ADICCIONES.

JUVENTUD

El acompañamiento
socioeducativo
a adolescentes
consumidores de
cannabis en tiempos
de crisis

Resumen

L

a lectura sobre cómo estamos viviendo los usos
adolescentes de la marihuana es (casi) siempre
motivo de polémica: muchos consumo se leen
como un problema; con visiones manipuladas; nos
resistimos a aceptar que existen diferentes niveles
y gravedades, y no todos son problemáticos; polarizadas: o se abstiene o se abusa; y utilizados como
pretexto y excusa de otras problemáticas sociales y
estructurales. En la mayoría de ocasiones se realiza
un análisis de la realidad de las personas adolescentes, del fenómeno del consumo de drogas y de
la prevención en general bajo parámetros propios
de épocas pasadas. Y el escenario actual ha evolucionado bastante: tanto en la propia adolescencia
y el propio consumo, las preocupaciones sociales,
las perspectivas de futuro –por lo que se refiere a
la más que posible regulación a medio plazo–, etc.
Sin olvidar la actual situación social en tiempos de
crisis.

Accompany adolescent
cannabis users in times
of crisis

Palabras clave
Adolescencia, prevención de drogas, reducción
de riesgtos, crisis, políticas.
Abstract
If we read about how we are living teenagers use
of marijuana is (almost) always cause for controversy: many consumer read like a problem; with
manipulated visions; we refuse to accept that
there are different levels and gravities, and not
all are problematic; polarized: either abstain or
abused; and used as a pretext and excuse from
other social and structural problems. In most
cases is done an analysis of the reality of adolescents the phenomenon of drug use and prevention under specific parameters of the past. And the
current realityt has evolved enough: both teens
own their own consumption, social concerns, the
prospects –for regard to the more than possible
medium– term regulation, etc. Without forgetting
the current social situation in times of crisis.

Jordi Bernabeu Farrús
Psicólogo. Servei de Salut Pública. Ajuntament
de Granollers.Universitat de Vic. Facultat
d’Educació

Keywords
Adolescence, drug prevention, risks reduction,
crisis, policies.
19

ADICCIONES. JUVENTUD

Adolescentes en tiempos de
crisis y María

acaban calando en el imaginario colectivo: emprender y esforzarse como motores del cambio.
Cualquier contexto de crisis se acompaña, consecuentemente, de demandas de esfuerzo colectivo. Enmascaradas en las últimos años con los
recortes. Y que algunos ciudadanos aceptamos
resignados a pesar de la flagrante promiscuidad
entre poder, políticas neoliberales y corrupción.
Si se nos propone la cultura del esfuerzo para
superar la actual crisis, recordemos que ésta no
sólo es económica. Causada entre otros factores,
por la voluntad de pocos de conseguirlo todo.
Cuando el sistema ya no funciona puede resultar
cínico apelar al esfuerzo colectivo para recuperar los destrozos que nadie quería ver mientras
la burbuja de la opulencia iba creciendo. Ya que
ansiamos una puerta de salida a las dificultades
actuales, no perdamos la capacidad crítica ante un
nuevo y esperado ciclo de bonanza.

Si comparamos las adolescencias actuales con las
que vivimos los adultos de ahora, veremos claramente que las cosas han cambiado. Y mucho: el
papel de la familia, la escuela, lo político, la dimensión social y económica, la transición al trabajo, lo
mucho que se alarga el período adolescente, etc1.
Durante los últimos años nuestros futuros adultos
han dependido cada vez más de la soberanía del
mercado, el individualismo y de nuestra patológica
(hiper)protección. Nuestras ramplonas fórmulas
comunicativas han provocado que los chavales
cada vez nos vean como adultos y profesionales
más alejados y lo que es peor, menos referentes.
Sobre todo en un momento en el que se reformulan las lógicas de relación e información de estas
generaciones hiperconectadas.

Tiene sentido hablar de esfuerzo siempre y
cuando reconozcamos y explicitamos que las
actuales desigualdades sociales y educativas y el
origen social van más allá que cualquier alegato a
favor las capacidades individuales. Es evidente que
el éxito no sólo es una condición ni individual ni
biológica. Va muy ligado a las condiciones sociales
de vida. El mismo sistema reproduce las desigualdades y evita su responsabilidad apelando al individualismo. Tiene sentido hablar de esfuerzo,
al tiempo que ligarlo con el binomio privilegiados
y desfavorecidos. Pocos chavales son los afortunados que, a pesar de tenerlo todo en contra,
acaban superando las dificultades y triunfante
según los parámetros establecidos. Como nos ha
avisado en ocasiones Jaume Funes “el problema
no es ser pobre, sino que es cuando se da por
hecho que a uno le pasa porque uno le ha tocado
serlo”3. Evidenciando afirmaciones actuales con
poco criticismo detrás. Siempre hay sectores más
favorecidos que los demás. Los recortes en educación, sanidad, las retiradas y restricciones de los
subsidios, ayudas y becas, al tiempo que la escasez
de ayudas sociales y la subida de tasas y de im-

En épocas de dificultades reales hemos visto los
resultados de la burbuja de la hiperprotección.
Hace años que domina un discurso excesivamente
proteccionista. Niños, adolescentes y jóvenes
tratados como verdaderos tesoros y sobre los que
hemos velado para que no les haya faltado nada2.
Mientras hemos vivido en la abundancia hemos
exagerado la seguridad, no necesariamente
material, dejando de lado algunas cuestiones para
debatir y pensar: ¿no estábamos frenando su capacidad de autonomía, dificultando la asunción
progresiva de responsabilidades, o haciendo de
cualquier riesgo un problema? Una vez petada la
burbuja, puede que apostamos por un discurso
más autocrítico. No valen los discursos retrógrados. Sobre todo aquellos que nos recuerdan que el
pasado educaba mejor. Y que disponíamos de más
y mejores valores.
Uno de los riesgos asociados a épocas de crisis
es la recuperación de viejos discursos que, vacíos
en contenido, proyectan términos de moda, que
1. Los hijos de la desregulación. Jóvenes, usos y abusos en los
consumos de drogas (CEAPA-Cruz Roja, 1999).
2. La generación premeditada y la sociedad tecnológica: el
cambio social y la necesaria adaptación conceptual. Domingo
Comas Arnau. Sistema: Revista de ciencias sociales ISSN 02100223, Nº 197-198, 2007, págs. 121-142.

3. [En línea]: Jaume Funes (2013): Com es pot interpretar la
realitat d’avui dia en clau ètica? http://www.slideshare.net/
JaumeFunes/com-analitzar-ticament-la-realitat-actual

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puestos aumentan de manera directa estas desigualdades. Martínez-Celorrio y Marín (2013)4 nos
alertan de que “el ascensor social funciona, pero
no llega a los extremos superior e inferior (...) Los
niños pobres tienen catorce veces más probabilidades de no cursar estudios postobligatorios que el
resto”. En un mundo tremendamente desigual, no
tiene el mismo valor esforzarse en función de cual
sea nuestra posición social. Para más depresión,
posteriormente, afirman: “Este incremento de las
desigualdades costará mucho paliar y superar una
vez salidos de la crisis y resituados ya del todo en
el mapa de la globalización. Pero costará mucho
más si ahora se desinvierte en educación, ciencia e
innovación, auténticos conductores (drivers) de la
recuperación económica”.

disminución, consecuencia, principalmente, tanto
de la precaria contratación como del exilio laboral
al que se han visto obligados miles de jóvenes.
Un casi obligado ejercicio social y esfuerzo que la
Ministra de Trabajo significó con el cínico término
de “movilidad exterior”6. Posibles consecuencias: depresión o cabreo social. Con sus consiguientes respuestas: pasividad o rabia. Un interesante estudio de Giuliano y Spilimbergo (2009)7
nos enseña como aquellas personas que han
vivido épocas de recesión económica durante su
juventud tienden a favorecer un papel redistributivo e integrador del Estado para reequilibrar las
desigualdades generadas por la economía. Con un
elemento importante: vivir períodos de inestabilidad estructural en estas etapas correlaciona con
un alto nivel de desconfianza hacia las instituciones de gobierno. Por lo que habría que empezar
a encontrar algunas respuestas a determinadas
preguntas: ¿cómo responder a esta situación de
complejidad y de carácter estructural? ¿Cómo favorecer empleos que generen motivación? ¿Como
dar respuesta a una situación compleja de malestares y dificultades, sin centrarnos en el consumo
como fuente de éstos?

Todo ello conlleva que se realicen discursos que
acaban siendo los socialmente dominantes, simplificando aquello complejo: el consumo se vive
como generalizado, normalizado, de fácil accesibilidad, en constante aumento, en edades más
precoces y vivido como consecuencia de una mala
gestión en el ámbito de la decisión personal, la
relación grupal, el contexto social y una supuesta
pérdida de valores proyectados en el hedonismo
y la prioridad para el consumo fácil. La hoja de
María no debe hacer sombra a problemas más
graves y serios de los jóvenes y adolescentes.
Más cuando en  España, para los menores de 25
años, el desempleo se sitúa en un 49,5%5. Traducido: uno de cada dos jóvenes de menos de 25
años en situación de poder trabajar no encuentra
trabajo. Y los recortes en educación y la LOMCE
ponen en peligro la supervivencia de itinerarios
formativos y empleos para adolescentes excluídos del camino académico. En este sentido, los
recientes datos aportados por la última Encuesta
de Población Activa (EPA) nos enseñaban como
durante el último año, la tasa de actividad entre
los jóvenes de 16 a 24 años ha sufrido una leve

La acción educativa y preventiva
En cuanto a las drogas, actualmente el panorama
es diferente al de años atrás. Así como las nuevas
formas de exclusión e inclusión social. Nos recuerdan las encuestas (que a menudo se utilizan para
criminalizar), y también muchos profesionales que
conocen chavales (porque trabajan con ellos desde
su día a día, en la calle, en la red ...) que tenemos
una generación de adolescentes, en comparación con sus precedentes, bastante tranquilos,
conscientes y responsables en cuanto a drogas se
refiere. Analizando con algo de detalle los últimos
6. El País. 17 de abril de 2013. Báñez llama “movilidad exterior” a la fuga masiva de jóvenes del país. http://economia.
elpais.com/economia/2013/04/17/actualidad/ 1366187892_
058898.html
7. Paola Giuliano, Antonio Spilimbergo (2009).
Growing Up in a Recession: Beliefs and the MacroeconomyNBER
Working
Paper
No.
15321
.

4. Xavier Martínez-Celorrio Antoni Marín Saldo (2013). CRISIS,
TRAYECTORIAS SOCIALES Y EDUCACIÓN Análisis longitudinal
del PaD (2003-2009)
5. Encuesta Población Activa. Trismestre 1/2015. http://www.
ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176918&menu=ultiDatos&idp=1254735976595

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estudios Estudes 2012-2013)8, nos indican que
entre los estudiantes, se registra una caída del
consumo a partir de 2004 para todos los indicadores temporales. Se observa un ligero descenso
de la continuidad en el consumo (número de
personas que han probado la sustancia alguna
vez en su vida y han continuado su consumo en
el último año y en los últimos 30 días). “Así pues
tenemos, por un lado, unos chicos y chicas relativamente tranquilos en cuanto a su relación con el
cannabis, y un posterior discurso que mantiene la
alarma, que no alerta, sobre éste.

a mensajes claros, cercanos y que generen responsabilidad? ¿Como establecer mecanismos de
seguridad hacia prácticas problemáticas? ¿Como
agrupar información, conocimiento, experiencia,
utilidad de la información? ¿Cómo evitar que el
modelo de “la información objetiva y de carácter
científico” sea el dogma dominante?
Es bastante presente que en el contexto de intervención preventiva con adolescentes, básicamente el escolar, se priorice la visión sanitaria
del consumo y de las consecuencias legales por
delante de una más centrada en la toma de decisiones y cómo pensar en los propios proyectos vitales
(personales y colectivos). Un buen ejemplo es el
aumento de demandas de los centros de secundaria de sesiones conducidas por personal sanitario
y de los cuerpos de seguridad bajo el paradigma
de la información (necesarias pero no suficientes).

El consecuente discurso preventivo y de atención
difícilmente responde a estas necesidades más evidentes: ¿cómo hacer que aquellas personas a las
que nos dirigimos nos escuchen, o que les resultemos útiles? ¿Cómo pasar de grandes campañas
8. Encuesta estatal sobre usos de drogas en enseñanzas secundarias. (ESTUDES) 2012/2013, España. http://www.msssi.
gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=3218.

Otro ejemplo de intervención muy presente
en los últimos años ha sido el desarrollo de
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medidas educativas dirigidas a personas adolescentes sancionadas por consumo de drogas,
como respuesta a la vigencia de la ley 1/92 de
Protección de Seguridad Ciudadana (popularmente conocida como Ley Corcuera) y de su
aplicación. Debido al propio contenido de la
presente ley, de dudosa eficacia, estas medidas
educativas son entendidas a menudo como “reparadoras” o “correctoras del hecho causado”.
De aquí surgen visiones diversas, incluso contradictorias, de los procesos vinculados a la intervención educativa, psicológica y social. Nos basamos
en la antigua idea propuesta por Funes (1987)9
de que la pretensión educativa del programa es
“ocuparse adecuadamente y en los momentos
útiles de que los adolescentes reciban respuestas,
especialmente cuando sus comportamientos no
son socialmente aceptables, y mejor aún, cuando

más allá de incomodar socialmente, pueden convertirse en destructores de su propia persona”.
Debemos pensar en algunas ideas para la intervención, a pesar de ser conscientes de que este
discurso no coincida con el de algunos profesionales. Ni de muchos ciudadanos:
En primer lugar, habrá que repensar qué significa prevenir. No es sólo evitar el consumo, ni sólo
fomentar la abstinencia. También se potencia la
responsabilidad, la toma de decisiones, la autonomía. Y evitarse problemas. A menudo son criticadas las estrategias de reducción de riesgos cuando
son aplicadas a adolescentes. Parece que ser
menor de edad debe ser la excusa perfecta para
abstenerse, apelando a cuestiones propias de la
maduración de este ciclo vital, a la vez que dando
afirmaciones científicas para confirmar estos planteamientos. En cualquiera de los casos, e independientemente de cuáles sean las opciones profesionales hacia el consumo, estamos obligados a
plantear propuestas de convivencia en la línea de

9. González, C., Funes (1987). Delincuencia juvenil; justicia e
intervención comunitaria. Los Papeles de Estudios y Formación. Departamento de Justicia. Generalitat de Cataluña.

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del consumo. La experiencia nos dice que muchos
adolescentes regulan su consumo en función de
sus ocupaciones, y las propias motivaciones en
estas. Por lo que depende qué casos sólo necesitarán pautas preventivas. Otros quizás requerirán
atención y seguimiento. Existen diferentes grados
de problematicidad. No podemos agruparlos por
igual.  La abstinencia (no fumar) no puede ser la
única manera de regularse.

reducción y gestión del propio consumo. ¿Por qué
nos cuesta tanto aceptar esta filosofía como base?
¿Somos conscientes del fondo del discurso de esta
filosofía de trabajo?
No se trata de un trabajo concreto, sino de una
línea de intervención que puede hacerse presente
en cualquier actuación (conversaciones, talleres,
materiales, etc.). Es un punto de partida: cómo
consumes y seguirás haciéndolo, primero reducimos la posibilidad de aparición de problemas;
implica posicionarse de una forma concreta ante
la persona consumidora: de manera que se sienta
respetada y aceptada, por lo que permitirá introducir información mucho más permeablemente,
y sigue contemplando la abstinencia como la
manera más segura de evitar problemas con las
drogas.

Y si fuman porros, qué?
Entendemos que ante un adolescente consumidor de cannabis debemos ofrecer respuestas educativas, que tengan por finalidad responsabilizar al
propio sujeto hacia el tema de las drogas u otras
cuestiones de su vida a la vez que acompañarlo
en su proceso de desarrollo. Nuestra intervención adulta pasa, principalmente,  por estar allí,
convirtiéndose en referentes útiles promoviendo
responsabilidad y autonomía.  Paralelamente, es
obligación nuestra ofrecer los servicios y estrategias propias de reducción de riesgos y prevención
selectiva e indicada para favorecer que se realicen
consumos con los menores problemas posibles.
Asimismo: favorecer procesos de reflexión en
torno al empleo del tiempo y la relación de perspectivas entre el presente y el futuro a cortomedio plazo. Y cuanto más se tenga en cuenta la
dimensión comunitaria, mejor. Esto es: conocimiento y acompañamiento a recursos, implicación
en su barrio-pueblo-ciudad, etc.

En segundo lugar, trabajamos pensando que
nuestro papel profesional es el de convertirse en
referentes positivos (Funes, 2010)10. Necesitan
personas adultas que respondan con confidencialidad y sinceridad a sus preocupaciones. Que no
les repitan los discursos que en algunos contextos
no han parado de repetir. Que sustituyan la intranquilidad que supone el conocimiento de determinadas maneras de hacerlo –y que suponen un
riesgo–, por la confianza en la eficacia y competencia de sus recursos. Sin olvidarnos de la previa
más importante: para influir con cierta lógica en
la vida de alguien antes debes haberte convertido
útil y referente para éste.
En tercer lugar: el origen de los problemas tiene
focos diversos. Dicho de otro modo: detrás de
muchos consumos problemáticos esconden otros
problemas. Básicamente de relaciones sociales,
con uno mismo y con la familia. Aparecen, sobre
todo, cuando se mezclan estilos de vida y malestares asociados con el propio consumo, y ciertos
hábitos adquiridos. Por lo que tiene sentido
que  la mayoría de intervenciones se centren en
las dinámicas familiares y las del propio adolescente/joven en cuanto a empleos, relaciones
sociales, etc. Olvidándonos a menudo del papel

Habrá que “vender” la abstinencia como una de
las herramientas más seguras para evitarse problemas. Y no, en cambio, la única, y punto. Pues
negaremos una realidad presente y que seguirá
siendo. Ante un mensaje ineficaz-y poco realistatipo “No a las drogas” habrá que educarlos en
la responsabilidad. Y esta no sólo pasa por ser
abstinente, sino para hacer un buen uso de la
prudencia, la consecuencia y el sentido común
(“¿común?”). Además, podemos aprovechar para
educar y potenciar el sentido crítico como buena
manera de hacer frente al consumo –de todo, no
sólo de cannabis–, auténtica piedra filosofal de la
adolescencia.

10. Funes, J. (2010). 9 ideas clave: educar en la adolescencia.
Graó.

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Tendremos que hacerles ver que su consumo
tiene poco que ver con los tratamientos de enfermedades como el cáncer, y que la “necesidad” de
relajarse –una de las excusas recurrentes– va condicionada también a depende que responsabilidades. Habrá que intentar que entiendan que tienen
obligaciones formales –principalmente, académicas– y que deben aprender a gestionar su tiempo
libre de manera que no afecte a su día a día. Y
hacerles ver que madurar empanado, haciendo un
uso de los porros como si de una actividad extraescolar se tratara –como estando delante de una
pantalla de ordenador disparando o chateando
muchas horas al día– no es, probablemente, la
mejor manera de salir adelante.

consumo de cannabis”11. Por lo que tampoco hay
que alarmar-ante un posible debate constructivo
sobre su regulación legal, mal llamada legalización, para hacer frente a la situación actual. 
Transmitiremos que el tema de las drogas genera
beneficios a quienes participan de la venta y problemas a un sector de la gente que las consume.
Por lo que estará bien transmitir solidaridad ante
las personas que han tenido problemas, huyendo
de discursos individualistas del estilo “es tu vida”. 
Y promovamos un discurso crítico ante el nuevo
contexto social, que con la excusa de la crisis, ha
hecho de la austeridad, el individualismo y de la
dimensión económica el sentido de su existencia.
Si no lo hacemos, probablemente, como hemos
comentado en numerosas ocasiones, estamos
haciendo, una vez más, nunca mejor dicho, señales
de humo12.

Tendremos en cuenta que el consumo se da mayoritariamente en grupo, y que una buena manera
de diferenciarse del grupo es desmarcarse de lo
que a menudo se dice que hace la mayoría.
En resumen: el “piensa en ti, y tú decides”, al “sé
tú mismo, teniendo en cuenta lo que te rodea”;
del “ya sé que me paso” a “plantéate y motivado
algunos cambios”; del “lo llevo bien” al “llévalo
mejor”; del “estoy estancado” en el “cambia de
contexto”; del “el problema son los porros” a “el
problema eres tú”, o del “voy por libre” a “ten
pautas de uso”, del “estoy rallado” a “administra
tu el estado de ánimo”.
Tendremos que avisarles de su ilegalidad. Y las
confusiones presentes en los medios de comunicación, la inminente Ley Mordaza así como las
contradicciones vividas en la calle y otros que
crecen en los balcones o en armarios de interior,
no nos ayudan mucho. Si ponemos una cuestión
de moda –y la marihuana lo está–, tenemos más
riesgo de llamar la atención que de disuadir a los
potenciales consumidores. La discreción –que
no pasotismo– puede ser una buena manera de
educar y acompañar en la intervención.

11. La percepción social de los problemas de drogas en España, 2014. http://www.fad.es/node/6415
12. Muchas de estas ideas están sacadas de textos publicados
en medios o en los blogs sobredrogues.net // jordibernabeu.
cat/bloc.

El último informe de la FAD “La percepción
social de los problemas de drogas en España”,
2014 afirmaba que “el 67% de los jóvenes de 22
a 30 años a favor de una posible regulación del

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