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IMÁGENES ENTRECORTADAS: SOBRE LOS CORTOMETRAJES BASADOS EN “LA

LUNA NO ES PAN-DE-HORNO” DE LAURA ANTILLANO Y “PAPÁ PAGA LA


CUENTA” DE ORLANDO CHIRINOS

El espacio entre literatura y cine ha venido acercándose con el paso de los años: es
muy común construir o leer una ficción planteada desde la dinámica de una película, al igual
que toparse con una película que toma prestados personajes, imágenes o historias del mundo
literario. Esto no quiere decir que la relación entre ambas partes sea satisfactoria en cada
oportunidad. De hecho, bajo circunstancias específicas, el espacio entre ambas se niega a
ceder. Por ejemplo, en el caso de la literatura, se puede mencionar el Finegans Wake de
Joyce (que por su propia cuenta es intraducible a otros idiomas); por el lado del cine se podría
mencionar La huelga o El acorazado de Potemkin, de Eisenstein. Dichos ejemplos son
excepciones valiosas que contienen de manera significativa la naturaleza del cine o la
literatura, que no podrían distinguirse desde la otra orilla y que se están perfectamente justo
donde están. Por supuesto, las imágenes mentales suscitadas por obra de la literatura han
tomado una forma más oportuna a partir de que el cine ejerciera su dominio sobre el
imaginario popular, hace poco menos de un siglo atrás. De igual modo, la consagración del
cine como un arte mayor fue conseguida en buena parte gracias a la representación de obras
maestras de la literatura, cuya trama permite un mejor desenlace desde una perspectiva
cinematográfica. En fin, salvo las excepciones, no hay duda de que el casamiento entre
literatura y cine goza de una convivencia saludable.

Entre los casos presentes a estudiar, la obra de Laura Antillano se caracteriza por estar
enmarcada en concepciones literarias muy bien definidas. Según Carucci (2003):

Tales concepciones giran alrededor de tres núcleos esenciales: el tratamiento


introspectivo de la intimidad, la enunciación del relato desde la mirada femenina
y la construcción compleja y dinámica del tiempo histórico, en el cual se funden
todos esos elementos, integrando una suerte de historia social imaginaria, donde
es posible perfilar diferencias y alteridades dentro del proceso de representación
de los sujetos. (pág. 27)
La obra de Antillano intenta levantar el velo de una realidad femenina acallada por la
tradición. Se trata de construir desde la intimidad, la percepción del tiempo y la perspectiva
de la mujer. Sus cuentos son, por tanto, construcciones subjetivas interpretadas desde
diferentes sujetos sociales. Además de esto, cabría agregar que su narrativa tiene la
proyección sobre el plano oral. La oralidad en su prosa imbrica un diálogo directo con el
lector. Antillano sacrifica el entorno y posibilidades que rodea un texto literario en favor de
una comunicación franca con el lector, con el propósito de compartir las experiencias
comunes entre ambos. Tal parece ser el caso de La luna no es pan-de-horno, escrito en
primera persona, donde la narradora relata su duelo a través de una carta de despedida dirigida
a su madre fallecida.

En el texto se cuentan experiencias y recuerdos que vivió la narradora. Sin embargo,


ocurren diferencias en el cortometraje homónimo. Por ejemplo, la introducción de la canción
Mariposas, de Silvio Rodríguez, ausente en el texto original, pero que en la cinta sirve como
conexión entre el sentimiento de la madre hacia su pequeña hija, y más tarde, el recuerdo de
la hija por su madre. También se señala la carrera universitaria de la hija, que es Arquitectura,
al igual que se designa una carrera artística de reconocimiento a la madre. Por otro lado, el
texto resalta el duelo del padre (el esposo de la Señora): relata cómo el hombre leía algunos
de los poemas preferidos de su mujer y la narradora manifiesta que ya no podían contar con
él para resolver qué hacer con las pertenencias de la fallecida. En la cinta, en cambio, nada
de esto se ve reflejado.

El cortometraje deja al descubierto la transformación de la hija, en relación con su


figura materna, que no consigue vislumbrarse en el texto. Por ejemplo, al incorporar como
personaje a una hermana, la hija de la Señora trata de cuidarla, una vez que su madre ha
muerto. Esto agrega un giro más a la historia, en ese sentido la cinta trata de darle una forma
comprensible al conflicto, demostrando que los impulsos de la hija provienen de su necesidad
de independizarse, mientras que la protección de su madre hace invisibles sus propias
intenciones, que consisten en hacerle ver que la vida no es el mundo que ella supone en la
juventud. Luego el papel de madre debe ser asumido por la hija, cosa que no ocurre en el
cuento.

El texto narra desde la fragmentación de la memoria, desde una perspectiva reservada


y subjetiva. Luego la visión que se observa en el cortometraje es más amplia, ya que involucra
personajes ausentes en el propio texto (como son las dos hermanas de la hija) permitiendo un
paneo más coherente que refleja el conflicto entre hija y madre. También cabe señalar la
acertada representación de algunas escenas, tales como la entrada en la peluquería, que logra
dar un giro de tuerca al planteamiento temporal del texto, presentando ambos planos ubicados
en dos tiempos diferentes. Otro elemento integrado de forma acertada en la cinta es la postal
que llega muy tarde. Con dicho elemento se permite añadir una escena a la historia: la llegada
al cementerio donde su madre está enterrada, que proporciona un cierre adecuado para el
cortometraje.

La adición de la canción Mariposas es destacable por hacer el enlace entre memoria,


confesión, y oralidad (pues también se trata de una canción bastante popular). Elementos
encontrados en la concepción literaria de Antillano, que apoyan ese acercamiento al lector:
qué maneras tan curiosas / de recordar tiene uno / hoy recuerdo mariposas / que ayer sólo
fueron humo, / mariposas, mariposas / que emergieron de lo oscuro / bailarinas, silenciosas.

Esta apuesta a la aproximación al lector tal vez pueda parecer una banalización, sin
embargo, más allá de eso, puede encontrarse que hay temas que deben tratarse con ese
enfoque, en lugar de buscarse en una estilización o descontextualización. Esta práctica de
escritoras como Laura Antillano ayuda a comprender en gran escala qué temas se tratan en
la literatura venezolana, cuáles son las apuestas sobre la mesa, hacia dónde arrima sus fichas
el público lector. Porque, como ocurre en la obra de Orlando Chirinos, la literatura
ciertamente no está para complacer el deseo del escritor.

Sobre Orlando Chirinos vale la pena destacar su obra como escritor experimentado y
experimental. Según, Cuartín (2004):

Chirinos parte de la realidad para hiperbolizar, o llenar de desbordes, a algunos


personajes de la vida cotidiana. El montaje del constructo ficcional tiene como
centro la fragmentación de visiones, la dislocación, a ratos deliberada, de
secuencias caleidoscópicas integradas a una suerte de remezón de los sentidos
relacionado con la parodia (…) (pág. 28)
En efecto, la narrativa de Chirinos trata en el fondo de un divertimento con el texto
(similar al ludismo de Cortázar). Su obra pretende el placer del texto, el placer de la literatura.
La parodia se presenta en este sentido. Por ejemplo, en Papá paga la cuenta, Víctor Pernía,
personaje de la Trilogía (en el cortometraje) o Lloro sin querer (en el texto) es una semblanza
cómica de Victorino, personaje de la novela Cuando quiero llorar no lloro, de Miguel Otero
Silva, que también trata con tres generaciones de un mismo personaje. Visto de esta forma,
puede decirse que el propio cuento Papá paga la cuenta es un guiño a Miguel Otero Silva:
también está la coincidencia entre el concurso de cuentos del periódico El Orbe, que puede
tomarse como el propio de El Nacional.

Con respecto al cortometraje Papá paga la cuenta, el texto aparece muy beneficiado
en esta versión, aunque se diferencia en algunos aspectos: en el cuento, Víctor Pernía es
negro; Moisés Botero sufre la regresión a la playa mientras que en la cinta vuelve a una casa
adornada con plantas y con quien parece ser su madre; Élmer tiene un papel mucho más
involucrado en la cinta, al igual que Joaquín, el mesonero. En términos generales, al ser
filmado como cortometraje, el texto adquiere una mayor dimensionalidad y se libera de las
confusiones que puede presentar el texto integrado como un episodio del libro Los días
mayores.

REFERENCIAS

Carucci, A. (2003) Representaciones de la oralidad en algunos cuentos de Laura Antillano.


Contexto. Volumen 7 (No. 9) pp. 23 - 35

Cuartín, P. (2004) Por los caminos de lo clásico y lo popular en Mercurio y otros metales de
Orlando Chirinos. Academia. Volumen 1 (No. 2) pp. 27 - 30