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Reseñas de Libros

El libro de Phil C. Weigand revisa la evolución de la civilización prehispánica en el Occidente de México, destacando la importancia de la Tradición Teuchitlán y su papel en la historia mesoamericana. A través de una recopilación de diecisiete artículos, se documentan los cambios sociopolíticos y económicos en la región, aunque se señala la falta de cohesión y profundidad en algunos temas tratados. A pesar de sus deficiencias, la obra representa un esfuerzo pionero que invita a futuras investigaciones en el área.

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Reseñas de Libros

El libro de Phil C. Weigand revisa la evolución de la civilización prehispánica en el Occidente de México, destacando la importancia de la Tradición Teuchitlán y su papel en la historia mesoamericana. A través de una recopilación de diecisiete artículos, se documentan los cambios sociopolíticos y económicos en la región, aunque se señala la falta de cohesión y profundidad en algunos temas tratados. A pesar de sus deficiencias, la obra representa un esfuerzo pionero que invita a futuras investigaciones en el área.

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Reseñas

 marcados aquí por una etapa aún mal defi-


nida y relacionada con la fase Capacha de
Evolución de una civilización Colima y con las tumbas de tiro de El Ope-
prehispánica: arqueología ño. Da a conocer el florecimiento durante el
de Jalisco, Nayarit y Zacatecas Preclásico tardío y el Clásico de la Tradición
de Phil C. Weigand Teuchitlán. Documenta ampliamente los
profundos cambios que marcan el final de
esa tradición y el desarrollo del Posclásico
por en esa región. Revisa, a la luz de un amplio
marie-areti hers acervo de nuevos datos arqueológicos, el pa-
pel de esa amplia área occidental en el
concierto mesoamericano durante la expan-
Zamora, El Colegio de Michoacán, 1993 sión del estado purépecha y los primeros
decenios de la conquista española. Con base
El Colegio de Michoacán acaba de publicar en esos estudios, el autor opera una comple-
una obra que invita a una revisión profunda ta revolución en la arqueología del Occi-
de la historia antigua del Occidente, así dente y de esa manera lleva a una reconside-
como de su integración al área mesoameri- ración general de la historia mesoamericana
cana y al llamado Suroeste de los Estados en su conjunto.
Unidos. Antes de abundar en la importancia y
Con base en profusos y sistemáticos tra- utilidad de la presente publicación, he de
bajos arqueológicos, Phil C. Weigand nos advertir al lector de cierta deficiencia que no
demuestra la importancia, hasta ahora en se puede soslayar. La obra no es un libro
gran medida insospechada, del Occidente en propiamente dicho, concebido como una
la formación y la historia general de Mesoa- unidad orgánica, con el desarrollo cabal de
mérica. A través de lecturas acuciosas del cada una de las ideas presentadas en él. Se tra-
paisaje, del estudio de los asentamientos y la ta, en efecto, de una recopilación de diecisiete
evolución sociopolítica subyacente, del artículos a manera de una introducción a la
análisis de la arquitectura ceremonial y amplia y variada obra publicada del autor.
funeraria, de la investigación relativa a aspec- Los artículos, por su naturaleza misma, son
tos fundamentales de la economía, como son en general más bien una propuesta de traba-
el comercio y la minería, el autor integra una jo que una plena demostración. Son muy
información muy rica y variada para darnos diversos entre sí y fueron publicados origi-
una imagen de la historia de la región lacus- nalmente en inglés unos y otros en español,
tre de Jalisco y Nayarit y de su periferia. Se a lo largo de más de quince años, paralela-
remonta hasta los albores de Mesoamérica, mente a los incesantes trabajos de campo del

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autor. Ciertos artículos son trabajos larga- fotografías y más planos para que el lector
mente desarrollados mientras que otros son que no conoce la región ni los sitios estudia-
breves ensayos. Los criterios que presidieron dos pudiera hacerse una idea más precisa y
la selección misma de los artículos no son completa de la realidad descrita: el paisaje
claros. Algunos ensayos son ajenos a la temá- lacustre, la asombrosa arquitectura ceremo-
tica enunciada en el título de la publicación, nial circular, las imponentes tumbas de tiro
a saber la larga y compleja evolución de un asociadas a ella, las chinampas, etcétera.
área decisiva para la historia del Occiden- Esa deficiencia central del libro, conce-
te,mesoamericano. Como contrapartida, es- bido como recopilación y no como una
tán ausentes algunos artículos de la mayor unidad orgánica, ha de entenderse en el con-
importancia por los temas tratados o por el texto general en el cual se desarrollan actual-
cabal desarrollo de las ideas expuestas. No mente los trabajos arqueológicos y en ge-
obstante, el lector encontrará en esa reco- neral la investigación en las ciencias del
pilación una profusión de ideas e infor- hombre. Se ha impuesto un modo de expre-
maciones las más variadas. Desgraciada- sión propio de las ciencias llamadas duras, en
mente, por la falta de espacio y el carácter abierto detrimento de lo que sigue siendo el
esencialmente propositivo de los artículos, espacio más idóneo para las ciencias del hom-
el fundamento de las hipótesis queda a veces bre, el libro, esa larga empresa actualmente
inconcluso, y parte de las informaciones que casi suicida, en vista de las presiones admi-
reunió el autor parecen haber quedado en el nistrativas a nivel internacional para produ-
tintero. Además, en vista del desarrollo con- cir mucho y rápido.
tinuo de los trabajos de campo del Dr. Otra circunstancia, mucho más decisiva
Weigand, algunas de sus interpretaciones aún que hay que tomar en cuenta en el pre-
han ido forzosamente evolucionando en el sente caso es el carácter abiertamente pio-
transcurso de los años sin que eso quede nero de la inmensa labor del autor. De las
claro para el lector. Para remediar ese incon- chinampas a la extensa red comercial de la
veniente, hubiera sido particularmente útil turquesa, de la asombrosa arquitectura circu-
un índice temático para que el lector encon- lar a la compleja organización política, del
trara fácilmente todo lo reportado en los desarrollo urbano a su complejo desarrollo
diversos artículos acerca de un tema histórico, todo quedaba por descubrir, y un
cualquiera. Por ejemplo, ese índice habría descubrimiento del autor lo llevaba necesa-
dado acceso práctico a toda la información riamente a otro hasta integrar una visión
referente a tal o cual fase de desarrollo, a tal histórica coherente, aunque necesariamente
o cual sitio, a tal o cual actividad productiva, aún hipotética. Todo era nuevo. Antes se
etcétera. hablaba solamente de una sociedad primitiva
De la misma manera, las ilustraciones y simple, aislada y de la cual apenas se
resultan demasiado escuetas. Cada uno de conocían las tumbas saqueadas, sus famosas
los dibujos, planos y mapas, es sumamente figurillas de barro depositadas en ellas como
informativo y sintetiza con claridad una ofrendas y unas tipologías cerámicas estable-
copiosa información. Sin embargo, lo nove- cidas a partir de pozos de sondeo y a menu-
doso de los descubrimientos y su incon- do confundidas con culturas debidamente
testable importancia ameritaban también definidas.
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Por lo novedoso y lo variado de los tra- que nos aporta el presente libro. Anotemos
bajos y descubrimientos del autor, y a pesar primero que es el fruto de una evidente
de tantos años de trabajo de campo, queda empatía con el tema de estudio, que llevó al
todavía mucho por hacer antes de afianzar autor a querer entender la historia antigua
satisfactoriamente las hipótesis tan enrique- de la región, más allá de las ficticias y poco
cedoras del autor. Son trabajos pioneros documentadas reconstrucciones de las cuales
cuyos resultados son forzosamente provi- se disponía. No va en demérito del autor
sionales y que seguirán marcando por advertir que ese deseo nació de un profundo
mucho tiempo el desarrollo de los trabajos arraigo en la región, propiciado por la pre-
futuros en el área. sencia en la zona de Celia García de Wei-
Finalmente, esos dos decenios de traba- gand, su esposa pero también su colaborado-
jos del autor consistieron esencialmente en ra de agudo sentido de la observación y de la
buscar y encontrar en el campo lo que siem- crítica. Es por ese deseo de superar los estre-
pre se había negado: un desarrollo propio y chos límites de una arqueología del Occi-
complejo del Occidente. Fue necesario dente determinados por la escasez de los tra-
emprender una lucha tenaz contra prejuicios bajos, la preponderancia absoluta dada a las
correosos tanto de occidentalistas renombra- tipologías cerámicas, la omnipresencia del
dos como de mesoamericanistas en su con- saqueo y una deformante visión centralista,
junto. El peso de las evidencias concretas no que a lo largo de largos años, Phil Weigand
resultaba suficiente; era indispensable multi- multiplicó sus trabajos y sus enfoques
plicar la participación en encuentros y la temáticos y metodológicos. Sus trabajos
publicación de artículos para que se arqueológicos consistieron en muy diversos
empezara a reconocer en publicaciones de trabajos de superficie, en el análisis de los
todo tipo y en museografía lo irrefutable en perfiles que ofrecían pozos de saqueo y zan-
el campo de las evidencias arqueológicas: la jas abiertas para trabajos públicos y en las
complejidad de la Tradición Teuchitlán y su abundantes informaciones transmitidas por
importante papel en la conformación de los lugareños, testigos de los saqueos de tum-
Mesoamérica y de las relaciones de ésta con bas y asentamientos, y de los drásticos y
el Septentrión y el Suroeste. desastrosos cambios en el paisaje. Excava-
En esas circunstancias, se entiende la ciones futuras habrán de comprobar y com-
razón de ser de esa recopilación que tiene el pletar esos trabajos pioneros.
evidente mérito práctico de reunir y ofrecer También las experiencias directas del
en español un conjunto de estudios sin que autor en la arqueología del Septentrión
se tenga que consultar una serie de publica- mesoamericano y del Suroeste de los Estados
ciones en su mayoría muy especializadas y Unidos propiciaron sus notables aporta-
dirigidas sólo a los estudiosos del Occidente ciones al conocimiento de la manera en que
y el Septentrión mesoamericano. Sin embar- la civilización en el Occidente se insertó en
go, por la importancia y lo novedoso de sus una amplia red de intercambios, en un sis-
aportaciones, es legítimo esperar una próxi- tema integral de complejas relaciones cuya
ma obra del autor en la forma de un libro expresión más concreta es el comercio de la
cabalmente integrado e ilustrado. turquesa desde el lejano Suroeste.
Aclarado ese punto, abundemos en lo Como ya señalé, los diecisiete artículos
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reunidos en el libro son muy variados en su la llegada tardía y civilizadora de las influen-
extensión y su temática. En ésta se recono- cias del centro en el Posclásico. Ahora sabe-
cen temas centrales, tratados cada uno desde mos que el panorama cultural de ese arte fu-
diferentes puntos de vista: el desarrollo cul- nerario fue diametralmente distinto: una
tural de la región lacustre que se extiende sociedad muy compleja y urbanizada, unas
alrededor del volcán de Tequila, su hinter- formaciones políticas poderosas y sólidamente
land y esferas de interacción, con énfasis en integradas. De esa manera, las tumbas están
la organización sociopolítica, en la arquitec- asociadas a asentamientos urbanizados, a una
tura ceremonial y el urbanismo, y en la arquitectura ceremonial monumental única
captación y distribución de los recursos na- en el mundo, la arquitectura circular Teu-
turales del área, la minería y el comercio de chitlán, y a numerosas y amplias canchas de
la obsidiana, la minería zacatecana antigua, juego de pelota.
el comercio con el Suroeste y en particular Finalmente, la obra del Dr. Weigand
de la turquesa, la etnografía e historia de las encierra implícitamente una seria adverten-
pueblos de la parte sur de la Sierra Madre cia. En una región recorrida desde el siglo
Occidental, la integración al mundo mesoa- pasado por los estudiosos del pasado prehis-
mericano y una reapreciación del papel del pánico, ni la presencia de las chinampas ni
estado tarasco en la historia regional, así de las pirámides y sus plazas circulares
como de la organización sociopolítica del habían sido reportadas. Pasaron inadver-
área en el momento del contacto. tidas, no por ubicarse en lugares desconoci-
Para los historiadores del arte mesoame- dos o inaccesibles, ni por ser difíciles de dis-
ricano, revisten particular importancia las tinguir, sino por la razón más poderosa de
informaciones e interpretaciones relativas al que no se había imaginado su presencia y
origen y desarrollo de la Tradición Teu- por ende no se habían buscado.
chitlán, de lo cual, por cierto, el Instituto de
Investigaciones Estéticas ha tenido la oportu-
nidad de publicar una síntesis en el número 
62 de sus Anales. Antes de los trabajos del Dr.
Weigand, el historiador de arte sólo disponía The Paradise Garden Murals
como material de estudio las famosas figuras of Malinalco. Utopia and Empire
de barro, arrancadas en su inmensa mayoría in Sixteenth-Century Mexico
de su contexto original: las tumbas de tiro. de Jeanette Favrot Peterson
Además, se ignoraba todo de su contexto cul-
tural, salvo el hecho de que eran de uso fu-
nerario. Frente a expresiones artísticas tan por
distintas a las otras de Mesoamérica, y en olivier debroise
ausencia de informaciones concretas sobre los
asentamientos de los que hicieron esas tum-
bas y esas figurillas, se había creado una ima- Austin, University of Texas Press, 1993
gen cómoda y ficticia: una región congelada
en una etapa preclásica, formativa, unos pue- Concebido como tesis de doctorado en histo-
blos eternamente aldeanos e ingenuos, hasta ria del arte en la Universidad de California,
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bajo la dirección de Cecilia Klein (especialista Quizá la más agresiva de las tres órdenes
en iconografía prehispánica), el trabajo nove- mendicantes —en razón proporcional a su
doso de Jeanette Favrot Peterson sobre el pro- mística—, la de san Agustín desempeñó un
grama mural del monasterio de La Purifi- papel fundamental en la definición de infra-
cación de Malinalco, entrevisto a través de estructuras de catequización: esto es, por lo
algunos pocos artículos y de una ponencia- menos, lo que sugieren los remanentes arqui-
síntesis presentada en 1977 (“La flora y la téctonicos y plásticos, revelados paulatina-
fauna en los frescos de Malinalco: paraíso con- mente en el transcurso del siglo mediante una
vergente”, en XLIV Congreso Internacional de serie de restauraciones y limpiezas de monas-
Americanistas: iconología y sociedad. Arte colo- terios, que iniciara Jorge Enciso en Acolman
nial hispanoamericano —París, 1977—, en 1918, bajo la égida de Manuel Gamio, y
México, unam, Instituto de Investigaciones que fueron continuados de manera intermi-
Estéticas, 1987), aparece finalmente en forma tente por otros conocidos pintores (Roberto
de libro, con un retraso lamentable de más de Montenegro en Actopan, por ejemplo) y, más
diez años, debido quizás a la falta de interés tarde, por profesionales de la restauración. La
de los editores por temas que, hace poco tiem- reaparición de estos programas murales, con-
po, parecían irrelevantes, pero que el reno- servados casi intactos porque fueron “cen-
vado interés por las artes de México en los surados” para acatar las consignas iconográfi-
Estados Unidos parece en vías de superar. No cas tridentinas y encalados a pocos años de su
obstante algunos ajustes, una bibliografía y realización (probablemente antes de finalizar
notas a pie de página puestas al día de manera el siglo xvi), ha cambiado de manera radical
que se puedan integrar algunos aportes más nuestra comprensión de este periodo clave de
recientes, el libro de Jeanette Favrot Peterson la historia y las artes.
sigue, a grandes líneas, el plan de su tesis. Entre otras pequeñas revisiones, cabe
A la vez que estudio monográfico del justamente la necesidad de redefinir, a la luz
programa de pintura mural de Malinalco, el de los descubrimientos (no tan recientes,
ensayo de Peterson presenta —como suele cabe decirlo), el papel de los misioneros
hacerse en cualquier tesis académica— un agustinos y, en particular, de su escuela de
resumen y compendio de investigaciones pre- artes y oficios de Tiripetío, competido-
vias, y un recuento histórico-geográfico que ra declarada de San José de los Naturales de
permite situar el caso en su contexto preciso. la ciudad de México, fundada por los francis-
Echando mano de la bibliografía disponible, canos. Los evidentes parentescos iconográ-
muchas veces de acceso díficil hasta hace ficos y formales de los programas murales
unos cuantos años, vuelve, detrás de George aún existentes de Malinalco, Charo, Cuit-
Kubler, McAndrew, Manuel Toussaint, San- zeo, Yuririapúndaro, Itzmiquilpan, en la
tiago Sebastián, a presentar un panorama del zona de influencia norte, de Atlatlahuacán
impacto de las órdenes mendicantes en la y Totolapan, Morelos, y Huatlatlauca, Pue-
conformación de lo que se suele llamar so- bla, en el sur, parecen sugerir, como ya lo
ciedad y arte “coloniales”. Insiste particular- han afirmado algunos autores, la existencia
mente, en un segundo capítulo, en el papel de uno o de varios equipos de pintores iti-
preciso de los agustinos, el tercer grupo de nerantes, siguiendo el modelo aún vigen-
religiosos en llegar a la Nueva España. te en las postrimerías del siglo xv en el sur de
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Europa (norte de Italia, Provenza, Cataluña, viación” de la regla monolítica, si no como


etcétera). una aberración. Peterson no niega, por
En exploración de estas constantes, aun- supuesto, la flagrante dimensión europea del
que limitada por su perspectiva “malinalco- programa de Malinalco; es más, identifica
centrista”, Jeanette Favrot Peterson ofrece con certeza algunas de las fuentes iconográfi-
una interpretación hasta cierto punto atrevi- cas (en particular, una influencia no detecta-
da —debido a la carencia de documentación da con anterioridad de la tapicería flamenca),
precisa, el obstáculo mayor de todo investi- pero sitúa el programa en la perspectiva,
gador del tema—, e intenta atribuir el pro- menos prejuiciada, de un verdadero inter-
grama de Malinalco a los mismos tlacuilos cambio cultural, y no solamente de una im-
que colaboraron con fray Bernardino de posición dogmática y simplista de cánones.
Sahagún, en la realización de sus “Calepinos” Cabría ahora ampliar el análisis de Peterson a
(como llama Gerónimo de Mendieta a la otros programas, relacionados iconográfica-
obra monumental que nos llegó con el título mente con Malinalco, como las descripciones
de Códice Florentino). La aseveración de botánicas que aparecen en los andadores del
Peterson se basa en un minucioso análisis monasterio de Itzmiquilpan y en algunos seg-
iconológico del “herbario” que se despliega mentos de la bóveda de la nave, o en la an-
en forma de jardín místico en los muros del tigua sacristía transformada en capilla de
claustro de Malinalco, y recuerda, por un Atlatlahuacán. Estas analogías no sólo po-
lado, las ilustraciones de la Historia natural... drían ratificar la existencia de equipos de
del protomédico Francisco Hernández y, por tlacuilos itinerantes, permitirían quizá deter-
el otro, de numerosas viñetas del Florentino. minar la existencia de un proyecto iconográ-
El reconocimiento preciso de las especies fico agustino general para la Nueva España
botánicas y zoológicas representadas en Mali- (por lo cual habría que incluir en este itine-
nalco, así como el análisis de su doble sim- rario a las Filipinas, donde destacaron los
bología, mexica y cristiana, es, sin duda algu- misioneros de la orden desde la década de
na, la mayor aportación de Jeanette Favrot 1570). La mística escatológica muy particular
Peterson; comprueba así, de manera indu- de los agustinos, que no rehusaron en re-
dable, la intervención directa y consciente de presentar de manera característica la violencia
tlacuilos —sabios y pintores—, negada o, —véanse los “sacrificios” misioneros en Cha-
por lo menos, disminuida por los investi- ro y Huatlatlauca, la obsesión por la sangre
gadores previos, desde George Kubler hasta en Atlatlahuacán, las visiones apocalípticas en
Santiago Sebastián, que sólo han querido ver Charo, Cuitzeo, Actopan, Xototeco, Huatla-
en los murales novohispanos imitaciones de tlauhca y, lo más obvio, el clamor de guerra
modelos europeos, simplemente tergiversa- santa en Itzmiquilpan— merece, por cierto,
dos por los artífices locales. un estudio particular.
En esta perspectiva eurocentrista, que Si bien deja implícito el porqué, Jeanette
todavía impera incluso entre muchos investi- Favrot Peterson describe cómo se efectuó la
gadores mexicanos, el programa de la nave de convergencia o, para utilizar un término más
San Miguel Itzmiquilpan, con sus figuras ata- acorde con el procedimiento, el montaje con-
viadas como guerreros mexicas, ha sido inter- ceptual del Hortus Conclusus de la tradición
pretado como un “enigma”, como una “des- escolástica medieval y del Tamoanchán mexi-
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ca. Ambas ideas simbólico-filosóficas tuvie- 1
ron, en efecto, que adaptarse para acoplarse
en las inextricables orlas vegetales, en la El texto es sumamente cuidadoso. La autora
jungla orgánica que invade los muros del no se aleja de su documentación. La cautela
monasterio de Malinalco. Para comprender le impuso un método apreciable: para
estos deslices, Peterson tuvo que aunar la describir las obras, utilizó los textos y los tér-
erudición medievalista a una amplia com- minos del propio Velasco y los de su maes-
prensión de la simbología nahua. Es uno de tro Landesio; textos pedagógicos o doctri-
los primeros autores, en el campo de las artes narios, dicho sea sin quitarles valor. A mi
plásticas, por lo menos, que intenta reunir modo de ver, se trata de un acierto: elimina
las dos matrices en un solo aparato teórico la intemporalidad que supone el “lenguaje”
(facilitado por los aportes de la semiología de la pintura y la vuelve estrictamente his-
estructuralista). tórica: podemos ver tal cuadro en tales tér-
minos porque ésos eran los términos de
Velasco.
 Casi todos los paisajes de Velasco tienen
proporciones fáciles de medir y su autor los
José María Velasco: paisajes de luz, llenó de puntos de referencia reconocibles y
horizontes de modernidad equiparó los accidentes naturales con los
de María Elena Altamirano monumentos (el Ajusco con la Basílica, por
ejemplo). Por el contrario, Ahuehuetes de
Chapultepec no tiene esa vanidad de topó-
por grafo y nos enfrenta a dos límites: el agua y la
renato gonzález mello maleza. El follaje de los árboles es un mapa,
pero de naturaleza especial. Sus indicaciones
no tienen un lugar preciso, su movimiento es
México, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1992 voluptuoso. Invita a recrear la sensibilidad.
Ese cuadro y otros me hacen pensar que
La exposición de José María Velasco que Altamirano pudo ser menos cautelosa en su
se montó en el Museo Nacional de Arte, interpretación de las imágenes y darse alguna
curada por María Elena Altamirano, Xavier que otra libertad en beneficio de su inves-
Moyssén y Fausto Ramírez, así como los tigación: permitirse especular sobre esos pro-
textos de los tres investigadores en el catá- blemas formales para los que es necesario
logo publicado con ese motivo, obligan suponer la universalidad de las imágenes; por
a una nueva reflexión acerca del pintor ejemplo, la referencia a lo irracional implícita
nacido en Metepec y cuya obra forma parte en el follaje del ahuehuete.
inalienable de la memoria capitalina. Me Extrañamos la crítica de las ideas pictóri-
voy a referir sobre todo al texto de María cas expresadas por el pintor. ¿De verdad fue-
Elena Altamirano, que es el más extenso ron armónicas con su pintura? Me parece
y ambicioso de la publicación. Se me ocu- injusto pensar que siempre logró lo que se
rren las siguientes cuestiones después de su propuso. Que tres de sus paisajes más famosos
lectura. los pintara desde el mismo ángulo, alejándose
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cada vez, debería hacernos pensar en algún manifestaron todas esas opiniones debieron
problema sin resolver. María Elena Altamira- tener sus propios motivos.
no comenzó la línea de investigación, y a ella Además, después de revisar la biografía
corresponde ahora llevarla a feliz término: de María Elena queda la impresión de que el
cuáles fueron los problemas de Velasco, a qué estado republicano y los liberales no hicieron
se enfrentó, qué no pudo resolver, qué lo dejó gran cosa para imponerse, por así decirlo,
insatisfecho. Sería terrible pensar que siempre “ideológicamente”. Por ejemplo, en 1868
estuvo satisfecho de sí mismo, que nunca ti- Velasco recibió, “de manos del presidente”
tubeó, que durante los años en que no tenía la Juárez, el primer premio de pintura de
fama asegurada no tuvo la menor duda ni paisaje por un cuadro llamado Ahuehuetes y
la,menor ambición desmedida. castillo de Chapultepec. No había pasado ni
siquiera un año desde el fusilamiento del
dueño del castillo. Por la polémica entre
2 Landesio y Altamirano sabemos que eran
bien conocidas las simpatías imperialistas del
A María Elena Altamirano le escandaliza, maestro y su discípulo favorito. Este último
como a todos nos escandaliza aunque un pintó a la emperatriz en uno de sus paisajes
poco menos, la crítica negativa de Ignacio de la Alameda, en una escena en la que Faus-
Manuel Altamirano publicada en 1873. En to Ramírez ha visto la simpatía imperialista
forma velada, este mediano aunque famoso llevada hasta el extremo del rococó (cfr.:
novelista criticó duramente a Velasco para Fausto Ramírez, “Acotaciones iconográficas
defender el nombramiento de Salvador a la evolución de episodios y localidades en
Murillo como profesor de perspectiva. Lan- los paisajes de Velasco”, en José María Velas-
desio, que había renunciado a dicha cátedra co, homenaje, México, Universidad Nacional
por negarse a “protestar las leyes de Refor- Autónoma de México, Instituto de Investi-
ma”, defendió públicamente a Velasco. Igna- gaciones Estéticas, 1989, p. 32).
cio Manuel Altamirano le reprochó a Lan- También provocan muchas dudas en mi
desio que hubiera expresado sus simpatías espíritu, si quieren ustedes un poco jacobi-
por el bando imperialista durante la inter- no, esas escenas de conventos destruidos
vención francesa y elogió, en cambio, el que Velasco pintó cuando era estudiante.
patriotismo de Murillo. Pero más escandaloso todavía es que el pin-
¿Exactamente quién y por qué escogió a tor haya recibido una condecoración del
Murillo? ¿Fue sólo su lealtad a la república lo emperador Francisco José I en 1901, Altami-
que provocó la preferencia? Y más impor- rano piensa que como “agradecimiento” por
tante aún: ¿por qué Landesio prefirió a haber pintado un Cerro de las Campanas.
Velasco y lo defendió en público?, ¿qué fue Ese cuadro lo pintó para conmemorar la de-
lo que, a ojos de Landesio, Velasco aprendió dicación de una capilla mandada construir
mejor que Murillo?, ¿sería también una en ese sitio por Francisco Kaska y otros ami-
desavenencia política, o habría otros mo- gos de Maximiliano. Velasco se unió a la
tivos? Estoy dispuesto a conceder que Velas- excursión a Querétaro, junto a nobles perso-
co haya sido el mayor paisajista de México, najes austriacos y descendientes de Mira-
pero los que tomaron todas esas decisiones y món en una comitiva bastante pequeña y
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selecta: él fue el único que no tenía paren- Payno. La cercanía es muy importante. Pay-
tesco con alguno de los actores del dra- no codificó una manera de ver el paisaje del
ma. ¿Ser “Caballero de la Legión de Honor valle de México en la que cada sitio tenía un
y de la Orden de Francisco José”, dos con- valor simbólico: indios trabajadores en Chal-
decoraciones con las que el pintor se hizo co, diosas de la fertilidad en el Volador, bru-
fotografiar en 1905, era de veras algo que el jas miserables en el camino a la Villa, el
emperador le concedía a cualquiera que pin- Jardín del Edén en San Ángel, etcétera. Los
tara un paisaje? Sabemos de numerosos sucesivos y cada vez más alejados paisajes
artistas que trabajaron para los emperadores que pintó Velasco desde atrás de la Villa de
desde que existió el imperio que ostentaba Guadalupe nos obligan a señalar de nuevo a
Francisco José: desde la época de Carlomag- Payno. Pienso en el segundo Valle de México
no. Algunos de ellos, como Tiziano, fueron desde el cerro de Santa Isabel, de 1877. Mues-
artistas que serían inconcebibles lejos de la tra abajo el mismo lugar al que se refieren las
corte de algún monarca. ¿Cómo, pues, le primeras líneas de Los bandidos de Río Frío:
concedieron ese honor a un lejano pintor “En un rancho situado detrás de la cuesta de
mexicano? Barrientos” (Manuel Payno, Los bandidos de
La expedición a Querétaro provocó un Río Frío, México, Ars, s.f., vol. i). El Valle de
pequeño escándalo en la prensa liberal que México desde el cerro de Atzacoalco, de 1875,
valdría la pena revisar (puede verse, por con su escena mitológica apenas disimulada
ejemplo, El Hijo del Ahuizote). El senado en primer plano, también recuerda las reflex-
mexicano aprobó la condecoración concedi- iones de Payno sobre la supervivencia de la
da a Velasco, ¿en qué contexto y por qué? fe india en las costumbres católicas. (Juana
¿Hubo debates? Lo que queda en la penum- Gutiérrez me ha comunicado amablemente
bra es la filiación política del pintor en el otra coincidencia, que aparecerá en el Diálo-
complejo contexto de la política “liberal go de Couto que publicará el Consejo Na-
conservadora” de las postrimerías del por- cional para la Cultura y las Artes. En el céle-
firiato. Lejos de ser un accidente en la vida bre pasaje del asalto de Los bandidos, uno de
del artista, sus simpatías por el imperio los personajes que están en la venta de Río
deben estudiarse como un problema inte- Frío especula sobre las posibilidades de,con-
lectual de la mayor relevancia. Sus ideas struir un ferrocarril hacia Veracruz y el otro
políticas, cualesquiera que hayan sido, lejos se burla de él diciéndole que ese tren no
de desacreditarlo lo honrarían con una di- podría existir “ni en pintura”. Los bandidos
mensión que no siempre es visible en su se comenzó a publicar en 1889, y ese ferro-
pintura: la ética. El problema que sigue está carril ya existía en las pinturas de Velasco
estrechamente relacionado con este plan- desde 1881, con que podemos pensar en algo
teamiento. más que una casualidad en la burlona na-
rración de Payno.)
Todas estas coincidencias son significati-
3 vas. Estaríamos ciegos si buscáramos las imá-
genes solamente en las artes plásticas.
María Elena Altamirano menciona la amis- Paisajes como los de Velasco se gestaron
tad del pintor con el ambiguo dandy Manuel lentamente en las ideas y en los libros al
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mismo tiempo que los dibujaban los pin- El texto de Altamirano no cancela las
tores. Quizás sería excesivo querer interpre- cuestiones iconológicas planteadas en el sim-
tar un cuadro a la luz de la literatura con- posio-homenaje a Velasco, verificado hace
temporánea, pero aquí de lo que se trata no algunos años. Lo escrito por Altamirano las
es de reducir sino de enriquecer; no de omite en favor de un trabajo que era nece-
encontrar causas sino de comprender con- sario y que su texto cumple a cabalidad: es
textos; no de quitar especificidad a lo que una excelente, cuidadosa, precisa e interesante
ocurre en la historia sino, muy por el con- biografía del pintor. Establece fechas, puntos
trario, de encontrar para lo histórico una de referencia, paisajes de la memoria y otros
especificidad que trascienda los géneros. hechos positivos que habrán de ser analizados
La disciplina que pomposamente lla- por la crítica en un futuro muy cercano.
mamos “iconología” se basa justamente en la No quisiera que las anteriores reflexiones
pretensión, si se quiere desmedida, de que es menguaran el entusiasmo que me provocó el
posible esa trascendencia. Como decía texto. Lo que ocurre con José María Velasco:
Panofsky: cuando un buen burgués se quita paisajes de luz, horizontes de modernidad es
el sombrero en la calle, podemos percibir el que no intenta incursionar los caminos que
eco de las buenas maneras cortesanas que se señala. Podremos reprochar a su autora que
originaron cinco siglos antes; ejemplo que no haya aprovechado todas las rutas que ella
vendría muy a cuento con los conservadores misma abrió, pero estaba en su derecho de
mexicanos. En una época de la historia fue no aventurarse a resolver hipótesis en que la
posible que un pintor hiciera imágenes que documentación puede ser poco firme y muy
adquirieran tanto prestigio que han llegado a tramposa. Para ser justos, digamos que tam-
convertirse en el canon de una realidad que bién hay un respeto gigantesco por la figura
tal vez jamás las igualó. ¿Acaso cuando ve- de ese pintor, que desde sus primeros
mos un cuadro de Velasco no nos lamenta- retratos ya aparece con barba de patriarca.
mos de que el valle de México “ya no” se vea Tal vez lo único que podríamos recriminar a
así? Pocos pintores en la historia han tenido la autora es que no se haya decidido a come-
el privilegio de una eficacia tan avasalladora, ter la travesura de pintarle bigotes a ese
y eso sería razón para hacernos ampliar el retrato que, por otra parte, sí impone bas-
análisis de sus obras al mundo que hizo posi- tante respeto.
ble su prestigio y su comprensión, al mundo
que las erigió en iconos y rápidamente, con
la llegada de la estética “modernista”, las 5
abandonó.
Todo lo demás que pienso sobre el catálogo,
su impresión y los textos serían puros elogios.
4 Con toda justicia se ganó un premio interna-
cional como conjunto: por su texto, su diseño
Es mucho lo que nos falta investigar en este y la calidad de su impresión. La única mosca
campo, aunque ya Fausto Ramírez había en la sopa, que quiero señalar con ánimo
hecho notar la calidad alegórica de algunos constructivo para que no se repita, es la nu-
paisajes. meración de las ilustraciones: María Elena uti-
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liza la que asignó Velasco a sus cuadros en una que todos hemos luchado y luchamos, y no
lista particular; no es la misma que sirve para al extraordinario, profesional trabajo del mu-
numerar las fotos en el texto ni coincide con nal, que por fortuna no careció de recursos.
la lista de obras en exposición. Si el texto se
refiere a la obra número 77, váyala usted a
encontrar: yo pasé horas jalándome los cabe- 
llos y no encontré el Ahuehuetes y castillo de
Chapultepec cuyo premio entregó Juárez. No Las ofrendas del Templo Mayor
es tarde, ya que el libro fue premiado y todo, de Tenochtitlan
para distribuir, aunque sea en fotostáticas, una de Leonardo López Luján
cuarta lista que sirva al lector para encontrar
las fotografías.
Por último me referiré a un aspecto de la por
exhibición. En mejor momento habrá que emilie a. carreón blaine
hablar sobre los espacios amenazados de ex-
posición con que cuenta el Museo Nacional
de Arte. Aquí sí vale la pena señalar un he- México, Instituto Nacional de Antropología
cho que a todos los que lo percibimos nos e Historia, 1993
deprimió mucho. Para la muestra se consi-
guieron en préstamo obras que estaban en el No me parece exagerado afirmar que Las
Museo Nacional de Praga y en los museos ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan,
vaticanos. El estado de conservación de las del arqueólogo Leonardo López Luján, des-
mismas, el brillo de sus colores, la delicadeza taca por su seriedad entre un grupo de estu-
de sus matices, la luminosidad de sus veladu- dios en torno a los nuevos descubrimientos
ras, contrastó con los maltrechos cuadros de del Huey Teocalli mexica. Y aunque es posi-
las colecciones mexicanas. Ya es tiempo de ble cuestionar algunas propuestas acerca del
que dejemos descansar esos cuadros, de que significado de las ofrendas, la obra es merito-
estudiemos si no valdrá la pena embodegar ria por acometer, en forma seria y promete-
algunos óleos de vez en cuando, durante pe- dora, una tarea doble: la sistematización de
riodos prestablecidos, para que la luz no de- las 118 ofrendas (110 de las excavaciones de
teriore tanto sus pigmentos; o si tal vez el 1978-1989 y las restantes de cuatro excava-
deterioro de los velascos mexicanos se debió ciones previas) y la interpretación de algunas
a condiciones de exhibición poco apropia- de ellas. Esto permite a los interesados en el
das. Se trata de un aviso más de lo que pue- pasado prehispánico, por un lado, conocer
de pasar con nuestras colecciones públicas si las propositivas lecturas del arqueólogo de
no nos unimos todos para cuidarlas. Todos: ciertas ofrendas (ocho casos de estudio) y,
desde el funcionario que autoriza su exhibi- por otro, conocer el material para poder lle-
ción hasta el curador que las escoge y el his- gar a interpretaciones propias.
toriador que escribe su texto. Tales reservas En el estudio de López Luján, que en
se refieren, por supuesto, a las abusivas ex- primera instancia fue su reconocida tesis de
posiciones y salas de exhibición, a la falta de licenciatura —se le otorgó la segunda men-
bodegas que todos conocemos y contra la ción honorífica del premio Alfonso Caso
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1991 del inah y el premio Eugene M. Kay- La última parte (capítulo 8) conforma el
den en Humanidades de la Universidad de núcleo del trabajo y es la más interesante del
Colorado—, pueden distinguirse cuatro par- libro. Aquí, López Luján aplica otra me-
tes íntimamente ligadas. todología de estudio al material de exca-
La primera parte (capítulos 1 y 2) incluye vación. Hace el análisis de dos de las “ofren-
una revisión historiográfica de los hallazgos y das únicas” (16 y 48) y de seis “complejos de
las excavaciones que tuvieron lugar en el ofrendas” (o, p, r, n, e, a). Corrobora la in-
centro de la ciudad de México del siglo xvi a formación arqueológica con las pictografías
la actualidad, y una presentación de los crite- prehispánicas, las relaciones escritas por con-
rios de excavación del Proyecto Templo quistadores y misioneros, los textos de los
Mayor, dentro del cual se inscribió el trabajo cronistas indígenas, las descripciones etno-
arqueológico de López Luján. gráficas y los vestigios materiales prehispáni-
La segunda sección (capítulos 3, 4 y 5), cos procedentes de otras regiones mesoame-
se define temáticamente como un análisis ricanas. Con ello plantea hipótesis que dan a
teórico de la relación entre los rituales de conocer el significado de las ofrendas en el
oblación, las ofrendas y su contexto: el Tem- contexto de la vida ritual mexica, y de estas
plo Mayor. Y a la luz de los escritos de los hipótesis particulares surge una interpre-
cronistas, los códices y los estudios previos, tación global del significado del Templo
el arqueólogo logra situar las ofrendas en su Mayor de Tenochtitlan.
entorno, ubicándolas espacio-temporal- A partir del estudio detallado de la
mente, cuestionando su significado y el del ofrenda 16, el arqueólogo, al referirse a una
Templo Mayor mismo. deidad con dos protuberancias en la cabeza,
En la tercera parte (capítulos 6 y 7), no plenamente identificada, la consigna
López Luján presenta la metodología utiliza- como una representación de Xiuhtecuhtli-
da en la sistematización del material arqueo- Huehueteotl. Su imagen, una escultura,
lógico: la estadística descriptiva y la taxo- acompañada de chalchihuites, presidía la
nomía, que el autor llama numérica, por ofrenda y este hecho, al parecer del autor,
computadora. Este método le permitió orga- afirma que las ofrendas 16 y 16 a fueron de-
nizar los depósitos excavados y así formar 20 dicadas a este dios. Sin embargo, habría que
“complejos de ofrendas”, conjuntos de con- tener cautela en cuanto a la aseveración de
tenido homogéneo que comparten con fre- que es Xiuhtecuhtli-Huehueteotl la deidad
cuencia una misma distribución interna de presente en 26 de las 118 ofrendas, ya que
objetos y una ubicación espacial correlativa. considero que aunque estas figuras com-
De esta manera 16 ofrendas “únicas” quedan parten rasgos estandarizados, hay que tomar
como no susceptibles de agrupamiento. Por en cuenta las variantes; por ejemplo, las que
otra parte, encuentra que los contextos se manifiestan en la pintura facial de estas
arqueológicos muestran un orden que tiene imágenes antropomorfas.
gran analogía con la sintaxis ritual y el La ofrenda 48 el arqueólogo la considera
lenguaje visual. En esta parte asimismo como “ofrenda única” a pesar del hecho de
incluye varias gráficas que sistematizan el que forma parte del complejo f; esto se debe
material y presentan la frecuencia con la que a que, en comparación con las demás ofren-
aparecen ciertos elementos. das del complejo, presenta más diferencias
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que similitudes. Debo señalar que en este que articular este tipo de análisis con otras
caso (como en el de la ofrenda 16), las agru- propuestas teórico-metodológicas. Quizá por
paciones formadas por la computadora no esta razón, el autor, en algunos casos de estu-
concuerdan con las observaciones visuales. dio, vincula varias aproximaciones, logrando
Para resolver el problema el autor incorpora así llegar a una propuesta acerca del significa-
ambas metodologías y cuestiona la eficacia do de las ofrendas.
del aparato tipológico y de clasificación. El “complejo p” se conforma por dos
Los elementos sobresalientes de la ofren- ofrendas que incluyen solamente una acu-
da 48 son una concentración de esqueletos mulación amorfa de espinas de maguey. El
infantiles y esculturas de tezontle que imitan arqueólogo en este caso destaca los usos que
jarras Tlaloc, asociados con arena, caracoles y los mexicas les daban a estos objetos, utiliza-
conchas, y todo salpicado de pigmento azul, dos para el autosacrificio, y señala la función
por lo cual el arqueólogo los vincula al de la sangre como ofrenda a las divinidades.
mundo acuático. Descartando una lectura Como conclusión, afirma que ambas ofren-
precipitada de los rituales relacionados al das formaron parte de un acto masivo de
culto de Tlaloc, descritos por los cronistas, autosacrificio, durante la remodelación del
López Luján afirma que esta ofrenda es pro- Edificio i. Sugiere que los depósitos de espi-
ducto de un rito de sacrificio excepcional, y nas se sepultaron simultáneamente, como
en un lugar atípico. Esta ofrenda, que el donación de sangre para consagrar la edifi-
autor relaciona con el glifo 1 tochtli de la cación. En torno a esta propuesta, sólo tengo
fachada oriental del Templo Mayor, indica una pregunta: ¿fue posible hacerles análisis a
que la oblación corresponde a la gran sequía las púas de maguey para detectar la presencia
de 1 tochtli que asoló al pueblo mexica. de restos de sangre?
Con respecto al “complejo o”, que in- El “complejo r” consta de dos conglo-
cluye tres ofrendas que contienen cada una meraciones de cenizas con restos de carbón
un cilindro de copal, todas dentro del relleno orgánico que, al parecer del arqueólogo
de construcción, correspondiente a la etapa López Luján, no son ofrendas propiamente.
constructiva ivb del Templo Mayor, López Como en el caso de la ofrenda o, localizada
Luján no plantea un significado preciso. Co- en el Recinto de los Guerreros Águila, se tra-
mo cautelosamente asienta, el copal es una ta de hecho de los restos de un hogar. Igual-
resina que los mexicas utilizaron cuantiosa- mente, la ofrenda g, situada en la Plaza de
mente en el ritual, y su uso en este contexto las Águilas, son los restos de una hoguera. La
es indicio de un rito de oblación con motivo hipótesis acerca de estos depósitos de ceniza
del engrandecimiento del Templo Mayor. como hogares y no como ofrendas, el ar-
Para concluir, asocia las tres ofrendas de este queólogo la fundamenta en los datos históri-
complejo con la ofrenda 76, paralelo que no cos, las dimensiones de los contenedores, las
se manifestó en las agrupaciones obtenidas huellas que presentan, su localización y en el
con el método utilizado en la computadora. hecho de que no fueron sellados, como sue-
Lo cual, opino, refleja la necesidad de refor- len serlo las ofrendas.
mular la funcionalidad de la metodología; es El “complejo n” se conforma por seis
señal de que las herramientas de cómputo no depósitos localizados en el área de Tláloc, en
siempre son suficientes y deja claro que hay el relleno constructivo de la Etapa iii. Con-
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tenían como objetos centrales: un cajete y viaje del alma. Específicamente, las cuentas
una olla con restos de pigmento y chalchi- helicoidales y el cascabel de oro con el glifo
huites en su interior; todo estaba salpicado ollin, sugiere, se refieren al movimiento
de pigmento azul. López Luján señala la giratorio que seguía el alma (teyolia) en el
relación que estas ollas tenían con el culto a paso del mundo de los hombres al de los
Tlaloc y las divinidades acuáticas, tanto por dioses. Este hecho también se refuerza con
ser contenedoras de líquido como por su la presencia de las representaciones de las
color azul. Y como conclusión explica que cabezas de patos, vinculados a Ehecatl-
las ofrendas fueron colocadas como acto Quetzalcoatl.
propiciatorio que le otorgaba a la tercera La conclusión del autor, después del
ampliación del Templo las cualidades pro- análisis de estos depósitos, es que el estudio
pias de Tlaloc. conjunto de la información arqueológica, de
En el caso del “complejo e”, el autor la histórica y de la etnográfica es la manera
establece a priori que no se trata de un con- más viable para conocer el significado de las
junto de ofrendas, sino de un grupo de ofrendas del Templo Mayor.
depósitos funerarios, correspondientes a A través del estudio del “complejo a”,
cuatro etapas constructivas diferentes. López Luján presenta una lectura en conjun-
Todas fueron localizadas en el lado de Huit- to de 11 de los depósitos más ricos del mate-
zilopochtli y se colocaron bajo el piso cuan- rial muestreado. Cada una de las ofrendas
do el edificio se encontraba en funcio- presenta cinco o seis niveles. De los primeros
namiento. En cada caso, la pieza central es tres, que contienen arena marina, conchas y
la urna que contenía huesos humanos par- caracoles, el arqueólogo explica que se tratan
cialmente quemados, asociados a cuentas, de recreaciones simbólicas del cosmos de
artefactos punzocortantes, objetos en forma características acuáticas, el Tlalocan. El cuar-
de cabeza de pato y cuentas helicoidales. En to nivel lo interpreta como la superficie de la
dos de las ocho ofrendas también se encon- tierra: para esta afirmación se basa en los
traban esculturas antropomorfas y, en un restos de animales como tortugas, serpientes,
caso, un cascabel de oro con el glifo ollin. pumas, cocodrilos y peces.
Todos estos objetos no presentaban huellas El quinto nivel se analiza a partir de lo
de fuego. Tras la descripción de los entier- que el autor llama “parafernalia divina”: ce-
ros, el arqueólogo analiza las concepciones tros miniatura en forma de venado, septen-
de la muerte y los ritos funerarios, y vincula triforme. Encuentra unidades compuestas
los datos con los de las ofrendas para pro- por elementos simbólicos que son a la vez
poner cómo murió el individuo y escala opuestos y complementarios: agua-fuego.
social que tenía. Los depósitos funerarios Referente a los chicahuaztli y las narigue-
pertenecen a personajes de alto rango social ras, los asocia a Xipe Totec, por ser insignias
mexica, sean los primeros tlatoque tenochcas que a menudo se presentan en la indumen-
y los cihuacoatl, los sacerdotes supremos o taria de esta deidad. De los “símbolos cósmi-
miembros de la familia noble. Por último, cos” (espiral y ollin) explica siguiendo a
basándose en estudios de Alfredo López López Austin que son símbolos del entre-
Austin, explica que los objetos asociados lazamiento helicoidal de los flujos cálidos y
con los restos óseos se relacionaban con el fríos. Con respecto a los cuchillos de peder-
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nal con rostros dice que son símbolos per- Xipe Totec y a su culto. Establece una re-
sonificados del instrumento sacrificial y pro- lación estrecha entre el culto a Xipe Totec y
pone que los cuchillos sin adorno quizá la guerra, metafóricamente llamada atl-tla-
fueron los utilizados en la decapitación de chinolli, destacando la taxonomía binaria
las personas cuyos cráneos se han encontra- prehispánica.
do en estas ofrendas. Esta lectura del dios Xipe Totec y la
Con base en esta lectura, López Luján afirmación de la importancia de Tlacaxi-
explica que las ofrendas fueron enterra- pehualiztli, aunque convincente, debe ser
das simultáneamente, durante la ceremonia profundizada. Serían necesarios estudios
de inauguración de la Etapa constructiva particulares en torno a esta deidad para con-
ivb, y que reproducen a escala tres niveles firmar completamente o descartar el plan-
cósmicos, el acuático, la superficie terrestre teamiento.
y el superior presidido por los dioses del Por último, respecto al significado de los
fuego y del agua. En este último nivel des- basamentos del Templo Mayor, el autor ex-
tacan elementos complementarios y opues- plica, siguiendo los planteamientos de López
tos, las insignias de Xipe y los cráneos de- Austin, que los cuatro cuerpos del basamento
capitados. representan a los cuatro pisos del cielo bajo, y
Con este primer acercamiento al signifi- que las capillas de Tlaloc y Huitzilopochtli
cado del “complejo a”, el arqueólogo estu- aluden al quinto nivel, puerta de acceso a los
dia la relación entre la decapitación y la nueve niveles superiores, “cielo donde está el
consagración de edificios. Asienta que la giro”, donde se entrecruzan helicoidalmente
veintena Tlacaxipehualiztli era la ceremonia el fuego celeste y el chorro acuático del infra-
durante la cual se decapitaba a los pri- mundo. El arqueólogo propone que el Tem-
sioneros de guerra para consagrar el Huey plo Mayor es la síntesis de las oposiciones y
Teocalli mexica. De esta manera, señala el complementos del universo mexica.
vínculo entre la expansión militar y las suce- López Luján termina su obra con un
sivas etapas constructivas. Con la lectura de breve epílogo que resume los temas tratados
las ofrendas a la luz de la información en las en el libro y como conclusión explica que el
fuentes relacionadas con la consagración del contenido de las ofrendas es de gran diver-
Templo Mayor, López Luján asienta que las sidad, por ser “producto de celebraciones pe-
ofrendas que conforman este complejo riódicas pero excepcionales: durante la cons-
fueron dedicadas a Tlaloc y Xiuhtecuhtli en trucción o la ampliación de la estructura
los ritos de la veintena Tlacaxipehualiztli. La arquitectónica; en la fiesta de su consagra-
importancia de esta veintena, celebrada en ción, para el estreno de un monumento reli-
el equinoccio de primavera, línea divisoria gioso; en periodos de crisis económicas y
entre los meses de la temporada de secas y sociales; en las principales fiestas del xiuhpo-
los de lluvias, se consagraba a la unión de hualli, en ciertos ritos de promoción social;
las partes: culto a Huitzilopochtli y a en las exequias de personajes del más alto
Tlaloc, solsticio de invierno y de verano. Al rango...” (p. 292). Esta conclusión la en-
puntualizar en la importancia de esta vein- cuentro un poco vaga, si se considera la can-
tena en el Templo Mayor, López Luján for- tidad de propuestas que plantea el arqueólo-
zosamente se refiere al significado del dios go en el cuerpo del libro, y quizá hubiera
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sido ventajoso para la comprensión de los resultados en forma de hipótesis persona-


ocho casos de estudio, una visión que los re- les. Es loable que López Luján haya incluido
lacionara tratándolos de manera conjunta. la información sistematizada, permitiendo así
Esto le hubiera dado a la obra una mayor co- a otros interesados en la cultura mexica abor-
herencia. Considero que los estudios aislados dar el estudio del contenido de las ofren-
de los complejos de ofrendas se deberían ha- das a la luz de sus propias metodologías y
ber compaginado en las conclusiones, en un enfoques.
epílogo más desarrollado.
Cabe advertir que a pesar de una lectura
del significado global del Templo Mayor a 
partir del estudio de una pequeña porción
del material procedente de las excavaciones, La antigua América.
ésta resulta convincente. Además reúne y El arte de los parajes sagrados
desarrolla algunas interpretaciones que se compilación de Richard F. Townsend
han propuesto con anterioridad, por otros
estudiosos. No cabe duda que, dada la habi-
lidad de López Luján por integrar la obser- por
vación directa de las ofrendas, los datos de beatriz de la fuente
los registros precolombinos, coloniales y et-
nográficos con objetividad y con un rechazo
a las generalizaciones, el libro es un impor- México, Azabache, 1993
tante avance en el conocimiento de la cul-
tura mexica. Entre las numerosas publicaciones que se
Por último, en cuanto a los tres apén- han realizado acerca de exposiciones de arte
dices, específicamente el segundo, “Descrip- prehispánico —y no son pocas, ni las exposi-
ción de los complejos de ofrendas”, y el ter- ciones ni los catálogos—, destaca de modo
cero “Descripción de las ofrendas únicas”, sorprendente ésta que se llevó a cabo gracias
quiero destacar que son una aportación muy al interés y a la sensibilidad del investigador
útil y necesaria pues proporcionan para cada Richard F. Townsend. Me refiero a la extraor-
“complejo de ofrendas” y para las “ofrendas dinaria, por bien seleccionada exposición, de
únicas” un croquis de ubicación dentro del aproximadamente tres mil objetos, que se
Templo Mayor, una descripción de los ob- montó en el Art Institute of Chicago, para
jetos, su cantidad y diversidad, la distribu- recordar, en los mismos tiempos del quinto
ción interna de la ofrenda y la manera en la centenario de la llegada de los españoles a
cual se asocia con otras ofrendas. Al incluir América, los logros cimeros de nuestros an-
estos datos, el libro de López Luján con- tepasados prehispánicos.
trasta notablemente con muchos de los tra- Townsend es una figura intelectual des-
bajos escritos a raíz de excavaciones arqueo- tacada por sus investigaciones en torno al arte
lógicas: éstos, generalmente, dejan de lado la y a la cosmovisión de los mexicas, los vigo-
mención específica del contenido mismo de rosos creadores de la cultura más tardía de las
las ofrendas, su distribución, localización, que constituyeron el universo que hoy nom-
etcétera, y se limitan a dar a conocer los bramos Mesoamérica. Es, a la fecha, director
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del Departamento de África, Oceanía y las cumplido su deseo, manifiesto desde un prin-
Américas del ya mencionado Art Institute of cipio, de verlo publicado en español. Ahora
Chicago y autor de dos libros fundamentales es posible extender el significado de la exposi-
en su área de estudio: State and Cosmos in the ción, el contenido de los textos y la visión de
Art of Tenochtitlan, tesis doctoral publicada tantas obras portentosas, ya que así se alcanza
por Dumbarton Oaks, y The Aztecs, libro que tanto al público que habla inglés, como al no
viera su primera luz de manera casi contem- menos numeroso de habla española.
poránea a la exposición y a la publicación en Los afanes y los días gastados en el es-
las cuales puso tanto empeño. Dicha expo- fuerzo individual y de conjunto se ven justa-
sición estuvo abierta, en Chicago, de octubre mente satisfechos en este libro excepcional.
de 1992 a enero de 1993; en el Museum of Lo digo con plena convicción. No se ha
Fine Arts de Houston, de febrero a abril de publicado, a la fecha, un volumen sobre arte
1993, y en Los Angeles County Museum de prehispánico —las imágenes son todas obje-
junio a agosto de ese mismo año. tos de arte visual— que integre las complejas
El libro que hoy publica el Grupo Aza- y variadas cosmovisiones de los pueblos que
bache de México da cuenta cabal de un pro- antiguamente habitaron lo que se habría de
ceso formal cuidadosamente iniciado en 1988 llamar América.
por Townsend, cuando reunió en el Art Ins- Una dimensión radical distingue al libro
titute of Chicago al grupo de especialistas que comentamos: la de mostrar cómo se
que habría de contribuir, con sus ensayos, a expresaron —cuáles eran sus signos, cuáles
dar forma al texto que explicaría el sentido sus símbolos, cuál su lenguaje visual— las
de la exposición. visiones que del mundo tenían los pueblos
Me ha parecido pertinente relatar, de mo- que vivieron en este continente antes de la
do breve y parcial, los antecedentes, para llegada de los españoles. Así, se da cuenta,
aquilatar con justicia lo que implica y lo que siempre a través de las obras de arte, de la
sostiene a una obra como la que ahora unión conceptual que hombre y naturaleza
reseñamos. Sólo el editor y coordinador gene- tuvieron en esos tiempos remotos. Pero me
ral, así como su estrecha colaboradora Eliza- parece que la originalidad estriba, de manera
beth P. Benson, saben de los esfuerzos e in- sustancial, en mostrar al hombre, a la obra
quietudes del proceso interno. No es tan sólo por él creada, y a su interacción con su uni-
el tiempo, aunque cinco años de trabajo son verso natural, en toda la extensión del conti-
dignos de respeto, sino sobre todo la conve- nente americano. De tal manera que el
niencia del tema, la atinada selección de obras asombro, siempre presente, no se limita a las
y de colaboradores destacados, y la necesaria creencias y a las creaciones de Mesoamérica
constancia para salir adelante y con éxito. To- y del mundo andino, sino que abarca tam-
do ello se concretó en la exposición, excelente bién —y el asombro se acrecienta— a las del
pero efímera como todas; el libro, que hoy día suroeste de Estados Unidos y de la Centro-
tenemos en su versión española, es el agente américa actual. Un continente plural pero
portentoso de durabilidad, y el que asegura la articulado en lo que de suyo le es primige-
permanencia de las obras expuestas, así como nio, diferente y original.
de los enjundiosos estudios en torno a ellas. Esto es, me parece, la idea fundamental
Townsend obtuvo la grata satisfacción de ver de este libro, repito, inigualable, y que está
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dicho de modo más amplio por Townsend tiene el hombre en la naturaleza, qué le sig-
en el artículo que lleva por título “Paisaje y nifica, y cómo se relaciona con ella.
símbolo”. El autor asevera que el “vasto re- Asuntos que se insertan en problemas
pertorio de lenguajes visuales” se conoce por humanos de estructura universal: soluciones
su presencia en los sitios arqueológicos y en específicas en su dimensión particular. Los
numerosos museos de América y de Europa; pueblos de la antigua América confrontaron,
lo que se desconoce es, de una parte, “el sig- al igual que otros, los retos inherentes a su
nificado de las escenas rituales y las repre- existencia, pero les dieron respuestas cultu-
sentaciones de acontecimientos míticos e rales propias. Cada uno en relación con su
históricos” y, de otra, “las relaciones entre ar- entorno y circunstancias específicas, y todos,
quitectura, escultura y entorno natural”. En en América, articulados por una especie de
tiempos recientes, durante la última década, hilo conductor que no es otro que el mismo
que se inscribe en la capacidad creativa del
las investigaciones de académicos de diversas hombre.
disciplinas se han dedicado a la interpretación Libro de arte precolombino es, sin duda,
del arte y de la arquitectura de los amerin- el que hoy da a conocer al mundo de habla
dios, en un esfuerzo por comprender las española el Grupo Azabache, pero también,
estructuras más profundas de expresión visual es, sobremanera, testigo fiel de los variados
[...] Dichas investigaciones han revelado la modos de comprensión que tuvo para con
presencia de un tema ampliamente compar- sus ancestros, un afortunado grupo de estu-
tido por muchas tradiciones sociales y cultur- diosos que pudo compartir, con un público
ales tempranas. Las artes se apoyan en un amplio, sus experiencias en las vísperas del
orden subyacente que se deriva de la manera siglo xxi.
en que estos pueblos percibieron y usaron el
paisaje y lo transformaron simbólicamente
[...] Así, dicho principio se observa por igual 
tanto en los monumentos de las civilizaciones
urbanas más complejas, como en las expre- El sonido de lo propio. José Rolón
siones artísticas de comunidades agrícolas o (1876-1945)
de tribus cazadoras, cuyas raíces se remontan de Ricardo Miranda
a un horizonte desconocido en la cultura
paleolítica [p. 29].
por
De modo tal que la espléndida exposición y jorge velazco
el libro que conjuntamente se gestó y vio la
luz, se dirigieron, en lo primordial, a ilumi-
nar acerca de temas que se encuentran, de México, Centro Nacional de Investigación,
suyo, en la base de la cultura universal: el Documentación e Información Musical, 1993, vol. i
lugar que el hombre ocupa en su dimensión
y entorno natural, y los recursos simbólicos La investigación y sistematización histórica
que crea para expresarlo y comprenderlo. de la música mexicana es un campo práctica-
Dicho de otro modo, cuál es el lugar que mente virgen, a pesar del gran trabajo sensi-
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bilizador y sintetizador de Robert Stevenson. de trascendencia e importancia capitales en
Toda contribución en este campo resulta la música mexicana, deberá todavía esperar
trascendente, a causa de la mínima cantidad la llegada del volumen complementario, el
de material disponible. Lo poco que hay está cual se anuncia como dedicado al estudio
centralizado, básicamente, alrededor de la biográfico y analítico de la coherente obra de
música que se ha vuelto una entidad oficial Rolón. Hay que subrayar que esta investiga-
del gobierno federal, hecha principalmente ción es la primera que se hace acerca del te-
por los compositores cuyas actividades po- ma, y que, por lo tanto, es imposible dar una
líticas y enfoque ideológico resultó aceptable imagen exagerada de la importancia que
para una época muy reciente de los gobier- tiene su publicación.
nos “emanados de la revolución”, aquellos El libro que nos ocupa, amparado por la
que parecieron consagrar a la cleptocracia cita de una frase del compositor como título,
como el sistema típico de administración contiene una vasta e interesante recopilación
pública. documental y hemerográfica. Varias misivas
En el curso de no muchos meses han enviadas al compositor por músicos tan emi-
aparecido algunos estudios cuyo valor social nentes o conocidos como Paul Dukas, Mo-
es muy grande, pues, al margen de sus cali- ritz Moszkowsky, Nadia Boulanger, Claudio
dades intrínsecas, se ocupan de llenar los Arrau y Ernest Ansermet aparecen junto a
monstruosos vacíos existentes en la investi- diversos textos escritos y, en algunas oca-
gación musicológica de México. La obra de siones, publicados por el compositor (que
Xochiquetzal Ruiz Ortiz sobre Rodolfo cubren temas variados, desde Josef Hof-
Halffter, el libro de Eduardo Contreras Soto mann hasta Walter Gieseking), así como
acerca de Eduardo Hernández Moncada algunos trabajos de intención enciclopédi-
(particularmente importante por ubicar por ca producidos por Rolón, a más de una
primera vez a un autor del que no se ha pu- selección de artículos y notas acerca de algu-
blicado prácticamente nada de peso acadé- nas obras del compositor escritas por otras
mico) y el trabajo de Consuelo Carredano personas, entre quienes se cuentan las ilus-
relativo a Felipe Villanueva, tienen la extraor- tres plumas de Manuel Ponce, Silvestre
dinaria importancia que implica ser el punto Revueltas, Jesús Bal y Gay, Gerónimo
inicial del conocimiento acerca de sus temas, Baqueiro Foster y Adolfo Salazar. Una útil
que debería ser la piedra fundamental de cronología, la correspondiente sección ico-
todo un edificio intelectual que otros —y nográfica y un índice de fuentes completan
ellos mismos— puedan construir para lograr el libro, que tiene como dato de utilidad
poner a la música mexicana en el mapa cul- especial la transcripción de la copia de la fe
tural y social del país. de bautismo del compositor, elemento clari-
Ricardo Miranda es un joven investiga- ficador de largo alcance ya que hubo, du-
dor cuya impecable preparación está en acor- rante algún tiempo y como en el caso de
de perfecto con su actitud de seria inquietud Manuel Ponce, dudas acerca de su fecha de
intelectual, y su trabajo es de una calidad nacimiento.
nada común en el magro universo de la No es posible tener un acuerdo total con
musicología mexicana. Esta primera etapa de el pensamiento de nadie y habrá quien ob-
un trabajo muy clarificador sobre un músico jete muchas áreas del criterio de Rolón. A
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tantos años de distancia y a la luz de la dar lo que podía otorgar a su patria.


tremenda evolución y desarrollo de la musi- Rolón fue un artista y músico ejemplar;
cología en los últimos cincuenta años, esto por todos conceptos un autor importantísi-
resulta incluso natural y fácil. Sin ir más mo de México, cuya obra, al igual que otras
lejos, los ideales de Rolón acerca de la músi- similares, lleva décadas silenciada por la bu-
ca perfecta para la expresión nacionalista rocracia musical. El libro de Ricardo Miran-
dan clara cuenta de una visión parcial del da es un paso importante por cambiar esta
problema, ya que él pensaba en la aparición situación y su publicación debe ser saludada
de un sistema de armonía que fuera original con respeto, entusiasmo y esperanza.
y exclusivamente consonante con las mani-
festaciones del arte indígena y folklórico.
Esta entelequia no toma en cuenta la fuerte, 
inevitable y capital influencia de la música
europea sobre la de los indígenas ameri- Después del movimiento moderno.
canos, y olvida que toda la expresión de ori- Arquitectura de la segunda
gen folklórico de autores como Dvorák, mitad del siglo XX
Brahms, Chaikowski o Falla (a quien el de Josep María Montaner
mismo Rolón propone como epítome de la
música nacionalista), muy acertada —y
aprobada por él—, usa ese marco armónico por
para su manejo, derivado y evolucionado de louise noelle
aquellos métodos de los siglos xvii y xviii
que Rolón estima inadecuados para dar la
plena floración de la música nacionalista. Barcelona, Gustavo Gili, 1993
Claro que ahora, luego del trabajo de
Gödel, Heisenberg y Rodolfo Halffter (este Todo final de siglo propicia reflexiones y re-
último en cuanto al esclarecimiento del sis- visiones de lo acontecido a lo largo de su de-
tema armónico de Falla) es muy fácil captar sarrollo. Es el caso del libro que nos ocupa,
y exponer este punto. Con base en los que se avoca a analizar la segunda mitad del
escritos de Rolón acerca de la ineptitud de siglo xx, dentro del ámbito de la arquitec-
la crítica, en manos de personas que carecen tura. Su autor, Josep María Montaner, es un
de información y conocimiento profesional reconocido historiador y crítico de esta disci-
de la música, y en referencia a los problemas plina, cuyas recientes publicaciones se ha-
administrativos, sindicales y laborales que bían ocupado del diseño de edificios para el
tuvo como director del Conservatorio arte y la cultura, Los museos de la última ge-
Nacional de Música, no deja de ser doloroso neración y Nuevos museos, ambos publicados
el constatar que sesenta años después, la por Gustavo Gili en 1986 y 1990 respectiva-
misma situación básica sigue lastrando el mente. Su conocimiento de este género es
pleno y debido desarrollo del medio musical valioso, y se relaciona con el tema presente,
mexicano, todavía víctima —a través de una pues la abundante construcción de museos
nueva generación de obstáculos humanos— es signo inequívoco del deseo de conservar lo
de los mismos líos que impidieron a Rolón que la barbarie de los tiempos modernos no
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ha logrado destruir; así, queda patente tanto perspectivas. Las líneas directrices del pre-
la desorientación como la pluralidad de la sente estudio, prácticamente ignoran esta
arquitectura de las últimas décadas. tendencia de amplia difusión a lo ancho del
El estudio que presenta Montaner en mundo.
esta ocasión abarca desde los antecedentes Por lo que respecta a la organización del
conformados por el movimiento moderno libro, éste se dispone en tres partes, que se
en sí, hasta las más recientes expresiones. subdividen en 18 capítulos, además de la
Cabe anotar la dificultad de historiar el pasa- introducción y las conclusiones. La prime-
do muy cercano, pues las propuestas y las ra,parte cuestiona la continuidad o la crisis
opiniones aún no se han decantado; sin de los postulados modernos, mientras que
embargo, el autor lo resuelve acercándose a la,segunda analiza la condición posmoder-
la crítica arquitectónica, labor en la que tam- na; la última se avoca al estudio de la dis-
bién ha destacado. Asimismo es importante persión de las posturas arquitectónicas, lle-
anotar la abundancia de datos y material grá- gando hasta las últimas propuestas de las
fico que se manejan para este análisis, puesto diversas tendencias actuales. Cabe anotar
que en la actualidad no se puede explicar el que el autor emplea un interesante método
fenómeno de diseño si no es con una visión en la redacción de los capítulos individua-
universal que englobe las numerosas y vari- les, consistente en un apartado final en
adas propuestas que han cobrado relevancia donde resume analíticamente los hechos
sucesiva o paralelamente. históricos, proponiendo una visión crítica
Es dentro de este examen de las co- de cada tema. Otro punto acertado es el del
rrientes actuales donde encontramos una material gráfico, cuya calidad y abundancia
discrepancia con el autor, misma que se ex- subrayan apropiadamente el discurso aca-
plica por la situación geográfica de los pun- démico.
tos de vista. Efectivamente, para Europa, el En suma, se trata de un libro que logra
formalismo y la alta tecnología se confor- ofrecer un panorama organizado del confuso
man en las líneas de vanguardia que con- estado de la arquitectura en la actualidad.
ducen la creatividad arquitectónica hacia el Así, siguiendo tanto las líneas de pensamien-
próximo milenio. Sin embargo, los países to de los principales teóricos como las in-
del tercer mundo, y su problemática, preo- fluencias de los hechos arquitectónicos, pro-
cupan especialmente a muchos estudiosos pone una explicación coherente de la
que encuentran en el regionalismo la res- producción de obras e ideas en una media
puesta adecuada y honesta frente al cambio centuria dominada por las crisis, los proble-
de siglo. En este sentido se pueden señalar mas socioeconómicos y el desmoronamiento
diversos textos que buscan explicar esta de muchos de los ideales de los primeros
tendencia, partiendo del artículo de Alexan- años del siglo xx. Difícil labor, que sólo al-
der Tzonis y Liane Lefaivre, “The grid and gunos estudiosos como Josep María Mon-
the pathway”, que establece el término re- taner pueden realizar adecuadamente, con
gionalismo crítico; posteriormente Kenneth base en un verdadero conocimiento de las
Frampton y William J.R. Curtis, entre incontables propuestas que se perfilan
otros, abundan sobre el tema delineando sus vertiginosamente en el amplio panorama
expresiones y apuntando sus enriquecedoras mundial.
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 latinoamericana, que muy poco abordaron la


problemática de la arquitectura como objeto
Enrique Yáñez en la cultura espacial, formal y estilístico. Títulos como
arquitectónica mexicana América Latina en su arquitectura, Contribu-
de Rafael López Rangel ción a la visión crítica de la arquitectura y
Diego Rivera en la arquitectura mexicana,
entre otros, son prueba de ello.
por Años mas tarde, al caer la gran mayoría de
alejandro ochoa vega los regímenes comunistas en el mundo, el pen-
samiento urbano arquitectónico también tuyo
una transformación. El mismo López Rangel,
México, Limusa-Universidad Autónoma con este libro sobre Enrique Yáñez, demuestra
Metropolitana/Azcapotzalco, 1989 una variación metodológica, que sin renunciar
a la visión totalizadora de los procesos históri-
En principio se tiene que admitir que con co-sociales, ubica a la obra y al individuo den-
este trabajo del maestro Rafael López Rangel tro de esa trama de tiempo y espacio determi-
sobre la obra del arquitecto Enrique Yáñez, nado que es el México contemporáneo.
hay un cambio radical respecto a otras inves- Es también comprensible que el autor,
tigaciones plasmadas en otros tantos libros con su actitud crítica de la historia, se intere-
publicados por él previamente. De aquella sara en un arquitecto como Enrique Yáñez,
base marxista para la explicación de los pro- quien desde sus primeros años de estudiante
cesos urbano-arquitectónicos tanto de Méxi- y ya como profesional, se caracterizaría por
co y América Latina como de Europa, pre- representar lo contestatario del gremio, tal
sentes en sus textos de los años sesenta y como se plasma en el libro. Así, en aquellos
setenta, se pasa a la aproximación específica años de apertura ideológica durante el
de la obra de un arquitecto. gobierno de Lázaro Cárdenas, el arquitecto
Los antecedentes del autor se explican en estudiado queda inserto en una serie de mo-
gran medida por su posición de arquitecto vimientos culturales, donde hasta pronuncia-
de izquierda, para quien las teorías de la mientos por una arquitectura socialista
sociología y economía urbanas de los años fueron posibles. El interés era participar en
setenta, de autores como Manuel Castells, proyectos de vivienda popular, así como en
fueron base fundamental de análisis. Así, el edificios para los obreros, como fue el caso
doctor López Rangel compartió con otros del realizado para el Sindicato Mexicano de
teóricos latinoamericanos —Roberto Segre Electricistas, ejemplo emblemático del fun-
fue uno de ellos— la búsqueda de una histo- cionalismo radical en nuestro país, donde se
ria de la arquitectura y de las ciudades más integra tanto la aportación artística y arqui-
crítica y comprometida, sobre todo con los tectónica, como los intereses ideológicos de
grupos sociales desprotegidos. Sin embargo, personajes como Yáñez y Siqueiros.
tales posturas radicales y alternativas, res- Texto e imágenes se presentan cronoló-
pecto a lo que generalmente se hacía en los gicamente aunque se refieren también aspec-
textos de arquitectura, produjeron varias tos como la inserción del arquitecto en pro-
investigaciones sesudas de la historia urbana blemas de enseñanza de la arquitectura, y su
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interés para traer a México a uno de los el uso de frisos-cornisas decorados a partir de
ex directores de la Bauhaus —el más radical referencias mesoamericanas. Estas obras son
y socialista—, Hannes Meyer. A su vez, se quizá de excepción en la trayectoria de
destaca su participación para crear la Unión Yáñez, por la concesión decorativa, que sin
de Arquitectos Socialistas y el papel jugado embargo le permitió rastrear formalmente
para consolidar el movimiento de la inte- aquella búsqueda de identidad, siempre
gración plástica. objeto de su preocupación.
Una parte del libro resulta reveladora y El último capítulo del libro refiere las
de gran utilidad para entender la arquitec- intervenciones finales de este destacado
tura moderna mexicana, y es en la que se arquitecto en obras para hospitales. En el
ubica a Yáñez como experto en la edificación periodo que transcurrió entre 1964 y 1974 se
de hospitales, labor que se inicia cuando se marca la distancia entre la predominante
lanza el Plan de Construcción de Hospitales tendencia hacia los modelos internacionales,
(1941-1942), realizado por un equipo de ar- y la insistencia de Yáñez en no perder el sen-
quitectos como Mario Pani, Raúl Cacho, tido nacionalista de la arquitectura; incluso,
Enrique de la Mora, Mauricio Campos, el a pesar de que el mismo constructor fue apli-
mismo Yáñez y otros. El Hospital General cando los mejores medios tecnológicos para
de Veracruz sería encomendado justamente la eficiencia de estos nosocomios. También
al arquitecto Yáñez, quien bajo un programa se destaca en esta parte de la publicación la
arquitectónico de estricto apego a los princi- labor de Enrique Yáñez como teórico a par-
pios funcionalistas, da como resultado un tir de su libro Arquitectura, teoría, diseño y
edificio sobrio, aunque también monumen- contexto. López Rangel lo valora como un
tal en su presencia urbana. Después de texto sencillo, accesible y dirigido funda-
crearse en 1944 el Instituto Mexicano del mentalmente a los estudiantes, aunque cues-
Seguro Social, Yáñez contribuiría al proyecto tiona su método que insiste en la búsqueda
y construcción de obras tan importantes de “una” definición de la arquitectura, cuan-
como el Hospital de la Raza y el Centro do eso parece ya imposible. Al final se pre-
Médico Nacional. El libro también permite senta una sintética relación de todas las obras
conocer en detalle su participación en otros del arquitecto, a partir de una descripción
proyectos no menos significativos, como fue acompañada de planos y fotografías.
la Escuela Nacional de Ciencias Químicas, Para finalizar, el título del libro se re-
dentro de ese gran complejo urbano arqui- fiere al arquitecto Enrique Yáñez dentro de
tectónico de la modernidad “nacionalista” la cultura arquitectónica mexicana. Efec-
mexicana, la Ciudad Universitaria. tivamente, pocos textos pueden lograr lo
El autor del Centro Escolar San Cosme que aquí es evidente: el análisis de la obra
realizaría en 1956 dos casas habitación de de un arquitecto que nos permite conocerla
interés particular por su carácter nacionalis- objetivamente, porque su descripción es
ta. Asentadas en el Pedregal de San Ángel y detallada, pero a la vez, poder ubicarla,
propiedad de las familias Cantil y Suchil, las dentro de un contexto histórico y cultural
construcciones se integran al medio natural; determinado: Yáñez, como el arquitecto
López Rangel hace notar el contraste entre la representante de una opción democrática y
piedra y las amplias vidrieras de los muros y nacionalista dentro de la modernidad fun-
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cionalista mexicana; Yáñez, como un espe- misterioso del cual no se podía —científica y
cialista de la arquitectura de hospitales, apor- racionalmente, según el autor— conocer sus
tando incluso un texto sobre la misma componentes físicos ni entender su simbóli-
temática que sigue siendo apoyo fundamen- ca presencia.
tal para estudiantes y profesionales; Yáñez, De hecho, Reyes Valerio se ocupa prin-
que en los últimos años de su vida como pro- cipalmente de las cualidades materiales del
fesor en la uam-Azcapotzalco, aportó tanto a azul maya, busca y encuentra la manera de
los estudiantes de arquitectura. prepararlo; su factura, según el autor, no se
había logrado igualar en tiempos modernos.
El azul maya, a decir de quienes lo han
 investigado, no tiene paralelo con otros pig-
mentos del mundo: es único y original de
De Bonampak al Templo Mayor: Mesoamérica.
el azul maya en Mesoamérica Hoy día, dice el autor, se reconoce tan
de Constantino Reyes Valerio suspicaz color en diversos sitios arqueológi-
cos de Mesoamérica, a saber: El Tajín, Ta-
muín, Cacaxtla, Templo Mayor de Tenoch-
por titlan, Zaachila y otros lugares.
beatriz de la fuente Parece legítimo añadir que hay un sitio
que el autor no menciona. Se trata de Las
Higueras, en Veracruz, cuyos fragmentos
México, Siglo Veintiuno-Agro/Asemex, 1993 murales revelan, en buen número de las
veinticuatro capas pictóricas que se sobrepo-
La serie “América Nuestra” de la editorial nen una a otra, la frecuencia del uso del azul
Siglo Veintiuno se enriquece con un nuevo maya. El análisis del color en este sitio
libro —de arte— acerca de las “cosas del parece de particular importancia ya que el
Nuevo Mundo”. Se trata del estudio del autor supone que el origen del azul maya
reconocido historiador Constantino Reyes data de “quizá mediados del siglo viii”. Se
Valerio en torno al azul maya, fabuloso pig- ha supuesto que el periodo de esplendor de
mento usado por los tlacuilos, escribas y pin- Las Higueras fue entre los siglos vi y ix. De
tores del universo mesoamericano. ahí que, para alcanzar hipótesis más aproxi-
Con sumo cuidado metodológico el madas sobre los tiempos en que se inició su
autor aborda, a lo largo de ocho capítulos y uso, convendría tomar en cuenta los murales
un apéndice, diversas maneras para com- de Las Higueras.
prender el “misterio”, que durante las últi- En Teotihuacan, en especial en los mu-
mas décadas había inquietado a estudiosos ros del conjunto departamental de Tetitla,
en diversas disciplinas, en torno al azul ma- hay testimonios de un azul de tonalidad cer-
ya. En efecto, el azul maya era un enigma; cana al azul maya. El investigador norteam-
en cuanto a sus componentes, y en lo que se ericano Arthur Miller lo llamó, precisa-
refiere a su significación; también era cierto mente, azul Tetitla. Este color es obtenido
que su uso, se decía, se circunscribía a la pe- de un mineral, la azurita; de ahí su diferen-
nínsula de Yucatán. Era, en fin, un color cia fundamental con el azul maya, que se
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obtiene mediante la mezcla de una sustancia encuentra datos relevantes en el Códice Flo-
orgánica y de otra mineral (el indago y la rentino acerca de las mujeres vendedoras del
paligorskita). xiuhquilitl —al que ahora llamados añil. No
Reyes Valerio hace una revisión crítica son pocas las noticias con las que se enri-
de los estudios técnicos y químicos realiza- quece el trabajo de Reyes Valerio; entre ellas
dos con esos dos componentes principales conviene citar el estudio de Manuel Rubio
del azul maya, y concluye que, para obtener- Sánchez sobre la historia del añil, y cómo las
los, los investigadores modernos se alejan en noticias por él registradas, confirman y
demasía “de lo que pudieron haber realizado extienden la manera de procesarlo.
los indígenas, hace unos mil doscientos años, De ahí que se permite aseverar haber
con un método más lógico, más sencillo, al comprobado “en forma definitiva, cual fue el
alcance de sus posibilidades y de los medios camino que siguieron las arcillas en la cons-
de que disponían en su entorno ambiental”. trucción del azul maya; su presencia en el
El mérito del autor es, de modo pri- agua queda confirmada tanto por la realidad
mordial, poner en práctica las “recetas” de de los análisis científicos como por la irrebati-
los cronistas del siglo xvi. Así, recurre a los bilidad de las fuentes históricas, y... añade...
registros de los informantes de Sahagún en sólo hacía falta interpretarlas adecuadamen-
el Códice Florentino, a su Historia de las co- te”. Tal parece que Reyes Valerio esclareció,
sas de Nueva España y a la Historia natural de con base en sus fuentes documentales, y en
Nueva España, del médico y biólogo Fran- sus experimentos personales, la manera de
cisco Hernández. Y... consigue la manera obtener el misterioso y sugerente azul maya.
exacta de fabricación de tan difícil color. Es de felicitar al maestro Reyes Valerio
Para comprobar que el mencionado azul por su constancia y éxito para descifrar las
maya se obtiene de hojas de planta del añil, propiedades del multicitado y enigmático
el investigador hace uso de dos procedimien- azul maya; quedamos en espera de una
tos. Uno es natural: consiste en echar las investigación subsecuente en la cual nos ilu-
hojas del mohuitl (añil) en agua, agitar y mine sobre otro “misterio” de este color. Me
verter en una vasija de barro, con el fin de refiero en concreto a un estudio química-
depositar el sedimento. El otro método es mente fundamentado acerca de su aplicación
“científico” y se alcanza por medio de la a los murales. Mucho se ha especulado si es
espectrografía según Fourier. que fueron pintados al fresco o bien al secco;
Uno de los enigmas que no había sido de ser cierta esta última hipótesis se trataría
aclarado es la estrecha relación de arcillas con de una suerte de técnica al temple en la que
el pigmento. Reyes Valerio despeja la incóg- se usa una goma o aglutinante para fijar los
nita, y concluye que las arcillas —silicatos— pigmentos. También se pudo utilizar la
se encontraban ya en el agua procedente de combinación de ambas técnicas.
arroyos y de estanques. El agua no era quími- Cabe añadir que Jaime Labastida, direc-
camente pura, contenía depósitos de arcillas tor de la casa editorial que imprimió el libro
que no eran solubles. En la espectrografía de que ahora comento, sugirió en la mesa
rayos x y por análisis térmico diferencial se redonda llevada a cabo para presentarlo, el
advierte la presencia de tales arcillas. uso del término mayazul para nombrarlo.
En su incansable búsqueda, el autor Después de la lectura del libro de Reyes
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Valerio, y gracias a ella, pude extender, en de aire, de vacío duro del cristal y del dia-
algo, mis conocimientos en torno al sim- mante. Es un vacío exacto: puro y frío. El
bolismo universal del color azul; sabía de azul es, en efecto, el más frío de todos los
antemano que no lo iba a encontrar referido colores y en su valor absoluto es el más puro.
al azul maya, y precisamente, pero en cam- Aplicado a un objeto el color azul aligera
bio me percaté de otros significados; unos las formas, las abre, las debilita. Una superfi-
que aluden a Mesoamérica, otros que tienen cie coloreada del azul se torna impalpable y
alcance universal. liviana; las formas allí puestas se desvanecen
El simbólico azul fue punto referencial, como un pájaro en el cielo.
por su ausencia, en las orientaciones del uni- Inmaterial en sí mismo, el azul desmate-
verso nahua; también faltó, de manera rializa toda forma a la cual se adhiere. Es el
notable, en las orientaciones cardinales del camino hacia el infinito, el lugar en donde lo
mundo maya. real se transforma en lo imaginario, en lo
Consultando el Diccionario Cordemex y impensado. ¿No es el color de la innacesible
recurriendo a la sabiduría de algunos de mis ave de la felicidad? Entrar en el azul es pasar al
amigos mayistas, inquirí sobre la palabra otro lado del espejo. El azul cambia de color
maya usada para nombrar el color azul. Me —recuérdese que sólo en Bonampak hay cua-
sorprendió la presencia de un solo término: tro distintos tonos de azul maya—, y muchas
Yax y Ya’ax que significan lo mismo azul que más variedades hay, si se comparan todos los
verde. Resultaba que los nombres con los muros prehispánicos que guardan este color.
cuales se designaba el azul eran ambivalentes Del mismo modo que la luz del día se
y, en esto, del todo similares a los términos convierte en luz de noche, el azul resume la
nahuas registrados en el Vocabulario de Mo- rivalidad de lo inmanente y trascendente de
lina y en el Diccionario de la lengua náhuatl la tierra y del cielo, del día y la noche que
de Rémi Siméon: xoxouhqui —para el verde, otorgan ritmo a la vida humana. El diáfano
el crudo y el azul celeste—, matlalin —para azul del día y el firme azul de la noche.
el verde oscuro o el color azul— y matlaltic Impávido, indiferente, en ninguna parte
—para el verde oscuro y el azul de cobalto—. más que en sí mismo, el azul no parece de
No hay en el nombre en sí distinción especí- este mundo, sugiere la idea de lo eterna-
fica para referirse a uno de los dos colores. mente tranquilo. Kandinsky, el notable pin-
Averigüé, también, acerca del significado tor que dio inicio al expresionismo abstracto
del Yax maya y encontré que quiere decir: del a principio de siglo, escribió acerca del sim-
centro o la primigenia; lo que principia y es bolismo de los colores: asignó al verde una
además calificativo de abundancia. En efec- “impresión de reposo terrestre” y al azul “la
to, no alude a un simbolismo cosmogónico, gravedad, la solemnidad sobrenatural”.
pero sí a un significado que puede rela- El azul maya no es azul “cielo”; es un
cionarse con mitos de origen, de fecundidad azul diferente —acaso se podría pensar en
y de fertilidad. un azul-verde o en un azul-agua—; trae a la
El azul es el más profundo y el más memoria el color del sol que los nahuas
inmaterial de los colores. La naturaleza lo llamaban chalchihuitl —príncipe de turque-
muestra hecho de transparencia de espacio sa—, signo de incendio, de vida y de muer-
acumulado, de agua translúcida desprovista te. Recuerda a la piedra sagrada que ornaba
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el vestuario de las deidades de la resurrección y de un conocimiento más preciso de las
y a las esculturas de los huaxtecos y de los obras) son estudiadas las catedrales de
mexicas —entre otras— que muestran en el Durango, San Luis Potosí, Zacatecas y Chi-
pecho una oquedad en el sitio que corres- huahua, y las parroquias de Pinos, Fresnillo,
ponde al corazón. Cuando moría un gober- Sombrerete, Parral y Cuencamé.
nante mexica su corazón se sustituía por una El libro está dividido en dos partes. En
piedra verde. De ahí lo “precioso” y lo la primera (seccionada en nueve capítulos) se
inmortal del jade y de la turquesa. Son como estudian las distintas iglesias en conjunto,
el Yax —azul y verde—, principio y fin, que comenzando por la catedral de Durango
con leve eternidad señalan el centro primige- (capítulo ii). Con base en una clasificación
nio del universo maya. por el número de naves son estudiadas las
restantes: con una nave, Parral, Sombrerete,
Fresnillo, Pinos, Chihuahua y Cuencamé
 (capítulo iii) y con tres, San Luis Potosí,
Chihuahua, Zacatecas, Fresnillo y Pinos
La arquitectura de la plata. (capítulo iv). Asimismo, se analiza la escul-
Iglesias monumentales del centro- tura arquitectónica en las portadas de cada
norte de México (1640-1750) una de ellas (capítulo v), los maestros que
de Clara Bargellini participaron en las obras (arquitectos, alari-
fes, albañiles, canteros, escultores, carpinte-
ros, herreros y pintores; capítulo vi), la ico-
por nografía que las decora (capítulo vii), el
santiago ávila s. medio geográfico y las ciudades que las
rodean (capítulo viii), las consideraciones
finales (capítulo ix). Completa la primera
México, Universidad Nacional Autónoma parte una nómina de maestros.
de México/Instituto de Investigaciones En la segunda parte se presentan mono-
Estéticas-Turner, 1991 grafías elaboradas por la autora sobre cada
una de las parroquias, mismas que sirvieron
Como bien señala la autora, con nueva infor- de base para elaborar la primera parte del
mación y un análisis detallado, este libro trabajo. Las monografías son presentadas en
cubre el hueco existente en los estudios sobre el siguiente orden: San Antonio de Padua en
la arquitectura colonial del norte de México. Cuencamé, Nuestra Señora de la Regla en
En sus páginas son estudiadas diez parroquias Chihuahua, la Concepción en Durango, la
edificadas entre los siglos xvii y xviii, con Purificación en Fresnillo, San José en Parral,
recursos provenientes de la explotación de la San Matías en Pinos, la Expectación en San
plata. Esta particularidad hizo de esas iglesias Luis Potosí, San Juan Bautista en Sombre-
manifestaciones del poder económico del lu- rete y la Asunción en Zacatecas.
gar en que se construían y motivo de orgullo Algunos de los principales resultados
para el clero y los vecinos. que se obtienen del trabajo son la definición
Con dos premisas básicas (la importan- del barroco novohispano: “Las iglesias novo-
cia del contexto local —artístico y social—, hispanas de este estudio... son barrocas, y no
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solamente por su riqueza decorativa. Son disponible y, sobre todo, tratando de ubicar
barrocas por un conjunto de rasgos formales en su dimensión regional al barroco mexicano.
hasta iconográficos que expresan con cohe-
rencia la búsqueda de comunicación enfáti-
ca” (p. 108); el desarrollo de la escultura en 
cantera: “La relación entre arquitectura y es-
cultura y exterior e interior es un tema de La música en las catedrales
enorme interés para las iglesias centro-nor- españolas del Siglo de Oro
teñas. Es claro que se buscaba la integración de Robert Stevenson
de la imagen y la iconografía exterior del edi-
ficio con la interior” (p. 109); el seguimiento
de los desarrollos de la arquitectura del cen- por
tro y la existencia de una arquitectura regio- jorge velazco
nal: “En realidad, se trata de un proceso de
regionalización de la arquitectura” (p. 111).
También es notable el interés por ahondar Traducción de María Dolores Cebrián de Miguel y
en el conocimiento efectivo del barroco me- Amalia Correa Liró, supervisión técnica de Ismael Fer-
xicano, en las características específicas de nández de la Cuesta, Madrid, Alianza Editorial, 1993
cada monumento, en las diferencias e inno-
vaciones entre ellos, evitando los clichés que La primera edición de Spanish Cathedral
insisten en la supuesta monotonía de estilo. Music in the Golden Age fue realizada en 1961
De las principales características de los por la Universidad de California en Berkeley.
diferentes edificios, antes poco estudiadas y Como todos los trabajos de Robert Stevenson
ahora resaltadas por la autora, podemos seña- (1916), el principal problema de quienes
lar el desarrollo hacia los espacios con ilumina- hablan del libro es evitar un excesivo elogio,
ción dramática, el uso de tres naves (p. 109), la ya que tanto su concepto como su factura y
presencia de elementos gotizantes (p. 109) y el proyección en el mundo de la musicología
desarrollo de un gusto más naturalista y for- histórica tienen un carácter de excepción,
mas modeladas junto con una iconografía reservado a las contribuciones que, por su
variada en la escultura en cantera (p. 110). grandeza, señalan épocas e hitos en la investi-
Sin embargo, tal vez el mérito principal gación musical. Al margen del valor in-
de este trabajo se encuentre en haber señala- trínseco de las obras de los grandes composi-
do la necesidad de trabajos más detallados, tores españoles e hispanoamericanos de los
menos generales y prejuiciados, que den siglos xvi y xvii, fue hasta que apareció este
“atención a las relaciones entre plantas y libro singular que la música de los autores en
alzados, al carácter y función de la escultu- cuestión pudo alcanzar un justificado lugar
rady hasta a detalles como los grandes nichos de prominencia en la historiografía musical
al interior de la parroquia zacatecana” (p. general. El hecho de que la impecable forma-
109). ción de Stevenson (alumno, entre otros, de
En fin, éste es un libro que se acerca a un Schnabel y Stravinski) se haya puesto al hon-
tema poco estudiado y lo hace sin ideas pre- esto servicio de la verdad, implica una postu-
concebidas, con base en la nueva información ra que otorga un valor específico a esta obra
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inmensa, polo diverso de una necia posición, La edición de la gigantesca obra fue
ya infortunadamente clásica en la etnomusico- patrocinada por el Fondo Musical Adolfo
logía norteamericana, bien retratada por el Salazar, creado en México por el prominente
torpe y limitadísimo criterio de Charles industrial y mecenas Carlos Prieto y Fernán-
Seeger (1886-1979), que intenta despreciar dez de la Llana (1898-1991) “en memoria y
todo lo hecho en Hispanoamérica en los si- homenaje al historiador y crítico musical
glos previos al principio del xx. español que vivió, trabajó y falleció en la capi-
La investigación que respalda esta obra tal mexicana”. Tanto el análisis de las obras de
monumental es una personal y de primera Tomás Luis de Victoria como la muy amplia
mano en el todavía no completamente anali- bibliografía y el completo índice analítico, no
zado campo de los archivos catedralicios, sólo enriquecen la publicación sino le dan un
cuya exploración ha producido sorpresas valor excepcional como herramienta de inves-
como las obras antifonales de Juan Gutiérrez tigación, al margen de lo ya logrado por
de Padilla en Puebla y el mismo elevado y Stevenson, que —como toda su obra— debe
notable panorama de la obra de Stevenson. ser inscrito en el ámbito de lo extraordinario,
La traducción disfrutó de la revisión y actua- de lo formidable. ¿Cuándo veremos la versión
lización del mismo autor, lo que da un en español de Music in Mexico?
interés renovado a su publicación en castella-
no. No sólo el detalle analítico del campo
que Stevenson examina, sino todo el concep- 
to global, la magnífica ubicación desde
donde el más grande investigador de la El nuevo Santander y su
música iberoamericana que ha dado el siglo arquitectura
xx decidió colocarse para meditar y exponer de Jesús Franco Carrasco
este vasto mundo, son los elementos que
tejen una importancia singular para esta
obra, que la señala como uno de los más por
grandiosos monumentos de la investigación angélica vázquez del mercado
musical que hombre alguno haya logrado.
Quizá me habría gustado mucho el que la
traducción gozara de un castellano ver- México, Universidad Nacional Autónoma de México-
daderamente castizo e impecable, pero Instituto de Investigaciones Estéticas, 1991, 2 vols.
aparte de la tremenda influencia intelectual
de la obra original y la fuerza irresistible de La colonia del Nuevo Santander fue fundada
la prosa de Stevenson, los pequeñísimos a mediados del siglo xviii en la vieja Tama-
detalles en los que nuestra lengua claudica holipa, por un caballero que recuerda a los
frente al original en inglés no hacen sino conquistadores que venían con Hernán
sazonar y aderezar una obra por todos con- Cortés, el coronel Joseph de Escandón, pri-
ceptos importante y meritoria (véase, por no mer conde de la Sierra Gorda. Como explica
ir más lejos y por el simple prurito ejemplifi- Carrasco, el proceso de colonización de estas
cador, la opción del verbo ser-estar en la tierras siguió un patrón normal: la Corona
página 39). ofreció a los colonos, a cambio de emigrar a la
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región, tierras que explotar y riquezas imagi- No se puede ignorar a los indios que propor-
narias. América seguía siendo el sueño del his- cionaron la mano de obra para las construc-
pano, y la Nueva España, hasta ese momento, ciones de la nueva colonia, ni a los forasteros
no le había quedado mal al imperio. La justi- que llegaron a enseñarles otras muy distintas
ficación para arrebatarles la preciada tierra a formas de construcción, ni a los coloniza-
los naturales, como desde hacía un par de si- dores ambiciosos que vencieron de alguna
glos venía sucediendo, fue la evangelización: manera a la naturaleza transformando su há-
cristianizar a los indios, educarlos, arrancar- bitat con la producción ganadera, principal
los de la barbarie. forma de explotación en esa zona.
A los misioneros siguieron los terrate- Tales características dieron lugar a un
nientes y pioneros que, como en otras partes personaje distinto al del resto de la Nueva
de la Nueva España, eran aventureros, solda- España; al transcurrir los años, el Nuevo
dos, forajidos, desclasados a los que se les Santander vio crecer pueblos, haciendas y
presentaba la oportunidad de poseer tierras. rancherías a la par que un “libre y vigoroso
Pero ni la región ni sus habitantes acep- individualismo”, donde el misionero no tu-
taron tan fácilmente a los nuevos pobla- vo el mismo papel protagónico en este pro-
dores, pues éstos “veían transformarse en ceso como ocurrió en otras zonas y, por el
una maraña de insolubles problemas, el país contrario, sus fracasos son más notables que
que con tan brillantes colores se les había sus éxitos.
puesto frente a los ojos. Las ubérrimas tierras A Carrasco no le importa cansar al lector
se les presentaban en realidad pobres, ásperas con la abundancia de datos. Por el contrario,
y hostiles. No existían en ellas pueblos ni su obra recuerda las antiguas crónicas cuyo
forma alguna de civilidad. Sus hombres objeto era informar, a sabiendas de que esos
vivían en forma tan silvestre que parecían datos tal vez fueran los únicos vestigios del
criaturas indefensas, pero eran tan fieros que pasado. Ayudado de la misma manera, de
llegaron a preferir el exterminio a la servi- crónicas y documentos, Carrasco nos trasla-
dumbre” (p. 33). da a una colonia que se mueve, viva desde el
A esta tierra, y a los indios, misioneros y presente. Presenciamos desde la región que
colonizadores, son a los que Carrasco se refiere ya nos describió la llegada de las 610 familias
en la primera parte de su obra: la historia de que siguieron a Escandón, y nos enfermamos
la arquitectura no comienza con las primeras con los indios de viruela. Admiramos a don
construcciones, comienza con el análisis del Joseph de Escandón por su valor y su fe en la
clima, de la región, de sus habitantes. De ahí colonización, por sus 25 años dedicados a
el título de este libro: El Nuevo Santander y ella. En él hubo más intuición que experien-
su arquitectura. No dos historias, sino una cia y su obra es digna de recordar, tal cual lo
sola. Imposible separar el contexto que dio hace nuestro autor.
lugar a un “arte de la construcción” en una A pesar de que El Nuevo Santander y su
zona cuyo clima no era tan benigno como el arquitectura carece de páginas de inter-
del centro de la Nueva España, con una po- pretación, el lector puede comprender la
blación agresiva y renuente a la colonización, importancia que Carrasco dio a la exposición
misma que se vio sometida a los nuevos po- de datos y documentos. Personalmente, le
bladores, en su mayoría mestizos y criollos. hubiera agradecido más párrafos como el
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que cito a continuación que, aunque largo, las casas importantes, las iglesias, las mi-
proporciona mucha luz para la comprensión siones o lo que queda de cada una de ellas.
de los procesos de colonización, los patrones El Nuevo Santander tuvo, por supuesto,
que siguieron y las características particulares una arquitectura especial que así como la
de una historia menos estudiada y difundida define Carrasco para la religiosa, me atre-
que la historia mesoamericana o del centro vería a decir, lo es para toda en general:
de la Nueva España:
Pero entre otras cosas cambiadas y vueltas a
La fundación de la colonia el Nuevo San- cambiar, algunas hasta su cabal destrucción,
tander constituyó más que la última etapa de es la modesta iglesia de la villa de Güemes la
la expansión española en la América septen- que conserva de manera más perceptible la
trional, el principio de un reacomodo cons- sencilla y refrescante apariencia que contrapone
ciente de la población mexicana que desbor- la ingenua sinceridad de la obra santanderiana
dándose de las regiones más pobres y más a los rebuscados arrebatos del decadente barroco,
densamente habitadas del país, buscaba esas su coetáneo o la sobria solemnidad del neo-
nuevas tierras a pesar de las dificultades que le clásico, cuyos alientos ya empiezan a sentirse
ofrecían, tanto el remedio inmediato a sus en la región y a nombre del cual trabajó acti-
necesidades, como la oportunidad de asegurar vamente la piqueta para iniciar la “culta y na-
su futura subsistencia. Así, aunque andando el cionalista reconstrucción” [p. 277].
tiempo algunos de los colonos llegarían a
inconformarse, el pueblo independientemente El libro de Jesús Franco Carrasco es también
de los motivos políticos que lo generaron, fue un grito, un aviso del pasado a punto de
del todo voluntario y entre los hombres que se perderse en la vorágine de la modernidad y la
agregaron a los cordones, predominaron los ignorancia. El llamado es claro: el pasado está
campesinos que habían sido duramente casti- por perderse entre las ruinas de los edificios
gados por la hambruna que se abatió sobre la escandonianos, la falta de interés de las autori-
Nueva España mediando el siglo xviii [p. 165]. dades, el desconocimiento de la población
que los modifica según sus recursos, la imper-
En la segunda parte del tomo ii, Carrasco se donable falta de cultura de los responsables
ocupa de hacer una descripción de la génesis religiosos, el paso del tiempo y con él la opor-
de cada una de las villas del Nuevo San- tunidad de saber más de la historia de la
tander, de los recursos técnicos, del clima y región, de los “movimientos de penetración
sus construcciones. Otra vez, nos encon- de los frailes”, del “epílogo de la evange-
tramos con esa historia indivisible, donde a lización de Tamaulipas”, de los orígenes de la
los elementos arquitectónicos se une la histo- nacionalidad en el norte del país; de la vida
ria de una región y de su gente. Otra vez la cotidiana en fin.
abundancia de datos con los que podría ha- Carrasco llama a historiadores y antro-
cerse una historia de la vida cotidiana a par- pólogos a ocuparse más de esa historia; a los
tir de las construcciones y de la que Carrasco lectores en general (que desgraciadamente
sólo nos da probaditas. Otra vez esa historia no serán muchos por las características de las
que nos lleva entre los cuartos habitacio- publicaciones de la Universidad y porque el
nales, los edificios de gobierno y militares, libro es largo y en ocasiones repetitivo) a
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preocuparse de la preservación del pasado fondo lo realizó esta investigadora, bajo el


que tiene muchas caras, en este caso la arqui- auspicio de la Universidad de Harvard y del
tectura del Nuevo Santander, como una Museo Peabody de Arqueología y Etnografía
forma de conocer a la vez nuestro presente, y de la misma universidad hacia 1902 (la edi-
a las autoridades para que se apuren a definir ción del códice estaba prevista para 1899, pero
lo que constituye el patrimonio cultural de como no se pudo reproducir fotográfica-
México, mismo que se ha perdido entre mente, se tuvo que copiar a mano, lo que
papeles y discusiones inútiles. implicó un par de años extra), donde se tra-
Del segundo tomo de la obra de Carras- bajaría sobre el códice como documento de
co, no queda más que decir que es un docu- narrativa histórica, y ya no como almanaque
mento importante por la descripción detalla- religioso o manual de astronomía oculta.
da de las construcciones de la Colonia y por La edición facsimilar de 1902 es traduci-
el material fotográfico que presenta, foto- da al español hasta 1974 por la imprenta La
grafías algunas de edificios que ya no existen. Estampa Mexicana, donde abre un estudio
introductorio al códice y posteriormente se
representan sus escenas en las páginas si-
 guientes. Recientemente, se ha reimpreso el
manuscrito, respetando la forma de biombo,
Crónica mixteca. medidas y dimensiones originales.
El Rey 8 Venado, Garra de Jaguar, A pesar de la antigüedad del anterior
y la dinastía de Teozacualco, estudio, la vigencia de esta publicación pri-
Zaachila. Libro explicativo del mera es absoluta, ya que el original se en-
llamado códice Zouche-Nuttall cuentra en el Museo Británico de Londres.
introducción y explicación En 1992, una comisión técnica investi-
de Ferdinand Anders, Maarten Jansen y gadora, integrada por Ferdinand Anders,
Gabina Aurora Pérez Jiménez Maarten Jansen, Luis Reyes García y Gabina
Aurora Pérez Jiménez, realiza una impor-
tante labor de interpretación y complemen-
por tación a la obra iniciada por Zelia Nuttall y
carla zurián de la fuente demás estudiosos del códice (Nancy Troike,
Eduard Seler y James Cooper Clark).
Este libro explicativo es un estudio divi-
Madrid-Graz-México, Sociedad Estatal Quinto Centenario- dido en cinco partes:
Akademische Druck-Und Verlagsanstald-Fondo de Cultura Primeramente se explica la composición
Económica, 1992 del códice (descubrimiento y estudios al res-
pecto), la interpretación del mismo, los capí-
El códice que nos ocupa proviene del área de tulos y subcapítulos que incluye, y hasta un
Oaxaca (occidente) y se le conoce como Nut- árbol genealógico de dinastías de Tilantongo
tall o Zouche-Nuttall debido a la familia y Teozacualco, a las que está dedicado el
poseedora del manuscrito (barones Zouche) y biombo.
a la investigadora norteamericana Zelia Nu- La segunda parte comprende una lectura
ttall. La primera publicación y estudio a en lengua mixteca de las páginas 14 a 22, con
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el propósito de ejemplificar las voces impre- Desde la página 23 se retoma la parte del
sas en el documento y explicar así las varia- códice referente a Tilantongo y sus reyes,
bles y constantes de la lengua mixteca actual, desde la primera dinastía iniciada por el Se-
corroborando el sinnúmero de tonalidades ñor 10 Casa, hasta la muerte del Rey y Señor 2
fonéticas semejantes que pueden expresar Lluvia, Veinte Jaguares. Su sucesor será el
varios significados dependiendo de la en- Señor 8 Venado, Garra de Jaguar, de quien se
tonación o acentuación dada. habla de la página 24 a la 27, en lo referente
Las partes centrales del estudio (tercera y a sus orígenes, padres, matrimonios e hijos.
cuarta), son la explicación del códice, donde Entre las páginas 27 y 33 se explica el
se narra la historia del Rey 8 Venado, Garra desarrollo de la primera y segunda dinastías
de Jaguar, y la dinastía de Teozacualco- de Teozacualco, y buena parte de la tercera,
Zaachila. y es aquí donde se hallará el nexo entre la
El biombo está dividido en dos caras: dinastía de Tilantongo con la anterior, ya
anverso y reverso. La correcta lectura del có- que un hijo del Señor 8 Venado —el Señor
dice es de derecha a izquierda, igual que el 4 Perro—, desposa a la Señora 4 Muerte, hi-
Vindobonensis. Lo anterior había provocado ja del Rey 5 Lagarto, iniciador de la segunda
confusiones, ya que los europeos comenzaban dinastía de Teozacualco.
a leerlo a la manera occidental, encontrando Las páginas 33 a 35 están dedicadas al
muchos errores y relatos sin vínculo aparente. surgimiento de la dinastía de Zaachila, cuan-
El anverso —que ocupa las páginas 1 a do la última princesa de la segunda dinastía
42—, está dedicado a la historia antigua de de Teozacualco se casa con un príncipe
Teozacualco y Zaachila, en varios capítulos zapoteco de Zaachila, y otros matrimonios
que no conforman una sucesión hilada de que reforzarían estos reinados.
acontecimientos, sino que cada uno forma Las últimas seis páginas del anverso del
unidades independientes. Por ejemplo, de la manuscrito (36-41), describen el origen en
página 1 a la 8 se hace el recuento del Señor Apoala, lugar sagrado ubicado en un valle de
8 Viento, Veinte Jaguar, de Suchixtlán, ori- altas peñas, donde se juntan dos ríos; es el
gen, iniciación religiosa, nombramiento sitio donde surgen los grandes señores y
como rey, matrimonios y sucesores. reyes, es decir, el valle de la iniciación. A
A partir de la página 9, y hasta la 13, se partir de aquí, el códice explica la peregri-
especifican la serie de linajes relacionados nación de los fundadores, con bolsas y hojas
con los servidores del Señor Sol, y matrimo- de copal, hasta llegar a la ciudad de los Tres
nios de los hijos del Señor 8 Viento. Montes, Monte de Fuego, Lugar de la Cinta
Después de la página 14, comienza la Blanca y Negra, donde fundaron su señorío,
historia de la Señora 3 Pedernal y su unión relatando posteriormente el linaje de los
con el Señor 12 Viento, la cual aparente- señores, matrimonios e hijos de esta Dinastía
mente no tendría nexo con el Señor 8 Vien- del Lugar de la Cinta Blanca y Negra.
to. Es una interesante narración de sus En el reverso del códice, que ocupa las
padres, su concepción y su nombramiento páginas 42 a 84, se relata la vida del Señor 8
como reina, hechos que culminan con la Venado (de quien ya se había hablado en el
muerte de su marido, en la página 22. anverso). Se cuenta sobre su familia, naci-
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miento y primeros años, hasta la alianza que La quinta parte y final del estudio com-
conformaría él con su medio hermano prende una extensa bibliografía y el índice,
—Señor 12 Movimiento; de este modo surge para pasar de ahí a una edición anexa donde
el Reinado de Tututepec. se ofrece un facsímil, del códice, respetando
Esta segunda cara del manuscrito conser- la forma de biombo y medidas originales.
va una línea mejor definida, ya que se centra Esta ardua labor de complementación y
en la vida, alianzas y guerras del Señor 8 análisis del documento, nos demuestra la
Venado con los toltecas, los lugares que estrecha información mantenida en toda el
ambos conquistan, las rebeliones que se desa- área de Oaxaca y centro de México, ya que
tan y la ya esperada traición que sufre de sus los investigadores se encargaron de hacer una
antiguos aliados, mismos que darían muerte minuciosa secuencia comparativa entre el
al Señor 12 Movimiento (medio hermano de Nuttall y los códices Bodley, Vindobonensis,
8 Venado), y la venganza que inicia éste al Mapa de Teozacualco, Colombino Becker,
conquistar y apresar a otros señores y lugares. entre otros muchos, con el fin de aunarlo a
El manuscrito concluye con el asesinato del las anteriores investigaciones hechas por
Señor 8 Venado, quien muere apuñalado en Nuttall, Troike y demás investigadores.
el año 12 Caña (1115 d.C.), a los 52 años.

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