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3 cerebros – El reptil que todos llevamos dentro

Por Jorge Mendoza H. 03/01/2017

Cuando un psicoanalista le dice al paciente que se tienda en el diván, un cocodrilo y un


caballo se tumbarán al mismo tiempo que el paciente en su diván.

Fundido en una sola estructura, nuestro sistema nervioso central alberga tres cerebros.
Por orden de aparición en la historia evolutiva, esos cerebros son: primero
el reptiliano (reptiles), a continuación el límbico (mamíferos primitivos) y por último
el neocórtex (mamíferos evolucionados o superiores).

PALEOENCÉFALO

La parte de nuestro cerebro que es más primitiva es el hoy llamado cerebro básico,
instintivo, reptiliano o paleoencéfalo. Esta parte del cerebro está formada por los
GANGLIOS BASALES, EL TALLO CEREBRAL Y EL SISTEMA RETICULAR. Es esa parte en la
que estoy mientras me ocupo de cosas puntuales: fregar, lavar o coser.

Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro y se desarrolló hace
unos 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles.

Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo del cerebro. El suyo, está
diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy
poco o ningún proceso sentimental. Tiene un papel muy importante en el control de la
vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no
está en capacidad de pensar, ni de sentir; su función es la de actuar, cuando el estado del
organismo así lo demanda.

El complejo reptiliano, en los seres humanos, incluye conductas que se asemejan a los
rituales animales como el anidarse o aparearse. La conducta animal e instintiva está en
gran medida controlada por esta área del cerebro. Se trata de un tipo de conducta
instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio. Es el
impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad,
necesidad de cobijo, de protección… Es un cerebro funcional, territorial, responsable de
conservar la vida y el que es capaz de cometer las mayores atrocidades ya que no mide las
consecuencias ni tiene compasión.

Nos sitúa en el puro presente, sin pasado y sin futuro y por tanto es incapaz de
aprender o anticipar. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad.

En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación


o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y
el actuar, lo cual incluye: las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital,
condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad. Es el
responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la
preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la sobrevivencia. En
síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción.

El Sistema Básico o reptiliano controla la respiración, el ritmo cardíaco, la presión


sanguínea e incluso colabora en la continua expansión-contracción de nuestros músculos.
Este primer cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, pues en él están los
mayores sentidos de supervivencia y lucha y además por su interrelación con los poros de
la piel, los cuales son como una especie de interfase que poseemos con el mundo externo,
este primer cerebro es nuestro agente avisador de peligros para el cuerpo en general.

Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco


complicadas emocional o intelectualmente. Esta conducta no está primariamente basada
en consideraciones basadas en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo
plazo. Las conductas de las personas calificadas como de psicópatas (carecen de
sentimientos de culpa) y de paranoicos se ajustan a este patrón de conducta. En la
psicopatía se juega el papel de depredador y en la paranoia el de presa.

Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a alguna
sustancia como a alguien o a una forma de actuar.

Por decirlo de alguna forma rápida en este primer cerebro es una herencia de los
períodos cavernarios, donde la supervivencia era lo esencial.

El paleoencéfalo o cerebro reptil sustenta una parte de la mente inconsciente, o


subconsciente, donde se graba, se aloja y se desarrolla el Trauma Psicológico, aquello que
determina la mayoría de miedos y fobias que conforman la mente reactiva, la cual, en
algunas ocasiones, lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje.

Este primer cerebro, es el que permite el movimiento de actuar y hacer.

Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es su adecuación al presente.


Es el almacén de las limitaciones conformadas como: miedo

Y desde la psicopatología, este es el cerebro que da origen a la Tríada


visceral.

MESOENCÉFALO
Este cerebro se empieza a desarrollar incipientemente en las aves y totalmente en los
mamíferos. El mesoencéfalo o cerebro mamífero, dotado de un sistema límbico,
físicamente ubicado encima del reptil permite al mamífero un desarrollo sentimental que
opera, fundamentalmente, desde la estructura conocida como la amígdala, y es ello lo que
les permite establecer relaciones de mayor fidelidad que los reptiles.

El Sistema Límbico está asociado a la capacidad de sentir y desear. Está constituido por
seis estructuras: el tálamo (placer-dolor), la amígdala (nutrición, oralidad, protección,
hostilidad), el hipotálamo (cuidado de los otros, características de los mamíferos), los
bulbos olfatorios, la región septal (sexualidad) y el hipocampo (memoria de largo plazo).
En estas zonas están las glándulas endocrinas más importantes para el ser humano: pineal
y pituitaria. En este sistema se dan procesos emocionales y estados de calidez, amor,
gozo, depresión, odio, etc., y procesos que tienen que ver con nuestras motivaciones
básicas.

Esta parte es capaz de poner el pasado en el presente (presente + pasado) y por tanto se
produce aprendizaje y se activa cuando nos emocionamos.

Facilita la calidad de vida que da la calidez en las relaciones humanas. Es razonable pensar
que el desarrollo de la memoria se asocia a momentos emocionalmente intensos, como
la muerte de los seres queridos. La aparición de enterramientos en nuestros antepasados
implica una consideración por el pasado. Muestra una capacidad de trascender el
imperativo del presente dando respeto al pasado.

La parte oscura del avance aparece cuando el exceso del peso del pasado puede
facilitar las exageraciones emocionales llamadas neurosis.
En éste reside la sede de todas las fuerzas emotivas que darán lugar a todos tusdeseos y
sentimientos y es en él donde subyacen las inteligencias de capacidad de dejarnos afectar
por algo o alguien. Proporciona el afecto que los mamíferos necesitan para sobrevivir, por
tanto se introducen los sentimientos: Dar o recibir afecto, recibir atención, consideración,
escucha, compasión, ternura, empatía.

En este segundo cerebro existe la capacidad de sentir, pues de los tres es el que más se
deja afectar por los demás y por el entorno, por ello quienes más tienen este segundo
cerebro enfermo son todas aquellas personas incapaces de dejarse afectar por el
entorno, así como también quienes se afectan demasiado. La realidad que percibimos a
través de la nariz, la boca y los genitales se relaciona estrechamente con este segundo
cerebro.

Su función principal es la de controlar la vida emotiva, lo cual incluye los sentimientos, la


regulación endocrina, el dolor y el placer. Puede ser considerado como el cerebro afectivo,
el que energiza la conducta para el logro de las metas -motivación-. El desbalance de dicho
sistema conduce a estados agresivos, depresiones severas y pérdida de la memoria,
entre otras enfermedades.

Este segundo cerebro, es el que permite sentir.

Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es la capacidad de poner


el pasado en el presente (aprender, memoria)

Es el almacén de las limitaciones conformadas como: sufrimiento

Este cerebro da origen a la Tríada emocional.

TELENCÉFALO
Los mamíferos modernos, los primates, y algunos cetáceos tienen un cerebro mucho más
desarrollado que los mamíferos primitivos, por lo cual, además de los sentimientos,
manejan un proceso de mayor entendimiento, que está directamente relacionado con el
desarrollo de la corteza cerebral (telencéfalo o cerebro neo-mamífero), donde se
encuentra uno de los mayores desarrollos del cerebro dentro de la escala animal. La
ciencia ha demostrado la relación directa entre el desarrollo de la corteza cerebral y
el desarrollo social. Hay en los primates una correspondencia directa entre los dos
aspectos, de manera tal que a mayor desarrollo de la corteza cerebral en las especies de
primates, mayor desarrollo social: sociedades más complejas y organizadas.

Los humanos poseen un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual,
además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de ANÁLISIS,
ampliamente superior al de todos los demás mamíferos, directamente relacionado con las
partes más especializadas del telencéfalo, específicamente su región frontal, que les
permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías y lo más
importante: comprender las leyes que rigen el universo.

El Sistema Neocortical es el lugar donde se llevan a efecto los procesos intelectuales


superiores. Está estructurado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho. El
hemisferio izquierdo está asociado a procesos de razonamiento lógico, funciones de
análisis, síntesis y descomposición de un todo en sus partes. El hemisferio derecho, en el
cual se dan procesos asociativos, imaginativos y creativos, se asocia con la posibilidad de
ver globalidades y establecer relaciones espaciales.

La neocorteza se convierte en el foco principal de atención en las lecciones que


requieren generación o resolución de problemas, análisis y síntesis de información,
del uso del razonamiento analógico y del pensamiento crítico y creativo.

Las dos características básicas de la neocorteza son:

(a) La “visión“, la cual se refiere al sentido de globalidad, síntesis e integración con que
actúa el hemisferio derecho.

(b) El análisis, que se refiere al estilo de procesamiento del hemisferio izquierdo, el cual
hace énfasis en la relación parte-todo, la lógica, la relación causa-efecto, el razonamiento
hipotético y en la precisión y exactitud.

La neocorteza representa la adquisición de conciencia y se desarrolló a través de la


práctica del lenguaje. La voluntad consciente. Las tareas no sensoriales se realizan en los
lóbulos frontales. La aparición de los calendarios implica que los seres humanos
comenzaron a desarrollar progresivamente la capacidad de anticipar, planificar y
visualizar, de poner el futuro posible en el presente.

Mientras que los animales, sobre todo los mamíferos son capaces de desarrollar
emociones y aprender, la capacidad de poner el futuro en el presente (presente +
pasado + futuro), de formas muy elaboradas resulta específicamente humana. Esta
posibilidad hace viable la aparición de lo que se ha llamado locura por excelencia.

En las psicosis se toma por real lo que no está en el presente, de modo irreducible y sin
distanciamiento.
Este tercer cerebro, es el que permite el razonamiento.
Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es la capacidad de anticipar,
de poner el futuro posible en el presente.

Es el almacén de las limitaciones conformadas como: estrés

Este cerebro da origen a la Tríada mental.


Acerca del autor Jorge Mendoza H.
Me apasiona el Eneagrama y el potencial que tiene como herramienta para facilitar el
cambio durade

Pasiones capitales

Por Personarte, Ana Roldán and Alfonso Colodrón 01/06/2018

PASIONES CAPITALES EN EL ENEAGRAMA


El carácter como deformación de la personalidad
Por Alfonso Colodrón. Ilustraciones de Ana Roldán.

De niños nos enseñaron que eran siete los pecados capitales y que de ellos derivaban
todos los demás. Siendo “cabeza” y origen de todos los pecados, eran “mortales” de
necesidad, de modo que, si uno se moría sin confesar, aunque hubiera cometido sólo uno
de ellos, se iba de patitas al infierno: el orgullo, la ira, la envidia, la avaricia, la gula, la
lujuria y la pereza no eran simples pecados veniales que se perdonaban rezando un
Avemaría o un Padrenuestro.

Con los años, he logrado comprender que lo que en el colegio llamaban “pecados” son en
realidad pasiones dominantes del ser humano, ilusiones u oscurecimientos de la realidad,
que achican nuestra comprensión del universo y que se convierten en hábitos y
mecanismos de defensa que conforman un carácter, una manera de ser que nos impiden
llegar a ser. Ser libres y espontáneos, en armonía con nuestro entorno. En este sentido, sí
que nos condenan a nuestros propios infiernos, que no son otra cosa que los círculos
cerrados que creamos, el laberinto personal en que nos vamos perdiendo desde la
infancia, persiguiendo aquello que más necesitamos y de lo que más nos defendemos: el
amor.

Sin embargo, se dejaba de lado la vanidad y la cobardía, tal vez, porque la hipocresía y las
falsas apariencias que producen la primera se consideraban pecadillos, y porque el miedo,
generador de la segunda, ha sido el motor sobre el que se han basado gran parte de las
principales religiones de la historia de la humanidad. En el fondo, como proclama
Patanjali, el clásico de la filosofía perenne de la tradición hindú, los obstáculos del camino,
como la prepotencia, la lujuria, el odio y el apego, se reducen a “la oscuridad de la
ignorancia, que es el campo donde florecen las demás”.

En esto coincide con el punto de partida de la búsqueda filosófica de todas las épocas y de
todas las culturas, así como de la mayoría de las tradiciones espirituales, que ha sido salir
de la ignorancia sobre la propia identidad: responder a la pregunta esencial de quiénes
somos en realidad, más allá de la genética que heredamos, del nombre que nos pusieron,
de las sucesivas identificaciones que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra biografía y
de la “máscara” o “persona” en que nos hemos ido convirtiendo.

Hace ya algunos años que han salido a la luz diversos trabajos divulgadores de una vía
espiritual y psicoterapéutica, que hunde sus raíces en la tradición esotérica de la
comunidad afgana de los Sarmouni, -síntesis de budismo e islamismo con influencias
zoroástricas-. Como ya se ha indicado, fue sistematizada por Gurdjieff dentro de su
“Cuarto Camino“, transmitida a prestigiosos buscadores de todo el mundo por el maestro
espiritual Oscar Ichazo e investigada, completada y sistematizada -motivado por el uso
erróneo y comercial que algunas personas estaban haciendo de esta vía, en su origen
espiritual- por uno de los pioneros del Movimiento para el Potencial Humano, el
psiquiatra chileno y creador del Instituto SAT (Seekers After Truth – Buscadores de la
Verdad-), el Doctor Claudio Naranjo. Hoy día se conoce como Eneagrama, que sería una
especie de mapa cósmico, que representa geométricamente las leyes universales e indica
un posible camino de conocimiento y de realización.
Lo más fascinante de esta herramienta psico espiritual es que constituye una Vía que
puede convertirse en toda una Guía de vida y en una forma de ser y de estar en el mundo,
pero que, al mismo tiempo, no se erige en un sistema cerrado para justificar la propia
conducta o clasificar a los demás. Recuerdo cómo, en los años 60 y 70, quienes se
acercaban al estudio de sí quedaban atrapados en tipologías de tipo constitutivo -se era
físicamente atlético, asténico o pícnico, o temperamentalmente colérico, flemático o
sanguíneo- o planetario -se era venusiano, jupiteriano, lunar, solar, etc, según la mayor o
menor influencia de un astro-. Quienes se acercaban a la terapia se familiarizaban con
términos como compulsivo, obsesivo, narcisista, histriónico… Todas estas tipologías
servían como primera aproximación o para diagnosticar los síntomas, pero no para
ahondar en el núcleo de la personalidad.

Desde esta perspectiva, cualquier neurosis no sería sino una particular búsqueda y pérdida
de Ser, una estrategia dominante que acerca a la ilusión de la meta, pero que nos
mantiene siempre sedientos. Las nueve pasiones, basadas en otras tantas distorsiones
cognitivas, se convierten así en formas personales de buscar el núcleo del verdadero Yo -y
de alejarse sin saberlo del mismo-. A su vez, generan nueve tipos de carácter, abordados
en los siguientes capítulos, que podrían sintetizarse, a riesgo de simplificar, como sigue:

EL IRACUNDO (eneatipo 1)

El iracundo (que algunos autores prefieren llamar “perfeccionista”, “reformador”, o


“emprendedor”, según el énfasis puesto en uno u otro aspecto de la personalidad,
mientras que otros se limitan a llamarle “patrón uno” de comportamiento) parte de un
cierto nivel de resentimiento, pero no suele ser una persona violenta, sino perfeccionista y
obsesiva, apegada a las reglas y a cómo debería ser el mundo. La inflexibilidad es uno de
sus rasgos. Su ira contenida hace que, paradójicamente, suela mostrarse como persona
educada y, a veces, flemática.
Conoce más sobre la pasión de la Ira y nuestra visión del Eneatipo 1.

EL ORGULLOSO (eneatipo 2)

El orgulloso (“ayudador”, “altruista”, “colaborador”, “auxiliador”, o “patrón dos”), no es el


tipo de personas que conocemos como orgullosas, sino altamente emocional, seductor e
inmerso en un mundo de falsa abundancia que se manifiesta en un exceso de dadivosidad
y adulación, tal vez de excesivo amor superficial, a la espera de reciprocidad, casi nunca
pedida. Suele querer ser centro de atención, por lo que, a veces, resulta algo histriónico.

Conoce más sobre la pasión del Orgullo y nuestra visión del Eneatipo 2.

EL VANIDOSO (eneatipo 3)
El vanidoso (“motivador”, “ejecutor”, “luchador”, “triunfador”, “mantenedor del status”,
“productor”, “ejecutante” o “patrón tres”) no tiene por qué ser una persona atildada, sino
fundamentalmente pendiente de la mirada ajena para recibir aprobación y conformar de
este modo una identidad. Suele adaptarse como el camaleón, siempre sensible al cambio
del viento y a los colores del entorno. Su meta podría ser estar de moda o triunfar en
cualquier medio social.

Conoce más sobre la pasión de la Vanidad y nuestra visión del Eneatipo 3.

EL ENVIDIOSO (eneatipo 4)

El envidioso, (“artista”, “romántico”, “individualista”, o “patrón cuatro”) basado en la


melancolía y en la insatisfacción permanente, sufre para evitar la recriminación, la
competencia y la responsabilidad. Suele encontrarse a gusto en el papel de víctima. Por su
extremada sensibilidad es capaz de captar el sufrimiento ajeno, solidarizarse incluso con él
y, por ello considerarse a veces superior en su fuero interno, pues sabe que los demás no
pueden alcanzar tan fácilmente su profundidad de sentimientos.

Conoce más sobre la pasión de la Envidia y nuestra visión del Eneatipo 4.

EL AVARO (eneatipo 5)

El avaro (“pensador”, “observador”, “investigador” o “patrón cinco”) parte de un falso


desapego, que limita la expresión de sus emociones al mínimo, así como sus relaciones
sociales. Suele ser indiferente a la crítica y a la alabanza ajenas, ya que le cuesta tanto dar
como recibir. Su aspecto exterior es distante y frío. En el fondo busca el conocimiento a
través de la observación y el análisis, pues se encuentra más a gusto en el mundo mental
que en el universo de los sentimientos o en el plano de la acción.

Conoce más sobre la pasión de la Avaricia y nuestra visión del Eneatipo 5.

EL MIEDOSO (eneatipo 6)
El miedoso (“leal”, “abogado del diablo”, “soldado”, “héroe”, “escéptico”, “solucionador”
o “patrón seis”) le gusta controlar su entorno, anticipar todos los problemas, tener las
soluciones de antemano, para no verse sorprendido. Basado en una cierta cobardía y
desconfianza ante el mundo, algunas veces se convierte en un “valiente compulsivo” que
huye hacia delante como actitud contrafóbica frente a lo que teme. Inseguro y
desconfiado puede convertirse en un racionalista que duda de su propia duda. Suele
poseer un fino olfato para detectar la falsedad, el engaño y la mentira.

Conoce más sobre la pasión del Miedo y nuestra visión del Eneatipo 6.

EL GOLOSO (eneatipo 7)

El goloso (“generalista”, “epicúreo”, “optimista”, “visionario”, “aventurero” o “patrón


siete”), que tiene como base la planificación y la autoindulgencia, no lo es principalmente
de comida, sino de experiencias, de amistades y de conocimientos. Huye
fundamentalmente del dolor, por lo que suele intentar ser positivo y tener solución para
todo. Optimista por naturaleza suele encontrar el lado ventajoso de cualquier situación,
perdiéndose así la riqueza del lado oscuro de la luna.

Conoce más sobre la pasión de la Gula y nuestra visión del Eneatipo 7.

EL LUJURIOSO (eneatipo 8)
El lujurioso, (“jefe”, “desafiador”, “protector”, “cabecilla”, “asertivo” o “patrón ocho”),
basado en la venganza y el castigo, parece el más antisocial de todos los caracteres; suele
caracterizarse por su impetuosidad arrogante y su ausencia aparente de sentimiento de
culpa. Para él, la vida no tiene sentido sin intensidad. Se encuentra mejor en la acción que
en la reflexión y puede llegar a ser un excelente líder al que los que le rodean seguirán por
su arrojo.

Conoce más sobre la pasión de la Lujuria y nuestra visión del Eneatipo 8.

EL INDOLENTE (eneatipo 9)
El indolente o perezoso (“pacificador”, “mediador”, “amante” o “patrón nueve”) no es
forzosamente una persona inactiva, sino que antepone las necesidades de los demás a las
propias, ya que se ha acostumbrado a “olvidarse de sí” en una especie de insensibilización
a su propio dolor. Sobreadaptado y complaciente, se le reconoce por su servicialidad
compulsiva. Son excelente mediadores, pues soportan con dificultad el conflicto y la
confrontación.

Conoce más sobre la pasión de la Pereza y nuestra visión del Eneatipo 9.

Baste esta simplificación momentánea para introducirnos en este mapa abreviado,


añadiendo que todos los caracteres se unen entre sí del siguiente modo:

1. Por triada:

Los RACIONALES serían EL AVARO, EL MIEDOSO Y EL GOLOSO.


Los EMOCIONALES, EL ORGULLOSO, EL VANIDOSO Y EL ENVIDIOSO.
Los INSTINTIVOS, EL LUJURIOSO, EL PEREZOSO Y EL IRACUNDO.

2. Por cercanía, cualquier patrón podría tener una inclinación hacia el número mayor
o menor. Así, por ejemplo, un “goloso siete” podría tener tendencias a la “lujuria
8” y ser más activo o al “miedo y la duda seis” y reforzar su aspecto mental.
Algunos autores lo llaman “alas“. Tal vez no se haya verificado suficientemente
este tipo de influencias que, salvando las distancias, podría ser algo así como, en
astrología, la diferencia que pudiera existir entre una persona tauro con
ascendente géminis (elemento tierra de enraizamiento con elemento aire de
relaciones y viajes) o tauro con ascendente virgo (el elemento tierra reforzado).

3. Por relación dinámica, pues cada tipo de personalidad tiene dos “salidas” o vías de
progreso hacia otras dos para no estancarse.

El diagrama muestra una síntesis de las interrelaciones entre eneatipos. Las Alas
corresponden a los eneatipos adyacentes (ej: las Alas del eneatipo 1, son el 2 y el 9).

La estrategia preferente o compulsiva (antes llamado movimiento de desintegración) está


representado por las flechas rojas (ej: el movimiento preferente del eneatipo 1 sería el
movimiento hacia los rasgos del eneatipo 4). Este movimiento usualmente suele ser
automático e inconsciente y tendiente a reforzar los patrones o estrategias del propio tipo.

El punto que va contra el movimiento antes mencionado (antes llamado movimiento de


integración), nos indica que, para lograr una mayor flexibilidad, el eneatipo 1 se enriquece
con la estrategia, los aspectos y cualidades positivas del eneatipo 7. Este movimiento es ya
consciente y por ende requiere de un esfuerzo y compromiso para ir contra corriente de la
tendencia habitual.
Cuando uno se acerca al conocimiento de sí a través de este mapa, que recorren
actualmente muchas personas, se ilumina de repente la realidad circundante, pues es
posible ver el “carácter” o pasión que domina a países, asociaciones, partidos, empresas y
otras instituciones, que tienen su propia personalidad. Es entonces más fácil comprender
las interacciones que se producen en el complejo mundo que nos ha tocado vivir y
empezar a practicar las “virtudes” correspondientes, para relacionarnos con nosotros
mismos y la realidad circundante de un modo más sano, armónico y amoroso.