de Neoptólemo por parte materna, es un hecho que se admite
generalmente” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, página 25) con y de una serie de
acontecimientos y predicciones que vaticinaban que el futuro hijo de Filipo será un rey
grande como nunca se había visto hasta ahora: “Y también que llevaba en su seno un
niño valeroso y con la naturaleza propia de un león” (Vidas Paralelas VI, Plutarco,
página 26 haciendo referencia a la predicción de Aristandro de Telmesio), “Y a Filipo,
que acababa de tomar Potidea, le llegaron al mismo tiempo tres noticias: que los
ilirios habían sido derrotados por Parmenión en una gran batalla, que uno de sus
caballos de carreras había vencido en Olimpia y que había nacido su hijo
Alejandro7. Filipo se alegró de estas noticias, como es natural, y los adivinos
aumentaron más todavía su regocijo al declarar que el niño nacido en conjunción

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con tres victorias habría de ser invencible.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página
28).

Plutarco acto seguido hace mención al olor corporal de Alejandro, información la cual
obtiene de Memorias de Aristóxeno: “Su piel despedía un olor muy agradable, y que
su boca y todo su cuerpo olía siempre tan bien que sus túnicas quedaban
impregnadas de su fragancia. Quizá la causa radique en su constitución física, que
era muy caliente y fogosa, ya que el buen olor nace de la cocción de los líquidos por
efecto del calor.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 29). Su constitución física
también responsable en parte de su afición a la bebida y su carácter irascible: “A
Alejandro, además, el calor de su constitución física le hizo, según parece, ser
también dado a la bebida e irascible.”(Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 29) Este
sería un dato relevante de no ser porque la bebida fue una de las causas que le causó la
muerte y su carácter irascible propició algunos enfrentamientos con otros hombres,
algunos de ellos resultando muertos por culpa de haber enojado a Alejandro: “Átalo,
que era tío de Cleopatra, borracho después del banquete, exhortó a los macedonios
a que pidieran a los dioses que naciera de Filipo y Cleopatra un sucesor legítimo
del reino. En esto Alejandro, encolerizado, le dijo: «Necio, ¿es que a mí me tienes
por bastardo?», y acto seguido le lanzó una copa a la cabeza. Filipo se levantó
desenvainando la espada contra su hijo, pero por fortuna para ambos el vino y su
propia cólera le hicieron resbalar y caerse. Alejandro le increpó diciendo:
«Amigos, ahí tenéis al hombre que se disponía a pasar de Europa al Asia: pasando
de un lecho a otro ha acabado por los suelos». (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página
36)

Plutarco resalta que ya desde bien pequeño Alejandro mostraba el deseo de lograr hitos
de gran dificultad y una ambición impropia de su edad, la cual es una de las virtudes
más conocidas del rey y uno de los motivos por los cuales Alejandro llegó tan lejos con
sus conquistas: “Mientras que su ambición revelaba ya una gravedad y una
magnanimidad que no cuadraban con su edad. Y es que no mostraba interés por
cualquier tipo de fama, viniera de donde viniese, como Filipo, que se vanagloriaba
de su habilidad para el discurso, como un sofista, y que hacía grabar en las
monedas sus victorias con el carro en Olimpia; por el contrario, cuando los de su
entorno le tentaban preguntándole si quería competir en Olimpia en la carrera del
estadio, pues era muy veloz, contestaba: Sí, siempre que tenga a reyes por

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contrincantes.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 30) Con este párrafo, Plutarco
muestra las diferencias entre Filipo y Alejandro, mientras que el padre celebraba sus
victorias en carreras de carro Alejandro nunca se conformaba con nada, siempre quería
más y más sin importar lo difícil que fuera.

Algo que también destaca Plutarco de Alejandro, aun siendo niño, es su inconformidad
y su deseo de grandeza, así como el desprecio a todas las riquezas y territorios obtenidos
por parte de su padre pues él ansiaba ser dueño de todo aquello que fuera capaz de
adquirir por sí mismo: “Así, cada vez que se le anunciaba que Filipo había tomado
una ciudad famosa o que había conseguido una brillante victoria militar, no se
mostraba precisamente contento al escucharlo, antes bien les decía a sus
compañeros: «Ay, amigos, mi padre va a conquistarlo todo y no va a dejarme
ocasión de acometer ninguna gran hazaña en vuestra compañía». (Vidas Paralelas
VI, Plutarco, Página 30)

Uno de los rasgos más propios de Alejandro a lo largo de su vida era su gran diplomacia
y cortesía con otros reyes o representantes de estos, ya vinieran a él con actitudes
amistosas: “Estando ausente Filipo llegaron embajadores del rey de Persia;
Alejandro los acogió, trabó amistad con ellos y hasta tal punto los subyugó por su
gentileza y por no hacer ninguna pregunta infantil o insustancial ,al contrario, se
informaba de la longitud de los caminos y de la forma de viajar hacia el interior de
Asia, así como de las aptitudes guerreras de su rey y del valor y fortaleza de los
persas, que los embajadores quedaron atónitos y consideraron que la tan
celebrada habilidad de Filipo nada valía en comparación con el brío y la grandeza
de miras de su hijo.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 30)

O bien fueran enemigos derrotados:

“Alejandro guardó silencio durante un buen rato, y con los sentimientos más
puestos en la desdicha de ellas que en su propia buena suerte, despachó a Leonato
para que les dijera que Darío no había muerto y que no tenían que tener miedo de
Alejandro, pues si luchaba contra Darío era por el imperio, pero ellas disfrutarían
de todas las consideraciones de que eran objeto bajo el reinado de aquél.” (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, Página 52)

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“Cuando Poro fue finalmente apresado, Alejandro le preguntó cómo había que
tratarle, y él respondió: «Como a un rey»; y como aquél insistiera en si quería
añadir algo más, dijo: «Está todo dicho con lo de «como a un rey»». (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, Página 106) Estas citas no solo muestran una gentileza raramente
vista en los reyes hacia sus adversarios derrotados, sino que explica porque Alejandro
era amado por todos los territorios que iba conquistando pues tras su marcha solía dejar
cada región en manos de sus antiguos líderes si estos se habían rendido ante él. Un rey
que quita la vida solo cuando debe y la perdona sin importar si se trata de un esclavo o
de la esposa del mismísimo rey de Persia al cual tanto deseaba dar muerte. Su ambición
también se mostraba en batalla, aunque en este caso no a cualquier precio pues
Alejandro se negaba a ganar una batalla de forma sucia como lo sería atacar el
campamento enemigo durante la noche, prueba de ello es el testimonio de Plutarco
sobre la Batalla de Gaugamela, probablemente la más importante de Alejandro: “Y
trataron de convencerle de que atacase a los enemigos durante la noche para así
disimular con la oscuridad lo terrorífico del combate que iba a librarse. Pero él
dijo aquello tan celebrado de «Yo no robo las victorias»”. (Vidas Paralelas VI,
Plutarco, Página 68). Pero al igual que justas, Alejandro quería grandes victorias en sus
batallas, en concreto en la de Gaugamela, quiso asestar un golpe definitivo al imperio
persa yendo directamente a por el rey Darío sabiendo que si este moría, el imperio persa
no tendría opción alguna de frenarle, pero esto se vio truncado cuando Parmenión
reclamó ayuda de Alejandro justo cuando se dirigía a por Darío, teniendo así que dar
media vuelta e ir a socorrer a Parmenión. Alejandro quedó muy molesto por esto y así lo
narra Plutarco: “En general se acusa a Parmenión de haber estado indolente e
inactivo en esta batalla, ora porque su avanzada edad hiciese ya disminuir algo su
audacia, ora porque, como quiere Calístenes, viera con disgusto y envidia la
pujanza creciente del poder de Alejandro. Sea como fuere, el rey, molesto con esta
petición de socorro, no dijo la verdad a sus soldados, sino que, pretextando que ya
estaba bien de matanzas y que era de noche, dio la señal de retirada;” (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, Página 72)

Otro de los casos de ambición que podemos encontrar en la obra se trata de su campaña
en la India, pese a tener muchos menos soldados en proporción a sus enemigos y tener
las desventajas geográficas y de tropas, pues el enemigo contaba con elefantes,
Alejandro se propuso cruzar el Ganges para así enfrentarse a los reyes que dominaban

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las tierras más allá del río, una ambición que le llevaba hasta el punto de mostrarse
molesto con sus soldados por no compartir esa misma ambición ante tal reto: “Así pues,
en un primer momento Alejandro, desazonado y furioso, se encerró en su tienda y
permaneció allí tumbado, diciendo que no iba a estarles agradecido por las
conquistas realizadas hasta entonces si no cruzaban el Ganges, y que consideraría
la retirada como una confesión de derrota.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página
107)

Por suerte para los soldados, Alejandro tenía como virtud escuchar los consejos de sus
amigos y a sus soldados, así en este caso se resolvió siguiendo la petición de sus
soldados: “Pero tanto las sensatas recomendaciones de sus amigos como los
gemidos y gritos de los soldados que le suplicaban agolpándose a su puerta,
hicieron que el rey se doblegase y levantase el campamento, no sin antes idear gran
cantidad de ingeniosos engaños en aras de su propia leyenda;” (Vidas Paralelas VI,
Plutarco, Página 107)

Al igual que sabía escuchar también sabía analizar las situaciones, tanto es que cuando
Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de tramar un complot contra la vida de su rey,
Alejandro hizo oídos sordos confiando así en el cariño que le tenía su amigo
Parmenión, otra muestra de la confianza hacia sus allegados: “Pero Alejandro, a pesar
de ver cómo se acumulaban pruebas fehacientes contra Filotas, aguantó en silencio
y se contuvo, ya sea porque confiaba en el afecto que Parmenión le tenía, ya
porque temía la consideración pública y la influencia de padre e hijo.” (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, Página 90)

Al que no perdonó y mató en pleno estado de cólera fue a Clito pues este, borracho y
colérico, recriminó que durante la cena los persas se burlaran de unos macedonios que
habían caído y ante la defensa a estos por parte de Alejandro le acusó de tener más
consideración hacia los persas que por los macedonios que habían luchado por él:
“Entonces Clito, que estaba ya borracho y cuyo natural rudo y arrogante le hacía
fácilmente irascible, fue presa de una gran irritación y comenzó a decir que no
estaba bien, en presencia de bárbaros y enemigos, ultrajar a unos macedonios que,
aunque hubieran tenido una actuación desgraciada, valían mucho más que
aquellos que se burlaban de ellos. Alejandro respondió que Clito defendía su
propia causa llamando desgracia a la cobardía; Clito se puso en pie y dijo: Sin

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embargo, esa cobardía es la que te ha salvado a ti, el hijo de los dioses, cuando ya
volvías la espalda a la espada de Espitridates, y gracias a la sangre de los
macedonios y a estas mis heridas te has engrandecido hasta el punto de hacerte
pasar por hijo de Amón, renegando de Filipo». Así que Alejandro, muy excitado, le
dijo: «¿Y acaso crees, desgraciado, que te vas a ir tan contento diciendo todo el
tiempo semejantes cosas sobre mí y soliviantando a los macedonios?». «Ni siquiera
ahora», respondió Clito, «estamos contentos, Alejandro, recibiendo tal pago por
nuestros esfuerzos; antes bien, envidiamos la suerte de aquellos que han muerto
antes de vernos a los macedonios cardados por las varas de los medos y teniendo
que suplicar a los persas para poder acudir a presencia de nuestro rey». Los
amigos de Alejandro, al oír tales osadías en la boca de Clito, se pusieron en pie
frente a él y le injuriaron, mientras los más viejos intentaban controlar el tumulto.
Por su parte Alejandro, volviéndose hacia Jenódoco de Cardia y Artemio de
Colofón, dijo: ¿No os parece que los griegos se comportan en medio de los
macedonios como semidioses entre fieras salvajes?». Pero Clito no cedía, antes bien
instaba a Alejandro a que aclarase públicamente qué quería decir con esa frase, o
si no, que no invitase a su mesa a hombres libres con derecho a decir lo que les
pareciese; a cambio de ello, que viviese en compañía de bárbaros y de esclavos
dispuestos a prosternarse ante su cinturón pérsico y su túnica blancuzca.
Alejandro, no pudiendo ya contener la cólera, cogió una de las manzanas que tenía
a la mano y se la tiró, alcanzándole, al tiempo que iba en pos de su espada.” (Vidas
Paralelas VI, Plutarco, Páginas 93 y 94)

Este texto tiene mucho que analizar, pues de él podemos explicar muchas cosas del
carácter de Alejandro. Empezando por la culturización de sus dominios: Alejandro llevó
consigo la cultura griega allá donde fue, pero conocedor de que la imposición no crea
más que odio optó por la mezcla de culturas, así pues los territorios asiáticos
conquistados por Alejandro gozaban de muchas ventajas de la cultura griega, como la
educación militar o la filosofía, gracias a esto los griegos pudieron aprender también
aspectos de la civilización griega. Como resultado, Alejandro pretendía un respeto
mutuo y una igualdad entre ambas culturas y como muestra el texto no dejaba que los
macedonios se sintieran superiores a los asiáticos.

Otra de las cosas que se hace mención en el texto, esta vez por parte de Clito, son los
regalos y recompensas. Alejandro era un rey más que generoso, nunca se guardaba para

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sí las riquezas que obtenía de sus conquistas, siempre las repartía entre sus soldados,
dándoles a los más importantes sátrapas y tierras en Grecia, y en un caso concreto, en el
desierto, Alejandro renunció a beber el agua que transportaban si sus hombres no
podían beberla también, algo muy bien recibido por sus soldados, que dada su
generosidad lo adoraban e iban tras él al fin del mundo.

El episodio que narra el texto acaba con la muerte de Clito a manos de Alejandro que
tras acometer dicho acto se arrepiente y entra en una profunda pena:” En el mismo
instante en que Clito se desplomaba entre gemidos y alaridos, la cólera abandonó a
Alejandro; volviendo en sí y viendo a sus amigos en pie, mudos, se apresuró a sacar
la lanza del cadáver e intentó herirse en el cuello, pero no pudo hacerlo porque los
miembros de su guardia personal le sujetaron las manos y le condujeron a la
fuerza hasta su dormitorio. Pasó la noche llorando desconsoladamente y, como el
día siguiente, cansado ya de gritar y lamentarse, lo pasara tumba­do sin decir
palabra, suspirando profundamente, sus amigos, temerosos de su silencio, entraron
a la fuerza en su habitación.” Esto muestra el arrepentimiento del monarca ante tal
hecho, algo que nos permite entender hasta qué punto su cólera le hacía perder los
papeles y le cegaba llevándole incluso a matar a uno de sus amigos cercanos. Clito
también hace referencia a Amón, acusando a Alejandro de llamarse hijo suyo
deshonrando a Filipo. Este dato no está demostrado por completo, como ya dice
Plutarco, no dando nombres en concreto de a quien se refiere cuando dice que algunos
piensan, la denominación Hijo de Amón, equivalente a Zeus para los griegos, pudo
deberse a un error gramatical del sacerdote de Amón: “Cuando el sacerdote quiso
saludarle en griego utilizando la expresión afectuosa «hijo mío» (paidíon), por
barbarismo se equivocó en la última letra y pronunció «hijo de Zeus» (paidíos),
poniendo una sigma en vez de una ni; añaden que a Alejandro le gustó este desliz
verbal, que dio pie a la creencia de que el dios le había efectivamente llamado «hijo
de Zeus». (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Páginas 62 y 63)

Algo que realmente enojaba profundamente a Alejandro eran las disputas internas, él
creía que si dos soldados de mismo origen podían pelearse también era posible que
hubieran disputas entre conquistador y conquistado. Utilizó una ocasión en que
Hefestión, amigo íntimo, y Crátero, también amigo suyo, se pelearan para mostrar que
no tendría piedad si se produjeran disputas internas en sus dominios pues quería un
imperio universal que se mantuviera unido y en paz aun después de su muerte:” Una

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sola vez, durante la campaña de la India, llegaron a las manos, sacando las
espadas; sus amigos respectivos acudieron para ayudarles, hasta que Alejandro,
presentándose a caballo, reprendió públicamente a Hefestión, llamándole estúpido
y loco si era incapaz de comprender que, separado de Alejandro, no era nada; en
cuanto a Crátero, también le hizo acerbos reproches, pero en privado. Finalmente
los reunió para reconciliarlos y juró en nombre de Amón y de los demás dioses que
ellos eran entre todos los hombres los que más quería, pero que si volvía a saber de
querellas entre ellos, daría muerte a ambos o al menos al que hubiese comenzado.”

(Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 89)

Hoy en día podemos entender ese acto como un tipo diferente de estrategia, no militar
sino de cultura, evitando que ninguna de las partes se sienta inferior y tenga motivos
para levantarse contra su rey, pero Alejandro era también era un genio militar, prueba de
ello es la Batalla de Gaugamela y así lo dice Plutarco: “Así que la fortuna
proporcionó a Alejandro la ventaja del lugar, pero su estrategia fue más
importante para la victoria que los imponderables de la fortuna: pues siendo
inferior en número ante tal multitud de bárbaros, no les dio ocasión de rodearle, y
él mismo, desbordando con su ala derecha la izquierda del enemigo y situándose en
su flanco, puso en fuga a los bárbaros que tenía frente a sí.” (Vidas Paralelas VI,
Plutarco, Página 51). Plutarco también hace alusión a la valentía y seguridad del rey
macedonio tal es así que, según Plutarco, Alejandro respondió a Parmenión cuando este
le preguntó cómo podía dormir tranquilo justo antes de tal batalla: “Pues bien, se dice
que Alejandro se sonrió y le dijo: «¡Pues qué! ¿Es que no crees que es ya una
victoria no tener que vagar y perseguir a un Darío huidizo a través de un país
enorme y devastado?». Y no sólo antes de este combate, sino también en medio del
peligro mismo dio Alejandro muestras de grandeza y de firmeza por su capacidad
de reflexión y confianza en sí mismo.” (Vidas Paralelas VI, Plutarco, Página 69) Por
último hacer referencia a una de las causas de su muerte y una de sus rutinas: la bebida.
Plutarco hace varias referencias a lo largo de la biografía a la bebida como algo típico
de Alejandro, en el párrafo de la muerte de este la bebida vuelve a hacer acto de
presencia: “Se insiste mucho en los excesos con la bebida, hasta el punto de que la
muerte de Alejandro en Babilonia a causa del vino puede verse «como la victoria
final del estrato dionisíaco sobre la paideia filosófica adquirida», de la pasión sobre
la razón. Un desenlace, por otra parte, que, para Plutarco, podría estar inscrito o

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prefigurado en la propia constitución humoral de Alejandro, «muy caliente y
fogosa», disposición que el seco clima oriental no habría hecho sino exacerbar;
dicho de otro modo, una barbarie congénita unida a la influencia del Oriente
acaban por destruir al personaje.” (Vidas Paralelas VI -Introducción a Alejandro-,
Plutarco, Página 13)

CONCLUSIÓN

El carácter no siempre nos puede explicar la vida de alguien, pues puede estar
totalmente influenciada por factores externos que la persona no puede controlar, pero
con Alejandro tenemos un caso diferente. Él era un rey dueño de su vida y de su destino
así que aquello que intervenía en su vida venía marcado por él, llegó a ser considerado
el rey de medio mundo pues tales eran sus dominios. Si repasamos su carácter
ambicioso entenderemos porque un rey que tenía en su poder toda Grecia y grandes
riquezas entendemos porque no se conformó con ello y buscó la gloria para él y los
suyos. Si miramos aquellos textos que nos enseñan su faceta compasiva, generosa y
cortés que le llevó a ser amado allí donde estuvo, no solo por sus tropas que le seguían
hasta el mismo infierno, sino también reyes y hombres de las ciudades que había
tomado. Una devoción muy importante para evitar revueltas. Para eso último también
era básico su estricta disciplina contra los conflictos internos, para ello la mezcla de
culturas fue muy acertada por su parte. Su firmeza y sus grandes dotes como estratega y
soldado hacían de él un adversario feroz y temible en la batalla pues su valentía y su
seguridad en sí mismo le hacían posible lo que para cualquier otro hombre era
imposible. Por último, su carácter irascible y su afición a la bebida le acabaron pasando
factura con sus hombres, pues su relación con ellos cambió hasta el punto de ser capaz
de matar a Clito, y la bebida le llevó, juntamente con problemas de salud tras muchas
heridas y enfermedades, a una muerte que supuso el fin del rey más grande que haya
dado la historia, el único que merece el sobrenombre que sólo él lleva: Alejandro
Magno.

BIBLIOGRAFÍA:

-Vidas Paralelas VI, Alejandro y Julio César. Plutarco

-Alejandro Magno. Francisco Javier Navarro

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