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Trabajo practico, Critica: Comisión B

Miniserie argentina “Okupas”


El pasado que vuelve.
Por Fabián Muñoz.

Pasaron casi 18 años y todavía recuerdo con detalles como fue mi primer contacto con esta
miniserie que marco una ruptura en la televisión argentina . Era una primaveral noche de los
años 2000, época que prácticamente en los hogares no existía Internet y “redes sociales” eran
dos palabras que juntas tenían un significado inefable. El “lujo” que considerábamos los
adolescentes para pasar ese rato antes de irnos a dormir, era hacernos con el poder del control
remoto y comenzar un vertiginoso zapping con intermitentes descansos en programas que
recopilaban los goles del futbol o esperando en los canales musicales el videoclip de esa canción
de época que tanto reproducíamos en los walkman. Por suerte no fueron ni goles, ni videoclips.
Lo que encontré fue algo que no supe de momento en que consistía, parecía una película, pero
estaba actuada de una forma tan fluida y natural que hasta llegué a pensar que era un reality
show (incipiente moda que asomaba en aquellos años y amenazaba a la ficción con el robo del
tan preciado rating). Claro está, que la sensación duró unos pocos segundos, se trataba
del primer capitulo de la serie Okupas. A partir de aquel momento y hasta hoy, considero a esta
serie como una de las más gratas sorpresas de producciones argentinas de los últimos años. Con
la principal característica de revolucionar la representación de la realidad desde la ficción.

Reality show? nada mas alejado de eso, pero la utilización de la calle como puesta en escena,
los exteriores naturales registrados con cámara oculta, los actores interactuando con la gente sin
que ésta sepa y demás elementos que existen en la realidad sin tener que ser modificados
demasiado, se ajustan a cierta idea de realismo urbano pocas veces representado en ficción. Se
enfatizó la presencia de la ciudad como trasfondo con los personajes errando por zonas céntricas
y reconocibles .También en barrios míticos como el de las torres de Dock Sur, mejor conocido
como el “Docke” que acarrea la fama ganada de que ni la ley se anima a transitarlo. De esta
forma, se logro alcanzar una ambientación casi documental. Estos aspectos generaron un
notable impacto en el público, desde la emisión del primer capitulo hasta el numero once que
marca el fin de la miniserie.

La historia: un relato urbano sencillo pero complejo al mismo tiempo. Cuatro jóvenes, con
diferentes trasfondos y realidades, tienen como punto en común ocupar una vieja casona venida
a menos. Allí se refugiarán y vivirán las más variadas aventuras, desde sus problemas con la
delincuencia y las drogas, hasta la lealtad y el amor por los amigos. Un relato que describió
meticulosamente el duro contexto de los que viven en casas tomadas. La ficción se desarrolla
en el año 2000 en Congreso, un barrio céntrico pero decadente de la ciudad de Buenos Aires.
Era un país atravesado por el crecimiento de movimiento sociales de lucha y protesta callejera,
como los reconocidos “piqueteros” resultado del combo de políticas neoliberales menemistas y
el continuismo que significó la Alianza que profundizo e intensifico todos los trastornos
políticos y socioeconómicos que arrastraba el país desde años anteriores. La situación de
Ricardo (protagonista) y sus amigos, es la de muchos jóvenes en esa etapa, que se encontraban
desahuciados ante la ausencia de futuro. Es una lectura brillante de una sociedad en formación
que estaba a pocos meses de estallar. En lo que posteriormente se convirtió en la peor crisis
económica y política de la historia argentina reciente.

Con respecto al núcleo protagónico, como mencione anteriormente, son fundamentalmente


cuatro en los que se centra el foco de la cámara. Ricardo un joven universitario de clase media,
que ha abandonado su carrera de medicina y comienza una vorágine hacia la vagancia y la vida
de la calle, aprendiendo los códigos “okupas” de supervivencia, como el robo y el manejo de
armas. El “Pollo”, un viejo amigo de la escuela primaria de Ricardo, que prácticamente se crío
en la calle y pertenece a una clase social mucho más humilde y marginal. Se gana la vida
delinquiendo, robando a transeúntes por la noche o en “aprietes” entre bandas. El “Chiqui”
amigo del Pollo, personaje candido, ingenuo, de personalidad infantil y algo inocente. Antes de
llegar a la casona, dormía en las plazas donde deambula mendigando monedas para la vianda.
Sembraba marihuana para su propio consumo en terrenos baldíos y se mostraba despreocupado
ante los problemas que le surgían. Por ultimo Walter, un paseador de perros amante del “rock
rollinga” vive de changas. Pregona una vida ociosa y se muestra algo prepotente y fanfarrón,
actitud que caía un tanto irritable y lo llevaba a ganarse más de un problema. Entabla amistad
con los otros tres conviviendo en el caserón, no los conocía a ninguno de antemano.

Cuatro amigos que pasaran el rato viendo “que onda hacer” sobreviviendo lo mejor posible al
clima adverso que la realidad objetaba, pero que entendieron que los códigos y la amistad eran
las piezas centrales de sus vidas y el medio para mitigar un poco las angustias.
Podríamos encauzar muchos motivos al (margen de los mencionados) de porque la serie gano
rápidamente un importante numero de adeptos, en un corto plazo de tiempo. Sobre todo en un
público medianamente joven. Supongo que el gusto por estas historias sobre marginados en un
contexto social hostil en todo sentido, hizo mella sobre los jóvenes que en cierto modo se vieron
identificados con la problemática que envolvían a los personajes. Sobre todo, si la marginalidad
hasta el momento solo tenia espacio en los noticieros y talk shows. Destacar también la
influencia que “Okupas” tuvo posteriormente en la televisión argentina, ya que difícilmente
hubiesen surgido otras series y programas de índole similar.