MUNDO 12-18

¿Smartphones en clase?
Las respuestas a la pregunta son varias, variadas, y carecen de un marco común consensuado,
especialmente en lo que refiere a los usos relacionales, los más conflictivos desde la perspectiva
del profesorado.
Efectivamente, hoy distintas comunidades autónomas debaten la cuestión, con propuestas dispares, ya sea
para integrarlos en el aula o para implantar normativas difícilmente razonables, a la vez que poco aplicables.
Muchos profesionales han vivido con
recelo la introducción de la dimensión
2.0 en los centros escolares. En ocasiones, se ha optado por priorizar el
control, situándolo por delante de la
adaptación pedagógica, con discursos que pivotan entre la dicotomía
(tecno)optimista/pesimista. Pero estamos obligados a adentrarnos en una
fase de experimentación: ¿cómo
aprovechar esta experiencia para
convertirla en influencia educativa?

Aprendamos a atender personalizada
y colectivamente los conflictos huyendo de generalizaciones inútiles,
trabajando en un clima de (relativa)
tranquilidad. Pensemos cuál debe ser
el sentido del mensaje que acompañe todo discurso de finalidad preventiva: ¿cómo ayudar a incorporar
responsabilidades progresivamente?
No estamos hablando de problemas
tecnológicos, por lo que será clave el
trabajo de aspectos como la identidad digital, las relaciones, el riesgo
de una supuesta adicción, así como
el papel de las audiencias que participan en problemáticas en la red o la
gestión comercial de nuestros datos
y privacidad.

De entrada, tengamos cuidado con
generar alarmas innecesarias. Los que
trabajamos la prevención de riesgos
con adolescentes a menudo debemos
luchar contra los discursos catastrofistas que terminan generando un efecto
llamada: se habla más, prima la desinformación y ciertos discursos acaban
institucionalizando nuestra opinión colectiva. Somos expertos en definir problemas a partir de nuevas categorías:
nomophobia, sexting, bullying, phubbing, grooming. Pero no caigamos en
el error de pensar que ciertos problemas son consecuencia de la irrupción
de internet en los últimos años: estamos tratando los problemas de siempre, con nuevas variables que los
hacen particularmente diferentes.

Tiene más sentido trabajar en los institutos para una mayor y mejor convivencia, que ofrecer charlas de
carácter tecnológico o visitas de la
policía advirtiendo sobre aspectos legales. Tiene mejor pronóstico trabajar
sobre cómo construir un buen perfil
de Facebook o Instagram, sobre las
ventajas de una buena identidad digital, que centrarse en las advertencias
sobre los riesgos de las imágenes expuestas en las redes sociales.

la red. No se trata de deshumanizar el
contacto clásico, ni de pasarnos totalmente a los escenarios digitales, sino
de complementarlos en nuestro trabajo como educadores, porque todos
estos escenarios digitales son, en
esencia, espacios de relación. De hecho, en muchos conflictos lo que ha
faltado han sido profesionales que trabajasen en procesos básicos de
detección, acompañamiento e intervención. Profesionales que se impliquen de manera activa, considerando
esta realidad como una oportunidad
para el aprendizaje.

BIBLIOGRAFÍA WEB

http://bit.ly/1b2sbZg

También estamos obligados a ajustar
nuestra mirada (adulta) a estas nuevas formas adolescentes de relación,
comunicación y convivencia. Necesitamos aprender a acompañar en línea,
estar y convertirnos en referentes en

http://bit.ly/1EEgDXr
AUTOR

Jordi Bernabeu
Servicio de Salud Pública del Ayuntamiento de
Granollers (Barcelona). Universidad de Vic
jordibernabeufarrus@gmail.com

Aula de Secundaria | núm. 13 | mayo 2015 | 41

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