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De la Educación Artística y la Educación por el Arte

Rocío Corcuera*

El arte es fundamental en el proceso educativo -entendiéndolo como el proceso


de formación humana- es por este motivo que se hace necesario que reflexionemos
acerca de cómo se trabaja el arte en la educación. Las diferentes formas de trabajar el
arte en la educación han llevado a que se creen términos para denominar esta práctica
como “Educación artística” y “Educación por el arte”. Alrededor del uso de estos
términos se han creado múltiples posturas, generando acuerdos, desacuerdos y polémica
entre las personas vinculadas al arte y la educación. Este es el motivo de las reflexiones
del presente artículo.

La polémica que existe en nuestro medio se refiere a la pertinencia del término


así como a su significado en la práctica. La posición más común es aquella que distingue
entre ambos términos de la siguiente manera: en la “Educación por el arte”, el arte se
convierte en “medio”, no en “fin” siendo más importante el “proceso” que el
“producto” en cambio, en la “Educación artística” se “aprende” sobre arte y su
finalidad es hacer arte de “calidad”. Por otro lado, para algunas personas, ambos
términos significan lo mismo por lo cual no habría motivo para hacer distinciones y para
otros, es pertinente hacer la distinción pero por motivos diferentes a los mencionados
anteriormente.

Entre los que se inclinan por la distinción entre “Educación por el arte” y
“Educación artística” se argumenta que la “Educación por el arte” no pretende formar
artistas mientras que la “Educación artística” sí. Ante eso, algunas personas defienden
la postura de usar únicamente el término “Educación artística”, manifestando que su
finalidad no es formar artistas sino formar personas. Por este motivo consideran que no
habría que distinguir la “Educación artística” de la “Educación por el arte”, como
tampoco se hace en otras áreas, por ejemplo nadie dice “educación por las
matemáticas”.

Hay quienes complican un poco más esta polémica aduciendo que no importa el
término que se use ya que en efecto de lo que se trata es de formar artistas,
entendiendo “artistas” no como personas únicamente dedicadas al quehacer artístico,
sino como personas sensibles que suelen usar el arte para comunicarse.

Sumándose a la polémica están quienes dicen que es cuestión de edades o


niveles, que de pequeños los niños deberían hacer “Educación por el arte”, es decir:
explorar, vivenciar y expresarse libremente, y que poco a poco sería necesario que los
niños aprendan “algunos secretos técnicos del arte”. Hay quienes piensan también que
la “Educación por el arte” debería ser para todos y la “Educación artística” solamente
para quienes la elijan.

Para algunas personas, esta polémica distinción de términos y posturas se


circunscribe al ámbito de la educación escolar, es decir, el problema radica en cómo
llamar al área o curso escolar de arte para que se entienda el objetivo que se persigue
lograr en la educación de los niños y jóvenes. Para otras personas, esta distinción no se

*
Natural de Lima. Artista plástica y educadora. Coordinadora de Warmayllu/Comunidad de Niños Lima.
circunscribe solamente al ámbito escolar sino que abarca la educación en general en
cualquier lugar y momento de la vida.

La historia de nuestro sistema educativo nos muestra que hubo motivos que
llevaron a establecer la distinción entre “Educación artística” y “Educación por el
arte”. En la época de la Reforma Educativa de la década de 1970 se revisaron las
prácticas educativas vigentes, percatándose que el maestro de arte enseñaba a los
niños del mismo modo como le habían enseñado a él en la Escuela Superior de Arte, de
esta forma los preparaba técnicamente dejando de lado el aspecto formativo del arte.

Quienes piensan que el área escolar se debe llamar “Educación por el arte”
resaltan el valor formativo del arte, más que el valor de la obra producida. Quienes
piensan que se debe llamar “Educación artística” resaltan la necesidad de que se
“enseñe arte”, como una disciplina, es decir, que el niño y el joven se expresen
conociendo paralelamente el lenguaje del arte y sus códigos. En este sentido,
manifiestan que sin este conocimiento el trabajo educativo se convierte en “terapia”1,
“catarsis”, “manipulación de materiales”, o resulta siendo una simple “actividad” sin
llegar a “aprender” arte ni tampoco “hacer arte”.

Sabemos que muchas veces la “enseñanza del arte” no se ha dirigido a conocer y


vivenciar los lenguajes artísticos sino que simplemente ha hecho un “adiestramiento
técnico” y ese motivo lleva a algunos a enfatizar la idea de “Educación por el arte” para
resaltar que no es posible propiciar solamente productos técnicamente buenos que no
resulten significativos para quienes lo hacen. Esto se observa de modo particular
cuando se enseña algo muy específico como por ejemplo, guitarra o marinera, donde es
necesario aprender la técnica. Sin embargo, si solamente se repiten pasos o se ensaya
sin poner énfasis en la conciencia del cuerpo o en la expresión de todo el ser por medio
de la música y el movimiento, no se estará educando sino que se estará haciendo
adiestramiento técnico, entonces, no es “educación”, porque no “forma”, ni “arte”
porque no transmite nada.

Luego de este recuento de posiciones y argumentos, presentaré la posición que


comparto: considerar a la “Educación por el arte” como una concepción de educación,
es decir una manera de educar, una pedagogía; en donde la “Educación artística” es
una porción, aquella que se constituye en “disciplina”, que educa en los lenguajes del
arte (aunque en ocasiones los límites se borran). Vista así, la “Educación artística” no
es algo diferente a la “Educación por el arte” sino que forma parte de ella, como una
parte más “especializada” pero igualmente “educativa”.

Cuando un maestro “enseña” arte (en cualquier nivel educativo), incluyendo los
aspectos técnicos y las particularidades del lenguaje específico no deja de “formar”, no
deja de “educar”, de sensibilizar, por el contrario, lo hace desde el arte como una
disciplina digna de estudio. Sin embargo, “educar a través del arte”, propiciar el arte en
la escuela o en cualquier nivel, no implica necesariamente “enseñar” arte. El profesor
de historia, por ejemplo, puede valerse de una obra de arte y partir de ella para
generar conocimientos, el de filosofía puede partir de una película, el de ciencias
propiciar una creación a partir del estudio de las células. En estos casos no estarán
“enseñando” arte o por lo menos no será ese su objetivo pero estarán “educando a

1
Al usar el término “terapia” estoy recogiendo la palabra tal como ha sido mencionada. No me refiero a la
complejidad que encierran las terapias artísticas.
través del arte”, estarán propiciando un acercamiento al arte integrándolo a otras áreas
del aprendizaje humano.

Recientemente se ha incluido en el currículo escolar el área de“Educación por el


arte”. Estoy de acuerdo con la denominación, pero esto no debe significar que se
excluya la “enseñanza” del arte en los momentos, condiciones y niveles necesarios
según la realidad de los educandos. Sin embargo la realidad nos muestra que el peso
principal no estará en la “enseñanza” del arte porque en la escuela primaria es el
maestro tutor el encargado del área y no hay “profesor de arte”.

Considero importante, entonces, que el maestro de aula se capacite en lo


fundamental de los lenguajes artísticos y sobre todo, que pueda vivir el arte. Un
maestro sensibilizado podrá propiciar la vivencia y brindar las oportunidades necesarias
a sus alumnos, con criterio y creatividad, promoviendo la exploración, la expresión
auténtica, la investigación, la interpretación, el goce, así como el auto-conocimiento, la
autoestima, el conocimiento de los demás, el acercamiento a su cultura y a otras
culturas, relacionando la estética particular con la cultura que le da origen y con las
circunstancias históricas que la provocan.