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Género, etnicidad, identidades

y otras reflexiones entrecruzadas


Género, etnicidad, identidades
y otras reflexiones entrecruzadas

María Eugenia Salinas Urquieta


Coordinadora
Primera edición: 2016

D.R.© Universidad de Quintana Roo


Blvd. Bahia s/n, esq. Ignacio Comonofort
Bol. Del Bosque, 77019
Chetumal, Quintana Roo
www.uqroo.mx

Secretaría de Educación y Cultura de Quintana Roo


www.qroo.gob.mx

ISBN: 978-607-9448-19-6

Diseño editorial y cuidado de la edición:


Alfa/Zeta: Ma. Eugenia Varela Carlos
Foto de la portada: Jorgelina Barrios de Tomasi
Florencia 226, Col. Italia, Chetumal, Q. R.
zet.alfa@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluida la imagen de la portada, por
cualquier medio o procedimiento sin la autorización previa, expresa y por escrito de los editores.

Impreso y hecho en México / Printed and made in mexico


Índice

Introducción
Maria Eugenia Salinas Urquieta 9

Aproximaciones a la dimensión de género


en los estudios urbanos
Paula Soto Villagrán 13

Quintana Roo y la equidad de género en el Poder


Legislativo 1988-2013
María Verónica Ibarra García 39

Transversalizacion de la perspectiva de género.


Vicisitudes de un diplomado en la Uqroo
María Eugenia Salinas Urquieta 57

Chinos en el Soconusco chiapaneco.


De algunos olvidos y una identidad comestible
Miguel Lisbona Guillén 71

Las fiestas de los santos patronos en algunas


comunidades del sur de Quintana Roo
Guillermo Velázquez Ramírez 95

Apuntes para comprender la trata de mujeres


y niñas en Quintana Roo. Un contexto de
supremacía masculina y violencia de género
María Eugenia Salinas Urquieta 109

Las y los autores 141


Introducción

P roducto del Seminario Permanente del Cuerpo Académico Investigación


Aplicada al Fortalecimiento de la Cultura y la Identidad, en su línea de
investigación “lengua, cultura e identidad”, se inició una reflexión colectiva
sobre la construcción y reproducción de los conceptos de identidad y etnici-
dad, en el marco de las relaciones de género. Se propuso hacer investigación
sobre el papel que juegan tanto la mujer como el hombre en la reproduc-
ción social en espacios definidos.
Lejos de ser un entramado que se desarrolla en el vacío, las relaciones de
género pueden ser estudiadas como variables que moldean, perfilan, definen
y aún obstaculizan la construcción de una serie de procesos sociales; así,
encontramos que lo urbano, el medio ambiente, la burocracia, la democracia,
la cultura, la historia y el Estado mismo entablan profundas jerarquizaciones
que acentúan las relaciones de dominación, especialmente sobre las mujeres.
Resultado de este debate, es la presentación de cinco ensayos que dan
cuenta, por un lado, de la asimetría en las relaciones de género hacia las
mujeres; y por el otro, de cómo los hombres encuentran su zona de confort
en actividades que tradicionalmente se les ha asignado a las mujeres, ya sea
que esto se deba a cuestiones culturales, o a la nueva organización de la
división sexual del trabajo para hacer frente a los retos económicos del
mundo actual.
Otro elemento que tienen en común los ensayos que se presentan en
esta obra colectiva es el de reflexionar sobre poblaciones ubicadas lejos
de las metrópolis urbanas, incluso podríamos decir que los datos empíricos
están construidos, por lo menos en cuatro de ellos, sobre información de
primera mano obtenida en los territorios del sur-sureste mexicano, a saber
Quintana Roo y Chiapas, nos habla de una problemática específica del sur de

9
Introducción

México y de su frontera con Centroamérica. Temáticas que abordan de una u


otra forma diálogos explícitos e implícitos entre culturas a veces separadas
por las fronteras nacionales, pero unidas por otros elementos como la
comida, las visiones del mundo y las cosmogonías o los lazos de parentesco.
A este respecto, el ensayo “Aproximaciones a la Dimensión de Género
en los Estudios Urbanos” de la autora Paula Soto Villagrán, abre la reflexión
con un recuento de los estudios, perspectivas y paradigmas que se han
elaborado sobre las divisiones espaciales y divisiones de género en la
investigación urbana de América Latina.
La tarea de hacer una revisión crítica de investigaciones sobre género y
construcción y uso del espacio urbano latinoamericano no es nada sencillo,
sin embargo, Soto Villagrán construye su ensayo en tres momentos, el
primero se refiere a las críticas feministas a la ciudad, donde se analiza la
categoría de género en el análisis urbano. Resultado de este primer momento,
es la tendencia a generalizar la idea de que la planeación de lo urbano no ha
tomado en cuenta la situación y condición social de la mujer. En un segundo
momento se hace un análisis de la categoría de género en los estudios urba-
nos latinoamericanos; aquí se documenta cómo han sido los procesos por
los cuales las mujeres han salido a las calles para construir y reconstruir los
espacios urbanos.
Al final, el tercer momento de los estudios, se propone una perspectiva
de género en la investigación urbana; se plantea la categoría de género como
concepto “clave para interpretar la realidad espacial de nuestras ciudades”.
Por su parte, Verónica Ibarra García nos presenta el ensayo titulado
“Quintana Roo y la equidad de género en el poder legislativo 1988-2012”; la
directriz de este trabajo es la afirmación de que no obstante la ganancia y
avance que han tenido las mujeres de Quintana Roo en el espacio legislativo
federal, este ha sido sólo en apariencia, pues la Conferencia de Beijing de
1995 establece que ningún género puede tener más del 70% en las listas para
acceder al poder legislativo, prerrogativa que el Estado Mexicano incumple.
Si el ensayo de Ibarra García nos remite a la inequidad de género en el te-
rreno electoral, el ensayo de María Eugenia Salinas hace lo propio en el terreno
de la burocracia; en el ensayo “Transversalización de la perspectiva de género.
Vicisitudes de un diplomado en la UQROO”, Salinas afirma que no existen
mecanismos ni metodologías para hacer una planeación y distribución del
gasto público gubernamental con sentido de equidad de género. Por lo mismo,
la autora describe los problemas a que se enfrentó, cuando se planteó llevar

10
Salinas Urquieta

a cabo un diplomado dirigido hacia funcionarios y funcionarias públicas de


Quintana Roo, esto, para tratar de construir elementos teóricos-prácticos
en torno a la equidad de género, especialmente a la hora de aterrizar las
políticas públicas.
En cuanto a los procesos de construcción y reproducción de la identidad,
Miguel Lisbona Guillén nos presenta el texto “Chinos en el Soconusco
chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible“; en un estado
como Chiapas, caracterizado por una gran población mayance, Lisbona va
delineando la identidad de la zona del Soconusco, la cual se encuentra ín-
timamente ligada con la cultura China, producto de las migraciones que se
dieron para fortalecer a las fincas cafetaleras.
La raigambre cultural china en la región se expresa, a decir del autor, sobre
todo en la cuestión culinaria; prácticamente no hay un rincón del Soconusco,
donde no haya un restaurant de comida China, Cantonesa específicamente.
En los procesos de reproducción y readaptación cultural de la población
china migrante, son los hombres los que heredaron la actividad culinaria, ya
que según los informantes, son los hombres los que al casarse se quedan en
la familia, además de que el conocimiento de la cocina oriental, les brinda
armas económicas en caso de sufrir desempleo o crisis económicas.
Si en el Soconusco, con su identidad oriental, son los hombres los que
controlan la cocina, en la zona sur de Quintana Roo, son las mujeres las
que controlan un aspecto de la vida sagrada, la fiesta patronal.
Guillermo Velázquez presenta el ensayo “Las fiestas de los Santos
Patrones en algunas comunidades del sur de Quintana Roo”, en el texto, el
autor describe una parte importante de la vida de la comunidad, el espacio
de lo sagrado: la fiesta patronal.
Comúnmente, las expresiones públicas de lo sagrado han corrido a cargo
de los hombres a través de complejos ceremoniales, como es el caso de las
comunidades mayas del Centro de Quintana Roo, sin embargo, en el sur,
son las mujeres las que llevan a cabo los protocolos rituales que inauguran y
cierran las festividades dedicadas a las diversas vírgenes y santos protectores
de la comunidad. Guillermo Velázquez toma el caso de la comunidad de Blanca
Flor, y describe las actividades religiosas en un periodo de tiempo donde la co-
munidad abre comunicación directa con su protector, el Santo Patrono.
La inequidad de género presenta su rostro más evidente en el sesgo en
la impartición de justicia que, para el caso de las comunidades indígenas,
se reduce a un simple papel de usos y costumbres, sin respetar el derecho

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Introducción

consuetudinario que durante siglos ha imperado al interior de dichas comu-


nidades.
Como se ve, la colección de ensayos no agota de ningún modo los
enfoques y perspectivas de género y si, por el contrario, obliga a una mayor
profundización, discusión y análisis de los procesos en la relación de género.

María Eugenia Salinas Urquieta


Universidad de Quintana Roo

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Aproximaciones a la dimensión de género
en los estudios urbanos

Paula Soto Villagrán


Departamento de Sociología
Universidad Autónoma Metropolitana,
Unidad Iztapalapa
paula.soto.v@gmail.com

E n este texto nos interesa situar la reflexión en algunas perspectivas a través


de las cuales se han vinculado las divisiones espaciales y de género en la
investigación urbana latinoamericana,1 ubicando algunos trabajos en el nivel
teórico donde se pone de manifiesto las implicaciones que tiene en el análisis
de la ciudad la consideración de las mujeres como sujetos de investigación
y el género como categoría de análisis urbano. Al mismo tiempo se busca
hacer un recuento de problemas y objetos de la investigación urbana desde
una perspectiva de género en las últimas décadas.
Cabe señalar que el objetivo del presente trabajo es introductorio e
incompleto porque ubicar estas discusiones desde Latinoamérica resulta
complejo. Desde nuestro punto de vista, esto ocurre por dos factores. En primer
lugar, porque las distintas producciones se hallan dispersas temáticamente y
deslocalizadas disciplinariamente. Si bien es cierto que se han editado algunos
libros y números especiales de revistas sobre la temática de género y ciudad,2
y se han organizado sesiones dentro de jornadas y congresos académicos,
todavía no se cuenta con balances o trabajos de síntesis; más difícil aún es
encontrar trabajos comparativos. En segundo lugar, no obstante que existe una

1
Algunas ideas preliminares de este trabajo han sido publicadas en “Zum Geschlecht (in) der
Stadtforschung: Theoretische und empirische Überlegungen aus Lateinamerika”, en Anne Huffschmid
y Kathrin Wildner (eds.). Stadtforschung aus Lateinamerika. Neue urbane Szenarien: Öffentlichkeit –
Territorialität – Imaginarios. Bielefeld: Transcript, 2013, pp. 185-202.
2
Feijoó y Herzer, 1991; Ducci, Fernández y Saborido, 1996; Massolo, 2004; Molina, 2006; Falú
y Segovia, 2007; Falú, 2009; Territorios (2007) 16-17, Bogotá, Colombia; Ciudades (2010), 88, Red
Nacional de Investigación Urbana (rniu), entre otros.

13
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

preocupación por considerar dentro de las tendencias actuales la perspectiva


de género como transversal en la investigación urbana, por ejemplo, desde el
punto de vista de Duhau, el género aún no se ha consolidado en cuanto un
eje articulador “desde el cual se generen núcleos de problematización que
efectivamente constituya la definición del objeto” (2000: 22), mientras que, en
términos de Massolo (2004), la inserción de la perspectiva de género en los
estudios urbanos es todavía incipiente y poco desarrollada.
Con base en lo anterior, hemos trazado un camino analítico estruc-
turado en tres momentos. El primero busca reconstruir algunas de las
miradas críticas feministas a la ciudad elaboradas desde diferentes disci-
plinas de las ciencias sociales y que han servido de marco orientador a la
reflexión latinoamericana. El segundo se organiza en torno a las grandes
perspectivas y algunos núcleos temáticos que han desarrollado los estudios
de género en el cruce con las miradas territoriales. El tercero se dirige a
señalar algunas reflexiones que esbozan transiciones y posibles desafíos
para repensar las coordenadas en la investigación urbana de género en el
contexto latinoamericano.

La categoría de género en el análisis urbano

Es ineludible reconocer que la incorporación del enfoque de género en los


estudios urbanos en los países e instituciones de la región no ocurrió de
manera simultánea. A diferencia de la reflexión anglosajona, donde la dis-
cusión de género y la ciudad comenzó hace más de 30 años, en los países
latinos su introducción no solo ha sido tardía, sino parcial. Aun así, es posible
encontrar aspectos en común que permiten examinar el camino recorrido.
Un primer planteamiento crítico se ha orientado a generalizar la idea
de que la organización del sistema urbano se funda en un proceso de pla-
nificación que no tiene en cuenta la situación y condición social de las mujeres,
las necesidades e intereses específicos derivados de su ubicación en la
división sexual del trabajo y su estatus de género, lo que implica poner en tela
de juicio la planificación y el diseño urbanos por su carácter eminentemente
sexista (Levy, 1996; Rico, 1996; Ortiz Guitart, 2007).
Así, el espacio urbano se nos presenta como resultado de una sociedad
sin diferenciación entre hombres y mujeres; los hombres son la norma y
de acuerdo con ellos se explican los funcionamientos espaciales dentro de
la ciudad. En este sentido se toma el punto de vista masculino en cuanto

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Soto Villagrán

criterio interpretativo de la localización específica de hombres y mujeres en


determinados lugares de circulación. Esta evaluación se caracterizó por la
ausencia de la distinción genérica en la concepción del espacio urbano, como
si las estructuras espaciales no fueran expresión de los procesos sociales
y de los comportamientos humanos. “Aun cuando el sello masculino del
espacio construido no necesariamente condicione nuestras vidas de forma
determinante, hay una serie de valores simbólicos asociados a este, que
influyen de forma directa o indirecta en nuestro diario vivir” (Molina, 2006:
14). En esta reflexión observamos cómo la asignación de roles fijos a las
mujeres ha contribuido a construir estereotipos que naturalizan lo femenino
asociado con mujer-madre, ama de casa y esposa. En efecto, estos este-
reotipos se expresan en representaciones geográficas de tipo binarias, por
ejemplo, público-privado, ciudad-suburbio, trabajo-hogar, reproductivo-
productivo, mente-cuerpo. Tales oposiciones son producto de construcciones
ideológicas más que descripciones empíricas y afectan directamente,
entre otros, al ordenamiento urbano y la estructura espacial. De hecho, las
generalizaciones que se hacen de “la mujer” tanto para situarla dentro o
fuera, en lo público o en lo privado estereotipan y reducen las posibilidades
de movilidad de las mujeres en la ciudad (McDowell, 2000; Franco, 1993;
Saegert, 1981).
Un segundo planteamiento muestra cómo la invisibilidad de las mujeres
en la vida urbana es fortalecida por un orden social patriarcal que refuerza
o puede transformar las construcciones de roles del hombre y la mujer en
los procesos de producción y reproducción. En particular se explora los
efectos de las interconexiones entre patriarcado y capitalismo, examinando
principalmente las dimensiones del empleo femenino en los procesos de
reestructuración industrial.
Fundamental importancia ha tenido la incorporación masiva de las
mujeres al mercado laboral y, desprendiéndose de ello, los análisis sobre
las políticas de empleo, las tasas de actividad económica femenina, la
remuneración diferencial entre hombres y mujeres, la definición de empleos
para mujeres y el peso del trabajo doméstico para la reproducción de
relaciones sociales de dominación y subordinación (Massey, 1994; Bowlby,
1989; Monk y Hanson, 1989).
Según Doreen Massey, considerar la variable de género tiene dos
efectos principales: por un lado, matizar los resultados de una política de
empleos regional e incluso comprender sus incidencias en la reorganización

15
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

del espacio económico nacional, y, por el otro, ubicar la conformación de


culturas genéricas constituidas localmente, así como detectar las varia-
ciones geográficas en la construcción de la masculinidad y la feminidad,
y la relación entre ambas. En su libro Space, Place, and Gender (1994), la
autora analiza la geografía de la producción y la interacción entre clase y
género. Entre sus principales conclusiones están que a) la consideración de
la variable de género entrega nuevos elementos para entender, por ejemplo,
el fenómeno de creación de empleos en el entorno de una economía regional
y global; b) espacio y lugar tienen gran relevancia en la construcción social
de las identidades de género de acuerdo con variaciones geográficas; y c) la
categoría de género contribuye no solo a tratar cuestiones más significativas
sobre lo femenino y lo masculino, sino como estas se construyen en deter-
minados contextos sociales.
Un tercer planteamiento es la sostenida crítica al supuesto del urbanismo
moderno de la división de espacios para vivir, trabajar, consumir, recrearse, lo
que ha tenido efectos diferenciales por género. Ciertamente, no considerar a
las mujeres como trabajadoras asalariadas, ni tampoco al trabajo doméstico
como trabajo, tiene consecuencias visibles en las desigualdades espaciales
a las que son sometidas. De tal modo, la disociación entre los lugares de
trabajo y el hogar implica para las mujeres dobles desplazamientos y hasta
triples jornadas para cumplir con sus tareas en el espacio público y en el
privado (Massolo, 2004; Falú, Morey y Rainero, 2002).
Desde luego, es innegable que la introducción del concepto de
género marca una clara especificidad en el análisis espacial de la ciudad
en el continente. En primer lugar, su inserción orienta el estudio hacia la
desnaturalización de las clásicas dicotomías como público-privado, abierto-
cerrado, centro-periferia, producción-reproducción, y, a la vez, implica la
adopción de las nociones de masculinidad y feminidad (Prats, 2006; Quintero,
1999). En segundo lugar, permite visibilizar entramados de relaciones de
poder que cruzan diferentes escalas espaciales, entre las cuales el cuerpo
aparece como “el nivel más elemental de penetración del poder, el lugar
donde todas las esferas de poder se concentran” (Bru, 2006: 465). Pero más
allá del cuerpo, se multiplican los emplazamientos materiales y simbólicos
del poder: los puestos de trabajo, los espacios domésticos, los sitios de
esparcimiento, los centros comerciales, las plazas, el barrio, la comunidad;
todos ellos pueden ser examinados como variaciones geográficas de la
masculinidad, la feminidad y sus significados (Massey, 1994; Segovia, 1996;

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Soto Villagrán

McDowell, 2000). En tercer lugar, la incorporación del enfoque de género trae


consigo el supuesto de que las identidades no contienen esencia femenina
ni masculina. Por el contrario, desde la investigación urbana de género se ha
hecho hincapié en una visión amplia que permita relacionar determinadas
formas de identidad de género con otras categorías analíticas como etnia,
edad, nacionalidad, clase, etc., que siempre dejan sus marcas materiales y
simbólicas en la identidad (Monk y García Ramón, 1987).

El análisis de género en los estudios urbanos latinoamericanos.


Momentos, problemas y objetos

El trazado que a continuación dibujamos no pretende ser exhaustivo, más bien


sitúa algunos puntos de partida para poder visualizar las transformaciones
en las agendas de investigación de género que toman a la ciudad como
su objeto. Al mismo tiempo se ofrecen algunas pistas para comprender
el momento por el que cruzan las continuidades y las renovaciones en los
estudios del espacio urbano y el género. De esta manera, los siguientes
apartados conjugan momentos, enfoques teóricos y temáticas relevantes en
los estudios urbanos; la reflexión se articula en núcleos desde los cuales se
construyen diversos objetos de investigación.

Las mujeres construyen y reconstruyen los espacios urbanos


Un primer núcleo articulador desarrollado por sociólogas y antropólogas
iniciado en los años ochenta se orientó a analizar la relación entre
participación, asociacionismo y espacios locales, observando cómo los
contextos de reestructuración económica y los regímenes autoritarios
latinoamericanos provocaron la salida masiva de las mujeres a los espacios
locales. Por una parte, se buscó documentar la presencia y actuación de las
mujeres en estos espacios, lo cual constituyó un eje estructurador del estudio
pese a que el territorio no fue una de las dimensiones analíticas principales,
y se llegó a establecer la estrecha articulación entre espacio y experiencias
urbanas femeninas. Por otra parte, se evidenció cómo esta situación afectó
diferenciadamente a hombres y mujeres. En esta línea las mujeres aparecen
en cuanto actoras que pudieron demostrar su creatividad en la búsqueda de
soluciones cotidianas para hacer frente a la crisis, “las mujeres convirtieron
la ciudad en un teatro donde la población entera estaba obligada a participar

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Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

como espectadora” (Franco, 1993: 271). Es así que la ocupación temporal


de las mujeres (individual y colectivamente) de los espacios públicos a
través de las manifestaciones políticas, el asociacionismo y la participación
en organizaciones sociales vinculadas al movimiento de mujeres, como
vehículos para hacer escuchar su voz y demandar mejorías en su situación
de vida –familiar, laboral, barrial etc.–, originó profundos desdibujamientos y
procesos de cambio espacial que han repercutido en los sistemas de género
y en la forma de elaborar la identidad, así como de moverse, ubicarse y
transitar por territorios que antes les eran ajenos, estableciendo nuevas
significaciones y referencias simbólicas dentro de la ciudad.
Un trabajo pionero es el de Feijoó y Herzer (1991), donde por primera
vez se reunía reflexiones desde Perú, Argentina, México, Chile y Ecuador,
planteando en común una crítica al desarrollo urbano, el cual había
invisibilizado la participación de las mujeres en la gestión del hábitat
popular urbano. De esta forma la vivienda, la gestión barrial y municipal,
la organización social de mujeres, conforman algunas de las problemáticas
que rescatan el espacio cotidiano y muestran relaciones de dominación,
resistencia y lucha que posibilitan prácticas de movilización social de las
mujeres en la trama urbana. También se aprecia la relación directa entre
estrategias de sobrevivencia y organización espacial. En esta misma línea,
Valdés y Weinstein (1991, 1993) realizan en Chile un interesante recorrido
por los procesos de asociacionismo femenino, desde los orígenes de la
acción colectiva de mujeres en espacios urbano populares de ese país.
El estudio presenta la multiplicidad de organizaciones donde las mujeres
populares participan: religiosas, políticas, derechos humanos, comunicación
y subsistencia. Si bien responden a necesidades diferentes y tienen proyectos
de acción diversos, en conjunto comparten el anhelo de ciudadanía, de ser
sujetas activas de derechos, agentes de transformación social y actoras
en procesos populares urbanos. Por su parte, en México, Massolo (1992,
1994) ha mostrado el rol protagónico de las mujeres de escasos recursos
en las organizaciones sociales y particularmente dentro de los movimientos
sociales de carácter local que surgen de problemas concretos, como la
defensa, apropiación y dominio del territorio, además de las respuestas
colectivas en el proceso de autoconstrucción de vivienda.
Estas investigaciones en su conjunto han puesto de manifiesto que la
adscripción social y cultural de identidades genéricas como madre-esposa-
ama de casa estereotipa y reduce las posibilidades de conocer la movilidad

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Soto Villagrán

de las mujeres en la urbe, porque resultaron ser, paradójicamente, tan


restrictivas como permisivas, en tanto el control y la limitación a la inmediatez
espacial facilitaron el entrenamiento y la activa participación femenina en
la gestión de los asuntos públicos cotidianos, en asociaciones vecinales y
redes de solidaridad comunitaria, demostrando capacidad de influencia,
liderazgo y eficacia política (Massolo, 1996).
Pese a lo anterior, conviene considerar que si bien este eje de investigación
contribuyó a ubicar en el centro del debate la crítica a la dicotomía público-
privado, pues la apropiación individual y colectiva de los espacios públicos
por parte de las mujeres, junto al asociacionismo y la gestión comunal,
permitió desdibujar los tajantes límites entre ambos espacios, también dio
cuenta de un desdibujamiento de la espacialidad, ya que el entorno urbano
fue considerado como un escenario o un “contenedor” dentro del cual las
mujeres organizan su vida cotidiana.
En la actualidad, las cuestiones de participación y organización social se
renuevan, y los temas, perspectivas e intereses se multiplican, mostrando
las posibilidades de indagación, por ejemplo, las luchas por obtener una
vivienda digna y los procesos de gestión liderados por mujeres (Galleguillos y
Molina, 2006; Esquivel, 2004), o estas como protagonistas de la movilización
popular en la consecución de espacios propios (Arzaluz, 2004; Saborido,
2009; Soto, 2010a).

Movimientos y permanencias en la ciudad


La ciudad fue objeto de crítica temprana, desde la perspectiva de género, a
través del reconocimiento de las limitaciones de las mujeres en la movilidad
y el acceso al transporte urbano, de manera que este segundo núcleo
corresponde a lo que podríamos denominar el uso del espacio y del tiempo
en la vida cotidiana. Este ámbito de investigación dio origen a diversos
estudios orientados a examinar cómo las condiciones materiales de la vida
cotidiana contribuyen a la inequidad de género. En este sentido, el entorno
urbano fue visto como un lugar privilegiado para analizar las localizaciones,
los desplazamientos y la percepción de los espacios urbanos: “los hombres
y mujeres utilizan de forma distinta ese espacio exterior según la división
sexual del trabajo, lo que condiciona que sea la mujer quien realice la mayor
parte de movimientos por compras y servicios (como asistencia a centros
sanitarios, llevar a los niños a la escuela), con lo cual la percepción del

19
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

espacio será muy distinta para hombres y mujeres, con independencia de


que éstas trabajen fuera del hogar o no” (Sabaté, 1984: 43).
La idea fundamental en juego aquí es que la invisibilidad de las mujeres
dentro de las ciudades ha producido barrios, calles, transportes y servicios
inapropiados para sus necesidades. En efecto, la ciudad moderna está
construida sobre la base de la separación entre actividades de producción
y reproducción, de modo que áreas residenciales, sitios de trabajo y zonas
comerciales y de servicios se localizan diferencialmente en el espacio,
separados unos de otros (Molina, 2006: 14). En esta línea argumental la
crítica feminista enfatiza el acceso desigual a los bienes y servicios dentro de
la ciudad, lo cual significa que el espacio urbano impone ciertas restricciones
a la movilidad y a la percepción del espacio y esto resulta determinante en la
capacidad de moverse en él.
Un trabajo pionero en este ámbito es el de Falú, Morey y Rainero (2002),
quienes toman el uso del tiempo y el espacio en dos barrios de la ciudad de
Córdoba, Argentina. En él ofrecen algunas cuestiones interesantes en cuanto
a las diferencias de género. Por ejemplo, las mujeres dedican al trabajo
doméstico casi tres veces más tiempo que los hombres, y, en el caso de
aquellas que realizan trabajo remunerado, este no las libera del doméstico.
Las implicaciones espaciales de esta situación reflejan que mientras las
mujeres permanecen mayor tiempo en el espacio de la vivienda, el varón
accede durante más tiempo al espacio público. Asimismo, las mujeres
hacen mayor uso del espacio barrial, debido a su papel como mediadoras
de la familia, a la educación y recreación de los hijos, el pago de servicios,
etcétera.
Como resultado, se considera que esta situación de permanencia y
confinamiento territorial de las mujeres en los espacios privados del hogar
y el vecindario resignifica uno de los temas más relevantes de los estudios
urbanos –la vivienda– y con ello la organización interior de los espacios
habitacionales. Si bien se constata que los espacios que ocupa la mujer
están marcados por el ritmo del trabajo doméstico, como sostiene Salazar,
muchos de los estudios que han ayudado a describir, visibilizar, cualificar
y cuantificar el conjunto de tareas que conforman el trabajo doméstico
no necesariamente hacen referencia a la territorialidad en la que ocurre,
“las autoras no definen en ningún caso los ámbitos territoriales en que se
concreta la esfera del trabajo doméstico y por tanto en el que se desarrolla
la cotidianeidad de las mujeres” (Salazar, 1993: 23). Sin embargo, se ha

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Soto Villagrán

avanzado en esta línea; la organización del trabajo doméstico, el ciclo vital


familiar, el número de integrantes y los reducidos espacios de la vivienda
es lo que examina Magaña (2004). La autora describe cómo los arreglos in-
ternos para acomodarse a las viviendas reducidas, quitar muebles, camas
deslizables, la multifuncionalidad de los pequeños espacios, son algunas es-
trategias que llevan a cabo mujeres de la Unidad Habitacional Tepantongo,
de la delegación Azcapotzalco en México, para hacer habitables sus hogares.
En este sentido, las condiciones de la vivienda, su calidad y localización son
fundamentales en la medida en que les han permitido acceso a servicios de
salud, educación, trabajo, etcétera.
De acuerdo con Molina (2006), factores como la propiedad de la vivienda,
el grado de seguridad en el acceso a ella, y las posibilidades de movilidad
dentro del mercado inmobiliario se conjugan al momento de analizar los
principales elementos que condicionan la autonomía de las mujeres en ese
mercado y en el uso del espacio urbano. Asimismo, según Massolo (2004),
el déficit, financiamiento, tipología y características de la vivienda (tamaño,
estado, habitabilidad, seguridad, entorno físico y social, entre otras) son
fundamentales. Pero al igual resulta necesario agregar los significados,
prácticas y experiencias que sobre la vivienda se construyen dentro de los
procesos de urbanización, en el entendido de que, además de un entorno
afectivo cardinal, la vivienda es el espacio donde el individuo aprende una
forma de concebir y dar significado (Esquivel, 2004). Esta última perspectiva
coincide con un cambio de análisis, pues, producto de la crisis de los
paradigmas marxistas al final de los noventa, “las investigaciones en torno a
la vivienda y la unidad doméstica cobraron importancia y se situaron ya no
tanto del lado de la producción de la vivienda sino también desde la posición
del consumo, la apropiación y el uso” (Zamorano, 2007: 170).
Más allá de la permanencia en los espacios domésticos, otros hallazgos
sobre movilidad concluyen que las mujeres se desplazan más a pie y en transporte
público que los hombres. Asimismo indican que la disociación entre los lugares
de trabajo y de residencia implican para las mujeres dobles desplazamientos y
hasta triples jornadas a fin de cumplir con sus tareas en los espacios público
y privado. Además de que, en un día laboral, la población femenina tiene la
mitad del tiempo libre respecto a los varones, quienes trabajan dos horas
menos que ellas en promedio, y en un día no laboral, las mujeres trabajan
el doble que ellos (Falú, Morey y Rainero, 2002; Massolo, 2004; Molina,
2006). Estos datos son básicos para establecer la relación entre pobreza y

21
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

tiempo de traslado desde el hogar hasta el trabajo en el caso de las ciudades


latinoamericanas, pues en estudios recientes se ha considerado que la dis-
tancia entre estos dos puntos es un factor de agudización de la pobreza
(Sabatini, Cáceres y Cerda, 2001).
En cualquier caso, el principal efecto en la vida de las mujeres es que la ex-
periencia urbana implica barreras simbólicas que terminan operando como me-
canismos más sutiles pero más efectivos para demarcar los usos de la ciudad.
Otra dimensión de la movilidad en contextos urbanos ha sido la migración.
Si bien la migración femenina representa uno de los campos relativamente
más consolidados dentro de los estudios sociodemográficos, su trayectoria
va desde la consideración –de acuerdo con De Oliveira y Ariza (1999)– de
los flujos migratorios femeninos como inherentes a las transformaciones
más globales propias del desarrollo, hasta el esfuerzo por documentar
la heterogeneidad de los movimientos en que se insertan las mujeres,
el impacto diferencial de estos procesos en función de las relaciones de
subordinación/autonomía femenina y el carácter procesual de la relación
migración-género en su interacción dinámica vinculadas con otras variables
socioterritoriales.
La migración femenina intrarregional ha adquirido nuevas dimensiones,
pues se ha experimentado un aumento de la participación de las mujeres
en los flujos migratorios, lo que permitiría afirmar una feminización del
fenómeno. Varios estudios de caso efectuados en Sudamérica muestran
cómo la migración transnacional se constituye cada vez y con mayor
fuerza en una estrategia económica (Molina, 2006). La investigación sobre
la migración peruana a Chile, o la boliviana a Argentina, es ampliamente
dominada por mujeres que se insertan en el trabajo doméstico, segmentando
el mercado laboral y generando una gran estigmatización de las trabajadoras
domésticas por parte de la población local, lo que en última instancia
dificulta aún más sus posibilidades de acceder a otros tipos de empleo
(Suulamo, 2006; Stefoni, 2003). Sin embargo, como menciona Ariza (2000:
43), “los análisis sobre migración descansan en esquemas interpretativos
excesivamente economicistas e instrumentales que dificultan visualizar las
interrelaciones entre la migración y otros procesos sociales relevantes”. Así,
todavía son insuficientemente explorados los efectos emocionales de la vida
de las migrantes. Una aproximación renovadora es la que realiza Suulamo
(2006), quien analiza la maternidad transnacional de mujeres peruanas que
trabajan en Chile, encontrando que la sensación de pérdida afectiva en la

22
Soto Villagrán

relación madre-hijos es una de las principales consecuencias personales y


familiares de la división entre el espacio de trabajo y el de la familia, como
espacios binacionales.
En este aspecto, la intensificación de los procesos migratorios debe ser
leída desde los entornos culturales de la globalización, que nos hablan de
nuevos procesos identitarios, cruces de fronteras, moradas transitorias y,
sobre todo, sujetos que se desplazan, viajan y migran por fronteras porosas
cuyas experiencias están siendo narradas desde testimonios, crónicas
y novelas. En esta línea, los estudios de la cultura en Latinoamérica,3
reconociendo la complejidad de los escenarios actuales y cruzando varios
campos como los estudios feministas, subalternos, o la crítica literaria,
han desarrollado una especial preocupación por teorizar las fronteras en
términos de tránsito, de movimientos sociales, de identidades nómadas. Así,
los espacios transnacionales como puentes para pensar las tensiones entre
cultura y poder han dado pie a estudios sobre las formas de representa-
ción cultural y la generación de movimientos sociales en las fronteras.
Por ejemplo, las investigaciones en el norte y sur de México, desde los
zapatistas hasta las lecturas chicanas, han hecho énfasis en las nociones
de espacio, ciudad, frontera e identidad en cuanto ejes paradigmáticos de
representación que, enfatizando las diferencias raciales, de clase, sexuales
o de género, desbordan los límites espaciales, culturales y políticos de la
nación. Se intenta de este modo identificar cómo se narra el otro, que por di-
versas situaciones se localiza en el margen, como lugares de enunciación
donde las marcas históricas y geoculturales de esta producción son puestas
en cuestión. Una Latinoamérica leída desde las coordenadas aquí planteadas

3
Desde mi perspectiva, los estudios feministas preocupados por problematizar la relación entre
poder, cultura y frontera se inscriben dentro de lo que Rossana Reguillo (2004) denomina estudios de
la cultura en Latinoamérica. La autora sostiene al menos dos rasgos distintivos de los cultural studies
estadounidenses. En primer lugar, y retomando la crítica elaborada por García Canclini (1997) a la
vertiente más culturalista, respecto al deslizamiento humanístico discursivo plantea la dificultad de
estos últimos para hacerse cargo de los marcos constrictivos del poder y de la centralidad de los
procesos de carácter estructural que configuran lo cultural. Reguillo argumenta que los intelectuales
latinoamericanos tienen una larga tradición intelectual por visibilizar y poner en discusión temas,
momentos, prácticas sociohistóricas y políticas como claves para la comprensión de las estructuras de
poder de las sociedades latinoamericanas. En segundo lugar, una clara diferencia tiene que ver con
que uno de los rasgos más significativos de los cultural studies estadounidenses ha sido la perspectiva
transdisciplinaria; sin embargo, lo transdisciplinario en el contexto latinoamericano ha sido una
necesidad, porque “pensar el mundo y la propia sociedad en condiciones asimétricas de poder no sólo
intelectual, obligó a que muy temprano los pensadores latinoamericanos construyeran sus andamiajes
teóricos desde la lógica de las intersecciones” (Reguillo, 2004: 6).

23
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

contiene y desborda memorias, sueños, heridas y proyectos, que difícilmente


pueden ser contenidos en propuestas nacionales y espacios geográficos
(Belausteguigoitia, 2005).
A partir de este enfoque cultural las prácticas autobiográficas de mujeres
son un excelente ejemplo de lo que nos ofrecen los escritos mestizos y
bilingües de escritoras chicanas,4 centroamericanas y latinas en general
para el cruce entre identidad y espacio urbano. Textos como Borderlands/
La frontera (Anzaldúa, 1999) y Esta puente, mi espalda (Moraga y Castillo,
1989) presentan historias de identidad construidas desde la dispersión,
los desplazamientos y experiencias multilocales o pertenencias múltiples.
En este tenor, las narraciones autobiográficas se caracterizan por mostrar
complejas interacciones entre lenguaje, historia y lugar:
sus historias localizadas privilegian una categorización espacial que rechaza las
historias cuyo principio organizador aparenta estar asentado principalmente en
configuraciones temporales. La memoria importa cuando el yo construye una
identidad en relación con un lugar. Los textos, explícitos en su priorización de
categorías espaciales, redirigen la perspectiva de la protagonista desde un “yo
en el tiempo”, como el locus privilegiado de la enunciación, a un “yo localizado”
[Klahn, 2005: 187].

Los textos despliegan entonces una política de la localización, rees-


criben espacios domésticos, hábitats, ciudades, barrios y fronteras,
dibujando espacios de colonización, de exclusiones y marginalidad donde
la especificidad del yo se encuentra situada en la intersección entre dos
culturas, dos territorios; se genera una escritura y una narrativa que toma
la diáspora5 y lo “híbrido”6 en cuanto lugar de producción, reconociendo el
espacio como un territorio físico, simbólico y político, fundamental en la
construcción de la subjetividad, modificando las ideas sobre la identidad
como narrativas unitarias de etnia, nación y género. El cuerpo en este contexto

4
La literatura chicana como movimiento que lleva generaciones de escritores/as de distintos
géneros representa una literatura contestataria que narra historias no contadas de pueblos silenciados,
experiencias de un pueblo que se identifica como perteneciente a una comunidad imaginada (Klahn,
2005: 179).
5
En este trabajo la diáspora es considerada en el sentido de una historia de dispersión, mitos/
memorias de la tierra natal, alineación con un país receptor, deseo del regreso, apoyo sostenido a la
tierra natal, identidad colectiva definida (Clifford, 1999).
6
Se entiende por hidridación “procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas
discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y
prácticas” (García Canclini, 1989: III).

24
Soto Villagrán

se convierte en un espacio de afirmación y confrontación, de memoria de


cicatrices, de huellas coloniales, de inestabilidad, ruptura y transgresión.

Nuevas y viejas formas de inequidad de género


en el medio ambiente urbano
Un tercer núcleo hace referencia a las mujeres y el medio ambiente. En la
investigación urbana feminista actual, la ciudad ya no es el único objeto de
estudio. Ahora, el ambiente urbano aparece como un contexto significativo
en el que las identidades y relaciones de género se negocian y transforman.
Así, las relaciones de género han sido incorporadas con fuerza en las tres
últimas décadas en las discusiones sobre el ambiente, como una nueva
mirada a viejos problemas vinculados con el desarrollo, la pobreza y,
últimamente, con la noción de sustentabilidad. En diferentes estudios se
ha desarrollado una comprensión más rica y dinámica de cómo el ambiente
urbano constituye relaciones de desigualdad urbana y género, y cómo
afectan las identidades de hombres y mujeres. Este cuestionamiento surge
por el nexo entre la condición de las mujeres y las medidas para enfrentar las
desigualdades, desequilibrios y derechos en espacios políticos, sociales y
económicos, que han ido adquiriendo centralidad con las discusiones sobre
desarrollo, el creciente desgaste del sistema ecológico, la feminización de la
pobreza, entre otros asuntos.
Paolisso (1996) identifica tres corrientes en el abordaje en el nivel
conceptual-teórico y en el del activismo de diferentes investigadores/as
interesados/as en la relación mujeres, género y medio ambiente. La primera,
mujeres y medio ambiente, rescata el papel de estas como administradoras
de recursos ambientales, de manera que cualquier iniciativa que se tome
respecto al medio ambiente debe considerar las contribuciones de las
mujeres. Después, el ecofeminismo plantea que el vínculo entre mujer y
naturaleza radica en que la dominación de la primera ha sido paralela
a la de la segunda. Es por ello que la participación de las mujeres en los
movimientos sociales de mujeres o medioambientales se produce a partir de
la dificultad que tienen para obtener los recursos necesarios para cumplir con
su rol de cuidadoras de la familia, del deterioro de las condiciones sanitarias
o problemas de contaminación (Sabaté, Rodríguez y Díaz Muñoz, 1995). La
tercera corriente ubica al género en cuanto clave que mediatiza las relaciones
hombre y mujer con el medio ambiente. Se distingue una preocupación que
tiene que ver, por un lado, con cómo las relaciones femenino/masculino

25
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

afectan o son afectadas por el cambio ambiental y, por el otro, con la forma
en que los papeles culturales de género influyen en las percepciones del
medio ambiente y el cambio cultural.
Esta línea de investigación ha introducido diferentes objetos de estudio
que vinculan mujer-naturaleza y muestran los paralelismos históricos que
se han dado en el tratamiento de ambas por parte de las sociedades mo-
dernas. En particular ha sido esencial la interrelación género, pobreza y
medio ambiente, pues ha evidenciado que la organización doméstica del
trabajo, los patrones de consumo, la cuestión alimentaria, la contaminación
y la destrucción ambiental, en cuanto procesos dinámicos, afectan con es-
pecificidad la vida de las mujeres, pero, al mismo tiempo, las posiciona como
sujetos clave para el cambio ambiental. Algunos estudios descriptivos en
América Latina indican que los trabajos de reproducción de las mujeres
están estrechamente asociados con los problemas ambientales del entorno
en que se encuentran. Hay dos fenómenos que cabe puntualizar. En primer
lugar, mientras son las mujeres las que manejan el riesgo ambiental con
mayor facilidad producto de sus tareas domésticas, al mismo tiempo cuentan
con una cultura ambiental que es necesario considerar (Rico, 1996a, 1998).
En segundo lugar, han sido interesantes los vínculos entre la feminización
de la pobreza7 y aspectos territoriales y ambientales, debido a que el
uso particular de las distintas espacialidades de lo urbano, así como los
problemas ambientales que surgen en los espacios de la pobreza, afectan de
manera más severa a las mujeres, que frecuentemente quedan relegadas a
la vivienda y su entorno inmediato. Este proceso de confinamiento espacial
sería fundamental para establecer la vulnerabilidad social y los niveles
inferiores de salud y bienestar (Schteingart, 2009; Vega, 1996).

Transiciones en la investigación urbana de género


Las diferentes formas de pertenencia e identidad espacial de género que
hemos revisado a lo largo de este trabajo son indisociables de la concepción

7
La feminización de la pobreza (Anderson, 2003) es un concepto que irrumpió en los años
ochenta para designar la tendencia hacia el aumento de la incidencia y prevalencia de la pobreza entre
las mujeres. Ubicó en la mira dos problemáticas: las mujeres jefas de hogar y la maternidad precoz
(generalmente vinculada con la condición de madre sola, jefa de un hogar incipiente o de una unidad
subsidiaria dentro de otro hogar). Este concepto indujo a que las series estadísticas se desagregaran
por sexo. Creó un clima para el posterior ingreso de una preocupación por “las voces” de las víctimas,
la percepción de los actores y el uso de métodos cualitativos de investigación para descubrirlas.

26
Soto Villagrán

del espacio representado e imaginado. De este modo, un cuarto núcleo de


investigación incipiente y aún poco desarrollado se ha organizado en torno
a los imaginarios urbanos. Desde este enfoque, la experiencia de la ciudad
no solo se reduce a la materialidad, sino que toma en cuenta la perspectiva
subjetiva de los sujetos, sus emociones, sentimientos, recuerdos, sueños,
miedos y deseos como ejes de la experiencia urbana individual y colectiva. Así,
la materialidad del espacio es inseparable de las variadas representaciones
que la sociedad construye para interpretarla (Ortega Valcárcel, 2000; Bailly,
1989). De acuerdo con estos autores podemos sostener que la diversidad
de espacios vividos, la superposición de percepciones y la posibilidad de
simbolizar van íntimamente ligadas a procesos emocionales que dan lugar
en nosotros a sentimientos o emociones agradables o desagradables,
transformando al espacio en un depositario de significados (Bailly, 1989).
Entonces, algunos estudios urbanos feministas adoptan la perspectiva
de la ciudad representada e imaginada como un camino analítico para
acceder a las dimensiones imaginarias del mundo urbano. Un excelente
ejemplo de la idea de representación espacial asociado con la construcción
de la feminidad y la masculinidad se cristaliza en las indagaciones acerca de
la violencia y el miedo. En efecto, en esta línea de diálogo que toma como
eje las espacialidades imaginadas de la ciudad, un objeto privilegiado para
entender el vínculo entre espacios urbanos y construcción genérica de las
identidades ha sido el de los espacios del miedo (Ortiz Guitart, 2007) en
contextos donde la inseguridad y sus discursos se han integrado en la vida co-
tidiana de las ciudades con tanta presencia que es habitual establecer una
relación inmediata entre violencia y ciudad; como sostiene Reguillo (2000:
81), ciudad y violencia se han transformado en “palabras intercambiables”.
Lo significativo desde nuestra mirada es que existe consenso respecto a
que tal situación tiene componentes de género específico, pues los temores
de los hombres y de las mujeres son claramente diferenciables, dado que,
por ejemplo, hay una mayor vulnerabilidad de las mujeres frente a las
agresiones sexuales y frente a sus parejas, en comparación con lo expe-
rimentado por los hombres (Dammert, 2007; Ortiz Guitart, 2007; Soto, 2013).
Algunas investigaciones recientes en América Latina afirman que habría
un estrecho vínculo entre el miedo y el sentido del lugar. En este aspecto,
mientras el miedo se asocia con espacios exteriores –en especial las calles
se convierten en sinónimos de peligro y hostilidad (Falú y Segovia, 2007)–,
la violencia se relaciona espacialmente con la casa. También se ha descrito

27
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

que el miedo de las mujeres a la violencia y sus efectos espaciales serían


“paradójicos”, porque, por un lado, habría un desajuste entre los lugares
del miedo y los de la violencia, ya que la agresión sexual ocurre con mucha
mayor frecuencia en el espacio doméstico que fuera de él (Delgado, 2007),
y, por otro lado, existe el supuesto –que en la realidad no se da– de que
quienes cometen las agresiones son desconocidos que no tienen ninguna
relación con las afectadas (Morrell, 1998; Del Valle, 2000; Bondi y Metha,
1999).
Para profundizar en este núcleo de investigación, es menester descentrar
la mirada de la academia, incorporar organismos internacionales y, en
especial, implementar proyectos en el ámbito de la sociedad civil vinculados
con el movimiento de mujeres en las últimas décadas. Los puntos de vista
de arquitectas, urbanistas y geógrafas feministas plantean la necesidad de
participar en la planificación y gestión de las ciudades no sexistas. Ejemplo
de ello es la Red Mujer y Hábitat de América Latina,8 que ha desarrollado
un notable esfuerzo por incorporar en las agendas de investigación y de
políticas públicas el tema de la seguridad de las mujeres en la ciudad. Como
resultado de precursores estudios es posible aseverar, según se indicó con
anterioridad, que los espacios exteriores y las calles devienen sinónimos de
peligro y hostilidad, que conviene evitar (Falú y Segovia, 2007). Más aún,
se afirma que, pese a las diferencias que se pueden documentar sobre las
percepciones del miedo por edad, raza o sexualidad, las mujeres en general
comparten un profundo temor en los espacios urbanos (Ortiz Guitart, 2007).
Esto queda evidenciado en las coincidencias interculturales en torno a las
características físico-territoriales con las cuales se asocia a los espacios más
riesgosos. La percepción del miedo también se relaciona simbólicamente con
otros, por ejemplo “jóvenes” de género masculino, los cuales constituyen un
grupo claramente identificable en el espacio barrial, quienes permanecen
en esquinas, circulan con mayor libertad por pasajes, calles y plazas, y se
transforman en un factor de riesgo y de escaso control espacial (Segovia,

8
La Red Mujer y Hábitat de América Latina se adscribe a la Coalición Internacional del Hábitat
(hic, por sus siglas en inglés) en la cual tiene representación en el Consejo de la misma desde
1988. Las instituciones miembros de la Red realizan experiencias tendientes a generar propuestas
que promuevan la equidad de género en el marco de las políticas, particularmente en el nivel de los
gobiernos locales. En este sentido, la Red tiene un trabajo acumulado a partir de la riqueza que le aporta
la diversidad de sus pertenencias, desde grupos de trabajo vinculados con organizaciones de la co-
munidad, organizaciones no gubernamentales involucradas en las prácticas del desarrollo, hasta
centros de investigación y capacitación.

28
Soto Villagrán

1996). Con todo, una de las principales consecuencias en la experiencia


urbana de las mujeres latinoamericanas tiene que ver con la restricción
de movimientos por la ciudad, así como con un empobrecimiento de las
relaciones sociales y la automarginación de los espacios de protagonismo
y de disfrute personal y social (Laub, 2007). Estas similitudes nos permiten
hablar de un imaginario urbano asociado con la experiencia de género. El
miedo opera un fantasma urbano, en el entendido de Silva, quien lo define
como “aquella presencia indescifrable de una marca simbólica en la ciudad,
vivida como experiencia colectiva, de todos o de una parte significativa de
sus habitantes, por la cual nace o se vive una referencia de mayor carácter
imaginario que de comprobación empírica” (Silva, 1992: 217).
Una espacialidad diferente vinculada con el mismo fenómeno es la vio-
lencia sexista que ha tenido lugar, al principio, en la invisibilidad de las pa-
redes de la casa, pero que poco a poco se ha trasladado hacia la vía pública,
los centros educativos, las zonas desoladas y desérticas: el feminicidio,9
una de las formas de violencia más radicales hacia el género femenino; sus
relaciones con la pobreza, el narcotráfico, la trata de personas, la migración,
hacen de este un problema de gran preocupación social, sin embargo, como
sostiene Massolo (2005), es el paradigma de insensibilidad, negligencia y
hostilidad de las autoridades gubernamentales ante él y los reclamos de
justicia. Incipientes en este sentido son los estudios que incorporan el
análisis espacial de este tipo de violencia (Fragoso Monárrez, 2000).
Finalmente, aunque se han implementado escasas investigaciones
para explorar la valoración de los aspectos imaginarios y simbólicos de la
ciudad, cabe mencionar algunos esfuerzos por vincular la construcción de
los imaginarios con la perspectiva de género. Una aproximación interesante
es la indagación de la imagen genérica de la ciudad fronteriza de Tijuana
(López, 2001), que muestra cómo la presencia de las mujeres ha formado
y transformado los procesos urbanos. El desarrollo de la prostitución, el
trabajo femenino en la industria maquiladora y el trabajo ambulante las

9
De acuerdo con la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, los feminicidios son crímenes de odio
contra las mujeres, crímenes misóginos acunados en una enorme tolerancia social y estatal ante la
violencia genérica. Esta perversidad está alentada por la impunidad. Al feminicido contribuyen de manera
criminal el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenirlo y
erradicarlo. Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no les crea condiciones
de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa y en los espacios de trabajo, de tránsito o de
esparcimiento. Suceden los feminicidios cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones
para evitarlos y sancionarlos.

29
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

reubica con un papel activo en el uso y apropiación del espacio urbano. Todo
esto repercute en la creación y recreación de representaciones femeninas de
la ciudad. A su vez son importantes las imágenes genéricas de los espa-
cios urbanos, como la asociación entre lo femenino y el barrio; imágenes
vinculadas directamente con estereotipos y roles de género (Segovia, 1996).

Para cerrar: hacia una perspectiva de género


en la investigación urbana

La experiencia e imagen de la ciudad es indudablemente múltiple y contra-


dictoria; los contactos con la diferencia y la alteridad no se experimentan de
manera homogénea, por el contrario, los posicionamientos de género, edad
y pertenencia territorial conllevan diferencias en los modos de vivir e imaginar
la urbe.
El pensamiento de género en los análisis urbanos, con todos sus matices,
ha demostrado la importancia y la riqueza de considerar la condición de
género como clave para interpretar la realidad espacial de nuestras ciu-
dades. La literatura emergente que hemos analizado ha evidenciado que
las desigualdades espaciales, al cruzarse con las diferencias de género, han
contribuido a mirar de forma renovada sus objetos de estudio: vivienda,
movilidad, migración, acción colectiva, inseguridad y violencia, pobre-
za, medioambiente, entre otros. Las investigaciones arrojan que todavía
persisten limitaciones materiales y simbólicas en la vida urbana de las
mujeres, pero también que los comportamientos espaciales de los hombres
y las mujeres en la ciudad dependen, en cierta medida, de su edad, etnia,
sexualidad, habilidades físicas, etcétera (Ortiz Guitart, 2007).
Queremos terminar haciendo hincapié en el potencial de las perspectivas
feministas en los estudios urbanos. Aunque el trabajo se encuentra en
desarrollo, la intención fundamental de este texto ha sido trazar algunos
puntos de reflexión teórica y empírica que señalan que la investigación
sobre la ciudad va teniendo mayor visibilidad en los estudios de género
y, paralelamente, la cuestión de género va logrando mayor visibilidad y
reconocimiento en las disciplinas dedicadas a la investigación en torno a la
ciudad.
Por supuesto aún quedan muchas preguntas por resolver, procesos por
develar y realidades que documentar. Hemos dibujado algunos caminos
analíticos (apenas el esbozo de un trazado introductorio a estas temáticas), no

30
Soto Villagrán

obstante, pensamos que hay aquí varias pistas para entender el momento por
el cual atraviesan ciertas continuidades y renovaciones en los estudios sobre
la ciudad y el género que hoy se desarrollan desde miradas interdisciplinarias.
Para cerrar este debate resulta vital enunciar algunos senderos y
horizontes a profundizar, pensando en los contextos latinoamericanos:
• Considerar las dimensiones de la sexualidad disidentes, en especial los
vínculos entre cuerpo, identidad de género y espacio; la invisibilidad
de grupos de personas que están al margen de las normas de género
hegemónicas, así como la manera en que se ha naturalizado la
heterosexualidad y con ello se ha reglamentado el uso del espacio.
Una interesante ruta de investigación en el ámbito latinoamericano
se puede conocer en el libro Geografias subversivas: discursos sobre
espaço, gênero e sexualidades, coordinado por Joseli Maria Silva (2009),
donde, entre otros temas, se analizan las experiencias espaciales de
sujetos que desafían el orden binario femenino-masculino. La ciudad
de los travestis, transexuales, drag queens, muestra la ciudad desde
los márgenes; la ciudad de los silenciados, excluidos y discriminados,
pero, al mismo tiempo, la ciudad de los cuerpos transgresores, en
permanente lucha por los derechos ciudadanos.
• Los estudios de la masculinidad en los espacios urbanos transforman
la idea previa de que el sujeto era sinónimo de mujer. De este modo,
si bien en los campos de análisis del género en los espacios urbanos
habían predominado las perspectivas centradas en las mujeres
(Quintero, 1999), se nota un reciente interés por abordar también la
construcción espacial de la masculinidad. En estos casos, el enfoque
parte del reconocimiento de que la masculinidad no está dada
naturalmente. Por el contrario, se registra una construcción social
formada por ideas acerca de lo masculino como opuesto a lo femenino,
la cual es producida y mantenida por diferentes instituciones –la
familia, la escuela, el Estado– y en distintos espacios –el doméstico, el
lugar de trabajo, las calles, entre otros.
• Analizar la situación de niños y niñas en los espacios públicos y privados
es una tarea pendiente en los estudios urbanos. El uso del espacio, la
sociabilidad, su presencia y comportamiento en los escenarios de la
urbe son sin duda un gran desafío, cuando la privatización de la vida
social, el uso de las tecnologías, la disminución del número de hijos,

31
Aproximaciones a la dimensión de género en los estudios urbanos

etc., son factores que problematizan el habitar de niños/as y jóvenes,


grupos sociales cuyas voces no habían sido muy atendidas como
partes de la vida social. Por ello permitirían ir desarrollando algunas
líneas de investigación en lo que se ha denominado geografías de la
infancia (Ortiz Guitart, Baylina y Prats, 2008).
• Si bien desde la década de los ochenta numerosas arquitectas,
urbanistas y sociólogas feministas han reivindicado sistemáticamente
la necesidad de participar en la planificación y gestión de las ciu-
dades, con el fin de hacerlas menos sexistas y más igualitarias,
aún hay un camino por recorrer en torno a la incorporación de la
dimensión de género en la planificación urbana. Es preciso continuar
profundizando en los efectos que tiene en la vida de las mujeres el
diseño predominantemente masculino del entorno urbano construido.
Además, deben analizarse casos donde los procesos de planificación
de la ciudad tengan perspectiva de género, lo que sin duda permitirá
valorizar la participación de mujeres, colectivos y organizaciones en
la recreación de espacios urbanos más habitables.

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Quintana Roo y la equidad de género
en el Poder Legislativo 1988-2012

María Verónica Ibarra García


Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Filosofía y Letras
maveroibar@gmail.com

Introducción

E l artículo muestra cómo el estado de Quintana Roo, respecto a otras enti-


dades federativas, se ha destacado por una mayor presencia de mu-
jeres tanto en la Cámara de Diputados federal como en el Senado de la
República; no obstante, a pesar de que las mexicanas obtuvieron el voto
hace 63 años (en 1953), aún se carece de igualdad en el acceso al poder
político en el Legislativo federal. Empero, Quintana Roo es la entidad que
más se acerca a la condición de igualdad de las mujeres en la Cámara de
Diputados y Senadores en toda la República Mexicana. Este es un estudio
desde la geografía feminista, es decir, una geografía política que toma posi-
ción por las causas de las mujeres.

Antecedentes

La participación de las mujeres en la esfera política no está a discusión, lo


que se ha limitado es su acceso al poder formal y a las estructuras de poder
del Estado. Históricamente se ha escatimado que las mujeres asuman el
poder y practiquen este derecho. La demanda femenina por acceder a los
derechos políticos es de larga data. Ya en el siglo xviii surgen de manera
explícita estas demandas en el contexto de la Revolución Francesa; dos de
las mayores exponentes fueron Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft: la
primera participó en el movimiento revolucionario francés y demandó por

39
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

escrito los derechos de las mujeres en 1791 en la Declaración de los De-


rechos Humanos de las Mujeres y de la Ciudadana –fue guillotinada el 3
de noviembre de 1793–, mientras que la segunda, una radical inglesa,
escribió La vindicación de los derechos de la mujer en 1792.
El feminismo occidental ha considerado que este movimiento ha
tenido tres olas de reivindicación, cada una de las cuales ha presentado
avances y frustraciones, pero que sin duda han conformado la genealogía
del feminismo. La primera fue generada en el contexto de la Ilustración, de
la que De Gouges y Wollstonecraft son referentes fundamentales.
La segunda fue instaurada por las sufragistas, donde destacan las
hermanas Stanton en Estados Unidos, quienes organizaron la Convención
de Seneca Falls en el estado de Nueva York en 1848. Esta segunda ola tuvo
además que enfrentar al movimiento romántico, que colocaba a la mujer
como inspiración, pero no como actriz fundamental del devenir político,
social, económico y cultural.
Este movimiento liberal tuvo como contraparte el movimiento femi-
nista de corte socialista encabezado por Flora Tristán, francesa que
escribió Unión obrera en 1846 y quien tuvo una estancia en Londres, ex-
periencia que le permitió realizar Paseos por Londres, donde describe las
condiciones de vida de la clase trabajadora frente a la clase burguesa
(De Miguel Álvarez, 2005: 301). También sobresalen August Bebel, obrero
y líder socialista alemán que escribió La mujer y el socialismo en 1879,
así como dos feministas socialistas: la importante activista alemana Clara
Zetkin y la revolucionaria rusa Alejandra Kollontai –la cual, cuando triunfó
la revolución rusa, fue enviada como primera embajadora de la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (urss) a México–, que publicó La mujer
nueva y la moral sexual. Esta ala del movimiento feminista reivindicaba el de-
recho a la educación de las mujeres, además de mejores condiciones
laborales como mejores salarios, ocho horas de trabajo al día y derecho a
huelga, entre muchas otras demandas.
En este contexto de la segunda mitad del siglo xix y la primera del xx
se ubica el movimiento sufragista mexicano con algunas variantes, ya que en
la segunda década del siglo xx se desarrolló la revolución en el país y una
gran cantidad de mujeres participó en ella, pero no así en la reconfigu-
ración del Estado desde puestos de poder. A finales del siglo xix había
mujeres mexicanas que se organizaban en contra del gobierno de Por-
firio Díaz y escribían textos para dejar clara su postura respecto a la
dictadura, por lo que si bien no podemos decir que abogaban por el derecho
40
Ibarra García

específico de las mujeres al voto, sí estaban inmersas en demandas de-


mocráticas de corte liberal. Sin embargo, el proceso colocó a la población,
mujeres y hombres, en otra escala del movimiento social: un movimiento
revolucionario, después del cual se habría de constituir el nuevo Estado,
proceso en el que las mujeres fueron marginadas.
En el sureste mexicano se presentó con mayor nitidez la demanda
de las mujeres por el derecho a elegir y ser electas, y fue en los niveles
municipal y local donde se reconoció ese derecho. Así, en 1922 fue electa
regidora por Mérida la profesora Rosa Torres y como diputadas locales
del Congreso yucateco Elvira Carrillo Puerto, Raque Dzib Cicero y Beatriz
Peniche de Ponce. Empero, no pudieron asumir el cargo ante el asesinato
del entonces gobernador socialista Felipe Carrillo Puerto, hermano de
Elvira y quien apoyaba tales iniciativas.
Mientras tanto, en el plano federal otras mujeres demandaban su
derecho a elegir y ser electas, por ejemplo Hermila Galindo, quien incluso
llegó a postularse como candidata a diputada en 1918, y, aunque no estaba
explícitamente prohibido, tampoco estaba escrito que las mujeres podían
ser electas para puestos de poder político. A estos casos más bien aislados,
en cuanto a reconocimiento, pero sustentado en la tradición feminista de
por lo menos 140 años, en las décadas de los treinta y cuarenta del siglo xx
siguió un movimiento más amplio y articulado de mujeres que demandaban
el derecho al voto; sin embargo, apelando a las lecturas esencialistas de
que las mujeres son conservadoras, los gobiernos posrevolucionarios
retrasaron este derecho de las ciudadanas. El movimiento sufragista mexi-
cano obtuvo logros paulatinos: el 17 de febrero de 1947 se reconoció el dere-
cho al voto para elegir presidentas municipales (Tuñón, 2002: 75); más
adelante se dio como válida la participación de las mexicanas en las elec-
ciones para diputadas locales y, finalmente, en 1953 se otorgó el voto a las
mujeres para elegir presidente de la República.
Al llegar los años cincuenta del siglo xx se presentó en el plano in-
ternacional la tercera ola del movimiento feminista caracterizada por
grandes avances en la esfera académica e intelectual de las feministas.
Un hito en esta fase fue marcado por la filósofa Simone de Beauvoir, quien
publicó El segundo sexo en 1949. La transformación de las mujeres en el
ámbito laboral y personal con base en el uso de la pastilla anticonceptiva
fue trascendente para millones de ellas. Esta ola también se encuentra
constituida por la inserción de las mujeres como sujetos de análisis dentro
de las humanidades y las ciencias sociales; la filosofía, la antropología, la
41
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

sociología, la psicología, la economía y la geografía plantearon el estudio


de las problemáticas que les atañen y las estructuras de poder patriarcal
que sustentan su dominación.

Geografía feminista

La visibilidad de las mujeres en los estudios geográficos llegó de manera


tardía, injustificable pero explicable dadas las características del saber
geográfico, las condiciones sociales del movimiento feminista, así como el
bagaje acumulado en las feministas inmersas en el ámbito académico, y
en la tradición feminista de las anglosajonas.
En los años sesenta, el geógrafo sueco positivista Törsten Hager-
stran llevó a cabo una investigación urbana de movilidad en la ciudad,
considerando los fragmentos de espacio y tiempo ocupados por la pobla-
ción en las urbes, e incorporando la variable mujeres; los resultados
arrojaron que estas tenían una mayor movilidad urbana, así como un
mayor número de segmentos en menor tiempo, mientras que los segmen-
tos de espacio-tiempo de los hombres eran menores en distancia y de
segmentos temporales más amplios, en consecuencia, las mujeres se
veían impedidas a realizar actividades para ellas, ya que todo lo que hacían
estaba asociado con su rol de madres y amas de casa: llevar a los niños
a la escuela, ir al supermercado, efectuar pagos y compras, regresar por
los niños a la escuela y por la tarde llevarlos a actividades extraescolares
(deportes, visitas al médico o al dentista, entre otras).
Los resultados que obtuvo este geógrafo positivista no pasaron desa-
percibidos para las geógrafas anglosajonas, en quienes provocaron una
serie de interrogantes respecto a sus colegas: ¿Cuántas eran? ¿Qué cargos
ocupaban? ¿En dónde se encontraban? ¿Qué estaban trabajando? Asimismo
cuestionaron la definición tradicional de geografía: “es la ciencia que
estudia las relaciones entre el hombre y el medio”, preguntándose si esta
incluía a las mujeres y concluyeron que no, dando así comienzo en los años
setenta a la geografía feminista, principalmente en la escuela anglosajona
de geografía, con artículos en publicaciones periódicas.
El primer libro de geografía feminista fue editado en 1984, resultado
del Women and Geography Study Group, constituido formalmente en 1982
por Sophia Bowlby, Jo Foord, Eleonore Kofman, Jane Lethbridge, Jane
Lewis, Linda Macdowell, Janet Momsen, John Silk y Jacquelin Tivers. Entre

42
Ibarra García

las temáticas analizadas se hallaban: teoría y práctica de la geografía y el


feminismo, estructura urbana espacial, mujeres y empleo, mujer y desa-
rrollo, feminismo y métodos de enseñanza e investigación en geografía.
Este estudio lo ubicamos como una geografía electoral con perspectiva
feminista, es decir, un análisis de la participación política de las mujeres
para evidenciar la inequidad de género de que son sujetas en su acceso
al poder federal a través de la Cámara de Diputados. Se eligió esta escala y
este poder porque se considera de mayor importancia la deliberación sobre
temas fundamentales de la vida de las mujeres: asignación de presupuestos,
leyes de acceso a una vida libre de violencia, leyes de igualdad de acceso a
oportunidades, entre muchos otros asuntos que se definen en el Poder
Legislativo. Otro elemento que se tuvo en cuenta es que prevalecen los es-
tudios de mujeres en el poder dentro de la escala municipal, además de
que en general se realizan estudios de caso, pero no comparativos espa-
cialmente, por ello en este trabajo se estableció que el objetivo era
identificar los espacios con mayor participación política de las mujeres en
el acceso al Poder Legislativo federal, así como las entidades con menor
participación, observando que la entidad con mayor presencia femenina
en este nivel es Quintana Roo.

Mexicanas en el Poder Legislativo federal

En el caso de México, la demanda de acceso a votar para elegir y ser electas


se ha registrado de manera constante. Una vez logrado el objetivo en 1953, se
inició la batalla por integrarse de manera real y no solo formal. Aunado a
la problemática de marginación de las mujeres, México vivió el predominio
del Partido Revolucionario Institucional (pri) durante setenta años en las
tres escalas de poder: federal, estatal y municipal. El sistema político me-
xicano se ha catalogado como uno presidencialista autoritario, por lo cual
las elecciones federales y locales representaron hasta hace muy poco –a
partir de las elecciones de 1988, dada la mayor competitividad que se pre-
sentaba en el panorama político electoral– un verdadero campo de estudio.
Cabe apuntar que el Poder Legislativo está integrado por dos cámaras,
la de Diputados y la de Senadores. La primera está conformada por 300
distritos de representación de mayoría relativa y 200 de representación
proporcional; la distritación se realiza de acuerdo con la cantidad de po-
blación por estado, así queda asignado el número de distritos por entidad.

43
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

Por su parte, los diputados de representación proporcional son el resultado


de la reforma electoral de 1977, la cual tuvo su origen en la falta de democracia
que vivía México, lo que llegó al extremo cuando en la elección federal de
1976 hubo solo un candidato a la Presidencia de la República, por lo cual el
sistema vio en riesgo la legitimidad política; en consecuencia, se estableció
la representación proporcional en 200 legisladores que se integran a la
Legislatura de acuerdo con la cantidad de votos recibidos por los partidos
políticos, con base en una lista elaborada por circunscripción (delimitación
que agrupa a un número de entidades para efectos electorales). De esta
manera se constituye una Cámara Baja de 500 diputados.
La Cámara de Senadores estaba conformada por 64 senadores, dos por
cada estado, hasta que en 1994 se incrementó el número a 128, tres por cada
entidad federativa, que se eligen por mayoría relativa; los 32 restantes se
eligen por representación proporcional en lista cerrada. Así se integran
cuatro senadores por cada entidad. Quintana Roo tenía dos distritos elec-
torales hasta 2004, cuando se realizó una redistritación que le otorgó un
distrito más. Por estos cambios es que se trabaja con porcentajes para hacer
comparable el incremento o disminución del total de mujeres respecto al
total de diputados federales por entidad.
La participación de las mujeres en el Legislativo federal ha ido en
aumento de manera paulatina pero constante en términos generales, sin
embargo, también se observan algunos puntos de quiebre; por ejemplo, en
las elecciones de 1991 para diputados presentó un retroceso de casi 3 %,
siendo la misma elección una regresión para las senadoras, que mostraron
una pérdida de casi siete puntos porcentuales, al igual que en 1997, otras
elecciones intermedias, como se aprecia en el cuadro 1.

Cuadro 1. Mujeres en el Poder Legislativo 1988-2012


1988 1991 1994 1997 2000 2003 2006 2009 2012
Diputadas 60.0 42.0 68.0 78 83.0 116.0 122.0 131.0 187.0
% 12.0 8.4 13.0 15 16.0 23.2 24.4 26.2 37.4
Senadoras 10.0 5.0 14.0 9 20.0 20.0 31.0 28.0 44.0
% 15.6 7.8 10.9 7 15.6 15.6 24.2 21.8 34.3
Fuente: Elaboración propia con base en Fernández Poncela (1995) hasta 1994. De 1997 a 2012: datos
de la Cámara de Diputados.

44
Ibarra García

Un elemento a considerar para este análisis son las demandas de las


mujeres con perspectiva feminista o de género que contribuyeron a desa-
rrollar transformaciones en la legislación electoral para lograr un mayor
acceso de las mujeres al Poder Legislativo; una vez que hubo más com-
petitividad electoral, se incrementó la demanda de las mujeres a una
mayor equidad de género, lo cual se concretizó en la firma que el Estado
mexicano realizó en 1995 en la Conferencia de Beijing y que orilló al
establecimiento de la cuota de género que entraría en vigor en la elección
de 2002. Así se determinó que ningún género debía tener más de 70 % en
las listas para acceder al Poder Legislativo. Establecida la cuota de género
en 2002, la primera elección con esta nueva reglamentación fue en las
federales de 2003, aún observando espacios de gran desigualdad en la
participación formal de las mujeres en el poder.
En 2009 un grupo de legisladoras renunció a su cargo luego de haber
obtenido el triunfo como diputadas federales, quedando en su lugar sus
suplentes –todos hombres–, perdiendo así las mujeres presencia en la
Cá-mara de Diputados. Este episodio, conocido como el de las juanitas,
fue uno de los más frustrantes para los movimientos feministas y para
todas aquellas mujeres y todos aquellos hombres que habían luchado
por el acceso de las mujeres al Poder Legislativo, constituyendo uno de
los mecanismo que encontraron los partidos políticos de todas las orien-
taciones para “cumplir” con la ley de cuotas: llevar a mujeres como
candidatas propietarias y hombres como candidatos suplentes; una vez que
se ha ganado la elección y asumido el cargo, la mujer renuncia y es suplida
por el hombre –esto ocurrió en ambas cámaras y en todos los partidos.
Esta situación provocó la indignación de muchas mujeres y hombres con
una mirada feminista, lo que impulsó una modificación al Código Federal de
Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) en noviembre de 2009:
se establece que la cuota sube de 30 a 40 % para el caso de postulaciones
de candidaturas al Senado y a la Cámara de Diputados.
El Cofipe, en sus artículos 219, 220 y 221, registró el cambio, resultado
del incumplimiento de los partidos políticos para integrar a las mujeres
como candidatas al Poder Legislativo, a pesar de estar reglamentado y de
que más de 50 % del padrón electoral son mujeres.
Para este estudio se analizó a las mujeres que llegaron al Poder
Legislativo federal por entidad federativa, al tiempo que se consideró el
número total de escaños por entidad federativa, lo que nos permitió

45
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

establecer cinco rangos de mujeres en el Poder Legislativo: muy alto (100-


80 %), alto (80-60 %), medio (60-40 %), bajo (40-20 %) y muy bajo (20-0 %).
Así, el rango medio mostraría una verdadera igualdad en el poder entre
mujeres y hombres, en tanto los extremos de los rangos evidenciarían
mayor desigualdad con referencia a un género. A partir de esa información
se elaboraron mapas por elección federal electoral cada tres años, lo cual
hizo posible identificar a las entidades que han presentado las condiciones
más favorables y desfavorables de las mujeres en el Legislativo federal.

Mujeres de Quintana Roo en el Poder Legislativo federal

Quintana Roo exhibe una consistencia favorable en la presencia de mujeres


en el Legislativo federal en ambas cámaras. Por ello es preciso señalar
que, dada la alta marginación que han sufrido las mujeres en su inserción
al poder formal, la participación femenina media y alta que ha mostrado el
estado es una muy buena noticia y representa el mejor posicionamiento
respecto al resto de las entidades.
Una de las dos últimas entidades en pasar a formar parte del pacto
federal fue Quintana Roo, que hasta 1973 era considerado territorio fede-
ral, por lo cual carecía de un gobierno estatal y diputados locales. No
obstante, se votaba por diputado federal y desde 1964 tenía presencia
en la Legislatura Federal con un diputado por un único distrito que repre-
sentaba al estado.
En esta escala encontramos mujeres desde la XLVI Legislatura, de
1964 a 1967: Luz María Zaleta de Elsner, quien fue la primera mujer quin-
tanarroense en fungir como diputada federal, además de ser la primera en
responder un informe presidencial, en 1966, en la administración enca-
bezada por Gustavo Díaz Ordaz (Lavalle Torres, 2009: 148-149). Tuvieron
que pasar 15 años para que otra mujer lograra ser diputada federal: Sara
Esther Muza Simón llegó a la LII Legislatura, de 1982 a 1985 (Lavalle Torres,
2009: 152-153). A partir de entonces, siempre han tenido representantes
en la Cámara de Diputados federal, no así en la de Senadores, donde han
estado presentes en las siguientes legislaturas: 1988-1994, 2000-2006,
2006-2012 y 2012-2015.
En este estudio, ubicado a partir de 1988, observamos que Quintana
Roo mantiene desde entonces la presencia de mujeres en cargos del
Legislativo federal, como puede advertirse en las figuras 1 y 2.

46
Ibarra García

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Los diputados de la


nación II. Índice por estado y Legislatura”, 1994.

Figura 1. Diputadas en la LIV Legislatura, en porcentaje, 1988-1991

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Los diputados de la


nación II. Índice por estado y Legislatura”, 1994.

Figura 2. Diputadas en la LV Legislatura, en porcentaje, 1991-1994

47
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

Durante la LIV Legislatura, de 1988 a 1991, las dos entidades que


destacaron fueron Colima y Quintana Roo, las cuales exhibieron entre 40
y 60 % de participación de mujeres en el Poder Legislativo, o sea, un rango
medio. Es pertinente contextualizar, ya que ambas entidades estaban
integradas únicamente por dos distritos electorales federales, por lo que
si solo una mujer lograba llegar a la cámara federal representaba ya un
rango medio, sin embargo, otras entidades en las mismas condiciones no
postulaban a ninguna mujer, mientras en el caso de ambos estados eran
candidatas propietarias en distritos ganadores. Además, ambas entidades
también contaban con una senadora por entidad –María Cristina Sangri
fue la primera senadora por Quintana Roo–, y eran bastiones del pri.
A excepción de las dos entidades mencionadas, en el resto del país
era muy escasa la presencia de mujeres; predominaba el rango de muy
bajo por entidad, es decir, menos de 20 % de representación de mujeres
de la totalidad que integraban a la entidad; 25 entidades se localizaban en
este rango, en tanto cinco mostraban un rango bajo.
No obstante el avance de la entidad caribeña, el panorama nacional no
era nada alentador. En las denominadas elecciones de recuperación para
el pri, de 1991-1994, se observó un serio retroceso en la participación feme-
nina; aunque no fue el caso de Colima y Quintana Roo, pues ambos se
mantuvieron con una diputada federal y senadoras que fueron elegidas por un
periodo de seis años en el Poder Legislativo. La diputada federal en Quintana
Roo fue Sonia Magaly Achach Solís, del pri, quien era lideresa de las nuevas
colonias populares del municipio de Benito Juárez, el cual había crecido de
manera vertiginosa por la atracción del centro turístico de Cancún. Así, las
dos entidades conservaron la presencia femenina en la Legislatura federal,
con un rango medio, y solo Tabasco exhibía un rango bajo; por su parte, las
29 entidades restantes tuvieron una muy baja presencia de mujeres en la Cá-
mara de Diputados. Fue sin duda el peor trienio respecto a la participación
femenina en el Poder Legislativo federal.
La elección de 1994 representó una recuperación en el acceso de las
mujeres al Legislativo federal, como muestra la figura 3, sobresaliendo
Quintana Roo, que por primera vez tenía un rango alto (entre 60 y 80 %),
pues sus dos distritos electorales llevaron a mujeres como propietarias,
ambas por el pri: Sara Esther Muza Simón y María Virginia Betanzos Moreno.
En ese trienio perdió a la representante en la Cámara de Senadores, pero
en la de Diputados manifestó primacía sobre Colima, con quien había
compartido los primeros lugares.

48
Ibarra García

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Directorio oficial


1996-1997 LVI Legislatura”, 1997.
Figura 3. Diputadas en la LVI Legislatura, en porcentaje, 1994-1997

En la Legislatura de 1997 a 2000 se conservó la tendencia de recupe-


ración del número de mujeres en el Poder Legislativo, sin embargo, fue
un proceso lento –la figura 4 muestra ese avance–, que coincidió con la
firma de la Conferencia de Beijing en 1995, donde se estableció impulsar
la paridad en las estructuras de poder, un reto que debía cumplirse en
diez años. México aún se encontraba muy lejos de llegar a 30 % de repre-
sentación femenina en el Poder Legislativo.
De nuevo destacó Quintana Roo entre las entidades de la República
respecto a la presencia de mujeres en este nivel de gobierno, sobre todo
porque para la mayoría de ellas fue muy bajo el número de escaños que
ocupaban las mujeres en la Cámara de Diputados, seguido de un porcentaje
bajo, y en ese contexto tan desalentador el hecho de que Quintana Roo se
colocara en un rango medio era una ganancia, porque aunque descendió
de alto a medio, se ubicaría en donde está establecida la igualdad en 40-
60 % del total de diputadas por entidad.
Addy Joaquín Coldwell fue diputada por el pri, mientras que Elba
Margarita Capuchino Herrera lo fue por el Partido de la Revolución
Democrática (prd). Cabe destacar que esta última llegó por el principio de
representación proporcional, es decir, por ser primera minoría en la entidad.
Aquí se observa cómo colocar a una mujer en la lista de representación

49
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Álbum fotográfico


Cámara de Diputados LVII Legislatura”, 1999.

Figura 4. Diputadas en la LVII Legislatura, en porcentaje, 1997-2000

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en <www.cddhcu.gob.mx/servddd>, 2006.

Figura 5. Diputadas en la LVIII Legislatura, en porcentaje, 2000-2003

50
Ibarra García

para primera minoría ayuda a la entidad a seguir bien posicionada como un


espacio con mayor equidad de género respecto al resto de las entidades
de la Federación. No obstante, prevaleció la ausencia de senadoras para el
estado, después de haber sobresalido por su participación femenina en la
Casona de Xicoténcatl.
Para la elección de 2000-2003 (véase figura 5) se advirtió un ligero
avance en cuanto a la presencia de mujeres en la Cámara Baja, mostran-
do una dicotomía interesante: entidades con un rango muy bajo (menos de
20 %) de mujeres en la Cámara de Diputados y otras con un rango medio
(entre 40 y 60 %), o sea, aquellas en igualdad. En ese trienio se plasmó jurí-
dicamente lo signado en la Conferencia de Beijing, al establecer la cuota
de género de 30 % mínimo para las mujeres, misma que se haría efectiva
para las elecciones de 2003.
Después de nueve años, Quintana Roo volvió a tener una representante
en la Casona de Xicoténcatl: Addy Joaquín Coldwell, por el pri; asimismo, la
entidad se mantuvo con una presencia media en el número de diputadas,
sin embargo, en ese trienio estas fueron del Partido Acción Nacional (pan):
Mercedes Hernández Rojas, quien llegó por elección, y Alicia Concepción
Ricalde Magaña, quien asumió el puesto porque el titular, Ignacio García
Zalvidea, solicitó licencia para contender por la presidencia municipal de
Benito Juárez (Lavalle Torres, 2009: 162).

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Integración


de Comisiones, LIX Legislatura”, 2006.
Figura 6. Diputadas en la LIX Legislatura, en porcentaje, 2003-2006

51
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

Para la LIX Legislatura, de 2003 a 2006 (véase figura 6), Quintana Roo
se mantuvo en el rango medio de mujeres con presencia en la diputación
federal por entidad; nuevamente una mujer panista llegó por el principio
de representación proporcional, la diputada federal Irene Herminia Blanco
Becerra, y, un año después, la priísta María Concepción Fajardo Muñoz
pasó de suplente a titular de la diputación cuando Félix González Canto
solicitó permiso para contender por la gubernatura del estado. Además,
Quintana Roo conservó una senadora. Aquí cabe señalar que entidades
colindantes con ese estado avanzaron en cuanto a la presencia de mujeres
en el Poder Legislativo, como Campeche y Yucatán, que obtuvieron un
rango medio, en el cual Quintana Roo se había sostenido durante tres
trienios.
En la siguiente Legislatura federal (2006-2009), Quintana Roo exhibió
un gran adelanto respecto a sí misma y al resto de la Península, pues
alcanzó el rango de muy alto en participación política de mujeres –es la
única entidad que lo ha logrado–. En esta Legislatura fueron tres las dipu-
tadas federales: Yolanda Garmendia Hernández y Addy Joaquín Coldwell
por el pan, y Sara Latife Ruiz Chávez por el pri, así como una representante
al Senado: Lu-divina Menchaca Castellanos, de la coalición del pri y el
Partido Verde Ecologista de México (pvem). Es importante reconocer
que la Península de Yucatán también mostró esa tendencia positiva,
ya que durante esa legislatura Campeche obtuvo el rango de alto en la
presencia de diputadas federales por entidad, además de contar con una
representante en la Cámara de Senadores, mientras que Yucatán solo
alcanzó el rango bajo pero logró colocar dos mujeres senadoras –es la
primera entidad que lo hace en el sureste mexicano–. Así, en ese trienio
se observó un progreso significativo en la Península de Yucatán respecto
al resto del país, aun cuando se notó un avance general de la presencia
de las mujeres, como se aprecia en la figura 7.
Ahora bien, para la LXI Legislatura, de 2009 a 2012 (véase figura 8),
Quintana Roo regresó al rango medio en la Cámara de Diputados federal,
ya que de uno muy alto con tres diputadas federales y una senadora, pasó
a dos diputadas en la nueva Legislatura, ambas por el pri: Rosario Ortiz
Yeladaqui y Susana Hurtado Vallejo –esta última se asumió como diputada
propietaria ante el permiso que solicitó el titular para contender por el
gobierno estatal.
En la elección de 2012, la entidad eligió a tres diputadas federales: una
por mayoría relativa, Graciela Saldaña, por el prd; y dos por representación
52
Ibarra García

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en H. Cámara de Diputados, “Diputados federales


2006-2009. Tercer año de ejercicio constitucional. LX Legislatura. 2009” <www.
diputados.gob.mx>, 2011.

Figura 7. Diputadas en la LX Legislatura, en porcentaje, 2006-2009

Porcentaje
Muy alto
Alto
Medio
Bajo
Muy bajo

Fuente: Elaboración propia con base en <www.diputados.gob.mx>, 2011.

Figura 8. Diputadas en la LXI Legislatura, en porcentaje, 2009-2012

proporcional, Lizbeth Loy Gamboa Song, por el pri, y Alicia Concepción


Ricalde Magaña, por el pan; a la vez que el prd postuló una senadora: Luz
María Beristain Navarrete. Entonces se observa que Quinta-na Roo sigue
siendo la entidad con una presencia constante de mujeres en la Cámara
de Diputados federal, llegando de nuevo al rango de muy alta participación
femenina en el Legislativo federal.

53
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

La pregunta obligada es: ¿qué elementos deben ser considerados


como variables explicativas de la alta representación femenina? Entre ellas
se encuentran la cultura política, el nivel de desarrollo socioeconómico,
el estatus de las mujeres, la fuerza y autonomía del movimiento feminista
y la institucionalización partidaria (Jones, 2008: 71 cit. en García Fajardo,
2011: 72).
Lo que advertimos es que para Quintana Roo se está conformado una
cultura de participación de las mujeres en el Poder Legislativo federal,
donde el pri fue el iniciador pero que se ha extendido a otros partidos polí-
ticos, como lo evidencia la creciente presencia de mujeres panistas.
Respecto al estatus, tenemos el caso de Addy Joaquín Coldwell,
quien, independientemente del partido en el cual milite, es una candidata
propietaria, dado el estatus político-económico de su familia, más allá de
la tradición política de su hermano: Pedro Joaquín Coldwell (segundo gober-
nador del estado y destacado priísta). Empero, es necesario realizar trabajo
de corte cualitativo que permita avanzar en esta línea de investigación del
resto de las legisladoras.
En cuanto a la presencia y fortaleza del movimiento feminista o de mu-
jeres, un elemento que sin lugar a dudas ha permitido el avance de las
mujeres en la Legislatura es la institucionalización electoral con perspectiva
de género, misma que ha presionado a los partidos porque estos han care-
cido de voluntad política para incorporar de manera equitativa a la mujeres,
no obstante las modificaciones establecidas en el Cofipe para postular a
mujeres a cargos legislativos por dos vías: colocándolas en los primeros
lugares de las listas de representación proporcional, pero también de pro-
pietarias en los distritos ganadores por partido. En ese sentido, las elec-
ciones de 2006 y 2009 fueron precedentes en los cambios al Cofipe en su
artículo 219, ya que se determinó que ningún género debía tener más de 60 %.
Marzo y abril de 2012 fueron meses de numerosas quejas de mujeres
que denunciaban ante el Tribunal Federal Electoral (Trife) el incumplimiento
de los artículos 219, 20 y 212 del Cofipe. El Trife falló en favor de ellas,
por lo que estableció que los partidos políticos debían cumplir con tales
estipulaciones y dio un plazo para incorporar al número de mujeres seña-
lado por el Cofipe. Este adelanto fue posible gracias a las políticas que
demandaron ante las instancias correspondientes el cumplimiento de
la ley, entre ellas María de los Ángeles Moreno Uriaga (Distrito Federal),
María Elena Chapa Hernández (Nuevo León), Laura Cerna Lara (Estado de

54
Ibarra García

México) y María de las Nieves García Fernández (Oaxaca), del pri; María
Cruz García Sánchez (Hidalgo), Refugio Esther Morales (Estado de México),
María Fernanda Rodríguez Calva (Distrito Federal) y Martha Tagle (Pue-
bla), del Movimiento Ciudadano; María Juana Soto Santana (Distrito
Federal), de Convergencia, y Rocío Lourdes Reyes Willie (Distrito Federal),
de Nueva Alianza.
Por lo que observamos, el avance en la institucionalización electoral
(no partidista) con perspectiva de género se afianza cuando llegan mujeres
con tal perspectiva, que a su vez pudieron llegar por la brecha que abrieron
otras mujeres, lo cual, aunado a la cultura política de participación feme-
nina en su arribo al poder, redundará en una mayor presencia no solo de
mujeres al Legislativo, sino de mujeres feministas.
Ahora bien, la existencia de un movimiento feminista bastante con-
solidado en la escala federal, al articularse con una cultura política local
que facilita la participación de las mujeres, y con movimientos en la esfera
local que implican a los medios de comunicación masiva, la academia y los
movimientos populares, hace posible una permanente presencia de mu-
jeres en el Poder Legislativo, como lo evidencia Quintana Roo.

Conclusiones

Según hemos apreciado, la participación política de las mujeres en México


se ha incrementado de forma paulatina pero constante como resultado de
las demandas del movimiento feminista, ayudado por la presión de actores
extranacionales, como la Conferencia de Beijing, lo que orilló al Estado
mexicano a establecer cuotas mínimas de 30 % para un género.
En la escala federal, el objetivo de 30 % de un género se logró hasta la
elección de 2012, pero si hacemos la evaluación por entidad federativa, el
único estado que sin necesidad de cuota lo alcanzaba era Quintana Roo,
que cumple de manera regular desde 1988, es decir, contribuye con
la equidad de género, aunque eso no significa necesariamente que las
mujeres que hayan llegado sostengan propuestas de género o de corte
feminista.
Sin duda, se ha avanzado en cuanto a la presencia femenina en el
Legislativo federal, y Quintana Roo es un referente nacional, pero aún se
precisa realizar una serie de estudios que permitan mayor comprensión del
acceso al poder por parte de las mujeres desde una perspectiva espacial,

55
Quintana Roo y la equidad de género en el Poder Legislativo 1988-2012

al tiempo que evaluar el quehacer de las legisladoras, para progresar e


impulsar una mayor equidad espacial de las mujeres en su arribo al poder,
demanda registrada desde cuando menos 200 años.

Fuentes consultadas

Fernández Poncela, A. M. (1995). “Participación social y política de


las mujeres en México: un estado de la cuestión”, en Anna M.
Fernández Poncela (comp.). Participación política: las mujeres en
México al final del milenio. México: El Colegio de México, 23-84.
García Fajardo, S. (2011). “Evaluar la ciudadanía: impacto del sistema
electoral en la representación política de las mujeres en el ámbito
legislativo. Estudio de cinco legislaturas en el Estado de México
(1996-2009)”, en Mónica Cejas y Ana Lau Jaiven (coords.). Muje-
res y ciudadanía en México. Estudios de caso. México: Ítaca/
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco/Consejo Nacio-
nal de Ciencia y Tecnología, 67-121.
Lavalle Torres, C. (2009). La mitad del poder. Asignatura pendiente en
Quintana Roo. Participación política de las mujeres en cargos de
elección popular. Poderes Ejecutivo y Legislativo. México: Instituto
Nacional de las Mujeres/Instituto Quintanarroense de las Mujer/
Gobierno del Estado de Quintana Roo.
Miguel Álvarez, A. de (2005). “La articulación del feminismo y el socialismo:
el conflicto clase-género”, en Celia Amorós Puente y Ana de Miguel
(eds.). Teoría feminista: de la Ilustración a la globalización. V. I De la
Ilustración al segundo sexo. Madrid: Minerva, 295-332.
Tuñón, E. (2002). ¡Por fin… ya podemos elegir y ser electas! El sufragio
femenino en México, 1935-1953. México: Plaza y Valdés/Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de
Antropología e Historia.

56
Transversalización de la perspectiva de género.
Vicisitudes de un diplomado en la Universidad de Quintana Roo

María Eugenia Salinas Urquieta


División de Ciencias Sociales
y Económico Administrativas
Universidad de Quintana Roo
salinasurquieta.mariaeu@gmail.com

Resumen
En 1997, Naciones Unidas definió el concepto de transversalización de la perspectiva
de género como el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y
para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas
o programas, en todas las áreas y en todos los niveles. Constituye una estrategia para
conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres sean parte integrante
en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los
programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que las
mujeres alcancen igualdad sustantiva frente a los hombres. En este contexto, la Red de
Estudios de Género del Sur-Sureste de México (Regen) construye un diplomado dirigido a
funcionarias y funcionarios públicos para incidir en las políticas públicas de los gobiernos
de la región, el cual se concreta en el segundo semestre de 2010 en el estado de Quintana
Roo auspiciado por la Universidad de Quintana Roo.
Palabras clave: transversalización, género, políticas públicas.

Abstract
Mainstreaming a gender perspective is the process of assessing the implications for
women and men of any planned action, including legislation, policies or programmes,
in any area and at all levels. It is a strategy for making the concerns and experiences of
women as well as of men an integral part of the design, implementation, monitoring and
evaluation of policies and programmes in all political, economic and societal spheres, so
that women and men benefit equally, and inequality is not perpetuated. The ultimate goal
of mainstreaming is to achieve gender equality.
Key words: Mainstreaming, gender.

57
Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

Introducción

E n septiembre de 2010 se lleva a cabo el primer diplomado de políticas


públicas con perspectiva de género, elaborado por la Red de Estudios
de Género del Sur-Sureste de México (Regen) en las instalaciones de la
Universidad de Quintana Roo (uqroo). Se pretendía incidir en las políticas
públicas elaboradas por el gobierno del estado para favorecer el mejora-
miento de las condiciones de vida de la población femenina. Para ello era
necesario analizar la situación de las mujeres y niñas así como de las rela-
ciones de género en todos los ámbitos. Se buscaba dotar de herramientas
teóricas y metodológicas básicas a las y los funcionarios a efecto de que
pudieran incorporar esta dimensión de análisis en su ámbito profesional,
laboral e institucional.
No fueron pocas las dificultades para llevar a cabo este proyecto, sin
embargo, también abundaron las circunstancias que propiciaron su desa-
rrollo, y es precisamente de todo ese proceso del que queremos dar
cuenta en este relato, de los tropiezos, errores, reformulaciones, pactos,
compromisos y rupturas que acaecieron durante esos días, semanas y
meses, procurando no dejar fuera nada de lo que realmente fue importante,
incluyendo los fenómenos climáticos y geográficos que impactaron nuestro
trabajo de aquellos días, como los huracanes o la insuficiente red de trans-
porte aéreo y de todo tipo para llegar a Chetumal, ese último rincón de la
república mexicana.

Método

Lo que presento en este documento es la narrativa de la experiencia que


como coordinadora del diplomado tuve durante su transcurso, desde
la decisión de concertar acuerdos y compromisos con la directora en
aquel entonces del Instituto Quintanarroense de la Mujer (iqm), Cecilia
Loria, hasta el final de la evaluación y la entrega de constancias a las
y los participantes. Es importante señalar que, desde su gestación, este
proyecto fue colectivo; su primera formulación correspondió a las doctoras
Consuelo Sánchez, Dolores Molina y Gloria Zafra, de la Universidad
Autónoma de Campeche (uac), El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y la
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (uabjo), respectivamente,

58
Salinas Urquieta

por lo que también fue un proyecto interinstitucional e interdisciplinario


desde su origen.
En el cuadro 1 se muestran los temas que se expusieron y discutieron
a lo largo del proceso de construcción de conocimientos, así como el nom-
bre de las personas responsables de todas y cada una de las sesiones.

Cuadro 1. Temas y cronograma del diplomado

Temáticas Fechas 2010


Módulo 1. Género: análisis y reflexión Objetivo: Crear un espacio que favorezca la construc-
del constructo ción de conocimientos, el análisis y la reflexión acerca
del género, su relación/diferenciación con el sexo y la
perspectiva de género; así como el análisis de leyes,
tratados y convenios internacionales, nacionales y
locales que favorezcan la igualdad entre hombres y mu-
jeres.
1.1 Mujer, mujeres y género Viernes 1º de octubre
M. en C. Alberto Rodríguez Robles
1.2 Igualdad versus equidad Viernes 1º de octubre
M. en C. Alberto Rodríguez Robles
1.3 La perspectiva de género como Viernes 1º de octubre
herramienta M en C. Elia Chablé Can, uac Campeche
Módulo 2. Del género al desarrollo: Objetivo: Desarrollar conocimientos que favorezcan
Análisis y reflexión del constructo el análisis de la inserción de la problemática de las
mujeres en las discusiones internacionales sobre de-
sarrollo y la pertinencia de la visión de género en este;
así como propiciar el intercambio de ideas sobre el
uso, desuso o abuso del género en la planeación pú-
blica y la colaboración de la perspectiva de género en
las políticas públicas.
2.1 Derechos humanos y género Sábado 2 de octubre
2.1.1 Leyes nacionales e interna- Mtro. Fernando Casanova Rosado, cij, uac
cionales, tratados y convenios
sobre igualdad entre hombres
y mujeres
2.2 Índices de desarrollo humano Sábado 8 de octubre
y género Gloria Zafra, uabjo
2.3 Indicadores de desarrollo hu- Sábado 9 de octubre
mano y su uso para la planea- Gloria Zafra, uabjo
ción pública
2.4 Desarrollo de las capacidades Sábado 9 de octubre
Blanca Santos, CreActivate Campeche
(continúa)
59
Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

Cuadro 1. Temas y cronograma del diplomado


(continuación)

Temáticas Fechas 2010


Módulo 3. Género y desigualdad Objetivo: Generar un espacio de análisis, crítica y re-
social en la región flexión sobre el estado actual de hombres y mujeres
de la región y su situación actual sobre trabajo, sa-
lud, educación, civismo, representación política y vio-
lencia, favoreciendo el desarrollo de propuestas y
alternativas que permitan mayor igualdad social en la
región.

3.1 Statu quo de hombres y mujeres Viernes 15 de octubre


en la región Carlos David Carrillo Trujillo, uady
3.2 Género y representación Sábado 16 de octubre
política en la región M. en C. Leticia Paredes Guerrero, Campeche
3.3 Género y salud en la región Viernes 22 de octubre
Andrés Santana, uady Mérida
3.4 Salud sexual y reproductiva Sábado 23 de octubre
Rocío Quintal, uady Mérida
3.5 Género y educación en la Viernes 29 de octubre
región M. en C. Alberto Rodríguez Robles
3.6 Género y trabajo en la región Sábado 30 de octubre
M en C. Elia Chablé Can, uac Campeche
Módulo 4. Políticas públicas y presu- Objetivo: Favorecer un espacio de reflexión sobre las
puestos con perspectiva de género políticas públicas que permita la aplicación de los co-
nocimientos adquiridos a través de propuestas plausi-
bles y con probabilidad de éxito sobre la modificación,
elaboración y/o administración de leyes, reglamentos,
normatividades, sensibles y con perspectiva de género.
3.7 Violencia de género en la región Viernes 5 de noviembre
María Eugenia Salinas Urquieta
4.1 Descripción de políticas públicas Sábado 6 de noviembre
Edith Kauffer
4.2 Políticas públicas sensibles al Sábado 6 de noviembre
género Edith Kauffer
4.3 Elaboración de políticas públi- Sábado 6 de noviembre
cas por género, pertenencia ét- Edith Kauffer
nica, clase social y generación
4.4 Formulación de planes, progra- Viernes 12 de noviembre
mas y proyectos que favorezcan Margarita Dalton
la igualdad entre los géneros
(continúa)

60
Salinas Urquieta

Cuadro 1. Temas y cronograma del diplomado


(finaliza)

Temáticas Fechas 2010


4.5 Institucionalización de la Sábado 13 de noviembre
perspectiva de género Margarita Dalton
4.6 Modificación, elaboración Sábado 13 de noviembre
y/o administración de leyes, Margarita Dalton
normatividades y reglamentos
sensibles al género

Módulo 5. Democracia de género: Objetivo: Concluir el diplomado con una reflexión am-
Un mundo mejor es posible plia e incluyente acerca de los nuevos escenarios de
la globalización, su impacto en la vida de las comuni-
dades y las personas. Las respuestas de los diversos
movimientos ciudadanos.

5.1 Derechos humanos de las Viernes 19 de noviembre


mujeres, acceso político de las Cecilia Lavalle
mujeres a puestos de elección
popular en Quintana Roo “la
mitad del poder”
5.2 Ciudadanía de las mujeres, Sábado 20 de noviembre
redes sociales de mujeres y Natalia Armijo
medio ambiente

Los resultados de esta experiencia de trabajo colectivo de la Regen


fueron diversos y complejos. Sin lugar a dudas, se cumplió con el objeti-
vo fundamental de entregar una serie de herramientas metodológicas
a las y los funcionarios del Gobierno del Estado de Quintana Roo, para
elaborar políticas públicas con perspectiva de género. Por otro lado,
la experiencia de trabajo para todas las personas que participamos fue
enriquecedora en tanto aprendimos acerca de la magnitud de esfuerzos
y concertaciones necesarios para llevar a cabo este tipo de trabajo en
la región sur-sureste y particularmente en los estados de Campeche,
Yucatán, Quintana Roo, Chiapas y Oaxaca, pues si bien en el mapa
aparecen vecinos o cercanos, en la realidad económica, comercial y geo-
política las distancias pueden erigirse en un obstáculo de gran enver-
gadura.

61
Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

Desarrollo del proyecto

En 2007 se aprueba por unanimidad la Ley General de Acceso de las


Mujeres a una Vida Libre de Violencia, lgamvlv; en 2008 se constituye el
Fondo para la Transversalidad de la Perspectiva de Género, que en 2009
se fusiona con el Fondo de Apoyo a los Mecanismos para el Adelanto de las
Mujeres en las Entidades Federativas, y, para darle continuidad, en 2010
se crea el Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Pers-
pectiva de Género.
Esta estrategia de transversalización incluye actividades específicas
en el ámbito de la igualdad y acción positiva, ya sean los hombres o las mu-
jeres que se encuentren en posición de desventaja. Las intervenciones
específicas para la igualdad pueden orientarse a las mujeres exclusivamen-
te, a las mujeres y a los hombres al mismo tiempo o únicamente a los
hombres, con el fin de que puedan participar en la labor de desarrollo y se
beneficien de ella por igual. Se trata de medidas provisionales necesarias,
concebidas para luchar contra las consecuencias directas e indirectas de
la discriminación.
Con la instrumentación del programa se da cumplimiento a lo
estipulado en la lgamvlv, y en la Ley General y el Programa Nacional para
la Igualdad entre Mujeres y Hombres (PROIGUALDAD). Asimismo, a los
compromisos internacionales adquiridos por México en la Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer
(cedaw, por sus siglas en inglés).
El programa tiene el fin explícito de desarrollar acciones y proyectos
dirigidos a disminuir e ir borrando las brechas de género, con el propósi-
to de alcanzar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres en todos
los ámbitos de la vida social. No está demás subrayar que se parte de
un previo análisis y constatación de que las políticas públicas no son
neutrales, y por lo tanto impactan diferencialmente a hombres y mujeres.
Así, lo que se busca es que las instancias de las mujeres en las
entidades federativas sean rectoras de la política de igualdad, con inciden-
cia en materia de políticas públicas con perspectiva de género, contribu-
yendo de esa forma a la construcción de una cultura institucional libre de
supremacía masculina, misoginia y homofobia, tanto en el nivel estatal
como municipal.
En este marco institucional nos dimos a la tarea de realizar el Diplo-
mado de Equidad de Género en las Políticas Públicas, elaborado por las

62
Salinas Urquieta

doctoras Consuelo Sánchez, Dolores Molina y Gloria Zafra, e impartido por


expertas, miembros todas ellas de la Regen.1 Se escogió a la uqroo, debido
a que el iqm había expresado interés en trabajar de manera conjunta con
la Regen.
Se pretendía que las y los participantes en el diplomado comprendieran
las diferencias entre la categoría, identidad y perspectiva de género, y
lograran incorporar esta última en el análisis de la pobreza, la situación
de las mujeres rurales e indígenas, el empoderamiento, la ciudadanía, la
relación del género con el medio ambiente, la migración, los derechos
humanos, la inseguridad y la violencia, la salud y la sexualidad, los
estudios de la masculinidad y las raíces de la subordinación femenina en
el mundo laboral. De igual manera, se buscaba brindar elementos para ela-
borar políticas públicas que incorporaran esos contenidos. Asimismo, res-
ponder a las problemáticas locales y regionales, en particular respecto de
la inseguridad para las mujeres en este contexto fronterizo, así como reflex-
ionar colectivamente sobre la situación de discriminación de género y la
necesidad de incidir en las políticas públicas, para construir el respeto a los
derechos humanos, la equidad y la ciudadanía de las mujeres.
En una primera etapa, en junio de 2010, se adecuó la propuesta
original a los formatos oficiales de la uqroo, con los insumos de la Regen,
proyecto académico elaborado por Gloria Zafra (Oaxaca) y Consuelo Sán-
chez González (Campeche). Para realizar el presupuesto se contó con la
ayuda de la maestra en ciencias Edith Navarrete Marneou del equipo de
trabajo de la Dirección de la División de Ciencias Sociales y Económico Ad-
ministrativas; en todo el proceso fue fundamental el apoyo y patrocinio
del director de la División, el maestro Harald Albrecht. Para presentar este
proyecto al iqm, y después suscribir un convenio entre las dos instituciones,
con la firma del rector de la uqroo, era necesario contar con el visto bueno y la
anuencia del jefe del Departamento de Extensión y Difusión, el maestro en
ciencias Hugo Esquinca (persona de confianza del rector), a quien se le
enseñó el proyecto y se le explicó detalladamente; él estuvo de acuerdo y
se inició el proceso oficial de construcción de la presentación.

1
Esta es una red conformada por investigadoras y docentes de las universidades públicas
y centros de investigación de la región; incluye los estados de Oaxaca, Veracruz, Tabasco,
Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo, y cuenta con el registro de la Asociación Nacional de
Universidades e Instituciones de Educación Superior (anuies).

63
Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

Por su parte, el 2 de julio se llevó el proyecto a la directora del iqm,


Cecilia Loria,2 quien propuso hablar nuevamente en los primeros días de
agosto.
Aunque estas primeras conversaciones no parecieron augurar algún
interés por parte del iqm en el diplomado, se dio seguimiento a la progra-
mación de los módulos, que tentativamente empezarían el 3 de septiem-
bre. Así, por medio de la Regen y con el apoyo de su presidenta, la doctora
Dolores Molina, adscrita al Ecosur de Campeche, se envió la calendarización
a todos los miembros de nuestra red, solicitando se anotaran según su
disponibilidad de tiempo, su experiencia e interés en los temas que se
impartirían. Asimismo, se revisó la disponibilidad de aulas en el campus
Chetumal de la uqroo, a fin de reservarlas para los meses de septiembre,
octubre y noviembre (se anexa la 1ª programación).
La primera semana de agosto se hizo contacto de nuevo con la
directora del iqm, quien sugirió la comunicación con el licenciado Rogelio
Torres, director de Administración, a quien se le presentó el proyecto; él lo
estudió y encontró la forma de solicitar al Instituto Nacional de las Mujeres
(Inmujeres) un fondo para educación que el iqm aún no había solicitado,
pero que se podía pedir y ejercer si se sustentaba debidamente.
Entonces, la directora del iqm tuvo buena disposición para “comprar-
nos” el diplomado. En la reunión a la que asistió conoció a la doctora
Margarita Dalton, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social (ciesas) de Oaxaca –programada para viajar a Chetumal,
pues es miembro de la Regen y experta en políticas públicas con equidad
de género–, quien la convence y quedan de verse en una fecha próxima en
la ciudad, con motivo del diplomado.
A partir del 16 de agosto, se inician las gestiones administrativas
para firmar el convenio entre la uqroo y el iqm, e impartir el Diplomado de
Equidad de Género en las Políticas Públicas. Dado que el Departamento
de Extensión y Difusión de la universidad no se hizo cargo de este trabajo,
la organizadora del diplomado preparó la documentación requerida y la
entregó al licenciado Torres, hasta que finalmente el Inmujeres aprobó el
proyecto y se dispuso a enviar el presupuesto solicitado al iqm.
El inicio del diplomado se aplazó para el viernes 10 y sábado 11 de sep-
tiembre, debido a que estaba dirigido a funcionarias y funcionarios de

2
A quien previamente había entrevistado y solicitado apoyo para hacer los talleres con las
líderes de Colonia, y también le había explicado brevemente esta iniciativa.

64
Salinas Urquieta

nivel ejecutivo, y debe ajustarse a sus tiempos. Se plantea que el iqm debe
convocar y difundir en todos los niveles de gobierno (estatal y municipal) el
diplomado, así como cabildear en el nivel político y administrativo que las
personas asistan y permanezcan en todas las sesiones. Sin embargo, esto
no se hizo con la celeridad y la eficacia requeridas, lo cual se comprobó al
visitar en sus oficinas a las y los funcionarios en los diferentes niveles de
gobierno. Por ello, el iqm pospuso el diplomado para el 17 de septiembre, y
se le avisó a los estudiantes (funcionarios) y a las instructoras de la Regen
que fue por causas de fuerza mayor.
Se hicieron las reservaciones de hotel y de vuelos para las instructoras
procedentes de Chiapas, y se invitó a las autoridades a la inauguración.
Se acercaba el huracán Karl, motivo por el cual las autoridades de la uqroo
suspendieron todas las actividades académicas. Se reprogramó nue-
vamente el diplomado para el siguiente fin de semana, 24 de septiembre,
pero entró el huracán Matthew, por lo que una vez más se pospuso esta
actividad.
Finalmente, el viernes 1º de octubre comenzaba el diplomado. Para
esa fecha Mexicana de Aviación había suspendido sus vuelos entre la Ciu-
dad de México y Chetumal, por lo tanto, las instructoras de la Universidad
Autónoma de Chiapas no pudieron viajar, empero, pudimos contar con la
presencia de las investigadoras de la Universidad Autónoma de Campeche,
quienes, gracias a su buena voluntad y disposición de trabajar y viajar
hasta Chetumal, se trasladaron en autobús.
Entonces, con grandes vicisitudes y obstáculos prosiguió el diplomado,
hubo que ajustar seis sesiones correspondientes a tres fines de semana, a
dos sesiones en un solo fin de semana. Cabe recalcar que los contenidos
eran secuenciales, y dado que se buscaba un impacto y una incidencia, la
metodología incluía procesos cognitivos vivenciales y subjetivos mediante
dinámicas de participación y ejercicios de trabajo en equipo, que implica-
ban la reflexión y la propuesta de políticas públicas concretas, pertinentes
y plausibles en el contexto quintanarroense. Antes de cada sesión se
difundieron de manera electrónica3 las lecturas que cada ponente estimó
conveniente que los educandos conocieran.

3
Se enviaban por correo electrónico a cada participante, y también se abrió un grupo en
Hotmail para acceder al material de lectura.

65
Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

Sesión de trabajo de
diplomado en Equidad
de Género

Así pues, se llevaron a cabo 16 sesiones, cada una con una duración
aproximada de cinco horas, durante ocho fines de semana. Participaron
como instructores 15 académicas/os e investigadoras expertas de las
instituciones de educación superior de la región sur-sureste, cuatro de
Chetumal y las restantes de Campeche, Yucatán, Chiapas y Oaxaca.
Asistieron y participaron, con diferentes grados de regularidad, 27
personas, cinco estudiantes de la licenciatura en Seguridad Pública, una
maestra de Seguridad Pública de la uqroo y una maestra de la licenciatura
en Derecho de la uqroo; el resto eran funcionarias y funcionarios del iqm,
cuatro personas de la Secretaría de Educación del Estado de Quintana
Roo (seq), dos de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural e Indígena
(Sedari), dos de la Secretaría de Cultura, una de Desarrollo Integral de la
Familia (dif), una de la Comisión para la Juventud y el Deporte (Cojudec),
dos de la Comisión de Desarrollo Indígena y una de la Secretaría de
Seguridad Pública.
A mediados de noviembre, el iqm solicitó una evaluación por escrito a
los participantes. Se decidió pedirles la elaboración por equipos de una
política pública, que entregarían impresa el 3 de diciembre y la expondrían
frente a un jurado compuesto por tres expertas/os.4 Fueron evaluadas 23
personas.
4
El jurado estuvo compuesto por Gloria Zafra, de la uabjo; Humberto Espinosa, secretario
técnico de la uqroo y maestro de la licenciatura en Gobierno y Gestión Pública, y María Eugenia
Salinas Urquieta. Tomé la decisión de hacer esta modalidad de evaluación como coordinadora
académica del diplomado para compartir el trabajo y la responsabilidad de calificar el desempeño
de los participantes, y que no fuera mi subjetividad/objetividad la única en juego; esto también
porque se presentó una situación conflictiva, en la que se involucró una trabajadora del Depar-
tamento de Extensión y Difusión.

66
Salinas Urquieta

En el proyecto original, la evaluación se realizaría con base en la asis-


tencia (80 %), la participación en los talleres de trabajo y presentación de
propuestas por equipo, y la participación en clase, previa lectura de la
bibliografía.
La clausura “oficial” del diplomado, así como la entrega de constancias
a ocho participantes, la llevó a cabo el iqm sin nuestra participación.
El pago a las profesionales que impartieron el diplomado y el reem-
bolso de sus gastos a quienes viajaron en autobús, no se efectuaron en su
totalidad.

Conclusiones

Se considera que el Diplomado de Equidad de Género en las Políticas


Públicas tuvo un éxito relativo; la parte académica se realizó en su totali-
dad, y el impacto así como la incidencia de las aptitudes y conocimientos
adquiridos fue evidente en la evaluación.
Como todo proceso de cambio estructural y sistémico, el diplomado
produjo profundas reacciones en las y los participantes. Se intentó romper
con una serie de inercias burocráticas, lo cual fue difícil de lograr. Si bien
sería motivo de una reflexión interesante, dejamos para otro momento el
análisis de la voluntad política de los diferentes actores, en el lado de las
y los funcionarios de gobierno para llevar adelante este tipo de tareas. Por
ahora solo mencionaremos que la mayoría de las personas aprendieron
y tuvieron cambios significativos, tanto personales como profesionales,
en sus vidas. A pesar de la “costumbre” de la simulación en los planes y
políticas con perspectiva de género, esta vez en Quintana Roo se pudo
materializar una experiencia inédita en lo que a transversalización e ins-
titucionalización de la perspectiva de género se refiere.

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Transversalización de la perspectiva de género. Vicisitudes de un diplomado

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70
C hinos en el Soconusco chiapaneco .
De algunos olvidos y una identidad comestible

Miguel Lisbona Guillén


Universidad Nacional Autónoma de México
mlisbonag@hotmail.com

Cualquier viajero que pise tierras del Soconusco, pero sobre todo las de
su ciudad capital, Tapachula, observará que la impronta de la población china
o de sus descendientes es visible y notoria, como también es vox pópuli
que constituye una referencia para hablar de las migraciones históricas
en Chiapas y, más aún, se ha convertido en un punto de identidad local.
Aunque esto último pueda parecer inverosímil en un estado caracterizado
por la existencia actual de poblaciones de origen mayance y zoque, o por
las diferencias marcadas en muchos ámbitos de la vida social entre in-
dígenas y no indígenas, no lo es si se tienen en cuenta manifestaciones
hechas públicas en lugares como Tapachula, que posee la segunda
población más grande del estado. En concreto, el escritor Carlos Z. Ca-
dena manifestó hace unos años, al exponer sus ideas sobre cómo
promocionar el turismo en esa ciudad, que era el momento de “Reconocer
oficialmente con bombos y platillos que la ‘comida china’ es una gas-
tronomía local que nos ha dado identidad, y que la mayoría de la que
se cocina en la ciudad es ya hecha por manos de chinos tapachultecos”
(Cadena, 2002: 4). De hecho, sus propuestas van más allá al señalar que
se debe “levantar un acta donde se declare que la comida china es la carta de
presentación e identidad de los tapachultecos. Que un día del año sea
declarado como ‘Día de la Comida China’” (Cadena, 2002: 3).1

1
Las propuestas de Carlos Z. Cadena no cesan, de hecho continúan al mencionar que “puede
existir infinidad de ingredientes para robustecer a la comunidad china local, pues no debe olvidarse
que sus antepasados construyeron no solamente un parque chino (Parque de la Estación), sino que
también altruistamente construyeron escuelas, y no hay que olvidar que fueron ellos quienes nos
obsequiaron hace muchos decenios la famosa Casa de la Cultura (antes palacio municipal), y que

71
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

Esta visión tiene un largo aliento; el desaparecido cronista de la ciu-


dad, con formación académica de historiador, también indicó algo similar
antes de su fallecimiento. Javier de León Orozco apuntó que se han
incorporado a las festividades locales aspectos traídos por los pobladores
descendientes de los chinos que se asentaron en Chiapas. Ejemplo de ello
se encuentra en el carnaval, “cerrado con broche de oro por la danza del
Dragón Chino, ejecutada por la Comunidad China o por la Escuela de Danzas
y Artes Marciales Chinas de Julio Pui Chong, representación que ha to-
mado ya calidad tradicional” (León Orozco, 1998: 3). En definitiva, para la
ciudad de Tapachula, y en buena parte de los municipios del Soconusco,
la inmigración china representa una referencia de identidad local, a pesar
de que tal circunstancia ha sido escasamente explorada desde las ciencias
sociales que investigan sobre la realidad chiapaneca.
En las siguientes páginas se quiere mostrar, con dos ejemplos que
retoman el pasado pero mirado hacia el presente, que la inmigración
ofrece múltiples posibilidades de estudio, y que en lo referente a temas
denominados culturales el concepto cultura, y sus derivaciones hacia la
identidad, no pueden constreñir cualquier reflexión o análisis sobre los
extranjeros inmigrantes o sus descendientes. Todos tenemos identidad o
identidades y por ello centrar en lo obvio el acercamiento a un periodo o un
tema deriva en una pérdida de tiempo tanto como en una recreación
tautológica.
No es este el espacio para discutir, por ejemplo, si los chinos que
llegaron a México a finales del siglo xix y principios del xx deben tratarse
como una etnia, algo que es recurrente en estudios sobre ellos (Martínez
Montiel, 2005: 104); desglosar en estas páginas olvidos y continuidades de
aspectos culturales solo muestra un ejemplo de un trabajo de más largo
aliento, aunque incide también en una forma de percibir la realidad alejada de
la relación entre biología y cultura, como es frecuente observar sin el menor
atisbo de crítica al utilizar una ecuación tan decimonónica para abordar a
grupos humanos incorporados como migrantes en sociedades de acogida.
De ahí que lo expuesto en este escrito ejemplariza la construcción de lo
cultural alejada de permanencias poco nítidas y menos aún demostradas.

dio origen a la metáfora de la ‘Silla China’, en clara alusión al sitio destinado a quien ocupaba el
cargo de presidente municipal [...] La comida china nos puede dar mucho, todo depende de que
nos organicemos, medios de comunicación, chinos, y autoridades estatales y municipales, y esto
se va para arriba” (Cadena, 2002: 3).

72
Lisbona Guillén

Los caminos de las acciones humanas al no ser unívocos permiten estas


posibilidades que aquí toman el referente del nexo con China y el aspecto
religioso y la tradición culinaria en cuanto focos de observación, pero para
ello hay que acercarse brevemente a la historia y al lugar en que se asen-
taron los inmigrantes chinos.

Algo de historia para empezar

El origen de la inmigración china al Soconusco no parece claro, según la


información documental y si se compara con otros países de recepción,
es decir, su incorporación al mercado laboral fue múltiple y no estuvo
determinada por trabajos concretos en plantaciones, líneas de ferrocarril
o extracción minera o de abonos. Sin embargo es perceptible el incremento
de la misma a principios del siglo xx cuando en Estados Unidos, y en ciertos
estados del norte mexicano, se toman medidas legislativas para prohibir
la instalación de tal población e incluso se realizan expulsiones y per-
secuciones sistemáticas.2
La Revolución Mexicana y los gobiernos surgidos de este multifacéti-
co acontecimiento tendrían entre sus prioridades la construcción de un
nuevo ciudadano mexicano y para ello, amparados en las diatribas pseudo-
científicas conformadas en el siglo xix pero prolongadas en el xx, se adopta
una serie de medidas que restringirá el arribo de poblaciones asiáticas,
consideradas racialmente degeneradas. El surgimiento de ligas antichinas
en la geografía nacional implicó un posicionamiento nacionalista, al mismo
tiempo que tenía tintes de xenofobia plasmada en acciones concretas
de agresión física, o a través de discursos públicos que convertían a los
chinos en ejemplo de degeneración racial y portadores de enfermedades,3
como bien lo recordaba Lisón Tolosana al referir que a “la enfermedad hay
que hacerla exterior, ajena; viene conceptual y emotivamente asociada al
extraño, al Otro” (1992: 151).
El territorio chiapaneco no fue indiferente a esta circunstancia, sobre
todo porque los chinos que llegaron a trabajar en las fincas agrícolas como
braceros, cocineros o lavanderos, paulatinamente establecieron negocios
propios en una región cuya expansión económica requería de servicios y,
2
Véanse Salazar Anaya (2006) y Yankelevich y Chenillo Alazraki (2009).
3
Véanse Monteón González y Trueba Lara (1988) y Gómez Izquierdo (1991).

73
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

en particular, de distribución comercial de productos. Por tal motivo el


comercio, en forma de buhonería en un principio, o mediante tiendas de
abarrotes después, fue acaparado por los chinos instalados en el Soco-
nusco y en algunos municipios de la Sierra Madre, como Motozintla.
Los embates contra estos inmigrantes, sin embargo, no tuvieron el
carácter drástico de otros estados de la República Mexicana, y la pobla-
ción china, originaria en su mayoría de la provincia de Cantón, pudo
asentarse en la región y constituir formas de integración social por medio
de matrimonios con mexicanas, o estableciendo relaciones personales con
políticos en turno, muchas de ellas selladas con donaciones de relojes pú-
blicos o la construcción de escuelas y parques, lo anterior gracias a las
instituciones que agruparon durante varios años a los chinos inmigrados
en Chiapas.
No es este el lugar para revisar los datos censales históricos que
indiquen el número de chinos que llegaron a la región, ni siquiera su dis-
tribución por la geografía de Chiapas, pero se puede señalar que en ningún
momento fueron más de 1 % de los habitantes estatales (Lisbona Guillén,
2010). Los controles instaurados por las autoridades migratorias del mo-
mento y los datos de los censos así lo confirman. Esta certeza conduce
a otra, que es la dificultad de conocer con mayor detalle los caminos
emprendidos por los descendientes de estos inmigrantes originales. Hoy
en día estos sucesores son chiapanecos y tienen los mismos derechos
y obligaciones que cualquier ciudadano mexicano. El comercio, las profe-
siones liberales e incluso la política están surcados de apellidos de origen
chino que tienen en Tapachula –sitio del que a continuación se darán unas
breves pinceladas– su población principal.

Un lugar en el Pacífico chiapaneco

Desde el punto de vista de la organización político-administrativa del


estado de Chiapas, antes de las reformas efectuadas por el gobernador
Juan Sabines Guerrero (2011),4 la región Soconusco estaba compuesta
por 16 municipios, con un nítido centro poblacional que domina por su peso
demográfico al resto, Tapachula. Tal circunstancia también inclina la balanza
4
Las reformas del 5 de enero de 2011 amplían a 15 las regiones políticas del estado de
Chiapas, aunque los municipios que aparecen en este trabajo siguen estando incluidos en las
regiones Istmo-Costa y Soconusco.

74
Lisbona Guillén

sobre la impronta dejada por la inmigración china en este territorio, puesto


que en esa ciudad se aprecia con mayor certeza su huella. Tapachula es la
segunda ciudad de Chiapas con más habitantes, aunque estudios realizados
a finales del siglo pasado indicaban que su crecimiento urbano, al igual que
el del Soconusco, era lento en relación con el resto del país (Camas, 1998).
Si bien los últimos censos de población no reflejan una inmigración
reciente de chinos hacia tierras del Soconusco, ello no indica que no
exista tal o que no se haya convertido en un lugar de paso para el tra-
siego poblacional, especialmente por encontrarse cerca del vecino
país de Guatemala. En cuanto al primer aspecto, puede afirmarse que
una simple visita a restaurantes especializados en comida china o a
otros establecimientos propiedad de descendientes chinos manifiesta
la presencia de trabajadores inmigrantes con poco tiempo en México,
hecho que de ninguna forma es ocultado por los propietarios. Incluso en
alguna entrevista se refieren a “paisanitos que acaban de llegar, tendrán
unos tres meses […]. Primero llegó su esposo que ya tiene como un año
acá. A él lo trajo el tío para que le ayudara en sus negocios y luego se
trajeron a la muchacha [esposa].”5
Por lo que concierne al segundo aspecto, la prensa chiapaneca ha
mostrado, al menos desde 2004, cuando se empezó a dar seguimiento a
esta circunstancia, cómo el tráfico de indocumentados chinos rumbo a Es-
tados Unidos, al parecer, ha sido persistente en los dos últimos lustros.6
En ambos casos es evidente que la emigración china sigue siendo una
constante del país de origen, según lo confirman los más de 30 millones
de ciudadanos de la República Popular China que se encontraban fuera de
sus fronteras a finales del siglo xx (Hung Hui, 1992: 11).
La huella de la industria agroexportadora de principios del siglo xx con-
tinúa siendo perceptible en la actualidad en la franja costera chiapaneca, a
pesar de que el café dejó paso a otros cultivos y a la ganadería en la vocación
económica de ese territorio. Sin embargo, el café se rememora como parte
de la historia regional en forma de presentación turística a través de una
ruta que lleva su nombre, o mediante la reconversión de algunas fincas
emblemáticas en hoteles.7 Esa reconversión de ciertos lugares históricos

5
Entrevista a Guadalupe Chong, Tapachula, 5 de febrero de 2007.
6
Véanse Davish (2004), Victorio (2004), Chávez (2007b); “Detectan a cuatro ilegales en un
tráiler”, en Cuarto Poder, 13 de mayo de 2007, p. R1.
7
Las fincas Argovia y Hamburgo.

75
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

del Soconusco también afecta al puerto de San Benito, hoy llamado puerto
Chiapas, con la dudosa esperanza de que los cruceros sobre el Pacífico
hagan escala en tierras chiapanecas.
Si en párrafos anteriores se mencionó que la frontera con Centro-
américa significa un tráfico de personas, en gran medida lacerante para
los migrantes que buscan mejores condiciones de vida lejos de sus países
de origen, ello no impide señalar que la costa, y en especial su capital, tiene en
la oferta de servicios una de sus vocaciones económicas; circunstancia
donde se observa de manera fehaciente la huella de los descendientes
chinos dedicados a la restauración, los abarrotes u otros negocios.
Este territorio, convulsionado en muchas ocasiones por las fuerzas de la
naturaleza desatadas en forma de huracanes –como Stan en 2005–, no ha
dejado tampoco de mostrar ciertos agravios comparativos con el resto
de Chiapas; los reclamos de segregación de algunos grupos costeños,
sobre todo en Tapachula, o la imposibilidad de contar con un gobernador
de tal región, aunado a cierto aislamiento físico durante muchos años,
conforman un entramado en el cual los descendientes de inmigrantes
chinos están inmersos para expresar, de diversas formas, sus visiones re-
lacionadas con su origen y pasado.
Hablar de comida en el Soconusco, y muy especialmente en Tapachula,
es hacer alusión a la comida china. No existe rincón de la región costera
chiapaneca donde un restaurante o una casa particular no tenga entre su
repertorio gastronómico algún platillo de origen oriental. Tanto es así que
la comida china se ha convertido en estandarte de la segunda ciudad más
poblada de Chiapas, y es promovida como un referente de identidad entre
sus habitantes. Pero antes de hablar de ella se abordará un hecho que pocas
veces se trata con respecto a los inmigrantes chinos y sus descendientes:
la relación con el país de origen y el nexo con otras “tradiciones” que nada
tienen que ver con la alimentación.

¿Dónde quedaron China y las creencias religiosas


de los inmigrantes?

Uno de los aspectos que debe ser tratado cuando se aborda el vivir de los
inmigrantes en su tierra de acogida es su relación con el país de origen, ya
sea a través de contactos directos o mediante la comunicación disponible

76
Lisbona Guillén

en cada periodo histórico. Sin embargo, en ambos casos la generalización


resulta no solo contraproducente para un conocimiento certero, sino inexac-
ta, puesto que los migrantes no pueden tratarse como un conglomerado
humano uniforme en sus actitudes y acciones. Dicho esto, sí pueden
realizarse ciertos comentarios o llegar a algún tipo de conjeturas que están
vinculadas con la lógica diferenciación generacional entre los primeros
migrantes y su descendencia.
Parece lógico pensar que, siempre que las condiciones económicas
y políticas lo permitieran, la primera generación de migrantes procuraba
viajar a China con la intención de visitar a sus familiares o, incluso, para rein-
corporarse a la vida de aquel país, aunque hubiera tenido descendencia
en suelo mexicano, y así lo demuestran las entrevistas efectuadas.8 Las
posibilidades económicas, se insiste, significaron un impedimento a tener
en cuenta, al igual que lo fue en un momento determinado la llegada al
poder de Mao Tse Tung:
Él [padre] hizo un viaje en el 77 con mi madre, porque ya se había dado la
apertura de China. Fueron a ver a toda la familia, estuvieron seis meses allá.
Después en el 80-81 volvió a ir otra vez y en el 83 otra vez […]. Precisamente
yo le preguntaba que por qué no quería regresar a su país: “No es que no
quiera, es que no se da la apertura tan fácil”, me decía. Tenía temor de
regresar a su pueblo y que lo señalaran, que dijeran que él es oriundo de ahí
y que lo detuvieran.9

De ahí que muchos de los viajes llevados a cabo al país oriental los
efectuaran los primeros descendientes de los migrantes; viajes que preten-
dían poner en contacto a los hijos con la realidad china, además de que
aprendieran el idioma y algún tipo de actividad local que los uniera a sus
orígenes.10 Por lo tanto, los recuerdos de esa experiencia son frecuentes,
así como la imposibilidad del regreso a México de alguno de ellos o la

8
“Mi abuelo cuando regresó a China se volvió a casar, allá en China, y posteriormente tuvo siete
hijos, siete medios hermanos de mi padre. A ellos sí los conozco a todos, de un viaje que hicimos a
China ahí conocimos a toda la familia: dos hombres y cinco mujeres. Un hermano de mi padre ha
venido para acá en calidad de turista” (entrevista a Manuel Juan, Huixtla, 7 de marzo de 2007).
9
Entrevista a Manuel Juan, Huixtla, 7 de marzo de 2007.
10
“Antes los de aquí mandaban a sus hijos a estudiar a China, pero ya no se hace, van de paseo.
Yo creo que los últimos que mandaron a estudiar fueron a mi generación. La idea era que fueran a
aprender el idioma, incluso se llevaban a la señora junto con los hijos, los dejaron allá y el varón se
regresaba a seguir trabajando acá” (entrevista a Francisco Chong, Tapachula, 6 de febrero de 2007).

77
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

costosa labor de traerlos de vuelta,11 sobre todo en periodos de conflicto


bélico o cuando el régimen comunista accedió al poder.12
En algunas ocasiones, pero no de manera generalizada, se ha enviado
a los hijos a formarse en China en años recientes, cuando la apertura
del régimen político chino se hizo visible. Un ejemplo es el del hijo de la
señora Guadalupe Chong,13 Julio Pui Chong, quien narra: “A mi edad de 8
años me mandaron a una escuela en China, fueron tres años, era como
una escuela militar […] ahí aprendí artes marciales, y gran parte de lo que
sé sobre la cultura china”.14 Hechos como este, que en la actualidad deben
considerarse aislados, empatan con el interrogante sobre los vínculos
que los migrantes conservaron con sus familiares, o el que mantiene su
descendencia hoy en día. Antes de efectuar algún comentario al respecto,
es lógico señalar que si bien las relaciones de parentesco no siguen un
camino uniforme sobre el terreno de acogida de la migración, más difícil
resulta especular o llegar a conclusiones categóricas al referirse a la
familia consanguínea en China.
En ambos casos, una investigación únicamente dedicada o sustentada
en el parentesco daría luz a estas circunstancias con mayor precisión.
Sin apoyarse en ella y haciéndolo en la observación realizada y en las
entrevistas, puede decirse que la primera generación y la segunda han
mantenido contactos permanentes o esporádicos con los familiares resi-
dentes en el país oriental:
Cuando vivían mis papás manteníamos comunicación más seguido que
ahora con los parientes de China, pero ahora es muy poco lo que nos
comunicamos, no somos muy allegados. A veces nos mandan una tarjeta en

11
Por ejemplo, una madre mexicana solicita al entonces presidente de la República, Lázaro
Cárdenas, que le ayude en “la repatriación de 6 de sus hijos, que se encuentran en Cantón, China”
(Archivo General de la Nación, agn, Galería 3, Fondo Lázaro Cárdenas, caja 925, exp. 549.5/40,
Amable Palacios viuda de Chong al Presidente de la República, Tapachula, 17 de enero de 1940).
12
“En la época de la niñez todos los chinos que tenían sus hijos con mexicanas se
acostumbraba que desde que tenían 6 años los mandaban a China, para que vivieran allá con
la familia y aprendieran la cultura china… Los demás hijos que mandaron a sus hijos a China los
agarra allá la Segunda Guerra Mundial y casi nadie regresó. Se perdieron allá, amigos, inclusive
primos de nosotros. Jamás regresaron” (entrevista a Jan Roblero, Motozintla, 30 de abril de 2007).
13
“Nosotros sabemos un poquito más porque desgraciadamente o afortunadamente yo en lo
personal, como mis hijos se fueron a estudiar allá, pues viajaba cada seis meses allá. Conforme
está uno allá pues uno ve las festividades, va uno captando y sí te gusta” (entrevista a Guadalupe
Chong, Tapachula, 5 de febrero de 2007).
14
Entrevista a Julio Pui Chong, Tapachula, 5 de febrero de 2007.

78
Lisbona Guillén

Navidad, nos hablamos por teléfono, pero no es muy seguido, y esto es por
parte de mi mamá, por parte de mi papá ya no.15

Por lo tanto, hay que apuntar que sí han existido contactos, e incluso se
siguen teniendo con los familiares en China, pero en su mayoría los nexos
que alguna vez hubo se han roto o desaparecido al fallecer los migrantes
originales o los primeros descendientes que pasaron temporadas allá.16
Un recuerdo vivo entre esos descendientes es la correspondencia epis-
tolar sostenida entre ambos continentes.17 La forma posible antes de que
la telefonía y los sistemas de comunicación por internet hicieran su apari-
ción es recordada por un descendiente de chinos en la localidad de
Mapastepec: “Mi papá parece que mandaba cartas y mantenía contacto
con sus familiares, y otra cosa que me platicaba un paisano es que mi
papá tenía muy bonita letra china, y les hacía el favor de escribir las cartas
a los familiares en China”.18
Estos contactos históricos, pero que de modo irregular o esporádico se
prolongan en la actualidad como nexos emocionales, no impiden registrar
otras maneras de relación o, se podría llamar, de olvido con respecto a la
realidad china. ¿Qué se pretende afirmar con ello? Algo sencillo, aunque al
mismo tiempo complejo, si el examen de los migrantes de origen chino y
de sus descendientes se realiza como un grupo uniforme, prácticamente
tomando el modelo de un grupo étnico. Si los inmigrantes son pensados
desde la homogeneidad de acción, asumir el olvido puede considerarse
una traición cultural en vez de un mecanismo de incorporación social. Pero
olvido tampoco es, necesariamente, desapego total, o indiferencia hacia
15
Entrevista a Araceli Ley Chang, Tapachula, 7 de febrero de 2007.
16
“Mi abuelo tuvo contacto con sus familiares, de hecho nosotros tenemos fotografías y
cartas que le mandaban a mi papá. Y mi papá a la vez mandaba dinero a Hong Kong, ahí les giraba
su dinero a mis tíos. Mis tíos querían venirse acá, pero por estar rotas las relaciones México-China
nunca pudo traerlos mi papá. Tenemos familia en Cantón, pero ahorita hemos perdido el contacto
con ellos” (entrevista a Beatriz Josefina Wong Villarreal, Mazatán, 8 de marzo de 2007).
17
“Mi papá a la edad de 8 años con otro tío, que se llama Heutiquio y que tenía 10 años, fueron
enviados a China para estudiar y trabajar. El abuelo lo que quería era que ellos aprendieran a hablar
chino y que no se perdiera la comunicación y que así se estuvieran comunicando por carta con
los parientes […]. El único que aquí habla chino es mi primo, al que mi papá fue a traer de China.
Mi papá sí nos enseñaba, pero luego uno no le pone la importancia. Yo aprendía algunas letras, mi
nombre, el saludo de buenos días, buenas tardes. Sé cosas básicas pero ya una conversación no”
(entrevista a Saúl Hau, Mazatán, 7 de marzo de 2007). “Mi papá sí tenía comunicación con los
parientes, sí se escribían, le mandaban correspondencia…” (entrevista a Edilberto Cinco, Mazatán,
8 de marzo de 2007).
18
Entrevista a Mauricio Choy Cárdenas, Mapastepec, 9 de mayo de 2007.

79
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

los orígenes, sino una forma de entender la relación con el nuevo lugar
que trasciende dependencias primordiales para situarse en el juego de la
interacción entre seres humanos, con los conocimientos que cada quien
puede aportar a la misma. Tal vez esta circunstancia quede más clara
en los siguientes apartados, donde se aborda el papel de la comida china en
la construcción de una identidad local basada en la alimentación oriental.
Referir el olvido significa profundizar actitudes que eran señaladas por
los primeros inmigrantes a su descendencia para no ser discriminados:
“adoptar las costumbres de México, que tomáramos las que consideráramos
convenientes para nuestra formación, lo mismo sobre las costumbres
chinas. Que aunque las costumbres de China no son iguales a las de
México, que tuviéramos presente que estábamos viviendo en México”.19
Este ejemplo, como otros, muestra que la condición de inmigrante no
porta un bagaje cultural cerrado, por muchas diferencias que existan
entre el país de origen y el de acogida. Otras apreciaciones afirman que el
conocimiento de algunos aspectos de la realidad China no fue transmitido
de generación en generación,20 como parecería lógico pensar, sino que ha
sido el interés de los descendientes el que los movió a acercarse a ellos:
Lo que yo conozco de la cultura china más que de mi abuelo o papá lo obtuve
de otros amigos chinos, tenemos un nexo, un vínculo emocional que nos ha
acercado y con ellos he conocido más de la cultura china […]. Aquí por parte
de la familia pues no tuve una herencia de la cultura china, por mi parte,
cuando estuve estudiando en la unam, me interesó estudiar el idioma chino,
pero de mi familia no, ni mi papá.21

Incluso prácticas consideradas una herencia cultural –ejemplo de la


continuidad transmitida por los antepasados– por los originales migrantes
portadores de conocimientos singulares, y que reprodujeron de forma siste-
mática y constante, se tambalean cuando se convierten en repeticiones sin
conciencia de su significado,22 o alguno de sus descendientes asevera con

19
Entrevista a Araceli Ley Chang, Tapachula, 7 de febrero de 2007.
20
“Mi papá no me enseñó nada de la cultura china, quién sabe qué pensó él” (entrevista a
Ricardo Puong González, Escuintla, 26 de abril de 2007).
21
Entrevista a José Chang Sánchez, Pijijiapan, 24 de mayo de 2007.
22
“Aprendí algunas palabras en chino, pero mucho de lo que aprendí a recitar no sabía qué
significaba. Es más, le voy a cantar el himno nacionalista chino, eso sí se me quedó porque jamás
se me olvidó. Tenía como 3 [años] cuando empecé con eso de ser orador en el Kuo Ming Tang”
(entrevista a Genaro Chau Ordóñez, Pijijiapan, 16 de mayo de 2007).

80
Lisbona Guillén

rotundidad que su aprendizaje lo adquirió fuera del ámbito familiar, como


cualquier individuo puede hacerlo en la actualidad en otro lugar del mundo:
Yo practico el tai chi y doy clases, lo aprendí no como descendiente de chinos,
lo aprendí cuando estuve en la Ciudad de México. En general lo que tengo
y conozco de la cultura china lo he retomado por mi cuenta más que haya
sido por herencia, mi papá nunca se preocupó por decirnos “miren, China
es así o asá”.23

El ejemplo del mundo religioso, uno de los ítems por excelencia al


hablar de transmisiones culturales, reafirma lo apostillado en este apartado.
Entre los recuerdos de los entrevistados existen referencias a la religión
que sus padres nacidos en China portaban, o a la que se habían convertido
en territorio mexicano. Así, el catolicismo es señal para incorporarse a la
sociedad de acogida,24 o una posibilidad de los miembros de la familia.
También en lo que atañe al hecho religioso y a la ritualidad relacionada con
sus creencias aparece la exploración posterior a la herencia parental. Por
ello los descendientes de los inmigrantes se convierten, en algunos casos,
en los que asumen y revalorizan ciertos aspectos seminales de China, a
pesar de reconocer que en la casa de sus padres, por ejemplo, no tenían
“imágenes de Buda o algo por el estilo, ahora sí, en mi casa tengo ese tipo de
imágenes pero más como una reliquia que por creer en eso”.25 Hecho que
en entrevista con Esperanza Chui queda claramente expuesto:
Nuestros padres nos dejaron que tomáramos la religión que uno quiera,
naturalmente la mayor parte somos católicos. Nuestros padres nos dejan
libres, ya uno con el tiempo va uno leyendo, aprendiendo, y al menos en mi
persona he aprendido las máximas de Confucio. Cuando hay una ceremonia
china sí la sabemos hacer, rendimos veneración, no idolatración. Como la
Iglesia no le prohíbe a uno que vaya a uno u otro lado, es al libre albedrío de
uno. Mi papá no acostumbraba el rezo, eso no se acostumbra allá, y el altar
se pone solo cuando hay muerto, pero son las “tablas” que ponen en uno
como especie de altar y la foto de la persona que haya desaparecido.26

23
Entrevista a Julio Raúl Chong, Tapachula, 22 de febrero de 2007.
24
“Mis padres no nos obligaban o inculcaban otra religión que no fuera la católica, es más,
ellos adoptaron la religión católica de acá, aquí los bautizaron” (entrevista a Nely Lau, Tapachula,
8 de febrero de 2007).
25
Entrevista a Francisco Chong, Tapachula, 6 de febrero de 2007.
26
Entrevista a Esperanza Chui, Tapachula, 5 de febrero de 2007.

81
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

Las palabras de la entrevistada refieren la preeminencia del catolicismo


entre los descendientes y un cierto conocimiento de prácticas rituales
de sus antepasados, vinculadas sobre todo con la muerte, pero también
inciden en la búsqueda personal de nexos con ese origen no transmitido
por los progenitores. De hecho, muchos de los inmigrantes siguieron
realizando manifestaciones rituales, la mayoría en torno a la muerte y
los antepasados,27 y es ahí donde algunas de estas prácticas han tenido
continuidad con sus descendientes en forma de altares, por ejemplo. Sin
embargo, esos altares recuerdan a cualquiera de los que se observan en
casas chiapanecas, solo que con elementos distintos:
tenemos un altar chino permanentemente, ahí tenemos las fotos de nuestros
padres y en las fechas que corresponden a la Navidad, Año Nuevo, día que
nacieron, que fallecieron, el Día del Padre y el de la Madre, o el cumpleaños
de cada uno de nosotros, lo hacemos a la costumbre china que es el prender
incienso, hacemos tres reverencias y ya se reza en forma católica. Eso es lo
que más tenemos de la cultura china. En el Año Nuevo se acostumbra
poner algo parecido a las ofrendas, es como un agradecimiento para que
le vaya a uno bien, se acostumbra poner un sobre con dinero, mandarina,
apio, cebollita, lechuga, todo se pone en la noche para que al amanecer del
Año Nuevo ya esté colocado en la ofrenda. Cada uno de esos elementos
representa algo en especial, pero como ya lo ponemos por costumbre pues
no recuerdo qué significa cada cosa […]. Yo no sé bien el significado de cada
cosa, pero los que vinieron de allá sí lo han de saber.28

Lo expuesto en este apartado muestra la complejidad que representa


hablar de una colonia o comunidad china como un todo de continuidad his-
tórica y sustentada únicamente en el origen geográfico de la migración, al
tiempo que se observan las dificultades para representar tal continuidad
a través de una nítida identificación. Distinto es lo que aparece en las
siguientes páginas, donde se aborda la cara indiscutible y visible de la
presencia China en Chiapas: la comida, referente de identidad que tras-
ciende a los originarios inmigrantes chinos.

27
“Mi papá no era de tener imágenes, cuando uno veía alguna de sus creencias era en los
sepelios, pues entonces veíamos que le ponían incienso y hacían algunas reverencias ante la caja,
pero nada más. O incluso se ponían a jugar un juego tipo dominó durante el sepelio” (entrevista a
René Jo, Cacahuatán, 12 de febrero de 2007).
28
Entrevista a Araceli Ley Chang, Tapachula, 7 de febrero de 2007.

82
Lisbona Guillén

Para crear una tradición hay que aprender a cocinar


En la memoria de los descendientes de inmigrantes se encuentra cómo la
forma de preparar alimentos se incorporó a su aprendizaje, en cuanto
singularidad, a la vez que se advierte la relevancia otorgada a su transmisión
generacional. Las entrevistas efectuadas para llevar a cabo este trabajo
ilustran el presente apartado.
Si algo cabe destacar en la transmisión del conocimiento sobre la pre-
paración de la comida es la línea patrilineal en la que se heredó, es decir,
son los varones quienes se han encargado de elaborar los alimentos y
es a ellos, con algunas excepciones, a quienes los primeros inmigrantes
formaron para tal efecto, como quedó manifestado en una entrevista:
a sus hijos nacidos aquí en México, nacidos de madres mexicanas, nos
enseñaron a cocinar desde muy pequeños […]. Ellos su idiosincrasia es que
la hija se casa y va a servir a otra familia, y el varón es sinodal de la familia,
pues. Porque sigue con el apellido, con las tradiciones y a él le enseñan
para seguir teniendo un patrimonio familiar, porque en caso de no encontrar
trabajo sabe cocinar. Ellos no quieren perder esa corriente, quieren que siga
la dinastía cocinando, su meta principal son los varones.29

La elaboración alimenticia por parte de los varones, por lo tanto, no es


un simple diacrítico cultural: cumple una función de portación del linaje,
además de constituir una posible solución laboral en caso de requerirse.
También las mujeres han aprendido a cocinar la comida china, pero no
como una enseñanza impartida hacia ellas, sino por observación o, en la
actualidad, porque ya son muy pocos los chinos de primera generación.30
Esta enseñanza-aprendizaje se construía por etapas coincidentes con
la edad de los alumnos y las posibilidades de manejar ciertas herramientas
y cumplir labores en la cocina. Por ello,
primero los enseñan a lavar verduras, como a la edad de 6 años, a lavar y
cocer el arroz, luego a destazar carnes, pollo que es lo que más se usaba
antes y a conocer cómo usar todas las verduras porque en la comida china
es tradicional toda la verdura.31

29
Entrevista a Gilberto Liy Pérez, Tapachula, 22 de marzo de 2007.
30
“Fue mi abuelo el que me enseñó a cocinar, de hecho los que sabían cocinar en la casa eran
los hombres, pero como a mí me gustaba la cocina estaba al pendiente de lo que hacía mi abuelito,
y como veía que yo tenía interés, mi abuelito me decía cuáles eran los ingredientes para la comida
[…]. Pero sí, las mujeres de la casa, las hermanas de mi papá, nadie sabe cocinar, los hombres son
los que cocinan” (entrevista a Silvia Jo Pérez, Escuintla, 24 de abril de 2007).
31
Entrevista a Gilberto Liy Pérez, Tapachula, 22 de marzo de 2007.

83
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

Las etapas suelen ir aderezadas, en la información proporcionada por


los entrevistados, con los platillos preparados y sus peculiaridades, a veces
ya adaptadas a un municipio costeño o de la Sierra Madre chiapaneca.32
De este tipo de adecuaciones, así como de sus orígenes, son conscientes
la mayoría de los entrevistados que aludieron a la comida. Afirmar el origen
cantonés de esta, al que se hará mención más adelante, y las innovaciones
introducidas en territorio chiapaneco dan cuenta de la relevancia otorgada
a la transmisión de conocimientos ligados a los fogones, al mismo tiempo
que demuestran la imposibilidad de que estos no fueran transformados
alejándose de su lugar de preparación original:

La mayoría de los que estamos acá somos de Cantón, es famosa la comida


de ahí aun en China, la comida cantonesa. Y aquí hemos agregado el picante
como la salsa que ponemos en la mesa o luego piden chile con cebolla y
limón. Eso del limón en China tampoco se usa, lo comen muy poco. Aquí la
gente ya ha adoptado la comida china, incluso aprenden a hacerla.33

De las peculiaridades surgidas en el Soconusco del encuentro entre


las formas de preparar los alimentos no cabe duda que se han enrique-
cido los habitantes de la región y sus visitantes, y en buena medida también
los descendientes de inmigrantes son conscientes de que uno de los
principales y más visibles aportes de sus antepasados es la elaboración
de alimentos.34 Restaurantes o platos servidos en cualquier hogar de la
costa exhiben esta realidad, vivida como un orgullo que trasciende a los
mismos hijos o nietos. Incluso en sitios donde la presencia de habitantes
chinos fue notable a principios del siglo xx, como en la sierra de Chiapas,
todavía hay algunos restaurantes o en las casas particulares se cocinan
platillos que evidencian cómo la influencia de la elaboración de alimentos
ha tenido un destacado papel para mostrar la existencia de esta inmigración

32
“Mi papá me enseñó a cocinar el arroz, a partir el pollo, a partir la carne […]. Y ahí en
Motozintla es muy conocida la longaniza china, es un embutido especial con la receta de los chinos,
no hay en otro lugar…” (entrevista a Amanda Esther Chon[g], Cacahoatán, 19 de febrero de 2007).
“Mi papá nos enseñó a hacer el cochito horneado, el chao ming, los ravioles chinos, las croquetas
chinas, la carne, el chop suey…” (entrevista a Martha Siu, Huehuetán, 6 de marzo de 2007).
33
Entrevista a Nely Lau, Tapachula, 8 de febrero de 2007.
34
“Mi abuelo tenía su cocina en una esquina y mi abuela tenía su cocina en otra esquina, y
cuando querían comer comida china iban con el papá y cuando querían comer comida mexicana
iban con la mamá. Es algo que sale de lo normal. Y de lo que el abuelo le pudo haber transmitido a
mi papá fue su idea del trabajo y la comida china, porque la cocina china es algo que le gustaba a mi
papá y eso me transmitió a mí” (entrevista a Julio Raúl Chong, Tapachula, 22 de febrero de 2007).

84
Lisbona Guillén

histórica.35 Situación que tampoco es una novedad en América Latina, según


se comprueba en casos como el de Perú, donde la mezcla de preparaciones
autóctonas y procedentes de China ha dado lugar a nuevos platillos reco-
nocidos como nacionales y que tienen la cualidad de identificar a un terri-
torio,36 algo sobre lo que se versará a continuación.

Regresar a los orígenes:


una comida en la historia

Cualquier referencia histórica tiene un origen, y el papel de la comida china


no es comprensible si no se inicia con el repunte de la finca agroexporta-
dora en el Soconusco durante el siglo xix, que trajo consigo el arribo de
poblaciones de muy distinta filiación, y determinó un tipo de producción
que incidía, sobre todo, en el mercado externo, más que en el interno. Por
tal motivo, y a pesar de ser el territorio de referencia un natural productor de
frutas y productos marítimos, muchos de los alimentos consumidos tenían
otra procedencia. No se puede hablar de una cocina autóctona del lugar:
su conformación está influida por el consumo de la finca, por los productos
ya existentes, así como por los que fueron requeridos comercialmente
por los inmigrantes, entre los que hay que incluir a franceses, ingleses,
alemanes, estadounidenses y españoles.
El arribo de los chinos, algunos de ellos utilizados como cocineros
en las mencionadas fincas, no solo propició una elaboración distinta de
ciertos productos y la determinación del género de quienes los preparaban
–los hombres–, sino que seguramente ofreció aquello que Jack Goody
señalaba para los años veinte del siglo pasado en la propia China: una
mejor transformación de los alimentos. Es decir, aunque la comida de los

35
“Aquí nada más hay dos restaurantes chinos: el mío y el de mi hermano Antonio, el Ley Li.
Hay dos restaurantes donde hacen comida china pero no son paisanos, son mexicanos” (entrevista
a José Carlos Ley, Motozintla, 30 de abril de 2007).
36
Rodríguez Pastor (2000: 125-127) señala con precisión cómo se ha dado en el Perú la
integración de la comida china a un ámbito nacional, refiriéndose tanto a los restaurantes como
al arroz frito o chau fan: “En esas fondas, los chinos crearon platos que respetaban ciertas
características de la comida peruana y que incluían los mismos productos que estas. A la postre,
estas viandas, en las que se mezclaba el gusto peruano y el chino, fueron emblemáticas de la
identidad culinaria nacional, como sucedió, por ejemplo, con el lomo saltado al que antes aún
se denominaba lomo con todo […] Y tanto los chifas como otros restaurantes ofrecen chaufa en
múltiples variedades que son innovaciones peruanas […]. La peruanización de este plato ha llegado
a tal punto que a veces se come con ají y hay recetas de chaufa de quinua en las que se reemplaza
en parte al arroz por ese nutritivo cereal andino”.

85
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

trabajadores chinos en su país se sustentaba principalmente en el cereal, su


elaboración era cuidada por los cocineros (Goody, 1995: 175).
Por lo tanto, la comida china, aunque para ser más precisos debe
llamarse cantonesa, con su especial énfasis en el arroz (Goody, 1995: 141-
142), formó parte de las necesidades básicas de los inmigrantes orientales,
y también se incorporó al gusto de los trabajadores de las fincas desde
que los chinos llegaron a esta región de Chiapas.
La siguiente mención confirma estas aseveraciones:
Mi papá se llamaba Manuel Liy Ley, vino procedente de Cantón, China, de
la tierra de los cocineros […]. Mi papá dio a conocer 600 platillos que en
ese entonces se condimentaba en la gran China, pero aquí él con todos los
insumos y verduras que hay aquí, en nuestro México, él decía que se podían
hacer de 200 a 300 platillos originales, como si fuera en China, porque había
los suficientes materiales, insumos, para trabajarlos. Él nos enseñó a todos
[los hijos] a cocinar.37

El incremento de población china en la región así como su dedicación


al comercio facilitaron la llegada de productos básicos para la gastronomía
oriental a través de negocios ligados a casas matrices ubicadas en Estados
Unidos, al mismo tiempo que la mayor elaboración de sus guisos, en una
zona donde la población no había sido estable en el periodo colonial, a
diferencia de otras regiones de Chiapas, dispuso que esta comida ad-
quiriera cierto estatus y, a la vez, su degustación se extendiera por medio
de establecimientos de comida al estilo de las fondas peruanas.
Durante la segunda mitad del siglo xx la apertura de negocios familiares
de restauración brinda un panorama visible hasta nuestros días, donde la
oferta gastronómica de Tapachula está vinculada con la comida china, o al
menos lo que se denomina comida china, puesto que su elaboración
y productos tienen el marcado carácter otorgado a esta en California. Así
pues, la presencia china en la actualidad, si la referencia es el Soconusco
chiapaneco, no está unida a un flujo constante de población –como ocurre
en la capital del país, el Distrito Federal, o como es perceptible desde
hace varias décadas en el caso español–, sino a los descendientes de los
originarios inmigrantes. Hoy en día tales descendientes son chiapanecos
y tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier ciudadano
mexicano.

37
Entrevista a Gilberto Liy Pérez, Tapachula, 22 de marzo de 2007.

86
Lisbona Guillén

Identidad comestible y visible

A finales de 2010 la cocina mexicana fue declarada patrimonio cultural


inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), hecho que redunda
en aquello que Jesús Contreras consideró como cocina nacional, por
ser sus alimentos y forma de prepararlos algo propio y específico de un
determinado país, además de constituirse como un elemento que otor-
ga identidad a un grupo (Contreras, 1993: 72). Sin embargo, esto que
podría pensarse lógico y extensible a cualquier parte de la geografía me-
xicana encuentra, por supuesto, muchos matices locales, y el caso chia-
paneco no es la excepción.
En referencia a los Altos de Chiapas, región donde indígenas y ladinos
conviven desde hace cinco siglos, Pedro Pitarch apuntó cómo para la
elaboración de los alimentos ambos hacen uso de “la tradición cultural de
los otros (los ladinos en el ámbito más doméstico y los indígenas en los
aspectos más públicos de la cultura) [eso sí, con diferencias, los] indígenas
emplean ambas tradiciones alternativamente pero sin mezclar sus ele-
mentos y por tanto distinguiéndolos y manteniéndolos conceptualmente
separados, mientras que los ladinos los mezclan activamente hasta no
distinguirlos” (Pitarch, 1995: 238). Estas aseveraciones hablan de un pro-
fundo mestizaje gastronómico, visible no solo en regiones compartidas
por indígenas y no indígenas, sino en la geografía chiapaneca surcada por
grupos humanos de origen prehispánico y por inmigrantes que no única-
mente procedían de la península ibérica. El Soconusco ilustra con gran
nitidez esta realidad.
Si la historia de la alimentación humana se caracteriza por los cambios
y las incorporaciones constantes, el caso aquí estudiado remite a esta
circunstancia, como ha ocurrido en muchos otros territorios del ecúmene
desde hace siglos (Flandrin y Montanari, 1996), y el ejemplo de la pasta
en Italia o el de la patata en Irlanda son clara evidencia que refuerza
acontecimientos más recientes, como la carne con ciruelas marroquí,
convertida en estandarte de la cocina de ese país pero invención reciente
(Lisbona Guillén, 2011), o la denominación de “auténtico plato británico”
al curry.38
38
“El trabajo del inmigrante para asegurarse de que está realmente integrado en la sociedad
británica podría, de otro modo, ser muy exigente, aunque sólo fuera porque ya no es fácil identificar

87
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

La conversión de la comida china en bandera cultural regional, pero


sobre todo de la capital del Soconusco, Tapachula, remite a dos aspectos
de envergadura para resaltar: por una parte, la conformación poblacional
en espacios construidos por la inmigración y, por otra, la labilidad de los
elementos que supuestamente constituyen la identidad cultural, muchas
veces asumidos con una profundidad histórica no demostrada.
En lo que concierne al primer punto y, por supuesto, guardando las
distancias, la región del Soconusco muestra similitudes con lo estudiado
por Christy Shields-Argelès cuando asevera que la asimilación del otro y
la tradición culinaria en Estados Unidos pasan por las diferentes historias
de los pueblos que han inmigrado: “En d’autres termes, on cherche plutôt
les traditions dans les communautés ethniques que dans des espaces
géographiques spécifiques” (Shields-Argelès, 2008: 266-267).39 Es decir,
la comida china, aunque insignia regional hoy en día, no es la única que
adquirió un estatus diferencial pero propio en el lugar, como es perceptible
con la alemana identificada en Tapachula con la elaboración de postres.
Un descendiente de chinos manifestó con énfasis esta singularidad en la
construcción cultural de la capital del Soconusco:
Aquí llegaron muchos por lo mismo de que no había problemas, aquí llegaron
alemanes, franceses, ingleses, árabes, judíos, españoles, chinos. Es una
ciudad muy cosmopolita. Aquí en los negocios se encontraban puras cosas
de importación, tanto comida como ropa, la gente andaba muy elegante con
traje y corbata. Yo pienso que la misma hospitalidad de aquí de Tapachula, y
que no se vio con recelo que se recibiera a gente de otra parte, permitió que
se asentara aquí mucha gente. En particular la china fue una de las razas
que más se fusionó con la gente local.40

Esta construcción culinaria en el Soconusco, por lo tanto, se distingue


de otras regiones de Chiapas por hacer visibles a los inmigrantes y sus
construcciones culinarias. Esta región bañada por el Pacífico, y fronteriza con
Guatemala, no tuvo una población estable, ni la presencia indígena propia

cuál es realmente el estilo de vida dominante en Gran Bretaña al que el inmigrante debe adaptarse.
Por ejemplo, el curry está ya tan presente en la dieta británica que figura como ‘un auténtico plato
británico’, según la Junta Británica de Turismo” (Sen, 2007: 206). Sobre el mismo tema también
Peter Burke afirma que “es imposible no percibir la tendencia global a la hibridación. Pensemos
en el curry con patatas fritas (elegido recientemente plato favorito en Gran Bretaña)” (2010: 64).
39
“En otros términos, buscamos más bien las tradiciones en las comunidades étnicas que en
los espacios geográficos específicos”.
40
Entrevista a Francisco Chong, Tapachula, 6 de febrero de 2007.

88
Lisbona Guillén

se prolongó durante muchos años, por lo que su conformación poblacio-


nal está relacionada con el auge económico de la agroindustria exporta-
dora, elemento fundamental para entender la incorporación de nuevas
cocinas en su territorio a través de los inmigrantes.
El otro punto señalado en párrafos anteriores, el relativo a la identidad,
tampoco está alejado de la migración. Si en la actualidad el tema adquiere
caracteres muy diversos en los estudios y prácticas cotidianas, tal vez la
reflexión sobre migraciones históricas aliente perspectivas o posibilida-
des diferentes. La inmigración china a Chiapas permite contrastar las
múltiples formas en que se construyen las identidades grupales o te-
rritoriales. Sin referentes hispanos o indígenas nítidos, la identidad tapa-
chulteca adquiere muy diversas premisas, y la comida china se visualiza
como una de ellas. Algo que respecto a la comida ya ha sido mencionado por
destacados historiadores del vivir cotidiano, como Peter Burke, al afirmar
que “en el seno de ciertos grupos […] y en ciertos campos concretos,
como el de la cocina, las tradiciones de los inmigrantes sobreviven mejor
que en otros. El reemplazo generacional convierte a la segregación en
adaptación” (2010: 133).
Dicho esto parece claro que lo que prevaleció entre los llegados de
oriente fue una paulatina integración por distintos mecanismos persona-
les y laborales, misma que facilitó la asunción de ciertos diacríticos
culturales como representantes de la identidad local tapachulteca. La
diferencia cultural aportada a la elaboración de alimentos por los chinos
adquirió el carácter de realidad cultural propia, y tal hecho habría que
pensarlo, aunque fuera hipotéticamente, debido a que en el Soconusco las
identificaciones culturales existentes en otras regiones de Chiapas como
marcadores étnicos no estaban presentes, más bien eran las divisiones
jerárquicas sustentadas en el poder económico las que se privilegiaban.
Si bien es “un error exagerar las continuidades en la cultura de la
comida” (Goody, 1995: 192), parece también una desproporción, a pesar
de que se haya convertido en un hábito considerar que lo que ocurre en
todo el territorio chiapaneco es, como lo criticó Pitarch, “una reiteración
simple de tiempos anteriores, ‘coloniales’ o prerrevolucionarios: allí el
tiempo no avanza, se limita a repetirse” (1995: 249). La comida china
y su condición de diacrítico identitario actual evidencian que en la con-
formación de un estado federativo, como el de Chiapas, las historias
regionales muestran situaciones diferenciadas a la hora de construir sus
marcadores de identidad.
89
Chinos en el Soconusco chiapaneco. De algunos olvidos y una identidad comestible

La presencia china fue un foco de tensión en el norte de México en


las primeras cuatro décadas del siglo xx, y sigue exhibiendo espacios de
rechazo en países como España, como lo demuestra el trabajo de Gladys
Nieto (2007), o en el propio suelo mexicano;41 en cambio, en la actualidad
del territorio tapachulteco su existencia parece cálida y propia, hasta el
punto de que la llamada comida china es el estandarte de la ciudad y no
deja de asomarse en toda la mancha urbana a través de un sinnúmero de
negocios dedicados a esa especialidad. De hecho, ir al Soconusco y no
degustar alguno de los platos ofrecidos en sus restaurantes de comida
china, o los preparados en las casas particulares, aunque estas no tengan
entre sus antepasados a migrantes orientales, no deja de ser observado
con inquietud por los anfitriones, puesto que es su comida local. Algo que
es también aseverado por los descendientes de chinos:
Yo siento que en lo que es la zona de la costa […] siento que la comida es una
de las herencias que han dejado los chinos […]. Aquí en cualquier casa de los
tapachultecos se sabe guisar un chop suey, un arroz cantonés, como sea, a
como lo ve la gente. La gente agarra y hace el intento porque hay todos los
medios para hacerlo, se encuentran todos los condimentos para hacerlo.
De hecho mucha gente de la que viene pregunta cuál es la comida típica en
Tapachula, y le dicen que es la comida china. Culturalmente yo creo que ese
ha sido un gran aporte.42

Ello remite, sin lugar a dudas, a una observación más detallada de


los aspectos históricos de una localidad o región a la hora de establecer
o enumerar diacríticos culturales referidos, en este caso, a la comida.
Para el ejemplo abordado en este trabajo tal afirmación permite destacar
que la inmigración no puede ser entendida como la incorporación de un
grupo uniforme a una realidad social y cultural dada, por el contrario, la
presencia de chinos en Chiapas y la derivación de su llamada comida en
un referente de identidad local cuestionan, a la vez, sobre las múltiples
facetas que la migración ha tenido y sigue teniendo en la vida cultural de
las sociedades humanas.

41
Por ejemplo, el periodista Juan Alberto Vázquez, al reseñar la protesta de la cancillería china
por la visita del Dalai Lama a México, dijo: “En México están de moda los restaurantes chinos que
implican una amenaza a la salud pública local. Pero es que al parecer es una tradición no matar a
las cucarachas y menos lavar las cocinas” (Vázquez, 2011).
42
Entrevista a Guillermo Chong, propietario del restaurante El Bambú, Tapachula, 7 de febrero
de 2007.

90
Lisbona Guillén

Alguna consideración final

Aunque de manera breve las páginas anteriores han pretendido mostrar


cómo los elementos culturales que diferencian a grupos humanos, los
diacríticos del vocabulario antropológico, no pueden estudiarse o enten-
derse como entidades que proceden del pasado y son transmitidos, de
forma automática, por los inmigrantes cuando de migraciones históricas se
trata. La discusión pendiente sobre el tratamiento de estos grupos humanos
en cuanto etnias, a pesar de que los chinos en suelo mexicano hayan sido
considerados como tales por diversos estudios, no puede ocultar que la
transmisión del conocimiento de los prístinos chinos llegados a México no
tuvo un único camino, y pasa por alto la diferenciación generacional que
se produce en sus sucesores consanguíneos.
Mientras que algunos aspectos se han perdido o transformado, o han
sido recuperados por los descendientes por un interés personal, más que
por una tradición, según se ha podido comprobar en este texto, otros
han traspasado las fronteras de los originales portadores para convertir-
se en un estandarte de la identidad costeña de Chiapas, y con mayor
precisión de su ciudad principal, Tapachula. Así, la comida china es la co-
mida típica de esa ciudad y un referente visual en sus calles o en las casas
de los tapachultecos, sean o no sucesores de los chinos.
Dicho lo anterior no resta más que recordar la necesaria referencia a la
historia cuando el punto de observación son los mencionados elementos
culturales. Ni las alusiones a la tradición, ni a su mecánica transmisión
por generaciones, responden a las motivaciones o los trayectos por los
que transitan los seres humanos. De ahí que al hablar de inmigrantes his-
tóricos es vital remitirse o conocer las distintas generaciones para relatar
con mayor precisión lo ocurrido. Sorpresas como las de Tapachula no
deberían serlo tanto si se tienen en cuenta estas afirmaciones.

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93
Las fiestas de los santos patronos en algunas
comunidades del sur de Quintana Roo

Guillermo Velázquez Ramírez


División de Ciencias Sociales
y Económico Administrativas
Universidad de Quintana Roo
guivelaz@uqroo.edu.mx

Introducción

E l estado de Quintana Roo es uno de los más jóvenes de México; su


desarrollo histórico está lleno de contrastes y hechos sobresalientes.
Ubicado en el extremo oriente de la Península de Yucatán, sus primeros
habitantes pertenecen a la cultura maya, quienes nos dejaron muestra
de su riqueza cultural en los vestigios que encontramos en las zonas
arqueológicas, además de cómo profesaron su religiosidad de diversas
maneras, realizando fiestas, ritos y ceremonias dedicadas a sus diferen-
tes señores o dioses. Estas celebraciones perduraron hasta la llegada de
los conquistadores españoles, quienes impusieron una nueva religión y un
nuevo orden en todos los ámbitos. Durante los 300 años del Virreinato de
la Nueva España, la población indígena sufrió transformaciones y también
manifestó signos de resistencia cultural, por lo que en lo religioso se mezcló
lo cristiano católico con la ritualidad prehispánica; así, muchas ceremonias
ancestrales fueron adaptadas, y con los elementos incorporados de la
nueva introducida creencia permanecen hasta nuestros días.
La situación social de la población en la Península de Yucatán no
cambió mucho con la consumación de la Independencia de México, en
1821, ya que, por varios factores, principalmente por la lejanía a la Ciudad
de México, no se efectuaron las modificaciones que en teoría deberían
beneficiar a la sociedad en general, sobre todo a mestizos e indígenas.

95
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

Tales factores, aunados a otros de índole regional, hicieron que en 1847


estallara la llamada Guerra de Castas en el área de Tepich y Tihosuco,
hoy Quintana Roo. Este violento movimiento social originó una gran
movilidad de la población, quedando muchas áreas despobladas, en
especial al sureste de la Península de Yucatán. El territorio del ahora sur
de Quintana Roo sirvió de refugio a los resistentes rebeldes de aquella
sublevación en contra del orden que los oprimía, y solo algunas poblacio-
nes subsistieron. Para tratar de terminar con la resistencia de la guerri-
lla, el gobierno federal implantó una aduana marítima en la desemboca-
dura del Río Hondo en 1898 y conformó un nuevo centro de población,
Payo Obispo, hoy Chetumal, la capital del estado. En 1902 se creó el
territorio de Quintana Roo con el objetivo de tener el control real sobre
la zona. En las siguientes tres décadas el territorio fue anexado nueva-
mente a Yucatán y Campeche varias veces, hasta que en 1935 fue esta-
blecido como territorio federal y en 1974 se transformó en estado.
Los asentamientos de la gente maya en Quintana Roo se ubicaron
geográficamente hacia el centro sur de la Península, teniendo los re-
sistentes como su eje el poblado que fundaron llamado Chan Santa Cruz,
hoy Felipe Carrillo Puerto, y hacia el sur de Quintana Roo con muy pocos
centros poblacionales. Ser una de las áreas con menos habitantes origi-
nó que el gobierno federal diseñara planes de repoblamiento, propiciando
la migración desde diversos estados mexicanos, principalmente de Yuca-
tán y Campeche, lo cual generó una mezcla cultural importante en la zona.
La complejidad del desarrollo social es muy intensa y se han llevado
a cabo diversas investigaciones en la región, sin embargo hace falta
complementar algunas e iniciar otras en subtemas aun poco tratados. El
presente trabajo tiene por objetivo listar poblaciones del sur de Quintana
Roo, preferentemente del municipio de Othón P. Blanco, donde se reali-
zan ceremonias religiosas y seglares en conmemoración a los santos
patronos, y qué tipo de actividades se efectúan, con el fin de contar con
datos que nos sirvan después para elaborar una lista más completa de los
sitios en la Península de Yucatán en donde permanecen estas ceremo-
nias y sus actividades relacionadas.
En los resultados destaca que, en general, en las comunidades con
arraigo o pobladores de origen maya yucateco o campechano se realizan
ceremonias de los santos patronos, mientras que en aquellas de reciente
creación con habitantes procedentes de otros estados, y/o en las hay una
mezcla de orígenes, se celebra a la Virgen de Guadalupe en diciembre, o
96
Velázquez Ramírez

la fiesta principal está vinculada con la fecha de fundación del pueblo o


comunidad.

Antecedentes

Las fiestas dedicadas a seres divinos han existido desde los inicios del
hombre viviendo en sociedad, en el área cultural denominada Mesoamé-
rica, y en el periodo llamado Prehispánico. Hasta antes de la Conquis-
ta, estas eran dedicadas a las diferentes deidades de los distintos grupos.
Para el área maya, Mindek (2001) señala que “celebraban sus festividades
en honor de sus múltiples y variados dioses con nombre distintos y
funciones específicos, muchos de los cuales eran patronos de alguna
especialidad en el trabajo. A cambio de las fiestas y el culto que se les
rendía esperaban obtener buenas cosechas o el éxito en la caza, la pesca
o en algún otro quehacer entre múltiples oficios y actividades”. Pero
con la llegada de los conquistadores surgieron cambios y se empezaron
a celebrar las fiestas patronales, es decir, dedicadas a un santo. Ahora
bien, el origen de las fiestas a los santos patronos se puede atribuir
a la imposición de los españoles al establecerse en tierras americanas.
Recordemos que desde Europa se les otorga el permiso del establecimiento
de las “encomiendas” y “mercedes”, con el propósito de la conquista es-
piritual o la evangelización de los indígenas, quienes a los ojos de los
españoles vivían en el pecado al no conocer la religión católica. Entonces
se empiezan a realizar las festividades religiosas y al mismo tiempo se ins-
tituye un calendario y santoral católico.
Según Geertz, la religión es entendida como “un sistema de símbolos
que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados
anímicos y motivaciones en los hombres formulando concepciones en
un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una
aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones
parezcan de un realismo único” (1978: 88). Por eso la religión es concebi-
da de distintos modos y resulta difícil caracterizar de manera general en
qué consiste realmente. Además, cada cultura tiene su forma particular de
utilizarla e interpretarla. Para López Austin (2001: 258), “en todo el
mundo la religión, la cosmovisión y la magia, con los duros núcleos que
los caracterizan como sistema de muy larga duración histórica, conservan
importantes instituciones arcaicas que se refuncionalizan”.

97
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

La religión de los pueblos mesoamericanos tenía muchos puntos en


común, entre los cuales está que “todos ellos integraban una misma cultu-
ra básica y se hallaban a un nivel de desarrollo más o menos semejante.
Los vínculos que unían las creencias de esos pueblos abarcaban no sólo
conceptos generales, sino deidades específicas, prácticas y rituales […] La
existencia de deidades patronales de los principales oficios es otro rasgo
común a las religiones mesoamericanas” (Ruz, 1993: 131-132). Las
religiones de las sociedades tribales y culturas mesoamericanas han sido
estudiadas por diferentes autores desde distintos puntos de vista, pero
cabe señalar que frecuentemente, de acuerdo con Durkheim, se define “la
religión como un sistema de creencias del que se deriva un conjunto de
normas y comportamientos obligatorios para quienes lo profesan y, por
tanto, como un fenómeno colectivo…” (Durkheim cit. en Tejera Gaona,
1999: 17).
En el caso de los mayas, estos “concibieron a los dioses como ener-
gías sagradas que se manifestaban en los astros, en el poder de distin-
tos animales o en las fuerzas de la naturaleza, y capaces de determinar
el acontecer del universo” (Valverde, 2000: 40). Existen diversas formas
de interpretar la religión y una de ellas es a partir de sus ritos. “La prác-
tica ritual entre los mayas es sumamente compleja. Constituye en sí la
expresión de una experiencia religiosa y tiene como finalidad esencial
introducir al hombre al mundo de lo sagrado” (Valverde, 2000: 44).
Con la llegada de los españoles a lo que ellos creían eran las Indias,
muchas de las costumbres religiosas de los mayas se vieron modifica-
das. En varios de sus rituales se introdujeron elementos españoles, como
en el caso de los rezos y ceremonias prehispánicas a los que se les empe-
zó a incluir la cruz y las imágenes de distintos santos. Muchos de sus ritos
fueron erradicados y otros permanecen hasta nuestros días, aunque con
ciertas variaciones.
La religión desempeñaba entre los antiguos mayas un papel deter-
minante. Todas las preguntas que los hombres podían hacerse respecto
al mundo que los rodeaba, la tierra y el cielo, los fenómenos naturales
(de los cuales eran espectadores o víctimas), los procesos biológicos
que observaban en las plantas, los animales y ellos mismos, la existencia
del universo y su propia vivencia, todas sus preocupaciones hallaban
respuesta en sus creencias, dogmas y mitos.
Por otra parte, el sacerdocio, cuando no detentaba en forma exclusiva
el poder político, siempre constituía la autoridad preponderante en su
98
Velázquez Ramírez

ejercicio, y así la religión actuaba como arma decisiva: “La construcción


y el funcionamiento de centenares de centros ceremoniales, de millares
de edificios destinados al culto y a habitación de los dioses y de sus
representantes significaban el control permanente y total de la población”
(Ruz, 1993: 143-144). Junto a todas las actividades de la colectividad se
llevaban a cabo ceremonias y fiestas de carácter religioso.
Se celebraban fiestas religiosas con motivo del Año Nuevo, en el
curso de las cuales sustituían la imagen del dios protector del año
vencido por el del año que comenzaba; otras tenían lugar cada mes
en honor de los patronos de algunos oficios (médicos, sacerdotes,
cazadores, pescadores, apicultores, guerreros, etc.) o asociadas
a ciertas acciones (renovación de enseres domésticos, fabricación
de ídolos, diversiones, etc.) […] Por lo general todas estas fiestas
incluían danzas y solían terminar en borracheras colectivas [Ruz,
1993: 143].
La forma más importante del culto mesoamericano fue la fiesta
periódica, fijada por los distintos ciclos calendáricos. La fiesta pe-
riódica era el medio por el que la colectividad recibía oportuna-
mente a los dioses que llegaban en forma de tiempos-fuerzas al
mundo de los hombres. Con la fiesta, la comunidad pretendía ga-
narse la voluntad de los dioses para alcanzar sus beneficios y
liberarse de su acción nociva; también pretendía contribuir a la
continuidad del mundo, impulsando el curso de los ciclos [López
Austin, 2001: 252].
Como ya se ha mencionado, la religión, los rituales y las fiestas se
encuentran vinculados estrechamente, ya que “la fiesta en sentido estricto
se refiere a aquellas conmemoraciones que la Iglesia católica reconoce
como parte de sus actividades institucionales” (Fernández y Negroe, 1997:
4). Sin embargo, retomando la definición que ofrece Mariángela Rodríguez
sobre la fiesta diremos que esta “hace un recordatorio de viejos lazos de
vecindad, de compadrazgo y amistad, amenazados por la voracidad de la
mancha urbana […] da a los participantes la oportunidad de la diferencia-
ción y de la creación de la identidad como sentido de pertenencia a un
lugar” (Rodríguez, 1991: 190). Las fiestas no solo ofrecen la posibilidad de
sentirse parte, en este caso, de la comunidad, sino que también permiten
a los participantes sentirse diferentes de los otros. Patricia Safa así lo ha

99
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

afirmado: “la fiesta es un ritual en donde se renueva la pertenencia a la


comunidad, se confirma la autoidentificación del pueblo y los criterios de
diferenciación frente al exterior […] colaborar, o no, es una forma de ser
parte del grupo o de autoexcluirse” (Safa, 1998: 135).
Las personas no nacen con una religión, la aprenden de su cultura, es
decir, la religión no es genéticamente hereditaria: con el transcurso del
tiempo van aprendiendo las costumbres, creencias e ideologías que sus
familias les enseñen; incluso, en el caso de los niños que nacen dentro de
un hogar católico, estos son bautizados, introduciéndolos de esta forma a
la religión que su familia profesa. “La religión que elabora un pueblo no sólo
refleja el medio físico que le sirve de ambiente y del cual vive explotando
sus recursos naturales, sino también el medio social del que nace y sobre el
cual actúa” (Ruz, 1993: 132). En la religión católica existen diferentes ritos
que cumplen una función socializadora entre los integrantes de esa religión.
En relación con la interpretación sobre la función de la existencia
del santo patrono, tenemos algunas descripciones o denominaciones. El
santo patrón es en realidad el “sujeto” de intercambio; o sea, las acciones
que realiza el pueblo se presentan a través del santo, que simbólica-
mente es el que peregrina, el que da y recibe, etc.; dar y recibir a través
del personaje sagrado representa el punto de partida del evento religioso-
popular. Todo se estructura en torno a ello: las danzas, los cohetones, la
música, la misa, las flores, la comida, etc., que son vistos como diferentes
actos de ofrendar con un doble sentido: para ser protegidos por el santo
de los males reales y simbólicos que puedan venir durante el año, sea de
manera individual o comunitaria. El santo patrón es considerado al mismo
tiempo como fuerza castigadora y abogado protector.
El santo se constituye en un referente de identidad colectiva en la
medida en que sintetiza elementos significativos del pasado y del presente
a través de los cuales se teje una parte de la visión que los pobladores
tienen del mundo y de sí mismos (Garma, 1994).
Según la doctrina cristiana, los santos son seres extraordinarios
que han basado su vida en principios sacros. Son venerados por sus
dones sobrenaturales que les han valido la eterna vida y el privile-
gio de estar al lado de Dios en el reino del cielo, como sus amigos
selectos y fieles sirvientes. Se cree que los rezos de los santos y su
intervención por nosotros ante Dios nos ayuda a evitar o a resolver
problemas y desgracias [Mindek, 2001].

100
Velázquez Ramírez

Existen diversas maneras de festejar a los santos, en ocasiones son


fiestas pomposas donde se mezcla lo religioso con lo popular y pagano.
En algunas comunidades, las celebraciones se realizan de forma más
religiosa, y la iglesia se adorna con flores y papel crepé picado. También en
algunas fiestas de la Iglesia católica, desde el primer día del mes hasta el
último, se reza el rosario, oración que consiste en tres tipos de misterios:
gozosos, dolorosos y gloriosos, cada uno de los cuales consta de cinco
submisterios, constituidos por un Padre Nuestro y diez Aves Marías. Al
término de cada submisterio los niños pasan a poner flores en unas letras
de madera, mientras que las señoras ejecutan cantos donde mencionan
al santo al que está dedicada la fiesta. Generalmente esto lo realizan en
su mayoría señoras y niños de la comunidad. Los rezos se hacen por lo
regular después de las cinco de la tarde, y el último día del mes se rezan
15 misterios. Al finalizar se lleva a cabo una procesión alrededor del sitio
más representativo o concurrido, que la mayoría de las veces es la cancha
deportiva del pueblo, adonde llevan al santo, y durante el camino se
realizan cantos, arribando de nuevo a la iglesia. Luego se pasa a la casa
donde se hace la comida para todo el pueblo, llamada Acción de Gracias,
y donde la gente agradece a Dios por los beneficios recibidos.

Fiesta patronal en la comunidad de Blanca Flor

En la comunidad de Blanca Flor, al sur de Quintana Roo, cada año se celebra


la fiesta a la Virgen María (1-31 de mayo) y al Sagrado Corazón de Jesús
(1-30 de junio), con misas, rosarios y procesiones con los santos, así como
con comida tradicional (píib). Aquí cabe apuntar que en la organización y
realización de las fiestas la mujer juega un rol importante, ya que es la
encargada de llevar el control de la celebración, la que se compromete
a efectuar la Acción de Gracias –es decir, la comida que se va a regalar el
último día del mes–, así como a llevar a cabo todas las actividades de
la iglesia.
Durante los meses en que se conmemora a los santos, todos los días
se realiza un rosario a partir de las siete de la noche. A falta del sacerdote
–ya que este no va seguido porque es del poblado principal más cercano–
existe una encargada de la iglesia, quien reza los rosarios. Al terminar cada
misterio se hace un canto donde se menciona a la Virgen o al Sagrado
Corazón de Jesús, dependiendo del mes, mientras los niños pasan en fila

101
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

a depositar flores en unas letras de madera que están en el altar junto con
al santo al que está dedicada la celebración –las de la Virgen son M Y A y
las del Sagrado Corazón J y A–. Cuando termina el rosario, la encargada
de la iglesia realiza una paraliturgia, la cual es parecida a una misa, pero
sin la consagración.
El último día del mes en la mañana también se hace un rosario, pero
ese día se rezan los tres grupos de misterios, es decir, 15 misterios en
total; al terminar cada uno se realiza un canto y las personas que pasan
a dejar sus flores se arrodillan. Al finalizar el rosario se celebra una misa
–cuando está el sacerdote se realiza un misa completa, si no, solo una
paraliturgia–, y luego de esta se sacan las letras y al santo en cuestión y
se lleva a cabo una procesión alrededor de la plaza principal, mientras se
efectúan cantos; en el camino se van turnando los señores para cargar al
santo. Luego de dar la vuelta a la plaza se regresa a la iglesia, donde tres
personas se paran en el centro: una carga la letra M o la J, otra al santo
y la última la letra A. Quienes caminaron en la procesión van pasando al
frente a besar la imagen del santo, después hacen una oración y pasan a
tomar el agua que está en los floreros, con el fin de sanar algunos males
que puedan tener.
Al concluir todas las actividades en la iglesia, la gente va a la casa
en donde se hicieron las comidas (relleno negro o cochinita) –la Acción
de Gracias–, se sientan en las mesas y antes de comer se reza un Padre
Nuestro y un Ave María; a las personas que no quieren comer ahí se les da
la comida en trastes para que la lleven a sus casas.
Cuando toda la gente que asistió a la casa terminó de comer, es el
momento en que se va a recibir la responsabilidad de realizar el próximo
año la Acción de Gracias: se prepara una mesa en la cual se pone una olla
de comida, tortillas envueltas en una servilleta, y alrededor se colocan tres
personas ancianas, quien realizó la Acción de Gracias y quien obtendrá la
responsabilidad de elaborar la comida el próximo año, y se lee la relación
de quienes apoyaron en esa ocasión; si sobra algo del apoyo, se le da a la
dirigente de la iglesia, para que lo utilice en beneficio de esta; al terminar
de leer la lista, los ancianos le dan consejos a la nueva responsable: que
trate de hacer todas las actividades, como las juntas y asistir a misa; que
no le importe que otras personas que no son de la comunidad católica
acudan a las celebraciones, porque las tiene que atender igual que a los
demás, y que debe ir a los rosarios y buscar las flores que ahí se utilizarán.

102
Velázquez Ramírez

Tres meses antes del día en que va a efectuarse la Acción de Gracias,


la encargada realiza una junta con los habitantes de la comunidad para
pedir apoyo, el cual consiste en dar frijol, maíz, cilantro, dinero, etc., y
se elabora una lista con el nombre de las personas que apoyan y cómo
lo harán. Ya próxima la comida, el penúltimo día del mes se mata al cerdo
en la mañana (esto lo ejecutan señores que saben y se ofrecen a hacerlo);
posteriormente, cuando alinean al cerdo, los señores empiezan a cocinar
el chicharrón, en tanto las señoras están en la cocina de la casa torteando
y cortando el cilantro y el chile habanero, para que coman los señores.
El trabajo de ellas termina ese día, cuando la gente que fue invitada ya
terminó de comer.
En la tarde los señores empiezan a hacer el píib, que es el agujero
donde van a enterrar la comida; cuando se termina, las señoras depositan
ahí la comida y los señores la entierran: primero la cubren con bajare-
ques, encima le ponen tallos de plátano, luego hojas de plátano y por
último la cubren con la tierra que sacaron; mientras entierran la comida
los señores hacen una oración.
Al terminar, todas las personas se retiran a sus hogares y dejan la
comida cocinándose. Al otro día en la mañana sacan la comida, y en ese
momento también se realiza una oración.

A manera de últimas reflexiones

En las comunidades, la relación entre el santo patrón y el pueblo es tan


estrecha que se llega a pensar que si el santo no estuviera en el pueblo esto
provocaría la pérdida de la unión entre los habitantes del lugar, ya que en
algunas de estas poblaciones las fiestas son el principal vínculo entre ellos,
porque sin importar la religión que profesen, en tiempo de fiesta muchas
comunidades se unen.
El origen de las comunidades marca en forma definitiva las fiestas
y celebraciones que se llevan a cabo a lo largo del año, de manera muy
particular las fiestas a los santos patronos, pues estas fueron introducidas
desde la época colonial y se arraigaron a lo largo de todo el periodo
virreinal, pasando a ser parte de la identidad de la población. En la
Península de Yucatán, muchas de las actividades sociales están marca-
das por el cambio que surgió con la llamada Guerra de Castas; hubo mucha

103
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

presión para la movilización masiva de la población, con alta mortandad,


mucho despoblamiento y después el repoblamiento con personas que
vinieron de otros estados de la República. Esta mezcla de población trajo
consigo una mezcla de costumbres y una aculturación, una conformación
de cultura propia, adaptando costumbres y creencias una vez más.
Así, vemos que en las localidades donde las personas tienen un largo
asentamiento, las costumbres y celebraciones están vinculadas con las
fiestas de la época colonial, como los festejos a los santos patronos, con
todas las actividades relacionadas: gremios, procesiones, rezos, fiesta
de toros y comida tradicional. En cambio, en las poblaciones de origen
más reciente y donde sus habitantes no son de una sola área cultural,
las fiestas y festejos tienden a unirlos en nuevo imaginario y bajo una
figura que aglutine a la mayoría, por ejemplo la celebración a la Virgen de
Guadalupe, que se considera la principal creencia entre los católicos en
México.
Falta continuar esta investigación en otras áreas de la Península y de
nuestro estado, buscando el origen de muchas fiestas y actividades y de los
propios santos patronos, a fin de preservar la cultura y las tradiciones, que
actualmente se están transformando; posiblemente algunas actividades
desaparezcan y algunas fiestas se vuelvan no necesariamente religiosas.
La comercialización lleva a estas celebraciones a ser por completo mer-
cantilistas, con el único propósito de ganancia económica, diversión y
sentido lúdico, dejando de lado la fe, la creencia y la religiosidad.

104
Velázquez Ramírez

Anexo

Como resultado del trabajo de campo realizado en el sur de Quintana Roo,


en el presente cuadro se ofrece la lista de comunidades donde se celebran
festividades relacionadas con los santos patronos y el tipo de actividades
llevadas a cabo en cada una de ellas.
Cuadro 1. Festividades celebradas en las comunidades de Quintana Roo

Nombre de la Fecha de la Santo patrón Actividades Actividades


comunidad fiesta religiosas seglares
Álvaro Obregón 16 de julio Virgen del Misa, rosario, Bailes populares
Carmen novenario
Ávila Camacho 11-12 de Virgen de Misas, gremio Corridas de
diciembre Guadalupe de jóvenes toros cinco días,
jarana
Bacalar 8-16 de agosto San Joaquín Gremios de Corridas de
albañiles, toros,
maestros y bailes
jóvenes populares,
jaranas
Blanca Flor 1-31 de mayo Virgen María Misas, rosarios, Comida
1-30 de junio Sagrado procesión con el tradicional (píib)
Corazón de santo
Jesús
Buena 10-12 de Virgen María Veneración Comida y
Esperanza diciembre a la Virgen, puestos, regalos
novenarios
Calderitas 7-16 de mayo Virgen de Misas, novenas, Carreras de
Fátima peregrinación caballos, torneo
de pesca, paseo
de la Virgen en
lancha,
bailes
populares,
juegos
mecánicos
David Gustavo No hay No hay No hay No hay
Gutiérrez Ruiz
(opb)
Dziuche 8-14 de Virgen de Misas, novenas, Corrida de
diciembre Guadalupe gremios toros,
12 de diciembre de niños, juegos
muchachas, mecánicos,
señoras, bailes
labradores y populares,
taxistas vaquerías

(continúa)

105
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

Cuadro anexo

Nombre de la Fecha de la Santo patrón Actividades Actividades


comunidad fiesta religiosas seglares
Felipe Carrillo 3 de mayo Santa Cruz Rezos, comida, Corrida de toros
Puerto 2-6 de enero Los Tres Reyes tox Juegos
3 de enero La Guadalupana Misas mecánicos
12 de diciembre Gremios de Bailes populares
niños y señoras Vaquerías
Francisco Villa Gremio de
albañiles
Guadalupe 12 de diciembre Virgen de Misas, novenas No hay
Victoria Guadalupe Hipiles
Huay-pix Noviembre Misas, gremios Bailes
de mujeres y populares,
niños comida regional
Kancabchen 13 de junio San Antonio de Misas, bautizos, Bailes, corridas
Padua matrimonios de toros
Kuchumatan 25-26 de Fundación del Misa, rosario Comida
noviembre pueblo
José María 12-16 de Santa Gertrudis Misas, novenas Jarana,
Morelos noviembre Purísima Gremios de vaquerías
16 de noviembre Concepción familiares, Corrida de toros
15-21 de jóvenes y Peleas de gallos
diciembre agricultores
24 de diciembre
Laguna 16 de marzo San José Misa, cantos, Corrida de
Guerrero (bajada del rosarios toros,
santo) baile popular
Margarita Maza 15-21 de marzo San José Misas, novenas, Corrida de
de Juárez gremios toros,
juegos
mecánicos,
comida regional,
bailes populares
Maya Balam 26 de octubre Aniversario del Juegos
pueblo mecánicos,
bailes populares
Nicolás Bravo 12 de diciembre Virgen de Misas, novenas Juegos
Guadalupe mecánicos,
bailes populares
Nuevo Jerusalén No hay
Otilio Montaño
Reforma 12 de diciembre Virgen de Misas, rosarios, Corrida de toros
13-16 de mayo Guadalupe novenas Bailes populares
San Isidro Gremios Corridas de
Labrador toros

(continúa)

106
Velázquez Ramírez

Cuadro anexo
(finaliza)

Nombre de la Fecha de la Santo patrón Actividades Actividades


comunidad fiesta religiosas seglares
Santa Gertrudis 12-16 de Virgen de Misas, gremio Vaquerías,
(José Ma. diciembre Guadalupe de jóvenes bailes, peleas
Morelos) de gallos
Tres Garantías 15-16 de mayo San Isidro Misas, Charrería,
Labrador rosarios baile popular
Uh-May (fcp) 12 de Virgen de Misas, No hay
diciembre Guadalupe novenas

Fuente: Elaboración propia.

107
Las fiestas de los santos patronos en algunas comunidades del sur de Quintana Roo

Fuentes consultadas

Fernández, F. y Negroe, G. (1997). “Resistencia cultural a través de la


religión popular. Los gremios y las fiestas de Yucatán”, en Ramón
Arzápalo Marín y Ruth Gubler (comps.). Persistencia cultural entre
los mayas frente al cambio y la modernidad. Mérida: Universidad
Autónoma de Yucatán, 1-16.
Geertz, C. (1978). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.
López Austin, A. (2001). “La religión, la magia y la cosmovisión”, en Linda
Manzanilla y Leonardo López Luján (coords.). Historia antigua
de México. V. IV: Aspectos fundamentales de la tradición cultural
mesoamericana. México: Instituto Nacional de Antropología e
Historia/Universidad Nacional Autónoma de México, 227-272.
Rodríguez, M. (1991). Con la estrella y la pasión a cuestas. México: Ediciones
de la Casa Chata.
Ruz, A. (1993). El pueblo maya. México: Salvat Editores.
Safa, P. (1998). Vecinos y vecindarios en la ciudad de México. Un estudio
sobre la construcción de identidades vecinales en Coyoacán, D.
F. México: Universidad Nacional Autónoma de México/Centro
de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Socia/
Miguel Ángel Porrúa.
Tejera Gaona, H. (1999). La antropología. México: Editorial Tercer Milenio.
Valverde, M. C. (2000). Los mayas. México: Editorial Tercer Milenio.

108
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo.
Un contexto de supremacía masculina y violencia de género

María Eugenia Salinas Urquieta


División de Ciencias Sociales
y Económico Administrativas
Universidad de Quintana Roo
salinasurquieta.mariaeu@gmail.com

Introducción

En 20051 inició mi acercamiento al tema de la trata de personas en México


y específicamente a la situación en Quintana Roo. Fue en las reuniones
de trabajo de la Comisión del Feminicidio,2 de aquel entonces, donde se
reportaban hallazgos, se discutía y reflexionaba en torno a una serie de
delitos en contra de las mujeres que recibían penas insignificantes, a la vez
que sobre un conjunto de prácticas y “costumbres” que ponían en riesgo
la vida de las mujeres y las niñas; así, ese concepto abstracto y nebuloso
comenzó a ser visible en los hechos cotidianos. En ese periodo aprendí
mucho en términos teórico-metodológicos acerca de la investigación
interdisciplinaria en temas de género y violencia contra las mujeres; de
igual forma comencé a darme cuenta de la intrincada red de relaciones
sociales, de parentesco y de contubernio e impunidad que existía alrededor
del fenómeno de la trata de personas en los distintos municipios de
nuestra entidad, afectando tanto a las grandes ciudades (Cancún, Playa del
Carmen, Chetumal) como a los poblados rurales, ya fuese de la ribera
del Río Hondo o de la Zona Maya.
1
En el contexto de la coordinación en Quintana Roo de los trabajos de la Comisión del
Feminicidio.
2
Su nombre completo y oficial fue Comisión Especial para Conocer y dar Seguimiento a las
Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de
Justicia Vinculada; en adelante, Comisión del Feminicidio.

109
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

Por ejemplo, “la venta de niñas de 12 años a hombres adultos y ancianos


que las compraban como esposas” a sus familias, o más precisamente a
su propio padre, asunto sobre el cual comenté en un seminario en 2006, y
donde la diputada Angélica de la Peña, parte de la comisión, me respondió:
“eso es un asunto de trata de personas”.3 En aquellos años era incipiente
la elaboración de la ley de trata, a la vez que un asunto distinto del que
nos ocupábamos nosotras, lo que después sería la creación de la Ley de
Acceso a una Vida Libre de Violencia para las Mujeres. Constituía un arduo
trabajo epistemológico deslindar cuales serían los hechos sociales, los
crímenes y los delitos de los que se ocuparía la ley de acceso y cuáles
aquellos de los que tendrían que ocuparse otras leyes paralelas, como la
Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes,
la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación o la Ley para
Prevenir y Sancionar la Trata de Personas.
La trata de seres humanos es un delito, identificado como tal desde la
redacción del Protocolo de Palermo. En el presente trabajo se describe el
contexto que hace posible en Quintana Roo el fenómeno de la trata como
un hecho social, y cuáles son las circunstancias económicas, sociales, de
parentesco, políticas, culturales e históricas que conllevan discriminación,
explotación, subordinación y abuso de niñas y mujeres. La perspectiva es
antropológica y se busca construir conocimiento que dirija a la modificación
de tales circunstancias, a través del respeto de los derechos humanos,
el empoderamiento de las niñas y las mujeres, y la construcción de la
ciudadanía, haciendo que se cumplan las leyes y fortaleciendo las políticas
públicas al respecto.
Si bien mencionaré algunos aspectos legales y citaré lo que la ley
señala, me interesa resaltar una serie de prácticas que vulneran la condición
social de las niñas, y cómo ciertos imaginarios o representaciones sociales
vuelven invisibles y normalizan situaciones de abuso y explotación. De igual
manera, aunque es loable y se necesita avanzar en el cumplimiento de la
ley de trata, ello no es suficiente para erradicar este fenómeno. Existen
poblados donde las niñas y adolescentes son compradas y vendidas

3
Para Marcela Lagarde es importante difundir la historia de cómo se construye la
jurisprudencia en la “Introducción” de Marco jurídico, donde escribe: “Dolores Renau, destacada
feminista, quien fuera presidenta de la Internacional Socialista de Mujeres, sostiene que es
imprescindible elaborar el relato a las leyes que impulsamos las feministas para insertarlas en los
procesos políticos y hacerlas comprensibles al dar a conocer el sinfín de hechos desconocidos y
aparentemente inconexos, con el objetivo de hacerlas apropiables por las ciudadanas y por quienes
deben aplicarlas” (Blázquez y Pichardo, 2009: 12).

110
Salinas Urquieta

como esposas,4 y en muchas ocasiones esa fue la única “solución” que


encontraron a una circunstancia de pobreza extrema en el interior de sus
familias, así como de maltrato y violencia. De allí que se necesiten cambios
estructurales en el modelo económico, en la superación de la pobreza y el
acceso a la educación, la salud y el trabajo digno para todas las personas,
en especial para las niñas.
Sin embargo, también existen niñas, adolescentes y mujeres adultas
que fueron engañadas, enganchadas y trasladadas a lugares donde se les
obliga a prostituirse, y viven en condiciones de esclavitud sexual. En este
caso es urgente que la ley se aplique con todo rigor, castigando a todos
los involucrados en el proceso de captación, transporte, traslado, acogida
o recepción de las personas, pero todavía faltaría brindar refugios y
medios de subsistencia a las sobrevivientes. Como puede leerse en la
mayoría de los documentos generados en México, uno de los más grandes
problemas son precisamente las modalidades y formas que ha adoptado
este fenómeno en las distintas regiones y en los diferentes estados. Al
respecto, Rosi Orozco apunta:
En México, la realidad nos confronta, pues de 31 estados, 28 de ellos y el
Distrito Federal consideran la trata de personas como un tipo penal en su
orden jurídico, en cumplimiento de los compromisos internacionales contraídos
en esta materia, sólo 13 cuentan con una ley especial que prevé protección
para las víctimas y cuatro entidades federativas no tienen tipificado este delito
en sus códigos penales, ni cuentan con una ley especial. Por cierto, cada
estado sanciona este delito con penas que van desde los seis meses hasta los
48 años de prisión, entre otros contrastes que proyecta nuestro orden jurídico
y que muchos expertos tratan de explicar con todo detalle [Orozco, 2011: 14].5

Cabe destacar que si bien es importante armonizar y construir


una complementariedad de la ley en el nivel nacional, pues la actual
heterogeneidad ocasiona que los tratantes puedan escabullirse fácilmente,
por otro lado una ley uniforme para todo el país que no considere las
especificidades de cada región podría entorpecer la procuración e impar-
tición de justicia en las condiciones quintanarroenses. En palabras de un
experto en la materia, se advierte del peligro de:

4
Al igual que sus madres.
5
En 2014 todavía se discuten modificaciones tanto a la ley federal como en algunos congresos
de los estados, lo que evidencia la magnitud del negocio de la trata en el país, así como el poder de
las redes delincuenciales. Sobre este asunto no me ocuparé en el presente capítulo.

111
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

caer en una indiferenciación normativa que impida conocer y justipreciar


la heterogeneidad de hechos, elementos y circunstancias concurrentes que
debieran llevar a valoraciones y decisiones diferentes y justas [Casillas,
2011: 20].

En 2007 colaboré con el Observatorio de Violencia Social y de Género


de Benito Juárez, debía revisar las bases de datos que allí se habían genera-
do con las denuncias de violencia de género recibidas en el Sistema para
el Desarrollo Integral de la Familia (dif), en el Instituto Quintanarroense de la
Mujer (iqm) y en el Centro Integral de Apoyo a las Mujeres (ciam) iqm y en el
ciam Cancún, además de contribuir a la sistematización de esa información
en gráficas y tablas, y generar un informe final. En aquel entonces, lo que
más llamó mi atención al revisar en línea los expedientes de las denuncias
que habían puesto las víctimas fue la cantidad de adolescentes varones6 que
denunciaban haber sido violados o abusados sexualmente por sus
parientes (padres, padrastros, hermanos mayores, tíos, abuelos). En los
testimonios que se leían en los expedientes se reiteraba, una y otra vez,
por niños y jóvenes de entre 10 y 18 años: “por eso vengo aquí, ya no sé
qué hacer, hay días que solo pienso en matarme, no veo otra salida”. Me
impactó porque ya conocía el dato estadístico y epidemiológico de que
Quintana Roo ocupaba el primer lugar en suicidio de hombres y mujeres
en la república mexicana, y también los datos indicaban que la edad en
que se producían los suicidios era entre los 10 y 22 años. Esta constituyó
otra experiencia de investigación y análisis que contribuyó a profundizar
en el conocimiento de las diversas situaciones de riesgo y violencia a las
que se enfrentan muchos niños/as y adolescentes (mujeres y hombres)
en Quintana Roo.7 En los testimonios de mujeres y hombres adultos que
hoy se prostituyen, se puede identificar un denominador común; una
entrevistada lo resumía de forma elocuente: “entre ser violada en casa
por mi padrastro, y salir a la calle a talonearle, no hay pierde ¿a poco no?
Pos si te van a usar mejor que te paguen ¿no crees?”.

6
Que las niñas y mujeres jóvenes y adultas sean violadas es un dato conocido y registrado por
el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi) desde hace varios años.
7
Carlos Macías Richard (2003: 16) señala como una característica de la entidad esta “juventud
emancipada” con una independencia temprana (se van de la casa) de las y los jóvenes del hogar
paterno. “Como veremos en la Encuesta los jóvenes quintanarroenses acostumbran abandonar su
hogar de manera temprana en busca de trabajo o de educación; del mismo modo, en el caso de
las mujeres, la separación del hogar materno parece estar dando lugar con relativa frecuencia a
nuevas jefaturas femeninas”.

112
Salinas Urquieta

Hoy cuando busco lo que ha escrito Rosi Orozco, experta en el tema


de trata de personas en México, encuentro un comentario al respecto:
Una víctima de secuestro se aferra a la vida con la esperanza de ser
rescatada; no así las víctimas de trata, las que de acuerdo con testimonios
de muchos sobrevivientes se venden sexualmente 20 o 30 veces por día, con
el único deseo de morir, y en muchos casos lo consiguen tras ser abusados y
torturados por sus captores, o en desgarrantes suicidios que cometen para
encontrar descanso ante tal injusticia [Orozco, 2011: 13-14].

Haciendo el relato autobiográfico de una persona sobreviviente de


trata,8 coincidía en este aspecto, pues para escapar de una situación
de abuso sexual en su grupo doméstico por parte de un pariente, aceptó
una oferta de empleo en otra ciudad, lo que resultó ser explotación sexual;
si bien esta persona hoy se dedica a realizar diferentes tipos de trabajos,
en ocasiones recurre a la prostitución. Paradójicamente, cuando escucho
sus palabras me doy cuenta de que a la vez que “confiesa” que es el
mejor o único trabajo que sabe hacer, frente a las limitadas opciones que
encuentra para estudiar o conseguir un trabajo de otra clase, también se
desespera al mirar hacia adelante y no vislumbrar otras alternativas de
sobrevivencia o de vida digna.
En un seminario efectuado en Cancún en marzo de 2013, varios expertos
y expertas exponían la gran dificultad para tipificar el delito de trata, cómo
atender a las y los sobrevivientes, y qué hacer para la prevención.
En el contexto de la investigación de la Comisión del Feminicidio,
tuve acceso en 2005 al libro de Elena Azaola, Infancia robada. Niñas y
niños víctimas de explotación sexual en México, publicado en el año 2000,
producto de una investigación antropológica realizada en seis ciudades de
México. Cancún es una de ellas, y entre los datos que allí encontramos
aparece lo siguiente:
Una de las menores entrevistadas refirió que había tenido contacto con un
japonés que venía solicitando jóvenes de entre 14 y 20 años y ofrecía a
quien se las consiguiera mil dólares por cada una y hasta 10 mil por las más
pequeñas. Pedía que le trajeran niñas de los pueblos cercanos que pudieran
estar interesadas “en ganar mucho dinero por desempeñar un trabajo que
no era muy pesado”. El señor logró llevarse a 4 adolescentes de Puerto
Aventuras [Azaola, 2000: 70].

8
Entrevista realizada por la autora en octubre de 2013.

113
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

Cabe mencionar que, en el primer trimestre de 2012, organicé y


coordiné el diplomado Buenas Prácticas en la Gobernanza para la Pre-
vención Social de la Violencia, como parte del apoyo brindado a la inves-
tigación9 que hizo la Universidad de Quintana Roo para el municipio de
Othón P. Blanco en el contexto del Subsidio para la Seguridad Pública
Municipal (Subsemun). Durante varios fines de semana se capacitó, en
la modalidad de taller, a 45 funcionarios y funcionarias del gobierno
municipal. En esas sesiones emergió información relevante, brindada
por las y los funcionarios operativos (del Centro de Atención a Víctimas y
Menores en Riesgo de la Policía Municipal Preventiva, la Procuraduría de
la Defensa del Menor y la Familia, entre otros), respecto de una serie
de prácticas que vulneran los derechos humanos de las niñas y los niños
y que pudieran ser catalogados dentro de algunas de las modalidades que
constituyen el delito de trata de personas.
Debido a que pude ver de cerca el rol masculino, es pertinente
indicar que en 2012 fui responsable de la investigación financiada por el
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología “Aplicación de los Protocolos de
Actuación para la elaboración de un Programa Estatal de Prevención de la
Violencia de Género, la Atención de Mujeres Víctimas de Violencia de Gé-
nero, el Acompañamiento de las Mujeres Víctimas de Violencia de Género
ante las Instancias de Justicia, la Intervención con Agresores de Mujeres y
de Contención Emocional para el personal que atiende a mujeres vícti-
mas de violencia”. Fue en ese trabajo de aplicación de los modelos de
atención y de ensayo de la puesta en marcha de los cinco protocolos para
la aplicación de la Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia para las
Mujeres en Quintana Roo que constaté la necesidad del trabajo con los hom-
bres y de la investigación de las masculinidades. Los cinco talleres impar-
tidos sobre los cinco protocolos contaron con la participación activa y el
entusiasmo de todas y todos los funcionarios operativos, con mayor razón
porque fueron realizados apenas iniciaba el periodo del gobierno estatal
e inaugurándose en sus funciones un nuevo equipo de administración en
2012. Por ello, el protocolo “Del tratamiento a los agresores”, además de
evidenciar la falta de profesionales expertos en esta materia, en los niveles
estatal y municipal, que pudieran darle continuidad a las acciones iniciadas
al respecto, hizo patente el vacío gubernamental y la demanda ciudadana,
para dar respuesta al número cada vez mayor de niños y jóvenes agresivos y
9
“Diagnóstico territorial de las causas sociales de las violencias en Chetumal”.

114
Salinas Urquieta

violentos, no solo en reclusión por la comisión de algún delito, sino también


en las colonias, las escuelas y otros espacios públicos.
De la experiencia de participación en los diferentes momentos de
construcción de políticas públicas –a saber, diagnóstico del feminicidio,
discusión y cabildeo de la ley de acceso, capacitación a servidores públicos
sobre seguridad urbana con perspectiva de género y aplicación de los pro-
tocolos de actuación en relación con la Ley de Acceso a una Vida Libre de
Violencia para las Mujeres en Quintana Roo– se adquiere la certeza de la
urgencia de investigar, reflexionar, producir conocimiento e incidir en el
cambio de la masculinidad hegemónica.
La trata de seres humanos es un asunto paradigmático, pues a
largo plazo y con una perspectiva de erradicación, implica poner fin a la
esclavitud sexual y a la venta de seres humanos. Más allá de las acciones
inmediatas que resulta imperioso poner en marcha, nos obliga a revisar
con responsabilidad una serie de prácticas culturales y sociales, a la luz de
los nuevos procesos de globalización. En tanto, la industria turística y
del entretenimiento se beneficia en términos económicos, y basa una
buena parte de su mercadotecnia en la venta al gran público mundial de
estereotipos cosificadores, sexistas, misóginos y discriminatorios de las
niñas y mujeres, latinoamericanas, mexicanas, caribeñas, mayas, morenas,
afrodescendientes o mestizas.
La violencia de género y los estereotipos son difundidos en los
medios de comunicación, en canciones, noticieros, anuncios comerciales
y recreados por científicos, maestros, autoridades, al igual que en el cine,
el arte, los concursos y los shows. Allí se puede apreciar la sobrexposición
sexual de las mujeres. Por tal motivo, y desde esta perspectiva que nos
interesa enfatizar y llamar a la reflexión, para erradicar la trata de seres
humanos es necesario incidir en la problemática de la sexualidad y de la
masculinidad hegemónica, por lo que nuestro marco teórico hace énfasis
en la comprensión de la construcción de la subjetividad masculina.
Otro asunto que es importante reseñar se refiere a mi implicación en
este tema, al modo en que lo describe Devereux (1977: 7-390),10 por lo

10
“Afirmo que es la contratransferencia y no la transferencia el dato de importancia más
decisiva en toda la ciencia del comportamiento” (Devereux, 1977: 19). El estudio del comportamiento
humano produce cierto grado de ansiedad en el investigador, mismo que distorsiona la observación
y la construcción de los datos; al ser conscientes de este hecho, es posible mejorar la calidad de la
información obtenida, pues obliga a manejar la propia subjetividad y eliminar cualquier ilusión de
neutralidad en la investigación (Devereux, 1977).

115
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

tanto, debo aclarar que no he sido una observadora neutral, pues al conocer
los hechos a través de personas que me entregaron sus testimonios, me
conmocioné y en la medida de mis posibilidades busqué darles algún apoyo;
he intentado con no poco esfuerzo pasar de “la ansiedad al método” para
hacer una etnografía lo más apegada a cómo ocurrieron los hechos, desde
mi punto de vista. Por supuesto que estoy en deuda con muchas filósofas,
sociólogas, economistas, periodistas, antropólogas y psicólogas, todas
ellas feministas, que me ayudaron en este proceso. Ahora me parece en
especial pertinente lo que escribe Norma Blazquez Graf respecto a los
procesos de investigación científica:
Toda investigación se organiza y conduce a través de relaciones: entre
quienes investigan y demás integrantes de la sociedad. Como otras formas
de relación humana, la generación de conocimientos sucede en ambientes de
poder social e interpersonal, en sociedades y en un mundo ordenado donde
el poder se distribuye de manera desigual [Blazquez, 2010: 37].

Apuntes para un marco teórico-metodológico

La trata de personas se refiere a la


…captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas,
recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción,
al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de
vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios. Para
obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre
otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la
explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual,
los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la
esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.11

Para elaborar y contextualizar los datos acerca de la trata de mujeres


en Quintana Roo, partimos de analizar los nexos entre prostitución y trata
de personas, dentro de la perspectiva de que la explotación sexual es

11
Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente de
Mujeres y Niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia
Organizada Transnacional, adoptada en Nueva York, Estados Unidos, el 15 de noviembre de 2000
(Unifem, 2004).

116
Salinas Urquieta

una de las formas más antiguas de opresión de las mujeres (MacKinnon,


2010). En este sentido se presenta la discusión entre los dos polos del
posicionamiento respecto de su manejo: quienes plantean la erradicación
de la prostitución entendida como explotación sexual y quienes la ven
como “un trabajo igual a cualquier otro” y, por lo tanto, proponen legalizarlo
y regularlo.
Quienes consideran la prostitución como un trabajo o servicio,
argumentan que las mujeres en el transcurso de su vida pueden entrar
y salir de esta actividad, en particular las mujeres migrantes (Maqueda
Abreu, 2010).
Si lo que se busca es construir una interpretación de los derechos
humanos con perspectiva de género para erradicar la trata, entonces
resulta necesario ampliar la mirada y no solo ver la trata de mujeres y
niñas ligada a las redes delincuenciales del narcotráfico, tráfico de armas
y de personas, dado que también se engaña, abusa y amenaza, con el fin
de explotar a las niñas y las mujeres en los poblados como expresión de su
subordinación en las relaciones de parentesco y en contextos con grados
de movilidad variable, regional, nacional e internacional. La trata es posible
porque existe una tolerancia social al abuso y profundas desigualdades de
clase, de género, etarias y étnicas que contribuyen a que muchos seres
humanos no tengan acceso al conocimiento de sus derechos, a la defensa
de los mismos y a una vida digna (García Cuesta, 2012).
Desde el enfoque de construir sinergias, se tendría que observar cómo la
ley de trata de Quintana Roo también se conecta con el cumplimiento de
la ley de acceso a una vida libre de violencia, de igual forma que con las
leyes de igualdad entre mujeres y hombres, contra la discriminación, así
como con aquella a favor de los derechos de las niñas, los niños y los
adolescentes; cinco leyes íntimamente interrelacionadas, todas con base en
la defensa de los derechos humanos. Esta cuestión la explica ampliamente
Amaya Renobales, consultora de derechos humanos de la niñez y de
las mujeres, quien entregó en 2005 el informe “Lineamientos para una
legislación libre de violencia en el estado de Quintana Roo”. Allí se indica
que aunque México haya ratificado todas las convenciones internacionales
que protegen el derecho a una vida libre de violencia tanto de mujeres
como de niñas, niños y adolescentes, estas deben verse reflejadas en las
normas federales y estatales.

117
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

Pero a pesar de existir un marco jurídico adecuado en Quintana


Roo, y de haber sido capacitados los/as funcionarios/as públicos de los
diferentes niveles de gobierno, estatales y municipales, los derechos
humanos están lejos de encontrar una cabal protección. Es desde este
lugar y con esta perspectiva que presentamos algunos datos e información
empírica, al tiempo que reflexionamos sobre lo que está ocurriendo hoy en
la sociedad quintanarroense.
Bourdieu puede ayudarnos a explicar por qué se ha normalizado una
serie de prácticas de discriminación y de violencia en contra de las niñas
y las mujeres. No solamente porque muchas formas de subalternidad
son disfrutadas y defendidas por las mismas mujeres como parte de su
identidad femenina (sumisión, abnegación, etc.). No es solo la “violencia
simbólica” sino también “la masculinidad como nobleza” a las que Bourdieu
(2000: 75) dedica varias páginas dentro del capítulo “La anamnesia de
las constantes ocultas” de su libro La dominación masculina, las que
contribuyen a que muchos aspectos de las nuevas leyes no se comprendan
cabalmente, se desconozcan y, por lo tanto, se transgredan.
A pesar de que la violencia contra las mujeres es sistémica, ello no
resulta suficiente para comprender y explicar que sean tan escasas las
aportaciones científicas en torno de los estudios de las masculinidades
y las políticas públicas que permitan cumplir perfectamente lo que la ley
indica respecto de las acciones dirigidas a los agresores, a la vez que a
los hombres en general para construir relaciones igualitarias.
Para México, los autores que han abordado el tema tanto en términos
teórico-metodológicos como filosóficos y de investigación empírica son
Juan Guillermo Figueroa, Benno de Keijzer y Juan Carlos Ramírez, entre
otros. Nos parecieron pertinentes para comprender la masculinidad en
el caso que nos ocupa las siete “p” propuestas por Michael Kaufman y
que Benno de Keijzer retoma para integrarlas al marco metodológico de
su investigación y la construcción de sus datos: la primera “p” es la del
patriarcado (o dominación masculina); la segunda se refiere a los privi-
legios consustanciales a la condición masculina (como nobleza); la ter-
cera alude a la permisividad; la cuarta, al poder; la quinta describe el
psiquismo construido de una cierta forma; la sexta, la olla psíquica de
presión bajo la cual viven casi permanentemente los hombres, y la séptima,
la manera en que elaboran las experiencias del pasado la mayoría de los
seres masculinos.

118
Salinas Urquieta

Nos empuja a ocuparnos de la masculinidad el hecho de estar traba-


jando en investigaciones directamente vinculadas a políticas públicas para
erradicar la violencia contra las mujeres por lo menos desde 2005, y hoy,
a casi diez años de haber participado en diversos proyectos, discutido
y reflexionado con diferentes profesionales que se abocan al tema, nos
parece importante comenzar a conocer e incidir sobre las masculinidades,
para seguir avanzando en la erradicación de la violencia. Así como en su
momento en el proyecto liderado por Roberto Castro y Florinda Riquer
se planteó dar un giro a la investigación y, además de enfocarse en la
violencia de pareja y/o doméstica, se buscó analizar la violencia pública y
en todos los otros ámbitos de la vida social que no se había documentado
(comunitaria, escolar, laboral, institucional, etc.), así también ahora se
requiere no solo atender a las mujeres víctimas y/o profundizar en los
contextos de producción de un tipo de femineidad que tolera, soporta o
justifica la violencia masculina, sino que al igual se necesita investigar y
dar cuenta de la producción y reproducción de masculinidades violentas,
misóginas y homofóbicas tanto en el ámbito privado, doméstico y del
parentesco como en el público, institucional y gubernamental.
Como podremos constatar, la trata de mujeres y niñas, así como el
tráfico de seres humanos, se relaciona con la cosificación de las personas,
con su reducción a meros objetos de intercambio comercial, si bien existe
un componente histórico y cultural sistémico. Asimismo, hay un fuerte
componente relacional, de género, de construcción de la sexualidad de
una cierta forma, que hace posible la prostitución, el intercambio de
sexo por dinero y la expropiación del cuerpo y la sexualidad femenina por
algunos hombres.
La trata, quizás en mayor medida que otras formas de violencia contra
las mujeres, es el reflejo de un aspecto muy íntimo de la construcción
de la masculinidad hegemónica, del erotismo masculino, porque produce
y reproduce un mercado para la compra y venta (o renta) de mujeres.
También por tal motivo en este breve marco teórico-metodológico le
otorgamos un lugar relevante a explicar cómo se construye en los hombres
el manejo del conflicto y la violencia en cuanto respuesta privilegiada de la
subjetividad masculina al malestar y dolor emocional, lo que podría ayudar
a comprender mejor cómo se articula la violencia masculina en lo individual
y lo social, para incidir en su deconstrucción. La triada de la violencia
masculina –contra sí mismo, contra las mujeres y en contra de otros

119
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

hombres– no solo daña a las niñas y mujeres, sino que además perjudica
y causa sufrimiento a los propios hombres. De allí emerge la necesidad de
imaginar nuevas masculinidades y legitimar otras formas de ser hombre.

Prostitución, trata y violencia contra las mujeres

En general, Quintana Roo continúa siendo un lugar con una industria


turística pujante, que genera empleos y atrae migraciones de diferentes
tipos; en cuanto a la oferta de servicios de salud y educación, si bien con
rezagos importantes, ofrece acceso en mejores condiciones que en sus
lugares de origen a las poblaciones depauperadas de los estados aledaños
del sureste. De igual modo, ya sea como población en tránsito o como
migrantes estacionales, las personas procedentes de Honduras, Guatemala
y El Salvador pueden encontrar mejores oportunidades que en sus países.
Sin embargo, a pesar del crecimiento económico, y que en términos
comparativos no es una entidad de pobreza extrema desde una perspectiva
macroeconómica, la violencia contra las mujeres no parece haber dismi-
nuido, aun con las nuevas leyes aprobadas y los diversos programas
emprendidos. A este respecto, el informe de la Comisión Especial para
Conocer y dar Seguimiento Puntual y Exhaustivo a las Acciones que han
Emprendido las Autoridades Competentes en relación a los Feminicidios
Registrados en México señala:
La tasa de suicidios de mujeres se multiplicó por 4.5 entre 2005 y 2009,
con lo que la entidad pasó del último al quinto lugar. La situación de las
violaciones denunciadas ante el Ministerio Público por 100 000 mujeres
también ha empeorado, pues aumentaron en más de una cuarta parte,
pasando del tercero al primer lugar en el país; si bien lo anterior podría verse
–de manera muy optimista– como el resultado de una mayor confianza de las
mujeres víctimas de este grave delito en el aparato de procuración de justicia
para levantar denuncias, no deja de ser una situación extremadamente
preocupante y que requiere de la urgente atención de los distintos órdenes
de gobierno [Cámara de Diputados, LXI Legislatura, 2011].

Pareciera que la violencia sexual fuese un asunto endémico en


nuestra entidad: primer lugar nacional en violaciones denunciadas ante el
Ministerio Público y primer lugar de niñas embarazadas producto de una
violación. Si a lo anterior sumamos la red de pornografía infantil construida

120
Salinas Urquieta

por Succar Kuri en Cancún durante por lo menos diez años, denunciada
por Lydia Cacho en su libro Los demonios del Edén (2005), entonces no es
difícil imaginar la magnitud de esta problemática en Quintana Roo.
Para comprender la trata de personas con la perspectiva de lograr
su erradicación, resulta necesario reflexionar y conocer la discusión que
existe en el nivel mundial acerca de la prostitución. Catharine MacKinnon12
inicia su argumentación señalando la disyuntiva entre las dos posiciones
respecto de la prostitución: legalizarla y verla como cualquier trabajo de
servicio o luchar por su erradicación.
Quienes están a favor de legalizarla plantean que las y los trabajadores
sexuales, en su gran mayoría mujeres, controlan la interacción sexual,
reciben dinero por algo que en general se espera [de las mujeres] en forma
gratuita, y esto les permite tener una vida independiente y relaciones
sexuales con muchos “partenaires”. Todos estos comportamientos son,
por lo general, monopolizados por hombres, y en este sentido pueden ser
considerados liberadores para las mujeres. Algunas mujeres adoptan el
rol masculino de vender a otras mujeres a hombres para tener relaciones
sexuales. Esto socava la hermandad entre ellas [MacKinnon, 2010: 16].

En cambio, el enfoque de la explotación sexual considera la prostitución


como la más antigua forma de opresión de las mujeres, tan extendida como
la desigualdad institucionalizada entre los sexos y la supremacía masculina,
de la cual forma su piedra angular. La denominación “explotación sexual” se
basa en información recabada de cómo funciona la industria del sexo.
La prostitución se considera un producto de la falta de elecciones, el último
recurso de aquellas personas con menor cantidad de opciones, o que carecen
de cualquier otra opción de vida real. La coerción detrás de este fenómeno,
tanto física como de otro tipo, produce un contexto de abusos sexuales a
cambio de dinero, y en el que la mayor parte de ese dinero va a otras personas
[MacKinnon, 2010: 18].

Son los padrotes, cafiches, tratantes y traficantes practicantes del


lenocinio, que es la figura delictiva en México. En este tipo de transacciones
el dinero sirve para coaccionar el sexo, no existe alguna garantía de con-
sentimiento, muchas veces se convierte en violaciones sucesivas o

Conferencia magistral dictada en Argentina en el Encuentro Internacional sobre Violencia


12

de Género en junio de 2010.

121
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

“violación en serie”. El sexo pagado tiene un alto costo para quien ejerce la
prostitución, en tanto son ellas las que cargan con el estigma (la violencia
y los asesinatos). No así los clientes, sobre los cuales, por los menos en
los países latinoamericanos, no recae ningún castigo, ni sanción legal o
moral. “De acuerdo con este punto de vista, las personas que son pros-
tituidas cargan injustamente con un estigma que les pertenece a sus ex-
plotadores” (MacKinnon, 2010: 17).
El enfoque de la explotación sexual, que busca abolir la prostitución
y discute la mejor manera de acabar con esta industria, ha sido adoptado
por Suecia, Islandia, Noruega y Corea del Sur, que han sido pioneras en
institucionalizar un modelo que criminaliza a los compradores (la demanda),
así como a los vendedores (los proxenetas y los tratantes), mientras que
elimina toda consecuencia penal para las personas prostituidas (quienes
son vendidas), y les ofrece servicios de capacitación para un trabajo de
su elección.
Un elemento a tener en cuenta es que las personas que se dedican a la
prostitución pertenecen a los estratos más depauperados de la sociedad;
muy pocas logran salir de la pobreza gracias a ese tipo de actividad. En
ocasiones la pobreza se entrecruza con otras variables, por ejemplo la etni-
cidad y ciertas tradiciones,13 como la de castas en la India, o como la trata
en Tlaxcala, México.
En una proporción elevada, las personas que ingresan a la prostitución
lo hacen a muy corta edad –son muy jóvenes y en ocasiones menores de
18 años–; siendo niñas o niños, es absurdo considerar que “escogieron”
dedicarse a esa actividad. Otro elemento a considerar es que al escuchar
los relatos de vida de estas personas, muchas reportan haber sufrido
abuso sexual, violencia o violación en su infancia, por parte de algún fa-
miliar cercano (hermano, padre o padrastro), lejano (tío, padrino) o por
vecinos y desconocidos.
MacKinnon (2010: 22) escribe acerca de la necesidad de aclarar qué
se entiende por sexo o “tener sexo”:

13
En la India, a pesar de que el sistema de castas es ilegal, existe una casta de prostitutas.
Las mujeres que pertenecen a la casta nats por nacimiento o matrimonio son escogidas por los
hombres de su familia para ser prostituidas; se supone que los hombres de esta casta deben
prostituir a las mujeres con hombres de una casta más alta. Como este ejemplo muestra, qué
personas son prostituidas a menudo es producto del colonialismo, y estas condiciones subsisten
una vez que el colonialismo ha desaparecido.

122
Salinas Urquieta

si el sexo es necesario para la supervivencia económica de una persona,


como en el concepto de “sexo de supervivencia”, que a veces se utiliza
para describir algunos tipos de prostitución, el sexo es coaccionado por la
necesidad de sobrevivir. En los países donde las mujeres tienen derecho
a la igualdad sexual, la ley de acoso sexual considera esta situación como
discriminación sexual, es decir, una violación a los derechos humanos. El
punto es que lo que tú obtienes del sexo como tal es justamente eso, tener
sexo. Ahora bien, yo pensaba que estaba inventando esto hasta que encontré
un estudio sobre la legislación de Namibia, la cual define a la prostitución
como un acto sexual realizado “por un motivo que no es sexual”. Dicho en
otras palabras, cuando se tiene sexo por consideración mutua, el sexo es
su propia recompensa. Al parecer, hay un número significativo de hombres en
el mundo para quienes el sexo no es su propia recompensa, ya que están
pagando por tener sexo con mujeres que no tienen más remedio que tener
sexo con ellos por dinero, dinero que generalmente va a parar al bolsillo de
otros hombres.

Muchos hombres pagan por tener sexo, gracias a ellos existe la pros-
titución, la demanda, y muchos son portadores de enfermedades de
transmisión sexual. Algunos pagan por abusar y violar a una niña o mujer.
Si la chica se resiste e intenta escapar es golpeada, drogada,14 torturada
o asesinada. La policía rara vez interviene para proteger a las prostitutas,
por el contrario, la mayoría de las veces busca también sacar ventaja “del
negocio”. Lo que implica que las mujeres que son explotadas sexualmente,
son también culpables del delito de ser explotadas y en muchas ocasiones
víctimas de trata (MacKinnon, 2010: 22). A veces, cuando hay operativos
policiales en los antros o en la vía pública, son encarceladas, lo que
conlleva el aumento de la deuda con el proxeneta o tratante, quien paga
la fianza o multa. “Esta dinámica, que contribuye a cimentar sus ataduras,
hace que sea aún más difícil salirse del negocio, y a esta altura ya tienen
antecedentes penales” (MacKinnon, 2010: 23).
Lo que hizo Suecia en 1999 fue situar a la prostitución en el contexto de la
violencia de género y, en consecuencia, penalizar severamente a los com-
pradores. La compra de servicios sexuales se convirtió en un crimen, se hizo
mucho énfasis en su observancia, y se suministró asistencia y capacitación a
las mujeres que deseaban salir de la industria. Enfrentándose a la demanda
que buscaba comprarla para mantener relaciones sexuales, esta ley dice que

14
Entrevista realizada en Chetumal en marzo de 2014.

123
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

la mujer no está a la venta. Al eliminar la criminalización para las mujeres


prostituidas se eleva su estatus; al criminalizar al comprador se lo rebaja y
se eliminan sus privilegios [MacKinnon, 2010: 28].

María Luisa Maqueda Abreu, en su texto “La trata sexual de mujeres:


entre mitos y realidades” argumenta que en algunas épocas y en ciertos
contextos la prostitución fue un oficio escogido y ejercido voluntariamente
por algunas mujeres; al respecto indica:
Nuevas versiones sobre sus orígenes, hablan de migraciones de mujeres
que viajaron en el interior de sus países o desde ellos a otros de su entorno
más o menos lejano en busca de trabajo y mejores expectativas de vida, y
que eligieron voluntariamente como destino el ejercicio de la prostitución
[2010: 221].

De igual manera plantea que la prostitución puede ser parte de las


“estrategias de sobrevivencia” de las mujeres migrantes y, en consecuencia,
parte de un proyecto emancipador a largo plazo; no considerar este
elemento negaría la capacidad de “agencia” de algunas migrantes, des-
valorizando sus tácticas porque no se tendría una visión amplia respecto
del ejercicio de la sexualidad en contextos éticos y morales que escaparían
a la mirada judeocristiana y eurocéntrica. Por ello, Maqueda Abreu propone
ver los procesos migratorios que ellas emprenden, donde el comer-
cio sexual puede ser un objetivo explícito, un instrumento ocasional o
también, desde luego, un destino obligado a causa de la marginación y los
abusos. “¿Dónde situar la diferencia?”, se pregunta la autora (Maqueda
Abreu, 2010: 225). Sin lograr responder plenamente el interrogante, deja
en la mesa de discusión el asunto de que mientras exista una demanda
por parte de los hombres para comprar sexo, la prostitución constituirá
un “nicho laboral” para las migrantes adultas. En consecuencia, asimilar
trata y prostitución representaría un atropello a los derechos legítimos de
esas mujeres:
Así es como trata y prostitución se sitúan en el mismo plano de agresión
a la dignidad personal y a los derechos más inalienables de las mujeres.
Y la guerra contra una y otra se confunden. Bajo esa recurrente violencia
estructural –procedente del patriarcado– queda sin reconocimiento el valor
jurídico de la voluntad y la subjetividad de las mujeres, perdiendo ellas su
consideración de sujetos de derechos fundamentales violados, en primer
lugar, el derecho a la libertad de autodeterminación (sexual). Es la sanción

124
Salinas Urquieta

que les corresponde por su opción en favor de una sexualidad no legítima


[Maqueda Abreu, 2010: 236].

Al respecto, Lydia Cacho argumenta ampliamente, y reporta infor-


mación importante acerca de las vicisitudes de esta polémica en los foros
internacionales:
Durante un evento internacional en el que discutíamos estrategias puntuales
para erradicar la esclavitud humana, en nuestra mesa, dedicada a plantear
cómo debilitar la economía criminal de los tratantes estaba la directora de
la red mundial de sexoservidoras. Dijo que había una suerte de complot
derechohumanista para arrebatar a las mujeres y jóvenes el derecho a
vender su cuerpo. E intentó desacreditar a quienes han salvado a miles de
niñas y niños de las garras de explotadores para el turismo sexual en el
sureste asiático.
El sabotaje al evento quedó claro, pero para las organizadoras inglesas
resultaba políticamente incorrecto increpar a la promotora de la industria
sexual. Luego, un experto de Interpol nos explicó a puerta cerrada que
esta mujer era sospechosa de promover prostíbulos en los que había clara
esclavitud de mujeres muy jóvenes [Cimacnoticias, 18 de febrero de 2014].

Lo relevante de esta cuestión es que la prostitución constituye una


opción de trabajo para muchas mujeres, y mientras la política económica
no oferte trabajos dignos, continúe la actual organización social de las
relaciones de género y no se produzca un cambio civilizatorio, se tendrá
que regular de algún modo el trabajo sexual, para que las perjudicadas de
siempre no sigan siendo las mismas mujeres.

La violencia masculina

La violencia masculina se construye en torno de tres configuraciones:


la violencia contra sí mismo, contra otros hombres y contra las mujeres
(Kaufman, 1997) –“la triada de la violencia masculina”–. Como ya hemos se-
ñalado, esta propuesta teórica de Kaufman propone siete “p” o elementos
para comprender cómo se construye y se ejerce la violencia, articulando
las decisiones y prácticas de los hombres en lo individual y en lo colectivo
y social. La primera “p” analiza las sociedades patriarcales que enseñan a
los niños a ejercer la violencia de forma selectiva y a transformar una serie
de emociones en ira. A su vez, el empleo de la violencia o la amenaza de

125
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

su uso confiere a los hombres beneficios y privilegios. Es lo que Bourdieu


denomina la masculinidad como nobleza, quien al respecto apunta:
Las conminaciones constantes, silenciosas e invisibles que el mundo
sexualmente jerarquizado en el que están confinadas les dirige, preparan a
las mujeres, en la medida por lo menos en que las llaman explícitamente al
orden, a aceptar como evidentes, naturales y obvias unas prescripciones y
unas proscripciones arbitrarias que, inscritas en el orden de las cosas, se
imprimen insensiblemente en el orden de los cuerpos [Bourdieu, 2000: 75].

La segunda “p” se refiere a la percepción de derecho a los privilegios.


Lo que un hombre experimenta al reclamar airada o más enérgicamente
alzando la voz o golpeando a su esposa porque la sopa está fría, no lo
hace solo para “corregirla” o como ejercicio de poder, sino porque se cree
con el derecho a ser servido por ella. De igual manera, y es el asunto que
nos ocupa en este capítulo, cuando un hombre abusa sexualmente de
su esposa o de su novia, lo hace guiado por la creencia de que tiene el
derecho a satisfacer su libido y obtener placer sexual, sin importar el bie-
nestar o el placer de la mujer en forma recíproca.
La tercera “p” es el permiso que las costumbres, los refranes, las
canciones, los códigos legales, las normas religiosas, dan a los hombres
de atropellar, dañar o herir a las mujeres y, en definitiva, de violentarlas sin
consecuencias de ningún tipo; tema relacionado con el concepto de
feminicidio, definido por Marcela Lagarde:
como crimen de odio contra las mujeres, como el conjunto de formas de
violencia que, en ocasiones, concluyen en asesinatos e incluso en suicidios
de mujeres [2001: 20].

Respecto de la violencia de los hombres contra otros hombres, señala


Kaufman, es celebrada, impulsada y aplaudida permanentemente en los
deportes, en las películas y en las interminables guerras que este sistema
civilizatorio impulsa de manera persistente, desde las guerras contra el
narcotráfico, hasta las guerras contra los musulmanes.
La cuarta “p” a la que alude Kaufman es la paradoja de que esa
violencia en la que se socializa y construye la masculinidad como nobleza,
privilegio y poderío ocasiona a los hombres gran dolor, aislamiento, temor
y frustración, produciendo las experiencias contradictorias del poder
entre los hombres (Kaufman, 1997). Esta construcción de la masculinidad
pletórica de problemas incapacitantes, prohibido llorar, prohibido pedir

126
Salinas Urquieta

ayuda, etc., es además imposible de lograr plenamente, a la vez que exige


una vigilancia y trabajo permanente, en particular a los hombres jóvenes.
Estos elementos, según Kaufman, conforman un estado emocional donde
la violencia se convierte en un mecanismo compensatorio, como “una
forma de reestablecer el equilibrio masculino, de afirmarse a sí mismo y
afirmarles a otros las credenciales masculinas de uno” (Kauffman, 1999: 3).
Sin embargo, este mecanismo no funcionaría si la violencia no fuese
aceptada y legitimada socialmente como un medio para resolver las
diferencias y los conflictos, además de controlar a los otros y reafirmar
el propio poder. Las múltiples formas de violencia entonces serían el
resultado tanto del poder de los hombres como de la percepción de su de-
recho a los privilegios, el permiso para ciertas formas de violencia y el
temor (o la certeza) de no tener poder.
Lagarde expresa precisamente que la violencia de género constituye
un mecanismo político, cuyo fin es mantener a las mujeres en desventaja
en el mundo y en su relación con los hombres:
La violencia de género contra las mujeres y entre los hombres recrea la
supremacía de género de los hombres sobre las mujeres y les da poderes
extraordinarios en la sociedad [2006: 16].

Empero, también se encuentra la “p” que hace referencia a la arma-


dura psíquica de la masculinidad. La hombría es construida en torno a poder
lograr una distancia emocional de los otros; contribuyen a ello las pautas
de crianza donde los hombres adultos están ausentes o, en el mejor de los
casos, si existen, son los abuelos o maestros, quienes enseñan a distanciarse
de las cualidades femeninas de ternura y cuidados amorosos. Kaufman
indica que las psicoanalistas feministas proponen que esas circunstancias
de crianza infantil crean en los hombres “rígidas barreras del ego o, en
términos metafóricos, una fuerte armadura” (Kaufman, 1999: 3).
Este proceso tendría como resultado que los hombres, en general,
posean una capacidad disminuida para la empatía, es decir, para darse
cuenta de lo que otros están sintiendo, a la vez que una incapacidad para
percibir las necesidades de otras personas. Este asunto será relevante
para comprender la trata de seres humanos, así como la prostitución y la
esclavitud sexual de mujeres adultas y niñas.
Se habla de la disociación que experimentan muchas mujeres
sujetas a explotación sexual, que miran la televisión o el techo mientras

127
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

el cliente fornica con ellas; tal circunstancia y “trabajo sexual” solo es


posible, en parte, porque algunos hombres pueden experimentar placer y
llegar al orgasmo, desentendiéndose en absoluto del otro ser humano, o
utilizándolo como un objeto.
De algo parecido escribe Benno de Kaijzer cuando reporta los testi-
monios de mujeres que, al referirse a las relaciones sexuales con sus
esposos, dicen: “hace tiempo que no me usa” o “ayer hizo uso de mí mi
señor” (1997: 206). El autor señala cómo esta forma de entender y vivir
la sexualidad no solo es poco placentera, sino que estaría facilitando y
posibilitando el abuso, el hostigamiento sexual y la violación.
La sexta “p” analiza la masculinidad como una olla psíquica de presión.
Para Kaufman, la socialización masculina conlleva que los hombres logren,
al interiorizar toda una gama de emociones conflictivas, transformarlas en
ira y enojo. Con todos los matices culturales que ello implica, la masculinidad
hegemónica consigue que los niños desde pequeños empiecen a reprimir
los sentimientos de dolor y temor. En los juegos y competencias deportivas,
en el futbol por ejemplo, deben hacer caso omiso del dolor que causan las
patadas, o en el box se convierte en héroe el que golpea hasta ocasionar
un trauma craneoencefálico al oponente, en consecuencia, el que se sube
al ring sabe a lo que se arriesga, y esto es celebrado glamorosamente
por el público y comentado por grandes expertos en tono muy serio e
importante. Lo que caracteriza la masculinidad es ser fuente de poder: un
hombre es poderoso o no es hombre; esta circunstancia de vida atravesada
por la condición de clase y/o étnica pudiera acarrear experiencias de
menosprecio y humillaciones de diverso tipo, y dado que el único recurso
que ofrece la cultura hegemónica (a través de la televisión, la radio o los
anuncios espectaculares) lo constituye enfrentarse a golpes y sentir rabia,
pues esto es lo que generalmente vemos y de lo que están llenos los
noticieros y la nota roja. “De nuevo, la violencia se convierte en el medio
para probar, que se es un hombre muy hombre, ante sí mismo y ante
otros” (Kauffman, 1999: 4).
La séptima “p” de la que nos argumentara Kaufman considera las
experiencias pasadas. Muchos hombres fueron testigos en su infancia
de la violencia contra la propia madre, lo que de manera esquemática puede
llevar a dos grande respuestas: rechazar y alejarse de forma radical de ese
tipo de comportamiento o, por el contrario, convertirlo en una “respuesta
aprendida” y repetir el mismo patrón. Sin embargo, el autor señala que

128
Salinas Urquieta

existen infinidad de matices y de formas de elaborar las experiencias de la


infancia y de la vida. Es necesario también detenerse a reflexionar sobre
el abuso sexual, del cual han sido víctimas muchos hombres pero del
cual todavía se conoce poco. De cualquier manera, muchos niños crecen
viendo que es posible lastimar a la persona amada y que ello no tiene
mayores consecuencias. Por otro lado, existen contextos donde el único
modo de sobrevivir es interiorizando que la violencia constituye una norma
de conducta válida.

Dificultades y avances de la erradicación de la trata


de personas en Quintana Roo

En páginas anteriores entregamos una primera definición consensuada en


el nivel internacional sobre la trata de personas. Ahora quisiéramos mostrar
la definición completa tal y como aparece en la ley quintanarroense:
De la Definición y Sanción del Delito de Trata de Personas
Artículo 6. Comete el delito de trata de personas quien capte, reclute, induz-
ca, procure, facilite, consiga, promueva, mantenga, acoja, favorezca, retenga,
transporte, permita, solicite, ofrezca, traslade, entregue o reciba, para sí
o para un tercero, a una o más personas, recurriendo a la coacción física o
moral, a la privación de libertad, a la seducción, al engaño, al abuso de poder
o de una situación de vulnerabilidad o la concesión o recepción de pagos o
beneficios, con fines de explotación.
Para efectos de este artículo se entenderá por explotación:
I. Someter a una persona a una condición de esclavitud;
II. Someter a una persona a prácticas análogas a la esclavitud, las cuales
comprenden: la servidumbre, servidumbre por deuda, matrimonio forzado
y/o servil y la explotación de la mendicidad ajena;
III. Obligar a una persona mediante la fuerza, amenaza, coacción o cualquier
tipo de restricción física o moral, a proporcionar trabajos forzosos o servicios;
IV. El empleo, gratuito o mediante salario, de menores de 18 años edad en
trabajos que por su naturaleza sean nocivos para su desarrollo físico, mental
o emocional;
V. El empleo gratuito o mediante salario de personas menores de 14 años,
cualquiera que sea su naturaleza;

129
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

VI. Mantener a una persona en una condición de servidumbre, incluyendo la


servidumbre de carácter sexual;
VII. Cualquier forma de explotación sexual, beneficiarse de la prostitución
ajena, mantener un prostíbulo y la realización de pornografía;15

Esta ley, muy acertadamente, explicita en detalle todos los hechos


susceptibles de ser considerados como trata de personas, y recoge una
serie de especificidades a las cuales nos hemos referido en este texto, por
ejemplo lo concerniente al “matrimonio forzado”.
Después de un minucioso análisis, es posible afirmar que esta ley
estipula de una manera adecuada las formas de este delito, estableciendo
con rigurosidad las actuaciones, sanciones y castigos. Sin lugar a dudas,
constituye un avance la aprobación de esta ley y la publicación de las
últimas adecuaciones en 2011.
Según el Diagnóstico de las Condiciones de Vulnerabilidad que
Propician la Trata de Personas en México, publicado por el Centro de
Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social y la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos en 2009, nuestro país tiene una
posición geográfica particular, que lo convierte en escenario de una in-
tensa dinámica migratoria, por lo cual es considerado un país de tránsito
de víctimas de trata de personas; al mismo tiempo, es la nación de origen
fundamentalmente de niñas, niños y mujeres que son trasladados a otros
territorios para ser sujetos de la trata con fines de explotación sexual
y laboral; además constituye un país en el que se comete de manera
reiterada el delito de la trata de personas, y es considerado un territorio
de destino de víctimas de explotación sexual o laboral.
El norte del estado, específicamente el municipio de Benito Juárez
–cuya cabecera municipal es la ciudad de Cancún, frente al mar Caribe,
y la cual representa el principal destino turístico de México y América
Latina–, se convierte en una frontera hacia el mundo global. Todos los
días llegan cientos de turistas, pero también cientos de trabajadores y
trabajadoras, muchos contratados para la industria del entretenimiento
y el espectáculo, así como músicos, bailarinas, cantantes y artistas de
todo tipo; una gran mayoría ingresa legalmente con contratos reales. Sin
embargo, algunos son captados con engaños. Por las notas periodísticas

Ley para Prevenir, Combatir y Sancionar la Trata de Personas del Estado de Quintana Roo.
15

Última reforma publicada en el periódico oficial el 27 de junio de 2011.

130
Salinas Urquieta

se supo16 de Raúl Martins y Pedro Viale, ambos exagentes de la policía


secreta argentina, operadores de prostíbulos en Cancún y Buenos Aires,
traficantes de influencias, drogas y mujeres. Se debe recordar que esos
casos salieron a la luz pública por sendos operativos realizados en aquel
entonces. La titular de la Comisión Especial de Lucha contra la Trata de
Personas de la Cámara de Diputados, Rosy Orozco, declaró en 2010:
sin embargo, pese a los operativos y acciones que se han hecho no hay
sentencias, y el mensaje que se envía es que hay 100 % de impunidad y es
un paraíso para crecer la actividad de la trata de personas.

Otro caso aparecido en la nota roja fue el de Galina Chankova Chaneva,


de 25 años, de nacionalidad búlgara y que, según refiere la averiguación
previa, arribó a Cancún procedente de Ámsterdam, Holanda, el 1º de abril
de 2011.17 La joven al parecer se suicidó el 2 de abril lanzándose del 19° piso
de un departamento propiedad de Jorge Emilio González, líder del Partido
Verde. En ese destino turístico es exageradamente elevado el número de
“suicidios” de mujeres jóvenes, lo que hace suponer, de acuerdo con el
informe de la Comisión del Feminicidio, que fueron víctimas de trata.18
La literatura al respecto señala a la trata como un negocio estrecha-
mente ligado al tráfico de drogas; serían en muchas ocasiones las mismas
redes del narcotráfico las que trafican también con migrantes indocu-
mentados, extorsionándolos y sometiéndolos bajo múltiples amenazas.
Empero, esos mismos autores indican que paralelamente (y a veces entre-
lazadas) a esas redes existen contextos donde familias y personas so-
meten a explotación y “venden” a sus propios parientes, allegados y afines
(sobrinas, ahijadas).
Elena Azaola (2003) escribe:
el primer elemento que podemos destacar es el hecho de que la vulnerabilidad
de los niños y su exclusión no se iniciaron cuando ellos empezaron a ser
sexualmente explotados. Pienso, más bien, que la situación que podríamos

16
http://oriolmallovilaplana.com/tag/prostitucion-quintana-roo/
http://argentina.indymedia.org/print.php?id=844650
17
http://www.ultra.com.mx/noticias/estado-de-mexico/Nacional/9505-muere-
joven-bulgara-en-fiesta-de--nino-verde-.html
En el apartado “Homicidios y suicidios de mujeres en Quintana Roo”, según el informe del
18

inegi/ssa,
se lee en la p. 788: “La tasa de suicidios femeninos registrada en Quintana Roo en el año
de 2004 fue de 3.5 superior a la tasa nacional, de 1.6 defunciones por cada 100 000 mujeres”.

131
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

caracterizar como de vulnerabilidad primaria habría propiciado o sentado las


condiciones sobre las que más tarde se confirmó su exclusión o se produjo,
por así decir, su situación de vulnerabilidad secundaria [Azaola, 2003: 291].

Un dato que ilustraría esta situación es el que se refiere a embarazos


y matrimonios tempranos, sobre el cual se documenta en la publicación
Trata y explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en la
frontera de México con Belice (ecpat, 2011), donde se indica que es de
llamar la atención el gran número de niñas embarazadas en la entidad.
Sobre el mismo asunto se abunda al mencionar que:
Leticia Cuevas, coordinadora nacional de la Red por los Derechos Sexuales
y Reproductivos, dio a conocer la noticia de que durante el año 2009 se
registraron tan sólo en Quintana Roo 881 casos de menores de edad emba-
razadas a causa de una violación, –y que en lo que va del 2010– la cifra
acumulada es de 459 niñas embarazadas (Pandemia de niñas embarazadas
en Quintana Roo. El Universal, 10 de mayo 2010) [ecpat, 2011: 34].

El titular de la Secretaría de Salud, Juan Carlos Azueta Cárdenas,


informó en relación con estos hechos que 16 % de los embarazos en la
entidad sería producto de una violación. Sobre el mismo asunto María
Hadad Castillo, la diputada priísta que presidía la Comisión de Equidad
y Género del Congreso local, explicaba que la Fiscalía Especial de
Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia del estado había
contabilizado más de 150 delitos sexuales contra menores de edad hasta
julio de 2009, lo cual contrasta con la cifra del secretario de Salud, pues el
subregistro estaría indicando que no se está cumpliendo la norma 046,19
que obliga a todo el personal médico a notificar ante el Ministerio Público
la totalidad de las lesiones producto de violencia sexual y/o de género que
le toque atender. La misma diputada María Hadad indicaba que Quintana
Roo triplica la media nacional en lo que a abuso sexual de niños y niñas
se refiere.20

19
El objetivo de la Norma 046 (NOM-046-SSA2-2005) es establecer los criterios que deben
seguirse para la detección, prevención, atención médica y orientación que se brindan a las personas
afectadas por la violencia familiar o sexual, así como la notificación de los casos. El cumplimiento
de la norma es obligatorio para todas las instituciones del Sistema Nacional de Salud y para los
prestadores de servicios de salud de los sectores público, social o privado en todo el territorio
nacional. De acuerdo con las disposiciones legales aplicables, el incumplimiento de la norma dará
como resultado la aplicación de sanciones administrativas, civiles o penales (CNEGySR-ss, 2009).
20
Hugo Martoccia y Javier Chávez, corresponsales, La Jornada, jueves 15 de abril de 2010, p. 30.

132
Salinas Urquieta

También es posible señalar la existencia de matrimonios forzados que,


en el mejor de los casos, pudieran derivar en matrimonios por conveniencia,
de niñas entre 12 y 15 años con hombres adultos mayores de 40 años.
Algunos lo justifican como parte de los “usos y costumbres”; sin embargo,
no todos esos matrimonios ocurren en los municipios mayas sino también
en Playa del Carmen, Tulum y algunos poblados de Othón P. Blanco.
Ilustra esta situación la historia de la señora Martina Domínguez,
originaria de Chiapas pero radicada en la ribera del Río Hondo desde 1975,
cuando el que fuera su marido la fue a comprar por allá; ella nunca lo
quiso, sin embargo, tuvo dos hijas con él. Cansada de los golpes y malos
tratos del hombre, se fue a trabajar en el servicio doméstico a la ciudad
de Chetumal hace algunos meses. Al preguntarle si no tenía miedo de
que su esposo la viniera a buscar para llevársela de regreso, respondió que
no porque “él ya había logrado juntar lo suficiente para ir a comprar
al pueblo una nueva esposa”. Sin embargo, a pesar de esa intención
expresada abiertamente y sin considerar que fuese algo reprobable, el
señor no perdía ocasión de hostigar a doña Martina21 cada vez que ella
regresaba al poblado de Buitrón para visitar a una de sus hijas casada y
que todavía vivía allí. Asesorada por la abogada del dif, en febrero de 2014
la señora Martina puso una denuncia en contra del que fuera su cónyuge
por violación, motivo por el cual el Ministerio Público libró una orden de
aprehensión, el hombre huyó del poblado y a la fecha no se han tenido
noticias de él.
La diputada federal Lizbeth Gamboa informó en Chetumal que Quin-
tana Roo se encuentra entre los tres primeros estados del país en donde
es más frecuente el delito de la trata de personas:
A este problema hay que añadirle temas relacionados con la esclavitud,
servidumbre, trabajo doméstico, matrimonio pactado u obligado, tráfico de
órganos, delitos relacionados con migrantes.

En septiembre de 2007, la Policía Judicial del estado detuvo a Martha


Nikita Espat Avilés y a Dowiana Rossiel Novelo Medina como presuntas
responsables del asesinato del pederasta Juan José González Sabido. En
febrero de 2008 Nikita fue sentenciada a 20 años de cárcel, pero no fue
sentenciada por el delito de trata de personas, actividad que ejercía desde

21
“Ella nunca lo quiso”, entrevista realizada por la autora de este texto en varias sesiones; la
última fue en junio de 2014.

133
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

hacía por lo menos 15 años y a la que aún hoy se dedica desde el interior
del Cereso de Chetumal, donde permanece recluida.
Dada la información preliminar que se ha podido recabar, es posible
afirmar que, sin lugar a dudas, se han realizado avances en el plano
legislativo al promulgar en el estado de Quintana Roo la ley de trata.
Empero, ello es insuficiente si no se logra abatir y revertir la situación de
ciudadanía inacabada, inconclusa de las mujeres en general, dentro de la
entidad. Lo que hemos querido presentar son algunos datos y contribuir a
la visibilización de todas las fronteras materiales y simbólicas que deben
cruzar las mujeres en el actual contexto de la globalización, evidenciando
los múltiples casos que colocan a mujeres y niñas como seres inferiores
sin derechos, recursos (de diverso tipo) ni dignidad.
Por otro lado, algunas entrevistas y relatos de vida muestran la tolerancia
social en relación con una serie de prácticas crueles y degradantes en
contra de las niñas y mujeres en toda la región, aunado al abuso de poder
de algunos funcionarios y autoridades municipales.
A continuación ofrecemos un breve relato autobiográfico que hace
una entrevistada, donde se evidencia la normalización de la compra de
niñas, misma que plantea una reflexión sobre los derechos humanos de
las niñas y las mujeres en la región. Reiteramos lo planteado por Azaola
líneas arriba respecto de la vulnerabilidad primaria construida sobre los
seres humanos en los primeros años de vida al interior de los hogares en
el seno familiar y que luego se engarza a condiciones de vulnerabilidad
secundaria.
Bueno, a mí el que me golpeaba más feo era mi papá, me golpeaba con el
machete, así, plano, no del filo, claro, pero me dejaba bien marcado y me
encerraba por días, porque yo no me quería ir con los hombres que él quería
para que le prestaran dinero. Desde que tenía 12 años yo trabajaba como un
hombre, trabajaba en la milpa en el chile, en la leña, en todo y lavaba mi ropa
y la de mis hermanos y no tenía ni ropa, con todo roto andaba, me amarraba
mis pedazos de trapo como podía. Primero un señor le ofreció dinero, no sé
cuánto, pero era ya grande y traía a la casa refresco, y le prestaba a mi papá
y él me decía, pues ya te vas a tener que ir con ese señor porque ya le debo
mucho. Y yo me escapaba, corría y él me golpeaba, entonces me dijo que
sólo que entonces yo me acostara con él (con mi papá) y tuviera un hijo
suyo y sólo así ya después me iba a dejar irme con el que yo quisiera. Así
era mi vida, pero no me dejé, hasta que tenía 14 años y ya estaba cada vez
más violento y ya cada vez peor y llegó un señor de 60 años que le traía a

134
Salinas Urquieta

mi papá refresco y papas de esas de bolsa y le daba dinero y mi papá le dijo


que si le daba 80 000 pesos me podía llevar. El señor vendió unas tierras y
ya le iba a dar a mi papá y fue que yo pensé que era mi única escapatoria,
me fui yo con él y le dije que me quedaba con él si no le daba ese dinero a mi
papá, que me lo diera a mí y yo me quedaba, pero si se lo daba a mi papá
me escapaba, a donde me tuviera que ir, pero me escapaba. Así lo hicimos
y a mi papá le dio harto coraje pero no pudo hacer nada. No me fue mal
porque el hombre ya estaba grande, no me podía pegar, no me alcanzaba
y yo tuve mis hijos y tengo mi casa, ya se murió, me fue bien después de
todo… [Escalante y Salinas, 2013].

Las palabras que se transcriben corresponden a una mujer adulta;


sin embargo, las reportamos porque ayudan a comprender la complejidad
de circunstancias que hacen posible que esas mismas prácticas se
reproduzcan en pleno siglo xxi en niñas que deben sobrellevar este tipo
de comercio sobre sus cuerpos y sus vidas. Ahora presentamos otro
testimonio recabado por una investigadora del Instituto Nacional de
Antropología e Historia durante 2012, en un proyecto de investigación
desarrollado en el sur de Quintana Roo.
Mientras señala a una niña de 12 años que está lavando ropa, la
entrevistada comenta:
Bueno, a ella la acaban de vender, quién sabe cuánto le darían a su papá,
pero el hombre tiene como cincuenta y tantos, tiene otra mujer, pero se
encaprichó de la chamaca, así que no se va a casar yo creo, va a estar como
“el greñas”. ¿Y quién es “el greñas”? –pregunta la investigadora–. Ah, es el
de la casa de allá arriba –responde la entrevistada–, su señora está enferma,
así que se consiguió también una chamaquita, a ella se la llevó como de 13
años y ya tiene un bebé, así que no se puede ir la chamaca porque cómo
se lleva al bebé o sólo que se lo deje… pero se escapó una vez y llegó a
Chetumal, allá estaba en la calle con su bebé, es una niña, y andaba pidiendo
en la calle y que le avisan al greñas dónde está y que va y la trae y bien feo
la golpeó y ya no la deja salir, ahí está y las tiene a las dos mujeres también.
Ese, “el greñas”, anda ya por los 60 años igual.22

Es posible afirmar que en Quintana Roo existe una correlación negativa


entre la brecha que mide el freno al desarrollo humano ejercido por la
violencia por razones de género y la brecha del desarrollo humano ajustado
22
Con posterioridad se pudo gestionar que esta niña fuera acogida en el Refugio para las
Mujeres Víctimas de Violencia del iqm.

135
Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

por género. Este fenómeno, subrayado en el informe del Programa de las


Naciones Unidas para el Desarrollo (2009), destaca que en los estados
en los que la disparidad por género se ha venido reduciendo en términos
macro (mayores empleos, acceso a la educación y a la salud, como el caso
de Quintana Roo), la violencia contra las mujeres persiste, por lo que las
capacidades básicas de ellas aún se encuentran en peligro. Al respecto,
en el Proyecto de la Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia para las
Mujeres en el ámbito local se apunta:
La realidad de la violencia de género contra las niñas y las mujeres en las
más diversas culturas y sociedades, en las más diversas circunstancias y en
todos los espacios vitales ha sido visibilizada principalmente –sobre todo a
partir de la segunda mitad del siglo xx– por las investigaciones científicas y
las acciones políticas realizadas por las feministas, por las integrantes del
movimiento amplio de mujeres y por los y las defensoras de los derechos
humanos. Los trabajos, tanto académicos como políticos, han logrado colocar
en la agenda pública y política la violencia de género contra las mujeres y
las niñas como un problema sistemático y estructural presente en las más
diversas sociedades [Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las
Mujeres, 2009: 158].

Al comentar estas experiencias con la arqueóloga que trabaja en el


mantenimiento de las zonas arqueológicas, comentó que es frecuente
escuchar que los jóvenes que llegan a trabajar en los programas de empleo
temporal para el mantenimiento y limpieza de los sitios, están juntando
dinero para ir a comprar a su mujer, indicando que viajar a Veracruz o a
Tabasco es mejor, porque saben que allá las pueden conseguir de 12 o 13
años y así les resultaría más difícil irse o escaparse, en cambio, “las de por
acá” ya son más grandecitas, lo cual no les conviene tanto.

Conclusiones

En este trabajo hemos querido presentar información pertinente en torno


al fenómeno de la trata, reunida en diferentes textos que han abordado
esta problemática en Quintana Roo, así como prácticas comunes en la vida
cotidiana de las personas en la sociedad quintanarroense. Los testimonios
tienen la intención de mostrar esa “normalización” en el imaginario que
considera que las niñas y mujeres son objetos de intercambio, como

136
Salinas Urquieta

puede serlo un guajolote, un saco de frijol o algunos litros de aguardiente,


de hecho son ofrecidas para pagar deudas.
El trabajo legislativo, al igual que el activismo de incontables mujeres
dentro de los partidos políticos y fuera de ellos, ha permitido la construcción
de un marco teórico para la implementación de políticas públicas precisas
y específicas; sin embargo, para que aterricen debidamente en cada
entidad de la república mexicana y no solo se monte un escenario de
“simulación para cumplir las metas”, es necesario fortalecer la ciudadanía
de las mujeres; las acciones afirmativas, como becar a las niñas en una
mayor proporción para que puedan estudiar, son sin duda un avance
significativo, al igual que la existencia de refugios para las mujeres víctimas
de violencia. No obstante, como hemos demostrado a lo largo de esta
narrativa, hay leyes que no se cumplen parcial o totalmente, por ejemplo
la NOM 46 de la Secretaría de Salud, que obliga a reportar los casos de
violencia sexual al Ministerio Público, y que, a la fecha, en Quintana Roo
no se hace debidamente; o la atención a los agresores de mujeres, que
para Quintana Roo es un aspecto de la Ley de Acceso a una Vida Libre de
Violencia, que no se cumple en lo absoluto. En fin, sería largo de enumerar
los aspectos de las leyes publicadas para defender los derechos humanos
de las mujeres en estos últimos años y cuyos puntos fundamentales se
omiten o se transgreden en diverso grado. “Es la inexistencia del Estado
de derecho, en la cual se reproduce la violencia sin límite; [son crímenes de
lesa humanidad] las desapariciones de niñas y mujeres en un cuadro
de colapso institucional. Se trata de una fractura del Estado de derecho que
favorece la impunidad” (Lagarde, 2006: 20).
Sin embargo, junto con hacer cumplir la legislación vigente, es menes-
ter abonar y trabajar, fortaleciendo aquellas masculinidades subalternas,
paritarias, igualitarias y solidarias, democratizando los medios de comu-
nicación y difundiendo contenidos que promuevan la igualdad y el libre
acceso de todos los recursos para la mayoría de los seres humanos. De
no emprenderse acciones más firmes para deconstruir la masculinidad
hegemónica, las políticas públicas serán incompletas.

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Apuntes para comprender la trata de mujeres y niñas en Quintana Roo

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140
Las y los autores

María Verónica Ibarra García



Es doctora en Geografía por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Sus líneas de investigación son la geografía feminista y la geografía política.
Forma parte del Sistema Nacional de Investigadores. Es profesora titular
“A” de tiempo completo en Geografía, en el Sistema de Universidad Abierta
y Educación a Distancia de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam.

Miguel Lisbona Guillén


Es doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metro-
politana-Iztapalapa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde
el año 1998, actualmente se encuentra en el nivel II. Premio Fray Bernardino
de Sahagún a la Mejor Investigación (México, 2006). Ha publicado más de
75 artículos y capítulos de libros, y es autor, coautor y coordinador de más
de doce libros. El más reciente de su autoría es el titulado Allí donde lleguen
las olas del mar…Pasado y presente de los chinos en Chiapas (2014); y se
encuentra en prensa el libro Clamar en el verde desierto. Mujeres en la
historia contemporánea del sureste de México, que coordinó con Patricia
de los Santos Chandomí. Es investigador titular “C” del Centro de Inves-
tigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur), de la
Universidad Nacional Autónoma de México (unam).

María Eugenia Salinas Urquieta


Es doctorante por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah)
con línea de investigación en género y política; maestra en Antropología
Médica por la misma institución; especialista en Sociología Rural e inge-
niera agrónoma por la Universidad Autónoma de Chapingo. Desde 1995
es profesora investigadora titular en el Departamento de Ciencias Sociales de
la División de Ciencias Sociales y Económico Administrativas de la Uni-
versidad de Quintana Roo. Sus líneas de investigación son antropología
urbana, políticas públicas, género y política.

141
Paula Soto Villagrán
Es maestra y doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autó-
noma Metropolitana (uam), Unidad Iztapalapa. Realizó una estancia de inves-
tigación posdoctoral en geografía humana en el Departamento de Sociología
de la misma universidad. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores;
su principal línea de investigación es la geografía de género. Ha publicado
diversos artículos en revistas especializadas; su publicación más reciente es
el capítulo titulado “Ciudad y espacio público. Una mirada de género de la
colonia Doctores” en La (in)seguridad en la metrópoli. Territorio, segurización
y espacio público (2015), coordinado por C. Sánchez y G. Caprón, y editado
por la uam. Es profesora-investigadora titular del Departamento de Sociología
de la División de Ciencias Sociales y Humanidades en la uam-Iztapalapa,
donde participa en el área de investigación Espacio y Sociedad e imparte
clases en la Licenciatura en Geografía Humana.

Guillermo Velázquez Ramírez


Licenciado en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e
Historia, con la tesis titulada Patrón de asentamiento del grupo Pericú de
B.C.S. Fue investigador titular en el Centro de Investigaciones de Baja
California Sur, en el Departamento de Biología Terrestre, de 1977 a 1989;
instructor ayudante en la National Outdoor Leader Ship School, unidad
Mulege, Baja California Sur, de 1989-1992, de manera simultánea a esta
actividad impartió clases de Ciencias Sociales en la Universidad Autóno-
ma de Baja California Sur, en la carrera de Médico Veterinario Zootecnista
(1989-1992). En 1992 se incorporó al Centro Regional del Instituto Nacional
de Antropología e Historia, en Quintana Roo, como investigador de campo
en las excavaciones de Chakambakan; en junio de 1993 comenzó a
impartir clases por asignatura en la Universidad de Quintana Roo, donde
actualmente es profesor investigador de tiempo completo, adscrito a la
Licenciatura de Antropología Social y en la que ha desarrollado distintos
trabajos de investigación en las líneas de identidad y cultura, planeando,
organizando y ejecutando los viajes de estudio de la licenciatura.

142