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relato: historia y ficción

Paul Ricreur

Prólogo: Renato Prada Oropeza Traducción: Elda Rojas Alclunate

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-4

Dosfilosicfüores

México, 1994

parlada: MacSam. Ambleoa ilustra: Luis Arturo Camarena Mansor

primera edición (en español). 1994

D. R.

Paul Ricreur

Elcla Rojas Aldunate

Dosfilos editores, S. A. de C.-V.

D.R. ©

D.R. ©

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Callejón del Capulín 202, 98000 Zacatecas. Zacatecas ISBN: 968-6306-07-2

Hecho en México/ Prinled in Mexico

PRÓLOGO

1. EN EL CONTEXTO liternrio latinoamericano, en general, y en el mexicano. en particular. la novela lia ofrecido, en los últimos años, suficiente "material" para una serie de debates. polémicas, dis- cusiones sobre la naturaleza y el significado de estos discursos. Pensemos en Noticias del Imperio. de Fernando del Paso; Los perros del paraíso. dé Abe! Posse; El General en su laberinto. de Gabriel García lVlárquez; Madero. el otro. de Ignacio Solares entre otras. La polvareda levantada por el calor de algunas afirmaciones polémicas fue acrecentada. las más de las veces. por las declaraciones de los propios autores de las novelas. que ciertos críticos tomaron como su punto de partida, muy acrítica-

mente por cierto. Todavía el polvo no se asienta, y dudamos que logre hacerlo, al menos para dejar ver en claro qué es puesto pertinentemente en discusión; es decir. de qué categorías concep- tuales sobre los discursos en cuestión -el histórico y el literario- los contendientes se sirven de base para establecer las difcren- c\as discursivas. y la· "función" que puede llegar a jugar en la si~nificación de la t9taHdad textual. un elemento que de un discurso"pasa" a otro: el ··hecho" históric() (suceso. "honll>re celebre". etcétera) que "transita" .a una obra "fictiva". Relato: historia y ficción. de Paul Ricceur, puede contribuir. fle

manera decisiva, a esclarecer muchos malentendidos, disipar dudas y confusiones en la consideración del valor o de las expectativas que legítimamente despierta un discurso, concreta- mente el histórico y el literario ("fictivo").

2. Por ello, este libro se halla dirigido, en primer lugar, a los . estudiosos -teóricos y/o críticos- del discurso historiográfico (al cual Paul Ricceur prefiere llamar con el término ambiguo de historia) y del discurso narrativo-literario, "fictivo", por igual; pero, además, puede ser de capital importancia para otras dos clases de lectores: el preocupado por la teoría del discurso en general (teoría tan decisiva como fundamental en nuestros días si queremos abordar, con solvencia intelectual y. pertenencia teórica, manifestaciones como el reportaje periodístico, el filme. el testimonio, etcétera), y para el lector preocupado por el problema hermenéutico, por una correcta interpretación del sig- nificado, en general, y de lo que se puede esperar de la intencio- nalidad significativa de ciertos discur~os en el concierto, comple- jo y rico de la significación, que es una cultura. Estos intereses, a los que el presente libro puede, si no dar una respuesta definitiva, ofrecer. al menos, el fundamento teórico para hacerlo. surgen de las problemáticas inherentes, como dijimos en el anterior párrafo, a una serie de manifestacio- nes particulares (obras). en el primer caso. y generales. en el segundo, a la situación planteada por las teorías semio-lingüísti- cas que eontribuyeron a conformar un objeto -que ya estaba ahí. por supuesto, pero que no era "percibido" como tal o. al menos. en toda su complejidad estructural- como es el discurso (o texto). Ahora se puede afirrnar qu.e. en definitiva, todp J~s. disc:urso (o

acciones

humanas en marcos consolidados socio-culturalmente (institucJo-

texto) desde la perspectiva de la objetivación Qf. las

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nes. series culturales). Todos estos discursos juegan papeles. más

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o menos definidos. en la organización global de lo que Juego se postula -siempre en horizontes socio-culturales determinados- como un mundo o una realidad, configurados como un universo significativo. En la configuración dé este complejo y rico universo

de la significación socio-cultural. en Occidente, los di§GLJr.sos literarios fictivos vienen a jugar un papel de primer.orden, al desprenderse. paulatinamente pero con nitidez distintiva. del discurso mítico primero, y del oral (folklórico) después. gracias a su "concretización" como discurso escrito. así como -aunque· su

manifestación sea un poco posterior- discurso historiográfico. Ambos discursos llegan a un apogeo. en la vida intelectual de Occidente, cimero en el siglo anterior, en plena modernidad.

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3. El texto ele Paul Ricceur que prologamos es. en realidad, el • marco teórico de un seminario dirigido por el propio Ricceur. en 1977, consagrado a la narratividad, es decir. al juego del lenguaje • de "contar" (común a la "historia" de los historiadores y aJrelato "fictivo"), cuyos ensayos más significativos fueron seleccionados

oaJo eT título general de La narrativité (La narratividad) por Dorian

Tiffeneau. y publicado, luego, por el Centro Nacional de Investiga- ción Científica .de Francia. La narrativité se abre con el extenso ensayo "Para una teoría del discurso narrativo" y se cierra con "Relato ficticio-relato histórico", ambos de Paul Ricceur, que constituyen el presente volumen. aj El primer ensayo, luego de una breve introducción progra- mática, se divide en tres capítulos: "La historia como relato", "El relato de ficción" y "La función narrativa"; a éste sigue -con una continuidad temática y un tratamiento teórico que no dejan entrever ningún "hueco"- el ensayo "Relato ficticio-relato históri-

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co". de ahí que la unidad del presente libro se halle fuera de

a

las treinta y un funciones y, sobre todo. a su concatenación

peligro y las alusiones. breves.y muy de pasada. a dos autores del

cle··. no son esenciales para comprender las tesis y los plantea-

lógico-causal. Para ello recurre al psicoanálisis; de este modo,

texto completo ele! seminario: Jacques Colette y Monique Schnei-

mientos teóricos de RicIBur. El de Colette. "El discurso narrativo

será la teoría de Freud la que permitirá ver la "causalidad" profunda del ordenamiento de las funciones, pero también la

relación que se establece entre el discurso-objeto (el cuento) y

y el juego con el tiempo. Reflexiones filosóficas sobre la contin-

el

meta-discurso que lo analiza: "frente al discurso analítico, el

gencia del relato", parte de la base fenomenológica que nos "hizo

cuento no es un objeto entre otros: es un discurso que entra en

ver eventos allí donde sólo se veían estados de hecho", y utiliza. las teorías de Benveniste sobre el discurso como unidad semióti-

las redes de otro discurso; la relación no es únicamente de ob- servación neutra. sino de antagonismo o ele rivalidad, que opone

ca y ele la emergencia del significado, y sobre la distinción

uno al otro clos lenguajes y dos tipos ele iniciación". De este modo,

discurso/relato que. según Colette, permite poner de relieve una

el

advenimiento clel tiGmpo o de la temporalidad que se presenta

característica esencial clel lenguaje, que es poder pasar. instan-

en

el cuento "traduce" una temporalidad fundamental -"la novela

táneamente, de uno al otro. Esta separación permite instalar el

familiar", postulada por Freud- en la constitución de la persona

"juego" estético del relato en el tiempo a varios niveles (el del

en relación con su núcleo primigenio, el familiar. El cuénto, como

narrador. de lo narrado, de lo vivido y de lo posible): "la acción en

discurso. es sometido por el discurso analítico a un "ordenamien-

el tiempo es aquí lo original. OLras acciones históricas me han

to" extraño. por el modelo que privilegia el orden lineal. La

precedido. Pero también otros textos en los que, sin cesar de ser

rivalidad aludida entre los dos discursos estaría ~n que el

yo-mismo. yo soy comprendido. El juego con el tiempo es, en el nivel de la imaginación, una de las figuras de la deposesión, por

primero. según Schneicler. abre -sobre Lodo en sus lagunas y "manipulacioi1es" cronológicas- el acceso a una forma "atempo-

el cual el lector ele l'icción es a la vez pasivo y activo. no menos espontáneo y receptivo que el autor mismo". Para Colette. más

ral" (en relación a la emergencia de la temporalidad futura). radicalmente diferente de lo intemporal lógico, y de su ordena-

centrado sobre el discurso narrativo "fictivo". hay una función f;,obresaliente del discurso ni:ü·rátrJo: preservar elpasaclo de su

a

retomar la palabra. p0r medio de la memoria. sin la que la impre-

sión inmediata se disolvería instantáneamente "por su lªiliJldad misma". En su ensayo es determinante la presencia dt{Proust. si

bien mediatizada por la teorización r el análisis de Ge~tie

b] Monique Schneider. por su parte. en su sugestivo ensayo "El tiempo 9~-C.!.!_ento". nos ofrece una lectura crítica del modelo de Vlaclim:f;· PropJ\ indaga las raíces más profundas que subyacen

insignificancia "por su apqtud. a figL!f¡;iL~IJJª narracLón'.'

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miento lineal por el modelo proppiano y sus seguidores (incluido Greimas). En este aspecto es notable el descubrimiento de la

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significación que establece. en el cuento. la circularidad temporal,

en su forma de "retorno" sobre todo al origen: "la reactualización

del origen es. al mismo tiemp~. U~1 modo de acció-n del CUCIÚO, una de las razones de su eficiencia y de ~u- valor iniciático". --

cJ La hipótesis central de !a investigación de Pat;l· RicIBur

-que se halla luego demostrada ampliamente, incluso en sus -

,

ramificaciones y consecuencias derivadas- es que "a pesar de las diferencias evidentes entre relato histórico y relato de ficción,

1.

11

existe una estructura narnativa común que nos autoriza a consi- derar el discurso narrativo como un modelo homogéneo de dis-

curso", lo que abre el problema d~lc1_pr~~e,11sjqn de. ve.rda.ct de ambos discursos: abre el problema y ofrece una solución gracias

a una concepción ontológica de la verdad heredada de Heidegger que no arrincona -todo lo contrario- el discurso fictivo a una ufantasía" sin ningún género de nexo con "nuestro mundo". De ahí la riqueza del tercer capítulo, especialmente de la primera y. segunda parte, en las que la fundamentación ontológica-herme- néutica del discurso narrativo literario es, a nuestro entender. la base teórica sólida de una nueva poética y valoración del discurso literario-narrativo. que no de.svíe su problematicidad a conside- raciones establecidas por prejuicios carentes de un examen serio. competente y actual del discurso narrativo-literario. ,

4. Además de todo lo dicho, Relato: historia y ficción es la mejor introducción que se pueda ofrecer al aporte que este infatigable, genial y honesto filósofo ha hecho a la hermenéutica de los

discursos explícitamente narrativos: Temps et récit, obra en tres

tomos, cuya traducción española del primer volumen empieza a circular en el mundo hispanoamericano. Con esa contribución, Paul Ricreur se constituye, junto con Gadamer y Habermas, en uno de ios más importantes y signifi-

cativos pensadores de nuestros días. que consagra sus- esfuerzos

a cimentar una hermenéutica filosófica de amplio y profundo

alcance. (Los interesados pueden consultar nuestra presentación del número 22-2:3 de Semiosis, dedicado a este notable pensador).

A diferencia de Gadamer y Habermas. que también otorgan al

lenguaje una importancia capital, Ricreur, gracias a su diferente

contexto cultural, da una atención más sistemática a la semiótica Y al modelo estructural. Aunque no ofrece -ni lo hace ninguno de

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sus discípulos, por otra parte- un modelo de aplicación concreta del lugar y el papel que esta disciplina científica. que estudia la articulación del sentido, juega en la interpretación, fase en la que, en forma acrítica o sistemática, inevitablemente desemboca el lector o receptor de un discurso y, con mayor obligación. el de los discursos simbólicos: estéticos, míticos. religiosos. Esta es todavía, sin duda, una tarea que espera su realización para que, de este modo, podamos darnos una idea más cabal de los planteamientos y las "hipótesis de trabajo" dela hermenéutica de Paul Ricreur; pero, para esta realización, es imprescindible una mayor asimilación crítica de las propuestas de la semiótica respecto a la estructura y la artioulación de las unidades de los diferentes niveles discursivos. Sin embargo, mientras ocurra esto, o para que ocurra esto. es importante que el estudioso de los diferentes discursos se enriquezca con los planteamientos que libros como el presente ofrecen con un rigor y una clariclacl imponderables.

RENATO PRADA ÜROPEZA

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PARA UNA TEORÍA DEL DISCURSO NARRATIVO

'

INTRODUCCIÓN

LA FINALIDAD DE LOS siguientes tres capítulos es esbozar una teoría general del discurso narrativo. Tres problemas específicos serfrn considerados en el marco de este extenso proyecto. El primero concierne al lugar y al papel de la narración en el conocimiento o la comprensión histórica. El carácter narrativo de la historia no es tan evidente como uno podría creel'lo. Frecuentemente ha siclo puesto en duela, incluso negado. o modificado al punto ele que el relato deja ele ser una característica necesaria ele la historiogra- fía. Se hace necesario. por ello. un análisis exacto para establecer que la dimensión narrativa distingue. en clel'initiva, la historia de las otras ciencias humanas y sociales. Para establecerlo me apo- yaré principalmente en los desarrollos recientes de la filosofía analítica de la historia. Pero también buscaré una confirmación en la contribución ele la historiografía francesa, más próxima a la práctica e!'cctiva ele los historiadores que el análisis epistemo- lógico ele lengua inglesa. El segundo problema concierne al lugar y al papel del relato ,en la literatura de ficci6n. f:se serü el objeto del segundó capítulo. , La contribución ])rincipal serü entonces la del estructuralbmo francés. cuyos resultados más convincentes atañen, precisamen- te. a ~i teoría del relato. desde el cuento y el mito. hasta el el rama

 

y la novela. Sin embargo, la crítica literari~ angloamericana no

a la intencionalidad común. a todos los modos del acto de contar.

pasar[i inadvertida. Será introducida. en el momento necesario.

por mucho que todas las n1odalidades del relato digan algo sobre

en la discusión del estructuralismo. Este capítulo nos conducirá

nuestra historicidad radical. Si esta intencionalidad glolwlizadora

a la hipótesis principal de toda la investigación: a saber que. a

puede ser dilucidada, la unidad y la especificidad del modo

pesar de las diferencias evidentes entre relato histórico y relato

narrativo del disc'urso serán establéciclas no solamente en térmi-

 

'

de ficción. existe una estructura narrativa común. que nos auto-

nos de sentido y de estructura. sino también en términos de

.

riza a considerar el discurso narrativo como un modelo homogé-

referencia y de verdad.

'

neo de discurso. El problema será entonces saber si una función

común corresponde a esta estructura común. Esto nos llevará al

umbral del tercer problema.

El último problema. que será el objeto del tercer capítulo. es

 

creado por la diferencia que concierne a la pretensión de verdad

de la historiografía y de la literatura de ficdón. Se pondrá

primero entre paréntesis esta difere~cia para plantear la cues-

tión de la estructura narrativa. eventualmente común a los dos

tipos ele relatos. Pero será necesario quitar el paréntesis y

plantear la pregunta decisiva de saber si la historiografía y la

literatura de ficción no se refiererr. de dos maneras diferentes.

al mismo rasgo característico de nuestra existencia individual y

social; por esta característica. o por este rasgo, denominado por

diferentes filosofías bajo el título de historicidad, entendemos el

hecho fundamental y radical de que nosotros hacemos la historia,

que nosotros estamos en la historia y somos seres históricos. Por

u

consiguief)te.' nuestra. prot>.ler:nática. será mostrar

cómo. a pe;ar

' aefis-dlfere(lcias evi~e!lte? gue_ ?epélran el alcanGe n;ferencial de

· la ficción (por mucho que la _ficción pueda referirse a cualquier

' cosa) yar de lá historia empírica. la una y la otra contribuyen a

·--1a·ctcscripeión o a·1a rcdescripción de nuestra condición histórica.

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Lo que está en juego aquí es urt concepto de verdad' capaz. de

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abarcar las dos dimensiones referenciales. la ~e la ficción y l.a

de la historia. Este concepto de verdad debería poder aplicarse

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CAPÍTULO I

LA HISTORIA COMO RELATO

EL LUGAR Y EL PAPEL del relato en la historia han venido a ser, recientemente, ¡)l'oblem.as mayores ,para la filosofía analítica. Todavía hoy en día, su reconocimiento como problemas ofrece reservas importantes, lo que es necesario tomar eu cuenta cuidadosamente; la discusión posterior debe descansar sobre un concepto suficientemente refinado de relato histórico. suscepti- ble de ser reconocido por los historiadores y por los cpistemólo- gos: de ahí nuestro recurso. en el momento necesario. a t:is obras de la historiografía francesa. que reflejan una lucidez metodoló- gica altamente desarrollada.

1. El modelo hempeliano. El tema del estatuto narrativo de la historiografía no ha dado lugar a un debate particular, durante la primera fase de la discusión epistemológica aplicada a la filosofía ele la historia, por los filósofos analíticos. Es por eso interesante ver cómo la cuestión ha derivado de otro problema. al punto de dar un contra-ejemplo para el modelo dominante que guiaba la primera fase ele la discusión. El problema inicial fue el del estatuto de la explic.éición en la

historia. Y el modelo al cual

es aquel conocido con el nombre de t~overing-1;:¡w model",. que

los contra-ejemplos.hao sido opt~estos

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21

nosotros ,designaremos como el modelo hempeliano, puesto que su formulactón clásica viene de Car! Hempel, en su famoso

artículo "The function of general laws

in history" (The Journal of

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I

Phj]osophy, 1942). 1 La tesis central de este artículo afirma que · '

las leyes generales tienen una función completamente análoga 1 en la historia y en las ciencias de la naturaleza. No es que Hempel pierda de v!sta el papel de los acontecimientos en la historia; al contrario, su tesis concierne precisamente a los acontecimientos singulares. Pero esos acontecimientos no son considerados, en su enmarcamiento inicial, como una crónica o un testimonio, ya sea éste ocular o indirecto. La especificidad de ese primer nivel de discurso pasa completamente inadvertida, en beneficio de la rela- ción directa entre la singularidad del acontecimiento_ y la afirma- ción de una hipótesis universal; expresado de· otra manera, la afirmación de una cierta regularidad. El hecho interesante es que, desde el principio del análisis, la noción de evento es, por así decir, despojada de su estatuto narrativo y colocada en el cuadro

, conceptual de la oposición entre singular y universal. Admitiendo

' esto, los acontecimientos históricos se ajustan a un concepto ge-

' neral de evento_ que incluye acontecimientos tales como la ruptura ,. de una fuente de riqueza, un cataclismo geológico, un cambio de

' un estado físico, etcétera. Una vez establecido el carácter homo- géneo de todo lo que cuenta como acontecimiento, el argumento principal.se desarrolla de la siguiente manera: todo acontecimien- to singular puede ser deducido de dos premisas. La primera describe las condiciones iniciales: evento antecedente, condición predominánte, etcétera. La segunda postula una regularidad, una hipótesis universal que, una vez verificada, merece el nombre de

1 Car! G. Hempel, "The function ~f general laws in history", en Theories of Hist-ary, The Free Press, Nueva York. 1959. pp. 344-356.

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ley. Si esas dos premisas pueden ser establecidas como conviene, el evento c::;onsiderado puede ser lógicamente deducido: se dice entonces que el evento es explicado. Pero esta explicación puede ser defectuosa si las condiciones iniciáles no son empíricamen- te verificadas, si las generalidades discutidas no son verdaderas

leyes, si las premisas y la consecuencia son falsamente ligadas o, dicho de otra manera, si hay un sofisma o un error en la conexión lógica. Admitamos que esté ahí la estructura universal de la explica- ción para todas las categorías de eventos naturales o históricos:

el problema es entonces saber si la historia satisface ese modelo fuertemente prescriptivó, cómo se le puede conocer. La respuesta es que la historia todavía no ha accedido plenamente a ese nivel, J ya sea porque las regularidades sobre las. que se basa no son • explícitamente establecidas, ya sea porque ellas se reducen a ' seudo-leyes prestadas de la sabiduría popular o de la psicología • no científica, viendo que ellas proceden de prejuicios manifiestos, f como en el caso de las concepciones mágicas o míticas del curso de la naturaleza o de la historiá. La única atenuante que tolera la intransigente tesis de Hempel es que, en los mejores qasos, la historia ofrece solamente esbozos explicativos (explanatory sket- ches) sobre las regularidades que, aunque no satisfagan los criterios de una ley verificada, apuntan, sin embargo, en dirección hacia donde las regularidades m~s específicas podrían ser des- cubiertas, además de prescribir las medidas a tomar y las etapas a superar para satisfacer el modelo de la explicación científica. Pero, fuera de esta concesión única, Hempel niega decididamente

todo papel a procedimientos tales como la "empatía", la prensión", la "interpretación", o a cualquier otro procedimiento que se refiera a pretendidos caracteres del objeto histórico, tales como "significación", "pertinencia", "importancia", etcétera.

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Hempel mismo, siguiendo a Nagel, 4 admite sin dificultad que explicación y predicción son convertibles. La respuesta sólo puede tener en cuentá la naturaleza de la expectativa que regula . el empleo de la explicación. Como lo veremos más tarde, con algunos detalles, sobre la base de un argumento cuidadosamente elaborado por Arthur Danto, es la naturaleza misma de las frases narrativas r~lacionar dos acontecimientos bajo dos condiciones:

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en primer lugar, que el segundo evento sea posterior al primero; en segundo lugar, que los dos eventos sean anteriores al relato

, del historiador. Por tanto, no es la naturaleza de la explicación la

1 que excluye la predicción, sino la naturaleza del discurso narra- ' tivo, sobre el que la explicación es incorporada. En efecto, la estructura misma del relato prescribe las reglas del empleo de la explicación y engendra el nivel de expectativas, según las cuales tal o cual explicación es necesaria y aceptada. Otros argumentos anti-hempelianos apelan a los mismos comentaq~~.'.J,jJq hi_strirta se sujeta a ciertas condiciones toma- das como~,~!!!.!?.?Tl,él!!fes_, ~el concepto mismo de importancia sólo 1 tiene sentido en el contexto del relato. Los eventos son importan- 1 tes en la medida en que ellos contribuyen a la legibilidad de la 0 historia contada; eso no quiere decir que para una investigación

posterior no se pueda hablar de grados de importancia y relacio- nar esos grados a criterios de importancia relativa, susceptibles de ser elaborados en el marco de una epistemología racional. La asignación de importancia relativa, sujeta a las causas en una explicación histórica, ciertamente sigue reglas que pueden ser establecidas, puestas en orden y jerarquizadas, esperando per- fectamente, de esas reglas, que ayuden a responder al desafío que parecen encerrar las implicaciones escépticas del concepto

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4 Ernest Nagel. "Sorne issues in the logic of historical analysis", en ibid

pp. 373-385.

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de importancia. 5 Pero la discusión deja intacto el problema previo de saber por qué hay una cuestión de importancia en historia y 1 no en física, y sólo tiene sentido en relación con las estructuras 1 narrativas en el interior de las cuales la explicación es empleada. 1 Otros argumentos: los de Frankel, Donagan, lsaiah Berlin, Gardiner y de otros, podrían ser formulados de la misma manera, si se considera siempre la referencia de lo.s procedimientos explicativos no a los sucesos en un sentido neutro, sino a los eventos ya incluidos en un modo narrativo de discurso. 6

2. La ·especificidad del discurso narrativo. Consideremos directa-

mente la estructura narrativa en la cual las explicaciones histó- ricas operan. Se pueden establecer dos condiciones mínimas para identifi- car la constitución narrativa del conocimiento o de la compren- sión histórica. La discusión posterior de algunas objeciones principales, destinadas a la narratividad de la historia, nos ayudará a agregar algunos criterios suplementarios'.::.:, ·-·- ·-··--· ---- El primer criterio ha sido .establecido por Arthur Dan~Ol en su

Analytical Philosophy oí History. 7 Concierne aiaiifras~;narrati-

vas, incluso antes de concernir al discurso narrativo. Pero, en cuanto tal, ofrece la condición mínima de lo "narrativo" en general. Las frases narrativas son clases de frases que se pueden , encontrar en los relatos de cualquier tipo, comprendidos en el ' lenguaje ordinario; ellas se refieren al menos a dos acontecimien-

5 Véase. por ejemplo. la clasificación hecha por E Nagel. "Tipos de importancia" y

"Grados de importancia", en ibid

6 Por ejemplo, existe el argumento de que los historiadores no rornP,en completa- mente con el discurso ordinario. Los contra-ejemplos no son tratados por los historiadores

corno lo son por los físicos 7 Arthur C. Danto. Ana/y[ica/ Phi/osophy of History, Cambridge University Press. Cambridge, 1965. 318 pp.

,

pp

383 y ss.

27

Los separarlos en el licrnpo, aunque describan solarnenLe el

primero de ellos.8 Esa caruclerísLica no se limita a establecer una

simple diferenciación eslilíslica. Es un rasgo dil'erencial del

conocimiento histórico. Lo que impide reconocerlo es el prejuicio

de que un evento liene una significación fija, que podría ser

registrada por un testigo capaz de ciar una descripción integral

ele ello tan pronLo se haya producido. Ese cronista ideal conocería

todo lo que pasa en el momento en que sucede y podría dar una

descripción instantúnca y completa ele lo que pasó. Una vez que

un evento lh~rleneciera con tocia seguridad al pasado, su descrip-

ción completa pertenecería. por derecho, a la crónica ideal. Pero

esa pretendida descripción insLantánea integral no conLendría

":> ninguna f'rase

/

arrativa. ¿Por qué? Porque \!na frase na-rra'i:i\;~t\

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describe un evento A en referencia a un evento futuro B que no ·

podría ser conocido en el momento en que A se ha producido.

Incluso un tesLigo ideal no podría decir, en 1789, por ejemplo, que

la revolución l'runcesa comienza. No podría decir tampoco, en •

1715, que el autor del Ncveu de Rameau acaba de nacer. Una frase

narrativa. entonces, es una de las descripciones posilJles de una

aeción en función de eventos posteriores, desconocidos por los

agentes, pero conocidos por el historiador. "Sin el futuro escribía

•.,

=•,'··

•,,

~

Whitehead, el presente_se hunde, despojado de su contenido propio". 9

Una consecuencia importante ele esta estructura de las frases

narrativas es que podemos cambiar la descripción que hacemos

' de los eventos pasados en función de lo que sabemos de los eventos

' posteriores. Y como ninguna descripción definitiva de un evento

--

pasado puede, por tanto. ser articulada, se puede decir. sin

28

B /bid.

9 /bid.

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p.

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contraclicción, que "una condición sufic\ente ele ·-"' e'!e'.1SO i::tz,('~. así producirse más tar e en e t1e!:1,90 .qve. e:· . ~ven.o m1sm0 .

Claro que ninguna d-e§.Qfipción hace sused~.'.' u:: evento, De"-

permite describir tal evento como la causa (·e ·:t. ·w:::;n~o 7ost3: ·

Y esta clescripéión no hubiera poclidCI)~"~{: :· · 2:: <.;r; '2. 3p-:·Jz - '

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acontecimiento original. Que 1Aristarc~t,_;1aya aü'.s:psd'J, en

,.~.,-,,,_;'h-~ --~--•••·-••••-,c-.o,•o••

•Y-.~

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antes de nuestra era. la -teoría publicada por CopérnicQ, ~n 1 7 (2

• de nuesTrae;a.no podía ser pe,;qlbld~ en el tiempo ct~ Aristarco.

''f;·;s-e sentido~ el hecho, para un evento, ele ser una causa, no

sabría ser un predicado accesible para el cronista ideal: sólo un

historiador puccle establecerlo. Por lo tanto, diremos que u.!:1~--,

frase narrativa "se refiere a ct_os eventos distintos y separados en •

cit~~-¡;~:y-;!tJ~c-ribe el, primero de los eventos al cual ella se ' refiere al hacer re erencia a segum J o " . 11

'

posibles de una acción, pero no la única. Podemos. describir una

acción en función ele sus 1}1QtiY9.$, ue sus intencione§ o ele sus -Y

f'

1'

.

1

Una rrase narrativa es. entonces. tina de las descripciones

m~té_l_§. tal como son conocidos por el agente, por ejemplo. De esta

manera. las frases narrativas y las rJy~C;'i_ ·'ones ordinarias de

\--

-,,,-

la acción tienen en común usar_\~~!'l)OS de proyecto" !Jde la forma

"A hace R"). Por esta clase de descripción. la significación de la

acción no es afectada por la circ1mstancia de algún evento

a esta condición de

posterior. Las frases nfll'(éjlti".élS

significancia\lna comJicló1~ d~:v~rdad: \;una frase narrativa no se

agr1~g_an,

"

limita sólo a rÚfcrirse a dos e;entos separados en el tiempo y a ,

describir el primero por referencia al segundo: requiere además,

para ser vcrdtlrl. que haynn sucecliclo los dos eventos". 12

10 lh1,1,

ti /rif~Jtl

¡i

!riº1

1 2 se piH'<Íí.:ií ~acar consecuencia~ importantes de esta estructura de frases narra- tivas cunc,'.rnitlilils a la conu•ovür~ia libcrlatl/dctcrminismo, ibid., p. 182.

29

Esta especificidad de frases narrativas, entre otras descrip-

ciones posibles de la acción, no debe ser perdida de vista en la

, discusión posterior. Es igualmente importante subrayar que una

, narración histórica no es sólo la reactivación de lo que los actores

' han pensado. sentido o hecho realmente, puesto que sus acciones

.son descritas a la luz de los eventos que no han conocido y que

' no podían haber conociclo. 'll

Pero una frase narrativa no es todavía un relato, en el sentido

1

' de una composición que abarca una serie entera de eventos en

un ore/e~ específi.co. Sólo ,este orden específico nos permite hablar d.e\ilscurso.narralivo\y no solamente de\t;ase narrativa.:_

~

=---~-c~,,-c,,.z~

,.

,:,-------~~~

,,,_,,

.

-~~. ··--~~-- ~·-.- ·,.,••;·•·-~-----·-

-~-·.,,.,

En efecto, este orden específico aporta el cuadro previo al

discurso, al interior del cual las explicaciones históricas son interpoladas.

W. B. Gallie, en Philosophy ancl Historica/ Undcrstanding, 13 da

una respuesta parcial a este problema de la composición narra-

tiva, que nos proporcionará el segundo criterio mínimo de lo

narrativo en general. La historia, según él, es una forma particular

de relato (story); y comprender la historia es el desarrollo y el

perfeccionamiento de una capacidad o competencia previa, aque-

lla ele "seguir un relato" (story). La fenomenología del acto ele

"seguir un relato" ofrece, por tanto, la base sobre la cual las

• explicaciones posteriores pueden injertarse. Esta fenomenología

apunta a la laguna que la discusión anterior ha revelado, eoncer-

nien te al papel de leyes generales en historia: ··todo lo que una

obra de nistoria puede contener como hecho de comprensión y

ele explicación clebe ser evaluado en relación al relato (narrativo)

ele cloncle él procede y el cual sostiene el desarrollo". H

13 \V. B. Gallie. l'htlosophy al)(/ 1/islorical Underslandtng, Sllocken Books. Nueva York

1968, segunda edición. 236 pp

H

!bid

p. XL

¿Qué es entonces una historia? (story) y ¿qué es seguir una

historia? Una historia eles.cribe una secuencia ele acciones y de

experiencias hecl'ias por un cierto número ele personajes. ya sean

reales o imaginarios. Estos personajes son representados en

situaci_ones que cambian o al cambio ele las cuales reaccionan. A

· su vez. estos cambios revelan aspectos ocultos de los personajes

o de las situaciones, engendrando una nueva prueba (predica-

ment) que invita al pensamiento, a la acción o a ambas. La

respuesta a esta prueba conduce la historia a su conclusión.

Seguir una historia, por consiguiente, es comprender las

acciones, los pensamientos y los sentimientos sucesivos en cuan-

to presenten una dirección particular (clirecled ness): entendamos

por ello que somos empujados por el desarrollo y respondemos a

este impulso con expectativas a la solución y al final del proceso

entero. En este sentido, la "conclusión" de la historia es el polo

de atracción de ese proceso. Pero una conclusión narrativa no '

pu~de ser ni deducida ni predicha. No hay historia sin que nuestra

atención sea tenida en vilo por sorpresas, coincidencias. encuen-

tros, revelaciones. reconocimientos, etcétera; por eso, es necesa-

rio seguir la historia hasta su conclusión. la cual. en lugar de ser ·

~~---·y-·- ---

.

.,

.

·-

------

previsible. debe de ser aceptable.'_Dirigiendo la mirada hacia

atrás, ele la conclusión hacia los episodios que allí conducen.

debemos tener el poder de decir que este fin exigía tales evenL_os

y una cadena tal de acciones. Pero esa miradaretrospecliva ha

sido posible por el movimiento :teleológiq1I11er1te]guiado por

nuestras esferas cuando seguimos la historia.

Tal es la comprensión específica que pone en juego el acto

de seguir una historia. Ella descansa sobre el "lazo principal ele

conlinuidml lógica en toda historia" 15 y combina contingencia y

15

Jhid

p

2G

X

''

'

'

, :, /

, acepta_l>!0:fu{L~sis de Gallie es· que esa paradoja de la

rcontliigencip_éj.Qfml{(Úd_caracteriza tambiéíl la comprensión de las

· acciones particulares en la vida cotidiana. así como los juegos de

azar y de destreza. Al respecto, desarrolla largamente la analogía

'vi

1

.j

L,

del juego de criquet, que debe ser seguido hasta su conclusión

para ser comprendido:· Por tanto,_ seguir no es dominar, sino

"enc?ntr~r. qu~JQ§,.~_Y!:DJQS,SOn int.ele.ctual~~~t~_~G~pt~bl;~~des-

pués

de

•,.~-

todo". 16

'e,

,_,

s

,

"s

~-'

,

'-~=·~·-· ~-·<-•"~ •

Ahora podemos considerar la transición entre la historia

contada y la historia de los historiadores. Diremos que "la historia

de los historiadores (history~ es una especie del género historia

impide reconocer esta verdad, según

Gallie. es la preocupación excesiva de los epistemólogos por la

dil'erencia entre la historia y la ficción; esta atención exclusiva

los ha conducido a poner el acento' sobre el problema de "la

evidencia" en histori~ 1 (en el sentido inglés ele la palabra "eviden-

cia", que quiere decir prueba material, documentaela); por consi-

guiente. tiene lugar en el espaci9 y en el tiempo el apoyo

encontrado en los documentos, los monumentos y los archivos y,

en consecuencia, la ruptura entre crónica tradicional e historia

científica. Esta oposición entre ficción e historia, o entre crónica

e historia. no ha permitido reconocer la relación previa entre

historia contada (story) e historia de los historiadores (history):

contada (story)". 17 Lo que

aj Como la historia contada, la historia de los historiadores

es el sujeto de "alguna realización

l1oml.H'e_s que viven juntos en las sociedaele.; o en naciones o en

otro grupo mínimamente organizado". 18 Por eso. a pesar de su

o algün fracaso mayor de

IG //Jid

17 1/Jid. p. GG.

11! ldem.

p.

3J

r

relación crítica con los relatos tradicionales, las historias que

tratan de la unificación o de la desintegración de un imperio, ele

la ascensión y ele la caída de una clase. de un movimiento social,

de una secta religiosa o de un estilo literario, son relatos, 19 La

lectura de esas historias (histories) 'deriva de nuestra competen-

cia por seguir historias (stories). Las seguirnos de parte a parte.

a la Juz de alguna solución prometida o esbozada a través de una

serie ele contingencias. bl Lo que es más. si leemos esas historias, es porque su Lema

merece ser seguido a través ele las contingencias y, además.

porque ese tema se impone a nuestro interés humano, no impor-

tando cuán alejados puedan estar nuestros sentimientos prescn-

tes.2º Las historias de los historiadores. en cuanto relatos de

acciones humanas pasadas. son ··susceptibles de ser seguidas o

comprendidas ele la misma manera general en que son todas las

historias (stories)". 21

el Si las historias ele los historiadores se hallan fundadas de

esta manera en las historias contadas. los rasgos distintivos

de la explicación histórica cleben ser considerados corno expan-

siones al servicio ele la aptitud ele la historia de base que es

seguida. En otros términos, la discontinuidad crítica. introducida

por la investigaGión histórica, debe ser reintegrada en la continui-

19 ":\11 history is. likc saga. basically a 11arrati1·e of cve11ls in wllicl1 human tllought

and aclion play a prcdom111a11l part" ¡Toda l1istoria cs. como una sag;1, básicamente u11

relato de c1c11tos c11 el cual la ;1cció11 y el pc11samknlo humano j11cgc111 u11 papel

prcclomina11tcl. ¡/JI(/. p G9 .\un cu,.Hulo LJ historia se basa sobre la "J rc111I" jdircrció11i.

ésta se 111 a11ifwst.1 sólo c11 la sucesión tic 1·1c11!tJS q1w nosotros seguimos La "tn:11d" es

·:a palter 11 -cualily ol' thos,· par11c11l.1r c1c11!s" [la d1rccció11 es 1111a e11,1lidad-motlelo tic estos

,c,c11tos parlicularrsl. ¡/Ju/. p. 70

20 Es notable que el criterio tic Jec/w-a sitúe a Gallic c11 el mismo campo de los tlelc11-

sores del "readcr i11 Jl1c Je\t" (lector c11 el ll'\to). al igual qu<' St,rnlcy Fisl1 Y ll'olfga11g lscr

21

'

/bid

p.

71

dad narrativa. El interés que damos a los seres humanos. y a sus

acciones, regula la inlegración de procedimientos explicativos en

el movimiento principal que sigue la historia. Pueden ser cuales-

quiera las mediaciones institucionales a las cuales los eventos

históricos se hallan sometidos; nuestro interés se dirige, en última

instancia. a los campesinos. a los negociantes

a

los navegantes·.

implicados por esos eventos. En otros términos. las explicaciones

no tienen otra función que la de ayudar al lector a seguir adelante.

dj En ese sentido, las explicaciones históricas no son formas

atenuadas de explicaciones científicas. Se limitan a desarrollar

generalizaciones que se pueden encontrar en las historias ordi-

narias ref"erentes a las situaciones, los papeles. los motivos, las

metas, las pruebas y las soluciones. Aceptar esas generalizacio-

nes. no es someter un caso bajo una ley. sino volver a lanzar el

proceso de seguir la historia cuando él es interrumpido o confuso.

Las explicaciones deben ser tejidas en la recl narrativa.

ej Ese papel de la explicación en historia no es fundamental-

mente distinto del comentario filosófico comprendido como "rer.-

valuación de un texto como _un conjunto". 22 En los dos casos. la

crítica nace de la necesidad de tomar distancia respecto al texto

recibido y de reescribir el texto de manera que sea más legible.

Pero esta etapa crítica no puede sustituirse por la operación y

propósito de base, que es proveer al lector ele "un relato que puede ser propiamente seguido". 23

Detengamos este resumen íJe la tesis de Galli~ para conside-

rar algunas objeciones que se pueden hacer a los tipos de posición

que esta tesis representa. Esta discusión nos permitirá precisar

nuestra noción de narratividad histórica, añadiendo criterios

22 1/Jiri. 23 //Ju/. p

p

113

MH.

r

suplementarios a los criterios mínimos ya considerados. definien-

do la noción ele frase nanaliva y de discurso narrativo.

3. Argumentos anli-"narrativistas". 1lemos opueslo dos lipos fun-

damentales ele argumentos al carácter nanalivo ele la historia.

En general. están más o menos interrelacionados y la oposición

es solamente por razones didácticas. Segün el primero. la historia

propiamente dicha no conduce más hacia los eventos porque es

su tema el que ha cambiado y, conforme al segundo. la historia

no es más que una especie del género historia contada (slury)

porque es el proccciimicnl.o el que ha cambiado.

El primer argumento es fuertemente subrayado por los his-

toriadores franceses que. más a menudo que sus homólogos ele

lengua inglesa. clan pruebas ele una auténtica preocupación epis-

temológica. La crítica de lo que ellos llaman "historia ele eventos",

historia relacionada o ligada a eventos. ha venido a ser un Lema

respetado clescle el día en que F'raI1(;ois Simianct forjó la expresión.

La clase ele eventos que. según ellos. l'ue privilegiada por los

historiadores del siglo XIX. puede ser caracterizada de las siguien-

tes tres rna ne ras:

l'f'imcro. se trala de "grandes eventos" ligados con frecuencia

a papeles de "grandes hombres" -los "graneles hombres históri-

cos de la historia mundial". de quienes hablaba llcgel- que

prevalecen en l1istoria política, militar. diplomática. eclesiástica,

a saber: guerras. tratados. matrimonios reales. cambios ele reino.

etcétera. El desplazamiento ele la historia política hacia la historia

social y económica. subrayan los críticos. implica un mínimo

,interés por los grandes hombres y los graneles eventos. Incluso

, en historia política. los historiadores contcmporúneos se apegan

rnt1s a la cvoluciún de las instituciones que a los eventos polílil'os

repentinos y eonlingcnLcs. En otros Lfrminos. el portador de la

J5

 

r

historia es menos en cuanto individuo con sus acciones que las

entidades que lo engloban.

En segundo lugar. los eventos. por consiguiente, pueden ser

 

caracterizados como oscilaciones cortas. rápidas y hasta nervio-

sas. se podría decir. Fernand Braudel. por ejemplo, en el mani-

fiesto que precede a su célebre obra La mediterranée au temps

, de Philippe 1/ y en sus otros ensayos, 24 distingue tres niveles

temporales ele análisis histórico. El primero es el de los hombres

con sus relaciones y su entorno; ese tiempo geográfico implica

una historia ··casi inmóvil". Viene después el nivel de las institu-

ciones sociales. ele fuerzas y corrientes profundas con sus ritmos

lentos. Ese nivel intermedio es el nivel histórico y, propiamente

' dicho, el nivel de/ la historia de larga duración. Esta historia

"pesada" tiene sus propias medidas

EI

tiempo social es un tiempo

de mil velocidades y lentitudes. Para el historiador. que escribe

 

la historia de la muerte desde el Renacimiento. el tiempo es este

impulso discreto pero imperioso que no contiene. por así decirlo.

1 ningún evento. Es sólo en el tercer'nivel. aquel de la historia vivid!

, por los individuos. en que se producen, propiamente, los eventos.

Pero si esta clase de historia es la más rica en humanidad,

también es la más peligrosa para el historiador, porque ella induce

a volver a contar, de manera no crítica, los sucesos tal como han

sido vividos y comprendidos P!)f ~Os héro~s de la historia. Por eso,

la historia como ciencia social odia los sucesos y da prioridad a

' las coyunturas. a las instituciones, a las estructuras, a las corrien·

' tes portadoras de la "larga duración".

 

Un tercer rasgo es atribuido a los eventos por esta crítica de

 

la historia que se apoya en el relato de los sucesos. Un evento es

una determinación del tiempo que regula de nrnncra no crítica la

2 · 1 Fcrnanrl Braudcl. Écrils sur /"hisloire. Flarnmarion. París. 1969. 315 pp.

36

 

1

L

periodicidad del tiempo histórico por el historiador. Es el caso de

los pretendidos grandes eventos. que constituyen una especie

de dato para la investigación histórica. Henri Marrow 25 hace

notar, aquí, que Ja noción de evento como dato es una superstición

comün a los dos tipos más opuestos de metodología: el intuido·

nismo y el positivismo. Segün el primero. la historia es la reactivación del pasado, tal

como ha sido vivido y comprendido por los mismos agentes de

las acciones históricas en cuestión. Pero si la historia, como

Marrow Jo demuestra con argumentos cercanos a la escuela

alemana del "verstelieu", no es una reactivación sino una recons-

trucción, y si esta reconstrucción procede de la conjunción entt'e lo que ha sucedido efectivamente y la inteligencia del historiador,

los eventos pasados. en cuanto casos reales, retroceden a segun-

do plano y admiten un estatuto más o menos parecido al de

noúmeno en Kant. Entonces. la historia GS el pasado siempre que

éste sea conocido. Esta restricción afecta al estatuto de la noción de evento de

la siguiente manera: lo que los historiadores tienen por ··hechos"

no es dado sino más bien construido. Incluso los documentos. las '

fuentes o los archivos, no constituyen datos brutos; se les inves- •

tiga. están establecidos e institucionalizados. Él hecho de que

nuestros archivos tradicionales sean concebidos como almacena-

miento de información superada de la historia, como relato de

grandes eventos. hace que sean constituid?s como testimonios

sobre el pasado por la metodnlogía del l historiador. Son las

preguntas postuladas por éste las que determinan lo que será

a nin·

históricamente pertinente. 1 por lo que no se debe permitir.

25 Hemi Marrow. De /a connaissance historique. Scuil. París. 1973. sexta edit'ión. rcvlsacfa y corregida, 317 pp.

37

\

guna scgrncnLación previa del flujo hisLórico. anLececfer a la

deLerrninación, por el hisLoriador. de sus propios problemas.

Pero el 1frivilegio acordado para el concepto de evenLo no está

menos ligado al prejuicio posiLivista que al prejuicio romántico.

Como se sabe, los hisLoriadores de tendencia posilivista han

desarrolli.tdo, con suma aLención -con un gus.to particular. se

podría añadir, por sospechar respecto a toda falsificación y a toda

ilusión- una técnica de crítica interna y externa de documentos.

Esta actitud crítica conviene esencialmente a una inve-stigación

que descansa sobre fuentes literarias textuales. Ella apunLa a

liberar. si se puede decir. los hechos objetivamente observables

1 que se supone residen en los documentos. El documento ideal,

por consiguienLe. sería el testimonio establecido sobre el campo

por Lcsligos compctcnLes y dignos ele fe. Este documento ideal,

' a su vez. presupone que los hechos que aLcsLigua son eventos que

' planLean problemas Lales como: ¿quién ha matado a John Doe?

(Collingwoocl). Todo testimonio que responda a esta clase de en-

cuesta conviene a la historia, concebida como la narración de

cvenLos parcciclos a esos quq manifiesta un proccdimienLo judi-

cial: el cvenLo debe de ser un caso simple, observable, amplia-

mcnLc idcnLil'icablc. En ese sentido. el modelo judicial de la his-

' toriografía posilivista refuerza la primacía del evento en la • investigación histórica.

Esta pcrspecliva del concepLo ele evento se halla acompañada

de una perspectiva parecida al concepto de relato o de narración

eolre los historiadores conLemporáneos. ÉsLos tienden_ a conside-

rar la narración como la restitución de sucesos en el lenguaje de

los mismos actores y en los Lérminos de susprejuicios. La historia.

por Lanto, es una invesLigaeión, una indagación que rompe con

Lodo relaLo, que sería imJiscernible por aquel actor de la historia en un siLi<, determinado.

¡

Este argurnenLo es común a muchos hisLoriadores franceses

y se une al de numerosos episLernólogos de lengua inglesa. La

histoda. dice Marrow. incluso rnicnLras relaLa sucesos tales corno

el asesinato ele César. inLroduce categorías de la especie ele:

tiranía. monarquía. república. lucha de clases, que son nombres

de insliLuciones, de nominaciones de periodo, "tipos ideales",

analogías. conceptos unive·rsales, conceptos altamenLe técnicos

creados por el historiador. La mayor parte de esas categorías -y

sin duda evidenLcrnenle las últimas- eran inaccesibles para los

mismos agentes históricos en el tiempo cic su acción. Más radi-

calmente. Paul Veync. en su "Lección inaugural en el Colegio ele

Francia". !rwcnlaire rics cliffércnces ( 197G), y ya en su ensayo

de epistemología Comnwnl on écril /'histoirc ( 1971). aboga por

una historia sociológica que no se limite a contar. ni siquiera a

comprender, sino que estructure su rnaLcria recurriendo a la

conceptualización ele las ciencias humanas, llamadas también

ciencias morales y políticas. 26 RepiLiemlo, después ele Raymond

Aron. que los "hechos no existen", él insiste en que la conccptua

!

lización es la tarea principal de la historia. y entiende a aquélla

como una "determinación de invarianLes". Así. el imperi:::ilismo

romano será construido como un tipo de aislamiento con miras

a funclar la seguridad absoluta clel Estarlo por la ocupación de

Lodo el horizonte geográfico. En cuan Lo a los eventos. es necesario

construirlos como las variables en un modelo y bajo la condición

de que, con el inventario de las diferencias. se haga un subpro-

ducto de la construcción del modelo invariante. No se podría

oponer más fuertemente la intcligibilidaél histórica a tocia forma

de contar.

l lan sido elaborados. por cpisLemólogos de lengua inglesa.

26 Paul Vcyne. /11n·:i1a1re Ui'S r/1{{~/'l.'//l'l'S. Scuil

París

IH7G. pp

7-ll

L

argumentos similares; por ejemplo. Maurice Manclelbaum. en uno

de sus famosos artículos. 27 opone J'inquiry (la historia) al arte de

contar historias. La "'indagación" implica que se establezca lo que

se ha hecho. que sea pasado, que se consideren las posibilidades

adversas. que se mida el peso de la evidencia material en favor

de una de sus posibilidades a costa de otra. Esta actitud crítica

destruye las presuposiciones de una concepción· narrativista de

la historiografía con sus corolarios: la primacía del orden crono-

lógico. él recurso a factores teleológicos implicados por li;i puesta

en orclen del relato en función de su final o su resultado, el

carácter intencional de la acción humana y, en consecuencia. la

prioridad dada a las causas sobre las estructuras; las condiciones

y los factores de segundo plano son, precisamente. configuracio-

nes recurrentes. factores durables que ponen en juego ciertas

obras de historia recientes, donde los eventos no tienen casi

ningún lugar y se interesan menos por los cambios a través del

tiempo que por el estado de cosas pasadas. consideradas ya como

estáticas. Tales factores no son menos predominantes en las

obras históricas consagradas a los cambios lentos o a la evolución

ele sistemas sociales o institucionales.

4. El estatuto epistemológico de la noción de evento. En la dis-

cusión de los argumentos anti-narrativistas mantendré el mismo

marco didáctico sin. por ello, tomar demasiado en serio la distin-

ción entre los argumentos que conciernen al objeto de la historia

y los argumentos que conciernen a su métod::i.

Referente al lugar del evento en la investigación ·histórica.

propongo tres observaciones:

Primeramente. los adversarios de la historia eventualista

27 Mauricc ,vlamlclbaum. ""Socictal facts". en Theories of History. op. cil., pp. 476-488.

40

~

se apoyan sobre un concepto no crítico de evento. admiten muy

fácilmente que la noción ele evento debe ser ligada a la acción

individual en lo político. militar o diplomático, que el evento

excluye la larga duración y es dada anteriormente a toda pregunta

hecha por el historiador. Ahora bien. ninguna coerción obliga a

esos tres criterios restrictivos. Por evento sólo hay que entender el suceso. Y el concepto cte

,

suceso se aplica tanto al nacimiento. al desarrollo. a la decadencia

1

y a la caída de un imperio, al desarrollo de tendencias sociales. '

a la evolución de instituciones. de creencias. o a actitudes espiri- '

tuales. como a los grandes hechos de IÓ-s · Hgrandes hombres 1

históricos". Incluso diría que las· entidades colectivas, así como i

las que son familiares a la historia económica. social y polílica,

conciernen a la historia solamente en la medida en que son

individualizadas y son incliviclualizadas en la medida en que su

ascención. su desarrollo y su decadencia son contados. P,n este

sentido, los cambios que les afectan son también especies de

circunstancias. Algo les sucede. Y lo que les suceuc exige el

empleo de frases que usen tiempos verbales. a Fin de expresar '

el hecho de que el suceso considerado pertenece al pasado del '

·.,

tiempo del historiador; Tales circunstancias exigen igualmente el

empico de frases narrativas. en el sentido de Danta, para expre-

sar el hecho de que un primer estado de cosas es descrito bajo

la perspectiva de un estado de cosas posterior. Estas <Jos exigen- '

cias son puestas en juego siempre que hablamos de alguna cosa

y su historia y toda historia puede ser. incluso debe ser. la historia

de alguna entidad que tiene un princi¡:rio, un medio y un fin. Si se

le otorga esa característica. la velocidad del tiempo no tiene nada

que ver con el derecho de hablar del suceso. Por la misma razón .

. es innecesario que se produzcan cambios rápida o lentamente.

Así es como la hlstoria de larga duración descansa también sobre

41

 

T

¡

una forma de duración. por tanto de suceso. No es tampoco esencial que a la noción ele suceso se ligue, ya sea la ilusión románlica ele la historia como rcsurTección, ya la pretensión posi- Livl-sta segün la cual los eventos serían hechos ocultos en nuestros archivos esperancJo ser descubiertos. Los eventos, en cuanto ocurren. sólo se deben enmarcar en configuraciones del tipo que caracterizaremos después.

Es sul'iciente, por el momento, observar que es perl'ectamente compalible con la noción de suceso el decir que los eventos son construidos al rnis·mo Licmpo que enmarcados por los relatos. 28 /JI Esta primera observación concierne al objeto dil'ccto de la historia, sobre la cual ella se apoya. Nos limitamos a señalar que ella puede descansar sohre entidades colectivas. como también

' sobre individuos. pudiéndose hablar de esas entidades colectivas en términos de eventos. Mi segunda observación atañe al objeto indirecto de la historia, afirmando, diría sin temor. que toda historia descansa indirectamente sobre los individuos y sus acciones. No estaríamos interesados por los cambios sociales si estos cambios no al'ectaran la vida de caela uno de los individuos

' que están implicados en ellos. Esta intencionalidad indirecta del conocimiento histórico legitima -no obstante los límites ele este

orden objetivo- un paralelismo prudente entre el conocimiento histórico y el conocimiento de otro tipo. 29 También ella se halla

28 L;i f;_iJta de col1t,rcncia en el uso del término "relato". en los historiadores

franceses. confirma mi argumento. Braudel. por .ejemplo. quejándose de la historia

eventualista. 110 ve inconveniente eu l1ablar de "recitación ele la coyuntura" (Écrlls sur

/'hisloire. op. cJC. p. +i) o relación con ta historia de larga duración. Ésta. como duración.

por otra parte, queda sometida a la ley del cambio y ele la sucesión. Es el reconocimiento

del movimiento de las estructuras lo que impide a Braudcl asociarse a la actitud

a-crnnológica. a-temporal. de la antropología estructural. ilustrada por la obra de Claude Lévi-Strauss

29 Véase llenri Marrow. op. c1l. pp. 81-88 El autor vuelve a este lema. relacionando

42

 

l

en la raíz ele la tencl_eneia a dar una interprclación nominalista ele las construcciones del rnétoclo histórico, así como: la antigiie- clacl, Atenas en el tiempo de Pericles. e.Lcótcra_:w ()uc un cierto

reconocimiento ele! evento. no sólo como suceso, sino en cuanto al'ecta a los inclivicluos, en el sentido de personas singulares, sea simplificado por esta orientación del interés histórico hacia otros, es testificado por el retorno ele la noción ele relato en las concepciones más anti-narrativistas. El mismo Paul Veyne, quien aboga por la conceptualización en historia. mantiene la idea ele

que la historia no es la sociología. en la meclicla en r¡ue ella da lugar a "la reivimlicación ele in_venLarios completos": "ella hace que la historia no sea la mis,na cosa que la sociología o. si se prefiere, que la historia permanezca como un relato".3' e] Esto me conduce a una tercera observación, que encontrará su completo clesanollo en el tercer capítulo. La introduzco aquí como sugerencia: ¿no es acaso la función ele la noción de evento , preservar. más allá ele las construcciones del historiador. la

la epogé de tos prejuicios personales al rcconocirnicnto del otro. Más arlclanlc. la amistad

está situarla por debajo de la curiosiclarl. p 250

30 Marrow equilibra su insistencia sobre et papel del historiador por uua reducción

nominalista etc las enlidarles construirlas por el método. Lo que existe realmente no son.

en última inst,rncia. ni l1ccl10s ele civilización ni ele sistemas. sino seres huma11os.

individuos.

31 Incrementando la confusión. el autor escribe todavía: "¿por qué decir relato y 110

simplemente inventario? Porque los hechos históricos son individualizados por el tiempo".

op. cit., p. 39. Pero esto 110 le impide regresar a su crítica del historiador-11anado1; ibid.

pp. 4C 43. o declarar que los "hechos históricos pueden ser individualizados sin ser

remitidos a sus lugares en un complejo espacio-temporal", p. 48. "En una palabra. es

J el conlinuum espacio-temporal sólo es un

cuadro didáctico que perpetúa la trarlición narrativa". p 49. Esta declaración ele fracaso

es seguida. dos páginas después. por la cledaracióu de que "la historia debe de ser

inventario completo de cYentos. tos cuales son individualizados por el tiempo·. p. 51

necesario terminar con el relato continuo ¡

lnclividuación por el concepto. e inliividuacióu por el tiempo. siguen siendo dos nociones

mal relacionarlas cutre sí

43

convicción de que algo se ha producido el'ecti~amente y que esto

1 no es obra del historiador? La noción de evento ya no designa. entonces. el tema directo de la historia como suceso de alouna

'

b

cosa. ni siquiera la rel'erencía indirecta a los individuos cuyas vidas son afectadas por los cambios directamente descritos por el historiador. La noción de evento funciona más bien como

,

, concepto-límite. como la idea de lo que efectivamente ha sucedido,

' tal como sucede en el noúmeno kantiano. que es pensado mas no

' conocido. Por ese concepto de evento se manifiesta una manera

de investigación: el punto de reencuentro entre la historicidad de la experiencia humana y la historiá como conocimiento objetivo

de los eventos. en el sentido asignado a ese término por mí primera y mi segunda

í '

:r

5. De la historia contada a la historia de los historiadores. La

segunda fase de la discusión de los argumentos anti-narrativistas concierne a los procedimientos de la historia con relación a la

idea de relato. Todos los argumentos 'opuestos a la continuidad entre la historia contada y la historia de los historiadores. sobre-

entienden que una historia (contada) es una forma simple e ingenua de discurso. Esos argumentos implican. de manera no

crítica, que los relatos se hallan ligados de manera triple: a J en el orden cronológico; bJ en la ciega complejidad del presente. tal

como es vívido; c) desde el punto de vista de los agentes his- tóricos. de sus creencias y de sus prejuicios.

Anticipándome a los mejores análisis, sostenido:,; por la teoría del relato de l'íccíón. que se considerará en el próximo capítulo,

me gustaría subrayar aquí falgunos rasgos de actividad narrativa

' que considero como universales. es decir. comunes a las historias ··verdaderas" y a las historias "ficticias·.

aJ Primero. contrarío a la idea de que una historia se halla

T

necesariamente ligada a un orden estrictamente cronológico. es

preciso decir que todo relato combina, en las proporciones varia- ,

bles. dos dimensiones: una dimensión cronológica y otra no

del relato. Ella se manifiesta en el arte ele seguir una historia, •

por la espera de contingencias que afectan el desarrollo de la historia; es este aspecto episódico del relato el rrque suscita

cronológica. Se puede llamar a la primera la dimensión episódica

,

preguntas tales como: ¿y entonces?. ¿y después?. ¿qué ha sucedí- do después?. ¿cuál ha sido el resultado final?. etcétera. Pero. al

mismo tiempo, la actividad de contar no consiste simplemente en

añadir episodios. unos después de otros: construye totalidade~ ·

1

. ~ignífícá_~~es. también, a partir de eventos dispersos. A este aspecto del arte de contar corresponde, del lado del arte, el seguir

una historia. el esfuerzo por captar conjuntamente los eventos

sucesivos. El. arte de contar. por consiguiente, así como su contrapartida. el arte ele seguir una historia, requiere que seamos capaces de separar una configuración de una sucesión. Esta

operación ··cont'iguracional", para empicar una expresión de , Louis O. Mink, 32 consLituyc la segunda dimensión de la actividad •

narrativa. Esta dimensión se pierde completamente en los auto- -

res anti-narrativistas. que tienden a despojar la actividad narra-

tiva de su complejidad y, ante todo, de su poder de combinar secuencia y configuración. Esta estructura es tan paradójica. que

todo relato puede ser concebido como la competencia entre su dimensión episódica y su dimensión confíguracional, es decir.

entre secuencia_~_l}gura.

,

32 Louis O ~li11k. "Thc autonomy of' hislorical undcrslancling·, en f/istory and Theory,

Middlctown. V, 1965, pp. 2'1-47. "Philosophycal analysis ancl. historical unclerstanding". en

Review of Mecaphys1cs, New Haven, XXI, 1968, pp. 667-098. "History and fiction as mocles º' comprchension", en New Literary 1/islOry, Charlottesville. L 1969-1970, pp. 541-558.

Los !'elatos de ficción nos pl'opol'cional'án una cantidad de ejemplos, ele soluciones diversas llevadas a esta dinámica antité-

, tica. Con respecto a la histol'ia, en cuanto relato "verdadero", esta compleja cstl'uctura implica que el relato más modesto sea · siempre más que una sel'ie cronológica de sucesos y que, a su vez, la dimensión configuracional no pueda ocultar la dimensión episódica s·in abolir la estructura narrativa misma. Nos ocupare- mos de este segundo aspecto en nuestro segundo capítulo. cuando cliscutamos la pretensión estructuralista de "descronolo- gizal'" los relatos. Aquí sólo nos ocuparemos del primer aspecto. Si ha sido posible injertar la I1istoria como encuesta sobre la actividad narrativa, es porque la dimensión configuracional, pre- sente en el al'te de contar. como en el de seguir una historia, ya ha abicl'to camino a la actividad que Mandelbaum caracteriza como la ele subsumir las partes. Esta actividad no rompe tadical- mente con la actividad narrativa. en la medida en que ésta combina. desde luego, el orden cronológico y el orden cont'i- guracional. /Jj Pero el reconocimiento pleno de esta continuidad del relato a la historia supone que terminaríamos también con las otras dos presuposiciones; que el arte de contar está necesariamente ligado a la ciega complejidad fiel presente, tal y corno es vivido por los actores mismos. y que este arte está sometido a la interpretación que los agentes mismos dan de sus acciones. Contrariamente a estas declarnciones, Mink observa que, al capta!' en conjunto los eventos en actos c0nl'iguracionales, la operación narrativa tiene el carácter de juicio. y más precisamen- te de juicio reflexivo, en el sentido kantiano del término. Contar Y seguir una histol'ia ya es reflexionar sobre los eventos en vista de q•'.e constituyen totalidades sucesivas. Ya hemos hablado de esas expectativas volcadas hacia la conclusión de la historia. por

4G

las cuales somos llevados hacia adelante: atestiguan la estl'uctul'a

teleológica del acto narl'aLivo en pleno. ele acue!'do a la teo!'ía del juicio reflexivo en la Crítica ele la facultacl de juzgar. cj Por la misma razón. es falso pretende!' que los relatos limiten al auditor (o lectol') a la perspectiva bajo la cual los agentes consideran su. acción. La noción de juicio reflexivo, sustentada sobre los élconteciinientos, incluye también la del "punto de vista". Este aspecto recibirá una justificación más ' completa en el análisis ele los relatos de !'icción. Pero desde ahora se puede afirmar. que pertenece al arte narrativo. ligar una historia a un narrador. Esta relación envuelve toda la gama de actitudes del narrador con rcsppcto a su histol'ia. Esas actituclcs •

1

constituyen lo que Scholes y Kellog llaman

relato". 33 Escriben: "en la relación entre el nanador y la historia contada. y en la relación complementaria, entre nar!'ador y audi- torio, radica la esencia del arte narrativo. De esta manera. la situación narrativa es ineluctablcmentc irónica".3' 1 No iré más lejos en esta dirección y reservo. para el segundo capítulo, todo lo que concierne a los aspectos puramente literarios del arte nanativo. Es suficiente saber. en la presente discusión, que en la forma ele l'icción del relato ya hay lugar para una dialéctica entre el narrador y su historia. que funda precisamente la ironía del arte de contal'. La "dis¡wridad de comprensión, propia de la

ironía", hace posible la emergencia de una nueva cla~e de nana- dor. que los autores llaman J'hislor, cuya aut~ridad deriva de los documentos que él lec y ya no de la tradición que él recibe. Ese desplazamiento del "singel' or tales"·ª J'hislor, en cuanto investí-

punto de vista en el

,;

:u Kohcrl Scholes y Kohcrt Kcllog. T/1e Na/u;·c of /1/a/'/'aCwe. Oxfonl llnivcrsity Prcss. Oxfonl. l!lfJH. p 7 Véase 1amb1é11 \\'ayuc C. Bouth. T/1c l</1ewric of Ficcwn. Tlie Unil·ersity

~

" '

1 uf Cliicago l'rcss. Cl11cagu-Lo11drcs. 1!)7:i. •15:, pp

¡

¡

1

31 11)//1

p :2<10.

47

gaclor. es innegable; pero se produce en el interior del concepto

mismo del. "punto de vista", que caracteriza al narrador como tal,

y debe ser puesto a la misma altura que el carácter confíguracio-

nal y reflexivo del acto narrativo.

Nuestra defensa del concepto de historia como relato no se termim.1 con una simple repetición de los dos criterios formulados por Danto y Gallie. A la noción de frase narrativa, y a la fenome-

1 nología del acto de seguir una historia, hemos añadido una crítica

' del concepto ele evento y una del concepto de historia. La primera

1 nos ha conducido a reforrnular la noción de suceso. de manera que responda a los desal'íos,de la historia llamada no cventualista.

'

La segunda ha puesto al desnudo la estructura dialéctica del

relato como combinación entre figura y secuencia en el acto configuracional.

Bajo la reserva de esas dos adiciones críticas, podemos

adoptar la tesis t'undamental de que los procedimientos expli-

cativos de la historia científica. de la cual somos parte, no

sustituyen a un relato anterior, sino que funcionan más bien en

'

conjunción con éste porque son incorporados a su estructura

' configuracional.

48

T

 

CAF'ÍTULO 11

EL RELATO DE PlCClÓN

EN ESTE SEGUNDO capítulo se abordmá el problema ele la natura-

leza clel ~liscurso nanativo bajó un nuevo ángulo. El primer

capítulo estaba consagrado a la historia como paradigma del

relato "empírico" o, si se prel'iere. del r'elato "verdadero". Este

ensayo tratará sobre el relato de ficción. En la investigación está ,

en juego saber si. a pesar de las diferencias evidentes entre relato

histórico y relato de ficción, existe una estructura común, lo que

nos autorizaría a hacer uso del concepto de relato como de un •

concepto homogéneo que denote un modo único ele discurso

Esta

investigación exige que neutralicemos. por un momento. la clife-

rencia entre historia verdadera y ficción, y por consiguiente, que

pongamos entr·e paréntesis la diferencia entre pretensiones refe-

renciales propias a cada modo narrativo. si se entiende por

pretensión rel'erencial los modos dil'erentes de ser e/ sujeto del

mundo ele la acción. Se reserva este problema para el tercer

capítulo. Ahora bi~n. indagar sobre el "sentido" del relato. sin tomar

c;1 cuenta su "referencia" -si este uso libre del vocabulario de

:Freguc nos es permitido-. es indagar sobre la estructura. es decir.

sobre la forma que sostiene el conjunto de los eventos contados

por la historia. De ahí el papel-clave atribuido en este ensayo al

 

-19

l

tratamiento estructural del relato en crítica literaria, principal-

mente eritre los estructuralistas franceses. Pero si la prioridad

ha sido. dada, en la primera exposición, a la epistemología

angloamericana del conocimiento histórico -no obstante. por otra

parte. sin despreciar la importante contribución de los historia-

dores franceses-. aquí será dada a los análisis franceses de estruc;turds del relato de ficción.

Se re~urrirá a algunas contribuciones de la crítica literaria

angloamericana en el cuadro de la discusión de argumentos es true tu ralis tas.

Las primeras observaciones serán consagradas a las carac-

terísticas generales del análisis estructural. Después se recorda-

rá el pap~I ejemplar del principal representante de la escuela del

formalismo ruso. V. Propp. Finalmente. se tomará como paradig-

ma del análisis estructural del relato el primer modelo estableci-

do por A J. Greimas en la

Se reservará para un análisis y una discusión posterior el

segundo modelo de Greimas en Du sens. 2

época de la

Semantique structurale. 1

1. Los principios del análisis estructural del relato. La primera

ca_racterística de acercamiento estructural, común a la inmensa

mayoría de las investigaciones que caen bajo la misma denomi-

. '-

nación. es la de'--aproximarse. tanto como sea posible. a un

procedimiento puramente deductivo, basado en un modelo cons-

- truido de una manera casi axiomática. La razón de esta elección

es obvia: como Roland Barthes lo observa en sJ' introducción al

Análisis estructural del relato. 3 nos enfrentamos a una variedad

; :\!giras J. Greimas. Semalllique structurale. Larousse. París. 1966, 262 pp. 3 Alg1ras J Gre1mas. Du sens. essais sémiotiques. Seuil. París, 1970. 317 pp. Roland Barthes. "lntroduclion a l'analyse structurale des récits·. en Communica-

tions, París. 1966. 8, pp. 1-27.

50

innumerable de expresiones narrativas (orales. escritas. gráfi-

cas, gestuales) y de clases narrativas (mitos. cuentos folklóricos.

fábulas. novelas. epopeyas. tragedias, dramas, películas. historie- tas). sin dejar a un lado el discurso historiográfico. la pintura y

la conversación. Esta situación convierte en impracticable toda

aproximación inductiva. Sólo queda la vía deductiva. es decir. la construcción de un modelo hipotético de descripción. del cual

la variedad de algunas subclases fundamentales po9rían ser deri-

vadas. Posteriormente veremos las diferentes soluciones aporta-

das al problema. a pesar de un mismo temperamento sistemático.

de algunas críticas literarias de lengua inglesa. como la de

Northrop F1'ye. 4 Un segundo cuestionamiento, de carácter general. es cons-

truir ese modelo lo más cerca posible ele la lingüística. Esta

formulación. bastante amplia, permite abrazar tentativas muy

diferentes; las más radicales, entre ellas. son empleadas para

derivar. a partir de las estructuras de la lengua del nivel inferior

a la frase. los valores estructurales de las unidades más largas

que la frase. Lo que la lingllÍstica propone aquí se puede resumir

de la siguiente manera: siempre es posible despejar. en un

lenguaje dado, el código del mensaje o. para hablar como Saus-

sure. aislar la lengua de la palabra. La lengua es sistemática .

Decir ·que es sistemática cs. además. admitir que su aspecto

sincrónico. es decil'. simultáneo. puede sel' aislado de su aspecto

diacrónico. sucesivo e histórico. En cuanto a la organización

sistemática. puede a su vez ser dominada y hasta. si es posible.

r~clucicla a un nümcro finito de unidades de base. a los signos del

~istema y, además. éstableccr el conjunto ele combinaciones de

reglas que engendren todas sus relaciones internas. Bajo estas

~ Northro¡> Fryc. Anatoiflle de la criuque. Gallimanl. Pal'ís. 1969

¡5,¡ pp.

51

,

 

l

 

condiciones. una estructura puede ser definida como un conjunto

igualmente la sugerencia del gran especialista en estudios esla-

cerrado ele relaciones internas entre un número finito de unida-

vos. Tesniere; según ésta. una frase es un pequeño drama. donde

des. La inmanencia de relaciones. es decir. la indiferencia del

actúa el locutor para él mismo. con un sujeto de acción, un verbo

sistema hacia la realidad extra-lingüística. es un corolario impor-

de acción y circunstancias. Pero es Roland Barthes quien ofrece

tante de la regla de inmanencia que caracteriza a una estructura.

la

consecuencia extrema: "la homología que se sugiere aquí. no

Como sabemos. primero a la fonología y después a la semán-

tiene solamente un valor heurístico: implica una identidad entre

, tica léxica·y a las reglas sintácticas. esos principios estructurales

el lenguaje y la literatu(a".~ Si comprendo correctamente este

han siclo aplicados con gran éxito. El análisis estructural del

axioma. significa que la literatura. como la lengua. en el sentido

' relato ¡,uede ser considerado como una de las tentati~as ¡para

 

saussuriano. es un conjunto finito de unidades de base. cuyas

 

extender o trasponer ese modelo a entidades lingi'lísticas debajo

combinaciones engendran relaciones puramente inmanentes al

del ni\'el de la frase. siendo la frase la última entidad lingüística

interior de la clausura del lenguaje mismo. En este punto. la tesis

para ese nivel. Ahora bien. Jo que encontramos más allá de la

estmcturalista sobre el sentido. viene a ser una tesis sobre la

1 frase es el discurso. en el sentido propio de la palabra; es decir,

 

"referencia", cuya validez será discutida en una perspectiva

 

una serie de frases que presentan. a su vez. reglas propias de .

hermenéutica.

composición. Fue hace tiempo una de las tareas de la ,·etórica

Un tercer carácLer general, cuyas implicaciones son inmensas

'

clásica tomar a su cargo este aspecto ordenado del discurso. El

en el relato. es el siguiente: entre las propiedades eslructuralcs

relato cs. como ya mencionamos, una de las clases más amplias

de un sistema lingliístico, la mf1s importante es su car5clcr

del discurso. es decir. secuencias de frases sometidas a un cierto

orgánico. o más bien. organizacional. Por ello. es necesario com-

orden. Pero la extensión de los principios estructurales de la

prender la prioridad del todo sobre las partes y la jerarquía de

lingüística. puede significar va·rias formas de derivación. al exten-

nivel que resulta de ello. Es necesario observar. al rcspeclo, que

derse de una vaga a una estricta homología. Esta segunda

los estructuralistas franceses han otorgado mayor importancia.

posibilidad es muy defendida por Roland Barthes; sin embargo,

a

esta capacidad integrativa de los sistemas lingiiísticos. que los

veremos cuán importantes son las correcciones que aporta Grei-

partidarios de los modelos puramente distribucionales en el

mas a este axioma en su segundo modelo, donde nos ofrece la

estructuralismo americano. En cambio, al poner así .el acento

distinción entre semiótica y lingüística. Pero se puede decir. en

sobre el aspecto holístico de las organizacíonGs discursivzis. el

sentido inverso. que esta distinción no supr:me sino que vuelve

estructuralismo francés. al aplicar el relato a este axioma. tende-

más complejo el axioma en cuestión. El relato es úna frase

rá a privilegiar el aspecto cont'iguracional rlcl primcrn a costa de

grnndc. y como toda fnise verificable cs. de cierta manera. el

su despliegue temporal. De .:ihí la tendencia general del an[11isis

esbozo de un pequeño rclato. 5 El primer modelo ele Grcimas sigue

estructural del relato a descronologizar. tanto corno sea posible.

 

1

52

', kola11rl llartl1cs. op

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,J

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¡

L

6 /dem.

53

j il

la historia contada. al reducir sus aspecto_s temporales a propie-

dades formales subyacentes. Digamos. en una palabra, que el análisis estructural del relato tenderá sistemáticamente a coor- dinar. incluso a subordinar. todo aspecto sintagmático a un aspecto paradigmático correspondiente. Este requerimiento se

halla satisfecho. hasta en sus últimas consecuencias. por Lévi- Strauss en sus Mythologiques. 7 Pero los lectores de la Anthropo-

logie structurale nb han olvidado el ensayo sobre la "Theorie structurale de mythes" 8 y la muestra del método. propuesta con

el mito de Edipo. Como se sabe. el despliegue anecdótico del mito es abolido en beneficio de una ley combinatoria. que no reúne frases temporales sino lo que el autor llama paquetes de relacio- nes. tales como la sobreestimación de las relaciones ele sangre.

opuesta a su subestimación: relación ele dependencia al sol (autoctonía) opt,esta a la liberación' respecto a la tierra. La ley

estructural del mito será la clase de relación apropiada para resolver estas contradicciones.

Se aborda aquí la situación irónica ele la cual tocio este ensayo

procede: mientras que la tendencia de muchos historiadores era la de sobreestimar el carácter cronológico y secuencial del relato

' y de argumentar. por ello. contra el carácter narrativo de la

' historia. la tendencia estructuralista de los críticos literarios será

' contraria. al asignar el aspecto cronológico del relato a la única

estructura de superficie. nivel de "manifestación" como la llama

• Greimas. y de reconocer en la estructura profunda sólo los rasgos

~ acrónicos. Esta situación irónica. con sus cambios inesperados.

sugiere que el desafío común a la teoría de la historia y a la teoría del relato ficticio es la conexión entre figura y secuencia, confi-

7 Claude Lévi-Strauss, Mythologiques, Pion, París. 1964-Í971.

8 Claude Lévi-Strauss, "Teoría estructural de los mitos'. enAnthropologie structura/e,

Pion. París. 1958, pp. 227-255.

54

·

1

!

1

l

guración y sucesión. Mientras tjue en nuestro primer ensayo la

estrategia ha siclo poner en relieve la dimensión configuracional. desconocida por los argumentos anti-narrativistas en la· teoría del

conocimiento tistórico. nuestra estrategia aquí será la de subra- yar el elemento'irrecluclible y secuencial del relato. que un análisis estructural quisiera abolir o rechazar.

2. La morfología del cuento según Propp. Antes de estudiar con la atención que requiere el primer modelo ele Greimas. quisiera

decir algunas palabras sobre la primera tentativa sistemática para formalizar. si no tocio el campo entero del relato. al menos

un corpus limitag_Q pero rico. el, del cuento ruso. La morfología

·del cuento de(~ merece nuestra atención. primero porque

esta obra pionera ha inspirado tocios los desarrollos posteriores de la teoría -veremos el papel decisivo que ha jugado en la

construcción del primer modelo de Greimas-. pero también porque 'este modelo se detiene a mitad del camino sobre la vía ele una completa descronologización de la estructura narrativa. ~ Por eso. nosotros pondremos el acento sobre las razones que han

impedido. al maestro clel formalismo ruso. abolir la dimensión

lógicos que c_ulminaron en una completa descronologización ele •

las estructuras narrativas. Tomando como modelo a Goethe (que •

le proporciona el exergo de su estudio) y, más particularmente. el

trabajo de clasificación característico de la botánica. de la zoolo-

gía y de la mineralogía, Propp ambiciona llegar a ser el Linnco del folklore. En efecto. su meta era idéntica: descubrir la maravi- llosa unidad oculta bajo el laberinto de las apariencias. Este " proyecto implicaba que tocios los problemas de génesis. y en

cronológica con el fin ele comprender mejor los cambios mctodo-

general de historia. fueran subordinados a los de estructura: ··c1 análisis estructural de todos los aspectos del l'olklore e~ la

'

55

\_;·

condición necesaria ele su esllldio histór)co. El estudio de las

estudio de las reglas históricas". 9

La clasificación debe proceder de la descripción y no podemos

clasificar las cosas arbitrariamente sino según sus característi-

cas reales. renunciw1do, por lo mismo, a las clasificaciones

intuitivas. Sólo entonces podríamos alcanzar "un sistema de

signos formales" sobre el cual la clasificación se pueda estable-

, cer. Por esas razones Propp rechaza clasificar los cuentos en

, función del sujeto o de los motivos -es decir, segün las unidades

inmediatamente dadas de la historia-. Es necesario buscar en

reglas formales predetermina el

' otra parte el elemento estable-: en las [u.nciQne.s y no en los

1 personajes y su acción. A este precio, nuevas posibilidades gené-

ticas pueden abrirse, en la medida en que el analisis formal nos

cla acceso a alguna cosa como forma ?riginaria del cuento.

La ejecución efectiva clel proyecto descansa sobre un pequeño

número de hipótesis de base: "los eventos constantes y perma-

nentes clel cuento son las funciones del personaje, no importa

quiénes puedan ser esos personajes y cuál sea la manera en que

estas funciones sean cumplidas. Esas funciones son las constitu-

1 yentes fundamentales del euento". w Por función, Propp

entiende

"la acción de un personaje definido desde el punto de vista de su

1 significación

"El número de funciones que comprende el cuento fantástico

es limitado". 12 Tocamos aquí un postulado común a todos los

' formalistas. Las apariencias son infinitas, pero las estructuras

\·" subyaceni,es finitas. Encontramos la misma hipóLGsis en Dumézil.

para el desarrollo de la intriga". 11

quien repartió las diferentes apariencias de los dioses entre un

9 VJaclimir Propp. Mo1pho/og1e du conle. Seuil. París. 1978, p. 25.

56

10 /bid

11 Jdem.

12 ldem.

p. 31.

'

T

númel'o pequeño de funciones. Es lo mismo para el cuento ele

hadas. en el eual los personajes son numerosos y las variantes.

en la intriga, más diversas. Por consiguiente, nos es necesario ,

clespojar·1a acción de sus mültiples ,modalidades. separarla de sus '

actores y considerarla solamente clescle el punto ele vista de su '

contribución al encadenamiento del todo. El orden de las funciones no es cualquiera, sigue encadena-

mientos típicos; Jo que es más: "la sucesión de las funciones es

siempre idéntica". 13

sucesores ele Propp; los sucesores de Propp buscarán una lógica

del relato, y los que siguen a Lévi-Strauss buscarán reducir el

elemento narrativo a una combinatoria subyacente, que no sea

necesariamente cronológica. Las !'unciones no se excluyen ni se contradicen mutuamente;

tomadas en conjunto forman una sola historia: "todos los cuentos

fantásticos pertenecen a la misma clase en lo que concierne a su

estructura".¡,¡ En otros términos, "todas las funciones se hallan

ordenadas en una sola historia continua". Por ello es posible

considerar todos los cuentos rusos del corpus estudiado como las

variantes de un único cuento. Esta última hipótesis autoriza. a

los sucesores de Propp. a oponer estructura y forma. La forma es

la de una sola· historia; la estructura. un sistema combinatorio

mucho más independiente. referente a la configuración cultural

Esta hipótesis sintagmática dividirá a los

,.

particular clel cuento ruso. Propp no duela en declarar que su ,

análisis no tiene validez ~ara otro tipo de cuentos. como los de

Grirnrn o de Andersen y, en general. para los "cuentos artificial-

,mente creados". No considerarnos aquí el análisis al cual Propp somete la

13

, H

/bid

/bid

p. 32.

p. 33.

57

/

1,

ccntemi ele cuentos tomados ele la colección de Afanasiev. Reten-

dremos solamente los puntos que interesen a nuestra propia discusión.

Las funciones -Propp enumera tl'(~int~)'. un- son susceptibles de ser descritas. nombradas y designadas por un signo conven-

' cional: ausencia. prohibición. violación. reconocimiento. libera-

ción. fraude. complicidad. sólo para nombrar las siete primeras.

' que a los ojos ele Propp constituyen la parte preparatoria de la

' intriga. La acción propiamente dicha está ligada a una.funéión

1 que Propp llama el clai'ío. el cual cla al cuento su movimiento. Antes

del claño hay una situación inicial y aún. si esta situación no es

una !'unción. representa. s.in embargo, ··un elemento morfológico

importante". 15 La noción ele daño. hablando adecuadamente, es

una categoría creada por el mismo morfologista. Hoy la llamaría-

' mos una estructura de metalenguaje. Ella permite 'a Propp unir.

• bajo un único título. "la lista exhaustiva" de formas tales como el

rapto. el robo. el pillaje, la violación, la h_erida. la muerte. etcétera:

i

1

•' formas que para Propp no son menos de diecinueve subespecies.

, Por otra parte. el daño no cubre todas las posibilidades de la

i intriga: tiene su paralelo en una situación de falla. que igualmente

puede ciar nacimiento a una búsqueda. Pero en los clos casos algo

1 f'alla. ya sea una carencia creaela de afuera (como en el rapto) o desde adentro (corno en la penuria).

Abierta por el daño. una secuencia se clesarro_lla y sólo se

cerrará por la reintegración. Del daño a la reintegración se

desarrolla la búsqueda que pone en escena al héroe ele la

büsqueela y al héroe-víctima. Las funciones intercaladas constitu-

, yen cambios ele intriga. así como el llamado. el envío. la partida

del héroe. la revelación del mal, etcétera ·(que ponen al héroe ele

58

15 /bid.

p. 42.

,.

la búsqueda en movimiento). la detención. el descubrimiento del

secreto. la denuncia, etcétera (que concierne al héroe-víctima)

Tenemos aquí el principio ele Jo que algunos sucesores ele Propp

llamarán la "lógica de los posibles narra~ivos". 1 ? lógica que

Propp toma. todavía. del nivel clel relato subyacente a tocios los

cuentos de su repertorio. Por eso. Propp no ha podido hacer

claramente la distinción entre las series que constituyen la lógica

ele la acción y los encadenamientos que sólo caracterizan al relato

·fantástico consirlcraclo. Tornadas en conjunto. las funciones cons-

tituyen un eje único. Propp habla también '"ele las necesidades ,

lógicas y estéticas del encadenamiento. en virtud del principio ele

que ninguna · 1'unción· excluye a Ja otra y que el esquema del '

conjunto funciona como una unidad ele medida".

Es necesario hacer notar que. a pesar del carácter único del

encadenamiento. Propp ha aislado algunos modos de relación

entre las funciones que no necesariamente tienen un carácter de

sucesión: cambio entre diferentes personajes. triplicación (tres

cabezas. tres pruebas. tres hermanas. etcétera). motivaciones -a

saber. motivos y metas de los personajes- que constituyen un

elemento menos determinado que el de las funciones y sus

relaciones.

El paso decisivo se halla marcado por el pasaje de las

funciones a los personajes. Este pasaje está asegurado por el

concepto intermediario de ··esferas de acción". 17 Hay tantas esfe- '\' :

ras de acción como actores. Propp enumera siete: el malo. el 1

donador. el ayudante. la persona buscarla. el remitente. el héroe.

el falso héroe. Un personaje puede ocupar una o más esl'eras y

una e_sfera repartirse entre varios personajes. Además. cada

· , :

16 Clauclc Brcmoncl. "La logiquc eles posibles narratifs". en Communications. op. cit pp. 60-76.

17 Vlaclimir Propp. op. cit

p. 96.

59

1

¡

1

1

personaje tiene su manera ele entrar a escena: ele mostrarse. de

ser encontrado. de f'orrnar parte de la situación i(licial. etcétera.

, Existe una manera ele i1iLroducir al héroe de la büsqueda: su

nacimiento milagroso. por ejemplo. Como consecuencia de la

relación entre funciones y personajes. los atributos de los perso-

najes (sus cualiclacles exteriores} son valores variables (aparien-

cia. nombre. manera particular ele entrar a escena. estaclía.

etcétera}. Un personaje puecle reemplazar a otro segün las meta-

morfosis regladas.

Si eliminamos las variables y sólo conservamos las formas

, fundamentales. obtendremos e/relato. del cual todos los cuentos

' fantásticos son sólo variantes. Es la "proto-forma clcl cuento

fantástico". A ella se aplica la clcf'inición morfológica clel cuento

ele hadas: todo desanollo comienza por algün dañ,o o cualquier

falta. pasanclo por las funciones intermediarias. para terminar

con un matrimonio o cualquier otra función utilizada como clcscn:

1 lace. Sobre Ja base de esta forma canónica. Propp propone

retornar al origen del cuento de hadas: "la uniformidad absoluta

de cuentos fantásticos", 18 en efecto. parece

de la estructma

postular una sola fuente. Así. la misma tesis morfológica sugiere

la tesis genética y, extrapolando un poco. Propp sugiere una

relación posible con la historia comparada de 1:eligiones: cuando

11na cultura mucre. cuando también mucre una religión, sus

contenidos se transforman en leyendas. Pero para v.eril'icar esta

hipótesis, se clellcría combinar un análisis estructural con un

acercamiento histórico y un método comparativo.

Propp tam[)ién nos aclara un último problema: la relación

entre obligación y libertan en la composición del cuento. Si, en

el'ccto. el daño y la rcinlcgrnción se encuentran ligaclos por una

18 lhid., pp. 96-97

60

l relación de clcpcnclcncia mutua. como en el caso del combate y

de la victoria, los otros elementos presentan posibilidacles más

libres ele combinaciones. Lo que no es libre es el orden de las

funciones; por eso. uno se ve o[)ligado a escoger del repertorio de

variantes, realzando en cada función los personajes y sus papeles

a definir. al interior de la historia total, y concluir ésta en función

de la situación inicial. En cambio, el cuentista es libre ele omitir

ciertas funciones. de rcaliwr las que haya elegido por medios

clil'crcntcs. ele variar a los personajes ("esta libertad es el rasgo

específico de cada cuento") y. en fin. variar el estilo ele! cuento.

origen del. aMllisis cstructur.:.ll del relato. Si fuera

Tal es cJ

necesario caracterizar este acercamiento con una palabra. se ~

tendría que llamar formalista antes que estructuralista. Y. obvia-

Y

mente. la forma de la cual ha[)Ja Propp (la secuencia cle'las treinta

y un funciones) todavía no es una estructura profunda. sino un

artefacto ele la estructura ele superficie: el cuento que su[)yacc a

todos los cuentos rusos. Esta confusión entre l'orma y estructura ha sido denunciada

,

por Claudc l~évi-Strauss en una crítica

a la obra ele Propp. 19 La

'

"forma", en el sentido de Propp. es un cuento ünico. controlado

por un encaelenamiento rígido entre !'unciones en un orden

irreversible. El cuentista siempre sigue la misma ruta porque sólo

hay una: la ele/ cllento ruso. Esta forma es un tipo. en la medida

que autoriza actualizaciones variables. pero éstas sólo son varian-

tes de un mismo cuento. Por esta razón. los sucesores de Propp han intentado dar un

paso m[is allá de la apariencia secuencial. preservada por Propp.

y aclcmás construir un modelo independiente. también del orden

19 Claurle Lévi-Strauss. op. cli.

61

, cronológico. al menos cuanto sea posible. Tal es la opción abra-

1 zada por los es~ructuralistas franceses de la escuela de Greimas.

3. El primer modelo de Creimas. La sintaxis de los modelos

1 actanciales. La meta fijada es elaborar una sintaxis de relaciones

f,

 

,

mutuas entre papeles típicos. definida en el plan de las estructu-

1

ras profundas; establecer también. sistemáticamente -dentro ele

,

lo posiblP,-, las reglas ele transformación de esas relaciones

fundamentales. En lo que nos concierne. el problema es· saber

,

hasta qué punto la secuencia cronológica del relato era funda-

mental en la cadena de las funciones de Propp, pudiendo ceder

'

el paso a "una estructura acrónican. es decir. caracterizada por

'

relaciones no sucesivas. Recíprocamente. el problema es saber lo

· que resta ele "diacrónico" en el modelo. De este residu0 está

 

finalmente pendiente la calidad ··narrativa" efe! mismo modelo.

Puede suceder que en ese modelo un relato nos diga: ¿y después?.

¿y entonces? ¿Y un moclelo puede ser narrativo si no da cuenta.

en el nivel mismo ele la estructura profunda. ele esta dimensión diacrónica?

Entonces, consideremos primero la pretensión acrónica del

e

modelo actancial.

La obligación de proceder tan lejos como sea posible. sin

 

'

considerar la sucesión. cumple la primera decisión estratégica:

la ele no partir. a la manera ele Propp, de las funciones. las cuales.

\ como se ha visto. conducen inmediatamente a consideraciones

' secuenciales; en cuanto a los actores y sus esl'eras de acción.

éstas clesarrollan relaciones mutuas. que se prestan a una repre-

sentación paradigmática antes que sintagmática. Además. el

inventario de papeles en Propp es singularmente más limitado

,, que el ele las secuencias. Se recuerda que en Propp la lista de

1 papeles de base se limita a siete clases: el malo. el donador. el

ü2

ayudante. la persona buscada. el remitente. el héroe. el falso ,

héroe. Este inventario proporciona una definición actaneial del ,

cuento ruso como relato de siete personajes. El siguiente problema es saber si esta lista es puramente

,

contingente o si se funda en algún carácter universal de la acción

,

humana. Si no podemos pFoceder a una descripción exhaustiva •

de posibilidades combinatorias de la acción humana. a nivel de

superficie, nos es necesario encontrar. en el mismo discurso, el

principio ele construcción del modelo en su nivel profundo. Grei-

mas sigue aquí una sugerencia del lingnista francés Lucien •

Tesniere: la frase más simple es ya un pequeño drama que implica

_un nroceso. acto~.s y t_;ircunst_ancias. 20 Estos

sintácticos engendran las clases del verbo. los actantes (que

toman parte en el proceso) y las circunstancias. Esta estructura '

de base hace de la frase "un espectáculo que /'hamo Joquens se

da a sí mismo". La ventaja del modelo de Tesniere es múltiple:

primero. está arraigada a una estructura de la lengua; después.

ofrece una enorme estabilidad en razón de la permanencia de la

distribución ele papeles entre los componentes sintácticos. En fin.

presenta un carácter de limitación y de cierre que conviene a la

búsqueda sistemática. Intentando extrapolar la sintaxis clel enunciado elemental a

la del discurso. en virtud del axioma de homología que habíamos

evocado antes: "ya que el discurso natural no pu~de ni aumentar

el nümcro de los actantes. ni alargar la captación sintáctica de la

'

tres componentes '

significación más allá ele la f'rase. debe el~ ser Jo mismo al interior

de tocio micro-universo. es decir. no como un tocio de significacio-

nes. sino en la _medida en c¡ue pueda surgir en tocio momento.

cJelante ele nosotros. como un espectáculo simple. como una

20 Algiras .J. Creimas. Se/1/anlique suucllira/e. np c1l. p. 17:l

63

¡¡

¡i

di:

estructu,·a ;.ictancial", 21 y aün rnús lejos: "un número restringido

ele términos actanci;_ilcs es suficiente para dar cuenta de la

organización de un micrn-univcrso". 22

Esta ·extrapolación no se hace sin clil'crentes "aneolos de

.

h

orden prüctico". 23 Es más bien por una serie de tanteos, y al

término de un proceso correctivo complejo, que' Greimas lleva a

buen fin su propio modelo, del cual se puede decir que no es del

todo a priori, ni simplemente empírico, ya que resulta más bien

de la convergencia ent,·e aspectos estructurales del modelo sin-

táctico. que proveen la matriz a priori y, por otra parte, una

estructura a posleriori. derivada lncfuctivamente por comparación

entre varios corpus. pues además del de Propp, tenemos el de

Étienne Souriau, en su obra sobre las doscientas mil situaciones

clramáticas:2 4 El procedimiento puesto en marcha consiste en

elaborar una l'igura intermediada entre los papeles sintácticos y

1 los invenuirios aportados por los investigadores anteriores.

La llave de la operación reside en el empico sistemáLico de

las oposiciones /Jinarias. a la manera de ,Jakobson. en sus Jnves-

efecto. ni Tesnicre ni Propp privilegia-

ban la oposición binaria del tipo X vs. Z: en Tcsnicre se Lienen

tres papeles y en Propp siete personajes. etcétera. No se podría

insislir demasiado sobre el carácter compuesto del modelo así

elaborado, y no se podría insistir por las mezclas de maniobras.

a priori Y a posterfori, de construcciones sistemáticas y ele arre- glos prácticos.

ligaciones fonológicas: 2 sf~n

21 hlu111

22 l!Jid.

¿J /l)ld.

p.

p

17G

173

2 · 1 Étk1111c Souriau. Les dc11.\ ceo/ m1/lc s!/w111011s dramaliow·s. Flam 1 narion. París.

. l'honolugical sludics··. c11 Se/1•c1erl lli·11i11gs. \-louton. S'Gravc11-

l!.l50. 2H5 pp. 25 Roman ,bkobso11

l1agc. 1%2. p. G7!l

Este ajuste mutuo, entre el acercamienlo deductivo (regulado

sobre la sintaxis) y el acercamiento inductivo (aislado del examen

de diferentes corpus). encuentra su equilibrio en un modelQ de

seis papeles. que descansan sobre tres pares de categorías

actanciales (donde cada una constituye una oposición binaria). La

primera categoría acLancial opone el sujeto al oujct~.!_: tiene una

base sintáctica cuya forma es A e/esca B. derivfrndose de los

inventarios donde el héroe anda en búsqueda de la persona

buscada (Propp); los invenlal'ios confirman. en decto. que en la

esfera del deseo opera una relación transitiva o tcleológica; sin

embargo. Grcimas mantiene que el deseo pertenece a la estruc-

tura ele superficie y por eso no l'igura como tal en la correlación

sujeto/objeto. La segunda categoría actancial descansa sobre la •

relación de comunicación: un desLinador se opone a un destina- '

tario. Todavía aquí, la base es sintáctica: todo mensaje relaciona

un emisor y un receptor. También se encuentra el remitente ele

Propp (rey o remitente del 11éroe. etcétera) y el receptor. fusiona-

do con el héroe mismo. El tercel' eje es pragmático: opone al

ayudante con el oponente. Este eje se compone ya sea con la

relación del deseo. ya con la de la comunicación y pueden ser. una

u otra, ayudadas o impcclidas. Greimas concede que la base

.,

sintáctica es menos evidente, aunque ciertos adverbios. algunos

participios, otros circunstanciales y, por ülLimo, los aspectos del

verbo en algunas lenguas. tienen lugar en esta base sintáctica.

 

Desli1rndor

1

I'

Ayudan le

1

1

l

Destinatario

t

o

C) Oponen le

li5

 

l

¡\J.

 

En resumen. el modelo combina tres relaciones: de deseo, de

 

comunicación y de acción, donde cada una desGansa en una

oposición binaria. La simplicidad y la elegancia del modelo no

debe hace!' pe!'der de visLa el ca!'ácter laborioso de su construc-

ción. que combina un aspecto inclucLivo (recurso de inventarios

ya analizados y semi-fol'malizados) y un aspecto a priori o cons-

Lruido (aportado j>OI' las obligaciones sintácticas). Suprimiendo.

así, los procedimientos de su propia generación, el modelo bo~ra

Lambién algunas ambigüedades: sobre esto volveremos más ade-

lante, pues nos manifiestan su origen complejo: así, la noción de

objeto Liene una ciel'ta ambigüedad al tener una doble relación,

de deseo y ele comunicación, ya que el objeto es a la vez Jo que

está en juego en intercambio.

una búsqueda y lo que está en juego en un

Sea cual sea lo que el modelo conserva de su origen. se

 

distingue del modelo de Propp por su capacidad de ser aplicado.

en micro-universos variados y heterogéneos. Así, podríamos es-

' quematizar la filosofía clásica: el l'ilósol'o clásico será el sujeto que

1 apunta al mundo como objeto. el mundo será el objeto comunica-

do por Dios a la humanidad, siendo el espíritu el ayudante y la 1 materia el oponente.

 

De manera parecida. la ideología marxista puede ser figurada

p'.:lr un vertimento original: el hombre es el sujeto que desea el

objeto de la sociedad sin clases. la historia es el destinador. la

, humaniclad el clestimitario. la clase burguesa es el oponente y !él

' clase obrera el ayudante. La ideología capiLalisLa pond!'á en los

 

mismos lugélres al empresario y la empresa. el sistema econó-

mico y la empresa misma, el conjunto de medios técnicos y la gestión.

1

No es en esos vertimentos temáticos donde el teórico pone

su interés. sino en el sistema ele relaciones entre los puestos

G6

!

l

vertidos. Por eso de hoy en -adelante se hablará de actante Y no

de agente o personaje.

4. El segundo modelo de Greimas. El tratamiento "acrónico" de las

funciones. Es en el paso de los personajes a las acciones. o, en

términos más técnicos, de los actantes a las funciones, donde se

juega el destino del modelo. Reco!'demos que Propp se había

detenido en un inventario de treinta y un funciones, a partir de

las cuales del'inía las esferas de acción; luego la cadena ele las

treinLél y un !'unciones permitía definir su modelo como un relato

de siete personajes. Partiendo clel inventario más limitado de los

acLantes y, sobre Lodo. del carácter recípl'oco de todas las relacio-

nes entl'C puestos clel'inídos por los tres ejes del desQO, la

comunicación y la acción. Greimas emprende la reducción. no sólo

del número de las funciones. sino del carácter de sucesión que

se une a su enca