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Introducción

El arbitraje, como método alternativo de resolución de controversias, viene


utilizándose en la solución de conflictos desde las sociedades primitivas, antes
de la existencia del Estado mismo, es decir, antes de surgir el proceso
jurisdiccional ya había surgido el proceso arbitral, los ingleses por su lado
también aplicaban este método para resolver disputas mucho antes del
surgimiento del common law ingles.
Fue en Roma, donde la institución arbitral fue reconocida en la Ley de las XII
Tablas, cuyos postulados disponían que las partes en disputa debieran someter
sus discrepancias ante terceros. Fue en la época de Justiniano que por primera
vez el laudo arbitral adquirió el carácter de cosa juzgada.
El arbitraje remonta desde el Derecho Romano, El Estado posteriormente vio la
necesidad de crear su propio sistema de justicia, rechazando por tanto la
jurisdicción arbitral e imponiendo la jurisdicción ordinaria por encima, creando un
verdadero monopolio en la administración de justicia.
Hoy en día los procesos jurisdiccionales estatales se encuentran en desmedro,
es decir, las personas ya no desean someter sus conflictos ante tribunales
ordinarios del Estado por su extremada lentitud e ineficiencia. Lo que buscan es
un proceso rápido y eficaz para las partes y sin trabas en el desarrollo del
proceso ni recursos ulteriores al momento de dictar la sentencia.
Por tales motivos la gente ha empezado a buscar métodos alternativos de
resolución de conflictos, es decir, mecanismos alternativos a las ofrecidas por la
justicia ordinaria, que les otorgue seguridad en la resolución de las disputas en
corto tiempo y con menor costo. Es por ello que hoy en día las personas buscan
esta técnica hetercompositiva para la resolución de sus controversias
denominada arbitraje.
Por lo expuesto anteriormente vemos la importancia que tiene esta institución
llamada arbitraje en las sociedades hoy en día. A continuación expondré dos
puntos importantes que darán una mejor explicación y conceptualización del
arbitraje, como también llegare a explicar sus orígenes y naturaleza jurídica de
esta extraordinaria institución.
1. Naturaleza Jurídica del Arbitraje

La naturaleza del arbitraje es controversial, debido a que no se puede situar


específicamente en la tradicional división del derecho positivo, ya sea público o
privado, por lo que su naturaleza atiende a diversas teorías.

La discusión conceptual sobre la naturaleza jurídica del arbitraje en la doctrina


está marcada por tres corrientes:

a) Teoría Contractualista o Privatista Pura

La tesis contractualista es seguida por Merlín, Fuzier-Herman, Giovenda, Weiss,


Brachet, Guasp, Herze y Ogayar entre otros.

La teoría contractualista establece que el arbitraje consiste en un contrato


basado en la voluntad de las partes, que delegan el arreglo de sus diferencias
en un tercero neutral, árbitro. En ese sentido, el arbitraje tiene carácter
contractual y, por tanto, privado.

Este principio contractual del pacto arbitral considera al árbitro como mandatario
de las partes, donde el laudo arbitral que dicte no tiene carácter de sentencia,
puesto que, viene a ser una simple ejecución del mandato por el compromisario.

Chiovenda y Betti4 afirman que los árbitros no ejercen funciones jurisdiccionales,


entendiéndose por tales, la aptitud de juzgar y hacer justicia, por lo tanto, el
laudo, aunque se asimile a sentencia, no es su equivalente.

Esta teoría parte de la premisa que la función jurisdiccional es considerada como


propia de la esencia de la autoridad y el poder estatal, como una de las
manifestaciones de los magistrados.

Por lo expuesto anteriormente podemos llegar a la conclusión de que esta


primera tesis sostiene que el árbitro no es juez ni forma parte de la jurisdicción y
tampoco esta facultado para ejecutar sus propias decisiones.
También podemos rescatar que el arbitraje contiene un doble convenio:

- Un contrato de compromiso, donde las partes deciden someterse al


futuro laudo que se dicte. Podríamos considerarlo un compromiso de
buena fe.
- Un contrato de mandato, donde al árbitro se le obliga a resolver bien con
arreglo a derecho o bien con arreglo a equidad.

b) Teoría Jurisdiccional o Publicista Pura

Según esta corriente, el arbitraje es una institución de índole procesal, por lo


tanto de orden público. Tiene carácter de juicio, por lo tanto el árbitro cumple la
función de juez y su laudo se equipara a la sentencia, por ende tiene naturaleza
jurisdiccional.

Podemos señalar entonces, que bajo este principio, se sostiene que la función
jurisdiccional otorgada a los tribunales estatales instituido por ley, es ejercida de
forma excepcional y temporal por los jueces privados que son los árbitros.

Laurent, Glasson, Tissiel, Morel, entre otros justifican esta posición cuando
advierten que “si bien es cierto que el arbitraje deriva su poder del compromiso
de las partes en lo que pudiera asimilarse al mandatario, sin embargo
desempeña su función como juez, y como tal, es independiente y autónomo.
Solo tiene en cuenta los intereses de la justicia y dicta su fallo en derecho o en
equidad; y, sin otras consideraciones que su conciencia y la ley, desempeñan en
tal carácter su función jurisdiccional, lo cual da lugar a que las resoluciones
tengan el carácter de verdaderas sentencias”.

Autores como Fenech, Alcalá Zamora, Carreras, Serra y Montes argumentan que
la decisión arbitral ostenta todas las notas esenciales de la cosa juzgada,
obligatoriedad, ejecutoriedad, imperatividad y que además la excepción procesal
para hacerla valer es la de cosa juzgada, además aluden que los árbitros gozan
de “autoritas” no de “potestas”.
Para concluir diremos que el arbitraje para la tesis jurisdiccional no es en sentido
estricto un juicio sino que es un proceso que se equipara al juicio ya que el árbitro
cumple la función de juez al decir el derecho (ius decire), y por tanto ejerce una
función jurisdiccional, función que tiene similares características a la de los
órganos jurisdiccionales estatales.

c) Teoría Ecléctica o Mixta

La tesis mixta es defendida por Carnelutti y Prieto Castro. Según Carnelutti el


arbitraje es un “equivalente jurisdiccional” ya que a través de él se pueden
obtener los mismos objetivos que por la jurisdicción civil.

Dalloz y Mongalvy a su vez definen el arbitraje como jurisdicción y califican a los


árbitros de jueces.

Para la Dra. María de los Ángeles Nahid Cuomo, la teoría mixta o también
llamada conciliadora considera el arbitraje como una institución sui generis, de
naturaleza mixta o híbrida, en la que conviven, como un todo indisoluble, el
origen contractual del mismo y la teología jurisdiccional que explica su aparición,
institución contractual por su origen, procesal por sus efectos.

Por lo expuesto anteriormente diremos que para la tesis mixta el arbitraje y los
actos que lo rodean son un verdadero proceso, ya que se trata de una contienda
entre partes sometidas a la resolución de un tribunal, pero también tiene un
origen contractual dado que las partes suscriben un convenio donde manifiestan
su renuncia a someter un conflicto surgido o por surgir ante los tribunales
ordinarios, y por tanto someterla a la decisión de un tribunal creado por la
institución jurídica del arbitraje.

d) Teoría Autónoma

Para el autor peruano Ulises Montoya, existiría una cuarta teoría que la
desarrollo la autora francesa Madame Rubellin Deviche, y que la denomina la
Teoría Autónoma, por la cual el arbitraje es autónomo por el uso y su propósito,
por lo que no puede ser considerado como contractual, jurisdiccional y menos
mixto por no estar de acuerdo con la realidad, pues al arbitraje hay que mirarlo
per se, es decir cómo es, en qué consiste, la forma y modo como funciona, las
leyes que se han dictado para ayudar y facilitar su desenvolvimiento.

Caivano establece que esta cuarta teoría, denominada autónoma, observa el


arbitraje desde una óptica diferente admitiendo que ninguna de las tres
anteriores brinda una explicación satisfactoria al problema, capaz de
aprehenderlo con carácter universal; sostiene que en definitiva, la naturaleza
depende en gran medida del sistema legal bajo el que se analiza la cuestión.

2. Sobre la naturaleza jurídica del arbitraje en Bolivia

El fundamental entramado de relaciones jurídicas, la justificación de las


intervenciones de determinados sujetos, los vínculos existentes entre sí, con las
instituciones o con las partes, la primacía de la voluntad como criterio de
conformación de prácticamente todos los aspectos de la institución arbitral -
nacimiento desarrollo y terminación-, las relaciones de terceros que no son
partes ni árbitros en el proceso y su vinculación con estos, la función que ejercen
los árbitros, la naturaleza de las obligaciones derivadas de la aceptación del
cargo, la conformación de las reglas del procedimiento, la posible incidencia de
las normas imperativas procesales, los plazos y su vinculación al ejercicio de la
función arbitral, la decisión arbitral y los componentes esenciales de la misma, el
régimen de las notificaciones, la posible aclaración, complemento o corrección
del laudo, la eficacia del laudo, la posibilidad de adoptar medidas cautelares, la
ejecución del laudo, etc. En suma, todos y cada uno de ellos nacen por diversas
relaciones y se mantienen o desaparecen por otras, como nota constante en el
arbitraje. En función de todo esto surgen, las reiteradas preguntas: ¿qué es
esencial en el arbitraje: la voluntad de las partes, la libertad de someterse a
arbitraje, sin la cual no es posible hablar de arbitraje, o la función de los árbitros
de solucionar el litigio planteado y ofrecer al ordenamiento jurídico un cause -el
proceso- para su ejercicio? ¿Puede haber arbitraje sin convenio? ¿Puede haber
arbitraje sin proceso? ¿Puede haber laudo con efectos de cosa juzgada sin el
ejercicio de la función heterocompositiva de los árbitros por medio del proceso?
Todas las respuestas a las cuestiones planteadas conducen a la misma solución:
no es posible llevar a cabo un arbitraje sin alguna de las piezas expuestas15.
Con todo esto podremos concluir que, en el arbitraje se presentan componentes
contractuales, jurisdiccionales y procesales fundamentalmente, dando como
consecuencia necesaria que, el arbitraje es una categoría autónoma que forma
parte del todo que es la justicia, convirtiéndose en un cause más de los que
integran las vías de tutela jurídica de los ciudadanos. Por otra parte, el arbitraje
institucional será aquel administrado por una institución arbitral especializada,
con arreglo a su propio reglamento de arbitraje, es más, actualmente existen en
nuestra realidad, instituciones que durante ya varios años han ejercido la
potestad arbitral, llámese Cámara Nacional de Comercio o la Cámara de
Industria y Comercio de Santa Cruz (CAINCO), así también existen instituciones
arbitrales en el mundo entero como el Centro Internacional de Resolución de
Disputas (CIRD), que es una división de la Asociación Americana de Arbitraje
(AAA), o la conocida Corte Internacional de Arbitraje (CCI) que es parte de la
Cámara de Comercio Internacional. Los reglamentos de estas instituciones por
lo general siguen un patrón similar, pues están formulados expresamente para
procesos a cargo de la institución de que se trate y generalmente se los aplica
en virtud de una cláusula compromisoria incluida en el contrato, que prevé el
arbitraje institucional, por ejemplo la cláusula que recomienda la CCI establece:
“Todas las desavenencias que deriven de este contrato o que guarden relación
con éste serán resueltas definitivamente de acuerdo con el reglamento de
arbitraje de la cámara de comercio internacional”. Por otro lado, el arbitraje Ad
Hoc, tiene como característica sustancial la capacidad de las partes de
estructurarlo, de modo tal de que se adecue a los deseos de las partes y a los
hechos de determinada controversia; si bien para que ello pueda hacerse de
modo eficiente y eficaz, es necesario contar con la cooperación de las partes y
sus letrados. Asimismo, la mayor flexibilidad que ofrece el arbitraje Ad Hoc18, es
el motivo por el que, en la experiencia comparada, gran cantidad de arbitrajes
son desarrollados bajo esta modalidad. En el arbitraje, la solución del conflicto
se deja en manos de una o varias personas, a las que se les designa con el
nombre de árbitros, pudiendo ser elegidas directamente por las partes o
designadas por la institución que administra el arbitraje institucional, al que se
han sometido las partes. El árbitro, impone la solución privada del conflicto, en
virtud de un convenio suscrito por los interesados en el que acuerdan, para
determinadas materias, someterse a arbitraje, de modo que aplicando el derecho
o la equidad según el pacto de las partes, el árbitro dictará, mediante un laudo,
lo justo para el caso concreto. La característica principal y definitoria del arbitraje
es su naturaleza convencional, donde las partes son libres para someterse a este
sistema de resolución de controversias, pactándolo voluntariamente, cuando lo
consideren más conveniente a sus intereses particulares, en cuyo caso,
sustituirán la justicia pública por la privada. En definitiva la piedra angular del
arbitraje es la voluntad de las partes, hecho fundamental que nuestra ley recoje
a cabalidad. En el arbitraje, las partes otorgan al árbitro la potestad para resolver
su litigio en el marco de las normas que ellas mismas establecen en el convenio
arbitral; por tanto, el convenio arbitral fija el ámbito y las condiciones para
resolver el conflicto y legitima al árbitro en el ejercicio de su función declarativa,
que concluye cuando dicta el laudo. Como el mismo no tiene potestad ejecutiva,
para la ejecución forzosa siempre existirá la posibilidad de acudir a la jurisdicción.
Finalmente diremos que el proceso arbitral es de instancia única y contra él no
caben recursos.

3. Concepto y Caracteristicas de Arbitraje


Se debe tomar en cuenta las diversas conceptualizaciones que sostienen
distintos autores, para que así podamos llegar a definir de una forma completa y
precisa al arbitraje.

Antes de entrar a los diversos conceptos que tiene el arbitraje debemos


mencionar la etimología de la palabra arbitraje. El arbitraje deriva del latín
arbitrare, juzgar como árbitro, que, a su vez, deriva de arbiter, el que asume el
papel de juez entre las partes.

Según define Lorca Navarrete, el arbitraje es un sistema de garantías procesales


con proyección constitucional que se proyecta sobre la resolución de cuestiones
litigiosas que se hayan en el ámbito de la libre disposición de quienes, como
personas físicas o jurídicas, les asiste el poder de solucionarlas cuando, previo
convenio, se obliguen a nombrar y aceptar la resolución de uno o varios árbitros.
Para Caivano, el arbitraje es en una primera aproximación; un método, un
sistema de resolución de conflictos. Es una herramienta mediante la cual se
resuelven los conflictos por particulares que no revisten la calidad de jueces
estatales.

El arbitraje es un método de solución de controversias mediante el cual, en


ciertas ocasiones, la ley permite a las partes sustraerse de la intervención de los
órganos judiciales estatales.

El jurista peruano Fernando Vidal Ramírez expone que el arbitraje tiene como
supuesto un conflicto ínter subjetivo de intereses que resulta de una pretensión
a la que se le opone rechazo. Así planteado el conflicto se hace necesario
solucionarlo y para esta solución el Estado otorga directamente la tutela
jurisdiccional o la delega, a fin de que las mismas partes del conflicto nominen al
árbitro o árbitros a los que confieren la facultad de dirimir la controversia. De este
modo, el arbitraje se constituye en un medio de solución de conflictos alternativo
al Poder Judicial y con características muy propias y diferenciales de otros
medios de solución.

Debemos recalcar, de lo expuesto anteriormente, para el Dr. Fernando Vidal, el


arbitraje es un medio de solución de conflictos alternativo al Poder Judicial, es
decir, alternativa a los tribunales ordinarios de justicia, en cambio, el jurista
boliviano Fernando Rodríguez Mendoza es contradictorio en ese aspecto, el
establece que la figura jurídica del arbitraje no debe concebirse como una
alternativa a la justicia ordinaria, porque justicia no hay mas que una, sino como
un mecanismo que viene a complementarla o incluso a facilitarla.

El arbitraje es un procedimiento jurisdiccional sui generis, mediante el cual, por


expresa voluntad de las partes, se defiere la solución de conflictos privados
transigibles a un cuerpo igualmente colegiado integrado por árbitros, los que
transitoriamente quedan investidos de jurisdicción para proferir un laudo con la
misma categoría jurídica y los mismos efectos que una sentencia judicial.
El tratadista Patricio Aylwin Azocar34 define el arbitraje como “aquel a que las
partes concurren de común acuerdo o por mandato del legislador y que se
verifica ante tribunales especiales, distintos de los establecidos
permanentemente por el Estado, elegidos por los propios interesados o por la
autoridad judicial en subsidio, o por un tercero en determinadas ocasiones”.

Para dar un último concepto, debo citar a la Dra. Maria de los Ángeles Nahid
Cuomo, quien considera que “el arbitraje es un medio de resolver conflictos o,
como preferimos decir, de administrar justicia, elegido por las partes de una
controversia actual o eventual, en relación a derechos disponibles, mediante una
o más personas imparciales, privadas, quienes dictarán un laudo obligatorio para
ellas”.

El arbitraje, como uno de los medios privados de solucionar conflictos entre


partes, es el que más se ha desarrollado, en especial en el campo comercial; no
así en otras materias como en el área penal.

Con los diversos conceptos, de distintos autores, expuestos, y con todos los
elementos extraídos, nos animamos a destacar los elementos o características
más esenciales del arbitraje:

- Es un procedimiento jurisdiccional sui generis.


- Es un método heterocompositivo, porque existe un tercero imparcial que de
manera independiente soluciona el conflicto.
- Es un método de solución de las controversias, presentes o futuras, que surgen
en las relaciones privadas entre personas físicas y jurídica.
- Es fundado en el principio de la autonomía de la voluntad de partes, ya que son
las partes, que voluntariamente, deciden someter a un particular, árbitro, sus
diferencias.
- Es imprescindible que para que opere el arbitraje, las pretensiones que lo
generaron deben derivar de derechos disponibles. Las partes no pueden pactar
ni disponer sobre normas imperativas ya que pondrían en peligro el orden
público.
- El objeto del conflicto debe ser transable, no afectar más que al titular.
- Los árbitros tienen la facultad de juzgar, fijando los derechos y deberes de las
partes, aunque no de hacer ejecutar lo juzgado, porque la coerción permanece
siempre en manos de la jurisdicción Estatal.
- El laudo es vinculante para las partes, es decir, es de cumplimiento obligatorio,
y tiene efecto de cosa juzgada, por tanto imposible de volver a ser enjuiciado en
cuanto al fondo por otro órgano jurisdiccional.

4. Materia Arbitrable

Prácticamente todos los conflictos pueden ser sometidos al arbitraje, sin


embargo, el Estado, a través de la legislación establece las materias o los
conflictos que quedan excluidos de este procedimiento.

Como regla general, el arbitraje ha de recaer sobre cuestiones litigiosas que se


hallen dentro de la esfera de la libre disposición de los sujetos interesados en el
mismo y que por lo tanto no afectan al orden publico. Pueden someterse a
arbitraje todas las cuestiones que pueden ser objeto de transacción.

El tratadista Lorca Navarrete caracteriza al objeto sobre el que recae el arbitraje


con las siguientes notas: le da su carácter potestativo; el que recae sobre
cuestiones litigiosas ya sean presentes o futuras, y que; la materia ha de ser de
las que puedan disponer los interesados en el arbitraje conforme el Derecho.

4.1 Materias Excluidas en la Ley de Conciliación y Arbitraje. Como es una


norma, que permite la solución de controversias de manera rápida y efectiva y al
mismo tiempo garantiza el estatus del Estado, como un Estado Soberano,
existen materias excluidas de la conciliación y del arbitraje, es así que, la Ley
agrupa en su Artículo 4: “La propiedad de los recursos naturales; Los títulos
otorgados sobre reservas fiscales; Los tributos y regalías; Los contratos
administrativos, salvo lo dispuesto en la presente Ley; El acceso a los servicios
públicos; Las licencias, registros y autorizaciones sobre recursos naturales en
todos sus estados; Cuestiones que afecten al orden público; Las cuestiones
sobre las que haya recaído resolución judicial firme y definitiva, salvo los
aspectos derivados de su ejecución; Las cuestiones que versen sobre el estado
civil y la capacidad de las personas; Las cuestiones referidas a bienes o
derechos de incapaces, sin previa autorización judicial; Las cuestiones
concernientes a las funciones del Estado; Las cuestiones que no sean objeto de
transacción; y cualquier otra determinada por la Constitución Política del Estado
o la Ley”
Además, se contemplan exclusiones expresas en el Artículo 5, como ser: “Las
controversias en materia laboral y de seguridad social, por estar sometidas a
disposiciones legales de orden público y de carácter irrenunciable a favor de los
trabajadores; Los acuerdos comerciales y de integración entre Estados, suscritos
por el Estado Plurinacional de Bolivia, Los contratos de financiamiento externo
que suscriba el Estado Plurinacional de Bolivia con organizaciones u organismos
financieros internacionales”. Estas exclusiones, las genéricas del artículo 4 y las
especificas del Artículo 5, tienen una finalidad practica fundamental, evitar que
bajo el pretexto de conciliación o arbitraje, se atente contra los recursos
naturales, que por mandato constitucional son de propiedad del pueblo
boliviano8 ; asimismo, dentro de las exclusiones expresas, queda claro, solo
como ejemplo, que los derechos laborales se tramitan en la jurisdicción ordinaria,
su carácter exclusivo de protección hace que sólo la autoridad judicial decida las
controversias en materia laboral, en función de la irrenunciabilidad, esto es,
indisponibilidad de los derechos laborales. Bienes, Obras y Servicios
Contratados en el Extranjero. Se dice con acierto, que el Estado para conseguir
sus fines, debe por fuerza, valerse de terceros, que le prestarán algún tipo de
servicio, entregarán alguna obra o proveerán algún bien, para ello y con acierto,
se ha creado un régimen contractual, distinto al civil, que le permite a la
administración contratar los mismos. Al respecto, la norma ha previsto que: “Las
entidades o empresas estatales puedan aplicar los institutos de la conciliación y
arbitraje, en controversias que surjan de un contrato de adquisición de bienes,
obras o provisión de servicios, con entidades o empresas extranjeras sin
domicilio legal en Bolivia, en el marco de la estipulación en el contrato
correspondiente”. Existe una condición de ingreso, expresado en lenguaje
procesal una condición de procedibilidad, ésta es la ausencia de domicilio legal
de las empresas extranjeras. Es decir, que las entidades o empresas estatales
por regla, en la resolución de conflictos y por principio de imperio, solucionan sus
controversias con empresas extranjeras, en la jurisdicción llamada por ley; serán
las autoridades judiciales bolivianas las que conocen y resuelvan controversias
con empresas extranjeras, siempre y cuando éstas tengan domicilio en el
territorio del Estado, en otras palabras, la previsión es una excepción a la regla
general.

5. Principios del Arbitraje segun la Ley de Conciliacion y Arbitraje

La Ley regula, desde el universo normativo, dos medios alternativos de


resolución de controversias que pueden emerger, tanto de relaciones
contractuales o extracontractuales, a su vez, asienta su eficacia normativa,
alrededor de principios ordenadores, de inexcusable observancia por parte de
quienes apliquen ésta norma, nos referimos a los conciliadores propiamente
dichos y a los Tribunales Arbitrales.
En la nueva legislación boliviana que se da a partir de la vigencia de la nueva
Constitución Política del Estado, se han introducido varios cambios importantes,
entre ellos la inclusión de principios y valores rectores en las leyes
fundamentales que fueron aprobadas desde el 2010. Estos principios y valores
se convierten en una especie de guía de la norma jurídica a la cual pueden
recurrir quienes la aplican, dentro de una nueva lógica jurídica que se pretende
implantar en el país. Una lógica que nos haga menos dependientes de una
normatividad cerrada y le dé a los operadores de justicia, en este caso
conciliadores y árbitros, mayores facultades de aplicar la sana crítica y la
orientación natural que tiene el ser humano hacia una justicia más efectiva. Los
principios que emergen del Artículo 3 de la Ley de Conciliacion y Arbitraje, son
los siguientes:

Buena Fe. La moralización de los procesos y procedimientos, es un fin


perseguido por todas las legislaciones como medio indispensable para la recta
administración de justicia, en cambio la mala fe es cuestionada por la Ley, y en
razón a ello se ha propuesto que: “Las partes proceden de manera honesta y
leal, con el ánimo de llegar a un acuerdo y acceder al medio alternativo que
ponga fin a la controversia”.

Celeridad. De genética constitucional y propio del bloque de constitucionalidad,


el principio de que toda persona tiene derecho a un recurso sencillo, queda claro
que ello tiene que ver con las condiciones que se ofrecen a las partes; es decir,
la certeza fundamental de la solución a su conflicto dentro de un tiempo
razonable y al mismo tiempo oportuno. Como se nota de la afirmación
precedente, por certeza de la norma, se sabe que existirá una decisión de fondo,
pero al mismo tiempo ésta debe ser emitida en tiempo oportuno, así lo ha
entendido la norma bajo el siguiente criterio: “Comprende el ejercicio oportuno y
sin dilaciones en la solución de controversias”.

Cultura de Paz. Uno de los hilos conductores, que la Constitución ha marcado


fundamentalmente para la solución de controversias, es la promoción de la
cultura de paz. Es la receptación de nuestra tradición histórica, que apuesta por
el fomento a la avenencia, al acuerdo y al diálogo, privilegiándolo frente al
disenso irracional y desmedido. Prueba de esa apuesta es la materialización
normativa del principio bajo el siguiente criterio uniformalizador: “Los medios
alternativos de resolución de controversias contribuyen al Vivir Bien”.

Economía. Se entiende que es la consecuencia de la máxima: “obtener el mayor


resultado con el mínimo de empleo de la actividad procesal7 ”, el sentido de
fondo es fundamental, con ello el trabajo del conciliador y el árbitro será menor,
pero gozará de mayor eficiencia, logrando una decisión oportuna y
esencialmente enmarcada al interior de la Ley. Este criterio de actividad
procesal, ha sido absorbido por la Ley en los siguientes términos: “Los
procedimientos se desarrollarán evitando trámites o diligencias innecesarias,
salvaguardando las garantías jurisdiccionales”.

Finalidad. El procedimiento y el proceso, ambos con sus marcadas diferencias,


buscan una finalidad consustancial al mismo hecho de su existencia, cual es, la
resolución del conflicto. Esta aseveración refleja su razón de ser,
primordialmente en función a la utilidad que persigue la instancia procesal,
criterio que normativamente se refleja en la Ley de la siguiente forma: “Por el que
se subordina la validez de los actos procesales en aras de la solución de la
controversia y no sólo a la simple observancia de las normas o requisitos”.
Flexibilidad. Una de las características sustantivas de los medios alternativos
de solución de controversias tiene que ver con la flexibilidad de los
procedimientos, el mismo hecho de que éstos parten de la autonomía de la
voluntad, hace que su desarrollo recoja la posibilidad de reglar la formalidad y
disminuirla a lo que sea estrictamente necesario, simplificando las actuaciones,
por esto la norma establece que “las actuaciones serán informales, simples y
adaptables a las particularidades de la controversia”.

Idoneidad. Los conciliadores y los árbitros, como condición de ejercicio, son


hombres fundamentalmente técnicos y especializados en las particularidades
propias de las relaciones económicas y trascendentes de la patrimonialidad. Los
árbitros no son impuestos, los eligen las partes y son éstas que a fin de conseguir
el mejor resultado, escogen dentro de una lista, dependiendo del problema, al
profesional que en su criterio reconozcan como el más idóneo para la cuestión
concreta, así lo entiende la Ley en los siguientes términos: “La o el conciliador y
la o el árbitro, legitiman su intervención a partir de su aptitud, conocimiento y
experiencia en el desarrollo de los medios alternativos de solución de
controversias”.

Igualdad. Éste es un principio de genética constitucional, tiene que ver con el


interior del proceso que se trate, con las posibilidades concretas de quienes se
encuentran tramitando una causa a objeto de hacer valer sus derechos y
pretensiones sin más requisito que el de la pertinencia, es claro que toda
pretensión pertinente será promovida, y toda pretensión impertinente será
rechaza in limine. En ese sentido, es nuevamente importante recordar que dentro
de la etapa de postulación, cognición y decisión, las partes gozan de los mismos
derechos, pues en igualdad de condiciones se presentan y en igualdad de
condiciones son tratadas en la fase procesal propiamente dicha, por ello la Ley
ha hecho la siguiente aclaración, respecto al citado principio: “Las partes tienen
igual oportunidad para hacer valer sus derechos y sus pretensiones”.

Imparcialidad. El conciliador y fundamentalmente el árbitro designado, no son


árbitros de alguna de las partes, sino del arbitraje; esto significa que sin interesar
quien propuso o designó al árbitro o conciliador, ellos se hallan sujetos
únicamente al instituto del arbitraje, a nada, ni a nadie más, concordante a ello,
la normativa dispone: “La o el conciliador y la o el árbitro, deben permanecer
imparciales durante el procedimiento, sin mantener relación personal,
profesional o comercial alguna con las partes, ni tener interés en el asunto objeto
de controversia”.

Independencia. Los conciliadores y árbitros, sólo están sometidos a la Ley, y


sus actos se encuentran condicionados a los mandatos que ella expone a fin de
garantizar el desarrollo de los actos que se tramiten, esto significa que su
actividad es independiente, y la base de su independencia es la Ley, es en este
sentido que la norma se pronuncia respecto a dicho principio: “Por el que
conciliadores y árbitros tienen plena libertad y autonomía para el ejercicio de sus
funciones”.

Legalidad. La legalidad no sólo hace a la independencia, sino también a la


función, esto implica que los actos son válidos, siempre y cuando sean
desarrollados conforme a los mandatos de la Ley. Asimismo, al ser la norma la
que regula su actividad, tanto el conciliador como el árbitro, no pueden más que
hacer lo que ella dispone y fallar en los marcos de su competencia: “La o el
conciliador y la o el árbitro, deberán actuar con arreglo a lo dispuesto a la Ley y
otras normas jurídicas”.

Oralidad. La oralidad es una de las características más relevantes de los medios


alternativos de solución de controversias en general, si pensamos por un
momento en las características procesales generales, siempre llegaremos a la
conclusión que no existen métodos puros, pero en el caso de la conciliación y el
arbitraje, es el método de la oralidad el que se impone, muy a pesar de algunos
actos escritos necesarios; como ser la demanda arbitral, es mediante la oralidad,
en que se desarrolla el proceso en sus momentos nucleares, así lo ha concebido
la norma, que respecto a este principio sintetiza su criterio en los siguientes
términos: “Como medio que garantiza el diálogo y la comunicación entre las
partes, generando confianza mutua”.

Voluntariedad. Todos los medios alternativos de solución de controversias son


voluntarios, esto es, la voluntad de las partes como condición de procedibilidad
de los mismos, es más, no existe la posibilidad de imposición, ni mucho menos
de coacción por parte de una de las partes frente a la otra a sujetarse a la
conciliación o al arbitraje; esto significa la transversal determinación de la
autonomía de la voluntad, así lo ha entendido el legislador al establecer el
referido principio, en los siguientes términos: “Por el que las partes, de forma
libre y de mutuo acuerdo, acceden a un medio alternativo de solución de
controversias”. ¿Qué implican estos principios, sustancialmente y vistos de
manera organizada en su tramitación práctica? Conlleva, pues, que tanto en la
conciliación como en el arbitraje, las partes procedan de manera honesta y leal
entre sí y para con el Tribunal; que la solución a la controversia sea oportuna
para la satisfacción de intereses contrapuestos, recayendo en una finalidad
sustancial, garantizar la cultura de paz, como mandato constitucional; que al
interior de la controversia se eroguen los gastos absolutamente necesarios y no
otros que sean ajenos a la finalidad de solucionar el conflicto; que la controversia
no esté sujeta a formalidades o requisitos, más que los absolutamente
necesarios, en aras de garantizar un debido proceso; que todo el trámite de la
controversia esté marcado por una amplia flexibilidad, siempre observando los
casos concretos en su real dimensión; que garanticen que el conciliador o árbitro
sean aptos para conocer la causa que se tramita, implicando que tengan o deban
tener un alto nivel técnico, que en el fondo es la garantía sustancial de la
transparencia procesal; que los conciliadores y árbitros estén únicamente
sometidos a la Constitución y la Ley; y finalmente, que la conciliación y el arbitraje
se constituyan como medios alternativos a la solución de controversias,
adoptados voluntariamente por las partes, sin que medie ningún tipo de vicio en
el consentimiento, pues su nota distintiva será la autonomía de la voluntad. Pero,
¿cuál es la importancia de los principios?, tradicionalmente se creía que los
principios eran meras declamaciones o a lo mucho un catálogo de buenas
intenciones, en nuestro caso, como ya adelantamos, los principios marcan a
fuego la conciliación y el arbitraje, pues tanto el conciliador como el árbitro,
deberán maximizar su empleo priorizando la justicia y el bien común. con la
finalidad última de preservar la paz social.
6. Otros principios arbitrales según la Ley de Conciliacion y Arbitraje
Se exponen a continuación de los principios generales otras premisas rectoras
del arbitraje en la presente ley con algunas excepciones que son las siguientes:

Reserva de Información. La información producida, tanto en el arbitraje como


en la conciliación, donde sea que el Estado se constituya como parte de la
controversia, tiene un trato especial, condicionado a la correspondiente reserva
legal, de la siguiente forma: “Cuando el Estado sea parte de un procedimiento
de conciliación o de arbitraje, toda la información conocida y producida en dicho
procedimiento, tendrá carácter reservado si fuera calificada como tal por
normativa vigente”. Las razones en campo teórico son muchas, pues son
distintos los criterios que se usan a fin de justificar su adopción, no obstante, la
razón principal es que al establecer una norma particular, el carácter reservado
de determinada información, ésta no tiene otra forma de uso más que la
reservada, este privilegio se le consigna únicamente a aquella cuyo contenido
goza de gran valor para el Estado.
Confidencialidad. Barona, a tiempo de identificar las características
sustanciales de los medios alternativos de solución de controversias, afirma,
respecto a la confidencialidad, que ésta permite que no se tenga conocimiento
más allá de la institución, árbitros y partes, principio que cuenta con mecanismos
idóneos que la salvaguarden, con la posibilidad de reclamar responsabilidad en
caso de omisión de este imperativo. Así pues, el Artículo 8 de la Ley de
Conciliacion y Arbitraje, regula este presupuesto estableciendo que: “Toda
información conocida y producida por los particulares en un procedimiento de
conciliación o de arbitraje, es confidencial, regla común a los procesos de
conciliación y arbitrales. Sin embargo existe una excepción, la confidencialidad
se levantará cuando:
1. Estén comprometidos los intereses del Estado, caso en el cual, la información
será entregada a la Procuraduría General del Estado;
2. Existan indicios de comisión delictiva, caso en el cual, la información será
entregada mediante requerimiento fiscal u orden judicial”.
Además, como no podía ser de otra manera existen dos excepciones a la regla
general: cuando los intereses del Estado se vean comprometidos o cuando
exista la fe fundada en la posible comisión de delitos.
Responsabilidad. Con el objeto de garantizar que el arbitraje sea efectivo ha de
existir una amplia confianza pública en la integridad y justicia del proceso,
entendiéndose que tanto la conciliación como el arbitraje, reposan en el principio
de seguridad jurídica. La exigencia de responsabilidad implica, desde este punto
de vista, una garantía a través de la cual las partes se aseguran que los
conciliadores y árbitros desempeñan su función en el marco de las reglas que
les son impuestas. De ésta forma, a la luz de nuestra Ley, el conciliador es
responsable por la inobservancia de la legalidad del contenido expresado en el
Acta de Conciliación, esto quiere decir, como todo acto de decisión, que el
conciliador debe observar que el documento final de la conciliación, se sujete a
la norma. Asimismo, el árbitro es responsable por las acciones u omisiones en
el ejercicio de sus funciones, por actuar desconociendo la norma y los
reglamentos, u omitir las obligaciones que le están destinadas por mandato de
la Ley. El Artículo 14 de la Ley de Conciliacion y Arbitraje, permite que las
personas jurídicas se constituyan en administradoras de la Conciliación y el
Arbitraje, a través de Centros de Conciliación, Centro de Conciliación y Arbitraje
y Centros de Arbitraje; asimismo los conciliadores y árbitros, a fin de cumplir
legalmente su actividad, deberán registrarse en uno de estos centros; además
de ello, se deja la permisión legal de que las instituciones públicas administren
centros de conciliación, como hasta el momento lo ha venido haciendo el
Ministerio de Justicia, extremo ratificado normativamente en el Artículo 19 de la
Ley de la Ley de Conciliacion y Arbitraje.
BIBLIOGRAFIA

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