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PRÉDICA: SAN MATEO 10,26-33

Introducción

El camino del evangelio no es un camino alfombrado lleno de


flores, el apóstol San Pablo decía: "Acabábamos de ser muy
maltratados e insultados en Filipos, pero, confiados en nuestro
Dios, nos atrevimos a anunciarles el mensaje de Dios,
enfrentando nuevas luchas."

Llegar a ser discípulos auténticos de Jesús tiene su calvario,


del mismo modo que el anuncio de los profetas fue resistida
en su tiempo, así también la buena noticia de Jesucristo es
resistida hasta el día de hoy, no a todos les cae bien el
evangelio de Jesús, molesta porque rompe con los esquemas
establecidos por el mundo.

El que quiera asumir ser discípulos de Jesús, ha de saber que


se expone a las mismas dificultades, pero no hay que temer
Dios está con nosotros.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 10,26-33

“No tengan miedo: El que me niegue delante de los hombres yo


también lo negaré delante de mi Padre”

Jesús después de haberles explicado a sus discípulos los


peligros y persecuciones que tendrían por anunciar el
evangelio, cambia el panorama de sus enseñanzas y les da
palabras alentadoras que les exhortan a no temer nada de lo
que vendrá.

Jesús nos da razones por las cuales como seguidores de Él,


no debemos tener miedo, “la verdad no puede ser callada,
hay que gritarlo desde las azoteas” al final nada quedaría
oculto que no se proclame, Dios hará que la luz prevalezca en
medio de las tinieblas. Ante Dios no hay nada que podamos
ocultar, si desobedecemos a Dios pensando que nadie nos ve,
nos engañamos a nosotros mismos, no hay mentira que no

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llegue su verdad, Nosotros los cristianos debemos hacernos
un examen de conciencia ¿Tenemos una conciencia en paz
con Dios? Si es así, no tendremos miedo de denunciar el
pecado, denunciar las injusticias, no tendremos miedo de
proclamar el evangelio de Jesús.

Hoy en día, se perjudica el sentido de los hechos, la verdad se


le hace ver como mentira y la mentira como verdad; “la
mujer es dueño de su vida y puede hacer con ella lo que
quiera,” así se justifica el “Aborto” así se justifica la
Prostitución, las injusticias con niños que son explotados, la
violencia en las familias, personas que se aprovechan del
desempleo ofreciendo salarios de miseria que ni siquiera
llegan al salario mínimo, personas que usan la religión para
aprovecharse de los demás, en particular a los más pobres e
indefensos, que se justifican con mentiras para la defensa de
sus mezquinos intereses y privilegios. Hay tantas injusticias,
explotación, abusos, que no terminaríamos de enumerarlas.

Casos como estos a veces suceden en nuestro alrededor pero


no nos atrevemos a hablarles de la verdad, como Cristianos
no debemos tener miedo de anunciar el evangelio de
Jesucristo, muchas veces es por la Indiferencia, pensamos
que mientras no nos afecte, no tenemos de qué
preocuparnos. No tengamos miedo, no neguemos a
Jesucristo delante de los hombres, Denunciemos las
injusticias aunque como consecuencias encontremos
enemigos, nos critiquen, nos juzguen, si a Jesús le tildaron de
loco, endemoniado, pecador, cuanto más nos insultarán a
nosotros, debemos ser sinceros y claros a la luz del mensaje
de Cristo, no nos refugiemos en rincones obscuros con
nuestros miedos e infidelidades.

No tengamos miedo; Los hombres pueden provocarnos


grandes males e incluso hasta quitarnos la vida, pero nuestra
alma nadie puede tocarlo. En San Lucas está escrito de esta
forma: “»A ustedes, amigos míos, les digo que no deben tener
miedo de los que matan el cuerpo, pero después no pueden hacer

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más.” Debemos tener miedo, eso sí, a que el miedo al
sufrimiento nos lleve a esconder o a negar la verdad, que es
negar a Jesucristo, en eso, sí, ofenderemos a Dios. Porque
quien niegue a Jesús, Él también lo negará ante el Padre.

Posiblemente estas palabras han servido de aliento a aquellos


que con valentía han enfrentado la muerte y hoy en día se
sigue entregando la vida, por causa del testimonio a Cristo,
sabiendo que sus enemigos lo único que pueden hacer es
matar su cuerpo, pero su alma es de Dios.

Si hay alguien a quien debemos temer, es a Dios y por ello


Jesús les dijo: “teman más bien al que puede destruir el alma y
el cuerpo en el infierno.” Temer a Dios no significa tenerle
miedo sino es tenerle reverencia y respecto por lo que Él es,
es no querer fallarle y en consecuencia perder la vida eterna.

La única manera en que se puede perder el alma es por el


distanciamiento pleno y definitivo de Dios por culpa del
pecado grave o mortal, lo que se conoce como la muerte
espiritual o, lo que es lo mismo, la pérdida de la vida de Dios
en nosotros, la pérdida de la gracia santificante.

Jesús decía: “¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero


si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de
su alma?” Con estas palabras el Señor nos advierte sobre el
objetivo central de nuestra existencia: La salvación.
Temamos a Dios haciendo su voluntad y declaremos a Jesús
como nuestro Señor y Salvador.

Qué pena cuando ponemos en peligro nuestra salvación


eterna, por afanarnos por las cosas materiales y no nos
conformamos con lo necesario. ¿Qué aprovecha a la persona
todo lo terrenal o con satisfacer todas las ambiciones de la
inteligencia y de la voluntad? ¿De qué sirve todo eso, si todo
se acaba, todo ello implica perder a Dios para siempre?
Mientras peregrinemos por esta vida tenemos la esperanza de
recuperar la vida de Dios en nosotros. Cada quien sabe si ha

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perdido o no su vida o alma espiritual; y si la ha perdido es
momento de volver al Padre.

No tengamos miedo, Nuestra vida está en las manos de Dios está


en completo control de Dios, y nada nos pasará sin que sea
su voluntad.

Esta certeza también acompañó a Jesús en sus dificultades,


particularmente a la hora de la Cruz.

Jesús se lo transmite también a los suyos: Dios es Papá, tiene


cuidados paternos con su comunidad, en Él se puede confiar.
La vida está segura en sus manos: “hasta los cabellos de
nuestra cabeza están todos contados”. Cada persona vale
mucho para Él. El conocimiento de esta jerarquía de valores
de Dios Padre, infunde una gran seguridad.

Pero la confianza debe ir acompañada de la vigilancia: el


mayor riesgo del discípulo no es su vida física sino el que
consigan desviarlo de su opción. Esta estrategia de los
perseguidores es bien conocida: cuando no consiguen callar al
profeta ni siquiera con las amenazas de muerte, le ofrecen
atractivos para cambiarle su manera de pensar.

Nosotros como discípulos debemos estar siempre muy


centrado en nuestra opción, con la mirada puesta en Jesús,
porque si no, el mundo que encontramos difícil de cambiar
puede terminar cambiándonos a nosotros.

No tengamos miedo; Jesús nos promete como sus


discípulos y misioneros que nuestra fidelidad tendrá
recompensa. Sabemos que si nos sacrificamos por Cristo
incluso hasta dar la vida, nuestro sacrificio no sería en vano,
Jesús se pondrá de nuestra parte delante de su Padre, mas
no a aquellos que lo niegan delante de los hombres.

Esta declaración por Jesús es todavía más necesaria y urgente


en nuestros tiempos, en los que hay personas que no quieren
escuchar la voz de Dios, menos seguir su camino de vida. El

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“declararse” por Jesús describe la terquedad del discípulo
cuando las circunstancias, o las persecuciones le piden que se
calle, que esconda su identidad cristiana. El no negar a Jesús
no se quedará en el vacío, él no nos va a negar ante el
Padre.

Nuestro testimonio es necesario y urgente para la vida del


mundo, san Juan Crisóstomo decía: «Dios no se contenta con
la fe interior; Él pide la confesión exterior y pública, y nos
mueve así a una confianza y a un amor más grandes».

Seamos discípulos valientes; dando a conocer quien es Jesús


a aquellos que no lo conocen, demos testimonio de lo que
Jesús ha hecho en nuestra vida, no nos avergoncemos de
decir que somos cristianos católicos, defendamos la fe que
profesamos; ¡el Espíritu Santo está con nosotros! Y «con el
Espíritu Santo está siempre nuestra Madre Santísima la
Virgen María, anunciemos la Verdad sin miedo, denunciemos
las injusticas, el pecado y todo lo que a Jesús le desagrada,
No tengan miedo, seamos cristianos valientes y con coraje,
si deseamos que Jesús declare en nuestro favor ante el
Padre, declaremos que Jesús es el SEÑOR Y SALVADOR
ante los hombres. QUE ASI SEA.

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