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ÉTICA Y UTOPÍA

Octavio Martínez López

CONTENIDO
1. Ética. 2. Esperanza y utopía. 3. Utopía y ética.

1. Ética
La filosofía moral, o ética, no se ocupa de los hechos, no se ocupa del ser, sino del
deber ser. De ahí que no puede renunciar “a instalarse en la utopía”1.
Esto se explica de la siguiente manera. Los problemas que trata la ética son de tipo
moral, es decir, de la acción humana. Pero el deber ser no se deriva del ser, es lo que se
llamaría como la falacia naturalista. Sin embargo, de acuerdo con Muguerza2, la diferencia
entre hechos y valores no es definitiva: los hechos, al ser siempre interpretados, conllevan
algún tipo de valoración; mientras que los valores terminan constituyendo hechos futuros.
Por tanto, la ética tiene que ver con la utopía.
El problema de la ética es precisamente esta relación entre el ser y el deber ser, la
relación entre razón teórica y razón práctica. La pregunta que se debe responder es ¿cómo
son posibles los juicios morales? Para hacerlo, Muguerza intenta reivindicar el puesto de la
razón en la ética3.
Hay tres actitudes que niegan la racionalidad moral: el subjetivismo, el escepticismo y
el relativismo éticos. Estos niegan que pueda darse una justificación moral para los juicios
de valor. Sin embargo, es imprescindible en filosofía moral que se dé una cierta dosis de
estas tres actitudes. La razón es que es un hecho que no hay unanimidad con respecto a los
valores, es decir, la moral es relativa. Esto nos lleva a la convicción de que la ética debe ser
una búsqueda de razones llevadas a cabo con la mayor imparcialidad y objetividad
posibles.4
Ahora bien, la pregunta es acerca de ¿cuál es la conducta que puede ser objeto de
razonamiento? La racionalidad exigida para los juicios éticos tiende a establecer la

1
Ramos Centeno, 2014, p. 59.
2
Ibíd., p. 61.
3
Camps, 1978, p. 303.
4
Ibíd., pp. 304-305.
objetividad de los valores morales. De acuerdo con Camps5, una de las últimas corrientes
propone la idea del “punto de vista moral” (que Muguerza confronta con la del “punto de
vista racional”6). De acuerdo con esto, la validez de los juicios éticos se apoyaría no en
sentimientos personales e “inobjetivables”, sino en un especial “punto de vista”
compartidos por quienes estuvieran dispuestos a comportarse de acuerdo con normas
morales de conducta.
Esta tesis se basa en el supuesto de que los criterios de moralidad no pueden ser
absolutamente dispares, es decir, debemos estar básicamente de acuerdo sobre el
significado y el uso de la “moral”. Empero, lo más que puede conseguir es pasar de un
subjetivismo radical a una intersubjetividad. Se supera el subjetivismo, pero no el
relativismo.7
Muguerza defiende que en diferentes circunstancias de fecha y lugar, de una indudable
multiplicidad de formas de vida, una de ellas sea “absolutamente preferible, siquiera a título
ideal, desde el punto de vista racional”. Pues bien, en esta pretensión absolutista, unida a la
inevitable dimensión histórica de los criterios de racionalidad, se encuentra una solución:
“la racionalidad entendida como proyecto”. Esta racionalidad se presenta como un método,
una forma de pensamiento que tiene a sí misma como objeto. Así, en estos momentos, la
instauración de una sociedad sin clases, sin dominación, vendría a encarnar ese ideal de
racionalidad. Entonces, el papel del filósofo sería no sólo idear utopías, sino sobre todo
impedir que las utopías “dejen de serlo”.8
Por otro lado, Muguerza afirma que la racionalidad no ha de aplicarse a los medios,
sino a los fines últimos. La acción ética debería definirse como la realizada desde la
convicción de que la actitud elegida es la más acorde, la más justa, para con el ideal o fin
último de la vida racional. Esto tampoco supera el relativismo, sin embargo, el
razonamiento es la única forma de llegar a la posible unificación de criterios. La
intersubjetividad sería la única forma de poder hablar de “objetividad” de la razón práctica.
Aunque nunca podemos estar seguros de que nuestro ideal coincida de hecho con la
racionalidad en sí y por sí, lo que permite que otros “ideales” de vida alternativos compitan

5
Ibíd., p. 306.
6
Ibídem.
7
Ibíd., pp. 306-307.
8
Ibíd., p. 308.

2
en un sentido democrático. Esta carencia, lejos de ser un argumento que descalifique la
tarea de la filosofía moral, la explica; esto es, la falta de saber garantiza la pervivencia del
pensamiento moral y su necesidad misma. Kant dice: si el “es” y el “debe” llegaran a
identificarse, todos seríamos dioses.9
2. Esperanza y utopía
Hemos visto que la utopía es parte del objeto de estudio por parte de la filosofía moral o
ética, es decir, del deber ser. También, que la ética encuentra una nueva relación entre lo
que es y lo que debe ser. Así, que para alcanzar la objetividad en su estudio se vale de la
pretensión de racionalidad, es decir, partiendo de que es posible, emprende la búsqueda de
la racionalidad.
El caso paradigmático sobre utopía es la obra de Bloch: El Principio Esperanza10. La
obra está compuesta de tres volúmenes dividida en cinco partes. La primera, tiene que ver
con los sueños diurnos que son parte de la vida diaria de la gente de todas las edades:
sueños de venganza, de conquista sexual, de éxito económico, etcétera. Están incluidas las
fantasías que son esencialmente “intentos de escape”, entre estos, el deseo de huir del
mundo o cambiar de lugar. La segunda sección se trata de la conciencia anticipadora. La
tercera parte regresa a las expresiones de la utopía como imágenes desiderativas que son
vistas como una transición hacia la construcción del “esbozo de un mundo mejor”. La
cuarta parte incluye material más tradicional: las utopías sociales, desde Platón,
Campanella y mucho del socialismo utópico. También las utopías tecnológicas,
arquitectónicas y geográficas. Esta parte es la que se encuentra cerca de la utopía definida
como estado ideal. La quinta parte explora la meta y la experiencia de una humanidad
auténtica a través de la literatura, la música o la religión.11
La tercera parte se refiere a la conciencia anticipadora. En ésta desarrolla el concepto de
la utopía. El concepto central es el de Todavía No, que se deriva en dos más: el todavía-no-
conciente y el todavía-no-ha-llegado-a-ser. Se trata de los aspectos subjetivos y objetivos,
respectivamente. El primero se desarrolla a través de la crítica a Freud. El inconciente sería
la fuente del impulso utópico. La expresión de lo todavía-no-conciente es sujeto de
determinación social y de acuerdo con las circunstancias individuales e históricas. Mientras

9
Ibíd., pp. 309-311.
10
Bloch, 2007.
11
Levitas, 2008, pp. 16-17.

3
que el segundo se refiere a la afirmación fundamental de que el “mundo material está
esencialmente inacabado”. De esta forma, el futuro está lleno de posibilidades ya que el
mundo es un proceso cuyo resultado final no está predeterminado. Sin embargo, no todos
los futuros proyectados son posibilidades reales, ni todas son deseables.12
Además, estos futuros posibles deben ser vistos como parte de la realidad. “La utopía,
como expresión de lo todavía-no-conciente, es reivindicada en tanto hace contacto con la
posibilidad real de lo todavía-no-ha-llegado-a-ser”. Está vinculado como anticipación de
futuro. 13
Bloch hace, también, una distinción entre utopía abstracta y utopía concreta. Los
elementos anticipadores son identificados con la utopía concreta y los elementos
compensatorios con la utopía abstracta. La utopía concreta está definida por su función
anticipadora y, sobre todo, transformadora y está vinculada al futuro.14
El origen de la utopía se encuentra en los sueños soñados despierto porque son
proyecciones guiadas por la conciencia, son representaciones imaginarias de un futuro
deseado. Las primeras intuiciones de la utopía de Bloch que vendrían a constituir su
programa de investigación filosófica son los sueños soñados despiertos, el descrubirmiento
del todavía-no-consciente, la concepción del mundo como inacabado y el concepto de
latencia. En este proceso del mundo en transformación, incorpora una serie de categorías
como tendencia, latencia, frente, horizonte, novum, ultimum,, summum y bonum.15
La utopía se fundamenta en la tendencia y la latencia del mundo. La tendencia es la
posibilidad de la materia misma para desarrollarse siguiendo el curso de los
acontecimientos. Latencia apunta al final utópico posible. La latencia se ubica en la
frontera, en el frente del mundo donde se están dando el cambio de las cosas. Así, el
hombre se ubica en el horizonte del tiempo. Al avanzar se llega al novum, a lo nuevo
posible, que Bloch identifica con el marxismo. Así se llega a lo último, al ultimum, que
representa la más elevada novedad. Y, de este modo, se logra el Summum Bonum, el
máximo bien, el logro máximo de la utopía.16

12
Ibíd., pp. 17-18.
13
Ibíd., p. 18.
14
Ibíd., p. 19.
15
Gálvez Mora, 2008, p. 56.
16
Ibíd., pp. 56-57.

4
La gran contribución de Bloch es el concepto de esperanza que constituye una
dimensión constitutiva de nuestro pensamiento y de nuestra acción; por consiguiente de la
existencia humana.17
La razón práctica es ética y debe construirse desde las exigencias de la razón, del deber
moral. De acuerdo con Kant, la razón práctica es superior a la razón pura. Por su parte,
Marx acentuó la perspectiva transformadora del pensamiento, que Bloch defiende:
Sólo un pensamiento dirigido a la transformación del mundo, informado por la voluntad
de transformación, puede enfrentarse con el futuro, en tanto que espacio originario e
inconcluso ante nosotros, no con apocamiento, y no con el pasado como hechizo. Lo
decisivo es, por tanto, lo siguiente: sólo el saber en tanto que teoría-praxis consciente
puede hacerse con lo que está en proceso de devenir y es, por ello decibible, mientras
que una actitud considerativa sólo puede referirse per definitionem a lo que ya ha
llegado a ser […] Marx es quien, por primera vez sitúa en lugar de esta teoría el pathos
del cambio, como el punto de arranque de una teoría que no se resigna a la
18
contemplación y a la interpretación.”
Luego, Bloch matiza la afirmación sobre la aportación de Marx, y se refiere al
imperativo categórico kantiano como una exigencia que no puede ser cumplida en una
sociedad clasista caracterizada por la explotación de la mayoría de los hombres por una
minoría. Por tanto, este imperativo kantiano encierra un pathos utópico ineludible. Esta
proposición se presenta, entonces, como una fórmula anticipadora de una sociedad no-
antagónica.19
La esperanza actúa esencialmente como acto orientado de naturaleza cognitiva. Esto es,
la categoría de lo utópico recoge un sentido dirigido de manera central a la realidad. El
tema fundamental de una filosofía transformadora es la “patria que todavía no ha llegado a
ser, la patria todavía no alcanzada”. Esta patria es la esperanza. Esperanza que para Bloch
no es algo secundario en la vida, sino su elemento constitutivo primero y fundamental: “Lo
que importa es aprender a esperar” 20.
Esperanza, este anti-afecto de la espera frente al miedo y el temor, es, por eso, el más
humano de todos los movimientos del ánimo y sólo accesible a los hombres, y está, a
la vez, referido al más amplio y al más lúcido de los horizontes. La esperanza se

17
Aguirre Oraa, 2007, p. 23.
18
Ibíd., p. 26.
19
Ibíd., pp. 26-27.
20
Ibíd., p. 27.

5
corresponde a aquel apetito en el ánimo que el sujeto no sólo posee, sino en el que él
21
consiste esencialmente, como ser insatisfecho.

El principio esperanza aparece así como un auténtico principio ontológico, constituido


de realidad. En la raíz última de la realidad se halla lo posible, lo que “todavía no es”, lo
inacabado que es susceptible de acabamiento. La categoría fundamental, aquí, es la de “lo
posible”.
Por tanto, si la esperanza es el elemento fundamental de la vida humana, se comprende
la reivindicación que hace Bloch del marxismo como utopía concreta. La filosofía de Marx
aparece como un pensamiento que no se limita a contemplar el mundo sino que lo quiere
transformar. En la totalidad de las once tesis sobre Feuerbach: “el hombre socializado,
aliado con una naturaleza en mediación con él, es la reconstrucción del mundo en patria”.22
En este sentido, la reflexión ética implica un reto práctico en el pensamiento de Bloch.
Esta reflexión no es una actividad intelectual ligada al mantenimiento de la realidad
existencia. Más bien, explora y despierta las posibilidades de lo posible, de la esperanza en
la configuración de un mundo donde debe reinar la justicia.23
3. Utopía y ética
De esta forma, entendemos que la utopía se trata de una proyección dialéctica de la
historia del hombre hacia un futuro concebido cada vez como el rechazo del presente.24
Esta nace de la insatisfacción de las condiciones actuales de vida y constituye una protesta
contra el status quo.
Ante la subyugación del hombre por las estructuras de poder, surge la intención utópica
como la expresión del anhelo de un mundo real diferente. La utopía es la propuesta
concreta del modelo de un mundo alternativo. Este pensamiento utópico tiene su origen en
nuestro anhelo de transformar la realidad en función de nuestros sueños y proyectos de
felicidad. Su naturaleza es crítica e imaginativa, por cuanto que no se satisface con la
detección de vicios o carencias, sino que nos lleva más allá de la insatisfacción. Este

21
Ibíd., p. 28
22
Ibíd., p. 30.
23
Ibíd., pp. 35-36.
24
Alonso et al, 2005, p. 30.

6
pensamiento impulsa el cambio desde cinco raíces profundas: la crítica, la imaginación, el
sentido de posibilidad, la esperanza y la rebeldía.25
La intención utópica no está limitada al simple enclave interior del sueño ni tampoco a
los problemas de la mejor construcción social. Su campo es muy amplio socialmente, tiene
como objeto todos los mundos objetivos del trabajo humano y se extiende tanto a la
fantasía diurna como al sueño nocturno, pasando por arquetipos, arte, moral, religión. Se
trata de un proceso universal y del todo universal.26
De esta forma, el pensamiento utópico encuentra su función transformadora de la
realidad. A través del principio esperanza, que hace soñar despierto, frente a la realidad
inacabada, ante la insatisfacción, el hombre imagina, proyecta una propuesta hacia el futuro
y se encamina hacia el cambio. Es decir, ante lo que existe, ante lo que es, se proyecta el
deber ser: la función transformadora adquiere su faceta de razón práctica, de acción moral
o de acción de comportamiento humano. No cabe aquí ninguna falacia naturalista dado
ésta resulta de desprender del ser el deber ser, pero la función de la utopía es lo contrario:
del no-ser se desprende el deber ser, es decir, la posibilidad transformadora de la realidad si
bien se empieza a gestar ante lo que es, no surge precisamente de ello, sino como protesta
de lo que existe, como contradicción, como antítesis. Más bien, este deber ser que surge
nace del no-ser, de lo que no es todavía, del sueño soñado despierto, de éste del que sí
comparte la misma “naturaleza”. Esta es la explicación de la dimensión ética de la utopía,
como razón práctica. Mientras que su objetividad, como hemos visto, surge de la pretensión
de haber sido elegida por ser la más acorde, la más justa para con el ideal o fin último de la
vida racional.

25
Ibíd., p. 36.
26
Ibíd., p. 45.

7
Bibliografía
Aguirre Oraa, J. M. (2007). Razón y esperanza. Pensar con Ernst Bloch. Hermeneútica
intercultural. Revista de Filosofía(19), 19-39.
Alonso, M. N., Blum, A., Cerda, K., Cid, J., Oelker, D., Sánchez, M., y otros. (2005).
Donde nadie ha estado todavía: Utopía, retórica, esperanza. Atenea(491), 29-56.
Bloch, E. (2007). El principio esperanza [1]. Madrid: Trotta.
Camps, V. (1978). De la razón en la ética. Teorema: Revista Internacional de Filosofía,
8(3/4), 301-313.
Gálvez Mora, I. M. (2008). Programa de Maestría y Doctorado en Filosofía. Recuperado
el 4 de Junio de 2017, de II Coloquio de Doctorandos: www.posgrado.unam.mx
Levitas, R. (marzo de 2008). La esperanza utópica: Ernst Bloch y la reivindicación del
futuro. Mundo siglo XXI(12), 15-29.
Ramos Centeno, V. (Octubre de 2014). Javier Muguerza: ética, razón, utopía, disenso. La
Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura(2), 55-66.