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ADOLESCENCIAS DIGITALES

Jordi Bernabeu Farrús

inTroducción: nuevos conTexTos de acTuación

Afrontar la digitalidad se ha convertido en uno de los retos principales de


-
chos temas pendientes de discusión y resolución, a desarrollar en propuestas
concretas de intervención, tanto a nivel político, educativo, social, preventivo,
-

pensar sobre sus diferentes funcionalidades, actualmente habita normalizada e


integradamente en nuestra cotidianidad. Sin embargo, a pesar de los diferentes
usos generalizados que realizamos de los entornos digitales, se ha demorado
el momento de pensar activamente este impacto en cuestiones que generan
preocupaciones colectivas. Viejas problemáticas nos llegan con nuevas pre-
-
ceden en entornos virtuales, acaban siendo muy reales.
Existen diferentes posicionamientos, con las correspondientes y razona-

de posible aplicación. En este capítulo se explican diferentes aspectos recogi-


-
mular el debate conjunto. Sobre todo, para superar la idea de que participar del

sobre cómo establecer criterios de acompañamiento en nuestra acción profesio-


nal, sin olvidar las dimensiones social y comunitaria, o sobre su gestión, ligadas
a cuestiones relacionales, cívicas y de nuestras propias identidades y aspectos
troncales que afectan a la privacidad. Además del eterno debate sobre el papel
de los dispositivos y su uso en las diferentes instituciones de socialización.
No menos importante es destacar un apunte necesario: este texto se
repasa en pleno impacto del Covid. Y cómo ello ha evidenciado que de una
convivencia con internet aparentemente cotidiana nos aparecen ‘nuevas’

estos años sin respuestas a toda esta complejidad. De un entorno multi-


pantalla se puede haber acabado en un ‘colapso de contextos’1 (1). Eternas

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video-conferencias, webinars, clases y visitas online, han aportado nuevas
perspectivas con sus correspondientes crisis. Por un lado, las conexiones ‘ina-
lámbricas’ han tenido su lógica en este contexto, pero no pueden construirse
a partir de presencias alejadas. Por lo que, si se han favorecido nuevas proxi-
midades, estas no pueden generalizarse. La prioridad no ha sido construir una
clase a distancia, sino optimizar posibles acompañamientos previamente de-
sarrollados desde la relación y la ascendencia. De nuevo: la importancia del
vínculo. Por otro, el peso de la condición de la situación socioeconómica ha

unos sesgos evidentes a aquello ya sabido: a más capacidad adquisitiva, más


posibilidad de aprendizaje de calidad, con el correspondiente aumento de la

Por lo que respecta a las preocupaciones profesionales, se recogen


algunas de las más recurrentes: las consecuencias de la sobreutilización
y posible adicción; la descompensación del tiempo dedicado a otras acti-
vidades, incluidas las interacciones presenciales; su impacto en aspectos
básicos como el ejercicio y el sueño, si bien la evidencia de relaciones
causales aún se está desarrollando, sí hay ya evidencia que sugiere co-
rrelaciones con el peso, el estado de ánimo y la imagen corporal (2); el

especial relevancia a las ‘nuevas’ pornografías; nuevas representaciones


para el acoso; nuevos medios para algunas problemáticas conductuales:
apuestas online, adicción a la pornografía, etc.; el impacto con las co-
morbilidades psiquiátricas y psicológicas; los riesgos vinculados a la
sobreexposición.

de las preocupaciones adulTas a las respuesTas profesionales

Ante la humanización de la tecnología y la digitalización de la hu-


manidad el debate nos invita a hacernos preguntas que no pueden quedar
carentes de respuesta: ¿‘Conectamos’ con los usos que hacen los adoles-
-

se puede caer fácilmente en el error de reducir todas estas cuestiones en


meros problemas tecnológicos, cuando son cuestiones básicas de ciudada-

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-
ción siempre es una tentación –propone un descanso al esfuerzo de pensar
y sustenta las dinámicas de ‘a favor o en contra’–, en este capítulo se pro-
ponen algunos ejes de discusión desde una perspectiva multicomponente.
En primer lugar: hablamos de conexiones, de espacios de relación,
no de dispositivos móviles. Que al mismo tiempo nos obliga a repensar
cómo promover el sentido comunitario. Se propone entender la red como

profundizar en los usos complejos, pensando y repensando aspectos como


identidad, comunidad y alteridad. Al mismo tiempo, y apelando a la com-
plementariedad: no hay red sin calle ni calle sin red. El cambio de mirada
propuesto es no abordarlo como dos realidades paralelas. Y puestos a tener
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lidad para comunicar socialmente, vehiculizarlas para canalizar malestar,
y trabajarlas como elemento que puede ayudar a supervisar y cuestionar
ciertos ejercicios de poder.
-
-
les. En las familias en las que el padre y la madre tienen niveles educativos
más altos, se reduce drásticamente el consumo de televisión y, algo menos,
-
diano del móvil o la consola de juego. La situación socioeconómica de los
usuarios cada vez explicará mejor las diferencias en el uso de las TIC. Se
ha pasado de la brecha digital por cuestión de edad a la brecha digital por
cuestiones socioeconómicas. Las diferencias entre ‘los que materialmente
pueden y los que no pueden acceder a las TIC’ se irán ensanchando, y esto

Es evidente: existen diferentes lógicas de uso, acceso y calidad de uso.

escolar –sobre todo por lo que respecta a las oportunidades– correlaciona


directamente con las desigualdades.
Todo esto nos lleva a tener que garantizar la accesibilidad a aquellos

o no de dispositivos, ni necesariamente en la cantidad de horas conectado,


sino en que este uso no sea acompañado, supervisado y utilizado como
elemento de trabajo y producción. Por ello proponemos tres ejes de parti-
da: los dispositivos que se utilizan, las oportunidades de acceso (quien los
acompaña en su aprendizaje) y la calidad del uso (capacidad para elaborar
usos complejos).
Tercero: las problemáticas digitales. Tampoco caigamos en ‘mantras’
como ‘ser esclavos del móvil’, ‘estamos todos enganchados’ o ‘son nuevas

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patologías’. Se debe poder explicar esta realidad cambiante, inicialmente,
sin recurrir a la explicación patológica. Para los que se exceden en su uso,

de entender los problemas derivados de las tecnologías como síntoma de


un problema de base y no causa del mismo. Es decir: nos ‘enganchamos’
al móvil o a las relaciones online para suplir otras carencias muchas veces,
nuevamente, ligadas al yo y la cuestión social. Muchos estudios observan
cómo aquellas personas que acaban utilizando las pantallas problemática-
mente correlacionan con sintomatología afectiva y ansiosa (4). Traducido
coloquialmente: aspectos como estar triste, deprimido, sentirse solo o po-
nerse muy nervioso ante el contacto social son los que acaban por deter-
minar la aparición o no de problemas.

la participación, es conducido por las estrategias de mercado. Se convierte


en una buena y bonita oportunidad para trabajar aspectos relacionados con
la protección de nuestros datos, derechos y, por extensión, de nuestra pri-
vacidad. Por eso hay que trabajar la red como un entorno que lo sabe todo
y que no borra. Aspectos como identidad digital, exposición, intimidad,
etc. devienen referencias básicas de trabajo. Tanto en un aspecto preventi-
vo (‘cuidado con lo que cuelgas’) como constructivo (‘una buena manera
de garantizar una buena gestión es conocer un uso positivo’).
Por tanto, el análisis de estas adolescencias conectadas nos plantea
que nuestra acción profesional debe pensar de forma colectiva cinco di-
mensiones: las identidades, las relaciones, el impacto de la sobreutiliza-
ción, la visión crítica y la participación.

‘forMaMos nuesTras herraMienTas, y luego esTas nos forMan’

Con esta frase, McLuhan (Understanding Media: The Extensions of


Man)2 abrió –1964– un conjunto de cambios que a día de hoy han condi-
cionado la aparición de la ‘persona conectada’. El uso del entorno digital
por parte de adolescentes se convierte en una práctica totalmente normali-
zada: cotidiana –en permanente conexión–, funcional –ocio, rendimiento
-
rivados se perciben como consecuencias no esperadas–. He aquí algunas
características de estas generaciones:

2
La forma de un medio en cualquier mensaje crea una relación simbiótica en la que el

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• Están equipadas con dispositivos potentes. Preferentemente portá-
tiles y siempre con conectividad. Que, simultáneamente, son multi-
funcionales: conversación, almacenamiento de imágenes, agenda y
organización, juegos, mensajería, tareas escolares, etc. (5).
-
conectividad imprescindible, uno de los retos profesionales debe ser

• Con aplicaciones ‘estrella’: Instagram, Tik-Tok y Youtube han aca-


3
(6).

uso de las pantallas lo asocian con actividades lúdicas; a la femeni-


na, con su función relacional y conversacional (7).
• Con un uso cada vez más precoz. Si bien en años anteriores se aso-

digitales como rito de paso a la adolescencia –que se asociaba con la


entrada a la secundaria obligatoria–, actualmente las edades tanto de

• Con una supuesta capacidad multitarea. La posibilidad de hacer va-


rias cosas a un mismo tiempo se vive desde la normalidad (estudiar
mientras se consulta el móvil). Pese a que como explican diferentes
estudios no se debe confundir la agilidad en el cambio de tarea con
la capacidad de atención profunda (9).
• De aprendizaje ‘autónomo’. Algunas generaciones no han tenido

digital recibida: basada en la lógica de los riesgos y peligros (10).

si disponen de perfil (en las redes sociales, los juegos online,


a las plaTaforMas digiTales), ‘exisTen’

La creación de la identidad de los adolescentes, en la mayoría de los


casos, se ha construido desde estas arquitecturas digitales. Por ello, se con-
templa la dimensión digital como algo inseparable de su realidad social
global: cómo se muestran en las pantallas puede explicarse como una ex-
tensión del ‘cómo son’, al igual que lo es cómo se muestran por la calle,
en el instituto, en su domicilio o en sus salidas. Esto, lejos de vivirse como
un inconveniente, se vive a menudo como una necesidad que tiene algunas
contrapartidas negativas.

3
Estas tres aplicaciones se han consolidado en los últimos años como las más utilizadas

en forma y contenido al del público adulto.

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-
do la existencia de una excesiva distancia entre el self real y el self ideal
explica algunos problemas. Es decir, me presento condicionado más por
cómo quiero que me vean que no por cómo realmente soy (11).

online, o de contenidos en youtube, por ejemplo, son dimensiones iden-


titarias complementarias que abren un gran abanico de posibilidades. Al
mismo tiempo, la gran presencia de normas «no escritas», estereotipos, co-

Por ende, la exponencialidad de la red, su velocidad a la hora de trans-


mitir los contenidos y la dimensión que pueden coger pueden convertirse

gestionan de forma problemática.


Así, en su construcción como personas la inevitable digitalidad cum-
ple diferentes funciones: existir; participar (grupalmente); informar e in-
formarse (enterarse y descubrir); relacionarse (interacciones); reconocer-
nos (hacemos likes, entre otras posibilidades) y hacernos reconocer (nos
hacen likes, validándonos). A la vez que se utiliza un estilo muy común:
explicarse (narramos), llegar a ser autores y ser protagonistas.
Estas adolescencias se caracterizan entonces, en relación a los entor-
nos digitales, por: ser digitales, se piensa, se accede a la información, se

en línea conectados o conectadas a varias realidades, que se es adolescente


en la medida que se está online; formando parte de diferentes grupos (ado-

una vida en red–; ser visibles, reconocidos o reconocidas y en constante


interacción con respecto sus acciones. La virtualidad se vuelve real, y la
realidad inherentemente digital. Por lo que ya no tiene sentido hablar en

no cumplen su función cuando se viven estas dos realidades como inde-


pendientes.
online
de huir de la dicotomía mundo virtual-mundo real. Conlleva trabajar des-
de dos realidades, complementarias, fusionadas y que actúan como vasos
comunicantes.

una idenTidad que se consTruye desde la relación, ‘no esToy solo/a’

Como se exponía en la introducción: no es solo un tema de aparatos


y aplicaciones, sino de conexiones. Las redes sociales se convierten, en
clave adolescente, en relacionales. Se está en línea en el momento en que
se está con otras. Incluso en aquellos usos tecnológicos en que no es tan

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evidente (como por ejemplo, los videojuegos) la dimensión relacional es
clave. Los y las adolescentes disponen de muchos dispositivos, así como

entienden los usos tecnológicos sin conexión a la red. Aunque a más edad
-
va y relacional.

línea roja que separa conectabilidad de disponibilidad. Se conforman nue-


-

receptáculos (de malestares, de gestión del tiempo), y nuevas fuentes de


relación, diversión y gestión de la cotidianidad (con todas sus derivadas).
En este sentido, una gran preocupación ha sido la posibilidad de reci-
bir algún tipo de agresión por parte de terceras personas. Sin embargo, la
gran mayoría de riesgos y problemáticas a las que se exponen tienen mu-
cho más que ver con situaciones cotidianas y que pueden parecer, a prime-
ra vista, de menos importancia: mantener una reputación digital, acceso a
contenidos para los que no está preparado o preparada a nivel madurativo,

de una uniformidad en base a estereotipos, y muchas otras. A menudo,


los malestares adolescentes tendrán mucho más que ver con situaciones
y fricciones relacionales del día a día y con los problemas que se puedan
derivar. Estas nuevas maneras de comunicarnos, relacionarnos y presen-
tarnos al mundo que nos propone internet se han convertido para muchos
adolescentes y jóvenes en fuente de felicidad, pero al mismo tiempo de
problemas. Ciberbullying (acoso escolar entre amigos), sexpreading (re-
envío de mensajes con contenido sexual sin el consentimiento de la perso-
na que aparece con la intención de generar un daño), grooming (ciberacoso
a menores por parte de personas adultas), son palabras cada vez más fre-
cuentes en los medios, pero que además necesitan un acompañamiento y

A nivel preventivo, para evitar intervenciones posteriores, se remarca


la especial relevancia que adquieren las lógicas grupales y comunitarias.
Recordemos que se ha de comprender la red como algo más que una suma
-
dad, comunidad y alteridad.
Lo que es deseable o esperable en estas nuevas formas comunitarias
está en creación y evolución constante y a menudo carente de referencia-
lidades positivas, así que la experimentación, los errores o las situaciones
no esperadas o deseadas pueden ser una constante. Concluyendo: tampoco
se trata de si deben ‘estar’, sino que estas presencias deben estar acompa-

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no acabar siendo absorbidos por la necesidad inmediata de una reacción
emocional cuantitativa.

nuevas represenTaciones de Mercado y diversión

Una de las prácticas en los entornos digitales que ha ganado visibilidad


y protagonismo en los últimos años son los video-juegos, especialmente
en su modalidad online; especialmente presentes en la pre-adolescencia y
adolescencia temprana de los chicos, progresivamente están concentrando
y monopolizando gran parte del ocio y el consumo en el tiempo libre, junto
con plataformas de contenidos audiovisuales llamados «a la carta» como
son Youtube o gamer o youtuber son
actualmente ocupaciones (e identidades) a los que una gran parte de los y
las adolescentes aspiran para un futuro inmediato y como proyecto vital.
Ahora bien, si entendemos la red como un espacio de relación, la en-

por pensar cómo incorporamos la dimensión digital a nuestras inquietudes

Habitualmente las herramientas de participación no dan cabida a los


realizados por adolescentes; sea por su lenguaje, sus tempos o los medios
que se utilizan, o sea por imperativos legales, los adolescentes participan

asumido acríticamente este hecho como característico de la etapa vital; en


cambio, las plataformas digitales están llenas de espacios de interacción,
propuestas, iniciativas, lideradas por esta misma adolescencia que abarcan
una multitud de temas y de grados de participación.
Si reproducimos lógicas que se basan solo en el consumo, o en la pro-
ducción dirigida al consumo, no se habrá de extrañar que las máximas as-
-
jo y que de contrapartida tiene muchas vertientes positivas) ser
o youtubers (en temas que tendrán que ver con la moda, o los «estilos de
-
rentes de estas generaciones.

¿idenTidad vigilada, conTrolada? ¿por quién y para qué?

El hecho de estar conectado ya genera, per se, datos. Cualquier pági-


-
truir estudios de mercado, de datos que generan riqueza a otros contextos,

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de informaciones de tipo personal y / o ideológico. Un nuevo mercado que
se llama Big Data.
Ante este nuevo modelo de comercio de la atención –nos diría Tim
-

pesar de la lógica de la participación, es conducido por las estrategias de


mercado. Por eso hay que trabajar la red como un entorno que lo sabe
todo y que no borra. Que, bajo excusas de análisis de mercado o seguri-
dad de estado, controla y monitoriza comportamientos. Aspectos como
identidad digital, exposición, intimidad, devienen referencias básicas de
trabajo. Tanto en un aspecto preventivo como constructivo. Haremos tam-

La digitalidad comporta control. Siempre hay quien recoge toda nues-


tra información. Otra cosa es hasta donde podemos dejar que nos contro-
-

generar datos para ser acumulados (13). A nivel socioeducativo, o desde


nuestras intervenciones, dejando claro que detrás de toda esta nueva esfera
de construcción de identidad, ocio, relación y participación hay una gran
idea de negocio. Es importante trabajar la ‘huella’ que genera su actividad
en la red.

los probleMas que se puedan generar en idenTidades en crisis

El uso generalizado e intenso de las nuevas tecnologías (internet, re-


des sociales, móviles, videojuegos, juegos en línea) por parte de los niños
y los adolescentes genera una inquietud creciente entre los familiares y
los profesionales. Y en este marco es donde debemos ser especialmente
prudentes en distinguir un uso problemático (vinculado a una sobreutili-
zación, probablemente) de un trastorno adictivo, con indicadores claros
clínicos, que en la mayoría de ocasiones aparecen comórbidos a otras pro-
blemáticas. Enfrentamos a menudo el exceso de uso de pantallas de una
forma dicotómica: entre la normalización absoluta y la relación patológi-
ca. Ni todos los excesos son «normales» ni todos son adicción.
El trastorno de adicción vinculado a internet es un tema complejo4. Si
bien es cierto que existen numerosos ejemplos de uso problemático (en cuan-
to a dependencia, principalmente) todavía existen diferentes perspectivas

CIE11 estando establecida la fecha para su entrada en vigor el 1 de enero de 2022.

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sobre lo que es o no un comportamiento adictivo asociado a su uso. Existe
cierto consenso en torno a la utilización de los conceptos ‘sobreutilización,
adicción o dependencia’, pero se debe profundizar si estos problemas se
convierten en causa o síntoma de un trastorno de base.
La evidencia explica la presencia de dos grandes perspectivas: por un
lado, los trastornos exteriorizados (conductuales) o interiorizados (afecti-
vos y relacionados con la ansiedad) (14). De la experiencia subyace que
-
plirían la función de ‘refugio’ o ‘válvula de escape’: ansiedad social, de-
presión y soledad emocional emergen como grandes factores explicativos

Si se parte de la hipótesis que la adicción –a videojuegos, a las redes

con entidad propia, el entorno digital y el uso concreto asociado se conver-


tiría en elemento causal para la aparición de unos problemas determina-
dos. Paralelamente, si existe un trastorno de base que desarrollaría el uso
problemático de internet se convertiría en síntoma de otra psicopatología
o problema de salud mental que lo precedería (aislamiento, falta de rela-

del tiempo se acabe aplicando el modelo de ‘patología dual’, conocido en


el ámbito de las adicciones a sustancias: los trastornos de salud mental y

su desarrollo (16). Será especialmente importante porque es muy probable

tener que ser abordado por sí mismo.

a Modo de epÍlogo: breve decálogo de responsabilidades profesionales:


¿qué ideas para qué acoMpañaMienTo?

1. Observar activamente con una mirada inicialmente ‘tranquila’.


-
deración y prudencia.
3. Plantear la complementariedad –presencial-digital– como algo
implícito.

y jóvenes. Construir red juntos: participar como forma de apren-

razonables y posibles en las distintas instituciones de conviven-


cia.
5. Enfatizar los usos positivos.
6. Trabajar la identidad digital. Y las diferentes identidades. Cons-
truidas en relación a otras.

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8. Presentar un discurso crítico entorno a nuestra privacidad, datos
y derechos.
9. Trabajar y detectar factores de riesgo de la adicción, y su corres-
pondiente intervención.
10. Desarrollar legislaciones que protejan a las personas usuarias. Es-
tablecer protocolos de seguridad en acceso a contenidos desde la
perspectiva de los usuarios.

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