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UNIVERSIDAD DE CARABOBO

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUACIÓN


ESCUELA DE EDUCACIÓN
DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA
LITERATURA VENEZOLANA

Alexis Maldonado
CI 24.859.562
Sección 11
TAITA BOVES

La cinta Taita Boves (2010) dirigida por Luis Alberto Lamata, protagonizada
por Juvel Vielma como José Tomás Boves, es una interpretación libre del libro
Boves, el urogallo de Francisco Herrera Luque. El apodo urogallo se justifica en el
libro:

“[Boves] Era un hombrón de buen plantaje que hacía suspirar con sus
canciones a todas las mozas de la ciudad [Oviedo], y esponjarse al
muchacho como palomo casero. Cuando cantaba en bable era tal su
embeleso que se quedaba sordo y ciego, igual que el Urogallo, ese
heráldico pájaro astur que se vuelve piedra cuando reclama a la
hembra con su canto de amor.” (pág. 15)

La comparación, evidentemente, viene al caso por el impulso sexual que


domina la personalidad del asturiano. Se entiende que esto no quiere decir que la
pulsión sexual desemboca exclusivamente en el coito (aunque el acto sexual
también esté incluido), pues se dejaría de considerar la violencia como parte del
ámbito del deseo. En este sentido, la película de Lamata ilustra la transformación
de un hombre presionado por su entorno (la sociedad en la colonia del siglo XIX,
estrictamente clasista y determinista), que reacciona contra los órdenes impuestos
y usa la crueldad para romper con su propia condición.

Una representación de la condición del desclasado se presenta en la relación


con Inés, mujer blanca y aristócrata, interpretada por Daniela Alvarado. Uno de los
deseos más poderosos de Boves es que Inés no lo rechace por su origen, sino que
ella corresponda su deseo por su posición económica, por su inclinación política
(Boves, al igual que la aristocracia de la Segunda República, está a favor de la
Independencia: el nombre de su pulpería es “La Libertad”), o por su capacidad de
hacer frente y medirse ante cualquier otro hombre blanco. De acuerdo con la trama
de la película, ella simboliza una de las principales motivaciones de Boves. No
obstante, Inés es el eslabón que inicia el quiebre de la psiquis del Taita cuando lo
desprecia durante el proceso de enjuiciamiento en su contra, instalado con base en
una acusación falsa de traición, levantada por Sebastián, su propio compañero, una
persona que tampoco pertenece a ninguna clase. La traición sirve como pretexto a
Boves para decidir su venganza cuando todos sus impulsos son reprimidos.

Cabe señalar una importante escena en la película, ya que registra el declive


incorregible del Taita: “uno no es lo que quiere ser en esta vida, se es lo que le
hacen a uno” dice Boves antes de forcejar con Ángel, la monja interpretada por
Verónica Osorio, tratando de violarla luego de descubrirle encima un cuchillo oculto.
Sin embargo, a pesar de dominarla por completo, su apetito no es suficiente para
acometer la violación. Retrocede, casi espantado, ante la desnudez de la monja,
quien ríe maliciosamente (empujado del mismo modo por la retirada en su propio
subconsciente: regresa a su niñez, ante la pintura que representa el destierro de
Adán y Eva, la Caída, la pérdida del paraíso, la inocencia pérdida). Boves retrocede
ante su propia insatisfacción, su identidad malograda. La ruptura psíquica a partir
de este punto le conduce a la violencia incontenible (la masacre infame durante el
Segundo Sitio de Valencia es testimonio de ello).

Además de personalizar la caída psicológica de una figura histórica, la película


representa uno de los periodos más turbulentos del proceso de independencia de
Venezuela, la Guerra a Muerte, aquel momento histórico que gestó el caudillismo,
teniendo a Boves como uno de los principales precursores. El Taita no sólo encarna
el vicio del poder o la lujuria, sino que también representa la fascinación popular por
el hombre fuerte. “En tierra de locos, el más loco es el que manda”, dice en una de
sus líneas, dándole una forma radical al pensamiento romántico de justicia social,
además de significar la crueldad como parte inherente de una revolución política y
social.
La obra cinematográfica recita el canto del urogallo, preso de sus pasiones, y
narra la sombra más oscura de una independencia irresistible, demasiado tentadora
como para reflexionar sobre ella.

REFERENCIAS
Herrera, F. (1975) Boves, el urogallo. Valencia, España: Círculo de Lectores